Texto digital de El templo vivo de Dios
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El templo vivo de Dios. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-templo-vivo-de-dios.
EL TEMPLO VIVO DE DIOS
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Texto muy tenue a lápiz de fondo, con título y personajes, casi ilegible.
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Lista de personajes y actores: La Ruina. - Sabina Pasqual. La Inundación. - Josepha Laruza. La Luz. - Theresa de Robles. La Fortaleza. - Manuela de la Cueba. La Templanza. - Margarita Roano. La Justicia. - Juliana de Robles. La Prudencia. - Josepha de Cisneros. El Artífice. - Manuel Ángel. El Hombre. - Joseph Sarles. El Vracán. - Antonio Ruiz. El Terremoto. - Juan de Castro. El Incendio. - Jaspar de Olmedo. El Entendimiento. - Carlos Ballero. El Albedrío. - Hipólito de Olmedo. La Gula. - Carlos de Villavicencio. La Envidia. - Alonso de Olmedo. La Ira. - Antonio de Prado.
Ábrense los dos carros de los extremos, que estarán pin- tados de nubes, y estrellas, y por el de mano diestra va bajando el Divino Artífice de gala, y por el lado con- trario La Luz con una antorcha encendida en la ma- no, que va cantando, como el Artífice representa, y en el medio del tablado, se verá el Hombre como estatua de un pedestal, que incluye un nicho de yedras.
Jornada primera
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Hermosa luz sagrada
que de mi boca producido aliento
al todo de aquel nada,
ser diste nuevo, pues al sacro acento
de mi voz en ti vïente,
reflejo fue vocal fiat luciente.
Artífice divino,
que en el taller inmenso de tu ciencia
en todo peregrino,
líneas tiraste a la obra, cuya esencia
prueban a instancias mías,
seis obras, seis tareas, y seis días.
Tú que dorando cielos
sol del sol, eres, pues de ti recibe
en sacros paralelos
el admirable incendio por quien vive,
pues donde nace, o huye,
virrey de luz el sol se instituye.
Tú, cuyo poderoso
compás en celestial architectura
círculo fixo, hermoso
en su propia virtud pendiente dura,
hasta que en nuevo abismo
él mismo ande a deshacerse él mismo.
Tú que vertiendo auroras
sobre la virgen tierra te derramas,
y en luzes que athesoras
a piedades se cuenta al sol las llamas,
pues son en suavidades
tantas las llamas como las piedades.
Tú que de la celeste
tachonada oficina de luzeros
vas descendiendo a este
aún no abitado mundo en tus primeros
pasos, más que de
céfiros, pezes, flores, fieras, y aves.
Y ya que este luciente
trono a la arena se permite errante
sepa yo de tu mente
Señor, el alto assumpto, el cargo amante
que hacer visible emprendes.
Tú lo sabías, luz mía, si me atiendes.
Desde aquel tiempo sin tiempo,
en que predeterminada
estuvo en mi mente esta
admirable excelsa, alta
fábrica de cielo, y mundo
luna, y sol, pezes, y plantas,
aves, y mar, fieras, y brutos,
y este en fin de frágil masa
hasta ahora embrión, que quiera
pulir a mi semejanza.
Desde aquel pues Ab Eterno
divino ser mío, hasta
esta de mi voluntad
producida articulada
común execución, en que
ni término se esperava
ni materia se pedía,
pues siendo yo la palabra
que estando en Dios, es Dios, era
fuerza el confessar, que vasta,
el querer yo, para que
cuando quiera yo se haga.
Siendo creación también
para hacerla me vastava
aquel hasta oy nada, y todo
sino en fee de voluntaria
acción
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acción libre mía, y acto
en fe de que se mostraría
criador, que producía
la criatura del nada.
Desde aquella (tercer vez
digo) eternidad sagrada
que principio sin principio
en Dios, ni empieza, ni acaba.
Gloriándome en cuantos nobles
atributos adornaban
la divina esencia mía,
practicarlos quise, a causa
de que conociese el mundo,
si Dios de ciencias me llama,
que en saber, y ciencias, era
ejercerlas, enseñarlas.
El primer hermoso parto
de mi mente soberana,
fuiste tú, con que tú misma
dirás por mí, abriendo clara
la puerta al conocimiento
de mis maravillas, cuanta
celeste filosofía
incluyes en las doradas
escuelas de luz, probando
a silogismos de llamas,
que si ella en sus entes es
simpliciter necesaria
para el uso de las ciencias,
tú en las maravillas varias
a que naces, pareces
precisa para alumbrarlas.
Pues no habiendo acaso en mí,
hice yo que luz temprana
de los otros cinco días
al primero día nazcas.
Ese estrellado zafiro,
que en celeste porcelana
engastado, guarnecía
el diamante de las aguas,
hasta que ya divididos
hermoso árbitro de entrambas
las inferiores líquida,
y las superiores helada,
con nombre de firmamento
es el delineado mapa
de mi poder, pues en forma
circular de las tiradas
líneas de mi geometría
se mantiene sin mudanza
en un punto, hasta que al eco
de mi juicio desquiciadas
del ángulo de su cielo,
errantes estrellas caigan.
Si elevado de concepto,
astrológico monarca
de su esfera, hizo también
próvida mi judiciaria
los dos grandes luminares
de día, y noche, porque haya
sustituida la luz
quien entre las sombras arda,
y ellos lo digan, mostrando
ya mueran, o ya renazcan
en signos, astros, coluros,
trópicos: las contrarias,
o benignas influencias
con que inclinan, y no arrastran,
bien que a mí sujetos, como
primer causa de sus causas.
Si al mar y congregación
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Las aguas su Génesis llama,
tan blandamente furiosas
tan furiosamente blandas
que al impuesto coto suyo
nunca rompe, y siempre tasca.
Ondoso bruto que parió
el Alacrán de esmeralda
plateado vulgo de pezes
pueblan la cerúlea playa
dicho está ya, que de nado
de náuticas reglas aran
batel a la espuma, siendo
cada uno vagel de escamas,
de quien son húmedas velas
las tornasoladas alas.
A la fértil produción
de yervas, flores, y plantas
apliqué la horticultura
para que se duplicaran
en enxertos, y sementeras
podas, mugrones, y rramas.
Y en coros a la dulce turba
de tanta cadencia alada
la Música a cuyas solfas
en el facistol del alva
músico perfecto hace
los compases la mañana.
Todo en fin cuanto viviente
corre, creze, buela, y canta
con arte, y devaxo de arte
me reconoze, y me aclama
Criador, y más que suyo
si bien ninguna de cuantas
practicadas artes crían
a mi ciencia se abalanza
me adula, me lisongea
me enamora, y me arrebata
tanto como de la noble
Architectura la traza
sino fuera invención pues
dejándola reservada
para la última obra mía
la exercite en esta humana
aun no viviente structura
del hombre, siendo mi sacra
mano que tirando líneas
en la superfize plana
del polvo, del polvo mismo
la formó, porque lograra
para que le avite Templo
crecer en forma de Alcázar
Templo dije, y Templo mío
no, no te haga disonancia
Luz mía, hablando en las frases
del mundo, pues cosa es clara
que en mi infalibilidad
ni tú dudes, ni yo errara
Y a ser Templo mío el hombre
se erige a la amante instancia
de mi poder, pues a no
ser verdades mis palabras
sin más authoridad siempre
que el darlas yo, provara
cuantos entre los registros
de las canónicas planas
sagrados texttos, pues Templo
le admiran, Templo le llaman.
Desso gran enamorado
dél, que a ser mi Deydad pasa
de Architecto que le ydea
operario que le labra.
De ver que de su materia
la terrena porción vasta
en la propia mano mía, que
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que se avilita, se amasa.
Y voy, a que ya otra vez
la fábrica organizada
del hombre en frase de Templo,
bien que aun dentro de la planta,
pues hasta que anime es fuerza
que estén en mí reservadas
las virtudes que han de darle
belleza, anchura, y constancia,
partes que de su diseño
digan con las Icnographias,
quiero que de animis veces,
le infundas luz, alma, y gracia
en el hálito luciente
de esa antorcha, a cuya llama
a luzir empiezen frisos,
arquitraves, listas, fajas,
metopas, cintas, techumbres,
caules, vertientes, y basas,
términos, que repartidos
en la nueva consonancia
de la obra, en la corporal
hagan viso a la Ideada.
