testo digitale di La trinidad
Data di pubblicazione: 22 agosto 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La trinidad. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-trinidad.
LA TRINIDAD
Pag. 1
La Trinidad Auto sacramental
Jornada primera
Pag. 2
La Esperanza y el Hombre
Espera, hombre.
No puedo,
déjame, esperanza larga,
que no te puedo aguardar.
El Engaño dentro
¡Ah de la nave!
¿Quién llama?
El esquife a tierra, patrón.
Ya va a tierra.
Aguarda, aguarda.
No te oigo, cánsate.
El Engaño de marinero con una máscara atrás
Aquí estoy, ¿qué es lo que mandas?
Quiero embarcarme y saber
esta nave adónde pasa.
Pag. 3
La nave va a la Florida,
donde la vida se pasa, memora
en flor.
¿Quieresme dejar,
desengaño, que me matas?
Bajel famoso parece.
No han sustentado las aguas,
sobre el cristal de sus hombros,
jamás tan soberbia máquina.
¿Cómo se llama?
Fortuna.
¿Es ligera?
Compararla
con el viento en ligereza
será sin duda afrentarla,
porque es más, lleva de fuego
por la una y otra banda
mil bocas de culebrinas,
cada boca siete balas.
Que serán los siete vicios
asestados contra el alma.
Desde la popa a la proa
todo es oro y rica plata,
desde la vela mayor,
mesana y contramesana,
el trinquete y cebadera,
hasta la vela de gavia;
todas son de tela de oro.
Mas di de tela de araña
que hilan para cazar
las sucias moscas que pasan.
Es el árbol de la nave
el mismo de la manzana;
lleva albedrío el timón,
en la popa va sentada
la vanidad; la soberbia
es el patrón y descansa
en la cámara de popa;
la pereza allí regala;
la gula que es pañolero,
la lujuria en blanda cama
viciosamente se goza;
ira las bombas disparan;
la avaricia es tesorera,
porque no hay quien pida nada
que tiene cuanto desea,
tesoros, músicas, galas,
deleites, conversaciones,
regalos, libertad.
Basta,
embarquémonos.
Espera,
mira bien que la esperanza
navega ya para ti,
que la Natividad Santa
del gran puerto Santa María
salió riendo y mar bonanza
para Cádiz, aunque en Ostia,
que es puerto de Roma, aguardan,
que en hostia ha de entrar el jueves,
y allí en hostia la fe amasa.
Pag. 4
el bizcocho que la nave
de la Iglesia sacrosanta
ha de dar para el viaje
de los que a las Indias santas
navegan el mar del mundo.
Decid de qué va cargada
esa nave.
De riquezas
inmensas y soberanas;
desde la popa a la proa
va de virtudes preñada.
Al mar de Jerusalén
pasará aquesta semana;
allí cargará la nave
de riqueza tal, que acaba,
mas que nos dirás que es tal
que seremos abofetados.
Sí, y alguna costará
al principio de tomarla
por la prisa del vender,
porque será con tal ansia,
que ya habrá quien dé una oreja
por hallarse en ellos.
Pasos
adelanten; que esta nave
sepamos qué es lo que carga.
Del huerto Getsemaní
lo primero será carga
que hará sudar sangre viva,
porque Abraham vio que estaba
entre zarzas enredado el cordero;
también cargará de cañas,
que la fístola incurable
se cure, aunque será amarga;
pues sabrá a vinagre y hiel.
Y, demás de aquesto, embarca
clavos, y púrpura, y mirra,
juncos marinos y grana,
que cinco mil cardenales
para vestírsela aguardan.
Un pectoral de un rubí,
labrado con una lanza,
y otros cuatro en los extremos
destos, los dos en dos palmas,
dos en dos pies de cristal,
y todo un agnus lo abraza
en el árbol de la nave,
que es una cruz levantada,
árbol que será de vida,
y de todo a vista, y hasta
decir que ya habrá ladrón
que procure con escala
alcanzar deste árbol fruto;
y luego, dentro de un arca
de piedra en que le pondrán,
porque no le hurten, guardas
hasta que al tercero día
Pag. 5
en Santo Domingo salga,
que es un puerto de las Indias,
que en Puerto Rico se acaba.
