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Texto digital de Paces de ingenio y belleza

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (signatura Tea 1-137-6).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Paces de ingenio y belleza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/paces-de-ingenio-y-belleza.

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PACES DE INGENIO Y BELLEZA

Jornada primera

Pag. 1

Tea 1-137-6

+

Nº / La P. n.º 37

COMEDIA.

Paces de ingenio y belleza.

Personas que hablan en ella

Gerón.

Astiages.

Aureliano.

Sergio, sacerdote.

El Amor.

Arrebol, gracioso.

Elisa, ninfa.

Lauricena, ninfa.

Zorida.

Flora.

Otras ninfas.

Soldados y acompañamiento.

JORNADA PRIMERA.

Dentro.

Voces.

Monumento de nieve, urna de hielo

te dé el mar; ¡oh, infeliz joven!

Dentro.

Gerión.

El cielo

me valga contra un bárbaro desvío.

Unos.

¡Tira al mar!

Otros.

¡Buen viaje!

Acompañamiento, ninfas.

Al templo, al río.

Música.

Moradores del claro Palancia,

venid, que hoy pretende saber el Amor

si hay discreta hermosura o, si acaso,

es más la hermosura que la discreción.

Dentro.

Gerión.

Quiera Jove, enemiga nave, que halles

por las que azotas espumosas calles,

Pag. 2

Gerión.

golfo extraño, tenaz escollo frío

Voces.

Tierra al mar.

Otras.

Buen pasaje.

Ninfas.

Al templo, al río.

Sale Gerión y saluda a la tierra con su mano.

Gerión.

Selle mi labio la piadosa arena,

que ya sin riesgos de mortal sirena,

de onda voraz y de marino diente

señas de humana planta me consiente

oyendo, al parecer, en su distancia:

Él y música.

Moradores del claro palacio...

Dentro Astiages.

Ved si desde aquel leño

pluma de Tetis, y aire de su ceño,

tomó algún pasajero nuestra playa.

Aureliano.

Argos seré.

Otro.

Yo lince.

Aureliano.

Yo atalaya.

Astiages.

Corred hasta Sagunto la ribera,

y el que encontrareis venga preso o muera,

pues importa que sepa el amor

Él con la voz.

si hay discreta hermosura, o si acaso

es más la hermosura que la discreción.

Gerión.

¿Qué escucho? ¡Ay, injusto acaso!

¡desde un peligro, a otro peligro paso!

Aureliano.

Un hombre veo aquí.

Astiages.

Prendedle luego.

Pag. 3

Salen Astiages, Aureliano, Arsebo y soldados.

Gerión.

De cólera estoy ciego,

pero en lance tan fuerte

que salir con la vida es mayor muerte,

arrestado, aunque me hallo sin espada,

defenderme podré.

Los soldados van a asirle y Gerión forceja con todos.

Aureliano.

Locura osada

es la tuya.

Astiages.

¡Qué inútil resistencia!

Gerión.

Vano es tratar salir de esta violencia.

Soldados.

Date a prisión.

Arsebo.

No tardes en rendirte,

o jugarás tu suerte.

Gerión.

Aprisionado

no va el valor, sino la indigna estrella

que solo por ser mía se atropella.

¿Ya qué queréis de este infeliz ejemplo?

Astiages.

Llevadle, y en la torre que hacia el templo

de Amor, y de Afrodita más vecina,

mira por la campana Saguntina,

le dejaréis con suficiente guarda.

Gerión.

¡Oh, generoso joven! Si me aguarda

la muerte que no temo, solo quiero

que me digas la causa por qué muero.

Soldados.

Vamos presto.

Astiages.

Dejadle, que antes hallo

que para referirle lo que callo,

me importa oírle; dime, peregrino.

Pag. 4

Astiages.

¿Quién eres?

Gerión.

Imagino

que no sabré decirlo aunque lo intente

mas sin embargo escucha brevemente.

De Cartago africana

una pequeña aldea que es temprana

cuna de Abril, y Chipre de sus flores

dio a mis primeros rústicos albores

la noble providencia

de empezar a dudar y amar la ciencia

pues lo que más a cualquier hombre ayuda

para saber, es el saber que duda

y este deseo de lo más perfecto

nos hace ver que hay ignorar discreto.

Dicen que un labrador de aquella aldea

que acaso a la esperanza de Amaltea

añadía la copia de mil rosas,

oyó mis tiernas voces lastimosas

que desde el mar salían a la orilla

viendo una pobre náufraga barquilla

expuesta a la más fácil contingencia

el reparo esencial de mi inocencia,

crióme su piedad, y su cuidado

pero nunca me ha dado

mayor noticia del origen mío;

este es todo mi ser y pues confío

que a mi fortuna la verdad mitigues

óyeme desde aquí lo que se sigue

Pag. 5

Gerión.

Hallábame en Cartago

impaciente de amor, con el halago

que ociosas juventudes tiraniza,

y teniendo que el orbe solemniza

entre dos promontorios del Tirreno,

al edetano y sucrorense seno,

en donde está el gran templo de Diana

deidad como la Efesia valenciana,

determiné embarcarme en esa nave,

cuya velocidad apenas cabe

ni en el viento, que el lino le desata,

ni en la ondosa inquietud de inmensa plata.

Llegamos a estas costas felizmente

por el cabo ferrario del Oriente;

y esta mañana, cuando el alba hacía

mil salvas de jazmín al rey del día,

que en tálamo dorado

es clavel de los siglos abrasado.

Vimos la gran Sagunto

de Hércules gloria, y de su fama punto.

Hablando de este pueblo y su grandeza,

como también de la invicta fineza

con que le mira Roma y su Senado,

pasé con un cariño declarado

(que oculta causa motivó en mi pecho)

a celebrar sus triunfos; con despecho

y odio los africanos me escuchaban,

y todos juntos en mi fin pensaban;

desde luego intentaron arrojarme

al mar, y entre sus ondas sepultarme.

Pag. 6

Gerión.

y el desorden, y cual lo consiguiera

si más humano el capitán no hubiera

ofendido a mi vida,

mandando que, en tormenta tan crecida,

en un pequeño esquife me sacaran

y entre aquellos peñascos me dejaran,

adonde apenas llego,

veo que el agua se convierte en fuego;

pues si un odio del piélago me arroja,

la tierra airada contra mí se enoja.

Mas, ¡ay!, que nunca ha hallado

buen puerto en la fortuna un desdichado.

Esta es mi historia (¡oh, joven generoso!),

y si es cierto que, al menos venturoso,

por derecho común no se le niega

el salvarse en la playa adonde llega,

suplico a tu grandeza que me diga

por qué causa enemiga,

con inhumanos modos,

¿me pasáis a negar lo que es de todos?

Dime, ¿por qué decreto, ley o edicto,

en mí ha de ser delito

lo que es asilo a los demás vivientes?

¿Cabe, señor, que quites y violentes

la libertad que gozo por mí mismo?

¿Quién esta injuria ocasionó?

Antíoco.

Un abismo

y un enemigo confuso.

Pag. 7

Antíoco.

que hoy Venus en su oráculo nos previno

pretendiendo saber el Amor:

Elymius.

Si hay discreta hermosura, o si acaso

es más la hermosura que la discreción.

Astiages.

Y para que de injusto no me arguyas,

ni con las quejas tuyas

me llames riguroso,

verás cómo mi pecho generoso,

sin faltar al decreto soberano,

podrá satisfacer.

Dentro.

Elisa.

Vulgo tirano,

que así mis desalientos burlar quieres.

Dentro.

Sergio.

Muere por infeliz.

Otros.

Por bella mueres.

Astiages.

La voz de Elisa oí; Sergio, ¿qué es esto?

Salen Sergio sacerdote, y otros trayendo a Elisa con un velo al rostro como que la llevan al sacrificio.

Sergio.

Señor, que del oráculo funesto

de Afroditis Divina

se oyó una voz.

Dentro.

Uno.

La sierpe se encamina

hacia esta parte.

Ninfas.

Huyamos su fiereza.

Unas.

¡Clemencia!

Otras.

¡Piedad, Dioses!

Astiages.

Su extrañeza

y saña rigurosa

hoy contra Elisa nos mostró la Diosa;

Pag. 8

Vase con las demás.

Astiages.

Ampararla quisiera: mas en vano,

con lo Divino disputó lo Humano.

Venid todos, y aqueste Peregrino

dejadle a la clemencia del destino,

por si puede ser víctima bastante

en tanto riesgo

Gerión.

Nada hay que me espante.

Aureli.

¡Ay, Elisa! el librarme es imposible

de airada Venus y de sierpe horrible.

Elisa.

¡Cielos, piedad!

Gerión.

¡Qué escucho!

Saca la espada.

Arrebol.

Ya no puedo

escapar de la sierpe, ni del miedo;

una me busca y otra va conmigo:

y cierto que no sé cuál enemigo

es mayor de estos dos: mas llegó el día

de estrenar, Arrebol, tu valentía

y ser pieza empeñada de la fama,

feriándole la vida a aquesta Dama,

porque vean andantes Caballeros

que hay pícaros también aventureros.

La espada saco; la ocasión me obliga.

¿Si acaso se arrebola esta enemiga

serpiente, como suelen las más feas?

¡Ay, que ya la descubro! no me veas,

Pag. 9

5

Arrebol.

¡Oh, no le vea yo viviente plaga,

avíseme usted cuando me traga;

la espada se me cae, mas no importa,

que más un pie que dos espadas corta.

Vase; deja caer la espada, y Gerión la toma.

Gerión.

En tu pérdida arguyo mi ventura.

Desdichada hermosura,

cuya beldad este rigor me dice,

porque siempre es hermosa la infelice;

retírate a esta parte.

Elisa.

¿Qué pretendes hacer?

Gerión.

Asegurarte.

Vase.

Elisa.

¿Cómo podrás salvarme con riesgo tanto?

Saldrá una sierpe, y corriendo la distancia se entrará por una gruta, que se abrirá en el foro, y volviéndose a cerrar aparecerán unas letras grandes que leerá a su tiempo Gerión.

Gerión.

Me opondré a todo el reino del espanto.

Marte sagrado, Palas religiosa,

vuestra será mi acción siendo gloriosa.

Espera, sierpe enemiga,

aguarda, terrible monstruo,

no desvaríes el aliento

de quien te sigue animoso.

Mas ¿si es sueño lo que miro,

si es encanto lo que noto?

Aquel bostezo sañudo

que rudamente ambicioso

tragó tan torpe fiereza,

admitió tan vil estorbo,

se cerró: (¡Prodigio raro!)

dejando en plano el foro.

Pag. 10

Lee.

(Va a entrar y se suspende).

Gerión.

Unos caracteres grandes

que dicen, si los recojo;

"Al compañero de Hércules, idiotas,

no muerde la que habita aquí serpiente;

nadie, sin ser discreto y ser valiente,

quiera entrar en mi obscuro laberinto".

Por más que me dificultes,

caverna rústica, el cómo

pueda registrar tu seno,

yo, sin lo presuntuoso

de discreto y de valiente,

pretendo:=

Dentro una voz canta.

Voz.

Infeliz quien solo

se dejare llevar de lo curioso.

Gerión.

Qué triste voz me acobarda,

cuando...

(A otra parte).

2.ª Voz.

Mil veces dichoso

quien con valor e ingenio rompa asombros.

Gerión.

Entre dos voces confuso,

entre dos ecos absorto,

1.ª Voz.

quedo, sin que

tome el riesgo.

Gerión.

Determine...

2.ª Voz.

...busca el logro.

Gerión.

Fría mansión, ¿quién te habita?

¿Quién te ocupa, albergue bronco?

2.ª Voz.

La discreción hermosa.

1.ª Voz.

El horror espantoso

que cría alcázar cavernoso,

donde el Estudio es rey, vasallo el Ocio.

Pag. 11

El foro de la gruta se transforma en el de un palacio y sobre su puerta se escribirá este dístico latino.

Victus Amor querit quenam in hac Arce Potestas: An Docta, an pulchra vicerit Arma sua?

Gerión.

Mas la que fue horrenda gruta

se transformó poco a poco

en un magnífico alcázar,

cuyo frontispicio hermoso

único ejemplo es del arte

y de la idea es asombro.

De Venus la estatua bella

ocupa aquel nicho, el otro

la de la sabia Minerva,

que, si mi disculpa cobro,

la discreción y hermosura

significan. Por despojos

tienen las flechas y el arco

de Amor; con que reconozco

que en alcázares sagrados

donde atributos gloriosos

hacen victorias sin riesgo

en los campos del ahogo,

amor no es deidad, sino

vasallo de los enojos:

y el entretejo de la sierpe

no fue daño, misterioso

sí, pues es de la prudencia

el jeroglífico propio;

como diciendo: que el perezoso

si es medroso...

Pag. 12

Gerión.

la discreción, o hermosura

ha de difinir, no solo

cumple con ser sabio, pero

debe ser prudente, y docto.

Por inscripción de la puerta

latino un dístico noto

que dice: Vencido Amor

de discreción y hermosura

saber de las dos procura

cuál tiene imperio mayor.

Entrar determino.

Dentro voces.

¡Afuera

la que con un velo el rostro

tiene cubierto!

Dentro Elis.

¡Clemencia!

Gerión.

¿Qué escucho?

Voces.

¡Afuera!

Elisa.

¡Socorro!

Vase.

Gerión.

Opuesto al bárbaro vulgo

la he de amparar aunque todos

los Eduanos me embistan.

Dentro Antíoc.

¡Qué resolución!

Dentro Aurel.

¡Qué arrojo!

