Texto digital de Los triunfos del amor en pan
Fecha de publicación: 18 de junio de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los triunfos del amor en pan. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-triunfos-del-amor-en-pan.
LOS TRIUNFOS DEL AMOR EN PAN
Triunfos del amor en pan el lirio y la espigo Auto sacramental alegórico o tú ciega deidad, ciego incentivo o tú constante mal, bien fugitivo o tú imperioso fuego domestica batalla del sosiego, de uno y otro sentido audaz conquista Basilisco violento de la vista, del oído sirena prisión apetecida, amada pena, ciega luz que deslumbra que siempre abrasa y que jamás alumbra de la razón tirano, apetito inhumano humano amor, tú que eres hijo de la lascivia qué me quieres tiniebla propagada del ser humano herencia desdichada sucesivo veneno del aliento vital fatal estreno tenaz carácter del primer delito jamás borrado aún cuando en polvo escrito sepulcro de la cuna de la vida mortal, mortal fortuna de su aurora infeliz noche severa primera sombra de su luz primera común culpa del hombre que este es tu original tu propio nombre ¿Qué me quieres en fin? ¡Ay Dios vendado! ay Cupido, mi pena te ha llamado; porque mi enojo ordena salir de un susto a costa de una pena de un daño, de un desvelo al profético ver de mi recelo antes amenazado siempre temido y nunca derogado ¿Qué dices? que parece que deshechas el auxiliar impulso de mis flechas, Tú a mi vista del miedo haces alarde sin que el miedo cobarde de esos fríos temores se desate al calor de mis ardores? ¿Tú temer con mi aliento? Sí, Cupido, yo temo, dudo, siento que aunque siempre lascivos tus arpones triunfos me dan de humanos corazones, siendo con su delito esfuerzo de la culpa el apetito con todo tiemblo (ah, dura pena mía) de que se acerque el día en que con su rescate del yugo se desate, sacuda nuestro imperio esa villana Naturaleza humana ¿Cómo ha de ser? cumpliéndose el decreto que promete el unirse en un sujeto lo divino y lo humano y que se nombre el que es hijo de Dios hijo del hombre, ruina siendo al poder de su misterio toda tu actividad todo mi imperio. Calla culpa que añades repetidas con tu voz de ese agravio las heridas Calla, digo otra vez, que es torpe mengua, que la injuria del pecho esté en la lengua no lo es cuando el agravio para el remedio lo publica el labio, y antes que de mis voces repetidos mis intentos te informen los oídos te han de informar los ojos de aquella unión que temen mis enojos y de su fiel promesa en la forma más clara más expresa que refiere afligiendo mi memoria la sagrada del Génesis historia que ves a aquella parte Luchar en dos Adonis miro a Marte cuyo invicto ardimiento tan igual solicita el vencimiento que se ve en su certamen oportuno cada uno triunfar vencer ninguno Pues esos dos que miras a pesar de mis iras son el verbo divino y Jacob Su luchar es peregrino pues tanto junta los opuestos lazos el cariño violento de sus brazos que mi vista sospecha que es más, que lid reñida, unión estrecha Y tan estrecha unión que en esa lucha la paz se ofrece al mundo, mas escucha lo que dicen los dos. Mucho es tu brío pues que toda la noche el brazo mío resistir has podido, solo en fuerte sin que llegue a vencerte Y así la cucha ha de cesar que la contienda deje un bien que espero en ti he de asegurar Pues no has querido así ha de ser un muslo me has herido mas no por eso mi valor se impida que esta solo es señal que no es herida Déjame que la sombra desfallece y ya el día se ofrece en los puros celajes de la aurora ¿qué de mí quieres más? Quiero que ahora pues nuestra lid a sus pender me obligas que mi generación en mí bendigas. La bendición le hecho lucha notable ¡Ay de mí!, que es visión tan admirable que en ella cada acción, cada palabra es un misterio que mi enojo labra Aguarda que esa sombra misteriosa sigue una luz hermosa que ya se ve purísima y luciente salir la Aurora por su claro oriente ¡Ay de mí!, que su luz mi vista ciega y torpe, helada y ciega, al querer registrar la luz que ensaya la vista se desmaya el miedo nace, el ánimo fallece todo (ay triste) me asusta que parece que su invencible planta huella el fecundo horror de mi garganta ¡qué celaje divino es este, cielos! que a mirarle no aciertan mis desvelos Qué alba es esta, ¡ay de mí! qué preservada ni aún me la dejan ver representada. Albricias mortales, albricias que un día Feliz os anuncia mi claro esplendor pues los purpúreos celajes del alba son encarnadas noticias del sol Pues se avecina esperad aquel día que la denconomasia llama del señor pues ya para ser patente mañana se enciende el carmín y se dora el albor Pues dichas os trae atended del anuncio. templado, sereno, apacible, veloz que en claro acento, que en luz elocuente se escucha en la vista se mira en la voz Ya dispertad a la luz con que os llamo sin ya recelar asistiéndoos mi albor que os registre el horror de la noche puesto que la sombra aún en sombras cegó Pues en imagen unirse previene lo humano y divino la luz de Jacob Albricias mortales albricias que un día Feliz os anuncia mi claro esplendor. ¿Pasó esa luz flamante? Pues no la has visto? No, cegué al instante ¿Y la escuchaste? Sí que aunque he perdido la vista no el oído porque el oriente puro de esa aurora ni lo mira la culpa ni lo ignora pero volviendo a aquel primer cuidado para que te buscó mi celo airado Pues viste ya la misteriosa lucha óyeme ahora a mí. Di pues. Escucha Ya sabes que a un tiempo mismo soy reina de quien soy hija, porque me dio la soberbia el ser y la monarquía y apenas era yo cuando tiranicé al cielo invicta la tercer parte de estrellas que exhalaciones nocivas, o mariposas errantes de esa esfera desasidas en sus ambiciosas luces se abrasaron ellas mismas, y ya sabes que segura el águila más perspicua me miró en su Apocalipsis después del cielo expelida inunde a toda la tierra siendo venenosa hidra que un impetuoso Nilo por siete boca vomita. Así pues te hallé, Cupido, cuando desagradecida a Dios la fábrica suya, se estrenó con la ruina el hombre primero, digo que de la falsa caricia de su apetito postrado perdió la gracia, y perdida tu y yo partimos triunfantes la gloria de su desdicha siendo en mis manos trofeo lo que en las tuyas conquista. Mis vasallos desde entonces él, y en él comprometida, la naturaleza toda fueron pues apenas pisa cualquier infeliz humano del ser las primeras líneas, cuando en mi dominio cae y en su ser mismo esculpida mi mancha es un epitafio de la muerte de su dicha, y tan temprano comienzan a dominarle mis iras que aún sin nacer, ya es mi esclavo, pues antes cuenta en la vida la edad de su cautiverio, que el número de sus días. Pecó el hombre en fin, y el mundo su inobediente malicia tan presto imitó rebelde, que la obediencia precisa le negó, mas si no fue mucho que es menos culpable a vista del ejemplar del que inventa la sin razón del que imita Libres pues de su dominio las cosas entre sí mismas levantaron por su rey Al Dios Pan que significa todas las cosas, según el griego y deidad fingida de los pastores, y campos según la mi teología Doblemos aquí la hoja y vamos a que afligida la naturaleza humana despojada y peregrina sin reino, patria, ni abrigo disimulando vivía su dolor