Semíramis
Reina de Siria y de Babilonia, viuda de Nino y centro absoluto de la acción; pierde el poder, suplanta a su hijo para recuperarlo y muere en la batalla final.
Pedro Calderón de la Barca
摘要发布日期: 2026年6月18日
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Babilonia, tras la muerte de Nino, Semíramis derrota a Lidoro de Lidia y reafirma su poder, pero el pueblo aclama a Ninias, heredero legítimo, y la reina se retira aparentando cederle el gobierno. Encerrada en palacio, Semíramis no soporta perder el mando y, con ayuda de Friso, secuestra de noche a Ninias y ocupa su lugar gracias al gran parecido entre ambos, mientras en la corte crecen la sospecha, los celos y la rivalidad política. Cuando Irán, hijo de Lidoro, llega con tropas contra Babilonia, la falsa autoridad de Semíramis conduce a una batalla final en la que ella muere disfrazada de Ninias, el verdadero rey reaparece y la guerra se detiene con una restauración del orden.
La segunda parte se abre en Babilonia, donde Semíramis, ya viuda de Nino y señora efectiva del imperio, recibe como embajador a Lidoro, rey de Lidia. Este, que en el pasado había servido a Nino bajo identidad encubierta y había sido recompensado con Irene y con el señorío de Lidia, expone ahora públicamente su querella: acusa a Semíramis de haber provocado la muerte de Nino, de haber usurpado el gobierno en perjuicio del heredero legítimo, Ninias, y de ejercer una tiranía incompatible con el orden sucesorio. Semíramis rechaza con energía las acusaciones, reivindica sus victorias militares, la grandeza de Babilonia y la eficacia de su gobierno, y sostiene que mantiene alejado a su hijo por considerarlo débil e incapaz de reinar. Sin esperar al asedio, sale al campo y derrota personalmente a Lidoro, al que hace prisionero y humilla mandándolo atar como a un perro en el umbral de su palacio. Sin embargo, el mismo día de su triunfo llega Ninias a Babilonia; su parecido con la madre y su condición de hijo de Nino despiertan el entusiasmo popular, que empieza a aclamarlo como rey y a reprochar que Siria sea gobernada por una mujer ajena a la sangre real. Herida en su orgullo, Semíramis renuncia ostensiblemente al poder, se encierra en un retiro inaccesible dentro del palacio y entrega a su hijo el cetro y la corona, aunque sus palabras dejan ver que la retirada nace más del despecho que de una renuncia verdadera.
La segunda jornada muestra las consecuencias de este relevo. Ninias es jurado solemnemente y, en contraste con la dureza de Semíramis, empieza su reinado con actos de clemencia, entre ellos la liberación de Lidoro, aunque sometida a ciertas condiciones. En torno al nuevo monarca se reorganizan cargos y fidelidades: Lisías, ayo y consejero, intenta orientar prudentemente el gobierno; Licas y Friso, hermanos y militares principales, rivalizan tanto por el favor político como por sus intereses amorosos; y Astrea y Libia quedan enredadas en promesas, celos y expectativas matrimoniales. Pronto, sin embargo, se insinúa la fragilidad del nuevo rey: el texto lo presenta temeroso, vacilante y fácilmente influenciable. Mientras tanto, Semíramis, consumida por la imposibilidad de vivir apartada del mando, revela a Friso su plan secreto: aprovechar el extraordinario parecido físico entre madre e hijo para secuestrar a Ninias durante la noche, encerrarlo en un aposento oculto y ocupar su lugar, disfrazada con traje varonil, de modo que pueda seguir reinando bajo la apariencia del rey legítimo. Friso acepta ayudarla por ambición y resentimiento. La tentativa nocturna casi fracasa al ser sorprendidos, pero Semíramis reacciona con gran rapidez, se viste con los atributos del hijo y consigue que quienes acuden crean estar ante Ninias; desde ese momento, el engaño queda en marcha, mientras el verdadero Ninias permanece encerrado y solo unos pocos conocen o sospechan la sustitución.
