à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El labrador, rey y monje. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-labrador-rey-y-monje-y-mejor-rey-de-los-godos-wamba.
Ms 1691 Biblioteca Nacional de España
T.g 423
Mss. 16971
El labrador, rey y monje Wamba. Comedia en 3 jornadas de don Pedro Lanini Sa- gredo e Isidoro Burgos Mantilla.
El labrador rey y monje Flavio Wamba. (comedia en 3 jornadas) De D. Pedro Francisco Lanini Sa- gredo y de D. Isidoro Burgos Mantilla y Bárcena.
Leg. 13.
17
12
6-7
Rey Wamba
Reismunda, reina
Conde Ervigio
Florinda, dama
Paulo
Sancha, criada
Ilderico
Flora, criada
Vandamiro
Dos ángeles
Adulfo
Fabio, criado
Corcoba, gracioso
Músicos
Soldados y acompañamiento
Dentro ruido de guerra, tocando al Arma Clarin, y Caja, y dicen en los dos lados del teatro diferentes voces.
Arma.
Guerra.
Reyne Paulo.
Nuestro Rey Eruigio viva.
Salen por una puerta Eruigio y Vandamiro y de la mano a Florinda, y por la otra Paulo, Ilderico, y soldados.
Muera Eruigio.
Paulo muera.
Ya a Eruigio, parciales mios,
teneis aqui, nadie tema
el orgullo del contrario,
cuando os anima mi diestra
enseñada ya a vencer
otras mayores empresas.
Ya a Paulo nobles parciales
tenéis aquí, que os alienta
con su esfuerzo, asegurando
que la victoria sea vuestra.
Toca a embestir.
A arma toca.
A ellos todos.
Arma, guerra.
Mas, suspended los aceros
de ese clarín a la seña,
pues la más divina Palas,
que es Flerinda, hoy a ser llega
Iris de paz, que serene
vuestra discordia severa.
Tocar arma, y al irse a embestir sale Flerinda, con sombrero de pluma, y espada, en faldas cortas.
Suspenda invencibles Godos
vuestro orgullo mi presencia,
y la razón con que os mueve
vuestra nobleza suspenda,
que no es bien que una nación
de quien todo el orbe tiembla,
entre sí misma se apague,
cuando a arder entre sí empieza
en civil guerra, por dar
el Reino a quien digno sea
de un cetro, que le labró
vuestra antigua lealtad mesma,
del primer robusto árbol
que dio próvida la tierra.
La elección de esta Corona
ya el consejo, o la prudencia
remitió a León tercero
Sacro Pastor de la Iglesia,
en cuyas consultas van
vuestras personas propuestas
Luego, que intente la ira
anticiparse resuelta
al derecho, más parece,
y desconfianza necia
de vuestros méritos propios,
o loca ambición soberbia
de embarazar con las armas
la paz tranquila a que anhela
vuestra patria, no aguardando
que el elegido se sepa
cuando por instantes ya
la resolución se espera.
Y no juzguéis que esta hidalga
prevención que os hago, tenga
visos de ambición en mí
porque a esta Corona sea
llamada, por ser sobrina
de Recisvinto, que reina
ya en más venturosa patria;
mas lo que mi tío ordena
no ignoráis, y en repetirlo
se deslustra mi modestia.
Y así conveniencia de ambos
es que cese la lid vuestra,
pues si al trance de una y otra
lid se consumen las fuerzas
de aqueste gótico Imperio,
que venza aquel, cuando venza,
que halle un Reino sin vasallos
que en el cetro le mantengan.
Que Eruigio no se aventure
solicita mi fe, atenta,
cuando ser el elegido
por su sangre Real es fuerza.
Hermosísima Flerinda
perdona que mi obediencia
falte a tu precepto, pues
deudoso del valor fuera
que ya desnudo el acero,
y siendo en campaña buelva
a la vayna, sin que queden
nuestras discordias resueltas.
Aparte
Yo dejaré castigada
muy presto tanta soberbia,
y satisfecha a Flesinda
a quien mi afecto venera.
Yo he hallado medio que puede
dejar la razón bien puesta
de Flesinda, y que a la cinta
ayrosa la espada buelva.
Ya aguardo el remedio.
Pues,
que hechos frente de bandera
nuestros dos opuestos campos
solo árbitros juezes sean
del mérito de los dos,
pues remitiendo esta empresa
a nuestros fuertes azeros
cessan las civiles guerras,
y la elección se asegura
dando el cetro a aquel que venza.
Dizes bien, y solo siento
que decir de esfuerzo queda
que ya me venzo en el modo
de la lid, mas no en que sea
el primero que dé el orden
a los muchos que sustentan
mi derecho; tú, Ilderico,
pues eres en esta empresa
otro yo, haz que mi gente
por ningún caso se mueva.
Esse orden puedes tú darles
que fuera común bajeza
de mi valor, que la fama
algún tiempo decir pueda
que vino un Conde de Nimes
con sus auxiliares fuerzas
a mantener el derecho
que tienes tan justo a esta
Corona, y sin pelear
a sus estados se buelva,
y así pues que Vandamiro
ha cursado ambas escuelas,
la de Marte en la campaña,
y en la paz la de Minerva
con tanto aplauso, y está
presente, y la voz sustenta
de Ervigio, entre todos quatro
el combate se mantenga.
Yo aceto el campo, y estimo
hallar contrario que pueda
siendo aun vencido quedar
glorioso de que él me venza.
Saca la espada y hace una señal en el suelo.
Valientes parciales míos
ninguno passe de aquista
línea que mi acero forma
si ser mi amigo desea.
Hace lo mesmo Ervigio.
De este coto que os señala
invictos Godos mi diestra
nadie passe, si de noble
y leal conmigo se precia.
Ya todos obedecemos.
Vanse a embestir, y Flesinda se pone en medio al tiempo que tocan dentro un clarín, y saltan todos. Tocan clarín.
Ahora el esfuerzo sea
quien nos dé el derecho.
¿Cómo
mi respeto no refrena
vuestra ira? mas ¿qué nuevo
clarín la campaña inquieta?
Adulfo que ahora de Roma
viene, y el campo se altera
oyendo que dize.
Dentro
¡Todos!
ya la suma providencia
de Dios, os señala Rey.
Dinos a quién Dios ordena
que obedezcamos?
Adulfo
a ser Iris de paz llegas
a buen tiempo.
A quién el Cielo
ha elegido?
Hasta que vuelvan
vuestras iras a la bayna
los azeros, error fuera
manifestar las noticias.
No por eso las suspendas
que ya el acero a la cinta
passa, mas con la reserva
de que si es el elegido
Eruigio, el duelo no cessa.
Con la mesma circunstancia
mi acero a la vayna buelva.
Ya puedes hablar.
Prosigue.
Vuestras lealtades me atiendan.
Apagó de Recisuinto
un cierzo la antorcha Regia
que gloriosamente ardía
en virtudes y proezas,
y por su muerte quedaron
(por faltar quien le suceda
en la Corona) los Godos
sin Rey que en paz los mantenga,
mas dejando la elección
del Reyno por ley suprema
encargada a los Prelados
y a su principal nobleza
ordenó en su testamento
que a quien el Cetro se diese,
la mano diesse a Silerinda
su sobrina, en cuyas prendas
de ingenio y beldad dejaba
otro Reyno en su belleza.
La elección causó entre todos
porfiada controversia,
discordias en la milicia,
y en la plebe diferencias.
Este amenazado riesgo,
que anunció civiles guerras,
de cuyo incendio hoy se ven
ya volcanes las pavesas,
motivó a que la elección
del Reyno se remitiera,
(para el acierto) al Supremo
ViceDios acá en la tierra,
a León tercero, fiando
de mis canas y experiencia
(en tan notorio peligro)
brevedad y diligencia.
Partí en las alas del viento
y apenas a Roma llega
mi cuidado, cuando en nombre
de este Reyno el pie le besa
mi fe al Pontífice, el cual
con reconocida muestra
de amor y benignidad
recompensó la obediencia
que siempre le rindió España,
y toma tan por su cuenta
la elección, que hecha oración
por el acierto, le queda
solo a elegir entre aquellos
que le proponen, quien sea
el más digno, y puesta más
que en la consulta o su ciencia,
la confianza en el Cielo,
vio, de essa luciente Esfera
desprenderse en forma humana
(siendo pura inteligencia)
una luz, un ángel bello,
el cual, rompiendo la nema
a su silencio, le dice
que la sacra providencia
del Altísimo dispone
que rey de los Godos sea
un varón que, despreciando
los timbres de su nobleza
y de su valor, le oculta
el retiro de una aldea,
la tosquedad de la abarca
y del gabán la llaneza,
el cual hallará rompiendo
nuestra pronta diligencia
con un arado y dos bueyes
blancos la fecunda tierra,
llámase Wamba; y cortando
del aire la región media,
el Paraninfo dejó
del Pontífice suspensa
la admiración. Este, Godos,
es el rey que el cielo ordena
que busque vuestra lealtad,
que vuestro amor obedezca;
este el que a vuestra nación
dará gloriosas empresas,
este el que premie el valor,
este el que justicia ejerza,
este el que ensalce la fe,
y este en fin...
Ap.
Adulfo, cesa,
no pases más adelante,
porque antes que se resuelva
esta nación a elegir
por rey a aquel que no sea
de la regia estirpe antigua
de los Balthos, será fuerza
que su alto origen acuerde,
porque el olvido no pueda
borrar en los nobles Godos
la gloria de su ascendencia.
Yo he de estorbar la elección.
porque Ervigio a reinar venga.
Prosigue, pues.
Ya refiero
vuestro origen y proeza.
El Artífice divino,
que esta máquina suprema
del cielo formó de nada,
crio el orbe de la tierra
para habitación del hombre,
y de una y otra ascendencia
sus familias se aumentaron
en número, de manera
que pobladas las provincias
donde el luciente Planeta
apaciblemente alumbra,
no perdonó su estrecheza,
o ambición de dominar,
sin que impedírselo pueda
la más destemplada zona
en su frígida inclemencia;
pues ocupó la provincia
de Escandia, que está tan fuera
de la Eclíptica del sol,
que de sus luces Febeas
tan poco goza, que habita
casi entre las sombras mismas.
Aquí, entre otras poblaciones,
la Gothia descansa, aquella
primera cuna que os dio
el valor y la nobleza,
os dio ingenio, os dio osadía,
os dio esfuerzo de manera
que hijos de Marte os llamó
(no sin gran razón la ciega
Gentilidad) pues altiva
la presunción tanta era
de vuestro orgullo que siempre
que oíais tronar, las flechas
en favor de vuestros dioses,
contra esa Celeste Esfera
ciegamente disparaba
vuestra atrevida rudeza
creyendo que las Deidades
entre sí moviendo guerra
en ella necesitarían
de vuestra humana asistencia.
Poco el amor a la Patria
deteneros pudo en ella
pues creciendo las familias
tanto en número, que era
oficina de las gentes
la Gothia, y que en su estrecheza
no podía contenerse
ya vuestra altiva impaciencia
por los vapores del Norte
rompió su misma soberbia
como suelen oprimidas
entre las nubes espesas
tal vez las exhalaciones
taladrar esas esferas,
así como ardientes rayos
salisteis veces diversas
a abrasar el mundo, siendo
quien sintió primero esta
ardiente llama, y el Ilírico, Mésico,
Tracia, Macedonia, Persia,
y el Asia, cuyas provincias
se rindieron las más dellas
al número y al valor
de vuestra indomable fuerza.
¡Oh bárbara valentía!
Mas, ¿qué mucho es que lo hicieran
cuando tostados los rostros
del sol, sin peinar las greñas
y vestidos de las pieles
de osos, tigres, y panteras,
y en vez de fuertes morriones
caladas las propias testas
de las fieras, parecían
ni bien hombres, ni bien fieras?
Animados con los buenos
sucesos de tanta empresa
dar el derecho intentasteis
del ámbito de la tierra
a vuestro Rey, persuadidos
era ultraje el que estuviera
entre las sombras del Norte
su esplendor y su grandeza.
Y alistados en tan grande
número, que a su potencia
se asustaron las naciones,
y aun tembló la tierra misma.
Entrasteis por el Imperio
conociendo que en sus fuerzas
declinaba, pues Honorio
su Emperador (¡qué torpeza!)
entregado a las delicias
soltó al gobierno las riendas,
con que domar os fue fácil
con vuestra osada fiereza
sus Provincias, sin hallar
en su esfuerzo resistencia.
Y sujeta Italia ya,
(cercasteis a Roma excelsa
facción nunca vista) a Roma
de todo el Orbe cabeza,
y por prolongado el sitio
llegó la hambre de manera
a fatigar los Romanos
que hubo madre (crueldad fiera)
que el parto al vientre volvió,
que en el concebir halagüeña,
haciendo cruel alimento
de su humana forma misma.
No hubo máquina, invención,
ardides, trazas, cautela
que perdonase el valor
en asaltos, y en defensa,
pues mientras unos batían
las murallas, y las puertas,
contramurallas los otros
formaban de cal y piedra.
Estos por vencer la altura
de los castillos y almenas
empavesadas hacían
del escudo, y por las cuerdas
subían, cuando los otros
no bastando con las flechas
ni dardos a resistirse,
lanzaban betunes, brea,
y hasta las mismas estatuas
de bronce, y mármol, que eran
simulacros de los muertos
fueron de vivos defensa.
Mas nada le bastó a Roma,
ni a la última impaciencia
de sus ciudadanos, pues
ganándoles una puerta
se vio esclava del furor
la que del mundo fue reina.
Entrasteis en Roma airados
y vuestra noble clemencia
reservándoles las vidas
al despojo dio licencia,
siendo el mayor, más precioso
que se halló entre sus riquezas
a Galla Plácida hermana
de Honorio, cuya belleza
en el naufragio de Roma
fue el iris de su tormenta.
