testo digitale di Extremos de amor y honor
Data di pubblicazione: 22 agosto 2026
Metadati dell'opera
- Attribuzione tradizionale
- Attribuzione stilometrica
- No es posible Inconcludente
- Genere
- Comedia
- Stato del testo
- Transcripción automática de manuscrito
- Origine
- El texto procede de la transcripción automática del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/16559.
Avvertimento
Può includere errori o omissioni. Se disponi di un'edizione migliore, contattaci con noi per gli aggiornamenti.
Licenza
Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Extremos de amor y honor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/extremos-de-amor-y-honor.
EXTREMOS DE AMOR Y HONOR
Jornada primera
Pag. 1
Teseo.
Lidorio.
Capricho.
Doblón.
Dédalo.
Celio.
Rey Egeo.
Dos criados.
Dos soldados.
Músicos.
Fedra.
Ariadna.
Libia.
Lisi.
El aura lisonjera
la nave ha conducido a la ribera.
Amaina la mayor, deja el trinquete,
y porque el sacro Noto se respete,
sin dar fondo, varada al mar la nave,
queda en través a este, mientras se sabe
por la lancha qué tierra es la que vemos.
Y entre tanto de aquí la saludemos
con su nombre, pues todo en él se encierra,
diciendo una y mil veces:
¡Tierra, tierra!
Sale Capricho.
Tierra y más tierra digo, que mi fragua
tierra, aire y fuego, admite, mas no agua.
Sale Teseo.
Tierra también repito, pues al vella
alivio siento como a hijo della,
pues centro al hombre con partido anhelo,
la tierra al cuerpo, cuando al alma el cielo.
Sale Doblón.
Ni mar ni tierra dice mi cuidado.
Pag. 2
Es que tú ni eres carne ni pescado.
Dejad vuestra porfía,
y tú, Doblón, la flote y lancha guía
porque escondida espere en el abrigo
de esa resaca, y tú vente conmigo.
Quédome, aunque mi amor de parte siéntelo.
Verdad dice Doblón, salvo que miente.
Pues ya los argonautas,
gloriosos príncipes griegos,
con quien desde Atenas yo
en noble alianza vengo
al arribar a esta playa,
a mi industria y a mi esfuerzo
han fiado el explorar
si es favorable este reino,
si enemigo, o si neutral,
para poder acudiendo
al voto sacrificar,
bien como ofrecido habemos
a los dioses, en llegando
al primer amigo puerto,
en hacimiento de gracias
de tanto feliz suceso
en la conquista de aquel
vellón que en Colcos pusieron
de Frixo la libertad
y de Heles el escarmiento,
y ya también que al saltar
en tierra, con este intento,
voy buscando quien me informe,
sin elección eligiendo
este ya a trechos fragoso
sitio, y ya apacible a trechos,
sus veredas discurramos.
Mejor discurrir podemos
tus locuras, pero, ¿cuándo
locuras se discurrieron
que en qué pelo parecen?
En gordo, no más de en vello.
Señor, yo no puedo ya
llevar tus cosas, y pierdo
el juicio que nunca tuve,
mirándote a ti perderlo.
¿Qué cosa es que no haya monstruo,
fiera, salvaje, portento,
empresa, lid, desafío,
lucha, aventura, ni duelo,
que aunque nunca en ti se metan,
tú no te metas en ellos?
Tanto que de estas resultas
Pag. 3
hecho un don Quijote griego,
anda en adagio tu nombre,
y por todo su hemisferio,
de lo plebeyo a lo noble,
dicen: nada sin Teseo.
Si de Egeo, rey de Atenas,
eres único heredero,
bien que, según obras tú,
se te habrá olvidado el serlo,
pues en cosas de segundos
andas, segundo no siendo.
Dígalo yo, que, cansado
de seguir tus devaneos,
pensé mejorar al ver
que te embarcas, y, creyendo
ser tu escudero sentado,
aún soy tu andante escudero;
pues en la ida de Colcos
no dio el bajel fondo en puerto
ninguno, que tú no fueses
quien saltó en tierra el primero.
Y aún a la vuelta te dura,
pues, ajenas tierras vemos,
descubierto, aunque ignorada,
cuando sales inquiriendo
que moradores la habiten;
y, ya que esto hacer quieras, eso,
lleva contigo al bufón
de Dobloncillo, pues yerro
que él se halle en todos los chistes,
cuando yo en todos los miedos;
y, dejándote en la lancha,
al tal Doblón, el proverbio
mudes, y lo hagas del gusto,
debiendo del gasto hacerlo.
¡Ay, Capricho! Cuán sin causa
me culpas al ver que el pecho
ni en tierra quepa, ni en agua,
cuando el espacio del viento
es centro de una esperanza
que se alimenta del fuego.
