Digittol text for El templo vivo de Dios | BITESO
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Digittol text for El templo vivo de Dios

Publication date: August 22, 2026

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Antonio de Ztomorto
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El templo vivo de Dios. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-templo-vivo-de-dios.

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EL TEMPLO VIVO DE DIOS

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Ptog. 1

Texto muy tenue a lápiz de fondo, con título y personajes, casi ilegible.

Ptog. 2

Lista de personajes y actores: La Ruina. - Sabina Pasqual. La Inundación. - Josepha Laruza. La Luz. - Theresa de Robles. La Fortaleza. - Manuela de la Cueba. La Templanza. - Margarita Roano. La Justicia. - Juliana de Robles. La Prudencia. - Josepha de Cisneros. El Artífice. - Manuel Ángel. El Hombre. - Joseph Sarles. El Vracán. - Antonio Ruiz. El Terremoto. - Juan de Castro. El Incendio. - Jaspar de Olmedo. El Entendimiento. - Carlos Ballero. El Albedrío. - Hipólito de Olmedo. La Gula. - Carlos de Villavicencio. La Envidia. - Alonso de Olmedo. La Ira. - Antonio de Prado.

Ábrense los dos carros de los extremos, que estarán pin- tados de nubes, y estrellas, y por el de mano diestra va bajando el Divino Artífice de gala, y por el lado con- trario La Luz con una antorcha encendida en la ma- no, que va cantando, como el Artífice representa, y en el medio del tablado, se verá el Hombre como estatua de un pedestal, que incluye un nicho de yedras.

Jornada primera

Ptog. 3

Fabr.

Hermosa luz sagrada

que de mi boca producido aliento

al todo de aquel nada,

ser diste nuevo, pues al sacro acento

de mi voz en ti vïente,

reflejo fue vocal fiat luciente.

La Luz.

Artífice divino,

que en el taller inmenso de tu ciencia

en todo peregrino,

líneas tiraste a la obra, cuya esencia

prueban a instancias mías,

seis obras, seis tareas, y seis días.

Fabr.

Tú que dorando cielos

sol del sol, eres, pues de ti recibe

en sacros paralelos

el admirable incendio por quien vive,

pues donde nace, o huye,

virrey de luz el sol se instituye.

La Luz.

Tú, cuyo poderoso

compás en celestial architectura

círculo fixo, hermoso

en su propia virtud pendiente dura,

hasta que en nuevo abismo

él mismo ande a deshacerse él mismo.

Fabr.

Tú que vertiendo auroras

sobre la virgen tierra te derramas,

y en luzes que athesoras

a piedades se cuenta al sol las llamas,

pues son en suavidades

tantas las llamas como las piedades.

La Luz.

Tú que de la celeste

tachonada oficina de luzeros

vas descendiendo a este

aún no abitado mundo en tus primeros

pasos, más que de

céfiros, pezes, flores, fieras, y aves.

Y ya que este luciente

trono a la arena se permite errante

sepa yo de tu mente

Señor, el alto assumpto, el cargo amante

que hacer visible emprendes.

Fabr.

Tú lo sabías, luz mía, si me atiendes.

Desde aquel tiempo sin tiempo,

en que predeterminada

estuvo en mi mente esta

admirable excelsa, alta

fábrica de cielo, y mundo

luna, y sol, pezes, y plantas,

aves, y mar, fieras, y brutos,

y este en fin de frágil masa

hasta ahora embrión, que quiera

pulir a mi semejanza.

Desde aquel pues Ab Eterno

divino ser mío, hasta

esta de mi voluntad

producida articulada

común execución, en que

ni término se esperava

ni materia se pedía,

pues siendo yo la palabra

que estando en Dios, es Dios, era

fuerza el confessar, que vasta,

el querer yo, para que

cuando quiera yo se haga.

Siendo creación también

para hacerla me vastava

aquel hasta oy nada, y todo

sino en fee de voluntaria

acción

Ptog. 4

Artífice.

acción libre mía, y acto

en fe de que se mostraría

criador, que producía

la criatura del nada.

Desde aquella (tercer vez

digo) eternidad sagrada

que principio sin principio

en Dios, ni empieza, ni acaba.

Gloriándome en cuantos nobles

atributos adornaban

la divina esencia mía,

practicarlos quise, a causa

de que conociese el mundo,

si Dios de ciencias me llama,

que en saber, y ciencias, era

ejercerlas, enseñarlas.

El primer hermoso parto

de mi mente soberana,

fuiste tú, con que tú misma

dirás por mí, abriendo clara

la puerta al conocimiento

de mis maravillas, cuanta

celeste filosofía

incluyes en las doradas

escuelas de luz, probando

a silogismos de llamas,

que si ella en sus entes es

simpliciter necesaria

para el uso de las ciencias,

tú en las maravillas varias

a que naces, pareces

precisa para alumbrarlas.

Pues no habiendo acaso en mí,

hice yo que luz temprana

de los otros cinco días

al primero día nazcas.

Ese estrellado zafiro,

que en celeste porcelana

engastado, guarnecía

el diamante de las aguas,

hasta que ya divididos

hermoso árbitro de entrambas

las inferiores líquida,

y las superiores helada,

con nombre de firmamento

es el delineado mapa

de mi poder, pues en forma

circular de las tiradas

líneas de mi geometría

se mantiene sin mudanza

en un punto, hasta que al eco

de mi juicio desquiciadas

del ángulo de su cielo,

errantes estrellas caigan.

Si elevado de concepto,

astrológico monarca

de su esfera, hizo también

próvida mi judiciaria

los dos grandes luminares

de día, y noche, porque haya

sustituida la luz

quien entre las sombras arda,

y ellos lo digan, mostrando

ya mueran, o ya renazcan

en signos, astros, coluros,

trópicos: las contrarias,

o benignas influencias

con que inclinan, y no arrastran,

bien que a mí sujetos, como

primer causa de sus causas.

Si al mar y congregación

Ptog. 5

Artífice.

Las aguas su Génesis llama,

tan blandamente furiosas

tan furiosamente blandas

que al impuesto coto suyo

nunca rompe, y siempre tasca.

Ondoso bruto que parió

el Alacrán de esmeralda

plateado vulgo de pezes

pueblan la cerúlea playa

dicho está ya, que de nado

de náuticas reglas aran

batel a la espuma, siendo

cada uno vagel de escamas,

de quien son húmedas velas

las tornasoladas alas.

A la fértil produción

de yervas, flores, y plantas

apliqué la horticultura

para que se duplicaran

en enxertos, y sementeras

podas, mugrones, y rramas.

Y en coros a la dulce turba

de tanta cadencia alada

la Música a cuyas solfas

en el facistol del alva

músico perfecto hace

los compases la mañana.

Todo en fin cuanto viviente

corre, creze, buela, y canta

con arte, y devaxo de arte

me reconoze, y me aclama

Criador, y más que suyo

si bien ninguna de cuantas

practicadas artes crían

a mi ciencia se abalanza

me adula, me lisongea

me enamora, y me arrebata

tanto como de la noble

Architectura la traza

sino fuera invención pues

dejándola reservada

para la última obra mía

la exercite en esta humana

aun no viviente structura

del hombre, siendo mi sacra

mano que tirando líneas

en la superfize plana

del polvo, del polvo mismo

la formó, porque lograra

para que le avite Templo

crecer en forma de Alcázar

Templo dije, y Templo mío

no, no te haga disonancia

Luz mía, hablando en las frases

del mundo, pues cosa es clara

que en mi infalibilidad

ni tú dudes, ni yo errara

Y a ser Templo mío el hombre

se erige a la amante instancia

de mi poder, pues a no

ser verdades mis palabras

sin más authoridad siempre

que el darlas yo, provara

cuantos entre los registros

de las canónicas planas

sagrados texttos, pues Templo

le admiran, Templo le llaman.

Desso gran enamorado

dél, que a ser mi Deydad pasa

de Architecto que le ydea

operario que le labra.

De ver que de su materia

la terrena porción vasta

en la propia mano mía, que

Ptog. 6

Artífice.

que se avilita, se amasa.

Y voy, a que ya otra vez

la fábrica organizada

del hombre en frase de Templo,

bien que aun dentro de la planta,

pues hasta que anime es fuerza

que estén en mí reservadas

las virtudes que han de darle

belleza, anchura, y constancia,

partes que de su diseño

digan con las Icnographias,

quiero que de animis veces,

le infundas luz, alma, y gracia

en el hálito luciente

de esa antorcha, a cuya llama

a luzir empiezen frisos,

arquitraves, listas, fajas,

metopas, cintas, techumbres,

caules, vertientes, y basas,

términos, que repartidos

en la nueva consonancia

de la obra, en la corporal

hagan viso a la Ideada.

Y así pues solo en su oriente

mi divina luz aguarda

el día que a Templo vivo

desde muerta tierra passa

para que en la misma frase

le adorne, y le asista hasta

que digna abitación mía,

sea cuando en sus estancias

otra ley en otro siglo

coloque Altar, trono, y Arca,

anímale Luz, y logrando

ser nuevo a la semejanza

mía, veamos como save

agradezerme el que aya por

por él, de amante Architecto

ceñídome a la explicada

nueva alegoría, en que

si acaso me sale ingrata

su frágil naturaleza

conozca el mundo las ansias,

los ahogos, las fatigas,

a que me expongo, en labrarla,

ò, cuando por mí respire,

ò, cuando por mí renazca

¿Qué aguardas?

La Luz.

El que su voz

te responda por mí en paga,

de cuánto te debo, quien

te deve el que le labraras

Imagen tuya; y pues toda

armoniosa consonancia

es la tarea gloriosa

de tus obras, que se añada

suavidad, a suavidad.

