Behomud
Ministro principal de Candaces y encargado de llevar el cordero a Jerusalén; su viaje, sus dudas y su conversión estructuran la acción central de la obra.
Pedro Calderón de la Barca
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una Etiopía vinculada a la ley de Jerusalén desde la reina de Sabá, Candaces envía a Behomud con un cordero pascual a Jerusalén tras unos prodigios cósmicos que interpreta como aviso divino. Durante el viaje por Gaza y después en Jerusalén, Behomud sufre los engaños del Lucero y de la Pitonisa, contempla la disputa entre Gentilismo y Hebraísmo y queda sin resolver el sacrificio hasta que san Felipe le revela, a la luz de Isaías, que Cristo es el verdadero Cordero. De regreso, y ya bautizado, Behomud se reúne con Candaces, también convertida, y ambos celebran en la corte etíope un auto triunfal donde se castiga el error, se admite al arrepentido y se adora la cruz y el sacramento eucarístico como cumplimiento de la antigua figura.
La obra se abre en Etiopía, donde la reina Candaces y su consejero Behomud contemplan con espanto una serie de señales cósmicas y terrestres: eclipse, temblores, inundaciones y confusión general de la naturaleza. Behomud intenta explicarlas desde la filosofía natural, pero reconoce que no bastan las causas ordinarias; Candaces, en cambio, interpreta prudentemente esos prodigios como aviso providencial del Dios de Israel para mover a penitencia y reforma. Recordando el rito heredado desde la reina de Sabá y la descendencia salomónica, Candaces decide intensificar el homenaje que su reino tributa a Jerusalén enviando, para la Pascua, un cordero perfecto acompañado de ricos dones orientales. Encarga a Behomud que lo conduzca al templo y que, además, pregunte a patriarcas, profetas y sabios qué significado tienen los prodigios recientes. Mientras la reina permanece con su pueblo repitiendo súplicas de misericordia, la acción descubre el reverso diabólico de esta misión: el Lucero infernal teme que el sacrificio del cordero conduzca a Etiopía a reconocer la nueva Ley de Gracia nacida de la muerte de Cristo, y por ello se alía con una Pitonisa idólatra para extraviar a Behomud en la provincia de Gaza y destruir el rebaño que acompaña a la víctima.
Durante el viaje, Behomud avanza con su séquito, entre cuyos personajes alegóricos destacan Cuidado y Descuido. Al detenerse de noche en un paraje montuoso y cercano a tierras de idolatría, deja el ganado guardado y, mientras medita sobre el sentido misterioso de ofrecer precisamente un cordero tan manso, oye dos voces contrapuestas: una lamenta su desdicha y otra lo atrae con promesas de placer y acogida. La Pitonisa, siguiendo las trazas del Lucero, alterna llanto fingido y canto seductor para apartarlo del redil; a la vez, el Lucero intenta entrar como lobo entre las ovejas y despedazar al cordero sacrificial. El plan fracasa gracias a una luz sobrenatural que ahuyenta a las fieras, reúne a los pastores y guía a Behomud fuera del peligro. Sin embargo, la conjura no cesa: ya en Jerusalén, y según se infiere por las noticias posteriores, el Gentilismo romano y el Hebraísmo se enfrentan civilmente por la interpretación del sacrificio y por la aceptación o rechazo de la nueva ley nacida tras la crucifixión. Behomud queda perplejo, sin poder consumar su ofrenda, y decide regresar para consultar a Candaces. En el camino, separado otra vez del Cuidado y entretenido con la lectura del capítulo 53 de Isaías, vuelve a dudar sobre el misterio del cordero, hasta que la Pitonisa intenta de nuevo seducirlo; entonces irrumpe un venerable anciano enviado por Dios, identificado después con san Felipe, que le explica que el verdadero Cordero es Cristo, Dios y hombre, muerto para redimir las culpas humanas, y que las antiguas víctimas eran figura de ese sacrificio.