¡Qué gentil mercadería!
Guarde esa nave, no salga
y se tope con la mía.
Sé que no osara esperarla,
porque ha de quedar cautiva,
que, aunque tantos tiros vayan,
acaba el tiro de Dios,
que Dío el hebreo llama
a Dios, que es tiro tan fuerte
que hasta el infierno alcanza.
Hombre, el Desengaño soy,
mira en qué nave te embarcas.
¿Dónde? ¿En la nave Fortuna?
Pues tú correrás borrasca,
que entre Caribdis y Sila
has de pasar.
Ya me cansas,
a la Florida me voy.
¡Leva!
¡Levas!
¡Carpas!
¡Carpas!
Sonará ruido de embarcación y éntranse, y queda el Desengaño.
Vase.
¡Ay, hombre ciego y perdido!
Ya dan velas, ya se alargan,
el mar furioso se altera,
los vientos gimen y braman,
el timón parece roto,
las velas todas se rasgan,
la proa, el fogón, la quilla
y entenas se desencajan,
con una roca se embisten,
huracanes se levantan.
Quiero seguir dando voces
por la orilla desta playa,
que la nave ha de romper.
Plega a Dios que a tierra salgan.
Sale Solimán, que es Luzbel, y Temeridad, entrambos de moros, y culebras en los tocados, y alfanjes.
Bien queda la galeota,
buenos los forzados son.
Muy buen piloto es Carón,
que a la furia donde aboca
del lago Estigio la furia,
por las serpentinas bocas
de las quiebras destas rocas,
de las Sirtes sin injuria,
cortó salvando el recodo
por donde al mundo salimos
y del Argel donde asistimos,
Pag. 6
fue sagaz y astuto el modo,
bueno es que aqueste mar corras,
fuerte Luzbel, Solimán,
porque a Dios que no van
cautivos a las mazmorras,
parece que el fuerte Alá
ha hecho paz con la tierra.
Como no hay en el mundo guerra,
no se navega el mar ya,
desta mi oscura prisión
el juicio y sentido pierdo,
y de Sodoma me acuerdo,
y lo de Datán y Abirón,
y la torre de Babel,
y lo de Senaquerín,
y aquel diluvio que en fin...
sangriento andabas, Luzbel.
Con mi regreso, y calo más
a sultana Proserpina,
pues su azufre, entre resina,
se quemaba en vez de aroma.
Háceme guerra la paz
del humano y falso bando,
que aun de hambre está rabiando
el Cerbero canifaz,
que de humanos se sustenta;
que tan pobre vengo a estar,
que he de vivir de rumiar,
hecho pirata, soy tormenta,
corre un soberbio bajel,
por el mar del mundo viene,
rotos los árboles tiene,
parece de nuestro Argel,
con un peñasco ha encontrado,
que ha de perecer es cierto,
que todo el bajel se ha abierto
por la mitad de un costado;
agua traga, a pique va,
las aguas viene cortando
un bulto apriesa nadando
encaminado hacia acá.
¡Dios, socorro, que me anego!
No mires a mi maldad.
Acude, Temeridad,
no se escape, acude luego.
Sale el hombre
Humano, ásgase de tu cadena;
no temas que escapará,
porque ya en la playa está
rendido sobre el arena.
Cielo santo, ¿qué región
es esta donde he caído?
¿Qué mudanza aquesta ha sido?
Pag. 7
Zape, hermano, date a prisión.
Entregaréme; he dado,
la libertad he perdido,
a buen tiempo me ha traído
a descansar mi pecado,
¿adónde ibas, desdichado?
Llevado de mi albedrío
a buscar el daño mío,
pues que con él he encontrado.
