Texto digital de Cerco y libertad de Sevilla por el rey don Fernando el Santo
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cerco y libertad de Sevilla por el rey don Fernando el Santo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/cerco-y-libertad-de-sevilla-por-el-rey-don-fernando-el-santo.
CERCO Y LIBERTAD DE SEVILLA POR EL REY DON FERNANDO EL SANTO
Pag. 1
4.
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1
Cerco y libertad de Sevilla
por el Rey D. Fernando el Santo =
Comedia en 3 jornadas.
4
Jornada primera
Pag. 2
La famosa comedia del Cerco y libertad de Sevilla por el rey don Fernando el Santo. Figuras: el rey don Fernando y su hijo, Garci Pérez de Vargas y su criado Millán, don Lorenzo Suárez, don Pedro Ponce de León, Pelai Pérez, maestre de Santiago, un caballero y un farfán gallardo, el rey moro y otros moros, dos moras, Zaida y Arlaja, los dos gacules hermanos, que empieza la comedia encima de los muros con otros, tirando cohetes y la ciudad llena de luminarias y gran ruido de menestriles y trompetas y atabales, y dice Gacul y Celindo su hermano.
Los fuegos tira a las contrarias partes,
rompa el aire el estrépito, dispara,
tremolen victoriosos estandartes
desde la obscura a la región más clara,
felice día, venturoso martes,
aviva los incendios.
Para, para.
¿Para qué?
Para que el aire mismo
se ha convertido en fuego del abismo.
¿No ves al cielo levantar las llamas
y ocuparle su cóncavo a la luna?
Llamas dices, mejor dijeras famas
de nuestra felicísima fortuna,
qué moros fuertes, qué bizarras damas,
viendo la noche triste e importuna
vuelta en hermoso y apacible día;
no viste el alma de íntima alegría
por el sagrado arábigo profeta.
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que junto a la de Alá su silla entrona
por quien se rige el mundo y cuya seta
tiene en el cielo principal corona
que han de ser estos humos la cometa
que da en su quinto círculo Belona
para que el moro rey las treguas quiebre
y la esperanza de su trience liebre
Suenan voces dentro e instrumentos músicos y adufes.
Brabo alarido, estraño zala hacen
por los estremos de las calles todas.
Si Alamino Celi te satisfacen,
como en seguir su voz no te acomodas.
Sufres, cristiano rey, que te amenacen
mozos de aljarafe con alegres bodas.
Mengua es tuya, Celi, la voz el pueblo aviva.
De mi remedio...
El rey Alfatar viva.
Quítanse de la muralla con instrumentos y salen Garci Pérez de Vargas y don Lorenzo Juárez y don Pedro Ponce de León y Millán escudero de Garci Pérez en traje de moros y dicen.
Estrañas luminarias, bravas luces
coronan las almenas y repechos
de las altas murallas andaluces
a quien mil villas dan honrosos pechos.
Mejores son arneses y gorguces
para atavíos de cristianos pechos,
que aljubas ricas de color de seda;
si con el traje el ánimo se hereda,
usen de largas faldas las mujeres,
adornen las cabezas de almaizales,
salgan con afeitados pareceres
entre Tarfes, Gacules y Aliatares,
que yo...
¿Quién le quita a Garci Pérez
hacer por horas víctimas y altares
d'estos perros, sus gustos atropella?
Esta es mi condición, sigo mi estrella.
¿Para qué quiero yo mi alfanje en vaina
y con la paz enmohecido el peto?
¿Qué gusto puede darme la dulzaina
entre el poblacho, en ocio vil, quieto?
Si el rey Fernando su furor amaina,
sino con fiero el comendador aprieto,
yo solo, yo mi sombra sola basta
para asolar aquesta infame casta.
Saltaré, ¡vive Dios!, por cima el muro
y arrojaréme en ese laberinto,
que al sacudir mi brazo el golpe duro
dejará el suelo en mora sangre tinto;
contra esta nueva Troya me conjuro.
Ya os pintáis otro Aquiles.
No me pinto.
Aquiles yo, que Aquiles si viviera
es tan boba yo mi sombra fuera,
y si de Garci Pérez fuera sombra...
El bravo quiero, no hiciera poco.
Dicen verdad, el borracho, niño y loco.
El aleve ja d'este pueblo asombra.
Mil instrumentos suenan poco a poco.
Salen alegres coros de Sevilla.
Querrán del Betis pasear la orilla.
Salen un corro de moros y moras tañendo y bailando, paran bien y dice Millán adviértase que es figura graciosa.
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Digan, si hacen trepar
al son la delgada toca,
o esta canalla está loca,
o yo lo debo de estar.
Crece, como en mar riqueza,
aquesta ciudad cercada,
que por momentos la espada
de nuestro rigor espera,
¿y con pandero y fiestas
se procura defender?
Podría forzar a ser
la ocasión.
A pocas destas.
Envidar el resto a doce
y entre la música y danza
hacer la mortal mudanza,
para que el placer se goce
con castellanos donaires.
Allá me quiero llegar.
¿A qué?
A hacerlos danzar
hechos brujos por los aires.
Mira que son bravos pechos
algunos.
Mal me conoces.
En dándoles cuatro coces,
los verás hincados hechos...
Y porque te satisfagas,
Espera, verás lo
que hace.
No te está bien.
He de hacerlo.
No lo hagas.
Hay treguas entre los reyes,
y se dará mal ejemplo.
No más basta que os contemplo,
amigos, de cumplir leyes,
engaños, cautelas, dolos,
no se han de intentar, creed.
Díxele a vieja en ced
que nos viéramos solos.
Callo porque a ser, no más
de ambos está clara la obra,
que toda la turba mora
estaba con barbas.
Bueno está, Millán, frondón,
ya se empieza a sentar.
No llegaremos a estar
un rato en conversación.
Aunque un gusto barajas,
lo hace, aunque soy amigo
de hablar al enemigo
al son de trompas y cajas,
que, vive Dios, que no sé
hablarle en la paz prolija.
Si la ocasión se manija,
yo por ambos hablaré.
Enhorabuena.
Alá os guarde.
Y Mahoma con todos venga.
Aparta.
Ten...
No me tenga,
pues un bofetón guarde
con vuestra buede mi
con nosotros.
Ten, Millán.
Pues, ¿si a la mano me van,
qué tienes de callar y oír?
Vámonos de aquí, señor,
que yo sé que no os importa.
Esa cólera se porta
mal. Daré al diablo el amor
y a la...
Si de ver al...
pesadumbre no tenéis,
y prosiguiendo podréis
No hay quien lo impida.
Sentaos.
Si ha de sentar,
junto a vos sentado estoy.
Siguiendo os los pasos voy.
Yo apartado quiero estar.
Y, ya que todos la han cesado,
no tengo yo otro remedio
sino sentarme aquí en medio.
Galán hecho.
Extremado.
Y ella, digo, de mi falda
da, y muéstreme acá una mano,
para ver el mozo, es cortesano.
Blanca es la mano, mi Zayda.
Aflojela acá y veré.
Pues, ¿cómo la ha de aflojar?
Bien se la puede cortar,
que luego la volveré.
Galán, en que os ofendí,
que esa pena se me aplica?
Si el bien no se comunica,
no vale un maravedí.
Mala, que es muy injusta ofensa
para un pecho cortesano.
A mano de cuya mano
ve que está su alma, que piensa.
Si es lisonja, bueno está.
Guardo os el justo decoro.
No sé qué tiene este moro,
que cautivándome va.
¡Qué brío, qué gracia y talle!
No soy dama lisonjero.
Por más que olvidalle quiero,
no me es posible olvidalle.
¿No me diréis vuestro nombre?
¿Importa os mucho sabello?
Ay, que me labra el vello.
Mucho temo, no os asombre.
No me asombrará, decí.
Tocóle de amor la yerba.
Como un palo está esta sierva,
comamos la pesquería.
Si solo en el nombre topa,
sabed que se llama
Ten...
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No me neguéis que es hechicera.
Ella viene viento en popa,
y no hay sino cargar con ella
y demos la vuelta.
Calla.
No será traición dejalla,
si allá podemos vendella.
No me estéis martirizando,
que el corazón y el alma os rindo.
Llamóme mi bien Celindo.
¿De veras?
No estoy burlando.
Qué buen nombre.
Y si le enfada,
porque no mude de amor,
se buscará otro mejor.
El de Celindo me agrada.
Él solo.
Él solo es bastante
a tener mi vida en peso.
Las manos, señora, os beso.
Mostradme acá ese turbante.
Veldo.
Podéisle traer
sin plumas.
Hasta que tenga
amor con que me entretenga,
no me las pienso poner.
Y si yo os las doy...
Traedlas,
que el corazón me alborotas,
y las flacas venas yelas.
Primero que el polo salga,
habéis de renegar hoy.
Callad, pesia a mí, que voy
dándole soga a esta galga.
Pesa a mí, que en esos modos
que vuestro pecho desfoga,
no deis de manera soga
que nos ahorquemos todos.
No hacéis... callad. Dama hermosa,
porque yo soy forastero,
sabed una cosa quiero.
Celindo, mi bien, ¿qué cosa?
Miren qué almíbar baja aquesta,
aquí pierdo cien ducados.
¿Por qué sazón los cercados
hacen esta noche fiesta?
La costumbre ha hecho ley
en este insigne lugar
de juntarse a celebrar
el nacimiento a su rey
cada noche, y este el día
que Alzafat nuestro señor
cumple años.
¡Oh, traidor!
Pese a esto, de la alegría
que veis que esta mora llegue
y la corte media caza.
Eso solo nos faltaba.
Hacedlo antes que se niegue,
don Pedro, que vive Dios,
que le veo de manera,
que ya renegado hubiera
a no venir con los dos.
¿Qué determináis,
Señora?
Darte gusto determino.
Entra Célida y Amete, su criado.
Que sin avisar me vino.
No sé qué piensa esta mora.
No desea más tesoros
que estás de tu amor gozando.
Por Alá, que está hablando
con un escuadrón de moros.
Mataréla y matarélos.
¿Qué es aquesto de matar?
Quiero apercebido estar,
que viene el moro con celos.
Mi gloria, quiero abrazarte.
¿Abrázaslo en mis desdenes?
¡Pesia al mundo!
Hidalgo, ten.
Suelta.
No puedo soltarte,
que soy guarda deste paso
y débote defender.
Moro, de vos, ¿qué queréis,
que te mate?
Habla paso.
¿Qué paso?
Que poco a poco.
¿No adviertes que yo aquí estoy?
Perro, ¿conoces quién soy?
Serás algún moro loco.
Enguártate, le revuelve,
y déjame a mí matallo.
Calla, majadero.
Ya callo.
Por donde vienes te vuelve.
Y, ¡hola, tú!, ¿no callarás?
Deja aqueste desatino.
Morito, bebe tu vino,
y no te metas en más,
que te harán la mamona
y te quedarás con ella.
No habrá quien se atreva a hacella.
Bueno está, señora mona.
Descubre el rostro, que quiero
saber quién eres.
Vete en hablar a la mano.
Mira que soy caballero.
¿Caballero tú?
Yo, pues.
¡Ay, amor!
De mí se me huyó,
quita, que te abrazo luego,
que salir del alma ves.
Tanto digo.
Ya me corro
de la larga que les doy.
Descúbrese Garci Pérez y dice.
Tente, y advierte que yo soy
ángel de guarda del corro.
¿Conócesme ya?
¿Quién eres?
En cambio de no matarme,
el nombre quieres sacarme.
Dilo, acaba.
Garci Pérez.
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Encántate.
No me encanto.
¿Eres más que hombre solo?
Soy rayo y el cielo diolo
para dar al mundo espanto.
Pues no lo es todo espantado,
pues no me espantas a mí,
que soy parte suya.
A ti
a muerte te he sentenciado
y no quiero que te asombres.
¿Sabes que me matarás?
Si quisieres, la llevarás
firmado de nuestros nombres.
Estoy por probarlo agora.
A las treguas lo agradece.
Oíd, don Pero, parece
pendencia aquella.
Señora,
esperad aquí un momento,
que importa ver este lance.
Galán, do darme alance
el cáncer de mi tormento.
El santo Alá te maldiga,
Mahoma en tu daño sea,
y si travares pelea
venza la parte enemiga.
Tus hijos se vean esclavos
entre los contrarios fieros.
Mal parece, caballeros,
que pasen palabras bravas,
verme encontrar y ultraje
fingiendo temerosas damas,
y asegurarnos las armas
como en desdeñoso ultraje.
Parece mal que después
de estar la tregua asentada
de vosotros sea quebrada
pues de nosotros no lo es.
Parece mal que en los tiempos
que de seguro nos dais
contra Dios y ley queráis
turbar nuestros pasatiempos.
Mal parece...
Reír me quiero.
Mal parece que hoy blasones
hallándote entre leones
siendo un humilde cordero.
Vete que te matarán,
y estima aquesta venida,
pues te dejan con la vida.
No dijera más Roldán.
¿Qué Roldán ni fanfarrón?
Para vencerme a temer
¿no te bastará saber
que soy Ponce de León?
Vos sois, Garci, de los dos
Sevillanos el segundo
a quien de ordinario el mundo
da nombre de hijo de Dios.
Y pues mañana tenemos
de las treguas solamente
y de en paz que el día siguiente
en el campo nos veremos.
En buen hora.
Perdonad,
señora, que lo que ha habido
entre los dos, solo ha sido
en donaire y amistad,
quebrasteis mi ley
tan encontrados están
que lugar a más no dan
que a burlas del ciego rey.
Pero en cambio agradecido
de lo que por mí habéis hecho,
ved en qué soy de provecho
y mandadme.
¿Que has salido?
Vana mi esperanza ten,
que aunque te considero
cristiana, al doble te quiero,
llévame contigo.
Bien
hicieras si la guerra
no tuviera suspensión,
mas será hacer la ocasión
que tu rey se agravie.
Cierra
con todo.
No puede ser,
adiós, y por tu divisa
me conocerás, y avisa
lo que hubieres menester.
Moro hidalgo, el convite
no se desbarate.
Hacelo,
yo te otorgo que es vida el cielo
para que Celi os la quite.
Mi señor moro, lo que empieza
no sé cómo le saldrá,
pero vaya, que él traerá
las manos en la cabeza.
Vanse los cristianos y dice Celi.
¿Posible es que la vergüenza
que delante mí te acusa
no te hace estar confusa
y a tu locura comienza?
¿Posible es que los desdenes
que te hago no te enfadan?
¿Es posible que te agradan
las rifas que por mí tienes?
¿No hay moras en esta tierra
con quien amistades trates
cuando cesan los combates
de la comenzada guerra?
¿No hay desenfados mejores
que te puedan gusto dar,
sin venirme a mí a enfadar
con tus cansados amores?
Celi, vete, digo,
deja esa loca porfía,
olvídame y de mí fía
te tengo por enemigo
y no me des más enojos,
que tu memoria me enfada.
