à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mártir valiente en Roma, San Jorge. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-martir-valiente-en-roma-san-jorge.
1
1048
El Mártir Valiente en Roma
Comedia en 3 jornadas
(En la cubierta pone: De D. Alejandro de Arboleda)
Leg.º 26 19
de don Alejandro de Arboleda. Comedia del mártir valiente en Roma San Jorge año de 1633 Los versos que tiene esta comedia son 2433
Hablan en ella las personas siguientes: El emperador Diocleciano Segundo emperador Maximiano San Jorge Loro lacayo Hipólito capitán de la guarda Mario viejo Artemio mago, viejo La emperatriz Alejandra mujer de Diocleciano Flavia dama Un ángel El príncipe Un niño por Jesucristo de niño Unos soldados Unas ninfas Gente de acompañamiento
Salen Mario viejo, y Polón capitán de la guarda, Maximiliano galán a lo romano con el dado antañón su San Jorge. Coro, y soldados Jorge con memoriales
Dadme los memoriales.
De que os ciñó la imperial corona,
dos años ha el anillo
los caballeros.
Rica hace engastillos,
saquen le a Dios.
Dame a devoto,
Fabricio, engreído, su justa, dardo insufrible,
que le he dado.
Disgusta,
su caínzo variable.
Es de Aquiles.
Rompe el papel, y balce los nudos de ellos.
Este es mi justo castigallo,
con el desfallecido Emilio,
si bien me mandó a mí, que le diese
abrazos.
Pues si repasa...
Todo me lo ha dicho, y en él pide.
Mal mi amor ha resuelto, que en él mude
mi cierto Jorge fiero,
que a morir a mí me despidiera.
¿Dónde está?
Huye luego,
y me deja.
De amor pierde el halago.
Señor altivo.
¿Qué es?
Nos quiere despachos.
A humo me traen y a machos.
Vive el águila real quieta y segura
porque las armas en las alas lleva;
del Alción Océano el mar eleva
cuando en las ondas anidar procura;
pace el león, disculpa la hermosura,
porque el rigor de amor rigor no prueba,
y un arroyo claveles villa nueva
no enturbian ranas, como el clavo dura;
vive seguro el que desdicha llora,
porque no espera ya dicha ninguna,
y muriendo asegura el que la adora,
pero lisonjera mi estrella inoportuna,
oh fiero león, águila altiva, cede y fiera,
y fieros y altos que rinden coronas.
Descúbrese un trono donde estará Diocleciano, emperador de Roma, coronado de laurel, y un bastón en la mano; en un lado un león durmiendo, y al otro en dos peanas dos dioses, Júpiter y Marte.
Dejad bajar el rigor,
vencéis porque me queréis,
si el favor que me ofrecéis
mata de pena el favor.
¿Qué es esto? ¡Válgame el cielo!
¡Qué sombras de deidad llenas
turban la sangre en mis venas
y las transforman en yelo!
Favor.
Que muertes previenen
y levantan cada planta.
Vencedores.
Quien nota y piensa.
Venza de todo,
nos enseñe a
nuevos rigores.
Pues de hoy
he castigar los cristianos
con valor de las manos.
El guion.
Yo la corona imperial
de la cabeza te pondré,
pues mi valor alivió
poder culpa igual.
Venza el gran Dios.
Castigaré
con agudo y soberano.
Bajan las dos tramoyas y asientan en medio a Maximiano.
A coronarle voy, sin saber
su enojo.
Yo, de Roma, este
romano con el laurel
a su valor tendré,
pues con desdichas un
mejor acierto general.
Y el bastón con que al mundo
victorioso goberné,
pues al imperio le rindo.
Juramos que en Oriente ya,
que a coronarle va a ser por cura.
El romano ha de ser,
pues siempre pide valor.
Suben y corónanle igual corona le pone Maximiano y un bastón.
Pues yo siempre el laurel
concedió, y por gozar de nuevos
gozan de favores perfumados
en los tristes vuelos y tronos.
De poneros en mal corazón
qué bando y fiero al
que de aliento al olvido
malogre de hallar motivo
más increíble avilanteza.
Pasos y rayos mi persona.
Sale apresurado Diocleciano.
Sale Jorge y se le ha traspuesto.
Vencidos y mirones
Maximiano, a tal mudanza.
Y miro.
Siendo un ay.
Muere el villano Decio.
Cómo callo si en esto...
Aun de decirlo los
dos patricios romanos
cebo de gustos absorbo.
Por qué el cruel minero
quiere a los cristianos.
Va a entrar y se detiene al ver al emperador.
Vete.
Señor.
Dónde, de esa Roma,
mi enojo y su desmesura,
oír de aquel más fiero.
Vuelve.
Leal vasallo.
Siento que un corazón.
Aunque el más me abona,
si no queréis a su fondo.
No ofendáis al rigor
mi justísima clemencia.
no hay mayor evidencia
ni averiguación mayor
que en las propias manos ver
el daño, amado vasallo.
Consuelo breve me diste.
Tú mismo has dicho,
quien augusto, y leal
en prisión, a do aspera y fiera
siempre al dolor,
no creyera
de cristiano y desleal.
Que a tu castigo está
pues castiga, Máximo.
Tu nobleza, amigo firme,
y un fiel vasallo.
A saber, señor, tan grande,
con que pondera mi amor.
Los soldados.
Señor.
Vase.
Haced pregonar, Jorge, y mande
Que el que guardare a un Romano
cristiano, y ha perdonado
la impiedad de Maximiano,
viva el mundo a las vidas
Maximiano emperador.
De muy buenas veras, señor.
¿Tienes que Roma reciba
ante un propicio numen
un desprecio de canio rudo?
Por la devoción o disimulo
por si ofende en Dios a mí.
No ha de pasar el padecer
Jorge tu yerro el modo
porque en mi amor dice y sobra
de a pie sufre el rayo
a lo tierno el crecer
en dicto Dios revela
y me engañas, o atreves
porque no tienen mi grado
luego hay quien sienta rigores.
Alégrate Roma que tienes...
Que consuelo as
que hoy vais vengado a mí
en do de dicha dos mueren
y luego vengando a un vienes
no pienses que le has de hallar
si ha de amar, y probar
que aunque remedio alcanza
la caída en la privanza
que a lo mejor en amar.
Vase.
Dime pues el bien o mal
tiene alegre tu de dicha
que a un Dios adoro y dichoso
y le ha de reparar a mí.
No pruebes lo que aquí
la fe piadosa que hoy pondero
la suspensión me previene
del que asiste alivio abre
como cuando fuiste el pobre.
las Riquezas, si previenen
de mi firmeza propia,
iguales, de fino advierto
con que no pierden momento
ni el furor en la cólera
amor de fortuna abona
el lazo tan manifiesto
sino al daros al opuesto
ni en no amaros disfraz
que nunca el prolijo amor
es mejor por ser más presto;
y porque adviertas, amigo,
que me prevengo a daros
la máquina de este imperio
a Roma, y a los hados
Patricios nobles, plebeyos,
leales a Maximiano
en días, que a sus primeros
vieron de mi Aníbal,
si el adverso en contra
hace verdad el engaño,
que la codicia en los buenos
es quien los pone más altos;
cristal de humilde zafiro,
rehusará imperial lauro
ocasión que hace noble,
la que ilustra a un villano.
Maximiano viva leal.
Leales a Maximiano.
Viva el prefecto más noble.
Viva el noble más villano.
Aquí adviertas, amigo,
del amistad, que os guardo,
la gloria de mi estado,
y los favores que pago.
Con un guante, que el César
me ha dado, sirvo en palacio
de Camarero privado
en cultos lazos, y ocultos.
Amigo, mucho me debo,
si une el cielo a mi lado
a un príncipe tan bizarro,
que pague favores raros.
En el peso, y aprecio,
que es digno de un imperio,
único, y solo fiado
allé mis fatigas, libro.
Yo llego a verme tan alto,
por premio, que de favor el cielo,
luego prescribe a los astros.
Alejan. B.
Como lloro.
En sus fatigas,
soberano Dios me hallo.
Por descuido engendra amor
una mi llama, de faro
de Bautismo.
Porque toma
arde en un sujeto extraño.
Y al fin del primero daño.
¿Qué queréis?
No aquí entramos,
Señor, dende hablamos,
y de mí sean olvidados.
¿Qué hace la emperatriz?
Que por unos reza años.
Hónrase en el cristianismo.
Cuentan que muchachos hay,
que al estar todos de gozo
comen orejas y manos
de los cristianos; y presto
beben de su gran regalo.
Que han de ser regalo,
porque no quede ya en Roma
hombre de provecho sano.
Pocas son sus injurias,
falsos sus agravios,
honras, aquestos desdoros
que logras; aqueste trabajo
breve en su señorío,
dichas en embarazos,
falsos en aficiones
y mueren en daño.
No temed, cristiano, que es
a un Dios que sirves tan humano,
por ganar y gozar
y por mi temor; que mi logro
hará curar tales sus fieros
dos racionales y vanos.
Ve a Alexandra, y di que luego
a verla y a hablarla paso.
Amenguarán las orejas.
Iré con fiero callado.
Sin recelo iré a callar.
Fuerte cruz, el sol cristiano vale,
sube la piedra, que el cimiento es vano;
groseros alcores, que a violencias sube,
y ciego el rayo la preñada nube,
y miente el trueno, si aparece ufano.
A nadie parece fiel, si hay cristiano,
como vos, censo sin ningunos rumbos,
y los pies apostáis, dosel querube,
puesto hoy callo, como a Dios no gano.
Alma acosada a aqueste golpe, cuando
no temo de vos, en Dios careciendo,
que para triunfar en la cruz, destellamando,
sube al pez, buey, cruz: muriendo,
será el agua, si el martirio va sano;
la misma clava, que a pedazos subiendo.
Sale Flavia dama, a lo romano, bizarramente vestida.
Tu Jesús, Jorge, a Flavia...
Amor infunde, que a su ofensa
no puede quien el alma
vende a la vista esta
como el...
que en su llaneza
cobran infamias,
allí con mi amor correspondan;
vuelve el divino, que quiero
hablemos.
Fuerte, animoso, gallardo,
crece tampoco cordura...
Si alguna vez, Flavia hermosa,
en el fuego de tu sol
me calenté mi crisol
y me abracé mariposa,
fue por causa de entender
que adoraba deidades;
votos y ruegos, llantos y piedades,
ciego adoraba y no a mujer.
