归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Triunfar antes de vencer. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/triunfar-antes-de-vencer.
AUTO Sacramental Alegórico TRIUNFAR ANTES DE VENCER De Don Manuel de Arriaga Feijoo y Rivadeneira.
Personas.
La Culpa.
El Entendimiento.
La Naturaleza.
La Voluntad.
Lucero 1º.
El Mundo.
El Temor.
Set.
Emanuel.
Daniel.
Lucero 2º.
Isaías.
La Memoria.
Jacob. Música.
Salen por diversos lados el Lucero Segundo que significa el Príncipe de los Abismos y la Culpa sin verse y canta la Música dentro los versos que se siguen.
Nunca sienta la lucha humana el mundo
triunfar su ignorancia ciega
vio sin vencer, que porque
humano un dios la venciera.
Canta dentro el Lucero 1º
Alerta, mortales, alerta,
que de Daniel
el tiempo se acerca
en que al vencimiento
el triunfo anteceda.
Qué misterioso canto
lleno de horrores, de temor y espanto
por la vaga región del viento suena
de confusión y de temores llena,
pues armoniosa salva
publica al sol y comunica al alba
más bien que acordes aves
en dulces ecos y en acentos suaves
saludan sus primores
peinando plumas y puliendo flores.
La novedad en selva misteriosa
turba el jazmín y pálida la rosa
pierde el color, del sobresalto herida;
en enigma no entendida
es de la Trinidad suma,
pues por más que presuma
mi corta suficiencia
comprende ya lo sumo, no la ciencia.
No alcanzo, ni penetro en duda tanta
la razón, solo sé que helada planta
asustada que tiembla
soy, sin alientos estoy, sin vida,
zozobrando en pesares que tormentos
con modos tan violentos
que víbora sangrienta
de mí mismo mi furia se alimenta.
Como pues lo sagrado
con lo caduco así has equivocado,
pues dudando y temiendo
con lo que agrado, me parece ofendo,
siendo en confusión tanta
muda estatua de hielo, servil planta
descubre el pensamiento
que a mi ver está oculto, no su intento
con enigmas encubras tan distintos
fraguando cada vez más laberintos.
Dentro instrumentos
Vuelva ya a repetir, vuelva aquel acento.
Oiga ya segunda vez el instrumento.
La mayor duda que mi ciencia advierte
Verse en duda tanta (¡pena fuerte!)
mi mayor duda.
Los 2. Vanse atendiendo
Su voz iré notando, culpa, y advirtiendo.
Repiten las dos voces y canta la música
Si en la lucha ya...
Alerta mortales, ya...
¿Cómo pudo, sin vencer,
triunfar su ignorancia ciega?
¿Cómo en un sujeto solo
habrá dos naturalezas?
No puede ser, culpa, mas ya advierto
que porque así pudiera
quedar capaz para ser
vencida, pues a esa empresa
humano un Dios se destina;
a cada paso se aumenta
la duda haciendo mayor
dificultad la respuesta:
¿cómo ser humano puede
que ser divino le alienta?
¿Y no fuera error que pasible
en ser humano se hiciera
que es en todo impasible?
¿No fuera impropia su esencia
con una vida flexible
unir una vida eterna?
¿Cómo dejar de ser puede
que de infinito se precia?
¿Cómo una pura sustancia
que existe sin dependencia
de accidentes, y querrá hacerse
con ello menos perfecta?
¿Cómo de una forma oscura
forma de formas pudiera,
y teniendo existencia propia,
vivir de ajena existencia?
Como un sujeto anterior
a toda naturaleza
podrá apetecer especies
y comunique de veras
pluralidades en que
convengan y desconvengan.
¿No verás error que una causa
que a todas las causas sella
por efectos suyos, se haga
esclava así de sí mesma?
Dios es la causa de causas,
la humanidad es pospuesta
como las demás a Dios,
luego bien se infiere de ella
que si es por Dios dueño, esclavo
por dejar de serlo sea.
No será contradicción,
pues a la Culpa sujeta,
vista la humana fatiga,
puesto que se hizo por ella
el hombre vivo cadáver.
a que el morir alienta,
que si es bien sumo, que eterno
admira en sus excelencias,
tal oprobio, si es bien sumo,
y esta culpa muerte horrenda,
el mayor mal cómo puede
caber en razón de ciencia,
que por abrazar la culpa
del que es todo gracia muera?
Si humano fuera, mi horror
su deidad justa aplaudiera.
Si humano fuera, el delito
hallara en su descendencia.
Fuera esclavo del lucero.
De la culpa esclavo fuera.
¿Qué me llama?
¿Qué me nombra?
¿Tú aquí?
¿Tú aquí?
¡Qué altera!
A mí una duda me asalta.
A mí otra duda me cerca.
Que con acordes acentos.
Que con suaves cadencias.
Sirena de mis encantos.
Escándalo de mis ciencias.
Traidoramente me halaga.
Dulcemente lisonjea.
Sin entender de sus voces.
Sin comprender de sus letras.
Más que un confuso temor.
Más que una admiración ciega,
que los sentidos arrastra.
Que toda la atención llena.
Pues decid, en dulces ecos.
Pues decía en voces tiernas.
¡Ay infeliz de aquella
que hizo rigor de la piedad más bella!
¡Nueva confusión!
¡Qué más duda
añade en nueva cadencia!
¿Qué será? Mas como ignoro
de esta voz, si ha de ser fuerza
que siendo humana esté escrita
de mi memoria en la cuenta.
Que se suspende, averigua
la novedad de ir más cerca.
¿Qué hay que saber, si en el seno
de esta gruta es donde suenan
tan lejos los lastimosos...
Si quien los forma supiera,
decidir, no duda tanta.