Y así pues solo en su oriente
mi divina luz aguarda
el día que a Templo vivo
desde muerta tierra passa
para que en la misma frase
le adorne, y le asista hasta
que digna abitación mía,
sea cuando en sus estancias
otra ley en otro siglo
coloque Altar, trono, y Arca,
anímale Luz, y logrando
ser nuevo a la semejanza
mía, veamos como save
agradezerme el que aya por
por él, de amante Architecto
ceñídome a la explicada
nueva alegoría, en que
si acaso me sale ingrata
su frágil naturaleza
conozca el mundo las ansias,
los ahogos, las fatigas,
a que me expongo, en labrarla,
ò, cuando por mí respire,
ò, cuando por mí renazca
¿Qué aguardas?
El que su voz
te responda por mí en paga,
de cuánto te debo, quien
te deve el que le labraras
Imagen tuya; y pues toda
armoniosa consonancia
es la tarea gloriosa
de tus obras, que se añada
suavidad, a suavidad.
Bien dizes, alumbra, y canta.
Hablando con el Hombre canta luz.
Inanimado compuesto
de universal embrion,
sin ser, y para no ser
has de empezar a ser oy.
Tú para cuyo principio
Damasceno campo dio,
de la dispuesta materia
material disposición,
ya que dueño admirable
Artífice superior
siendo Dios, labrarte quiso
Templo viviente de Dios.
A cuyo efecto en mi luz
por orden suya te doy
en primer gracia criado
el ser brillante.
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brillante iluminación
con alma, luz, vida, y Gracia
ven al eco de mi voz,
resucitando en ti misma
a vivir en el Señor.
Y pues, para que le alabe
de vital respiración
su aliento te infundo en este
original esplendor.
Despierta.
Pónele la luz la antorcha en la mano y estremeciéndose el hombre dice.
¡Ay de mí!
El primer
tardo acento que formó
que queja.
Quien no nació
quedándose de nacer.
Mas, ¿qué es lo que llego a ver?
¿Si es ver dudar lo que es?
¿Quién he sido yo hasta aquí,
quién he de ser desde hoy,
y quién pues que ahora soy
seré después? (¡Ay de mí!)
¿Qué fábrica celestial,
deidad, y esta también
muy distante es para bien,
muy hermosa es para mal.
Obscura noche fatal
del día, en que he sido, di,
si nada soy, ¿cómo aquí
es posible comprehender
lo que fui en lo que he de ser
lo que soy en lo que fui?
Mas algo soy claro está
pues temo no ser después
porque al fin quien nada es,
nada fue, y nada será.
Mas ¡ay! que errado va
el juicio que lo creyó.
que quien algo ser logró
algo ha sacado de sí,
cielos, ¿quién me dirá a mí,
qué es lo que vengo a ser?
Yo.
Al Imperio de ese acento
tiembla ya mi ser instable.
Si causó este efecto afable
¿qué hará cuando esté sangriento?
¿Quién os da medio?
Mi aliento.
¿Quién el Mapa Superior,
que miro, labró?
Mi amor.
¿Con qué poder?
Con querer.
¡Haa, cuan inmenso poder
debe de tener mi author!
Mas pues que tanto ha podido
es Deidad, y la Deidad
ve desde su eternidad
el fin para que he nacido,
que no me neguéis os pido
ya que no por mí, por vos
en mis nuevas dudas dos
a lo que nazco saber.
A ser hombre, para ser
el Templo vivo de Dios.
¿Templo suyo el hombre?
Sí.
Pues ¿cómo es posible, que
indigno vaso de sí,
digna habitación halle?
Como eso me aplace a mí.
Pues ya que en línea de ciencia,
puesto que a mi inteligencia
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aclares la sombra obscura
corriendo su architectura
lineas con tu providencia.
Oí pues que templo viviente
me haces de polvo inconstante,
dime cómo con lo amante
juntarás lo permanente?
Sale la Fortaleza
Como no tan fácilmente
sentirás mortal temblor
si desde oy entre favor
la fortaleza has de ver.
Ha, cuán inmenso poder
deve de tener mi autor!
Pero si savio Architecto
deve la obra empezar
en sitio donde lograr
pueda el templo perfecto
cómo lograré este efecto?
Sale la Templanza.
Como ni frío, ni ardor
ay si en la templanza amor
estorba, o temblar o arder.
Ha, cuán inmenso poder
deve de tener mi autor.
Mas con qué nivel podré
vivir esempto a la ruina
sin que vean que declina
o mi constancia, o mi fee?
Sale la Justicia.
Con el que yo te daré
conservando su candor
si con Justicia en rigor
mantienes el proceder.
Ha, cuán inmenso poder
deve de tener mi autor.
Mas quisiéra averiguar
ya justo, fuerte, y templado
a qué superior cuydado
mi govierno he de fiar?
Sale la Prudencia.
A quien para no arriesgar
que a dueño admitas traydor,
como prudencia, mentor
releva tu frágil ser.
Ha cuán inmenso poder
deve de tener mi autor!
Mas si tosco discurrir
se me torpe comprehender
cómo sabré conozer
el peligro que he de huir?
Sale el Entendimiento.
Permitiéndote advertir
el entendimiento en quien
fío.
Y en el riesgo mío
para que seguir me deje
quién concurre aquí aconsexe
mi discurso?
Sale el Alvedrío.
Tu alvedrío
que es la torre veleta,
y relox del chapitel
tan loco se hará como él.
Si mi razón te sugeta
cuerdo serás.
No se meta
conmigo, señor barbón.
Solo con tanta admiración,
saver resta en gloria mía,
qué ha de decir la armonía
del coro de mi razón?
Que para no escurecer
su primitivo explendor
hombre templo has de atender,
Ha, cuán inmenso poder
deve de tener su autor.
Las Virtudes cantan y los dos representan
Y ya que en gracia criado,
este templo constituido
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Dale unas llaves doradas.
A mis virtudes vestido
quedas hombre, y adornado
para asistir colocado
en el ameno confín
de mi Paraíso a fin
de que te haga más hermoso
el deleitable, frondoso,
recreo de su jardín
Si has de ser entendimiento
de tus obras celador
dando la ronda al rigor
la vela al conocimiento
de albedrío postrario asiendo
le has de abrir, le has de cerrar.
las llaves toma, y a obrar
empieza como quisieres
pues árbitro solo eres,
del placer, y del pesar.
Y para que el tiempo diga
si a corresponder te mueves,
hombre a lo mucho que debes
a mi amor, y a mi fatiga,
solo a que guardes te obliga
un precepto mi amistad
pues si tu fragilidad,
ajenos Dioses no admite
tú verás como compite
con mi poder mi piedad.
No ociosa Idolatría
profane tu corazón
Demonios no Dioses son,
pues, Hombre, de ti desvía
Demonios, o Dioses, y fía
de mí tu estabilidad,
yo solo soy tu deidad,
y aunque me voy no te olvido,
Juez seré, si Padre he sido.
mira en verdad que en verdad.
(Vase)
Que para no obscurecer
su primitivo esplendor
Hombre templo has de atender
a cuan inmenso poder
debe detener su autor.
(Dale el hacha)
A atenderle, y porque vea
al cuido de su observancia,
vamos a mi nueva estancia,
y tú de mi obscura idea
bellísima luz Febea.
alumbra mi planta.
¿Quién
mejor que yo lo hará?
Ven con nosotras.
Ven tras mí.
¡Felice yo!
¡Y ay de ti,
si olvidas, ingrato al bien!
Con esta repetición se van, y por el otro lado sale escuchando la Ruina como en transe de culpa y repitiendo la Música.
Que para no obscurecer &ca.
Hombre Templo, ¿no dijeron
las voces que se escucharon
y cuando huyendo sonaron
menos sonaron, que hicieron?
No, que fantasía fueron
de mis recelos atroces;
mas ¡ay!, que como veloces
sonarán ecos mentidos
si se abrasan mis oídos
desde que encienden sus voces?
¿Qué es esto, altivos enojos
que oye, y mira mi altivez?
¿Quién me ha pasado esta vez
el veneno hasta los ojos?
¡Ay! que eficaces antojos
son
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son los de recelo igual
si apercibidas del mal
hago visible el dolor
aunque me varíe el ardor
a derretir el cristal.
No es aquel el hombre, ¡ah!
que en frase de Templo va,
pues ¿quién le hizo Templo ya?
Pablo lo dirá por mí,
cuando al corintio hable así:
¿por ventura ignoráis que
Templo vuestro cuerpo fue
de Dios? (¡Ay de mí infelice!)
que verdad que Pablo dice
hace fe, porque es de fe.
Pero si ruina fatal
he sido, he de ser, y soy
¿cómo contra el Templo yo
no esgrimo mi horror mortal?
Si en su ruina universal
mi mayor victoria fundo
aire leve, mar profundo
escuchad mi rabia fiera
pues para que el Mundo muera
empiezo a hablar desde el mundo.
