testo digitale di La virgen del Rosario
Data di pubblicazione: 22 agosto 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La virgen del Rosario. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-virgen-del-rosario.
LA VIRGEN DEL ROSARIO
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Anotaciones y sellos de biblioteca: R-109, Mss. 17124, Res. 153.
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En la esquina superior derecha: 854
Título en el centro de la página: La Virgen del Rosario
Subtítulo: Auto sacramental.
Leg. 14.
Pag. 8
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Pag. 9
854
La Virgen del Rosario
Auto sacramental
Leg. 14
6-7
257
Pag. 10
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Jornada primera
Pag. 11
Margen superior izquierdo, tachado: Alcides.
+ Jhs. María.
Auto del Rosario. Sale Jesucristo y los músicos cantando, y san Francisco y su compañero Elías hablando con él, y cáesele un bolsón que suene dineros de medio abajo y de medio arriba una culebra viva; y con hachas. Las personas que hablan son las siguientes: Jesucristo. Su madre. San Francisco. Alcideo. Ángel. Tres ladrones. Demonio.
Sitios apacibles,
blancos cristales
donde haciendo armonía
vuelan las aves.
Si vuestra memoria
al gusto recrea,
el alma se arrea
de sublime gloria.
Llevan la victoria
cantos suaves
donde haciendo armonía
vuelan las aves.
Con qué dulce proceder
el Padre me cuenta pagar.
Primero tengo de ver
que Cristo le da sus llagas
que tal venga a conceder;
primero he de ver fijado
en pies, manos y costado
de sus humildes quilates
aquellos cinco granates
con que redimió el pecado;
Sello de la Biblioteca Nacional.
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y primero con el fin
de ver que el yermo es deshecho
que gobierna el querubín
y al padre Francisco hecho
un divino serafín
y primero la querella
del demonio ha de cesar
que jamás está sin ella
y deje su luz de dar
la luminaria más bella
que deje de hacer mi gusto
no soy gallardo y robusto
déjeme su reverencia
tener del mundo experiencia
o sea justo o injusto
póngase el padre el cilicio
pues sus virtudes abona
que le será más propicio
deje el juzgar la persona
para el día del juicio
el hábito y disciplina
pues su natural le inclina
con él se puede abrazar
que podrá ser heredar
aquella estancia divina
pues bien ¿por qué da licencia
para dar de la experiencia
toda su paternidad
de cilicio y penitencia?
agora, vil juventud,
has de abrazar la virtud
mira, Alcideo, no des
después con todo al través
con la hacienda y la salud
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Foliación manuscrita en el margen superior derecho: 2.
Mira, no después peor,
con el alma en el infierno,
pues dejas a tu hacedor,
porque el tormento es eterno
si es eterno su criador.
Con tiempo enmienda la vida,
de juventud no confíes,
ten el alma prevenida,
porque cuando más te fíes
podrá ser de ti homicida.
Mira a Absalón engañado,
que, cuando pensó reinar,
en la juventud confiado,
ella le vino a dejar
en una oncina colgado.
Mira a Adonías lozano,
que, procurando ser rey
hecho por injusta mano,
le dio, y por derecha ley,
muerte Salamón, su hermano.
Mira al contrario a Ezequías,
que en el Señor confiado,
no en juveniles porfías,
porque su muerte ha llorado,
le alargó el Señor los días.
Mira a Josías, que aceta
de Dios el sacro mandamiento,
y aunque de vida perfeta,
por su oculto entendimiento,
le dio muerte una saeta.
No hay hora cierta y sigura,
no digas: "A la vejez
me enmendaré por ventura",
porque antes podrá el juez
echarte en la sepultura.
Por dicha sabes quién son
estos que con melodía
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van haciendo el dulce son,
cada uno es una arpía
que te come el corazón.
Padre mío, caso es grave
que así me quiera apremiar;
su reverencia no sabe
que a aquesto se ha de llegar
por modo afable y suave.
Hijo, a Dios su gran potencia
nadie la puede quitar.
Pero sé por reverencia
que lo suele Dios llegar
muchas veces por violencia;
porque fuese reducido
su pueblo llevó en prisión
a Babilonia oprimido,
hasta que en su tribulación
confesó haberle ofendido.
Los de Siria y Madián
también les hicieron guerra;
por Sísara capitán
echaron del todo por tierra,
clamando a Dios de Abrahán.
Envió al ángel San Gabriel,
que es fortaleza llamado,
que dio muerte al pueblo infiel,
y el capitán fue enclavado
por la famosa Jael.
Saulo, que hacía mucho daño,
con una divina esencia,
por sacarle de su engaño,
cegó Dios, y con violencia
le ha traído a su rebaño.
Ya la sacra Magdalena,
entre sus vicios metida,
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la libró de eterna pena
de su potencia oprimida
para que fuese tan buena;
y san Agustín, que ha sido
primero gran ofensor,
con lágrimas fue traído
a que le pidiese al Señor
alcanzar de ser escogido.
Todo aqueso pudo ser
y yo también ser podría
que viniese a merecer.
Deje agora esa porfía
que me perturba el placer.
Si en este punto acabé
de ganar dos mil ducados,
cuando, padre, le encontré
con el vuelco de los dados,
que con valor relancé,
y proveída la cena,
¿esta la he de dejar,
padre, como ánima en pena?
Venga conmigo a cenar
y tendrá una nochebuena,
que hay música y aparato
y gasto espléndidamente,
que soy hombre de buen trato,
y más que le haré un presente
de cien reales de barato.
Jesús, ¿cómo dice tal?
Yo dineros no se admite
en mi convento un real.
Aparte.
Padre, si le echa otro envite,
recíbalo, ¡pesia tal!
Son de desechar cien reales;
cuando codicia se inclina
a tener intentos tales,
se amenaza gran ruina
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de muchos y graves males.
¿Qué agravio a vusencia hace,
si le ofrece este dinero
y dello se satisface?
Padre, ha de mirar primero
de dónde el intento nace.
Especialmente que fuera,
y contra su religión,
yo escrúpulo no tuviera;
porque con sana intención
al punto lo recibiera.
Calle, padre, no hable más,
yo lo haré pues me lo manda,
mas juro a santo Tomás
que en esto tan errado anda
que no ha podido ser más.
Padre, por su libertad
con Dios muy poco merece,
y, si va a decir la verdad,
que el hombre se desvanece
con la falta de humildad.
