Texto digital

Texto digital de Doña Esquina

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Entremés
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

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Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de Doña Esquina. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/dona-esquina.

DOÑA ESQUINA

Dios te pague el regalo, doña Esquina. No han tenido vecinas tal vecina ni amiga como tú. Seguramente. ¡Cada día enviarnos un presente! Ya no hay cómo pagarte. Eso es correrme. La voluntad podéis agradecerme que todo lo demás es poca cosa. La perdiz que me enviaste era famosa. Y el chocolate es bello y regalado. Y el lomo que me diste era extremado. No se usan en Madrid estas amigas. Siempre nos das y siempre nos obligas. Pues véis, todo eso es nada y no os asombre, porque he hallado las Indias en este hombre que ha dado en visitarme aquestos días. El bien de Dios he hallado, amigas mías, porque me da el dinero a borbotones y me trae los regalos a chirriones. Mas si he de hablar verdad en todo aquesto, yo no le puedo ver aunque le hablo, y el rato que le veo, veo al diablo, porque es tosco y trae siempre zapatones y le hacen muy grandísimos brahones. Por cierto que él es fiero, y aunque te dé a montones el dinero, haces mucho en hablalle. No puede ser peor en cara y talle. Perdóname que yo no le admitiera si de oro cada instante me cubriera. A dineros desquito lo que paso; mas yo os he menester, vamos al caso: A mí me es fuerza salir de casa aquesta mañana, porque tengo tres visitas que hacer de gusto y ganancia. Voy a ver un mancebito de quien ando encaprichada, con una melena rubia que le da por las espaldas. Ésta es una, y luego voy a ver a su misma casa a un indiano, porque, en fin, cuatro escudos más no dañan. Y luego veré a otro hombre que fueron cosas pasadas, y le conservo y le tengo como en el suelo del arca. Y si mientras yo estoy fuera, viniere mi hombre a casa, porque él y el esportillero ya han participado de la plaza, vosotras, si él se informare, quiero que estéis avisadas, y me disculpéis con él y le digáis: “Ahora acaba de salir hecha un demonio, porque supo que usted estaba con una dama en Atocha”. Y mientras él venga y vaya y ande en la averiguación, cairá el pobrete en la trampa, y siendo él el ofendido vendré yo a ser la enojada. Y decilde muchos bienes de mí. Que eres una santa le diré yo. Yo también te lo ofrezco. Pues yo, ¡pajas! Pues en diciéndole bien de mí, se le cae la baba. ¡Y cómo que lo diremos! Y en eso no haremos nada, porque somos tus amigas. Y nos tienes obligadas. Pues adiós y perdonad estos enfados si os cansan, que yo por las tres haré aquesto mismo mañana. Y besadme y abrazadme, que os quiero más que a mi alma. Y adiós. Adiós, doña Esquina. ¡No hay tal mujer en España como aquesta! Yo la quiero como si fuera mi hermana. Y yo y todo. Ella es famosa y no me espanto que haga esto, porque el hombre es fiero. Es un diablo en carne humana. Pues lo que ahora nos toca es, si viene, disculparla. ¡Y cómo que lo haré yo! Pues cada una se vaya a su cuarto y si él viniere, disculparla y alabarla. Eso es lo que se ha de hacer. Anda, que ya poco falta. Éste es el hombre, ¡cuidado! y ninguna hable palabra. Aqueste el cuarto es. Descansa, hijo. Más abajo venimos que usté dijo. Yo te lo pagaré muy a contento. Descárgueme vosté, porque revento. Ya te ayudo. Vusté está enamorado, pues trae el esportillero tan cargado. ¡Y cómo que lo estoy! De una hermosura que no la hay en el mundo tan segura; no es mujer de este tiempo, es una santa. Dos mil cosas la traigo y porque canta, este arpa la compré que un millón vale para que se entretenga, pues no sale con mujer a su gusto. Aunque se venda, un hombre ha de gastar toda su hacienda. Ahora llamarla quiero. ¡Ábreme, doña Esquina! ¡Ah, caballero! ¿Qué queréis? Que escuchéis una palabra. Dejad que doña Esquina la puerta abra. Eso os