¡Oh, Tú, en las profecías de Ezechiel
hijo del Aquilón viento fatal,
preñada nube de granizo, y lluvia
que arremolinos desperdicia el mar!
¡Oh, Tú, que de la Tierra en Jeremías
naciste en la profunda infinidad
porque en Job, tenebroso horror posea
de común culpa noche universal!
¡Oh, Tú, furor de Dios en otro texto
y al tercero de Amós, contra Galaad,
demoliendo las casas de Merchan,
estrago de los muros de Rabba;
Huracán.
Sale Huracán.
Ya a tus voces de la oscura,
cóncava gruta mía salgo, y sea
que en bien del mundo alguna vez obro
por preceptos de Dios, el Huracán
pues por él hablé a Job, y elevé a Elías
por si aquel bien mudándose, y en mal
puedo servirte, sepa qué me quieres.
Óyeme a mí que presto lo sabrás:
¡Oh, Tú, del glorioso Terno, temblor fácil,
vaivén infiel, escándalo tenaz,
Tú que citado cuatro veces eres
en las visiones místicas de Juan:
La primera, la vez que el Sexto sello
abrió el cordero, y diurno luminar
el sol, pizarra ardiente de la esfera,
cortó la luz, y ensangrentó la faz.
La segunda, cuando Ángel obsequioso
dio al incensario el fuego del Altar,
y ante el Trono de Dios, bastarda trompa
respiró otra segunda tempestad.
La Tercera, la vez que devorando
la séptima porción de la ciudad
siete mil vidas sepultaste en sombras
que alumbraron las ruinas de Datán.
La Última, cuando contra Babilonia
obraste más airado al derramar
en manos de obediente Querubín
fiala ardiente el rígido alquitrán.
Terremoto.
Sale el Terremoto.
Sus voces, y mis señas, Ruina
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Ruina comun, a averiguar me train
mi nuevo empeño, Sepas que me quieres?
Que trueques el herir al escuchar.
Di, que ya te oigo.
Oh, tu que a la Tierra
liquidas plagas prevenida estas
si al Genesis consulto parases
ruina de Adan, si delinquiere Adan
Bienes entumecida de las ondas
cuya colera supo pertinaz
concebir obediencias a la arena
para abortar motines de cristal:
Inundación?
Sale Inundación
Si de tus iras soy
Ministro undoso, liquido parcial
como faltarte puedo? Que me ordenas?
Que dudes menos, si me escuchas mas.
Oh, tu que en encendidas culebrinas
quiza en favor de algun Propheta, alta
Junto al mentido altar de Belzebu
abrasaste los hijos de Mohab.
Tu que airado Elemento de centellas
polvo hiciste al intrepido volcan
a imitacion infausta de Acharon
las casas de Azael, y Benadad:
Incendio?
Sale Incendio
Quien te ha dicho que podra,
oh Ruina, oh culpa, mi furor faltar
de tu lado, si al tragico eslabon
chispa me sacudio tu pedernal.
Que es pues lo que pretendes del incendio?
A que fin conjuraste al Uracan?
Contra quien se conspira el Terremoto?
A quien la Inundación, ha de anegar?
Contra quien vamos?
Contra el Hombre Templo.
El Hombre templo?
Si.
Como es capaz?
Como si vuelvo a referirlo, Job,
que es de Dios templo el hombre afirmara
comprada alaja en infinito precio.
Pues que te puede a ti Ruina importar
que sea templo, oh no si Dios no ha dicho
que ha de vivir en el.
Si ha dicho tal,
pues alla en su Levitico, el Justo
hablando, el mismo Dios, que habitara
en el dijo.
Y de que sabes que el hombre
es Justo para que aya de vastar
a vivir Dios en el?
De que respira
candores de la gracia original,
discurriendo en ameno Parayso
de este Jardin.
Espera que ahora en mas
dudas vacilo; como culpa, oh ruina
(si es la primera precisa calidad
para ser permanente el que sea firme)
cabe que sea templo el que va a dar
a la inconstancia gris del libre albedrío
de un sitio en otro va?
Como ademas
de que edificio mistico no viste,
ceñido a la razon de material
aquel
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aquel que en lengua hebrea dijo Templo
hecal dijo.
Pues bien, que dice hecal?
Para provar que es fixme siendo movil
dijo rayz, potencia, y dignidad
de Dios; y si el hecal buelto en Ahel
cava construyo, que ay tambien deja
Templo movible, pues sobre Ezechiel
aqueste nombre sacra pluma da
de Riego, Tabernaculo.
Esta bien;
mas que toda esa gloria embargara
si Terremoto infiel de tus exrrores
declarado enemigo hago temblar
en mortales delizios la exterior
fabrica, para ruina corporal?
A fin de que otra vez prevaricado
mi inundacion anegue pertinaz
su ser a ansias, dolores, y fatigas
pues nadie duda que en agua esta
cifrada la infeliz tribulacion.
Y cuando tu no logres desquiciar
su fragil extructura aqui estoy yo
que incendio vivo en llama inmaterial
descubriré su estrago en su ceniza.
Para que yo despues pueda llevar
en polvo su memoria Uracan fiero
que envuelve eterna el abrego infernal.
Dentro ruydo de bayles y instrumentos
Solo esso espero, y porque no salgamos
del concepto, su estrago, su pesar,
su muerte en fin, en necia Idolatria
persuadira comun Gentilidad
Pues si otra vez mudando yo el trage
entro en su Parayso, y en triumphal
carro, aplaudida de vosotros logro
que me venere el hombre por Deidad
de la misma fortuna que padece
Yo avitare su Templo, pues me dan
su auxilio en otras coleras parciales
en el viento uracan su vanidad
en el fuego, ó, Incendio su amor propio
en el agua al gemir, y al fluctuhar,
inundacion su misera inconstancia
Y en la Tierra Temblor original,
ó, Terremoto infiel la desconfianza
necia de su mentida eternidad.
Y pues esta alegria nos incita
con mas prisa al empeño, a derribar
culpas del hombre fabricas del cielo.
De mi esa?
Presto lo veras.
Y yo, contigo.
Quien contra mi enojo?
Nadie, pues nadie basta a contrastar
nuestro poder, y porque de mi astucia
a obrar empieze el toxigo falaz
entanto que de magicos ecos
prevengo el triumpho, a que ha de ver entrar
Ruina, culpa, deidad, mujer, y sierpe
mi unica embidia, en jubilo solaz
bayle, y festin mentido, id repitiendo
al eco de finjida suavidad.
Ellos representando a la Musi. dentro se van y por otro lado, sale el Entendimiento deteniendo al Alvedrio
La Diosa de la fortuna
en hora dichosa venga
a avitar el Templo vivo
de la desocupada esfera.
Porque solo ella
puede hacer dichosa la naturaleza.
Donde vas?,
despiertan
En seguimiento
destas voces que alagueñas
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despiertan mi atención.
Ay
que duermen más que despiertan.
Y con qué impertinentes
marrullerías pretendes
detenerme, pues no vivo
tan rústico, que no quiera
celebrar el que al umbroso
coto de aquesta floresta
La Diosa de la fortuna
en hora dichosa venga.
¿Y qué piensas, Albedrío,
que es dicha, y no es sino pena
pues es fuerza, que si falta
al precepto que le deja
impuesto su dueño, el hombre
delire, perezca, y muera,
se fabrica, y para que
muera, delire, y perezca
basta el ver que esta mentida
engañosa Deidad llega.
A habitar del templo vivo
la desocupada esfera.
Bueno es esto, Señor mío,
si usted en sus juicios piensa
filosofar de poquito,
que no hay más que serlo yerra.
Pues a hacerle más rico
áspero no me detenga.
Porque solo ella,
puede hacer dichosa la Naturaleza.
¿No has de ir?
Bueno es esto, ¿pues
(pues sabes bando) genera
interior lucha, no tienes
más armas, más resistencias
que persuadir?
Sí.
¿Pues cómo
hace la persuasión fuerza
estorbándome que vaya
yo donde gustare? que ha
de traer, al hombre intento
noticia, pues la desea,
de qué aclamación, y Triunfo
y qué deidades soberanas,
que en el fértil Paraíso
a un repitiendo entran.
Con la Mus.
La Diosa de la fortuna
en hora dichosa venga
a habitar del templo vivo
la desocupada esfera.
porque solo ella
puede hacer dichosa la Naturaleza.
(Vase,
Ya se va, y ¡ay de su dueño
si curiosamente ciega
su instabilidad malogra
su constancia!; pero vuelva
a llamarle por si acaso
le reduzgo, aguarda, espera
Albedrío, y mira que
operativa potencia
del hombre en su mano está
su bien, o su mal.
