Diana
Figura central de la acción y principal adversaria de Cupido; defiende sus selvas, convoca a otras deidades y dirige la empresa de expulsar el amor del mundo.
José de Cañizares
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una selva sagrada de Diana, probablemente fuera del tiempo histórico y en un marco mitológico-pastoril, la diosa declara la guerra a Cupido por haber profanado sus bosques y perturbado con sus flechas el orden del desdén. Con ayuda de Apolo, Marte, Júpiter y varias figuras alegóricas, Diana logra desarmar a Cupido mientras duerme, aunque este recibe después una nueva flecha forjada con celos, mudanzas y olvidos para intentar vengarse. El ataque fracasa, Cupido acaba herido y prisionero, y la obra termina con su destierro a una gruta oscura, donde se consuma la expulsión del amor del mundo bajo el triunfo de Diana y de sus aliados.
La acción se abre en un ámbito selvático vinculado a Diana, donde Cupido aparece perseguido y maldecido por ninfas y figuras alegóricas que desean su destrucción. Desde el comienzo se presenta el conflicto principal: Diana, diosa del desdén y de la castidad, considera a Amor un intruso sacrílego que ha profanado sus bosques y alterado la paz de su sagrado coto. Para reforzar su propósito de expulsarlo, invoca a Apolo, Marte y Júpiter, a quienes recuerda que también ellos han sufrido oprobios por causa amorosa. Con ese razonamiento busca convertir su agravio particular en una empresa universal: no solo echar a Cupido de sus selvas, sino borrar su poder del mundo entero. Frente a este proyecto se perfila, de manera parcialmente alegórica, un conjunto de fuerzas que colaboran con Diana, entre ellas la Ciencia, el Poder, el Valor y la Esquivez, mientras que también intervienen Momo e Ignorancia, con tono más burlesco, comentando los excesos y contradicciones del amor.
Mientras Diana organiza la persecución, Cupido queda momentáneamente solo, se lamenta de su estado y acaba rindiéndose al sueño en un retiro del bosque. Aprovechando ese descuido, las fuerzas aliadas de Diana se acercan sigilosamente y le rompen o le arrebatan sus flechas, de modo que el dios despierta desarmado y expuesto al escarnio. El episodio marca un giro decisivo, pues el poder ofensivo de Cupido queda anulado y sus enemigos lo cercan con ruido, músicas y amenazas. Sin embargo, el conflicto no termina ahí: en una escena posterior, personajes de condición pastoril y alegórica, probablemente zagales y afectos amorosos, le fabrican una nueva saeta forjada con materias negativas del propio amor humano, como los celos, las mudanzas, los olvidos y las desconfianzas. Esa única flecha, nacida de la Ignorancia y de pasiones dolorosas, sirve a Cupido para intentar vengarse de Diana. Cuando finalmente se enfrenta con ella, la diosa resiste el primer ataque gracias al amparo de Júpiter y a su propia firmeza; después, en el forcejeo o por efecto del rechazo, Cupido termina hiriéndose a sí mismo con su propia flecha, de modo que su tentativa de triunfo se convierte en nueva derrota.
Herido, debilitado y ya sin la autoridad de antes, Cupido cae en manos de sus adversarios, que lo inmovilizan simbólicamente con las fuerzas que Diana había convocado. La victoria de la diosa se formula entonces en términos absolutos: el amor debe ser desterrado de la región del mundo y recluido en una gruta o concavidad oscura, dentro de un risco profundo, para que cesen sus engaños y sus violencias. Cupido se lamenta de que incluso sus antiguos partidarios lo abandonen cuando pierde eficacia, e Ignorancia reconoce que, si el mundo queda sin amor, tampoco debería quedar sin ella, lo que introduce una nota ambigua y burlesca en el desenlace. Finalmente, los dioses y personajes asistentes celebran el triunfo de Diana, aunque el cierre matiza la dureza del castigo al proclamar que viva el desdén, pero no el aborrecimiento, y al pedir perdón después de consumada la empresa. Con ese coro final, la obra concluye afirmando que, puesto que Amor vino al mundo, ahora debe salir de él, quedando encerrado en un espacio subterráneo y apartado.
Figura central de la acción y principal adversaria de Cupido; defiende sus selvas, convoca a otras deidades y dirige la empresa de expulsar el amor del mundo.
Dios del amor perseguido por Diana; primero huye y es desarmado, luego intenta vengarse con una nueva flecha, pero termina herido, vencido y desterrado.
Personaje alegórico de notable relieve que acompaña o comenta a Cupido con tono burlesco; participa de manera probable en la forja o el sentido de la nueva flecha y subraya la dimensión irracional del amor.
Deidad invocada por Diana como aliado contra Cupido; representa de forma probable la ciencia o el ingenio puestos al servicio de su castigo.
Aliado de Diana en la persecución de Cupido; aporta la dimensión bélica y del valor al cerco y humillación del dios amoroso.
Deidad soberana convocada por Diana, cuyo poder ampara la resistencia frente a Cupido y contribuye al desenlace de su derrota.
Figura de tono cómico y comentador que aparece vinculada a escenas de acompañamiento y burla, probablemente relacionada con la observación satírica de la acción.
Séquito de la diosa que persigue a Cupido, canta su muerte simbólica y coopera en la defensa del espacio sagrado del bosque.
Espacio fundamental de la obra; allí comienza la persecución de Cupido y se plantea el conflicto entre el amor y el desdén en un ámbito sagrado y vedado.
Paraje interior del bosque, entre sauces, peñas y maleza, que permite a los enemigos de Cupido sorprenderlo y quitarle sus armas.
Lugar de encierro final de Cupido; funciona como espacio de destierro, oscuridad y exclusión del amor respecto del mundo.
Espacio operativo de una escena intermedia donde se forja la nueva flecha de Cupido con celos, olvidos, mudanzas y desconfianzas.
Lugares mencionados como destinos o zonas de búsqueda dentro del territorio de la acción; articulan la persecución y amplían el mapa del bosque, aunque el pasaje conservado no permite precisarlos de forma inequívoca.
La trama se organiza en torno al intento de desterrar a Cupido y su poder del mundo, presentando el amor como fuerza perturbadora que debe ser contenida.
Diana encarna la resistencia al dominio amoroso y convierte su esquivez en principio de orden frente a la violencia de las pasiones.
Las flechas de Cupido aparecen asociadas al engaño, la ofensa, la inquietud y el dolor, más que a una experiencia armoniosa.
La obra muestra cómo distintas potencias, como la ciencia, el poder, el valor o la esquivez, se unen contra Amor para neutralizarlo y someterlo.
La nueva flecha forjada para Cupido se compone de afectos negativos, lo que subraya una visión amarga e inestable de las relaciones amorosas.
Aunque el conflicto es serio en su planteamiento, intervienen cantos, coros y figuras como Momo e Ignorancia que introducen una tonalidad jocosa y teatral.