> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Paces de ingenio y belleza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/paces-de-ingenio-y-belleza.
Tea 1-137-6
+
Nº / La P. n.º 37
COMEDIA.
Paces de ingenio y belleza.
Personas que hablan en ella
Gerón.
Astiages.
Aureliano.
Sergio, sacerdote.
El Amor.
Arrebol, gracioso.
Elisa, ninfa.
Lauricena, ninfa.
Zorida.
Flora.
Otras ninfas.
Soldados y acompañamiento.
JORNADA PRIMERA.
Dentro.
Monumento de nieve, urna de hielo
te dé el mar; ¡oh, infeliz joven!
Dentro.
El cielo
me valga contra un bárbaro desvío.
¡Tira al mar!
¡Buen viaje!
Al templo, al río.
Moradores del claro Palancia,
venid, que hoy pretende saber el Amor
si hay discreta hermosura o, si acaso,
es más la hermosura que la discreción.
Dentro.
Quiera Jove, enemiga nave, que halles
por las que azotas espumosas calles,
golfo extraño, tenaz escollo frío
Tierra al mar.
Buen pasaje.
Al templo, al río.
Sale Gerión y saluda a la tierra con su mano.
Selle mi labio la piadosa arena,
que ya sin riesgos de mortal sirena,
de onda voraz y de marino diente
señas de humana planta me consiente
oyendo, al parecer, en su distancia:
Moradores del claro palacio...
Ved si desde aquel leño
pluma de Tetis, y aire de su ceño,
tomó algún pasajero nuestra playa.
Argos seré.
Yo lince.
Yo atalaya.
Corred hasta Sagunto la ribera,
y el que encontrareis venga preso o muera,
pues importa que sepa el amor
si hay discreta hermosura, o si acaso
es más la hermosura que la discreción.
¿Qué escucho? ¡Ay, injusto acaso!
¡desde un peligro, a otro peligro paso!
Un hombre veo aquí.
Prendedle luego.
Salen Astiages, Aureliano, Arsebo y soldados.
De cólera estoy ciego,
pero en lance tan fuerte
que salir con la vida es mayor muerte,
arrestado, aunque me hallo sin espada,
defenderme podré.
Los soldados van a asirle y Gerión forceja con todos.
Locura osada
es la tuya.
¡Qué inútil resistencia!
Vano es tratar salir de esta violencia.
Date a prisión.
No tardes en rendirte,
o jugarás tu suerte.
Aprisionado
no va el valor, sino la indigna estrella
que solo por ser mía se atropella.
¿Ya qué queréis de este infeliz ejemplo?
Llevadle, y en la torre que hacia el templo
de Amor, y de Afrodita más vecina,
mira por la campana Saguntina,
le dejaréis con suficiente guarda.
¡Oh, generoso joven! Si me aguarda
la muerte que no temo, solo quiero
que me digas la causa por qué muero.
Vamos presto.
Dejadle, que antes hallo
que para referirle lo que callo,
me importa oírle; dime, peregrino.
¿Quién eres?
Imagino
que no sabré decirlo aunque lo intente
mas sin embargo escucha brevemente.
De Cartago africana
una pequeña aldea que es temprana
cuna de Abril, y Chipre de sus flores
dio a mis primeros rústicos albores
la noble providencia
de empezar a dudar y amar la ciencia
pues lo que más a cualquier hombre ayuda
para saber, es el saber que duda
y este deseo de lo más perfecto
nos hace ver que hay ignorar discreto.
Dicen que un labrador de aquella aldea
que acaso a la esperanza de Amaltea
añadía la copia de mil rosas,
oyó mis tiernas voces lastimosas
que desde el mar salían a la orilla
viendo una pobre náufraga barquilla
expuesta a la más fácil contingencia
el reparo esencial de mi inocencia,
crióme su piedad, y su cuidado
pero nunca me ha dado
mayor noticia del origen mío;
este es todo mi ser y pues confío
que a mi fortuna la verdad mitigues
óyeme desde aquí lo que se sigue
Hallábame en Cartago
impaciente de amor, con el halago
que ociosas juventudes tiraniza,
y teniendo que el orbe solemniza
entre dos promontorios del Tirreno,
al edetano y sucrorense seno,
en donde está el gran templo de Diana
deidad como la Efesia valenciana,
determiné embarcarme en esa nave,
cuya velocidad apenas cabe
ni en el viento, que el lino le desata,
ni en la ondosa inquietud de inmensa plata.
Llegamos a estas costas felizmente
por el cabo ferrario del Oriente;
y esta mañana, cuando el alba hacía
mil salvas de jazmín al rey del día,
que en tálamo dorado
es clavel de los siglos abrasado.
Vimos la gran Sagunto
de Hércules gloria, y de su fama punto.
Hablando de este pueblo y su grandeza,
como también de la invicta fineza
con que le mira Roma y su Senado,
pasé con un cariño declarado
(que oculta causa motivó en mi pecho)
a celebrar sus triunfos; con despecho
y odio los africanos me escuchaban,
y todos juntos en mi fin pensaban;
desde luego intentaron arrojarme
al mar, y entre sus ondas sepultarme.
y el desorden, y cual lo consiguiera
si más humano el capitán no hubiera
ofendido a mi vida,
mandando que, en tormenta tan crecida,
en un pequeño esquife me sacaran
y entre aquellos peñascos me dejaran,
adonde apenas llego,
veo que el agua se convierte en fuego;
pues si un odio del piélago me arroja,
la tierra airada contra mí se enoja.
Mas, ¡ay!, que nunca ha hallado
buen puerto en la fortuna un desdichado.
Esta es mi historia (¡oh, joven generoso!),
y si es cierto que, al menos venturoso,
por derecho común no se le niega
el salvarse en la playa adonde llega,
suplico a tu grandeza que me diga
por qué causa enemiga,
con inhumanos modos,
¿me pasáis a negar lo que es de todos?
Dime, ¿por qué decreto, ley o edicto,
en mí ha de ser delito
lo que es asilo a los demás vivientes?
¿Cabe, señor, que quites y violentes
la libertad que gozo por mí mismo?
¿Quién esta injuria ocasionó?
Un abismo
y un enemigo confuso.
que hoy Venus en su oráculo nos previno
pretendiendo saber el Amor:
Si hay discreta hermosura, o si acaso
es más la hermosura que la discreción.
Y para que de injusto no me arguyas,
ni con las quejas tuyas
me llames riguroso,
verás cómo mi pecho generoso,
sin faltar al decreto soberano,
podrá satisfacer.
Dentro.
Vulgo tirano,
que así mis desalientos burlar quieres.
Dentro.
Muere por infeliz.
Por bella mueres.
La voz de Elisa oí; Sergio, ¿qué es esto?
Salen Sergio sacerdote, y otros trayendo a Elisa con un velo al rostro como que la llevan al sacrificio.
Señor, que del oráculo funesto
de Afroditis Divina
se oyó una voz.
Dentro.
La sierpe se encamina
hacia esta parte.
Huyamos su fiereza.
¡Clemencia!
¡Piedad, Dioses!
Su extrañeza
y saña rigurosa
hoy contra Elisa nos mostró la Diosa;
Vase con las demás.
Ampararla quisiera: mas en vano,
con lo Divino disputó lo Humano.
Venid todos, y aqueste Peregrino
dejadle a la clemencia del destino,
por si puede ser víctima bastante
en tanto riesgo
Nada hay que me espante.
¡Ay, Elisa! el librarme es imposible
de airada Venus y de sierpe horrible.
¡Cielos, piedad!
¡Qué escucho!
Saca la espada.
Ya no puedo
escapar de la sierpe, ni del miedo;
una me busca y otra va conmigo:
y cierto que no sé cuál enemigo
es mayor de estos dos: mas llegó el día
de estrenar, Arrebol, tu valentía
y ser pieza empeñada de la fama,
feriándole la vida a aquesta Dama,
porque vean andantes Caballeros
que hay pícaros también aventureros.
La espada saco; la ocasión me obliga.
¿Si acaso se arrebola esta enemiga
serpiente, como suelen las más feas?
¡Ay, que ya la descubro! no me veas,
5
¡Oh, no le vea yo viviente plaga,
avíseme usted cuando me traga;
la espada se me cae, mas no importa,
que más un pie que dos espadas corta.
Vase; deja caer la espada, y Gerión la toma.
En tu pérdida arguyo mi ventura.
Desdichada hermosura,
cuya beldad este rigor me dice,
porque siempre es hermosa la infelice;
retírate a esta parte.
¿Qué pretendes hacer?
Asegurarte.
Vase.
¿Cómo podrás salvarme con riesgo tanto?
Saldrá una sierpe, y corriendo la distancia se entrará por una gruta, que se abrirá en el foro, y volviéndose a cerrar aparecerán unas letras grandes que leerá a su tiempo Gerión.
Me opondré a todo el reino del espanto.
Marte sagrado, Palas religiosa,
vuestra será mi acción siendo gloriosa.
Espera, sierpe enemiga,
aguarda, terrible monstruo,
no desvaríes el aliento
de quien te sigue animoso.
Mas ¿si es sueño lo que miro,
si es encanto lo que noto?
Aquel bostezo sañudo
que rudamente ambicioso
tragó tan torpe fiereza,
admitió tan vil estorbo,
se cerró: (¡Prodigio raro!)
dejando en plano el foro.
Lee.
(Va a entrar y se suspende).
Unos caracteres grandes
que dicen, si los recojo;
"Al compañero de Hércules, idiotas,
no muerde la que habita aquí serpiente;
nadie, sin ser discreto y ser valiente,
quiera entrar en mi obscuro laberinto".
Por más que me dificultes,
caverna rústica, el cómo
pueda registrar tu seno,
yo, sin lo presuntuoso
de discreto y de valiente,
pretendo:=
Dentro una voz canta.
Infeliz quien solo
se dejare llevar de lo curioso.
Qué triste voz me acobarda,
cuando...
(A otra parte).
Mil veces dichoso
quien con valor e ingenio rompa asombros.
Entre dos voces confuso,
entre dos ecos absorto,
quedo, sin que
tome el riesgo.
Determine...
...busca el logro.
Fría mansión, ¿quién te habita?
¿Quién te ocupa, albergue bronco?
La discreción hermosa.
El horror espantoso
que cría alcázar cavernoso,
donde el Estudio es rey, vasallo el Ocio.
El foro de la gruta se transforma en el de un palacio y sobre su puerta se escribirá este dístico latino.
Victus Amor querit quenam in hac Arce Potestas: An Docta, an pulchra vicerit Arma sua?
Mas la que fue horrenda gruta
se transformó poco a poco
en un magnífico alcázar,
cuyo frontispicio hermoso
único ejemplo es del arte
y de la idea es asombro.
De Venus la estatua bella
ocupa aquel nicho, el otro
la de la sabia Minerva,
que, si mi disculpa cobro,
la discreción y hermosura
significan. Por despojos
tienen las flechas y el arco
de Amor; con que reconozco
que en alcázares sagrados
donde atributos gloriosos
hacen victorias sin riesgo
en los campos del ahogo,
amor no es deidad, sino
vasallo de los enojos:
y el entretejo de la sierpe
no fue daño, misterioso
sí, pues es de la prudencia
el jeroglífico propio;
como diciendo: que el perezoso
si es medroso...
la discreción, o hermosura
ha de difinir, no solo
cumple con ser sabio, pero
debe ser prudente, y docto.
Por inscripción de la puerta
latino un dístico noto
que dice: Vencido Amor
de discreción y hermosura
saber de las dos procura
cuál tiene imperio mayor.
Entrar determino.
¡Afuera
la que con un velo el rostro
tiene cubierto!
¡Clemencia!
¿Qué escucho?
¡Afuera!
¡Socorro!
Vase.
Opuesto al bárbaro vulgo
la he de amparar aunque todos
los Eduanos me embistan.
¡Qué resolución!
¡Qué arrojo!
