Pedro Crespo
Rico labrador de Zalamea y padre de Isabel y Juan; defiende con firmeza su honra familiar, es elegido alcalde y juzga al capitán que ha deshonrado a su hija.
Pedro Calderón de la Barca
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Zalamea, durante el paso de las tropas hacia Portugal, el capitán don Álvaro se aloja en casa del labrador rico Pedro Crespo y se obsesiona con su hija Isabel. Tras fingimientos, rondas nocturnas y el amparo pasajero de don Lope de Figueroa, don Álvaro vuelve de noche, rapta a Isabel y la fuerza en un monte cercano, mientras Juan hiere al capitán al intentar defenderla. Elegido alcalde, Pedro Crespo procesa al agresor, le pide en vano que repare la honra mediante matrimonio y, al negarse este, lo ejecuta; el rey confirma después la justicia del castigo y premia a Crespo con el cargo perpetuo.
La acción comienza con la llegada de una compañía de soldados a Zalamea cuando el rey se dirige hacia Portugal y el tercio debe detenerse en la villa. Entre los habitantes destaca Pedro Crespo, rico labrador, celoso guardián de su honra y de la de sus hijos, Isabel y Juan. En su casa se aloja don Álvaro de Ataide, capitán arrogante que, alentado por la fama de la belleza de Isabel, procura verla y acercarse a ella. Para conseguirlo, finge con ayuda de sus hombres una pendencia que le permite penetrar en la estancia donde la joven se había retirado. El engaño provoca un fuerte conflicto con Pedro y con Juan, pero la llegada de don Lope de Figueroa, superior militar de gran autoridad, contiene el escándalo, castiga al soldado cómplice y decide alojarse él mismo en casa de Crespo. Desde ese momento queda planteada la oposición central entre el poder militar nobiliario, representado por don Álvaro, y la defensa del honor villano, representada por Pedro Crespo.
En la segunda jornada, don Álvaro persiste en su deseo y convierte su interés por Isabel en una persecución cada vez más peligrosa. Envía recados, ronda la casa con músicas nocturnas y aprovecha la inminente salida de la tropa para preparar un ataque. Mientras don Lope parte con parte del tercio y Juan se incorpora a su servicio como soldado, el capitán vuelve secretamente a Zalamea con algunos hombres. De noche, cuando Pedro, Isabel e Inés están aún a la puerta de casa, don Álvaro irrumpe, rapta a Isabel y la lleva a un monte cercano; Pedro intenta seguirlos, pero es reducido y atado a un árbol. En el monte, el capitán fuerza a la joven, pese a sus ruegos y resistencia. Poco después llega Juan, que hiere a don Álvaro en defensa del honor de su hermana, aunque no puede rematar la acción por la llegada de los soldados del capitán. Isabel, deshonrada y desesperada, encuentra a su padre atado al amanecer y le refiere lo sucedido; Pedro, lejos de matarla, decide protegerla y buscar justicia, mientras recibe además la noticia de haber sido elegido alcalde de Zalamea.
Ya investido con la vara de alcalde, Pedro Crespo descubre que el capitán herido ha vuelto ocultamente a la villa para curarse. Antes de recurrir a la violencia judicial, intenta una salida reparadora: a solas con don Álvaro le suplica que se case con Isabel y le ofrece toda su hacienda para restaurar su honra. El capitán rechaza con soberbia la petición, desprecia la condición villana de Crespo y se niega a reconocer obligación alguna. Entonces Pedro lo prende, encarcela también a sus cómplices y hasta a su propio hijo, para que la justicia no parezca parcial, e instruye un proceso. Don Lope regresa irritado y trata de arrebatarle al preso, pero Crespo sostiene que el ultraje se ha cometido en su jurisdicción y se mantiene firme. Cuando llega el rey y examina la causa, ya se ha consumado la sentencia: Pedro ha mandado ahorcar a don Álvaro. Aunque se discute si correspondía otro modo de ejecución por la calidad del reo, el rey reconoce que la sentencia está bien fundada y confirma a Pedro como alcalde perpetuo de la villa. Don Lope acepta el desenlace, Juan es reintegrado al servicio, e Isabel queda encaminada a un convento, con lo que la obra concluye afirmando la superioridad de la justicia y del honor sobre el privilegio nobiliario.
