La acción se sitúa en Sicilia, entre un monte cercano al mar, la corte de Palermo y la casa de Rosaura. Al comienzo, un caballero desconocido salva de un accidente en el agua a un alto personaje que rehúsa revelar su identidad por razones de seguridad, aunque le entrega un anillo y le remite a Roberto, conde de la Flor, en Palermo; después se sabrá que el salvado era el rey de Sicilia. Poco más tarde, Don Luis de Aragón cuenta a su criado Vridón que, viviendo oculto en los montes tras haber dado muerte al conde Vireno o a un noble de nombre próximo en una disputa anterior relacionada con Isbela, vio a Rosaura cazando, se enamoró de ella y, a ruegos de la dama, se arrojó al agua para rescatar al caballero despeñado. Rosaura corresponde en principio al amor de Don Luis, pero la situación se complica porque el rey, agradecido a su salvador sin conocer aún quién es, ama también a Rosaura y envía a Roberto a solicitar su favor. Roberto, que es amigo del rey y hombre principal de su privanza, ama en secreto a la misma dama y sufre por tener que servir de intermediario. Rosaura, por su parte, rechaza al rey para guardar su honor y porque ama a Don Luis, mientras Porcia, su prima, está enamorada del rey y decide intervenir mediante cartas y engaños.
La primera gran confusión nace de los celos. Porcia, fingiendo obedecer a Rosaura, escribe al rey una carta para apartarlo, pero altera su sentido para atraerlo de noche; además, planea disfrazarse y hacerse pasar por su prima. Mientras tanto, Don Luis visita a Rosaura en su casa y le reprocha que el rey siga teniendo entrada en ella. En ese momento Porcia aparece, y Rosaura, para evitar que vea a Don Luis, lo esconde. Porcia aprovecha la ocasión para fingir sospechas y hacer creer, mediante palabras ambiguas y un papel, que Rosaura mantiene trato amoroso con el rey. Don Luis escucha fragmentos de la conversación, interpreta mal cuanto oye y sale convencido de la falsedad de su amada. En la jornada segunda, Roberto, herido por el desdén de Rosaura y por los favores del rey hacia ella, maquina incluso matar al monarca en el monte, aprovechando un encuentro nocturno y su disfraz; sin embargo, Don Luis, que presencia el intento, lo impide y luego calla prudentemente para no deshonrarlo ni poner en peligro mayor al rey. El propio Roberto, turbado, encubre lo sucedido con una versión falsa de unos agresores desconocidos. Paralelamente, para probar a Rosaura sin comprometer su honra, Don Luis acepta fingirse rey y acudir de noche a su casa; pero Porcia también suplanta a Rosaura en la oscuridad, conversa amorosamente con él creyendo hablar con el monarca y provoca un nuevo equívoco. Don Luis cree confirmar la traición de Rosaura, mientras ella, inocente, no logra hacerse creer.
En la tercera jornada se encadenan las revelaciones decisivas. Gracias a una llave que Porcia entrega a Don Luis para favorecer su propio plan, este entra de nuevo en la casa de Rosaura; al mismo tiempo, Rosaura intenta por fin explicarle que Porcia ha sido la autora del engaño. Don Luis vuelve a esconderse al llegar Porcia, y desde allí escucha cómo Roberto visita a Rosaura y le declara su amor. Aunque al principio interpreta mal la escena, pronto oye la explicación completa: Roberto confiesa que se fingió rey para probarla y refiere que Porcia, enamorada del monarca, usurpó el nombre y el lugar de su prima en los encuentros nocturnos. Aclarado así el error, Roberto insiste todavía en pretender a Rosaura, lo que provoca la salida de Don Luis y un enfrentamiento de espadas entre ambos. El rey entra con Porcia al oír el ruido y exige explicación. Entonces Don Luis rompe el silencio que había guardado “hasta la ocasión”: declara su nombre, recuerda que salvó dos veces la vida del rey, muestra el anillo recibido como prueba y expone ordenadamente la cadena de sucesos, así como su amor recíproco con Rosaura. El rey, obligado por el agradecimiento y reconociendo la nobleza de Don Luis, le concede la mano de Rosaura. Don Luis intercede además por Roberto, cuya traición queda castigada con el destierro. Porcia, cuya culpa se atribuye en parte a su pasión amorosa, queda bajo amparo del rey con destino probable a un convento, y Vridón obtiene como premio casarse con Flora. El desenlace restablece el honor de Rosaura, premia la lealtad final de Don Luis y confirma que el silencio prudente solo debía romperse en el momento oportuno.