Dentro Ger.

No lo será en mi valor;

y más en lance que logro

asistir a una mujer,

que no he visto ni conozco.

Pag. 13

Sale Gerión y saca a Elisa con el velo al rostro.

Gerión.

Aquí estarás mientras vuelvo

a resistir animoso

tanta crueldad.

Vase.

Y por la puerta del Alcázar sale el Amor.

Amor.

Salve, Elisa;

compadecido dispongo

librarla porque un error

se ataje y se eviten otros.

Ven conmigo, ninfa bella.

Elisa.

Aunque quien seas ignoro,

sigo tus ecos, que tienen

consonancia de amorosos.

Llévala el Amor y éntranse por la puerta del Alcázar.

Música dentro.

Música.

¡Viva la hermosura!

Ruido de cuchilladas.

Todos.

¡Muera!

Música.

La que discreta.

Todos.

El que loco.

Música.

Cuestión tan grande se ofrece.

Ellos.

Ocasiona este alboroto.

Música.

¡Viva!

Ellos.

¡Muera!

Salen Astrages, Aureliano, Farebol, y soldados riñendo con Gerión, y al mismo tiempo saldrá del Alcázar la ninfa Egerida, que se pondrá al lado de Gerión.

Pag. 14

Egerida.

Suspended

las iras, no muera.

Todos.

¿Cómo

puedes defenderle?

Egerida.

Oídme.

Astiages.

Corrido a Egerida oigo

viendo que este forastero

pudo burlar mis enojos.

Egerida.

Supuestos los dos principios

(Astiages, Príncipe Heroico)

de discreción y hermosura,

y asentando que uno y otro

mueven cuestión que se arguye

sin medios indecorosos

a nuestro ver; y también

dándose, como supongo,

dos tiernos bandos de Ninfas,

cuyos caudillos hermosos

son Elsa y Lauricena,

discurrís que el horroroso

estrago de la serpiente

y que el sangriento destrozo

y plaga de la Edecania

nace del contradictorio

femenil estudio; pues

no es así; entendedlo todos;

yo repararé del Amor

incitador venturoso,

Pag. 15

En el margen superior derecho se lee el número 8. En el margen izquierdo y bajo el texto principal se aprecian restos de una escritura anterior borrada (palimpsesto).

Egerida.

De ese dórico edificio

que se ofrece a nuestros ojos,

os hago saber que hacéis

un juicio supersticioso,

atribuyendo a delito

lo que en su sagrado solio

es merecimiento; y para

apartar escrupuloso

dictamen, venidos, sea

en nuestro favor, o airoso

el amor, que si el amor

yace sin plomo y sin oro,

trofeo de cuantas ninfas

huyen finezas y odios,

podréis creerle, sin que

estiméis por sospechoso

cuanto él diga. ¡Puerta del alcázar!

Música.

¿Quién llama?

Egeria.

Al amor invoco.

Música.

No se niega al precepto

quien obedece al ruego y al sollozo.

Sale el amor por la puerta del alcázar.

Canta.

Desde mi alcázar salgo,

oh, pueblo riguroso,

a que humano confieses

lo que divinamente reconozco.

La sierpe con que quedan

Pag. 16

Canta.

desiertos los contornos,

incultas las llanuras,

inútiles y estériles los troncos.

Después que dio la muerte

a Sacinto el famoso,

que a fundar a Sagunto

con Hércules llegó a pagos remotos.

Condicional castigo

es en el sacro trono

de Jove, hasta que vea

bien visto su deidad el desenojo.

Y el templo de mi madre,

que reverencia Apolo,

no os pidió que muriese

la sabia Elisa que en mi Licio escondo,

sino que fin tuviesen

las disputas del voto,

y aqueste pasajero

juez sea en lo discreto y en lo hermoso.

Comenzó vuestra saña

el arcano, en desdoro

de las ninfas, haciendo

de víctima gentil bárbaro voto.

Pero yo, compadecido,

los dos bandos convoco

de Elisa y Lauricena,

caudillos bellos de su ilustre coro.

Pag. 17

9

Canta Amor, y la música con Egerida.

Música.

Venid, ninfas, venid donde dichosos

arguyan los ingenios y los ojos.

Por la parte del Amor sale Elisa con sus ninfas con el rostro cubierto, y por la de Egerida, Lauricena y su coro.

Amor.

Llega, Elisa, y de esta suerte

encubierta has de argüir,

porque no puedan decir

que hay la ventaja del verte.

Egerida.

Llega, Lauricena, y sea

tu hermosura tan callada

que la juzgue imaginada,

el que realmente la vea.

El coro de Elisa canta.

Música.

La discreción viva,

para que desde hoy

confiesen los hombres

que ella es la mayor.

Coro de Lauricena canta.

2º Coro.

La hermosura viva,

para que en cuestión

célebre, se vea

que ella es la mayor.

1º Coro.

La hermosura, viva,

viva la discreción.

Pag. 18

Gen.

¿Qué perfección singular

es la que contemplo aquí?

Si todo un cielo vi,

¿cielos qué podré juzgar?

Aparte.

Armin.

A vuestra razón mi afición

y Elisa a los dos venciera

pues con el amor yo diera

eficacia a la razón.

El oráculo, Cupido

en su favor declaró;

y de mi error estoy yo

confuso, y arrepentido.

Aparte.

Aureliano.

Lauricena ha de tener

el Lauro, si en su belleza

tiene parte la fineza

con que aspiro a merecer.

Arrebol.

¡Oh, si pudiese Arrebol,

hacer un juicio cortés,

¡Ninfas! pero aquello es

tirar claveles al sol.

Entre discretas y hermosas

soy abogado y fiscal,

tal vez vivo en el cristal,

y a veces me matan rosas.

Mis leyes son muy sencillas

pues la especie que más toca

Pag. 19

10

Arrebol.

cuando parece la rosa

va a dar siempre en las mejillas.

Y si es que alguna repara,

en consultar mi favor,

es envidia del color

razonable de su cara,

y aun sé.

Astucia.

Calla, necio.

Atrevimiento.

En vano

me culpas por lo que soy,

pues si doy en rostro, doy

siempre con mi blanda mano.

Aparte.

Vase.

Amor.

En uno y otro ejercicio

lo que busques quiero ver,

piensa (¡oh joven!) en hacer

sin pasión aqueste juicio.

Pues si sentenciares mal

por ciego impulso y error,

ten sabido que el amor

será tu mayor fiscal.

Su ser callaré, por ser

condición de apoderado,

que este gobierno usurpado

él lo haya de merecer.

Pag. 20

Vase.

Astrea.

A espacio, no te adelantes,

enemigo pensamiento,

y fabriques mi tormento

dudando en estos semblantes.

Mas ¿en tan vano acabarme?

Nada estorba a mi quietud,

y hacia mi solicitud

cualquier vaticinio miente.

Vase.

Aurelio.

Sin duda, oculta grandeza,

juventud, os detenéis,

pues Venus te quiso hacer

Paris de ingenio y belleza.

Gerardo.

Admirables trompas, cuya

eficacia poderosa

deja a mi atención dudosa

sin saber cómo os arguya.

Tiernos, dulces bandos, que

equivocáis altamente

con lo que el oído siente

aquello que no se ve.

Sabe el alma que quisiera

entramba dificultad,

que triunfara la beldad

y que el ingenio venciera,

mas sin faltar al respeto

Pag. 21

En el margen superior derecho aparece el número 11. Hay texto descolorido en el margen izquierdo que es un calco (bleed-through) de la página anterior y se ha ignorado.

Gerardo.

A vuestro especial blasón

preciso es en la ocasión

obedecer al decreto.

Juez me han hecho las Deidades

de vuestra causa esta vez,

pero recelo que el juez

doble las dificultades.

Y así dadme luz,

Lis.

no vas

fundando en tu petición,

pues tendrás más confusión

cuanto luciremos más.

Luce la Hermosura y luce

con excelencia tan alta,

que donde un sagrado falta,

una afición introduce.

Brilla el Ingenio de suerte

que sin perder lucimiento,

adorna al conocimiento

del que su esplendor advierte.

A estas luces nadie puede

hacer fin en conocellas,

pues a la más grande de ellas,

otra mayor la excede.

Para conocer seguro

cuántas la luz del color,

se vale el diestro pintor

de la sombra y de lo escuro.

Pag. 22

Aparte.

Lis.

Si lo difícil te asombra

de nuestras luces procura

ver si hay sombra en la hermosura,

y oirá si en un ingenio hay sombra.

¡Oh, si le venciese yo!

No lo dudo, que en efeto,

a más de que hablo discreto,

valiente me defendió.

El bando entendido vea

cuánto me debe, pues hoy

para defenderle doy

a entender que soy muy fea.

Aparte.

Laura.

Mucho del hermoso bando

el laurel mi afecto aprecia,

pues quiero parecer necia

mirando, oyendo, y callando.

¡Qué difícil ha de ser

el silencio en tal cuestión,

si es que una contradicción

he de oír, siendo mujer!

Gerión.

Ningún arbitrio imagina

la especie que me sujeta,

pues una es deidad discreta,

y otra es belleza divina.

Elisa.

Juez feliz y peregrino

sigue nuestros pasos, y entra

en el palacio que encuentra

tu mejorado destino.

Pag. 23

12

Elisa.

diciendo por el camino

la armoniosa confesión.

Laura y su coro.

¡Viva la hermosura!

Elisa y su coro.

¡Viva la discreción!

Vanse todas con esta música, y al entrarse Gerión le detiene Arrebol.

Arrebol.

¿Forastero?

Gerión.

¿Quién llamó?

Arrebol.

Quien de tu modo obligado

pretende ser tu criado.

Gerión.

Ese ofrecimiento, no

puedo creer, pues contradice

al estado en que me ves.

Arrebol.

Digo que estoy a tus pies.

Vase.

Gerión.

Digo que voy infelice,

mas no obstante, espera a que,

que en saliendo a mi empleo

te agradeceré el deseo

de servirme; a Dios.

Arrebol.

¡No vi

pasajero tan honrado

ni más cabal intención,

que sin pedirle razón

repare a admitir criado!

Ahora bien, sea el que fuere

yo he de servirle, pues verá

que el que admitir rehúsa

Pag. 24

Arrebol.

Con solo el que pagar quiere.

mi amo ha de ver aunque tuerza

su voluntad y su agrado

que si hay quien sirva forzado

él me ha de mandar por fuerza

Hoy por lacayo me escriba

y admitiéndome la oferta

si hasta aquí fui plaza muerta

comience a ser plaza viva.

Mas aquí asentado ya

que le tengo de servir

es tiempo de discurrir

un soliloquio, allá va.

Supongo que el Juez soy yo

de lo hermoso, y lo entendido

porque Venus lo ha querido

o al amor se le antojó.

Si contemplo la belleza

que más gloriosa se ve

en ella solo hallaré

melindres y delicadezas

si en la discreta se fía

el certamen más solemne

hallaré que solo tiene

engaño y bachillería

Cada cual hace imperfecta

Pag. 25

13

Arrebol.

la perfección que le cabe

una afecta lo que sabe,

y otra lo que goza afecta,

yo en materia tan dudosa,

buscara para valida,

ni a la que es más entendida,

ni a la que es menos hermosa,

sino un medio.

Dentro Ninfas.

La serpiente

nos amenaza.

Unas.

¡Piedad,

Amor!

Otras.

¡Socorro, deidad

de este alcázar!

Arrebol.

¡Oh, me queme

por lacayo en cruel

boca, me sabe sorber,

que cogiéndome en agraz,

me reventará en pastel!

Sale Flora.

Flora.

Arrebol, en tantos males

ampárame.

Arrebol.

El habla esconde,

que veo la serpiente.

Flora.

¿Dónde?

Arrebol.

¿Qué más serpiente, si tú sales?

Flora.

¡Ay, que viene!

Arrebol.

¡Ay, que llega!

Flora.

Defiéndeme.

Arrebol.

Voy por ciervo.

Pag. 26

Ella se asirá de él.

Arrebol.

¿Cómo, Flora, si me has muerto,

podré defenderme yo?

Déjame.

Flora.

Yo no me aparto

de ti, que el temor me quiebra.

Arrebol.

Pues ya que te haces culebra

procuraré ser lagarto.

Flora.

No muerdas, vil.

Arrebol.

Soy humano,

y que no te enrosques quiero.

Muérdele y vase.

Flora.

Pues contra un pícaro fiero

tigre he de ser.

Arrebol.

¡Ay, mi mano!

Huir procuro.

Sale Ger.

Gerión.

Oye, espera,

no temas.

Arrebol.

Para que escuche,

has de decirme si acaso

murió la sierpe.

Gerión.

Si dulces voces,

de uno y otro coro

me guiaron al ilustre

sagrado alcázar en donde

a un mismo tiempo descubren

un sosiego los oídos

Pag. 27

Gerión.

los ojos mil inquietudes

pues entre ecos y colores

ya se cobran, ya se turben,

se paran al embeleso,

y a la admiración acuden.

Siguiendo, pues, la armonía

de las Ninfas, me introduje

en un jardín, cuya bella

máquina tú la discurre

por la mayor, pues aunque

retórico la dibuje,

quedándome entre sus sombras,

no he de llegar a sus luces.

Entraron, pues, ambas tropas

en sus aulas, donde arguyen

su opinión, y apenas vuelto

la vista, cuando lúgubre,

horrenda caverna, que

ya otra vez vi, porque apure

mi valor, vomitó fiera

sierpe, cuya saña infunde

veneno, pues en sus ojos

inflama, ardiente resume,

por boca y narices llamas

arroja, los dientes cruje,

a silbos seca las hojas,

a golpes los troncos frunce.