Mándeme su reverencia
que reciba este rosario,
y con su mucha prudencia
se libre del adversario
y admita la penitencia;
récele con devoción
y tenga gran afición
con la sagrada Princesa,
pues en ningún tiempo cesa
su amorosa intercesión.
Yo prometo de cumplillo,
y en aquesto obedecer.
Suelen, si acierto a decillo,
por la obra, ir a poner
las manos en el ovillo.
Suenen vuestros instrumentos
y vuestras voces sutiles,
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den los ecos a los vientos
y en los jardines pensiles
vamos a cenar contentos.
Vanse cantando y queda San Francisco y Elías.
Ya le he advertido con ruego,
padre Elías, que no hable;
no lo eche en burla y juego;
mire que con Dios se entable,
para que no quede ciego.
Pierda la injusta codicia,
que en religiosos es cosa,
la aborrecible avaricia,
que tizne más cara hermosa;
mas lo oculto es de malicia.
Y mientras en esta oración
me pongo por este hermano
a rogar con devoción,
tome, padre mío, la mano
y deme su bendición.
Tachado: Apártase a orar y topa Elías con el bolsón.
Señor, por vuestra clemencia,
mirad con ojos de amor
aqueste que sin prudencia
tiene por punto de honor
el haceros resistencia.
Dad saber a su rudeza,
ablandando su dureza;
haced el golpe de suerte
que lo libréis de la muerte,
y os sirva con gran firmeza.
Y con divina gracia,
mirad que el rosario lleva,
que pues no falsa reliquia,
hacía de sus rosas prueba,
sirviéndoos con alegría.
Aquesto de la oración
me trae muy atropellado,
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Hállase el bolsón y dale una palmada.
ayuno y contemplación,
que soy hombre delicado,
y me dan corta porción.
Cuando yo en el siglo estaba,
comía con desatino:
un pan o dos me almorzaba
y un grande jarro de vino,
y nunca a Dios gracias daba.
Aquí hay gracias al comer,
aquí hay gracias al cenar,
y gracias si ha de beber,
y gracias al acostar,
ya que esto en gracia ha de ser.
¡Voto a tal con tantas gracias,
que desgracias las llamo!
Gracias, más gracias, regracias;
valía más servir un amo
en descontento y desgracias.
Suéleme el Padre decir
estando solos los dos:
«suspira si al cielo has de ir,
mucho se ha de hacer por Dios»,
mas no lo puedo sufrir.
Ahora bien, póngome a orar,
pero suélome dormir
sin poderlo remediar,
que es malo de resistir
el sueño, si empiezo a dar.
Con santa contemplación
el Padre bien se contiene;
aquí he topado un bolsón,
quiero atentar lo que tiene.
¡Por Dios, que dineros son!
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¡Quién le pudiera esconder
y poco a poco gastalle
en comer pan y beber!
Es imposible guardalle,
que por fuerza le ha de ver.
Vuelve a San Francisco la cabeza.
Diga, padre, ¿qué se ha hallado?
No es nada, aquí es un bolsón
que se ha quedado olvidado.
Es un caos de confusión
en dinero disfrazado;
adonde le halló, le deje.
Aquí está ya entre estos robles.
Mire, después no se queje.
Llevémosle para probes.
Avísole que se aleje.
Calle su paternidad.
Pues quiere ver lo que tiene,
ábrale con brevedad.
Como anillo al dedo viene,
que he de asconder la mitad.
Abre el bolsón por parte de do está la culebra y sácale, y sale y le sigue.
Jesús, favor, padre, acuda,
¡oh, qué serpiente infernal!
Demonio es este, sin duda;
sacra reina celestial,
venid, Virgen, en mi ayuda,
muestre aquí su santidad.
Padre, póngase delante,
ruegue su paternidad
por este pobre ignorante
a su sacra majestad.
Como de Egito, Señor,
sacaste el pueblo judaico
y con excesivo amor
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le libertaste al hebraico
de Nabuco Donosor,
como al buen Melchisedec
del diluvio le libraste,
y al hijo del gran Lamec
y a Sara su honor guardaste,
y a Abrahán de Abimelec;
y como fue libertado
de Sodoma el justo Lot
y Daniel sustentado
de un Domine Sabaot,
sea este indigno ayudado.
Agora echa de ver
la fe con clara evidencia,
de Dios el sumo poder,
la virtud de la obediencia
y que es justo obedecer.
Por su indigno proceder
vemos claro testimonio
que el oro perdió su ser,
y convertido en demonio
le ha pretendido ofender.
Llegue, y sin ningún temor
dentro del bolsón la vuelva,
tenga con Jesús amor,
y mire que se resuelva
de obedecer al Señor.
Llega haciendo que se teme y mete la culebra en el bolsón.
Eso sí, ten obediencia,
entrad dentro, bestia tal,
fiel padre me da licencia
a aqueste monstruo infernal
le quiero dar penitencia.
Harta penitencia tiene
pues que arde eternamente.
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ningún remedio previene,
pues decaída esta gente
que en su maldad se entretiene,
que si mudase de intento
habiendo arrepentimiento,
seguro de Dios alcanzara
que su maldad perdonara
teniendo conocimiento.
Y así, Padre, ha de entender
que su tormento es preciso,
que su mal es de tal ser,
que de lo que una vez hizo
jamás no puede volver.
Y dice Dios al errado
hombre, tan sin gobierno,
como al punto es perdonado
y no se lanza al infierno
por solamente un pecado;
si el hombre mil veces yerra
y se vuelve a arrepentir,
del infierno se destierra
y al cielo puede subir
haciendo al demonio guerra.
Vamos, que queda este coro
falto de misericordia
y es caos de confuso lloro,
del infierno la discordia
y un mal ganado tesoro.
Vanse y topan en el camino tres ladrones.
Si tu saca mucho es cierto,
que lo fiado es de quilate,
mata, aunque sea más experto,
coge, busca el gañate
en el más seguro puerto.
Quién el hurtar inventó,
unos dicen que Caín
tuviera aquesto intento.
