Menandro
Rey de Hungría y centro de la acción dramática; ama a Lisarda, cae bajo el hechizo de la sortija del olvido y, al recobrar el juicio, descubre y castiga la conspiración.
Lope de Vega Carpio
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Hungría, Adriano y la infanta Arminda conspiran contra el rey Menandro mediante una sortija encantada que le hace olvidar su voluntad y su juicio, mientras el amor del rey por Lisarda desencadena celos, prisiones y desplazamientos entre palacio, la casa del duque y un castillo cercano. Bajo el efecto del anillo, Menandro actúa de forma contradictoria, desconoce a sus allegados y permite sin saberlo que Adriano intente apoderarse del gobierno, mientras Lisarda también cae en el mismo olvido y se enfría su relación con el rey. Cuando Lirano descubre el secreto de la sortija, Menandro recupera la razón, desenmascara a los traidores y restablece el orden con un desenlace de perdón y corrección: Arminda entra en religión, Adriano es desterrado y Lisarda queda casada con el conde Arnaldo.
En la corte de Hungría, el capitán Adriano y la infanta Arminda mantienen una relación amorosa secreta. Adriano desea alcanzar la corona, y Arminda, aunque se resiste a participar en un crimen directo contra su hermano, el rey Menandro, acepta que se intente apartarlo temporalmente del gobierno mediante un artificio que no dañe su vida. Para ello recurren a Ardenio, hombre hábil en ciencias ocultas, que idea un engaño basado en una sortija semejante a otra que el rey lleva siempre consigo. Mientras tanto, Menandro ama a Lisarda, hija del duque Sinibaldo, pero el duque, temeroso por su honra y por el poder del monarca, decide sacar a su hija de la corte y llevarla a un castillo cercano hasta que llegue el conde Arnaldo, destinado a casarse con ella. Menandro, herido por la ausencia de Lisarda, se disfraza y acude al campo con Lirano y otros acompañantes; allí logra verla y renovar sus promesas amorosas, aunque la llegada del duque impide que el encuentro continúe.
Una vez ejecutado el cambio de anillos, Menandro se pone la sortija hechizada y pierde de inmediato la memoria de sus decisiones recientes y de parte de sus afectos. En ese estado contradictorio manda prender al duque Sinibaldo, a Lisarda y al conde Arnaldo, pero poco después niega haberlo ordenado y comienza a desconocer a quienes lo rodean. Adriano aprovecha la confusión para consolidar su ascenso político: procura apartar al pretendiente extranjero de Arminda, promueve para sí y para sus deudos cargos de gobierno y de guerra, y empuja a la infanta a aceptar la usurpación del reino. La sortija pasa también a manos de Lisarda, que por su efecto olvida el amor de Menandro y se muestra extrañamente dispuesta a casar con Arnaldo; cuando Menandro vuelve a tratarla, la halla fría, desmemoriada y ajena. El caos se extiende por palacio: el rey concede y desmiente mercedes, rompe libranzas, desconoce a sus criados y alterna momentos de turbación con otros de aparente lucidez. Finalmente, Adriano y Arminda llegan incluso a inducir al rey a nombrar a sus partidarios para los principales oficios y a ordenar la muerte del duque, de modo que la ambición amorosa se convierte ya en una abierta amenaza contra el orden del reino.
En la tercera jornada, Menandro parece cada vez más incapacitado, mientras Adriano acelera sus planes para hacerse con la corona. Sin embargo, Lirano, que había recibido del propio rey la cadena y la sortija en uno de sus arrebatos, advierte que la mejoría del monarca coincide con haberse quitado el anillo. Sospechando la verdad, examina la joya, se la muestra a Menandro y comprueban juntos su poder: al ponérsela, el rey vuelve a desvariar, y al quitársela recobra el juicio. Descubren además en la sortija un pequeño papel con caracteres extraños, prueba material del encantamiento. Menandro decide entonces fingirse aún trastornado para atraer a los culpables. Llama a Arminda y Adriano, los sienta como si fueran ya reyes y les plantea en forma de juicio el delito cometido por una hermana y un vasallo que, mediante hechicería y traición, quisieron privar a su señor de memoria, honra y corona. Ambos, sin advertir la trampa, dictan para esos culpables pena de muerte; entonces el rey revela la verdad. Cuando parece inminente el castigo, el duque Sinibaldo interviene y pide clemencia. Menandro acepta una solución menos sangrienta: Arminda entra en religión y Adriano es desterrado de Hungría. El rey restituye a Sinibaldo y confirma el matrimonio de Lisarda con el conde Arnaldo, renunciando así a su pretensión amorosa. Como recompensa final, premia generosamente a Lirano, cuya sagacidad ha permitido descubrir la conspiración y salvar el reino.