Pag. 28

En el margen izquierdo se aprecian restos muy pálidos de nombres de personajes que parecen haber sido borrados o ser un calco del reverso.

Gerión.

sobre la sulcada arena,

verdes escamas sacude,

fríos nudos desenlaza,

y fuertes lazos desune;

fieramente me embiste,

fieramente me circuye,

con el ruido me asombra,

y con la cola me aturde;

libre del primer encuentro

pido a los Dioses me ayuden,

y fiado en su asistencia,

desde un tronco que me cubre,

le tiro tal estacada,

que cuando el pecho presume

que me destruyen sus dientes,

duro acero le destruye;

en fin ya tiñe las flores

por venas, que...

Con la música los dos coros de Ninfas.

Ninfas.

¡Viva, triunfe,

el que a la gran Sagunto deja inmune

del Cartago sangriento,

¡viva, triunfe!

Gerión.

Sagradas, hermosas Ninfas,

no vuestras voces ocupe

mi acción, viva el alto Jove.

Pag. 29

En el margen superior derecho aparece el número 45.

Gerión.

pues hoy la condición cumples.

Vivan Venus y Minerva,

con cuyos auspicios pude

vencer tal fiereza.

Todas.

Vivan

nuestras deidades, y el peregrino triunfe.

Salen todos por diferentes partes.

Sergio.

Estos ecos me suspenden.

Astiages.

Estas voces me confunden.

cerrado concurso fácil,

que con mentidas vislumbres,

sin fundamento produces

que dices.

Todas.

Vivan los dioses

y este peregrino triunfe

que dio muerte a la serpiente.

Astiages.

Este suceso concluye

mucha parte del presagio

pues para que yo sepulte

vuestra ceguedad, él muera.

Todas.

Muera.

Gerión.

Ya sabéis que supe

dar muerte a un monstruo, y a nadie

temo.

Pag. 30

Todas.

Nosotras no dudes

que moriremos primero

que no él.

Sergio.

Tened, que aunque tuve a la parte de ellas

por desaciertos las voces,

no lo son.

Astrea.

Sergio, ¿así cumples

lo que ofreciste?

Sergio.

Astrea, sí;

no contra mi acción disputes

cuando este eco corresponde

a nuestras solicitudes,

o, si este fuese Timantes...

Vase.

Asti.

Razón es esta que procure

asegurar mi gobierno

en la corona; y pues unes

voluntades este joven

con exceso tan ilustre,

antes que del vaticinio

toda la verdad apure,

le daré muerte, cuidado,

un instante no descuides,

que sobre la contingencia

industria y valor me ayuden.

Pag. 31

En el margen superior derecho se lee el número 16.

Vase.

Aureliano.

Confuso quedó Hermógenes,

sin duda desde hoy presume

su desgracia, que este joven

voy a ver lo que discurre;

que en todo trance seré

el que más fiel le asegure,

pues en su privanza soy

el que más dichoso luce.

Sergio.

¿Cómo te llamas?

Gerión.

Gerión.

Sergio.

Pues, noble Gerión, no injurie

tu valor recelo alguno,

pues hay astros que te ayuden.

Elisa.

¡Qué desengaño tan noble!

Laur.

¡Qué experiencia tan ilustre!

Egeria.

¡Qué valor tan generoso!

Flora.

Ya no hay sierpe que me asuste.

Un corchete agrupa los siguientes cuatro versos de Arrebato y Flora.

Arrebol.

¿No hay diosas?

Flora.

Sí.

Arrebol.

Pues, demonio,

otras culebras no busques.

Gerión.

Riesgos y dificultades

me amenazan y confunden;

¿quién se halló en tan exquisito,

en tan raro, en tan voluble,

Pag. 32

Gerión.

movimientos de Fortuna;

reino extraño, airado numen,

difícil advirtió fácil,

tiranía hallé, si cumplen

inocente, y veloz el tiempo,

verá que láminas tuve,

para ejemplo de los que

mi gloria inmortal emulen.

Elisa.

Vuelve otra vez al alcázar

insigne, sereno, ilustre,

mientras que dicen las voces,

con metro canoro, y dulces;

Todos y músicos.

Ven donde tu ingenio

declare ya justo

lo que nos parece

casi indisoluble;

y cuando lo juzgues

instante y atento

dirá nuestro acento

que viva Venus, que Minerva viva,

y de la envidia altiva

Gerión triunfe.

fin

Pag. 33

Página sin texto manuscrito. Marca del Ayuntamiento de Madrid.

Pag. 34

Página con tinta muy desvanecida. El texto visible coincide materialmente con el de la página 0032.

Gerión.

movimientos de fortuna;

reino extraño, airado numen,

difícil advirtió fácil,

tiranía hallé, si cumplen

inocente, y veloz el tiempo,

verá que láminas tuve,

para ejemplo de los que

mi gloria inmortal emulen.

Elisa.

Vuelve otra vez al alcázar

insigne, sereno, ilustre,

mientras que dicen las voces,

con metro canoro, y dulces;

Todos y músicos.

Ven donde tu ingenio

declare ya justo

lo que nos parece

casi indisolubles;

y cuando lo juzgues

instante y atento

dirá nuestro acento

que viva Venus, que Minerva viva,

y de la envidia altiva

Gerión triunfe.

Pag. 35

En la esquina superior derecha se lee el número 17. En la cabecera aparece el texto "Jornada Segunda" y, entre ambas palabras, "OCIO".

El resto de la página está ocupado por un dibujo en tinta de un hombre con ropajes elaborados, en equilibrio sobre un pie encima de un pedestal. Detrás del dibujo se perciben líneas de un texto manuscrito muy desvanecido o borrado (al parecer un diálogo entre personajes como Genio y Hermosura) que resulta casi en su totalidad ilegible.

Pag. 36

Página con un dibujo que representa a una figura sobre un pedestal. No contiene texto para transcribir.

Jornada segunda

Pag. 37

Jornada Segunda

17

Sale Gerión.

Gerión.

Confusa imaginación,

¿por qué mi temor arguyes

si cuando una prisión huyes

encuentras otra prisión?

¿Dónde caminas, desvelo,

si a cada paso que das

veo que vuelves atrás

los alientos con que vuelo?

Sale Astriages por otra parte.

Astiages.

Cuidado mal entendido,

que apenas imaginado

has parecido cuidado

cuando mal has parecido.

¿Por qué senda tu intención

podré introducir, atento,

que no es lograr un intento

deslucir la ejecución?

Gerión.

Tan empeñado me veo

en lo que oigo y lo que miro,

que si de uno me retiro,

otro igualmente deseo.

Astiages.

Mi recelo es tan infiel,

que en las pensiones que gano,

es conmigo más tirano

cuando soy menos cruel.

Gerión.

Dioses, si fue vuestro intento

declarar esta verdad,

no me dejéis voluntad,

Pag. 38

9 dadme solo entendimiento -

Astiages.

Dioses, si a extremos llego

en la quietud que procuro,

pues la Edetania aseguro,

asegurad mi sosiego.

Gerión.

Sagrada esfera que tienes

con perfecciones iguales

motivo para mis males,

y razón para tus bienes.

Astiages.

Alcázar, en que averiguo,

con la luz del ciego Dios,

que cuando me obligan dos,

por uno me desobligo.

Gerión.

Ausentarme.

Astiages.

Introducirme.

Gerión.

Otra deidad...

Astiages.

En su visión.

Los dos.

Podréis, sin que...

Astiages.

¡Gerión!

Gerión apartándose de la puerta del alcázar, y Astiages queriendo entrar por ella, se encuentran.

Gerión.

Fuerza es aquí reprimirme.

Astiages, aunque amor

hace empezar a desvelarme,

la atención de no oponerme

al decreto superior,

mis iras vencer procuro.

Astiages.

Yo buscaba esta ocasión

para decirte, Gerión,

que en la Edetania seguro

no estás destas vanas prevenciones.

Pag. 39

18

Astiages.

satisfacer mi cuidado,

para que si desempeñado,

dejares el argumento

lograrás menor ventura,

pues es fuerza en la ocasión,

o agraviar la discreción,

o desairar la hermosura;

y si piadosa y humana

quedas, con indiferencia

será contra tu clemencia

todo este seno Océano,

con que no hay medio cabal,

quisiere escusar, a ser,

juzgando mal, no harás bien,

juzgando bien harás mal.

Y así que procures trato

de ausentarte antes que...

Gerión.

Espera.

que no creí aunque te oyera

que escuchara tan gran vano;

tú me mandaste prender,

y he llegado a discurrir

que fue más por resistir

que no por obedecer;

preso me has visto, y sujeto

al decreto Soberano

Pag. 40

Gerardo.

Y no fueras tú tirano

a obedecer el decreto;

esta noble urbanidad,

que me debas he querido,

una vez tu preso he sido,

y no quiero libertad;

cuán opuestos pareceres

son los nuestros, bien se ve,

que antes librarme intenté,

y ahora no porque me quieres.

Astiages.

A tanto desembarazo

responderé de esta suerte.

Gerardo.

Contra mí no ha de valerte

la destreza de tu brazo.

Astiages.

Notable valor.

Gerardo.

Destreza

grande.

Sale Laurig.

Laurig.

Hacia aquí, mantened,

vuestras iras suspended.

Gerardo.

Obediente a tu belleza

quedo, mas por otra parte,

hermosa deidad quisiera

que Astíages me envidiera

por otra.

Reclamo: Escucharé / Astiag.

Sello inferior: 1200023868

Pag. 41

19

Tea 1-137-6

Astrea.

Lauricena en ocasión

que así Gerión me obliga,

permitidme que prosiga

la invención de Gerión.

Gerión.

Una y otra obligación

de obedecer y decir,

quisiera a un tiempo cumplir,

mas si oyendo tu dulzura,

he de dar a tu hermosura

el laurel, vuelvo a reñir.

Astrea.

Espera; el alma indecisa

está, y no puede mi pena

dar ventaja a Lauricena

contra el ingenio de Elisa.

Gerión.

Si ya mi valor te avisa,

si declaro mi invención,

córtala...

Sale Elisa.

Elisa.

¿Qué turbación

es esta, en que deslucís

el cargo con que venís

tan propio de vuestra acción?

¿Cómo desautorizáis

lo ilustre del competir,

sin mirar, sin prevenir

que a una hermosura agraviáis,

o convencidos quedáis

a la opinión más segura?

O vuestra acción fue locura,

pues Lauricena a mi ver

Pag. 42

Elisa.

Se merece por mujer

lo que no por hermosura.

Las Deidades que antes vieron

los peligros de lo humano

privilegio soberano

a cualquier mujer la dieron

como medio la pusieron

contra la ira rigurosa

de los hombres y así airosa

dejarla siempre debéis

si el privilegio rompéis

si no lo alcanza la hermosa.

Laurencio.

Fuerte lance en que pretende

lucir su opinión la sabia

discreta Elisa me agravia

al paso que me defiende,

pero si el discurso atiende

verá que llega a doncella

pues dudo que al atendella

al decirse cara a cara

la más discreta callara

si fuera la menos bella.

Vase.

Elisa.

Y porque en tratar fiera

como aquí manifestáis

un desaire no me hagáis

quedad con Dios.

Pag. 43

Folio 20 en la esquina superior derecha.

Todos.

Oye, espera.

Vase.

Anaxágoras.

Seguirla el alma quisiera

con pasos de la atención.

Ea, alienta, corazón,

con la confianza respira,

que quien vive de su ira,

no muere sin ocasión.

Hace que se quiere ir Lauricena y Gerardo la detiene.

Lauricena.

Cruel empeño enemigo,

en que el discurso avasallo,

como, si mis voces callo,

mis vivos colores digo

con uno y otro testigo;

mi opinión vencida siento,

hoy triunfa el entendimiento,

ya no me queda recurso,

Venus, quítame el discurso,

o dame más sufrimiento.

Gerardo.

Hermosísimo cuidado,

en quien dudo muchas veces

si eres lo que me pareces

y no eres lo que he pensado,

si dichoso y desdichado

a un tiempo no puedo ser,

cómo me quieres hacer

en lance de competir

tan desdichado en no oír,

Pag. 44

En el margen superior apenas legible: Dª Minerva

Gerardo.

como venturoso en ver.

Es tu silencio admirable,

tan prodigioso silencio,

que siempre le reverencio;

sin voces, sé favorable

en esta ocasión mudable.

Quisiera experimentar

tu ver, por considerar

que en el rigor que me alcanza

haya de ser tu mudanza

desde el callar al hablar.

Mirando y callando arguye

tu belleza de tal suerte,

que al que más feliz le advierte

más poderosa concluye;

o a tu voz te restituye,

o más rayos no me tires,

porque no es razón que aspires,

supuesto que me avasalles,

a mirarme cuando calles,

a callar cuando me mires.

Divina muda traición,

me llegas a persuadir

con lo muerto del decir,

con lo vivo de la acción.

Pag. 45

21

Gerardo.

menor fuera mi pasión

a no haber tu voz oído

pero ya tengo entendido

desde el pasado accidente

que para mí solamente

beldad has enmudecido.

Si los dioses intentaron

que te viese y no te oyese

porque juez más recto fuese

sin duda se apasionaron

y es cierto pues no dudaron

que las privaciones son

con las que arde una pasión

y si bien he de juzgar

la experiencia de tu hablar

y veré que mi privación

(Hace que se va)

Lauriz.