Maestro con tan mal fin,
Pag. 22
jamás no me contento
mas la plática cesad
que dos religiosos vienen
de agradable autoridad
quitémosles lo que tienen
Por Dios, hermano, callad
son aquestos de Francisco
que ya conocí en un risco
y andan en cueros
y jamás llevan dineros
que es un soberano aprisco
Pesia al que acá me ha traído
no los quisiera encontrar
porque si estoy advertido
en viéndolos echo a andar
y va malo mi partido
Deo gracias, mis hermanos
deséolas enhorabuena
miren, pues que son cristianos,
que promete Dios gran pena
a aquellos que son tiranos
y al que no toma consejo
se suele hallar con engaño
que es un verdadero espejo
a apartarse de su daño
que está cerca el aparejo
cambien por otro camino
y miren que aquí detrás
viene hecho peregrino
está el mismo Satanás
de toda virtud indigno
con máscara de disfraz
está con grato semblante
mostrando un bello antifaz
tiene el color rutilante
y es en sus cosas mordaz
miren cómo les aviso
que ganarán de improviso
Línea tachada al final de la página: palmas de eterna victoria
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corona maravillosa,
y si hacen otra cosa,
perderán el Paraíso.
Padre, pues su reverencia
nos lo manda como hermanos,
lo haremos sin resistencia,
no pues son cristianos.
habelo por experiencia.
Aparte
Y a Dios, miren su provecho,
qué día los han de mirar!
Si yo con ver lo que ha hecho
me hace de gozo quedar
en mil lágrimas deshecho.
Vanse San Francisco y Elías y quedan los ladrones.
No es cosa maravillosa
que podrá haber en poblado
esta gente religiosa
cualquiera que una dama hermosa
de rostro muy agraciado.
que como tiene astinencia
ayunar,
virtud de grande excelencia,
con mujer no conversar,
y abrazar la penitencia.
que es un caso peligroso,
conversar con animal
de rostro afable y hermoso.
gócela yo, que sea tal,
y absténgase el religioso.
y toma el bolsón
Yo quiero la gracia hacer,
por encontralla primero,
por el celestial poder,
que es un bolsón de dinero
que no parece mujer.
Reniego del capillado,
aquesto demonio llama,
de que sea cristiano dudo,
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que asina guise la fama
a lo que ha de hablar un mudo.
Ábrele y míralo, ¿qué es?
Abre el bolsón.
¿No basta que le he tentado?
Veamos de qué interés,
pero si no hay ducado
de un calderero francés,
aqueste padre es demonio,
es ángel de luz vestido,
como da por testimonio
quien lo perdió, ha prometido
mil misas a San Antonio.
Y yo, porque los he hallado,
dos mil doy aqueste en arte,
que fue de Dios tan amado;
déselas él de su parte,
que yo no daré un cornado.
Tiene gran justicia;
sigamos a saltear
por el mundo con malicia,
porque se los han de dar
a aquel que no los codicia.
Pues lo que a mí me parece,
y pues ventura lo ofrece,
seamos unos, que todos daremos
cada cual lo que merece.
Partes han de ser iguales.
En eso, ¿qué hay que dudar?
Porque, en estos casos tales,
a los dos nos ha de dar
nuestras dos partes cabales.
Sobre ello revolverse
ha de verse el claro día,
anublarse y escurecerse.
Aunque más sea rebeldía,
yo digo que así ha de hacerse.
Pag. 25
En el manuscrito, la línea "quedaréis, me llegaré a la ciudad" presenta tachaduras: originalmente decía "que dareys q a mi contento", tachando "q a mi contento" y añadiendo "me llegare a la ciudad" encima. En el margen derecho aparece escrito "como el biento". En el margen izquierdo aparecen varios dibujos o garabatos (semejantes a cuñas o gafas) junto a los nombres de los personajes.
Y pues que falta el sustento
en aquesta soledad,
quedaréis, me llegaré a la ciudad,
y lo haré a mi contento.
Bien dices, y en estas flores
aguardaremos yo y Caco.
Aparte.
Vase.
Oyendo los ruiseñores,
por las barbas de un bellaco,
que habéis de morir traidores.
Sabed, Taur, que me admira
deste Malandrín el punto,
mi pecho se abrasa en ira;
y de su intento barrunto
que a todo el dinero aspira.
Vivamos con diligencia
en su malicia advertidos,
que he visto por experiencia
que dejó otros dos perdidos
por no tener advertencia.
Esa razón no condeno,
y del dinero señalo
que yo estoy de cólera lleno,
que para los tres es malo
y para los dos es bueno.
¿Qué hemos de hacer?
Que llegado
que sea con la comida,
cuando esté más descuidado,
que le quitemos la vida
sepultándole en el prado.
Esa es traza peregrina,
como valiente que aguarda.
Que ya deseo su ruina;
aunque parece que tarda,
tiene la muerte vecina.
Entra Malandrín con un pastel y una bota.
Pag. 26
En el margen izquierdo aparecen varios garabatos a lo largo de la página.
Perdidos de aquesta vez
habéis de llevar el pago,
que corre riesgo la nuez
que ha de ser la de Cartago,
que soy agora el juez.
En este pastel he echado
veneno mortal, que quiero
despachar este ganado,
porque me quede el dinero
libre y desembarazado.
Naide de mí ser ajeno,
el dinero, que es regalo,
y llénanse en henchir el seno,
que para los tres es malo
y para mí solo es bueno.
Gallardamente he comido
y de insigne malvasía
traigo el pecho apercebido;
yo quedo en aquesta día
rico sin tener ruido.
Hablando están en secreto,
quiero llegarme pasito,
mas ya me han visto, en efeto.
¡Oh, malandrín, seas bendito,
que nos libras de este aprieto!
Y venido has con diligencia,
y das muy claro a entender
que te movió la conciencia.
Aparte.
Muy presto lo podréis ver
cuando llegue la experiencia.
Grande obligación tenemos
de agradecer tu virtud,
y de contino lo haremos;
hallarlo has en tu salud,
Aparte.
cuando la muerte te demos.
Sentí vuestra enfermedad,
y como hombre que quería
cumplir vuestra voluntad...
Pag. 27
antes que pase el día
di vuelta de la ciudad.
Ya habrás tomado alimento.
[Y échele Caco por detrás y cae]
Sí, vi que mi cuerpo andaba
entre las olas del viento;
al arca quité la aldaba
y sustenté mi aposento.
Jesús, Jesús, confesión;
Jesús es el su nombre.
En todo estado es razón
que, por malo que sea un hombre,
pida a la muerte perdón.
Luego, porque sea un cristiano
gran pecador, ¿desespere?
Ese fuera hecho inhumano,
mas dúdase del que muere
en mal oficio y temprano.
De esa razón no desisto,
mas cáusame confusión.