No adviertes, el labio sella,
que si ese infeliz lamento
la humana naturaleza
que está en la ciencia solo
triunfante, con que ignore ella.
¿No adviertes también que a alguno
de sus sagrados profetas
habrá el Autor soberano
comunicado su idea?
Sí lo advierto, mas también
le es negado.
le es negado a su soberbia
dar crédito a sus alivios,
mas pues nada se reserva
a sus ciencias, a informarte
ven de sus razones mismas.
Vamos.
Vamos.
Canta dentro
¿Hasta cuándo,
mi Dios, dura la promesa
que hiciste a Abraham, el padre
de las gentes?
Cesa.
Cesa,
que de aquesa voz el pecho
se asusta y el alma tiembla.
Que esa voz enmudecidos
y absortos a un tiempo me deja.
¿Dudas de una voz?
De un acento.
Tiemblo.
El impulso se hiela.
¿Como si al Ángel y al hombre?
¿Como si a Dios en su esfera?
Borré la paz.
Fui atrevido.
Una esclava me amedrenta.
Muera a manos de su culpa.
A manos de mi ira muerta.
Dentro
Si en la lucha da...
Dentro
Alerta, que has...
Segunda vez repitieron
en tan distintas esferas
aquella duda.
La duda
segunda vez me atormenta.
Dejando helado el furor.
Dejando la saña yerta.
Pues entre duda y temor
no determina la pena;
Pues entre la ira y la fuga
está la elección incierta.
¿Pero yo temer?
¿Yo huir?
Es cobardía.
Es bajeza.
Cara a cara le esperemos.
Llamarle es mayor empresa.
Llámale
Dices bien, a que la voz
articuló en mi ofensa
llamaré, pues no es bien que
ya que triunfe de mis ciencias
que felice vencedor
tan a poca costa sea.
Oh tú, que al con sus acentos
dejas la atención suspensa,
pues lo que empieza en noticia
acaba en confusión ciega,
atiende a mi voz.
Sale Luzbel 1º.
¿Me llamas?
Que solo quiere que sepas
de mi concepto una duda
para que me la revelas,
no que llegue a ignorarla,
sino por no comprenderla.
Las artes que entre los dos
está de más que refiera
lo material de las voces
formales
formales inteligencias,
pues tengo prevista ya
en mi angelical idea
vuestra duda y así doy
de aqueste modo respuesta:
en los nombres leídos
divinas y humanas letras,
al gran Dios de las batallas
ninguna más bien le suena
que el de noble triunfador,
puesto que en él se interpreta
que de la muerte y la culpa
y de sí triunfa, a esta sujeta,
y aunque le han dado otros nombres
en parábolas diversas
y en sagrados atributos,
como es mercader que en piedras
preciosas trata, heredero,
médico, pastor de ovejas,
sembrador samaritano,
pescador, varón que aprecia
los dolores de lo humano
unido a divina esencia,
padre de familias, todas
la humana esperanza alientan,
pero más que todos estos
el de soldado, pues llena
asegurada la gloria
en el triunfo de su empresa,
y aunque de sus atributos
que de estos nombres se infieran,
pelícano, sombra y fuego,
lirio agreste, angular piedra,
vid, espiga, león, paloma,
lleno de pan en la era,
custodia, flor, mariposa,
ninguno sus excelencias
dice como el de cordero,
pues las dos naturalezas
humana y divina unidas
en cordero y león ostenta,
en vid y espiga, pues son
figuras en que se encierra
de incruento sacrificio
la víctima más suprema,
y así no de padecer
pasible aunque también sea
impasible, pues eterno
es inflexible materia,
con dos formas y dos causas
y no causas como quiera,
pues creada la segunda
y engendrada la primera,
siendo entrambas causas puras
distintas se consideran
unidas en un sujeto
sin que entre sí desconvengan
por la hipostática unión
que las reduce a una misma
de hombre y de Dios se acredita;
pues causa, o forma primera
de su ser divino, la otra
que secundaria nos muestra
en su ser humano efecto
que ha procedido de aquella
primera causa en común;
luego a conocerse llega
que ni esclavo de sí mismo
como dices, te blasfema
A la Culpa.
es, ni tampoco holló aleve
la nunca pisada senda
de la gracia (como errada
dijo tu atrevida lengua)
A la Ignorancia.
la culpa, pues por ser parte
del todo que se contempla
es puro en sí mismo ejemplo
de aquella sagrada esencia,
puesto que por ser humano
de ser divino no deja;
que triunfase la Ignorancia
sin vencer, es evidencia
de la Culpa en que cayó
toda la especie homógena;
pues no por eso quedaste
absolutamente dueña
de su libertad, pues si
la vista hacia los profetas
volvemos, allí hallaremos
en cláusulas más que ciertas
de Balaam y de Isaías,
Ezequiel, Daniel y Esdras,
Abraham, Sem y Jacob,
que con retórica hebrea
al mundo elocuente mudo
publicaron dicha inmensa,
que había el Verbo del Padre
y en la más pura doncella
de encarnar para ser hombre,
a fin de borrar la fea
mancha original que horrible
el no enjuto rostro sella;
pues de aquel infeliz día
acá, dos leyes se cuentan
que son natural y escrita,
pero no se ve por ellas
que quedase en algún modo
de la villanía exenta
la naturaleza, aunque
de sus ceremonias mesmas
visiones y profecías,
se ve que alegre reserva.