Señor, señor, habla claro
conmigo, que al sentir llego
que, siendo Capricho yo,
me encubras mi nombre mesmo.
Pag. 4
Si sabes, ay, infelice,
que en el celebrado templo
de Atena, antes que el Rey
Minos la pusiese cerco,
entre las tablas que adornan
sus paredes por trofeos,
siendo unas votos, ofrendas
otras, y todas obsequio,
fijada amaneció una
cuyos variados reflejos
de su matiz a la vista,
en representado objeto,
eran hermoso retrato
de una mujer; pero miento,
de alguna Diosa sería,
que apurando los extremos
de sus perfecciones quiso
granjearse el rendimiento
por sí sola, con dejar
su origen noble encubierto,
como que diciendo ufana:
nadie admire que abstrayendo
toda mi deidad, rendidos
deje a mi arbitrio los pechos;
que está lo altivo de sobra
a quien no falta cabello;
mas miento otra vez, ahora
y otras mil, si a pensar llego
que Deidad fue y no mujer;
pues para granjear lo atento,
lo cortés y lo rendido
de un noble amante respeto,
lo mujer, a la Deidad
le añade algún privilegio;
y así, para descifrar
la beldad que no encarezco,
en que fue copia de alguna
Mujer, Deidad me resuelvo.
Si sabes que desde entonces
airado, sañudo y fiero
Minos la guerra introdujo
a fuego y sangre en mis Reinos,
y que en mi corazón ella
la introdujo al mismo tiempo,
con más crueldad cuanta va
de tener en igual riesgo
un declarado enemigo
o un enemigo encubierto,
y cuanta va de hallar modo
de defenderse a lo fiero.
Pag. 5
Si sabes que los pregones,
ni promesas ni preceptos
han bastado al descubrir
jamás quién le hubiese puesto
en el templo, ni quién fuese
de tal perfección el dueño,
sin hallar original
a tan divino bosquejo;
y si sabes que de Minos,
cesando el cruel asedio,
libre de él, en busca de ella
varios climas discurriendo,
en vano el tiempo he gastado,
bien que no he perdido el tiempo,
pues emplearlo en su busca
es lograrlo y no perderlo,
¿por qué me culpas, Capricho,
que sin fiarlo de ajeno
informe, yo mismo busque,
aunque con otros pretextos,
alivio a mi mal, si alivio
hay a mal tan sin remedio?
¿Cómo faltar esperanzas
donde sobran los deseos?
Tan ajeno de mi patria
como de este bien ajeno,
deja que pene y que llore
tal vez mis hados diciendo:
Dentro.
¡Favor, dioses; piedad, divinos cielos,
de aquel que a un tiempo llora dos destierros!
Otro por ti se ha quejado.
Sí, y es prodigio bien nuevo
que haya quien de un desdichado
quiera apropiarse el lamento.
Mucho arriesgo en darte prisa
de este tu amoroso empleo,
que con oírtele tantas
cada vez se me hace nuevo,
pues me da tal pesadumbre
el escuchar que de un lienzo
que quitas sin intención
se hizo el acaso perfecto
te enamores, que jamás...
Pag. 6
aún a vista de los premios
que ofreces, verte esquivo,
como bien sabes tú mesmo,
porque enamorarse uno
de no sé qué, eso es ya viejo,
mas de no sé quién es cosa
que nadie llegó a emprenderlo.
Pero pasando a la voz
que oímos, ¿qué infieres de ello?
Mucho y nada; mucho, pues
es más que casual suceso
no tanto el quejarse, cuanto
el quejarse tan a tiempo;
y nada, pues la fortuna
(mujer, en fin), si lo advierto,
tiene en cualquier parte más
quejosos que no contentos.
Mas ¿para qué es discurrir
lo que tan presto podemos
apurar, pues no de aquí
parece? Sonó muy lejos
la voz, y pues se confronta
tanto con lo que yo peno,
que si dos destierros llora,
yo dos ausencias padezco;
veré si de mi mal sabe,
pues siente lo que yo siento.
Señor, mira que es error,
los términos confundiendo,
salirte a saber de tierra,
y entrarte a saber del viento.
Uno y otro haré, y ahora,
porque más presto encontremos
con el dueño de la voz,
si dicen que un mal es eco
de otro mal, y a que más propio
puede de su mismo serlo,
y porque a mi mal, pues suyo,
responda, iré repitiendo:
Dentro Música.
Tirano Dios,
apetecido riesgo,
¿cómo, si tú me matas,
vivir sin ti no puedo?