Taur, no te hagas malquisto,
que ya se ha visto un ladrón
morir al lado de Cristo.
No cuento aquel que no quiso
salvarse y se condenó
por ser precito y remiso,
sino el que le confesó
y le otorgó el Paraíso.
Si tan teólogo estás,
cuéntate casi difunto
y enmiéndate.
Es por demás,
que el que aguardó hasta este punto
me tiene de aguardar más.
Deja, Caco, esa razón,
que tiene muy mala enmienda.
Si llega a viejo el ladrón...
Saca agora la merienda,
que para todo hay perdón.
Pag. 28
Se burlemos el primero,
como hablase locura.
Si de hambre y sed me muero,
al que le falta ventura
poco aprovecha el dinero.
Siéntanse a comer y comen y prosigue Caco.
¡Oh, qué famoso pastel!
Y hace bascas.
Y cae muerto.
Creo que necesidad
hace que diga bien dél,
que, si va a decir verdad,
amarga como una hiel.
¿Qué es esto, Caco allegado?
Y el fin de mi triste vida
es recelar ser colgado.
Donde Adán por la comida
quedó a muerte condenado,
y desventurado manjar,
comido para vivir,
y por más cierto acabar,
muy justo es morir
aquel que ha sido en matar.
Y hace bascas.
Y cae muerto.
Burlas, Taur, más que espanto
dentro en mi pecho siento,
fuego de infernal tormento,
de todos tan condenado
según la pena que siento.
Señor, por vuestra excelencia,
que al alma le deis aumento,
que si faltó penitencia
y sin arrepentimiento,
no falte vuestra clemencia.
Sale Alcideo.
¡Ah de aquí!, quedo perdido,
que cuando el padre me hablaba
de Dios, ¡sea destruido!,
como embebecido estaba,
en la tierra se ha caído.
Pag. 29
Foliación manuscrita: 10
Saca el rosario y un cordón.
Si Francisco se lo ha hallado
y lo llevó al monesterio,
por curarlo, es escusado;
yo quedo con vituperio,
perdido y necesitado.
Mal digo, que con su vuelo
da al mundo gloriosa paz,
y es la santidad del suelo,
y un encopado alcatraz
que llega su planta al cielo.
Yo, un pecador indigno,
que en mis vicios engolfado
he dejado al uno y trino,
y por el reino dañado
dejé el cielo cristalino;
cuando vieron mi proveza,
me desampararon todos
los que con gran sutileza
procuraron por mil modos
de dejarme sin corteza.
Ya ¿qué tengo que esperar,
sino perder la esperanza,
y de días desesperar,
que espera sin confianza
el que no ha querido obrar?
El instrumento me falta,
mas remediará la falta
la cuerda deste rosal,
mas ¿quién osará acertal,
siendo de virgen tan alta?
Mas quien tal mudanza ha hecho
dentro de mi corazón,
librado me ha deste estrecho
este rosario y cordón,
arrimándolos al pecho.
Pag. 30
Foliación manuscrita: 10
De aqueste cordón me espanto,
que jamás no le he tenido,
mas ya le he visto que, en tanto
que el Padre me ha detenido,
se le hice ñudo al santo.
Muéstrame con evidencia
que me llama a religión,
la virtud a penitencia,
el rosario a la oración,
y todo a tener paciencia.
¿No dije yo primero,
las llagas había de ver
en Francisco del cordero,
y es imposible esto ser
como haber perdones? Pero...
Sale un Demonio galán y atrás su máscara.
¡Un ánimo, pesia a tal!,
mira que está en tu favor
un hombre de gran caudal.
¿Quién eres?
Soy un señor
de un reino que es eternal.
¿Eres Dios?
Soy un gigante
que me puse contra él
por hacerme semejante,
altivo como Luzbel,
y en mi dureza constante.
¿Pretendes ser perdonado?
Pues en mí toma dechado,
que con toda su potencia
de mí no tiene clemencia
con haber un pecado.
Mas tú, que tantos has hecho,
¿cómo te ha de perdonar
la dureza de aquel pecho?
Pag. 31
Foliación manuscrita: 11
Bien puedes desesperar,
que ya el camino estrecho;
y si no, hacerte un partido:
darte he los dos mil ducados
que por descuido has perdido,
que te los tengo guardados
porque hagas lo que te pido.
Primero el premio he de ver.
Soy contento.
Aparte.
Después pide,
que en todo esto he de obedecer;
si en pedir no se comide,
ninguna cosa he de hacer.
Ven conmigo.
Ya te sigo.
Van donde están los ladrones.
Digno eres de alabanza.
Tengo de ir ya por amigos.
De mi reino la privanza
serás, el cielo testigo.
¿Quién son estos que aquí están?
Aparte.
Llegan al bolso.
Tres son que están sosegando
entre el fuego de alquitrán,
que han de ir su rey imitando,
paso tras del capitán.
Toma los dos mil ducados
que acabo de prometer,
que los hallarás contados,
y podrás bien conocer
el valor de mis estados.
Aparte.
Mi bolso reconozco,
mis doblones son aquestos
que por descuido he perdido.
¡Qué encantamientos son estos!
Oye agora lo que pido.
Lo primero que te obligas
es que me darás el alma
al punto de tus fatigas,
sin que a esto que digas ,
y ganarás gloria y palma
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contra gentes enemigas.
Lo segundo es que te apartes
de aquel que murió en la cruz,
que tiene divinas artes,
para que ayunes los martes.
Todo, sin serte contrario,
haré aunque con razón.
Lo tercero es que el rosario
lances de ti y el cordón
que concedió su vicario.
Del cordón no digo nada,
del rosario no podré,
que tengo palabra dada.
Mi hacienda me llevaré.
Es mía.
Asen entrambos del collar.
Fue mal ganada.
Estas cosas que te ofenden...
Son armas contra mi imperio
que destruirle pretenden,
y es siempre en mi vituperio
cuando sus hojas se extienden.
Que sea uno, di, malvado,
¿eres tú acaso tutor
de aquel que los ha ganado?
Sí, porque con gran rigor
al demonio los has dado.
Di, ¿cómo no te amedrenta
mi presencia aborrecible?
Mas la fe que te alienta
tiene poder invencible
para ponerme en afrenta.
Sale San Francisco y Elías.
¡Suelta!
¿Por qué he de soltar?
Pag. 33
bien dices que tuyo es
de lo alabar en el mar,
para que lo des después
aquel que vendrá a reinar.