La mentira de mujer,
porque a sus pies en un amante
eche venganzas de elefante,
al corazón mujer depende
ignorar mayor diamante.
A mí, oh Flavia, llanto y ruego
niño me da el parecer,
nunca a una ingrata mujer
llanto adoro, y a esto llego.
Tú sabes si proezas
en esto mis deidades,
mis leyes, mis justos deberes
solo un amigo es gran...
Nunca creí que el amor
fuera dolor tan severo
que espantara a un primero
la vergüenza en su temor.
El querer no da una calma,
por otro respeto suspiro,
si no hay ley sobre el querer,
ni prevenciones sobre el alma.
Y así, Jorge, si tú me quieres,
entra a trances parejos,
que no te dé alborozos
si alguno de tus...
Pero yo bien claro advierto
según veo, oh generoso,
que quisieras con tu esfuerzo
la última mano correr.
Jorge, en amor el secreto
es de un hidalgo cuerdo,
que jamás fue amante perfeto
el que nunca se aventura.
Mas porque conozcas que
cuando mi amor agravias
y de los honores de tus laureles
tienes de guardar heroica fe,
bien puedes ingrato armarte
contra mi amor de desdén,
que si a ti te pido bien
es imposible el olvidarte.
Me admira que, Flavia, a un ruego
tantas mentiras consiga;
la mentira de su fuego
dio menos vicio en ella.
Pues a luz mayor
y a luz que la más lucir,
el amor que puede morir
no es de un generoso amor;
y así, Jorge, de tu suerte
haz al querer un desengaño:
mejor es creer un daño
que no sentir una muerte.
¡Ay, mi dolor!
¡Ay, leal!
eres falso
soy constante
mudan ya
soy diamante
pobre eres
soy principal
pues pierdes
mucho gano
pues por serviros
es justo
pues me quieres
es puro
a quien
de Maximiano
Marcia, este es Jorge a quien
Sale Alejandra y Romana
el cielo tanto previene
Roma, todo el mundo, no tiene
el cristiano más gallardo
yo llego a hablar
Señora
Alegrome de aquí con
beldad
señora o paje
de un imperio la más áurea
pasadme a despojos
los rinde Roma
Marcia
el mío, beso esas
por favor muy singular
por mi salud que guarde
y a vos las ansias rindo
pero yo ofrezco la vida
y la vida venerandos
mil años os guarde el cielo
con ruegos a los milagros
por el cuidado y favor
a mis desdichas que pelos ape
Ven, Flavia, porque a quien
hablar a Jorge
este mes ape
y a medio
Confieso error
no sirvas, aquí me espero
mujer soy, que me agravo
ante aparto el oído
y quedo te
mira a Flavia la ira
Yo resolví, doña Flavia
que después, Jorge amigo
que dudo de enos ver
producir de la nieve
y en el vicio respondo
al jardín salí
y al ver en hermosa flor
que va encima Criador
flor que de rosa y a mí
Dios quiso vello clavel
que aun de su carmín me advierte
en lejos sangre y muerte
te agrado mi inocente Abel
a Jorge en las que a las
de las flores que miro
por mí los muros respiro
amantes de mil traiciones
vale que suave
y un ave el visto ánimo
que es gran día el que me animo
y no en honra calle
han dado las hierbas del
infinito alabanza
Que agravios al cansar
Tanto bien como os pesará
dando mil voces, Señor
Millar, y el Evangelio hice
y el hombre por condenar
Con unos y otros.
Deja que os bese los pies
pues felices mis pesares
si fue con remates
en quien tan oro llaves
Avanza
Que honor
Tesorar
Muy bien asé
y del corazón le
muy de prisa Jorge ya
Todo es de entender
Si en agradaros mi velo
Quieran Señor conceder
A mi suplica el deber
Para confesar soberano
y por menos no me aflijo
Favor es que el dirijo
A darme mayor dominio.
Cuándo ha de ser Jorge el día
de mi reparación,
y que espere el corazón
con bríos de alegría
Un pedir
Y sea
la ejecución, Venzamos
Amor es, mi dolor
Cerca mi ruina está.
Sale Diocleciano, con corona y cetro a pie
Alexandra y el piadoso
hablado a solas. Van
confusos, y hablaban
en mi agravio. Siento
pues es curiosidad
y temen, cuando veo
A mi Alexandra, celo
y quiero llegar, hablad
que no castigar procuro
mi fe tan conjurada
y aunque de Alexandra hienda
en luz, voy seguro.
Bien se sienta, que el mal
empeceis no pequeño
y que mucho más violento
más al peligro voy.
Pues os conquisté dulce
para dar por dos la vida
y viéndola bien perdida
la muerte nada ha mudado
Vive, que si aunque el rigor
mi fante honor consume
con verte señora firme
seré mi vida mayor.
¡Ay de mí! ¡Tan cruel dolor!
Celo sañudo o tormento, porqué
mas es mucho dolor que supe
y de amantes verdades.
Nada aparté lo moral
aunque no he escuchado
Por que siempre un desdichado
llore su pleito en mal.
Jorge baje a presidio
no os admire ingratitud
que no fuere en mi virtud
ejecutar tal exceso
yo el siempre seré
y a quien verdad probé
pues la fe me es patente
jamás perder la fe
y aunque mude mi fortuna
alcanzos con firme muerte
en duda de varia suerte
siempre tengo de ser una.
que tanto infortunio goza
que es cierto tal desventura
ay hombre poco segura
ay rocas piedad no os conoce.
el rey prende los caballeros
basta a hacerlos mil pedazos
dame los pies
con los brazos
mi dicha, y mi amor advierte
estoy a pesar del todo
desdichado cuan desdichado
estoy rigor del cansado
no hallar al vivir modo
Para mi deshonor veo
y mi pesar me asegura
que un vil querer mi ofensa
y a mis fieras atentas a la otra
Fiero sirviente el mal me trata
y con el vil consuelo poco
que acostumbrado al veneno
ya el veneno no me mata
gracias el Juez que previene
llegar antes que de todo
Vanse, por escondidos
yo el posible, y allegado
a gozar de aquellas vidas
que aquel ídolo sangriento
dame, y vamos pues
hoy en dichosa prisión
mi segundo nacimiento.
Son mis bravos arrastralos
que yo con mi deshonor
y yo con mi desdicha
sintiendo mi muerte estoy
Y tu Flavia, ya me ofende
cierto esta que la escuchó
que de tal traidor
que encierra el castillo
Ahora para mi afrenta
que mayor consuelo halle
que mujer que ofensa hace
y mujer por ser la mía
El cautivo Dioni Jorge
es el fino monarca
cuantos de dos dañan
desdicha engendra el amor.
causa quien dio los cielos
Por singular turbación
Mas tu que a un despechada
que uniendo tan necio amor.
Huyamos a mirar afrenta
que ya no encubre pavor
a la patria que la ofendo
no las padezco y error
de las pendencias penas
que dudad, y hablando unos
sino que por que se os avise
el uno ni otro del dolor
de huir que a los y dichos
dal agravio en los dos
y que al Autor ordene falses
Como yo, a mi Condición.
Pues por Dios después
en blanco aqueste Renglón
y le dome quien le diere-
no a mis desdichas voy.
Yo quise a Jorge por Jorge
Uno de los orientales
el Alma que hermoso talle
de un enorme mejor
que querer no por querer
sino lisonja ignorancia
y por vengar hacer vuestra
pecado Contra el amor.
Encierro de mis penas
el aumento y escucho
mil voces, y suspiros
mentidas sin sabor.
Vive con esperanzas
de la vida, y que aunque sobre
Celo del alma os priva
y postras del rigor.
El cuidado en mi la duda
Por dudarle ahora hallo
quien escucha y vos huye
Y aura que se ha de dar perdón
si me paga estos Cuidados
a mi Amor comprendio
el alma solo lo sabe
declararlo no es valor
Por que si vive, y es ingrato
ame, a amor doy ocasión
a que digan que es mas onable
pues no me estima que yo
caiga sepulcro que adoro
A Roma dame mejor
y que me deja por ella
sabiendo que la quiero yo.
Y en desearle suban
los que amado le ven
yo que le quiero pues le quiero
con mi error que es mayor
porque aunque mi Amor huyera
y me olvidara, soy yo
quien le di el favor primero
y delo a quien quisiere dador.
Mas vivo, ahora es paz labrando
destrozo y afición
bien vendrá, de constante
de animoso, de feroz.
Yo a Jorge pasando amante,
seguir amante de su
publicar robusto pecho
y mentir que quiero favor.
Desisto, y si el agravio
hoy corre parejo, si
tú ofendida gozar puedes,
y yo lo haré a mi fineza.
A un soberano celar,
si descubre su perfidia
a lo que oy se ha dicho,
flaqueza coge atributos,
el cargo de la venganza
déjale en mí, mujer soy
celosa, y bastando muero,
tomo, si el brazo
ministro, porque el mismo
de su lazo, y de su cuerda
a Jorge, y al ruego suelto
fuere hoy sacar de él los
o sacarle de su centro
lazos, con su propia voz.
Muerto respondo vivo,
Alexandro te ofendió,
él es la Circe que encanta,
él el que engaña, Señor.
Muere, Señor, quien te ofende,
y venga con el bastón
castigo quien argüirá
la infamia de los dos.
Aquel tiempo de crueldades,
exale ya indignación,
viertan rigores, y espantos pidan,
brotan excesos de horror.
Maldiga, ¡oh Dios Santo!
el callar, si que falso
en la piedad el pecho
con la ley en disimulación.
Para su muerte inicua,
y tanta envidia al Sol,
y se aprenda de mi venganza,
y se asombre de mi furor.
Vase.
Espera, ¡oh Laura, espera!
víbora que da muerte, aleve airosa,
que engañosa atesora
y el aguijón clavado al alma deja
toda vestida de auroras.
Y cuando celos oí quejarse ansioso,
mortal os contesto,
entre el rigor con que de amor me agrava
fuerza de tormentos.
Muerto me juzgo yo, severa llama,
y que sienten mortal pregona,
llagándome el honor, y Laura ahora.
No fue en vano la calma,
y el pensamiento de plausible error
no fue ilusión del alma,
no fue fábula, no, mi fantasía.