esperanzas bien fundadas
antes bien con la advertencia
de verse cautiva, y verse
enajenada de aquella
corona que poseyó
allá en su patria primera
de la provincia del mundo
triste al cielo se lamenta
viendo que ya de su cetro
faltaron a la obediencia
las aves, como los peces,
las luces, como las fieras;
y si el cetro se repara
se vee también que a la excelsa
Casa de Judá le falta
el cetro en que se demuestra
cumplida la profecía
de Jacob, pues considera
que ya felice ha llegado
el tiempo en que le suceda
otra ley, siendo preciso
en filosofía buena
que cualquier cosa que llegue
al estado en que le espera
disminuyendo su fin
a su principio se vuelva
así de su tiranía
el poder, que se entienda
que reducida al estado
primero, es fuerza que tenga
otra vez su ser la gracia,
y como esta ley no muestra
más que justicia y estrago
aquella figura, aquella
que a Dios le aclamó león
ves precisa consecuencia
para volver a su estado
primero, que otra ley nueva
suceda a la ley escrita
que en su nombre contenga
la gracia, pues ley de gracia
haya de llamarse, es fuerza
con que ahora atrás volviendo
los discursos, si te acuerdas,
notaste que en cuantos nombres
le dan, ninguno le asienta
mejor que el de Triunfador,
pues en la amorosa empresa
a que le llama el empeño
de hacer la mayor fineza
por los humanos desciende
de la altura; si es que atenta
has estado, ¿no escuchaste
que en sus descripciones sea
el más propio, el de cordero
atributo que de aquella
sibila fue tan previsto
que por tan dichosa era
(vaya Faraón engañado
atributo a Julio César)
Pues ahora humilde ya
tanta Causa solo resta
de advertir que ha de mostrar
en metafórica Idea
de Soldado, y de Caudillo
las sagradas excelencias
ya de su inmenso Valor
y su infinita grandeza
Tan aunque en varios asuntos
la metáfora se prueba
de hipérboles militares
esta vez porque se advierta
aunque a la larga trataron
de algún triunfo los Profetas
anterior al vencimiento
sin abstraerme de letras
divinas he discurrido
con novedad en la creencia
siendo sombra la figura
y figurado que encierra
La visión de aquel caballo
que allá Ezequiel nos cuenta
Valerme en esta ocasión
de humanidades discretas
que alusiva del asunto
aquel discurso me empeña
alegóricas las deje
sin dejarlas; de manera
que sus cláusulas publiquen
con metáforas de veras
y ya que el concepto mío
visible Argumento, sea
Triunfar antes de vencer
dando principio al dilema
las hebdómadas sagradas
de Daniel mi acento sean
que el mundo alegre divierta
Alerta va
Aguarda.
Suspende el canto.
¿Cómo el verbo?
Y se empeña
en saberlo, será en vano
pues que lo dudes esfuerza
habiendo de ser pretexto
para conseguir la empresa
la que ha de nacer muriendo
que lo ignore, o lo sepas
y así no me estorbes que
publique en voces diversas
Alerta mortales va
Sosiega.
Escucha
de qué modo?
Aquel profeta
que elevó la vista al Cielo
y pues con duras penitencias
mesando el cabello triste
y con la faz cenicienta
penetró sus once velos
no me escuchó por respuesta
que obra de una Encarnación
sería paz de la Tierra
y gloria a Dios.
Calla, Culpa, calla,
que el misterio que en sí encierran
esas palabras de estatua
muda de celo me dejan.
Y el no escuchado prodigio
de esas voces me amedrentan.
Toda la selva es misterio.
Toda, es prodigio la selva.
No dirás qué da motivo,
afianza a tu indignación?
Esa
humana esclava por que
en los trenos se lamentan
tanto profeta en sollozos
cuanto patriarca en quejas.
Pues si ella mi turbación
causa, mi venganza espera.
Si me confunde a portentos
yo la ultrajaré a miserias.
A la Culpa
Al Lucero
Tanto podrás injuriarla,
ni tú tampoco ofenderla
Cómo no?
Cómo, habiendo
a ampararla de la esfera
la promesa de Abraham,
de Sem en la descendencia,
y en la prole de David.
Según eso, a defenderla
el prometido en la ley
bajó?
Y lo duda?
Sella
el labio, pues yo lo dudo.
Esas voces oye atenta
y lo sabrás, pues que dicen
cuando baje el Viento:
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en la Tierra.
Escucho? Ay de mí, infelice!
Y es lo que oí? (Que no muera!)
y esto escuche en mi desdoro.
Caiga sobre mí la esfera.
Sepúlteme el propio abismo
antes que escuche en mi ofensa
Gloria a Dios, &c.
Lo habéis entendido ya?
Déjame.
Morir me deja,
que pues yo ofender no puedo
la humana naturaleza,
a esconderme en lo profundo
voy de estas desnudas peñas.
Vase
en la gracia.
¿Qué me alienta?
¿Quién eres?
Salen
Soy de aquese
pabellón turquí una excelsa
exhalación de alegría
formada en campos de estrellas
que a la noche desmintiendo
ciegas sombras, torpes nieblas
equivocada la luz
de tanta sublimar tea
brilla y parece que alumbra
luce y parece que ciega
dejando dudoso el día
con nueva Aurora y con nueva
luz de otro sol, de tal suerte
que si a formar competencias
llegasen la noche y día
en tal eclipse se viera
desfallecido el sol bello
y la hermosa Aurora muerta
Pues ¿qué novedad?
¿Qué causa?
¿A qué efecto?
¿Con qué idea?
Argos la noche de luces
cíclope el día, ¿le afrenta?
Por mí responder podrán
esas voces lisonjeras
Gloria a Dios,
Gloria a Dios y paz al hombre
solo nos das por respuesta
¿Cómo gloria?
¿Cómo paz?
Si es razón.
Si es evidencia,
que la culpa fiera horrible,
la gloria y la paz nos niega.
Pues si saberlo queréis,
escuchad esos que alternan
himnos al Dios humanado,
en señal de que ya llega
el tiempo en que de la culpa
triunfe y a la muerte venza.
