La acción conservada se sitúa en Asís y comienza en un ambiente cortesano de fiestas, justas y galas. Francisco, rico y generoso, prepara libreas y gastos para lucirse en las celebraciones, ayudado por su amigo Bernardo y en parte sostenido por su dinero y su liberalidad. Sin embargo, desde el principio se advierte que su comportamiento amoroso no responde del todo al modelo galante habitual: ama a doña Isabel, pero insiste en un amor casto y rehúsa cualquier consumación deshonesta. Isabel, rodeada por Antandra, Casandra y la criada Dorotea, interpreta primero sus dones y finezas como prueba de galantería amorosa; cuando Francisco declara que la quiere sin intención lasciva y subordina su conducta a Dios, ella se siente humillada y frustrada. Paralelamente, Julio, vinculado a Francisco por amistad, entra en la órbita de Isabel y queda atrapado entre la admiración por su hermosura y la rivalidad amorosa. Desde este arranque se establecen los núcleos del conflicto: la oposición entre amor casto y deseo sensual, la inestabilidad de las voluntades cortesanas y la fragilidad de la amistad cuando intervienen los celos.
La tensión aumenta cuando Isabel, herida en su orgullo, decide desquitarse del desaire de Francisco y favorecer a Julio. Dorotea y Lechuga sirven de intermediarios en estos enredos amorosos, mientras Antandra y Casandra comentan con distinta prudencia el comportamiento de los galanes y damas. Julio acaba aceptando el amor de Isabel y justifica su mudanza por la negativa de Francisco a gozar de la ocasión que se le ofrecía; así, la amistad entre ambos se quiebra. Francisco, al saberlo, se siente traicionado tanto por su dama como por su amigo, y el enfrentamiento desemboca en desafío armado entre los dos, interrumpido por una alarma militar que obliga a los personajes a acudir a la defensa de la ciudad. El texto transmitido no permite precisar con plena seguridad todos los detalles bélicos, pero sí deja claro que hay combate, derrota, prisión y dispersión de los personajes. Francisco y Bernardo caen cautivos y padecen cárcel, mientras las damas quedan en la ciudad, reordenando sus afectos: Antandra y Casandra se inclinan hacia Bernardo y Francisco, e Isabel, después de haber perseguido un amor sensual y mudable, empieza a experimentar arrepentimiento y desasosiego.
La última parte desplaza el centro de la obra desde la intriga amorosa hacia la conversión espiritual de Francisco. En la prisión y después de ella, el protagonista reflexiona sobre la vanidad del mundo, la falsedad de la riqueza, los peligros del deseo y el castigo merecido por haber vivido entre galas y festejos. Se acumulan señales de su futura santidad: personajes secundarios y hasta un loco lo presentan como elegido, casto y ejemplar; más tarde, una visión celestial con armas marcadas por cruces y finalmente la aparición de Cristo le confirman que debe dejar el mundo y emprender una guerra espiritual. Francisco renuncia así a Isabel, a las fiestas y a la vida cortesana, abraza la cruz y se dispone a volver a su tierra para iniciar una existencia de obediencia, humildad y pobreza. A la vez, Julio se arrepiente de su traición y busca perdón, mientras Isabel comprende demasiado tarde la nobleza del amor que despreció. El desenlace conservado no desarrolla toda la vida posterior del protagonista, pero anuncia expresamente que este caballero de Asís comienza a convertirse en un combatiente de Dios, cuya humildad y pobreza serán materia de una segunda parte centrada ya en las glorias de san Francisco de Asís.