Pero vengue mi gusto
del arrojado y fácil de mi esposo
Muera el traidor aleve,
con su sangre revuelto, hecho pedazos,
Pague hoy mi dolor
que gozó de mi esposo infames lazos
y no hay mayor desdicha
que padezca el mal por mí la dicha
por funestos acasos
con prudencia igual a la osadía
Pero que honor aprieta
que su amor, y rigores enfría
Muera sin duda airada
la villana, quien tanto me ha ofendido
o la idólatra ingrata,
Dará pronto fin, la criada
en vano alivio trato,
a Jorge no hay valor, Dioses ayudad
ya el sueño me condena
Duérmese en una silla
Sale Maximiano con Ministros y Pajes
De la humildad del nido
Alegre sale a visitar las flores
Pájaro despedido
que en soledad de madre arrulla amores
e intrépido en el vuelo
pasó de la respiración al suelo
Salí de mi Palacio
Olvidado del bien de la fortuna
a solas con mi mal
aun el cerco de plata de la luna
y al llegar a su esfera
cayó arrebato a la locura
En este yermo
Miren mi desdicha, y mi inocencia
Dadme cielos, sin dicha, Paciencia
Para sufrir con valor
aunque a un fuerte trance tan grave
Serena en sueños
Muera este ingrato, Muera
no se alabe mi rigor, que me ha ofendido
o su quejoso espero
que ya sigue a su traición, sea convencido
y a su sangre rigor
Mueran ingratos, Mueran los traidores
Con qué rigor inhumano
Dice de mis recelos
los públicos recelos
me amenazan a ofender
a causar mi ruina
en mi pecho la lealtad
No con tal seguridad
mi ciego pecho durmiera
Con qué fiero, o de qué suerte
se ve a mi pesar advertido
el vil sueño que he dormido
Pudiera darle la muerte,
si espada de luces aquí
no la envaino, así paz
dándose a entender que tiene
la lealtad que vive en mí.
Pero en lance tan pesado,
cuando recuerde, advierta
que me rendí a su poder;
cuando mi coraje airado
lo ha de ver, y advertirá
a mi humildad y mi honor;
que siendo más su rigor,
ha de ser mi lealtad más.
Cantan dentro
Llegad, hombres, al agua,
que vida da de vida, y vicio muere;
verted de dulces fuentes
que nace de un cordero cuando muere.
¡Qué dulcemente a mi oreja...!
Caso nuevo, que el esplendor...
Cielos, ya yo espiraré,
rindiendo, pues, mi porfía,
en asombros de adormido.
¡Ay!, que el eco...
Despierta
Me he turbado.
Dejad manos, sin ventura,
por ley no más rompida.
Perdone, por parecer
que quise ser su homicida;
y más te ofendió en la vida
quien pudo y no te dio muerte.
Postrado a los pies
en mi humildad hallará;
que donde verá
tener a la par del corazón
dale en piedad mi aliento,
pues sin el tuyo no vivo,
verás que me postro altivo,
postrado a tus pies me postro,
que un ejemplo he dado
y de hinojos, inclinado,
daros muestras de obligado,
como yo de agradecido.
Levanta, y recibe el cetro
pues con acción tan piadosa
tiene lealtad prodigiosa
el padrón de tu desvelo.
Para que yo de las leyes
y resucite mi fama,
ya que ambos me llamo
ya que a mucho me obligo.
Abre los brazos, que en ti
pues que lealtad he hallado,
a tal quiero vasallo
cuando vasallo perdí.
Cantan
Ríndese flor del cielo
al que mereciere.
que eleva dulce furor
de una bella aurora.
No sufre el sentido humano
tal suavidad y esplendor.
Causa nuestra superior
esfuerza tanto arcano.
Ven conmigo.
Luego voy.
Son verdades o ilusiones,
marte de estas confusiones
me saca.
Confuso estoy.
Vanse.
En cantando se ha de abrir en balcón triunfal
donde estarán el pontífice bautizando
a Alexandría, y Jorge con una fuente,
bajará un ángel, por un torno, en una tramoya y
pondrá unas coronas en la cabeza de Alex.
Alexandría, este favor
no tiene de qué admirarte,
que una obligación apremiante
costó mucho tu redención;
a darte el agua de gracia
permite el piadoso cielo
que venza el pagano recelo
tu tan gentil pertinacia,
y de pontífice me elijo
recibe el don soberano.
Padre Santo, deme mano
para darle un mi asenso,
dichosa yo pues tal cielo
en tanta bajeza veo.
Gloria y honor a mi Dios,
a quien humilde me postro;
gran persecución le aguarda
en Roma.
Poca será,
cuando el alma armada está
de fe que no se acobarda.
Para ti, Jorge, el rigor
más aprisa se previene.
Dichosa el alma, y gloria tiene
en ese rigor, señor.
Y al César alarga, toma
este bastón de consuelo.
Poco importa que atierre
el mártir valiente en Roma.
Fin de la Primera Jornada.
Acto Segundo
Salen Flavia alborotada, y Jorge
Si pueden de una mujer
Jorge, a quien procura
con los por ser sirvientes
aquí mis desdichas huye,
advierte que Diocleciano
tiranamente promulga
edicto de que prendan,
huye, señor, que aunque injustas,
el que con cruel alma
tu pensamiento ejecuta,
a pesar de mi tormento
estimo la vida tuya,
a quien de un tribuno
no parezca importuna
mi resolución, que aprisa
he de temer sin duda.
Flavia, si me inunda el valor,
aguardo mi dicha en lumbres;
si me prende en sus estrellas,
norte marca en los altares,
el ídolo es aparente;
mas vi yo un rayo en la oscura
nube que el sol encandila, y pues
sin perderte procuro...
y subir a la región
que naturalmente es suya.
Pues de aquestas luces flacas
rayo soy, vislumbre tierna
ni calurosa la confiesa
Babilonios deja empero,
muriendo mi gloria cifra.
Sucesos, miro aquí pues,
si será providente justa
ésta crisis lloro, y público
gozar en mí quiero mucha
felicidad. Y para
que las penas dilata
déjame, y a ti me aparta.
Traidor que mi muerte buscas
áspid fiero, que me encantas,
sirena vil, que me hurtas
alma que a Dios los males
que con tal quimera procuras.
Si caballero Blas es
el noble oficio que ilustras
de capitán de caballos
doble de noble en dura
si deidad te alumbra
tu patria luz que alumbra
cuanto al imperio de Roma
hermosas parias tributan.
Como ingrato como aleve
así de una mujer insultos
a tu voluntad pagas
así tu pecho anublas.
¡Vive el cielo!
Sale Loro turbado
Muerto vengo.
¿Qué tienes?
Señor, se purga
vil desvarío bota...
¿Qué dices?
Que mal el miedo perfuma.
Señor, Maximiano viene,
ya sube, ya, ya arrepuja
con las guardas a la puerta
a las narices. ¡Respira!
Ya hablo de narigudo,
ya las orejas me unta,
ya oigo bien, ya me degüellan,
ya me asen, ya me estrujan
los órganos, ya me entra,
ya confieso, ya me arruchan
los clérigos. ¡Por esotro!
Ya, ya abren la sepultura,
ya me zampan, ya me meten,
ya me aprietan, ya me hurgan,
ya no sé lo que me digo...
Sigue temblando...
Muerta soy.
Desmáyase
Ingrato, vive la luna,
y viven cuantos planetas
al sol su luz le juntan,
que he de penar bárbara
quien en tus ternezas funda
los favores a mi dicha
y glorias a mi fortuna,
y que están labrando mis males
a sus privanzas la ruina.
Muera, ingrato, a mis manos
antes que llegue a las tuyas
mi ruina.
Ya te acompaño.
Vase por una puerta y sale Maximiano por otra.
Ay, la acción más porfiada
de cuantas puede el ingenio
penetrar, aquí se admira,
la piedad del amor propio
al mirarme, aquí procura
de un enojo ver los lazos,
al ver puesto a tu hermosura
mi Dios amante, que ya
parece el tiempo se ajusta.
A Flavia mientra se deja
del desmayo.
¿Qué procura
el cielo, que le aseguras,
a quien te apartas?
San Judas,
San Marcos, San Agapito.
Ya se apartan y se mudan.
¿Dónde está Flavia?
Yo mudo.
¿Flavia, digo?
Calentura
le salta, le dio un desmayo.
¿Por qué?
Por locura.
Señora, bebed en los
males, no dejéis vuestro embozo,
que vos no veis lo de gozo
y así viviremos los dos,
y me aborrece, ¡ay Dios!
que muera al fin, muero de amor,
yo sirvo de bufón aquí,
cuando vuestro cielo duerme
os obligo a aborrecerme
por que os acordéis de mí.
Aunque no queráis mirarme
vuestros desmayos os obligan
que alguna vez enemiga
dejéis ansia de matarme y olvidaros de matar.
Mas quiero apartarme
al ver vuestro desdén
tan engañado mi bien,
que a fuerza, cuando volváis,
si porfiáis que me miráis
por que dichas me deis hoy.
No extrañéis que de esta suerte
os hable que presumida
mide noche en buena vida
y al vivo en vuestra muerte
si mal del mal se divierte
mejor se harán mis enojos
si os dan llanto por despojos
de los más dulces trinos
porque en música de plenos
es el mal de tantos locos
Vuelve
Válgame el cielo Jorge dónde estás
que en tantos enojos
pero qué es lo que veis
huyó el bien, vino el mal, murió el ocaso
y en tan terrible calma
perdió el norte mi bien, zozobra el alma
tirano Jorge, fiera de mi vida
siempre engañosa, bárbaro homicida
exhalación ardiendo
que anuncia rayos, cuando rayos miente
dónde huyes, qué intentas
piedad cielos piedad, pues yo me muero
si la ignorancia porfía
ante una fiera cruel si falta arpía
Señora
Déjame no me atormentes
si me muero no sientes
yo Alejandro cruel, yo han de suerte
que padezca la muerte
sin que el cielo lo impida
que no da el cielo a los ingratos vida
me darás de sangre
carmín al campo púrpura a las flores
en funestos rigores
padre mi rey de la
multiplicada al par de mi dicha
que no hay piedad en quien celosa rabia late
Dame ya que me muero, esperanza clara
y luche, y quite, y luego
mariposa de amor arda en mi fuego
Por tonta impía aleve
falsa cuando mudable
aura cuando feroz, eco inconstable
a mujer, más que a sueño
si tu nombre disminuyes
que de muy valerosa y firme rama
y perdiendo su fama
con un hombre señora
donde el sol niño ríe, el alba llora
en un humilde arroyo
pongas los ojos rendidos y ciegos
Salen Diocleciano Laurencio y Cucharón.
