Hermenegildo
Príncipe godo y heredero del reino, protagonista de la obra; su conversión al catolicismo provoca el conflicto con su padre, la guerra civil y finalmente su martirio.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate)
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Sevilla visigoda, tras una victoria militar, Hermenegildo se convierte del arrianismo al catolicismo por una revelación divina y entra en conflicto con su padre, el rey Teobildo. Perseguido en palacio y refugiado en los montes con Everinta, busca el amparo de san Leandro, resiste engaños demoníacos y acaba enfrentado en guerra religiosa y política al poder regio. Durante el asedio y la posterior prisión, Hermenegildo rechaza fingir una fe que no profesa, acepta el martirio y muere como defensor de la Trinidad y de la Iglesia romana, en un desenlace ligado a la santidad de Sevilla.
La obra se abre con la llegada triunfal de Hermenegildo a Sevilla tras vencer al ejército imperial de Rosimundo. Ante su padre, el rey Teobildo, refiere la batalla y explica que, en un momento de peligro, recibió en sueños una revelación divina sobre el misterio de la Trinidad y el error del arrianismo; fortalecido por esa visión y por un pendón sagrado, rehízo sus tropas y alcanzó la victoria. Sin embargo, su conversión al catolicismo provoca la inmediata ruptura política y familiar: Teobildo, arriano, considera que su hijo ha traicionado la religión de sus mayores y le despoja de honores, mientras la reina arriana agrava la hostilidad. Frente a ello, Everinta, esposa de Hermenegildo y ya católica, celebra su conversión, le recuerda el papel del arzobispo Leandro y le aconseja retirarse del palacio para salvar la vida y buscar apoyo en los reinos católicos. Avisado también por su hermano Recaredo de que existe un decreto para prenderlo, Hermenegildo huye de noche con Everinta y con el criado Cerote, intercambiando este último sus vestidos con el príncipe para facilitar la fuga.
La huida conduce a los protagonistas a un monte donde esperan encontrar a san Leandro. En la oscuridad, el demonio intenta perderlos, primero provocando una persecución y después, disfrazado de pastor, guiándolos hacia un precipicio; un auxilio celestial, identificado en escena como Rafael, frustra el engaño y los conduce hasta el arzobispo. Leandro los pone en guardia contra la persecución del rey y los orienta espiritualmente, mientras Teobildo llega al monte y trata de atraer a su hijo con promesas de perdón si abandona el catolicismo. Hermenegildo se niega y se desencadena la guerra. Ya en el campo católico, donde se mencionan alianzas con fuerzas romanas y el control de ciudades béticas como Sevilla y Córdoba, el demonio vuelve a intervenir bajo la apariencia del santo Patricio para persuadir a Hermenegildo de que finja ser arriano en público y conserve así la vida y el reino. El príncipe rechaza ese consejo por contrario a la verdad de la fe, y una aparición mariana confirma la rectitud de su constancia. Después se celebra una negociación entre padre e hijo, con Leandro presente, pero fracasa porque Teobildo exige, entre otras condiciones, que Hermenegildo no ampare a la Iglesia católica; el príncipe declara que antes perderá la vida que dejar de defenderla, y la guerra queda otra vez abierta.
En la tercera jornada la acción se centra en el asedio y la caída de Sevilla. Mientras Everinta sostiene la defensa, Hermenegildo regresa con auxilio y comprende, por un mensajero celestial, que su victoria verdadera no será militar sino martirial. Aunque en un primer momento parece producirse una reconciliación: Teobildo admite una fórmula sobre la Trinidad, reconoce a Hermenegildo como heredero y ordena licenciar las tropas, Everinta sospecha con razón que todo responde a una estratagema política. Poco después el príncipe es apresado, y también Cerote. En prisión, el demonio reanuda sus ataques: siembra en Hermenegildo la falsa noticia de que su esposa se ha vuelto arriana y luego, por medio de Belino, intenta reducirlo mediante argumentos doctrinales; pero el cautivo sostiene con firmeza la igualdad de las tres personas divinas. Ni el encierro, ni el hambre, ni la amenaza de un león consiguen quebrarlo; al contrario, la fiera se amansa ante él. Finalmente Teobildo manda degollarlo, y el texto da a entender que Everinta recibe también el martirio, aunque el pasaje conservado no permite precisar con total seguridad las circunstancias exactas de su muerte. La obra concluye con la glorificación de Hermenegildo como mártir, rey y patrono de Sevilla, vinculado a la santidad futura de la ciudad y a la memoria de san Leandro y san Isidoro.