¿Con quién? ¿Cómo aquí saliste?
¿Y de dónde?
Decir puedo
solo que salí de mí
sin entrar en mí en acuerdo
a consultar la razón,
memoria ni entendimiento,
solo con la voluntad.
Locos los sentidos, ciegos,
volví a la razón la espalda
y al mismo punto embistieron,
como a una bestia, los vicios,
quitándome de ella el freno,
púsose el deleite espuelas
y, viéndome libre y suelto
en el campo de mi gusto,
corrí el tiempo en pasatiempo;
pues caballo desbocado,
que tiene del pensamiento
las alas porque es muy llano
que el pasar es tan ligero
como el pensar, pensé al fin
en pensar y paré en el puesto,
y presto se me pasó
el bien, pues ya no le tengo.
Embarquéme en el bajel
de la fortuna soberbio,
que va de ambición cargado,
de regalos y vicios lleno,
de glorias y honras humanas
que aqueste necio deseo
me engañó; dijeron que iba
a la florida; dijeron
bien, porque cual flor pasó
que llegué y vi, dormí un sueño,
y cuando de él desperté,
hallé que era un seco invierno,
sin gozo, sin fruto y flor.
Volvió el tiempo, halléme necio.
¡Ay, hombre ciego!,
que no te guardas y te avisa el tiempo.
Fuimos corriendo fortuna
contraria entre mil roquedos,
que con las puntas rompían
casi el lienzo de los cielos;
pasamos junto a una cueva
Pag. 8
donde se quejaría el viento
porque se hallaba en prisión
entre sus lóbregos huecos.
La portada estaba,
aunque bruta y tosca, a trechos
de engastes de calaveras
sobre dos cruzados huesos
debajo de una guadaña,
tiaras, coronas, cetros;
y cual si fuera capilla,
de milagros por el techo
pendientes muchas mortajas.
Oíanse tristes quiebros
de lamentables gemidos,
pronunciando aquestos versos:
«¡Ay, hombre ciego,
que no te guardas y te avisa el tiempo!»
La nave estaba encallada
mientras contemplaba aquesto;
un recio viento sopló,
tendió nubes y entre truenos
ellas despidieron rayos.
El árbol mayor rompieron,
que, como era árbol de culpa,
le cercaron de un fuego;
sobre las aguas ardía,
y las velas se encendieron,
que eran de lienzo y llevaban
aire, que las daba aliento;
perdimos norte y timón,
y como faltó el gobierno
dimos en aquellas peñas,
tan fiero y soberbio encuentro,
que todo el bajel se abrió,
fue a pique; yo, asiendo de unos
mis brazos, salí a la orilla,
salvé la vida, estoy preso.
Esta es de mi triste historia
el desdichado suceso.
Lo que habéis de hacer por mí,
aquesto yo no os lo cuento,
que vosotros lo sabéis.
Este capítulo es vuestro;
proseguid con esta historia,
que ni sé más ni más quiero.
Si nos toca ya tu historia,
por escrito la daremos
con dos letras en tu rostro,
que en cifra dirán tus yerros.
Yo soy Luzbel Solimán,
que con solimán sustento
mis esclavos.
¡Ay, Dios mío!
Que faste amina, perro,
llévale, Temeridad,
y ponle en un banco al remo,
y sea en el bogavante.
¡Ay, mi Dios!
Camine presto.
¡Ay, hombre ciego,
que no te guardas y te avisa el tiempo!
Pag. 9
Salen Cristo de fraile de la Santísima Trinidad y nuestra señora como pintan a la Virgen de las Mercedes
Luz de mis ojos hermosa,
luciente sol blanco y rubio.