Aparte
Válgame el cielo tanta desventura
en publicar su fama
mi deshonra, y os llama
el pueblo por mi injuria
que hace mi suerte miseria
pues escuchemos más mi muerte es cierta
la confianza mata a la cobardía
que dejes quien es luz de aqueste imperio,
y a mi vituperio
a mis dioses se hace,
y a quien mi ofende el cielo no le aplace.
Vengar quiere mi honor su altivez loca.
Amigo, así me toca,
ahora mi ser se agravia,
aunque a lo que vengar conviene sobra,
no viva quien me agravia.
O sueño, o cosa ciega es esto que a flamas...
Sale Jorge.
César, César Diocleciano,
único de aqueste imperio,
yo soy el tribuno Jorge,
y a cristianos caballero.
Que aspiran di tus rigores
cuando os vemos tan sangrientos
el bárbaro y los tiranos
contra el más dichoso pueblo.
Si tu luz del, o tu Apolo,
que es evidente lo mismo,
llama a los cristianos justos,
mira qué dichoso tiempo.
Cómo así los martirizas,
cómo fiero, injusto os muestro
diez y cien mil cristianos
con los varones, cómo ciego
no conoces que este Apolo
es aquel dragón perverso
que soberbio y atrevido
se tiró de los cielos
con la parte de antorchas
que antes de pecar tuvieron.
Vuelve en ti, César invicto,
pon la atención con tus dioses,
ley que en el alma nos afija,
y los cristianos, al temeroso
del legado Vaticano,
que amparaste en tu pecho.
Sin piedad, y sin cuchillo,
cuantos se confortan buenos,
no adviertes, César heroico,
que mientras más dan el cuello
a tus aceros, más claman
animosos van saliendo.
Deja el engaño y adora
a un criador tan inmenso
como la máquina dice
del orbe y mundo; y atento
Cristo, aquel crucificado,
que es justo y en él mismo
que a solo por ser persona
nació en un supuesto.
Deja el mal, busca el bien, huye el infierno
que te promete vida mi cordero.
Dioses, ¿dónde irán mis males?
No cesan ya mis tormentos;
vosotros sin honor dioses,
y yo sin honor, con celos.
Di bárbaro, ¿no te basta
profesar tan vil contento?
Ninguna muerte os dador,
Martirio, Hipólito, Laurencio.
Señor,
llevad a este loco
a una prisión, donde el cielo
ni con su luz le regale
ni le anime con su aliento.
Atadle a un mármol grave,
saque sangre, y vida, y mientras
hoy y mañana salga
a padecer más tormentos
vengad mis justas deidades.
Esos son los que quiero,
es amor lo que padezco,
prueben rigores soberbios,
inventen máquinas graves,
estudia furores nuevos,
que al Capitán a quien adoro
lleve el glorioso lauro.
Llévanle
Con prisión y rigor fiero
me pagará, reduciendo
gozar de abrazos de plata
que por mi mal le ofrezco.
Y a la aleve Alejandra
entre rigurosos incendios
amiga de mi mal, pagando
hace que me vengue y ordene
que tenga horror y miedo
y castigos como debo.
No te entiendo.
Ya conoces
que es leal en mi pecho
el castigo de atrevidos
y el amor de soberbios.
Y a tus severos palacios
por los cristianos padeces
y continuos sangrientos ayes
que ha de ser sin dudarlo.
Vase
dentro
Para, para.
dentro
Echadle fuera,
bárbaro.
dentro
Oh, fiera...
dentro
Piedad, Señor, valeroso.
dentro
No temas, cristiano eres.
¡Jesús, qué ciego y rendido!
El lugar es este,
aquel el ensaye de risas,
donde una, di que mujeres,
mujer por Jorge y la culpa
de sus sinrazón te aborrece,
y una mujer, y a los celos
da crédito, fácil miente
y peca por ignorancia.
Y hoy noté que si en tu ausencia
flaqueza por tal agravio,
agravio te adora, y te quiere,
mujer soy.
Aquí, señora,
los celos...
del celo y sus agravios
...
Jorge y...
Alexandra dentro
Maris. dentro
Pía deidad, cielos, valedme.
A las ocultas malezas
que de aquel monte eminente
la falda, el coche camina
para que de allí visible
fío de él un asombro, y las furias
que mi venganza apure.
Furias, di, que son furias.
Diablos, furias, que yo fui a
ver a Alexandra, a que
abajado de su pena
bien sabéis dos, que ha de ir
cristianos por que le nieguen.
Sube
Yo anoche... Amor sin culpa,
¿adónde podré esconderme?
¿Quién fue cobarde, si
amortigua, ciega o advierte,
ciega...
ni cabe... en que enconarme?
Ya vienen... mil furias.
Jesús llamarme conviene
de cruces; ¡ay Madre de
Dios! Allí un árbol parece
celos para mí; sus ramas
haré cuna, a que lleguen
las furias. Creo en ti, Padre.
Tiemblo, Ángel San Miguel.
Dentro Maris.
Apartad, que caiga yo...
¿por qué se ha de escurecer
del lago horrible, que amor
por estos campos cadentes?
Pues puedo
llegar, rinde el caballo,
da a la...
Gran señor,
es lástima...
No me dejes,
por toda esa gloria mereces.
Vuelan Jorge y Alexandra
Por tanto... me dejes.
No huyas, cruel, no huyas.
Aguardad, que las alas de
oyes, faetón con lamentos
que deidad, ángel ingrato.
Bárbaro, adónde
vuelve otra vez a matarme,
que hay vida para mil muertes,
que un asiduo dolor cura
a quien de otro padece.
Engaño y ciego, ingrato amante,
te enseñan tesoros, y dioses,
sigue inanimados ritos,
llantos infelices aprende,
que adscrito a su obediencia
viendo al hombre inerme,
que levante y pase mares,
y primero no se pierde.
Ya avisa, mas ¡ay!
antes que la vida acabe,
que castigos infelices
antes que suspenso muera.
A cometer un grave armado.
¡Ah, rigores del poder
eterno! Primero a Flavia
antes que a Flavia ofendáis.
Vuelve, que a mis pesares
dan alientos donde andan,
que por acudir nos le
toda ejecución suspenden.
No veas, que tu Alexandro
ni la acabará ni puede
de tal acción otros males
dar alivio o detenerles;
y así, para que la vida
logre penar mientras muere,
si igual acción acabare
acabarán acá dentro.
¡Ay de mí!, pare cuando
son vuestros pasos dueños,
que a las cobras más fieras
dadme aquí veneno ardiente.
Flores, que entre vuestras hojas
aspiráis, cuando vertéis
dais esperanza de vida
y portentos de muerte.
Voz al pecho mío,
si el candor eminente
tendrá abrigo o duca
en su más dichoso albergue.
Pare cuando junta rayos
Deidad, que aquí se ofrece
un antídoto de luz.
Ya voy aunque arrepentida.
Cae Alexandro asiéndose.
Válgame el cielo mil veces,
dónde estoy. Apartad montes
alevosías, de mi frente,
los cielos ascondan luces,
los aires turbios mueren,
el sol huya, sombras men,
las flores ya se entristezen,
las peñas ya se dividen,
sangrienta corre esta fuente.
Qué horror, qué sombras, qué noche.
Pelícano, que piadoso
dio en Cruz al hombre dice,
para que el hombre viviese
y en pura sangre es comida,
en venda hermosa se ofrece.
Aves y montes, que amparéis
me volad... y ...
a una mujer, y enmudecen,
ignoran al ver que...
Mas, ¡ay de mí!, que advierto
su naturaleza excede,
pues siempre exhala en llamas
llenos montes ardientes.
Válgame Dios, qué animal
es el que arroja, que aliente
... el aire ...
Cae lleno de cruces del árbol.
A la de una cruz
siempre ...
mi carne para mis dientes
es desabrida, que buscas
ay no vayas, que me duele.
quite señor, y aguardad.
Dentro Jorge
No...
Tente,
tirando yo ese defenso
El animal le suspende
aquella es la voz de Jorge
esta si que es esconderse
llegad amo ya tembláis
Sale armado en un caballo San Jorge
Jorge amigo
Tirale el venablo.
conque mueres
No temas noble Alexandra
que aunque mares de fiereza
en todo el vado de averno
contra infierno se conjuren
sin que el Dios sumo que adoras
licencia alguna te diese
Para aterrar tu fiereza
No vuelos el golpe ardiente
No pudieran detenciones
sacar infamia ninguna
ningún temor. Ah fiera
detente, yo te advierto
que as advierto, que baña
de rayo tu poder engañoso
Para tu daño traigo
con virtud de Cristo muere
Confia en el Alexandra
y ven con migo
Voy a ver mi amo Loro
si es suceso lo que sucede
en el... haber y la verdad
es que es muy gentil animal.
Vase
Salen Maximiano, Discio, Ciano y gente.
Ay, que así muera un villano
sin que a mayor rigor amas tormentos
su vil atrevimiento
mi poder le conduzca soberano
que un castigo tirano
un martirio solo, azote temi, injuria
así salpique furia
Rigor y Rimple, si Dios no acabe
siendo mérito por los estremos graves.
Soberano señor
Mueve Religión sacras deidades.
Victorias y piedades
cuando yo con valor, con noble acero
defenderos espero
que inmortales serán fieras
dando a mayor agravio menos muertes
Pero ya os espanta
Audaz y inobediente
vengad en mi el agravio
que apenas llega y se conoce el labio
vibran de vuestra esfera luminosa
la antorcha mas vistosa
del rayo mas feroz, que en cuna oscura
ni lastima a figura
ni el cielo le ampara
pues ensayados en sepulcros raze
Muera yo, y no se sepa
que deshonra tan grave ay cielos quepa
en pechos como el mio
cuando honrarme pretendo, cuando fio
de la pena cruel de atroz Romano
yano, que de su barbaro despojo
se de blanco el Tiber se transforme en rojo
Y he de grado ceder, id, decidle
Mire lo que me ofende, si no se ignora
(desde donde el sol dora
asta donde en sombras tenebrosas tales
ciega a los mortales
salva la honra en mi (como fénix vive)
mi valor, si recusa
en perfidos borrones mi renombre
para que al mundo no eleve asombro
como de un villano
incendio teme Lauro soberano
tan breve pena a culpa tan altiva
riguroso esta el cesar
afuera viene
o la conquista estraña
Jorge en la cárcel
preso y su criado
solo le acompañaba
Cristiano solo
su ley sigue
que tonto la desdicha del otro sigue
guardalde con cuidado
La mas desdichada suerte
Para cuando son las iras
Tiranos aquí prended
sin dejar quien os agravie
Pues no dejáis de ofenderme
con ansias, y rigores
Vencidas de la fe
cuantas estrellas me influyen
y cuantos males quieren
Vengan de tropel, que todos
sino en el pecho cupieran
podrán herir con piedad
la que su alivio quisieran
porque tanto en mi los males
se aumentan, y se aunan
que faltaran venenos
de Atropos el corte
yano le ayuda la sangre
Ningún bajel que rompe
cien varas tiene de largo
y de ancho ciento veinte
que bien cupiera en el buque
mil cueros de a diez y nueve
y aunque los tres sentidos
abrazan para comerme
que tragaderos, que conchas
mar digieren, hados alegres
de que te admiras?
que...