Cuando tenga el Anticristo,
dello harás magnificencia,
gran perseguidor de Cristo;
no estés más en mi presencia,
pues eres con Dios malquisto.
Huye el demonio llevando el cordón, haciendo alboroto, y échase en tierra Alcideo. Prosigue Francisco.
Levántase.
Levántese, hermano de tierra,
que es Dios misericordioso,
que los pecados destierra,
y ha de salir victorioso
el que entra con fe en la guerra.
Por la gran fe que has tenido
con las rosas del rosario,
a la Virgen se lo ha pedido,
que te libre de este contrario
que tanto te ha perseguido.
Vuelva a mirar la ruina
que su culpa han causado
en aquesta gente indigna,
todos se han acabado
por la voluntad divina;
nadie a juzgar no se atreva
si el muerto sea condenado,
que gran misterio se prueba,
y Dios es justificado,
y el premio cualquiera lleva.
Muchos con poca advertencia
dicen: Juan se condenó,
que lo muestra la esperencia,
sin que entiendan el signo
de la divina sentencia.
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Dijo Cristo, el que juzgare
también ha de ser juzgado,
y si acaso condenare
también será condenado,
si en la causa no acertare.
Y sobre todo aconseja
que, si acaso no es juez,
eche una puerta a la oreja,
que ganará gloria y prez
si para el Señor lo deja.
Estos tres han fenecido
por cobdicia del tesoro
que con descuido han perdido,
que suele a veces el oro
hacer perder el sentido.
Llévelos a sepultar
con gran amor, padre Elías.
Padre, ¿quién ha de ayudar?
Solo lo ha de Tobías.
Tendría bien que cenar.
Antes a los pobres daba
su hacienda con gran contento;
con justa razón se alaba,
mas si repartía con ciento,
alguna cosa quedaba.
Quien le ofreciera un real,
pensara que algo le falta,
que le sobra, decía el tal,
desde la almena más alta
hasta el bajo pedernal.
Siempre en la comida hay tasa,
si lo permite el ayuno.
Ayuno de razón pasa,
padre, no sea importuno.
Estoy por dejar la casa.
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Jesús, hermano, ¿qué dice?
Jesús, padre, lo que oye.
De la religión desdice;
mire que con Dios se apoye,
porque su ley contradice.
Yo iré, padre, su mandado.
Llévelos con piedad.
La vida no han acabado.
Mándanos la caridad
que el cuerpo no sea ultrajado;
aquí se puede quedar.
Puesto, hermano, en oración,
hasta que le envíe a llamar,
siga la contemplación,
siquiera a Dios agradar.
Yo salí, yo por mi esposa.
Vase San Francisco.
Tiene un deleite apacible
cuando en el alma reposa,
y suele hacer lo imposible,
que sea muy fácil cosa.
Híncase de hinojos.
Quiero cumplir la obediencia
de lo que ha mandado el padre.
Señor, por vuestra clemencia,
y por la sagrada madre,
que aceptéis mi penitencia.
Téngoos, buen Dios, ofendido
con pecados muy atroces.
Vuestra ley puesta en olvido,
y aunque me dábades voces,
tenía cerrado el oído.
Yo no merezco perdón,
por ser mis delitos graves,
que feos y enormes son,
mas esos ojos suaves
prometen la absolución.
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Junta las manos.
Señala el rosario.
Y aunque mi mucha cudicia
y mal regida advertencia
a voces clama justicia,
mayor es vuestra clemencia,
Señor, que no mi malicia.
De María Magdalena
siete demonios lanzastes,
y la libraste de pena,
y después la perdonastes,
quedando de gracia llena.
Pablo, que su pendón
contra vos le ha levantado,
rugiendo como león,
Señor, le habéis perdonado
y hecho vaso de elección.
Perdonado fue Mateo,
y de lo que han demandado
los hijos del Zebedeo,
y Pedro fue perdonado,
y el arrendador Zaqueo.
Esa providencia riega
la tierra y la fertiliza,
aunque en ella hay gente ciega,
que con rencor y ojeriza
justa adoración la niega.
Pues si su magnificencia
se extiende al endurecido
pecho, falto de prudencia,
algún ciervo perdido,
no le faltará clemencia.
Tengo en mí gran confusión
por las palabras que dije
a aqueste santo varón,
y aunque el alma se me aflige,
sé que puede haber perdón.
Virgen santa, que estas rosas
en cuyo honor se me han dado,
tan fragantes y olorosas,
yo nunca las he dejado,
aunque he acudido a otras cosas.
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quien peca vn / pero verdades
Sale un ángel.
Claramente he conocido
que si el demonio adversario
contra a mí no se ha metido,
es porque vuestro rosario
no puede ser ofendido.
Ángel piadoso,
Vase el ángel.
no pierdas la confianza
que es Dios todopoderoso,
que te promete bonanza
el rosario milagroso.
Muy gravemente has errado
en dar al demonio el alma,
aunque no quedó acetado,
mas ganaste gloria y palma
por el rosario sagrado.
La razón que referiste
que agora te trae confuso,
cuando al Padre se lo pediste,
Dios en tu boca la puso,
que desta suerte dijiste:
primero he de ver fijado
en pies, manos y costado,
de sus humildes quilates,
aquellos cinco granates
con que redimió el pecado;
y primero ver el fin
del orbe, el modelo deshecho
que goberna el querubín,
y al Padre San Francisco hecho
un divino serafín.
Así es, celestial hechura;
¿no es Dios todopoderoso,
que si agradarle procura,
por orden maravilloso
puede ensalzar su criatura?
Vuelve con humilde celo,
serás un blanco jazmín
que cubre un cándido velo,
a Francisco serafín.
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Música. Corren una cortina, aparece un Cristo con San Francisco arrodillado y unos rayos que le imprimen las llagas, y a la Virgen con el rosario en la mano a su lado, y prosigue:
y vuelta la tierra en cielo.
Ves aquí lo que has pedido,
Francisco serafín hecho,
en pies y manos herido,
y la lanzada del pecho,
con que todo sea cumplido.
Mira las rosas preciosas
que allí la Virgen te ofrece,
que son tan maravillosas
que el resplandor escurece
a las flores más hermosas.
El cristiano arrepentido
es instrumento que toca
de Dios el excelso oído;
a Ave María la boca,
y luego es favorecido.