En la tercera jornada se ve ya a Semíramis gobernando bajo la figura de Ninias. Su conducta, mucho más áspera y arbitraria que la del joven rey, desconcierta a la corte: castiga al soldado que antes había premiado, rompe mercedes concedidas, maltrata a Chato y retira su favor a Licas, mientras colma de honores a Friso y dispone incluso el matrimonio de este con Astrea. También ordena el nuevo encarcelamiento de Lidoro, justamente cuando se sabe que Irán, hijo de este, se aproxima con ejército para libertarlo. En audiencia, la falsa identidad de Semíramis se transparenta por su feroz defensa de la reina ausente y por un valor que no corresponde al carácter atribuido a Ninias; aun así, el engaño se mantiene. Finalmente, las tropas lidias llegan a Babilonia. Lidoro logra escapar de su prisión y se une a Irán; se libra una batalla decisiva a las afueras de la ciudad, en la que el ejército babilónico es derrotado. Durante el combate muere quien todos creían Ninias, pero pronto se descubre que el cadáver es en realidad Semíramis, caída al intentar sostener de nuevo el poder mediante el fraude. El verdadero Ninias aparece vivo, encerrado en el aposento donde su madre lo había ocultado, y el enigma se aclara. Ante ello, Lidoro renuncia a prolongar la guerra por gratitud hacia el príncipe que había querido liberarlo, Irán sigue ese gesto, se suspenden las armas y los conflictos secundarios se encaminan a su resolución, con perdón a los culpables y restitución del orden político tras la muerte de la protagonista.
Reina de Siria y de Babilonia, viuda de Nino y centro absoluto de la acción; pierde el poder, suplanta a su hijo para recuperarlo y muere en la batalla final.
Hijo de Nino y heredero legítimo del reino; su llegada provoca la aclamación popular, es desposeído en secreto por su madre y reaparece vivo al final.
Rey de Lidia, antiguo servidor de Nino y principal adversario político y militar de Semíramis; la acusa de tiranía, cae prisionero y finalmente suspende la guerra.
Militar babilónico y hermano de Licas; resentido por la pérdida de favor, se convierte en cómplice decisivo de Semíramis en el secuestro y sustitución de Ninias.
General leal a Semíramis en un primer momento y luego sospechoso ante el falso Ninias; su rivalidad con Friso articula buena parte del conflicto cortesano.
Ayo y consejero del príncipe, figura de prudencia política; orienta a Ninias y participa en la administración del reino, aunque no logra impedir el engaño.
Hijo de Lidoro, llega con un ejército para libertar a su padre y su intervención precipita la batalla final y el desenlace.
Hija de Lisías; interviene en la trama amorosa, vinculada a Ninias y pretendida también por Friso, lo que agrava tensiones en la corte.
Dama del entorno palaciego, relacionada con los afectos de Licas y con malentendidos amorosos que acompañan la acción política.
Criado de tono cómico encargado primero de vigilar a Lidoro; su presencia sirve para subrayar la humillación del prisionero y aportar información en momentos clave.
Ciudad principal de la obra y centro del poder imperial, donde se desarrollan la disputa sucesoria, la aclamación de Ninias y el desenlace político.
Espacio básico de la intriga cortesana; en él se sitúan las audiencias, el encierro de Semíramis, el aposento de Ninias y la sustitución secreta.
Marco de las dos confrontaciones militares principales: la victoria inicial de Semíramis sobre Lidoro y la batalla final contra las tropas de Irán y Lidia.
Lugar de reclusión voluntaria de la reina tras ceder el gobierno, convertido en centro oculto desde el que prepara la recuperación fraudulenta del poder.
Espacio decisivo de la trama nocturna, donde el príncipe es sorprendido, apresado y sustituido por su madre.
Sepulcro del rey difunto, ligado a la memoria dinástica y a la legitimidad de Ninias; allí se detiene el príncipe al llegar a Babilonia.
Lugar donde Lidoro permanece encerrado y desde el que logra escapar antes de la batalla final.
Espacio nocturno y reservado que sirve para la cita secreta entre Semíramis y Friso y para poner en marcha la conspiración.
La obra muestra cómo Semíramis no acepta perder el mando y llega a fingir, conspirar y arriesgarlo todo para seguir reinando.
El conflicto central enfrenta el derecho de Ninias como heredero de Nino con el ejercicio efectivo del poder por parte de Semíramis.
El gran parecido entre madre e hijo hace posible el engaño sobre el que se sostiene buena parte del desarrollo dramático.
Las acusaciones contra Semíramis y el contraste entre los modos de gobernar de la reina y del joven rey plantean continuamente qué uso justo o injusto puede hacerse del poder.
La lucha entre Babilonia y Lidia nace de una disputa de legitimidad, pero se agrava por divisiones internas en la propia corte siria.
Varios personajes actúan movidos por deberes contrapuestos hacia la reina, el rey legítimo, la sangre, la amistad o la palabra dada.
Las relaciones entre Licas, Friso, Astrea y Libia entrecruzan la intriga política con pasiones personales que aumentan la tensión dramática.
El final presenta la muerte de Semíramis como culminación de una trayectoria de orgullo extremo, incapaz de aceptar límites a su voluntad.