Alejandro
Rey y conquistador victorioso que domina la acción política y amorosa de la obra; admira a Diógenes, se enamora de Campaspe y termina enfrentado a los límites de su poder sobre la voluntad ajena.
Pedro Calderón de la Barca
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Grecia ocupada por Alejandro tras la campaña persa, la acción enfrenta la gloria imperial con la pobreza libre de Diógenes, mientras el rey conoce a Campaspe, una mujer que ha matado a Teágenes al defender su honor. Entre la quinta de las princesas persas, el monte y el templo de Júpiter, Campaspe y Apeles se enamoran, pero el pintor calla por lealtad porque Alejandro también desea a la joven y le encarga su retrato. Cuando los celos y la locura de Apeles revelan el conflicto, Alejandro intenta poseer a Campaspe, pero acaba cediéndola; ella corrige ese gesto afirmando que sin consentimiento no se da nada, y sólo al elegir libremente a Apeles se consuma el desenlace.
La acción se abre en Grecia, a la vista de Atenas, cuando Alejandro regresa triunfante de Persia con su ejército y con las hijas de Darío prisioneras. En contraste con la exaltación militar aparece Diógenes, retirado en una vida de pobreza voluntaria, que rechaza la grandeza del conquistador y defiende una libertad fundada en el desprecio de los bienes superfluos. Alejandro, lejos de irritarse, siente curiosidad por él. En esos mismos primeros movimientos se presentan otros hilos decisivos: el episodio del nudo gordiano, que Alejandro corta para apropiarse del oráculo de dominio universal; el anuncio de su futuro matrimonio con Rojana; y la entrada de Apeles, elegido como pintor de cámara por su retrato prudente del rey, capaz de mostrar un defecto físico sin incurrir ni en lisonja ni en insolencia. Poco después, junto al alojamiento de las princesas persas Estatira y Siroés, estalla una persecución: una mujer montaraz, Campaspe, huye de unos soldados acusada de haber matado a Teágenes. Un joven desconocido la defiende y cae herido. Llevada ante Alejandro, Campaspe narra que Teágenes, capitán macedonio, intentó forzarla en su quinta después de haberla visitado con apariencia cortés, y que ella lo mató para defender su honor. Alejandro la perdona, castiga a los soldados y, a petición de Estatira, permite que Campaspe se aloje con las princesas en su quinta mientras dure el peligro de la guerra.
resumen_largo según el orden narrativo, la segunda jornada desarrolla paralelamente tres procesos: la relación intelectual entre Alejandro y Diógenes, el nacimiento del deseo amoroso del rey por Campaspe y el descubrimiento mutuo entre Campaspe y Apeles. Alejandro visita a Diógenes y mantiene con él una disputa sobre quién es verdadero dueño del mundo: el conquistador que todo lo adquiere o el filósofo que nada necesita; el encuentro termina con una humillación moral para Alejandro, incapaz de dar al sabio ni siquiera otra flor como la que la naturaleza produce. Entretanto, Campaspe recuerda con angustia al joven que creyó muerto por haberla defendido; ese joven resulta ser Apeles, que ha sobrevivido y la encuentra dormida en el monte. Ambos se reconocen, se confiesan de forma todavía cautelosa su inquietud y acuerdan volver a verse. Poco después, Alejandro, ya enamorado de Campaspe tras verla valiente y compasiva, ordena a Apeles que la retrate para ofrecer su imagen en el templo de Júpiter como memoria de la vida que ella le ha salvado durante una cacería, cuando Campaspe mata a la fiera que iba a causar su caída. La sesión de pintura reúne a los dos amantes en presencia de las damas; allí Apeles descubre que la modelo es la misma mujer por quien vive atormentado, y Campaspe comprende que el retrato no responde sólo a gratitud política, sino al amor de Alejandro. En un diálogo cada vez más tenso, Apeles le declara que al pintarla la pierde dos veces, como mujer real y como imagen destinada al deseo de su rey; Campaspe, admirada por el arte que duplica su figura, se indigna de que ese don sirva a un amor ajeno. Ambos se despiden heridos, ya unidos por un afecto imposible de declarar abiertamente.