Tan infeliz vengo a ser

que en ocasión de lucir

sé lo que debo decir

y no puedo responder

a haber llegado a entender

cuán dificultoso sea

callar siempre nadie crea

que yo en callar me empeñara

aunque el mundo me escuchara

como a la mujer más fea

quiso ahuyentarme de aquí

Pag. 46

Gerión.

¿Quién tal rigor mereció,

que no he de escucharte?

Sale Elisa.

Elisa.

No.

Gerión.

¿Y que he de mirarte?

Elisa.

Sí.

Gerión.

O tú, que según oí,

respondiéndome veloz

en la pena más atroz

que este infeliz ha tenido,

eres de un mudo sentido

alma dulce y viva voz,

permítele a mi ignorancia

dudar si eres alma o no

de aquel cuerpo que dejó

burlada mi vigilancia;

y si vencida la instancia

que eres su aliento concedes,

de mí ausentarte bien puedes,

que no quiero en esta calma

que su belleza sin alma

vaya porque tú te quedes.

Elisa.

Voz soy con tal proporción

al cuerpo que te ha dejado,

que no habla sin el cuidado

que tengo de su razón.

Pag. 47

Elisa.

Una a otra relación

decimos que, si quisieres

averiguar lo que infieres,

ahora será por demás,

porque solo me verás

cuando a su hermosura oyeres.

Gerardo.

¿Cómo procuras vencerme

sin querer manifestarme

con las luces del hablarme

las sombras del suspenderme?

¿Hay razón para esconderme

quien seáis?

Elisa.

Sí.

Gerardo.

¿Qué razón?

Elisa.

Esta, pues.

Dentro.

Egeria.

La discreción

busquemos.

A otro lado.

Flora.

A la belleza

sigamos.

Elisa.

Ves cómo empieza

aquí nuestra oposición.

Mutación de una pieza de palacio. Los bastidores de una parte, en que estará el coro de Elisa, se adornarán con pinturas de Minerva, Apolo, Mercurio, Orfeo y otros semejantes; los bastidores de la otra parte, en que estará el coro de Lauricena, se adornarán con pinturas de Venus, Diana, Dafne, Aretusa y otras. Las ninfas de Elisa con plumas, papel y libros; las de Lauricena con espejos y tocadores.

Pag. 48

Coro de Elisa.

Al discreto estudio,

ninfas, venid,

donde aprende el ingenio sutil

el arte de vencer

al modo de lucir.

El otro coro.

Al estudio hermoso,

ninfas, venid,

donde aprende el donaire gentil

artes de componer,

liciones de rendir.

El 1.º coro.

Estudiad,

El 2.º.

proseguid,

Los 2.

pues siempre es aquí

El 2.º.

discreto el adornar,

El 1.º.

hermoso el discurrir.

Arrebato.

Según me costó el buscarte,

cierto, Gerión, creí

que yo era tu amo.

Gerión.

¿Por qué?

Arrebato.

Es que siempre oí decir

que huye el criado del amo,

y tú siempre huyes de mí.

Elisa.

No ociéis, ninfas, porque el ocio

es la polilla más vil

del ingenio, es la tirana

lisonja que al alma feliz

Pag. 49

23

Elisa.

En los principios halaga

y martiriza en el fin.

¿Qué virtudes no contrasta

el pecho más varonil,

que venció lides sangrientas,

se rinde a su torpe lid?

El ingenio floreciente,

que Minerva vio subir,

vino a tomarla el laurel

a pedirle para sí;

de tal suerte con el ocio

se agosta, que, al advertir,

ni dio frutos en otoño,

se segó, acabó en Abril.

Personaje no identificado.

El campo, en que vi por Julio

tanta dorada cerviz

segar bronca mano, que,

que parece que Ceres vi,

a competencia de Tetis,

mares de oro quiso herir,

del arador olvidado

en el frío enero vi,

que adonde una espiga dio,

espinas produjo mil.

Personaje no identificado.

Entorpecido del yelo

Pag. 50

Personaje no identificado.

El arroyuelo gentil

que antes corría entre una

clavellina, y un jazmín

cuando a favores del sol

se vio libre desasir

por otra parte corrió,

ya no supo por allí.

El jilguero que del viento

fue animada flor sutil

algún tiempo aprisionado

del junco, hierro, o marfil

cuando escapó de la cárcel

no supo volar ni huir.

La rosa que por el mayo

fue vanidad del jardín

mientras estudió en crecer

pudo reinar y vivir,

mas apenas pretendió

que adorase su carmín

el sol, cuando a sus incendios

vio su hermosura morir.

Pues si ingenio, valor, campo,

arroyuelos, aves, y

Pag. 51

Laura.

flores con el ocio pierden

cuanto pueden adquirir

y aun más, pues pierden el ser

lo que antes fueron, decid.

El baile.

Al discreto Estudio

unas ninfas venid.

Gerardo.

En mi vida tan discreta

mujer, Arrebol, oí;

parece que sus razones

traen disparado en sí

con lo docto del hablar

lo dulce del discurrir.

Sin mí estoy.

Arrebol.

Pues yo, señor,

no puedo creer que sin

el mí estés, porque

no hay lance

que apriete sin ay de mí.

Gerardo.

No mi confusión apures.

Arrebol.

Pues ¿acaso es confundir

decirte que por mí pase

lo que ha de pasar por ti?

Elisa.

Gallardo joven es este,

y ya el quererle rendir

juzgo que es inclinación.

Pag. 52

Ellas y Sulco.

A vuestro empleo acudid,

ninfas, para que se vea

que aquí aprende el ingenio sutil

el arte de vencer,

el modo de lucir.

Hablando los dos, hablan ellas.

Lauri.

¿Oyes, Egerida?

Egeria.

¿Qué me dices?

Lauri.

Hablando aquí,

¿no es galán el forastero?

Aparte.

Egeria.

Jamás de galán le vi

valentía y oír discreto.

Dígalo (¡ay, cielos!) el ir

fabricando una pasión

mi pecho con tal ardor,

que parece que no tengo

valor al contradecir.

Aparte.

Lauri.

No sé qué efectos el alma

concibe, que a discurrir

vengo que el querer vencerle

no es ya opinión, gusto sí.

¡Qué adornadas, qué compuestas,

qué hermosas todas venís!

Egeria.

Nadie, Laurice, se puede

con tu beldad competir.

Pag. 53

Lauris.

No en lo hermoso me acredites

porque aunque solo emprendí

defender a la hermosura

siento no poco el sentir

discurso que los alcanzo

mas no los puedo decir

y así aliviad mi silencio

diciendo todas por mí.

El coro uno.

Al estudio hermoso, ninfas, venid.

Gerión.

¿Viste más rara belleza?

a arrebol aquel rubí

de su boca, a aquella nieve

de su cuello, a aquel cenid

de su frente en donde dos

soles miro competir,

y con arcos de azabache

dispararse rayos mil.

A aquellas manos nevadas

que la rosa carmesí

al irla a coger pudiera

temer nieve a aquel perfil,

desigualmente perfecto

de sus diez flechas, y en fin

la estrecha prisión suave

de su aliento femenil

y la noche de su pelo

en que amante puede salir

Pag. 54

Gerión.

a robar las vidas no es

un hechizo no es.

Arrebol.

Aquí,

perdóname que te amague,

lo que ibas a proveer,

mas en mi sentir no es

Gerión.

Calla, necio.

Arrebol.

No lo fui

en darle a tu ya pintada

ninfa un no es de sombra, un

faltar al ver de arrebol,

que es el fin a que nací.

Egeria.

Nuevo género de adorno.

Ninfas bellas, discurrid,

porque los ojos confiesen

Ella con el coro.

que aquí aprende el donaire gentil

artes de componer,

liciones de rendir.

El coro de Elis.

Estudiad,

El de Laura.

proseguid,

Los 2.

pues siempre es aquí

El de Laura.

discreto el adornar,

hermoso el discurrir.

Elisa.

La que halla dificultad

en lo que estudia de Laura,

Flora.

puede preguntar,

pues Flora

Pag. 55

Flora.

te pide con claridad

difinas al amor.

Elisa.

Es

el amor un ardor blando

que entra en el pecho vagando

y manda al alma después.

Es un enigma cortés

que no se entiende y se sabe.

Es un imperio suave

y una ley apetecida

que, a no ser obedecida,

nos pareciera más grave.

Ella con su coro.

Amor difinido,

su ser explicado,

discretas, cuidado,

que de las discreciones añado.

Primera ninfa, baja.

¿Cómo saldrá de este abismo

la que de sabia se precie,

y es que al galán que desprecie

satisfaga a un tiempo mismo?

Elisa.

Ciega la voluntad nace

para amar o aborrecer,

el juicio viene a ver

quien sus actos satisface,

la que algún desprecio trace

y quiera con igualdad

agradecer la verdad

de algún fino rendimiento,

pague con entendimiento.

Pag. 56

Elisa.

desprecié con voluntad.

Música, Coro.

No arguyan los necios

con ingratitudes,

pues entre virtudes

ya deudas satisfacen los desprecios.

Flora.

¿Cómo podrá resistir

a amar lo que quiere amar?

Elisa.

Con no dejarse aliviar

del gusto del poseer.

2ª ninfa.

Es sabio el que con razón

sabe querer sin saber

dejar de amar,

Elisa.

eso es ser

sabio con su condición.

3ª ninfa.

¿Hay desdenes bien fundados?

Elisa.

No, pues para no querer

para qué son menester

afectos equivocados.

2ª ninfa.

La ira entre sujetos

es mayor.

Elisa.

Tengo entendido

que entre dos que se han querido

y han faltado a los respetos

de su amor porque en rigor

de acaso cruel e impío

la ira llena aquel vacío

que ocupó todo su amor.

Pag. 57

Flora.

¿Cómo se ha de conocer

el que para amante es bueno?

Elisa.

Ver si teme cuando ajeno

lo que propio ha de temer.

3.ª ninfa.

¿Qué causa es más atractiva,

la esquiva o la favorable?

Elisa.

Ésta suele ser mudable

y ser ingrata la esquiva.

Y entre uno y otro cuidado

de ingratitud y mudanza,

la que es favorable alcanza

lo que la otra no ha alcanzado.

La esquiva no se apetece

por ser esquiva, sino

porque no favoreció;

luego la que favorece

mayor imperio asegura,

pues dejando el medio esquivo,

hace el favor atractivo

y atractiva su hermosura.

El coro músico.

Tus altas razones

son hijas del alma.

Llévense la palma,

con el ejemplo de Amor, las discreciones.

Genio.

De suerte me satisfizo,

vencióme su ingenio tanto

que cada voz fue un encanto,

cada concepto un hechizo.

Pag. 58

Genio.

Enigma sin duda se hizo

de amor esta mujer, sí;

pues cuando la escucho aquí

tan discreta, pienso y creo

que con los oídos veo

lo que sin los ojos vi.

Lauri.

Mucho siento el no poder

dejar el silencio.

Egeria.

Empiece

nuestro estudio.

Príncipe.

¿Cuál parece

mejor, quisiera saber,

de dos bellezas, aquella

que vive desconfiada,

una que está asegurada

que tiene gracias de bella?

Egeria.

La que desconfiada vive

de la perfección que alcanza,

pues con tal desconfianza

nueva perfección recibe;

sin afectarse concibe

una modestia exterior,

que acompaña a la interior,

y cuando así se sujeta

nos parece más perfecta

la hermosura superior.

El Conde de Lauri.

Razón tan probada

nunca se ha dudado.

Pag. 59

El conde de Lauri.

Hermosas, cuidado,

que es más bella la más desconfiada.

2.ª ninfa, Juana.

¿Qué color le está mejor

a una hermosa?

Egeria.

Según veo,

el negro color, el feo

es su más propio color

a la oposición mayor:

del un contrario su opuesto

salta más; y según esto,

la hermosa de negro vista,

porque la encuentre la vista

más hermosa en lo compuesto.

El conde de Lauri.

Discreta señalas

la regla más cierta,

hermosas alerta,

que la hermosura no ha menester galas.

1.ª ninfa, Juana.

Suspensión tiene penosa

una hermosa.

Egeria.

Es su pensión,

el que en cualquiera ocasión

quiere parecer hermosa.

Fasaña.

Hay hermosas presunciones.

Egeria.

No, porque la presunción

nunca supone razón

y no hay bellas sin razones.

2.ª Juana.

¿De qué espejo ha de buscar

la que al desengaño aspira?

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 60

2.ª Juana.

aquel que cuando se mira

no se quisiera mirar.

Primera baña.

¿Qué flor en mano nevada

parece bien?

Egeria.

No se atreve

una flor en tanta nieve

a parecer bien mirada;

pues en lance de favor

reparan los cortesanos

en las hojas de las manos

no en la mano de la flor.

Primera baña.

¿Con qué afecto la belleza

mejor te parecería,

entre luces de alegría

o entre sombras de tristeza?

Egeria.

La felicidad desmiente

lo que es propio en la beldad;

siempre la infelicidad

fue su más propio accidente.

La que esquivo dolor siente,

sus perfecciones mensura,

la que explica su ventura

de afecto extraño se viste,

con que es la hermosura triste

con propiedad hermosura.

El coro suyo.

Tus ponderaciones

son ciertas, son fieles,

Pag. 61

Los dos coros.

Lleven sus laureles

en el tiempo de amor las perfecciones;

nuestras opiniones

vuelve el ingenio, que tan altos medios

de los ojos no son, sí del ingenio.

Gerión.

¿Quién, amigos, en tan extraño,

en tan difícil empeño

se vio?

Arrebol.