Mas, ¡ay!, que al buscar aquella,
en más suaves alientos
otra voz allí de amor
se queja.
¿Y qué dirás de esto?
Nada, y mucho; antes dije
lo mismo, ahora a decir vuelvo.
Pag. 7
pues es tan mucho el asombro
de encontrar en lo desierto
de esta campaña, conformes,
bien que en contrarios afectos
quien con música y con llanto
retrate mis sentimientos;
como nada, el que de Amor
y fortuna, sean a un tiempo
una y otra queja, que
cuando. ¡Óigalo mi pecho!,
en tiempo ninguno unidos
fortuna y amor se vieron.
Ni tu amor, ni tu fortuna
ni tu mucho y nada entiendo,
sino que tenemos mucho
que hacer y que nada hacemos.
Dices bien, y pues neutral
al escuchar dos portentos
queriendo acudir a entrambos
a ninguno me resuelvo,
dejando el otro buscar,
el de la música quiero
para informarme, que si es
centro de amantes afectos
como publica, él dirá
aun más que saber pretendo,
que en el idioma de Amor
hasta el silencio es parlero,
y así en vez de aquel gemido
con sus cláusulas diremos.
A un tiempo.
Favor dioses, piedad divinos cielos,
de aquel que a un tiempo llora dos destierros.
Tirano Dios,
apetecido riesgo,
como si tú me matas,
vivir sin ti no puedo.
Música y llanto, mas tente,
lucido escuadrón pequeño
de ninfas, y ninfos, unas
cantando y otros tañendo
aquí se acercan.
Y tanto
que en lo florido y ameno
de este sitio, a quien las jaras
verde clausura pusieron,
entran ya.
¿Qué determinas?
Pag. 8
que en ella nos ocultemos
para ver si alguna vez,
excusando lo molesto
del preguntar, se consigue
el saber.
¿Cuándo podemos
esperar, hablar y ver?
¿Para qué es bueno escondernos?
No por jugar este lance
esotro se pierde, puesto
que para salir y hablar
siempre quedamos a tiempo.
Escóndense en medio, y salen la música, damas, Ariadna y Fedra, Libia y Lisi, quedando de espaldas a Teseo.
Tirano dios,
apetecido riesgo,
¿cómo, si tú me matas,
vivir sin ti no puedo?
Aparte.
¡Ay de mí! ¿Dónde irá un triste,
para huir de su tormento,
pues cuando por divertirme
de mis jardines saliendo,
el coto de esta ribera
piso, aquí también le encuentro?
Pero, ¿cómo extraño hallarle
si yo conmigo le llevo?
¡Que arrastre mi idea tanto
un imaginado objeto
formado de una noticia!
¿Quién creerá, divinos cielos,
que de la fama de un hombre
pueda labrarse en mi pecho
una inquietud, un cuidado
tal, que cuando le padezco
siento una pena sin pena,
un tormento sin tormento,
un delirio sin delirio?
Un, mas ¿cómo explicar quiero
lo que es a un tiempo, y no es,
pena, delirio y tormento?
Y aun no es tanto este mal como
ser quien le cause, el que, siendo
Pag. 9
Quien mal estimo, es forzoso
sea a quien más aborrezco,
pues el mayor enemigo
es de mi padre y mis reinos;
conque triste, hasta el alivio
de contar mi sentimiento
falta en mí, siendo mi mal
y mi bien, solo el silencio.
Siempre tu tristeza es una,
en cuanto aliviarla intento.
Si la música te cansa,
diré que cese.
Antes quiero
que prosiga, porque veas
cuánto tu agasajo precio
que a pesar de mis tristezas
por tuya a escucharla vuelvo.
A dos mujeres, el coro
de otras, las hace cortejo.
Y di, ¿son feas o hermosas?
Si como ves estuvieron
siempre aquí de espaldas, ¿cómo
he de saberlo?
Por eso
que la que ver no se deja
yo soy fea, está diciendo.
Es agraviarme pensar
que le ocultara mi pecho
a una hermana tan amiga
la causa de este violento
achaque, a saberla yo.
Pues melancolía siendo,
no es bien darla lugar, ¡hola!
cantad.
Despacio va esto.
Dulce forzoso enemigo
eres, Amor, importuno,
pues que no puede ninguno
vivir sin ti ni contigo.
Todo es castigo severo
el olvido y el favor,
pues seas nieve o ardor,
hallar descanso no espero.
Tirano Dios,
apetecido riesgo,
cómo, si tú me matas,
vivir sin ti no puedo.
Pag. 10
Dentro voces, cajas y clarines.
Arma, arma, guerra, guerra.
Mal cantan, pero más recio.
¿Qué es esto?
¿Qué es? Sélo yo.