Vase Zayda y dice Celi como espantado.
¡Cómo hablas confiada
enemiga de mis ojos!
De mi presencia te ausentas
fingiendo ya de capote
porque en mi pecho no brote
el fuego de tus afrentas.
Huyes corrida de ver
que con el cristiano perro
te cogí en la red de hierro
como a lasciva mujer.
Mas, aunque riscos y breñas
saltes, partiré a buscarte
para vengarme y pagarte
el desamor que me enseñas.
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Hace que va a dar a él y sale Gacul, su hermano, y detiénele.
Tente, ¿dónde vas, ya Celín?
Déjame, hermano, que hablo...
Bien lo manifiesta el labio,
tinto en colérico azul.
¿Qué tienes?
¿A qué se inquieta
mi piedad el noble decoro,
y cuanto yo más la adoro,
con mayor desdén me trata?
Vila en Zara hoy importuna,
con los cristianos hablando,
en esta ribera...
¿Cuándo?
Agora.
¿Y fue vivo alguno?
Todos con vida se fueron,
que para tanto no fui.
Calla, ¿celos te han enojado?
Sí.
Pues ¿cómo no se murieron,
blasón del nombre morisco,
viendo ante ti tus despojos?
¿No brotaras por los ojos
ponzoña de basilisco,
y los mataras a todos,
quedando tu nombre eterno
de haber poblado el infierno
con las sangres de sus godos?
Vete, que no eres mi hermano.
Vete, que por Alá juro
que aunque vas, no vas seguro
del ímpetu de mi mano.
No te pares.
Mira...
Vete,
que por vida de Mahoma,
que si replicas, te coma.
Vase Celín.
Mal hice obedecerte,
que eres mi hermano mayor,
y la justicia sobra.
Así una infamia se cobra,
así se pierde el honor,
así el cristiano se vence,
así se da al mundo espanto
porque su fe se alza tanto,
que mi sangre me avergüence.
¿No soy yo Gacul, aquel
que en servirte entretenido,
por solo agradarte he sido
del mundo azote cruel?
¿No soy de quien tiembla el suelo,
y quien con sus manos fieras,
si no me las detuvieras,
hubiera deshecho el cielo?
Pues ¿cómo el que participa
deste corazón tan vario,
en dar muerte a su contrario
a coces no se anticipa?
Si es que tú le detuviste
por milagroso secreto,
dilo y viviré quieto,
que nadie a tu ira resiste.
Pero si fue cobardía,
habla, matarélo luego;
porque de su infamia el fuego
no desdore la honra mía.
Si a quien soy no correspondes,
¿cómo mi hermano te nombras?
Sale Azlaja confusa, y Dazayda.
¿A quién, con tus solas sombras,
mi Gacul, no me respondes?
No merezco yo gozar
desta venturosa estrena.
Si te da mi infamia pena,
¿cómo te podré mirar?
Escondo el rostro cruel,
porque el tuyo soberano
las afrentas de mi hermano
no puedas leerlas en él.
¿Qué afrentas?
No oso decillas.
¿No osas?
No, porque entiendo
que si las voy refiriendo,
te ofenderás tú en oíllas.
No me suspendas.
¿No quieres?
Me afrenta que mi hermano
huyese un escuadrón villano
de unos cristianos mujeres,
y los dejase con vida.
¡Por Alá, de suerte estoy
que ciego Gacul no soy,
pues no es sola mi perdida!
¿Deso estás corrido? Calla,
que mayor infamia fuera
si habiendo treguas, hiciera
con los cristianos batalla.
Ya se la ocasión advierte,
que Zayda me lo contó,
si otra causa no te dio,
desamor es el ofenderte.
Coge a tu enojo las riendas,
pues pueden en amistad
llegar a nuestra ciudad,
y nosotros a sus tiendas.
¡Qué agravio, qué mal ultraje
los soldados nos hicieron,
es porque a vernos vinieron
puestos en morisco traje!
Si es por eso, antes arguyo
que el nuevo disfraz ha sido
no por burlar del vestido,
mas por ser mejor que el suyo.
Y cuando por desdeñarnos
fuera el cielo santo y sabio,
pues le tocaba ese agravio,
diera ocasión de vengarnos.
Y no que estando de paz,
holgándose en rica tierra,
diera causa a nueva guerra
un ceguazuelo rapaz.
Dijérase, y con razón,
que porque temor tuvimos,
con ellos treguas hicimos
por matallos a traición.
Querido Gacul, consulta
a tu hidalga prudencia,
y en ti verás que sentencia
que de tu información resulta.
No te precipites, vuelve
a contemplarlo de veras,
y lo que agora hicieras
en aqueste se resuelve;
que esa cólera bastarda
más en tu pecho se anida.
Bien te tengo yo escogida
por el ángel de mi guarda.
Bien en el mayor estrecho,
que mi honor y lustre ofende,
tenerte mi fe pretende
por amparo de su pecho.
Mi hermano vive por ti,
que a no ser su defensora,
fuera aquesta la hora
que solo viviera en mí.
Y el cristiano verá presto
las andaluzas yeguas,
pues hoy se acaban las treguas,
que mi rey y el suyo han puesto;
que siendo yo hechura tuya,
y llevándote en mi juro,
que no está su rey seguro,
aunque al trono de Alá huya.
Estraño gusto me has dado,
puedes ser al mundo ejemplo.
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ya que contempló
valiente y considerado
puedes ferir con un monte
hacerle tumbar los huecos
los peñascos de más secos
que cercan este horizonte
puedes.
Por ser tuyo puedo
hacer infamia infinita.
Entra Hamete.
El rey viene a la mezquita.
Nuevo gusto en velle heredo,
hacía mucho su venida.
Estimo
verle aquí si le deseas.
Entra el rey moro con algunos moros y tocan los menestriles.
Muchas fiestas, señor, veas
para ser tu amparo primo.
Entranse y salen don Lorenzo y don Pedro, a lo español.
Quedó la mora picada.
Afición mucha os mostró,
mas hallaráse burlada
de los cristianos que vio,
corrió ya aficionada.
Burlando os hizo favor,
pero avivando el amor,
las llamas del muerto fuego
rindió el gusto al rapaz ciego,
y aludió el guardado honor.
Vi la de amores perdida,
vi la rematada y loca,
y tanto en vos convertida
que era el sí de vuestra boca
la víctima de su vida.
Y valga el diablo la mora,
si mi imaginó verla agora
en su retreta llorando,
y en el mío contemplando
con lágrimas una moza.
Qué queréis? Hallase ausente
de aquel a cuyos despojos
rindió la soberbia frente.
Nunca me entretienen ojos
que se contristan en fuente.
No hayáis agora diamante
que por Dios de puro amante
os vi ya vuelto de cera.
Pues de acero entonces era,
no lo mostraba el semblante.
Salen Pelay Pérez, maestre de Santiago, y Garcí Pérez de Vargas. Dice el maestre:
Galán corrió el alazano.
Aficionóme el overo
del lunar blanco en la mano,
que es por extremo ligero,
y para ser castaño no
criado en los albañares
del corriente y graso Enares,
tiene los cascos de bronce.
No estimare por el once
de los andaluces pares.
Tiene un pecho de elefante,
ancho cuello, corto rostro,
fuerza en los pies más que un ante,
gruesa anca, al fin es un monstruo
para mi gusto importante.
Diole gusto al rey Fernando
verle ir el freno tascando
sin llegar los pies a tierra,
pues en encuentros de guerra
más que yo va destrozando.
Pieza es que enviar se puede.
Estímole en más de un cuento.
Si lugar se nos concede,
sabremos qué es el contento.
No hay quien la licencia os vede,
llegad.
De placer que ha habido,
parece que hemos corrido
ante el rey y el maestre.
Qué hay que os ha mostrado
con forma la suerte, asido?
Mas sucediérame mal
si al desnudar de la espada
no se asiera del pretal.
Cayóse?
Desnuda la espada.
No tuvo en nada
hacerme de su señal.
Que no es dulce de corte,
hará herida que no importe.
Vienes que se solemnice?
Veamos esta que os dice,
fue la dama de la corte
un tiempo?
Saca la carta.
Pues de la tira
algo se podrá alabar.
A costa de oro.
Podría
una pena refrenar.
Qué temple es, gallardería.
Pues el valor desta dejo,
que ha sido del mundo espejo.
Gallarda pieza, por Dios.
Con esta estamos dos
buenas.
El soldado viejo
y entre enemigos se afloja,
como el galán en su dama
se remira, ansí en la hoja,
que a su brazo le da fama
y a sus contrarios despoja.
A cuatro espadas aquestas,
para ser en campo puestas
las banderas sarracinas.
Luego ya las matinas
vueltas en luto sus fiestas.
Tan cerca de hacerse está,
que es bien por horas lo esperes.
Sale Hamete con una bandera blanca.
Hidalgos, guarde os Alá,
quién se llama Garcí Pérez?
Yo, moro, llégate acá.
Zelín, mi señor, te escribe
esta letra, y te apercibe
que al momento que la veas
con tus amigos le veas.
Dale la carta.
Qué gusto mi alma recibe!
Ea, señores, ya veo
bien cumplido mi deseo.
Qué mozo de la porfía
de anoche nos desafía
por Dios.
Lee el papel.
Lee.
Don Lorenzo lee la carta.
A ti, flor de cristianos, Garcí Pérez,
y a los demás que con vos me animáis,
y nuestras murallas visitar quisistes,
salid, yo y mis soldados esperamos
en campo raso a fuer de buena guerra,
vivas espadas de encintado temple,
para saber de vuestros fuertes pechos.
Si la braveza que en la paz publican
en la ocasión podéis hacella buena;
y por que no os tardéis en leer, soy corto:
en el puesto os aguardo armado al punto
de mis armas y empresa, a la escondida,
dándonos que yo quitaros pueda.
Vive Dios, que es moro honrado,
y que le envidio la gloria
de habernos desafiado.
Gran parte de la victoria
lleva en haber comenzado.
Vase el moro.
Moro, dile a tu señor
que estimamos el favor
que en este papel nos hace,
que ir a verle nos aplace.
Peligro es tanto valor.
Tiene en las obras el moro
dar a nos en qué entender.
Por el señor en que adoro,
que esto que os emprendéis...
Pag. 9
es de hidalgo decoro
mas de ir allá le tardamos
y ocasión al mundo damos
que nuestro esfuerzo condene
Sale el rey Fernando con don Diego López de Haro
Adonde, hidalgos,
Conviene
que de las tiendas salgamos
¿Hay qué hacer?
Cierto ejercicio
con las armas y la espada
en cosas de tu servicio
Vio buen pecho, me agrada
ya que el cielo os sea propicio
De camino mando algo
Vio proceder de hidalgo
tan a mi gusto en pareja
que más que os pida no deja
Rico de este favor salgo
Vanse, y dice don Pedro
En tu seguimiento voy
Don Diego, fiel, grato suelo
en cuyos campos estoy,
le rinde a mi yugo el cielo
de inmortal ventura soy
permítalo el alto cielo
Mereces, rey, que la trompa
de tu fama el aire rompa
y con levantado estilo
desde el Betis hasta el Nilo
se eternice tu alta pompa
¡Oh, gran ciudad tesorera
del bien más alto y profundo
que de la celeste esfera
o maravilla del mundo
y entre las suyas primera
o sol hermoso de España
a cuyo nombre acompaña
tanta infinidad de gloria
que gozan de tu memoria
las gentes que el Tanais baña!
¡Oh, divino laberinto
donde el infierno se anega
del más eficaz instinto,
oh diosa, que en poder llega
a ocupar el cielo quinto!
¡Oh, cifra del bien más alto
que ha dado glorioso salto
entre la enemiga ley
si el corazón de tu rey
de Dios no estuviera falto!
¡Oh, amada enemiga mía
por quien me tiene celoso
tu bárbara compañía!
¡Oh, centro de mi reposo,
mi alma salud te invía!
A tu salvo goza de ella
ciudad populosa y bella
mas será este salvamento
principio de tu contento
y cabo de mi querella
Tus requiebros he contemplado
y aunque está muerto tu fuego
haces buen enamorado
¿Qué dices de esto, don Diego?
¿No estoy bien aficionado?
También que por eso solo
mereces como otro Apolo
por las celestes estancias
y ahorrando las distancias
que hay de este al helado polo
vaya el cielo destrozando
a aquesta canalla altiva
y nuestro bien mejorando
Suena dentro atabales, trompetas, voces, ruido
¡Santiago!
¡España viva!
Llega Garci Pérez con la cabeza de Gazul y los otros
Y ¡viva el invicto Fernando!
¡Viva mi rey y señor
con cuyo inmenso favor
mueren los contrarios fieros!
En efeto, caballeros,
sois de infinito valor
Recibe con grato pecho
la humildad de este presente
en que fundo mi derecho
honrarásle eternamente
quedando de él satisfecho
de Gazul era cabeza
esta generosa pieza
que con tanta gloria ves
sin alma rinde a tus pies
tu nueva ventura empieza
Oh Marte, oh invicto roble
que así mi gloria engrandece
es digno de lauro doble
Esta victoria agradece
a todo este escuadrón noble
ellos con sus pechos fuertes
hicieron gloriosas suertes
el del contrario escuadrón
ellos fueron ocasión
de mil enemigas muertes
el favor que me concedes
rendírsele a todos puedes
Venid, que quiero despacio
gozaros mientras que agracio
al cielo tantas mercedes
vos, flor de mis caballeros
id un poco a descansar
que con algunos que fieros
quiero que vais a aguardar
la torre de los Herreros
Iré yo en su compañía
Vos quedaréis en la mía
y los que con vos están
otros con mi Marte irán
Haz tu gusto
Venid
Guía
Vanse, y sale Gazul y un moro con cuatro cautivos cristianos y con el Arla
Siendo en tu servicio, es claro
que a la fuerza de mi furia
no tiene el cristiano amparo
aunque fieras de Liguria
les sean muro y reparo
vistan arneses grabados
cuyos temples encantados
mágicas artes incluyan
que eso hace que destruyan
las vidas de sus soldados
de ver las cosas que he hecho
casi el cielo se avergüenza
porque es todo el mundo estrecho
para que el Gazul venza
llevando a Arla ya en el pecho
tú quien los destruyes eres
tú quien sujetas si quieres
el camino más profundo
tú eres espanto del mundo
y gloria de las mujeres
estas joyas te presento
que tú de mi parte tocas
y por Alá, que me afrento
de ver que son tan pocas
entre mis hazañas cuento
mas porque a servirte acierte
y el camino se despierte
sirviendo a tu gusto, codicia
recíbelas por primicia
de las que pienso ofrecerte
Sabiendo que tuya soy
en cumplimientos estoy
prolijo, la fe te doy
porque es obligarme más
a lo que obligada estoy
Pag. 10
Vete ya, Zulal, a la mano
en ofrendas, que es vano
pensar que puedo más darte
que la parte que es la parte
que da vida al cuerpo humano.