con su esperanza y con su fe, sus fatigas lloró, en fin, nunca llorara porque corrió la encendida lluvia de sus ojos tanto que llegó a romper la orilla de aquel océano inmenso de las piedades divinas. Lo que en Dios pudo el imperio de sus lágrimas lo digan tantos anuncios, promesas sombras, vislumbres, enigmas y señas, como en las dos leyes natural y escrita la libertad le prometen dígalo la alegoría de aquella lucha que viste en cuya visión se cifra que ha de tomar ser humano en la estirpe esclarecida de Jacob el ser divino en quien se admiren unidas de hombre, y Dios, señor, y siervo las distancias infinitas, Pero lo que más me asusta más me aflije, más me irrita es que habrá (ay triste) es que habrá sagrada pluma, que diga que esta hipostática lucha tendrá extensión repetida en otro misterio, en otro sacrificio (suerte impía), que ha de ser (veneno exhalo), al mortal (pese a mis iras) no solo (el dolor me ahogue), salud, sino eterna vida. ¡Qué misterio es este, cielos! ¿que en tantos lejos y cifras lo ensaya aquese volumen de las sagradas noticias? Pues no se encuentra panal dulce, lluvia cristalina, cordero humilde, león fuerte, vid fecunda, margarita preciosa, maná suave tórtola fiel, verde oliva. cándido cisne, morado lirio, ni dorada espiga que luz no den de esta rara misteriosa maravilla, que aun en los lejos campea Y aún entre las sombras billa. Ya veo que me arguirá tu suspensión, que origina más que otras veces mis ansias, pues lo que hoy te participa mi voz, solo es un oresario de una tragedia temida, y de la ruina esperada, la amenaza aún no es ruina. Ojalá que así lo fuera, mas sabe que se motiva mi temor de que este daño Ya se acerca, si mal fija la especulación no miente de las conjeturas mías, pues si allá en el sacro texto cuando el siglo profetiza de la venida del verbo que estará (dice Isaías) pacífico todo el orbe nunca más se ve cumplida esa señal, que hoy supuesto que en su campaña extendida sin uso la guerra yace, y solo la paz milita. Y si allá el mismo profeta a una mujer apellida a un tiempo virgen, y madre de quien nacerá el mesías hoy en Nazaret se halla, Y hoy en Judea se mira un madrugador lucero que con clara voz publica ser de este sol, que ya viene resplandeciente noticia, Y hoy en fin el tierno himno del anciano Zacarías incluyendo en sí la voz de los profetas antigua redención salud se llama, por quien del poder se exima esa vil naturaleza de nuestra mano enemiga, y por quien luz hallen cuantos en la infiel tiniebla mía ciegos yacen, y a la sombra de la muerte le reclinan Este es el daño Cupido que contra los dos se alista, contra ti digo también porque ilación precisa donde la culpa fallece que el apetito no viva y así prevenido el daño nuestro valor lo resista que es apadrinar la ofensa conocerla y no impedirla, del ingenio nos valgamos porque le dé a nuestras iras una industria contra ese hombre, y Dios, y sea vestida del disfraz y del sentido sutil de la alegoría; y supuesto que la humana naturaleza se mira una princesa infelice que al verse desposeída de su reino, los retiros de unos jardines habita. Demos hoy que el verbo eterno pues que le llama el psalmita príncipe y rey, y pues acto del amor es su venida (según Juan refiere), demos en la alegórica cifra que amor divino se llame que de la región impírea es un príncipe, que viene amante de esa cautiva Naturaleza a librarla a un tiempo y restituirla a su antiguo estado; y demos (oye ahora por tu vida que ya desdoblo la hoja que dejé doblada arriba) Demos pues que Pan hoy ya Dios de los campos se diga hoy ya rey del universo, como fiel amante sirva también la naturaleza y al divino amor compita esto supuesto Cupido para lo que hoy apellida mi voz el imperio tuyo es para que a Pan asistas dándole en la competencia del divino amor tan viva la pretensión tan ardiente de su afecto la porfía y tan sujeto el cariño que aunque se halle más esquiva venza a la naturaleza porque donde opuestas lidian las finezas vencedoras son siempre las más rendidas. Y así una vez conseguimos los dos que aquesa enemiga Naturaleza se incline a las instancias continuas de Pan en cuyo sujeto el terreno amor se explica que al divino amor se olvide es consecuencia precisa, mas si tus actividades con su desengaño frías llegan a ser en su pecho antes que incendios cenizas nuestro ceño y su castigo padezca y al combatirla la malicia nuestra pase a más allá de malicia Sienta ese amante divino también penas y ignominias de nuestra astucia inventadas de nuestro impulso movidas hasta que su pecho rompa nuestra sangrienta osadía de su amor manifestando las invisibles heridas pene a nuestra envidia, pene aunque le dé a nuestra envidia muerte su vertida sangre pues por lo menos vestida el ver sangriento al que mata es victoria del que espira, mas antes que a mirar llegue mi ciencia contra mí misma ese hombre y Dios que me pasma esa lucha que me indigna esa extensión que me ofende sacramento que me admira y esa vil naturaleza al fin tan favorecida antes pues logre mi rabia, que alterada la harmonía de todos los elementos al impulso de mis iras tiemble el fuego, arda la tierra, brame el agua, el viento gima, siendo a mi pena, a mi enojo, a mi furor, a mi envidia, bastardo centro la tierra, urna el agua embravecida, vago monumento el aire, y el fuego importante pira. Atento Culpa al asunto que tus penas justifica con la obediencia responde mi amistad, y pues invictas guarda mis flechas la aljaba solo para que te sirvan oh, Culpa, discurre, inventa traza dispón, imagina cuanto quisiere tu empeño que las lides que fabricas si a mí me toca emprenderlas a ti te toca advertirlas, y así pon tu de tu parte porque mejor se consiga el entendimiento culpa, que yo pondré de la mía pues soy el amor humano la voluntad. Pues si animas tú mi venganza y me ayudas a contrastar esa impía Naturaleza no dudo que para su bien remisa el original tropiezo pase a la actual caída y así mi valor; mas oye que suena acorde harmonía de instrumentos, y si no se ha engañado mi noticia es de la naturaleza la música que asistida del oído y la esperanza las amenidades pisa de esos jardines siguiendo la metáfora ofrecida Pues mi llanto al cielo envío llorad tristes ojos tanto que enternecida a mi llanto vierta el alba su rocío Oh pese al llanto sus voces más entristecen que alivian pues si no hieren el aire parece que lo lastiman. A mí me injurian Aguarda que si no miente la vista hacia esta otra parte viene Pan y con él la festiva música de sus pastores alentada y conducida del gusto un criado que es la razón de su familia hoy al prado le hace salva nuestra alegría pastores como se rían las flores más que nunca llore el alba Bien distinto afecto es este ahí verás cuán vecinas en el mundo están las voces del pesar y el alegría mas vamos antes que lleguen. porque mi ardid solicita volver luego a aqueste sitio disfrazada ya la mira de cualquier suceso estando como industriosas espías no haya ocasión que no logren mis ceños y tus caricias Vamos, pues, porque otra vez los instrumentos avisan que viene ya. Al arma industrias y no mi esfuerzo se rinda al valor incontrastable del llanto de esa enemiga por más que con el aliento de su esperanza repita pidiendo