Gloria de nuestra nación,
y feliz principio de esta
gran monarquía de España,
pues casándose con ella
Ataúlfo vuestro rey,
el amor, y la terneza
de Plácida le obligó
a que a Roma le cediera,
y a toda la Italia a Honorio,
dándole él en recompensa
a España a Ataúlfo, donde
fue gloriosamente con ella
el primer rey de los Godos,
cuyo imperio se conserva
con el valor y la fe
ha doscientos y sesenta
años, vuestros heroicos esfuerzos,
y vuestras grandes proezas
sin que nunca rey alguno
haya jurado obediencia
que de la gloriosa estirpe
de los Balthos no descienda.
Y así invictos Godos, antes
que vuestra fe se resuelva,
persuadidos de que el cielo
que os gobierne a Wamba ordena,
consultad entre vosotros
si será gloria de aquesta
ilustre nación, que os mande
hombre que sangre no tenga
de la regia estirpe antigua,
y que práctico no sea
en las artes generosas
de la paz, y de la guerra.
Antes al riesgo impuesta,
que yo al dictamen opuesta
de que rey gobierne a quien
le faltan las experiencias
de reinar, rayo seré,
incendio, volcán y Etna,
que abrase, arruine, destruya
cuanto oponerse pretenda
a borrar el esplendor
de nuestra nación excelsa.
Vase.
Espera.
Aguarda.
Detente.
No es muy fácil detenerla.
Wamba es godo ilustre
de este reino, sangre regia
por timbres de sus blasones
arde en sus nativas venas,
yo lo sé.
¿Tú lo aseguras?
Y el cielo lo manifiesta.
Todos a Wamba busquemos.
Suya esta corona sea.
¡Viva Wamba, viva y reine!
Aparte.
¡Ha, pueblo, cómo te dejas
llevar de la novedad!
Aparte.
Amigo Paulo, ¿qué intentas?
Seguir a la plebe a ciegas,
que de cualquiera manera
este reino ha de ser mío
y tuya Florinda bella.
Pues tu gusto sigo.
¿Y dónde
grato el cielo nos revela
que hallar podemos a Wamba?
Lo que el cielo manifiesta
es que le busquemos solo.
Pues no quede oculta aldea,
ni lugar que no registre
nuestra humana diligencia.
Pues en tropas divididos
vamos todos por diversas
sendas, buscándole.
Vamos.
Pues yo tomo la ribera
del Tajo.
Yo la del monte.
Y vos, Ervigio, ¿qué senda
habéis de tomar?
Aparte.
Ninguna,
que de mí no es bien que pueda
decirse que busque a otro
que en mi derecho suceda,
el dictamen de Florinda
que siga mi amor es fuerza.
Aguarda.
Espera.
Vase.
Es en vano
que os siga.
No le detengan
vuestras persuasiones, cuando
hallar la lealtad espera
rey, que enviado de Dios
que sea buen rey es fuerza.
Vanse y sale Corcoba de rústico.
Dice bien, y así el mandato
de Dios nuestra fe obedezca.
Salen Resismunda de labradora, Vicenta, y Sancha de villana con una cesta.
¡Jo! melado, jo, él ha dado
en no dejarse coger,
rebósale el alcacer,
y huye el yugo del arado,
encaminar no se emboba,
mire el diablo por do va,
¡jo, melando, jo! hacia acá.
¿Qué es esto, amigo Corcoba?
Oh, nuestra ama, ¿qué ha de ser?
¡Jo, melado!
Déjale huir.
¿Qué es dejarle, cuando uñir
no le puedo desde ayer?
mas no es razón que te infame
porque obre aqueste desmán
pues como dice un refrán
el buey suelto bien se lame.
Ya te entiendo, no en mis días
tuya he de ser, no estoy ciega.
Pues, Sancha, di, ¿quién te ruega?
Mas eso es lo que querías.
La merienda del cestillo
por mi fe no has de probar,
un Santiago la he de dar
si me ves en el sotillo.
Di, ¿qué buey es tu cuidado
uncir para la labor?
Lo mejor de lo mejor,
el palomo y el nevado,
que mirados igualmente
en blancura no hay iguales,
dos más bellos animales
desde el Oriente al poniente.
Pues si Wamba arando está
con ellos, ¿no era mejor
asistir a tu señor,
que no estarte ociosa?
Ya
hacerlo intentaba yo
y no me dejó su fe
por ser el barbecho que
para los pobres compró,
y en sus piadosas porfías
mil vueltas dándole está,
y a cada surco que da
va ensartando Ave Marías,
conque coge de ordinario,
porque son para el mendigo,
los granos rubios de trigo
como cuentas de rosario.
Su virtud y su bondad
es en él la mayor gala,
y aunque a su nobleza iguala
por grande mi calidad,
más estimo (y bien lo fundo)
verme de Wamba mujer
en esta aldea, que ser
señora de todo el mundo.
Aquí vivís sin contienda,
tú estimada, y él querido,
mas ¿a qué al campo has venido?
A traerle la merienda,
pues sabiendo de su celo
que a arar la tierra salió
de los pobres, vengo yo
a aplaudir su santo anhelo.
Luego dirán que la gente
del campo no es bien servida
comen fría la comida,
y la bebida caliente.
Hallar a Wamba quisiera,
que es el camino molesto,
¿por dónde iremos más presto?
dent.
Tocan caja y clarín.
Marcha por esa ladera,
que allí una aldea se mira.
¿Qué es aquesto? Gente armada
se encamina hacia nosotros.
¿Qué será, Corcoba?
Sancha,
vendrá a espantar la langosta
pues ves que a ti te espanta.
Huyamos.
Camina presto.
Sale Paulo.
Labradoras.
Ya escampa
y llueven sobre nosotros
lagartos, sapos, y ranas,
que es lo mismo que soldados.
Camina.
En vano te cansas
que ya llegan.
Escuchad.
no huyáis, simples aldeanas,
que solo saber intento
si ocultan estas cabañas...
Acaso, pero ¡qué miro!
no vi belleza más rara
en mi vida.
Proseguid,
qué pretendéis saber?
Nada
más.
Quiérese ir, y la detiene.
Pues respondido
quedáis con lo mesmo.
Aguarda,
no te ausentes, bello asombro,
que lo que saber mis ansias
ya intentan de tu hermosura
es cómo, si en forma humana,
ángel eres, cómo vives
entre rústicas montañas?
y si mujer, cómo ofendes
tu belleza soberana?
pues entre adornos groseros
tanta majestad recatas?
Porque la cáscara esconde
lo dulce de la avellana,
y porque acá no se usan
más brocatos ni más galas;
mas si tiene que saber,
pregúnteme a mí, que gracias
a Dios, he estudiado solfa,
y entiendo bien de asonancias.
Quita, villano.
Qué va
que si el hidalgo me enfada,
un canto llano le meto
en la cabeza a diez varas.
Ese idioma, caballero,
mi rustiquez no le alcanza,
y así otra vez a decir
os vuelvo, que quien a nada
os tiene que responder
en vano a oíros aguarda.
No te has de ir, sin que primero
hermosísima aldeana
te merezca algún favor
mi rendimiento.
Pedrada
sana pide.
El que hallaréis
es volveros las espaldas.
Seguiréte yo.
No es fácil,
y cuando vuestra arrogancia
lo intente, advertiros debo
que hay quien mi persona guarda.
Nada temo.
Entrase retirando Resismunda y Sancha y Corcoba con ella.
Vamba, esposo.
Qué escucho, cielos, a Vamba
ha llamado, si es el que
buscan nuestras esperanzas,
daré a mi gente noticia.
Vamba, esposo.
Vase
Alcanzarla
solicito.
Resismunda.
Vuelve a salir.
Ya le respondió, lejana
voz, y siguiéndola iré
luego que retirado haya.
Vase.
a los míos.
Santos cielos,
¿no es mi esposa quien me llama?
quien en la quietud dichosa
de estas incultas montañas,
donde vive sin recelo
el honor, hoy sobresalta
mi valor, pero ¿qué aguardo
que no voy luego a buscarla?
¡Resismunda!
Córrase una cortina y en el foro del teatro se aparece Wamba vestido de labrad a lo antiguo, y arando con dos bueyes blancos, y en una mano la hijada y en otra el rosario
Esposo mío.
¿Qué tienes? ¿quién de tu cara
trocó con el sobresalto
en puro jazmín el nácar?
¿qué traes? habla, Resismunda,
¿qué te asustó, di?
Ya nada,
habiéndote hallado a ti,
en quien mis penas descansan.
¿Cómo nada?
Habla, ¿qué fue?
Era una fantasma armada
que de parte de su cuerpo,
le pedía para el alma.
¿Fantasma? sería algún hombre.
Sí, que hay hombres fantasmas
que siguen a una mujer
aunque al infierno se vaya.
¿Dónde está? para que quede
su osadía castigada.
Ten, esposo, no aventures
mi vida en la tuya.
Aparta,
Resismunda, aquel valor
en el ocio no se apaga.
No tienes que ir, pues ellos
ya llegan, guarda tú, Sancha,
la merienda, que estos son
soldados, y tienen traza
de comerse media onza.
Salen Paulo, Adulfo, Ilderico, Vandamiro, y Soldados.
A Wamba a voces llamava,
y hombre a quien el cielo ha dado
mujer que es tan soberana,
sin duda que esta corona
para sus sienes la guarda;
con él está aquí.
Lleguemos,
que este es el que nos señala
Dios por Rey, pues que la tierra
con dos bueyes blancos ara.
Hidalgos, ¿qué se os ofrece?
pues si el afán de la marcha
carece de algún refresco,
decidlo, que entre villanas
rustiquezes, también hay
atenciones muy hidalgas.
Adiós merienda, o corroba
que hoy quedamos de la agalla.
Lo que pretendemos solo
es saber cómo te llamas.
Wamba, que nunca el nombre
negué, ni volví la espalda
en ningún caso de honra
aunque me hallasse sin armas,
mas, ¿qué os importa saberlo?
Antes que sepas la causa
te importa a ti que nos digas
tu calidad y tu patria.
¿Son soldados, o infernantes?
Aquesto me huele a estafa.
Godo nací, mi nobleza
aun con la mejor se iguala.
Godos, ya estáis satisfechos,
sangre real su estirpe esmalta.
Decid, ¿qué queréis agora?
Arrodíllanse.
Que a todos nos des las plantas.
Pues la Majestad de Dios
que reynes quiere en España.
Cavalleros, deteneos
y advertid que mi ignorancia
no es tan grande, y que ya os dije
sin que fuesse en mí jactancia
que soy noble, con que es fuerza,
que acredite mi palabra
mis propias obras, y así
cesse la burla, que basta
para no sufrirla yo
hallarme con esta hijada.
Esposo, señor, advierte.
La merienda va birlada.
Noble Wamba, porque veas
que nuestra fe no te engaña
(permítase repetir
noticias tan necessarias).
Por muerte de Recisuinto
sin Rey hallándose España
al Pontífice acudió
(como a Vicediós que manda
en la tierra) a que eligiesse
Rey que a España governara
y revelado del cielo
le fue, que Dios ordenava
se diesse el cetro a un varón
cuyo alto nombre era Wamba
y que a este le encontrarían
nuestras lealtades hidalgas
con un arado rompiendo
de la tierra las entrañas,
en cuyo yugo dos blancos
bueyes su afán governava.
Este eres tú, pues en ti
todas las señas se hallan
que dio el cielo, nada dudes.
No dudar fuera ignorancia
y creer que os burláis, acuerdo,
pues siendo como es tan alta
la Sabiduría en Dios,
y que errar no puede en nada,
¿cómo en él puede ser dable
que el govierno confiara
de un Reyno, a quien de un arado
aún el govierno no alcanza?
Decir que suele tal vez
tomar por suya la causa
del que reina, y que sus obras
son aciertos del que manda
cierto es, mas esto sucede
a aquel que digno se halla
de su favor, mas en mí
no ay mérito que me haga
capaz de sus asistencias,
y es la obligación tan alta
de un Rey, que Ángeles, no hombres
devrían ser los Monarcas
para obrar como divinos
de lo que humanos se encargan
pues el sosiego común
se funda en su vigilancia.
del pende el premio, el castigo,
la exaltación de la patria,
la guerra, la paz, la unión,
el comercio, la abundancia,
luego yo no puedo ser
aquel que el cielo os señala
por justo Rey, cuando en mí
no hay mérito que equivalga
a tan grande beneficio;
y así honra tan soberana
como la de Rey no debo,
viéndome indigno, aceptarla.
Dado caso que lo fueras,
esa modestia te ensalza
de suerte que te hace digno
de esta Corona, y de cuantas
tiene el Orbe.
No es modestia
esta en mí, si se repara,
es conocimiento propio,
puesto que el brío me falta
en este rudo ejercicio
del manejo de las armas,
y el oficio de Rey fue
en las edades pasadas
de general, pues servía
de insignia el bastón y el asta,
como ahora el cetro, pues no era
descrédito de mi fama
que lo que todos hicieran
no lo hiciese mi arrogancia.
El cielo te dará fuerzas,
y no pelea el que manda,
que gobierna solamente;
cuando por su Rey te aclama
la grandeza de los Godos,
ve que su respeto agravias.
En mi rendimiento está
ya mi omisión disculpada.
Y el precepto de Dios mismo,
que con prodigios te manda
que obedezcas.
Su justicia
sabrá mi llanto aplacarla.
Y el bien público, que es
quien a obligarte bastara,
¿no te mueve?
No, pues puede
esta Corona emplearla
en quien a la obligación
de Rey mejor satisfaga.
Mira.
Advierte.
Considera.
Vuestra persuasión se cansa.
¿Yo Rey?
Tú, Wamba, has de ser
nuestro Rey.
Florece la ahijada y da hojas y flores.