Esa te tengo ofrecida
desde el punto que te vi
con la libertad perdida.
¡Oh moro triste!
¡Oh mal logrado de ti!
Presto se acaba tu vida.
¿Qué tienes, Zorayda amiga?
¿Ahora que viene el enemigo
de tu sangre osas tanto?
Y dime, no me suspendas tanto.
Casi no estoy conmigo,
y no es aquesta vez
corvos alfanjes dorados,
ni coronados de plumas
los bonetes africanos,
sino de luto vestidos
se acercan de cuatro en cuatro
del malogrado Gazul
los afligidos soldados,
sonando trompetas roncas
y tan voces destemplados.
La grande empresa del tiempo,
y por el aire volando,
apenas la toca el viento,
temiendo fuego tan alto,
hizo señal de dolor.
Barre el suelo y pisa el campo,
tremolando entre la seda
que el alférez va arrastrando.
Salió Gallardo Celí
con cien moriscos gallardos
en defensa de su rey
y ofendido de tus labios.
A caballo salió el moro
y este día desdichado
en negras varas le vuelven
por donde salió el caballo.
Garcí Pérez el Maestre
con sus fuertes soldados,
en trabada escaramuza,
sus moros desbarataron;
quitáronle la cabeza
y el fuerte muro matando,
y los suyos, aunque todos
no vencidos, se tornaron.
No solo Zayda le llora,
pero le acompañan cuantos
el agua de Betis beben,
enemigos de Fernando:
las damas como a galán,
los valientes como al bravo,
los alcaides como a igual,
los plebeyos como amparo.
¿Qué dices, que entre las venas
has mi roja sangre helado?
¿Mi hermano, que es muerto?
Muertos son del sol los rayos.
Que es muerto tu hermano digo.
Acabó tu invicto hermano,
y porque lo creas escucha,
que ya se acercan marchando,
sonando trompetas roncas
y tan voces destemplados.
Sacan a Celí muerto y los moros de negro.
Costosa satisfacción
me da tu pecho leal,
querido hermano, en señal
de tu mucho corazón.
La muerte suya te llama,
mas de esa muerte adquirida
ha resultado la vida
de tu sempiterna fama.
Bien es que en su llama azul
venga el Fénix por el suelo,
pues renovando de vuelo
de sus cenizas Gazul,
de esta hazaña te empieza
honor tan grande y profundo
que porque te goce el mundo
has venido sin cabeza.
Y aun sin ella tanto subes,
dándoles mil asombros,
a los cielos con sus hombros
vienes raspando sus nubes.
¿Cómo no me hablas? Levanta
y dame un abrazo estrecho,
mas por no hablarme sospecho
que veniste sin garganta.
Pues la mía a causa tuya
tan fuerte nudo la ciñe
que me compele y constriñe
a que el cristiano destruya.
¿Tu muerte es quien me animó?
Pues con ella me enseñaste
que tú la empresa empezaste
para que la acabe yo.
Acabaré, por Alá,
y tenga ese rey por cierto
que Gazul no vivió muerto,
pues vivo en su hermano está.
Abrázame, si te agrada,
antes que parta a la guerra.
Seré el hijo de la tierra
que va con furia doblada.
Tu pecho en mí se desangre;
seré cruel toro de Europa,
que destruya cuanto topa,
viéndose atada su sangre.
Arlaja, mi bien, permite
que esta empresa honrosa siga,
porque mi vida me obliga
que ya del cristiano quite.
Dámela o me mataré,
porque tu pecho sosiegue.
Manda amor que te la niegue
y tu honor que te la dé.
Hoy hacen batalla esquiva
Gazul, mi amor y tu honor,
pero al fin muera mi amor
porque el honor tuyo viva.
Ve, que no quiero negarte
licencia en esta partida.
Parte, y pártase mi vida
al paso que se parte.
Que bien sé que queda ajena
la mía de tu memoria,
pues tú vas a adquirir gloria
y a mí me dejas en pena.
Esa tendré yo, señora,
hasta el fin de esta desgracia,
mas porque vaya en tu gracia
te llega mi abrazo.
En buen hora.
Dádome has fuerza infinita
en darme tu voluntad.
El cuerpo, amigos, llevad
de mi hermano a la mezquita.
Aquel tronco de vida falto
pondré con cetro y corona
junto al altar de Mahoma,
y aun dos estados más alto.
Vanse y suenen soldados entre las querellas broncas, sonando trompetas roncas y tan voces destemplados. Salen Garcí Pérez y un caballero armados, y Millán con el yelmo de su señor.
Pag. 11
La torre el rey nos encarga,
como ya está satisfecho
del valor y del buen pecho.
Con todo, es pesada carga.
dos la pueden defender.
Si yo me llamo a comodo
caballero, el mundo todo
no la osará a cometer.
De esa arrogancia redunda
grande peligro a los dos.
Que es el mundo, ¡vive Dios!,
que a solas voces lo hunda.
No hagáis con el encuentro
que tanto el bajar encierra,
que hará se abra la tierra
y nos esconda en su centro,
y que daránse las bruces
sin bebedor que las gaste.
Escudero, amigo, va auste
que no gusto que me atruces.
Vuestra merced no se espante,
que le reñía en mi provecho.
Súbese el rey y don Lorenzo en alto con don Lorenzo; mira el campo.
Don Lorenzo, este repecho
en mi campo es importante,
que de aquí se señorea
aquesta vega espaciosa
y no hay en mis tiendas cosa
que no las descubra y vea.
Señor, de importancia ha sido
tenerle así.
Capitán,
¿quién son los tres que allí van?
Solo el uno es conocido,
que es Garci Pérez el bravo,
a los otros no conozco.
Salen siete moros con sus adargas. Ameto, Zorayde y métense en un jaral.
En este jaral me embosco.
Grande empresa es la que acabo.
Démonos prisa, señor,
que ya tanto espacio sobra.
Y pondréislo por la obra.
¿Hay de quién tener temor?
Volved el rostro, veréis
la gente que nos espera
al doblar esta ladera.
A cuatro o cinco, ¿les teméis?
poco os asombrarán,
que estos de ver nos se ablandan.
Si mil reyes me lo mandan,
no pienso pasar de aquí.
No quiero ver os temer.
No os quiero ver porfiar.
Yo adelante he de pasar.
Y yo al real me he de volver.
Vuestra merced haga lo que pide
su merced.
¿Juegas conmigo?
Yo por mí no se lo digo,
mas por él que se comide.
¿Pensáis pasar adelante?
Y podrá ser que destroce
el cuartel.
Mal le conoce,
no le asombrará un gigante.
Él es loco o de veneno
y acaba infortunado.
Vase huyendo.
¡Por Dios, que nos ha dejado
con mucho comedimiento!
¡Oh, infame, indigno del nombre
de católico soldado!
puesto al sol que ha nublado.
Causa para que me asombre
me ha dado estos caballeros,
como aquella vuelta da
y Garci Pérez se va
solo contra los ageros.
Alguna grave ocasión
ha de aquesta vuelta ser.
¡Hola! ¿muéstrame armazón?
Advierte que muchos son.
¡Ojalá! si no estuviera
todo el morisco furor,
tuviera menos temor,
y más que matar tuviera.
Toma ese sombrero y dame
la celada a cabal...
A Garci Pérez
Ten, señor.
Que no te pareció bien
está y...
Amigos, dos han caído.
Salgámosles al encuentro.
Haz que te consuma el centro
para no ser conocido.
Si a ellos ir se pretenden,
mucho temo no peligre.
Nunca el cielo de un tigre
tiernos corderos le ofenden,
piensa del Marte segundo
que armado en el campo ves
que pone debajo de sus pies
al dragón más fiero del mundo.
Y como un poco le esperes
verás el caso en que para.
Vamos.
Guía.
Para.
Para.
A los que Garci Pérez
nadie hable.
Es oprimirles
ver el encuentro de en medio.
Pag. 12
Que se me perdió barrunto,
y un gozne no podré un punto
si desabrigado ando.
Muestra esa celada, acaba,
y vuélvesela a buscar.
Tan presto que a estorbar
ese escalón nos faltaba.
Aquí traigo yo un pañuelo,
en la cabeza te le ata.
No falta quien me combata.
¿Qué quiere volver? Hacedlo.
Toma.
Pícaslo de veras,
di, corazón de acebuche.
Es para que no lo escuche.
Traigo afiladas tijeras
y lo cortaré.
Acabemos,
no uses conmigo ese estilo.
También traigo aguja e hilo,
y dedal.
Otra tenemos.
Dame la celada.
Ten,
pero de mi mal consejo
considera que soy viejo
y me ha sucedido un vaivén,
y no me metas en más.
Calla y ven.
Vanse yendo.
Basta que vuelve.
En matarnos se resuelve.
Espérelo Barrabás.
Vanse yendo.
Mirad que huyen.
Digo
que por honor de hombres hidalgos
vamos allá.
Quítase Pérez y Don Lorenzo.
Esperad, galgos,
y abriréis los ojos conmigo.
Viva este brazo atrevido,
que él dará fin de su secta.
Pues ahí está la celada,
mi ventura ha sido.
Conociendo mis hazañas
el bárbaro no me ladra,
el centro aunque la tuviera
escondida en sus entrañas.
Muéstrala.
Toma.
¡Oh, amiga,
a quien mi vida he encargado,
en mí cómo habéis estado
entre esta gente enemiga!
¿Cómo es posible que pieza
que tan de mi gusto es,
tuviésemos a los pies,
dándole yo mi cabeza?
Bien parecida seáis,
pues con el bien pareada
el seguro de mi vida
por señas me le anunciáis.
Poneos en vuestro asiento,
gozad vuestro honroso estado,
que yo en abrazos cobrado
voy por este mi contento.
Aún estas armas toma,
¿qué es lo que hacer ahora quieres?
Llegan el Rey y Don Lorenzo, Pelay Pérez y Don Fernando.
¿Huyeron de Gazul y Pérez?
Es quien su arrogancia doma.
El Rey viene.
Quieren esconderse.
¡Oh, pesia a mí!
Caballeros, a los dos digo,
si ando yo tan vuestro amigo,
¿por qué os escondéis de mí?
Llegad a dadme los brazos,
que pues mi honor engrandecen,
con tanto extremo merecen
los ciñan estos abrazos.
Soy, señor, hechura tuya,
y mi valor nace de ti,
qué mucho si estás en mí
que la muerte de mí huya.
Pues solo quien me anima,
y quien con reales coronas
embargas el nombre, enconas
con lo mucho que me estimas.
Tú eres quien me das aliento
para que al bárbaro aqueje,
hasta que a su gente deje
desocupado su asiento.
Por ti amparada esta planta
vendrá a ser de algún provecho,
la humildad de mi pecho
más ánimo nos levanta.
Llegad y cuenta me dad,
¿quién era aquel caballero
que os dejó solo?, que quiero
honrarle.
Tu majestad
no haga de su honor alarde,
porque no le conocí.
¿No conocéis? ¿Cómo así?
No conozco al que es cobarde,
y tú, invencible señor,
de su vuelta te contenta,
pues sabes que de su afrenta
ha resultado mi honor.
En más os estimo ahora,
que os desenfadéis conviene.
Hacia acá el alcaide viene.
Venga en buen hora.
De semblante extraño y fiero,
la muerte trae entre las manos.
Por tierra.
Soy de cristianos.
Pues a quien no mate espero.
Entra Gazul con la seña y dice a grandes voces.
¡Oh, tú, que a tu fe no has hecho
dilatar más que el Macedonio piensas,
tú, cuya hambre y avariento pecho
tiene las aguas béticas suspensas,
tú, que en engaños fundas tu derecho
y a mi ofensa acumulas mil ofensas,
tú, cuya gente por traiciones lucha,
pues de la flor estar cercado escucha!
Yo soy aquel que en la Bandalia ocupo
las siestas que humedece Guadalete,
soy quien en palmas a dársela supo
la entrada que a sus ángulos compete,
soy quien la sangre a los cristianos chupó,
soy quien a ti valor de más promete,
sacar la sangre y pechos a sus pobres,
a mis yeguas echarla en sus pesebres.
Yo soy a quien por fueros de Mahoma
la Alarcia paga y nómina bravía,
soy quien las vacas y ganado toma,
que os fortifican a ti y a tu bando,
soy el azote con que el cielo os doma,
y el verdugo en mi infalible diestra,
asombro fiero de tu fe poluta
y muro adamantino de Sevilla.
Soy a quien la África ofrece minas de oro,
y la Alarabía el vinco del inbar,
soy quien en seco me beba el mar todo,
no frena caza y fiera alada almijar,
soy el aullido del renombre moro,
soy de ricos regalos el acíbar,
soy a quien a diez de tu escuadrón abarca,
y de sus hilos da la mortal parca.
Soy el que contradijo a las treguas,
soy el que fuga en la batalla puso,
soy el que en el real metió sus yeguas
y a matarte en tu tienda se dispuso,
soy quien piensa del Betis muchas leguas
abrir y entrar tu ejército confuso,
soy el lucero de la mora casta,
y soy Gazul, que ser Gazul me basta.
Soy quien sin celada a probar te vengo,
para vengar la muerte de mi hermano,
y campo a todos juntos os mantengo,
atrás atada la siniestra mano,
y si desta vez solo no me vengo,
juro por el profeta soberano...
Pag. 13
de no dar a mis miembros cama blanda
sin vengarme o morir en la demanda.
Tres campos, Rey, te pido, no te alteres,
que con menos crueldad mi sed no apago;
el primero señalo a Garci Pérez,
segundo al de la cruz de Santiago,
y tu cristiano Rey de los tres eres
a quien tercero en la batalla hago,
que pues tercero Rey te llama España,
lo serás en salir a la campaña.
A que da muerte a todos nos sentencia
muestras da el moro de gentil soldado.
Deme el Rey, tu Majestad, licencia,
pues el primero fui desafiado,
para arruinar su bárbara insolencia.
Vos la tenéis, pariente.
Hasme obligado.
¿No respondéis, cristianos? ¿No hay quien quiera
salir conmigo al campo?
Moro, espera.
Bájanse todos de las tiendas y queda Gazul solo en el campo.
Salid, canalla cobarde,
salid, reliquias de godos,
en quien mi afrenta do alarde,
será el incendio de todos
el fuego que en Gazul arde.
Contra mis feroces hechos
sacad, encantados petos,
hachas de armas y gorguces,
que el sol de los andaluces
os verá a sus pies sujetos.
Hoy el brazo que os espera
vengará el mortal desdén
que con mano inicua y fiera
hicisteis todos en quien
mejor que vosotros era.
Soy Gazul, afeminados;
de vida os veré privados,
dejando a vuestro despecho
mi corazón satisfecho
y a vosotros castigados.