su desvarío contra su invencible encanto que enternecida a mi llanto vierta el alba su rocío Vamos a la empresa culpa, y no cobarde te aflijas pues ya dice la otra salva desmintiendo tus temores. Como se rían las flores mas que nunca llore el alba. No cantéis cesad que al ver la peregrina belleza de la gran naturaleza todo se ha de suspender. Pan si yo el gusto he de ser que te sirva, mis despojos han de ser tus desenojos. Ay gusto qué mal sufridos la atención de mis oídos tiranizan ya mis ojos. Cantad vosotros mis penas pues no le hará repugnancia a su triste consonancia el rumor de mis cadenas sed de mi dolor sirenas. Yo que la esperanza he sido que te alivia, ese ruido que suene a consuelo haré. Yo tu atención moveré pues te sirve en mí el oído Y yo mientras su ternura al canto el alivio fía atenderé a la harmonía perfecta de su hermosura. Pedid que de mi ventura llegue el día al cielo justo si con ellos no me ha justo Yo, muy mal han de entonar pues ¿cómo puede cantar bien a quien le falta el gusto? A la Naturaleza Señor divino oíd Si parece que canto de su triste cantar el métrico gemir; vuestro inmenso bien cure su inmenso mal que al fin hallar por sí no puede lo que perdió por sí. Venid, señor, venid que como os tardáis a la fe la esperanza le debe el vivir. Ay que al ser desdichada yo por mí por mí llegar no puedo a ser feliz. Desde aquel infeliz dichoso día que tan a un tiempo hallé el cetro y perdí que aun no ilustró la frente la corona Y ya agobiaba el yugo la cerviz. cuando al dragón astuto inficionada de su fecundo tosigo creí tan ciega que el horror de haberle visto No bastó a hacer incrédulo el ardid contra mi horror amotinado el orbe de reino y patria despojada fui tan luego que del golpe de mi ofensa mi ruina sonido fue infeliz. A cuya pena, a cuyo susto, a cuya Ansia, congoja, sobresalto y dolor, tímida, absorta, desmayada sin aliento quede, sin vida sin alma, pues ay de mí infeliz, el alma fue la primera alhaja que perdí. Desde aquel, pues infausto (oh señor mío), Feliz día, vuelvo a repetir pues por mi estrago y vuestra promesa a un tiempo se miró infausto y feliz a las misedicordias vuestras cuantas Mil veces, señor, inerte, clamé, gemí, y en el mar de mi llanto sumergida mi esperanza fue tabla fue delfín: Mil veces que cumpláis vuestra infalible palabra os ruega mi desdicha, mil me mostráis el remedio en sombras, porque mi ceguedad lo pueda descubrir. Ea mi Dios apresurad el plazo cumplid vuestra promesa, y al zafir las puertas fían que a el que la justicia erró, y la piedad sólo puede abrir: al globo oscuro de la triste tierra vuestros divinos rayos esparcid bien que el candor tiñendo lo encarnado vista a la luz disfraces el matiz. ¿Cómo os tardáis a nuestras tiernas ansias? ¿cuándo al mísero, cuándo al infeliz le dejaron (gran Dios) vuestras piedades ociosas las instancias del pedir? Ay que ha de ser desdichada yo por mí por mí llegar no puedo a ser feliz. Venid, señor, venid que como os tardáis a la fe la esperanza le debe el vivir. Sin duda alguna que fue concepto de mi fineza oh hermosa naturaleza, lo que en tu voz escuché. ¿Por qué lo dices? Porque si hallar no puedo sin ti lo que en tus ojos perdí por mi tormento prolijo es cierto es cierto que tu voz dijo ay que al ser desdichado yo por mí por mí llegar no puedo a ser feliz. Y así mi veneración no desprecie tu beldad que arriesga su vanidad quien huye su adoración, antes paga mi afición. que más triunfos ven logrados, de una beldar los agrados que los ceños desabridos pues deja un favor rendidos y un desdén escarmentados, y así del astro que influye mi amor rendido te ves verás el mundo a tus pies pues en mí todo se incluye. Huye de este necio huye que intenta con su desvelo, templar tu divino anhelo pues quien con error profundo se aficionare del mundo no espere el favor del cielo. Pan, ni aun tu afecto a estimar puedo llegarte a ofrecer que un público agradecer es un disfrazado amar Y así bien puedes dejar tu persuasión, que la ciencia de amar, solo en la elocuencia de los astros, se ha aprendido; porque el amor nunca ha sido estudio, si no influencia: fuera de que cuando veo que al más desdichado influjo un deseo me condujo estoy mal con el deseo, el tuyo busque otro empleo, porque si frágil lo admito, mal saldré del infinito daño, que a mi ser sucede pues un delito, no puede indultar otro delito redime tu voluntad mientras yo lloro mi daño. Que presto tu desengaño me condena a libertad mas, aunque tu crueldad esquiva, mi ardor interno desprecie, en Pan será eterno el amor que nunca olvida quien así quiere. En mi vida he encontrado pan más tierno. Ea vuelva el instrumento a hacer al cielo harmonía Vuelva su dulce porfía a suspender mi tormento. al Señor su advenimiento pedid; pero ¿qué extranjera Luz rompe el aire ligera? Tanta claridad contiene, que parece que se viene abajo toda la esfera. Un joven acelerado entre la luz se divisa. Que veloz el viento pisa. como plumas calza alado. hacia nosotros guiado, ya por acercarse anhela pues del imperio recela algún correo luciente mi vista. Y bien diligente porque camina que vuela. Pastores de los campos del universo, que con el blanco pellico vestís la candidez. Fieles agricultores a cuyo sudor fiel más que a la lluvia crece la agradecida mies. Venid, y veréis de Dio y del hombre la paz y la gloria al cielo, y la tierra quietar y mover veréis cómo ha llegado hoy a la tierra el que es heredero divino del altísimo rey el príncipe increado del impíreo el que fue antes de las edades y el que será después. Venid y veréis que de sus criados el traje vistiendo exalta del humano humillando su ser. A hacer feliz la culpa viene y quien viene a hacer felicidad del mal mirad qué hará del bien, Venid, pues para hallarle ya pastores tenéis en mi voz y en mi luz dulce imán, norte fiel. Venid y veréis de Dio y del hombre la paz y la gloria al cielo y la tierra quietar y mover ¿Extraño aviso? Quién vio tan canoros resplandores Vamos a verle pastores pues con nosotros habló el embajador alado. Vamos pues. Vamos aprisa. No sé qué su voz avisa al corazón que alentado en mi pecho se halla estrecho y entre muchos gozos late. No sé qué temor combate con este aviso a mi pecho, pero, ¿qué a mi labio dice? ¡Oh qué inercia cobardía! Mas qué incierta es la alegría en quién es tan infelice. Ea pastores, ¿qué intento nos embelesa? ¿No vamos? ¿Mas que a parecer llegamos pastores de nacimiento? busquémosle con presteza. Pues si a ese príncipe veis de mi parte le diréis (aunque su estado y grandeza a mi noticia se esconde), que, pues a mi imperio viene que hospicio en mi casa tiene Pan, y tus palacios ¿dónde le hemos de decir que están? adonde en Belén, pues quien ha ignorado que a Belén llaman la casa de Pan Así, señor, lo diremos Pues yo a guiaros me alisto. Oh pues si nos lleva el gusto, cantando y bailando iremos Festivo se mueva uno, y otro pastor buscando al señor que viniendo nos lleva. ¿Quién será aqueste extranjero? Cielos, ¿sí vendrá por mí? Que viene del cielo oí. Sin duda es el que yo espero Pero vuelva mi tristeza mientras lo ignoro a sentir Pero vuelva a persuadir mi amor la naturaleza hermosísima beldad en quien mi amante pasión Ver tan cerca la prisión, tan