Rey de Hungría y centro de la acción dramática; ama a Lisarda, cae bajo el hechizo de la sortija del olvido y, al recobrar el juicio, descubre y castiga la conspiración.
Hermana del rey Menandro; enamorada de Adriano, consiente el artificio que debe apartar temporalmente a su hermano del poder y participa en la intriga sucesoria.
Capitán y amante de Arminda; movido por amor y ambición, promueve el encantamiento del rey y trata de hacerse con la corona y el control del reino.
Hija del duque Sinibaldo, amada por Menandro y prometida al conde Arnaldo; su traslado fuera de la corte y su posterior afectación por la sortija complican decisivamente la trama.
Duque y padre de Lisarda; intenta proteger la honra de su casa apartando a su hija de la corte, es encarcelado por orden del rey hechizado y al final actúa como mediador en el perdón.
Bufón o criado gracioso del rey; aunque introduce elementos cómicos, resulta decisivo al advertir la relación entre la sortija y el olvido de Menandro y al ayudar a descubrir el engaño.
Pretendiente y finalmente esposo de Lisarda; su llegada activa la tensión amorosa y política, y su figura sirve de contraste con el deseo del rey.
Hombre de ciencia o magia al servicio de Adriano; fabrica el artificio de la sortija y hace posible el encantamiento que desencadena el conflicto.
Espacio central de la obra, donde se desarrollan la conspiración, los efectos del olvido del rey, las prisiones, los nombramientos y el descubrimiento final del engaño.
Lugar vinculado a la honra de Lisarda y a los primeros indicios del amor del rey; desde sus rejas y balcones se hace visible el conflicto entre deseo amoroso y control paterno.
Refugio adonde Sinibaldo traslada a Lisarda para alejarla de Menandro; allí acuden el rey disfrazado y luego los enviados que efectúan la prisión de los personajes.
Espacio exterior de encuentro amoroso entre Menandro y Lisarda, con disfraces de cazadores y pastores, y escenario de la vigilancia y de los temores por la llegada del duque.
Lugar de encierro del duque Sinibaldo y del conde Arnaldo, y espacio de máxima tensión en la tercera jornada, cuando parece inminente la ejecución del duque.
La relación entre Arminda y Adriano une pasión y deseo de poder, hasta convertir el amor en motor de una conspiración contra el rey y contra el orden sucesorio.
La sortija provoca en Menandro y también en Lisarda una quiebra de la memoria y del reconocimiento personal, alterando vínculos afectivos, decisiones políticas y sentido de la realidad.
El amor de Menandro por Lisarda choca con el proyecto de casarla con el conde Arnaldo, lo que genera ocultamientos, desplazamientos y conflictos entre deseo personal y conveniencia social.
La obra muestra cómo la cercanía al poder puede dar lugar tanto al servicio fiel, representado sobre todo por Lirano y en parte por Sinibaldo, como a la traición de quienes buscan medrar.
Sinibaldo intenta defender la honra de su casa apartando a Lisarda de la vista del rey, y buena parte de la acción se articula en torno a la vigilancia de la mujer y al temor al descrédito público.
El desenlace plantea cómo debe responder un rey ofendido ante delitos graves: Menandro descubre la verdad, pero finalmente modera el castigo gracias a una solución que restaura el orden sin derramar sangre.