(Sale el Hombre, la Luz y las Virtudes.
Apenas
sobre sí vuelve mi Albedrío,
está, mi guarda a su cuenta,
cuando con el albedrío
desavenido comienzas
a reñirle?
Sí, que son,
las complexiones opuestas
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de estos genios y temo
que es locura.
No temas
que mientras de aquesta antorcha
la luz me ilumine, es necia
tu desconfianza.
Es que el
entendimiento quisiera
pues le ve al anhelo viva,
no verla al aviso muerta.
Adivinar el estrago
es recelar que suceda,
y pues en mi habitación,
de música, bailes y fiesta
voces se oyeron, sepamos
quién su dueño es.
No lo sepas,
porque en no pensar saberlo
te va más de lo que piensas.
¿En enigmas me hablas?
¿Cuándo
son dudas las evidencias?
Cuando queriendo ignorarlas
yo, disimulo el saberlas;
y pues me estorbas que vaya
yo a averiguarlo, aún me queda
modo de saberlo.
Advierte.
Mira.
Arguye.
Considera.
Repara.
Nada hay que arguya,
mire, considere, advierta,
ni repare, el día que solo
mi intento es saber quién sea, quién
quién sin mi licencia al coto
de mi deliciosa selva
osa entrar.
Sale Mue.
Solo diré,
pues solo servirte intenta
el que te avisa, de cómo
la fortuna deidad nueva
del mundo, es que adornada
de joyas, plumas, y telas
en triumphal carro a tu vista
para visitarte llega,
y hacerte feliz, y así
para que a deidad tan bella
correspondas a encontrarla
ven, y a rogarla que quiera
huéspeda de tus pensiles
durar contigo en estrecha
amorosa unión, mas para
qué la has de buscar, si ella
entre el ruido pastoril
de albogues, y castañetas
dice con las mismas voces
que cantando la celebran.
Salen delante cantando, y bailando la Envidia, la Gula, la Ira, la Pereza, detrás en el mismo trage la Inundación, el Terremoto, el Huracán y el Incendio como tirando de un carro triumphal, en que vendrá la Ruina vestida a lo Romano con una copa en una mano, y en otra un hacecillo de espigas, y un pie puesto sobre la rueda que viene al pie del carro.
La diosa de la fortuna
en hora dichosa venga,
a habitar del templo vivo
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la desocupada esfera,
pues solo ella a la naturaleza
puede hacer dichosa.
¡Bellísima perfección,
perfectísima belleza,
en cuyo riesgo apacible
aun es la muerte halagüeña!
Si es verdad que la Fortuna
eres, como lo demuestran,
en haz florido la espiga,
en listada copa el néctar,
ya preceptos del coturno,
parada al curso la rueda,
dime (para que la duda
no martirice la ofrenda)
¿qué buscas y qué me quieres?
que nada habrá que tú quieras
de mí, que no lo consigas;
pues, desde que sin que te vea
bien, anda mi libertad
queriendo que no la tenga.
Racional fábrica viva,
en que por más excelencia
pasaran hermosa forma,
vaso tan ruda materia.
Porque no mi ser ignores
la Fortuna soy, aquella
reverenciada Deidad
del orbe, pues mi influencia
para repartir los bienes
predomina las estrellas.
Este cristal, cuya copa
precioso licor encierra,
pues brindis a los sentidos
ámbar brota, y rubí ostenta.
Y esta de dorados granos
fiel primicia de la segur,
por mí lo digan, pues siendo
adorno, culto, y emblema,
de mi estatua la abundancia
de mis abundancias prueban
quizá para que de todas,
mis dichas, mis opulencias
centro sea tu fortuna.
Si agora decido (a que es fuerza
de mi amor se busque fin,
que los melindres de bella
acusen a mi hermosura
excesos de mi fineza)
permites, que de tu Templo
Soberana Deidad sea,
pues nada te está mejor
que franqueándome las puertas
del corazón, admitirme,
a que todo sea en tu esfera
gozo, júbilo, ventura,
aplauso, amor, y riqueza.
Demás de que sin verdad
inútil, cuanto arriesgada
vive la fábrica excelsa
de tu alto ser, y pues que
dentro de tu casa mesma
tienes el bien, mira cómo
le admites, o le desprecias.
Llevando sabido, que
si enamorada se acerca
la fortuna afable, puede
ser, si los afectos truecas
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que despreciada se olvide,
y ai del hombre en las miserias
del mundo, de quien celosa
la fortuna no se acuerda.
Bien le persuade.
Eso dudas
si ruina, y lascivia mezcla
en yras, con que destruye,
caricias con que deleyta?
(Suspenso el Hombre)
En qué discurres?
Qué dizes?
Qué respondes?
Que se buelva,
pues nada menos que en ser
habitación suya piensa
el Hombre Templo.
Y más cuando
si a buena luz lo contempla
no ay más fortuna, que Dios.
Y cuando engañado quiera
él admitirte, nosotras
lo estorvaremos, pues fuera:
Embriagarse la Templanza.
Rendirse la Fortaleza.
Sobornarse la Justicia.
Y delirar la Prudencia.
Y así puedes...
No en mi agravio
os declaréis tan apriesa,
pues esso es querer que mande
quien solamente aconseja.
Añade el que sea dicha,
o, desdicha la más cerca
de cosa que a ti, y así
por ti obra, sin que dependas
de otro que de tu alvedrío.
Tesóro, Alvedrío, aciertas
a darme gusto.
De suerte
que ingrato a las dulces tiernas
persuasiones mías, dudas
lo mismo en que te interessas?
No dudo tal, que el pararme
suspenso en dicha tan nueva
más es de amante admirarla
que de omisso desazerla;
mas no quisiera que ayrado
mi Artífice al ver que quiebra
mi fee aquel precepto, en que
agenos dioses me ordena
no admita, me destruyesse.
No ves que esa en tu obediencia
es mayor culpa, pues porque
divinizado no puedas
ser también Deidad, el uso
de las Deidades te veda.
De suerte, que como Dios
seré, si en lazada estrecha
de amor contigo me uno?
Se vee?
Quién lo duda?
Pues ser como Dios elijo;
y cuando el efeto mienta,
pues sin ti nada se gana,
contigo todo se pierda.
Qué haces, hombre?
Qué? elevarme,
a la Soverana ciencia
del bien, y el mal; y porque contigo
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contigo el mundo me vea,
parte conmigo, Fortuna,
el trono, donde en eterna
feliz amistad, adore
tu deidad.
Esto me alegra
vívase lo que se viva,
y muérase quien se muera.
Por lo menos su albedrío
ya está de la banda nuestra.
¡Oh, cómo el descuido ignora
que hacia su ruina se acerca!
¿En qué te detienes? Sube.
Antes que a su trono ascienda,
estorbaré el que engañado
deidades admita ajenas.
Luchando en una punta del tablado.
No harás, porque el Uracán
de la vanidad que engendra
la esperanza de ser, como
su autor, sabrá con violentas
ráfagas de aire impedirte
voz, y acción.
¿Por qué me hielas?
¿me ahogas, me pasmas, me afliges?
Porque quede la Prudencia
de la vanidad esclava.
En el lado contrario luchan los dos.
¿Qué importa que aunque enmudezca
ella, sabrá la Templanza
embarazarle el que exceda,
al precepto el coto?
No
hay templanza que lo sea,
cuando el propio amor incendio
del alma, la abrasa.
Suelta,
que en encendidos alientos,
ardes, abrasas, y quemas
que me abraso.
Aunque ambas ruinas
me asisten, la que me espera,
en ser Justicia me fundo
para que en razón proceda
estorbando el daño.
Luchando.
Aparta
sino es que morir deseas
al colérico diluvio
de mis aguas, cuyas crespas
ondas (símbolo traidor
de la codicia sedienta,
con que el mar sorbe los ríos)
lograrán que no parezcas
Justicia, sino pasión.
Si la avaricia me anega
del hombre, qué mucho, que
inundada entre miserias
vague, fluctúe, y me ahogue.
Nubes, cielos, ¿vio tan opuesta
interior lucha de afectos?
Ya que quedó la porfía
al aviso, en el aviso
conocerán cuánto es fuerza
la fortaleza a los medios.
Luchan.
Cae la fortaleza.
Esto fuera, si no hubiera
terremoto, a cuyas iras
verán cómo titubeas
cuando en trágicos temblores
porque caigas te estremezcas.
Qué mucho, que a tierra caiga
obra que se hizo de tierra.
Templo, mira, que tus cuatro
contrarios te arruinan.
Tierra,
cansada
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cansada decrepitud
déjame ya, y no pretendas.
Que?