Aquesta ahijada
primero florecerá
que yo sea Rey de España.
Pero, ¿qué portento es este?
¿Qué maravilla tan rara?
¡Qué prodigio!
¡Qué milagro!
Flores y hojas dio la vara.
Y aun frutos dará si aprietan,
que en producir tiene gracia.
Justo es Wamba, Dios obra
por él maravillas raras,
Ya no debes escusarte
a lo que con muestras claras
Dios ordena.
Recismunda,
¿tú también con tanta instancia
me persuades?
No es mucho
si va a ser Reina.
Escusada
ya es en ti la resistencia,
que el cielo premia tus altas
virtudes.
Acepta.
Ya
obedezco lo que él manda,
ya, godos, soy vuestro Rey.
Hablaros para mañana,
yo también soy Rey de copas.
Todos te damos las gracias.
A coronarte a Toledo,
pues hay tan corta distancia,
has de partir luego.
Y digo,
tus sembrados, y tu casa,
¿a quién se lo dejas?
Todo
entre pobres se reparta,
reservando aqueste arado
porque memoria me haga,
que si del arado al cetro
Dios mi ser humilde pasa
para que lo justo obre
a la majestad me ensalza.
A reinar, esposa, vamos.
A ser voy solo tu esclava.
Marchad todos a Toledo.
Aquí acabó mi esperanza
y la tuya.
No acabo.
¿Cómo, si es ya Rey Vamba?
Como nunca es leal vasallo
el que a ser Rey aspiraba.
Aclamalde todos.
Vanse todos y salen Flerinda y Flora.
¡Viva
nuestro invicto Rey Vamba!
¿Hiciste a Ervigio llamar?
Ya queda el conde avisado.
Ya tarda.
Si ahora le he dado
el aviso, ¿esto es tardar?
Años hacéis los amantes
las horas, a lo que infiero.
Para lo que yo le quiero
siglos son ya los instantes.
Pues, ¿no me dirás, señora,
qué es aquesto que dispones?
¿Qué secretas prevenciones
son las que tratas ahora?
Pues con tu heroica grandeza
tienes (bien decirlo puedo)
convocada de Toledo
toda la plebe y nobleza.
¿Qué intentas?
Presto sabrás
lo que mi altivez previene;
vuelve a ver si el conde viene
y no me preguntes más.
Sale Ervigio.
Ya está aquí Ervigio.
Pues vete,
que a solas intento hablarle.
Vase Flora.
Ya me voy.
Qué novedad,
Flerinda hermosa, en tu amable
desdén, así trocar pudo
los rigores en piedades.
¿puesto que a llamarme envías?
cuando ayer a mis pesares
les negastes el alivio
de que te puedan dar parte,
de mi infelice fortuna,
que los más de mis parciales
por rey a Wamba apellidan,
sabiendo que por instantes
se espera llegue a Toledo.
No pases más adelante
Ervigio, pues que la causa
que me ha obligado a llamarte
es solo para que sepas
que una vez que ya hizo alarde
mi vanidad de ser tuya
ostentarla mi amor sabe,
pues esta invicta corona,
que por tu valor y sangre
te toca tan justamente
he de conseguir que enlace
tus sienes hoy.
¿De qué suerte?
cuando es fuerza que al instante
que Wamba en Toledo entre
le entregue el cetro?
Antes
que lo logren, la lealtad
de muchos que de tu parte,
y de la mía aliados
tengo, sabrán aclamarte
por su rey, para lo cual
previnieron sus lealtades
en aqueste anfiteatro,
que es donde siempre se hacen
las juras, un regio trono,
y las insignias reales,
y solo a una seña mía
verás, conde, declararse
en tu favor todo el pueblo,
y así tu valor no aguarde
a que intrépida la suerte
de la vista te arrebate
esta inopinada gloria
que el reinar consigo trae.
El cetro tu diestra empuñe;
que una vez que a coronarte
las sienes llegares, dejas
las facciones tan neutrales
entre los que a ti te eligen
y los que a Wamba aclamaren,
que se dudará quién son
traidores, y quién leales:
y si a definir los términos
en la posesión pasaren,
la sentencia, entonces obre
el valor, arda en volcanes
la saña, y el reino todo
en civil guerra se abrase.
que en cualquier lance arrestada
(aunque mujer) has de hallarme
blandiendo el honrado fresno,
trenzado el arnés brillante
la primera que a tu lado
dé asombro aun al mesmo Marte.
No malogres, conde, el tiempo,
que arriesgas en despreciarle
todo un reino, y aun mi mano
arriesgas; pues aunque amante
mi fe la hizo tuya, quien
entre las pompas reales
de la majestad nació,
vasalla altiva no es fácil
desde la cumbre del solio,
al profundo vasallaje,
de haber de doblar a otro
la rodilla, y así antes
tomo posesión del Reino
para que mío se llame
y me halles agradecida
cuando reina me aclamaren,
y pues el anfiteatro
está tan poco distante,
a darle el orden voy,
porque en empresa tan grande
ponga yo el impulso, y tú
la osadía de tu parte.
Éntranse los dos y dice Flerinda dentro y las voces lo que se sigue.
Aguarda, espera.
Es en vano
que mi afecto te dilate
esta gloria. Decid todos
los que os preciáis de leales.
Dentro
¡Viva Wamba, y Resismunda!
¡Vivan eternas edades!
Eruigio y Flerinda vivan,
decid, vasallos.
Saliendo Flerinda, Eruigio y Adulfo.
Ya es tarde,
Flerinda, pues en el mismo
trono, que poner mandaste
para Eruigio, a Wamba aclaman
aquellos mismos parciales
que tuyos fueron, pues contra
el poder de Dios, no valen
contradicciones humanas,
y más cuando con señales
milagrosas él aprueba
la elección que el Reino hace
tan justa.
Corrida estoy
a vista de este desaire.
Y así a darle la obediencia
llegad los dos, pues delante
tenéis ya a Wamba.
¿Qué veo,
qué presencia tan amable?
Córrase una cortina, y en el medio del foro en su trono se verán sentados Wamba y Resismunda, y en pie Paulo, e Ilderico, Vandamiro, Cariobo, Sancha, y otros.
¿Qué impulso es éste, que en mí
todos mis rencores hace
que en respeto se conviertan?
mas, ¿yo he de besar a nadie
la mano?
Habiendo jurado
que mirará como padre
por el bien común del pueblo,
y que observará constante
de aqueste Reino las leyes,
estas insignias Reales
recibe, y aqueste estoque
para que justicia guardes.
Yo le recibo, y ofrezco
guardarla a todos de parte
del que en este trono Real
me puso, para que exalte
su ley, premie la virtud
y castigue desleales.
Temor me infunde.
Y a mí
me causa miedo el mirarle.
La pena me tiene muda.
En muestras del vasallaje
que te jura el Reino todo,
permite que de su parte
te bese la mano yo,
que después, como es en tales
casos costumbre en los godos,
a tu Alcázar a besarte
la mano, irá la Nobleza,
y a que premies sus lealtades.
A todos haré mercedes
que a sus méritos igualen.
Pues de parte del afecto
de tus vasallos leales
la mano te beso.
Di
que me la besas de parte
de mis hijos, y en señal
de que he de obrar como padre
con ellos, ya que no pueda
tan noble afecto premiarle
a cada uno, sabiendo
las sumas calamidades
que aqueste Reyno padece
por tantas inexcusables
guerras como ha mantenido
cuya causa fue bastante
a que talados los campos,
perdidas las heredades,
gastados los patrimonios,
ya no puede sustentarse
ni el humilde en su miseria,
ni en sus decencias el Grande.
De todos cuantos tributos
pechos, y cargas anuales
se han impuesto por las guerras
quiero que ninguna paguen
que si entonces justas son
se han de aliviar en las paces.
Mal la autoridad de Rey
podrás mantener, si haces
tal demostración, pues quedas
pobre, y ellos ricos.
Antes
es al contrario, pues solo
es más poderoso y grande
aquel Monarca que tiene
vasallos ricos, pues leales
con las opulencias son
quien en las necesidades
públicas, al Rey socorren
con afectos liberales.
Del buen Rey han de ser siempre
todos los particulares
los depositarios fieles
de sus tesoros Reales.
De Dios aprender debemos
Majestad de Majestades
esta política, pues
siendo su poder tan grande
que es dueño de cuanto el Orbe
atesora en minerales,
produce en frutos la tierra,
engendra el Mar, puebla el aire,
todo es suyo, y nada es suyo;
pues liberalmente afable
se lo entregó al hombre todo
para que le tributase
la adoración que le rinde
como a Deidad inefable.
Rara virtud.
Raro ejemplo.
Atónita estoy de escucharle,
y a elección que fue del cielo
oponerme, ya es en balde,
y así mis oposiciones
se verán lucir lealtades.
La última ceremonia
de la Jura es, que te aclame
el Pueblo, y por ti enarbole
en público el Estandarte
Real, repitiendo todos
con las voces populares
España por nuestro Rey
Wamba
Dentro clarín y caja y enarbolando el Estandarte le bate Paulo tres veces, y dicen las voces.
Viva eternidades,
Y acorde la armonía
de acentos celestiales
a un compás con los ecos articule
de cajas, de clarines y timbales
España por Wamba,
cuyas virtudes grandes
premia Dios con reinos, que así ensalza
hasta el honor de Rey sus humildades.
Bajan dos ángeles cantando a dúo y subirá una coluna muy brillante, la cual sale de la cabeza de Wamba, y entre tanto que se forma, cantan los ángeles.
¿Qué nuevo prodigio es este?
¿Qué pasmo tan admirable?
Un vapor de su cabeza
se exhala, cuya unión hace
una coluna que al sol
aventaja en sus celajes.
Y el viento todo se puebla
de músicas celestiales
cuya armonía repite
dando suavidad al aire:
España por Wamba etc.
¡Qué prodigio!
¡Qué portento!
Tu elección el cielo aplaude.
Ya se ocultó la coluna
entre sus mismos celajes.
Sube la coluna y los ángeles.
¿Qué intentas en tanto asombro?
Luego que a Nimes llegares,
que ejecutes lo tratado,
que nada basta a asombrarme.
Ven a tu alcázar, señor,
que ya desean besarte
la mano los nobles.
Levántanse del trono Wamba y Rescismunda.
Vamos,
por beneficios tan grandes
como a aqueste humilde esclavo
tuyo, gran Señor, le haces.
Ya que no cabe en mis voces,
los serafines te alaben.
España etc.
Fin de la primera jornada.
Por el un lado salen Adulfo y Bandamiro, y por el otro Corcova vestido de soldado, gracioso; y corriéndose en medio de los paños una cortina, se descubrirá sentado debajo de el dosel, a un lado habrá una mesa con papeles.
Despejad, ¿no veis que audiencia
quiere dar su Majestad?
Dejadle, que vuestra lealtad
disculpa su inadvertencia.
¿A quién, señor, no le roba
vuestro agrado el corazón,
si por vos la estimación
se ve medrar en Corcova?
Ya les pueden avisar
que en el audiencia estoy,
esperando a los que hoy
me quieran en ella hablar.
Luego veré qué contienen
esos memoriales, puesto
que, en no despacharlos presto,
ser injusto me previenen;
que injusticia es notar
luego al que pide en razón,
y al que no, en su pretensión
no hacerle desengañar;
ya se debe encaminar,
no detener a ninguno,
pues se usurpa el...
al otro el darle advertencias
a todos vuestro talento
admira
Lo que he acertado
mi deseo lo ha logrado
no mi corto entendimiento
de Arzobispados he expuesto
distinción, moneda hay mía
y a toda mercadería
peso y medida he dispuesto
mi celo esto discurrió
no sabe que más tuvieron
que hombres sabios no pudieron
lo que un rústico alcanzó
aqueso a mí con el cura
de mi lugar me pasaba
que siendo él sabio, él cansaba
y yo, más que él por mi estatura
conmigo y llegó hambriento
de higos, a una higuera un día
y mientras uno él comía
yo me envasaba un ciento
Llegad
Sale Vandamiro delante de un soldado que trae un memorial que le van a dar al Rey
Aparte
Señor mi humildad
al verle el respeto fiel
me turba
Aparte
Oh, cuánto está en él
impropia la Majestad
Hablad
Yo he conocido
que al haberse levantado
contra vos infiel y osado
Paulo le están previniendo
su castigo, y si el honor
de una bengala os merezco
doscientos hombres ofrezco
hasta Navarra señor
llevar a mi costa que
aunque nunca os he servido
en mí el demérito pido
supláis por este interés
tal cargo habéis de advertir
que se debe al que primero
con su sangre y con su acero
le haya sabido adquirir
y es tiranía sin razón
darle al que el caudal le mueve
quitando el que al que se debe
granjeado por su opinión
los puestos no se han de dar
al que buscando los viene
que al que mérito tiene
ellos le deben buscar
servid vos y vuestro acero
haced que os granjee el honor
que al de mérito es error
creer que le supla el dinero
Voy advertido
Rompe el memorial el Rey, vase el soldado y sale una mujer
Aparte
Extraña
condición
Es justa ley
La mosca no manca al Rey
no tiene tela de araña
Una pobre mujer viuda
de un capitán soy señor
sirvió a vuestro antecesor
murió en la guerra y a
a la mi necesidad
es preciso, pues hoy día
el socorro que tenía
me falta.
Ha sido impiedad,
que aunque a mí no me sirviese
la que perdió, espero que yo,
por ser rey, acreedor fijo
le hizo al que al rey sucediese;
a Dulfo dádsela luego,
cien ducados, y de rentas
la señalo otros ochenta.
No la salió vano el ruego.
Gran piedad.
Tu mano franca
nunca sepulte el olvido.
Bien puede ser que el marido
jamás tuviese una blanca.
Vase la mujer y sale un sacerdote viejo, pobre, en hábito de peregrino, con barba y carga.