Autor.

Bien dizes, alumbra, y canta.

Hablando con el Hombre canta luz.

La Luz.

Inanimado compuesto

de universal embrion,

sin ser, y para no ser

has de empezar a ser oy.

Tú para cuyo principio

Damasceno campo dio,

de la dispuesta materia

material disposición,

ya que dueño admirable

Artífice superior

siendo Dios, labrarte quiso

Templo viviente de Dios.

A cuyo efecto en mi luz

por orden suya te doy

en primer gracia criado

el ser brillante.

Ptog. 7

La Luz.

brillante iluminación

con alma, luz, vida, y Gracia

ven al eco de mi voz,

resucitando en ti misma

a vivir en el Señor.

Y pues, para que le alabe

de vital respiración

su aliento te infundo en este

original esplendor.

Despierta.

Pónele la luz la antorcha en la mano y estremeciéndose el hombre dice.

Hombre.

¡Ay de mí!

La Luz.

El primer

tardo acento que formó

que queja.

Arbi.

Quien no nació

quedándose de nacer.

Hombre.

Mas, ¿qué es lo que llego a ver?

¿Si es ver dudar lo que es?

¿Quién he sido yo hasta aquí,

quién he de ser desde hoy,

y quién pues que ahora soy

seré después? (¡Ay de mí!)

¿Qué fábrica celestial,

deidad, y esta también

muy distante es para bien,

muy hermosa es para mal.

Obscura noche fatal

del día, en que he sido, di,

si nada soy, ¿cómo aquí

es posible comprehender

lo que fui en lo que he de ser

lo que soy en lo que fui?

Mas algo soy claro está

pues temo no ser después

porque al fin quien nada es,

nada fue, y nada será.

Mas ¡ay! que errado va

el juicio que lo creyó.

que quien algo ser logró

Hombre.

algo ha sacado de sí,

cielos, ¿quién me dirá a mí,

qué es lo que vengo a ser?

Arbi.

Yo.

Hombre.

Al Imperio de ese acento

tiembla ya mi ser instable.

Arbi.

Si causó este efecto afable

¿qué hará cuando esté sangriento?

Hombre.

¿Quién os da medio?

Arbi.

Mi aliento.

Hombre.

¿Quién el Mapa Superior,

que miro, labró?

Arbi.

Mi amor.

Hombre.

¿Con qué poder?

Arbi.

Con querer.

Hombre.

¡Haa, cuan inmenso poder

debe de tener mi author!

Mas pues que tanto ha podido

es Deidad, y la Deidad

ve desde su eternidad

el fin para que he nacido,

que no me neguéis os pido

ya que no por mí, por vos

en mis nuevas dudas dos

a lo que nazco saber.

Arbi.

A ser hombre, para ser

el Templo vivo de Dios.

Hombre.

¿Templo suyo el hombre?

Arbi.

Sí.

Hombre.

Pues ¿cómo es posible, que

indigno vaso de sí,

digna habitación halle?

Arbi.

Como eso me aplace a mí.

Hombre.

Pues ya que en línea de ciencia,

puesto que a mi inteligencia

Ptog. 8

Hombre.

aclares la sombra obscura

corriendo su architectura

lineas con tu providencia.

Oí pues que templo viviente

me haces de polvo inconstante,

dime cómo con lo amante

juntarás lo permanente?

Sale la Fortaleza

Fortaleza.

Como no tan fácilmente

sentirás mortal temblor

si desde oy entre favor

la fortaleza has de ver.

Hombre.

Ha, cuán inmenso poder

deve de tener mi autor!

Pero si savio Architecto

deve la obra empezar

en sitio donde lograr

pueda el templo perfecto

cómo lograré este efecto?

Sale la Templanza.

Templanza.

Como ni frío, ni ardor

ay si en la templanza amor

estorba, o temblar o arder.

Hombre.

Ha, cuán inmenso poder

deve de tener mi autor.

Mas con qué nivel podré

vivir esempto a la ruina

sin que vean que declina

o mi constancia, o mi fee?

Sale la Justicia.

Justicia.

Con el que yo te daré

conservando su candor

si con Justicia en rigor

mantienes el proceder.

Hombre.

Ha, cuán inmenso poder

deve de tener mi autor.

Mas quisiéra averiguar

ya justo, fuerte, y templado

a qué superior cuydado

mi govierno he de fiar?

Sale la Prudencia.

Prudencia.

A quien para no arriesgar

que a dueño admitas traydor,

como prudencia, mentor

releva tu frágil ser.

Hombre.

Ha cuán inmenso poder

deve de tener mi autor!

Mas si tosco discurrir

se me torpe comprehender

cómo sabré conozer

el peligro que he de huir?

Sale el Entendimiento.

Entendimiento.

Permitiéndote advertir

el entendimiento en quien

fío.

Hombre.

Y en el riesgo mío

para que seguir me deje

quién concurre aquí aconsexe

mi discurso?

Sale el Alvedrío.

Alvedrío.

Tu alvedrío

que es la torre veleta,

y relox del chapitel

tan loco se hará como él.

Entendimiento.

Si mi razón te sugeta

cuerdo serás.

Alvedrío.

No se meta

conmigo, señor barbón.

Hombre.

Solo con tanta admiración,

saver resta en gloria mía,

qué ha de decir la armonía

del coro de mi razón?

Que para no escurecer

su primitivo explendor

hombre templo has de atender,

Ha, cuán inmenso poder

deve de tener su autor.

Las Virtudes cantan y los dos representan

Autor.

Y ya que en gracia criado,

este templo constituido

Ptog. 9

Dale unas llaves doradas.

Autor.

A mis virtudes vestido

quedas hombre, y adornado

para asistir colocado

en el ameno confín

de mi Paraíso a fin

de que te haga más hermoso

el deleitable, frondoso,

recreo de su jardín

Si has de ser entendimiento

de tus obras celador

dando la ronda al rigor

la vela al conocimiento

de albedrío postrario asiendo

le has de abrir, le has de cerrar.

las llaves toma, y a obrar

empieza como quisieres

pues árbitro solo eres,

del placer, y del pesar.

Y para que el tiempo diga

si a corresponder te mueves,

hombre a lo mucho que debes

a mi amor, y a mi fatiga,

solo a que guardes te obliga

un precepto mi amistad

pues si tu fragilidad,

ajenos Dioses no admite

tú verás como compite

con mi poder mi piedad.

No ociosa Idolatría

profane tu corazón

Demonios no Dioses son,

pues, Hombre, de ti desvía

Demonios, o Dioses, y fía

de mí tu estabilidad,

yo solo soy tu deidad,

y aunque me voy no te olvido,

Juez seré, si Padre he sido.

Autor.

mira en verdad que en verdad.

(Vase)

Música.

Que para no obscurecer

su primitivo esplendor

Hombre templo has de atender

a cuan inmenso poder

debe detener su autor.

(Dale el hacha)

Hombre.

A atenderle, y porque vea

al cuido de su observancia,

vamos a mi nueva estancia,

y tú de mi obscura idea

bellísima luz Febea.

alumbra mi planta.

La Luz.

¿Quién

mejor que yo lo hará?

Las 2.

Ven con nosotras.

Entendimiento.

Ven tras mí.

Hombre.

¡Felice yo!

Todos.

¡Y ay de ti,

si olvidas, ingrato al bien!

Con esta repetición se van, y por el otro lado sale escuchando la Ruina como en transe de culpa y repitiendo la Música.

Música.

Que para no obscurecer &ca.

Ruina.

Hombre Templo, ¿no dijeron

las voces que se escucharon

y cuando huyendo sonaron

menos sonaron, que hicieron?

No, que fantasía fueron

de mis recelos atroces;

mas ¡ay!, que como veloces

sonarán ecos mentidos

si se abrasan mis oídos

desde que encienden sus voces?

¿Qué es esto, altivos enojos

que oye, y mira mi altivez?

¿Quién me ha pasado esta vez

el veneno hasta los ojos?

¡Ay! que eficaces antojos

son

Ptog. 10

Ruina.

son los de recelo igual

si apercibidas del mal

hago visible el dolor

aunque me varíe el ardor

a derretir el cristal.

No es aquel el hombre, ¡ah!

que en frase de Templo va,

pues ¿quién le hizo Templo ya?

Pablo lo dirá por mí,

cuando al corintio hable así:

¿por ventura ignoráis que

Templo vuestro cuerpo fue

de Dios? (¡Ay de mí infelice!)

que verdad que Pablo dice

hace fe, porque es de fe.

Pero si ruina fatal

he sido, he de ser, y soy

¿cómo contra el Templo yo

no esgrimo mi horror mortal?

Si en su ruina universal

mi mayor victoria fundo

aire leve, mar profundo

escuchad mi rabia fiera

pues para que el Mundo muera

empiezo a hablar desde el mundo.

¡Oh, Tú, en las profecías de Ezechiel

hijo del Aquilón viento fatal,

preñada nube de granizo, y lluvia

que arremolinos desperdicia el mar!

¡Oh, Tú, que de la Tierra en Jeremías

naciste en la profunda infinidad

porque en Job, tenebroso horror posea

de común culpa noche universal!

¡Oh, Tú, furor de Dios en otro texto

y al tercero de Amós, contra Galaad,

demoliendo las casas de Merchan,

estrago de los muros de Rabba;

Huracán.

Sale Huracán.

Huracán.

Ya a tus voces de la oscura,

cóncava gruta mía salgo, y sea

que en bien del mundo alguna vez obro

por preceptos de Dios, el Huracán

pues por él hablé a Job, y elevé a Elías

por si aquel bien mudándose, y en mal

puedo servirte, sepa qué me quieres.