No lo será en mi valor;
y más en lance que logro
asistir a una mujer,
que no he visto ni conozco.
Sale Gerión y saca a Elisa con el velo al rostro.
Aquí estarás mientras vuelvo
a resistir animoso
tanta crueldad.
Vase.
Y por la puerta del Alcázar sale el Amor.
Salve, Elisa;
compadecido dispongo
librarla porque un error
se ataje y se eviten otros.
Ven conmigo, ninfa bella.
Aunque quien seas ignoro,
sigo tus ecos, que tienen
consonancia de amorosos.
Llévala el Amor y éntranse por la puerta del Alcázar.
Música dentro.
¡Viva la hermosura!
Ruido de cuchilladas.
¡Muera!
La que discreta.
El que loco.
Cuestión tan grande se ofrece.
Ocasiona este alboroto.
¡Viva!
¡Muera!
Salen Astrages, Aureliano, Farebol, y soldados riñendo con Gerión, y al mismo tiempo saldrá del Alcázar la ninfa Egerida, que se pondrá al lado de Gerión.
Suspended
las iras, no muera.
¿Cómo
puedes defenderle?
Oídme.
Corrido a Egerida oigo
viendo que este forastero
pudo burlar mis enojos.
Supuestos los dos principios
(Astiages, Príncipe Heroico)
de discreción y hermosura,
y asentando que uno y otro
mueven cuestión que se arguye
sin medios indecorosos
a nuestro ver; y también
dándose, como supongo,
dos tiernos bandos de Ninfas,
cuyos caudillos hermosos
son Elsa y Lauricena,
discurrís que el horroroso
estrago de la serpiente
y que el sangriento destrozo
y plaga de la Edecania
nace del contradictorio
femenil estudio; pues
no es así; entendedlo todos;
yo repararé del Amor
incitador venturoso,
En el margen superior derecho se lee el número 8. En el margen izquierdo y bajo el texto principal se aprecian restos de una escritura anterior borrada (palimpsesto).
De ese dórico edificio
que se ofrece a nuestros ojos,
os hago saber que hacéis
un juicio supersticioso,
atribuyendo a delito
lo que en su sagrado solio
es merecimiento; y para
apartar escrupuloso
dictamen, venidos, sea
en nuestro favor, o airoso
el amor, que si el amor
yace sin plomo y sin oro,
trofeo de cuantas ninfas
huyen finezas y odios,
podréis creerle, sin que
estiméis por sospechoso
cuanto él diga. ¡Puerta del alcázar!
¿Quién llama?
Al amor invoco.
No se niega al precepto
quien obedece al ruego y al sollozo.
Sale el amor por la puerta del alcázar.
Desde mi alcázar salgo,
oh, pueblo riguroso,
a que humano confieses
lo que divinamente reconozco.
La sierpe con que quedan
desiertos los contornos,
incultas las llanuras,
inútiles y estériles los troncos.
Después que dio la muerte
a Sacinto el famoso,
que a fundar a Sagunto
con Hércules llegó a pagos remotos.
Condicional castigo
es en el sacro trono
de Jove, hasta que vea
bien visto su deidad el desenojo.
Y el templo de mi madre,
que reverencia Apolo,
no os pidió que muriese
la sabia Elisa que en mi Licio escondo,
sino que fin tuviesen
las disputas del voto,
y aqueste pasajero
juez sea en lo discreto y en lo hermoso.
Comenzó vuestra saña
el arcano, en desdoro
de las ninfas, haciendo
de víctima gentil bárbaro voto.
Pero yo, compadecido,
los dos bandos convoco
de Elisa y Lauricena,
caudillos bellos de su ilustre coro.
9
Canta Amor, y la música con Egerida.
Venid, ninfas, venid donde dichosos
arguyan los ingenios y los ojos.
Por la parte del Amor sale Elisa con sus ninfas con el rostro cubierto, y por la de Egerida, Lauricena y su coro.
Llega, Elisa, y de esta suerte
encubierta has de argüir,
porque no puedan decir
que hay la ventaja del verte.
Llega, Lauricena, y sea
tu hermosura tan callada
que la juzgue imaginada,
el que realmente la vea.
El coro de Elisa canta.
La discreción viva,
para que desde hoy
confiesen los hombres
que ella es la mayor.
Coro de Lauricena canta.
La hermosura viva,
para que en cuestión
célebre, se vea
que ella es la mayor.
La hermosura, viva,
viva la discreción.
¿Qué perfección singular
es la que contemplo aquí?
Si todo un cielo vi,
¿cielos qué podré juzgar?
Aparte.
A vuestra razón mi afición
y Elisa a los dos venciera
pues con el amor yo diera
eficacia a la razón.
El oráculo, Cupido
en su favor declaró;
y de mi error estoy yo
confuso, y arrepentido.
Aparte.
Lauricena ha de tener
el Lauro, si en su belleza
tiene parte la fineza
con que aspiro a merecer.
¡Oh, si pudiese Arrebol,
hacer un juicio cortés,
¡Ninfas! pero aquello es
tirar claveles al sol.
Entre discretas y hermosas
soy abogado y fiscal,
tal vez vivo en el cristal,
y a veces me matan rosas.
Mis leyes son muy sencillas
pues la especie que más toca
10
cuando parece la rosa
va a dar siempre en las mejillas.
Y si es que alguna repara,
en consultar mi favor,
es envidia del color
razonable de su cara,
y aun sé.
Calla, necio.
En vano
me culpas por lo que soy,
pues si doy en rostro, doy
siempre con mi blanda mano.
Aparte.
Vase.
En uno y otro ejercicio
lo que busques quiero ver,
piensa (¡oh joven!) en hacer
sin pasión aqueste juicio.
Pues si sentenciares mal
por ciego impulso y error,
ten sabido que el amor
será tu mayor fiscal.
Su ser callaré, por ser
condición de apoderado,
que este gobierno usurpado
él lo haya de merecer.
Vase.
A espacio, no te adelantes,
enemigo pensamiento,
y fabriques mi tormento
dudando en estos semblantes.
Mas ¿en tan vano acabarme?
Nada estorba a mi quietud,
y hacia mi solicitud
cualquier vaticinio miente.
Vase.
Sin duda, oculta grandeza,
juventud, os detenéis,
pues Venus te quiso hacer
Paris de ingenio y belleza.
Admirables trompas, cuya
eficacia poderosa
deja a mi atención dudosa
sin saber cómo os arguya.
Tiernos, dulces bandos, que
equivocáis altamente
con lo que el oído siente
aquello que no se ve.
Sabe el alma que quisiera
entramba dificultad,
que triunfara la beldad
y que el ingenio venciera,
mas sin faltar al respeto
En el margen superior derecho aparece el número 11. Hay texto descolorido en el margen izquierdo que es un calco (bleed-through) de la página anterior y se ha ignorado.
A vuestro especial blasón
preciso es en la ocasión
obedecer al decreto.
Juez me han hecho las Deidades
de vuestra causa esta vez,
pero recelo que el juez
doble las dificultades.
Y así dadme luz,
no vas
fundando en tu petición,
pues tendrás más confusión
cuanto luciremos más.
Luce la Hermosura y luce
con excelencia tan alta,
que donde un sagrado falta,
una afición introduce.
Brilla el Ingenio de suerte
que sin perder lucimiento,
adorna al conocimiento
del que su esplendor advierte.
A estas luces nadie puede
hacer fin en conocellas,
pues a la más grande de ellas,
otra mayor la excede.
Para conocer seguro
cuántas la luz del color,
se vale el diestro pintor
de la sombra y de lo escuro.
Aparte.
Si lo difícil te asombra
de nuestras luces procura
ver si hay sombra en la hermosura,
y oirá si en un ingenio hay sombra.
¡Oh, si le venciese yo!
No lo dudo, que en efeto,
a más de que hablo discreto,
valiente me defendió.
El bando entendido vea
cuánto me debe, pues hoy
para defenderle doy
a entender que soy muy fea.
Aparte.
Mucho del hermoso bando
el laurel mi afecto aprecia,
pues quiero parecer necia
mirando, oyendo, y callando.
¡Qué difícil ha de ser
el silencio en tal cuestión,
si es que una contradicción
he de oír, siendo mujer!
Ningún arbitrio imagina
la especie que me sujeta,
pues una es deidad discreta,
y otra es belleza divina.
Juez feliz y peregrino
sigue nuestros pasos, y entra
en el palacio que encuentra
tu mejorado destino.
12
diciendo por el camino
la armoniosa confesión.
¡Viva la hermosura!
¡Viva la discreción!
Vanse todas con esta música, y al entrarse Gerión le detiene Arrebol.
¿Forastero?
¿Quién llamó?
Quien de tu modo obligado
pretende ser tu criado.
Ese ofrecimiento, no
puedo creer, pues contradice
al estado en que me ves.
Digo que estoy a tus pies.
Vase.
Digo que voy infelice,
mas no obstante, espera a que,
que en saliendo a mi empleo
te agradeceré el deseo
de servirme; a Dios.
¡No vi
pasajero tan honrado
ni más cabal intención,
que sin pedirle razón
repare a admitir criado!
Ahora bien, sea el que fuere
yo he de servirle, pues verá
que el que admitir rehúsa
Con solo el que pagar quiere.
mi amo ha de ver aunque tuerza
su voluntad y su agrado
que si hay quien sirva forzado
él me ha de mandar por fuerza
Hoy por lacayo me escriba
y admitiéndome la oferta
si hasta aquí fui plaza muerta
comience a ser plaza viva.
Mas aquí asentado ya
que le tengo de servir
es tiempo de discurrir
un soliloquio, allá va.
Supongo que el Juez soy yo
de lo hermoso, y lo entendido
porque Venus lo ha querido
o al amor se le antojó.
Si contemplo la belleza
que más gloriosa se ve
en ella solo hallaré
melindres y delicadezas
si en la discreta se fía
el certamen más solemne
hallaré que solo tiene
engaño y bachillería
Cada cual hace imperfecta
13
la perfección que le cabe
una afecta lo que sabe,
y otra lo que goza afecta,
yo en materia tan dudosa,
buscara para valida,
ni a la que es más entendida,
ni a la que es menos hermosa,
sino un medio.
La serpiente
nos amenaza.
¡Piedad,
Amor!
¡Socorro, deidad
de este alcázar!
¡Oh, me queme
por lacayo en cruel
boca, me sabe sorber,
que cogiéndome en agraz,
me reventará en pastel!
Sale Flora.
Arrebol, en tantos males
ampárame.
El habla esconde,
que veo la serpiente.
¿Dónde?
¿Qué más serpiente, si tú sales?
¡Ay, que viene!
¡Ay, que llega!
Defiéndeme.
Voy por ciervo.
Ella se asirá de él.
¿Cómo, Flora, si me has muerto,
podré defenderme yo?
Déjame.
Yo no me aparto
de ti, que el temor me quiebra.
Pues ya que te haces culebra
procuraré ser lagarto.
No muerdas, vil.
Soy humano,
y que no te enrosques quiero.
Muérdele y vase.
Pues contra un pícaro fiero
tigre he de ser.
¡Ay, mi mano!
Huir procuro.
Sale Ger.
Oye, espera,
no temas.
Para que escuche,
has de decirme si acaso
murió la sierpe.
Si dulces voces,
de uno y otro coro
me guiaron al ilustre
sagrado alcázar en donde
a un mismo tiempo descubren
un sosiego los oídos
los ojos mil inquietudes
pues entre ecos y colores
ya se cobran, ya se turben,
se paran al embeleso,
y a la admiración acuden.
Siguiendo, pues, la armonía
de las Ninfas, me introduje
en un jardín, cuya bella
máquina tú la discurre
por la mayor, pues aunque
retórico la dibuje,
quedándome entre sus sombras,
no he de llegar a sus luces.