Mi paloma del diluvio,
bella oliva especiosa,
alba luciente y serena,
espejo sin mancha alguna,
sois clara, hermosa luna,
pura y cándida azucena,
lirio, pozo, fuente, huerto,
ciprés, cedro, palma bella,
del mar relumbrante estrella,
puerta del cielo y mi puerto,
con rocío blanca rosa,
hija de mi eterno Padre,
y de mí, su hijo, madre,
y del Paráclito esposa,
de la Trinidad el templo
donde el hábito tomé
de sayal, y profesé,
fui de religión ejemplo.
¿Qué queréis?
Mas quiero adorarte,
quiero mirarte y oírte,
madre tierna, he de servirte,
quiero y quiero contemplarte,
porque, aunque yo soy tu madre,
te veo paternidad,
uno de la Trinidad,
generalísimo Padre.
Llamaste fray Salvador,
porque a salvar has venido,
y en la Trinidad has sido
nombrado por redentor;
la cruz del pecho da fe
de lo que sin tiempo aquisto,
que sois de cristal, mi Cristo,
y en las espaldas se ve.
Temo, mi bien, mil enojos,
que en hermosura estáis tal,
que temo no os hagan mal
si os miran con malos ojos;
si a los niños bellos dan
pan contra el ojo, en provecho,
poneros pan, mi bien, al pecho.
Antes yo me pondré en pan,
que con esto sé que os doy
higa al pecado, y daré
vida al alma y quedaré
en cuerpo, pues galán soy.
A definir a qué he venido
y así no me ha de valer,
defender, que he de ser
como cautivo vendido;
pero vos, madre y señora,
quiero, muerto yo, atended,
que de aquella mitad
al mundo, seáis redentora.
Pag. 10
la Virgen os llamarán
de las Mercedes, y ansí,
por vos, mercedes de mí
cautivos recibirán.
Hijo, redentor tenéis,
y pues sangre me habéis dado
con que el mundo sea comprado,
redentora os llamaréis,
no que hayáis de redimir
como yo el mundo acuitado,
que eso a mí solo me es dado,
pero tiempo ha de venir
que muchos hijos tengáis
a quien Cristo llamaré.
Por dignidad de mi fe,
do venerada seáis,
serán hijos a merced
si cautivos redimieren
por vos, y si aquesto hicieren,
por hermanos los poned
míos, Señora, en mi fe.
Póngome a considerar
qué caro os ha de costar,
hijo, libertar al hombre.
En vuestro pecho traéis
la cruz do habéis de morir,
y, porque pueda sufrir,
a mi escudo me ponéis.
Con pecho de amor mostráis
que sois hombre tan de hecho
que ponéis la cruz al pecho
porque a pechos la tomáis.
Como todo vos sois luz,
y en vuestra contemplación
bebido habéis la pasión,
al pecho os sale la cruz.
Y muy justa oración es,
pues tanto bien atesora,
la hagáis espaldas agora,
porque os las haga después.
Y vos al mundo sanaréis
la enfermedad encubierta,
que al pecho cruz es muy cierta
señal de saludador.
Sale Judas como moharracho trinitario con arqueta de pedir limosna.
Judas viene. ¿Qué hay, amigo?
Muy amigo.
Familiar.
Ésa me puede llamar,
que ya anda el diablo conmigo.
La inquietud que traes me...
¿qué tienes?
Padre y Señor,
hasme hecho comprador,
y es la despensa muy corta,
y tan tasado el dinero
que me tiene con cuidado.
Si tuviéramos ganado,
quizá vendiera un cordero,
porque yo querría tener
siempre el dinero en la mano.
No te mates, que es temprano;
no faltará qué vender,
Redentor del mundo soy.
Pag. 11
trato de su libertad,
la orden de la Trinidad,
y a esto en el mundo estoy
redimirle, sin embargo
que a solo esto he venido
aunque por él sea vendido.
Aqueso tomo a mi cargo.
Exemplo os quiero dejar
tal que importando vosotros
os vendáis unos por otros.
De ay le voi que es asar.
Ya está junto mi colegio
donde saldrán contra errores
famosos predicadores
y con tan gran previlegio
que tendrán pleno poder
para que al que hubiere errado
confesando su pecado
le puedan por mi absolver.