Ruina.

Óyeme a mí que presto lo sabrás:

¡Oh, Tú, del glorioso Terno, temblor fácil,

vaivén infiel, escándalo tenaz,

Tú que citado cuatro veces eres

en las visiones místicas de Juan:

La primera, la vez que el Sexto sello

abrió el cordero, y diurno luminar

el sol, pizarra ardiente de la esfera,

cortó la luz, y ensangrentó la faz.

La segunda, cuando Ángel obsequioso

dio al incensario el fuego del Altar,

y ante el Trono de Dios, bastarda trompa

respiró otra segunda tempestad.

La Tercera, la vez que devorando

la séptima porción de la ciudad

siete mil vidas sepultaste en sombras

que alumbraron las ruinas de Datán.

La Última, cuando contra Babilonia

obraste más airado al derramar

en manos de obediente Querubín

fiala ardiente el rígido alquitrán.

Terremoto.

Sale el Terremoto.

Terremoto.

Sus voces, y mis señas, Ruina

Ptog. 11

Terremoto.

Ruina comun, a averiguar me train

mi nuevo empeño, Sepas que me quieres?

Ruina.

Que trueques el herir al escuchar.

Ferr.

Di, que ya te oigo.

Ruina.

Oh, tu que a la Tierra

liquidas plagas prevenida estas

si al Genesis consulto parases

ruina de Adan, si delinquiere Adan

Bienes entumecida de las ondas

cuya colera supo pertinaz

concebir obediencias a la arena

para abortar motines de cristal:

Inundación?

Sale Inundación

Inundación.

Si de tus iras soy

Ministro undoso, liquido parcial

como faltarte puedo? Que me ordenas?

Ruina.

Que dudes menos, si me escuchas mas.

Oh, tu que en encendidas culebrinas

quiza en favor de algun Propheta, alta

Junto al mentido altar de Belzebu

abrasaste los hijos de Mohab.

Tu que airado Elemento de centellas

polvo hiciste al intrepido volcan

a imitacion infausta de Acharon

las casas de Azael, y Benadad:

Incendio?

Sale Incendio

Incendio.

Quien te ha dicho que podra,

oh Ruina, oh culpa, mi furor faltar

de tu lado, si al tragico eslabon

chispa me sacudio tu pedernal.

Que es pues lo que pretendes del incendio?

Huracán.

A que fin conjuraste al Uracan?

Terremoto.

Contra quien se conspira el Terremoto?

Inundación.

A quien la Inundación, ha de anegar?

Los 4.

Contra quien vamos?

Ruina.

Contra el Hombre Templo.

Los 4.

El Hombre templo?

Ruina.

Si.

Los 4.

Como es capaz?

Ruina.

Como si vuelvo a referirlo, Job,

que es de Dios templo el hombre afirmara

comprada alaja en infinito precio.

Terremoto.

Pues que te puede a ti Ruina importar

que sea templo, oh no si Dios no ha dicho

que ha de vivir en el.

Ruina.

Si ha dicho tal,

pues alla en su Levitico, el Justo

hablando, el mismo Dios, que habitara

en el dijo.

Huracán.

Y de que sabes que el hombre

es Justo para que aya de vastar

a vivir Dios en el?

Ruina.

De que respira

candores de la gracia original,

discurriendo en ameno Parayso

de este Jardin.

Incendio.

Espera que ahora en mas

dudas vacilo; como culpa, oh ruina

(si es la primera precisa calidad

para ser permanente el que sea firme)

cabe que sea templo el que va a dar

a la inconstancia gris del libre albedrío

de un sitio en otro va?

Ruina.

Como ademas

de que edificio mistico no viste,

ceñido a la razon de material

aquel

Ptog. 12

Ruina.

aquel que en lengua hebrea dijo Templo

hecal dijo.

Incendio.

Pues bien, que dice hecal?

Ruina.

Para provar que es fixme siendo movil

dijo rayz, potencia, y dignidad

de Dios; y si el hecal buelto en Ahel

cava construyo, que ay tambien deja

Templo movible, pues sobre Ezechiel

aqueste nombre sacra pluma da

de Riego, Tabernaculo.

Terremoto.

Esta bien;

mas que toda esa gloria embargara

si Terremoto infiel de tus exrrores

declarado enemigo hago temblar

en mortales delizios la exterior

fabrica, para ruina corporal?

Inundación.

A fin de que otra vez prevaricado

mi inundacion anegue pertinaz

su ser a ansias, dolores, y fatigas

pues nadie duda que en agua esta

cifrada la infeliz tribulacion.

Incendio.

Y cuando tu no logres desquiciar

su fragil extructura aqui estoy yo

que incendio vivo en llama inmaterial

descubriré su estrago en su ceniza.

Huracán.

Para que yo despues pueda llevar

en polvo su memoria Uracan fiero

que envuelve eterna el abrego infernal.

Dentro ruydo de bayles y instrumentos

Ruina.

Solo esso espero, y porque no salgamos

del concepto, su estrago, su pesar,

su muerte en fin, en necia Idolatria

persuadira comun Gentilidad

Pues si otra vez mudando yo el trage

entro en su Parayso, y en triumphal

carro, aplaudida de vosotros logro

que me venere el hombre por Deidad

de la misma fortuna que padece

Yo avitare su Templo, pues me dan

su auxilio en otras coleras parciales

en el viento uracan su vanidad

en el fuego, ó, Incendio su amor propio

en el agua al gemir, y al fluctuhar,

inundacion su misera inconstancia

Y en la Tierra Temblor original,

ó, Terremoto infiel la desconfianza

necia de su mentida eternidad.

Y pues esta alegria nos incita

con mas prisa al empeño, a derribar

culpas del hombre fabricas del cielo.

Terremoto.

De mi esa?

Inundación.

Presto lo veras.

Huracán.

Y yo, contigo.

Incendio.

Quien contra mi enojo?

Ruina.

Nadie, pues nadie basta a contrastar

nuestro poder, y porque de mi astucia

a obrar empieze el toxigo falaz

entanto que de magicos ecos

prevengo el triumpho, a que ha de ver entrar

Ruina, culpa, deidad, mujer, y sierpe

mi unica embidia, en jubilo solaz

bayle, y festin mentido, id repitiendo

al eco de finjida suavidad.

Ellos representando a la Musi. dentro se van y por otro lado, sale el Entendimiento deteniendo al Alvedrio

Cor. y Musi.

La Diosa de la fortuna

en hora dichosa venga

a avitar el Templo vivo

de la desocupada esfera.

Porque solo ella

puede hacer dichosa la naturaleza.

Entendimiento.

Donde vas?,

despiertan

Albedrío.

En seguimiento

destas voces que alagueñas

Ptog. 13

Entendimiento.

despiertan mi atención.

Albedrío.

Ay

que duermen más que despiertan.

Y con qué impertinentes

marrullerías pretendes

detenerme, pues no vivo

tan rústico, que no quiera

celebrar el que al umbroso

coto de aquesta floresta

El y Todos.

La Diosa de la fortuna

en hora dichosa venga.

Entendimiento.

¿Y qué piensas, Albedrío,

que es dicha, y no es sino pena

pues es fuerza, que si falta

al precepto que le deja

impuesto su dueño, el hombre

delire, perezca, y muera,

se fabrica, y para que

muera, delire, y perezca

basta el ver que esta mentida

engañosa Deidad llega.

El y Todos.

A habitar del templo vivo

la desocupada esfera.

Albedrío.

Bueno es esto, Señor mío,

si usted en sus juicios piensa

filosofar de poquito,

que no hay más que serlo yerra.

Pues a hacerle más rico

áspero no me detenga.

El y Todos.

Porque solo ella,

puede hacer dichosa la Naturaleza.

Entendimiento.

¿No has de ir?

Albedrío.

Bueno es esto, ¿pues

(pues sabes bando) genera

interior lucha, no tienes

más armas, más resistencias

que persuadir?

Entendimiento.

Sí.

Albedrío.

¿Pues cómo

hace la persuasión fuerza

estorbándome que vaya

yo donde gustare? que ha

de traer, al hombre intento

noticia, pues la desea,

de qué aclamación, y Triunfo

y qué deidades soberanas,

que en el fértil Paraíso

a un repitiendo entran.

Con la Mus.

El y Todos.

La Diosa de la fortuna

en hora dichosa venga

a habitar del templo vivo

la desocupada esfera.

porque solo ella

puede hacer dichosa la Naturaleza.

(Vase,

Entendimiento.

Ya se va, y ¡ay de su dueño

si curiosamente ciega

su instabilidad malogra

su constancia!; pero vuelva

a llamarle por si acaso

le reduzgo, aguarda, espera

Albedrío, y mira que

operativa potencia

del hombre en su mano está

su bien, o su mal.

(Sale el Hombre, la Luz y las Virtudes.

Hombre.

Apenas

sobre sí vuelve mi Albedrío,

está, mi guarda a su cuenta,

cuando con el albedrío

desavenido comienzas

a reñirle?

Entendimiento.

Sí, que son,

las complexiones opuestas

Ptog. 14

Entendimiento.

de estos genios y temo

que es locura.

Hombre.

No temas

que mientras de aquesta antorcha

la luz me ilumine, es necia

tu desconfianza.

La Luz.

Es que el

entendimiento quisiera

pues le ve al anhelo viva,

no verla al aviso muerta.

Hombre.

Adivinar el estrago

es recelar que suceda,

y pues en mi habitación,

de música, bailes y fiesta

voces se oyeron, sepamos

quién su dueño es.

Prudencia.