Queda en paz y persevera,
acrecienta la humildad,
en contrición verdadera
aumenta la caridad,
y en Dios y su madre espera.
Corren la cortina, vase el Ángel.
¡Oh, divina Providencia,
gloriosísimo Señor,
excelsa magnificencia,
exceso de gran amor,
caos de divina clemencia!
Hacedme que persevere,
Señor, en vuestro servicio,
y en vuestra bondad espere;
no tenga poder el vicio,
si acaso me acometiere.
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y de mi parte prometo,
aunque el cuerpo esté en aprieto,
y el alma os sepa servir,
del hábito recibir
sin mirar ningún respeto.
Entra Elías y el Demonio, tras él invisible.
No basta ya el sufrimiento
y la paciencia se agota,
carece el entendimiento
y la cabeza se alborota,
y es con mi hablar al viento.
A cada paso obediencia,
a cada paso humildad,
a cada paso paciencia,
a cada paso caridad,
ya pasa de impertinencia,
solo él ha de mandar,
todos le han de obedecer,
los ojos no se han de alzar;
pues el comer y beber,
todo el año es ayunar.
Silencio por la mañana
y silencio a mediodía;
silencio, ¡qué desgana!
Cautivo allá en Berbería
estaría de mejor gana.
El hábito dejar quiero
y a Alcideo he de decir
vuelva al estado primero.
Un hidalgo y caballero,
un hombre que su linaje
es mucho mejor que el dél,
y de más claro lenguaje,
de un hijo de un mercadel,
¿ha de recibir ultraje?
No se puede consentir.
No consentir tal cosa,
aunque supiese morir
en la región más fría,
y dentro animales morir.
Acaba de contemplar,
déjate de eso, Alcideo,
no te quieras engolfar
donde vivas con deseo
y acabes con desear.
Este te aconseja bien.
Se levanta Alcideo.
¿Que aqueste bien me aconseja?
¿Cómo dice aqueso quien
ha sido de Dios oveja?
¿Cómo, Elías, dices tal?
¿Tienes perdido el sentido?
¡Alguna furia infernal
a decirlo te ha movido,
para que yo acabe en mal!
En tu razonar mordaz
se ve que eres un demonio
con encubierto antifaz,
que con falso testimonio
vienes prometiendo paz.
Buena está la hipocresía;
eras un vicioso ayer
apoyo de idolatría,
y quieres nos dar a entender
que hablas ya en profecías.
Vente conmigo si quieres,
y con gusto gozarás
de contentos y placeres,
que no olvidarás jamás,
el amor de las mujeres.
¡A qué flecha le ha tirado,
difícil de remediar!
El pecho se le ha alterado.
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de un hijo de un mercader
ha de recibir ultraje?
No se puede consentir.
No consentir tal cosa;
aunque supiese morar
en la región más fría,
o entre animales morir,
acaba de contemplar,
déjate de eso, Alcideo,
no te quieras engolfar
donde vives con deseo
y acabes con desear.
De impertinencias te deja.
Este te aconseja bien.
Levántase Alcideo.
¿Que aqueste bien me aconseja?
¿Cómo dice aqueso quien
ha sido de Dios oveja?
¿Cómo, Elías, dices tal?
¿Tienes perdido el sentido?
¡Válgama furia infernal!
A decirlo te ha movido
para que yo acabe en mal.
En tu razonar mordaz
se ve que eres un demonio
con encubierto antifaz,
que con falso testimonio
vienes prometiendo paz.
Buena está la hipocresía;
eras un vicioso ayer,
apoyo de idolatría,
y quieres nos dar a entender
que hablas ya en profecía.
Vente conmigo si quieres,
y con gusto gozarás
de contentos y placeres;
que no olvidarás jamás
el amor de las mujeres.
¡Oh, qué flecha le ha tirado!
¡Difícil de remediar!
El pecho se le ha alterado,
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jamás pudiera pensar
que así te hubieras mudado.
Tan presto has puesto en olvido
el regalo de las damas,
el suntuoso vestido,
el dulce amor de sus llamas
con que contento has vivido.
Mira que no has de sufrir
el ayuno y aspereza
con que tienes de vivir.
Tu injusta lengua no cesa,
deja, Elías, de perseguir;
tú que habías de animarme
me vienes veneno a dar
para acabar de matarme.
La orden quieres dejar.
Ta, ta, ¿quieres predicarme?
Mira la gloria e caudal
que de tu memoria borras,
con su coro angelical.
Cuando predican las zorras
el partido no va mal.
Mira el celestial tesoro
que siempre está aparejado
para guardarte decoro.
Sin duda alguna ha pensado
que me voy a tornar moro,
sí que al cielo puedo ir
aunque este hábito deje,
hay mucho que presumir.
Conviéneme que se aleje,
que le podrá reducir
si no puede dar alcance
a que el fraile no se vaya,
pues le he metido en el trance
que me podrían dar vaya
si se me escapa este lance.
Truecan el vestido.
¿Quieres hacer una cosa?
Truécame aqueste vestido,
que mi alma no reposa.
Vase Elías en hábito de galán y el Demonio, y queda Alcideo con hábito de fraile.
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Vuelve en ti, que vas perdido.
No es esto cosa donosa,
si no has de ser religioso,
hábito no has de tomar,
mediante el cielo piadoso.
Pues yo te le quiero dar.
Mira si eres venturoso.
Considera, padre Elías,
que precipitado vas.
¿Piensas que son niñerías?
No volveré paso atrás,
contra la razón porfías.
Toma el vestido, y el cielo
te dé el remedio mejor
para tu vida y consuelo.
Sí dará.
Truecan el vestido.
Con tal rigor,
de tu salvación recelo.
Bien entablado va el juego;
solo le ha faltado a aqueste
de hacer algún derreniego,
que, por poco que le cueste,
se verá en eterno fuego.
De aquesta vez, Belial,
si con aquello has perdido,
has doblado tu caudal,
como alcaiduz he traído
a que pare aqueste en mal.
De aquesta vez no se escapa.
Galán me puedo decir.
Muy bien te está espada y capa.
Poco te sirve cubrir
si tu maldad te destapa.
Llévese, padre, el rosario,
¿cómo no?, que le llevaré;
que no soy tan temerario
que jamás le olvidaré,
que en eso no he de ser vario.
Vase Elías con hábito de galán y el Demonio, y queda Alcideo con hábito de fraile.