Entraron, pues, ambas tropas
en sus aulas, donde arguyen
su opinión, y apenas vuelto
la vista, cuando lúgubre,
horrenda caverna, que
ya otra vez vi, porque apure
mi valor, vomitó fiera
sierpe, cuya saña infunde
veneno, pues en sus ojos
inflama, ardiente resume,
por boca y narices llamas
arroja, los dientes cruje,
a silbos seca las hojas,
a golpes los troncos frunce.
En el margen izquierdo se aprecian restos muy pálidos de nombres de personajes que parecen haber sido borrados o ser un calco del reverso.
sobre la sulcada arena,
verdes escamas sacude,
fríos nudos desenlaza,
y fuertes lazos desune;
fieramente me embiste,
fieramente me circuye,
con el ruido me asombra,
y con la cola me aturde;
libre del primer encuentro
pido a los Dioses me ayuden,
y fiado en su asistencia,
desde un tronco que me cubre,
le tiro tal estacada,
que cuando el pecho presume
que me destruyen sus dientes,
duro acero le destruye;
en fin ya tiñe las flores
por venas, que...
Con la música los dos coros de Ninfas.
¡Viva, triunfe,
el que a la gran Sagunto deja inmune
del Cartago sangriento,
¡viva, triunfe!
Sagradas, hermosas Ninfas,
no vuestras voces ocupe
mi acción, viva el alto Jove.
En el margen superior derecho aparece el número 45.
pues hoy la condición cumples.
Vivan Venus y Minerva,
con cuyos auspicios pude
vencer tal fiereza.
Vivan
nuestras deidades, y el peregrino triunfe.
Salen todos por diferentes partes.
Estos ecos me suspenden.
Estas voces me confunden.
cerrado concurso fácil,
que con mentidas vislumbres,
sin fundamento produces
que dices.
Vivan los dioses
y este peregrino triunfe
que dio muerte a la serpiente.
Este suceso concluye
mucha parte del presagio
pues para que yo sepulte
vuestra ceguedad, él muera.
Muera.
Ya sabéis que supe
dar muerte a un monstruo, y a nadie
temo.
Nosotras no dudes
que moriremos primero
que no él.
Tened, que aunque tuve a la parte de ellas
por desaciertos las voces,
no lo son.
Sergio, ¿así cumples
lo que ofreciste?
Astrea, sí;
no contra mi acción disputes
cuando este eco corresponde
a nuestras solicitudes,
o, si este fuese Timantes...
Vase.
Razón es esta que procure
asegurar mi gobierno
en la corona; y pues unes
voluntades este joven
con exceso tan ilustre,
antes que del vaticinio
toda la verdad apure,
le daré muerte, cuidado,
un instante no descuides,
que sobre la contingencia
industria y valor me ayuden.
En el margen superior derecho se lee el número 16.
Vase.
Confuso quedó Hermógenes,
sin duda desde hoy presume
su desgracia, que este joven
voy a ver lo que discurre;
que en todo trance seré
el que más fiel le asegure,
pues en su privanza soy
el que más dichoso luce.
¿Cómo te llamas?
Gerión.
Pues, noble Gerión, no injurie
tu valor recelo alguno,
pues hay astros que te ayuden.
¡Qué desengaño tan noble!
¡Qué experiencia tan ilustre!
¡Qué valor tan generoso!
Ya no hay sierpe que me asuste.
Un corchete agrupa los siguientes cuatro versos de Arrebato y Flora.
¿No hay diosas?
Sí.
Pues, demonio,
otras culebras no busques.
Riesgos y dificultades
me amenazan y confunden;
¿quién se halló en tan exquisito,
en tan raro, en tan voluble,
movimientos de Fortuna;
reino extraño, airado numen,
difícil advirtió fácil,
tiranía hallé, si cumplen
inocente, y veloz el tiempo,
verá que láminas tuve,
para ejemplo de los que
mi gloria inmortal emulen.
Vuelve otra vez al alcázar
insigne, sereno, ilustre,
mientras que dicen las voces,
con metro canoro, y dulces;
Ven donde tu ingenio
declare ya justo
lo que nos parece
casi indisoluble;
y cuando lo juzgues
instante y atento
dirá nuestro acento
que viva Venus, que Minerva viva,
y de la envidia altiva
Gerión triunfe.
fin
Página sin texto manuscrito. Marca del Ayuntamiento de Madrid.
Página con tinta muy desvanecida. El texto visible coincide materialmente con el de la página 0032.
movimientos de fortuna;
reino extraño, airado numen,
difícil advirtió fácil,
tiranía hallé, si cumplen
inocente, y veloz el tiempo,
verá que láminas tuve,
para ejemplo de los que
mi gloria inmortal emulen.
Vuelve otra vez al alcázar
insigne, sereno, ilustre,
mientras que dicen las voces,
con metro canoro, y dulces;
Ven donde tu ingenio
declare ya justo
lo que nos parece
casi indisolubles;
y cuando lo juzgues
instante y atento
dirá nuestro acento
que viva Venus, que Minerva viva,
y de la envidia altiva
Gerión triunfe.
En la esquina superior derecha se lee el número 17. En la cabecera aparece el texto "Jornada Segunda" y, entre ambas palabras, "OCIO".
El resto de la página está ocupado por un dibujo en tinta de un hombre con ropajes elaborados, en equilibrio sobre un pie encima de un pedestal. Detrás del dibujo se perciben líneas de un texto manuscrito muy desvanecido o borrado (al parecer un diálogo entre personajes como Genio y Hermosura) que resulta casi en su totalidad ilegible.
Página con un dibujo que representa a una figura sobre un pedestal. No contiene texto para transcribir.
Jornada Segunda
17
Sale Gerión.
Confusa imaginación,
¿por qué mi temor arguyes
si cuando una prisión huyes
encuentras otra prisión?
¿Dónde caminas, desvelo,
si a cada paso que das
veo que vuelves atrás
los alientos con que vuelo?
Sale Astriages por otra parte.
Cuidado mal entendido,
que apenas imaginado
has parecido cuidado
cuando mal has parecido.
¿Por qué senda tu intención
podré introducir, atento,
que no es lograr un intento
deslucir la ejecución?
Tan empeñado me veo
en lo que oigo y lo que miro,
que si de uno me retiro,
otro igualmente deseo.
Mi recelo es tan infiel,
que en las pensiones que gano,
es conmigo más tirano
cuando soy menos cruel.
Dioses, si fue vuestro intento
declarar esta verdad,
no me dejéis voluntad,
9 dadme solo entendimiento -
Dioses, si a extremos llego
en la quietud que procuro,
pues la Edetania aseguro,
asegurad mi sosiego.
Sagrada esfera que tienes
con perfecciones iguales
motivo para mis males,
y razón para tus bienes.
Alcázar, en que averiguo,
con la luz del ciego Dios,
que cuando me obligan dos,
por uno me desobligo.
Ausentarme.
Introducirme.
Otra deidad...
En su visión.
Podréis, sin que...
¡Gerión!
Gerión apartándose de la puerta del alcázar, y Astiages queriendo entrar por ella, se encuentran.
Fuerza es aquí reprimirme.
Astiages, aunque amor
hace empezar a desvelarme,
la atención de no oponerme
al decreto superior,
mis iras vencer procuro.
Yo buscaba esta ocasión
para decirte, Gerión,
que en la Edetania seguro
no estás destas vanas prevenciones.
18
satisfacer mi cuidado,
para que si desempeñado,
dejares el argumento
lograrás menor ventura,
pues es fuerza en la ocasión,
o agraviar la discreción,
o desairar la hermosura;
y si piadosa y humana
quedas, con indiferencia
será contra tu clemencia
todo este seno Océano,
con que no hay medio cabal,
quisiere escusar, a ser,
juzgando mal, no harás bien,
juzgando bien harás mal.
Y así que procures trato
de ausentarte antes que...
Espera.
que no creí aunque te oyera
que escuchara tan gran vano;
tú me mandaste prender,
y he llegado a discurrir
que fue más por resistir
que no por obedecer;
preso me has visto, y sujeto
al decreto Soberano
Y no fueras tú tirano
a obedecer el decreto;
esta noble urbanidad,
que me debas he querido,
una vez tu preso he sido,
y no quiero libertad;
cuán opuestos pareceres
son los nuestros, bien se ve,
que antes librarme intenté,
y ahora no porque me quieres.
A tanto desembarazo
responderé de esta suerte.
Contra mí no ha de valerte
la destreza de tu brazo.
Notable valor.
Destreza
grande.
Sale Laurig.
Hacia aquí, mantened,
vuestras iras suspended.
Obediente a tu belleza
quedo, mas por otra parte,
hermosa deidad quisiera
que Astíages me envidiera
por otra.
Reclamo: Escucharé / Astiag.
Sello inferior: 1200023868
19
Tea 1-137-6
Lauricena en ocasión
que así Gerión me obliga,
permitidme que prosiga
la invención de Gerión.
Una y otra obligación
de obedecer y decir,
quisiera a un tiempo cumplir,
mas si oyendo tu dulzura,
he de dar a tu hermosura
el laurel, vuelvo a reñir.
Espera; el alma indecisa
está, y no puede mi pena
dar ventaja a Lauricena
contra el ingenio de Elisa.
Si ya mi valor te avisa,
si declaro mi invención,
córtala...
Sale Elisa.
¿Qué turbación
es esta, en que deslucís
el cargo con que venís
tan propio de vuestra acción?
¿Cómo desautorizáis
lo ilustre del competir,
sin mirar, sin prevenir
que a una hermosura agraviáis,
o convencidos quedáis
a la opinión más segura?
O vuestra acción fue locura,
pues Lauricena a mi ver
Se merece por mujer
lo que no por hermosura.
Las Deidades que antes vieron
los peligros de lo humano
privilegio soberano
a cualquier mujer la dieron
como medio la pusieron
contra la ira rigurosa
de los hombres y así airosa
dejarla siempre debéis
si el privilegio rompéis
si no lo alcanza la hermosa.
Fuerte lance en que pretende
lucir su opinión la sabia
discreta Elisa me agravia
al paso que me defiende,
pero si el discurso atiende
verá que llega a doncella
pues dudo que al atendella
al decirse cara a cara
la más discreta callara
si fuera la menos bella.
Vase.
Y porque en tratar fiera
como aquí manifestáis
un desaire no me hagáis
quedad con Dios.
Folio 20 en la esquina superior derecha.
Oye, espera.
Vase.
Seguirla el alma quisiera
con pasos de la atención.
Ea, alienta, corazón,
con la confianza respira,
que quien vive de su ira,
no muere sin ocasión.
Hace que se quiere ir Lauricena y Gerardo la detiene.
Cruel empeño enemigo,
en que el discurso avasallo,
como, si mis voces callo,
mis vivos colores digo
con uno y otro testigo;
mi opinión vencida siento,
hoy triunfa el entendimiento,
ya no me queda recurso,
Venus, quítame el discurso,
o dame más sufrimiento.
Hermosísimo cuidado,
en quien dudo muchas veces
si eres lo que me pareces
y no eres lo que he pensado,
si dichoso y desdichado
a un tiempo no puedo ser,
cómo me quieres hacer
en lance de competir
tan desdichado en no oír,
En el margen superior apenas legible: Dª Minerva
como venturoso en ver.
Es tu silencio admirable,
tan prodigioso silencio,
que siempre le reverencio;
sin voces, sé favorable
en esta ocasión mudable.
Quisiera experimentar
tu ver, por considerar
que en el rigor que me alcanza
haya de ser tu mudanza
desde el callar al hablar.
Mirando y callando arguye
tu belleza de tal suerte,
que al que más feliz le advierte
más poderosa concluye;
o a tu voz te restituye,
o más rayos no me tires,
porque no es razón que aspires,
supuesto que me avasalles,
a mirarme cuando calles,
a callar cuando me mires.
Divina muda traición,
me llegas a persuadir
con lo muerto del decir,
con lo vivo de la acción.
21
menor fuera mi pasión
a no haber tu voz oído
pero ya tengo entendido
desde el pasado accidente
que para mí solamente
beldad has enmudecido.