Que hollado de mi planta
haga de tus advertencias
escalon, para que al trono
suba.
Cae a los pies del Hombre Entendimiento, que le pise subiendo al carro
No de esa manera
te escapes, y de mi antorcha
los reflejos aprovecha.
Que mas luz, y esta hermosura
q ue mas ardor, que esta hoguera?
Dices bien, q ue hare bien,
si para que no nos venga
a la vez, con otro embuste
se la despavilo.
Traba el albedrío la antorcha
llora
A ciegas
anda, q uie n vive temiendo
la luz de su gracia muerta.
Esta es, fortuna, la llave
del templo, en el templo entra
y mandale de libre arbitrio.
Cuantos aluedrios, piensan,
q ue es la fortuna la q ue hallan
y es su ruina lo que encuentran.
Mas para que no se escapen,
estas mal logradas prendas
de q ue aun rendidas, negaron
a mi culto la obediencia
al yugo de este carro mio
las atad, y como fieras
sientan, padezcan, y sufran.
Huracán, Incendio, terremoto y Inundación
Sufran, sientan, y padezcan,
pues tu lo mandas.
Que importa, que
que padezcan, sufran, sien-
tan
si de esta suerte el suspiro
dixa al compas de la pena:
Asidas las 4 virtudes de las cintas del carro, dicen.
Representa el Entendimiento, cantan las 4 y la luz.
Divino Autor, piedad,
piedad, clemencia;
q ue la malicia triunfa
de la Inocencia:
Para q ue envidia alegria
no haga escandalo riqueza
el dia q ue triumphan.
Ira.
Envidia.
Gula.
Y Pereza.
En nueva salva repitan
las aclamaciones nuestras.
La Ruina, el Hombre, Aluedrio y los 4.
Si a habitar la fortuna
su templo empieza
venturosa la humana
naturaleza.
Eso si, de la fortuna
aplaudid las excelencias.
Presto vereis cuán cercanos
viven Júbilo, y tragedias.
Afuera, ya hemos vencido
pues tu albedrío confiesa.
Si a habitar la fortuna &c eter a
Q ue al cielo lleguen las voces
llorosamente alternan.
y la luz y las 4 virtudes.
Divino Autor, piedad,
piedad, clemencia;
que la malicia triunfa de la inocencia.
Si a habitar la fortuna &c eter a=
Con esta repetición se esconde el carro, y sale el frontispicio
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Fe con una tabla dorada en la mano.
Pues de la gracia el día
se ausenta, empiece de la noche fría
de la culpa el espanto
y en las medrosas luces de su manto
alumbren solamente
segundo caos, cuyo horror.
Detente
hollado entendimiento
no vengativo arrojes el aliento
que si es contra la ciencia agravio
piadosa es fuerza ser, quien fuere sabio.
Pues ¿qué consuelo dejas
a mi dolor?
Aprovechar las quejas
(Levántase.)
Antes, ¡oh malograda luz primera!
pues ultrajado, de su saña fiera
mis oprobios lamento
fingir bastase mi conocimiento
a disuadir su daño
dejándole en los brazos del engaño
para fin más funesto
huyendo de él, he de ir.
Sale ahora el Artífice.
Mira.
¿Qué es esto?
¿Qué ha de ser (¡ay de mí!) sino que al verte
veo en tu enojo palpitar mi muerte
y pues del hombre templo la inconstancia
su Entendimiento fui, me hizo ignorancia
mal informarte puedo,
porque al temor, al susto, al pasmo, al miedo,
de saber que a pedirme cuenta airado
vienes del templo, prófugo, y turbado,
absorto, y descompuesto,
de ti, y del Sol me escondo.
(Vase Enti.)
Luz, ¿qué es esto?
¿Tú lo ignoras?
No; pero solicito
ver si en tu queja enmiendo su delito.
Canta en tono de recitativo la Luz.
Pues esto es, Arquitecto Soberano
haber caído en tierra el templo humano
del hombre, pues injusto, loco, y ciego
de incendio propio, al amoroso fuego
de huracán vano, al viento fementido
de temblor frágil, al infiel descuido
y de avarienta inundación, al seno,
ajeno Dios, admite, y traidor dueño
mi luz le deja, muerta al soplo airado
de su aleve vacío, dejole ultrajado
también su Entendimiento,
y si más señas duplicar intento,
díganlo aquellas voces
que tristes dicen para herir veloces
Piedad divino amor,
piedad clemencia
que la malicia triunfa de la Inocencia.
Las virtudes, Señor, con que piadoso
le hiciste fuerte, y le criaste hermoso,
esclavas yacen en poder ajeno,
pues al odio mortal, traidor veneno
de adorada hermosura
lisonjas bebe, y lástimas apura.
Pecó el hombre, Señor, pues la engañosa
promesa cautelosa
que en vino, y pan le prometió abundancia
rindió con pan y vino su constancia.
hasta que tu divino
poder le reedifique en pan, y vino.
Y pues su ceño airado
arguye ya el error de su pecado
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En la página izquierda hay anotaciones: "fue descuy do ; pero no falta nada.", "arguye y ael error demi pecado" y el reclamo "de tu vista".
de tu vista permite que me ausente,
donde triste lamente
tu tragedia infelice,
con este llanto que sonoro dice.
Ella y las Virtudes.
Divino amor piedad &c.=
Vase.
De suerte templo ingrato,
retrato mío, aunque traidor retrato
que mi precepto olvidas,
y de soñadas glorias fementidas
yaces rendido, vives profanado
en noche infiel de original pecado.
Ansí agradeces fácil a tu ruina
que en el sagrado monte, el alto Sina
de mi divinidad tu bien procura
cuando porque tu dicha se asegure
cincel mi dedo en leyes que te intima
en tabla de oro mi piedad imprima?
Qué otra suerte pretendes engañado
que vivir en mi gracia colocado
en candor puro, en yugo venturoso
hasta que yo piadoso
tu duración labrase? ingrato fuiste
bárbaro obraste, injusto procediste
contra mi fee, mi amor, y mi cuidado
ya me pesa de haberte edificado.
Pero si a mí me pesa, y tu castigo
está en mi mano, que perezca digo
el templo sin que quede en plazo breve
vestigio humano de su barro aleve.
Y pues menor Moisén del monte eterno,
en que árbitro del sol, al sol gobierno
del mundo, bajo al valle
donde del hombre el yerro hace que halle
culpas de idolatría, mi ira llegue,
las tablas rompa, los preceptos niegue, pues
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pues en miseria tanta
cómo guardará diez, si uno quebranta.
Y pues borrar intento
la misma obra que yo hice, empiece el viento
a ejecutar su mísero despojo.
¿Inundación?
Sale Inund.
¿Qué quieres de mi enojo,
Divino Artífice?
Que
rasgando al precepto mío
las celestes cataratas
en rápidos torbellinos,
primero de viento, y polvo,
y después de agua, y granizo,
el mundo anegues.
Si soy
de tu Justicia Ministro,
y me está también que muera
el hombre, contra el delito
de mi universal diluvio
los ceños, crezcan los ríos,
a ser mares, y los mares
sin reconocer dominio
al coto del margen, pisen
la vanidad de los riscos,
cuando todo golfo el campo
a impetuosos precipicios
un remolino se vaya
sorbiendo a otro remolino.
Esto sí: perezca el hombre,
pues lo tiene merecido
su infidelidad, y tú
cuarenta días continuos
prosigue en tu horror formal,
que entre el mísero conflicto
de su última ruina, el mundo
clame diciendo a gemidos.
Fortuna, ¿cómo me dejas
en las manos del peligro?
Como si desgracia soy
no de fortuna.
(Atraviesa el tablado.)
¿Albedrío?
Amigo, en los riesgos no hay
más voluntad que el destino.
(Atraviesa)
¿Entendimiento?
Yo bien
quisiera al verte afligido
aliviarte; mas por mí
solo, no vas tú a tu alivio.
(Atraviesa)
¿Todos me dejáis?
Salen las virtudes.
No todos,
que aunque indignados contigo
esté su Artífice, aun puede
llegar su queja, a su oído.
¡Qué asombro, qué horror! ¡Qué espanto!
Clemencia, cielos divinos.
(Arrodillado)
(Cantado)
Cantan las virtudes.
Vuelve, Señor, los ojos
al templo vivo,
y serenando el ceño
suspende el juicio.
Es verdad que ignorante
menospreció mi aviso
y del precepto
fue origen del delito.
Mas para que se mude
desde airado a propicio.
Vuelve, Señor, los ojos
al templo vivo &c.
Clamando a tus piedades
desde el profundo abismo,
solo tiene su aliento
que salga en el suspiro.