Él fue sin duda
quien la muerte le dio.
Aparte
Ay Dios, qué ruda
la fortuna el ultraje
que ayer vimos, que viese
que a Jorge del alto soberano
en que le puso el magnánimo Romano,
qué ejemplo el hombre alcanza
en haber visto sorda igual mudanza.
Sale Jorge, preso
Maximiano, los Cielos
pues curan mis desvelos,
porque el imperio que le rinde Apolo
dan a Júpiter al polo,
a un ídolo adorado.
Con atrevido al Cielo airado,
porque el imperio amigo
regocijo en mí le plació conmigo.
Tú serás mi mitad, y esto contiene
consuela el alma, tal suceso tiene.
Llegue a la cárcel luego.
Señor, ¿qué intentan darme
en entregar a llama el cuerpo helado?
Desatadle, y libertado
no mires mi semblante
en quien tan fiera compasión traéis.
Por milagro lo digo
según os fío, y admirado vengo.
No os prive luz hermosa
que envidian cadenas de sus rayos.
Ya padece desmayos
ya aliento os presta cuando más burlaba
y si ya no se acaba
parece que en su fuego
busca su bien, quiere vida amante ciego
aura que socorrida
a causa superior goza más vida
No has visto en noche oscura
cubrir el cielo tenebroso manto
y en medio de su espanto
abortar una nube
relámpago que cae, rayo que sube
y rinde y hace enojos
quitar la vista y reprimir los ojos
Pues desta suerte advierto
el fin de Jorge: muerto
le contemplo, mas luego
como fénix que nace de su fuego
el cuerpo se encoge
la voz alienta, el triste llanto coge
da un grito, llama a lloro
llora su pena, su lamento ignoro
invoca a un Dios solo
y del portento das gracias a Apolo.
Fatalmente le traigo
para que en él escarmiente el cielo
que con alegres confusos
pero me pesa, que del caso incierto
me le pintaras muerto.
Aparte
Hace que sale y detiénese, y dice:
Vase. Sale Jorge.
Mirarle no quisiera
porque siento la pena que se espera
a su tormento.
y por no ver mi mal me parto de verte.
Maximiliano.
¡Ay huir! vení, y acato espanto
siento el verte Señor amigo tanto
que mal quiere mi suerte
morir a la ley, que amor convierte
Pesares hemos sido
con que el tiempo ha jugado, y la fortuna
miréme yo en la luna
subióme heroica mano
y mientras el impulso soberano
mis alas alentaba
viví endiosado, cuanto más privaba
bajó tanto mi suerte
que a las puertas estoy ya de la muerte
vi de mi caída
del soberano trono en que asistías
y cuando me perdías
el favor alguno, opuesto al golpe airado
del hado, desdichado
y a ti amigo conmigo
mira si fue algún tiempo buen amigo
advierte en mi caída
porque no alegues daño
o afición de tu engaño
que padecer tormentos no me pesa
porque el alma profesa
una ley tan suave
Vanse
que no hay tormento a quien lo sigue grave
si pusiera al cuello amigo Maximiano
que gozara la paz de cristiano.
No quede nadie aquí, dejadme a solas
con Jorge, por Apolo
que ha de ver enormes olas
si no deja su obrar dobles enojos.
Señor, ¿qué me mandas?
Quiero ver qué designio, que
dejes por bien, aunque muera y pena,
notablemente he sentido
la fama, que de tu muerte
me dieron, y porque gusto
que al de proezas dio más noble
viéndoos con el oficio
de centurión, he concebido
lástima de perderos.
Y el favor os estimo
mucho me espanta, y admiro
y pues viéndoos, y más veros
tampoco mudado
así
favor del cielo
qué causa
mi mal y pena previenes
cuando de mí no lo supiera
te dijera, que fue alivio
de mi mal, mil y una locuras.
Favor notable me hizo
su rigor en procurar
darme la muerte, mas quiso
el cielo, que no muriera
siendo sobrado martirio
el de anoche.
Solo fue
una amenaza, mas yo
vine no plazo a la enmienda
Jorge, seamos amigos
solo en premio de mi amor
y que rindas la cerviz
a los dioses quiero, advierte
que te honro, y que te amo
y cuando esto pueda, y
ninguno otro castigo
ni patria, ni religión
ni sangre, ni interés mismo
te muevan, mira que en ello
con la dicha te convido
mira que premio leales
y guardo a mis castigos.
No pienses, que por halagos
ni por rigor ni amenazas
el mudarme es imposible
cuando gano en lo que sirvo
y a Dios en lo que adoro
fiel soy, que te amo y digo
a castigar ansí ponos.
tan cruel, siendo el impío
pecho de un alma tan noble
hermosa guarda y archero,
yo te di a sangrientas manos
mientras con desmayo vivo
la libre dando a la muerte
a un animal que al divino
poder respeta ignorante,
sin conocer que los bríos
son nada contra un Dios hombre.
Si miras tantos prodigios,
si tan grandes maravillas
conoces, cesa un necio
que sobra a tantos rigores
todo poder; en qué abismo
supones mi error navega,
ciegas a dioses fingidos
adoración, pues no pueden
ellos valerse a sí mismos.
Que la ley que de tu esposa
veneras, deja el hechizo
que tu corazón encanta,
pon el alma en Jesucristo.
Calla, que me das la muerte,
deidades, que los destinos
son estos, que a mi desdicha
se conjuran atrevidos,
qué encantos, qué confusiones,
que cuando luz imagino
a mis sentidos, de golpe
se oscurecen mis sentidos.
¡Oh ingrato aleve aborto
de mis fatigas indigno,
áspid que entre flores mamas,
fiera cruel, que has atrevido
a procurar de mis días
la luz por quien muero y vivo!
Dejarasme a mí, Alexandra,
y si fiera Basilisa
contra mi honor conjurada
o atrevida o altiva,
muriera, y no la libraras
de los rigores que has dicho
de la muerte, que no entiendo
el respeto o al deudo.
¡Vive el cielo!
Dentro
¡Diocleciano!
¿Qué espero, estando ofendido?
¿Quién me llama?
Sale
Yo, tirano,
que a impedirte he venido
la muerte hoy, porque de tantas
muertes de que eres arbitrio
cristiana soy, que las aguas
misteriosas del bautismo
mi yelo en pecho hicieron
fuego de celestes ritos.
Miren a mis dioses que hechos
por mis manos habéis creído,
supo dar, como oro vengan.
Donde dejó el velero
la divisa y, oh honor, talle,
a Venus y a sus divinos
ojos, ay Júpiter los buenos,
castigarán a mis dos.
Como no habláis,
al descender le quitan algunas de las prisiones
qué mal se aviene
mi agravio con su mal hecho,
hombre que fui su amigo
y a su pesar tan castigo,
que anoche vanos insultos,
y a lo que de su gloria
mi pluma nació en ella,
coronan vanos de lisonjas.
Bárbaro, así a mi solo
mis vistas a ese mundo
viven en los Cielos, que el alma
se desata.
Muero.
Voz dentro
Ven a juicio Diocleciano.
La luz del cielo he perdido,
válgame Apolo.
Alexandra.
Niña.
Hermoso niño
a mi tus brazos mi asilo.
al decir esto cae a los pies de San Jorge ya perdiendo el vigor y Cristo, se inclina y la cruz le sirve de báculo, desmaya
Cuando tan grande, y adverso
que a su faz tan generoso
llegas a mis brazos, Dios
rinde el cuello al tirano,
que no ve, que yo permito
el rigor, con que a mi pueblo
así quietos, y más te caro fío.
Aún ven, Dios, así villano
oprimís, Piedad os pido,
luz del huye de los hombres,
y remite sus culpas y sus...
han de estar los ídolos y las figuras
entra un amor con una luz, y el niño, y clero a tono le da Apolo y se puede a picar
Tanta sed de la cruz, Señor,
cuando tantos me ofreces
y os sirvo.
Alexandra,
como soy tu Padre mío,
pruébate, mucho te quiero,
y así hoy vine por el mío,
que muero, para que en todo
al mundo le beneficie
y se haga.
Don tan grande
que no hay poder referirlo.
Con otra heroica muerte
Ambrosio noble a su esposo.
Desde hoy, que al mundo de
Jesucristo marido,
la esperanza de las gentes
goce el dulce paraíso.
que por empresa os dio
pero tú el padre primitivo
así os morís vivos
aunque del morir te libro.
Padre, y Señor, ¿serán pocos
los crueles martirios?
Pondrá el mismo arbitrio
Jorge, que estando escondido
por el temor de la muerte
el evangelio divino,
ni sale a pregón. Le ofrezco
ya sacarte del olvido,
padecer bienes inmensos,
por no perder me infinito.
Y el demonio despechado,
dichoso yo si a tu lado
muero, mi Dios, por amaros,
pues muero por serviros.
Tened ánimo.
Señor,
quien después de amaros vivo,
ya le tendrá.
Con vos, males
no pueden causar peligros.
Dichoso, en morir por vos gano.
Gloria en la muerte recibo.
Tocan, y cantan subiendo poco a poco.
No valdrán viles encantos,
al arma, Dioses, que victor
logre, a cuya Majestad fuerte
y guarde poderoso los siglos.
Fin de la segunda jornada.
Jornada tercera
Ruido dentro
dentro
El que no sacrifique
a los dioses, y luego muera.
dentro
Y él quede con pena fiera
a que todos asombre.
Sale Ananías, viejo cano
¡Qué sinrazón, qué crueldad!
Y la que veo, ¡oh, dichosos
cristianos, que victoriosos
alcanzáis la eternidad!