Príncipe godo y heredero del reino, protagonista de la obra; su conversión al catolicismo provoca el conflicto con su padre, la guerra civil y finalmente su martirio.
Rey y padre de Hermenegildo, defensor del arrianismo; mezcla la autoridad paterna y la razón de Estado para perseguir a su hijo y ordenar su muerte.
Esposa de Hermenegildo, ya católica desde antes de la conversión del príncipe; lo anima, participa en la huida, sostiene su causa y comparte probablemente su destino martirial.
Arzobispo y tío de Hermenegildo, figura espiritual decisiva; orienta a los protagonistas, ampara su causa y actúa como mediador en las negociaciones.
Privado o consejero del rey, ligado a la defensa doctrinal y política del arrianismo; interviene en la persecución y en la disputa final con el príncipe preso.
Criado de Hermenegildo y principal figura cómica; ayuda en la fuga, acompaña a su señor y acaba también encarcelado, aportando alivio burlesco sin romper el hilo principal de la acción.
Hermano de Hermenegildo, de presencia más breve pero relevante, pues avisa al príncipe del decreto de prisión y facilita su salida del palacio.
Agente del mal que adopta varias apariencias, como pastor o falso santo Patricio, para desviar a Hermenegildo de la fe católica y frustrar su martirio.
Mensajero celestial que socorre a Hermenegildo y Everinta en el monte, deshace el engaño demoníaco y los guía hacia la protección de san Leandro.
Centro político y simbólico de la obra; allí se celebra el triunfo inicial, se desencadena el conflicto con Teobildo, se organiza la resistencia católica y culmina la memoria gloriosa del mártir.
Espacio de poder donde se manifiestan la ruptura familiar, la condena del príncipe y la necesidad de la fuga nocturna.
Lugar de refugio, persecución y prueba espiritual; allí los protagonistas buscan a san Leandro, padecen los engaños del demonio y se define la oposición entre gracia y caída.
Marco de las alianzas, treguas, debates y combates entre el bando arriano y el católico, donde la disputa religiosa adopta forma militar y política.
Espacio final de la constancia martirial de Hermenegildo, sometido allí a hambre, tentaciones, disputa doctrinal y sentencia de muerte.
Se infiere como centro de decisión regia y conciliar, asociado a las maniobras doctrinales y políticas de Teobildo, aunque su representación escénica es menos directa que la de Sevilla.
La acción muestra cómo la adhesión de Hermenegildo al catolicismo entra en choque con la autoridad del rey, que convierte la diferencia religiosa en problema de Estado y de sucesión.
El protagonista prefiere perder honores, reino y vida antes que fingir o abandonar la fe que considera verdadera, hasta aceptar conscientemente la muerte.
La obra se articula en torno a la oposición entre arrianismo y doctrina católica, especialmente sobre la igualdad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El drama convierte el vínculo familiar en un campo de tensión moral y política, pues el deber de obediencia filial choca con la obediencia a la conciencia y a la religión.
Las visiones, auxilios celestiales y apariciones marianas se oponen a las trampas del demonio, que intenta perder al héroe mediante falsas doctrinas, miedo y desesperación.
La disputa religiosa afecta al derecho de heredar el reino, provoca alianzas militares, negociaciones fallidas y enfrentamientos entre ciudades, tropas y linajes.
El final presenta a Sevilla como ciudad privilegiada por la santidad, vinculando el martirio de Hermenegildo con la memoria de san Leandro, san Isidoro y la identidad religiosa de la urbe.