Tened, esperad, ¿qué es esto?
¿Quién de las canoras voces
a los marciales estruendos
corriendo distancias sumas
escandaliza los vientos?
Sale Lidorio.
Yo, divina Fedra, yo,
hermosa Ariadna.
Cielos.
Valedme, ¿Fedra y Ariadna
no dijo?
Sí, y son los mismos
nombres de las mismas hijas
de aquel tu enemigo mismo,
el rey Minos.
Di la causa.
Por el ya florido suelo
que vuestras plantas dejaban,
venía ahora siguiendo
a la una fiel el cariño
y a las dos leal el respeto,
cuando, para no estorbaros,
desviándome a lo lejos,
llegué al mar, de cuya orilla,
en pausado movimiento,
nadando sobre las olas,
vi, no sé si he de saberlo
decir, un monte con alas,
un palacio sin cimientos
y un escollo movedizo
de tablas, cuerdas y lienzos.
Lo que el bajel le ha admirado.
¿Qué mucho, siendo el primero
que surcó el mar hasta hoy?
Admirar este tan nuevo
asombro, y nunca hasta aquí
imaginado portento.
Creí que era de Neptuno
el sitial o de otro excelso
dios, boreal carro altivo,
ayudando a creer esto
unas mal distintas voces
cuyos truncados conceptos...
Pag. 11
prevenir el sacrificio
a una voz están diciendo.
Mas aplicando el oído
segunda vez, a sus ecos
humanas voces las juzgo
más que divinos acentos,
y recelando no sea
de algún enemigo nuestro
cruel ardid de su saña,
que no sin motivo infiero
que quien su reino así deja
no busca en vano el ajeno;
dando aviso al punto mismo
a los soldados que a trechos
guardan este sitio siempre,
para más decoro vuestro,
mando que trompas y cajas
les convoquen repitiendo:
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Dentro voces, clarines y las cajas.
Señor, buena la hemos hecho;
en Creta estamos, sin duda.
Y a mi riesgo considero.
Y pues resuelto y osado
a vista de igual suceso
he de esperar el fin de él,
dándoos este aviso, os vengo
a rogar que os retiréis,
pues no es bien que...
Deteneos,
y ¿es arte de persuadir
el estar encareciendo
delante de una mujer
un nunca visto portento
a fin solo de pedirle
que se retire a no verlo?
¿Cómo retirar? Yo avanzo,
y yo embisto como un trueno.
Y cuando tal novedad
no bastara a detenernos,
es mi pecho tan altivo,
mi espíritu tan resuelto,
que no permite que digan
que volví la espalda al riesgo
a vista de él, que no es todo
uno, huirlo o pretenderlo.
Y pues arcos y saetas
mandé traer, previniendo
Pag. 12
Si entrar quisiere en el bosque
acaso; el horror de aquesto,
de aquesto el susto, he de haber
propio el informe y no ajeno
Y yo a tu lado animosa
seguirte en todo pretendo
Pues manda que al arma toquen
y ahora a todos asistiendo
por si algún marino dios
es de tanto asombro el dueño
siendo como tú dijiste
sus olas, o su pavimento
Seguidnos siempre alternando
lo músico a lo guerrero
porque en más decente modo
su venida saludemos
Dices bien, y aunque enemigos
sean, los dulces acentos
les mostrarán que no asustan
ni impiden nuestros empleos
venciéndoles, sin dejar
aquél en que aquí nos vieron.
Señora, será el dios Baco
tu galán cuyos afectos
de tus desdenes compiten
el mejor.
Siempre mi pecho
altar ha de bronce y mármol
que su deidad aborrezco
Neptuno dios vino por el agua
Señora, no creas eso
pues ya que en lo que os suplico
tan poco vale mi ruego
yo me adelanto, porque
si hubiere peligro, muerto
me halléis, o le halléis menor.
Vase.
Vase.
Todas me venid siguiendo.
Salen Capricho y Teseo.
Señor, esto va perdido
pues a solas hembras vemos
contra nosotros con armas.
Poco las injurias temo
de sus armas, como hagan
siempre lo que hasta aquí hicieron.
¿Qué fue?
No dejarse ver,
porque no en vano los cielos
de las mujeres las iras
solo en sus rostros pusieron.
Pag. 13
Como siempre a sus espaldas
te pongas, da lo provecho.
Y pues libre queda el paso,
antes que perdiendo tiempo
cargue más gente, veamos
si es que la lancha podemos
tomar.
Vamos a la lancha,
que yo la culpa me tengo,
pues soy Capricho de un loco
de verme en lo que me veo.
Vanse.
Voces.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Salen acompañamiento, Celio y el Rey Egeo.