Pues su queja amorosa
te merezca benigno.
Pag. 22
Y serenando el ceño
suspende el juicio.
Bien sabes cuán en vano
trabajan los arbitrios
si tu misericordia
no guarda el edificio.
Pues tú eres dueño
del perdón, y el castigo.
Vuelve, Señor, los ojos
al templo vivo.
Confiesa, pecó solo.
su barro quebradizo
disculpando en lo frágil
el yerro atrevido.
pues a tus compasiones
se acerquen sus gemidos.
Y serenando el ceño
suspende el juicio.
Vosotras que al vano instinto
escandaloso delirio
de mi culpa esclavas fuisteis
del carro del apetito
trocáis la venganza en premio
la indignación en cariño,
y en vez de alentar el cargo
le figuráis el motivo.
Sí, porque aun desde el desprecio
es fuerza hacer nuestro oficio.
Pues séame este amago
dulce sonoro atractivo
de mis piedades, el que
vea el mundo suspendido
del látigo poderoso
el azote vengativo.
Viva el templo, viva el hombre
y uno de los desperdicios
de esa tabla, arca pequeña
le saque a tierra, en sí mismo
cuando arco, oliva, y paloma
sean prósperos, testigos
de que aplacado el diluvio
el género humano libre.
Y serenando el ceño
suspende el juicio.
Sale la Ruin.
Qué mudanza es esta, cielos,
pues cesando de improviso
la trágica inundación,
del templo desvanecido
despliega un arco celajes,
rojos, verdes, y pajizos
a tiempo que el abrasado
viene de un (tiemblo al decirlo)
sale de un (muero al mirarlo)
de un madero, y a lo hechizo
del arte que aliento, abrazo
en la voz con que lo digo.
Quién de tan raro portento
me informará?
Sale Bue.
Salto, y brinco
de contento, pues ya puedo
volver a mi tema antiguo
del vivamos y que luego,
sin saber lo que tuvimos
será lo que Dios quisiere.
Artífice peregrino,
qué suspenso?
Di que estoy
mirando desde mí mismo
la ingratitud, con que ha
de pagarme el beneficio.
Llorando su segunda ruina
temiendo estoy.
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¿Albedrío?
¿Quién va allá?
Pues de la orilla
el margen busca tranquilo
su dueño, démosle entre ambos
amparo, puerto, y abrigo,
en que descanse.
Por mí
vaya, que yo solo aspiro
a que haya a quien hacer mal.
Dentro el Hombre los primeros versos, y saliendo en cuerpo asido de una tabla, cae en los brazos de la Ruina, y el Albedrío.
Frágil tierra, tosco limo,
pues me formaste animado,
y segunda vez nacido
me admiro entre gentes.
Despacio
que aunque parece individuo
es género, y espera mucho.
¿Dónde, cielos, ha caído
mi nuevo ser?
En mis brazos.
¿Quién, sino tú, hermoso hechizo
de mis sentidos, pudiera
ser centro de mis sentidos?
¿Como si soy tu fortuna,
extrañas, que del peligro
te saque libre en mis hombros?
Ni lo extraño, ni lo admiro,
que ya sé, hermosa deidad,
cuán por tu cuenta ha corrido
mi seguridad.
¡Qué yerros
están común en el siglo
lo que hace la Providencia
atribuirse al destino!
Y pues ya de la pasada
tormenta ves librado
a tu primer ser, segunda
vida cobras, ven conmigo
donde de mi amor premiado
te repares.
Si consigo
tan alto favor, fortuna,
nada quiero, nada pido
que ser tu esclavo no sea.
Segunda vez te domine,
Hombre, Templo, hasta lograr
de su postrero precipicio.
¿La tabla dejáis?
Pues qué
después de un bien conseguido,
sino espera, que otro le haga
se acuerda de quien le hizo?
Coge la fortaleza la tabla.
Quien recoge la memoria
para lograr el alivio.
Hombre de este siglo eres tú.
¿No me sigues?
Ya te sigo,
adonde de tus parciales
cortejado, y asistido
otra vez te dé las gracias.
Que te dio las gracias dijo.
Y aun por haberlas gastado
sé yo que las ha perdido.
Vanse, y queda llorando el Artífice.
¿Llorando quedas, Señor?
Aunque de mi ser divino
no es afecto propio el llanto
al ver de su ingrato olvido
el injusto desdén lloro
las ruinas, en que le miro.
Quién al verte así, podrá
no conocer cuán herido
se...
Pag. 24
su amor detiene?
Y pues no hay
mientras el arrepentido,
su error no conoce, acción
a otra súplica.
Con irnos
mostraremos cuán confusas
nos dejan sus devaneos.
Mas por si acaso el diamante
se deja herir del martillo
a lo largo seguiremos
su planta.
Y de contino
adelanta el tiempo al tiempo,
pues el tiempo ha de decirlo.
¿Hasta cuándo, Templo ingrato,
hasta cuándo, hombre atrevido,
has de tapar las orejas
para no escuchar los silbos?
¿Posible es que tan peremne
manantial de beneficios
en vez de fecundar rosas
han de producir espinos?
Si en mi clemencia te fías
ábremela, que el camino,
que a ti sin ti no te salva
quien a ti sin ti te hizo.
Pero, ¡ay, amor! que no hay fuerzas
en todo lo que le estimo,
aun siendo él el más aleve,
para no ser de él más fino.
Planta nueva ha menester
esta obra, y en nuevo estilo
de fábrica a sus cimientos
porque se destruyan vicios.
Esto ha de ser, Piedad mía,
bajemos,
bajemos al fementido
taller del Mundo, buscando
el material a su alivio.
Y de tu culpa obscura
noche fría, dame abrigo
aunque en un establo sea,
para que desconocido
del mismo, me disfrace el mismo.
Al irse a entrar sale el Huracán
Ignorado peregrino,
¿qué eres? y ¿dónde vas?
Si como humano es preciso
que te hable; un extranjero
Artífice soy, que quiso
a reedificar un Templo
venir, expuesto al prolijo
afán de hambre, desnudez,
cansancio, y sed.
Señor mío,
qué fuera, si el esperado
Arquitecto prometido
en los Profetas en traje
mortal, fuese el que diviso
entre las medrosas luces
de la noche.
Irá que libro
en esta obra la mayor
queja de mi cariño,
déjame pasar.
Sí haré;
pero por si acaso has sido
el que temo, pasarás
entre los enfurecidos
embates de viento, y nieve
tan envuelto, que el vestido
a porfías de los copos
se borde con los armiños.
Pues
Pag. 25
pues prevenido Uracán
del cierzo te desanimo
porque tu camino tuerzas.
(Embózase)
Por más que el temblor, y el frío
me asalten, naciendo, tengo
de proseguir mi camino,
hasta guarecerme en este
deshecho portal.
De impío,
aleve Uracán te amparas,
embozándote advertido
el rostro?
No, que el embozo
es misterio más que abrigo.
¿Misterio?
(Vase)
Sí, pues amor
que es quien me conduce, quiso
que caminase embozado
para entrar desconocido.
Pues a padecer vengo,
prosigue, Uracán maligno,
el horror de tus horrores,
y verás que en mi cariño
me abraso, y juzgas que tiemblo,
ardo, y piensas que tirito.
Que ardas, tirites, o abrases
qué me importa a mí, si aspiro
solo a que no convalezca
este mortal edificio
ya deshecho, a los embates
de tanto riesgo lascivo.
Y dígalo el ver cuan poco
cuidado el que hayas venido
al mundo nos da, pues hoy,
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Desacato cumplimientos,
señores enamorados,
que es trampa de los cuidados
embarazar los contentos,
y solamente armoniosa
diga la música unida.
Moradores de la vida,
venid en hora dichosa.
¿De suerte, fortuna mía,
que en mi racional estancia
ferias hace tu ganancia?
¿Por qué lo extrañas, si el día
que hacerte quiero opulento,
al fin, como templo mío,
en que emplee su albedrío
quiero uno y otro talento,
cuando no de sus memorias
deje de venir ninguna?
Al templo, en que la fortuna
hace feria de sus glorias.
Pues ello, ya que ha de ser,
vive Dios, que he de comprar
para comer de ganar;
si he de ganar de comer.
Y más cuando a un dosel,
en plaza de mercaderes
para vender sus haberes
dicen estos labradores.
¿Quién me la lleva, quién me la compra?
El manso cordero.
La flor olorosa.
La tórtola dulce.
La blanca paloma.
¿Quién me la lleva, quién me la compra?
Llegad; por si acaso quiere
feriar algo el templo mío.