lejos la libertad, cómo, di, mi rendimiento desdeñas, sin ver que ha sido el desprecio del vencido desaire del vencimiento? mas de tu desdén arguyo que es contra ti solo impío pues si es tuyo mi albedrío también su desprecio es tuyo. Ea, vence tu desdén que es afecto desigual por estar conmigo mal el no estar contigo bien. Y aunque en un sentido soy Pan, cuando en otro sentido el mundo está en mí incluido con justo motivo estoy admirando esa extrañeza en que mis pesares fundo; pues cuando despreció el mundo la humana naturaleza. Con esa razón se enciende aun más mi esquivo rigor pues si como Pan tu amor ni me obliga ni me ofende, como mundo el desvarío tuyo he llegado a temer tanto que en mí viene a ser ya horror lo que fue desvío, déjame. ¿Un escollo labra mi amor mi amor que no haya encendido mi ruego? Yo soy su oído, y no he entendido palabra esperanza tú me alcanza lo que a mis ansias negó; porque alguna dicha ya consiga con su esperanza. Pan apadrinas mi anhelo esa terrena porfía mal podrá, porque la mía es esperanza del cielo. Pues ya que no hay quien me aliente solo apadrinen mi fe esos campos, con lo que persuaden mudamente. Mira aquel olmo los lazos amar de una hiedra, pues porque la miró a sus pies la subió luego a sus brazos Sí, mas a ese olmo imagina también, que con el aliño de aquese traidor cariño se compone la ruina. Pues mira en la verde rama de aquel laurel aquel ave cómo responde suave al consorte que le llama. Sí, mas también advertí que llamó su incauta voz su peligro en la veloz tiranía de un neblí. Porque al prado y sus verdores aquel arroyo se humilla mira acariciar su orilla las agradecidos flores. Sí, mas también a ver llega que ese humilde arroyo crece y si un día las florece otro día las anega. ¿Que no sean por mi mal en ti ejemplares de amor con su arrullo lazo y flor, la ave, el olmo y el cristal? No, que si ejemplares son cristal, ave y olmo en ti en mí lo son el neblí, la mina y la inundación. Y así deja tu locura que del mundo en el intento me aconseja mi escarmiento, que es peligro la ventura con que del cielo mi amor sin riesgos la dicha espera en el dueño que venera. Y ese ingrata tu rigor y no quiera tu crueldad añadir celos también que el desaire del desdén le sobra a mi vanidad. pues, ¿quién, di, por más que fino quiera tu esquivez rendir podrá mi amor competir? ¿Quién pues? El amor divino. Presagio infeliz que me adelantase yo a avisarte me mandó, como al mundo llego ahora y que presto verte espera. ¿De dónde viene? Ay de mí, Si será el que presumí. De la celestial esfera y a prevenirle el camino se adelantó mi eficacia. ¿Quién eres? Juan es mi gracia que sirvo al amor divino Divino y amor, ¿qué he oído? Gracia, y Juan que llego a ver mas este juzgo ha de ser si no me engaño, Cupido, aquel precursor luciente que madrugó allá en Judea. pero el que se fuere sea yo lo sabré brevemente que para eso desmentida pastoril traje me he puesto, que se introduce más presto la culpa no conocida. ¿Quién, di, ese príncipe es? que no le conozco. ¿No? Pues antes es el que yo aunque ha venido después Luego ya ha venido, ay triste no salió mi temor vano. Dinos joven soberano (aunque tu grandeza viste aquese disfraz grosero), Si ese príncipe que anuncias eres tú ¿Cómo pronuncias engaño tan lisonjero? pues del alto, señor, que os vengo a manifestar no merezco desatar las lazadas de su pie, porque solo de su acierto soy una voz enviada ¿Voz? pues no le digas nada que es predicar en desierto y para que averigüéis la verdad en que me fundo no conocida del mundo volved los ojos veréis por esa parte venir el que mis voces previenen allí mis pastores vienen ya su grita llego a oír. Pues ved entre los pastores como cordero llegar aquel que viene a indultar de le tierra los errores. En buen hora venga a nós aunque en humano disfraz el señor con quien la paz goza el mundo gloria a Dios venga en buen hora la paz y la gloria venga en buen hora mil veces y de mis captividades las enemigas prisiones comiencen a desatarse después oh naturaleza que tu misma te labraste bien como infeliz gusano la mortal estrecha cárcel después que mi padre inmenso determinó que lograse tu libertad imposible por mí los fueros de fácil quiso el soberano acuerdo de su mente dilatarte mi venida, porque acosta del mérito de esperarme, llegará a ser tu deseo reclamo de mis piedades: Mas ya que llorando siempre suspendieron eficaces de su justicia el acero tus dos líquidos imanes, de mi piedad atractivos tanto han merecido que hacen que la infalible promesa venga a cumplir de mi padre uniendo de tierra, y cielo la oposición más distante ea, pues, Naturaleza suspéndanse ya tus males, pues en mí tienes no solo restaurador sino amante ya yo tu beldad pretendo, y la alegórica frase con una verdad vestida vea el mundo cómo grave peso de tus males quiero, que sobre mis hombros carge llegue a ser de la tierra esta vez el cielo atlante. Señor tu favor inmenso tan nuevo al alma se hace que en mí por feliz lo dudo si en ti lo creo por grande pues si por parte, señor, de tu fineza inefable cabe el deshacer los yerros, de mis prisiones, por parte de la ingratitud primera de mi voluntad no cabe; Y así mi amor Calla, calla Naturaleza, y tú sabes oh forastero que vienes a mis reinos a ostentarte más natural en lo libre que extranjero en lo cobarde que yo esa belleza adoro. Y sabes que hay quien arrastre sus inmortales cadenas sin que pueda de inmortales romper la lima del tiempo sus eslabones tenaces. Sabes pues que a Pan yo asisto y que en su ayuda arrogante si embrazo el arco si muevo la cuerda, si rompo el aire no hay firme escollo, no hay muro rebelde que a lo combares de mis arpones no sean blanda cera polvo fácil. Ya Pan conozco, pues contra todo el humano linaje tú Pan el mundo gobiernas, y tú oh culpa inexorable, que a dominar te levantas del precipicio de un ángel a ese amor lascivo unida luces con sus ceguedades con que los tres de la humana Naturaleza en ultraje siendo pan, culpa y cupido sois mundo, demonio y carne. ¡Ay de mí!, que tan fecundas sean mis adversidades, que cuando encuentro dichosa quien al mal que lloro trae un remedio, encuentre para su resistencia tres males Señora, no te apasiones no te aflijas, no desmayes que esos achaques no solo dejan de ser incurables mas está en tu propia mano que a ser no lleguen achaques. Pues ya estamos conocidos porque no se sobresalte la Naturaleza hagamos que desmintiendo agradable la suavidad del estilo nuestra enemistad disfrace. Dices bien. Yo amor divino el activo fuego que arde en mi pecho no lo enciendo cauteloso, sino amante, Y así para que lo adviertas la Naturaleza iguales uno y otro festejemos verás cómo en el examen de nuestro amor, yo la sirvo tan atento y tan constante que de su favor consiga mi rendido vasallaje la gloria de merecerle Y que no la de alcanzarle con nuestro ardid se conforma Y tu cupido ¿qué haces? que ya la Naturaleza Al amor de pan no atraes Ay culpa que no es posible (si la industria no nos vale) vencerla mientras la asista la esperanza. Pues, ¿qué añade a su desdén la esperanza? cuando esa puede mudarse, Mucho, porque lo es del cielo y quién con ella mirare del humano amor resiste las ciegas actividades Y