Doña Clara
Esposa de Don Félix, mujer santa, paciente y profundamente devota del Rosario; su fe provoca la protección celestial y la derrota final del demonio.
Antonio Coello y Ochoa
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
Avis
Voici un résumé automatique non révisé de l’œuvre, généré avec ChatGPT (modèle 5.4) à partir du texte disponible. Il peut contenir des erreurs et omissions. Si vous détectez des problèmes ou incohérences, nous vous remercions de nous contacter afin d’intégrer des mises à jour.
Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Palermo, probablemente en un tiempo contemporáneo al de la ficción dramática, Don Félix cae en la miseria tras dilapidar su hacienda y pacta con el Diablo de Palermo la recuperación de un tesoro a cambio de entregar a su esposa. En el espacio doméstico de Clara y Jacinta, marcado por la pobreza, la oración y la devoción al Rosario, la Virgen y el cielo socorren milagrosamente a la familia y previenen a Clara del engaño de su marido. La acción culmina en un paraje apartado con montes, alameda y ermita del Rosario, donde María derrota al demonio, salva a Clara y provoca la conversión moral de Don Félix.
La acción comienza con la ruina de Don Félix, caballero que ha malgastado su hacienda en placeres, amistades interesadas y gastos desordenados. Abandonado por quienes antes lo acompañaban, hambriento y sin recursos, se lamenta de la inestabilidad de la fortuna junto a su criado Salpullido, figura cómica que intenta aliviar la miseria con chanzas y con la venta de los últimos bienes de la casa. Entre esos bienes aparece una espada que también se pierde en un incidente humillante, lo que agrava la desesperación del amo. Vencido por el cansancio, Don Félix se adormece y entonces se le aparece el llamado Diablo de Palermo, que se presenta como un antiguo mercader enriquecido por medios ilícitos y condenado tras su muerte. El demonio le promete revelarle un tesoro escondido para devolverle honor y riqueza, pero le exige a cambio que le entregue a su mujer en el lugar y momento que él señale. Cegado por la necesidad, Don Félix jura aceptar el pacto.
Mientras esto sucede, la obra presenta en paralelo a doña Clara y a su hija Jacinta en la pobreza doméstica. Madre e hija soportan con paciencia cristiana la necesidad, confiando en la providencia divina y, sobre todo, en la devoción al Rosario de la Virgen María. Clara labra, reza y canta himnos marianos, insistiendo en que María es la verdadera amiga de sus devotos. Como premio a esa fidelidad, recibe un socorro milagroso: aparece una mesa dispuesta con comida, y luego Cristo mismo, según muestra el texto, la consuela y la anima a perseverar en su devoción. Más tarde, un mensajero celestial le advierte de que su marido ha prometido llevarla al demonio, pero le asegura que la Virgen la protegerá. Clara acepta obediente, no por ignorancia, sino poniendo por delante la salvación de Don Félix y confiando plenamente en la intercesión mariana. Cuando Don Félix regresa fingiendo una súbita buena fortuna y propone salir al día siguiente a una quinta o paraje cercano, ella disimula que conoce el engaño y accede a acompañarlo.
En la parte final, Don Félix conduce a Clara por montes y cuestas hasta una alameda o paraje apartado, donde aguarda el demonio. Tras dejarla sola un momento, confirma al Diablo de Palermo que ha cumplido su promesa. El demonio exige ver el rostro de la mujer y, cuando Clara se descubre y lo llama a acercarse, la figura demoníaca reconoce en ella no solo a la esposa entregada, sino la presencia victoriosa de María, asociada explícitamente al poder del Rosario. Aterrado, confiesa su derrota y pide volver al infierno, donde será atormentado por esas mismas cuentas sagradas. Don Félix, desengañado, comprende su culpa y reconoce que la devoción de Clara lo ha librado de las asechanzas infernales. La Virgen ordena que valore a su esposa y a su hija, vinculadas a una ermita del Rosario, y Clara declara su propósito de entrar en religión, aunque el pasaje final no permite precisar con plena seguridad si ese ingreso se realiza de inmediato o queda como resolución devota. La obra concluye con el retorno hacia Palermo, la alabanza a la Virgen y la afirmación de que María ha sido, en efecto, la amiga más verdadera de sus fieles.
Esposa de Don Félix, mujer santa, paciente y profundamente devota del Rosario; su fe provoca la protección celestial y la derrota final del demonio.
Caballero arruinado por su mala vida y sus gastos, que pacta con el demonio para recuperar su fortuna y termina desengañado y salvado por mediación de su esposa y de la Virgen.
Figura demoníaca que, bajo la historia de un mercader condenado, tienta a Don Félix con un tesoro y busca vencer la virtud de Clara, pero resulta derrotado por María y el Rosario.
Criado o acompañante de Don Félix, de función cómica, que participa en la miseria del amo, comenta los sucesos y lo acompaña en la búsqueda del tesoro.
Hija de Clara, asociada a la piedad doméstica y al canto devoto; acompaña a su madre en la pobreza y en la confianza en la Virgen.
Presencia sobrenatural central del auto, invocada como protectora de los fieles y 'amiga más verdadera'; interviene para defender a Clara y rescatar a Don Félix.
Ciudad en la que se sitúa de manera explícita buena parte de la acción y de donde procede el demonio; funciona como marco general de la caída y posterior restauración de Don Félix.
Espacio doméstico de la ruina material y, al mismo tiempo, de la paciencia cristiana, la oración y los auxilios milagrosos que recibe Clara.
Lugar vinculado al encuentro nocturno con el Diablo de Palermo y al inicio efectivo del pacto para descubrir el tesoro.
Paraje exterior al que Don Félix conduce a Clara para cumplir su promesa al demonio y donde se produce la confrontación decisiva entre las fuerzas infernales y la protección mariana.
Lugar sagrado asociado a la presencia protectora de la Virgen, donde quedan Clara y Jacinta y desde donde se confirma el triunfo final de la devoción del Rosario.
Espacio mencionado por el demonio como escondite del caudal que sirve de señuelo para tentar a Don Félix; su función es activar el pacto y el engaño.
La obra presenta el Rosario como medio eficaz de amparo, consuelo y salvación frente a la necesidad material y al poder del demonio.
Don Félix pasa de la riqueza a la miseria por su prodigalidad y sus malos hábitos, y solo recupera el buen camino mediante el desengaño religioso.
La trama se organiza en torno al intento del demonio de apoderarse de Clara y a la intervención del cielo para impedirlo.
Clara no solo resiste la tentación, sino que con su fe y obediencia contribuye decisivamente a salvar a su marido.
La obra insiste en que la riqueza, el honor social y las amistades interesadas son mudables y pueden desaparecer con rapidez.
Frente a la miseria material, el texto subraya que Dios y la Virgen socorren a quienes perseveran con fe, incluso mediante auxilios milagrosos.