Egeo, valeroso
e invicto Rey de Atenas, que glorioso,
aún más que tu poder, tus prendas te hacen,
pues todas satisfacen
al más justo deseo,
tú, que en tu hijo y mi señor Teseo
de tu valor renaces en la llama,
a renovarte Fénix de la fama:
a ejercitar tu siempre gran prudencia
puedes salir, pues hoy pública audiencia
dar quieres a tu corte.
Por acudir a ella es bien me aparte
este dolor crecido,
de ver que de Teseo no he sabido,
después que con Jasón partió en su ayuda,
para que a su amistad leal acuda,
en la conquista que emprendió valiente
del grande Vellocino; y pues la gente
espera ya, paréntesis forzoso
hágala obligación de un Rey piadoso,
a mi grave cuidado,
y antes que mi dolor sea mi estado.
Y tú, Celio, pues eres,
según leal y atento te prefieres,
¡oh, qué bien lo colijo!
hijo mío, en la ausencia de mi hijo;
prevén de ricas joyas cuantas veas
que en mis tesoros quedan ser preseas
dignas para Minerva, nuestra Diosa,
quiero visitar con fe piadosa
su gran templo, pues solo a mi desvelo
en su deidad hallar puedo consuelo;
y cuida que se acabe
la fábrica de aquella hermosa nave,
y acabada, volando en mi deseo.
Pag. 14
Queda partir en busca de Teseo,
a no ser mi asistencia
forzosa en esta audiencia,
por ser yo quien del pueblo a cargo tiene
representarte lo que a él conviene
en cualquiera negocio;
sin conceder ningún término al ocio
fuera luego a servirte,
pero al punto que salga de asistirte
haré lo que me ordenas.
¡Oh, qué usado, qué propio es en las penas
acudir a los dioses!
Qué piadoso,
qué valiente, qué atento y religioso.
Vanse.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Sale Dédalo.
Arma, arma, guerra, guerra,
qué novedad tan extraña
será, la que estruendo igual
en esta soledad causa,
los límites trascendiendo
de esta caduca fachada,
fábrica real un tiempo,
que en ruinas desplomada
solo para mi retiro
conserva, mísera estancia,
donde ni muerto, ni vivo
habito; pero se engaña
mi dolor, cuando tal pronuncia,
pues que mis hados me guardan
vivo para el sentimiento,
muerto para la esperanza.
¿Qué será?, vuelvo a decir.
¡Inmensas deidades sacras!,
que cuando de tantos males,
zozobras, penas y ansias
una y otra vez me quejo,
una y otra vez me atacan
ya músicos instrumentos,
ya marciales; cuya varia
armonía, en quien la escucha,
infundiendo está alternada
una vez dulce sosiego,
otra vez ardiente saña.
Mas sea la causa que sea,
quién me mete en apurarla,
sino en buscar a mi hijo
cuyo peligro me llama.
Pag. 15
pues aunque en temprana edad
es su altivez tan extraña
que temo si les ha oído,
tras de su eco lleva ya
de suyo, voto a mi estado;
y pues hallándole a él nada
que temer me queda a mí,
sirva a mi cansada planta
la voz de ayuda, y repita
por el bosque y la campaña
su nombre, Ícaro, y Ícaro.
Vase.
Sale Capricho.
Acarreada sea tu alma,
¿no me basta haber perdido
a Teseo en la maraña
de este bosque, sino hallar
esdrújulos que me cansan?
Mas que el correr, que hace triste
llamarle es cosa atentada,
pues llamar a que me prenda
este que esdrújulos caza.
Vase.
Sale Fedra.
Siempre en pie se está la duda,
mas no lo estará si alcanza
mi diligencia a encontrar
al extranjero que ampara
este bosque, según dijo
aquel pastor, y pues tanta
fue la pasión de esta empresa
que tras sí altiva me arrastra,
que seguida de ninguna
más que a todas me adelanta,
hallarle tengo y saber
de esta novedad la causa,
o darle muerte.
Vase.
Sale Ariadna siguiendo.
A Fedra voy, que empeñada
en busca del extranjero
que nos dijeron, y iguala
al viento su ligereza.
Vase.
Sale Teseo.
Al ir a tomar la lancha
que me espera en lo escondido
de aquel escollo, de algas
Pag. 16
que a repetidos impulsos
formó del mar la resaca,
eché menos a Capricho,
a tiempo también que armada
gente al paso se atraviesa,
sin verme, cuyas dos causas
al bosque otra vez me vuelven:
bien que entre su confianza
hallé mi peligro, siendo
de un pastor visto; y que ando
tan a riesgo mi persona,
en lo que a embarcarse tarda,
mejor es, a todo trance,
asegurar con la espada;
y así, por aquí...
