El fragmento conservado comienza con una escena de ocultación y riesgo en un aposento oscuro, donde un caballero y su criado Sancho, al que también se llama Guillón en el pasaje transmitido, temen ser descubiertos. El criado, con tono jocoso y miedoso, se queja de la oscuridad, del encierro y del peligro, mientras su señor le pide silencio y se dispone a explicarle la causa de su conducta. A partir de ahí, el protagonista reconstruye su situación personal: procede de Toledo, pertenece a linaje noble de los Artife, quedó huérfano siendo niño y fue criado por su tío Juan Artife, tutor y curador de su hacienda. También refiere que hubo de huir de Toledo a Madrid después de una grave pendencia con un caballero reputado, a quien, tras una afrenta pública, parece haber dado muerte o herido de forma decisiva; por ello permanece en la corte disfrazado y escondido hasta que el caso se sosiegue.
Ya en Madrid, y todavía ocultando su identidad a causa de ese lance anterior, el galán cuenta a su criado el verdadero motivo de su desasosiego. Hace unos tres meses, paseando por la ribera del Manzanares y por las cercanías del parque, vio por azar a una dama de extraordinaria hermosura. La visión lo dejó súbitamente rendido, y el relato presenta ese enamoramiento como una experiencia violenta e irresistible: compara su ánimo con una nave que navegaba confiada hasta que un golpe imprevisto la estrella y la deja sin gobierno. Así, el protagonista declara que, apenas la vio, quedó vencido por su belleza, sin defensa posible y sin esperanza de remedio, abrasado por un amor que juzga tan poderoso como dañino. El lugar cortesano de Madrid aparece así como escenario del doble conflicto del personaje: por un lado, vive oculto por razones de honor y justicia; por otro, queda preso de una pasión nacida de una sola mirada.
El resto del texto conservado se concentra en la exaltación de esa dama, cuyo nombre no llega a identificarse con plena seguridad en el pasaje disponible. El enamorado anuncia a su criado que intentará "pintarla" con palabras y desarrolla un extenso retrato de sus cabellos, frente, ojos, nariz y boca, insistiendo en la perfección casi sobrehumana de su figura. Esta descripción no hace avanzar mucho más la acción externa, pero sí fija con claridad el estado del protagonista: su amor se funda en la contemplación de una belleza idealizada y en una rendición absoluta ante ella. Como el fragmento se interrumpe en pleno retrato, el texto transmitido no permite confirmar con total seguridad cómo evoluciona la relación amorosa, si la dama corresponde o desdeña, ni cuál es el desenlace del conflicto. Con todo, se infiere de manera probable que la comedia articula una intriga amorosa cortesana en la que el deseo, el ocultamiento de identidad y el desdén femenino o la dificultad de acceso a la dama debían de desempeñar un papel central.