Pase.
Ábrese el carro primero y vese a Seth arrodillado vestido de pieles y aparece una nube lloviendo.
Cándida nube de esplendor bañada,
sagrada aurora que en la noche fría
ocultaste en tu vientre venerada,
aquella lluvia que el eterno envía,
salve mil veces dulce prenda amada,
que lloviendo al Mesías, la alegría
nunca mirada en este seno umbrío,
nos das terrena en celestial rocío.
Ciérrase el carro y ábrese el segundo y vese a Daniel arrodillado y un pan rodeado de esplendores.
Sagrado pan que eterno resplandeces
en esplendor eterno, eterna vida
a tantos prometido y tantas veces,
salve feliz que a tu esperanza unida
gozo le das en el candor que ofreces
de inmortal gloria en lauros repetida,
pues ya gentes admira su consuelo
y el vivo pan que descendió del cielo.
Ciérrase el carro y ábrese el tercero y vese a Jacob arrodillado y una escala detrás, subiendo y bajando ángeles por ella.
Escala soberana que en el sueño
ostentaste la forma y la grandeza,
pálido asombro de orgulloso empeño,
que en cielo acabas y en la tierra empieza,
salve dichosamente, pues el dueño
afable extremo hiciste de fineza
por donde pasa (¡oh, qué más me asombre!)
a ser humano Dios, divino el hombre.
Ciérrase el carro y ábrese el cuarto y vese a Isaías arrodillado y un cordero degollado sobre una cruz.
Inmolado cordero, Dios amante,
a quien humilde Gedeón venera,
Agnus de gloria, gloria más triunfante,
de que David en lauros reverbera,
viva tu nombre divino en otro instante
colocándose eterno en nueva esfera,
pues has sabido en sacrificio incruento
de víctima pasar a sacramento.
Ciérrase el carro.
¡Nunca mirado en este seno umbrío
nos das, terrena, el celestial rocío!
¡Por donde pasa (por que más me asombre)
a ser humano un Dios Trino el hombre!
Pues, ¿qué quieres? Admira su consuelo,
el vivo pan que descendió del cielo.
¡Pues has salido en sacrificio incruento
de víctima, pasar a sacramento!
Aguardad, varones justos.
Mas, cielos, ¿qué es lo que miro?
Confusas mis tres potencias
y ausente aquel paraninfo,
¿qué es esto que me sucede?
¿Duermo? Mas no, que respiro
con nueva vida; ¿qué aliento
es este, que da motivo
a librarme de las sombras
que confesó mi delito?
¡Albricias, potencias mías,
que ya no muero, ya vivo!
¿No me respondéis? ¿Qué es esto?
Yo alegre, cuando afligida
os advierto; ¿no dirás,
tú, entendimiento, qué ha sido
la causa?
No aquella nube,
sino aquel blando rocío.
¿Tú, memoria?
No la escala,
sino escuchar mis oídos
que queda Dios ser humano
y que el hombre sea divino.
¿Tú, voluntad?
No aquel pan,
sino que haya comprendido
que pueda, siendo accidente
muerto, pasar a ser vivo.
No fue en mi ley natural
que entendimiento, el ánimo,
pues se anticipó el discurso
a obrar contra tu destino,
aquel, bajo aquella espada
que esgrimió contra ti mismo
el serafín en tu patria,
el rigor de tu enemigo,
de la provincia que dueño
el autor supremo te hizo,
no te enajenó su envidia
tiranizando el dominio;
en tu memoria no fue,
o ley escrita, su yugo,
que entendimiento y memoria
son lo natural, que es honroso;
aquel cruzado laurel
(que Ezequiel tuvo previsto)
triunfo de su humano
por este supuesto mismo.
Y a la cultura terrestre,
porque el celestial rocío
por que fecunde...
Repara
que confundes los sentidos,
pues ya el natural amor
yace en el lecho dormido
de esa cultura, que yo espero
ver ese fruto cogido
en mí.
¿Qué importa que duerma
a la margen del olvido,
sin que tú esperes cogerlo
a haces, y multiplicando
el trigo? Pues sin la lluvia
no puede nacer el trigo
de tu voluntad, en quien
se ve por misterio digno
de mi voz y de tu gracia
(de otra ley sagrados ritos),
no me admira que en tus aras
dificultes lo preciso
de este pan sacramentado,
de que profético indicio
fueron Elías y todos
los profetas de aquel siglo
en el viático pan
y en el pan subcinericio;
pero como de tus dioses
Sigues el confuso abismo
la luz de aquese misterio
se ha negado a tus deliquios
pues tú que niegas que pueda
ser inmortal lo abstracto
del alma, pasando de unos
cuerpos a otros distintos
que así para convencerte
(supuesto que es vano el celo
el de tantas escrituras)
de esta verdad silogismo
sea aquel gusano, aquel
que de su aliento nativo
labra su tumba quedando
cuando más muerto, más vivo
pues Fénix de su ciencia
desmiente al ciego Porfirio
¿no nace de una semilla?
¿no va creciendo? y crecido
en aquel capullo, que
con laborioso ejercicio
labró su fatiga, no
se queda como dormido
pues vemos por experiencias
que renace de sí mismo
batiendo en trémulas alas
del sol los lucientes giros
convertido en mariposa
pues del concepto alusivo
no nace el trigo también
no crece, y luego molido,
y amasado no se ve
que es pan después que incluido
en su accidente se ostenta
sacramentado Dios vivo
no se ve que nueva forma
toma el accidente digno
misterio de aquel poder
ciencia y amor en que unidos
solo una esencia adoramos
y solo un Dios percibimos
pues si en un infiel moabita
en un ciego judaísmo
y en un gentilismo vano
tres potencias advertimos
de Memoria, Entendimiento
y Voluntad que a mi juicio
formáis, no se vio en vosotros
usurpado aquel dominio
cautivo yo enajenado
de Jehová el sacrificio
pues cómo ahora admiráis
y dudáis en persuadiros
aquella lluvia, la escala,
del pan que del cielo vino,
que son figuras de aquel
figurado tan precioso.