Si los dioses intentaron
que te viese y no te oyese
porque juez más recto fuese
sin duda se apasionaron
y es cierto pues no dudaron
que las privaciones son
con las que arde una pasión
y si bien he de juzgar
la experiencia de tu hablar
y veré que mi privación
(Hace que se va)
Tan infeliz vengo a ser
que en ocasión de lucir
sé lo que debo decir
y no puedo responder
a haber llegado a entender
cuán dificultoso sea
callar siempre nadie crea
que yo en callar me empeñara
aunque el mundo me escuchara
como a la mujer más fea
quiso ahuyentarme de aquí
¿Quién tal rigor mereció,
que no he de escucharte?
Sale Elisa.
No.
¿Y que he de mirarte?
Sí.
O tú, que según oí,
respondiéndome veloz
en la pena más atroz
que este infeliz ha tenido,
eres de un mudo sentido
alma dulce y viva voz,
permítele a mi ignorancia
dudar si eres alma o no
de aquel cuerpo que dejó
burlada mi vigilancia;
y si vencida la instancia
que eres su aliento concedes,
de mí ausentarte bien puedes,
que no quiero en esta calma
que su belleza sin alma
vaya porque tú te quedes.
Voz soy con tal proporción
al cuerpo que te ha dejado,
que no habla sin el cuidado
que tengo de su razón.
Una a otra relación
decimos que, si quisieres
averiguar lo que infieres,
ahora será por demás,
porque solo me verás
cuando a su hermosura oyeres.
¿Cómo procuras vencerme
sin querer manifestarme
con las luces del hablarme
las sombras del suspenderme?
¿Hay razón para esconderme
quien seáis?
Sí.
¿Qué razón?
Esta, pues.
Dentro.
La discreción
busquemos.
A otro lado.
A la belleza
sigamos.
Ves cómo empieza
aquí nuestra oposición.
Mutación de una pieza de palacio. Los bastidores de una parte, en que estará el coro de Elisa, se adornarán con pinturas de Minerva, Apolo, Mercurio, Orfeo y otros semejantes; los bastidores de la otra parte, en que estará el coro de Lauricena, se adornarán con pinturas de Venus, Diana, Dafne, Aretusa y otras. Las ninfas de Elisa con plumas, papel y libros; las de Lauricena con espejos y tocadores.
Al discreto estudio,
ninfas, venid,
donde aprende el ingenio sutil
el arte de vencer
al modo de lucir.
Al estudio hermoso,
ninfas, venid,
donde aprende el donaire gentil
artes de componer,
liciones de rendir.
Estudiad,
proseguid,
pues siempre es aquí
discreto el adornar,
hermoso el discurrir.
Según me costó el buscarte,
cierto, Gerión, creí
que yo era tu amo.
¿Por qué?
Es que siempre oí decir
que huye el criado del amo,
y tú siempre huyes de mí.
No ociéis, ninfas, porque el ocio
es la polilla más vil
del ingenio, es la tirana
lisonja que al alma feliz
23
En los principios halaga
y martiriza en el fin.
¿Qué virtudes no contrasta
el pecho más varonil,
que venció lides sangrientas,
se rinde a su torpe lid?
El ingenio floreciente,
que Minerva vio subir,
vino a tomarla el laurel
a pedirle para sí;
de tal suerte con el ocio
se agosta, que, al advertir,
ni dio frutos en otoño,
se segó, acabó en Abril.
El campo, en que vi por Julio
tanta dorada cerviz
segar bronca mano, que,
que parece que Ceres vi,
a competencia de Tetis,
mares de oro quiso herir,
del arador olvidado
en el frío enero vi,
que adonde una espiga dio,
espinas produjo mil.
Entorpecido del yelo
El arroyuelo gentil
que antes corría entre una
clavellina, y un jazmín
cuando a favores del sol
se vio libre desasir
por otra parte corrió,
ya no supo por allí.
El jilguero que del viento
fue animada flor sutil
algún tiempo aprisionado
del junco, hierro, o marfil
cuando escapó de la cárcel
no supo volar ni huir.
La rosa que por el mayo
fue vanidad del jardín
mientras estudió en crecer
pudo reinar y vivir,
mas apenas pretendió
que adorase su carmín
el sol, cuando a sus incendios
vio su hermosura morir.
Pues si ingenio, valor, campo,
arroyuelos, aves, y
flores con el ocio pierden
cuanto pueden adquirir
y aun más, pues pierden el ser
lo que antes fueron, decid.
Al discreto Estudio
unas ninfas venid.
En mi vida tan discreta
mujer, Arrebol, oí;
parece que sus razones
traen disparado en sí
con lo docto del hablar
lo dulce del discurrir.
Sin mí estoy.
Pues yo, señor,
no puedo creer que sin
el mí estés, porque
no hay lance
que apriete sin ay de mí.
No mi confusión apures.
Pues ¿acaso es confundir
decirte que por mí pase
lo que ha de pasar por ti?
Gallardo joven es este,
y ya el quererle rendir
juzgo que es inclinación.
A vuestro empleo acudid,
ninfas, para que se vea
que aquí aprende el ingenio sutil
el arte de vencer,
el modo de lucir.
Hablando los dos, hablan ellas.
¿Oyes, Egerida?
¿Qué me dices?
Hablando aquí,
¿no es galán el forastero?
Aparte.
Jamás de galán le vi
valentía y oír discreto.
Dígalo (¡ay, cielos!) el ir
fabricando una pasión
mi pecho con tal ardor,
que parece que no tengo
valor al contradecir.
Aparte.
No sé qué efectos el alma
concibe, que a discurrir
vengo que el querer vencerle
no es ya opinión, gusto sí.
¡Qué adornadas, qué compuestas,
qué hermosas todas venís!
Nadie, Laurice, se puede
con tu beldad competir.
No en lo hermoso me acredites
porque aunque solo emprendí
defender a la hermosura
siento no poco el sentir
discurso que los alcanzo
mas no los puedo decir
y así aliviad mi silencio
diciendo todas por mí.
Al estudio hermoso, ninfas, venid.
¿Viste más rara belleza?
a arrebol aquel rubí
de su boca, a aquella nieve
de su cuello, a aquel cenid
de su frente en donde dos
soles miro competir,
y con arcos de azabache
dispararse rayos mil.
A aquellas manos nevadas
que la rosa carmesí
al irla a coger pudiera
temer nieve a aquel perfil,
desigualmente perfecto
de sus diez flechas, y en fin
la estrecha prisión suave
de su aliento femenil
y la noche de su pelo
en que amante puede salir
a robar las vidas no es
un hechizo no es.
Aquí,
perdóname que te amague,
lo que ibas a proveer,
mas en mi sentir no es
Calla, necio.
No lo fui
en darle a tu ya pintada
ninfa un no es de sombra, un
faltar al ver de arrebol,
que es el fin a que nací.
Nuevo género de adorno.
Ninfas bellas, discurrid,
porque los ojos confiesen
que aquí aprende el donaire gentil
artes de componer,
liciones de rendir.
Estudiad,
proseguid,
pues siempre es aquí
discreto el adornar,
hermoso el discurrir.
La que halla dificultad
en lo que estudia de Laura,
puede preguntar,
pues Flora
te pide con claridad
difinas al amor.
Es
el amor un ardor blando
que entra en el pecho vagando
y manda al alma después.
Es un enigma cortés
que no se entiende y se sabe.
Es un imperio suave
y una ley apetecida
que, a no ser obedecida,
nos pareciera más grave.
Amor difinido,
su ser explicado,
discretas, cuidado,
que de las discreciones añado.
¿Cómo saldrá de este abismo
la que de sabia se precie,
y es que al galán que desprecie
satisfaga a un tiempo mismo?
Ciega la voluntad nace
para amar o aborrecer,
el juicio viene a ver
quien sus actos satisface,
la que algún desprecio trace
y quiera con igualdad
agradecer la verdad
de algún fino rendimiento,
pague con entendimiento.
desprecié con voluntad.
No arguyan los necios
con ingratitudes,
pues entre virtudes
ya deudas satisfacen los desprecios.
¿Cómo podrá resistir
a amar lo que quiere amar?
Con no dejarse aliviar
del gusto del poseer.
Es sabio el que con razón
sabe querer sin saber
dejar de amar,
eso es ser
sabio con su condición.
¿Hay desdenes bien fundados?
No, pues para no querer
para qué son menester
afectos equivocados.
La ira entre sujetos
es mayor.
Tengo entendido
que entre dos que se han querido
y han faltado a los respetos
de su amor porque en rigor
de acaso cruel e impío
la ira llena aquel vacío
que ocupó todo su amor.
¿Cómo se ha de conocer
el que para amante es bueno?
Ver si teme cuando ajeno
lo que propio ha de temer.
¿Qué causa es más atractiva,
la esquiva o la favorable?
Ésta suele ser mudable
y ser ingrata la esquiva.
Y entre uno y otro cuidado
de ingratitud y mudanza,
la que es favorable alcanza
lo que la otra no ha alcanzado.
La esquiva no se apetece
por ser esquiva, sino
porque no favoreció;
luego la que favorece
mayor imperio asegura,
pues dejando el medio esquivo,
hace el favor atractivo
y atractiva su hermosura.
Tus altas razones
son hijas del alma.
Llévense la palma,
con el ejemplo de Amor, las discreciones.
De suerte me satisfizo,
vencióme su ingenio tanto
que cada voz fue un encanto,
cada concepto un hechizo.
Enigma sin duda se hizo
de amor esta mujer, sí;
pues cuando la escucho aquí
tan discreta, pienso y creo
que con los oídos veo
lo que sin los ojos vi.
Mucho siento el no poder
dejar el silencio.
Empiece
nuestro estudio.
¿Cuál parece
mejor, quisiera saber,
de dos bellezas, aquella
que vive desconfiada,
una que está asegurada
que tiene gracias de bella?
La que desconfiada vive
de la perfección que alcanza,
pues con tal desconfianza
nueva perfección recibe;
sin afectarse concibe
una modestia exterior,
que acompaña a la interior,
y cuando así se sujeta
nos parece más perfecta
la hermosura superior.
Razón tan probada
nunca se ha dudado.
Hermosas, cuidado,
que es más bella la más desconfiada.
¿Qué color le está mejor
a una hermosa?
Según veo,
el negro color, el feo
es su más propio color
a la oposición mayor:
del un contrario su opuesto
salta más; y según esto,
la hermosa de negro vista,
porque la encuentre la vista
más hermosa en lo compuesto.
Discreta señalas
la regla más cierta,
hermosas alerta,
que la hermosura no ha menester galas.
Suspensión tiene penosa
una hermosa.
Es su pensión,
el que en cualquiera ocasión
quiere parecer hermosa.
Hay hermosas presunciones.
No, porque la presunción
nunca supone razón
y no hay bellas sin razones.
¿De qué espejo ha de buscar
la que al desengaño aspira?
Ayuntamiento de Madrid
aquel que cuando se mira
no se quisiera mirar.
¿Qué flor en mano nevada
parece bien?
No se atreve
una flor en tanta nieve
a parecer bien mirada;
pues en lance de favor
reparan los cortesanos
en las hojas de las manos
no en la mano de la flor.
¿Con qué afecto la belleza
mejor te parecería,
entre luces de alegría
o entre sombras de tristeza?
La felicidad desmiente
lo que es propio en la beldad;
siempre la infelicidad
fue su más propio accidente.
La que esquivo dolor siente,
sus perfecciones mensura,
la que explica su ventura
de afecto extraño se viste,
con que es la hermosura triste
con propiedad hermosura.
Tus ponderaciones
son ciertas, son fieles,
Lleven sus laureles
en el tiempo de amor las perfecciones;
nuestras opiniones
vuelve el ingenio, que tan altos medios
de los ojos no son, sí del ingenio.
¿Quién, amigos, en tan extraño,
en tan difícil empeño
se vio?