Sacerdote y peregrino
soy, y de vuestra piedad
a valerme vengo.
Hablad,
que sois, señor, muy divino
por lo que representáis,
y a mi digna estimación
desluce con vuestra acción.
Si a mis pies os humilláis,
la majestad que se encierra
es muy distinta en los dos,
que en la tierra vos sois Dios,
y yo un rey solo de tierra.
Socorraos este bolsillo
con cien doblones que tiene.
Si a estas dádivas se aviene,
más es que obispo de Sevilla.
Vase.
Dios, señor, os guarde.
Exceso
ha sido, lo que le dais,
cuando con guerras estáis
necesitado.
Confieso
que necesitado estoy,
mas que es de Dios todo advierto,
y si en él lo miro, es cierto
que a mí nada le doy.
Todo es de Dios, y así aquel
que más poderoso sea,
que nada da suyo crea,
pues lo depositó en él.
Sale la reina Florinda, Sancha y Florela, y bájase el rey del dosel al tiempo que dicen dentro el medio verso.
¡Plaza, plaza!
Pues, señora, vos en mi audiencia.
Movida de una lástima, una viuda
vengo a pediros ahora.
Por falsear vuestra moneda,
un hombre está condenado
a muerte. De mi sagrado
se vale, que a su piedad
deber su vida librada,
de ver que cinco hijos deja
sin amparo, cuya queja
me ha dejado lastimada.
Obedeceros quisiera,
mas es preciso faltar
a lo justo, o ¿quién hallar
un medio en esto pudiera?
Porque es crueldad el perdón
Si el castigo es menester,
pues perdonar suele ser
de otro delito ocasión;
y perdonado un error
le da aliento al atrevido,
viéndose favorecido
a otro delito mayor.
Y es digno de más severo
castigo aquel que del Rey
rompe la primera ley
por ser su arrojo el primero.
Mas pártase entre los dos
mi justicia y vuestro ruego,
pues yo a condenarle llego,
pero perdonadle vos.
Bien que este ejemplar no aliente
a otro que tenga delirio,
que si ahora esto os permito
será otra vez diferente.
Amante y justo procede
vuestro acierto.
En todo es Rey.
Siempre está a toda ley.
¡Oh, un ruego mucho puede,
y ahí es nada!
Sale un soldado
De Navarra
Narcés, lugarteniente, me envía,
Señor, con aqueste pliego.
Veré lo que en él me avisa.
Dice: La traición de Paulo
se ve más fortalecida
con el favor de Ilderico,
conde de Nimes, que impía
su sinrazón con su gente
y con su persona misma
le asiste, y que para más
se fortalezca le envía
también algunos de Francia,
gran número de milicias.
Soberana y mi lealtad
este aviso os participa.
Señor, que luego el daño
repares. ¡Ay, tan impía
crueldad, que haya quien dé
a una traidora malicia
espera! Válgame Dios,
la miro y me precipita.
Este riesgo a que yo luego
vaya, que aunque prevenidas
van ya marchando mis tropas,
y aunque con ellas camina
Ervigio, como no lleva
dominio para regirlas,
no ha de volverse a nada
de más, que estando a la vista
el Rey en campaña logra
el que los leales lidian
con más esfuerzo mirando
que el premio solicitan;
no han menester más informe,
pues él sus acciones mira,
y los traidores al ver
cuánto su arrojo peligra
cara a cara en el castigo,
reprimen las osadías.
Y espero en Dios que advierto
que su voluntad divina
fue quien puso la corona
sobre mis sienes indignas,
y de Paulo y Ilderico
ha de hollar mi planta altiva
las cervices, aunque fieras
se animen voraces hidras.
Toda mi gente mañana
a seguirme prevenida
esté.
Yo con vos he de ir,
y en mi heroico amor confía
mi valor, que ha de mostrarse
terror, estrago y rüina.
Y el mío, de su lealtad
llevado, hará que se diga
que a lo femenil del sexo
el aliento no le implica;
volcán que incendios exhala,
es ver que me anima
tan activo incendio el pecho
que vive como oprimida
la alma en él mientras no logra
ocasión donde consiga,
de sangre aleve y traidora,
ver la campaña teñida;
y pudiera a la reina
desentrañar las indignas
sospechas que de mí tiene.
¡Quál andan las valentías!
De ambas la fineza estimo,
y irá segura mi dicha
con vos, señora, llevando
un ángel en compañía.
Adulfo, vos en mi ausencia,
como si fuese mi misma
persona, gobernaréis.
Vuestra Alteza eterno viva.
¿Y de mí el rey no haga caso?
(Dentro cajas y clarín)
(Vase, y éntranse el Rey, Vandamín y Adulfo)
Aquesta seña publica,
sin duda, que a pasar vienen
muchas algunas compañías;
vamos a ver de qué gente
se componen.
(Vase)
A Florinda
volveré después a hablar.
Floreta y Sancha, querría
saber si iréis a campaña.
No será cosa precisa
si van nuestras amas.
Sancha
matará al río, pues irás...
(Vase)
Pues allá ya me veréis
cargar con mi bizarría,
que los graciosos por fuerza
no han de ser siempre gallinas.
De vos, tan leal, estimo,
Florinda, mucho.
¿Podías
dudar de mi gran lealtad,
vuestra Alteza?
Es tan fina,
no os imaginé, creed,
así; si alguna reliquia
guarda su pecho, pues quiso...
Coronar a Ervigio dicha
será, que en esta facción
en Ervigio sea tan bien
su fe, como lo es en vos,
que Wamba mucho confía
en su valor, no teniendo
en él más ciertas primicias
que hubo de Paulo. Y oye,
una traición le acredita.
Señora, torpes sospechas,
ni en él, ni en mí no son hija
de vuestra grandeza. El rey
pudiera con advertida
consideración mirar
que a Paulo no le anima
sangre ilustre como a Ervigio,
pues la tiene esclarecida
con tantos laureles godos
de quien desciende, y podía,
cuando a Paulo le eligió
general, hacer la digna
elección en él, y hallaras
hoy sus plazas defendidas;
pues en él eran notorias
sus altas prerrogativas,
que de ilustre, de leal
y valiente le acreditan.
Basta ya, que aunque evidente
vuestro afecto en vos publica
que a Ervigio estimáis del rey,
no debéis descomedida
hablar en su acierto, pues
uno es él y la voz asista
la queja, como de amante
que de Ervigio al premio aspira.
Y aunque, guiada la queja,
le culpé al rey atrevida,
reprimió vuestros enojos.
Bien mi examen acredita
mis sospechas. Y otra vez
no os oiga ciega, o altiva,
o amante de Ervigio, hablar
desatentas demasías.
A no mirar mi respeto,
señora, que sois vos misma,
quien en boca en las palabras
visos de incierta malicia,
vive esa esfera sagrada,
que yo hiciera a mi osadía
que escarmentase al incendio
de mi lealtad reducida
a pavesas que en el viento
fuesen débiles cenizas.
Si acaso vuestro desvío
mal fundado se motiva
de que quise darle a Ervigio
el cetro, cuando a sus pies
fui de la duda que os veo,
que fue vana fantasía,
porque pudierais creer,
que hoy ya infiel o inadvertida
faltase yo.
(Entrase.)
Bien está.
Ven, Sancha.
(Entrase.)
Con el almíbar
que se la deja en la boca.
Entrado he acá echando chispas.
Entranse la Reina y Sancho.
Y del otro lado sale Vandamiro.
Flerinda, hablaros intento
a solas.
Tú te retira.
Ya te obedezco.
Vase.
Mira a una parte y a otra como recelándose.
Nadie descubre la vista
que nos oiga; yo he escuchado
lo que aquí os dijo esa altiva
mujer, en quien la soberbia
emboza la tiranía.
Por ser amigo de Ervigio,
por lo que a mí me obliga
la razón a que yo vengue
el error con que os humilla,
a Wamba he de dar la muerte.
Aparte.
¿Qué escucho? ¿A un traidor?
No viva
un rústico que ha usurpado
el cetro, que de justicia
solo le tocaba a Ervigio
y a vos, que ser de la línea
de los godos en los dos
la sangre, y que ceñida
la real diadema en su frente,
vuestra sin duda sería.
Como amante vuestro, Wamba
creo que alguna malicia
le hizo rey, cuya cautela
por asombro hoy se acredita.
Muera, pues.
Aparte.
Estoy sin mí.
Y con su muerte vencida
quede la injusta altivez
de Resismunda.
Aparte.
¡Qué impía
calidad! (Acierto yo) ¡Ah, tirano!
Es fuerza que, agradecida
a Ervigio y que a mí esté
al celo que en vos milita,
es preciso, Vandamiro,
que os suplique que la ira
deponga vuestra razón,
que fue voluntad divina
que rey fuese Wamba, siendo
que es culpa contradecirla.
Ya he dicho que yo no creo
tal cosa, ¿cómo podía
el cielo elegir a un hombre
que rey, que ruda disciplina
solo tuvo en cultivar
lo rudo de las campiñas?
La fortuna, monstruo ciego,
pudo a la tirana envidia
hacer que el oro del cetro
trocase la rubia arista.
Él ningún cargo me ha dado,
si Ervigio reinase, haría
otra estimación de mí;
luego es razón que redima
la estimación que en las ser
vi con el bien cautiva.
En la campaña he de darle
la muerte, y cuando propicia
en ella no halle ocasión,
dentro de su tienda misma
lo he de conseguir.
(ap)
a fiero
mas argos sera mi vista
en su defensa
pues viendo
cuando muera tan vecina
en la campaña la gente
de Paulo que cosa fijas
tendran que quien le matò
fue la gente enemiga
sin que yo peligrar pueda
en el riesgo
al paño la Reina
Con flexinda
esta bandamiro cielos
que ablaran?
(ap)
(ap)
ved que peligra
en vuestra resolucion
por mas que os lo facilita
vuestro valor el perder
vos la vida lo que aria
no repara disuadirle
pues la experiencia averigua
que tal vez lo que a un despecho
se corrije mas le irrita
pero que miro la reina
aun que mil vidas
aventurase a mi saña
a de morir
(ap)
ay desdicha
(ap)
semejante
si me a oido
Sale la reina
a quien afirma
vuestra voz con tal vigor
matareis?
(ap)
y soy perdida
que la reina a de creerme
complice que su ojeriza
(ap)
no habláis, ai dios encubres
discursos el alma lidia
Yo señora
no estorbeis
(ap)
yo por que si cuando impía
estalla que es esto?
(ap)
(fuerza es fingir)
(publique al cielo tan fina
su lealtad sia de)
penas
cuando una lealtad me guia
no ampare complice al silencio
Bandamiro me decía
que al instante
que en la campaña consiga
el verse que a de intentar
su lealtad que antes que tiña
otra sangre su esmeralda
que Paulo muera aunque ira
para añadir esta gloria
a su valor sin que sirva
de embarazo el mayor riesgo
yo viendo
su despecho le advertía
ser su peligro evidente
mas el que le desestimaba
confiando en su valor
dijo al tiempo que veníais
vos señora aun que supiere
que abenturase mil vidas
a mi saña a de morir
Aparte
Con su voz acredita
celos su turbación, niega,
y así mientras verifica
mi cuidado otra experiencia,
disimule mi precisa
severidad. Yo no dudo
que a Vandamiro le asista
tan noble celo.
Advirtiendo
que ofende la bizarría
cuando parece jactancia,
de vuestro respeto hija
fue mi turbación al veros.
Aparte
Bien me disculpó. Florinda,
está bien.
Aparte
Que disimula
creo.
Aparte
Aparte
A buscaros volvía,
Florinda, en mi mal cobrada,
reconociendo advertida
que en enojarme con vos
no acerté y así (experiencia,
confusión me asiste) ciega
venid conmigo que dedica
mi estimación a mi enojo,
aunque me cueste el que finja.
Veré si halagüeña logro
obligarla a que me diga
si es Vandamiro leal.
Aparte
Señora, mi mayor dicha
es serviros, su semblante,
que en aqueste agrado indicia
que no seguro...
Entrándose
Mi cuidado
descubrirá mi malicia.
Entrándose
Mi desvelo será muro
que los embates resista
de deslealtades traidoras.
Vase
Mi venganza me permita
el cielo que, real laurel,
venera el rayo; mi ira
transformará al de Wamba
en rayo, que aunque reliquias
no quede del que su aprecio
deslució en mi frente indigna.
Por la parte contraria que entraron, salen Paulo, con bastón de general, Maxiro, Faldio y otros soldados.
Nobles amigos y cuanto de leales
a la patria apreciáis, que inmortales
el tiempo os eternice en la memoria,
presumió el valor a vuestra gloria.