Serenísimo Señor
con mi acuerdo celestial
capítulo general
en mi colegio haré hoy.
De insignias pontificales
iré al colegio a ordenar
que misa quiero cantar.
¿Habrá muchos cardenales?
La bondad tuya me abona,
yo a mi mismo me condeno,
para montón soi bueno,
pero no para corona.
Y del toque sea luego
ven, Judas, no desmayes
y sacerdote te veas.
Yo estoy dado para lego.
Si el oficio es de tener
a que yo soy inclinado
me prestáis de dineros
para compras y vendes.
Quien ha de hacer sacrificio
de aquesto no ha de tratar.
Pues yo me quiero ordenar
que yo estoy bien con mi oficio.
Podemos bien acudir
a los pobres para darles
la limosna de regalarles.
Mi orden has de seguir.
Judas, dignidad no cobres,
que tu oficio te está bien
aunque todos digan quién
mete a Judas con los pobres.
Quedad, mi madre, conmigo
que siempre estaré con vos,
aunque ruego de mi Dios,
con vos voy, Judas amigo.
Vase Xpo, y Judas tras dél, como imaginativo.
Conmigo el demonio lucha.
Óyeme, amigo fiel.
Judas, cuánto me huelgo en él.
Pag. 12
treinta dineros.
Clara.
Si no dais más no lo trato,
no es de balde en treinta, por
ansí libre, o muera yo
ahorcado, tal barato
como hago no se ha visto,
que no está, dírselo quiero.
Ahora venga ese dinero,
y quedaos con Jesucristo.
¿En qué está divertido?
Pena fiera me da y gran
[...]
[...] que él ha a [...]
Y aun el dinero he perdido
por llegar su madre agora.
Amigo, ¿qué tienes?
Pobreza.
Vende mis bienes.
En eso estamos agora.
¿De qué esta melancolía?
Que cuando habla con mi hijo
no mostrabas tal tristeza,
¿qué tienes? Muestra alegría.
No te va en la religión
bien por dicha ha te pesado
del haber en ella entrado
si no has de hacer profesión;
sea caso y guárdate.
Mi hijo rey salvador
muéveos algún desamor,
no, que todo es amor,
si piensas eso te engañas,
porque es tal la condición mía,
que a todo el mundo querría
metérsele en las entrañas.
No es aquese mi cuidado,
pero no sé qué me temo
de mí, que si duermo, sueño
que he de morir ahorcado.
Con aquesto vo al andar
a de posar me apego
porque parece que llevo
tras mí la soga arrastrando.
Ensueños no has de creer,
y si con mi hijo vas,
en lugar sagrado estás,
no tienes de qué temer,
que de mi hijo yo sé
que no ha de desampararte;
procura solo guardarte
que no hagas tú por qué,
si por alguna disarmonía
de vana y torpe codicia
te temes de la justicia,
él es la misericordia,
y si de la Trinidad
dejas el hábito aquí
Pag. 13
A la merced ven a mí,
que no faltará piedad.
Ve donde mi hijo está
y dile tu pecho a él,
que en sus palabras hay miel
que tu acíbar templará,
que son sus virtudes tantas.
Que me era cantar el salmo.
Curarate con ensalmo,
que tiene palabras santas.
Señora, yo estoy de prisa.
No te quisiera dejar,
mas ve a mi hijo a buscar
porque ayudes a misa.
¡De requiem la cantará!
Aunque sea en la muerte suya,
cantará el mió aleluya.
Muy tarde haciendo se va.
De que allá vayas me aflijo,
que tiene misterio entiendo;
a mi hijo te encomiendo,
y guarde te a ti mi hijo.
Vase Judas por la parte que se fue su pro.
Éntrese María señora por donde salió.
Sale Temeridad y el Hombre.
No se queje el pecho tanto,
está enseñado a holgar,
haga el cuerpo a trabajar.