Sale Ariadna y embaraza el arco.
Detente.
No puedo, y que no me ultraja
el huir de una mujer,
por esta otra parte...
Sale Fedra con el arco.
Aguarda,
y advierte que al primer paso
que intentes dar...
Y repara
que, si la fuga prosigues,
un paso solo...
Flechada
la corva en furia,
Flechado
el arco,
Firme la planta
y el brazo fuerte,
El pie firme
y el brazo,
Revuelta,
Y airada,
A Fedra.
Cielos, ¿no es este el prodigio
que mi mal y mi bien causa?
Este áspid veloz de pluma,
Esta víbora con alas,
Será tu estorbo.
Será
quien a impedírtelo vaya.
¡Oh, qué poco el detenerme
os costará!
Di la causa.
Como ya no quiero irme,
aunque queráis que me vaya.
Aparte.
Mío (¡ay de mí!), aunque lo ignora.
No sé si acierte a soltarla.
Pag. 17
Qué gallardo joven, Cielos, ¡ay!,
a piedad el rigor pasa.
Si huir pretendías, ¿cómo
tal mudanza en ti se halla?
Como hay firmeza que estriba
tal vez en una mudanza.
¿Mudanza y firmeza?
Sí.
Puesto que hay fe que ignorada
ni con la firmeza obliga
ni con la mudanza agravia.
Si es fe ignorada, ella tiene
la culpa, no quien la ultraja.
Siempre lo será, pues siempre
y más ahora, se halla
de la esperanza tan lejos,
que, infeliz, al encontrarla,
es cuando (¡ay, triste!) se mira
más lejos de la esperanza.
¿Cómo?
Como pudo haber
causa que infunda en el alma
aun antes de verla,
¿Qué?
Voces dentro.
Guerra, guerra, arma, arma.
Por ti el acaso responde.
Es mi estrella tan escasa
que aun no quiere que la diga
lo que causa en mí, a la causa.
Cielos, no dijo qué siente
en su pecho, que me agrada
antes de ver lo que adora,
cuando lo mismo me pasa,
pues sin ver a lo que quiero
vivo amante de su fama.
Amor, dos penas contigo,
cuando a una sentía fiel,
al ver su verdad te digo
que este me acuerde de aquel.
Música, canta dentro.
Dulce, forzoso enemigo.
Amor, si al hallar aquí
mi bien, no hay medio ninguno,
no tener jamás lo que vi,
muera yo, pues que ya en mí
Música, canta.
Eres amor importuno.
Amor, si es que te movió
Pag. 18
A piedad lamento alguno;
mas como mi fe es otra,
que contigo quedo yo,
pues que no quede ninguno.
Canta.
Déjame, amor, mal lo digo.
Mátame, amor, mal lo infiero.
Huye, amor, mal lo consigo.
Cuando, ni puedo, ni quiero,
vivir sin ti ni contigo.
Canta.
La música que nos sigue
tan al caso en mi mal habla, ¡ay!
Tan a mi intento responde
la música en lo que canta, ¡ay!
Tanto mis penas la voz
hace lo que me afianza, ¡ay!
que aunque la dilación culpe
el deseo, en la esperada
noticia del extranjero
que vino a aumentar mis ansias,
he de consultarla.
Que
he de ver si más declara.
Que he de apurar sus rigores.
Y así, amor, si en ella habla,
dime...
al llano, a la maleza.
Dentro.
Por allí van las infantas.
Nuestra gente es esta.
Pues
la diligencia nos valga
de haberte hallado primero,
para quedar informados
de ti; y de tanto prodigio,
antes que ellos.
Aquí acaba
mi vida, si me detengo,
y no tanto me embaraza
el perderla, cuanto el ver
que con ella aquesta hallada
hermosura, también pierda;
y viniendo yo sin armas,
o con finezas, o industrias,
puedo intentar el lograrla,
además de que el saber
qué gente habite esta playa,
al ruido, y al asón...
Pag. 19
lo ofrecido, y cae en falta
Minos, no dando el aviso
de que mi valor se encarga.
= ap
¿No hablas?
Esto es forzoso.
¿No nos respondes?
Si hablara
a poder; mas de tenerme
sin hablar quedo, y pues templadas
vuestras iras ya imagino,
dad lugar a que me vaya,
que quizá siento el partirme
más que sentir que me parta.
Por acá no has de escapar.
Vase por la parte de Fedra, y ella le detiene como luchando.
Si esta prisión me señalas,
nunca yo libertad goce.
= ap
Ayuda, voces, Ariadna,
si luego aquí viniesen...
¡Oh, si mil siglos tardaran!
