Alejandro / Segismundo
Protagonista de la comedia. Hijo supuesto de Alberto y criado en Marsella, destaca por su generosidad, piedad y valor; rescata a Isabela del cautiverio y al final se descubre que es en realidad príncipe de Bearne.
Gabriel de Roa
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Marsella, Alejandro rescata en Biserta a una dama cautiva que oculta ser la reina Isabela de Sicilia, la introduce en casa de su avaro padre Alberto y se enamora de ella mientras ella le agradece el beneficio sin declararse todavía. Tras una tormenta, Alejandro llega a Sicilia con una banda dada por Isabela, es sospechoso al principio, pero su relato de los rescates realizados convence a la corte; el Condestable recupera luego a la reina en Marsella y el joven la sigue hasta Palermo. En la corte siciliana, entre disputas sucesorias, celos amorosos y unas fiestas caballerescas, se descubre milagrosamente que Alejandro es Segismundo, príncipe de Bearne, de modo que puede casarse con Isabela y ve premiada su liberalidad al rescatar así su propia fortuna.
La acción comienza en Marsella, en casa del avaro Alberto, cuyo criado Lemosín contrasta la mezquindad del viejo con la generosidad de su hijo Alejandro. Este regresa de un viaje marítimo y trae consigo a una dama rescatada del cautiverio en Biserta, a la que oculta bajo el nombre de Isabela. La joven agradece profundamente su liberación, pero reserva su verdadera identidad por prudencia. Alejandro se enamora de ella, aunque reprime sus sentimientos por respeto a su honor; ella, a su vez, reconoce el valor y la cortesía del joven, pero mantiene las distancias por decoro y por la desigualdad social que cree haber entre ambos. Cuando Alberto descubre la presencia de la desconocida, primero la mira con recelo y burla, pero finalmente la admite en su casa como criada temporal, imponiendo que Alejandro no entre en trato con ella. En ese ambiente doméstico y vigilado, la dama deja a Alejandro una banda como señal de agradecimiento y posible prueba de su identidad si algún día llega a Sicilia, mientras el joven, dividido entre la obediencia al padre y la pasión amorosa, decide partir de nuevo por mar con la esperanza de aclarar su fortuna.
La segunda línea de la intriga se desplaza a Sicilia, donde se sabe que la reina Isabela ha desaparecido tras un ataque de corsarios cuando navegaba de incógnito. Su tío, el Condestable, y la infanta Matilde discuten con el príncipe Ludovico de Bearne, prometido de la reina, sobre la sucesión y el aplazamiento de las bodas. A Palermo llega casualmente Alejandro, desviado por una tormenta, y la banda que lleva despierta las sospechas de la corte. Creído primero culpable del rapto, explica entonces su historia: cómo gastó antes toda su hacienda en rescatar reliquias de mártires cautivos en Argel y cómo después empleó de nuevo su caudal para rescatar a la misteriosa dama de Biserta. El relato convence al Condestable y a Matilde de que la desaparecida reina está viva y se halla en Marsella. Deciden partir con Alejandro para recobrarla. Ya en la casa de Alberto, el Condestable entra de noche en el jardín y, fingiéndose Alejandro, logra hablar con Isabela, que entonces se descubre como sobrina suya y reina de Sicilia. Para evitar riesgos, se la lleva enseguida al puerto antes de que Alejandro pueda despedirse. Cuando este llega y averigua la verdad por Julia, comprende que ha amado a una reina y, lejos de desistir, se lanza tras ella, resuelto a seguirla a Sicilia pese a lo imposible de su deseo.
En Sicilia, Isabela es restituida al trono, mientras Ludovico insiste en sus pretensiones matrimoniales y políticas. Alejandro, apoyado por Roberto, paje de palacio, y acompañado más tarde por su padre Alberto, permanece en la isla, dividido entre la esperanza amorosa y la incertidumbre sobre su origen. Alberto empieza a dar a entender que el joven no es hijo suyo, y Lemosín divulga confusamente la sospecha de una sangre más alta. Isabela, que ya corresponde al amor de Alejandro cuando cree probable su nobleza, le exige que se declare; él, sin pruebas, se niega a afirmarlo y queda relegado frente al príncipe de Bearne. Durante unas fiestas caballerescas en Palermo, Alejandro entra embozado y vence a todos con una empresa simbólica: un ruiseñor preso que rescata por sí mismo su fortuna. El tumulto final conduce a la revelación decisiva: Roberto no es un simple criado, sino Florencio, uno de los mártires cuyas reliquias rescató Alejandro, aparecido milagrosamente para premiar su piedad. Por su mediación se descubre que Alejandro es en realidad Segismundo, hermano de Ludovico y príncipe de Bearne, niño cambiado en la cuna y criado en Marsella por Alberto. Reconocida su verdadera condición, queda igualado a Isabela y obtiene como premio de sus acciones piadosas y liberales la mano de la reina y la recuperación de su fortuna y estado; Ludovico, por su parte, se une con Matilde, y la comedia concluye con una doble restauración política y amorosa.
