La acción se abre en un ámbito aldeano vinculado a la casa de Alberto Améngol, donde Pedro Guillén vive tenido por villano y pastor, aunque pronto se advierte que su cortesía, su ingenio y su porte desmienten esa condición humilde. Laurina se inclina hacia él, distinguiendo entre una afición honesta y un amor abiertamente declarado, mientras Sabina también le muestra favor. Esa inclinación provoca la oposición de personajes nobles, en especial del conde Manfredo y de don Berenguel Lanzo, ligados a la antigua enemistad entre las casas de Améngoles y Lanzoles. En medio de conversaciones amorosas, celos y burlas de criados y aldeanos, el grupo se desplaza a Barcelona para asistir a las fiestas preparadas por la entrada o jura del rey don Jaime II. Allí, durante los festejos, un hombre derriba con una pedrada una estatua o simulacro del monarca; Pedro, movido por su lealtad, sale en defensa del honor real, persigue al agresor y queda herido en el tumulto. Una dama disfrazada de serrana, que luego se identifica como Sabina, sigue a su hermano en el desorden de la noche y cruza palabras con el conde Manfredo, que queda prendado de ella. Pedro es recogido y curado en casa de los Lanzoles, lo que complica todavía más la trama afectiva y el conflicto entre linajes.
El alojamiento de Pedro en casa enemiga intensifica los recelos. Laurina visita o favorece al herido, Sabina se mueve entre el agradecimiento y el amor, y Manfredo, celoso, decide obrar con engaño. Las negociaciones de paz entre Améngoles y Lanzoles avanzan de manera parcial: don Berenguel solicita la mano de Laurina para afianzar la concordia, y Alberto acepta fórmulas de reconciliación, aunque el texto conservado muestra vacilaciones y no siempre permite fijar cada acuerdo con total seguridad. Paralelamente, Laurina rehúsa el matrimonio impuesto y planea huir de Barcelona; Pedro, Bretón y otros criados se disponen a ayudarla. La noche de la fuga, cerca de la puerta del mar, se cruzan músicas, embozados y rondas, y la confusión favorece una emboscada tramada por Manfredo. Don Berenguel es asesinado, y el homicida procura cargar la culpa sobre Pedro y, por extensión, sobre Alberto Améngol, dejando cartas y testimonios fingidos para sostener la acusación. A la vez, Laurina logra salir de Barcelona, pero en el embarque o en el trayecto se produce una nueva confusión de identidades entre ella y Laurizaña, hermana de Berenguel, de la que dependerán muchos lances posteriores. El gobernador y las autoridades interpretan los indicios contra Alberto, quien es prendido por su supuesta implicación en la muerte y por la vieja enemistad entre ambas casas.
La tercera jornada traslada buena parte de la acción a Sicilia y a Francia, especialmente a Narbona, donde se aclara con más detalle la huida de Laurina, la sustitución o confusión con Laurizaña y las maquinaciones de Manfredo y sus agentes. Mientras tanto, Alberto permanece preso y se descubre el gran secreto de la obra: Pedro no es en realidad un simple villano, sino hijo de Alberto Améngol. Un astrólogo había pronosticado que ese niño acabaría en patíbulo, y por temor a un destino deshonroso Alberto lo hizo criar oculto como pastor, callando siempre su origen. Conocida la verdad por mediación de cartas y testimonios, Pedro asume su identidad de Améngol, reúne hombres en los montes y se alza para vengar la honra de su casa, atacando los estados o fortalezas de los Lanzoles. Cuando va a ser ahorcado, la llegada de don Berenguel —que no había muerto, o cuya supuesta muerte había sido parte de la confusión transmitida por el texto— y luego la intervención del rey detienen el suplicio. Finalmente se averigua la traición de Manfredo, que acaba dándose muerte con veneno antes de afrontar el castigo. Restablecida la honra de Alberto y reconocida la nobleza de Pedro, éste, sin embargo, renuncia al desenlace amoroso y pide el hábito de la Orden de la Merced o un estado religioso semejante, interpretando así de manera providencial el augurio del patíbulo. El rey aprueba la resolución, Pedro queda transformado de aciago en dichoso, y la obra se cierra anunciando continuación en una segunda parte.