Ya sabéis cómo Wamba fue admitido
por nuestro rey (creyéndole elegido
del cielo) mas sin duda ha sido engaño,
pues la experiencia toca el desengaño,
viendo que el cielo no diera sujeto
en quien no se mirara lo perfecto,
a todos la modestia y la apariencia
nos engañó de Wamba y la violencia
que tuvo al recibir de la corona
el dominio sin duda en su persona,
conociendo lo ignóbil advertido
dél, y como le vi, mas conocido
hoy, mucha parte de su reino atenta
a su capacidad libre y exenta
se ha rebelado, pues Narbona siendo
la primera, ya veis la van siguiendo
Barcelona, Girona, Vique y creo
que a otras estas despierten el deseo
(es verdad que mi industria lo ocasiona)
tan nobles caudillos de Narbona
ved advertidos lo que hacer debemos
pues si luego al remedio no atendemos
en civiles discordias será España
de uno y otro dominio cruel campaña
aunque quisiera a Wamba afectuoso
defender mi favor no es poderoso
a tanta empresa y pues lo que el remedio
peligra en dilatarse el mejor medio
advierto que pues cabos tan valientes
tenéis entre vosotros que prudente
y advertido nombréis quien digno sea
del cetro que en Wamba hoy mal se emplea
Diciendo
Ilustre Paulo cuya sangre griega
tu pecho anima y de valor le esmalta
porque al mérito tuyo nadie llega
Barcelona su rey a ti te exalta
el laurel ciñe que mi voz te ruega
en el nombre de todos pues tan alta
esperanza en ti tiene y confía
que has de ser lustre de la monarquía
oye de todos el común deseo
que reduce a una voz nobleza y plebe
el laurel solo es digno empleo
de Paulo darle a Paulo se le debe
Paulo viva
tocan el clarín
Ilderico ya ves
lo que mi amor a todos hoy le debe
y a ti en particular con que no trato
de excusarme al favor pues fuera ingrato
pero qué marcial estruendo
es este
dentro clarín y caja y sale un soldado
Nobles caudillos
de Narbona qué hacéis cuando
no embarazáis el peligro
que en Wamba os amenaza
que se descubren vecinos
ya sus fuertes escuadrones
Pues Paulo
Pues Ilderico
A la defensa
Al reparo
Y aun al instante es preciso
pues de la gótica Galia
eres por rey elegido
que te ciñas la corona
para que con real dominio
mejor tus órdenes sigan
Pues ya que el tiempo ha venido
a precisar que no pueda
ser con el fausto debido
mi coronación por este
accidente lo improviso
dispense las circunstancias
y pues nos ha sucedido
el hallarnos a la puerta
de la iglesia del divino
mártir San Félix intento
con la corona que él mismo
tiene puesta coronarme
tráemela Favio
éntrase Favio
Voy
Digo
que de mi amistad podéis
creer que si hubiera sido
nombrado yo rey, fuera
aún menor el gusto mío.
Pues creed de mí también
que cuando el laurel me ciño
será tenerle en el nombre
pero vuestro en el servicio.
Mil años vivas, que tantos
favores, oh sí, benigno
conmigo el amor quisiere
vencer el desdén esquivo
de Florinda...
En una fuente saca la corona Favio y al tiempo de írsela a poner a Paulo baja un ángel y se la arrebata.
Ya aquí traigo
la corona.
Fue ofrecido don,
don que a este mártir glorioso
Recaredo, rey invicto,
le dejó, sus cienes ciña.
Pero, cielos, ¿qué prodigio
es este que de las manos
me la usurpa?
Así atrevidos
errores castiga el cielo.
¡Qué pasmo!
¡Qué confusión!
Mas, ¡ay de mí!, ya examino
que Dios mi ofensa castiga,
pues con evidencia miro
que la corona que quise
profanar inadvertido
otra vez al santo adorna.
Ya es agüero este principio,
¡oh infiel fortuna!, de quien,
cuando a una corona aspiro,
que en vano ha de ver lograrla.
Pero, ¿qué digo?, ¿qué digo?
Yo doy crédito a ilusiones,
a un agüero yo me rindo,
debiendo advertir mejor
que quizá el vaticinio
es que mi frente no adorne
la que tan breve distrito
incluye, tan corto espacio,
por querer que mi dominio
a todo el orbe se extienda;
pues en mi aliento confío
que el lograrlo esto es sin duda.
La caja y clarín dentro diciendo Ervigio.
Valientes soldados, mirad
no quede ningún traidor
sin darle muerte.
Ofendido
de mí mismo, en mis temores
está todo el mundo frío;
no ha de contrastar mi pecho,
que aun el cielo, pues mi altivo
orgullo aun al mismo cielo
no se ha de dar a partido.
Sale un soldado 1º.
La plaza nos va cercando
el ejército enemigo.
Pues a embestir toca al arma.
Descubran generosos bríos;
en vuestra defensa un rayo
por acero.
Antes que el sitio
logren poner se verán
despojos de nuestros bríos
Vanse. Salen Ervijio y soldados con las espadas desnudas. Entrándose Ervijio con los que le acompañan formando otro ruido de Vatalla acompañando las cajas y clarines en barias Partes.
Ea a ellos viva Wamba
Leales soldados
Valiente quien a tu vista
no despreciara el peligro
Viva Paulo
Wamba Viva
Sale Ulderico.
Ay de mí infeliz que impíos
los hados contra nosotros
se declaran que oprimidos
los Narbonenses desmayan
no mostréis flaqueza amigos
que mi valor os anima
no se diga que los ijos
de Narbona no adquirieron
lo que intentaron altivos
mas Ay infeliz que Paulo
muerto el caballo o erido
mide el suelo sea mi Pecho
escudo de su peligro
a que aguardo, mas valiente
recuperado en sí mismo
llega en tu lado estoy
Sale Paulo retirando de Erbijio y sus soldados.
mueran todos
Ya Erbijio
imaginas defendernos
mal veis que injuriéis el brío
de nuestro Valor se rinda
sin que veáis vuestro castigo
Sal traidores ea soldados
pues parece que benigno
el cielo nos favorece
Cobrad alientos que fío
en el lograr la Victoria
Erbijio con su gente entran acuchillando a los contrarios y por el otro lado salen el Rey la Reina y flevinda Sancha floreta y Corcoua.
si es esto cielos divinos
Como Erbijio sin mi a dado
la Vatalla
algún premio
causa deseo de moverla
baja no vamos perdidos
a la Plaza a retirarnos
asta que mañana Vnidos
nuestro poder Venza en ella
Sale Erbijio.
merezca señor invicto
tus plantas ya de un triunfo
darte los primeros bríos
Luego Una ofensa Juzgais
que admita por beneficio
ofensa señor?
Si pues
que aveis mis tropas rrompido
osado sin orden mia
pero sabrá corregiros
mi razón y mi Justicia
bien aya yo que no Vino
si sobre matarse Un ombre
por reñir ande Venirle
no me pesa lo que a echo
aunque mostrarme ofendido
es fuerza que los demás
Señor si el yerro a sido
mi inadvertencia disculpe
mi Celo
cuando padrino
tan noble le ampara le hace
Ser de Vuestra gracia digno
y yo que os le deba os ruego,
bueno es pedirme lo mismo
que deseo, mal pudiera
mi amor dejar de serviros;
mas, Ervigio, advertiréis
que nunca deje su arbitrio
según quien mandar no puede,
pues aunque haya conseguido
un acierto en la fortuna,
el que más llegue a aplaudirlo
podrá decir que valiente
logró lo que emprender quiso,
mas a la ley de soldado
faltó, con que a un tiempo mismo
cuando un elogio le eleve,
vendrá a humillarle un delito.
Por el favor y advertencia,
señor, merezca rendido
vuestras plantas.
Sean mis brazos
de mi estimación indicio
y de mi amor.
Alma, albricias,
pues temí en el más peligro.
Ay, Florinda, si mandó el alma,
nunca a tus ojos divinos
el rigor permaneciera
aun del astro más impío.
Vamos, pues difunto el sol
yace en túmulos de vidrio
y al punto que entre oro y nácar
descoja el alba sus rizos
yo haré que aquestos tiranos
tiemblen del que han ofendido.
Vos, Ervigio, mientras yo
a mi tienda me retiro,
recorred los escuadrones
y también vosotros, hijos,
idos a vuestros cuarteles
a descansar, es preciso
que este humano ser desmaye
si no tiene algún alivio.
Impórtame retirarme
para poder mi designio
conseguir mejor después,
y a vos os digo, Fabricio,
que aquí de posta os quedéis,
y por nombre os doy el mío.
Veré después si a Florinda
puedo hablar.
Aunque yo a Ervigio
esta noche hablar quisiera,
no es posible, pues preciso
es en mí no descuidarme
con el traidor Vandamiro.
Vamos, señora, y mañana
sabrán quién Florinda ha sido.
También mi aliento verán.
Y al mío
a incendios sabrá abrasarlos.
Ello caigo menos fijo
que el verse el aliento aun ya
se ve en todos si hace frío;
fuerza es ir tras el rey, puesto
que es hombre de tal capricho,
que sin Corcova un instante...
A él. Pues, Fabricio amigo,
¿cómo estás de posta?
Paulo,
señor,
que Wamba ha querido,
pero, pasos siento. Idos,
retiraos, y el peligro
excusad de que os conozcan,
que podremos escondidos
en esa ruina hablar luego.
Yo en ella os aguardo.
(Vase.)
Idos,
que se acercan.
(Entrase Paulo, y por el otro lado sale el Rey con una capa roja.)
No hay descanso
donde hay cuidados precisos.
¿Quién es? Si pasar intenta,
diga el nombre.
Wamba.
Ah, idos,
señor. El nombre ya en mí
de más, para no impediros
el paso que ahora os franqueo,
habiéndoos ya conocido.
Pues a nadie le digáis
que he pasado, y de este sitio
algo retirado haced
la centinela.
Sí, os sirvo;
en eso, señor, así
lo haré.
(Vase.)
Salir he querido
a reconocer los cuarteles,
solo, pues no necesito
de que otro tenga el desvelo,
cuando no me excusa el mío.
Inmenso Dios, pues quiso mi humildad
tu suma providencia engrandecer,
guiad mi acierto, que llegue a ver,
sin tropiezo, en mi torpe ceguedad.
Contra vos es, Señor, la enemistad
de los que opuestos miro a mi poder,
pues yo solo instrumento vengo a ser
en que vos ostentáis la autoridad.
Volved por vos en mí, y en esta lid
venza, aun más que la sangre, la razón;
vuestra clemencia usad y permitid,
si acaso mi culpa es la ocasión,
que mi dolor imite al de David,
fortalecido en vos como Sansón.
¡Ay de mí!
Correráse a un lado la cortina y se descubrirá un ángel echado en el suelo pobremente vestido, y llega el Rey hacia él.
Hacia allí escuché
un triste quejido.
¡Ay!
¡Cielos!
¿No hay quien dé a mis desconsuelos
alivio?
Amigo, veré
si hallo remedio que daros
en aquese desconsuelo.
No podréis vos.
No, del cielo confío que ha de ayudaros.
¿Qué tenéis?
Estoy caído
y tan desnudo, que muero
de frío.
Échale el Rey la capa pobre y vale a levantar, y no puede.
Rigor severo.
Pues ya que Dios ha querido
poneros de tal manera,
que así reparéis intento
del frío. Vuestro mal siento,
más que si yo le hubiera
tenido, que os quiero llevar
en mis hombros a mi tienda,
donde a vuestro mal atienda;
mas, ¡ay, Dios!, qué singular
peso es este. Si es en mí
debilidad, mas lo cierto
es, según su peso advierto,
que hay misterio oculto aquí.
Una roca es, no se mueve
a mi esfuerzo.
Ya vos veis
que llevarme no podéis,
y así buscad quien me lleve.
Con vos, si vuestra piedad
socorrerme intenta, id pues.
Confuso estoy; fuerza es
ir, al ver la cortedad
de mi suerte, mas que no
quedéis así, es sentimiento
sumo, para mí, al momento.
Volveré.
Entráse.
Levántase el ángel.
Todo es de Dios
providencia, pues aquí,
por su alta disposición,
a estorbar una traición
me envía, fingiendo así
ser pobre, para con él,
porque merezca en su amor,
y para que de un traidor
estando el ángel en medio del tablado por los dos lados salen Vandamiro y Flexinda ella en traje de hombre
llegue a estorbar lo cruel
siéndole auxilio el que vea
frustrada su intención
Cielos
quién procura una venganza
que mal consigue el sosiego
quién lidia con un cuidado
mal puede descansar
viendo
que Wamba ha salido
a darle
la muerte vengo resuelto
si lo alto pues que la noche
me apadrina
En seguimiento
de aqueste traidor vestida
con este disfraz pretendo
estorbar sus iras
ya
se acerca el lance en que intento
manifestar los prodigios
del altísimo
allí veo
un hombre cómo supiera
de fijo que es él
qué advierto?
allí está el Rey
Pues la luz
de este relámpago ha hecho
que me asegure de que es él
al ver su capa
Al incendio
de el relámpago le embisto
vale a dar con la daga y Flexinda le detiene el brazo vuela el ángel quedando él con la capa en la mano
y ocasión mejor espero
muere a mis iras
tirano
qué vas a hacer
tu error ciego
no logrará
Ay de mí
qué pasmo es este
qué es esto
absorta estoy al prodigio
deja la capa en el suelo
Entrase
es esto verdad o sueño
pues cuando el sentido un hombre
me tiraniza en el viento
dejándome para más
asombro este indicio advierto
otro hombre que me amenaza
quién eres pero no quiero
saber quién seas pues nada
he de lograr con saberlo
cuando al pasmo asombro y susto
ni valor ni vida tengo
de ti huiré pero aunque más
prodigios toque mi anhelo
no ha de cesar hasta ver
mis agravios satisfechos
Seguiréle aunque en abismos
de confusiones el pecho
batalla o si sus traiciones
vencer pudiere a este puesto
un hombre se acerca y
en aqueste traje temo
el ser conocida
Entrase y por el otro lado sale Paulo
Pues
Informado ahora vengo
de Fabricio, que anda el rey
por aquesta parte. Intento
ver si le hallo y con su muerte
conseguiré a menos riesgo
mi fortuna.
Salen por el otro lado el rey y Corcona
Que ahora vengas,
señor, quitándome el sueño...
Gente viene.
A que te ayude
a traer un pobre hecho
ronda del refugio, digo
que eres un rey sin un pelo
de gravedad.
Aparte
¿Qué escucho?
Que siempre hayas de ser necio.
Pero ¿quién es?
Sacan las espadas y riñen
De esta suerte
os doy las respuestas.
A bulto
arrojo, dará el castigo
mi valor.
Hace que quisiera sacar la espada y no puede
Aparte
Estamos buenos,
que sacar no pueda yo
la espada.
Aparte
Brío supremo
tiene su brazo.
Aparte
Bien riñe.
Mas tente, ¡ay de mí!, que a un tiempo
la espada y pies me han faltado.