Quien un miserable,

que cuando ha llegado el tiempo

de pagar, no determina

a este fin se elija cuerpo

de oro o plata en que está su alma,

porque en tan mortal aprieto,

ve que si es dinero el oro,

también la plata es dinero.

Gerión.

No estés tan necio.

Arrebol.

No extrañes

que diga verdad un necio.

Gerión.

Si contemplo la hermosura,

a tan poderoso objeto

todas mis potencias rindo;

si a la discreción atiendo,

el albedrío me usurpan

sus dulcísimos conceptos.

Satisfechos los oídos,

y los ojos satisfechos,

dudo lo mismo que escucho.

Pag. 62

Gerión.

busco lo propio que ,

o quien un medio encontrase.

Arrebol.

Yo solamente hallo un medio,

y es que tapes tus oídos

para que con lo discreto

esta sirena tapada

no te arrebate con esto;

y con vendarte los ojos

juegas el lance, y cogiendo

a una de las dos, dirás:

ésta es, en ella basta el juego.

Gerión.

¿Quién aconsejó tan loco?

Arrebol.

El que no dio este consejo.

Clis.

Los argumentos concluyan

la oposición.

Al margen derecho: Hermosura

Egeria.

Así argumento:

La hermosura es perfección

natural en el compuesto,

y tan semejante al alma

que, uniéndose a sus afectos,

por fuera sin hablar dice

lo que dice el alma dentro;

extremo desembarazo

que, con igual desempeño,

satisface si no mira,

y mira satisfaciendo.

Pag. 63

Egeria.

de cuya razón arguyo

la grandeza de lo bello,

pues en contrarias acciones

de dos términos opuestos

su mirar es agradable,

su no mirar halagüeño.

Es una modestia acorde

que sin afectar lo serio,

ni se autoriza a los cultos,

ni se minora a los ruegos.

Prueba de la majestad

que lo hermoso, lo perfecto

es vano, es prudente, pues,

¿cómo puede sin ingenio

ser hermosa la que ignora

las reglas de lo modesto?

Ese objeto tan ilustre

que puede ocupar a un tiempo

los ojos, la voluntad

y la razón, lo que niego

en la discreción, pues esta

lo que más logra en su empleo

es la voluntad forzada

de las dos razones de esto,

es del que discreto habla,

y de el que atiende discreto.

¡Oh, hermosura, cuánto puedes!

¡Oh, cuánto alcanzas, supuesto

que tú sola puedes tanto!

Pag. 64

Egeria.

como dos entendimientos.

Aquella es más poderosa

potencia que en menos tiempo

hace sus operaciones:

tal es la hermosura. Pruebe

mi asunto, pues hay amor

finísimo y verdadero,

que se encendió de haber visto

sola una vez el sujeto,

lo que no logra el discurso,

porque, en fin, para entenderlo,

cuanto fuere más divino,

se habrá menester más tiempo.

A cuántos venció un retrato,

a cuántos rindió un bosquejo,

que avasalló, siento, sí,

más corazones, más pechos,

con sus sombras la hermosura

que con su luz el ingenio.

Prometeo hizo una estatua,

y sus perfecciones viendo

desde lo frío del mármol,

salió un poderoso incendio.

Pues si una perfección muerta,

hija bastarda del yerro

al ingenio de quien fue

idea, venció, diremos

que cuando mostró más sabio

Pag. 65

En el margen superior izquierdo aparecen escritos y tachados el nombre "Filena" y unas líneas de texto ilegibles.

Egeria.

su discurso, Prometeo,

pasó a adorar como vivo

lo que fabricaba muerto.

En las perfecciones bellas

es incansable el respeto,

que discurso una vez dicho,

repetido no es molesto.

¡Oh, esfera misteriosa,

que asegure sus aprecios

más lo hermoso en lo ya visto

que en lo no oído lo cuerdo!

¿Qué agudeza hay que no tenga

impertinentes tropiezos?

¿Qué belleza que no logre

en los acasos aciertos?

Callando da la hermosura

a unos castigo, a otros premio.

¡Quién goza esta circunstancia

que para fines diversos

a un mismo tiempo castigue

y premie con el silencio!

Oídos desprecios enfadan,

mas los hermosos desprecios

obligan, con que concluyo

que la hermosa, según esto,

sin querer alcanza más

que la discreta queriendo.

Pag. 66

El Coro suyo.

Vivan las hermosuras,

pues por sí mismas,

sin saber cómo vencen,

vencen discretas,

y todos sepan

que mejor saben rendir corazones

las que no estudian cómo han de ser bellas.

Gen.

Ya no puede el Corazón

negar la verdad, yo quiero

desde ahora sin aguardar

el docto arrebatamiento,

deciros, ninfas, que juzgo

por parte de...

Aparte.

Clis.

Espera, creo

que habrás olvidado el ser

juez de esta causa, supuesto

que oída sola una parte,

a la otra quieres, severo,

condenar, pues ya dijiste.

Encendida ya comienzo,

respondiendo a defender,

y a responder defendiendo.

Confieso también que yo,

aunque lo hermoso desprecio,

defendiera su opinión

si me quitara este velo;

pero ya estoy empeñada,

lo que defiendo, defiendo.

Pag. 67

Discreción.

Yo confieso que lo hermoso

es imagen, es remedio

del alma, por quien se informa;

mas la discreción es menos:

no es más de ser hija del alma

que no sombra suya; luego

más noble es la discreción,

si la diferencia advierto

que va de ver semejanza

a ver realmente efecto.

Es la discreción el ser

de un racional el imperio,

a que todos los vivientes

se avasallan; ¡qué trofeos

no alcanzó el discurso cuando

fue contingente el perderlos!

¡Qué dificultades arduas,

qué imposibles no ha resuelto!

Aun en caso que supongas

en el grado más supremo

la belleza, he de vencerte:

bárbaro hubo que sujeto

a la afición de lo hermoso,

cuando más perdido y ciego

vil intento derogar

toda la ley del respeto,

oyendo a la beldad misma

razones con fundamentos

Pag. 68

Discreción.

olvidado de lo hermoso

se sujetó a lo discreto.

— Pues si esto pasa, concede

la verdad reconociendo

que privilegios hermosos

no siempre son privilegios,

y sabias razones hacen

atento al más desatento.

Gerión.

— Si quieres decir que vences

más presto la hermosa, niego

la proposición, porque

si el vencido es sabio o necio,

dirás que es sabio, porque

de un necio no hay rendimientos.

Ma.

Dado, pues, que sabio sea,

cómo puede a los primeros

visos de un ser aparente,

de un accidente supuesto

a la especie racional

rendirse; yo por lo menos

cuando al más discreto viera

en semejante embeleso,

diría que por entonces

se había olvidado de serlo.

— Si me instares que hubo muchos

que a un retrato se rindieron,

te doy por satisfacción

que este fue amor imperfecto,

porque un retrato es borrón

y aunque con mayor acierto

Pag. 69

Ma.

le haya el pincel delineado,

conoce el que mira el lienzo

que es fingimiento, y no engendra

propio amor el fingimiento.

A la ignorancia de la estatua

te satisfago diciendo

que pruebas mi intento, pues

quien de Prometeo el pecho

rindió, fue su discreción

misma, pues sabio, pues diestro,

labró una hermosura con

tan prodigiosos extremos

que, hecho, pudo enamorar

al mismo que la había hecho.

En cuanto a que la agudeza

dicha una vez, a su tiempo

canse a la segunda, y no

la hermosa a quien la está viendo,

respondo que esto es por ser

la vista un sentido externo

material que se contenta

con hallar siempre el objeto

proporcionado igualmente

según sus especies, pero

como el discurso es tan noble

Pag. 70

Ma.

no tiene término cierto

en su operación y así

lo que una vez entendemos

sin dejar de ser dudoso

lo recibimos superfluo.

— Por último di, ¿es más

la hermosura que indispuesto

accidente de colores,

cuyo ser al más pequeño

susto se pierde cual flor

a los afanes del cierzo?

— ¿Es más, di, que una apariencia

que ordinariamente vemos

con imperfección de cerca

y con perfección de lejos?

— ¿Es más que proporción

del rostro que pareciendo

grande no comunicada

tratada parece menos?

— Con los años la belleza

confiesa sus desalientos;

con la experiencia el discurso

logra mayores progresos.

Pag. 71

Celia.

luego este es más que no aquella,

considerando, advirtiendo,

que el tiempo vence hermosuras

y la discreción al tiempo.

Ingenio.

En el abanico Eolo

hallo a esta razón lo opuesto,

siendo así que su esplendor

es inmutable, influyendo

contra accidentes humanos

divinos temperamentos.

Celia.

Nadie por saber perdió

su perfección, que, en efecto,

aunque son libres los sabios

y son esclavos los necios,

que viven a su ignorancia;

con alto conocimiento

la ciencia que los anima

es la que les pone freno.

Ingenio.

Pero cuantas hermosuras

por sí mismas se perdieron,

luego no se han de decir

perfecciones sino riesgos.

Celia.

El entender constituye

Pag. 72

Celia.

al racional y es bien cierto

que sin discurso no hay hombre,

y hay racionales muy feos.

Y en fin (con esto concluyo

mi razón) digo y defiendo

que sola la que es discreta

es hermosa, pues con bellos

actos del alma compone

un continuo lucimiento,

un agrado con industria,

un donaire con respeto,

un estudio que no cansa

y un trato que no es molesto.

Lisoro.

Vivan las discreciones,

pues ellas solas,

sin hermosos adornos,

vencen hermosas;

y sepan todas

que las discretas son almas que entienden,

y las hermosas son cuerpos que ignoran.

Lauris.

Qué callo cuando esto escucho,

ya no basta el sufrimiento,

sin duda que Gerión

Pag. 73

Lauris.

seguirá a Elisa, y en esto

me fundo, pues a poder,

yo defendiera lo mesmo;

pero callar es preciso

lo que defiendo ofiendo.

Gerión.

¿Quién a tan vivos discursos,

quién a tan divino ingenio

no se rindió, bellas ninfas?

Lauxiz.

Un desmayo fingir quiero

que tal vez en lo piadoso

le mereceré más tierno.

Gerión.

Digo que juzgo...

Lauxiz.

¡Ay de mí!

¡Valedme, piadosos cielos!

Egeria.

Desmayada está.

Gerión.

Mis brazos

socorran su desaliento.

Elisa.

Aquí teme el corazón

algún extraño suceso.

Gerión.

¿Quién vio tan rara hermosura?

Mariposa a sus incendios

llegué, y para ver desmayo

mucho luce, pues me quemo.

Elisa.

Puede ser que sea fingido.

Pag. 74

Elisa.

el desmayo forastero

aparta, que cuando hay ninfas

que socorrerla podemos,

es cuidado licencioso

el tuyo, y más que con esto

no has de poder juzgar bien

si afectuoso y resuelto,

después de mirar la llama,

te acercas gustoso al fuego.

Gerión.

Oh, tú, dulcísimo enigma,

que con finísimos ecos

me llamas cuando te busco,

me burlas cuando te encuentro,

¿qué me dices?

Elisa.

Que te apartes

de la hermosura.

Gerión.

No puedo,

porque si a otra he de buscar

ha de ser a ti, y supuesto

que eres tan diversa, mira

cómo dejaré lo bello,

quién (¡ay de mí!) se habrá visto

tan confuso, tan suspenso.

Pag. 75

Gerión.

que a un mismo tiempo suaves

le obligasen dos opuestos.

Elisa.

Ea, aparta.

Vase.

Gerión.

Para traer agua

para el desmayo, obedezco.

Laure.

Corrida, infeliz, ya

me cobre.

Elisa.

Y yo en mí vuelvo;

pudo dar treguas al juicio

con afianzar el remedio.

Aparte.

Laure.

Que juzgare agora, obre;

no hice poco, pues con esto

aseguro mi opinión.

Vamos, ninfas.

Elisa.

Venid luego.

Laure.

Para de nuevo aplicarnos

paradero que os ofrecemos.

Vanse con la música y sale Gerón con un barro de agua.

Todas.

Al estudio, al empleo,

pues venciendo una vez por nosotras,

por todas vencemos.

Gerión.

Que llego tarde me dicen

las voces.

Ares.

Tan claro es.

Pag. 76

Ares.

Como el remedio que traes.

Gerión.

¡Ay, Arrebol! Hoy me pierdo

en el juzgar.

Arrebol.

No hagas tal,

porque en materia de pleitos

nunca pierden los que juzgan.

Gerión.

Yo me aparto, yo me acerco

a lo que busco y no busco.

Arrebol.

Ese me parece el cuentico

de la que a vista del novio

decía: quiero, y no quiero.

Gerión.

Oculto decir, mirar

mudo, uno sabio, otro bello,

me imperan, mandan, y obligan;

sientan raro, sientan nuevo

empeño en que peligrar

pueden los entendimientos;

hallo un medio severo,

la luz a Minerva y Venus;

pero al certamen me llaman,

puesto que están repitiendo.

Pag. 77

Coro de Elisenda.

Al estudio,

El de Laura.

al empleo.

Todos y ejército.

Pues venciendo una vez por nosotras,

por todas vencemos.

Fin de la segunda jornada.

Jornada tercera

Pag. 78

+

Salen Astiages, Sergio, Aureliano y soldados.

Todos.

Aquí, Astiages, nos tienes

para aquello que dispongas.

Aparte.

Sergio.

¡Llamarte al pueblo, Astiages,

sin la común ceremonia

que pide el estado! El alma

teme alguna cautelosa

traición contra Gerión,

cuya valiente persona

defenderé, aunque, por solo

dárselo el pueblo, me opongo,

por hallar en este joven

calidades misteriosas.