Quien un miserable,
que cuando ha llegado el tiempo
de pagar, no determina
a este fin se elija cuerpo
de oro o plata en que está su alma,
porque en tan mortal aprieto,
ve que si es dinero el oro,
también la plata es dinero.
No estés tan necio.
No extrañes
que diga verdad un necio.
Si contemplo la hermosura,
a tan poderoso objeto
todas mis potencias rindo;
si a la discreción atiendo,
el albedrío me usurpan
sus dulcísimos conceptos.
Satisfechos los oídos,
y los ojos satisfechos,
dudo lo mismo que escucho.
busco lo propio que ,
o quien un medio encontrase.
Yo solamente hallo un medio,
y es que tapes tus oídos
para que con lo discreto
esta sirena tapada
no te arrebate con esto;
y con vendarte los ojos
juegas el lance, y cogiendo
a una de las dos, dirás:
ésta es, en ella basta el juego.
¿Quién aconsejó tan loco?
El que no dio este consejo.
Los argumentos concluyan
la oposición.
Al margen derecho: Hermosura
Así argumento:
La hermosura es perfección
natural en el compuesto,
y tan semejante al alma
que, uniéndose a sus afectos,
por fuera sin hablar dice
lo que dice el alma dentro;
extremo desembarazo
que, con igual desempeño,
satisface si no mira,
y mira satisfaciendo.
de cuya razón arguyo
la grandeza de lo bello,
pues en contrarias acciones
de dos términos opuestos
su mirar es agradable,
su no mirar halagüeño.
Es una modestia acorde
que sin afectar lo serio,
ni se autoriza a los cultos,
ni se minora a los ruegos.
Prueba de la majestad
que lo hermoso, lo perfecto
es vano, es prudente, pues,
¿cómo puede sin ingenio
ser hermosa la que ignora
las reglas de lo modesto?
Ese objeto tan ilustre
que puede ocupar a un tiempo
los ojos, la voluntad
y la razón, lo que niego
en la discreción, pues esta
lo que más logra en su empleo
es la voluntad forzada
de las dos razones de esto,
es del que discreto habla,
y de el que atiende discreto.
¡Oh, hermosura, cuánto puedes!
¡Oh, cuánto alcanzas, supuesto
que tú sola puedes tanto!
como dos entendimientos.
Aquella es más poderosa
potencia que en menos tiempo
hace sus operaciones:
tal es la hermosura. Pruebe
mi asunto, pues hay amor
finísimo y verdadero,
que se encendió de haber visto
sola una vez el sujeto,
lo que no logra el discurso,
porque, en fin, para entenderlo,
cuanto fuere más divino,
se habrá menester más tiempo.
A cuántos venció un retrato,
a cuántos rindió un bosquejo,
que avasalló, siento, sí,
más corazones, más pechos,
con sus sombras la hermosura
que con su luz el ingenio.
Prometeo hizo una estatua,
y sus perfecciones viendo
desde lo frío del mármol,
salió un poderoso incendio.
Pues si una perfección muerta,
hija bastarda del yerro
al ingenio de quien fue
idea, venció, diremos
que cuando mostró más sabio
En el margen superior izquierdo aparecen escritos y tachados el nombre "Filena" y unas líneas de texto ilegibles.
su discurso, Prometeo,
pasó a adorar como vivo
lo que fabricaba muerto.
En las perfecciones bellas
es incansable el respeto,
que discurso una vez dicho,
repetido no es molesto.
¡Oh, esfera misteriosa,
que asegure sus aprecios
más lo hermoso en lo ya visto
que en lo no oído lo cuerdo!
¿Qué agudeza hay que no tenga
impertinentes tropiezos?
¿Qué belleza que no logre
en los acasos aciertos?
Callando da la hermosura
a unos castigo, a otros premio.
¡Quién goza esta circunstancia
que para fines diversos
a un mismo tiempo castigue
y premie con el silencio!
Oídos desprecios enfadan,
mas los hermosos desprecios
obligan, con que concluyo
que la hermosa, según esto,
sin querer alcanza más
que la discreta queriendo.
Vivan las hermosuras,
pues por sí mismas,
sin saber cómo vencen,
vencen discretas,
y todos sepan
que mejor saben rendir corazones
las que no estudian cómo han de ser bellas.
Ya no puede el Corazón
negar la verdad, yo quiero
desde ahora sin aguardar
el docto arrebatamiento,
deciros, ninfas, que juzgo
por parte de...
Aparte.
Espera, creo
que habrás olvidado el ser
juez de esta causa, supuesto
que oída sola una parte,
a la otra quieres, severo,
condenar, pues ya dijiste.
Encendida ya comienzo,
respondiendo a defender,
y a responder defendiendo.
Confieso también que yo,
aunque lo hermoso desprecio,
defendiera su opinión
si me quitara este velo;
pero ya estoy empeñada,
lo que defiendo, defiendo.
Yo confieso que lo hermoso
es imagen, es remedio
del alma, por quien se informa;
mas la discreción es menos:
no es más de ser hija del alma
que no sombra suya; luego
más noble es la discreción,
si la diferencia advierto
que va de ver semejanza
a ver realmente efecto.
Es la discreción el ser
de un racional el imperio,
a que todos los vivientes
se avasallan; ¡qué trofeos
no alcanzó el discurso cuando
fue contingente el perderlos!
¡Qué dificultades arduas,
qué imposibles no ha resuelto!
Aun en caso que supongas
en el grado más supremo
la belleza, he de vencerte:
bárbaro hubo que sujeto
a la afición de lo hermoso,
cuando más perdido y ciego
vil intento derogar
toda la ley del respeto,
oyendo a la beldad misma
razones con fundamentos
olvidado de lo hermoso
se sujetó a lo discreto.
— Pues si esto pasa, concede
la verdad reconociendo
que privilegios hermosos
no siempre son privilegios,
y sabias razones hacen
atento al más desatento.
— Si quieres decir que vences
más presto la hermosa, niego
la proposición, porque
si el vencido es sabio o necio,
dirás que es sabio, porque
de un necio no hay rendimientos.
Dado, pues, que sabio sea,
cómo puede a los primeros
visos de un ser aparente,
de un accidente supuesto
a la especie racional
rendirse; yo por lo menos
cuando al más discreto viera
en semejante embeleso,
diría que por entonces
se había olvidado de serlo.
— Si me instares que hubo muchos
que a un retrato se rindieron,
te doy por satisfacción
que este fue amor imperfecto,
porque un retrato es borrón
y aunque con mayor acierto
le haya el pincel delineado,
conoce el que mira el lienzo
que es fingimiento, y no engendra
propio amor el fingimiento.
A la ignorancia de la estatua
te satisfago diciendo
que pruebas mi intento, pues
quien de Prometeo el pecho
rindió, fue su discreción
misma, pues sabio, pues diestro,
labró una hermosura con
tan prodigiosos extremos
que, hecho, pudo enamorar
al mismo que la había hecho.
En cuanto a que la agudeza
dicha una vez, a su tiempo
canse a la segunda, y no
la hermosa a quien la está viendo,
respondo que esto es por ser
la vista un sentido externo
material que se contenta
con hallar siempre el objeto
proporcionado igualmente
según sus especies, pero
como el discurso es tan noble
no tiene término cierto
en su operación y así
lo que una vez entendemos
sin dejar de ser dudoso
lo recibimos superfluo.
— Por último di, ¿es más
la hermosura que indispuesto
accidente de colores,
cuyo ser al más pequeño
susto se pierde cual flor
a los afanes del cierzo?
— ¿Es más, di, que una apariencia
que ordinariamente vemos
con imperfección de cerca
y con perfección de lejos?
— ¿Es más que proporción
del rostro que pareciendo
grande no comunicada
tratada parece menos?
— Con los años la belleza
confiesa sus desalientos;
con la experiencia el discurso
logra mayores progresos.
luego este es más que no aquella,
considerando, advirtiendo,
que el tiempo vence hermosuras
y la discreción al tiempo.
En el abanico Eolo
hallo a esta razón lo opuesto,
siendo así que su esplendor
es inmutable, influyendo
contra accidentes humanos
divinos temperamentos.
Nadie por saber perdió
su perfección, que, en efecto,
aunque son libres los sabios
y son esclavos los necios,
que viven a su ignorancia;
con alto conocimiento
la ciencia que los anima
es la que les pone freno.
Pero cuantas hermosuras
por sí mismas se perdieron,
luego no se han de decir
perfecciones sino riesgos.
El entender constituye
al racional y es bien cierto
que sin discurso no hay hombre,
y hay racionales muy feos.
Y en fin (con esto concluyo
mi razón) digo y defiendo
que sola la que es discreta
es hermosa, pues con bellos
actos del alma compone
un continuo lucimiento,
un agrado con industria,
un donaire con respeto,
un estudio que no cansa
y un trato que no es molesto.
Vivan las discreciones,
pues ellas solas,
sin hermosos adornos,
vencen hermosas;
y sepan todas
que las discretas son almas que entienden,
y las hermosas son cuerpos que ignoran.
Qué callo cuando esto escucho,
ya no basta el sufrimiento,
sin duda que Gerión
seguirá a Elisa, y en esto
me fundo, pues a poder,
yo defendiera lo mesmo;
pero callar es preciso
lo que defiendo ofiendo.
¿Quién a tan vivos discursos,
quién a tan divino ingenio
no se rindió, bellas ninfas?
Un desmayo fingir quiero
que tal vez en lo piadoso
le mereceré más tierno.
Digo que juzgo...
¡Ay de mí!
¡Valedme, piadosos cielos!
Desmayada está.
Mis brazos
socorran su desaliento.
Aquí teme el corazón
algún extraño suceso.
¿Quién vio tan rara hermosura?
Mariposa a sus incendios
llegué, y para ver desmayo
mucho luce, pues me quemo.
Puede ser que sea fingido.
el desmayo forastero
aparta, que cuando hay ninfas
que socorrerla podemos,
es cuidado licencioso
el tuyo, y más que con esto
no has de poder juzgar bien
si afectuoso y resuelto,
después de mirar la llama,
te acercas gustoso al fuego.
Oh, tú, dulcísimo enigma,
que con finísimos ecos
me llamas cuando te busco,
me burlas cuando te encuentro,
¿qué me dices?
Que te apartes
de la hermosura.
No puedo,
porque si a otra he de buscar
ha de ser a ti, y supuesto
que eres tan diversa, mira
cómo dejaré lo bello,
quién (¡ay de mí!) se habrá visto
tan confuso, tan suspenso.
que a un mismo tiempo suaves
le obligasen dos opuestos.
Ea, aparta.
Vase.
Para traer agua
para el desmayo, obedezco.
Corrida, infeliz, ya
me cobre.
Y yo en mí vuelvo;
pudo dar treguas al juicio
con afianzar el remedio.
Aparte.
Que juzgare agora, obre;
no hice poco, pues con esto
aseguro mi opinión.
Vamos, ninfas.
Venid luego.
Para de nuevo aplicarnos
paradero que os ofrecemos.
Vanse con la música y sale Gerón con un barro de agua.
Al estudio, al empleo,
pues venciendo una vez por nosotras,
por todas vencemos.
Que llego tarde me dicen
las voces.
Tan claro es.
Como el remedio que traes.
¡Ay, Arrebol! Hoy me pierdo
en el juzgar.
No hagas tal,
porque en materia de pleitos
nunca pierden los que juzgan.
Yo me aparto, yo me acerco
a lo que busco y no busco.
Ese me parece el cuentico
de la que a vista del novio
decía: quiero, y no quiero.
Oculto decir, mirar
mudo, uno sabio, otro bello,
me imperan, mandan, y obligan;
sientan raro, sientan nuevo
empeño en que peligrar
pueden los entendimientos;
hallo un medio severo,
la luz a Minerva y Venus;
pero al certamen me llaman,
puesto que están repitiendo.
✝
Al estudio,
al empleo.
Pues venciendo una vez por nosotras,
por todas vencemos.
Fin de la segunda jornada.