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Cruz en el margen superior izquierdo
El hábito me habéis dado,
Señor, según he entendido;
aunque Elías le ha dejado,
la suficiencia ahora pido
para en él ser confirmado.
No miréis mi bajeza,
mirad vuestra gran clemencia
y a mi indino proceder;
pues sois soberana esencia,
mostrad vuestro gran poder.
Entra San Francisco.
Venga, padre Elías, ¿qué hace?
Vamos donde está el hermano;
quien lágrimas se deshace,
véngale de Dios de su mano,
que mucho me satisface.
Padre, aumente Dios sus días,
que no soy sino Alcideo,
que lloro las ansias mías.
Pues, ¿cómo, padre, le veo
con el hábito de Elías?
Fuese de la religión
y el hábito me ha trocado.
¡Dios de asuso gran perdón!
que le lleva su pecado
en un caos de confusión.
Que se me ha ido la oveja;
con razón justa, el Señor
puede tener de mí queja,
que soy indigno pastor,
pues así se va y me deja.
Vamos, hermano, a poner
remedio a tan grande exceso.
Señor, por vuestro poder,
que no se cure el proceso,
que bien lo podéis hacer.
Vanse, y entra Elías y el Demonio, visibles, en hábito primero.
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Buen talle y trato gustoso.
Es dama de mucho punto,
que con ademán airoso
se le rinde todo junto
el pecho más escabroso.
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Mucho me agrada su trato,
si tuviera qué le dar,
no le fuera nada ingrata,
y me había de quedar
conversando harto rato.
Mucho evita la probeza.
Confieso que abalanzara
la mano con gran largueza,
que tiene apacible cara
y de agraciada belleza.
Quisierate entretener,
pues profeso tu amistad.
Con juego no puede ser,
ni qué dar a la mujer.
Juguemos sobre una prenda.
La espada te he de jugar.
[A parte.]
Pues no tengo quien me ofenda,
sino es yo.
En lo que es ganar
todo el mundo se defienda.
[Saca el Demonio unos naipes.]
Ea, aquí naipes.
Nuevos son.
Aposta los he traído
de los reinos de Aquilón.
Aquí no hay que hacer partido.
Al parar, ¿por qué razón?
Por el naipe. Alzo un caballo
con gran ventura calzado,
difícil es de ganallo;
que si parte descocado
es imposible parallo.
[A parte.]
Parece que esta razón
a mi alma se endereza.
Soy caballo en conclusión,
que hasta dar con la cabeza
voy sin consideración.
Yo alcé un rey, no hay que fiar
en naipes ni en el amigo,
que con muestras de agradar
es encubierto enemigo
que le pretende engañar.
[A parte.]
Y aquesto por mí se entienda,
que soy rey de reino injusto,
y doy contino contienda,
y cuando he hecho mi gusto
no hay quien de mí se defienda.
Alzo y paro.
¿El qué?
La espada.
[A parte.]
Otorgo y corro la suerte,
que me agradó la parada.
Sentenciada va a la muerte,
porque la tengo ganada.
Mas un as pinto en su sota.
Famosa suerte ha sido esta,
aunque el pecho me alborota.
Que en otra señal como esta
Cristo me quitó la cota.
[Toma la espada.]
¿Jugáis más?
Capa y ropilla,
el demonio se lo lleve.
No será gran maravilla.
Yo el nueve.
Aunque la suerte es sencilla.
¡Pesia al juego y quien le juega!
Tome el naipe y pararé.
[Toma Elías el naipe.]
Parece que me lo ruega,
porque sé que ganaré.
Pues al demonio lo entrega.
Alcé y su parada hago.
El basto está contra mí,
no sea causa de mi estrago,
mas no, que en otro le di
al pagador el pago.
Salí la suerte.
Eso no,
que veo la mía con pinta.
La ropa se condenó.
Al demonio doy la tinta
y a vilán que le inventó.
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Aparte.
Ya que esto por mí se entienda,
que soy rey de reino injusto,
y doy contino contienda,
y cuando echo mi gusto,
no hay quien de mí se defienda.
Elías: al coy paro al que last... Demonio: el que Elías: a espada
Aparte.
Toma la espada.
Otorgo y corro la suerte,
que me agradó la parada,
sentenciada va a la muerte,
porque la tengo ganada:
mató un punto en su sota,
aunque el pecho me alborota,
que en otra señal como esta,
Cristo me quitó la cota.
¿Jugáis más?
Ca, ya no pillo;
el demonio se lo lleve.
No será gran maravilla.
Yo el nueve,
aunque la suerte es sencilla,
pese al juego y quien le juega.
Tome el naipe y pararé.
Toma Elías el naipe.
Parece que me lo ruega,
porque sé que ganaré.
Pues al demonio lo entrega,
al rey su parada hago;
el resto está contra mí;
no sea causa de mi estrago,
mas no, que en otra le di,
al bayo daré el pago.
Elías: saco la suerte
Eso no,
que veo la mía con pinta,
corro la segunda, ¿o no?
Al demonio doy la tinta,
y al villán que le inventó.
No tengo más que parar.
Demonio: juego al rosario Elías: no quiero con qué le podrás pagar negará el alma primero que tal pensara jugar
Juego el alma y el pecho.
¿Qué provecho
tendrás aunque ganes palma?
Por el gusto de mi pecho,
y por decir que a tu alma
mi tributaria la he hecho.
Toma el vestido.
Conocido he claramente
que tus razones fundadas
son de demonio impaciente,
y enderezas tus pisadas
para condenar la gente.
Si el vestido me has ganado,
fue justo consentimiento
del Señor glorificado,
porque volviese contento
al lugar que yo he dejado.
El vestido, porque adviertes,
le llevarás, pues es tuyo,
que sobre él echaste suertes,
que el que le dio no era suyo,
si acaso, pérfido, adviertes.
Y si yo el aviso he dado,
quiere el Señor que se tuerza
un pecho mal enseñado,
y dé limosna por fuerza,
pues no la daba de grado.
Hacíame la codicia,
con deseo de tener,
abrazar la caricia,
y va a punto de perder,
y valiome la justicia.
Como es la justicia aquel
que crio la tierra y cielo,
y lanzó de la luz, Luzbel,
al pecador da consuelo,
para que sea parte d'él.
Y pues su ministro eres,
vete y no estés aquí más.
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No tengo más que parar.
Juego al rosario.
No quiero,
con qué le podrás pagar;
jugará el alma primero,
que tal pensara jugar.