Bien, que hayan dicho las voces
de aquellos gozos festivos
que vino ya el que ha de ser
noble triunfador, el hijo
de aquella primera causa,
y que conmigo se ha unido
su misma naturaleza;
pues por él en sí cumplido,
el inmortal pan será
sacramento, como afirmo.
De Isaías el enigma,
que por él tengo antevisto;
de Set la lluvia, de Elías
la nube del paraninfo,
el problema de Jacob,
la escala, del advertido
Daniel el pan soberano,
con que ahora convertidos
las lágrimas en ternezas
y en júbilos los suspiros,
diré con razón, y albricias:
"¡Que ya no muero, que vivo!".
Mientras de ese sacramento,
de ese triunfador que has dicho,
no viere las obras suyas
ser de la verdad indicios,
tan confuso, tan dudoso
me verás como me has visto
en ese siempre escuchado
enigma, que nunca entendido.
Mientras que de la Deidad,
que dificulta el oído,
no encontrare de los ojos
a la experiencia testigos
de la verdad en sus obras,
ni la niego ni la admito.
Mientras que no le conozca
por sus obras y prodigios,
no he de creer sus hazañas.
Pues si estos tres unidos
determinados están
en no conceder lo visto
de aquella Segunda Causa
y primera, por estilo
de figuras y misterios,
no falta al discurso mío
modo para haceros creer
en nuevo misterio el mismo
misterio que están dudando,
pues en aquese edificio,
tal alcázar desmantelado.
Descúbrese el carro primero y vese Emanuel vestido de soldado, en cuerpo, estando pintado el hueco del carro de ruina, reclinado sobre un establo.
Que solo en su ruina quiso
reservar el tiempo aquel
pórtico cuyo artificio
y cuya eminencia son,
por el culto que le prolijo,
uno emulación del Fidias,
y otro afrenta del Lisipo,
para pabellón de aquel
soldado que he referido,
pues acuartelado ocupa
los puestos a su enemigo
en el después que emprendió
y consiguió su infinito
valor la mayor hazaña
del mundo en haber nacido.
Ya en la campaña espera,
cuerpo a cuerpo.
Si dormido
está como yo le advierto,
y tú le atiendes.
¿No dijo
el sabio que, aunque los ojos
duerman, está siempre advertido,
vela el corazón?
Y si está
desnudo como le has visto.
No lo está, aunque te parezca;
que en material desnudo,
que en lo formal está armado
de su ser, y está vestido
de mi humanidad aquellas
desnudeces de mis delitos.
¿Y más que tú lo promulga?
Aparece una estrella.
Aquella estrella que, aunque
de materia corruptible...
¿Y quién más que tú lo ha dicho?
Yo, Entendimiento, que eres
una voz que soy.
Sus luces hermosas sigo.
Desaparece la estrella y vase tras ella, y Emanuel baja al tablado.
Soy soldado de la esfera
y valeroso caudillo,
de mi aliento, que sufriendo
del Austro los soplos fríos,
de el Euro las inquietudes,
en aquesta ruina abrigo
a tu casa, desde adonde
descubrió el cuidado mío
del enemigo común
los militares designios,
y advirtiendo que sus fuerzas...
los reductos más antiguos
ocupan de la ignorancia,
alzándose del río
Jordán hacia la otra parte,
determina el poderoso
atravesarle, rompiendo
sus cóncavos cristalinos,
para juzgar desde allí
(puesto que río de Juicio
quiere decir el Jordán),
con el agua del bautismo,
su tiranía dejando
todo su horror confundido,
libre de la esclavitud
y de aquel tributo indigno
toda la naturaleza,
restaurando aquel dominio
perdido de la Provincia
del mundo, que producido
fue, y criado de mi padre
en el sacro paraíso.
Sale la Voluntad, y vuelve a aparecerse la estrella, y se fija sobre la cabeza de Emanuel.
Paró el adalid luciente
y ya suspenso a un fluido
su geométrica figura,
perpendicular destino
en este Joven del cielo.
Humíllase
Son tan sagrados avisos
a sus pies rendido, que
estuvo a su horror rendido.
Llega del lúcido oriente
a darse como a deidad
culto, adoración, aquella
Majestad, que en el distrito
de aqueste abreviado Cielo
midió aparato festivo
con las rodillas la tierra,
con los labios el Empíreo;
aqueste corto diseño
recibe por sacrificio
como hombre, que como Dios,
pues aunque son dones ricos
para un hombre, para un Dios
no son más que un leve indicio
de que a doble rehén humano
que veneran divino.
¿Qué es lo que miran mis ojos?
¿Qué portento es el que admiro?
Mirra, oro e incienso me dan,
tres supuestos son precisos
de aquella Divina esencia
que noto.
generoso Señor distintos
tres supuestos son también,
pues llegando al escrutinio
de sus especies entiendo,
por el oro el vellocino
de Gedeón, por la mirra
de Isaías el propicio
cordero, y por el incienso
de Aarón aquel claro viso
del incendio de mis aras,
en cuyo rigor benigno
elemental semejanza
de león y cordero unidos
sirvió en venerado culto
de aceptado sacrificio;
pues de aquestas tres figuras
prefigurado colijo,
hallo que natal preludio
es de aquel concepto mío
el vellón dorado, y si es
que la física concibo
natural materialmente,
aquel oro discurrido
es hijo del bello oriente
del sol, pues si me imagino
sol del mundo, claro está,
que había de ser preciso
que en el oro se acreditase
todo mi esplendor nativo.
el cordero que exhalaba
entre esplendores suspiros,
y moribundo a sus penas
eran sus quejas bálidos
sobre un leño, es de nuestra muerte
el epígrafe más vivo,
el rasgo más semejante
y el más propio colorido.
la mirra, si de su gusto
toco el áspero deliquio,
fieras congojas padezco
y solo angustias respiro.