+
Salen Astiages, Sergio, Aureliano y soldados.
Aquí, Astiages, nos tienes
para aquello que dispongas.
Aparte.
¡Llamarte al pueblo, Astiages,
sin la común ceremonia
que pide el estado! El alma
teme alguna cautelosa
traición contra Gerión,
cuya valiente persona
defenderé, aunque, por solo
dárselo el pueblo, me opongo,
por hallar en este joven
calidades misteriosas.
Invencibles cetranos,
cuyas hazañas famosas
serán, a pesar del tiempo,
estudio de la memoria,
el que os llama es Astiages,
y Aureliano el que os convoca,
mi celo el que os desengaña,
vuestra atención, la que os cobra.
Ya sabéis que, desde el día
que, divididas en tropas,
las ninfas, en la Edetana,
más vanas que religiosas,
colocaron las aras
de la Venus vencedora,
en afrenta que, de
Diana, deidad hermosa,
en la gran Sagunto (en donde
soberano templo goza
de techumbre incorruptible
por los leños que lo adornan);
desde aquel día, otra vez
vuelvo a repetir, porque otras
me escuchéis, en que, trocadas
sedas, holandas y rosas
en libros, papel y plumas,
se oyeron a todas horas
argumentos, que, sin duda,
nacieron de la discordia
y no del juicio, pues
no se hallará quien las oiga.
Tea 1-137-6
Sin que se apasione a unas,
y sin que desdeje a otras,
desdeñantes la extrañeza
mal segura y sospechosa;
ni a las armas se levanta
ni a las víctimas se postra.
Violados los institutos
de la disciplina honrosa
militar, obedecemos
de suerte todos a todos,
que hacemos, a mi entender,
del precepto vanagloria.
Tibio el celo de las aras,
casi muertas las antorchas,
sin que los pechos alienten,
sin que ahúmen los aromas,
nos olvidamos del rito,
dejamos la ceremonia.
Esta ociosidad que tiene
apariencias engañosas,
pues castiga con estragos
y con acentos perdona,
este desorden altivo
que con voces licenciosas
la quietud antigua turba,
la paz racional estorba.
Este veneno que así
explicó bien su lisonja,
pues el ocio suele ser
irremediable ponzoña,
nos tiene ya tan postrados
que cuantos pueblos coronan
al Tirreno vaticinan
nuestra ruina afrentosa.
no asoma sobre los mares
veloz leño, vela airosa,
que no asuste a nuestras vidas,
con lo cual tal vez zozobra,
Cruje árboles nuestro pecho
y el bajel cruje las ondas.
Apenas el viento teje
de las nubes vaporosas
velo oscuro con que el cielo
su serenidad embosca,
cuando, creyendo que Jove
iras y rayos arroja,
cada amago es un castigo,
una muerte cada sombra.
Y más en esta ocasión que
cuando inteligencias propias
nos avisan que Aníbal
con armada poderosa,
de olcades, de carpetanos
y de vacceos blasona
que ha de triunfar; y aun más dice
(¡cómo su soberbia loca
nos irrita al cielo!) que osado
ha de deslucir las glorias
de la gran Sagunto, siendo
con sus militares tropas
guadaña, rayo y centella
contra hombres, torres y rocas.
—Pues ¿cómo, edetanos míos,
si la noticia os informa
y tan verdadera, que,
aseguran que ya toman
al promontorio ferario
rumbo la dorada popa
desde Cartago, podemos
tolerar supersticiosas
razones de aquel problema
que en las políticas doctas
A hermosa y discreta, quien
que lo sabe es quien más lo ignora.
Y, en fin, ¿cómo permitimos
(aquí doblemos la hoja,
corazón, a mis cuidados)
que un enemigo de Roma
y nuestro, que es Gerión,
hijo de Cartago, rompa
a la enemistad antigua
la pública ley? Si hasta ahora
callé, ha sido por respeto
de solicitar las diosas
Minerva y Venus concluir
entre una opinión y otra
la razón; pero, supuesto
que solo a una ley deroga
otra ley opuesta, y que
fue la primera de todas
conservar a Afroditón,
y no hay ley que a esta se oponga,
ni puede haberla, pues viendo
las Deidades misteriosas
almas del público cuerpo
su conservación las toca;
sino que las embarazan
de suerte que de estas costas
ha de salir Gerión
(si mis iras no le ahogan
primero) en cuyo suceso
dos felicidades nota
la prudencia; una en que ven
las ninfas desechar, y otra
la fábrica del juicio
que esperaban vigorosas
y ayudarán nuestro brazo
a las empresas heroicas
de Marte, esgrimiendo en vez
de plumas y de colores
flechas y arco; otra encierra
puertas por donde dispongo
dar Gerión a Aníbal
y mi licencia, notoria
de este Gobierno, me vea
en su favor la dichosa
Empresa de la serpiente,
de todos fue la victoria,
pues Júpiter atendiendo
las inocentes congojas
de la Eretánea cumplió
la condición honorosa
del castigo, y si vencer
lo ya vencido no es gloria,
llámese dicha de todos,
no se diga hazaña sola;
- Hoy, pues, ya desengañados,
procuremos que se rompan
de los embarazos tiernos
los nudos que nos halagan;
cóbrese el crédito noble
de la escuela de Belona,
sin que a Venus agraviemos,
que a lo divino no enoja
quien solo esgrime las armas
para defender su pompa.
- No atendáis al llanto, haced
desprecio de aquel aljófar
que como mentira bella
no es más de lo que afirma.
—No deis oídos al ruego
que tienen tan poderosas
voces, que aun en los engaños
el que más fiero las oiga
pasará a creer que tienen
más razón de lo que lloran.
—Por este rumbo, por esta
idea tempestuosa,
aunque ganaremos mucho
con lo que perdieren pocas,
huid el dulce cuidado
de su armonía, que todas
por más que como sirenas
digan con voces sonoras...
¡Vivan las discretas!
¡Vivan las hermosas!
Que penan, que triunfan,
sujetan y postran
amor y rigores, iras, y
discordias.
¡Oh, tú, que a nuestros oídos,
presunción escandalosa,
inquietas...!
Tú, que violenta
nuestra atención equivocar
con lo blando de las iras
y fuerte de las lisonjas...
En vano procuras.
Cielos,
qué susto, dejadme todas.
Cese el riesgo, Venus bella.
Y el error, Minerva docta.
¿Qué voces oigo?
Aunque voy
ignorante de vosotras,
sabré huir.
Espera.
Aguarda.
Sale Gexión.
Plumas al temor le sobran.
No me sigas, ilusión;
déjame, confusa sombra;
que yo sin mí, sin cuidado,
sin venda, sin luz, a costa
de mi infelice destino
que me permite que corra,
me arrojaré al mar.
Vase.
Espera,
oye, Aurelio;
Tan furiosa
su imaginación camina
como sus pasos.
Aparte.
Vase.
Absorta
la vista, seguir no puede
su fugacidad, y me indigna.
Seguidme todos, en esta
ocasión, mi industria logra
su intento, voy a arrojarle
al mar, si es que él no se arroja.
Venid.
Todos te seguimos.
Vase.
Yo también a fin que ahora
que peligras, te defienda
de ti mismo.
Mutación de jardín. Salen Flora y Arrebol como llorando.
Arrebol, ¿lloras?
Sí, Flora, que cuando Dios
me dio un amo que era honra
de todos los amos buenos,
que los malos no se nombran,
y ahora le pierdo, es forzoso
llore, como hacéis vosotras
cuando os dan de bofetadas.
las dueñas perquiridoras.
no llores, que me enterneces.
menos fuera mi congoja
si tú no te enternecieras
a todos los que sollozan.
no tienes razón, pues sabes
que soy firme.
como alcorza.
Y que te quise
lacayo
y que te quiero
con otra plaza,
mas sin ella hoy salgo
del título y de la honra
de ser en este palacio
asistente a toda costa.
¿me enojas?
no, que me voy.
¿dónde?
Ya estás enfadosa,
a echarme al mar.
¡Qué locura!
si tú no fueras tan loca
ya te hubieras ahogado
en el mar que derramo.
las feas
¿Qué mar es ese?
No es más que el espejo, boba;
mas deja que al mar me vaya
y saludando su gola
con este cuero que en negros
golfos de Baco se engolfa,
me plantaré como un tigre,
nadaré como una zorra,
y cerrando ojos y oídos,
y abriendo en una dos bocas,
buscaré a mi amo hasta que
me le coma o me le sorba.
No has de irte.
Al querer irse Arrebol por la puerta, sale Gerión.
¿Arrebol?
Soy dichoso
porque te veo,
señor, si bien que no creo
que a este te rindas.
Yo voy volando
a dar esta nueva
a las ninfas.
Vase Flora.
Oye, detente,
sin duda albricias pretende.
A la noticia que llevas,
pues cruza los corredores,
como pájaro; mas luego
que me refieras te ruego,
señor, de aquellos rumores
con que inquietaste el palacio.
La causa no sé
si es que referir sabré
lo que en el confuso espacio
de un sueño me persuadió
la idea representada,
y aunque fue ilusión soñada,
cierta no lo pareció.
Sin dictaminar el fin
del más soberano empeño
sobre las flores del sueño,
me entregué en este jardín;
y apenas bien admitida
la ociosa quietud me advierte
que también hace la muerte
sus ensayos en la vida,
cuando en lance de juzgar
la dificultad mayor,
a un tribunal superior
no me dejó pronunciar
lo que en mi imaginación
tenía ya comprehendido,
falleció el común sentido
y desmayó el corazón;
Desperté, y dos sombras mudas
a mis ojos se opusieron;
empecé a huir y perdieron
el camino de mis dudas,
una arrolla, otra maltrata,
cual me alcanza, cual me sigue,
un abismo me persigue
y una confusión me mata.
Ni dormido ni despierto,
pues no discurro y camino,
en el centro cristalino
busco a mi desdicha el puerto.
Caminé hacia el mar, aunque
lo ignorase, en vano supuesto
que me hallo en el mismo puesto
que antes turbado dejé.
Y es tanto en esta región
el asombro que me rige,
que ni el valor me corrige,
ni me alienta la razón.
No temas, señor,
que dueño eres de esta amenidad
y ese fue sueño.
Es verdad,
pero fue pesado sueño.
Al jardín sale Elisa por quien
ves el alba que en este dulce esplendor,
claridad del oriente, y envidia de las flores,
ya nace, ya se eleva, ya fallece,
ves del sol la hermosura
que en la ausencia de los ojos celestes
cada día es el mismo diamante,
luz escura, claro fénix.
Ocultos en estos ramos
veremos si es que la suerte
nos concede ver a Elisa.
Tal desengaño no esperes,
porque es fea.
Calla, necio,
que no puede ser.
Bien puede,
si es que lo hermoso y discreto
son cuñados o parientes,
que si acaso viven juntos
es cuando no lo parecen.
Por una parte sale Elisa con su coro, y por la otra Lauricena con el suyo.
Al jardín sale Elisa,
porque las aves, las flores, y fuentes
confiesan que, por bellas,
se acatan, se aprisionan, y se prenden.
Lauricena aquí sale,
porque jilgueros, cristales, y claveles
dicen que por hermosos
se buscan, se contemplan, y se atienden.
¡Oh, ejemplos fieles
donde aprenden gustosos
los que estudiando aprehenden!
¡Que volviese Gerión, estima el alma!
¡Estimo, Flora, que Gerión volviese!
De entre unas ramas os escucha, y mira.
Retíranse a una parte.
¡Que Flora nos descubra! Ven por este
corredor, para ver si de otra parte
lograr puedo mi intento.
No lo intentes,
pues oyendo a la una has de asustarte,
y si ves a la otra has de espantarte.
¿Veis, ninfas, esa rosa presumida,
en cuyo broche de carmín valiente
sus lágrimas dejó el aurora, solo
para que vana presunciones deje?
