La obra se abre con la renuncia de Berenguela a la corona de Castilla en favor de su hijo Fernando, presentado solemnemente ante nobles, grandes y prelados. La reina explica su situación dinástica: fue esposa del rey de León, pero la nulidad del matrimonio la llevó a volver a Castilla, desde donde hizo venir con secreto a su hijo para asegurar la sucesión tras la muerte de su hermano Enrique. Aunque parte de la nobleza acepta sin reparos la legitimidad del nuevo rey, don Álvaro Núñez objeta que la proclamación sin consentimiento del padre, el rey de León, puede provocar guerra entre ambos reinos. Sus advertencias son rechazadas, Fernando es coronado y se muestra desde el principio como monarca prudente y religioso. Paralelamente se desarrolla una intriga amorosa cortesana: don Rodrigo ama a doña Elvira, dama de la reina, y aspira a casarse con ella, mientras se anuncian negociaciones políticas para casar al rey con una princesa imperial y asegurar así la posición de Castilla frente a León.
El conflicto político se agrava cuando don Álvaro, resentido por su expulsión del consejo, acude a León y mueve al rey Alfonso contra Castilla. El monarca leonés recibe también una embajada del arzobispo de Toledo, que intenta evitar la guerra en nombre de Fernando y de Berenguela, pero el rey padre se niega a reconocer la elección y proclama las armas. En medio de esta tensión, la intriga amorosa se complica: Elvira, deseosa de probar el amor de don Rodrigo, finge que va a ser entregada en matrimonio al infante de León para sellar la paz; don Rodrigo, desesperado, decide marchar a la guerra, hasta que una criada le revela el engaño y prepara un encuentro secreto nocturno en el cuarto de la dama. La guerra entre padre e hijo llega finalmente al campo de batalla. En el combate, Fernando, sin ser reconocido al principio, auxilia caballerosamente a su propio padre en peligro; Alfonso, al saber después que su hijo ha quedado herido, se conmueve, corre a verle y se produce entre ambos una reconciliación. El rey de León reconoce la nobleza de Fernando, lo bendice y acepta la paz, disponiendo además, según el texto conservado, un enlace de don Rodrigo con una princesa leonesa llamada Blanca, lo que reabre el conflicto sentimental.
Tras la paz entre Castilla y León, la acción vuelve a la corte castellana y se centra en dos frentes. Por un lado, Elvira cree que don Rodrigo va a casarse con una infanta de León y, herida por los celos y el desengaño, oscila entre el dolor amoroso y el deseo de venganza; por otro, don Rodrigo intenta explicarse y visita de noche a la dama, pero ambos son sorprendidos en el ámbito palaciego por el rey, lo que provoca una grave cuestión de honor. Fernando protege expresamente la fama de Elvira y la del conde su padre, pero castiga a don Rodrigo por haber vulnerado la seguridad del palacio, aunque antes dispone que se case con Elvira, conciliando así amor, honor y disciplina cortesana. En la parte final, la figura regia adquiere un marcado carácter ejemplar: Fernando reorganiza la justicia con la creación de un consejo real, atiende a pobres y pleiteantes, modera los tributos, fomenta las manufacturas del reino, impulsa fundaciones religiosas, combate la herejía y perdona a don Álvaro pese a la opinión contraria del arzobispo. Finalmente, tras orar y recordar sus obras de gobierno, recibe una visión profética que le anuncia nuevas conquistas contra los musulmanes, especialmente en Andalucía, Córdoba, Jaén y Sevilla, y la primera parte concluye con el rey dispuesto a emprender esa campaña, sin que el texto cierre definitivamente todas las consecuencias posteriores de la acción.