= ap
¡Dioses! ¿Qué es esto que advierto,
que los brazos de mi hermana
le detengan?
= ap
Ya, fortuna,
no podré culparte de ingrata.
= ap
Siento tal pena, que...
¿Cómo
tanto, di, en llamarles tardas?
Mejor es que le detenga
yo, mientras que tú les llamas.
No es mejor; que será, dioses,
que cuando pena causaba
en no hallar socorro, más pena
hallarle en mi hermana causa.
Sale Lidorio.
= ap
Aquí están, acudid todos.
Pero, cielos, vida y alma
he perdido al ver a Fedra
en ajenos brazos.
= ap
Gracias
a los dioses que vinieron.
= ap
Siempre, dichas, sois soñadas,
que presto llegaron.
= ap
= ap
Pero
este veneno, esta rabia,
vengue mi brazo; extranjero,
¿cuya licencia, villano,
Pag. 20
Ojo, al mismo sol adonde
mis pensamientos se abrasan.
Dioses, ¿qué es esto que escucho?,
que al oírlo en tanto dudo.
Aparte.
alma y vida fallecen.
porque de la que me mata
me vengue, en ti ya que en ella
no puedo.
¡Oh beldad tirana!
Si esto había de hallar al verte,
nunca te viera ni hallara.
Aparte.
Muere a mi envidia.
en eso sí me aventajas.
Riñen.
Tente, Lidorio, extranjero,
espera.
¿Cómo, te guardas?
¿Cómo, te defiendes?
¿Cómo,
me habláis así? ¡Ah de mi guarda,
soldados, hola!
Señora.
Salen músicos y soldados, Libia y Lisi.
Dad la muerte al que a la vaina
no vuelva el acero.
¡Ah, fiera!
Aparte.
Con Teseo.
Si me has muerto, ¿a qué lo mandas?
A otra ocasión.
Ya te entiendo,
y te ofrezco de buscarla.
Y tú, joven, que a esta selva
Pag. 21
tantos escándalos causas,
di quién eres, y qué es
este asombro que el mar guarda?
¿Qué te suspende?
El mirar
que donde no hay culpa, haya
castigo.
¿De qué manera?
pretendo os prevenir venganzas
para quien no os hace ofensas.
Di la causa.
Oíd la causa.
Jasón, príncipe famoso,
mi capitán...
Su alabanza
no prosigas, sin que sepas
cuánto admiro sus hazañas,
en tantas nobles empresas.
Jasón, pues, sabiendo que halla
en Colcos una aventura
tal que a eternizar su fama
baste.
Detente, ¡oh, Teseo!,
que también sé que a tan alta
empresa, aspira, aunque no
sé cómo aspire a lograrla.
Siendo así, que a Colcos, isla
que el gran vellocino guarda,
toda la circuye el mar,
con que es imposible que haya
modo, cómo ir pueda a ella.
En ese cuidado estaba
cuando Argos, ingeniero
célebre, cuya observancia
de ese salobre elemento
muchas experiencias guarda,
en las faldas de Pegaso
cortando pinos, que labra
en trabada arquitectura,
que sin ejemplar enlaza
de quilla, espolón, trinquete,
árboles, entenas, jarcias.
Pag. 22
bandas, popa, áncoras, cuerdas,
timón, vela, aguja y gabia,
formó ese buque que veis,
dándole su nombre; a causa
de lo cual, Jasón, Alcides
y otros que a su confianza
navegamos animosos,
nos llaman los argonautas.
Así que, llegando a Colcos,
pacientes, más cortesana
lición es que en propia boca
se desluce la alabanza.
Y así os digo solamente
que la maravilla rara
de aquel dorado despojo
que mar, fieras y hombres guardan
en esa nave traemos;
y queriendo en esta playa
nuestro celo, en religión
unos, dar al cielo gracias,
yo, soldado de fortuna,
bien que fortuna contraria,
me ofrecí a saber qué gente
la habite, y pues no os agravia
quien de paz os busca, a fin
de cumplir promesas sacras,
o conceded lo que pido
o permitid que me parta.
Bien con las que yo escuché
aquestas razones cuadran.
No solo has de ver que en tierra
del rey Minos, donde te hallas,
se les concede a esos héroes
tan justa y pía demanda,
sino también que sus hijas,
previniéndoles el ara,
a su sacrificio asisten.
postrado.
Si disculpa la ignorancia
mayores tantos yerros,
postrado a esos pies...
Levanta.
Yo ofrezco de hermosas flores
tejer a las dos guirnaldas.
Yo haré que el coro a los dioses
himnos cante en su alabanza.
Pag. 23
Y yo lloraré que este hombre
no sea lo que pensaba.