Pues si soy cordero humano,
claro está que habré nacido
para ser bajel bebiendo
los amargos parasismos
de la muerte en esta mirra;
pues en su gusto acredito
que he de triunfar con sus ansias
y he de vencer con temidos
aquella celestial llama
que será de devotos himnos
sino mérito sagrado.
de la aceptación indicios
es de mi cuerpo y mi sangre
holocausto el más festivo,
después que a mis aras sirvan
en humor deshecho el fino
afecto de quien se eleve
a ser ofrenda, compito
de la escrita ley sagrada
de gracia en la ley ministro;
que si el aroma suave
advierto, hallo en difusivos
perfumes alambicada
una nube que del divino
trono del mayor misterio
cubre a imitación del rico
velo que, clara a los panes
de proposición servidos
por víctima, cubrió sutil
en aquel altar antiguo;
pues si pan sacramentado
he de ser, donde compito
con mi vida y con mi muerte
la razón del valor mío,
daré esta, que en oro, mirra
e incienso hallo comprendidos
mi nacimiento, mi muerte
y mi holocausto, que elijo
en vellocino cordero,
y llama para el propio
laurel, corona de vida,
a mi valor infinito.
¡Dudo lo mismo que veo!
Lo mismo que toco admiro.
Cada voz es un asombro,
cada acción es un prodigio.
Como parte de este todo
que a idolatría vendido
te adore, y como parte
ignoro cuál sea el motivo
de esta figura celeste
que, cercada al sol de nido
de esmeraldas y rubíes,
forma en azul laberinto.
Allí me guio una estrella,
aquí una anuncia el destino
de otro cuerpo sublimar,
y ambos a un intento mismo,
pues uno me muestra un César
y otro al Rey de los Judíos.
De dudas tantas sabré
sacarte, deidad he sido,
y soy unida a lo humano.
Soldados.
Soldado, Rey y Caudillo,
y juez, que has de decir
dónde ir, que soy he dicho:
ese círculo, esa estrella
y esos tres soles distintos
que, a ser uno en el ocaso,
se quedaron reducidos.
Todas esas maravillas
son de lo que soy testigo,
pues ese círculo indica
un ser a otro ser unido
a la humanidad, pues siendo
de dos varios coloridos,
habiendo de ser dos orbes,
ser uno solo han podido,
por dar a entender que aquel
que anuncia su albor benigno
es divino y es humano
en un ser y a un tiempo mismo.
La estrella que de Saba
a Sión ha conducido
la majestad del oriente,
muestra en su ser corruptivo
esta humanidad, y el cetro
que de Judá ha fenecido,
con que si otro nuevo Rey
mostró su candor sucinto,
que por explicar que yo
soy su Rey, pues he venido
a rescatar el imperio
que tiene el hombre perdido;
los tres soles que alumbraron
lo mismo que aquel continuo
sin diferenciar de luz,
ya apartados, o ya unidos,
significan de la esencia
divina el mayor prodigio,
misterio de los misterios,
que hebreo idioma incluido
en una dicción explica,
que en aquel círculo que miro
también al sol, con que si
la obscura niebla deshizo
de la culpa (claro está)
que aquel sol será preciso
sea uno de aquellos tres,
dejando así decidido
que símbolo de mi esencia
son luciente anuncio mío.
¿Cómo anuncio tuyo pueden
ser? Si de vos tuvimos
en nuestra...
en miles, aunque fueron
el asombro de los siglos,
en el valor no tuvieron
de su nacimiento indicios.
Josué, caudillo sagrado,
paró el sol, Judas el digno
caudillo a los Macabeos
alentó para que altivos
sacudiesen de sus hombros
el pesado yugo; vimos
que a las lecciones de Marte
y de Palas a los bríos
libraron de esclavitud
de Israel a tantos hijos
como a Babilonia dieron
de triunfos tan repetidos.
Moisés, David, Gedeón,
en Gelboé, en Egipto,
Sinaí, Gabaá, amonitas,
laureles han conseguido.
Sansón valiente dejó
los filisteos vencidos
de una quijada a los golpes
y de un templo a los crujidos.
Elías con aquel rayo
en cenizas convertidos
premió a mil ismaelitas,
dejó de su celo al filo;
Judith cortó de Holofernes
la cerviz, Ester cautivo
el pueblo libró, granjeando
de Asuero el supremo anillo.
Es verdad que ninguno
supo vencerse a sí mismo
en vencer la culpa, solo
yo libertarme he podido
de su fealdad, pisando
el nunca hollado camino
de los mortales, pues si
para vencerla he venido
¿qué duda que soy mayor
soldado y rey más altivo?
Pues Amón, Débora, Baal,
Faraón, ni los asirios,
Ismael, Nabuco, Asuero,
ni Holofernes han podido
ser más que sombra del fuero
del horroroso vestiglo
de la culpa, pues de aquellos
triunfaron humanos bríos,
pero de esta solo puede
mi esfuerzo que es infinito.
¿Tú eres voz?
Y de duda.
¿Tú eres soldado?
Escudo.
¿Tú eres deidad?
No es dudable.
Dame una señal que pido.
Muestra tu valor con armas.
Llena el viento de prodigios.
