Jacobo
Príncipe de Sicilia e hijo del rey; es el protagonista de la obra, dominado primero por su pasión incestuosa hacia la reina y después por su apostasía, crueldad y posterior arrepentimiento.
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Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Sicilia, en un tiempo no precisado pero propio de monarquías cristianas enfrentadas al mundo mediterráneo musulmán, el príncipe Jacobo se enamora de su madrastra y cae en una pasión contraria al honor, la ley y la obediencia filial. Desterrado al mando de unas galeras, Jacobo pasa de Sicilia al mar y a Argel, donde su valentía lo pone en contacto con Mahometo y Árcila, y allí termina renegando de su fe y ejerciendo una crueldad creciente contra cristianos y cautivos. Cuando ya ha llegado a maltratar a su propio padre y a persistir en su desorden amoroso y religioso, una intervención divina lo hace arrepentirse, devuelve el sentido moral de la acción y conduce el final hacia la reconciliación y la conversión.
La acción comienza en la corte de Sicilia, donde el rey celebra su matrimonio con la nueva reina. En ese contexto aparece el príncipe Jacobo, hijo del rey, cuya primera presentación lo muestra inclinado a la guerra y al ejercicio violento. Sin embargo, al ver a su madrastra queda turbado y, casi de inmediato, transforma esa agitación en una pasión ilícita. Aunque reconoce que la reina es esposa de su padre y que su deseo va contra Dios, la ley, la razón y la obediencia filial, decide alimentar esa inclinación desordenada. Confía primero su secreto a Otavio y después al secretario, pero ambos reaccionan con espanto ante la gravedad del caso. La perturbación del príncipe crece hasta convertirse en furor y melancolía, de modo que el rey manda llamar médicos y procura averiguar el origen de su mal. Finalmente, en una entrevista con la reina, Jacobo deja entrever que ella es la causa de su tormento, y cuando se enfrenta con su propia imagen en un espejo y con las consecuencias de su desvarío, su pasión queda ya plenamente descubierta.
El secretario termina confesando al rey que Jacobo está enamorado de la reina. La noticia provoca en el monarca un conflicto entre el amor paternal, el honor conyugal y la necesidad de castigar un atrevimiento que considera gravísimo. En vez de darle muerte, decide apartarlo de la corte y lo envía a mandar unas galeras, destierro que Jacobo recibe con rencor. En la segunda jornada la acción se traslada al mar y después a Argel. Jacobo combate con valentía, se enfrenta al rey moro Mahometo y, tras capturarlo, oye de sus labios una extraña historia: la reina de Argel, Árcila, padece un mal que, según un astrólogo, solo puede curarse con la sangre de un cristiano noble, valiente y principal. Mahometo lleva a Jacobo consigo y lo honra de manera extraordinaria; pero pronto se descubre que Árcila fingió ese remedio para atraer a un cristiano hermoso del que estaba enamorada antes de verlo, movida por una profecía. Al conocer a Jacobo, le declara abiertamente su amor y su deseo de que reniegue de su fe. Jacobo, ya resentido contra su padre y arrastrado por su antigua mala inclinación, acaba por ceder: se presenta vestido de moro, abandona a sus hombres, acepta la ley islámica y se convierte en perseguidor de los cristianos cautivos, entre ellos Otavio y el secretario, mostrándose cruel incluso con quienes antes le servían.