Convencido por la enseñanza de Felipe, Behomud desea participar de inmediato en la nueva fe; el anciano le explica la necesidad del bautismo y lo catequiza antes de administrárselo junto a una fuente, con lo que el ministro etíope entra en el rebaño cristiano. Paralelamente, se revela que Candaces también ha sido iluminada y que, en ausencia de Behomud, ha abrazado la Ley de Gracia, de manera que ambos procesos convergen en una solemne celebración pública. La reina sale al encuentro de Behomud, ambos se reconocen felices por haber recibido a un tiempo la nueva doctrina y disponen un gran auto de fe en su corte, presentado como triunfo visible de la religión cristiana. En él comparecen las fuerzas y figuras adversas: la Pitonisa es castigada por sus encantos supersticiosos; el Lucero, por su odio al cordero y su siembra de cizaña; el Hebraísmo, por su obstinación en no reconocer al Mesías; el Gentilismo, en cambio, obtiene misericordia porque se arrepiente y confiesa que Cristo era Hijo de Dios; y el Descuido humano jura corregirse de sus faltas leves. Finalmente se descubre la cruz y se declara que el cordero enviado por Candaces y el cordero profetizado por Isaías no eran sino imagen del verdadero Cordero sacramentado en la Cena y ofrecido en la cruz. La obra concluye con la adoración de la Eucaristía y con la proclamación jubilosa del triunfo de la fe sobre la idolatría, la incredulidad y el error.
Ministro principal de Candaces y encargado de llevar el cordero a Jerusalén; su viaje, sus dudas y su conversión estructuran la acción central de la obra.
Reina de Etiopía, heredera de la tradición salomónica y sabea; interpreta los prodigios como aviso de Dios, envía la ofrenda y termina aceptando la Ley de Gracia.
Venerable anciano y ministro de Dios que instruye a Behomud en el sentido profético del cordero, lo catequiza y lo bautiza.
Figura demoníaca principal, enemiga del verdadero Cordero, que maquina impedir el sacrificio y la expansión de la nueva fe.
Hechicera e idólatra aliada del Lucero, que intenta perder a Behomud mediante engaños, seducción y falsas voces.
Personaje alegórico que vela por el rebaño y simboliza la vigilancia espiritual y práctica frente al peligro.
Personaje alegórico contrapuesto a Cuidado; representa la negligencia humana y aporta dimensión cómica y moral a la acción.
Figura alegórica de la ley antigua que se resiste a reconocer a Cristo como Mesías y aparece finalmente condenada por su obstinación.
Figura alegórica del paganismo, enemiga al principio de la nueva fe, pero que al final se arrepiente y es admitida.
Marco inicial y final de la acción; allí se interpretan los prodigios, se decide la misión del cordero y se celebra el triunfo público de la nueva fe.
Destino del viaje de Behomud y lugar donde el sacrificio queda suspendido por la confrontación entre Hebraísmo, Gentilismo y la naciente Ley de Gracia.
Territorio fronterizo entre Etiopía y Palestina por donde pasa la comitiva; es el espacio estratégico donde Lucero y Pitonisa intentan extraviar al viajero y destruir el rebaño.
Espacio nocturno de prueba y confusión, asociado al laberinto, al peligro de las fieras y a la lucha entre engaño demoníaco y auxilio divino.
Lugar donde se guarda el ganado y especialmente el cordero destinado al sacrificio; funciona como imagen anticipada del rebaño espiritual de la Iglesia.
Espacio natural donde san Felipe instruye y bautiza a Behomud, marcando el paso decisivo de la duda a la incorporación en la nueva ley.
Ámbito cultual donde primero debía ofrecerse la víctima levítica y donde después se sustituye simbólicamente ese sacrificio por la revelación de la cruz y de la Eucaristía.
Toda la obra gira en torno a mostrar que el cordero enviado por Candaces y el cordero anunciado por Isaías son figuras del sacrificio redentor de Cristo.
La acción presenta la sustitución del sacrificio cruento veterotestamentario por el nuevo orden cristiano, culminado en la cruz y la Eucaristía.
Behomud y Candaces reciben la nueva fe y con ellos se cristianiza Etiopía, en un proceso guiado por la predicación, la enseñanza y el bautismo.
El drama enfrenta cristianismo, idolatría, superstición, incredulidad y resistencia religiosa, personificadas en figuras alegóricas y demoníacas.
Los eclipses, terremotos y trastornos del mundo se interpretan como señales de la historia sagrada y como llamadas de Dios a reconocer su designio.
La incorporación a la nueva ley no se limita a creer, sino que exige renacer por el agua bautismal, como sucede con Behomud.
La oposición entre Cuidado y Descuido, junto con las trampas del Lucero y la Pitonisa, subraya el peligro de la negligencia y la necesidad de atención moral.
El desenlace convierte la conversión en ceremonia pública, con castigo de los enemigos de la religión, arrepentimiento de algunos culpables y exaltación solemne de la cruz y del sacramento.