No lo sepas,

porque en no pensar saberlo

te va más de lo que piensas.

Hombre.

¿En enigmas me hablas?

Entendimiento.

¿Cuándo

son dudas las evidencias?

Hombre.

Cuando queriendo ignorarlas

yo, disimulo el saberlas;

y pues me estorbas que vaya

yo a averiguarlo, aún me queda

modo de saberlo.

Entendimiento.

Advierte.

Prudencia.

Mira.

Justicia.

Arguye.

Templanza.

Considera.

Fortaleza.

Repara.

Hombre.

Nada hay que arguya,

mire, considere, advierta,

ni repare, el día que solo

mi intento es saber quién sea, quién

quién sin mi licencia al coto

de mi deliciosa selva

osa entrar.

Sale Mue.

Mue.

Solo diré,

pues solo servirte intenta

el que te avisa, de cómo

la fortuna deidad nueva

del mundo, es que adornada

de joyas, plumas, y telas

en triumphal carro a tu vista

para visitarte llega,

y hacerte feliz, y así

para que a deidad tan bella

correspondas a encontrarla

ven, y a rogarla que quiera

huéspeda de tus pensiles

durar contigo en estrecha

amorosa unión, mas para

qué la has de buscar, si ella

entre el ruido pastoril

de albogues, y castañetas

dice con las mismas voces

que cantando la celebran.

Salen delante cantando, y bailando la Envidia, la Gula, la Ira, la Pereza, detrás en el mismo trage la Inundación, el Terremoto, el Huracán y el Incendio como tirando de un carro triumphal, en que vendrá la Ruina vestida a lo Romano con una copa en una mano, y en otra un hacecillo de espigas, y un pie puesto sobre la rueda que viene al pie del carro.

Todos.

La diosa de la fortuna

en hora dichosa venga,

a habitar del templo vivo

Ptog. 15

Todos.

la desocupada esfera,

pues solo ella a la naturaleza

puede hacer dichosa.

Hombre.

¡Bellísima perfección,

perfectísima belleza,

en cuyo riesgo apacible

aun es la muerte halagüeña!

Si es verdad que la Fortuna

eres, como lo demuestran,

en haz florido la espiga,

en listada copa el néctar,

ya preceptos del coturno,

parada al curso la rueda,

dime (para que la duda

no martirice la ofrenda)

¿qué buscas y qué me quieres?

que nada habrá que tú quieras

de mí, que no lo consigas;

pues, desde que sin que te vea

bien, anda mi libertad

queriendo que no la tenga.

La Luz.

Racional fábrica viva,

en que por más excelencia

pasaran hermosa forma,

vaso tan ruda materia.

Porque no mi ser ignores

la Fortuna soy, aquella

reverenciada Deidad

del orbe, pues mi influencia

para repartir los bienes

predomina las estrellas.

Este cristal, cuya copa

precioso licor encierra,

pues brindis a los sentidos

ámbar brota, y rubí ostenta.

Y esta de dorados granos

fiel primicia de la segur,

por mí lo digan, pues siendo

adorno, culto, y emblema,

de mi estatua la abundancia

de mis abundancias prueban

quizá para que de todas,

mis dichas, mis opulencias

centro sea tu fortuna.

Si agora decido (a que es fuerza

de mi amor se busque fin,

que los melindres de bella

acusen a mi hermosura

excesos de mi fineza)

permites, que de tu Templo

Soberana Deidad sea,

pues nada te está mejor

que franqueándome las puertas

del corazón, admitirme,

a que todo sea en tu esfera

gozo, júbilo, ventura,

aplauso, amor, y riqueza.

Hombre.

Demás de que sin verdad

inútil, cuanto arriesgada

vive la fábrica excelsa

de tu alto ser, y pues que

dentro de tu casa mesma

tienes el bien, mira cómo

le admites, o le desprecias.

La Luz.

Llevando sabido, que

si enamorada se acerca

la fortuna afable, puede

ser, si los afectos truecas

Ptog. 16

Ruina.

que despreciada se olvide,

y ai del hombre en las miserias

del mundo, de quien celosa

la fortuna no se acuerda.

Incendio.

Bien le persuade.

Inundación.

Eso dudas

si ruina, y lascivia mezcla

en yras, con que destruye,

caricias con que deleyta?

(Suspenso el Hombre)

Terremoto.

En qué discurres?

Huracán.

Qué dizes?

Los 5.

Qué respondes?

Entendimiento.

Que se buelva,

pues nada menos que en ser

habitación suya piensa

el Hombre Templo.

La Luz.

Y más cuando

si a buena luz lo contempla

no ay más fortuna, que Dios.

Las 4 Virtudes.

Y cuando engañado quiera

él admitirte, nosotras

lo estorvaremos, pues fuera:

Templanza.

Embriagarse la Templanza.

Fortaleza.

Rendirse la Fortaleza.

Justicia.

Sobornarse la Justicia.

Prudencia.

Y delirar la Prudencia.

Los 5.

Y así puedes...

Hombre.

No en mi agravio

os declaréis tan apriesa,

pues esso es querer que mande

quien solamente aconseja.

Albedrío.

Añade el que sea dicha,

o, desdicha la más cerca

de cosa que a ti, y así

por ti obra, sin que dependas

de otro que de tu alvedrío.

Hombre.

Tesóro, Alvedrío, aciertas

a darme gusto.

Ruina.

De suerte

que ingrato a las dulces tiernas

persuasiones mías, dudas

lo mismo en que te interessas?

Hombre.

No dudo tal, que el pararme

suspenso en dicha tan nueva

más es de amante admirarla

que de omisso desazerla;

mas no quisiera que ayrado

mi Artífice al ver que quiebra

mi fee aquel precepto, en que

agenos dioses me ordena

no admita, me destruyesse.

Ruina.

No ves que esa en tu obediencia

es mayor culpa, pues porque

divinizado no puedas

ser también Deidad, el uso

de las Deidades te veda.

Hombre.

De suerte, que como Dios

seré, si en lazada estrecha

de amor contigo me uno?

Inund. Urac.

Se vee?

Incen. Terr.

Quién lo duda?

Hombre.

Pues ser como Dios elijo;

y cuando el efeto mienta,

pues sin ti nada se gana,

contigo todo se pierda.

Los 6.

Qué haces, hombre?

Hombre.

Qué? elevarme,

a la Soverana ciencia

del bien, y el mal; y porque contigo

Ptog. 17

Hombre.

contigo el mundo me vea,

parte conmigo, Fortuna,

el trono, donde en eterna

feliz amistad, adore

tu deidad.

Abu.

Esto me alegra

vívase lo que se viva,

y muérase quien se muera.

Inundación.

Por lo menos su albedrío

ya está de la banda nuestra.

Huracán.

¡Oh, cómo el descuido ignora

que hacia su ruina se acerca!

Ruina.

¿En qué te detienes? Sube.

Prudencia.

Antes que a su trono ascienda,

estorbaré el que engañado

deidades admita ajenas.

Luchando en una punta del tablado.

Huracán.

No harás, porque el Uracán

de la vanidad que engendra

la esperanza de ser, como

su autor, sabrá con violentas

ráfagas de aire impedirte

voz, y acción.

Prudencia.

¿Por qué me hielas?

¿me ahogas, me pasmas, me afliges?

Huracán.

Porque quede la Prudencia

de la vanidad esclava.

En el lado contrario luchan los dos.

Templanza.

¿Qué importa que aunque enmudezca

ella, sabrá la Templanza

embarazarle el que exceda,

al precepto el coto?

Incendio.

No

hay templanza que lo sea,

cuando el propio amor incendio

del alma, la abrasa.

Templanza.

Suelta,

que en encendidos alientos,

ardes, abrasas, y quemas

que me abraso.

Justicia.

Aunque ambas ruinas

me asisten, la que me espera,

en ser Justicia me fundo

para que en razón proceda

estorbando el daño.

Luchando.

Inundación.

Aparta

sino es que morir deseas

al colérico diluvio

de mis aguas, cuyas crespas

ondas (símbolo traidor

de la codicia sedienta,

con que el mar sorbe los ríos)

lograrán que no parezcas

Justicia, sino pasión.

Justicia.

Si la avaricia me anega

del hombre, qué mucho, que

inundada entre miserias

vague, fluctúe, y me ahogue.

Entendimiento.

Nubes, cielos, ¿vio tan opuesta

interior lucha de afectos?

Fortaleza.

Ya que quedó la porfía

al aviso, en el aviso

conocerán cuánto es fuerza

la fortaleza a los medios.

Luchan.

Cae la fortaleza.

Terremoto.

Esto fuera, si no hubiera

terremoto, a cuyas iras

verán cómo titubeas

cuando en trágicos temblores

porque caigas te estremezcas.

Fortaleza.

Qué mucho, que a tierra caiga

obra que se hizo de tierra.

Entendimiento.

Templo, mira, que tus cuatro

contrarios te arruinan.

Hombre.

Tierra,

cansada

Ptog. 18

Hombre.

cansada decrepitud

déjame ya, y no pretendas.

Entendimiento.

Que?

Hombre.

Que hollado de mi planta

haga de tus advertencias

escalon, para que al trono

suba.

Cae a los pies del Hombre Entendimiento, que le pise subiendo al carro

La Luz.

No de esa manera

te escapes, y de mi antorcha

los reflejos aprovecha.

Hombre.

Que mas luz, y esta hermosura

q ue mas ardor, que esta hoguera?

Albedrío.

Dices bien, q ue hare bien,

si para que no nos venga

a la vez, con otro embuste

se la despavilo.

Traba el albedrío la antorcha

llora

La Luz.