Aparte.
Pues parte, al punto a llamarles,
advirtiendo que si faltan
en tierra, más que los que
para el sacrificio bastan,
os darán la muerte a todos;
y agora vaya una escuadra
contigo, porque no puedas
huir si es que nos engañas.
No es sino porque Lidorio
no le ofenda.
Aparte.
¿Quién, tirana,
podrá huir de donde deja
todo el imán de su alma?
Vase con los soldados.
No le he de perder de vista,
pues para tomar venganza
que sea o no sea favor
verle en sus brazos me basta.
Vase.
Nosotras al apacible
sitio del arroyo.
Dentro.
Acaba
de llegar, oh centauro
propio.
¿Quién entre esas ramas
da voces?
Dédalo es,
que asido de otro hombre anda
luchando con él.
Pag. 24
Tan cerca
que ya aquí los dos
aguardan.
Salen Dédalo y Capricho, luchando y se detienen.
Tenido soy, reina mía,
que a no serlo yo escapara.
Dédalo, ¿qué es esto?
Es
que al ver vuestra gente en arma
puesta, este hombre topé huyendo,
cuyo indicio a mi cansada
edad obliga a que asido
de él, mida esas reales plantas.
Ya sabes cuánto tus penas
siento.
Y cuánto yo emendarlas
quisiera, saber también...
Salen dos soldados.
Señoras, novedad rara.
Decid qué es.
Que el extranjero
que se fio a nuestra guardia,
llegando al mar, sacó un lienzo,
y al verlo sobre las algas
subir, creímos que era
para hacer de allí llamada
a su nave, mas saltando
en otra que le esperaba
más pequeña, allí escondida,
a quien él la llamó lancha,
y hacia la nave le llevan.
Y Lidorio se arrojara
(a no detenerle) al mar
por seguirle.
Dentro.
Aleve, aguarda.
Dentro.
No puedo, aunque es el dejarte
lo que más pena me causa.
Señor, ¿qué haré yo sin ti,
niño y solo en tierra extraña?
Luego su criado eres.
Pues el ver cómo me trata
no lo dice.
Pues al punto
di su nombre, estado y patria,
o este acero de tu pecho...
El arco.
Tenga usted, porque si es dama
que toma el acero, a mí...
Pag. 25
ese ejercicio me cansa.
porque además de mi miedo
que es agora lo que basta
tengo yo para decirlo
aquí, tomados, a dos cantos
fama quieres ganar
con mi verdad vuestra gracia
Dado, que mi amo me elija
a mí para estas andanzas
y el Doblonillo al cuartel
de la salud siempre vaya
sin ver que nada consiga
cualquiera que el Doblón guarda
sabes que me pague a mí
tanto amor, fineza tanta
conque no hay regla que valga
que yo cuente si él me paga
y así, este orate, este necio
que al celebrarle la fama
dizque se hace lenguajes, es...
¿Quién?
Teseo.
Calla.
Calla.
Infame.
Villano.
Aleve.
Traidor.
Vil.
Tanta alabanza
me puede desvanecer.
Mudo fueras.
Nunca hablaras.
Si tan tarde habías de hablar.
Cruel fortuna.
Todo aparte.
Suerte airada.
Todo aparte.
Porque ya que los oídos
y los ojos avasallas,
correspondiendo a la vista
lo que encareció la fama.
Porque ya que a saber llego
que es más quien menos pensaba.
Una vez que lo imposible
posible hiciste, es a causa
de mostrar más su rigor,
Una vez que en ti se halla
más de lo que se espera,
es para mayor venganza.
Mas como el alma lo duda.
Mas como el pecho lo extraña.
Pag. 26
Vase.
Si eres mi fortuna adversa.
Vase.
Si eres mi suerte contraria.
Vase.
Bien mi trabajo logré,
pues cuando de él esperaba
algún alivio a mis penas,
hallo que a quien se consagra
ofende, y hallo también
que sin saber lo que haga
a un criado de Teseo
mi príncipe prendo, ¡oh causas
superiores!, cuánto yerra
el que de enmendaros trata;
y cuánto yerra el que dice
que el sabio en los astros manda.
Si el ser entendido, es
ser hijo de la desgracia.
Señores, no como esotros
de en uno en uno se vayan,
que es detenerme sobrado,
y han de dejarme en salva
paz: sea yéndose juntos.
Iremos como tú vayas
delante.
Vaya el traidor
ateniense.
Vaya el mandria.
Vaya a ser del minotauro
pasto.
Vanse.
Esa es vaya pesada.
Siempre lo dije; que amo
que en tales locuras anda
me metería en algún
laberinto que no salga.