Hoy de la esfera más alta
y de su celaje azul
alabará vuestra falta
y que el brazo de Gazul
en vuestra sangre se esmalta.
Como de vuestra guarida
no salís, hay quien lo impida,
mas de industria allá os estáis,
que cuanto a venir tardáis
sé que tenéis más de vida.
Mahoma, no des alarija,
verás que en breve te vengo.
Entra Garci Pérez y Milán su escudero.
Dame esa lanza y adarga.
¿Vienes solo?
Solo vengo.
Pues, ¿solo esta lid te encarga
tu Rey, de seso privado,
a la que te envía a ti solo
a esquitar parte del gasto?
Pues, ¿que yo solo no basto?
No, por el celeste Apolo.
Espere el moro un poquito,
y verá cómo le pone.
¿Por mi diestra, que es delito
que, porque no me corone,
y lidia solo un mosquito?
Vuélvete, que no me precio
matarte.
Tanto desprecio
ha de vencerme tu lengua.
Pues no es ofenderte mengua.
De arrogante das en necio.
Vente a mí, si no te vienes
quitarte la vida juro.
¿Tanta desvergüenza tienes?
Comeréte.
Soy muy duro
y cerradillo de sienes.
Un Etna en mi pecho enciendes,
diablo, ¿cómo no te defiendes?
¿Quien le dio muerte a tu hermano
te la dará a ti, villano.
¿Tú eres quien mi sangre ofendes?
Yo soy, yo soy Garci Pérez,
yo quien en tristes gemidos
convierte vuestros placeres;
yo que enviudo a sus maridos
a las moriscas mujeres;
yo que en un dedo menearte.
Hoy, infame, con ampararte,
pues en partiendo mi lanza,
tendrás de vida esperanza,
como la estás de su parte.
¿Cómo tanta fuerza toma
este, que defender puede
que vivo no me lo coma?
¿Cómo consientes que quede
afrentado así a Mahoma?
¿No tomas agora sosiego?
De tu destreza reniego.
Puede ser maestro de esgrima,
pues si un poco se le arrima
ha de rematar el juego.
Corrido de verte estoy,
vivo tanto.
Muerto soy.
Muere, o date por vencido,
que es premio quedar rendido.
Ya de tu valor lo estoy.
Besa aquí mi altiva frente,
dale al justo el castigo.
Blasfeme de mí la gente,
si no fuere eterno amigo
de mozo que es tan valiente.
Alza del suelo, que quiero
sea Gazul tu compañero.
Doblados hierros me pones
con la espada y tus razones,
ya por ser tu esclavo muero.
No lo serás, de mí fía,
aunque dentro de mi tienda
te tenga en mi compañía,
hasta que a mi Rey no ofenda
tu libertad.
Pues la mía
te he dado, entiende de mí,
que en contra de él ni de ti
no sacaré cimitarra,
ni traeré acerada barra
por Alá.
Bien te escogí
por compañero leal;
mas porque cures tus heridas,
vamos juntos al real,
que ya me importa tu vida.
¿Quién tuvo nobleza igual?
Vamos, rutilante sol,
de pechos bravos crisol.
Ven, amparo de Sevilla.
Vamos, gloria de Castilla,
y honra del suelo español.
Queda a Dios, querida Axarfa,
que otra voluntad me lleva,
preso con mayor ventaja;
ha hecho Amor en ti prueba
si más el tuyo la ataja.
Avisarla determino,
darle gusto.
Tendrá el sarracino
en el comer mal despacho,
que no se gasta acá gazpacho,
sino jamón y buen vino.
2ª Jornada. Rey moro, Axa, Zayda, otros moros y Ayas moro.
Jornada segunda
Pag. 14
Pues en el Mausolo y mármol Paro,
la figura del pérsico alabastro,
retrato honroso de mi primo caro,
fijó la planta de un ebúrneo castro,
para que su nombre quede claro
al mundo, en tanto que el radiante astro
abrace la región cálida y fría,
ha señalado de su fiesta un día.
Pag. 15
Este cada año a la sazón que Febo
entrare en la canícula celeste,
el sacro honor del ínclito mancebo
haré que todo el reino manifieste;
que los alcaides hagan justa apruebo
y el común gaste toros aunque cueste
a mi fiesta real cien mil cañas
y en poner al turbante los rubíes.
Y siendo su sangre de muy nueva cepa
y tu general hasta el Cairo fijes,
importa a tu grandeza que se sepa
la pompa funeral que al muerto eliges;
no hay majestad, no hay honra que no quepa
en el alma de aquel por quien te afliges,
y de cuyos regalos y apartada
antes me vi viuda que casada.
Deuda es que se le debe al mudo tronco
que sus hazañas sobre él encubres
y con fúnebre canto y humo ronco
su inmortal vuelva ante Mahoma alumbres.
Y guarden desde el polo al más bronco
en la edad venidera esas costumbres
porque sola resuena el alma santa
del que mi nombre al móvil levanta.
Porque el lencerlo en lágrimas empapa
llora y de vella la congoja trueca,
mirar los rodeos del picado entre paños
y con rati erino suza el agua peca,
de mis marlotas que tase las chapas
de oro y de las lámparas de Meca,
traeré catorce con adornos pulcros
que siempre alumbren su feliz sepulcro.
Ofreceremos a sus sacras aras
humana sangre de cristianos perros,
y de sus reyes las banderas claras
verás pendientes de dorados hierros;
las peñas más oficiosas y raras
dará este alfanje a sus atroces yerros,
dividiendo en innúmeros pedazos
piernas, cabezas, corazones, brazos.
No habrá hidalga mano en la morisma
que a ese azote legítimo no acuda,
y contra los manchados de la cisma
no te dé alcaide su favor y ayuda.
La injuria hecha al Espera misma
el brazo nuestro su rigor sacuda,
y mueran los caudillos de esos daños
Mahoma os guarde por dichosos años.
Salen Hamiete y Arlaja airada.
¿Qué de vosotros ya en la yegua salta
y el acicate en sus ijares y res
que en el real del rey cristiano esmalta?
Y a sus leones con alfanje afinca,
como el esfuerzo de esos pechos falta,
como el corcel no asienta el freno y brinca,
viendo entre brazos enemigos preso
al Atlante que os tuvo el reino en peso.
Preso Gazul rendido, el mismo Marte,
¿cómo están esos ánimos seguros?
¿Dónde defenderéis vuestro estandarte
aunque resquen diamantinos muros?
¿Dónde está el alfaquí? ¿Dónde está el arte?
¿Dónde se hacen los mágicos conjuros?
Ahora falta todo, ahora cuando
veis al cuello la espada de Fernando.
¿Esperáis a salir cuando se hincha
de vuestra sangre el foso o cuando saque
el contrario seisón tirante cincha
lanzas, barbacanas les dé jaque?
Si esperáis que su fiera yegua relincha
que no hay bastión que su furor aplaque,
que su sabroso pasto es cuatro leguas
batir el suelo, las moriscas yeguas.
Y tú, Alfatar, cuyas gloriosas sienes
con corona ceñir al cielo plugo,
como en amar te tanto te deshaces
como no quiebras este torpe yugo,
marcha con los ejércitos que tienes
como arrugas la frente.
No la arrugo
por miedo que me causa esa canalla,
mas por no estar a punto de batalla.
De mis soldados vayan dos o cuatro
y al cuartel todo vencedor y maten,
hagan la yerba tránsito teatro
donde las vidas bárbaras les quiten;
mil almas den al infernal barato
hasta que el peso del agravio os quiten;
en todo el campo del cristiano loco
Vete señor, a pensallo poco a poco.
Junta de guerra plático consejo
y la dificultad del caso aplica,
que en cosas arduas el soldado viejo
maduros pareceres certifica.
En la conclusión para consulta dejo,
que la empresa y lo puesto no es tan chica
que no esté el alma de su fin suspensa.
Que lo pienses importa.
Bien lo piensa.
Ahora cobardes viles
buscáis consejo de guerra
y pareceres sutiles,
viendo en enemiga tierra
preso al andaluz Aquiles.
Ahora cuando su frente
el contrario y ugofriente,
no hay viento que os asombre,
tanta falta hace un hombre
de vuestros ojos ausente.
Tanto el temor os agrava
que en medio de la carrera
no hay freno que lo corrija.
Gazul preso, a su alteza
que no hay quien sin él os rija.
Y así antes que el pueblo huya,
a votar le restituya
la parte que le ha quedado
de la vida que él le ha dado,
pues que la mitad es suya.
Que saldría afeminada
a no ampararse en su diestra
estuviera ya acabada;
la vida es suya, no es vuestra,
él os la tiene prestada.
Y pues no hay quien la defienda,
volvedle a dar su hacienda
que le será de provecho
para que en aqueste estrecho
del cristiano se defienda.
Ved que entre gentes ajenas
de piedades con crueles penas
hace de su sangre alarde,
por que la vuestra cobarde
no desampare sus venas.
Advierto que mientras pudo
mandar el brazo rendido
fue de vuestra patria escudo,
ved que de honra os ha vestido
y él de ella queda desnudo.
¿No habláis, no hay quien no recele
gustar este trago amargo,
quien su libertad cele?
Pues yo lo tomo a mi cargo
como a la que más le duele.
Quedaos, gente acobardada,
en esta choca encerrada,
pues el valor se trueca,
yo saldré en mi ruca,
que yo ceñiré la espada.
Arlaja y dice el rey Alfatar
Pag. 16
¡Oh, libertad de mujer!
Bien esta casta aborrezco,
porque, en llegando a querer,
de la sangre y parentesco
quiere dominio hacer.
O primo Gazul, o amigo,
es el santo Alá testigo
si recibiera la muerte
con mayor gusto que verte
en poder del enemigo.
Mas si a tu ilustre persona
quisiere dar libertad,
que con rescate te abona,
yo le daré la mitad
de mi gloriosa corona.
Pídame de plata un toro
y una coluña de oro,
en cuya punta divina
de perlas está una mina,
con el profeta que adoro.
Pídame la margarita
mejor que hay en mi palacio,
las losas de mi mezquita,
de mi corona el topacio,
cuya estima es infinita.
Pídame el bello zafiro
que Ardín me trajo de Tiro,
los veinte alfanjes de Fez
y el estimado jaez
de su ascendiente farnizo.
Y si a dádivas vendibles
su gusto no le convida,
entre las menos visibles
por tu rescate me pida
un escuadrón de imposibles.
Que por el santo profeta
a quien mi divina seta
ofrece olores sabeos,
a cumplirle sus deseos
como darte a ti prometa.
Haste cansado, señor,
en hacer discurso largo
de tu infinito valor,
y sin precio yo me encargo
de librar tu valedor.
Si licencia me concedes,
en breve haré que quedes
sin el cerco y con tu primo.
Tu voluntad larga estimo,
ponerla por obra puedes.
Pero, ¿qué piensas hacer?
Hoy llega al campo el infante
que en [caza] le vi a ver,
es su venida importante
para este fin, lo ha de ser.
Que yo trazaré de modo
esta mi fingida arenga
aunque le pese al mundo todo,
y cuando conmigo venga
prenderé al príncipe godo;
y preso, por su rescate
haré que su padre trate
darte a Gazul y que quite
el cerco.
¿Que se permite
que este villano me mate?
Pues no saldrá con su intento,
que a un cristiano le he ofrecido
la llave del pensamiento,
que el llanto que he hecho ha sido
por un falso sentimiento.
¿Qué prevención hagas quiero?
Cuando el ardiente lucero
la parta más baja alumbre,
partiré.
De pesadumbre
contra este cobarde muero.
¿Qué hará?
Zayda.
¿Qué quieres?
Injustamente te afliges.
Contenta verme no esperes.
Gustaré te regocijes.
Vase el rey en diciendo este verso.
Cuando al cristiano me dieres.
El cielo te guarde, Orias.
Que de las rrejiones frias
baje la noche codicio.
Antes de ese sacrificio
¿un placer no me harías?
Dilo.
Aborrezco a un cristiano
de quien mi amado Celín
recibió un trato villano,
y esto estará vivo en mí
mientras viviere el tirano.
Haz que venga el arrogante
con ese cristiano infante,
que si su nombre no notas,
verás en él las garzotas
que a Celín di en su turbante.
Y si a Garcí le engañas
y haces que contigo venga,
haré con fieras entrañas
que contar mil siglos tenga
el mundo de mis hazañas.
¡Oh, juro a moro, tan fuerte!
Que no te olvides, advierte.
¿Mataráslo?
¡Ay, mataréle!
Voy.
Primero te dé el cielo
a ti y al rey mala muerte.
Sale Garcí Pérez y Gazul.
Pues eres libre y nadie tiene
dominio sobre ti sino tú mismo,
no des lugar que el susto te condene,
que me son estas tiendas el abismo,
ni la gente cristiana tan feroce,
como la finge el necio barbarismo;
de mi hidalgo corazón conoce
que te tiene en lugar de hermano propio,
sin que cautela en esta fe revoce.
Español soy, no escita macropio,
ni como el magancés dentro del pecho
cavilos falsos ni traiciones copio.
Estoy, gran capitán, tan satisfecho
de las mercedes que en tu fe arrecabo
para guardarlas, y en el alma grabo,
como en eternos bronces las escribo.
Como a cautivo bárbaro me trata,
pues lo es el que en tu daño saca alfanje,
levanta su lanza y mano ingrata,
que dura piedra del helado Canje
y inhumano monstro que en los cerros
cría y bebe del disierto Gange,
tuviera vergüenza de sus yerros,
viendo de tu amistad y su fiereza
encontrados los lucientes fierros.
Me querrás vencer con tu nobleza,
tan vencido estoy que decir puedo
mudamos los dos naturaleza.
Eres el vencedor y yo el que quedo
preso de tu amor, fe de tu amor rendido;
tu amor el mismo estado ha habido
para que me muestre agradecido,
invicto capitán, [tu acero y atraces]
me dé hinojos a tus pies tendido,
para que muestres que me aplaces,
postrado de hinojos te suplico
que esos brazos en mi cuello enlaces.
Pag. 17
Agora a tu valor me comunico;
agora todo el cóncavo del suelo
para lugar de tu castigo escribo,
y quien me puede dar justo recelo
que hechura del insigne Garci Pérez,
a menos gloria no levanta el vuelo.
Basta, Gazul, no más; en todo quieres
mostrar tu pecho noble; crez en todo
un rey.
Ten.
Poco dije; Gazul eres.
Trátame, excelso Marte, de otro modo.
Tu virtud es la fuerza que me allana,
¡Oh, claro tronco del fiero nombre godo!
¿Cómo está la herida?
Casi sana.
¿Podrás batir las piernas a la yegua?
Tan presto no, que vuestra merced sangre derrama.
¿No irás para esparcirte media legua
conmigo por el campo?
Será en vano,
hasta que haga con la salud tregua.
Sale Millán.