Sale la Envidia con un canastillo y en él unas palomas; la Ira con otro de flores encarnadas; la Gula con un corderillo, y la Pereza con una jaula, y dentro unas tórtolas.
Con mi gusto y mi albedrío
feriará lo que él quisiere,
que yo pagaré por él.
Pues el edicto abierto da,
vamos viendo.
¿Cuánto va,
que te enamora la piel
del manchado recental,
que dar te ofrezco el primero,
barato?
Con un cordero,
Gula, se ha de comer mal.
Pero ya que has ofrecido
dar baratos tus placeres,
di, ¿cuánto llevarme quieres
por el cordero?
Un sentido.
Mucho en la venta interesas.
Pues a mi costa ha de ser,
cómprale para poner
a la fortuna las mesas.
¿De estas encarnadas flores
no te enamora el color?
Ésta es vida, y ésta es flor
sin duda por sus verdores.
Cedo, pues que lo han sido
a mi gusto; sépase,
¿cuánto quieres
por las flores?
Un sentido,
porque ira que se ensangrienta
no a menos precio las da.
Pues allá mi olfato va,
si no huele mal la venta.
Pag. 27
¿Las tórtolas, del amor
símbolo no llevas?
Sí,
que quiero adular así
al genio de mi señor.
Pues las cogí en el nido
y hoy las vendo a Rufineja.
Y ¿cuánto valen, Pereza,
las tórtolas?
Un sentido.
¿Cuál de los que quedan es?
El oído para oír,
cantar a un tiempo, y gemir.
Conque es fuerza, que después
el tacto, emplees en estas
cándidas aves celosas,
con arrullos de amorosas,
Y quejas de deshonestas.
Y a mi rabiosa conquista
cinco sentidos logra, pues
la luz de mi deidad es
catarata de su vista.
Envidia, hecho el cambio está,
mías las palomas son.
Conque nuestra invocación
a nada tiene lugar ya.
¿Quién me la lleva,
quién me la compra, quién?
Sale el Artífice con un azote en la mano
¿Quién la ha de llevar, si no
sea el que ingrato advierte
olvidar tan constante
preceptos que impuse yo?
Mas pues sacrílegos dones
hacen entre inmolación
la casa de la oración,
espelunca de ladrones,
salid del templo.
A esta vez
la ruina queda.
Temblando
A dónde iré yo que pueda
en delito tan atroz
incurso no ver al Juez
cuya Justicia me amaga.
El no la tema, y no la haga
vino pintado esta vez.
¡Salid, salid, mercaderes
del templo, que otra vez repito!
Aunque estar aquí es delito,
paguemos de un placer
el hombre el precio primero.
Que es pagar pese a su caudal.
Pues la blandura no basta,
bárbaros, baste el azote
con que el azote esgrimido
de mi poder indignado
os echará dél airado.
Con justa causa ofendido
de mí mi Artífice está.
Tropezando en mi rencor.
Temed de mi rigor
el duro enojo.
Vanse los 6. y queda el Hombre arrodillado
Él se va
a matar, y pues yo he tenido
la culpa, no yo la pague.
No, Señor, tu ira me amague
pues ya estoy arrepentido
y a tus pies, si merece
tu piedad, en mi aflicción
logre que mi contrición
escuches afable.
Di.
¡Señor, que he de morir! ¡Sentencia dura!
¡Que has de juzgarme tú! ¡Trance forzoso!
Pag. 28
Mas ay! que eres tú el Juez, que eres piadoso,
mas ay que soy yo el Reo, y fui tu hechura.
Morir, es desatarse de esta obscura
leve prisión, de este trágico reposo
(mas Morir es hallarse riguroso).
luego hay dos muertes, Juicio, y sepultura.
No del pasmo mortal, el trance fuerte
teme la confusión de mi pecado,
el otro expirar, sí temo, y advierto.
Piedad, Señor, contra segunda muerte.
porque hasta estar absuelto, o, condenado
nadie, mi Dios, puede saber si ha muerto.
Hijo, ofreces al Pecador
mi piedad el día que puesto
a mis pies la implora, cómo
no concedérsela puedo?
Ya, Templo, estás perdonado,
pero falta que primero
a tu reedificación
aplique el amor los medios
para que segunda vida
en tercera ley naciendo
te avise, y te fortalezca,
y así puedes ir contento
con saber que del dibujo
de tu nueva planta empiezo
a tirar las líneas.
Quién
para no ofender de nuevo
de Deidad podrá servirme
de guía?
Sale Enten.
Tu Entendimiento
que aunque me desprecies antes
nunca yo a ti te desprecio,
porque al fin el entendido
debe suplir al soberbio.
Dónde está mi luz?
Sale la luz.
Tu Gracia
dijeras mejor, y puesto
que gracia, y luz me deseas
yo te asistiré a un tiempo.
Ve en paz, y espera lograrla
luego que en cruzado leño
tu nueva fábrica empiece.
Tú harás; mas será queriendo,
De tus perdonadas culpas
en justo agradecimiento.
Cuán admirable, es Señor,
tu nombre en el Universo.
Vanse
Qué día de más honra,
agrado, gusto, y recreo,
para mí, que día, en que
a mi redil, a mi gremio
perdida reduce
Pastor su conocimiento?
Y ya que llegó la hora
de reedificar el Templo
vivo del hombre, en que yo
Tabla, Arca, Maná, y concierto
he de habitar cuando beba
mi sangre, y coma mi cuerpo
empecemos a dar logro
al ideado bosquejo
de su nueva planta; para
cuyo feliz cumplimiento
sin salir de la empezada
metáphora de Architecto
necesito de buscar
para el dibujo que empiezo
Tabla, compás, regla, y pluma.
Salen la Fortaleza con la tabla, la Justicia con el compás, la Templanza con la pluma, y la Prudencia con la regla.
Ya al precepto sin precepto
obedientes los precisos
misteriosos instrumentos
traemos.
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Tu fortaleza
la tabla, cuyo fragmento
fue del dilubio arca,
hazla en su dibuxo lienzo.
Del corazon en la tabla
aconsejan los proverbios
que se escrivan sus palabras
y ojalá ansí el hombre atento
cuanto tú en la tabla escrives
imprimiese él en el pecho.
Pónela la tabla. / Danse de suer- / te que el Artífice / pueda medir / y escrivir en / ella.
Tu Justicia del compás
el rectíssimo manejo
me entrega para ir provando,
lo mismo que hiciere midiendo.
Si en cuantas semanas
midió el cielo, que más recto
mensurador, que el que puso
dentro de medida el cielo.
Prudencia, dame las reglas
que, por que una vez teniendo
medido el cielo, derechas
tire las líneas del suelo.
De la regla en la mensura
dize que nos alegremos
Pablo, luego está en la regla
la alegría, y el consuelo.
Tu templanza prevenida
la pluma me ten, a efeto
de que ceñida la tabla
conserve vivo el recuerdo.
Pluma veloz, a tu lengua
llamó David en sus versos,
conque lo que vas hablando
es preciso ir escriviendo;
Y es preciso el dar principio
al dibujo, en que pretendo
enmendar del barro humano
los cometidos defectos.
Pues mide, Idea, y delinea
que en el ínterin de un
acorde hechizo, dirán
los armoniosos ecos
Cielos, coluros, Astros,
signos, luzeros,
Polos, Estrellas, Zonas
y paralelos,
Bendecid en eterno pío Architecto.
Estando las tres al / lado del Artífice va / tomando los instru- / mentos como los / ubiere menester.
Bendecidle en eterno
pues anuncia sus obras el firmamento.
Para que más firme dure
el racional Templo quiero,
que en diez cimientos estribe
(si ya no son diez preceptos)
su fábrica de tal suerte
que en los dos zócalos de ellos
que son amarme a mí, y al
próximo como a sí mismo
el Arco Toral descanse
de la nueva Ley que vengo
a dar al mundo bañando
con mi sangre sus cimientos.
Aguas, granizos, lluvias,
escarchas, cierzos,
Ríos, Arroyos, Mares,
Nieblas, y Yelos
Bendecid en eterno pío Architecto.
Bendecidle en eterno
pues anuncia sus obras el firmamento.
Siete virtudes por basas
repartidas en los gruesos
pedestales de los vicios
guardarán el Templo esento,
siendo Diamantino muro
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del místico fundamento,
en cuyos tempranos yesos
duplique la rica Efesos.
Días, auroras, noches,
sombras, reflejos,
albas, orientes, rayos,
nieves, incendios,
bendecid en eterno, &c.
La paciencia de las basas
abrumen con amable peso
sacras columnas, en quien
de los siete Sacramentos
la fortaleza fincada
erija el cuerpo primero
del edificio del hombre,
abrazando los extremos
de sus capiteles, ma-
ciza de amor perfecto,
a quien adornen encajes
de penitentes deseos,
los caules de la esperanza
y las volutas del celo.
