La obra se abre en la corte del rey don Jaime, donde se intenta aclarar la cadena de violencias entre dos linajes catalanes. Don Berenguer Lanzol expone los antecedentes: don Pedro Armengol, perseguido por haber matado antes a un francés, se refugió en su casa; allí coincidieron Pedro, su padre Alberto Armengol y el conde Manfredo, y de ese encuentro nacieron nuevos agravios, sospechas amorosas y rivalidades que quedaron sin resolverse. Más tarde, cuando Berenguer pensaba casarse con Saurina de Armengol, halló una noche a Alberto armado junto al cadáver del conde Manfredo y descubrió además la desaparición de Pedro, de su hermana Laurisana y de la propia Saurina, lo que agravó el escándalo familiar.
En ese momento llega una carta de don Pedro en la que se declara autor de la muerte de Manfredo, justifica su acción por las traiciones del conde y reivindica para su padre el castillo que el rey le había quitado. El rey, al comprobar indicios de que Alberto no es culpable de ese homicidio, lo libera y le encomienda marchar contra los bandoleros de las sierras catalanas, ignorando todavía que el principal caudillo rebelde es su propio hijo. En la sierra, Pedro aparece al frente de doscientos catalanes y, junto a otros forajidos como Berengario, comenta un sueño visionario en el que una figura celestial le salva de la horca y le anuncia protección divina; cuando las tropas reales cercan el monte, Alberto y Pedro se enfrentan, se reconocen y quedan desgarrados entre el deber político y el afecto familiar.
Conducidos ante don Jaime, Pedro confiesa haber matado a Manfredo y capitaneado a los bandoleros, mientras Saurina reconoce su comprometida situación; pese a ello, el rey decide pacificar a los linajes, perdona a Pedro por respeto a la lealtad de Alberto, ordena el matrimonio de Saurina con don Berenguer y extiende su clemencia también a Berengario. Cinco años después, Pedro se ha convertido en fray Pedro de Armengol y parte desde Barcelona a Bizerta y Bujía para rescatar cautivos cristianos; allí libera a Laurisana, acepta quedarse como rehén por falta de rescate, predica la fe cristiana y es ahorcado por orden del gobernador musulmán, pero la Virgen lo sostiene milagrosamente en el patíbulo. El prodigio provoca conversiones, Laurisana regresa a Cataluña decidida a la vida religiosa y la trayectoria del antiguo bandolero culmina como ejemplo de redención, martirio frustrado y santidad mercedaria.