Justicia
Figura alegórica central que gobierna primero el tribunal divino, escucha las quejas del Reino, dicta las premáticas y representa el rigor del orden antiguo antes de ceder su puesto a la Piedad.
Antonio Mira de Amescua
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco alegórico que identifica de manera probable a España con la monarquía católica de la Edad Moderna, la Herejía, la Gentilidad y la secta de Mahoma se confabulan para destruirla mediante guerra exterior y falsificación interior de la fe. El Reino comparece ante la Justicia y la Piedad para denunciar la carestía material y espiritual, pedir castigo contra sus enemigos y reclamar un remedio eficaz para la corrupción de la doctrina y el acceso a los bienes sagrados. La obra culmina con la promulgación de la Inquisición y del monte de piedad espiritual de la Iglesia, cuyo tesoro supremo es la Eucaristía, presentada como pan y vino del cielo que restauran al hombre y afirman la verdad católica.
La obra se abre con una escena alegórica en la que varias potencias enemigas de la fe cristiana se reconocen y se alían: la Herejía, la Gentilidad y la secta de Mahoma. Tras comprobar que no deben combatirse entre sí, deciden dirigir juntas su fuerza contra la monarquía católica española, presentada como reino privilegiado por su extensión, su poder y su especial vínculo con la Iglesia. Cada una propone medios para dañarla por mar y por tierra: infestación de rutas marítimas, ataques desde el norte y el oriente, corsarios y cercos en plazas africanas. A esa ofensiva militar añaden un plan más hondo: introducir dentro del propio reino una “moneda falsa”, es decir, errores doctrinales y opiniones engañosas, comparadas con alteraciones del vellón, para desordenar el comercio espiritual y temporal de la comunidad cristiana.
Frente a esa amenaza comparecen en escena la Justicia divina y la Piedad, que actúan como ministros del Rey eterno en la monarquía católica. Ante su tribunal se presenta el Reino, acompañado por figuras populares como un villano y Simplicidad, y expone sus males: la subida de los precios, la escasez y corrupción de pan y vino, y, sobre todo, la difusión de doctrinas falsas que rebajan el valor de la verdadera “moneda” de la fe. El Reino pide remedio con un largo parlamento en el que reclama castigo para los enemigos exteriores y alivio para los daños interiores, además de un acceso más cercano y gratuito a los bienes espirituales. Justicia escucha con severidad, mientras Piedad intercede y anima al Reino a confiar. Después se anuncian arbitrios y consejos para la reparación; algunos proceden de autoridades bíblicas y otros, en clave burlesca, de Simplicidad. Entretanto, la Herejía intenta tentar precisamente a Simplicidad con su moneda falsa y con negaciones del sacramento eucarístico, pero este personaje, aunque rústico, rechaza esas razones y se mantiene en la fe de la Iglesia.
El momento decisivo llega cuando Justicia promulga unas premáticas reales, dictadas por el católico Rey, para sanar el reino. En ellas se ordena la creación de un tribunal que el texto identifica con la Inquisición, destinado a perseguir la falsa moneda doctrinal, y, sobre todo, la fundación de un monte de piedad o erario espiritual asentado en Roma y sostenido por los tesoros de la Iglesia, por la sangre y el cuerpo de Cristo y por los méritos y obras de los fieles. Se dispone además que la gracia, antes figuradamente costosa, pueda alcanzarse “de balde” o por el precio mínimo del arrepentimiento, y que los hombres puedan tocar y comer al Rey en la Eucaristía. Justicia cede entonces su puesto a la Piedad, propia del Nuevo Testamento, y se pondera cuál de las medidas es mayor. La Sabiduría humana alaba el monte de piedad, el Dragón reconoce temer sobre todo a la Inquisición, y Simplicidad obtiene la guirnalda al afirmar que el principal remedio es la “cena” donde se da pan del cielo y vino. En la escena final, Piedad muestra en una nube y en el Arca el tesoro verdadero del erario: el pan de vida, el vino eterno y las figuras veterotestamentarias cumplidas en Cristo, con lo que el reino español celebra su consuelo y el enemigo queda confundido.
Figura alegórica central que gobierna primero el tribunal divino, escucha las quejas del Reino, dicta las premáticas y representa el rigor del orden antiguo antes de ceder su puesto a la Piedad.
Alegoría complementaria de Justicia y fuerza decisiva en la reparación final; intercede por el Reino, modera el rigor y acaba presidiendo el nuevo orden de gracia centrado en el monte de piedad y la Eucaristía.
Personificación del reino católico, identificado de manera probable con España, que padece ataques exteriores, errores doctrinales y desórdenes económicos, y solicita remedio ante el tribunal divino.
Uno de los principales enemigos alegóricos; conspira contra la monarquía católica, equipara sus errores a moneda falsa e intenta corromper a los sencillos con doctrinas contrarias a la fe.
Figura rústica y cómica que, pese a su ignorancia aparente, conserva una fe firme, rechaza la falsa moneda herética y acierta a reconocer en la cena eucarística el mayor bien del monte de piedad.
Representación del poder diabólico o anticristiano, no siempre distinguible con total seguridad de la Herejía en todos los pasajes, que combate las disposiciones divinas y reconoce el daño que le causan la Inquisición y el nuevo orden espiritual.
Potencia alegórica aliada de la Herejía y de la secta de Mahoma en el plan inicial contra la monarquía católica.
Figura alegórica del islam que participa en la coalición enemiga, especialmente vinculada a la amenaza marítima y africana contra el reino cristiano.
Espacio histórico y alegórico principal de la acción, presentado como reino elegido, extendido por varios mares y objeto del asalto conjunto de enemigos exteriores e interiores.
Ámbito donde comparece el Reino, se oyen sus quejas y se promulgan las premáticas que han de restaurar el orden religioso y político.
Espacio institucional y simbólico fundado al final como depósito de los tesoros de la Iglesia y medio de distribución de gracia, indulgencias y remedios para los fieles.
Sede que el texto asigna expresamente a la diputación general del monte de piedad, vinculándola a Pedro, a sus sucesores y al gobierno universal de la Iglesia.
Escenario de la amenaza militar y comercial, pues por ellos entran corsarios, bajeles apóstatas y la falsa moneda doctrinal que altera la república cristiana.
Espacio escénico final de revelación, donde se muestra de forma visible el tesoro escondido del erario y el cumplimiento eucarístico de las antiguas figuras bíblicas.
La acción gira en torno al combate contra errores doctrinales, apostasías y ataques a los sacramentos, entendidos como la mayor amenaza para el reino cristiano.
El pan de vida y el vino eterno aparecen como el bien principal del monte de piedad y como remedio decisivo para la salvación del hombre.
La obra contrapone el rigor de la Justicia con la intervención de la Piedad, que permite pasar del castigo a un orden de gracia más accesible para los fieles arrepentidos.
La alteración del vellón y la subida de los precios sirven para representar de forma alegórica la corrupción de la verdad y el desorden que causan las opiniones heréticas.
España se presenta como reino particularmente favorecido y combatido, cuya estabilidad depende de su fidelidad religiosa y del amparo del Rey eterno.
La Inquisición y el monte de piedad aparecen como instrumentos complementarios para castigar la falsa doctrina y administrar los tesoros espirituales de la Iglesia.