Tres años ha que salí
de Roma, cuando Marcelo
me dio el bautismo, consuelo
que jamás yo merecí.
Saber quiero el estado
de los cristianos, aunque
por no apostatar su fe
de sangre el campo han regado.
Temor tengo de llegarme
a preguntar, porque ando
del rigor voy dudando,
y también han de matarme.
Huir quiero; pero no,
¿qué dirán? que por la muerte
esquivo perder la suerte
que Dios me mereció.
Aquí un hombre oculto está.
y entre estas penas arguye
que también la muerte huye
el que intento lograra.
A de un hombre
Loco y Andrés
Muerto estoy.
¿Vos no os reís de qué huís?
Digo que bien sabré decir,
y juro que no lo vi.
¿Es ciego?
Si quiere Dios.
Dejadme a Dios decir
la oración de bien morir,
Jesús, Miguel, al caer,
pues ¿qué os importa matarme?
Yo digo, gran miedo tiene.
Solo este deseo viene
a cegaros que amarrarme
queréis. Y cuanto digo
la causa, ¿no la sabéis?
¿Sois cristiano?
No lo sé.
¿Quién es Dios?
El Criador
del cielo.
¿Cómo se llama?
Dios, mirad pues, si me aflijo.
¿Tiene algún hijo?
Un hijo
que tiernamente le amo.
Pues si es vero haréis mal.
Solo al Padre, por Dios.
¿Seréis mi amigo?
Yo os digo
que sí.
Leal.
¿Qué queréis?
Válgame el cielo.
¿Quién sois?
No diré.
Aunque no entiendo de vos,
que Atanasio sois decís.
Este soy.
Amigo.
Porque es tanta crueldad.
Escucha, que la verdad
saldrá muy cierta de mí.
Y pues que a Jorge le disteis
por ser cristiano, y por tanto
dos veces fiero veneno,
sin pasar la muerte triste,
quedó sano, por asombro,
y por oculto misterio,
para el poderoso imperio
de Maximiano fiero,
premio a tan noble soldado,
y así es mejor la unión
de esta gran sinrazón.
Vanse
Viendo pues que mi Señor
a los dioses no adoraba,
ni que tampoco espantaba
aplauso, pompa o favor,
con garfios de acero fuerte
sus carnes despedazaron
tanto, que muchos juzgaron
no ser hombre sino muerte.
Libróle Dios, y en retorno
de un prodigio, que advirtieron
luego vivo le metieron
en un abrasado horno,
y apenas que de su daño
el cielo se acordó, miró
luego aquel horno volver
a ser un apacible baño.
Y tratando darle fin
los tiranos, con fuerte
vigor para mayor muerte
a un asador le ataron
de plomo, vivo y bañado
le arrojaron, pero fue
también librado de este
peligro tan dilatado.
Apenas que el alba miró
del sol el fuerte cuidado
un género de calzado
a los pies le acomodaron.
Le calzaron con sutil modo;
era de acero, y muy juntos
dentro de clavos agudos
tormentos sufriendo todos,
mandándole luego andar
entre abrojos, y ardiendo
al mártir, que está sufriendo
luego le mandó parar.
Conoció el tirano sordo
ser el martirio terrible
y en el rostro apacible
oró a Dios, pero fue sordo
un furor ciego se dio
que a los ídolos se atreva
la máquina del acero
como una peña se vio.
Mirando pues que era en vano
el procurar sujetar
y que imposible dejar
era, el nombre de cristiano
con el cruel tormento
con clavos le taladraron
sus miembros, pero miraron
en el poco sentimiento,
acobardaronle, y después
confusos de alterados
dos flechas en los lados
le pusieron, sin que
del cielo, que es su Dios
eternos sufre tal mal,
después le untaron con sal
las llagas, que si el vivir
fue milagro sin vigor
alcance tanto lugar
que le dejen de llamar
mal que me apresura favor.
Atado ya en dos maderos
y mirando su firmeza
a mayor realce, y fiereza
penas previnieron mayores
Inventaron una rueda
feroz de navajas llena
y pienso, que Atarxa fiera
y a ningún vigor segunda
en ella se maltrató
porque gran rigor encierra
Mas a pesar de la fiera
lo sufre mirando al cielo.
Notable dolor
Tal,
que por no verle sin fin
quise antes venir aquí.
Mueve cielo tanto mal
La esperanza cómo está.
Tan firme, que Diocleciano
con un tormento tirano inhumano
también a su muerte va
después que las carnes bellas
con azotes maltrató
Viendo donde un golpe dio
manchas, que mueran estrellas
En los astros, que pisar
De los cabellos le tiene
colgado, para que pene
a quien la su vista da paz.
Ven que ver a Jorge espero
oculto
Dentro Max.
Dejadme solo
Perdido hemos
Apolo
dadme paciencia que muero
Sale / Sale y un paje y mudo
Jorge te llama
Dejadme
que me matará celos mesmo
Mira que siente
Yo lloro
Justos cielos matadme
Fuera de lance
quién son
aquellos rústicos
Ocultos
que oís fieros
Discípulo
No cobréis confusión
Traedle aquí
Señor
Eres tú de Jorge criado
Porque estabas retirado
Señor
Di
Por el calor
que yo y el mago Atanasio
que nuestra ley previno
quien infame de ciego
fiaba en el gabeo
esperado.
La verdad
me dio luz, que en ella vivo
Abrasad de fuego vivo
sin que merezca piedad.
Búrlaste, rey, lo verás.
Valo
Llévale mártir
Vete y al otro venid
si Dios no me acude aquí
has de pasallo muy bien.
Poned fuego a esos palos
ase criados
Señor
quien no es digno de favor
no merece estos regalos
Locos se hace, andad, hace
que prenda ninguna viva
o matalde o resistille
Saquen fuego, que me place
Dijo
Cristianos
Jorge dentro
Ay que me llamas
Pues muchas
burlas no valen
No escuchas
a Jorge
Su voz no ignoro
Ninguno niegue su fe
que aunque más por menos vea
su voz el alma recrea
Cristianos d
No podré
reportarme en el tormento
que es dicho, ay, villano
pena
Señor más humano
castigad mi atrevimiento
Locos de amor, que el donaire
no vale; si afuera rayo
a Canales y Papagayo
de la torre os daré al aire
Llévalo mártir. por den.
Maximiano
Aquí su voz
cielos, podrá acabarme
Escuchad
Quiero apartarme
¡Oh impío, cruel, tan feroz!
Si es la muerte quien me llama
voy animoso Jorge amigo
fío de mi Dios divino
que a dicha se llama
Descúbrese san Jorge en una rueda de navajas.
Sí, porque soy el sol mío
padeciendo muertes aquí
rey de mi amor, así
en vano verás. Porfío
llegad, que si a Dios fío
y estado de mudanza
que mi firmeza lo alcanza
Bien podéis sin pena alguna
verme en rueda continua
que no ha de tener mudanza
para hacer por ganar gloria
no, señor, que os parecerá
que no es ganar suspender
y más a una victoria
la vida, y a él memoria
del mundo, y en ella dando
el favor tan sin segundo
con que Dios me hace soberano
pues aunque él al mundo oprime
quiere, que oprima yo al mundo.
La mentira y la verdad
van al paso, y al arbitrio
al llegar una el morir
y el saber se asconde mal
por premio del que da
como hombre humano sintiere
Dios con pecho tierno quiere
mientras dolor me asaltare
que al verle cuando besare
le salude cuando le viere.
Mas un asombro es Jorge, amigo,
tan altos son de mi amor
que a Dios se rinde el mayor
que al mayor parece enemigo
¿qué tienes? la culpa digo
cuando la pena es juez
Y yo a mirarte morir,
que a merecer, oh señor,
este gozo recibes
en lo que has de llegar
y a favor de ti...
en dejarte, que los pies
del César puedas besar
si a los dos quiso humillar
el falso Dios que has fingido
llorarás, y a porfiar
y sin poder favor ver
de mí se darán a la muerte
las muchas desdichas mías.
Salen Flavia, Diocleciano, Maximiano, y alguaciles, gente
Agora el César me envía
para que los hombres vean
que siendo César en nombre
Dios en las obras se crea
ahora el tiempo que te da
lugar así a solas
de la victoria forzosa
más que posible firmeza.
Vino ya Jorge, aunque juzgo
si mi desvelo os admira
que de la falta de sangre
y mayor el cargo, presta
juzgando, que muerto se halla
le di mi palabra, cierta
es mi desdicha, pues vive
en el tormento. Ya es fuerza
Flavia dártelo, pues mira
que a sus siervos no deja
la vida que pudo darle
porque la palabra es buena
y mientras cumplo la no arguye
contra Dios y su ofensa.
Dame, gran señor, la mano.
Exaltaré tu clemencia,
Dios mío, mi rey, y siempre
será tu nombre en mi lengua
bendito, mientras los siglos
vieren duración eterna.
Licencia te doy.
A Dios.
A Jorge y a aquella rueda
sigan, que él hoy lo manda.
Cielos, y vuestra inclemencia
se cansa para acabarme
fulminar rayos y centellas
que a un desdichado la vida
es lo que más le atormenta.
Dadme el vestido.
¡Ay, traidora!
que así le adoras y quieres,
y vive el cielo...
¿Qué os tardáis?
médicos algunos vengan
para curarle.
Yo muero.
Mi señor, tantos agravios
volved el rostro siquiera.
Aunque es acción de los dos
sus dulces lazos y mientras
¿De qué me sirve el imperio
de darte, si la conveniencia
ni perdona mis agravios
ni me obliga a que merezca?
Muera Jorge, que más puede
la gloria de un hombre misma
sintiendo, que no el gozarla
por despreciar cosas ajenas.
Maximiano.
¿Qué me quieres?
Que tienes Venus más adversa
fortuna.
Que aquí me aguarde
y que mande a los más sabios
en el templo donde Apolo
me dirá si en darse acierta
tormentos a Jorge; o si
merece mayores penas
porque veo en sus rigores
que tan atrevido alienta
y que el celo de dos Reyes
ofende con su licencia.
Vase.
Sale Apolo con el mundo.
Aquí traen el mundo.
Dámele acá.
Flavia, llega,
y dile que su ley deje,
aunque en el honor me ofenda.
Aparte.
Dejad curar las heridas.