Mueva, Temeridad, este llanto,
pecho de inhumana fiera,
que le rogué mire por mí.
Mejor mirará él por sí,
primero que aquí viniera.
Aquí no vale piedad;
quien con llanto se defiende
entienda que más ofende
y provoca a crueldad.
Pues si has sido regalado
de que se queja tu base,
esto le causa, no le pesía,
si con la gula ha vivido
y en su pesebre ha comido,
sufra agora como bestia
que se le hace pesado.
Es la vida muy amarga;
lleva acaso alguna carga.
¡Qué mayor carga que el pecado!
Si la máquina del cielo
un pecado no sufrió
y con el peso rompió
hasta arrojarle en el suelo,
¿qué mucho que haga grieta
no un pecado, sino mil,
hijos de vidrio sutil
y traigo encima una tierra?
Que he de acabar tengo miedo.
Puedes luego al cielo hacer
romper y déjalos caer.
Pag. 14
hacer de mí, yo no puedo,
son tan fuertes mis pecados
que no habrá quien los despida.
No, pues quítate la vida.
Están al alma clavados,
no se podrán dividir.
No aventuraré esa palma,
porque aunque me saque el alma,
junto con el alma han de ir
y ellos irán a su centro.
Muy bien tu mal adivinas.
Mis pecados son espinas
que se me han clavado dentro.
Pues yo vi que te cargabas
de ellos, y sin darte enojos,
con la boca y con los ojos
enteros te los tragabas.
Pecado a gusto y fiado
es muy dulce de llevar,
pero, llegado a pagar,
es amargo y es pesado.
Entonces no los sentía,
que me parecían livianos;
metía en ellos las manos
y a dos manos los comía.
La soberbia y ambición
son con quien siempre he volado,
y ellos son quien me han quebrado
las alas del corazón.
Con la ambición tragué
tanto viento en abundancia
que parece hidropesía,
pues con ella reventé;
la fortuna quitó el clavo,
cuando en su cumbre me vi
no estaba firme, caí
hasta la grada del clavo.
Pues haz esclavo tu oficio,
pues dio tu estrella tan baja,
haz buen ánimo y trabaja
si quieres echar de vicio
al gran Solimán curval,
procura en todo agradar,
pues sé que te has de obligar
si te niegas.
Señor,
de mi ley será error,
aunque pecador he sido.
Pues, ¿no has de ser redimido?
Pues yo espero de dentro,
que tengo gran confianza
que en la alta Trinidad
de centro de caridad
se tenga buena esperanza.
Pues yo te la quitaré.
Pag. 15
con añadirle prisiones
en oscuras confusiones
con todo, Gybraele,
esperanza me dais vos,
Dios, que seré libertado.
con bertirte en pecado,
para que no entre en ti Dios.
yo espero que me socorra.
perro.
¡ay!
¿qué es el ay?
baja y verá lo que hay
allá dentro en la mazmorra.
alto, éntrese de ay.
que sale el gran Solimán.
Váyase.
dénselo por muerte en pan.
Luzbel, Solimán y Judíos salen.
valor demostrad.
sí,
y yo le puedo afirmar
que he oído decir
que en pecando ha de gemir,
cautivo no ha de quedar
de los suyos en tu Argel
que tres mil moradas oscuras
no han de estar dél muy seguras.
oh gran Solimán, Luzbel,
que contra aquel gran señor
fuiste quien me dio osadía,
y a la ley mi contraria embía
a nuestro Argel redentor.
¿y has hablado con él?
sí,
y aun en su ley le argüí de
de pecado, y sin pecado
dicen que es profeta.
ansí,
Luzbel, Solimán, Sultán,
Satán, ¿no es el que un día
dijiste en presencia mía
si hiciera las piedras pan?
¿no es también al que dijiste
que del monte se arrojara,
y después que te adorara
del reino le prometiste?
sí,
dicen es rey disfrazado
y en que a Dios me fundo
mi reino no es deste mundo.
embajador es declarado,
no trataremos que muera.
sepa yo aunque gran señor
ángel Gybreel redentor.