Astiages.

Invencibles cetranos,

cuyas hazañas famosas

serán, a pesar del tiempo,

estudio de la memoria,

el que os llama es Astiages,

y Aureliano el que os convoca,

Pag. 79

Astiages.

mi celo el que os desengaña,

vuestra atención, la que os cobra.

Ya sabéis que, desde el día

que, divididas en tropas,

las ninfas, en la Edetana,

más vanas que religiosas,

colocaron las aras

de la Venus vencedora,

en afrenta que, de

Diana, deidad hermosa,

en la gran Sagunto (en donde

soberano templo goza

de techumbre incorruptible

por los leños que lo adornan);

desde aquel día, otra vez

vuelvo a repetir, porque otras

me escuchéis, en que, trocadas

sedas, holandas y rosas

en libros, papel y plumas,

se oyeron a todas horas

argumentos, que, sin duda,

nacieron de la discordia

y no del juicio, pues

no se hallará quien las oiga.

Pag. 80

Tea 1-137-6

Astiages.

Sin que se apasione a unas,

y sin que desdeje a otras,

desdeñantes la extrañeza

mal segura y sospechosa;

ni a las armas se levanta

ni a las víctimas se postra.

Violados los institutos

de la disciplina honrosa

militar, obedecemos

de suerte todos a todos,

que hacemos, a mi entender,

del precepto vanagloria.

Tibio el celo de las aras,

casi muertas las antorchas,

sin que los pechos alienten,

sin que ahúmen los aromas,

nos olvidamos del rito,

dejamos la ceremonia.

Esta ociosidad que tiene

apariencias engañosas,

pues castiga con estragos

y con acentos perdona,

este desorden altivo

que con voces licenciosas

la quietud antigua turba,

Pag. 81

Astiages.

la paz racional estorba.

Este veneno que así

explicó bien su lisonja,

pues el ocio suele ser

irremediable ponzoña,

nos tiene ya tan postrados

que cuantos pueblos coronan

al Tirreno vaticinan

nuestra ruina afrentosa.

no asoma sobre los mares

veloz leño, vela airosa,

que no asuste a nuestras vidas,

con lo cual tal vez zozobra,

Cruje árboles nuestro pecho

y el bajel cruje las ondas.

Apenas el viento teje

de las nubes vaporosas

velo oscuro con que el cielo

su serenidad embosca,

cuando, creyendo que Jove

iras y rayos arroja,

cada amago es un castigo,

una muerte cada sombra.

Pag. 82

Astiages.

Y más en esta ocasión que

cuando inteligencias propias

nos avisan que Aníbal

con armada poderosa,

de olcades, de carpetanos

y de vacceos blasona

que ha de triunfar; y aun más dice

(¡cómo su soberbia loca

nos irrita al cielo!) que osado

ha de deslucir las glorias

de la gran Sagunto, siendo

con sus militares tropas

guadaña, rayo y centella

contra hombres, torres y rocas.

—Pues ¿cómo, edetanos míos,

si la noticia os informa

y tan verdadera, que,

aseguran que ya toman

al promontorio ferario

rumbo la dorada popa

desde Cartago, podemos

tolerar supersticiosas

razones de aquel problema

que en las políticas doctas

Pag. 83

Astiages.

A hermosa y discreta, quien

que lo sabe es quien más lo ignora.

Y, en fin, ¿cómo permitimos

(aquí doblemos la hoja,

corazón, a mis cuidados)

que un enemigo de Roma

y nuestro, que es Gerión,

hijo de Cartago, rompa

a la enemistad antigua

la pública ley? Si hasta ahora

callé, ha sido por respeto

de solicitar las diosas

Minerva y Venus concluir

entre una opinión y otra

la razón; pero, supuesto

que solo a una ley deroga

otra ley opuesta, y que

fue la primera de todas

conservar a Afroditón,

y no hay ley que a esta se oponga,

ni puede haberla, pues viendo

Pag. 84

Astiages.

las Deidades misteriosas

almas del público cuerpo

su conservación las toca;

sino que las embarazan

de suerte que de estas costas

ha de salir Gerión

(si mis iras no le ahogan

primero) en cuyo suceso

dos felicidades nota

la prudencia; una en que ven

las ninfas desechar, y otra

la fábrica del juicio

que esperaban vigorosas

y ayudarán nuestro brazo

a las empresas heroicas

de Marte, esgrimiendo en vez

de plumas y de colores

flechas y arco; otra encierra

puertas por donde dispongo

dar Gerión a Aníbal

y mi licencia, notoria

de este Gobierno, me vea

en su favor la dichosa

Pag. 85

Astiages.

Empresa de la serpiente,

de todos fue la victoria,

pues Júpiter atendiendo

las inocentes congojas

de la Eretánea cumplió

la condición honorosa

del castigo, y si vencer

lo ya vencido no es gloria,

llámese dicha de todos,

no se diga hazaña sola;

- Hoy, pues, ya desengañados,

procuremos que se rompan

de los embarazos tiernos

los nudos que nos halagan;

cóbrese el crédito noble

de la escuela de Belona,

sin que a Venus agraviemos,

que a lo divino no enoja

quien solo esgrime las armas

para defender su pompa.

- No atendáis al llanto, haced

desprecio de aquel aljófar

que como mentira bella

Pag. 86

Astiages.

no es más de lo que afirma.

—No deis oídos al ruego

que tienen tan poderosas

voces, que aun en los engaños

el que más fiero las oiga

pasará a creer que tienen

más razón de lo que lloran.

—Por este rumbo, por esta

idea tempestuosa,

aunque ganaremos mucho

con lo que perdieren pocas,

huid el dulce cuidado

de su armonía, que todas

por más que como sirenas

digan con voces sonoras...

Dentro. Unas.

¡Vivan las discretas!

Otras.

¡Vivan las hermosas!

Los dos coros.

Que penan, que triunfan,

sujetan y postran

amor y rigores, iras, y

discordias.

Astiria.

¡Oh, tú, que a nuestros oídos,

presunción escandalosa,

inquietas...!

Pag. 87

Aureliano.

Tú, que violenta

nuestra atención equivocar

con lo blando de las iras

y fuerte de las lisonjas...

Todos.

En vano procuras.

Dentro Gex.

Cielos,

qué susto, dejadme todas.

Unas.

Cese el riesgo, Venus bella.

Otras.

Y el error, Minerva docta.

Antiaq.

¿Qué voces oigo?

Dentro Gex.

Aunque voy

ignorante de vosotras,

sabré huir.

Dentro Clis.

Espera.

Dentro Laurig.

Aguarda.

Sale Gexión.

Gexión.

Plumas al temor le sobran.

No me sigas, ilusión;

déjame, confusa sombra;

que yo sin mí, sin cuidado,

sin venda, sin luz, a costa

de mi infelice destino

que me permite que corra,

me arrojaré al mar.

Vase.

Sergi.

Espera,

oye, Aurelio;

Pag. 88

Aureli.

Tan furiosa

su imaginación camina

como sus pasos.

Aparte.

Vase.

Armag.

Absorta

la vista, seguir no puede

su fugacidad, y me indigna.

Seguidme todos, en esta

ocasión, mi industria logra

su intento, voy a arrojarle

al mar, si es que él no se arroja.

Venid.

Todos.

Todos te seguimos.

Vase.

Serges.

Yo también a fin que ahora

que peligras, te defienda

de ti mismo.

Mutación de jardín. Salen Flora y Arrebol como llorando.

Flora.

Arrebol, ¿lloras?

Arrebol.

Sí, Flora, que cuando Dios

me dio un amo que era honra

de todos los amos buenos,

que los malos no se nombran,

y ahora le pierdo, es forzoso

llore, como hacéis vosotras

cuando os dan de bofetadas.

Pag. 89

Flora.

las dueñas perquiridoras.

no llores, que me enterneces.

Arrebol.

menos fuera mi congoja

si tú no te enternecieras

a todos los que sollozan.

Flora.

no tienes razón, pues sabes

que soy firme.

Arrebol.

como alcorza.

Flora.

Y que te quise

Arrebol.

lacayo

Flora.

y que te quiero

Arrebol.

con otra plaza,

mas sin ella hoy salgo

del título y de la honra

de ser en este palacio

asistente a toda costa.

Flora.

¿me enojas?

Arrebol.

no, que me voy.

Flora.

¿dónde?

Arrebol.

Ya estás enfadosa,

a echarme al mar.

Flora.

¡Qué locura!

Arrebol.

si tú no fueras tan loca

ya te hubieras ahogado

en el mar que derramo.

Pag. 90

Arrebol.

las feas

Flora.

¿Qué mar es ese?

Arrebol.

No es más que el espejo, boba;

mas deja que al mar me vaya

y saludando su gola

con este cuero que en negros

golfos de Baco se engolfa,

me plantaré como un tigre,

nadaré como una zorra,

y cerrando ojos y oídos,

y abriendo en una dos bocas,

buscaré a mi amo hasta que

me le coma o me le sorba.

Flora.

No has de irte.

Al querer irse Arrebol por la puerta, sale Gerión.

Gerión.

¿Arrebol?

Arrebol.

Soy dichoso

porque te veo,

señor, si bien que no creo

que a este te rindas.

Flora.

Yo voy volando

a dar esta nueva

a las ninfas.

Vase Flora.

Gerión.

Oye, detente,

sin duda albricias pretende.

Pag. 91

Gerión.

A la noticia que llevas,

pues cruza los corredores,

como pájaro; mas luego

que me refieras te ruego,

señor, de aquellos rumores

con que inquietaste el palacio.

Gerión.

La causa no sé

si es que referir sabré

lo que en el confuso espacio

de un sueño me persuadió

la idea representada,

y aunque fue ilusión soñada,

cierta no lo pareció.

Sin dictaminar el fin

del más soberano empeño

sobre las flores del sueño,

me entregué en este jardín;

y apenas bien admitida

la ociosa quietud me advierte

que también hace la muerte

sus ensayos en la vida,

cuando en lance de juzgar

la dificultad mayor,

a un tribunal superior

Pag. 92

Gerión.

no me dejó pronunciar

lo que en mi imaginación

tenía ya comprehendido,

falleció el común sentido

y desmayó el corazón;

Desperté, y dos sombras mudas

a mis ojos se opusieron;

empecé a huir y perdieron

el camino de mis dudas,

una arrolla, otra maltrata,

cual me alcanza, cual me sigue,

un abismo me persigue

y una confusión me mata.

Ni dormido ni despierto,

pues no discurro y camino,

en el centro cristalino

busco a mi desdicha el puerto.

Caminé hacia el mar, aunque

lo ignorase, en vano supuesto

que me hallo en el mismo puesto

que antes turbado dejé.

Y es tanto en esta región

el asombro que me rige,

que ni el valor me corrige,

ni me alienta la razón.

Pag. 93

Arrebol.

No temas, señor,

que dueño eres de esta amenidad

y ese fue sueño.

Gerión.

Es verdad,

pero fue pesado sueño.

Música dentro.

Al jardín sale Elisa por quien

ves el alba que en este dulce esplendor,

claridad del oriente, y envidia de las flores,

ya nace, ya se eleva, ya fallece,

ves del sol la hermosura

que en la ausencia de los ojos celestes

cada día es el mismo diamante,

luz escura, claro fénix.

Gerión.

Ocultos en estos ramos

veremos si es que la suerte

nos concede ver a Elisa.

Arrebol.

Tal desengaño no esperes,

porque es fea.

Gerión.

Calla, necio,

que no puede ser.

Arrebol.

Bien puede,

si es que lo hermoso y discreto

son cuñados o parientes,

que si acaso viven juntos

es cuando no lo parecen.

Pag. 94

Por una parte sale Elisa con su coro, y por la otra Lauricena con el suyo.

Coro.

Al jardín sale Elisa,

porque las aves, las flores, y fuentes

confiesan que, por bellas,

se acatan, se aprisionan, y se prenden.

El 2º coro.

Lauricena aquí sale,

porque jilgueros, cristales, y claveles

dicen que por hermosos

se buscan, se contemplan, y se atienden.

Los dos coros.

¡Oh, ejemplos fieles

donde aprenden gustosos

los que estudiando aprehenden!

Elisa.

¡Que volviese Gerión, estima el alma!

Lauricena.

¡Estimo, Flora, que Gerión volviese!

Flora.

De entre unas ramas os escucha, y mira.

Retíranse a una parte.

Gerión.

¡Que Flora nos descubra! Ven por este

corredor, para ver si de otra parte

lograr puedo mi intento.

Alcíbiades.

No lo intentes,

pues oyendo a la una has de asustarte,

y si ves a la otra has de espantarte.

Elisa.

¿Veis, ninfas, esa rosa presumida,

en cuyo broche de carmín valiente

sus lágrimas dejó el aurora, solo

para que vana presunciones deje?

Pag. 95

Lauriz.

Veis, ninfas, ese tierno jazmín puro,

que adelanta la tarde animosamente,

para que nadie así verificase

que amó a una flor, aun antes que naciese.

Elisa.

Veis ese arroyo que del mármol huye

arroyillo preciosísimo de nieve,

tan galán que las flores más extrañas

le admiten, le acarician y le beben?

Egeria.

Veis cómo sube ese cristal, y el aire

que le violenta, le arrebata y mueve,

viendo que llora aljófares benignos,

lo restituye a su reposo perenne?

Elisa.

Veis aquel jilguerillo que juzgando

en un laurel al juego de esconderse,

hoja parece de las verdes plumas,

y pluma acorde de las hojas verdes?

Lauriz.