Juego el alma.
¿Qué provecho
tendrás, aunque ganes palma?
Por el gusto de mi pecho,
y por decir que a tu alma
mi tributaria la he hecho.
Conocido he claramente
que tus razones forjadas
son de demonio impaciente,
y enderezas tus pisadas
para condenar la gente.
Si el vestido me has ganado,
fue justo consentimiento
del Señor glorificado,
porque volviese contento
al lugar que yo he dejado.
El vestido, porque aciertes,
te llevarás, pues es tuyo,
que sobre él eches tus suertes;
que el que le dio no era suyo,
si acaso, pérfido, adviertes.
Y si yo el aviso he dado,
quiere el Señor que se tuerza
un pecho mal enseñado,
y dé limosna por fuerza,
pues no la da de grado.
Hacíame la codicia,
con deseo de tener,
abrazaré la avaricia,
y va a punto de perder,
y valióme la justicia.
Como es la justicia aquel
que hizo la tierra y cielo
y lanzó de él a Luzbel,
al pecador da consuelo
para que sea parte de él;
y pues su ministro eres,
vete y no estés aquí más.
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Foliación: 19
sin alcanzar lo que quieres;
¡vade retro, Satanás,
perturbador de mujeres!
Aparte.
Vase.
Yo me voy, que conocido
soy, y no puedo encubrirme;
y si te has arrepentido,
mi voz siempre ha de estar firme,
resonándote al oído.
Este vuelto en penitente
se va, ya dél desconfío,
mas si Dios me lo consiente,
le he de lanzar en el río
cuando pase por la puente.
Jesús, excelso Señor,
del Padre eterno engendrado,
con la eternidad de amor,
y en la Virgen humanado,
universal Redentor:
esta oveja arrepentida
quiere volver al rebaño,
de do partió endurecida,
que con el ciego engaño
tras el soberbio va perdida;
el cual me quiere apartar
de las entrañas suaves,
de los hombres desmanar,
haciendo delitos graves;
y de Dios es perdonar.
Bien sé que a su providencia
es el plato más gustoso,
y de mayor excelencia
aquel sainete amoroso
del manjar de penitencia.
Sansón, sacado los ojos,
abajando se lamenta,
por quitar viejos enojos,
y sacó de allí, a mi cuenta,
gloriosísimos despojos.
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De David, claro, se sabe
que fue de Dios perdonado
aquel delito tan grave,
por decir solo humillado
a Dios: «¡Oh, peccavi!»
Manasés con penitencia
sacó con santo caudal
de vuestra real audiencia
decretado el memorial
de perdón y de clemencia.
Virgen, puerto esclarecido,
por los pimpollos hermosos
que el rosal ha producido,
por los llorosos ojos
llenos de mi balido
y alivio, que las espinas
que con gran rigor han pasado
aquellas sienes divinas
de Dios, que es enamorado
y tiene entrañas finas.
Vase, y sale San Francisco y Alcideo con su hábito.
Pónense a orar.
El ansia del corazón
en mí no tiene sosiego
hasta que alcance perdón
de Elías, que partió ciego
por medio de la oración.
Pongámonos, padre, a orar,
que obra maravillosa
que a Dios, por perseverar,
con su fuerza poderosa
del cielo le hizo bajar.
Señor, ¿no sois buen pastor?
Volved la ovejuela Elías
a vuestro pasto de amor;
no acaben sus tristes días
sin vuestra gracia, Señor.
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Córrese una cortina y aparece Jesucristo con unas llagas desnudo en un tribunal, y la Virgen al lado derecho con rosario y palma, y Elías postrado de rodillas con alabanza; Ángel y Demonio a los lados.
En mi favor la sentencia
es muy justo que se dé;
jamás no guardó obediencia,
de la religión se fue
incitado de impaciencia,
que, cuanto a castidad,
con actos libidinosos...
Falso, no dices verdad.
Pensamientos licenciosos
consentidos...
Es maldad.
Quiso llevar a Alcideo
para que al siglo volviese
a su torpe y vil deseo
y su alma se perdiese;
este es delito muy feo
y debe ser condenado
por otros muchos delitos
que en su juventud ha obrado,
que son graves e infinitos.
Ya de esos fue perdonado
y de los que has referido;
con humilde reverencia,
en el alma arrepentido,
con lágrimas y penitencia
de Dios perdón ha pedido;
y vino con humildad
a su iglesia, y le atajaste,
espíritu de maldad,
y en el río le lanzaste,
donde ahogó, esto es verdad.
Dios me otorgó la licencia.
Sí, pero venía a confesarse,
examen de la conciencia.
Calla, Belial, que yo entiendo
dar fin a esta competencia.
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Juez sacro poderoso,
con estas rositas os ruego
seáis clemente y piadoso,
no vaya al eterno fuego,
ved mi ruego amoroso.
Aqueste lobo mordaz
pretende llevar esta alma,
no salga tan pertinaz
de aquí con victoria y palma;
sal de esta plaza de paz.
Mirad que con devoción
siempre el rosario ha tenido
en mucha veneración,
y por su grandeza os pido
que se le otorgue perdón.
Por vuestro ruego piadoso,
y por la grande corona
del rosario milagroso,
María dulce, le otorgo perdón
para que tenga reposo.
Y porque me lo ha pedido
con deseo encarecido
Francisco, amigo especial,
que intercediendo hombre tal,
al punto ha de ser cumplido.
Vaya a purgar su pecado
en el lugar señalado
hasta que mi voluntad,
por mi clemencia y bondad,
revoque lo decretado.
¡Oh, reniego de mí mismo,
del rosario y del bautismo!
¡Dar sentencia en mi favor,
siendo clemente el Señor,
y yo de pecado abismo!
¡Oh, rabia, hallando juez,
que entre él al cualquier revés,
así se negar tenía
lo que pidiese María,
siendo madre del juez!
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Ya otra vez esta mujer,
cuando estaba en más alteza,
con un excelso poder
me quebrantó la cabeza,
sin poderme defender.
Vase y corren la cortina.
Poderoso criador,
sacro espíritu increado,
por vuestro divino amor
que el rebaño sea librado
del cruel perseguidor;
por el sacro relicario,
por la muerte del Calvario,
Señor, que alcancen victoria,
y aquí se acaba la historia
de la Virgen del Rosario.
Laus Deo. Fin.
Acabose a 20 de abril del año de 1611.
Juan de Soto.