A ciegas

anda, q uie n vive temiendo

la luz de su gracia muerta.

Albedrío.

Esta es, fortuna, la llave

del templo, en el templo entra

y mandale de libre arbitrio.

Ruina.

Cuantos aluedrios, piensan,

q ue es la fortuna la q ue hallan

y es su ruina lo que encuentran.

Mas para que no se escapen,

estas mal logradas prendas

de q ue aun rendidas, negaron

a mi culto la obediencia

al yugo de este carro mio

las atad, y como fieras

sientan, padezcan, y sufran.

Huracán, Incendio, terremoto y Inundación

Los 4.

Sufran, sientan, y padezcan,

pues tu lo mandas.

Las 4.

Que importa, que

que padezcan, sufran, sien-

tan

si de esta suerte el suspiro

dixa al compas de la pena:

Asidas las 4 virtudes de las cintas del carro, dicen.

Representa el Entendimiento, cantan las 4 y la luz.

Luz y las 4.

Divino Autor, piedad,

piedad, clemencia;

q ue la malicia triunfa

de la Inocencia:

Los 4. vicios.

Para q ue envidia alegria

no haga escandalo riqueza

el dia q ue triumphan.

Ira.

Ira.

Envidia.

Envidia.

Gula.

Gula.

Pereza.

Y Pereza.

Los 4.

En nueva salva repitan

las aclamaciones nuestras.

La Ruina, el Hombre, Aluedrio y los 4.

Los 7.

Si a habitar la fortuna

su templo empieza

venturosa la humana

naturaleza.

Hombre.

Eso si, de la fortuna

aplaudid las excelencias.

Ruina.

Presto vereis cuán cercanos

viven Júbilo, y tragedias.

Los 4.

Afuera, ya hemos vencido

pues tu albedrío confiesa.

Ellos 7.

Si a habitar la fortuna &c eter a

Las 5.

Q ue al cielo lleguen las voces

llorosamente alternan.

y la luz y las 4 virtudes.

Can.

Divino Autor, piedad,

piedad, clemencia;

que la malicia triunfa de la inocencia.

Ellos 7.

Si a habitar la fortuna &c eter a=

Con esta repetición se esconde el carro, y sale el frontispicio

Ptog. 19

Fe con una tabla dorada en la mano.

Entendimiento.

Pues de la gracia el día

se ausenta, empiece de la noche fría

de la culpa el espanto

y en las medrosas luces de su manto

alumbren solamente

segundo caos, cuyo horror.

La Luz.

Detente

hollado entendimiento

no vengativo arrojes el aliento

que si es contra la ciencia agravio

piadosa es fuerza ser, quien fuere sabio.

Entendimiento.

Pues ¿qué consuelo dejas

a mi dolor?

La Luz.

Aprovechar las quejas

(Levántase.)

Entendimiento.

Antes, ¡oh malograda luz primera!

pues ultrajado, de su saña fiera

mis oprobios lamento

fingir bastase mi conocimiento

a disuadir su daño

dejándole en los brazos del engaño

para fin más funesto

huyendo de él, he de ir.

Sale ahora el Artífice.

La Luz.

Mira.

Artífice.

¿Qué es esto?

Entendimiento.

¿Qué ha de ser (¡ay de mí!) sino que al verte

veo en tu enojo palpitar mi muerte

y pues del hombre templo la inconstancia

su Entendimiento fui, me hizo ignorancia

mal informarte puedo,

porque al temor, al susto, al pasmo, al miedo,

de saber que a pedirme cuenta airado

vienes del templo, prófugo, y turbado,

absorto, y descompuesto,

de ti, y del Sol me escondo.

(Vase Enti.)

Artífice.

Luz, ¿qué es esto?

La Luz.

¿Tú lo ignoras?

Artífice.

No; pero solicito

ver si en tu queja enmiendo su delito.

Canta en tono de recitativo la Luz.

La Luz.

Pues esto es, Arquitecto Soberano

haber caído en tierra el templo humano

del hombre, pues injusto, loco, y ciego

de incendio propio, al amoroso fuego

de huracán vano, al viento fementido

de temblor frágil, al infiel descuido

y de avarienta inundación, al seno,

ajeno Dios, admite, y traidor dueño

mi luz le deja, muerta al soplo airado

de su aleve vacío, dejole ultrajado

también su Entendimiento,

y si más señas duplicar intento,

díganlo aquellas voces

que tristes dicen para herir veloces

Las Virtudes dentro cantan.

Piedad divino amor,

piedad clemencia

que la malicia triunfa de la Inocencia.

La Luz.

Las virtudes, Señor, con que piadoso

le hiciste fuerte, y le criaste hermoso,

esclavas yacen en poder ajeno,

pues al odio mortal, traidor veneno

de adorada hermosura

lisonjas bebe, y lástimas apura.

Pecó el hombre, Señor, pues la engañosa

promesa cautelosa

que en vino, y pan le prometió abundancia

rindió con pan y vino su constancia.

hasta que tu divino

poder le reedifique en pan, y vino.

Y pues su ceño airado

arguye ya el error de su pecado

Ptog. 20

En la página izquierda hay anotaciones: "fue descuy do ; pero no falta nada.", "arguye y ael error demi pecado" y el reclamo "de tu vista".

La Luz.

de tu vista permite que me ausente,

donde triste lamente

tu tragedia infelice,

con este llanto que sonoro dice.

Ella y las Virtudes.

La Luz y las Virtudes.

Divino amor piedad &c.=

Vase.

Artífice.

De suerte templo ingrato,

retrato mío, aunque traidor retrato

que mi precepto olvidas,

y de soñadas glorias fementidas

yaces rendido, vives profanado

en noche infiel de original pecado.

Ansí agradeces fácil a tu ruina

que en el sagrado monte, el alto Sina

de mi divinidad tu bien procura

cuando porque tu dicha se asegure

cincel mi dedo en leyes que te intima

en tabla de oro mi piedad imprima?

Qué otra suerte pretendes engañado

que vivir en mi gracia colocado

en candor puro, en yugo venturoso

hasta que yo piadoso

tu duración labrase? ingrato fuiste

bárbaro obraste, injusto procediste

contra mi fee, mi amor, y mi cuidado

ya me pesa de haberte edificado.

Pero si a mí me pesa, y tu castigo

está en mi mano, que perezca digo

el templo sin que quede en plazo breve

vestigio humano de su barro aleve.

Y pues menor Moisén del monte eterno,

en que árbitro del sol, al sol gobierno

del mundo, bajo al valle

donde del hombre el yerro hace que halle

culpas de idolatría, mi ira llegue,

las tablas rompa, los preceptos niegue, pues

Ptog. 21

Artífice.

pues en miseria tanta

cómo guardará diez, si uno quebranta.

Y pues borrar intento

la misma obra que yo hice, empiece el viento

a ejecutar su mísero despojo.

¿Inundación?

Sale Inund.

Inundación.

¿Qué quieres de mi enojo,

Divino Artífice?

Artífice.

Que

rasgando al precepto mío

las celestes cataratas

en rápidos torbellinos,

primero de viento, y polvo,

y después de agua, y granizo,

el mundo anegues.

Inundación.

Si soy

de tu Justicia Ministro,

y me está también que muera

el hombre, contra el delito

de mi universal diluvio

los ceños, crezcan los ríos,

a ser mares, y los mares

sin reconocer dominio

al coto del margen, pisen

la vanidad de los riscos,

cuando todo golfo el campo

a impetuosos precipicios

un remolino se vaya

sorbiendo a otro remolino.

Artífice.

Esto sí: perezca el hombre,

pues lo tiene merecido

su infidelidad, y tú

cuarenta días continuos

prosigue en tu horror formal,

que entre el mísero conflicto

de su última ruina, el mundo

clame diciendo a gemidos.

Hombre.

Fortuna, ¿cómo me dejas

en las manos del peligro?

Ruina.

Como si desgracia soy

no de fortuna.

(Atraviesa el tablado.)

Hombre.

¿Albedrío?

Albedrío.

Amigo, en los riesgos no hay

más voluntad que el destino.

(Atraviesa)

Hombre.

¿Entendimiento?

Entendimiento.

Yo bien

quisiera al verte afligido

aliviarte; mas por mí

solo, no vas tú a tu alivio.

(Atraviesa)

Hombre.

¿Todos me dejáis?

Salen las virtudes.

Virtudes.

No todos,

que aunque indignados contigo

esté su Artífice, aun puede

llegar su queja, a su oído.

¡Qué asombro, qué horror! ¡Qué espanto!

Hombre.

Clemencia, cielos divinos.

(Arrodillado)

(Cantado)

Cantan las virtudes.

Virtudes.

Vuelve, Señor, los ojos

al templo vivo,

y serenando el ceño

suspende el juicio.

Prudencia.

Es verdad que ignorante

menospreció mi aviso

y del precepto

fue origen del delito.

Templanza.

Mas para que se mude

desde airado a propicio.

Las 4.

Vuelve, Señor, los ojos

al templo vivo &c.

Fortaleza.

Clamando a tus piedades

desde el profundo abismo,

solo tiene su aliento

que salga en el suspiro.

Justicia.

Pues su queja amorosa

te merezca benigno.

Ptog. 22

Las 2.

Y serenando el ceño

suspende el juicio.

Fortaleza.

Bien sabes cuán en vano

trabajan los arbitrios

si tu misericordia

Justicia.

no guarda el edificio.

Pues tú eres dueño

del perdón, y el castigo.

Las 2.

Vuelve, Señor, los ojos

al templo vivo.

Templanza.