Pag. 16
por la ley
pues oye espera
probemos que es embustero
que viene a alterar la ley
y se hace hijo de rey
¿quién lo probará?
dinero
con eso me persuades
y hace al blanco tirar
que el dinero mil mentiras
hace pasar por verdades
no lo tengo ni lo espero
déjame con tu malicia
no es bueno que mi malicia
me está pidiendo dinero
de dónde lo he de sacar
aunque en buscarlo soy diestro
si no es que al padre maestro
se le dé por tribuendo
hablar
con el compañero quiero
ven acá
¿qué me queréis?
sin duda alguna traeréis
gran cantidad de dinero
pues venís a rescatar
qué linda tecla ha tocado
quien os hace corresponder
dinero en que eso es tentar
a los pobres no se trata
uso de dinero aquí
pues ¿cómo rescata, di?
como acredito rescata
pues ¿no le tiene conmigo?
¿cómo lo pasáis de bien?
no lo pasamos muy mal
pero pasamos
amigo
¿cómo andas en compañía
de hombre de resolución?
trata ayuno y oración
y pobreza y prosigues
el que los está amotinando
que con los de dentro
samaritano engañador
embustero endemoniado
¿qué quise decir?
este se vuelve a su centro
mas si de esto mal encuentro
este no se entregará
gran suma promete quien
a quien nos le haga haber
pues si el que turbado haces
como quiere este dinero
con ardid ha de hacerse
hasta que caiga en el lazo
que alar la piedra el brazo
Pag. 17
Sabed, al aparecerse,
gran solimán, muy bien sé
lo que queréis ordenar.
Decid, ¿qué me queréis dar
a mí, y os le entregaré?
Treinta dineros.
Ea, pues,
veisme la necesidad,
¿no daréis más?
No.
Contad.
Llamá, el mísero es,
id luego y aprisionadle,
mas de venir con los dos.
Vamos, como Dios es Dios.
Que os le he vendido de balde.
Aqueste gozó a su madre,
como es cosa ya tan clara,
antes que de ella gozara,
mató a palos a su padre.
Vos, este que habéis vendido,
os ha de gozar el dinero,
y al cabo, cual majadero,
quedará en la red metido.
Pagará la intención mala,
si me cuesta mis tesoros.
¿A quién digo, hermanos moros?
Yo lo vendo de alcabala.
¿Vos entendéis lo que hablo?
Dígolo por ciertas dudas.
No le matéis, hermano Judas.
Hermano seáis vos del diablo.
El Redentor acabas;
tiene sobra por lo menos,
este hacer deste menos,
pues que darás, y seguras.
Alto, vamos ya de aquí,
que estáis con mucho gobierno.
No daré por medio infierno
la parte que tengo en ti.
Vanse, y sale Cristo a orar al huerto.
Ya vengo a la obediencia,
paternidad sagrada y santo padre,
mirad en esta ausencia
por mi colegio y mi querida madre,
ved qué era la alegría
en todo tiempo de Jesús María.
Ya tres veces he orado,
con esto, Padre, a quien suplico y pido,
que como a hijo amado,
deis vuestro soberano y santo oído,
pido que el cielo se abra
para que pase a vos mi palabra,
y si fuere posible,
pase de mí este cáliz de amargura,
de beber tan terrible,
Pag. 18
mas aunque traiga hiel, será dulzura,
que aunque sea amargo al gusto,
no hay dulce que se iguale al daros gusto.
Pronto el espíritu tengo,
y aunque la carne enferma, yo me allano;
y al rescate que vengo,
el precio sacrosanto y soberano
para el alma cautiva,
que es lo que quiero y lo que quiero viva.
Suenan dentro voces los del limbo.
Danos presto rescate.
Del limbo salen estas voces santas,
el temor me combate.