En nuestra tienda te espera el cirujano.
Con tu licencia iré.
No me la pidas,
pues en todo te di mi propia mano.
Oh, cielos sacros, dadnos largas vidas,
porque le pague a este Marte nuevo
las mercedes que tengo resabidas.
Vase Gazul y sale Pelay Pérez.
Que el campo salga a recorrer te apruebo.
¿Qué hay de nuevas, traéis
infantería?
Infantería.
Estas albricias por la nueva os debo;
salgamos con los míos a la vega.
Ha parecido, su reseña tiene.
El corazón por verla no sosiega;
vamos.
Guiad.
El mozo que allí viene,
¿quién puede ser?
Armadura nos muestra.
Esperémosle aquí, que acá conviene.
Que paremos señala con la diestra.
Aquí sale Arlaja vestida de mozo muy galán con lanza y adarga, y a caballo si hubiere, como hoy día.
A vosotros, caballeros
de las tiendas de Fernando,
escuchad, pues voy hablando:
salid uno, salgan dos,
salid tres o salid cuatro,
que solo en medio de esta vega
os desafío y emplazo
para que probéis conmigo
la pujanza de esos brazos,
tan fuertes como arrogantes,
y arrogantes por el cabo;
no os turbéis, que solo vengo
a deshacer el agravio
que hicisteis a Gazul,
nuestro generoso amparo,
prendiéndole entre vosotros
más que a fuerzas, por engaño,
haciendo de un visible,
vencido y preso retrato.
Salga el fuerte Garci Pérez,
que publica por el campo
que él solo vencerle pudo,
hierro a hierro y mano a mano;
salga con él el Maestre,
que dicen de Santiago,
que encima de armas, mozas
y de las gentes espanto;
salgan con él los Guzmanes,
los Ponces y Llones bravos,
los Mendozas, los Carrillos,
los Pimenteles, los Haros,
los Cuevas, los Saavedras,
los que descienden del árbol
de aquellos reyes de Misia,
Mexías por nombre claro;
los Ladrón y de Guevara,
los Manriques, los Herazos,
los Figueroas, los Cisneros,
con los Girones, los Castros,
los Riberas, los Enríquez,
los Benavides, los Francos,
los Carbajales, los Laras,
los Laínez, los Montalvos,
los Tellos fuertes, los Rojas,
y con ellos salgan cuantos
de la sierra al Pirineo
beben de Duero y de Tajo;
y si estos no bastaren,
salga en persona Fernando
con el resto de su reino,
gente de a pie y de a caballo,
picapedreros, peones,
piqueros, arrojadardos,
pilotos, gente de mar,
los marineros, soldados;
que a todos, uno por uno,
diez, veinte o a todo un campo,
le daré a entender quién soy,
y lo infinito que valgo;
y porque, a mi asma, poco
hacen palabras al caso,
apelo para las obras.
Lo que en las facciones salto,
y si nos matará tras esto,
si no le van a la mano.
Acércate más, morillo.
Ya me acerco y os aguardo.
Paso, señor, ¿dónde vas?
¿Qué no, por mi ilustre fama,
oís que el moro me llama,
y dónde voy preguntas?
Voy a dalle dos azotes
a este morillo atrevido,
que a todos nos ha metido
en su quimera y motes.
Mejor será que os apeéis,
mostrando nuestra bondad
con toda aquesa ciudad,
y en prisión nos le dejéis.
Yo ningún agravio os hago,
pues nombra esta escuadra, o fiero
a Garci Pérez primero,
y luego al de Santiago.
¿Qué importa?
Pues de los dos
yo fui el primero, advertís
qué brava su furia en mí,
y mataldo luego vos.
Antes, si me dais licencia,
iré a mataldo yo solo.
Pues si la espada desenvaino,
quitaré esa diferencia,
despojándoos de las vidas.
¿Esto queréis escuchar?
Esperadle y rematar.
Nunca me espantan hechizerías.
No hay que temer, estáis bueno.
¡Acabad, gente cobarde!
Pag. 18
que no es bien que un siglo aguarde,
mi infelicidad condeno,
y derramarla ya es estorbo.
Suelta.
Aquí estoy a Millán.
de rodillas.
No levantes, capitán,
aqueste brazo feroz
contra una flaca mujer,
que en tus fuerzas, a tu espada,
pues mujer y lastimada,
poco te puede ofender;
contra mi castigo enbiada,
tu indomable corazón,
pues he sido la ocasión
que a tu inmortal gloria ofenda,
poca venganza se toma
de una mujer, y bueno está.
Como mujer por Alá,
que soy suya y de Mahoma.
Y la espada en vaina,
templa el color rubicundo,
pues as espanto del mundo,
su furor y saña amayna.
Ea, luceros cristianos,
reciba yo estas mercedes.
Mandadnos lo que, Gazul, puedes.
Señora, dadnos las manos,
que si tienen tal valor
las damas de Bética,
tarde acabará la guerra
su feudo el rey, mi señor.
Pónennos esos favores,
señora, en obligación.
Y esas sus ynsignias son
para nosotros favores.
A bella naturaleza.
Ante vuestros pies me postro.
No temo yo, y disimuló.
¡O, milagro de belleza!
¿Es posible que en un pecho
que nos suspende y admira
pudo caber tanta ira,
y todo el que se ha hecho?
Tu esclava soy.
No permita
la soberana deidad
que pierda su libertad
la que a mil almas la quita;
mas bien quitarosla pueda
el que por señora os cobra,
pues de la mucha que os sobra,
la suya Gazul se queda.
Hidalgo noble, a Sevilla
con vuestra esposa os volbed.
Serviros es mayor merced,
honra de toda Castilla;
no me apartes de tu lado.
abrázalo.
Azlaja viene por vos
y a de llevaros a Dios.
Prospere el cielo tu estado.
Si libertad tan bien perdida
nunca moro la ha temido.
Hidalgo, abrazadme.
Ha sido
reformación de mi vida.
Al haber visto al Cristo
que llevo en el corazón,
una entrañable afición,
a la ley de Jesucristo.
Ya se publica que llegan
a las tiendas el infante.
Reducirle es importante.
Vanse Pelayo y Gazul de camino.
Salgamos a vía la vega.
Besaréis al rey las manos,
valerosos sevillanos.
El río a tu gusto inclino.
Vanse, y dice Millán.
Vamos.
Si no se destapa
la mora de furia llena,
de una gallarda docena
de nalgadas no se escapa.
Mora, otra vez no midas
tan repentina ocasión,
que te haré saber un soldado.
Millán, señor,
¿con quién riñen esos?
Hame puesto una morilla
en condición de matalla,
afuera de la batalla,
porque vino de Sevilla,
y sin más ni más me apunta,
por Millán, al fin altóme,
furose y desafióme,
arrojéme yo de punta;
y a no hallar lugar y Pérez,
y el maestre han llegado,
que me aplacaron a mí,
blasfemando a las mujeres,
que a la pobre despepito,
sin remedio.
¡O triste mora!
Ya vive, ya en buen ora,
yo le perdono el delito.
Basta que todo el real
está lleno de rumor
de la gente.
Anda, señor,
que lo habéis hecho muy mal.
Veis aquí, señor, el infante,
con todos sus hombres buenos,
claro es que a de echar menos.
Entran el rey don Fernando y un infante, y los demás caballeros, y dice el rey.
Ya llega Millán, vámonos delante,
no me habléis, porque temo
que se ha de enfadar conmigo.
Por verte en salvo, bendigo,
infante, a mi Dios supremo.
Como en obediencia tuya
este camino e tomado,
para serviros se me a dado,
el cielo la ayuda suya;
y la última señal
con que mi fe me aventura,
próspero fin me asegura
esta hermandad en tu real.
Desde que te abracé siento
en el corazón profundo
un nuevo imperio del mundo
y de tu corona aumento.
Viva tu ínclita persona,
que con tus bríos,
pienso tener a mis pies,
desde el austro a la alta zona.
Si para ser valedor
de la fe, el rey no deseas,
ruego al cielo que te veas
de todo el mundo señor.
Y que todos lo veamos.
Y nuestros brazos lo hagan;
si con el mundo nos pagan,
a sujetallo salgamos.
Como en eso solo esté,
por teneros su imperio cuenta.
Vuestro pecho me contenta.
Manos a vuesa majestad.
Alfonso, hijo, y a saber
que debía haceros gracias,
doy siempre al señor las gracias.
Por eso en su libro cabes.
Pag. 19
Y vos, pues en parte escondida
donde me pueda ver,
lo quiero y agradecer
tu venturosa venida.
¿Adónde vas?
A mi tienda.
El capitán Garci Pérez,
el leal y fiel.
¿Queréis
que en más cuidados entienda?
No más recelos, infante.
Mi obediencia es...
Con don Pelayo el maestre
os veréis.
Vase el rey y Garci Pérez.
Parto delante.
Gran maestre, humano a mano
podemos ir.
Así sea.
Cómo nos va de pelea.
Desfallece el sevillano
porque los ricos han hecho
suertes de extraña ventura
y si el cerco tiempo dura
han de verse en gran estrecho.
Si vierades anteayer
tan holgadas de ir a fiestas.
Pues ocasiones son estas
de regocijo y placer,
y no sé a qué fin atribuya
esa libertad que muestra,
si a la virtud mucha risa
o a la desvergüenza suya.
Su atrevimiento es extraño,
a ser mil sabios aprueban,
pero en todos se lo llevan
la mayor parte del daño.
Y siempre sucesos tenga.
Sale Oyas moro.
Infante, a quien Dios prospere,
hoy el alto cielo quiere
que a besarte los pies venga.
Yo soy el alcaide de Oyas,
que junto a la fértil palma
te di aposento en el alma
y albergue en mi casa hallas.
Soy quien lo mejor que pude
di a tu fértil alojamiento,
que el hidalgo pensamiento
a hidalgas cosas acude.
Fió con el modelo,
porque tu hidalgo trato
dejó a mí su retrato
como en cera y impreso en mí.
De él en este cerco largo
me dio tres torres a cargo
las mejores de su muro.
Y aborreciendo su secta
y de ver tu trato humano,
persuadido a ser cristiano,
por una puerta secreta
saliendo vengo a avisarte
que en tu nombre aquestas torres
poseo, si las socorres
y ganas su baluarte,
en breve de la ciudad
te podrás hacer señor,
celebrando en su valor
la grande fidelidad.
Y mira a questa lauro gana,
pues tanto en ventura vuela
que sin quitar las espuelas
la ciudad se te allana,
y ven y luego te apercibe
a ser mi único padrino.
Él me determina,
en ti merced reciba.
Y vaya este caballero
a quien soy aficionado
y del fuerte apoderado
te avisará.
Hacerlo quiero,
que importa que en aventura
ocho vidas estén
pues si nos sucede bien
está la ciudad segura.
Y será blasón extraño
que a mi perfección venido,
Sevilla se haya ofendido.
En la empresa te acompaño.
Contigo nos llevas guía
a la parte que más gustas.
Aquestas torres primeras
son las tres que él te encomia,
y de su altura contemplando
su gracia, su fortaleza,
la misma naturaleza
se estuvo en ellas mirando.
Y mirad a ellas al menos
con tanta orden y concierto.
Si yo a tenerlas acierto
gran maestre ellas son buenas.
Los moros de este cuartel
que son de mi natural,
con alarbes está mal
y no es en extremos cruel.
Asacan un rey piadoso,
manso, afable y justiciero,
para el que es bueno, cordero,
para el malo, león furioso,
porque la paz será fama
glorioso infante te llama.
Gloria al cielo.
Espera aquí.
Entrará aqueste hidalgo
y cumplirá tu deseo.
Que lo cumplirás yo creo.
Entra don Pedro con Oyas y dice el infante.
Aquí he de ver lo que valgo.
Dios vaya contigo.
Amén.
Este resguardo del muro
gran maestre está seguro,
a él lleguemos.
Dices bien.
Temerario atrevimiento
a que nos echó los tres.
Asoma al baluarte y dale mendo a don Pedro.
Atreveos, señor, es
principio de vencimiento,
y si al contrario sucede
del deseo que tenemos
decid qué capitán queremos
que el moro sin vida quede,
mas ¿quién habrá que lo impida
si él te ofrece su favor?
Tente, no pases, señor,
que te va en ello la vida,
que es mía la cava advierta,
que a no ser de nuestro lecho,
ya le hubiera la muerte,
pero mira lo que puedes
con la fe que en ti dispongo,
que yo a peligros me pongo
para que tú salvo quedes.
Por esta soga te baja,
y haces mal si no subes
el menester que de moros habéis.
Pag. 20
Dile al Infante que mire
que es cauteloso decoro
el que le muestra el moro
que del muro se retira,
y ve amparar el portento
de aquesa canalla mora.
¿Cómo te daré, señora,
condigno agradecimiento?
Es la merced que me ofreces
que por ella, simulacro
fijado en mi sitio sacro,
de eternos bronces mereces.
Mas aunque mi rey destruya
tu ciudad, fía de mí
que has de rendirte al fin,
quede en pie la casa tuya.
Que te acuerdes de mi ruego.
No habrá en mi pecho descuido.
Y asiendo el escudo...
Desciende de arriba.
El fin espero.
Don Alonso, don Alonso,
no digas que no te aviso
que del muro de Sevilla
un traidor ha ya salido;
Orias tiene por nombre,
hijo de Orias el moro,
que si traidor fue su padre,
mayor traidor es el hijo;
con engaños solicita
traerte a ti su cautivo
porque haga a su padre libre,
y al cerco te dé el castigo.
No des al fingido ruego
de ese moro traidor oído,
que aunque su voz te regala
te vende a tus enemigos.
Vuelve, señor, a tu tienda
a descansar del camino;
guarda que van a prenderte,
no digas que no te aviso.
Salido ha mi temor cierto
que os ve cielos piadosos.
Venid, moros valerosos,
que el Infante es preso o muerto.
¿Muerto el Infante? Villanos,
primero esta vil guarida
ha de quedar destruida
a fuerza de nuestras manos.
Vámonos, Infante insigne,
a las tiendas retirando.
Vine a buscar nuevo mundo,
ya a hallar mi muerte vine.
Gran tropel se acerca.
Ahora
me dad, señor, vuestra ayuda.
Salen Orias y muchos moros tras ellos.
A dar sobre ellos acuda
toda nuestra turba mora,
que se escapan aquí amigos.
No será, aunque lo pretenda.
Prendedlos en las tiendas
destos flacos enemigos.
Aquí, invicto Garci Pérez.
A ellos, gran Maestre.
Entran los moros tras ellos a estruendo / de que se adentró y sale el Maestre cercado / de moros asido de la bandera del Rey.
Muera, almas, valor muestre.
Para matarme, ¿qué queréis?
Deja la bandera y parte
a tus tiendas de corrida.
Yo he de quedar sin la vida,
y no sin el estandarte.