así un acaso aguardemos conque logremos quitarle de su esperanza divina los objetos celestiales. Pan, la competencia acepto y puesto que en lid suave han de ser hoy las finezas armas de nuestro certamen yo permito que la culpa, y cupido de tu parte puestos ayuden tu empresa porque de los tres triunfante mi fineza mas trofeos tenga de qué coronarse: si bien el vencerlos yo no será mucho que es fácil que un amor inmortal triunfe de tres afectos mortales Pues a la lid A la empresa Al festejo Vigilante argos del amor divino hasta aquí vengo a buscarle, por penetrar sus intentos, pues donde vienen a hallarse juntos Pan, Naturaleza y amor divino es constante que ha de haber algún misterio y así para declararle como apostólica fe suya he venido en su alcance. Fe, tú aquí. Yo aquí señor, que apenas llegué a mirarte cuando todo lo dejé por seguirte. Aunque es tan grande tu fineza aumentaras en mí por lo que dejarte lo que va de los eternos a los bienes temporales. Triste estoy ¿Qué te entristece, señora? Pues no es bastante ocasión el ver mis dichas tan cerca de mis azares. Con que te divertiremos ¿Quieres, señora, que un baile te dispongan mis pastores? ¿Gustarás más de que canten? Mejor será hacer un juego porque entrando en él, su grave melancolía divierta la naturaleza, y nadie que el divino amor proponga un festivo juego extrañe Pues esto mimo propuso mi sabiduría antes cuando por Salomón dijo que mis delicias amables son con la Naturaleza. Ha dicho amor como un ángel ¿y cuál ha de ser el juego? Pues el más agradable el de los colores sea. No es nuevo. Eso mismo lo hace mejor para nuestro intento pues mucho más sobresale el ingenio cuando saca de lo común novedades, y así elíjanse colores y quien en el juego inhábil perdiere pague una prenda pero ha de ser con tal aire la perdida que dorando el error con lo galante la de a la Naturaleza. De buen gusto está ¿Escuchaste aquello? ¿No dice que el que en el juego se errare sirva a la Naturaleza con una prenda? Sí ¿Y sabes que al contacto de mi venda no hay hielo que no se abrase? También lo sé mas ¿qué intentas? Perder. Mas el mismo lance lo dirá, que este juego una victoria ha de darme. hermosa Naturaleza ¿Qué color quieres? Señale mi cautiverio el pajizo A mí es razón que me agrade siendo el amor el morado Yo que un desdén, fino amante, Sirvo, elijo lo dorado. Pues al desprecio equivale el noguerado a la fe, le toca. A mí ha de tocarme, pues soy la esperanza, el verde. Pues Juan llega a interpretarse gracia y lo blanco es pureza elíjalo mi dictamen. Yo el color azul admito pues en los ciegos combates del amor humano, nunca dejan los celos de hallarse. La culpa tome encarnado, pues es crueldad. Acertarle no quiero porque mi rabia hoy del encarnado nace, y sólo al negro se ajustan mis tristezas implacables Yo no he de entrar en el juego pero fiscal del que cae para atender al que pierde Tomaré el color de aire. ¿Y la introducción del juego quién la hará? Gusto, tú, y antes pues tan apacible sombra no dan las amenidades de estos jardines, sus flores asiento nos den fragante. Supuesto que la parola a mí me toca, informarme ahora pretendo cómo los colores se reparten: al amor toca el morado La naturaleza trae por cautiverio el pajizo y Pan tomó por su parte: el dorado que es desprecio con que a la fe vino a darle Noguerado a la esperanza verde Y Juan también se vale del blanco que es la pureza y tú, Cupido, tomaste azul, y celos ¿La culpa? negro y tristeza. Pues ande el juego, puesto que quieren que pintor nada elegante me meta en sacar colores aquí; mas no lo reparen porque en las tabla es donde mejor los colores salen, y pues ya el juego comienzo con la música suave nadie se me divierta. Atención Atención Alerta Alerta que el que pierde sus lástimas disputa ninguno se yerre que dos sustos son pagar una prenda y perder el color el autor poderoso de una palabra al eco generoso, que formó su poder no su desvelo crio la tierra toda, todo el cielo edificando con su voz sagrada dos esferas dos todos de una nada y en los ligeros pasos de seis orientes y de seis ocasos ilustró el cielo, fecundó la tierra de cuanto el resplandece y ella encierra formando al sexto día entre obras tantas de brutos peces, aves, flores, plantas, oh gran naturaleza la fábrica feliz de tu belleza a cuyo imperio sujeto suaves las flores plantas, brutos, peces, aves en fin, te dio de sus delicias lleno la habitación de un paraíso ameno, donde galán el prado nunca pierde la posesión de su esperanza Verde Pues rey siempre el Abril no ve en su imperio del agosto el pajizo Cautiverio aquí pues conservaba con cuidado su floreciente sencillez el prado pues aquí la pureza Blanco fue de las flores la tristeza Negro horror nunca fue que deliciosa tanta quietud gozó su edad hermosa que en el bello tapete de su unión la paz hizo un ramillete. el girasol de Febo aquí inclinado su desprecio dorado jamás llegó a sentir y sin delirio lecciones dio de amor morado el lirio: también aquí enseñó fe: noguerado un alelí humillado a un jacinto que azul que azul desvelos a Cupido le dio, pues pierde en celos Perdió, perdió Pues paga esta venda mi yerro satisfaga ciña oh naturaleza, su preciosa composición por mí tu frente hermosa para que llegue en ella cada diamante a presumir de estrella Pues que perdió Cupido Sírvale solo el quitarle la venda de abrir los ojos ea, culpa, tu miedo se resista que ya mi venda fue a cegar su vista prosigo, pues, ninguno se divierta Atención Atención Alerta Alerta que el que pierde sus lástimas despierta de aqueste, pues, ameno paraíso siempre de la esperanza Verde Aviso miraban la mansión sin tener celos azules los cristales de los cielos, pues de una clara fuente la pureza Blanco espejo se vio de su belleza y las arenas que su orilla doran por las luces que brillan, y atesoran desprecio son desprecio son dorado del sol con el desprecio Pan se ha errado estas memorias de oro satisfecho dejen mi error y lleguen a tu pecho A su error esa prenda le de castigos pagando con memorias quien viene olvidos. Ya parece que empiezan tus victorias Cupido, pues de Pan tiene memorias. vuelvo a decir y cada uno advierta Atención Atención Alerta Alerta que el que pierde sus lástimas despierta no bien en tan amena monarquía pacífica reinaba tu alegría, cuando oh Naturaleza fatal origen fue de tu tristeza Negro error que mudó el florido imperio en pajizo, en pajizo cautiverio Cayó Naturaleza en su caída repitió aquella culpa cometida. mas que mucho copiase al yerro ingrato de aquel original este retrato si en a cona de la Pague pues ha perdido No hay en mi ahora ni jamás ha habido para pagar mi error prenda bastante pues yo satisfaré por ti constante y muestre mi fineza apasionada esta cruz de rubíes esmaltada Tómala, pues. ¿Perdiendo? A quien ha errado ¿por qué se le ha de dar? Pues ya he mostrado en tal joya mi intento generoso que quede en mi poder no será airoso Y así tómala tú toma le ¡Qué misteriosa galantería! el alma está dudosa pues la razón no alcanza de verla cruz de amor en la esperanza ¿Proseguirá el juego? No Bien hacen que mal pudiera pasar con él yo adelante habiendo dado en tragedia porque siempre el gusto acaba donde la desdicha empieza ¡Ay de mí!, no