Rescate al mundo.
Ya riegan mis plantas
la sangre de mis venas.
Sácanos de dentro de estas cadenas.
Pasa un ángel en una nube, una espada y un cáliz, y sea el pie una calavera.
La respuesta es aquesta.
Lo que ordenare mi Padre, eso conviene;
a redimirme envía,
sea su voluntad y no la mía.
Salen Luzbel y Temeridad y Judas, y si otro pudiere.
No tenéis de qué temer,
pues yo os le vengo a entregar;
al que paz llegare a dar,
aquese habéis de prender,
llegad a abrazar conmigo.
En traición nos eres diestro,
en todo eres ya maestro.
Dime a qué has venido, amigo.
Llega a abrazarle y prenderle.
Como si fuera ladrón
con armas habéis venido
a prenderme.
Tenle asido,
no perdamos la ocasión,
baja, que es un embaidor;
yo vengaré mis enojos.
Mundo esclavo, abre los ojos,
que aquí va tu Redentor.
Llevan a Cristo atadas las manos y sale el Hombre.
Parece que en las prisiones,
donde hoy todo era lamentos,
escucho nuevo contento
y cantar dulces canciones;
como de muertos a vivos
vuelven, si desatarán,
que en las mismas ropas están
muchos que, presos, cautivos.
Y alegres oigo cantar,
entre ellos me quiero entrar.
Ya andamos a cantar.
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si ansí los males se espantan.
Entrase el Hombre, sale María señora.
Cantan varios de dentro
Coge ya el oscuro manto,
noche negra, húmeda y fría,
deja que el baje el día
a las espaldas del llanto;
del rocío aljofarado
que a su sol, cuando la aurora,
que tan bien yo soy aurora
que por mi sol he llorado.
El ocaso que el sol tuvo
salvo al salir en Belén
y ocaso en Jerusalén,
que en mis brazos puesto estuvo.
Si este sangriento arrebol
se pone y vuelve a salir,
el sol hoy a relucir,
la hermosura de mi sol,
cual del tronco nace la flor;
es hoy que si el sol se encubre,
a ser ya hora en cumbre
a saber su resplandor.
Si el sol que ansí me llamáis,
mi sol, y me he de encubrir
que no tengo de salir,
hasta que a salir volváis
la noche del subo oscura,
el quien me tiene la luz,
que se me puso en la cruz,
y luego en la sepultura
de que un sol ingrato y esquivo
mucho que están los cautivos
¡Oh, qué alegre resplandor!
¡Oh, qué gloria el alma siente!
que sana al corazón
con los rayos de mi sol
que sale un nuevo oriente.
Sale Cristo resucitado
Con vosotros, madre mía,
glorioso y resucitado.
Oh, mi dulce deseado
donde la vida mía,
está con las penas tristes,
paso la triste memoria.
Los cielos os cantan gloria,
daros quiero el parabién
de veros resucitado,
más galán habéis llegado
que no al portal de Belén.
Que entonces mi sol hermoso
para esconderos salisteis
con muerte a mis ojos tristes,
mas vos salís glorioso.
Hoy triunfador de la lid
de la muerte.
Lindo estáis,
madre, quiero que veáis
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Los cautivos que trae. Descúbrese una apariencia: estará un árbol y la cruz dentro de él; siéntanse los ramos de manera que salgan los brazos y la cabeza de la cruz, y debajo de los brazos de ella, subido a un mundo, el Padre.
Estos los cautivos son
que, como están desde el suelo,
los he de llevar al cielo
en forma de procesión.
Estos son los que esperaban
mi advenimiento sagrado
en el limbo, y ya ha llegado
el día que deseaban.
Redentor sin segundo,
hoy nueva redención fundo
que quede en vos en el suelo,
del Purgatorio el Carmelo,
y de Merced en el mundo.
Otros, y mi escapulario
espera estando en la fe,
y este mundo ingrato fue
un Redentor Trinitario.