Oráculo a unas dudas
será su acento benigno.
¿Será bastante señal,
será valor, será indicio
de mi poder, que a mi voz
se ennoblezca el vago sitio,
que a mi impulso se corone
y de blasones ese río,
y que de mí arrebatados
huyan tantos enemigos?
Sí.
Pues a arrojarme ya
a ese monstruo cristalino
conmigo, Naturaleza,
ven.
Ve, pues voy contigo.
Abrácanse y van como arrojándose adentro.
A las ondas se arroja,
y el aire casi encendido
etérea región parece.
El cristal dejando frío,
pisa la dorada arena.
Y ya rompe los peligros
de sus contrarios.
Huyendo
hacia aquí los guía el destino.
Con sus esplendores, ciego.
Con sus portentos me irrito.
Con sus hazañas me ofusco.
De tan ciego laberinto
sabrá sacarnos Dios.
Salen la Culpa y el lucero 2º cada uno por su parte como arrojados.
Yo,
sabré triunfar si porfío.
Con qué bárbaro aliento
me arrojo despeñada.
¿De dónde intento
huir, si el centro mismo
es de mi turbación mayor abismo?
Oráculo del viento,
respondió a mis dudas el acento.
Yo sabré, artículo.
Yo sabré, fijo.
Mas ya aquí solo elijo
hasta morir buscar oposiciones.
¡Intrépido el horror y las acciones
mal huir solicito, si aunque quiera
me persigue su voz, pues de la esfera
vago fui desatado,
cómo tan muerto estoy, ni cómo helado!
Y confuso dejó mis sentidos
en la vista la acción, voz del oído.
¿Cómo sabrás?
Triunfando, fiera horrible,
deste horror borraré la más sensible,
no de invencible afecto arrebatado,
sino de mi valor acompañado.
Que triunfando sabrá, pronuncia el eco.
Y yo de mí, que si al hueco
alcázar de las sombras me retiro,
que habemos de decir que es Dios humano
¡Oh, has dejado de ser del judaísmo,
o si lo eres reniegas a ti mismo!
¿O dejaste de ser la Apostasía,
o falta a tu razón la ciencia mía?
¡Oh, has dejado de ser (¡ay infiel fortuna!)
el Gentilismo, pues sin duda alguna
de tus deidades el confuso abismo
reniegas cauteloso, nuevo barbarismo,
que de mi voz...
y error fue de mi labio,
y equivoqué el afecto.
¡Nuevo agravio!
Pues ya, si no enajenas,
tú la voz, y tú el labio, tú el afecto,
¿qué sentís de sus obras?
El perfecto
sentir mío es decir que es solo humano,
escandaloso horror samaritano
que con arte diabólica maquina
portentos que han de ser su mayor ruina.
Yo que es Profeta digo.
Y yo que es Marte,
que de la esfera descendió a esta parte
buscando acaso por razón de estrella
el prodigio de alguna Venus bella.
Lejos de conocerle están sus ojos,
porque aunque antes me dieron más enojos
sus formados acentos,
fue por dar a entender los fundamentos
del su errado camino,
pues si
Pues si con el discurso lo examino,
ven los mismos errores que profesan;
con decir que no es Dios confiesan.
Mas ya que así engañados
viven más a la fuerza de los hados
que a la de mi malicia,
determinar quiero ya aquella milicia
que ya adivinó su profeta
Ezequiel, y la que le prometa
nuevo aplauso a mi engaño,
eterno odio ha de ser su menor daño.
¿Y qué hicierais del fracaso a ser llegara
y diera su obstinación y su fe clara?
Muerte le diera yo digna de afrenta
por alborotador.
Yo con atenta
curiosidad su ciencia examinara
y a ser cierta sus cláusulas guardara.
Yo adorara sus luces y a su yugo
La oposición le diera.
Si la desprecia
a notar, Luzero, que lo que solo fuerza ha sido
de su razón, no tengas entendido
idolatría que es (ni juzgarlo creas)
contra el sagrado culto de tus Dioses.
De lo que el Judaísmo dejó, infiero
que ejecutor de mis venganzas fiero
ha de ser, y así nadie se asombre
que lo que no el Demonio lo haga el hombre.
y Lucero Primero. Sacan en una fuente tres coronas de oro, otra de grama, otra de ramos de encina, gorra de murta y un laurel con espinas.
Venid, festejad, celebrad, aplaudid
las coronas que en su frente
eterno blasón serán al cenit
de un sacramento las nobles acciones
que en voz de Clemente supo instituir.
Venid, celebrad, festejad y aplaudid
la su deidad humanada.
Pasaremos entonces de aqueste confín
los moradores trayendo su plectro
herido al impulso de su competir.
Venid, festejad, celebrad, aplaudid, etc.
Mortales que en el valle
de lágrimas vivís,
de el original delito
indicios el más infeliz,
pues que ya el pesado yugo
de esclavitud sacudís,
y a vuestro hombro sirve
la libertad que ofrecí,
siendo gloria para vos
los tormentos que hay en mí;
celebrad el valor sumo
que a mi Padre le debí,
(sino la oblación que el triunfo
que humano he de conseguir);
los trofeos más sagrados
del arte militar admitid,
diciendo en dulces acentos
que pueblen el vago zafir:
Venid, festejad, etc.
Y aquel lóbrego alcázar
de las sombras que vencí...
Vese el Mundo Viejo vestido de pieles, y el temor de ellas, también ridículo, dormido.
Sobre un peñasco
ocupas dormido asombro
de tu principio grave,
prestas el pavimento obscuro
desta máquina sutil,
tachonado pabellón
del pavoroso nadir;
deja ya el ocio insensible
que en tus partes repartí
con el polvo del olvido,
la memoria del morir;
África, América, Europa,
y Asia, pues su forma unís,
miembros del globo robusto,
patria del florido Abril;
decid de su voz al eco,
siguiendo su aliento en mí.