sé qué nuevo dolor, qué fatiga nueva en mi pecho desconozco que ni sé si es luz que ciega humo que alumbra desdén que favorece, violencia que obliga, bien que disgusta y desmayo, ay Dios, que alienta Ya estos son afectos míos, culpa cegole mi venda el corazón en el pecho me dice mucho y las quejas que explica en mudos latidos son enigmas en la lengua el divino amor me obliga; pero no sé quién me fuerza a arrastrar hacia otro afecto los cariños que él me lleva: a Pan aborrezco, pero menos esquiva y más tierna Ya en él me atormenta más lo menos, que me atormenta y con amor no tan fina, si con Pan no tan severa desconozco mis afectos, pues con los dos a ser llegan mis finezas y desdenes ni desdenes ni finezas ¿Qué es esto? ¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿Quién ha visto sin violencia que la llama se amortigüe y la ceniza se encienda? que me abraso que me hielo Ay de mí Sosiega el pecho Advierte Repara Señora, si de tus penas Yo causa puedo haber sido me iré no que mi dolencia aunque contigo se agrava también contigo se templa. ¡Que escucho dichas! Bien dice que a un tiempo ofende y deleita el mundo. Luego podré cobrar aliento y a cuenta vivir ya de la esperanza Bien puedes, pues quien licencia a tu amor ha permitido no le excusa que merezca ea, amor ya más airoso me miro en tu competencia que siendo conmigo menos cruel la naturaleza agradecerá mis ansias, Pues a quien fiel la celebra permitir méritos es prometer correspondencias. ¿Cuándo permisión yo he dado a tu pretensión opuesta? No porque alientes la tuya se desmaya mi fineza, que si a vencerte he venido antes más me lisonjea tu oposición, pues no hay victorias sin resistencias victorias tú un forastero que ahora llegó con las señas de mísero a mis umbrales, cómo pretendes que crea que príncipe eres del cielo cuando te miro en mis puertas buscar el abrigo huyendo del cielo las inclemencias. Y porque veas, señora, lo que excede mi grandeza a lo que muestra ese amante. en los vientos cuanto vuela cuanto habita en los cristales, cuanto discurre en las selvas, y cuantas doradas mieses rotas sus fecundas venas da a las fértiles heridas de los arados la tierra, porque es mío será tuyo Mira pues cómo pudieras vivir sin que yo te sirva pues sin mí naturaleza es preciso, que te falte lo mismo que te conserva. Qué engañoso ofrecimiento qué sofística promesa; pues dime, Pan, dime qué hace que tú guardes o poseas en vientos, campos y mares aves, peces, plantas, fieras si eso es tenerlo y no más pues para que tus riquezas la Naturaleza llegue a conseguir, di, ¿no es fuerza que cumpliendo aquel decreto de la maldición primera que con sudor de su rostro consiga lo que le ostentas? sin que tu afecto mentido probido quitarle pueda, que Pan de desdichas coma, y agua de lágrimas beba Pues siendo esto así, ¿qué premio qué utilidad, qué fineza es la tuya si al mostrar esas dádivas molestas la oferta dices y callas los afanes de la oferta? mas siendo tú el mundo, ¿cuándo tus enemigos cautelas no han adornado las ruinas con traje de conveniencias? Pues si Pan puede tan poco haz tu lo que él hace y sea convertir de esa campaña las infecundas arenas en agradecidos frutos Vuelve tú, en pan esas piedras. Más tentación, que argumento me parece tu propuesta la enemiga voz suspende, no prosigas, calla fiera porque no con solo pan vive la naturaleza; en mí sí que logrará, con liberal providencia su hermosura, no tan solo la conservación sin penas, sino el aumento condichas tales, que lleguen inmensas a hacerle que transformada ella en mí, cuando yo en ella por la gracia de un misterio tanto a mi ser se parezca, que si deidad soy humana, ella humana deidad sea. Tu proposición no entiendo, mas si ese aumento que muestras es porque tú, siendo amor nace de esa unión estrecha la propagación humana, también es justo, que adviertas que no falta maldición, que tu ofrecimiento vuelva en azar, y pues también dice (si volvemos a la letra con que tú a mí me impugnaste), el sagrado texto que esa propagación logrará con dolores su belleza tan acervos que le cueste sólo un hijo muchas quejas. Mal tu discurso el realce de mis dádivas penetra que el aumento que yo digo es de virtudes excelsas, de esta sucesión te ofrezco, hermosa naturaleza, número más delicado que a la benigna influencia del sol partos olorosos saca a luz la primavera, y temporales favores, pues si mi amor te franquea lo eterno siendo lo más que te dará es consecuencia lo temporal, que es lo menos, y no como experimentas en Pan, pues a fuer de mundo con bizarría avarienta quita engañoso de cielo todo lo que da de tierra. Sí pero yo Pan, amor al oír la cuestión vuestra neutral el pecho indeciso el corazón titubea entre uno y otro cariño y así en tanto que no encuentra mi confusión el camino de salir de aquesta ciega opresión, de aqueste influjo esta inquietud, esta fuerza, que oprimiendo mi albedrío con ignoradas cadenas segures violencia, y no sé la razón, porque es violencia dejadme, ¡ay de mí!, que el llanto vaya a anegar mis tristezas si es que este mal albedrío aún a mis lágrimas deja No te aflijas, que si tú de Pan y Cupido llevas venda y memorias, que mueven tu confusión, en la prenda de amor, que es aquesta cruz, que yo llevo un bien espera. pues en ella de tus dichas va la esperanza más cierta. A oír llorar va el oído hombres que tenéis orejas atended a mi desdicha Pues tengo una ama tan tierna que quiere ser la que llore, y que yo el sentido sea. Amor, pues nuestras razones Ya oyó la naturaleza examine los esfuerzos ahora, y así, a lid nueva mi valor te desafía. Yo la acepto y de las flechas te permito, que te valgas de Cupido. Pues con ellas el combate se disponga de suerte, que Pan ofrezca un rendido de mis armas a las tuyas y en opuesta emulación le des tú otro a las mías, y sean un rendido y otro el blanco de las contrarias saetas. Mi valor se ofrece a todo. Ahora dirá la experiencia en diferente certamen si como arguyes, aciertas; y si en flechas, y razones tienes igual la agudeza en todo sabré venceros. pues en la verde palestra de esos jardines, que ocupa siempre la naturaleza te aguardamos; porque a vista de su beldad el que venza más airoso logre el triunfo. también yo me hallo en contiendas tales, y pue soy el gusto hoy he de juzgar en esta sin pasión que el que venciere será quien a mí me tenga. Señor, si uno, y otro cielo tus divinas glorias cuentan y las obras de tus manos el firmamento vocea mostrando en él tantas luces de tu poder como estrellas, ¿por qué, di, tu ser inmenso tanto, señor, tanto celas, que das lugar a que el mundo se te oponga ingrato? llega ya a tu ley inmaculada a correr el velo, y vean los espíritus humanos que hay quien su noche convierta en el día deseado de tu gracia dejad vuestras persuasiones, que aún no es tiempo de publicar mi grandeza hasta que en el sol poniendo mi tabernáculo vea la naturaleza en mí, quien como espejo le ofrezca en unión de amor y Pan el tálamo de una mesa, y en tanto al combate vamos de Pan porque en su contienda ya mis amorosas ansias están de triunfar sedientas. Ya, pues, tus divinos pasos seguimos los dos. Oh quieras Señor, que tu nombre grande Yo por todo el orbe extienda y que conformes lo escuchen