Rico labrador de Zalamea y padre de Isabel y Juan; defiende con firmeza su honra familiar, es elegido alcalde y juzga al capitán que ha deshonrado a su hija.
Hija de Pedro Crespo, presentada como joven hermosa, honesta y recogida; es perseguida por don Álvaro, raptada y forzada, y su agravio desencadena la acción principal.
Capitán alojado en casa de Crespo; movido por deseo y soberbia, acosa a Isabel, la rapta y viola, rechaza reparar el daño y acaba ajusticiado.
Jefe militar del tercio, soldado veterano y autoritario; media al principio entre militares y villanos, aprecia a Crespo y al final acepta la sentencia dictada contra don Álvaro.
Hijo de Pedro Crespo y hermano de Isabel; joven impulsivo y honrado que hiere a don Álvaro en el monte y luego entra al servicio de don Lope.
Soldado gracioso y hombre de confianza de don Álvaro; participa en los engaños y en el regreso nocturno a Zalamea, y es después preso e interrogado.
Mujer ligada al ambiente soldadesco, compañera de Rebolledo, cantora y figura cómica; acompaña a los soldados y termina también presa por su implicación en los hechos.
Prima de Isabel y presencia habitual en las escenas domésticas; acompaña a la joven y sirve de apoyo y testigo en varios momentos de la acción.
Monarca que llega al final de la obra, revisa la causa ya sentenciada y confirma la justicia esencial del castigo impuesto por Pedro Crespo.
Hidalgo pobre que corteja sin éxito a Isabel al comienzo; su papel es secundario, pero ayuda a perfilar el contraste entre hidalguía, pobreza y honra villana.
Villa extremeña donde se aloja la tropa y se desarrolla casi toda la acción; en ella chocan la autoridad militar y la justicia local.
Espacio central del conflicto doméstico y social: allí se aloja don Álvaro, se protege a Isabel, se producen las tensiones con los soldados y se manifiesta la defensa del honor familiar.
Paraje despoblado donde don Álvaro lleva a Isabel por la fuerza, donde Pedro es atado y donde Juan hiere al capitán; concentra el momento más violento de la trama.
Lugar de ejercicio de la justicia municipal en la tercera jornada; allí Pedro encierra al capitán y a sus cómplices, sustancia el proceso y ejecuta la sentencia.
Espacio público donde se cruzan rondas, músicas, cortejos, pendencias y el rapto nocturno; funciona como frontera entre el ámbito doméstico y la violencia exterior.
Lugar de relativa concordia en la cena con don Lope, antes de que el conflicto se agrave; muestra temporalmente la hospitalidad de Crespo y la convivencia entre ambos mundos.
La obra gira en torno a la pérdida y restauración del honor de Isabel y de su familia, entendido como un bien moral superior a la hacienda y aun a la vida.
El conflicto culmina en un proceso judicial en el que se discute quién tiene autoridad para castigar el delito, y se afirma que la justicia debe prevalecer sobre el rango social.
Don Álvaro usa su condición de capitán y la fuerza de sus soldados para entrar en la casa, perseguir a Isabel y cometer la agresión, mostrando la violencia del privilegio mal ejercido.
Pedro Crespo reivindica que un labrador honrado posee la misma opinión y dignidad esencial que un noble, aunque no compre ejecutorias ni privilegios.
La obra enfrenta la autoridad del alcalde local con la del capitán y con la justicia de guerra, especialmente en el debate con don Lope y en la llegada final del rey.
La acción muestra el acoso, el rapto y la violación de Isabel, así como las consecuencias morales y sociales que el delito tiene para ella en el mundo de la obra.
La llegada del rey permite validar y cerrar el conflicto, confirmando desde la autoridad suprema una justicia que había surgido en el ámbito local.
A través de Pedro, Juan y don Mendo se contrapone la nobleza heredada o fingida a la valía personal, la riqueza honrada y la conducta recta.