Protagonista de la comedia. Hijo supuesto de Alberto y criado en Marsella, destaca por su generosidad, piedad y valor; rescata a Isabela del cautiverio y al final se descubre que es en realidad príncipe de Bearne.
Reina de Sicilia, cautivada por corsarios y rescatada por Alejandro en Biserta. Vive oculta en Marsella bajo nombre fingido y acaba correspondiendo al amor del protagonista cuando se confirma su nobleza.
Viejo avaro de Marsella y padre putativo de Alejandro. Su mezquindad contrasta con la liberalidad del joven, pero termina favoreciendo el esclarecimiento del origen de este y se desplaza a Sicilia para ayudarle.
Príncipe de Bearne y prometido inicial de Isabela. Aspira a la corona siciliana y rivaliza amorosa y políticamente con Alejandro hasta saberse que ambos son hermanos.
Hermana de Isabela e infanta de Sicilia. Heredera provisional en ausencia de la reina, participa en la recuperación de su hermana y termina unida a Ludovico.
Tío de Isabela y Matilde, gobernador principal en Sicilia. Defiende la estabilidad del reino, protege a la reina y actúa decisivamente en su recuperación y en el reconocimiento final de Alejandro.
Joven servidor de la corte siciliana que auxilia a Alejandro. Al final se revela como Florencio, mártir cuyas reliquias fueron rescatadas por el protagonista, y es quien descubre sobrenaturalmente su verdadera identidad.
Criado gracioso de Alejandro. Aporta el contrapunto cómico, comenta la acción doméstica y acaba siendo transmisor de noticias importantes sobre el origen del protagonista.
Criada que acompaña a Isabela durante su estancia en Marsella. Sirve de confidente y facilita varios encuentros y desplazamientos decisivos para la trama.
Ciudad francesa donde vive Alejandro con Alberto y donde se desarrolla el ocultamiento inicial de Isabela; allí se plantean el conflicto amoroso, el contraste entre liberalidad y avaricia y las primeras dudas sobre el origen del protagonista.
Reino de Isabela y marco principal de la segunda mitad de la acción. En su corte se debaten la sucesión, el matrimonio político de la reina y el reconocimiento final de Alejandro como príncipe.
Ciudad portuaria siciliana a la que llega Alejandro tras la tormenta y donde se celebran las escenas cortesanas y caballerescas que desembocan en el desenlace.
Lugar del cautiverio de Isabela y espacio referido del rescate que pone en marcha la acción amorosa y la futura recompensa del héroe.
Espacio doméstico de Marsella donde Isabela permanece disfrazada de criada y donde se visualiza con fuerza la tensión entre el amor secreto, la vigilancia del padre y la humildad aparente de la reina.
Lugar de encuentros nocturnos, equívocos e interceptaciones. Allí el Condestable recupera a Isabela y Alejandro pierde la ocasión de despedirse de ella.
Espacio de tránsito y peligro que conecta Marsella, Berbería y Sicilia. Tormentas, cautiverios, rescates y viajes hacen del ámbito marítimo un motor constante de la trama.
La obra muestra cómo la generosidad de Alejandro, que gasta su hacienda en rescatar reliquias y en liberar a Isabela, acaba siendo premiada con honra, amor y recuperación de su verdadero estado.
El rescate físico de cautivos y reliquias se corresponde con la recuperación de una fortuna más amplia: Isabela vuelve a su trono y Alejandro rescata simbólicamente su propia identidad principesca.
El vínculo entre Alejandro e Isabela nace bajo la apariencia de una profunda desigualdad social, lo que obliga a ambos a contenerse hasta que la nobleza del héroe queda confirmada.
Buena parte de la acción depende de nombres fingidos, disfraces, silencios y errores de reconocimiento, desde la falsa criada Isabela hasta el origen escondido de Alejandro.
La devoción de Alejandro y su rescate de los mártires sitúan la acción bajo un horizonte religioso; la intervención final de Florencio confirma que el premio procede también de una justicia providencial.
La oposición entre Alberto y Alejandro organiza el comienzo de la comedia y subraya la excepcional nobleza moral del protagonista, cuya largueza contrasta con la mezquindad doméstica del padre putativo.
La desaparición de la reina, las pretensiones de Ludovico y la preocupación del Condestable por la estabilidad de Sicilia introducen un conflicto sucesorio que se resuelve con el restablecimiento de los vínculos legítimos.