Veis aquel ruiseñor que, cuando amante,

a su consorte galantea alegre,

despierta su concento en su hermosura,

Viendo galán y tímido en muerte?

Elisa.

Podrá ser que a la tarde antes que Apolo

su carro con candados de oro cierre:

Lauriz.

Podrá ser que esta noche antes que él mismo

su resplandor a nuestros ojos niegue:

Elisa.

Desmayada la rosa se avasalle,

Lauriz.

Sobre nevada mano el jazmín reine.

Pag. 96

Elisa.

El arroyo en las ondas se sepulta,

Egeria.

a hermosos lazos el jardín se acerque;

Elisa.

al jilguero aprisione preso cuquillo,

Laurig.

al ruiseñor piadosa mano suelte.

Las 3.

Decid, ninfas, decid,

oh ejemplos fieles

con que viven gustosas

las que estudiando aprenden.

Elisa.

Mas dejadme aquí un rato.

Laurig. Elis.

Aquí apeome,

convida que el sitio me previene

segura soledad en que descanse.

Elisa.

De la ocasión y el sitio me aproveche.

Los 2.

Y todas repetid:

oh ejemplos fieles

con que viven gustosas

las que estudiando aprenden.

Vanse y quedan los dos.

Elisa.

Sentada sobre alfombra de esmeralda,

Laurig.

sentado sobre el rústico tapete,

Elisa.

el dulce sueño alivie mis discursos,

Laurig.

el sueño blando mis afanes temple.

Al paño Arsíages y Aureliano.

Los dos quedan en diferentes partes, sentados y dormidos.

Arsíag.

¿Qué genio voló, tras una ninfa,

cautela fue engañosa el disponerse

como fuera a echarse al mar?

Pag. 97

Arexeli.

Arriazes,

desde hoy ningún engaño, hará valerle

obre la fuerza, y el poder hoy muera

que no es bien aguardar un contingente

término de tu estado.

Arriag.

En esta parte

del jardín, no le veo; los retretes

más ocultos busquemos a palacio.

Los 2.

Muera el cartaginés, sea quien fuere.

Entranse.

Y por otra parte salen Gerón, y Arrebol.

Gerión.

Espérame Arrebol mientras que miro

si puedo oír o, ver,

Arrebol.

Querrás creerme,

no las busques señor; ¿no han de ser ellas

las juzgadas? pues dime ¿quién te mete

pudiendo como juez ser el buscado;

en buscarlas a entrambas como jueces?

Gerión.

No apures mi paciencia.

Arrebol.

Pues prosigue;

que yo entretanto alguna ninfa semi,

o, semi-fregatriz buscar presumo

porque a cada una vez de revolverse

en sí es cosa de ser como las otras

y arrebolarse como todas suelen.

Vase.

Gerión.

Scipio me avisa (¡a insólita tiranía!)

Pag. 98

Gerión.

que Astiages intenta darme muerte,

y que el pueblo me juzga sospechoso;

¿quién en tantas desdichas llegó a verse?

A Cartago volver no determino,

pues aborrezco a los cartagineses

después que por hablar bien de Sagunto

me arrojaron al seno lucronense.

Y ya soy su enemigo (¡ay de mí triste!),

turbado el pecho en nada se resuelve.

Mas ya descubro aquí la hermosa causa

que tan cautivas mis pasiones tiene.

Mirando a Elisa.

Gerión.

Dormida está, ¿quién vio mayor prodigio!

Mas bella me apasiona cuando duerme.

El sueño he de guardarte, ninfa sacra,

que siendo tan divino bien merece

próximas asistencias cuidadosas

y cercanos cuidados asistentes.

Pues descuidos incautos sobre flores

en desgracia los áspides convierten.

Soñando Elisa.

Astiages, no le mates.

Encamínase a Elisa.

Gerión.

Mas ¿qué escucho?

Allí mi oído el dulce encanto aprehende

que aun durmiendo se esconde a mis ojos

porque en la causa de mis ansias vele.

Voy a oírla.

Elisa.

Detente, no le mates.

Pag. 99

Gex.

Presagio infausto, ¿qué es lo que me quieres?

sin elección tus voces me avasallan,

qué misteriosa, y qué discreta vences,

¡oh abismo de mi vida! ¡oh confusión

la que turbado el corazón padece!

allí un hermoso sueño me arrebata,

aquí un sueño discreto me suspende,

si me rinde, a lo hermoso, agravia al alma,

si a lo discreto a un sueño el alma cree:

lo perfecto me culpa con lo escuchado,

y lo sutil me acusa en lo aparente.

¡Hablar y hermosa; ve a un ciego, sabia;

y si el sueño es horror, el vuestro yerre,

haciendo que tú sueñes con las manos

y tú a este tiempo con las voces sueñes,

¡qué hermosa!

Elisa.

Peregrino,

Gex.

¡qué suave

me llama!

Elisa.

Si mi aviso,

Gex.

¡me detiene!

mas pues duermen los dos, yo determino

ver quién es esta que tan suavemente

dulce me atrae, docta me acaricia,

y si a su discreción correspondiere,

su hermosura veré, paces de ingenio.

Pag. 100

Elisa acá

Elisa, y después Lauricena

Lauricena.

¡Ay de mí! Gerión es este,

y sin duda pretende ver a Elisa

que quedó en el jardín, según advierten

mis ojos; a estorbarlo voy apriesa.

Gerión.

Del laberinto así saldré

Va a descubrir el rostro a Elisa, y le detiene Lauricena

Lauricena.

Detente.

Gerión.

¡Qué miro! Admirable ninfa,

que solo a hablar, para haberme de

esquivar el albedrío,

¿qué me dices?

Lauricena.

Que no te muevas, Gerión.

Despierta Elisa

Elisa.

Con Gerión, ¡ay Dios!

habla Lauricena, ¡fuerte

lance! ¿cómo ninfa faltas

a la condición solemne

de no ser oída? Y tú

falso Gerión imprudente

cómo a sus instadas voces

tu bárbara atención consientes?

Hablando con Elisa

Lauricena.

No me culpes; que a este fin

manda a Gerión, que nos deje

Elisa.

¿Solas? ¿Gerión?

Gerión.

¿Qué me mandas?

Pag. 101

Elisa.

Tiempo es ya de resolverte

en lo que hayas de juzgar,

y para que estén presentes

las ninfas, y sean testigos

de aquel juicio que hicieres,

a entrambos coros avisa.

Vase.

Cor.

Voy del punto a obedecerte.

Sáqueme Amor de este abismo

antes que Venus me arriesgue.

Lauris.

Sabe, Elisa, que este joven

intentó resueltamente

verte el rostro, y yo porque

esta acción me agradecieses

lo estorbé.

Ap.

Elisa.

Yo te lo estimara

lo contrario.

Lauris.

Solamente le dije

que no intentase ver

tus ojos.

Elisa.

¿Tanto temes

el que los vea?

Lauris.

Y tú, ¿tanto

recelas el que me oyere?

Elisa.

Quise observar el decreto.

Lauris.

Pues ese mismo me mueve.

Pag. 102

Elisa.

a esta acción,

que podré yo, romperlo.

Laurig.

Que si pudiese

estorbarlo.

Elisa.

Tu opinión

más libre, más fácilmente

defendiera,

Laurig.

Por mí misma

me empeñaba a defenderte.

Elisa.

No sé si lo mantendrías.

Laurig.

Dudo que lo consiguieses.

Elisa.

Pues vamos a la experiencia.

Laurig.

Pues la evidencia lo enseñe,

Elisa.

Y supuesto que a este sitio

Gerión con las Ninfas vuelve,

aventurando, que ninguna

pierda el derecho en su especie

cubre el rostro.

Pónese Laurigena al rostro el velo de Elisa y truecan los lugares.

Aparte.

Laurig.

Enhorabuena.

Cuando Elisa se desvele

confirma más mi opinión.

Elisa.

Cuando su ingenio compruebe

lo que yo mantengo gano

aun más de lo quella entiende.

Pag. 103

Laurig.

Y en caso que mi discurso

de Apolo el laurel se lleve.

Elio.

Y cuando de mi hermosura

los ojos estén pendientes;

Laurig.

tendré dos glorias iguales.

Elio.

me coronaré dos veces.

Sale Ger.

Gerión.

Para la ilustre Palestra

ya las ninfas se previenen.

Pero, ¿qué nueva hermosura,

qué nuevo milagro es este

que hallo en el jardín?

Laurig.

Gerión,

no asustares el que aquí encuentres

belleza tan alta que,

con razón se privilegie

contra el diente de la envidia,

y los filos de la muerte;

porque esta ninfa habitante

la fragante mansión fértil

de este primoroso Hibleo,

que huellas felizmente;

y viendo que la hermosura

ya quería concederse

sin más dilación, sale.

Pag. 104

Laurig.

a defender nuevamente

la parte de las hermosas,

y sé que ha de convencerte;

porque si atento la miras,

si a su perfección atiendes,

verás qué bella compone

con proporción excelente,

nieve entre flores de nácar,

rubí entre flores de nieve;

mares de oro con bonanza,

composición sin afeite,

sin humildad el agrado,

el respeto sin desdenes,

noble premio de tu vista,

que sin vanos intereses

ha de obligarte a que juzgues

lo propio que ella no quiere.

Gerión.

De un encanto a otro encanto

pasa mi juicio, y desde

un hechizo a otro suave.

Tú, que disfrazadamente

me explicas y me confundes

todo lo que me previenes,

¿quién eres?

Lauren.

Quien solicita

que disculpes desprecios

Pag. 105

Gerión.

Menos te entiendo.

Lauricena.

Pues yo

quisiera que me entendieses.

Hace que escribe en la arena con el dedo.

Elisa.

Lauricena,

según oigo,

quisiera que desta suerte

yo a Gerión obligase

y su opinión mantuviese;

pero ya que por ahora

no puedo hablar, por haberme

empeñado en disputar,

que hermosura equivalentes

a mi ingenio tengo, sobre

las arenas, que guarnecen

a este arroyo, escribiré

este enigma.

Gerión.

Pues la suerte

tuve de encontrarte (¡oh, ninfa!),

no permitas que me quede

infeliz con la ignorancia

de quién seas: ¿Responderme

no quieres? ¿Así el silencio

intentas, que esquivamente

me martirice y me obligue,

me atraiga y me desespere?

Pag. 106

Gerión.

mas sobre la arena veo

que formó unos caracteres,

Hace que lee lo que ella escribe.

Gerión.

que me están diciendo: Soy

quien a tu juicio no teme,

pues si te rindiere gano,

como si no te rindiese.

¡Válgame Amor! ¿Quién será

esta? ¿Mas que Elisa fuese?

No, que Elisa es muy discreta

y esta es muy hermosa.

Lauriz.

Advierte,

Gerión, esa belleza

¿no te obliga, no te vence?

Aparte.

Truenos.

Ruido de tempestad, truenos y terremoto de nuevo.

Gerión.

¿Si esta será Laurizena?

No, que Laurizena tiene

mucha hermosura, y esta es

muy discreta; pero, o mienten

mis ojos y mis oídos,

o las luces se oscurecen

y heridas del aire rompen

las nubes sus lobregueces.

Elisa.

¡Qué tempestad tan horrible!

Lauriz.

¡Qué horrores tan inclementes!

Pag. 107

Salen todos, y todas por diferentes partes menos Sergio, que van como desatinados y medrosos.

Arrebol.

Algún mágico sin duda

nos hace tantas mercedes.

Flora.

No huyas, Arrebol.

Arrebol.

Tu rostro

el que me ha despedido.

Astiages.

Valedme

Dioses.

Éntranse.

Ellos.

¡Qué pasmo!

Ellas.

¡Qué asombro!

Astiages.

Júpiter, sin duda, quiere

castigar mi atrevimiento,

pues determiné dar muerte

a Gerión, sin guardar

de este sagrado las leyes.

Vase.

Aurelia.

De mi osadía tirana

ya el corazón se arrepiente.

Éntrase con Aurelia.

Gerión.

Tus pasos sigo.

Vase.

Laura.

De tu amparo he de valerme.

Vase.

Astiages.

Ya que su estrago me impiden,

hoy haré que le destierren.

Gerión.

Huyendo de estos vestiglos

ninguna ninfa me espere.

Pag. 108

Gerión.

aunque aquí mi corazón

dos veces esclavo de él.

Vase.

Flora.

Señor Arrebol, señor.

Arrebol.

Tanto no me señorees,

que señoras a oscuras

son títulos que perecen.

Dentro las tres.

Piedad, Venus, Minerva,

piedad, y en tan crueles

sustos, vuestra asistencia experimenten

las que humildes, sus votos

en vuestro alcázar os consagran fieles.

Arrebol.

Ya plugo a Amor, según veo,

que las nubes descorteses

se corrieron vergonzosas

de ver que tantos huyesen.

Flora.

Ya veo algo.

Arrebol.

Pues yo, nada.

Como eres ninfa silvestre,

no hallando los troncos que haces,

tus ceguedades padeces.

Dentro las tres.

Festejemos, ninfas,

con metros alegres

a entrambas deidades

que nos favorecen.

Pag. 109

Dentro las tres.

tejiendo de rosas y olivas

bellas guirnaldas que ciñan sus sienes,

digamos que vivan, que triunfen y reinen.

Arxeb.

Escucha, advierte, Flora.

Dentro.

Elisa.

No así ultrajes

a mi inocencia, bárbaro Astiages;

Lauriz.

no tus injustas tiranías lleven

tan prodigioso joven.

Dentro.

Astiages.

Echad el barco al mar, y Gerión vaya

en él.

Dentro.