Dala, o da la vida, infame.
Quitad, perros, apartadla.
Es bien mi sangre derrame
antes que veros con ella.
Salen Garci Pérez y el Rey.
Huyamos, mirad quién viene.
Perros, ¿no miráis que tiene
estas armas un león?
Y perderá el corazón
antes que los enajene.
Huye antes que se abalance.
¡Oh Garci Pérez! ¡Oh amigo!
Muerto es este perro enemigo.
Vanse tras los moros y queda solo el Rey.
Él ha sido un feliz lance.
Señor, si yo ofendí,
a mí solo se me diera
la pena que merecí,
y la gente no muriera
que tiene su amparo en mí.
Quitaradesme el honor
que por divino favor
con la corona me distes,
y no pagarán las tristes
la culpa del mal hecho.
Mas si a la intención remira
del capitán y mi pecho,
solo a serviros aspira,
como nos pone en estrecho
el brazo de vuestra ira.
Si ofendí a vuestra bondad
por cercar esta ciudad,
bien sabéis que la cerqué
por traerla a vuestra fe,
no para mi utilidad;
mas si es injusto servicio,
este haré de vuestra ofensa,
que como mi Dios confieso,
antes daros obediencia
que haceros sacrificio.
Vos, Virgen, amparo mío,
a quien mis ruegos envío,
dadme respuesta por santo,
para que mi triste llanto
halle en vos consuelo pío.
Suena música y baja Nuestra Señora en la nube.
Fernando, dame la mano.
¿Quién será que no se asombra
de ese favor soberano?
Dámela, digo.
Atesora
tanto bien mi pecho humano
con tocaros solamente,
que ya el pecho flaqueciente
ábrese, y una estrella en la palma,
y está ilustrada el alma
de mi dichoso accidente.
Buen lucero de Castilla.
Virgen, dime a dónde vamos,
que a ti el corazón se humilla.
Quiero que los dos veamos
la hermosura de Sevilla.
¿Para qué quieres que vea
el bien que este rey desea,
si no le puedo alcanzar?
Yo te le voy a entregar
para que al fin tuya sea.
Ciérrase la nube y vuelve en alto y desaparece y salen el infante, D. P. solos con...
Pag. 21
Un escudo y en él una banda
de grande asalto ha sido aqueste.
Brava frica ha hecho el moro
en la castellana hueste.
Fija al falso decoro,
la vida al pecho le cueste
falso intento de traiciones
que en cautelosas faciones
al griego cobarde imitas
no con bolación compitas
con los hidalgos leones.
Si te precias de guerrero
ven el al infante tasias,
sal que en el campo te espero.
Entra Pelay Pérez con la cabeza de Arias y pónela delante del Infante, y traen el escudo que asió Pérez a las bandas por armas.
Pagaste, cobarde Arias,
tu proceder lisonjero.
Nunca en conceto alarde
harás que otra vez cobarde
tu afeminada cuadrilla
tome a escarmiento Sevilla
que este es el fin del cobarde.
Abrazadme, hidalgos nobles,
de vos la vida a los dos.
De vos la da a esos fuertes robles
a que en aquello dio Dios
que donar de fuerzas dobles.
Por esos y muchos brazos
los moriscos embarazos
destruición eterna vedan
y sus pechos torpes quedan
divididos en pedazos.
Vosotros sois nuestro escudo
contra la morisca saña,
y quien deshacerla pudo,
vosotros sois luz de España,
de Aljarafe cuchillo agudo.
¿Qué es del infante pajes delante?
Que ofende iras al infante
que en call[e] de don p importa
que en alabaros se acorta.
Haz que tu alabanza cante,
que en este dudoso estrecho
como valientes has mostrado
la grandeza de tu pecho,
y de un noble soldado,
son las hazañas que has hecho.
Déboos aquese favor
que hará el rey mi señor.
Desta prolija contienda
cansado estará en su tienda.
Sabe que yo fui el autor.
No lo debe de saber.
Que no lo sepa querría.
Vamos, maestre, a recoger
toda nuestra infantería
y orden con tiempo poner.
Pues por qué las acotamos,
más en breve juntos vamos.
Yo a recogerlos comienzo.
Vanse, y queda el Infante y Don Lorenzo.
Decid, señor don Lorenzo,
pues solos los dos estamos,
¿quién es este caballero,
gran señor, que con tan grande arrogancia
mis armas pone en su acero?
¿Es el paladín de Francia,
o el troyano guerrero?
¿De qué casta y descendencia
es, que trae sin mi licencia
bandas, conmigo compite?
Aguarda aquese... lorque te
en sangrienta competencia.
Decid de si sois su amigo,
que en jamás use dellas,
ni se ponga mal conmigo.
De que nuevas quiere dar
me río, el cielo es testigo.
¿Conocéis alguien su escudo?
Trae que a las armas...
Dudo
que sea de calidad.
Pues usa dellas fiad,
que honrado y honrallas pudo.
Advertid que a Pérez ave
la fama tan grande honor,
que dellas no recibe
honra el de Irán el de amor,
que en brío, servicio nuevo.
De sus heroicas hazañas
poco se honran las Españas.
Bueno está, no os asoleis,
y dos que en breve veréis
que tiemblan de las montañas.
Vanse, y torna a bajar la Virgen con el Rey.
Quedad con Dios, señor amigo,
que a su fe ser resti tuya,
el rey no de tu enemigo
y será esta ciudad tuya,
cuando me tengas contigo,
para tu gusto y solaz,
mi santo retrato as,
que como a mi honor se aplique
hallarás quien la fabrique
en tu campo, queda en paz.
Desaparece la Virgen con música.
¿Cómo os apartáis así?
Volved los ojos, señora,
que pues vuestros merecea
gotaros me recibriosa
hallándome en vos sin mí.
No deis tardo pues al vuelo
hacia el levantado cielo
digno de vuestra excelencia,
que queda con vuestra ausencia
estéril y triste el suelo.
Que os fuisteis y que quedo
no tiene merecimiento
para estaros contemplando
pero sin brío contento
que hará sino estar llorando
hasta que a gozaros vuelva
en la que más ser se vuelva
el alma que os entregue.
Salen Pelay Pérez y Don Pedro.
Señor, ¿qué hacéis?
No sé
qué pasa en oculta selva
que cuidado se fatiga,
pues tiene muerta presente
toda una escuadra enemiga.
Fatígome en ver me ausente
de mi verdadera amiga.
Pag. 22
¿Qué amiga?
¿Eso me preguntas?
¿Eso ignoras, capitán?
Mayor al cielo apuntas.
Es lo agudo donde están
todas las virtudes juntas.
Es la amiga a quien se inclina,
conoce estrellas, reina,
sus fulgurantes cabellos,
y sobre los rayos de ellos
del sol y la luna reina.
Es la que a cuyo pecho
estuvo el alcázar real
del príncipe soberano.
¿Que es la Virgen das señal?
La misma, me ha satisfecho,
gran maestro a grandes maestros
hábiles, prácticos, diestros
mis fieles guardas llevan
que a hacerme un rostro se atrevan.
No siento que en de los rostros...
Miradlo bien.
Ya he pasado
la memoria y no fabrico
quien pueda haber un dechado...
De un punto próspero y rico
al de mi miseria paso;
llamadme acá mis obreros.
Entra el Infante con dos estampas y dos peregrinos que traerán muchas estampas.
Basta que traen los romeros
gallarda imaginería.
Es fina la estampería.
¿Y son esos extranjeros?
Señor, somos peregrinos
que traemos mil modelos
del viaje jerosolimitano.
¿Y son finos?
Sí, son.
Si me envían los cielos
sus oficiales divinos,
mostrad a ver qué papeles
traéis.
No dibujó Apeles
con tan divino quilate.
La Virgen de Monserrate
es esta, y sus riscos, bellas;
esta es de Populo aquella
que el Levante le está hizo;
la de Peña de Francia bella
es esta.
Más me satisfizo
mi monte, rica doncella.
Esta es la de Guadalupe,
y esta truje porque supe
que es fabricada bien;
llámase la de Belén.
No hay quien el alma me ocupe
fuera de aquella morena.
Aquesta es la de Loreto.
Su pintura es harto buena.
Miral en papel muy perfeto.
Esta tiene mi alma llena;
tú, señor, también eres
quien pintó tanta belleza,
o suma de mis placeres.
Quien de la naturaleza
borra muchos pareceres,
un extremado pintor.
¿Sabéis de un grande escultor
que por infinita paga
esta figura me haga?
Los dos lo haremos, señor,
en volviendo del camino
que al Señor Santiago hacemos
en hábito peregrino,
que antes visitar queremos
aquel sepulcro divino.
No os iréis de mi real
sin que antes, al natural,
esta imagen me dejéis,
y, acabándola, os iréis
en paz.
No lo hagas tan mal;
advierte, señor, que todo...
Pues yo estorbo no hago,
que no estoy de Dios remoto,
mas pido me hagáis primero
este retrato devoto.
Entran Garci Pérez y lo Millán.
¿Qué infanzón en conclusión
es de aquesta opinión?
Mi brazo el mozo no iguale,
si no es decirlo, que vale
en la primera ocasión;
que suyas las armas llama,
sabiendo que brazo mío
es quien solo les da fama;
de su locura me río.
A mí el pecho se me inflama
para hacer un disparate;
¡hombres al aquí y combate!
Millán, el bocado abras.
Mataréle en dos palabras.
De darte gusto se trate;
pero advierte que encerrados
los dos habemos de estar,
sin ser de alguien visitados.
Ese gusto os quiero dar;
en esta lonja apartados
estaréis.
Y la comida
tenga toda prevenida
para un mes.
Ya me adelanto;
agradezco al cielo santo
obra dichosa, venida.
No vi beldad semejante
de romeros.
Vase de romeros do lo rey y el infante se va.
Pues vamos con él,
yo haré que rece su novel,
que ver mi rostro os espante.
Vanse todos y quedan los ángeles solos.
¡Cómo ha el Rey persuadido
que es naturaleza humana
la que ha en todas convidado,
siendo planta soberana
la que nos ha producido!
Como el supuesto del cielo
en el fantástico vuelo
corporal se determina,
a fuerza de mano humana
que somos hombres del suelo;
mas cuando el Señor permita
que esta humilde concha tosca
hacia su centro repita,
y ser ministros conozca
de la deidad infinita,
los dos vendrá a conocer
que le quiso Dios hacer
este divino favor.
Salen los criados con sus canastas de comida y Millán con un cuero de vino.
Acá, patrón, bon licor.
Bono. ¿Millán puede lo beber?
Un ángel rinde ubidez.
No anchora quito bems.
¿Entendéis qué os digo, aquel?
Bon patrón, ¿de qué país?
Muy alto esto del cheil.
Eso es lo que yo no entiendo;
tomad esto.
Idlo poniendo
en esta lonja y partí.
No pararemos aquí.
Jornada tercera
Pag. 23
sino se lo paga en bebiendo. Entranse. En el apartado de los ángeles. Jornada 3ª. Alfatáf rey moro y Gazul con su alfanje desnudo, y moros tras él, y dice Alfatáf rey.
Cobarde, ante tu rey te descompones.
Si eres mi rey, conmigo no pelees,
ni con villanas, mas perras razones
los grandes fines de mi intento afees;
defienda a la cerca y torreones
que ya en mi defensa tú no esperes,
junta de guerra, pláticos consejos,
serán tu amparo los soldados viejos.
No esperes que a la guerra pique y salte
contra el bando cristiano en tu defensa,
ni que a los muros desta fuerza valga,
aunque a arruinarlos venga con ofensa.
Piensa, Alfatáf, que soy de sangre y valga
a la tuya real con fe, y me piensa
que no ha de ver el Ártico hemisferio
mis pechos con borrón de vituperio.
Diome el cristiano libertad amiga
y me asió a su afición con mucho estrecho,
y una amistad del enemigo obliga
a no pagarle con villano hecho.
Alá de sus asientos me maldiga,
abrase un rayo mi cautivo pecho
cuando contra su campo enristre lanza
siendo indigna ocasión de mi venganza.
¿Quién de los matasiete de tu corte
fue a libertarme cuando preso estuve?
¿Qué mina de oro te costó? ¿Qué corte
entiendes que tesoro por tu parte tuve?
Si no hiciste por mí cosa que importe,
cuando la corona de tu honor mantuve,
¿cómo me pides que el alfanje engrase
y al león castellano despedace?
Tú que con lauro real las sienes mides
y por los ojos mares de lloros brotas,
tú que de sangre del Trajano alardes
traes en la tuya, y hay infinitas gotas,
como no gastas hazañeras cotas,
con rica aljuba entre preces pretendes
librarte de Fernando, mal lo entiendes.
Quiere le dar Gazul al rey moro.
Si por tu patria y por tu ley, oh infame,
del título real del moro indigno,
no quieres que tu sangre se derrame,
y granjeando tu brío honor divino.
Sí, sí, cobarde, no quieres que te llame
el acosado pueblo sarracino,
para que mi ciudad del suelo ocupes,
y de mis fuentes los arroyos chupes,
salte de mis murallas; vete, corre
al campo de ese que tú amigo nombras,
destruye los relieves de mi torre,
que aunque todo lo hagas no me asombras.
Que eres, Gazul, pon a tus cóleras freno,
porque de un tigre no me diferencio,
y por Alá, si hablas, ¡oh Mahoma!
¿cómo permites que este mueva el labio,
sin que la tierra vil no se le coma,
de tus blasfemias, y con mí te ensaño?
Queda, rey, que al campo me ha saltado,
para servir a aquel infante sabio.
No esperes verme más en tu retrete
ni ampararte de mí, Alfatáf, villano. ¡Vete!
Fuese Gazul.
Señor, la fiera indignación ataja,
un poco los enojos templa,
que no es bien que tu ánimo se afloja.
Pag. 24
Si la razón que trae Gazul todo él contempla,
de cólera tu pecho se despoje,
que si el rey a sus súbditos no ejempla,
dando ocasiones al civil ruido,
destruirá de su reino el edificio.
Los ímpetus furiosos no te mengüen,
que en la partería si fletes te consultan,
que cuando a hacelle ofensa a Gazul lleguen,
verás que en daño tuyo más resultan.
¿Qué querías? ¿Que mis súbditos me mengüen
cuando cristianos más mi honor sepultan?
Y que lo sufra vuestro rey Zoraides, no pierdes
cuando con nuestro gusto tan concuerdes.
El bello alfanje desnuda
y de la adarga embrazado
da a tus almenas ayuda,
que no hay valiente soldado
que a socorrerlas acuda.
Mira que el cristiano bando
a los muros aplicando
las enemigas escalas
hace de los brazos alas
y va en tu ciudad entrando.
Y de Gazul favor no esperes,
que en la yegua vaya aparte
en busca de Garci Pérez.
Pues es su intento...
Dejarte.
¡Ay, ingrato!