Veis, ninfas, ese tierno jazmín puro,
que adelanta la tarde animosamente,
para que nadie así verificase
que amó a una flor, aun antes que naciese.
Veis ese arroyo que del mármol huye
arroyillo preciosísimo de nieve,
tan galán que las flores más extrañas
le admiten, le acarician y le beben?
Veis cómo sube ese cristal, y el aire
que le violenta, le arrebata y mueve,
viendo que llora aljófares benignos,
lo restituye a su reposo perenne?
Veis aquel jilguerillo que juzgando
en un laurel al juego de esconderse,
hoja parece de las verdes plumas,
y pluma acorde de las hojas verdes?
Veis aquel ruiseñor que, cuando amante,
a su consorte galantea alegre,
despierta su concento en su hermosura,
Viendo galán y tímido en muerte?
Podrá ser que a la tarde antes que Apolo
su carro con candados de oro cierre:
Podrá ser que esta noche antes que él mismo
su resplandor a nuestros ojos niegue:
Desmayada la rosa se avasalle,
Sobre nevada mano el jazmín reine.
El arroyo en las ondas se sepulta,
a hermosos lazos el jardín se acerque;
al jilguero aprisione preso cuquillo,
al ruiseñor piadosa mano suelte.
Decid, ninfas, decid,
oh ejemplos fieles
con que viven gustosas
las que estudiando aprenden.
Mas dejadme aquí un rato.
Aquí apeome,
convida que el sitio me previene
segura soledad en que descanse.
De la ocasión y el sitio me aproveche.
Y todas repetid:
oh ejemplos fieles
con que viven gustosas
las que estudiando aprenden.
Vanse y quedan los dos.
Sentada sobre alfombra de esmeralda,
sentado sobre el rústico tapete,
el dulce sueño alivie mis discursos,
el sueño blando mis afanes temple.
Al paño Arsíages y Aureliano.
Los dos quedan en diferentes partes, sentados y dormidos.
¿Qué genio voló, tras una ninfa,
cautela fue engañosa el disponerse
como fuera a echarse al mar?
Arriazes,
desde hoy ningún engaño, hará valerle
obre la fuerza, y el poder hoy muera
que no es bien aguardar un contingente
término de tu estado.
En esta parte
del jardín, no le veo; los retretes
más ocultos busquemos a palacio.
Muera el cartaginés, sea quien fuere.
Entranse.
Y por otra parte salen Gerón, y Arrebol.
Espérame Arrebol mientras que miro
si puedo oír o, ver,
Querrás creerme,
no las busques señor; ¿no han de ser ellas
las juzgadas? pues dime ¿quién te mete
pudiendo como juez ser el buscado;
en buscarlas a entrambas como jueces?
No apures mi paciencia.
Pues prosigue;
que yo entretanto alguna ninfa semi,
o, semi-fregatriz buscar presumo
porque a cada una vez de revolverse
en sí es cosa de ser como las otras
y arrebolarse como todas suelen.
Vase.
Scipio me avisa (¡a insólita tiranía!)
que Astiages intenta darme muerte,
y que el pueblo me juzga sospechoso;
¿quién en tantas desdichas llegó a verse?
A Cartago volver no determino,
pues aborrezco a los cartagineses
después que por hablar bien de Sagunto
me arrojaron al seno lucronense.
Y ya soy su enemigo (¡ay de mí triste!),
turbado el pecho en nada se resuelve.
Mas ya descubro aquí la hermosa causa
que tan cautivas mis pasiones tiene.
Mirando a Elisa.
Dormida está, ¿quién vio mayor prodigio!
Mas bella me apasiona cuando duerme.
El sueño he de guardarte, ninfa sacra,
que siendo tan divino bien merece
próximas asistencias cuidadosas
y cercanos cuidados asistentes.
Pues descuidos incautos sobre flores
en desgracia los áspides convierten.
Astiages, no le mates.
Encamínase a Elisa.
Mas ¿qué escucho?
Allí mi oído el dulce encanto aprehende
que aun durmiendo se esconde a mis ojos
porque en la causa de mis ansias vele.
Voy a oírla.
Detente, no le mates.
Presagio infausto, ¿qué es lo que me quieres?
sin elección tus voces me avasallan,
qué misteriosa, y qué discreta vences,
¡oh abismo de mi vida! ¡oh confusión
la que turbado el corazón padece!
allí un hermoso sueño me arrebata,
aquí un sueño discreto me suspende,
si me rinde, a lo hermoso, agravia al alma,
si a lo discreto a un sueño el alma cree:
lo perfecto me culpa con lo escuchado,
y lo sutil me acusa en lo aparente.
¡Hablar y hermosa; ve a un ciego, sabia;
y si el sueño es horror, el vuestro yerre,
haciendo que tú sueñes con las manos
y tú a este tiempo con las voces sueñes,
¡qué hermosa!
Peregrino,
¡qué suave
me llama!
Si mi aviso,
¡me detiene!
mas pues duermen los dos, yo determino
ver quién es esta que tan suavemente
dulce me atrae, docta me acaricia,
y si a su discreción correspondiere,
su hermosura veré, paces de ingenio.
Elisa acá
Elisa, y después Lauricena
¡Ay de mí! Gerión es este,
y sin duda pretende ver a Elisa
que quedó en el jardín, según advierten
mis ojos; a estorbarlo voy apriesa.
Del laberinto así saldré
Va a descubrir el rostro a Elisa, y le detiene Lauricena
Detente.
¡Qué miro! Admirable ninfa,
que solo a hablar, para haberme de
esquivar el albedrío,
¿qué me dices?
Que no te muevas, Gerión.
Despierta Elisa
Con Gerión, ¡ay Dios!
habla Lauricena, ¡fuerte
lance! ¿cómo ninfa faltas
a la condición solemne
de no ser oída? Y tú
falso Gerión imprudente
cómo a sus instadas voces
tu bárbara atención consientes?
Hablando con Elisa
No me culpes; que a este fin
manda a Gerión, que nos deje
¿Solas? ¿Gerión?
¿Qué me mandas?
Tiempo es ya de resolverte
en lo que hayas de juzgar,
y para que estén presentes
las ninfas, y sean testigos
de aquel juicio que hicieres,
a entrambos coros avisa.
Vase.
Voy del punto a obedecerte.
Sáqueme Amor de este abismo
antes que Venus me arriesgue.
Sabe, Elisa, que este joven
intentó resueltamente
verte el rostro, y yo porque
esta acción me agradecieses
lo estorbé.
Ap.
Yo te lo estimara
lo contrario.
Solamente le dije
que no intentase ver
tus ojos.
¿Tanto temes
el que los vea?
Y tú, ¿tanto
recelas el que me oyere?
Quise observar el decreto.
Pues ese mismo me mueve.
a esta acción,
que podré yo, romperlo.
Que si pudiese
estorbarlo.
Tu opinión
más libre, más fácilmente
defendiera,
Por mí misma
me empeñaba a defenderte.
No sé si lo mantendrías.
Dudo que lo consiguieses.
Pues vamos a la experiencia.
Pues la evidencia lo enseñe,
Y supuesto que a este sitio
Gerión con las Ninfas vuelve,
aventurando, que ninguna
pierda el derecho en su especie
cubre el rostro.
Pónese Laurigena al rostro el velo de Elisa y truecan los lugares.
Aparte.
Enhorabuena.
Cuando Elisa se desvele
confirma más mi opinión.
Cuando su ingenio compruebe
lo que yo mantengo gano
aun más de lo quella entiende.
Y en caso que mi discurso
de Apolo el laurel se lleve.
Y cuando de mi hermosura
los ojos estén pendientes;
tendré dos glorias iguales.
me coronaré dos veces.
Sale Ger.
Para la ilustre Palestra
ya las ninfas se previenen.
Pero, ¿qué nueva hermosura,
qué nuevo milagro es este
que hallo en el jardín?
Gerión,
no asustares el que aquí encuentres
belleza tan alta que,
con razón se privilegie
contra el diente de la envidia,
y los filos de la muerte;
porque esta ninfa habitante
la fragante mansión fértil
de este primoroso Hibleo,
que huellas felizmente;
y viendo que la hermosura
ya quería concederse
sin más dilación, sale.
a defender nuevamente
la parte de las hermosas,
y sé que ha de convencerte;
porque si atento la miras,
si a su perfección atiendes,
verás qué bella compone
con proporción excelente,
nieve entre flores de nácar,
rubí entre flores de nieve;
mares de oro con bonanza,
composición sin afeite,
sin humildad el agrado,
el respeto sin desdenes,
noble premio de tu vista,
que sin vanos intereses
ha de obligarte a que juzgues
lo propio que ella no quiere.
De un encanto a otro encanto
pasa mi juicio, y desde
un hechizo a otro suave.
Tú, que disfrazadamente
me explicas y me confundes
todo lo que me previenes,
¿quién eres?
Quien solicita
que disculpes desprecios
Menos te entiendo.
Pues yo
quisiera que me entendieses.
Hace que escribe en la arena con el dedo.
Lauricena,
según oigo,
quisiera que desta suerte
yo a Gerión obligase
y su opinión mantuviese;
pero ya que por ahora
no puedo hablar, por haberme
empeñado en disputar,
que hermosura equivalentes
a mi ingenio tengo, sobre
las arenas, que guarnecen
a este arroyo, escribiré
este enigma.
Pues la suerte
tuve de encontrarte (¡oh, ninfa!),
no permitas que me quede
infeliz con la ignorancia
de quién seas: ¿Responderme
no quieres? ¿Así el silencio
intentas, que esquivamente
me martirice y me obligue,
me atraiga y me desespere?
mas sobre la arena veo
que formó unos caracteres,
Hace que lee lo que ella escribe.
que me están diciendo: Soy
quien a tu juicio no teme,
pues si te rindiere gano,
como si no te rindiese.
¡Válgame Amor! ¿Quién será
esta? ¿Mas que Elisa fuese?
No, que Elisa es muy discreta
y esta es muy hermosa.
Advierte,
Gerión, esa belleza
¿no te obliga, no te vence?
Aparte.
Truenos.
Ruido de tempestad, truenos y terremoto de nuevo.
¿Si esta será Laurizena?
No, que Laurizena tiene
mucha hermosura, y esta es
muy discreta; pero, o mienten
mis ojos y mis oídos,
o las luces se oscurecen
y heridas del aire rompen
las nubes sus lobregueces.
¡Qué tempestad tan horrible!
¡Qué horrores tan inclementes!
Salen todos, y todas por diferentes partes menos Sergio, que van como desatinados y medrosos.
Algún mágico sin duda
nos hace tantas mercedes.
No huyas, Arrebol.
Tu rostro
el que me ha despedido.
Valedme
Dioses.
Éntranse.
¡Qué pasmo!
¡Qué asombro!
Júpiter, sin duda, quiere
castigar mi atrevimiento,
pues determiné dar muerte
a Gerión, sin guardar
de este sagrado las leyes.
Vase.
De mi osadía tirana
ya el corazón se arrepiente.
Éntrase con Aurelia.
Tus pasos sigo.
Vase.
De tu amparo he de valerme.
Vase.
Ya que su estrago me impiden,
hoy haré que le destierren.
Huyendo de estos vestiglos
ninguna ninfa me espere.
aunque aquí mi corazón
dos veces esclavo de él.
Vase.
Señor Arrebol, señor.
Tanto no me señorees,
que señoras a oscuras
son títulos que perecen.
Piedad, Venus, Minerva,
piedad, y en tan crueles
sustos, vuestra asistencia experimenten
las que humildes, sus votos
en vuestro alcázar os consagran fieles.
Ya plugo a Amor, según veo,
que las nubes descorteses
se corrieron vergonzosas
de ver que tantos huyesen.
Ya veo algo.
Pues yo, nada.
Como eres ninfa silvestre,
no hallando los troncos que haces,
tus ceguedades padeces.
Festejemos, ninfas,
con metros alegres
a entrambas deidades
que nos favorecen.
tejiendo de rosas y olivas
bellas guirnaldas que ciñan sus sienes,
digamos que vivan, que triunfen y reinen.