Válgame apolo que nueva
maravilla no ay señal
de q[ue] acaricien fieras
que dice,
que no te engaño
Den alabanzas sin cuentas
mi Corazón Señor mio,
pues me exaltas en la tierra
y no por mi, que ingratos
te ofendieron con afrentas
los tiranos, cuando ignoran
que eres Señor quien me alienta.
Dile que deje a su dios
Por mi lo harás, si de quejas
de una mujer, que por mucho
pudieran mover las peñas
Dueño mio, Señor mio
no son bastantes, que puedan
aligerar de mi pecho
tan ingrata fiereza.
Diocleciano Porque adores
a sus dioses Jorge te ruega
con la vida, no me mates
cuando mi muerte deseas
Porque ya he dispuesto el alma
de mi rigor, se convenza
Conque vivas sin quererte
y si injustas porque muera
que dice,
ap[art]e
Ya se convence
temo que mi engaño entienda
Flavia no me des pesar
y si que me amas confiesas
como quieres que la vida
la ponga en tal contingencia
y adore a dios, y te espantes
si imaginas que por fuerza
o por halagos de mi ley
desdiga de los griegos
se engañan, y ama
abre los ojos
yo lo hiciera
a no creer, que por ello
me han de dar aspera pena
de muerte, y con engaño
pues la vida tienes cerca
librare de los rigores
y a mi de tantas promesas
mira Señora, que pierdes
la gloria, si a mis ruegos
del dulce yugo, que adoro
que responde
que confiesa
que es error lo que ha seguido
ap[art]e
Siempre tengas buenas nuevas.
dime ya
ap[art]e
ya le viste
aquí fin mis males fingen
Dios...
Gran señor.
Al punto a Alexandra muerta quiero,
sácala de la prisión,
y porque ninguno entienda
que mi justicia y valor
al mirarla es flaqueza,
pues el vulgo está esperando
ver divididas cabezas
a Anastasio y Procleo,
tribunos viles que niegan
la adoración a los dioses,
entre los dos la bellaca
a ella, y después de ingrata
muriendo a manos de rueda
allí de un golpe la darda
se ejecute y sangre vierta,
pagará en otra venganza
lo que debió de ofenderla.
Cómo me mandas que cumpla
tan rigorosa sentencia,
cuando de ti un milagro
quedan del corazón las más tiernas
señales, que ya yo sigo
la ley más justa y más buena;
morir quiero en el lugar
de mi esposa Gliceria,
tanto la pasión yo muestro
muriendo a su lado, en ella
veré del mayor prodigio
la más hermosa y no cierta.
Logra mi deseo,
Marcio,
el alma a formar no acierta
las palabras con la orden
que este te dará, vergüenza
mata el decir si a mi espada
quitas la vida.
¿Qué intentas,
cuando no hay valor humano,
señor, que ofenderla pueda?
Calla y obedece, ciego,
porque es cristiano y me ofende
y os hace.
Yo lo muestro.
Valor en lo que enmiendas,
que yo te perdono.
Al cielo
buen caballero, que importa
mucho de muerte.
Decir debes
es una voz de mi dicha.
Ve luego, Marcio.
No creas,
Daciano, yo voy contigo.
Vamos muy enhorabuena.
Vanse. Canta.
En esto es veras. Ingrato
lo que fía de deidad
lo que una mujer te adora.
Vase.
y lo que un alma se precia
mi corazón de él hacer,
porque arrepentido advierta
que es bajeza pagar amor
y es amor pagar finezas.
Vuelve el rostro, no procures
que aventure mi prudencia,
cuando la gloria que adoras
tengo de mis ojos cerca,
porque con la vista del alma
el apetito se aumenta
sabe dar alevosía
al fin de una ruin fineza.
No tan cruel, no tan falso,
mi bien, mi señor, mi prenda,
mi gloria, mi vida, y alma,
mi consuelo, mi riqueza.
Mira que pagan mis ojos
tributo al suelo de perlas,
y que el dominio que logras
siente mi alma la deuda.
Si temes amarte en vano,
por ver que las sienes cercan
laurel hermoso de Dafne
y clara luz de mi tierra,
si engaño, si desvarío,
primero el sol en tinieblas
trocará su luz, y el mar
con las aguas verterá negras,
volará la fiera dura
dejando allá sus arenas,
que yo dejara de amarte.
Primero se vea ciega
la envidia, y sin luz muera
la deidad en su pobreza,
primero tendrán las aves
del fuego la quinta esfera
por centro, y la salamandra
tendrá el aire por esfera,
que yo amante otro mire
ni que su honor, y grandeza
alivio de una mujer
fácil olvido conceda.
Ya, señor, y al silencio
olvidos nomás, que llega
a los dos crímenes de ingrato
tener culpa en lo que ruegas,
y soy mujer, que ofendida
podré hacer lo que no piensas,
porque aborrecerla agravio
y obligarla a que resista.
Tenga, rey, piedad de ella.
Aparte.
Aquí mi muerte comienza.
Si me salís, y mi agravio
la resolución no deja.
¡Oh, del ser monarca del mundo!
Veréis a mis pies ligeros
las naciones más remotas
que el mar baña, o el sol velo.
Pueden darme más contento
más gozo, querer, que el antes
el celo de las deidades
y la común obediencia
no menos mi discreción
me advierta a que tengan
mis brazos, quien el imperio
tiene por mayor proeza.
Quien te ha dicho, que he dejado
mi ley, no señor, no es no
que busque el alma la vida
que en ti sus dichas celebra.
Yo adoro sí, a un justo
de quien tanto te blasfemas
tengo dedicado el alma
y entregadas sus potencias
sé es del eterno Padre
no natural, y procrea
no hecha sino engendrada
por generación eterna.
Sé que es verdad, porque de
él entender, que es sapiencia
y un Dios, que a lo divino
no deje, que Padre sea
se espira, que es fecundo
a la persona tercera
de la trinidad, que junta
Padre hijo en una esencia
y amándose el uno al otro
con voluntad no diversa
dos igual, una persona
lo producen, sino engendran
mira si es Dios, el que adoro
mira si su alta gloria
como a enano me atreve
bien mi levante cabeza.
Mira Señor, a mi Rey
merece, que a este profeta
adoración se le deba
Le adoro, mira si llegan
mis pasos al paralelo
donde te conozco, advierto
tu majestad, atron lógica
por dote dominios piensa
que aunque no es de Dios la propia
que a mí buen llama, Padre
por ser su naturaleza
humana, incapaz de ver
omnipotente se prueba
por la unión, vistió humanidades el acciden de idioma
sino en substancia la misma
Aquí dio fin mi esperanza
Calle un fauno, que en fraga
atrevimiento a mis pies
pague su atrevida lengua
mis agravios
Hace que se cae el duque con un frenesí a la boca
Diocleciano
Oh deidades
Mira si
No me hables
Salen los dos.
Mario, Leoncio.
¿Qué mandas?
Señora, ¿qué quieres?
Que luego
en la prisión le matemos;
entonces a Jorge, que
vivo en sus muros padezca
para que mañana el pueblo
vea la mayor valentía
que en los libros de la fama
hoy con letras de oro se lea.
Venid.
Ya mi Dios conozco
que se cumple la promesa
que de vuestra boca propia
escuché; dadme vos fuerzas
para que en mayor tormento
más vuestro nombre engrandezca.
Llévanlo.
Ya la fortuna, y la muerte
una ingrata, otra funesta
se declaran a mis males;
ya a mi cuidado no queda
lugar por donde salvarle;
mas si muere Jorge, y sepa
que a quien aborrezco más
dé castigo, que quiera.
Yo seré de Maximiano
la perdición, aunque ofenda
mi albedrío; aquí los hombres
miren, que cuando se empeña
en querer una mujer
aunque sus verdades vea
que es río, que siempre corre
porque atrás un paso vuelva.
Vase.
Ruido dentro y sale Maximiano alborotado.
Llegué ciego al templo donde Apolo
entre sangrientas aras culto yace
no de su luz cercado, porque solo
llora en lo más de su face
allí pues en un negro manto el Polo
emulación del rayo se deshace
para que aromas abrase, que había
opiniones que allí se formó el día.
Pedí humillado, de la pena nuestra
que aquí se diese el fin; y todo mudo
al desatar un poderoso humo
al cielo entre las llamas con su nudo
brazo, vi un terrible, fiero monstruo,
cuando confuso tiemblo, y mientras dudo
qué intenta aquella forma peregrina
del sol escucho de una voz divina:
Dirás al emperador Diocleciano
que invicto ante las plantas con recelos;
que Alejandra en el honor humano
más pura, que lo son todos los cielos
Jorge a su fe leal, y que cristiano
se mostró autor de sus desvelos
dirásle, que reporta por la muerte
gozo feliz, y general suerte.
a Dios esto habla, cuando el trueno
el brazo, de un fiero tan refulgente
que lo que hiere abre de sangrienta
llaga, de luz a Cesar se atreve
Alta oh Nieve romano resplandece
La justicia de Dios omnipotente
tal declamó lo que dice pues te valez
y apenas se oye, cuando luego sale
No al vi un Pino, que llegar pretende
amo la luna en su pujanza altiva
que ni piedra le alcanza que ofende
ni rayo se le altere el mayor viento
Y cuando a soberbia se le enciende
Un rayo rompiendo le el cimiento
Aunque a su luz muestrandose cobarde
se abate, y se destroza. Por el suelo
Pues dura suerte apenas, me arrepiento
en un lugar sin torre, cuando miro
Caer feroz rayo sobre el templo
de Jupiter heroico todos viro,
dejase de vivir, un miserable ejemplo
De sus cenizas funestos suspiros
huyo el lugar atroz, triste ya eso
Y con el alma ansiosa en mi lloro.
O barbara ignorancia, o loco sueño
creí a mi esposa declaro culpada
Como a los ojos vista no lo peno
o la muerte me des consta y postra
vivo de todos yo, muerta mi dueño
No merece piedad mi suerte airada
Matadme cielos, que en tan fuerte calma
es milagro que viva sin el alma.