Ten, no te alteres,
que la razón que a él le aguija
es bien que a ti te corrija.
Ahora ¿qué quieres que elija?
Y haz que Gazul no se salga.
Lo que te aconsejo haz.
Un moro solo en la torre en el muro dice.
Mira que Gazul, tu primo,
es de mucho honor capaz.
Pues parte y serás, Celimo,
tercero de nuestra paz;
hazle que su ardiente fuego
se aplaque mientras yo llego.
Parto.
A armarme me apresuro.
Vanse todos y sale el Infanzón con dos otros soldados y traen cautivos moros y entre los moros a Zayda. Dice el Infanzón.
Que al fin se registró el muro.
Tuvo mucho favor luego.
Átala, tírame esa soga,
aquesta canalla altiva.
No aprietes más que me ahoga,
y el fuego que me cautiva
por la garganta desfoga.
¿Tanto tienes en el pecho?
Abrázate, y ha deshecho
a salir fuera sus llamas.
Casi con la voz me inflamas.
Es humo que sube al pecho
y desfoga por la boca,
y llena de mis suspiros,
que abrasar tu yelo toca.
Y son de amor esos tiros.
Son de una pasión bien loca.
Mas ya que de mi ciudad
me sacas con voluntad,
sufro este cautiverio,
porque de este vituperio
nacerá mi libertad.
Luego, ¿esperas verte libre?
Espero, si entre cristianos
hay quien grata lanza vibre,
verme fuera de tus manos,
por tesoro que en ti libre.
No estoy de ese parecer.
Si a un cristiano vengo a ver,
trocar mis llantos espero.
Pues matarete primero
que de él te puedas valer;
que a mí dinero me sobra,
solo esta sangre infame
precio que mi gusto cobra
y ansí quiero se derrame.
Ten, no hagas tan vil obra.
Muere, perra, y ve a buscar
quien te pueda antes vengar
que defenderte de mí.
Aprieta más.
¡Ay de mí!
Acábala de ahogar.
Que tan inhumano seas...
Salen Don Pedro y Don Lorenzo.
Tiene el moro por extremo
reparadas sus trincheras.
Tarde, oh Rey Fernando, temo
que esta gran ciudad poseas.
Acábala.
Ten, cristiano.
Ve Don Pedro a la mora.
¡Qué acto tan inhumano!
No la hagas mal, espera.
Ya ella está de esta manera,
no hay sino...
Aguarda, villano.
Quita, por el cielo santo,
que es mi vida.
Vuestro espanto,
¿de qué es, Don Pedro?
Volved,
ya a esa mora conoced.
¿Contra Zayda rigor tanto?
Quitad.
Señor Don Lorenzo...
¿Qué es esto,
hidalgo infanzón?
Si yo a librarla comienzo,
es porque el fiero león
de cuyo ser me avergüenzo,
entre sus manos feroces
vuestras hazañas atroces
no desmenuce y deshaga.
Con tanta cólera paga...
A muchos pago yo a coces.
Llorando.
¡Oh, mi cristiano y mi bien!
No des lugar que tus ojos...
Más pena, amiga, me den.
Deja, infanzón, los despojos
ajenos, y busca...
Ten.
¿Cómo la quieres?
Acaba,
no pretendas saber cómo.
Esta polilla faltaba.
Hidalgo, a mi cargo tomo
satisfaceros la esclava.
Por mi vida, que se quede
esto así.
Quedarse puede,
pues ya en vuestro gusto medro.
No hables palabra, Don Pedro.
Como la cautiva herede.
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del agravio que la han hecho.
Aunque pudiera vengarme,
cedo todo mi derecho.
¿Queréis del todo obligarme?
Sujeto está a vos mi pecho.
Pues con la cautiva gente
al real id, y brevemente
don Pedro os verá conmigo
y en él conocerá un amigo
muy poderoso y valiente.
Obedezco. Hacia mi tienda
con los presos caminad.
Vase el Infanzón con los presos.
¿Qué hay quien vivo yo te ofenda?
¡Oh dichosa libertad!
Soltad al placer la rienda.
Hoy tengo vida por ti.
Si tú me la diste a mí
en más peligroso trance,
es mucho que tu pecho alcance
lo que yo de ti recibí;
de lo que me has obligado,
empieza a hacer libro nuevo,
que en la cuenta que hoy te he dado,
te pago lo que te debo
en dinero de contado.
Mira qué quieres hacer,
quedar conmigo o volver
a aquesa ciudad cercada,
que siendo de ti amparada,
bien se podrá defender.
Estando en el cielo yo,
¿quieres que al infierno vuelva?
Que te resuelvas porfío.
¿Qué quieres que me resuelva?
De tu proceder me río.
Una esclava ante ti tienes,
que como tú de ella ordenes
alegrará su memoria,
tendrá con tu favor gloria
y muerte con tus desdenes.
¡Qué justas estás conmigo!
Que tú en la paz y en la guerra
tenéis por fe a tu amigo,
y aborrezca en la tierra
que no pisaré contigo.
Tan humilde ofrecimiento
e hidalgo agradecimiento
pide por justo descargo.
Tu regalo va a mi cargo.
Yo en tu poder con contento.
Esperadme en este puesto,
don Lorenzo, que me importa.
Esperaré, volved presto.
Será la tardanza corta.
Vase don Pedro a llevar a Zayda y sale el Rey, don Pelayo Pérez y el Maestre.
¿Que a eso está el moro dispuesto?
Por billete de un cautivo
que está entre los de su secta,
aqueste aviso se hubo,
que atado a una saeta
se arrojó.
Amor excesivo,
y que a derribar aspira
la puente de Guadaíra.
Eso pretende intentar,
o más antes ha de atajar
los ímpetus de su ira,
que con pequeña celada,
porque fácil no se olvide
un aleve goce de nada.
Tanto atrevimiento pide
una burla bien pesada.
He de hacerla, ¡vive Dios!
A ese fin yo iré con vos.
No les valdrán sus adargas
si Garci Pérez de Vargas
os acompaña a los dos.
Ya está, señor, prevenido,
solo nos falta un soldado
en cuya demanda he ido.
¿Uno solo?
Es excusado
llevar escuadrón liviano.
En mi y Mendo Garci Pérez,
en estos medios me debes
un gran castigo de dever.
Sale Garci Pérez y un soldado con hábito rústico.
¿Mozo, la tienes de hacer?
Cuando en rollos estuvieres,
y veis lo que aquí viene.
Señor.
El fin del disfraz parece.
¿Dónde vais, Cid Campeador?
A hacer que te entregue el cetro
este andaluz Almanzor.
Danos licencia, que es tarde,
y podrá ser nos aguarde
alguna feliz empresa.
Lleva una escuadra leonesa
que las espaldas os guarde.
Contra dos mil lanzamos,
¿pretendes que un millón vamos?
¡Vive Dios que nos afrentas!
El Maestre y yo sobramos.
En tu valor representas,
partid con próspero hado,
queden los tres soldados
de aquella influencia...
El iros es mi cuidado,
a Garci Pérez queda.
Ya que a mi cargo queda,
la empresa no se dilate,
porque suceder bien pueda.
Este ha de ser gran combate.
También gran honra se enreda.
Dios en nuestra ayuda vaya.
Sale un soldado cristiano.
Que tanto desorden haya
en esta mora cuadrilla,
que así salga de Sevilla.
Porque en nuestras manos caya,
¿y qué gente, buen soldado?
Todo un ejército entero,
destemoroso y cercado.
Traen orgullo.
Bravo y fiero.
El gusto nos han colmado,
id soldado en buena hora.
El cielo os prospere.
Vase.
Ahora
prudencia importa, señores,
para salir vencedores
de toda esta turba mora.
Advertid que se retira,
cuando en aprieto se ve,
al puente de Guadaíra,
y en él nadie ponga el pie
o haya cuenta que expira.
Apruebo ese parecer.
Si nos hemos de esconder
entre las matas del río,
¿a qué aguardáis?
Ese brío,
capitán, me da placer.
Ésta es en mi natural.
El tropel de moros suena.
Cúbranos este jaral.
Escóndense y salen los moros.
Grande asalto se le ordena
al castellano real.
Él será de los mejores
que nuestros competidores
en sus tiendas hayan visto.
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A ver si bajas, Cristo,
a darles ahora favor.
Ya tiene deseo mi brazo
de hacer en ellos matanza
y, con mortal embarazo,
atravesalles la lanza
desde la punta al regazo.
Pues si el alfanje levanto,
yo por el profeta santo,
de los suyos un viaje,
tantas almas quitaré
que a todo el infierno espanto.
Pues cuando mi cimitarra
desembrazo y agarra,
que al duro acero desgarra...
Tú harás que no se alabe
esta canalla bizarra,
que con tu brazo y el mío,
y los presentes, yo fío
que al tiempo del combatir
el cristiano ha de venir
a pagar su desvarío.
Que pagarán no se dude.
¿Quién es este que nadando
montañas de agua sacude?
Acá se viene acercando.
A pedir favor acude.
Ved qué dice.
Sale el soldado con un vestido de moro, nadando. Adviértase que es el soldado que envían Garci Pérez y los demás mozos, fingido.
Moros nobles,
fuertes y invencibles robles
del sevillano escuadrón,
en esta triste ocasión
mostrad vuestras fuerzas dobles;
tres cristianos me han seguido
hasta que dellos huyendo
en el agua me he metido.
¿Y andan la tierra corriendo?
No, que solos han salido.
Espía de Alfatat soy
y a sus tiendas voy,
llegado a reconocer,
y del rey vengo a entender
grande temor.
Agora estoy
porque a las tiendas lleguemos.
Antes paremos aquí,
y a este adalid guiaremos.
No curéis tanto de mí.
En la yerba nos sentemos,
que pues la cristiana gente
tanto nuestro rigor siente
que no sale a campear,
bien nos podremos sentar.
Siéntanse.
Salen los cristianos.
El camino de la puente
vos ganad.
Señores perros,
que me abarquen todos digo,
los acicalados fierros
y den la vuelta conmigo.
Echarles hemos cencerros,
que por moro me tuvieron.
¡Pese a los galgos, no vieron!
Que el garbo y apostura mía
no es la de la perrería,
que del can cabrón fuyeron.
Perro, ¿con qué faz ingratas
a ballesta nos convidas,
y agora ansí nos maltratas?
Dad a merced vuestras vidas.
No las llevaréis baratas.
Gana el puente.
Acudí tarde,
canalla, infame y cobarde.
Ansí el hospedaje os pago.
Cierra, España, Santiago.
Entran tocando el arma tras ellos.
Sale el Rey, y el Infante, y don P.
El campo cogéis tan tarde.
Los nuestros están revueltos
con número de enemigos
que andan por el campo sueltos;
socorramos los amigos.
En eso estamos resueltos.
¡Viva el rey nuestro señor!
¡Viva el rey, que le dé favor
al real y invicto Fernando!
Las voces van avivando.
¡Avive nuestro furor!
Entran tras ellos y sale al muro Gazul.
Pelea, escuadrón villano,
pierde el pasado sosiego
a manos del castellano,
que yo miraré este fuego
como otro Nerón romano.
No esperéis que en tu quebranto
lleguen las voces y llanto
a enternecer mis orejas,
que estaré sordo a tus quejas
más que el áspid al encanto.
Ponga al peligro intervalo
el rey cobarde Abenamal,
cuando ofenda al regalo;
está sentado entre damas
como otro Sardanápalo.
Pluguiera a la que del pecho
le embaraza en este estrecho,
ardiendo en centellas de ira
su camisa de Deyanira,
con que le abrasara el pecho;
y no que entre los más fuertes
cobardes miedos despida,
barajando honrosas suertes
y entreteniendo su vida
a costa de tantas muertes.
Porque en mí de enojo rabio,
y ardiendo en cólera llamo,
negras centellas despide.
Sale Ariafa a lo alto con él, y dízele.
Mi Gazul, tu favor pide
el rey.
¡Oh, cobarde arabio!
Después que de sus desdenes
hizo alarde y me halaga,
y tú a terciar por él vienes.
Vengo a que le des la paga
conforme al valor que tienes.
Que ya no basta, señora,
que en su ciudad esté agora
por los fuegos de Zelimo.
Mira que el rey es tu primo.
Menos con sangre lo dora.
Su deshonra es tuya.
Sea.
Que estés a su voz tan duro.
Su gemido me recrea.
Pues deja siquiera el muro,
porque tu gozo no vea.
Quiero darte este contento
y fía que el pensamiento
dejas de gloria desnudo.
Quítase del muro y sale el Infante con escudo.
Tarde a la batalla acudo,
de mi descuido me afrento.
Entraré entre todos, sí,
que mejor es llegar tarde
que el tratar a moza ansí.
Sale Garci Pérez contra los moros y ellos huyendo.
Perros, aunque el centro os guarde.
Pag. 27
No os defenderéis de mí.
¡Vive Dios que me ha encantado
este león desatado!
[Vase]
¿Y aún vos bajáis al profundo?
No le aguardéis.
Pase al mundo.
[Quiébrasele la espada a Garci Pérez]
La espada se me ha quebrado.
¡Ah, mis glorias veo cumplidas!
Las armas le veo quebradas,
¡muera!
¡Gentes malnacidas!
De los amos de espadas,
para quitaros las vidas,
con esta pesada tranca,
vil pueblo bárbaro y bronco,
pienso mil vidas quitar,
hasta bajarlas al más dar
[ilegible]
[Salen Rey y miran...]
Al fin huye el enemigo.
No importa con lides largas.
Mi buena suerte bendigo.
Ea, machuca, buen Vargas,
abaje el orgullo altivo,
ese escuadrón vil altivo
de nuestros competidores.
Con esos leales favores,
ninguno ha de quedar vivo.
[Vase tras los moros Garci Pérez]
¡Oh flor de cristianos pechos,
y honra del pueblo español,
que con tus heroicos hechos
reverberas como el sol
en los celestiales pechos!
¡Oh nuevo cristiano Marte,
con quien igualmente parte
su esfuerzo el planeta quinto!
¡Oh vasallo por quien pinto
mil glorias en mi estandarte!
¡Oh leal y fuerte soldado,
cuyo glorioso decoro
el mundo tiene admirado!
[Entran el Infante y don Pedro, Pelayo y don Lorenzo]
Esta vez mal libró el moro.
Al fin pagó su pecado.
Gran parte queda sin vida.
Púsose el resto en huida.
De la pasada victoria
qué poca empresa de gloria
deba mi brazo adquirida.
¡Oh mis nobles caballeros!
Dadme los valientes brazos.
Del Infante los primeros.
Dignos son de tus abrazos,
tan valerosos guerreros.
[Sale Ramón Bonifaz]
Tiende velas, parte franca,
suelta todo el trapo al viento,
haz navas del agua blanca,
falta aquí dichoso intento
y deja la entrada franca.
La puente a nuestros navíos,
los moriscos desvaríos
gloriosas palmas nos dan.