Confiesa, pecó solo.

su barro quebradizo

disculpando en lo frágil

el yerro atrevido.

pues a tus compasiones

se acerquen sus gemidos.

Las 2.

Y serenando el ceño

suspende el juicio.

Artífice.

Vosotras que al vano instinto

escandaloso delirio

de mi culpa esclavas fuisteis

del carro del apetito

trocáis la venganza en premio

la indignación en cariño,

y en vez de alentar el cargo

le figuráis el motivo.

Las 2.

Sí, porque aun desde el desprecio

es fuerza hacer nuestro oficio.

Artífice.

Pues séame este amago

dulce sonoro atractivo

de mis piedades, el que

vea el mundo suspendido

del látigo poderoso

el azote vengativo.

Viva el templo, viva el hombre

y uno de los desperdicios

de esa tabla, arca pequeña

le saque a tierra, en sí mismo

cuando arco, oliva, y paloma

sean prósperos, testigos

de que aplacado el diluvio

el género humano libre.

Él y Mús.

Y serenando el ceño

suspende el juicio.

Sale la Ruin.

Ruina.

Qué mudanza es esta, cielos,

pues cesando de improviso

la trágica inundación,

del templo desvanecido

despliega un arco celajes,

rojos, verdes, y pajizos

a tiempo que el abrasado

viene de un (tiemblo al decirlo)

sale de un (muero al mirarlo)

de un madero, y a lo hechizo

del arte que aliento, abrazo

en la voz con que lo digo.

Quién de tan raro portento

me informará?

Sale Bue.

Bue.

Salto, y brinco

de contento, pues ya puedo

volver a mi tema antiguo

del vivamos y que luego,

sin saber lo que tuvimos

será lo que Dios quisiere.

Ruina.

Artífice peregrino,

qué suspenso?

Artífice.

Di que estoy

mirando desde mí mismo

la ingratitud, con que ha

de pagarme el beneficio.

Prudencia.

Llorando su segunda ruina

temiendo estoy.

Ptog. 23

Ruina.

¿Albedrío?

Albedrío.

¿Quién va allá?

Ruina.

Pues de la orilla

el margen busca tranquilo

su dueño, démosle entre ambos

amparo, puerto, y abrigo,

en que descanse.

Albedrío.

Por mí

vaya, que yo solo aspiro

a que haya a quien hacer mal.

Dentro el Hombre los primeros versos, y saliendo en cuerpo asido de una tabla, cae en los brazos de la Ruina, y el Albedrío.

Hombre.

Frágil tierra, tosco limo,

pues me formaste animado,

y segunda vez nacido

me admiro entre gentes.

Albedrío.

Despacio

que aunque parece individuo

es género, y espera mucho.

Hombre.

¿Dónde, cielos, ha caído

mi nuevo ser?

Ruina.

En mis brazos.

Hombre.

¿Quién, sino tú, hermoso hechizo

de mis sentidos, pudiera

ser centro de mis sentidos?

Ruina.

¿Como si soy tu fortuna,

extrañas, que del peligro

te saque libre en mis hombros?

Hombre.

Ni lo extraño, ni lo admiro,

que ya sé, hermosa deidad,

cuán por tu cuenta ha corrido

mi seguridad.

Artífice.

¡Qué yerros

están común en el siglo

lo que hace la Providencia

atribuirse al destino!

Ruina.

Y pues ya de la pasada

tormenta ves librado

a tu primer ser, segunda

vida cobras, ven conmigo

donde de mi amor premiado

te repares.

Hombre.

Si consigo

tan alto favor, fortuna,

nada quiero, nada pido

que ser tu esclavo no sea.

Ruina.

Segunda vez te domine,

Hombre, Templo, hasta lograr

de su postrero precipicio.

Albedrío.

¿La tabla dejáis?

Hombre.

Pues qué

después de un bien conseguido,

sino espera, que otro le haga

se acuerda de quien le hizo?

Coge la fortaleza la tabla.

Fortaleza.

Quien recoge la memoria

para lograr el alivio.

Albedrío.

Hombre de este siglo eres tú.

Ruina.

¿No me sigues?

Hombre.

Ya te sigo,

adonde de tus parciales

cortejado, y asistido

otra vez te dé las gracias.

Albedrío.

Que te dio las gracias dijo.

Ruina.

Y aun por haberlas gastado

sé yo que las ha perdido.

Vanse, y queda llorando el Artífice.

Vícti.

¿Llorando quedas, Señor?

Artífice.

Aunque de mi ser divino

no es afecto propio el llanto

al ver de su ingrato olvido

el injusto desdén lloro

las ruinas, en que le miro.

Templanza.

Quién al verte así, podrá

no conocer cuán herido

se...

Ptog. 24

Templanza.

su amor detiene?

Fortaleza.

Y pues no hay

mientras el arrepentido,

su error no conoce, acción

a otra súplica.

Justicia.

Con irnos

mostraremos cuán confusas

nos dejan sus devaneos.

Prudencia.

Mas por si acaso el diamante

se deja herir del martillo

a lo largo seguiremos

su planta.

Car.

Y de contino

adelanta el tiempo al tiempo,

pues el tiempo ha de decirlo.

Artífice.

¿Hasta cuándo, Templo ingrato,

hasta cuándo, hombre atrevido,

has de tapar las orejas

para no escuchar los silbos?

¿Posible es que tan peremne

manantial de beneficios

en vez de fecundar rosas

han de producir espinos?

Si en mi clemencia te fías

ábremela, que el camino,

que a ti sin ti no te salva

quien a ti sin ti te hizo.

Pero, ¡ay, amor! que no hay fuerzas

en todo lo que le estimo,

aun siendo él el más aleve,

para no ser de él más fino.

Planta nueva ha menester

esta obra, y en nuevo estilo

de fábrica a sus cimientos

porque se destruyan vicios.

Esto ha de ser, Piedad mía,

bajemos,

bajemos al fementido

taller del Mundo, buscando

el material a su alivio.

Y de tu culpa obscura

noche fría, dame abrigo

aunque en un establo sea,

para que desconocido

del mismo, me disfrace el mismo.

Al irse a entrar sale el Huracán

Huracán.

Ignorado peregrino,

¿qué eres? y ¿dónde vas?

Artífice.

Si como humano es preciso

que te hable; un extranjero

Artífice soy, que quiso

a reedificar un Templo

venir, expuesto al prolijo

afán de hambre, desnudez,

cansancio, y sed.

Huracán.

Señor mío,

qué fuera, si el esperado

Arquitecto prometido

en los Profetas en traje

mortal, fuese el que diviso

entre las medrosas luces

de la noche.

Artífice.

Irá que libro

en esta obra la mayor

queja de mi cariño,

déjame pasar.

Huracán.

Sí haré;

pero por si acaso has sido

el que temo, pasarás

entre los enfurecidos

embates de viento, y nieve

tan envuelto, que el vestido

a porfías de los copos

se borde con los armiños.

Pues

Ptog. 25

Huracán.

pues prevenido Uracán

del cierzo te desanimo

porque tu camino tuerzas.

(Embózase)

Artífice.

Por más que el temblor, y el frío

me asalten, naciendo, tengo

de proseguir mi camino,

hasta guarecerme en este

deshecho portal.

Huracán.

De impío,

aleve Uracán te amparas,

embozándote advertido

el rostro?

Artífice.

No, que el embozo

es misterio más que abrigo.

Huracán.

¿Misterio?

(Vase)

Artífice.

Sí, pues amor

que es quien me conduce, quiso

que caminase embozado

para entrar desconocido.

Pues a padecer vengo,

prosigue, Uracán maligno,

el horror de tus horrores,

y verás que en mi cariño

me abraso, y juzgas que tiemblo,

ardo, y piensas que tirito.

Huracán.

Que ardas, tirites, o abrases

qué me importa a mí, si aspiro

solo a que no convalezca

este mortal edificio

ya deshecho, a los embates

de tanto riesgo lascivo.

Y dígalo el ver cuan poco

cuidado el que hayas venido

al mundo nos da, pues hoy,

Ptog. 26

Albedrío.

Desacato cumplimientos,

señores enamorados,

que es trampa de los cuidados

embarazar los contentos,

y solamente armoniosa

diga la música unida.

Él y Mús.

Moradores de la vida,

venid en hora dichosa.

Hombre.

¿De suerte, fortuna mía,

que en mi racional estancia

ferias hace tu ganancia?

Ruina.

¿Por qué lo extrañas, si el día

que hacerte quiero opulento,

al fin, como templo mío,

en que emplee su albedrío

quiero uno y otro talento,

cuando no de sus memorias

deje de venir ninguna?

Ella y Mús.

Al templo, en que la fortuna

hace feria de sus glorias.

Albedrío.

Pues ello, ya que ha de ser,

vive Dios, que he de comprar

para comer de ganar;

si he de ganar de comer.

Y más cuando a un dosel,

en plaza de mercaderes

para vender sus haberes

dicen estos labradores.

Los 2 y Mús.

¿Quién me la lleva, quién me la compra?

1ª Voz y Gula.

El manso cordero.

2ª Voz y Ira.

La flor olorosa.

3ª y Pere.

La tórtola dulce.

4ª y Emb.

La blanca paloma.

Los 2 y Mús.

¿Quién me la lleva, quién me la compra?

Ruina.

Llegad; por si acaso quiere

feriar algo el templo mío.

Sale la Envidia con un canastillo y en él unas palomas; la Ira con otro de flores encarnadas; la Gula con un corderillo, y la Pereza con una jaula, y dentro unas tórtolas.

Hombre.

Con mi gusto y mi albedrío

feriará lo que él quisiere,

que yo pagaré por él.

Albedrío.