Las dos.

¡Ah, infiel!

Dentro.

Gerión.

¡Adiós, severa playa,

donde llegué arrojado

y de donde me sacan desterrado!

En él dejo mi vida en dos mitades.

Arxeb.

¿Qué escucho?

Flora.

¿Si es que sueño?

Dentro.

Elisa y Lauriz.

Tus crueldades

en nosotras verás ejecutadas,

antes que en Gerión.

Astiages.

Son excusadas

diligencias las vuestras.

Dentro todos, estos dos renglones de más.

Dentro.

Pag. 110

Dentro todos.

¡Al mar vuelva

el que de allí salió!

Las dos.

¡Puesto revuelva

vuestra impiedad! ¡Volved hacia la orilla

el leño!

Todos.

Eso será, vuelva la quilla

al viento.

Vase en un barco navegando Gerión, y salen Elisa sin velo cada una por su parte.

Las dos.

¡Gerión! ¡Qué desventura!

Gerión.

¡Ay! De la discreción, y la hermosura

me aparta un poder bárbaro.

Las dos.

¡Qué pena!

Gerión.

¡Adiós, adiós, Elisa y Lauricana!

Elisa.

¡Gerión!

Lauricana.

¡Gerión!

Aretusa y Flora.

¡Desdicha fuerte!

Gerión.

El mar será sepulcro de mi muerte.

Elisa.

Contigo he de morir.

Lauricana.

Al mar me arrojo.

Sale Astiages por la parte del medio y las detiene.

Astiages.

Mitiga tu pesar, templa tu enojo,

debiendo agradecerme el que yo cuide

Pag. 111

Astiages.

que ni a una del laurel, ni a otra le quiere.

que es el fin que he llevado.

así dejo mi intento mejorado,

aparte

Elisa.

¡Ah, ingrato!

Laurigelio.

¡Ah, riguroso!

Elisa.

En vano piensas

menospreciar, y doblar ofensas.

mi llanto.

Laurigelio.

mi dolor.

Elisa.

mis ansias tristes

escucharás cruel.

Laurigelio.

severo oirás

Elisa.

Y pues no te ablando,

mi tierno llanto.

Laurigelio.

Y pues no te movió, desprecio tanto.

Elisa.

Venus oiga mi ruego.

Laurigelio.

Oiga mis voces.

Elisa.

no en la espuma goces

el gobierno

Laurigelio.

Tu incrédula arrogancia

huya de las riberas de Palancia.

Elisa.

Postre a tu aliento, a tu valor conceda

el fiero jabalí, que el soto veda.

Pag. 112

Las 2.

Produce, olvide Roma tus trofeos.

Acuriay.

Ya siento haber tus fuegos despertado,

ya Gerión desterrado.

Que, en fin, si bien se mira, mucho agravia

el que ofende a una hermosa, y a una sabia;

mas con esto aseguro mi gobierno,

voyme, por no mirar su llanto tierno.

Elisa.

Llama a mis ninfas, Flora.

Lauriy.

Tú a las mías

avisa, Arrebol.

Flora y Arreb.

Ambas compañías

buscándoos vienen con airosos pasos

de flores grandes, y de pies escasos.

Arrebol.

¡Ay, amo mío, ay amo que me amabas,

y ay amo a quien amé, pues me pagabas

puntualmente! Cierto, no me acuerdo.

Solo el amo

que paga bien se pierde.

Salen todas las ninfas.

Unas.

Ya me tienes, señora, a tu obediencia.

Otras.

Ya, señora, nos ves en tu presencia.

Pag. 113

Clis.

Unido el uno con el otro coro

triste repita, lo que triste lloro.

Laurig.

Imitando el uno, y otro acento

fúnebres canten lo que amarga siento.

Cor.

Ninfas, en tal pesar, y en tal desaire

decid al mar, y repetid al aire.

Ellas y mus.

La arena, oh, barco pobre, otra vez cobre

al joven que nos llevas, y si nuevas

nos das de esta fortuna, no habrá alguna

sin saludar en velos, vuela, vuela,

vuelve, vuelve, no huyas,

Venus, pues eres hija de la espuma,

no consientas que un triste

muera infeliz, donde feliz naciste.

Aparecerán en el barco Clarión, y Gerión.

Canta.

Amor.

Los hombres, los peces, las ondas, y el aire

obedecen mi imperio suave,

y aunque los mares apagan al fuego,

soy fuego que Venus sacó de los mares,

y no es dudable,

que menos saben resistir aquellos

que resistencias poderosas saben.

Pag. 114

salen a las tablas

Amor.

Restituido a esta playa,

no tardes, Gerión, no tardes

en declarar lo que sientes

para que yo me declare.

Jove quiere, porque eternas

sean tus felicidades,

que cuando cobres tu estado

tu ingenio y valor lo ganen.

Unas.

¡Qué prodigio!

Otras.

¡Qué presura!

Gerión.

Nada, Amor, cuando me vales

temo, y así, desde ahora

declararé mi dictamen

por parte de...

Clis.

¡Aguarda!

Laury.

¡Espera!

Las 2.

Porque es preciso informarte

segunda vez.

aparte

Clis.

¡Quién pudiera

concluirle!

Laury.

¡Quién le obligara!

Amor.

Pues para que...

Pag. 115

Amor.

tenga las solemnidades

soberanas que requiere

una decisión tan grave;

venid, con mi madre al templo.

Eliso.

Vamos, y en metro suave,

con la piedad de Amor, de

Gestión las dichas se canten.

Música.

La deidad de Amor,

ninfas, celebrad,

que sabe vencer

el aire y el mar.

Todas.

Viva su deidad,

y bienvenido sea

a esta playa el ingenio principal,

que ha de decir

si estima la discreción o la beldad.

2.

¿Y si puede una misma tener

mucha hermosura y discreción igual?

Vanse con la música, y salen Sergio, y Astiages.

Sergio.

Tu acción culpa a Frodision,

y con razón, Astiages,

pues no ignoras que, celebrando

Pag. 116

Sergio.

por cuya muerte tu padre

de la Edetania el dominio

alcanzó) después de grandes

sacrificios a los Dioses,

tuvo un hijo que Timantes

llamó, y cuando fue a dar gracias

a Venus por el notable

favor, le mandó la Diosa

que al recién nacido infante

arrojase al mar, en un

barquillo, a fin que evitase

un riesgo que en la Edetania

le amenazaba; que nadie

guiase al barquillo, y que

después que el tiempo pasase

del riesgo le volvería

a Sagunto, y que con arte

y valor él por sí solo

merecería las Paces

de Júpiter con nosotros;

que en su dominio triunfante

le pondría Apolodoro.

Pag. 117

Sergio.

y con circunstancias tales

lo que perdió la inocencia

la satisfacción ganaré.

Cuyo supuesto, y también

asentado como sabes

que fue Gerión quien dio

muerte a la sierpe indomable,

acción que a verificar

comenzó las realidades

del oráculo, ¿por qué

tu ciega ambición, Crixames,

quiere estorbar lo que tienen

prevenido las deidades?

teme el castigo de Jove,

mira.

Astrea.

En vano me persuades

cuando no hay remedio.

Dentro Gerión.

Ya te obedezco.

Astrea.

A esta parte

nos retiremos por ver

los votos que la consagren.

Salen todos en dos bandas, y por el medio Ismenia y Gerión.

Pag. 118

Músicos.

Venid, moradores, venid

de Odubeda, y de Afrodición,

y en este juicio advertid

entre hermosura y discreción

cuál es la mayor

o si en una pueden

hallarse las dos.

Aura.

Aquí, Gerión, ¿qué pudo

de mis rigores librarle?

Ya creo mi infeliz suerte.

Sergio.

El cielo ha de castigarme.

Aurelio.

Confieso mi error, y temo

que debes el desagravio.

Gerión.

República misteriosa

cuyas leyes inviolables

obedecidas alientan,

sin que promulgadas cansen,

pues apenas solicitas

culto, obsequio, o vasallaje

se cumple como precepto

lo que solo fue dictamen.

Escucha en vago, y si acaso

oyeres voz disonante

Pag. 119

Gerión.

del esplendor palaciego

que te constituye grande,

no culpes mi intención,

culpa mi ceguedad ignorante;

que en soberanos empeños

de que no pudo librarse

una humildad peregrina

no es delito irreparable,

que falte a la inteligencia

sin que el rendimiento falte;

yo te he visto, yo te he oído,

pudo ser que me engañase,

que hay luces que no se aprehenden

y hay voces que no se saben;

mas hablando con aquellas

diferencias materiales

que las finge la aprehensión

o los ojos las contraen,

sin que se estrague el juicio

ni la beldad se profane,

yo te vi, y te oí, y de suerte

fue el verte y el escucharte,

Pag. 120

Gerión.

que corriendo mis sentidos

La tormenta más suave

entre Scilas de aljófares

y Caribes de corales,

tal vez confuso a mi ahogo

buscó puertos en las crueldades,

a pique de un cruel peligro

solo el morir me librase.

Y tal vez mis ojos viendo

la consonancia admirable

de nieve y rosas, correrán

por rumbos extravagantes

a la soledad estéril

porque en su opuesto notasen

cuán perfecta es lo que tiene

bellísimas igualdades.

Supuestas las diligencias

que nunca serán bastantes

para que yo desempeñe

lo que no debe esperarse

del que os mira y juzga tan

atento como cobarde,

Digo que la discreción

Pag. 121

Gerión.

Y la hermosura en iguales

balanzas están, sin que,

ni una exceda, ni otra falte;

pase el discurso conmigo

los dos atributos grandes

que dio el cielo a las mujeres,

y vean que aficionarse

a este o a aquel es fortunas;

que uno suba y que otro baje

es pasión del que los pesa,

y a veces suele informarse,

pues por apreciar del uno,

hace el otro despreciable;

Ladrón que suma perfecciones

y corone serenidades

tenga el castigo de todas:

mas pasemos adelante,

y perdonadme el que aquí

ciegamente tropezare

en el error de decir

que haya algunos que os agravien,

y sírvame de disculpa

ser ya vuestros parciales

Pag. 122

Gerión.

Si me dicen que se adquiere

la discreción, y que nace

la hermosura, hallo también

dos condiciones que hacen

tan primorosa a la una

como a la inmediata amable.

¿Quién duda que nace el juicio

con las luces naturales

de la razón? Y después

con la lógica, que es arte

que dispone y mortifica

sus objetos materiales

a ser luz habitual

llega, y a perfeccionarse

con la ciencia? Es la hermosura

la que para conservarse

necesita de modestia,

respeto, industria, donaire

y méritos, que no son

de inferiores calidades

que el estudio, la vigilia

y el trabajo: luego sale

por consecuencia, que son

Pag. 123

Gerión.

dos perfecciones iguales,

la belleza en mantenerse

la discreción en labrarse.

Y cuando este argumento

mi juicio no contrastase,

en Clisa y Lauricena

concluirlo fuera fácil

pues ambas son igualmente

en el más cabal examen

sin los disfraces hermosas,

y sabias con los disfraces.

Todos.

¡Viva Gerión!

Astiages.

¿Qué decís?

Amor.

Lo que Minerva y mi madre

en mi oráculo te explican

diciéndote de su parte

el amor y Lauricena

con métricas suavidades:

Canta.

¡Ah de la airosa palestra!

Canta Lauricena.

¡Ah de la famosa lid!

Amor.

donde milita el ingenio valiente

Pag. 124

Lauris.

Donde compite el donaire gentil

Amor.

Escuchad.

Lauris.

Oíd.

Las 2.

Porque desde hoy discreción, y hermosura

con lazo feliz

se unen de suerte, que ya la discordia,

no hace división

la bella duración del entender

la constante noticia del lucir.

Amor.

Escuchad.

Lauris.

Oíd.

Amor.

Que Jasón es amante

aquel que nació infeliz

para ver la espuma de ondas, y escamas

copo del Nereo al agua jazmín.

Lauris.

Que él es a quien Venus tierna

a Cartago condujo

quiso, sirviendo segunda Venera,

de rico bajel, y de carro feliz.

Amor.

Él es a quien manda Jove

sujetado Neptuno,

Pag. 125

Amor.

Cediendo Astiages en paz a las gentes

a aqueste gobierno que hereda por sí.

Flora.

Su esposo sea de Elisa,

mandan también, porque en fin,

en donde hay perfecciones iguales,

el que es más discreto, no sabe elegir.

Amor.

Su mano de Lauricena,

a Astiages solo a fin

de que confiese ambición satisfecha

quien logra el prodigio que quiso impedir.

Escuchad.

Lauriz.

Oíd.

Los dos.

Y en estable firmeza

queden las paces de Ingenio y belleza.

Sergio.

¡Gran dicha!

Elisa y Ger.

¡Por insigne fortuna!

Astiages.

¡Feliz soy!

Lauriz.

¡Dichosa fui!

Aureliano.

¡Gracias a Amor que este pleito

ha llegado a tener fin!

Gerión.

Y pues hoy

Pag. 126

Eliso.

Pues atended.

Astrea.

Aseguráis.

Laurino.

Prevenid.

Aurelio.

La excelencia

Egeria.

más dichosas,

Flora.

y las que me tocan a mí.

Amor.

Escuchad.

Laurino.

Oíd.

Los dos y todos.

Todos.

Y en esta tabla primera

queden las paces de ingenio y belleza.

Dan fin.

Rúbrica al final de la página.

Pag. 127

El texto central está escrito en sentido inverso. Se aprecia tinta traspasada del folio anterior.

Laurino.

Paces de

ingenio y

belleza.

Don [ilegible]