sus regiones más opuestas. Oído, qué hay el disgusto de oír a mi ama llorar que es tal, que por descansar me trae buscándote gusto. pues me hallarás distraído ¿por qué? porque como ahora tan fino mi amo adora tiene el gusto muy perdido. Pues de Pan criado eres dime, ¿en qué le sirves hoy? mira, cuando es mundo soy el gusto de sus placeres y cuando pan es, me toca otra ocupación lucida, que es seguirle en la comida de gentil hombre de boca. ¿Sabes lo que he discurrido que aquí parecemos? ¿Qué? Perlesía pues se ve la boca junto al oído también los dos parecemos equívoco, pues tal día por virtud de alegoría a dos sentidos hacemos, Y has de ver esta cuestión entre amor divino y Pan. Sí que aunque ojos no me dan no me niegan la atención. en este sitio ha de ser, porque su amante porfía desde aquesta galería llegue mi señora a ver dino es fineza muy dura hacer de flechas fineza queriendo con tal fiereza que se obligue una hermosura a mí amo lo han de atar pues ha entendido su error preciado de tirador que aficiona el disparar; pero ya el clarín veloz, de que vienen da señal Ya oigo su voz de metal que es lindo metal de voz mas por este lado creo que viene el divino amor Yo a su competidor por esa otra parte veo. Oye que también responde a su bélica harmonía, esa hermosa galería con músico estruendo, donde la naturaleza miro salir a ver el certamen Yo pienso que en este examen a ella le han de hacer el tiro. Vengan en hora buena vengan los dos guerreros a continuar sus glorias al teatro del tiempo. Y triunfe de nuevo el que en la lid alegórica llegue a coronarse otra voz de trofeos. Ah de la mansión florida. Ah del hospedaje ameno. Ocaso verde que esconde la dorada frente a Febo verde habitación, que es Chipre mejor de la mejor Venus. hermosa Naturaleza humana Prodigio bello de perfección, mira atiende Pan ya miro, amor ya atiendo Pues ya que llego a tus ojos a combatir. Ya que llego al aliento de tu vista a aumentar mi heroico aliento verás cuánto se dilata de mis flechas el imperio. verás a cuánto se extiende el dominio de mí esfuerzo; porque por mí aquesas voces celebren. Porque ese estruendo sonoramente publique por mí, que triunfe de nuevo el que en la lid alegórica llegue a coronarse otra vez de trofeos no solo el alma os atiende mas pendiente del acierto de uno de los dos el alma me asegura en mudos ecos a mí la gloria de triunfo siendo suyo el vencimiento Pan ya aquí tienes mis armas ciñe el aljaba soberbio embraza el arco atrevido nada con ellas recelo Bien haces que no es la vez primera, que al ver los ciegos arpones del apetito se ha valido el mundo de ellos a Pan ese rendido del poderoso ardimiento de mis divinos arpones que anuncios, púrpura, y versos profeta, rey y psalmita le llaman, y en quien yo veo el pecho más ajustado a la elección de mi pecho; para blanco de tus flechas hoy en esta lid te ofrezco, mira si puedes pasarle de mi calor a tu fuego. Ahora lo verás Elige Pan un arpón de adulterio para que sin resistencia te se rinda, pues es cierto, que a un peligro hermoso inducen los estímulos de agino. Tírale, pues, ¿a qué aguardas? penetre este arpón violento su corazón ¡Ay de mí! ¿Qué es esto, cielos? ¿qué es esto? Acertole bravo tiro ¡Que me abraso! ¡Que me quemo! con Bersabé con Urías amante, y celoso muero. Si adúltero, si amoroso Si mi crueldad, si mi afecto me violentan, me arrebatan a estos mortales incendios viva Bersabé, y mi amor Viva Urías, y mis celos en los brazos de la culpa vino a caer. Pues en ellos hallarás tirano abrigo Poco importa que el supremo auxilio de aquesta flecha le restituirá a mi imperio ¡Ay de mí! Cayó la culpa y él se levantó Ya veo que tus amables heridas, divino, señor, a un tiempo son desmayos en la culpa y en mi corazón alientos Mal halla mi cobardía, oh pese al arpón incierto. ¡que siendo suya la herida sea yo quien la padezco! otra vez, señor, al polvo y a ti reducido intento aunque salí de tus manos formado, volver deshecho, y si mis ojos no pueden lavar la mancha del pecho den, si no te enternezco, a mi estrago mis lágrimas aumento: Pequé, señor, contra ti y pues náufrago pretendo las misericordias tuyas hallen en su mar inmenso la iniquidad anegada mis fragilidades puerto pequé, señor, contra ti, y en tu presencia soy reo, común circunstancia que hace siempre el delito más necio. Den sino te enternezco a mi estrago mi lágrimas aumento ¡Oh! cómo de aquestas voces dan en mi piedad los ecos. Ya de amor es este triunfo Señora. quieran los cielos, que también mis confusiones lleguen a ser sus trofeos que tan mal aquella flecha afirmases. es muy bueno que cauteloso en mí culpes esta pérdida y, que siendo flaqueza en tus armas quieras adoptársela a mis yerros. Pues en la segunda empresa oh amor divino veremos Si es tan activo tu impulso. Presto lo dirá el suceso. esta profana hermosura, este apetecido riesgo de la voluntad más libre imperioso cautiverio, a quien Jerusalén llama Pecadora, en ella viendo del más publico delito el escándalo más bello. Esta, pues, firme rendida de cupido (si es que puedo nombrar así a la soberbia de su desvanecimiento) propongo, amor, a tus flechas, y veamos, si es lo mesmo, que restaurar lo que es propio conquistar lo que es ajeno. De aqueste arpón te responda el casto amoroso luego. ¡Ay Dios! ¿qué ignoradas luces son estas, qué rayos nuevos que mi voluntad abrasan, que alumbran mi entendimiento? ¿qué suavísima violencia es esta, que a mis afectos conmigo y sin mí les mueve pues con un amable objeto a él me lleva el albedrío preciso más no violento? a cuya luz reconozco, a cuya eficacia advierto cuanto este adorno me rinde, cuanto este profano exceso Livianamente me agrava, que solo el yugo soberbio de mis vanidades locas pudo hacer pesado al viento. Delitos son cuantos hallo que me componen, pues veo de mi desengaño al taque que son estos otros yerros, pero ya miro, que es tuyo Señor, mi conocimiento, pues es cada arpón que tiras de tu ilustración reflejo Y así estoy vanos adornos estos aliños que fueron remora del desengaño y atractivo del despeño salgan de mí aborrecidos restitúyanse a su centro que si me los trujo el aire Ya al aire yo se los vuelvo, y a tus pies lloren mis ojos tanto, que en líquido fuego se desaten de mis culpas los endurecidos hielos bañen, pues, tus pies mis ojos, sin que se extrañe por ello el que al cielo de tus plantas Yo que tierra soy lloviendo inunde en mares copioso Pues por mi llanto aquel texto debió de decir, que están las aguas sobre los cielos. Venció el amor. Pena airada Ya a sus pies el vencimiento ella confiesa rendida no publiquéis, no, tan presto esa gloria, que aún le queda a mi valor el empleo de esta flecha con que el triunfo que por mí secante espero. Errola. Corrido estoy. Mal haya el arpón severo solo acertó en lo profano de las galas, pues le veo fijado en ellas. Si el mundo tiró, que diese no es nuevo solamente en lo profano, ni es mucho que acierte en ello porque siempre se va el golpe a lo que el brazo está hecho, y tú mujer no le des más jurisdicción al ceño de ese cruel enemigo arpón, levanta del suelo. Pues miras cuán de tu parte ya tus lágrimas me han puesto ¡Que esto sufra! ¡Que esto mire! ¡Que esto consienta! veneno respiro de ira soy