Pues el edicto abierto da,

vamos viendo.

Gula.

¿Cuánto va,

que te enamora la piel

del manchado recental,

que dar te ofrezco el primero,

barato?

Albedrío.

Con un cordero,

Gula, se ha de comer mal.

Pero ya que has ofrecido

dar baratos tus placeres,

di, ¿cuánto llevarme quieres

por el cordero?

Gula.

Un sentido.

Albedrío.

Mucho en la venta interesas.

Hombre.

Pues a mi costa ha de ser,

cómprale para poner

a la fortuna las mesas.

Ira.

¿De estas encarnadas flores

no te enamora el color?

Albedrío.

Ésta es vida, y ésta es flor

sin duda por sus verdores.

Cedo, pues que lo han sido

a mi gusto; sépase,

¿cuánto quieres

por las flores?

Ira.

Un sentido,

porque ira que se ensangrienta

no a menos precio las da.

Albedrío.

Pues allá mi olfato va,

si no huele mal la venta.

Ptog. 27

Pereza.

¿Las tórtolas, del amor

símbolo no llevas?

Albedrío.

Sí,

que quiero adular así

al genio de mi señor.

Pereza.

Pues las cogí en el nido

y hoy las vendo a Rufineja.

Albedrío.

Y ¿cuánto valen, Pereza,

las tórtolas?

Pereza.

Un sentido.

Albedrío.

¿Cuál de los que quedan es?

Pereza.

El oído para oír,

cantar a un tiempo, y gemir.

Envidia.

Conque es fuerza, que después

el tacto, emplees en estas

cándidas aves celosas,

con arrullos de amorosas,

Ruina.

Y quejas de deshonestas.

Y a mi rabiosa conquista

cinco sentidos logra, pues

la luz de mi deidad es

catarata de su vista.

Albedrío.

Envidia, hecho el cambio está,

mías las palomas son.

Los 2.

Conque nuestra invocación

a nada tiene lugar ya.

Música.

¿Quién me la lleva,

quién me la compra, quién?

Sale el Artífice con un azote en la mano

Artífice.

¿Quién la ha de llevar, si no

sea el que ingrato advierte

olvidar tan constante

preceptos que impuse yo?

Mas pues sacrílegos dones

hacen entre inmolación

la casa de la oración,

espelunca de ladrones,

Artífice.

salid del templo.

Ruina.

A esta vez

la ruina queda.

Hombre.

Temblando

A dónde iré yo que pueda

en delito tan atroz

incurso no ver al Juez

cuya Justicia me amaga.

Albedrío.

El no la tema, y no la haga

vino pintado esta vez.

Artífice.

¡Salid, salid, mercaderes

del templo, que otra vez repito!

Los 2.

Aunque estar aquí es delito,

paguemos de un placer

el hombre el precio primero.

Albedrío.

Que es pagar pese a su caudal.

Artífice.

Pues la blandura no basta,

bárbaros, baste el azote

con que el azote esgrimido

de mi poder indignado

os echará dél airado.

Hombre.

Con justa causa ofendido

de mí mi Artífice está.

Ruin. y los 2.

Tropezando en mi rencor.

Artífice.

Temed de mi rigor

el duro enojo.

Vanse los 6. y queda el Hombre arrodillado

Albedrío.

Él se va

a matar, y pues yo he tenido

la culpa, no yo la pague.

Hombre.

No, Señor, tu ira me amague

pues ya estoy arrepentido

y a tus pies, si merece

tu piedad, en mi aflicción

logre que mi contrición

escuches afable.

Artífice.

Di.

Hombre.

¡Señor, que he de morir! ¡Sentencia dura!

¡Que has de juzgarme tú! ¡Trance forzoso!

Ptog. 28

Hombre.

Mas ay! que eres tú el Juez, que eres piadoso,

mas ay que soy yo el Reo, y fui tu hechura.

Morir, es desatarse de esta obscura

leve prisión, de este trágico reposo

(mas Morir es hallarse riguroso).

luego hay dos muertes, Juicio, y sepultura.

No del pasmo mortal, el trance fuerte

teme la confusión de mi pecado,

el otro expirar, sí temo, y advierto.

Piedad, Señor, contra segunda muerte.

porque hasta estar absuelto, o, condenado

nadie, mi Dios, puede saber si ha muerto.

Baut.

Hijo, ofreces al Pecador

mi piedad el día que puesto

a mis pies la implora, cómo

no concedérsela puedo?

Ya, Templo, estás perdonado,

pero falta que primero

a tu reedificación

aplique el amor los medios

para que segunda vida

en tercera ley naciendo

te avise, y te fortalezca,

y así puedes ir contento

con saber que del dibujo

de tu nueva planta empiezo

a tirar las líneas.

Hombre.

Quién

para no ofender de nuevo

de Deidad podrá servirme

de guía?

Sale Enten.

Entendimiento.

Tu Entendimiento

que aunque me desprecies antes

nunca yo a ti te desprecio,

porque al fin el entendido

debe suplir al soberbio.

Hombre.

Dónde está mi luz?

Sale la luz.

La Luz.

Tu Gracia

dijeras mejor, y puesto

que gracia, y luz me deseas

yo te asistiré a un tiempo.

Baut.

Ve en paz, y espera lograrla

luego que en cruzado leño

tu nueva fábrica empiece.

Hombre.

Tú harás; mas será queriendo,

Entendimiento.

De tus perdonadas culpas

La Luz.

en justo agradecimiento.

Baut.

Cuán admirable, es Señor,

tu nombre en el Universo.

Vanse

Baut.

Qué día de más honra,

agrado, gusto, y recreo,

para mí, que día, en que

a mi redil, a mi gremio

perdida reduce

Pastor su conocimiento?

Y ya que llegó la hora

de reedificar el Templo

vivo del hombre, en que yo

Tabla, Arca, Maná, y concierto

he de habitar cuando beba

mi sangre, y coma mi cuerpo

empecemos a dar logro

al ideado bosquejo

de su nueva planta; para

cuyo feliz cumplimiento

sin salir de la empezada

metáphora de Architecto

necesito de buscar

para el dibujo que empiezo

Tabla, compás, regla, y pluma.

Salen la Fortaleza con la tabla, la Justicia con el compás, la Templanza con la pluma, y la Prudencia con la regla.

Las 4.

Ya al precepto sin precepto

obedientes los precisos

misteriosos instrumentos

traemos.

Ptog. 29

Artífice.

Tu fortaleza

la tabla, cuyo fragmento

fue del dilubio arca,

hazla en su dibuxo lienzo.

Fortaleza.

Del corazon en la tabla

aconsejan los proverbios

que se escrivan sus palabras

y ojalá ansí el hombre atento

cuanto tú en la tabla escrives

imprimiese él en el pecho.

Pónela la tabla. / Danse de suer- / te que el Artífice / pueda medir / y escrivir en / ella.

Artífice.

Tu Justicia del compás

el rectíssimo manejo

me entrega para ir provando,

lo mismo que hiciere midiendo.

Justicia.

Si en cuantas semanas

midió el cielo, que más recto

mensurador, que el que puso

dentro de medida el cielo.

Artífice.

Prudencia, dame las reglas

que, por que una vez teniendo

medido el cielo, derechas

tire las líneas del suelo.

Prudencia.

De la regla en la mensura

dize que nos alegremos

Pablo, luego está en la regla

la alegría, y el consuelo.

Artífice.

Tu templanza prevenida

la pluma me ten, a efeto

de que ceñida la tabla

conserve vivo el recuerdo.

Templanza.

Pluma veloz, a tu lengua

llamó David en sus versos,

conque lo que vas hablando

es preciso ir escriviendo;

Artífice.

Y es preciso el dar principio

al dibujo, en que pretendo

Artífice.

enmendar del barro humano

los cometidos defectos.

La Luz.

Pues mide, Idea, y delinea

que en el ínterin de un

acorde hechizo, dirán

los armoniosos ecos

Cant.

Cielos, coluros, Astros,

signos, luzeros,

Polos, Estrellas, Zonas

y paralelos,

Bendecid en eterno pío Architecto.

Estando las tres al / lado del Artífice va / tomando los instru- / mentos como los / ubiere menester.

Las 2.

Bendecidle en eterno

pues anuncia sus obras el firmamento.

Artífice.

Para que más firme dure

el racional Templo quiero,

que en diez cimientos estribe

(si ya no son diez preceptos)

su fábrica de tal suerte

que en los dos zócalos de ellos

que son amarme a mí, y al

próximo como a sí mismo

el Arco Toral descanse

de la nueva Ley que vengo

a dar al mundo bañando

con mi sangre sus cimientos.

Prudencia.

Aguas, granizos, lluvias,

escarchas, cierzos,

Ríos, Arroyos, Mares,

Nieblas, y Yelos

Bendecid en eterno pío Architecto.

Música.

Bendecidle en eterno

pues anuncia sus obras el firmamento.

Artífice.

Siete virtudes por basas

repartidas en los gruesos

pedestales de los vicios

guardarán el Templo esento,

siendo Diamantino muro

Ptog. 30

Artífice.

del místico fundamento,

en cuyos tempranos yesos

duplique la rica Efesos.

C. fort.

Días, auroras, noches,

sombras, reflejos,

albas, orientes, rayos,

nieves, incendios,

bendecid en eterno, &c.

Sabi.

La paciencia de las basas

abrumen con amable peso

sacras columnas, en quien

de los siete Sacramentos

la fortaleza fincada

erija el cuerpo primero

del edificio del hombre,

abrazando los extremos

de sus capiteles, ma-

ciza de amor perfecto,

a quien adornen encajes

de penitentes deseos,

los caules de la esperanza

y las volutas del celo.