¿Sabes con quién riñes?
Aparte
Cielos,
decirle que no, es preciso.
Porque es perderme,
un acero
cobra y vete.
Señor, dale.
Que examinar no pretendo
quién seas, pues si la vida
te permito de mi aliento,
fuera error darte lo más
y reparar en lo menos.
Aparte
Vase
Mil años vivas. Corrido
voy, mas ¡oh, qué mal has hecho
en darme la vida! Pues
contigo seré áspid fiero
que al que alentarlo procura
le abrasa con su veneno.
Que le hayas, señor, dejado
ir así, sin que primero
no le hubieras sacudido
media docena de muertos...
¡Válgame Dios! El común
enemigo estoy creyendo
que este embarazo previno
por estorbar que tan presto
no demos al pobre alivio.
Mas ya hemos llegado al mismo
lugar donde le dejé
y no está en él.
Yo aquí veo
una capa.
Ya es mi duda
más grave, pues a ver llego
que, cuando casi mortal
se hallaba, sin movimiento,
(Éntrase)
No esté aquí, que más asombro
halle mi capa en el suelo,
cuando con ella sufrió,
quise apurar los secretos.
Son que el humano discurso
es incapaz de entenderlos.
Tómala, y puesto que ya
en las altas cumbres vemos
renacer del sol los rayos,
vamos, que a algunos quiero
dar a los muros asalto.
(Dentro, caja y clarín, ruido de batalla)
Yo lo veré, pero lejos.
¿Quién diablos me mete a mí,
sobre haber llevado el perro
de no dormir esta noche,
el venir a duelos ajenos?
Yo a la batalla no iré,
y pues que solo me veo,
el soliloquio exprimo.
Dime, Corcova: ¿no es cierto
que si el rey quisiera hacer
algún banquete opulento
que no te daría su mesa?
Claro está, pues, majadero,
si ves que en aqueste caso
de ti no ha de hacer aprecio,
¿por qué has de seguirle tú
a un peligro manifiesto?
Mas, ¡vive Dios!, que ya arde
la batalla, bravo encuentro
se ha trabado, y Vermundo
y Florinda, hecha de un tercio
(Mirando a un lado y a otro)
(Vase)
capitana, lindamente
van cascando, y a su empeño
Floreta y Sancha acompañan;
y a la espalda van volviendo
los de Paulo, y a lo mismo
me corro de estarme quedo,
cuando aun las mujeres van
el polvo bien sacudiendo.
Ea, ahínco, allá voy yo.
(Dentro)
Por ver la plaza podemos
entrar, ya que se retiran
a ella, amigos, ¡a ellos!
(Salen ahora el Rey y la Reina, Erbispo, Wamba, Ramiro, Florinda, Sancha, Floreta y otros soldados, retirando a los de Paulo que vienen con Ilderico)
Que defender sea preciso
al mismo de quien me ofendo,
porque mi valor no culpen,
y que no haya hallado medio
de conseguir mi venganza.
Ea, hijos, vuestro esfuerzo
mostrad en esta ocasión.
(Entrándose Ilderico y sus soldados, echan el rastrillo, y sobre los muros sale Paulo)
Consumiráse el incendio
de mi valor, ea, echad
el rastrillo, pues tenemos
tan gran defensa en los muros.
(Van arrimando las escalas y subiendo por ellas Erbispo, Wamba, Ramiro y otros)
Aunque en número sean menos
nuestros soldados, al muro
poned escalas, pues llevo
en mi razón gran ventaja,
y a que el cerrar consiguieron
las puertas...
¡Al muro!
¡Rayos
fulminaré del incendio
de mis iras, que os harán...
Parece que burla el viento,
o que, valeroso Ervigio,
subes la escala.
(Vase dando asalto.)
A ellos.
Ya del triunfo desconfío,
pues los más que van subiendo
caídos miden la tierra.
Señor, por tu cuenta he puesto
esta empresa, no vea yo
tantos hijos padeciendo.
(Cayendo algunos de la escala.)
(Sale un soldado 1º.)
Señor, cortando nos viene
un escuadrón que soberbio
llega en defensa de Paulo.
Ay, más penas; en tal riesgo
la caballería acuda
a rechazarle. Supremo
Señor, tu favor me asista.
A Wamba, viendo tu ruego,
Dios me envía, no dude
su victoria.
(Bajan rápidamente sobre el muro los ángeles armados con rodelas y morriones y espadas desnudas, retirando a los de los muros y entrando ellos, Ervigio y Wamba, abriéndole bando el rastrillo, saliendo, retirando a Paulo e Ilderico, los cuales caen a los pies de Wamba.)
¡Qué portento,
cielos, miro!
Ya
no es posible defendernos,
cuando el cielo así le ampara.
¡Viva Wamba!
A él cantemos
la victoria.
De Dios solo
es el triunfo.
Ya han abierto
a la plaza francamente
las puertas.
Y como a perros
les dirá Ervigio.
Ay, cuál andan.
Ya están rendidos.
Reniego
de mi valor.
Grave pena.
Wamba, vuelve a Toledo
triunfante.
El Señor así
sabe humillar los soberbios,
ensalzando a los humildes.
(Vuelan.)
Pues esos traidores presos
me traed para que sirvan
a mi triunfo de trofeos.
Ea, vamos pues.
Gran dicha.
No hubiera a tus iras muerto,
fortuna, antes que en mi vida
en mí viese este desprecio.
Oh astro injusto.
(Entranse llevando aprisionados a Paulo e Ilderico, y al mismo tiempo van subiendo los ángeles, siendo el último que entra el Rey.)
Ea, caminen.
Bendito seas, omnipotencia,
Señor, pues habéis querido
elevar tan triste siervo
humilde, que eternizado
dejará su nombre al tiempo.
¡Viva Wamba, Wamba viva!
¡Viva que siglos eternos!
Fin de la segunda jornada.
En medio del muro en que se dio el asalto, se pondrá una tarjeta imitada a piedra, la cual tendrá las armas de Wamba, y saldrán Ataulfo y acompañamiento de hombres y mujeres.
Hoy, que en su triunfo glorioso
entra Wamba, dicha ha sido
el llegar a ver cumplido
mi desvelo cuidadoso;
pues con ese muro honroso
a Toledo la he cercado,
con que a la gloria le añado
el entrar hoy triunfante en ella
el rey, en mí la estrella
de defensa coronado;
fijen a las puertas, como alta
ese escudo que es blasón
de Wamba.
Mi atención
con tal divisa la exalta,
pues, aunque no le hará falta,
a Wamba para sus glorias
en las futuras memorias
este acuerdo le será.
Y que en piedras, queden ya
testigos a las historias,
sea perpetuo a la edad
noble padrón que venera
siglo a siglo, y era a era,
el tiempo en su inmensidad.
Y un Rey que con autoridad
mereció que el Cielo fuese
quien el laurel le ciñese,
es justo que deje al Mundo
quien su nombre sin segundo
a la eternidad consagre.
Pero ya sin duda llegan,
pues ese animado bronce,
sonoros avisos entona
cuando dulce el viento rompe.
Ea, pues, a recibirle
lleguemos.
Tócase dentro de clarín, y por un tablado que habrá en el medio del patio, en un carro triunfal vienen el Rey y la Reina, el cual vendrán tirando Ildérico y Paulo, este detrás de modo que venga a dar una soga que traerá al cuello a la planta del Rey, y adelante Corcoba tirando de ellos; y delante de todo Morato, Sandamino, Florinda, Sancha y García. Y lle- gando al medio tránsito los salen a recibir Ataulfo y los que están con él, haciendo varios lazos hasta que deje el carro bailando y cantando.
Y unas voces
en vez de salva, al que venga.
Y en conformes
lazos se ostente el placer.
Diciendo todos acordes:
vuelva en hora dichosa
triunfante el que, honoroso,
de Monarca logró que el Cielo,
y el Cielo al laurel dio nudos
corazones.
Aunque de amor estime
no precisáis que socorre
mi humildad el ver que exceda
lo que el mérito no abone.
En hora dichosa vengan
vuestras Magestades, donde
la Fama para sus triunfos
le dé aliento a todo el Orbe.
Vos, Ataulfo, bien hallado
seáis, los brazos informe
sean de la voluntad
en quien su valor se conoce.
Por mi humildad concedióme
la victoria, no fui yo;
aunque veis que el triunfo corre,
quien el triunfo ha conseguido,
celestiales escuadrones
de aladas milicias vemos
que a pesar de los traidores
lidiaban en mi favor;
porque la advertencia toque
evidente, que el que aspira
con soberbias ambiciones...
a elevarse a imitación
de Luzbel, que superiores
ministros de Dios serán
quien le castigue, y le postre
a esas fieras, desatad
y al Alcázar llevad, donde
luego que a él vaya, pretendo
juzgarlos; porque no ignore
nadie mi justicia al dictar,
de que ellos su culpa infamen
puede ser que en este bruto,
pues perdió de humano el nombre,
los yierros el suyo acuerden
mientras que no le conoce,
ciego en su ambición soberbia;
pues al oprimirle entonces
veréis cómo a sus cadenas
les forjó los eslabones,
ea, llevadlos.
¡Ha, suerte!
¡Ha, fortuna!
Llévanlos y con ellos Corcoba.
Tus rigores
no nos quitarán la vida.
Porque con más ansias llore
quisiste elevarme.
Quien
me trajera por señores
te harán, Corcoba, cochero
de un carro que tiran hombres.
Adulfo, no os dé cuidado.
Bien en todo se conoce
o, como la arquitectura
en las fatigas del golpe,
puso a la defensa heroica.
Si las acciones
rige la obediencia siempre
lleva ilustrado lo torpe.
Entranse
Sois prudente Adulfo; y
cuando tan altos favores
me ha hecho el Señor, he advertido
ser justo, que antes que toque
mi real Alcázar el pie,
que mi labio humilde postre
a las aras de la que es
Sacra Reina de los orbes,
a la suprema Princesa
del Sagrario, a la que es norte
de nuestras dichas, al muro
incontrastable, a la torre
de Dabid, cuya custodia
es a los habitadores
de Toledo la defensa
de infelices invasiones.
Por cumplir con esta deuda
que mi obligación contrae,
quise entrar solo hasta aquí
en mi triunfo, que blasones
humanos, solo engrandecen
al que por Dios los depone;
y así a darla gracias, vamos,
pues son de tan superiores
honras acreedor, que nunca
pagarán mis atenciones.
Decís bien.
En todo es justo.
¡O, quiera el cielo que borre
Viendo el ejemplar de Paulo,
Bandamiro sus traiciones
no teme castigo.
Aparte.
¿Cómo
no es segura, quien conoce
que el imán de su albedrío
os tiene por feliz norte
de sus dichas?
Vamos, pues.
Que repitan raras voces.
Vuelva en hora dichosa
triunfante el que honores
de monarca cobró por el cielo,
y el cielo al laurel dio raros corazones.
Entranse repitiendo con la música y queda Bandamiro.
Cielos, que contra mi opuesta
la fortuna, le malogre,
siempre a mi justa venganza
las propias ocasiones,
que a Wamba tanto le encumbra,
y que a mí tanto me postre
que parece que fabrica
de mis ruinas sus blasones;
mas, a pesar de sus iras,
ya que hasta aquí le conoce
mi furor, que no ha podido
matarle al sangriento golpe
del acero, ha de intentar,
el que muera a los ardores
de un veneno, cuanto antes
pueda, que, aunque en mí noten
el riesgo, disimulados
acendran mis rencores;
mas ya he llegado al Alcázar
suspenso en mis confusiones,
sin querer guiar los pasos
a él; mas ya que conoce
mi advertencia el hierro, huiré
de aquí, viendo que dispone
aquí ostentar su fiereza
ahora el Rey, que tan disforme
pesar me da el ver que mande
que quisiera, antes que golpe
den de mi muerte; mas, ya
según el ruido da informe,
aquí a Paulo y Ilderico
traen; ellos son, que no estorbe
mi venganza el cielo.
Vase.
En esta
sala esperemos la orden
del Rey, mas, ya que ha venido
parece, pues ya se oyen
los golpes de los soldados
con las armas.
Sacan a Ilderico y Paulo con prisiones, y con ellos viene Corcobas y otros soldados.
¡Que así postres
cruel estrella mi aliento!
¡Que así mi valor desdoren
los cielos!
¿Que así se vean,
y lo soberbio no arrojen?
Calla, villano,
no apures
mi sufrimiento.
¡De un golpe
dientes, colmillos, y muelas
me ha encajado en el cogote!
¡Ay de mí!
¡Ay de mí, y de todo!
que guarda de ellos me nombre
A Dios y que guardadamas
hacerle no se le antoxe
Sale Adulfo.
Viene
la del Rey
Espera, donde
en su solio
resolver y dar sentencias
determina traedlos.
Dicen
ustedes si los degüellan
los escusan los dolores.
Ninguna piedad espero.
A su rigor no antepone
a mi culpa menos gracia
sera un castigo el hacer
de razón; pues no milita
traición en mi.
Dando buelta al tablado y corriendose una cortina en medio se descubrira el Rey sentado devaxo de su dosel y llegan adonde esta el Rey
Por razones
nunca ejecutará el Rey.
Si de quien su error conoce
y nunca enmendarle espera.
Que severo esta
San Cosme
miedo da el Rey; pero yo
he de hacer ostentaciones
de ministro, ea a que aguardan
arrojanse los traidores
a estos reales pies.
Dase Corioba a Paulo un empujon y hacele caer a los pies del Rey y este le pone el pie sobre el pecho teniendole asi hasta que se lo quite
Que pena.
Que rigor.
Que caras ponen.