La cadena y puente están
quebradas.
Soldados míos,
ya se acaba mi sospecha,
ya la victoria es forzada,
y la puente está rasgada,
y su cadena deshecha.
Mi don Ramón Bonifaz,
de inmortal gloria capaz,
las moras trincheras destierra,
y mude aquesta guerra
en blanda y felice paz.
Estoy de vuestras hazañas
tan grato que en mis entrañas
os presento un gran favor.
¡Oh si el cielo tuviera,
sin estas, otras mil Españas,
que tuyas habían de ser,
aunque las estorbara
todo el morisco poder!
Don Pedro, esa gran hazaña
fácil es de conocer.
No hay quien de nosotros todos
no busque trazas y modos
para tenerte contento.
Sois de mi gloria el cimiento,
nobles reliquias de godos.
Si el valor de ti se hereda,
el nuestro ha de ser sobrado.
Basta que no se ha extrañado,
Garci Pérez allá queda,
y según es de cruel
con este pueblo infiel,
no dejará la batalla,
hasta que desta canalla,
nadie confronte con él.
Mengua es de nosotros, vamos,
antes que ante ellos peligre.
[Al tiempo que se van a entrar todos, sale Garci Pérez y un soldado]
Tened hidalgos, acá estamos,
que nunca a los pies del tigre
rendido al león hallamos.
Llega, abrázame, pariente.
Besme a tus pies, obediente.
¡Oh bravo Machucador!
Con tu divino favor
pude ganar el oriente.
Bien es que Machuca os nombre,
que el que machuca tan bien,
para que el mundo se asombre,
es justo todos le den
Machuca por sobrenombre.
Goces un siglo el blasón.
Mercedes tuyas nos son,
para no honrarme con ellas,
hoy veo entre las estrellas
mi glorioso corazón.
Capitán que es tan bravo
todos le hemos de abrazar.
De engrandeceros no acabo.
Podéis todo un mundo honrar.
Vuestras virtudes alabo,
que este soldado ha hecho,
defendiendo tu derecho,
grande afrenta al pueblo moro.
Denle diez escudos de oro,
con ellos voy satisfecho.
Fatigado un poco salgo
de la batalla...
Reposa.
Vemos...
Guía tú, Garci Hidalgo.
Pag. 28
Vanse todos con el rey, y queda Garci Pérez con el Infante.
A hidalgo,
por ser ocasión forzosa,
primero al encuentro salgo.
Certifícanme que os pesa
de ver que por gloria y presa
bandas traigo como vos.
Decidme: ¿cuál de los dos
merece mejor la empresa?
¿Vos, que la traéis esmaltada
con muchos perfiles de oro,
o yo que, a temple pintada,
de acosar al bando moro
la traigo desbaratada?
¿Vos, que por bien parecer
nunca la queréis meter
en dudosa ocasión,
o yo, que a mil escuadrones
voy con ella a acometer?
En vos las bandas están
como en su divina esfera,
invencible capitán,
y de su gloria primera
en mí los reflejos dan.
Por servidor me tened,
y por mi señor creed
que entonces nos conoceréis.
Tendréis mi mano.
Estimo aquesa merced.
Sale Gazul solo y dice.
No estimes, Alzataf, esta venida
a componerte con el rey Fernando
en menos que tu celo y la corona,
que ni la sangre que en los dos se anida
ni el tener de este reino el eslabón
acreditan conmigo a tu persona;
solo el cielo te abona
de qué recelas por años
acerca de tu enemigo,
piadoso y grato amigo,
para fin apacible de tus daños;
que si de este remedio ahora no usaras,
por Alá, sin mi ayuda te quedarás.
¡Oh, Gazul!
¡Oh, norte claro!
A ti me haces venir,
que me va mal sin tu amparo.
¿En qué te puedo servir?
En tus mercedes reparo;
por medio honroso he escogido
mi primo darse a partido,
y en este contrato quiero
que nos seas buen tercero,
pues nuestro siempre lo has sido.
Con amigables caricias
el bien te podré pagar
en que ocuparme codicias;
vamos, que quiero ganar
de mi rey estas albricias,
fía que te reciba tan bien
con los que en la junta están,
que por ir con Garci Pérez
alcances cuanto pidieres.
Guárdete Alá.
A ti también.
Vanse y sale Don Pedro y Zayda la mora.
Zayda, si tanta tristeza
tienes desde el punto que veniste,
tienes, ¿para qué quisiste
negar tu naturaleza?
Estuvieras en tu tierra
con más contento y solaz,
y no anublando tu paz
con las nubes de mi guerra.
Si piensas que estás cautiva
en mi poder, mal lo piensas,
que a ingratas recompensas
mi grato pecho se priva.
Tus pesadumbres refrena,
que no estás en mi prisión.
Don Pedro, esa confesión
es principio de mi pena.
Como no suya, me tratas,
pues, ¿de qué mayor señal
puedo tener de mi mal
que ver tus glorias ingratas?
Si el ser tuya es mi contento,
y de ese nombre me privas,
más que esclava me cautivas,
y menos tu gloria siento.
Quiso Alá, ¡nunca quisiera!,
que en las fiestas de mi rey
te viera, porque a la ley
de un favor obedeciera.
Obedecíle, ¡ay de mí!,
mas diome injusto despacho,
que en guardar ley de un muchacho
este pago merecí.
Que te quisiese, mandome,
y sé cómo quise amarte,
neguéle por adorarte,
ofendíle y castigome.
Míralo mucho que medro,
que con exceso de fe
por don Pedro a mi Dios negué,
y no me quiere don Pedro.
Que no te quiero me culpas,
y en medio de esa acusación
viene a mi gran execución
con que me descargo de culpa.
No es el amor verdadero
con que dices que me amas,
porque de esas justas llamas
es Dios un autor primero.
Si a este no conoces, di,
cuando nos junte a los dos,
si el que amor no tiene a Dios,
¿cómo me le tendrá a mí?
Yo a ti por mi Dios te adoro.
Yo por eso te aborrezco.
Yo por tu desdén padezco.
Yo tu desventura lloro.
Grande es, pues que no me quieres.
Que no te quiero no dudes
hasta que de secta mudes.
¡Qué tan inhumano eres!
De ser humano lo hago.
¿Y si cristiana me vuelvo?
Con que en mi ley te resuelvas
verás cómo tu amor pago.
Pues en serlo me resuelvo.
Si sigues ese camino,
prometo ser tu padrino.
Ya a estar en tu gracia vuelvo.
Con ese "sí" que me has dado
te recibo en gracia mía.
Y a oír, para mi alegría...
Pag. 29
y mi padre no te has mostrado
si celo padre me llama
no hay nombre que más me cuadre
Entre sí.
amaréla como el padre
que mucho a sus hijos ama
pues van a dar de caras
los anejos a estas obras
si a mi pie piensas que me cobras
bien lejos del blanco das
y que por don de más me buscas
vendrás a hallarme menos
Vanse, y entran el Infante, y Garci Pérez, y Gazul, y Millán.
no son los contrarios buenos
en cuyos precios te ofuscas
y que pedir que en tu ciudad
en tan desconforme ley
estén mi padre y tu Rey
gozando la por mitad
y no ha sido demanda honesta
menos pedir que permita
mi padre que la mezquita
dejéis por el suelo puesta
y que pues casa habéis tenido
do onrar a vuestro profeta
quiero que la quede ilesa
para que Dios sea servido
pues danos solo licencia a
que la torre derribemos
ya en eso sesos tenemos
hombres de tanta prudencia
y qué gustos con rigor se pide
de derribar esa torre
que a su memoria se borre
y que en tu poder no quede
pues al que solo un ladrillo
de la torre me quitare
sin que en mi piedad se ampare
lo he de pasar a cuchillo
¿a cuchillo?
sí
ya puedes
que vas, la están derribando
contra Sevilla echad bando
ten, no agravies tus mercedes
y que Gazul estorbara
aquel efeto cruel
A Millán, que es sordo.
todo su pueblo infiel
mi cuchillo probará
desta vez el mozo muere
¿qué haces?
eso pregunta
limpio a mi espada la punta
por si necesaria fuere
¿estás en ti?
pues ¿en quién?
soy espíritu maligno
sueles estar en el vino
y él suele en mí estar tan bien
honrando a Gazul, señor
me darás de tu amor muestra
por ser Gazul, cosa vuestra
deseo hacerle favor
y por que mi celo entienda
si fuere en mi voluntad
se salga de la ciudad
llevando libre su hacienda
y a la que su pecho asienta
tanta amistad le tuviere
que dejarla no quisiere
la haremos cuenta y renta
y en lo de la torre vuelvo
a decir
ya no prosigas
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Está acabada.
No sé,
ved vos si de ello se aplacen
los oficiales que hacen
mil, y reentrar que lo viese.
Esta honra a mí que me toca.
Él es de poca importancia,
o sate ir adelante
nadie despliega la boca.
A patrón ha muerto esta,
quiero aflojar me allá adentro.
Presto me veré en mi centro,
si a mi volar me llevan.
Gente extranjera no gana
en esto.
Labran mejor.
Salen don Pedro, don Lorenzo y el infante, don y saca de español.
Acá id a le dar señor
el parabién de España.
Agora, hidalga hermosa,
holgaré que me abracéis,
ved qué mercedes queréis
que os haga.
Solo la gracia.
Decid.
Que me deis marido,
y que este don Pedro sea.
Para casar no hasea
ser lo que en... no ha sido.
Pues agora el que me ha hecho
mudar de ley, eso dice.
Si yo mudar ley te hice,
fue, amiga, por su provecho.
Y agora de ver acá vas,
cuál y cómo has de los dos.
Yo que a ti te truje a Dios,
o tú que de mí me apartabas.
Si te ofendí, te perdono,
que por colmar tu contento,
te buscaré casamiento
que conforme a tu persona.
Contempla que nuestra ley
solo a esto da lugar.
Yo daré a los que yo busco
un casamiento de rey.
Mas con ese favor medra,
que te sabrá engrandecer,
pero nadie de tener
en el lugar de don Pedro,
que no es tampoco famoso
para que yo ansí le olvide,
ni mi nacimiento pide
menos noble por esposo.
En su servicio estaré,
que será mi dulce gloria.
Sale Milancén con azafate y riquezas.
No hay de estos hombres memoria.
Presto le basta y sobra.
No hay en la lonja persona,
la comida está sobrada.
Solo allí está sentada
una hermosa matrona,
y no me habló palabra.
Yo, como callar la vi,
con el licor me salí.
Antes que la lonja se abra,
pues nueva reina tenemos,
traigan todos mis varones
encendidos sus blandones,
y juntos a verla entremos.
Todos van a obedecerte.
Quede el infante conmigo.
Sale Gazul y Arlaja y algunos moros con las llaves en una fuente y dice.
Quiero ir a paz, a ti contigo.
Este trago fuerte,
que si por haber quitado
de nuestra torre un adarve
a todos pasa a cuchillo,
yo he de morir a tu lado.
En Sevilla te has de ver,
mejor, mas callo, que he visto
las dos antorchas más raras
que tiene la fe de Cristo
entre cristianas tiaras.
Y las llaves, señor, ves aquí,
del exera, tú a pesar de,
para vuestra ciudad bella,
que del antiguo rey de ella
hoy la corona prescribe.
Quitose un ladrillo solo
de la torre que mi voz
llegó, luego y estorbólo.
No esté tu rostro feroz,
por el infante, mi espada enarbolo.
Pase, un infante.
El jurado.
A cumplirlo os veo obligado,
mas la gente sevillana
pase por la espada llana,
y abra su deuda pagado.
En buen hora. Gazul, yo el primero.
He de cumplir esa ley,
yo ser la segunda quiero.
Van pasando los moros las gargantas por la espada del infante, y salen los caballeros con los cirios encendidos.
Vesnos aquí y mucho...
Ya felice fin espero,
ya se remata mi pena.
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y el alma de gloria llena
va a abrir la puerta en buen hora.
Pues está abierta.
Quitarase una cortina y aparecerá la imagen de Nuestra Señora en un trono y diga el rey de rodillas y los demás:
Vos, Señora,
estéis muy enhorabuena.
Aparecen por lo alto ángeles y dicen:
Esta divina figura
te da evidentes señales,
Fernando, de tu ventura,
obreros angelicales
fuimos los de esta escultura.
La palabra te cumplió
que a la partida te dio,
que, en viéndola en tu poder,
la ciudad había de ser
tuya.
¡Oh, venturoso yo!
Queda en paz.
En mucho estima
ese presente real.
Vanse y dice el rey:
Vuestra presencia me anima
a que ese bien celestial,
Señora, en el alma imprima;
nuevo amparo de mis leyes,
todas las cristianas greyes
que alabanzas os prevengan,
pues reyes mandáis os tengan
por señora de los reyes.
Esos ojos, esos cielos,
de mí no los apartéis,
sírvales mi fe de velos,
que de amaros me tenéis
el alma abrasada en celos.
Quieroos toda para mí,
y pues toda el alma os di
y vos toda sois de Dios,
transformado todo en vos,
me endiosaré todo en sí.
Señor, dinos qué señora
es esta.
La madre santa
del que nuestra ley adora.
Pues, ¿de qué es alegría tanta?
Acaban de hacerla agora
los ángeles celestiales.
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¿No los visteis volar?
¿Cuáles
eran
aquellos donceles
que hablaron?
No te desveles
en eso.
Pues ¿qué señales
nos dicen que son del cielo
y que de ellos es hechura
este hermoso modelo?
Nuestra fe nos asegura.
Si Alá lo enseña, creedlo.
Esas bárbaras costumbres
desechad.
Cuando estas lumbres
den agua, será eso cierto,
y si no, que es farsa advierto,
por más que el milagro encumbres.
En diciendo esto, brotarán los cuerpos agua, que habrá en ellos artificio, como salga, como les pareciere.
¡Santo Alá!
¡Milagro raro!
Gran bien aquí considero.
Ya, Señora, he visto claro
que sois del Dios verdadero
madre digna y nuestro amparo.
Denme el agua del bautismo.
Yo, Rey, te pido lo mismo.
Mi logro segundo es este.
Un serafín manifieste
de vuestra gracia el abismo.
Aquí chitón.
Gran bondad.
En este milagro veo,
el agua y crisma nos dad
para cumplir tu deseo.
Partamos a la ciudad.
Sale a recibirte.
El rey ha hecho un postigo
por donde entres a tu gusto
y para verse contigo
Es justo
que le tenga por amigo.
La imagen con dulce canto
lleven,
y hará entre tanto
fin ansí esta maravilla:
La libertad de Sevilla
por el rey Fernando el Santo. / Finis.
A gloria de Dios se representó en Valladolid por Villegas, autor de comedias, año de 1595 años. Es de Luis de Benavides este original, so la corrección de la Santa Madre Iglesia. Finis. B B