toda un volcán Yo todo incendios esperanza ven conmigo, que esta oposición pretendo estorbar, porque no pase su lid a mayor empeño. Según lo que he visto nada yo contra el amor recelo. ¿Qué es esto, que por mí pasa? Yo vencido, yo sujeto a un repetido desaire, y que tenga mi desuelo, cuando el aliento le falta, para respirar aliento. Mal hallan, amén las armas ajenas, cuyos efectos jamás consiguen victorias si no es en frágiles pechos, y mala ya yo mil veces, pues desconfiado necio de mi valor que es lo más me valí de lo que es menos Y pues no les debo un triunfo vuele en cenizas deshecho su frío ardor esparcido del leve soplo del viento. A mis armas esta injuria ¿y yo su agravio consiento? Vivo yo, pero mi enojo espere a que en mejor tiempo sienta Pan si de mis armas es débil o no el incendio que el desdén de una hermosura me vengará este desprecio y mientras temed mortales temed, que este sitio huyendo se van a ensayar mis iras en los corazones vuestros. Chispas el tal dios Cupido lleva el demonio en el cuerpo. Ya has visto, Pan, mis victorias. Ya las he visto, más eso sólo es fortuna, y así hacer examen pretendo de tu valor en la lid de los brazos. Pues en ellos te hallarás también vencido logrando por este medio dar a la naturaleza libertad, gracia y aumento ¿Qué escucho? Pan tente, aguarda, que no examinas el riesgo que esa lucha nos previene, pues (si la pasada vuelvo a acordar) aquesta lucha es la extensión que yo temo de los misterios de aquella en el mayor sacramento. En vano me persuades. Pues, si por aquí no puedo, mira, pues, que en otra historia (bien que fabulosa) leo, que ha de vencerte luchando el amor, sin ser violento, que humano, o divino sea para este lance, supuesto que en este joven las señas de humano y divino vemos. Sobre cobarde estás necia En fin, Pan, ¿que estás resuelto a luchar? Será imposible dejarlo ya pues primero ya que a la cautela mía se le desarma el intento por no ver por no escuchar ese prodigio a quien tiemblo por quien la naturaleza llegue a Abandonar mi imperio enfurecida, impaciente voy donde el infausto seno de la tierra me sepulte, si ya no vienen estrechos a mis dilatados penas los cóncavos de su centro fuese sin decir a Dios alabole el cumplimiento, Ea Pan llega ¿qué aguardas? Ya sin estorbos pretendo que experimentes mis brazos. Mira en los míos si llego, a reproducir mis glorias. el valor tuyo inmenso. mas te ha de costar el triunfo muchos afanes sangrientos Sangrando mas prosigue que a ayudarme al vencimiento esta sangre sale ansiosa venciste amor, ya confieso el valor de aquesa sangre, Basta, déjame Primero me has de dar alguna seña de que ha sido mi trofeo este manto que descubre de doradas mieses lleno el imperio de mi nombre, ya amor divino te ofrezco, si bien aunque me has vencido le es a mi pesar consuelo, el mirar que la sustancia de mi ser en ti no dejo sino solo el accidente de ese exterior ornamento. Señor ya tus pasos sigo No me sigas más, que bueno no eres tú ya para mí, porque yo gusto no llevo Pues, aunque por accidente ahora me dejes, yo entiendo que sin mí no has de poder pasar jamás, pues lo mesmo es Pan sin gusto que un acatarrado comiendo. Señor ¿estás muy herido? Sí lo estoy, mas con el velo de este manto, haré que solo en memorias lo cruento se quede y con sus disfraces último examen haciendo de mi amor he de encubrirme; aunque mi conocimiento dude la Naturaleza al verme. El combate vuestro Pan, amor, pero qué miro ya ni a Pan ni a amor encuentro y sólo toco una sombra una vislumbre, unos lejos de una y otro y no hallo nada ¿Qué es esto?, ¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿no estaban en este sitio poco a los dos compitiendo? Desconocisme No es mucho Señor, porque es el misterio de tu disfraz tan profundo que al verte tan encubierto sólo te conozco yo por ser la fe. El juicio pierdo Naturaleza suspende tu confusión y recelo que yo el amor soy divino aunque disfrazado ¿Eso cómo puede ser? si en ti aún más señas considero de Pan, que de amor, pues te hallo el traje de Pan vistiendo, y el gusto de Pan contigo. Infórmale tú el suceso fe para que se convenza. Yo le informaré que atento he visto lo que ha pasado sin mí nada harás que es cierto que no creerá a su oído sin la fe, los dos lleguemos. Señora el amor divino es él. No prosigas necio ¿con tantas señas de Pan quieres que crea? Yo espero poder con él convencerte, y para lograrlo es medio ya preciso el despojarte de dos prendas, que en el juego pasado adquiriste y sea el quitarte lo primero esas memorias de Pan en lugar suyo poniendo la cruz del amor divino de quien fue para este tiempo depósito tu esperanza esas memorias volviendo en las de esa cruz, que sirva de darte amantes recuerdos del amor, y de las ansias de su apasionado pecho y en lugar de aquesa venda con que puso embargo ciego a tus potencias Cupido el suave impedimento te he de poner de la mía, toma, que su lazo estrecho sólo llegará a dejarte cautivo el entendimiento; mira, pues, qué ves ahora No prosigas que ya veo el que dudaban mis ojos, con las voces de tu acierto pues ya conozco, a pesar de mí ser rudo, y grosero a amor con capa de Pan en el mayor sacramento Pues ya que me has conocido y al ver este triunfo inmenso tu error pasado confiesas llega, y logrará tu anhelo en mi carne y en mi sangre el manjar más verdadero. y la más cierta bebida; y mudando el concepto en el místico sentido llega, pues, porque mi afecto por esposa te reciba logrando ya por el medio de esta unión, el que tú en mí y yo en ti nos transformemos. Feliz mil veces yo que tantas dichas merezco Pues en tanto que la fe te explica mas el empleo de tus dichas, yo al disfraz eucarístico me vuelvo Te ausentas Señor, Sí y no pues el ser mío encubriendo a tus dichas no me aparto. aunque a tus ojos me ausento Y yo pues en un sentido alegórico ver esto he merecido, a esperar me voy de Abraham al seno las ya tan cercanas glorias de mis antiguos deseos. Y yo de mi penitencia movida al imán severo la ciudad de Dios triunfante voy a buscar al desierto ¿Cómo, si el amor se ausenta se puede gozar? Comiendo en la mesa del altar y un jeroglífico bello para que mejor lo adviertas de Pan y de Amor te ofrezco Mira, pues a aquella nube que antes fue del amor velo es ya rostro de aquel cáliz, y entre el misterioso cerco de aquellos morados lirios un montón de trigo puesto, oh hermoso ramo de espigas, y si a un color y a otro atiendo volviendo al juego pasado, allí al mismo amor advierto de lo morado en los lirios y que en Pan se queda encuentro en las doradas espigas con cuya unión el misterio de que amor en Pan se vea repita otro dulce acento En uno y otro color el jeroglífico diga que aclaman lirio, y espiga en Pan los triunfos de amor Felice yo, pues ya logra libertad mi cautiverio y de otro mortal bocado en este él contra veneno Felice yo que lo aclamo Feliz yo que lo venero Feliz yo que lo predico Feliz yo que lo atiendo y felice yo que soy a dos sentidos diversos para su comida gusto gusto para su festejo Y a las generosas plantas vuestras, todos juntos puestos repitan pues nuestras voces con la música diciendo en uno y otro color el jeroglífico diga que aclaman lirio y espiga en Pan los triunfos de amor.