La infiel soberbia el Cielo te ha postrado
a mis plantas y en ellas humillado
me has de decir que causa, o que razón
pudo en mi dar motivo a tu traición
sabes cuanto estimado te he tenido
sabes que de mis armas conseguiste
ser general, no sabes que mi intento
no te reservo a tu pecho un pensamiento
siendo esto assi diras si en tu culpa
allas algun pretesto de disculpa
que respondes?
Ha Cielos que pretesto
puedo dar (ay de mi!) cuando un supuesto
miro tan evidente que condena
solo a mi horror a padecer la pena
Y cual sera la pena que mereces
en tu traición?
Por que mis ansias creces
Señor con tal tormento, pues rendida
mi vida tengo, acaba con mi vida
Que es menos mi rigor, he de mostrarte
no has de morir; mas luego han de sacarte
los ojos, que aunque has sido mi enemigo
no he de darte la muerte por castigo
pues este solamente darte intento
por que viviendo tu conocimiento
veas sin ojos cuanto ciego fuiste
ya que con ellos nunca tus errores viste
ea llevadle y luego la sentencia
haced ejecutar.
Dadme paciencia
Cielo.
Que pena.
Y luego al punto digo
que libre le pongais, pues su castigo
siendo público a todos es mi intento
que aun mas que pena en el sea escarmiento
Ea venid ya pues.
Llévanle.
Sentencia impía.
Don Ilderico, ¿en qué la amistad mía
te ofendió? ¿Que a un traidor apadrinases?
¿Y a sus viles secuaces esforzases
cuando debieras con tus escuadrones
ser segur que talase sus naciones?
Mi error conozco, mas también te digo
que antes que tú reinases fue mi amigo
Paulo, señor, y si darle hoy el amparo
fue deuda en mí, y advierta de reparo
que cuando tú fuiste, yo no he sido
en traición, mas podré ser comprehendido
porque solo traidor en razón hallo
al que ofende a su rey como vasallo,
y así ninguna ley podrá culparme,
pues no has sido mi rey para mandarme
hasta que a ti mi cruel destino severo
me ha reducido a ser tu prisionero.
Es verdad que a su estado no llegaba
mi dominio; mas siempre yo juzgaba
que la amistad de un rey debía en razón
preferir a cualquiera estimación
en el noble; mas porque no se diga
que a mi justicia la pasión obliga
hoy tu sentencia suspender resuelvo
mientras que aconsejado he de hablarlo
con otros pareceres y opiniones,
que en causas graves las resoluciones
peligran, y entretanto quede preso
en la torre.
Llévale Corio.
Vamos.
Yo confieso
que siento mucho, Adulfo, el dar sentencias
de justicia que impida a mi clemencia.
Señor, que descanséis ya es razón, puesto
que estaréis fatigado en lo molesto
del camino, y ya veis cuán de importancia
es vuestra vida.
Vase.
Adulfo, es ignorancia
juzgar que un rey algún descanso tenga
sin que al cuidado siempre le mantenga,
mas pues la sombra ya sepulta al día
recogeréme un poco.
Entrase, y sale Bandamiro.
Amor, pues ya
mi esperanza en tus efectos poderosa
mueve al tiempo tus alas, y dichosa
haz que la mano de Ildunda sea
que el alma, el alma de mi vida sea.
Ya, cielos, hoy mi venganza
he de conseguir, pues hoy
favorable la fortuna
me previene la ocasión;
morirá Wamba en el día
que hipócrita presume
lograr renombre de humilde
con afectado fervor,
pues siendo en el que celebra
la Iglesia la Encarnación
del Verbo Divino, quiere
en honra de este favor
comer, dándoles su mesa
a doce pobres, acción
santa al parecer, y quiere
que en este convite yo
le administre las viandas
los que siempre obligación
tienen de servirlas, cuando
es como, pues con amor
caritativo, y humilde
la reina y sus damas son,
quien ha de llevarlas; pero
que como ayer falleció
el que a él le servía la ropa
a mí este cargo me dio,
y pues desde hoy he empezado
ya tenerle, ya que yo
hoy no he de servírsela, siendo
Florinda a quien eligió
para que hoy la lleve, puesto
que yo he de dársela, estoy
resuelto a echarle un veneno
en ella, que mi veneno
ya le tiene prevenido
cuya actividad veloz
apenas tocará al pecho
cuando hiera al corazón.
Muera, pues ya que la suerte
dichosamente le abrió
esta puerta a mi venganza
pues tanto tiempo no halló
medio a lograrle, y no es
crueldad en mí, que razón
es que muera hoy un hombre
impío, pues cuando yo
mis ofensas olvidara
el que muera es prevención,
destruirle es ley, mirando
aun el decirla da horror,
que los ojos, ¡qué impiedad!
a Paulo, que sin razón
hizo sacar este tirano
que aquesta crueldad vio?
quien duda que no muriendo
cometerá otra mayor.
Dentro.
¡Ay de mí!
Pero aquí viene
Paulo, ¡ah, cielos!, yo me voy
por no hablarle, que aunque tengo
valor, no tengo valor
para ver su desdicha.
Vase. Sale por el otro lado Paulo muy pobremente vestido fingiendo traer los ojos sacados.
¡Ay triste
del infeliz que por suerte
tuviera el cobrar la muerte
en el rigor que le asiste;
y más muriendo estoy, pues respira
sin aliento el corazón.
¡Ay de aquel que la razón
falto a los ojos mira
desde que el rey su justicia
en mí ejecutó! No hay quien
se duela de mí, antes bien
todos culpan mi malicia.
¡Oh, ambición vil, oh engañado
anhelo, necia locura
fue el elevarme hasta la altura
para morir despeñado!
Humanos en mí tomad
ejemplo; pues al que ufano
le faltó el temor cristiano
le hará falta la piedad.
Si alguien de mi gran mal
se moviese condolido
que un sustento no he podido
hallar, más ha de dos días.
Sin mí estoy, mas gente creo
que viene hacia aquí por ventura
alguien que a mi desventura
de algún alivio.
Salen el Rey, Ervigio y Córdoba.
¿Qué veo?
Cielos, allí un pobre está.
¿Habrá quien llegue a creer
que por darlos de comer
a mi mesa, que un rey va
buscando pobres?
A Dios
busco en ellos.
¡Grande celo!
¡Ay infeliz!
En el suelo
ha caído, venid vos
hijo, a mis brazos que afiance,
seré apoyo; mas ¿qué miro?
Paulo es.
Aun para un suspiro
no tengo aliento bastante,
postrado en tan gran conflicto,
procurándome mover,
sin tino vine a caer
tropezando en mi delito;
y es bien que a tierra cayendo,
aquel que bárbaro viendo
jamás cayó en su pecado.
Válgame Dios, un ahogo
me oprime el cuello al mirarle,
muy justo fue el castigarle,
mas justo es sentir su mal.
¿Quién sois vos en quien contemplo
la primer piedad que he hallado?
¿Os trajo la caridad,
y os ha movido el ejemplo?
Ervigio, vos le diréis
quién habéis sido, recatando
que estoy aquí.
¿Qué dudando
estáis, no me respondéis?
Ervigio soy.
Ya que nunca
más mi mal es fuerza viendo
que a tu vista está creciendo
de mi soberbia la afrenta.
¡Oh cuánto queda turbado
su conocimiento!
Pues
Ervigio, que algo me des
te pido, que desmayado
fallece el corazón ya.
Culpa a mi furia a Dios,
¿qué diré? que enternecer
me hace el verle.
¿Quién dirá
Paulo, que Wamba no ha sido
cruel con vos?
Vos, sabio,
no diga tal, que es agravio
aun pensarlo; mas excede
castigo me supo dar
según mi delito fue,
y no os extrañe que
le lleguéis así a culpar
que justo logra la palma
de que aunque el penar siento
conoce el entendimiento
la culpa que llora el alma.
Ciego me ha puesto, mas llego
a reconocer que fue
cuando el exceso comete
aun mucho más que ahora ciego,
solo me llego a culpar
en esta pena cruel.
que el corazon lo infiera
y haga a los ojos pagar
mas en fin yerra en razón
que era el dejarme viuir
darme merito en sufrir.
Ya no puede el corazon
resistir el sufrimiento
yo me declaro; pues ya
tan arrepentido esta
como a pobre os intento
lleuarle a mi mesa io
Paulo, el Rey soy, y mudó
de piedad, cuando he oido
todo mi rigor cesó
conmigo aueis de comer
hoy, y a mi mesa.
Señor
como es capaz tal honor
en mi bajeza?
Entender
deueis que si a Flora ingrata
seueras el castigo di
que ya en vos solo veo aqui
un pobre que a Dios retrata
Corcoba lleuale luego
guiandole, compañero
vamos, Ervigio.
Entrase el Rey y Ervigio y va passeando el tablado guiando Corcoba a Paulo
Ya siruo
desde hoy por mozo de ciego.
No creyera yo que vsara
el Rey tal piedad conmigo
Mira, en la verdad te digo
creyeras que me mandara
cargar con vos, y si juro a los
no podre yo para Dios
por que la mui grande soy
para hacerme lazarillo
mas lleuando aqueste daño
aparte oi Paulo por Dios
que hemos de hartar los dos
nuestro vientre el mal año
al pensar tanta comida
me causa summo plazer,
o quien pudiera comer
hoy para toda su vida
ya hemos llegado, y la puerta
del Rey a la mesa entremos
antes que nos desmayemos
Llegan a los paños y sale Floreta
Pues Corcoba a donde vas
no sabe que el Rey no quiere
que entre ninguno alla dentro
y si no, que yo aqui al encuentro
retira el que pobre fuere,
deme a ese que halla aqui ascuras
venga, Señor, y el ahi
se quede.
Toma Floreta de la mano a Paulo y entrase
Vamos
Assi
me dejas tirana arpia
o vil mujer, esta afrenta
vsas conmigo, es razón
cuando yo traia intencion
de comer hoy por ochenta
que me as a cielos quedado
sin entrar a la comida
el imaginarlo en mi vida
ambre tal nunca me ha dado,
mas yre de aqui de un salto
la mesa a que comen ya;
¡qué grande distancia ha
de comer a ver comer!
¡Qué de platos duplicados
hay, de ternera, capones,
pollas, pollos, perdigones,
tostadas, huevos hilados!
Con qué ganas despabilan
las viandas, y en mí al verlo,
sin probarlo ni comerlo,
las tripas, ea, se me ahílan.
Un pobre poeta allí,
pero muy mal lo colijo,
pues el que poeta dijo,
ya dijo pobre por sí,
con una polla se arruga,
y su musa principiante
busca apriesa consonante,
y halla solo el de pechuga.
Un tuerto a un perdigón miró,
le tira, mas si tendría
hecha ya la puntería,
¿cómo puede errar el tiro?
Sin dientes y mil apodos
uno en tragar es tarasca,
pero si engulle y no masca,
fuerza es coma más que todos.
Los brindis en conclusión
haciendo van, y en efeto
no es más hombre el más discreto,
sino aquel de más razón.
Un medio ciego sanar
espera a puro beber,
mas si la vista a perder
llega, es hermoso cegar.
Yo entro allá, calla, rabia,
no te dé ahora calambre,
que es mejor morir sin hambre
que no de una aplogería.
Mas, ¿qué miro? Ya las mesas
se levantan de repente
los pobres. ¿Qué será esto?
Pues asustados parece
que salen. Iré a saber
la causa, pero aquí vienen
Flora y Sancha.
Salen Sancha y Flora.
¡Qué desdicha!
¡Qué mal!
¿Qué es lo que os sucede?
Del Rey, le dio un accidente
mortal estando en la mesa.
Pues la comida no puede
haberle hecho mal.
¿Por qué?
Tan moderado que siempre
como yo.
¿Tan moderado?
Y mucho, pues si se advierte,
soy el caballo de Wamba,
que ni anda, come, ni bebe.
Fuera chanzas; mas Flerinda
y Vandamiro aquí vienen
con la Reina.
Salen Flerinda y Vandamina, y después la Reina con un lienzo en los ojos.
La coge
Flerinda, que Ervigio habló
contigo, tú por humano
le diste un veneno.
Aparte
¡Ah, aleve!
Como dice, pero la Reina
ahora impide.
¡Ay de mí!
Templa,
Señora, el sentimiento,
que del Rey el mal no puede
ser mortal, vuelvo a decir,
que me impide que no vengue
su muerte en este traidor
que instrumento a mí me hiciera
de tan inorme delito.
¡Ay Flerinda, que el Rey muera!
Pues difunto ya en mi pecho,
en vano el corazón mueve
las alas; pues como en él
vivía mi esposo, y siente
que le falta aquella parte
con que alentaba, fallece
a la porción que echa menos.
Ya las ansias de perderle...
¡Ay, mi Rey, Señor, mi esposo!
Valedme, Cielos, valedme
en tanta pena, mas no
me valgáis si sois clementes,
mas que para qué vivir quiero
si mi amado esposo muere.
¡Ay de mí!
Aparte
Sus tiernas ansias
cuando a lástima me mueven
incitando más mis enojos,
yo misma he de dar la muerte
a este traidor.
Aparte
Flerinda
con sentimientos desmiente
lo que en su pecho ya es gozo.
Esta corona me deben
Ervigio y ella: no dudo
que acción tan justa en mí premien.
Déjame, Flerinda, ir
a ver si del accidente
ha vuelto el Rey.
Que el dejarte ir, Señora, pues no adviertes
que es querer acrecentar
tu pena.
El ir yo no puede
ser, amiga, y puede ser
que cual leona impaciente
a quien sus tiernos cachorros
dio astuto cazador muerte
que al verlos sin vida intenta
con sus gemidos hirientes
volverlos a dar el ser
que los dio en su propio vientre,
así yo con mis suspiros
y mis lágrimas ardientes
ya comunicarle vuelvo
el perdido aliento, darle
a mi esposo.
Ten, Señora,
pues Adulfo ya aquí viene.
Sale Adulfo. Y deja como está el Rey, Reina, Adulfo.
¿Desdicha fuerte!