O matrona Leal, o casta esposa
Muerta entre sombras de esta honra mía
oh ídolo inocente o mariposa
que te abrasas a la luz de mi porfia
la rosa de rubíes será luminosa
Apolo formó, que te vive el día
Será verdad aunque cruel te llame
De un hecho atroz corona y dicha infame
Sale Flavio
A donde invicto cesar aquí aguardo
cielo
No prosigas, que has venido
a saber Flavio de un mal cruel alarde
Pues ya muerta su fama me ha traído
Diste prisa al rayo, que avanza tarde
llega la cumbre triste a la afligido
De allí de un golpe la formaste y quieta
que muera en fin, y que muriendo viva
Si queréis decir que en tan sumario estilo
No baña el pecho, ríndele el semblante
su hermosura es tacha, viviendo envile-
la y mientra más noble, y más constante
Requiere decir, que se adorna de vello
el parentesco, mas noble, y os digo tanto
Todo lo adivinas. No me animes
que sufro mucho cuando menos sientes
Ya considero entre el robusto enano
viejos no y yo de amor vencido
vuelto el cabello a los vientos dado
larva informe por linde ceñido
los pastores viniendo con engaño
torno a cegar la gente confiada
tíranle el cuello el alma respirando
por darle el golpe y dar en la espada.
Ya canes llegan al triste lecho
donde sangriento respirar suspiro
ya sale fuerza del furioso pecho
para formar lazos inmensa espira
yo el corazón agarro y trunco
y el alma vuela en alas de arena
ya llega el golpe que la muerte incita
y tú muda voz, mi flor marchita.
Ruégote a consolarme, a decirme
lo cruel que el aleve traidor este agravio
que lo pudieron solo persuadirme
que no hay consuelo de severo labio.
A los montes, y selvas, a troncos irme,
donde resuene el aullido sabio,
que temblando cruel, y hablando en peñas,
porque se escuche de dolor tus señas.
Y así huyo a quien imperio Maximiano 700
adiós Roma, adiós patria, adiós ciudades,
que yo me voy ciego soberano
a los rústicos lauros de deidades.
Allí en las selvas de verdor lozano
contarán mi mal mudas piedades
loco me volveré llorando cuerdo
que pierdo el alma, pues mi Alexandra pierdo.
Vase.
Extraño caso.
Yo vengo
claro y furor soberano
tal acción tuya es en vano
a los dioses te ruego.
No ha de ser mi voluntad
menos de lo que antes fue
merced humilde te haré
perdona majestad.
Señora dime, qué quieres
el mucho bien desear
al amado, es el amar
Qué más,
llena estoy de ti
en aquello que quisiere
la sola amada,
un bien
animas
no halle desdén
y mire si en la muriere.
Pues adonde querrá irse
que me ame,
Y así
tanto que muero por ti
y tu favor concediese.
De suerte que por amarte
ha de alegrarse mi dicha.
Muera en la mayor desdicha
si en eso no soy constante.
Indicios puede elegir
el que quiere, el parecer
de la dama.
Así ha de ser.
Y si ella muere.
Morir.
Pues mirad, de sentenciar,
César, porque en casos tales
son los mesmos fiscales
el mesmo sentir, y hablar.
Yo adoro a Jorge, decid a
que aguardándome estáis,
bien en él advierto
que es mi gloria, y mi tormento.
Amándome tú o alejarte
es fuerza, al fuero primero.
Que quiero, y pues le quiero
no pierde de quien se sabe.
Querer imprudente y ciego
es lo amado o no ofendello,
yo no podré yo sufrillo
porque no quiero mi agravio.
Debe el que adora
ser mérito del que ama,
y como busco vana dama.
Sube la piedra al aire, y baja al punto,
si exhala insepulto, salga de su centro,
el agua, el fuego, el aire, en duro encuentro
ponen los quicios, los suyos harán fatal trasunto.
A mí que soy el Rey, me pregunto
cómo en el mundo un inmenso concéntrico
piedra en el aire suspensa, y sin centro
por la tierra con fuego gasta el pinto
palma arrojada a los vientos por portento,
que nos está enseñando cómo viendo
que con potencias nos está llamando.
Sube para que baje y mereciendo
ser el agua que adquieres bajando,
camina al caos que perdió subiendo.
Vanse, y de adentro gritos
el postrero digo yo
nombrad quien ejecutare
de mi poder gustando
que es tardar diligencia
y esta el peligro en retardos
con uno destos oficios
pienso dar principio gayo
a los premios y mercedes
que os ofrecí pon cuidado
por salir destos traidores
traidores a mi cargo
y el que tal isiere
Jorge
esta locura no trates
de ensaños
sale apolo y los demas
ya señor
se aculto maximiano
pero conviene felices
quien desaga mi conspirador
moviera
gayo el primero
ya tiranos tus ídolos
paguen con prisión mercedes
y el prevenir con el cuidado
pegaso pon al momento
en prisión a los criados
de maximiano
de quien
deste y de felix
pues al
llevalde preso
y preso
fue lanze
También de los Mártires,
y nos tenéis opinión
vine solamente a entender
este afan, y querer
que esto arme confusión.
Confuso estoy, si la ingrata
esta firme en su desdén
yo seré a quien bien
ciega su condición se trata
ola
gran señor escucha
no adoro a jorge
si
pues yo el romero
si
que a de ser tu dicha mucha
ola mario
sale mario
gran señor
que a jorge
aquí le tiene
la guarda
como conviene
y a ti por el
por mi amor
no le amenazes ni trates
como enojado
yo haré
que si nos guarda fe
dare amor a desdenes
Salen Max. San Jorge. Fla.
Aparte
Aquí le tienes
sin pena
Aparte
Viene el falso, muerta estoy
Tan dichoso, Señor, soy
con lo que el cielo me ordena
que espero tener memoria
cuando te acuerdes de mí
honra que no merecí
y el bien que me dará gloria.
Sale Ipolito de blanco con una hacha
Escucha
di que entre, que aquí esté
así mando se le hable
Jorge en tan fuerte lucha
amor buen caballero
Aparte
Qué favor tan peregrino
Aparte
Ya mi desdicha imagino
Aparte
Y a mi venganza espero
aquí tienes dos balanzas
iguales, escoge Flavia,
o mi imperio, o su gracia, que ya
de ti son mis esperanzas.
En una de las dos
la Religión mira pues
puedes dar vida a quien quieres
o la muerte remedios.
Apolo no es por menos
no más Señor, no más rabia
Mira que el deber te llama
que en cantos los pensamientos
Dale la mano, y verás
su privanza, y su consuelo
Mejor privanza y consuelo
y si a sus plantas adoras
Pídele al cielo perdón
pues tanta gloria te da
No sé el qué, porque va
buscando su perdición
Da a mi amor pues ha sido
tan constante, y tan leal
Rompí furor, y caudal
y el que dio ha rendido.
Adora al día sin segundo
que solo deidad encierra,
serás prodigio en la tierra
y no faltará en el mundo.
¡Hola! Algunos le llevad
de esta sala revuelto,
dividid.
Señor, en ello
mirad que inmortalidad
ejecuta el golpe suyo,
pues tan alentado estoy,
de Dios soy, y a Dios voy,
la pena y muerte no huyo.
Llévanle.
Muévanse tiernas, adorado
señor, tus propias razones,
que sean obligaciones
da para mayor cuidado.
No quieras que por tal calma
pierda la vida, y mi amor.
Dentro Jorge.
En tus manos, Señor,
hoy encomiendo mi alma.
Sangrienta nación romana,
aquí encendéis propias iras
donde paráis, y ofendéis
todo lo que aquí se adora.
Tú, invencible Maximiano,
que el amparo y corona
hoy te honraron los cielos
para darte mayor honor.
Pues advierte, que los cielos
intentan porque conozcas
su poder manifestarte
algunas pruebas reales
que admirarás, y ansí fuera
soberbia bárbara, y loca.
Murieron, acompañando
a Jorge, que dichas goza.
Vuelve el rostro a esos campos
donde mi altiva porfía
derribó, para que suplan
flor de varones heroicos.
Aquel, que hermosa tiara
sus sienes ilustra, y orna
es Marcelo, a quien le debe,
Jorge su primera palma.
Aquel gran varón, que miras
es Vicente, cuya gloria
Valencia su patria ilustra
en mil colores decora.
El tercero es Sebastián
luz de la Dacia y Narbona.
Una voz donde estaban todos los mártires que después han de salir, y cuando no haya para fuera, en lo escondido den voces por lo alto, donde se pueda.
y el otro el noble Mauricio
deidad prodiga antorcha
aquellos dos que conformes
unan a leones las bocas
son Pedro de alexandria
y Felix de Africa hermosa
aquellos dos que en el traje
unan mejor que con franjas
Cosme son y Damian
de arabia bellas auroras
los dos últimos hermanos
que en oficios alegres honran
Crispin y Crispiniano
son los mejores de Roma
Vuelve al otro cuadro el rostro
veras las bellas matronas
que a alexandria ilustre siguen
mientras la vida le donan
aquellas dos que una torre
defienden, son las heroicas
Justa y Rufina, que hermanas
a Seuilla su patria adoran
las otras dos son Leocadia
de Toledo, y Teodora
de alexandria, que ilustres
dos Paris gloriosas
las otras son dos eulalias
de merida, y Barcelona
otra Sabina Romana
y anastasia ilustre esposa
las últimas son Lucia
de sicilia, y Ines religiosa
Margarita; por sus manos
murieron; y ofrendas todas
aquellos dos que con rayos
enmedio son dos vistosas
gemelas, que nueve meses
celestial belleza roban
la emperatriz alexandra
y el uno, a quien pregonan
las famas, desde el olimpo
asta el pincel de europa
el otro, que al lado miráis
con armas blancas cruz roja
es Jorge de Palestina
a quien muerta fiera adora
Roma le tendrá en tal culto
que tantos favores goza
por patrón ha de invocarle
y llamarle luz hermosa
Vosotros cristiana gente
alegraos, porque oy goza
la fe triunfos de sus heroes
y asegura mi corona
entrad en orden, y advertid
que cuando deudas cobras
Digo que hemos de subir
a la ruina de la gloria
nombre por faro del cielo.
Truena y cúbrese el sol
¡Gran prodigio, extraña cosa!
Flavia, yo gozo a la muerte
la vida en dudas, y logro
con mi mano airada un yerro,
pues te domino por esposo.
Es imposible.
¿Qué intentas?
Por firme, dar prodigiosa
emulación a la fama,
colocar en mil memorias
eternas aquesta acción,
brotando espanto heroico;
pues ni os miro sin blasones
ni me muevo porque honro...
Eres ingrata.
Soy noble.
Eres cruel.
Soy matrona.
¿Que no te mueves?
Soy mártir.
¿Que eres tan firme?
Soy roca.
Pues aquí, heroico senado,
de su valor y alta historia,
él pide perdón. Velardo,
si no acierta por la obra,
la fineza que os dedica
ya vuela con alas, Fama...
Finis.