El Hijo o Heredero
Figura central de la acción, heredero de la viña del Padre, que visita su heredad, sufre el rechazo de los arrendadores y acaba muriendo antes de revelarse como fundamento sacramental de la viña.
Antonio Mira de Amescua
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una viña simbólica, probablemente identificable con la heredad divina y la Iglesia, el Padre arrenda sus frutos a unos labradores mientras el Hijo, heredero legítimo, parte y promete volver por la renta. Durante la ausencia del dueño, la Envidia, el Judaísmo y otros personajes corrompen la hacienda, rechazan la obediencia y se oponen al Hijo, que vuelve disfrazado de labrador y halla en la Gentilidad una futura aliada. La obra culmina con la muerte del Heredero, la transferencia de la viña a la Gentilidad y una afirmación final de la Eucaristía, enmarcada además por una profecía del juicio final y del castigo de los rebeldes.
La acción se abre con la llegada de un navío celestial en el que el Hijo contempla, junto al Padre, la heredad que ha de recibir: una viña fértil que representa su patrimonio. El Padre decide arrendar esa viña a unos labradores y fija una renta moderada, confiando en que trabajen la hacienda y respondan con obediencia. Para protegerla queda un Custodio o guarda, mientras el Hijo se ausenta con promesa de volver a cobrar lo debido. Desde este comienzo irrumpe la Envidia, que declara su deseo de adueñarse de la viña y corromperla; en seguida se asocia con otros arrendadores infieles, entre ellos el Judaísmo y figuras movidas por la gula y la codicia, que resuelven disfrutar los frutos, ocultar la renta y mentir al dueño. Queda así planteado el conflicto central entre la generosidad del propietario y la ingratitud de quienes administran su heredad.
Después, el Hijo regresa disfrazado de labrador para observar por sí mismo el estado de la viña y el comportamiento de sus renteros. Encuentra desorden moral, negligencia en el trabajo y una alianza cada vez más firme entre la Envidia, el Judaísmo y los demás personajes rebeldes. En contraste con ellos aparece la Gentilidad, presentada como extranjera que llega cansada y acaba sintiéndose atraída por el dueño de la viña. En el juego del "ave ciega", que funciona como prueba de reconocimiento espiritual, los personajes muestran su verdadera condición: la Envidia y el Judaísmo perseveran en su ceguera y hostilidad, mientras la Gentilidad va siendo distinguida de manera favorable. El Hijo acepta simbólicamente una corona que pasa de flores a espinas, anticipando su pasión, y la relación con la Gentilidad se consolida cuando esta reconoce su error y se dispone a seguirle. A continuación, por mandato superior, la Envidia pronuncia una extensa profecía sobre el juicio final: anuncia señales cósmicas, resurrección de los muertos, castigo de los malos y gloria de los justos, vinculando el destino de la viña con el fin último del mundo y con la separación definitiva entre salvación y condena.
En la parte final se insiste en la exigencia de la renta. Diversas voces y figuras enviadas por el dueño reclaman el pago, pero los arrendadores se niegan, alegan esterilidad de la viña y responden con violencia contra los mensajeros. La Envidia intenta incluso volver a apoderarse del lugar, aunque el Custodio la enfrenta y recuerda su caída. Finalmente llega el Heredero, recibido por coros que celebran su venida; él recrimina al Judaísmo y a la Envidia su rebeldía y declara que transferirá las glorias de su Iglesia a la Gentilidad, que pasa a ser la nueva heredera de la viña gracias a la sangre que él derramará. Los renteros infieles consuman entonces el crimen y matan al Heredero, que encomienda su espíritu al Padre. Tras su muerte se produce la revelación sacramental: el Padre presenta a la Gentilidad admitida en la heredad del Hijo, se descubre al Niño Jesús con la hostia y la viña culmina en imagen eucarística de pan y vino, ante la cual todos son llamados a adorar con fe lo que los sentidos no alcanzan a comprender del todo.
Figura central de la acción, heredero de la viña del Padre, que visita su heredad, sufre el rechazo de los arrendadores y acaba muriendo antes de revelarse como fundamento sacramental de la viña.
Dueño primero de la viña y autoridad suprema que la arrenda, exige la renta, protege su hacienda y decide finalmente transferir la heredad a la Gentilidad.
Principal fuerza antagonista; se declara enemiga de la viña, seduce a los arrendadores, combate al Heredero y anuncia, por mandato, el desenlace escatológico de justos y pecadores.
Arrendador rebelde de importancia decisiva, asociado a la Envidia, que niega la renta, persigue a los enviados del dueño y participa en la muerte del Heredero.
Extranjera que llega a la viña y pasa de la distancia inicial a reconocer al Heredero, siendo finalmente acogida como nueva heredera de la viña y de su Iglesia.
Guarda de la viña, encargado de vigilar a los arrendadores, requerir obediencia y enfrentarse a la Envidia y a los rebeldes en defensa de la heredad.
Figura enviada o escogida para pedir la renta y registrar la viña, vinculada además a la visión elevada y al anuncio de lo que sucede en el horizonte de la acción.
Espacio dominante de la obra; concentra el conflicto entre propiedad divina, arrendamiento infiel, muerte del Heredero y posterior transmisión de la herencia.
Marco amplio en el que se presenta la riqueza del patrimonio del Padre, con viñas, colmenas y lagares que subrayan la abundancia originaria de la posesión.
Lugar inicial de contemplación y tránsito del Hijo, asociado a la Iglesia y al viaje con que el Heredero llega a visitar su patrimonio.
Espacio y ámbito simbólico donde la materia agrícola de la viña se orienta hacia su sentido eucarístico final, mediante la sangre, el vino, la espiga y el pan.
Espacio ampliado por la profecía de la Envidia, en el que cielos, mares, montes y tumbas participan del juicio final anunciado en la obra.
La trama se organiza en torno a una heredad divina confiada a unos arrendadores que disfrutan sus bienes, pero niegan la renta y se rebelan contra su dueño.
El conflicto culmina con la violencia ejercida contra el Hijo, enviado legítimo del Padre, cuya muerte ocupa el centro dramático y religioso del desenlace.
La obra presenta el paso de la heredad a la Gentilidad, que acepta al Heredero, frente a un Judaísmo obstinado que pierde su privilegio por no reconocerlo.
El auto concluye identificando la viña y sus frutos con el sacramento del pan y el vino, afirmado como verdad accesible por la fe más que por los sentidos.
La larga profecía anuncia el fin del mundo, la resurrección, el juicio universal y el castigo eterno de los rebeldes frente a la gloria de los justos.
Diversas escenas, especialmente el juego del ave ciega, muestran cómo unos personajes permanecen en error y otros comienzan a reconocer la identidad del Heredero.