¿Volvió el Rey del parasismo?
¿Qué dije?
Mas enmudece,
y vuestro labio, en callando,
me manifestáis su muerte,
y la mía en el silencio.
Desquiciados, ¡ay Dios!
caigan sobre mí los cielos,
siendo sepulcros celestes.
El día me falte, el sol,
en vez de alumbrarme, ardiente
funesta sombra enlute
mi pena de lobregueces
sola, si puede vivir
quien el bien, la vida pierde
y amante, ¡ay de mí!
Aproveche
Vuestra Alteza el delgado
entendimiento que tiene,
viendo que es disposición
divina que el Reyno quede
cuando sin esposo vos,
él sin Rey que le gobierne.
Dios se lleva para sí
a Wamba para que reine
en mejor patria, advirtiendo
que de Héroe tan excelente,
y tan justo, no era digna
España, ¿y mereciente?
De los Reales adornos
el Mundo le desposee,
y ya de los funerales
pompas le adornan decentes,
como se usó en los Godos
vestir sus difuntos Reyes
del hábito religioso;
y a aquel claro Sol de Oriente
venid, y también cortadles
el cabello, por que queden
exentos de aquel honor
de que les privó la muerte,
sin admitir tiempo alguno
a la ora en que fallecen.
Así en el féretro yace,
llorándole tiernamente
sus vasallos, mas no es mucho
que ellos su dolor empleen,
si aun las luzes le alumbran,
lágrimas general vierten.
Mi alma en dolor se exala
al oír su infausta muerte.
Todos los físicos dicen
que su fin mortal depende
de algún nocivo veneno
que ministró mano aleve.
¿Qué decís? ¿Vivo yo misma,
y viven esos lucientes
soles, globos de zafiro,
donde justicia se espere,
que al aleve, al traidor que
le dio el veneno, y de aleve
cómplice fue en tan atroz...
desleal de Dios he de hacerte,
más átomos que el sol gira
radiantes luces.
Mirando a los dos la Reina y turbados se ponen de rodillas
Detente.
Señora.
Mira que ya
a tus plantas...
Aparte
Mas ¿de qué me
lleva de mi propia culpa?
Aparte
Aunque me envanezco inocente,
fui quien el veneno dio
y su ira a este impulso mueve.
Pues, Flerinda, Vandamiro,
¿qué es esto que hacéis?
Aparte
Enmiende
mi voz lo que erró mi miedo.
Aparte
Mi valor se recupere
y mi turbación disculpe.
¿No habláis los dos?
Esto es veros
enojada y la lealtad
aun sin culpa entristecerse.
Aquí alguna culpa indico
en los dos.
¿Qué efecto es este
en Vandamiro y Flerinda?
¿Si habrán sido los aleves
que a Wamba el veneno dieron?
Hacer notorio conviene
esto al reino.
Aparte
De Flerinda
cualquier traición temí siempre,
pero hasta que lo averigüe
disimularé prudente.
No hablo contigo, Flerinda,
ni con vos, porque no puede
caber en tan nobles pechos
una traición tan aleve.
Pues las caras de los dos
de traidores me parecen.
Vase.
Ni con ninguno hablo, pues
conmueve natural fuerte
una violencia en mi esposo,
veo de cualquiera suerte
que es disposición divina,
que la vida de los reyes
está a cuenta de Dios, pues
solo es quien la defiende,
y si es su disposición,
fuerza que sin él se quede;
en Dios he de hallar esposo
que nunca faltarme puede.
Vamos, que temiendo estoy
según la pena me tiene,
el que acabe con mi vida
el dolor de ver su muerte.
¡Qué sentimientos!
¡Qué ansia!
Alivio su mal no tiene.
Publicaré lo que he visto.
Muerte daré a aqueste aleve
si notoria hace su culpa.
Vanse y queda Corcoba solo.
Logre que Wamba muriese.
Todos lloran y ninguno
con más razón lloran días
que yo; pues muerto ya Wamba
mi infelicidad me vuelve
de autorizada concuba
a ser viuda solamente.
Huérfano, en fin, he quedado
sin aquel culto solemne
que da el vulgo a los que logran
verse, al lado de los reyes
sin haberme acomodado
me dejó, pues como siempre
fue santo, nunca fue amigo
de ensalzar los mosqueteres.
Entrar quiero a verle muerto
por que el llanto se acreciente
en mí, que ojos que no ven
dice el refrán, ya me entienden.
En el salón estará,
y pues tan cerca se advierte
de aquí no ha cuidado, logre
mi pena difuntos veres.
Ya en el ataúd le miro
¡Qué asombro, Cielos, es este!
¡Qué enmudece en mí la chanza,
y aun las voces enmudece!
¿Este fue quien mandó el mundo?
¿Este el que adornó sus sienes
de la más ínclita corona?
¿Este el que domó rebeldes?
¿Este el que logró victorias?
¿Este el que dio justas leyes?
Y ya es polvo, y ya es nada,
ya es cadáver solamente.
¡Oh, altísimo desengaño,
en esto paran los reyes!
¡Qué horror!
¡Qué miedo!
¡Qué pasmo!
Pues todos huyendo vienen
haré lo mismo, que yo
no soy amigo del requiem.
Sale el Rey en hábito de monje Benito.
¡Ay de mí!, ¿qué es esto, Cielos?
¿Dónde estoy?, ¿qué asombro es este?
Ira de Dios, que el difunto
no solo habla, mas se mueve.
¿Qué es lo que pasa por mí?
¿Quién así me ha transformado
que aun señas no me he llevado
de quien soy, ni de quién fui?
Del fausto de rey aquí
me veo desposeído,
y en monje convertido.
¿Mas quién el regio esplendor
me quita, me da el honor
de este sagrado vestido?
Pues cuando del solio real
a este túmulo me muda,
me dice con lengua muda
que aunque fui rey, soy mortal;
con todo, fue siempre igual
la muerte en este invento,
mas de nueva vida advierto
que en su cruel tormenta amarga
quien mas abusa de ruego
llega mas seguro a puerto
la Majestad vana, y vana
exaltación es luciente,
que apenas es luz ardiente
cuando se ve sombras vana
una flor es que lozana
entre sus pompas fallece
pues apenas amanece
la sed luenga del sol
cuando su hermoso arrebol
en ese ocaso anochece.
Mas de esta transformación
en que aun yo no me conozco
de quien me puedo informar?
por que si hacerlo supongo
de los que juzguo vasallos
mios, el peligro corro
de que segunda vez hagan
menosprecio de mi, como
le hizieron en elegirme
Rey, pues fantasia solo
fue, o ilusion mi reynado
o que bien que dijo un docto
filosofo que era sueño
la vida del hombre en todo
Mas pues zozobra el bajel
del discurso en los escollos
de tanta duda, sin que
penetrar pueda el asombro
de hallarme de aquella forma
valerme de Dios dispongo
Vos Soberano Señor
me alumbrad en lo que ignoro.
Dentro
Digo que sea retocada.
Mas que ruydo es el que noto?
Y aqui esta.
Que es lo que veo?
Salen Ervigio, Ataulfo con una corona, y Sancha
Que maravilla!
Que asombro!
Que pasmo, Señor, es este?
Pues si le ignorais vosotros
como puedo yo saberle?
cuando confuso, y absorto
viendome assi transmutado
pedia al Cielo piadoso
agora me descifrase
la causa, mas de esa gloria
celeste, cortando el ayre
baja un paranympho hermoso
Que prodigio!
Que portento!
Baja un angel en nube y bajando al tablado
Oid católicos todos
nobles hijos de la Iglesia
y tu Wamba, que el glorioso
y altísimo Señor quiere
que en su nombre sea yo propio
quien del mar, en que fluctuan
tus dudas, te saque a el golfo
y su alta disposición
hoy notoria te haga a todos
A ti, Wamba, te ha tenido
por muerto tu reino todo.
Advierte que despojado
de la majestad externa,
de rey te privó su culto,
ese auto religioso.
Tres días ha ya que ocupas
aquese funesto trono
(que a la historia no se atreven
nunca los cómicos tropos)
no haber por difunto ya
ocupado el grave lodo.
Fue porque habiendo perdido
todos los afectos propios,
y rindiendo a un parasismo,
te retardó en tus ahogos
la lealtad de tus vasallos
hasta aquí el sepulcro honroso.
Muerte no ha sido la tuya
solo un letargo fue impropio,
que causó confeccionado
veneno, cicuta y opio;
quien te le dio, darte quiso
mortal veneno, mas como
los altos juicios de Dios,
reservados a sí solo,
han de cumplirse, dispuso
la operación de tal modo,
que obre el veneno un letargo,
no el fin que intentó el odio
de quien presto castigado
se verá por alevoso,
siendo humano instrumento
de Dios quien permite el modo.
Y pues ya reinar no puedes
por ser ley entre los godos
que una vez que a los extremos
del cabello (que es adorno
de un rey) lleguen las tijeras,
es la grandeza del solio
que es una degraduación
del cargo majestuoso.
Y siendo esto así, Dios te manda
que sin causar alborotos
de civiles guerras, luego
renuncies el reino heroico
de España en quien fuere digno
de el reino; obedece pronto
el orden, que así conviene,
siendo del agrado propio
de Dios, y queda en paz.
Vase en la apariencia
Espera, Aparición sagrada,
aguarda, hermoso [ilegible] ,
mas ya se ocultó a la vista.
¡Gran prodigio!
Nobles godos,
por revelación divina
ya habéis visto mi espantoso
suceso, el cual no refiero
por ser a todos notorio.
Y pues reinar ya no puedo
por ley que observaron todos
los reyes, la cual manda
que el que fue de adorno
del cabello despojado,
no ocupe otra vez el trono;
bien que derogar pudiera
su instituto, pues no ignoro
que rey que da leyes puede
derogarlas poderoso;
no obstante causar no intento
escándalos sediciosos
ni oponerme a los preceptos
de Dios, que obedezco en todo,
sino el hacer dejación
de esta real y amada
lo que conquistó mi espada,
que hizo el valor suyo propio
volviéndome al ejercicio
del arado, en que vosotros
me hallasteis, y a ser posible
que el lazo del matrimonio
que me une con Gismunda
se hubiese desatado todo
con el honor me quedara
de este hábito religioso
que me adornó por difunto
y vivo aceptara animoso.
Mas antes que dejación
de esta corona haga en otro,
pues que la culpa de Paulo
y de Ilderico fue solo
cometida contra mí,
y como ley fue forzoso
castigarlos, yo, Wamba,
del delito los perdono,
dando libertad a Ilderico,
volviendo a su estado propio;
y a Paulo le restituo
en cuantos cargos honrosos
tuvo antes, y a ser posible
según su ofensa le lloro,
aún a costa de los míos
le volviera a dar los ojos.
¡Gran piedad!
¡Hidalga acción
de un noble pecho!
Hora, heroicos
españoles, este Reino
siempre invencible y glorioso,
de España renuncio.
Dentro
¡Muere
a mis manos, alevoso!
Dentro
¡Muerto soy!
Dentro
En vano huyes
de mí.
¿Quién este alboroto
causa?
Sale Vandamiro y Ilerín detrás de él, con un puñal en la mano.
Detén, no me mates,
hasta que a todos notorio
haga mi traición.
¿Qué es esto?
Su ruina.
¿Qué oigo?
pues a sus plantas confieso
que darle muerte alevoso
intenté con su veneno.
El cual con infame oprobio
me le entregó a mí, y en la copa
que leal le serví, y como
instrumento a su muerte
me hizo su vil arrojo
ahora que sé su traición,
le doy muerte con su propio
acero.
¡Ay de mí!
Verdad es cuanto
dice Ilerinda, pues noto
que al tósigo valeroso
ya la vida le supongo
no se pierda la del alma,
pidiendo a sus pies heroicos
me perdone, mas yo muero.
Yo te perdono.
Ya expiró.
Retíranle.
Pues retirad
ese cadáver.
¡Qué asombro!
Cumplióse ya lo que el Ángel
hizo manifiesto a todos.
Altos son de Dios los juicios,
él le ha castigado solo,
no Ilerinda.
Yo cumplí
con mi lealtad.
Ya lo noto,
y supuesto que a hacer iba
dejación del cetro heroico,
vuelvo a dar que este reino
Hispano siempre glorioso
en Cruigio le renuncio,
dándole mano de esposo
a Ilerinda, siendo yo
el primero que me postro
a sus plantas.
Ya Ilerinda llegas a mis brazos.
Ya solo
soy su vasallo.
En el trono
siendo uno en dos en todo.
Mis Reyes sois y en fe de ello
repetid ¡que vivan, Godos,
Cruigio y Ilerinda!
¡Vivan
nuestros Reyes siempre heroicos!
Sale Veremunda.
Hasta verlo no he de creer,
vive Wamba, mas ¿qué noto?
¡qué pasmo es este!
Que Dios
guarda mi vida, mas cómo
tus brazos me dan, agora
muestras la triste alboroza.
¿De qué vino?
Como habiendo
disuelto el matrimonio
nuestro, según el derecho
natural que aprueban doctos
teólogos, pues por muerto
os hube, y el Reyno todo
esposo me eligió.
¿Qué tratas?
Resmunda...
Que he hecho voto,
tengo de ser religiosa
y a Dios ofrezco por esposo,
y en daros los brazos temo
ofenderle.
Raro asombro.
Luego si el voto mismo
hago, vuestro zelo heroico
me lo permitirá?
Sí,
pues aunque os amo, conozco
es duplicar el amor
y el estado mejor
de religiosa.
Pues yo
ofrezco ser religioso
en la orden de Benito.
Yo ser donado dispongo.
Y yo ciego,
todos ciegos caso!
Y hasta aquí no dudo en otro.
Soy agudo,
pues por serlo
merezcan noble auditorio
perdón dos plumas que escriben
el mejor Rey de los godos.