Montes, collados, selvas,
prados, desiertos,
bosques, campañas, riscos,
golfos y puertos,
bendecid en eterno al Arquitecto.
Bendecidle en eterno,
pues anuncia su obrar el firmamento.
A tres partes reducida
la capacidad del templo,
tres naves la adornen, y todas
expliquen en el concepto
fe, esperanza y caridad,
para que, desde el crucero
de mi pasión teologal
abrigo sean del pueblo,
de los demás meritorios
actos de arrepentimiento,
que en el corazón del hombre,
desde el atrio al presbiterio,
en repetido concurso
logren repetido obsequio.
Tímpanos, coros, ritmos,
liras, salterios,
cánticos,
himnos y versos,
bendecid, &c.
Bendecidle en eterno, &c.
Pechinas, que intercolumnios,
ya en estatuas, ya en lienzos,
adornará matizada
la luz de mis evangelios,
porque en su cúpula llevan
a participar reflejos
cinco ventanas, en cinco
justos, suaves preceptos
de mi iglesia, y de linterna,
como último complemento
del templo, mi ley de Gracia,
guiando, domine los sesos
de escrita y natural ley
coronará, en cuyo muro
la fábrica, descollando
su cruzada insignia al viento.
Siglos, semanas, meses,
años, inviernos,
primaveras, estíos,
días, tiempos,
bendecid en eterno, &c.
Y pues el dibujo ya
feneció, amor, empecemos
a medir de siete en siete
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los pies del sitio, en que vengo
de abrir las zanjas, porque
de la muerte en el recuerdo
quien le fabrica la vida
adivine el monumento.
repitiendo mientras yo
voy mensurando el terreno.
Bendecible en eterno, sea=
Sale Ruin.
(repítese)
Bendecible en eterno sea=
Y yo, cielos, pero ay,
de mí! pues, o mios, cielos
dijera mejor, si atenta
mi envidiosa rabia viendo
que a la reedificación
del hombre, va el extranjero
Artífice de la tierra
el sitio reconociendo,
porque de barro formado
sea el barro el instrumento
que divinizado pase
a hacerle de Dios asiento
cuando comiéndole en pan
le reciba en carne; pero
en que me detengo, si
Universal ruina puedo
estorvar su logro?
Quien,
si tus locos denuedos
es ejemplo de tu ruina?
Yo.
Como?
Estorvando el que a efeto
su rehedificacion llegue.
Pertinaz rencor hebreo,
que intentas?
(Luchando con el artífice por quitarle la regla)
Romper la regla,
con que pretendes hacernos
creer que Artífice enviado
del poder de Dios has hecho
tantos prodigios.
A mí
te atreves?
Sí que encubierto
estas en humano trage.
Divino, y humano a un tiempo,
cuando del mundo me encubro
al mundo me manifiesto.
Es verdad, mas si a la muerte
estas por hombre sugeto
morir es preciso, cuando
sobre tus ombros el peso
cargue de tu regla.
(Buelvese en cruz la regla y se arrodilla el Artífice.
Tal
la fragil porcion del cuerpo
cruz a tu peso se rinde.
Qué has hecho, bárbaro Ruina?
(terremoto)
Qué sé yo (ay de mí infelize!)
pues solo de que ver tiemblo
la cruz sobre sus espaldas.
Sacro Artífice, que es esto?
Sale Terremo.=
Ser yo que a mis exequias
en pavorosos estruendos
asista, pues terremoto
general de el Universo
el ayre chamusco a rayos,
la tierra estremezco a truenos.
(Vanse)
Iré con la regla al ombro
hasta el risco mas excelso
de aquel monte subo para
que dando el postrer aliento
cuando empece fabricando,
lo perfeccione muriendo.
(Vase)
Ios tras él, para que
muestre de tu cruz el leño
que como gracia denazco,
cuando como luz fallesco.
Uracan?
Sale Ira.
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Sale Ura.
No de mí esperes
otra acción que dar al viento
ráfagas, silbos, y quejas.
Inundación.
Sale Inund.
Si a lamentos,
cuando las nubes llorando
van los párpados lloviendo
¿qué quieres de mí, pues todo
llanto, susto, horror, y miedo
escándalo, ansia, y fatiga
es el día hoy?
Incendio.
Sale Incen.
No me estorbes el que ardientes
vagas sílabas de fuego
manche del papel del aire.
O, a qué raridad de incendios,
o el Artífice ha expirado,
o el mundo fallece.
Cielos,
¿qué raro espanto es este?
Ábrese el segundo carro y será una fábrica interior, y se verá el Hombre desolado, el Entendimiento, y a sus pies el Albedrío.
El que del hombre en provecho
tanto resulta, que ya
a tercera ley, haciendo
de nuevo fortificado
solo que me afiance espero
a luz, fe, y caridad
el soberano portento
de amor disfrazado.
¿En qué
embozos, nieblas, y velos
que a ocultarle basten?
Ábrese el primer carro y se verá el Artífice y la Luz, con la antorcha encendida, y en un altar la copa, y haz de espigas.
En
el soberano misterio
de la Eucaristía, donde
vivo yo después de muerto,
cuando el haz de las espigas,
y la copa de veneno,
que en la fortuna fue muerte
del hombre, sean que trueco
en mejor néctar, mejor
reparo, y mejor sustento
del género humano.
¿Cómo?
Haciendo que en el perfecto
círculo de blanca oblea
embozado y encubierto,
coma mi cuerpo, y mi sangre.
Ábrense las espigas y ocúltase la copa y se verá un Cáliz con la Hostia.
¡O tan admirable exceso
de amor sea paga el ver
postrar a su entendimiento
al Albedrío este Albedrío!
En fe de que ya sujeto
a hacerlo mejor, a Dios
dirijo mis pensamientos.
Pues para que mi palabra
cumpla habitando mi templo
dentro de los accidentes
de vino, y pan pasar quiero
a su habitación.
En fe
de que mi antorcha volviendo
a alumbrar, le tiene en gracia
ya fortalecido.
Y siendo
la intención nunca suya
a quien, diga en sonoros ecos:
Bendecid en eterno día al Arquitecto,
bendecidle en eterno,
pues anuncia sus obras el firmamento.
Bajan la Luz, el Artífice y el Hombre.
¿Esto en mi oprobio sufrís,
infernales conjurados,
de mi Monarquía?
Yo
cuando pude en el deseo
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de servirle huiré, pues huiré
fluctuar entre los cuerpos
penachos de mis espumas.
Porque yo, luego
de partida resbale
el felice nacimiento,
a embates de viento, y nieve.
Bien como después muriendo,
yo, el mundo a estragos labrado
terremoto infiel.
Y puesto
que unos medios no bastan
intenta Dios nuevos medios.
Si vosotros desistís,
¿qué queda que puedo hacerles
guerra nuevamente?
Yo
que prevenido escarmiento
del hombre, después que de él
le prevariqué castigo
de lugar por fuego, para
que no quede rastro suelto,
que otra letanía el discurso,
que no acabe el ingenio.
¿De en mi habitación, Señor?
Sí, que darse vida intento.
¿Pues decir que una palabra
no es bastante para eso?
Sí; pero quiero mostrar
que en el Templo vivo en Dios
del hombre, siendo yo quien
le busque el día, que veo
que impedido solicita
que lo alivie.
Pues yo,
que
tratando favor, es solo,
digna respuesta el silencio.
por mí respiran las voces
e innumerosos acentos.
Bendecid a Dios.
Por no escuchar sus aplausos
iré de su vista huyendo.
Y de él el Incendio, donde
le abrase en volcán eterno
su mismo furor.
Vanse.
Y nosotras
en repetidos inmensos
júbilos, digamos, dando
fin al místico argumento.
Cantan las que cada una su copla, y todas el estribillo, y / representando todos se cierran los carros.
Cielos, coluros, Astros, Signos, luceros, Polos, Estre-
llas, Zonas, y paralelos.
Aguas, granizos, lluvias, escarchas, cierzos, fríos,
Arroyos, Mares, nieblas, incendios, hielos.
Días, Auroras, Noches, sombras, reflejos, Al-
bas, orientes, rayos, nieves, incendios.
Montes, collados, Selvas, Prados, desiertos, Bos-
ques, campañas, riscos, golfos, y puertos.
Tímpanos, coros, ritmos, Liras, Salterios, Can-
ticos, de acordes himnos, y versos.
Bendecid en eterno al Arquitecto
bendecidle en eterno
pues anuncia sus obras el firmamento.
Fin del Auto.