resumen_largo en la tercera jornada estalla el conflicto entre amor, lealtad y poder. Apeles cae en una especie de locura melancólica que desconcierta a todos; Alejandro, preocupado, convoca otra vez a Diógenes para que averigüe la causa del mal, y el filósofo concluye que es amor por Campaspe y celos del propio monarca. Al mismo tiempo, Alejandro intenta acercarse a Campaspe y, siguiendo un ardid sugerido por Efestión, hace fingir que un hijo de Teágenes reclama justicia para prenderla y llevarla a su tienda. Allí quiere vencerla por la pasión y la retórica amorosa, mientras fuera se oye una canción sobre la política engañosa del amor. Apeles, enajenado, irrumpe clamando contra esa idea y termina descubriendo sin querer la verdad de sus sentimientos. Diógenes revela a Alejandro la nobleza de Apeles, que ha preferido consumirse antes que traicionar la confianza del rey. Herido por la acusación del filósofo, que lo muestra esclavo de sus propias pasiones, Alejandro decide superarse a sí mismo y entrega Campaspe a Apeles, presentando el gesto como prueba de liberalidad. Sin embargo, Campaspe responde con una objeción central: una mujer no puede darse como si fuera joya o estatua, porque si no se da el alma, se pretende darlo todo y no se da nada. Finalmente la intriga se resuelve cuando Alejandro, tras recibir la noticia de la muerte de Rojana y el rescate de las princesas, dispone que Siroés vuelva libre a Persia y ofrece matrimonio a Estatira; Campaspe da entonces la mano a Apeles por voluntad propia, subrayando que ahora sí el consentimiento convierte el don en verdadero. Efestión queda unido a Siroés, Diógenes regresa a su retiro y Alejandro reemprende la marcha militar, habiendo aprendido, al menos de manera parcial, los límites del poder frente al albedrío y el amor.
Rey y conquistador victorioso que domina la acción política y amorosa de la obra; admira a Diógenes, se enamora de Campaspe y termina enfrentado a los límites de su poder sobre la voluntad ajena.
Mujer criada en el ámbito montaraz, valiente y celosa de su honor, que mata a Teágenes en defensa propia; despierta el amor de Alejandro y de Apeles y acaba afirmando su libertad de elección.
Pintor de cámara de Alejandro, célebre por su habilidad artística; se enamora de Campaspe, calla por lealtad al rey y sufre una crisis de locura amorosa que precipita el desenlace.
Filósofo retirado que vive en pobreza voluntaria y sirve de contrapunto moral a Alejandro; desenmascara la dependencia del rey respecto de sus pasiones y ayuda a esclarecer el mal de Apeles.
Una de las hijas de Darío, prisionera de Alejandro; acoge a Campaspe en su quinta y participa en la trama amorosa y política hasta quedar destinada a unirse con Alejandro al final.
Hermana de Estatira y también hija de Darío; comparte la cautividad, interviene en escenas de conversación y cacería y al final recupera la libertad para volver a Persia.
Confidente principal de Alejandro, mediador en la intriga amorosa y política, y ejecutor de varios encargos del rey; el desenlace lo vincula matrimonialmente con Siroés.
Figura cómica vinculada primero a Apeles y luego al entorno cortesano; aporta información, comentarios burlescos y sirve de contraste con los conflictos nobles.
Capitán de Alejandro cuya tentativa de violencia contra Campaspe desencadena buena parte de la acción; aunque muere antes de comparecer en escena plena, su muerte motiva la persecución judicial posterior.
Marco inicial de la acción militar y política; allí se celebra el triunfo sobre Persia, se presentan las princesas cautivas y se articulan las decisiones del rey.
Espacio cortesano de cautiverio noble donde se acoge a Campaspe; concentra encuentros, músicas, conversaciones femeninas y la sesión en que Apeles la retrata.
Ámbito natural asociado a la libertad de Campaspe, a la persecución de los soldados, a la caza y a los encuentros secretos entre Campaspe y Apeles.
Lugar de pobreza extrema y autosuficiencia desde el que el filósofo cuestiona la vanidad del poder imperial y dialoga con Alejandro.
Espacio sagrado relacionado con el nudo gordiano, los oráculos del imperio y la promesa de colgar el retrato de Campaspe como memoria de la salvación de Alejandro.
Centro de mando y escenario del clímax final, donde Campaspe es llevada mediante engaño, se descubren los celos de Apeles y Alejandro adopta su resolución definitiva.
Residencia apartada en los montes donde Teágenes intenta forzarla; funciona como origen narrado del conflicto de honor y de la muerte que la convierte en perseguida.
La obra insiste en que ni la grandeza de Alejandro puede disponer por completo de la voluntad ajena; Campaspe afirma que sin consentimiento no hay don verdadero.
Apeles ama a la misma mujer que su rey y calla por fidelidad, mientras Alejandro oscila entre el deseo posesivo y la generosidad; el drama nace de esa tensión entre pasión y servicio.
La acción de Campaspe contra Teágenes se presenta como respuesta a una agresión contra su honor, y ese hecho condiciona su posición moral durante toda la obra.
A través de Diógenes y de varios episodios, se relativiza la gloria conquistadora de Alejandro y se muestran los límites de un poder que no puede dominarse a sí mismo ni crear lo más humilde de la naturaleza.
La pintura de Apeles no es un adorno secundario, sino un núcleo de la trama: el retrato media entre verdad y apariencia, deseo y posesión, copia y presencia viva.
El sufrimiento de Apeles degenera en delirio y desorden corporal, y los celos de Alejandro amenazan con volverse violencia; ambos muestran la capacidad destructiva de la pasión.
Alejandro quiere presentarse como monarca liberal, pero la obra problematiza esa liberalidad cuando pretende extenderse a una persona, no a bienes materiales.