quiero decir, que no está en casa. ¿Qué me decís? Deciros lo que pasa, porque a mí el corazón me ha lastimado que con vos, que sois hombre tan honrado, tan limpio, tan galán y tan airoso, se tenga un modo así, tan asqueroso. Ella está encaprichada, perdonad que os lo diga desahogada, de un mozo melenudo y espigado de aquestos que entran siempre por un lado, y se fue a ver con él esta mañana. Y es mujer tan soez y tan liviana que serán menester catorce días para contaros sus bellaquerías. Y si queréis saberlas, caballero, entraos acá con el esportillero. ¡Si será esto verdad! Mas doña Esquina siempre fue en la firmeza peregrina. Ahora bien, todo pienso averiguallo. Mande vosté pagarme meo traballo. El informe de todo ahora espero de ésta que me lo dijo. ¡Ah, caballero! ¡Otro demonio! Aquí muy brevemente le digo que es usted un inocente. Doña Esquina es mujer de muy mal modo y nadie es mas galán que usted en todo. Ella hoy salió de casa muy temprano y se fue a la posada de un indiano y no desecha ripio, aquesto pasa, y no conoce el bien que tiene en casa. Y si no me creéis lo que os refiero entraos acá con el esportillero. Pues, ¿qué he de saber más? ¡Ya tengo harto! Real y medio merezco como un cuarto. ¡Quítate allá, borracho, majadero! ¡No me hable vosté mal! ¡Ah, caballero! Aquesta puede ser que me la abone. Sepa usted, el disgusto me perdone, que doña Esquina es una gran taimada, y a ver un hombre fue esta madrugada, que fue sus cosas de ella antiguamente, y le va a ver así de cuando en cuando. Y si quiere que yo le vaya dando cuenta de lo primero a lo postrero, entraos acá con el esportillero. Si esto es verdad, ¡vive Dios! que tengo aquí de esperarla. ¿Si habrá venido aquel hombre? que yo, porque me halle en casa, he venido por la posta. ¡Mas ya está el moro en campaña! Ya ha venido doña Esquina y no viene bien tocada. Mas ya me habrán disculpado mis tres amigas del alma. ¿De dónde bueno, señora? (Ap. Aquí los celos me valgan.) ¿De dónde quiere que venga? ¡De averiguar sus infamias, infame! ¿Yo por sus cosas he de andar tan arrastrada? ¡Tente mujer del demonio, esto ahora nos faltaba! De Atocha vengo por verle con la otra mujer que hablaba. ¡Miren cuál ando por él, desnuda y despilfarrada! ¿De Atocha vienes? ¡Pues yo pensé que de la posada del indiano! Mas ¡par Dios! Y de allí te fuiste a casa del mozo de las melenas que te trae encaprichada. ¡No burlemos! Y después de ver al hombre que hablabas… ¿Y quién te ha dicho estas cosas? Tus vecinas más cercanas. (Ap. ¡Ay, Dios! Todo se lo han dicho mis tres amigas del alma. ¡Ay, queridas de mis ojos! Pero válgame la maña.) ¡Bobo, bobote, bobazo, huélgome que te la hayan dado a tragar! ¿De qué modo? Mira, hijo de mis entrañas, yo, por hacerte rabiar, les dije que te contaran todas aquesas mentiras solo por tomar venganza de la mujer con quien fuiste. Y aquesta ha sido la causa de que esas cosas te han dicho mis tres amigas del alma. ¿Qué dices? ¡Famosamente te la entraron por la barra! Y porque veas que es cierto, ¡ah, señoras retiradas! ¡Bienvenida, amiga mía! ¡Doña Esquina, bien llegada! Famosas habéis andado. Y antes que habléis más palabra, toma tú esta polla y tú de conserva aquesta caja; tú, ese pernil de tocino que será como una algalia, que me la trae de regalo el hijito de mi casa. Y ahora, decid aquí: ¿No quedásteis conversadas conmigo de que a este hombre le diríais las patrañas del indiano y del mozuelo y del otro que yo hablaba? ¡Y cómo que lo quedamos! ¿Ves, tonto, cómo te engañas? ¡Digo que soy una bestia! Pues ahora me dan ganas, pues que ya estáis satisfecho, de arañarte aquesa cara. Pícaro, ¿a qué fuiste a Atocha? ¡Lleve el demonio mi alma si tal fui! Detente, amiga. ¡Ea, doña Esquina, basta! Basta y háganse estas paces. Por mí, vaya. Por mí, vaya. Hoy te saco un vestido de mi cabeza. Oyes, hijo, no quiero tan dura tela. Siendo de mi cabeza será muy lindo. Es que ya no se usan caracolillos.