Escucha, advierte, Flora.
Dentro.
No así ultrajes
a mi inocencia, bárbaro Astiages;
no tus injustas tiranías lleven
tan prodigioso joven.
Dentro.
Echad el barco al mar, y Gerión vaya
en él.
Dentro.
¡Ah, infiel!
Dentro.
¡Adiós, severa playa,
donde llegué arrojado
y de donde me sacan desterrado!
En él dejo mi vida en dos mitades.
¿Qué escucho?
¿Si es que sueño?
Dentro.
Tus crueldades
en nosotras verás ejecutadas,
antes que en Gerión.
Son excusadas
diligencias las vuestras.
Dentro todos, estos dos renglones de más.
Dentro.
¡Al mar vuelva
el que de allí salió!
¡Puesto revuelva
vuestra impiedad! ¡Volved hacia la orilla
el leño!
Eso será, vuelva la quilla
al viento.
Vase en un barco navegando Gerión, y salen Elisa sin velo cada una por su parte.
¡Gerión! ¡Qué desventura!
¡Ay! De la discreción, y la hermosura
me aparta un poder bárbaro.
¡Qué pena!
¡Adiós, adiós, Elisa y Lauricana!
¡Gerión!
¡Gerión!
¡Desdicha fuerte!
El mar será sepulcro de mi muerte.
Contigo he de morir.
Al mar me arrojo.
Sale Astiages por la parte del medio y las detiene.
Mitiga tu pesar, templa tu enojo,
debiendo agradecerme el que yo cuide
que ni a una del laurel, ni a otra le quiere.
que es el fin que he llevado.
así dejo mi intento mejorado,
aparte
¡Ah, ingrato!
¡Ah, riguroso!
En vano piensas
menospreciar, y doblar ofensas.
mi llanto.
mi dolor.
mis ansias tristes
escucharás cruel.
severo oirás
Y pues no te ablando,
mi tierno llanto.
Y pues no te movió, desprecio tanto.
Venus oiga mi ruego.
Oiga mis voces.
no en la espuma goces
el gobierno
Tu incrédula arrogancia
huya de las riberas de Palancia.
Postre a tu aliento, a tu valor conceda
el fiero jabalí, que el soto veda.
Produce, olvide Roma tus trofeos.
Ya siento haber tus fuegos despertado,
ya Gerión desterrado.
Que, en fin, si bien se mira, mucho agravia
el que ofende a una hermosa, y a una sabia;
mas con esto aseguro mi gobierno,
voyme, por no mirar su llanto tierno.
Llama a mis ninfas, Flora.
Tú a las mías
avisa, Arrebol.
Ambas compañías
buscándoos vienen con airosos pasos
de flores grandes, y de pies escasos.
¡Ay, amo mío, ay amo que me amabas,
y ay amo a quien amé, pues me pagabas
puntualmente! Cierto, no me acuerdo.
Solo el amo
que paga bien se pierde.
Salen todas las ninfas.
Ya me tienes, señora, a tu obediencia.
Ya, señora, nos ves en tu presencia.
Unido el uno con el otro coro
triste repita, lo que triste lloro.
Imitando el uno, y otro acento
fúnebres canten lo que amarga siento.
Ninfas, en tal pesar, y en tal desaire
decid al mar, y repetid al aire.
La arena, oh, barco pobre, otra vez cobre
al joven que nos llevas, y si nuevas
nos das de esta fortuna, no habrá alguna
sin saludar en velos, vuela, vuela,
vuelve, vuelve, no huyas,
Venus, pues eres hija de la espuma,
no consientas que un triste
muera infeliz, donde feliz naciste.
Aparecerán en el barco Clarión, y Gerión.
Canta.
Los hombres, los peces, las ondas, y el aire
obedecen mi imperio suave,
y aunque los mares apagan al fuego,
soy fuego que Venus sacó de los mares,
y no es dudable,
que menos saben resistir aquellos
que resistencias poderosas saben.
salen a las tablas
Restituido a esta playa,
no tardes, Gerión, no tardes
en declarar lo que sientes
para que yo me declare.
Jove quiere, porque eternas
sean tus felicidades,
que cuando cobres tu estado
tu ingenio y valor lo ganen.
¡Qué prodigio!
¡Qué presura!
Nada, Amor, cuando me vales
temo, y así, desde ahora
declararé mi dictamen
por parte de...
¡Aguarda!
¡Espera!
Porque es preciso informarte
segunda vez.
aparte
¡Quién pudiera
concluirle!
¡Quién le obligara!
Pues para que...
tenga las solemnidades
soberanas que requiere
una decisión tan grave;
venid, con mi madre al templo.
Vamos, y en metro suave,
con la piedad de Amor, de
Gestión las dichas se canten.
La deidad de Amor,
ninfas, celebrad,
que sabe vencer
el aire y el mar.
Viva su deidad,
y bienvenido sea
a esta playa el ingenio principal,
que ha de decir
si estima la discreción o la beldad.
¿Y si puede una misma tener
mucha hermosura y discreción igual?
Vanse con la música, y salen Sergio, y Astiages.
Tu acción culpa a Frodision,
y con razón, Astiages,
pues no ignoras que, celebrando
por cuya muerte tu padre
de la Edetania el dominio
alcanzó) después de grandes
sacrificios a los Dioses,
tuvo un hijo que Timantes
llamó, y cuando fue a dar gracias
a Venus por el notable
favor, le mandó la Diosa
que al recién nacido infante
arrojase al mar, en un
barquillo, a fin que evitase
un riesgo que en la Edetania
le amenazaba; que nadie
guiase al barquillo, y que
después que el tiempo pasase
del riesgo le volvería
a Sagunto, y que con arte
y valor él por sí solo
merecería las Paces
de Júpiter con nosotros;
que en su dominio triunfante
le pondría Apolodoro.
y con circunstancias tales
lo que perdió la inocencia
la satisfacción ganaré.
Cuyo supuesto, y también
asentado como sabes
que fue Gerión quien dio
muerte a la sierpe indomable,
acción que a verificar
comenzó las realidades
del oráculo, ¿por qué
tu ciega ambición, Crixames,
quiere estorbar lo que tienen
prevenido las deidades?
teme el castigo de Jove,
mira.
En vano me persuades
cuando no hay remedio.
Ya te obedezco.
A esta parte
nos retiremos por ver
los votos que la consagren.
Salen todos en dos bandas, y por el medio Ismenia y Gerión.
Venid, moradores, venid
de Odubeda, y de Afrodición,
y en este juicio advertid
entre hermosura y discreción
cuál es la mayor
o si en una pueden
hallarse las dos.
Aquí, Gerión, ¿qué pudo
de mis rigores librarle?
Ya creo mi infeliz suerte.
El cielo ha de castigarme.
Confieso mi error, y temo
que debes el desagravio.
República misteriosa
cuyas leyes inviolables
obedecidas alientan,
sin que promulgadas cansen,
pues apenas solicitas
culto, obsequio, o vasallaje
se cumple como precepto
lo que solo fue dictamen.
Escucha en vago, y si acaso
oyeres voz disonante
del esplendor palaciego
que te constituye grande,
no culpes mi intención,
culpa mi ceguedad ignorante;
que en soberanos empeños
de que no pudo librarse
una humildad peregrina
no es delito irreparable,
que falte a la inteligencia
sin que el rendimiento falte;
yo te he visto, yo te he oído,
pudo ser que me engañase,
que hay luces que no se aprehenden
y hay voces que no se saben;
mas hablando con aquellas
diferencias materiales
que las finge la aprehensión
o los ojos las contraen,
sin que se estrague el juicio
ni la beldad se profane,
yo te vi, y te oí, y de suerte
fue el verte y el escucharte,
que corriendo mis sentidos
La tormenta más suave
entre Scilas de aljófares
y Caribes de corales,
tal vez confuso a mi ahogo
buscó puertos en las crueldades,
a pique de un cruel peligro
solo el morir me librase.
Y tal vez mis ojos viendo
la consonancia admirable
de nieve y rosas, correrán
por rumbos extravagantes
a la soledad estéril
porque en su opuesto notasen
cuán perfecta es lo que tiene
bellísimas igualdades.
Supuestas las diligencias
que nunca serán bastantes
para que yo desempeñe
lo que no debe esperarse
del que os mira y juzga tan
atento como cobarde,
Digo que la discreción
Y la hermosura en iguales
balanzas están, sin que,
ni una exceda, ni otra falte;
pase el discurso conmigo
los dos atributos grandes
que dio el cielo a las mujeres,
y vean que aficionarse
a este o a aquel es fortunas;
que uno suba y que otro baje
es pasión del que los pesa,
y a veces suele informarse,
pues por apreciar del uno,
hace el otro despreciable;
Ladrón que suma perfecciones
y corone serenidades
tenga el castigo de todas:
mas pasemos adelante,
y perdonadme el que aquí
ciegamente tropezare
en el error de decir
que haya algunos que os agravien,
y sírvame de disculpa
ser ya vuestros parciales
Si me dicen que se adquiere
la discreción, y que nace
la hermosura, hallo también
dos condiciones que hacen
tan primorosa a la una
como a la inmediata amable.
¿Quién duda que nace el juicio
con las luces naturales
de la razón? Y después
con la lógica, que es arte
que dispone y mortifica
sus objetos materiales
a ser luz habitual
llega, y a perfeccionarse
con la ciencia? Es la hermosura
la que para conservarse
necesita de modestia,
respeto, industria, donaire
y méritos, que no son
de inferiores calidades
que el estudio, la vigilia
y el trabajo: luego sale
por consecuencia, que son
dos perfecciones iguales,
la belleza en mantenerse
la discreción en labrarse.
Y cuando este argumento
mi juicio no contrastase,
en Clisa y Lauricena
concluirlo fuera fácil
pues ambas son igualmente
en el más cabal examen
sin los disfraces hermosas,
y sabias con los disfraces.
¡Viva Gerión!
¿Qué decís?
Lo que Minerva y mi madre
en mi oráculo te explican
diciéndote de su parte
el amor y Lauricena
con métricas suavidades:
¡Ah de la airosa palestra!
¡Ah de la famosa lid!
donde milita el ingenio valiente
Donde compite el donaire gentil
Escuchad.
Oíd.
Porque desde hoy discreción, y hermosura
con lazo feliz
se unen de suerte, que ya la discordia,
no hace división
la bella duración del entender
la constante noticia del lucir.
Escuchad.
Oíd.
Que Jasón es amante
aquel que nació infeliz
para ver la espuma de ondas, y escamas
copo del Nereo al agua jazmín.
Que él es a quien Venus tierna
a Cartago condujo
quiso, sirviendo segunda Venera,
de rico bajel, y de carro feliz.
Él es a quien manda Jove
sujetado Neptuno,
Cediendo Astiages en paz a las gentes
a aqueste gobierno que hereda por sí.
Su esposo sea de Elisa,
mandan también, porque en fin,
en donde hay perfecciones iguales,
el que es más discreto, no sabe elegir.
Su mano de Lauricena,
a Astiages solo a fin
de que confiese ambición satisfecha
quien logra el prodigio que quiso impedir.
Escuchad.
Oíd.
Y en estable firmeza
queden las paces de Ingenio y belleza.
¡Gran dicha!
¡Por insigne fortuna!
¡Feliz soy!
¡Dichosa fui!
¡Gracias a Amor que este pleito
ha llegado a tener fin!
Y pues hoy
Pues atended.
Aseguráis.
Prevenid.
La excelencia
más dichosas,
y las que me tocan a mí.
Escuchad.
Oíd.
Los dos y todos.
Y en esta tabla primera
queden las paces de ingenio y belleza.
Dan fin.
Rúbrica al final de la página.
El texto central está escrito en sentido inverso. Se aprecia tinta traspasada del folio anterior.
Paces de
ingenio y
belleza.
Don [ilegible]