C. Just.

Montes, collados, selvas,

prados, desiertos,

bosques, campañas, riscos,

golfos y puertos,

bendecid en eterno al Arquitecto.

Música.

Bendecidle en eterno,

pues anuncia su obrar el firmamento.

Sabi.

A tres partes reducida

la capacidad del templo,

tres naves la adornen, y todas

expliquen en el concepto

fe, esperanza y caridad,

para que, desde el crucero

de mi pasión teologal

Sabi.

abrigo sean del pueblo,

de los demás meritorios

actos de arrepentimiento,

que en el corazón del hombre,

desde el atrio al presbiterio,

en repetido concurso

logren repetido obsequio.

C. Temp.

Tímpanos, coros, ritmos,

liras, salterios,

cánticos,

himnos y versos,

bendecid, &c.

Música.

Bendecidle en eterno, &c.

Sabi.

Pechinas, que intercolumnios,

ya en estatuas, ya en lienzos,

adornará matizada

la luz de mis evangelios,

porque en su cúpula llevan

a participar reflejos

cinco ventanas, en cinco

justos, suaves preceptos

de mi iglesia, y de linterna,

como último complemento

del templo, mi ley de Gracia,

guiando, domine los sesos

de escrita y natural ley

coronará, en cuyo muro

la fábrica, descollando

su cruzada insignia al viento.

C. Prud.

Siglos, semanas, meses,

años, inviernos,

primaveras, estíos,

días, tiempos,

bendecid en eterno, &c.

Sabi.

Y pues el dibujo ya

feneció, amor, empecemos

a medir de siete en siete

Ptog. 31

Artífice.

los pies del sitio, en que vengo

de abrir las zanjas, porque

de la muerte en el recuerdo

quien le fabrica la vida

adivine el monumento.

repitiendo mientras yo

voy mensurando el terreno.

Música.

Bendecible en eterno, sea=

Sale Ruin.

(repítese)

Ruina.

Bendecible en eterno sea=

Y yo, cielos, pero ay,

de mí! pues, o mios, cielos

dijera mejor, si atenta

mi envidiosa rabia viendo

que a la reedificación

del hombre, va el extranjero

Artífice de la tierra

el sitio reconociendo,

porque de barro formado

sea el barro el instrumento

que divinizado pase

a hacerle de Dios asiento

cuando comiéndole en pan

le reciba en carne; pero

en que me detengo, si

Universal ruina puedo

estorvar su logro?

Verdad.

Quien,

si tus locos denuedos

es ejemplo de tu ruina?

Ruina.

Yo.

Verdad.

Como?

Ruina.

Estorvando el que a efeto

su rehedificacion llegue.

Artífice.

Pertinaz rencor hebreo,

que intentas?

(Luchando con el artífice por quitarle la regla)

Ruina.

Romper la regla,

con que pretendes hacernos

creer que Artífice enviado

del poder de Dios has hecho

tantos prodigios.

Artífice.

A mí

te atreves?

Ruina.

Sí que encubierto

estas en humano trage.

Artífice.

Divino, y humano a un tiempo,

cuando del mundo me encubro

al mundo me manifiesto.

Ruina.

Es verdad, mas si a la muerte

estas por hombre sugeto

morir es preciso, cuando

sobre tus ombros el peso

cargue de tu regla.

(Buelvese en cruz la regla y se arrodilla el Artífice.

Artífice.

Tal

la fragil porcion del cuerpo

cruz a tu peso se rinde.

Verdad.

Qué has hecho, bárbaro Ruina?

(terremoto)

Ruina.

Qué sé yo (ay de mí infelize!)

pues solo de que ver tiemblo

la cruz sobre sus espaldas.

Verdad.

Sacro Artífice, que es esto?

Sale Terremo.=

Terremoto.

Ser yo que a mis exequias

en pavorosos estruendos

asista, pues terremoto

general de el Universo

el ayre chamusco a rayos,

la tierra estremezco a truenos.

(Vanse)

Artífice.

Iré con la regla al ombro

hasta el risco mas excelso

de aquel monte subo para

que dando el postrer aliento

cuando empece fabricando,

lo perfeccione muriendo.

(Vase)

La Luz.

Ios tras él, para que

muestre de tu cruz el leño

que como gracia denazco,

cuando como luz fallesco.

Ruina.

Uracan?

Sale Ira.

Ptog. 32

Sale Ura.

Huracán.

No de mí esperes

otra acción que dar al viento

ráfagas, silbos, y quejas.

Ruina.

Inundación.

Sale Inund.

Inundación.

Si a lamentos,

cuando las nubes llorando

van los párpados lloviendo

¿qué quieres de mí, pues todo

llanto, susto, horror, y miedo

escándalo, ansia, y fatiga

es el día hoy?

Ruina.

Incendio.

Sale Incen.

Incendio.

No me estorbes el que ardientes

vagas sílabas de fuego

manche del papel del aire.

Virtud.

O, a qué raridad de incendios,

o el Artífice ha expirado,

o el mundo fallece.

Todos.

Cielos,

¿qué raro espanto es este?

Ábrese el segundo carro y será una fábrica interior, y se verá el Hombre desolado, el Entendimiento, y a sus pies el Albedrío.

Hombre.

El que del hombre en provecho

tanto resulta, que ya

a tercera ley, haciendo

de nuevo fortificado

solo que me afiance espero

a luz, fe, y caridad

el soberano portento

de amor disfrazado.

Los 5.

¿En qué

embozos, nieblas, y velos

que a ocultarle basten?

Ábrese el primer carro y se verá el Artífice y la Luz, con la antorcha encendida, y en un altar la copa, y haz de espigas.

Artífice.

En

el soberano misterio

de la Eucaristía, donde

vivo yo después de muerto,

cuando el haz de las espigas,

y la copa de veneno,

que en la fortuna fue muerte

del hombre, sean que trueco

en mejor néctar, mejor

reparo, y mejor sustento

del género humano.

Todos.

¿Cómo?

Artífice.

Haciendo que en el perfecto

círculo de blanca oblea

embozado y encubierto,

coma mi cuerpo, y mi sangre.

Ábrense las espigas y ocúltase la copa y se verá un Cáliz con la Hostia.

Entendimiento.

¡O tan admirable exceso

de amor sea paga el ver

postrar a su entendimiento

al Albedrío este Albedrío!

Albedrío.

En fe de que ya sujeto

a hacerlo mejor, a Dios

dirijo mis pensamientos.

Artífice.

Pues para que mi palabra

cumpla habitando mi templo

dentro de los accidentes

de vino, y pan pasar quiero

a su habitación.

La Luz.

En fe

de que mi antorcha volviendo

a alumbrar, le tiene en gracia

ya fortalecido.

Virtud.

Y siendo

la intención nunca suya

a quien, diga en sonoros ecos:

Música.

Bendecid en eterno día al Arquitecto,

bendecidle en eterno,

pues anuncia sus obras el firmamento.

Bajan la Luz, el Artífice y el Hombre.

Ruina.

¿Esto en mi oprobio sufrís,

infernales conjurados,

de mi Monarquía?

Inundación.

Yo

cuando pude en el deseo

Ptog. 33

Inundación.

de servirle huiré, pues huiré

fluctuar entre los cuerpos

penachos de mis espumas.

Huracán.

Porque yo, luego

de partida resbale

el felice nacimiento,

a embates de viento, y nieve.

Terremoto.

Bien como después muriendo,

yo, el mundo a estragos labrado

terremoto infiel.

Los 3.

Y puesto

que unos medios no bastan

intenta Dios nuevos medios.

Ruina.

Si vosotros desistís,

¿qué queda que puedo hacerles

guerra nuevamente?

Incendio.

Yo

que prevenido escarmiento

del hombre, después que de él

le prevariqué castigo

de lugar por fuego, para

que no quede rastro suelto,

que otra letanía el discurso,

que no acabe el ingenio.

Hombre.

¿De en mi habitación, Señor?

Artífice.

Sí, que darse vida intento.

Hombre.

¿Pues decir que una palabra

no es bastante para eso?

Artífice.

Sí; pero quiero mostrar

que en el Templo vivo en Dios

del hombre, siendo yo quien

le busque el día, que veo

que impedido solicita

que lo alivie.

Hombre.

Pues yo,

que

tratando favor, es solo,

digna respuesta el silencio.

por mí respiran las voces

e innumerosos acentos.

Música.

Bendecid a Dios.

Ruina.

Por no escuchar sus aplausos

iré de su vista huyendo.

Incendio.

Y de él el Incendio, donde

le abrase en volcán eterno

su mismo furor.

Vanse.

Virtud.

Y nosotras

en repetidos inmensos

júbilos, digamos, dando

fin al místico argumento.

Cantan las que cada una su copla, y todas el estribillo, y / representando todos se cierran los carros.

La Luz.

Cielos, coluros, Astros, Signos, luceros, Polos, Estre-

llas, Zonas, y paralelos.

Prudencia.

Aguas, granizos, lluvias, escarchas, cierzos, fríos,

Arroyos, Mares, nieblas, incendios, hielos.

Justicia.

Días, Auroras, Noches, sombras, reflejos, Al-

bas, orientes, rayos, nieves, incendios.

Virt.

Montes, collados, Selvas, Prados, desiertos, Bos-

ques, campañas, riscos, golfos, y puertos.

Templanza.

Tímpanos, coros, ritmos, Liras, Salterios, Can-

ticos, de acordes himnos, y versos.

Todos, y Mús.

Bendecid en eterno al Arquitecto

bendecidle en eterno

pues anuncia sus obras el firmamento.

Fin del Auto.

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