La tercera jornada intensifica las consecuencias de esa caída. Jacobo llega a tener en su poder al rey de Sicilia y a la reina, cautivos en Argel, y los trata con extrema dureza. Reprocha a su padre el destierro y a su madrastra el rechazo, mientras ambos le exhortan a arrepentirse y volver a Dios. Al mismo tiempo pretende forzar la apostasía y el matrimonio de una cautiva cristiana, de calidad noble según se infiere del texto, mientras Árcila, celosa, conspira también con él contra Mahometo. La trama alcanza su máximo desorden cuando Jacobo maltrata a su propio padre y persevera en su impiedad; entonces una voz celestial, identificada con san Pablo o con una intervención divina semejante a su conversión, lo detiene, le quita la vista y le devuelve el juicio. Jacobo reconoce su culpa, renuncia a su vida anterior y declara que vuelve a ser cristiano. Poco después se esclarece que Mahometo no había muerto realmente y también desea convertirse, mientras Árcila pide perdón por su traición. El desenlace, transmitido con algunas zonas oscuras en el texto conservado, orienta la acción hacia la restauración del orden cristiano y familiar: Jacobo se arrepiente, busca el perdón de sus padres, se dispone el retorno a Sicilia y la obra cierra presentando su historia como ejemplo de una inclinación viciosa finalmente vencida por la gracia divina.
Príncipe de Sicilia e hijo del rey; es el protagonista de la obra, dominado primero por su pasión incestuosa hacia la reina y después por su apostasía, crueldad y posterior arrepentimiento.
Padre de Jacobo y esposo de la reina; intenta curar a su hijo, castiga su atrevimiento con el destierro y más tarde sufre cautiverio y malos tratos por causa de su desvío.
Madrastra de Jacobo y objeto de su amor ilícito; rechaza sus insinuaciones, denuncia su conducta y aparece también como víctima del desorden del príncipe.
Rey de Argel; captura y honra a Jacobo, confía en él y queda envuelto en la intriga amorosa y política que se desarrolla en su corte.
Reina de Argel y esposa de Mahometo; su pasión por un cristiano noble provoca el engaño del falso remedio, la llegada de Jacobo a Argel y nuevas traiciones dentro de la trama.
Criado o acompañante cercano de Jacobo; escucha sus primeros desvaríos amorosos, lo reprende y luego padece junto a otros cristianos las consecuencias de su caída.
Consejero discreto del rey de Sicilia; averigua el secreto del príncipe, se lo comunica al monarca y sigue teniendo un papel relevante en la evolución del conflicto.
Moro principal de la corte de Argel, ligado a Árcila y a Jacobo en diversas negociaciones; interviene de forma significativa en los enredos amorosos y políticos.
Personaje moro con funciones de guardia o ejecutor en Argel; participa en la custodia y traslado de cautivos, sobre todo en la tercera jornada.
Espacio inicial y decisivo donde se produce el matrimonio del rey con la reina y nace la pasión ilícita de Jacobo, origen de todo el conflicto.
Principal escenario de la segunda y tercera jornadas; allí se desarrollan el cautiverio, la apostasía de Jacobo, las intrigas amorosas de Árcila y la crisis final.
Marco de combate y tránsito entre Sicilia y Argel; simboliza además el paso del destierro al cautiverio y la expansión del conflicto político y religioso.
Espacio interno de poder en Argel donde Mahometo recibe a Jacobo, Árcila le declara su amor y se traman traiciones y conversiones.
Ámbitos donde aparecen los cautivos cristianos sometidos a cadenas, humillaciones y labores penosas, mostrando materialmente la caída del protagonista y el tema del cautiverio.
La obra presenta cómo un deseo ilícito, no corregido a tiempo, arrastra a Jacobo desde el enamoramiento desordenado hasta la impiedad, la violencia y la traición.
El conflicto nace del deseo del hijo hacia la esposa del padre y enfrenta el deber de respetar al rey y a la familia con el impulso individual y culpable.
La caída religiosa de Jacobo en Argel y su vuelta final al cristianismo constituyen el eje moral del desenlace, resuelto por una intervención sobrenatural.
La acción se mueve entre Sicilia y Argel, con galeras, prisiones y cautivos, dentro de un marco de guerra mediterránea y choque de confesiones.
Tanto el deseo de Jacobo por su madrastra como la pasión de Árcila por el cristiano buscado muestran formas amorosas que rompen vínculos legítimos y generan violencia.
El texto contrapone el castigo humano, a veces insuficiente o tardío, con una justicia superior que acaba corrigiendo al pecador sin excluir la posibilidad del perdón.