Venid, festejad ya.
Despiertan a estas voces y sale el Mundo y Temor, trayendo el Mundo una oliva y palmas.
A tus voces corresponde
mi obediencia. Temor, vuelve en ti,
y mira que nos está
de perlas, Señor, dormir.
Calla, necio, bien que es callar
cuando no he hablado hasta aquí,
mas he de hablar, que un poeta,
más que el que aprende a esgrimir,
más que un letrado en consejo,
y en la ronda un alguacil.
Primero que de ese muro
pases, te salgo a rendir
las olivas del Tabor,
y las palmas de Efraín.
Riega con las palmas el suelo.
Verde alfombra de mis plantas,
dorado blasón, cubrid
mis sienes, pues la oblación
he llegado a conseguir.
Solo el triunfo te falta.
De gozo no estoy en mí.
El tiempo le dirá al tiempo,
cuidadoso adalid,
si sé con sufrir, triunfar,
si sé vencer con morir.
Su voz me ha dejado absorto.
Con verte no estoy en mí.
Con verte me he suspendido,
viendo en tan vario confín
confuso en esas coronas
tanto trofeo gentil.
A eso te respondiera,
ver que el sufriente y feliz
empleo sean un.
¿Por qué?
Escucha mis voces.
Di.
Tres leyes y esas coronas
en un Sacramento unir
quise; hazañas que virtudes,
con qué instrumentos. Pues si
los Romanos acostumbran
en el valeroso herir
la osadía del esfuerzo
premiar con tan justo fin,
por más heroicas hazañas
tres coronas merecí.
La castrense, que es el rubio
metal, llego a discurrir,
merezco, porque el primero
que el ejército rompí
he sido de mi enemigo,
pues su tirano adalid
perdió a mi voz y a mi impulso
las fuerzas que yo rendí;
ningún humano nació
a mirar la luz feliz
cuando
Pónese la corona de oro
Quítanle la de oro y pónese la de grama
Quítanle la de grama y pónese la de proa
Quítanle la de proa y pónese la de ramos de encina
Cuando no bien ilustrado
de ese diurno rubí
la obscura tiniebla fría
de la culpa dio encubrir
sus ojos y a la sombra
su cuerpo, niebla sutil,
solo yo, pues yo el primero
que sus nieblas esparcí,
juzgué, con razón sagrada,
la corona merecí.
La obsidional, que de grama
(preciada más por el fin
que incluye que no por ella),
merezco; pues vaso feliz,
naturaleza cercada
de tantas penas la di
libre en sus riesgos, que aquello
no quiere el agua decir;
pues compitiendo lo terso
del cristalino viril
con el agua de la gracia
a la culpa confundí;
qué duda que esa diadema
me ofrece el verde pensil.
La naval, que del precioso
metal llegó a difundir
lamas codiciada proa,
merezco; pues emprendí
con la nave de mi Iglesia
la del averno rendir;
y pues sus fieros Cérberos
ante el averno combatir,
siendo el primer sacerdote
que sus montes dividí;
juzgué, bien es que en mis sienes
blasone, pues tal ceñí.
La cívica, que de opima
ramos su forma advertí,
llego, de encina merezco,
pues que huyendo resistí
la del Idumeo el decreto
que fulminó tan civil,
manchando las mustias flores
con inocente carmín;
y pues yo de sus iras
a mí propio me abstraí,
qué duda que esa guirnalda
merecía, pues supe al fin,
huyendo de sus rigores,
libertarme sin huir.
La mural, que de la almena
más alta se vio el cenit,
por asaltar y colocar
el pendón que del paladid,
es aclamación dichosa,
sea su forma, que allí
el Arte y Naturaleza
se excedieron y lucir
merezco
merezco, pues los torreones
de Sión penetré sin
que me elevase la escala
o me animase el clarín,
antes bien, como miráis,
del mundo el vario confín
me aplaude regando el suelo
en búcaros texelí,
y al cedro afrenta el mayo,
y a la palma que el abril
a emulación del enero
supo sus canas vestir.
Luego si el muro sagrado,
el primero que en él fui,
con tal novedad será
premio que llegue a adquirir
esta gloriosa murta,
Quítase la de encina y se pone la de oro
fragancias tributa mil
que alambicada en olores
trasciende al alto zafir,
merezco, pues solo falta
al laurel que he de teñir,
pasar de rojo clavel
a ser cárdeno alhelí.
Y pues en aqueste aplauso
coronado venís
de olivas que me ofrecen
los soldados que admiran
vidas, despojos y liras,
vuelvan a mí a repetir.
Quítase la de oro y pónese la de murta
Venid, Idas.
Triunfe pues Marte a mi vista,
se ofrece en luz soberana.
Profiera ya que pompa vana
hace mi opinión desista.
Soltera, supuesta nave,
llego en la forma a dudar,
pues cómo puede surcar
una vez pez y otra ave,
ondas y estrellas, si solo
en ella llego a entender
que se viene a componer
de un marinero y un polo.
Tú eres solo y solo tú
guías su timón valiente,
la arquitectura luciente
dos polos ostenta en su
movimiento, díganlo
del Ártico la luz pura,
del Antártico la oscura
sombra también señale
la náutica fundamentos
para que cortando espumas
vuelen las blancas plumas.
Fuesen
fuesen rasgando los vientos
no más que uno, pues que dio
piloto y sus marineros;
y pues que en riesgos tan fieros
solo a ti te encuentro yo,
a nunca gozar el puerto
condeno la infausta nave
que en sus designios no sabe
más que un polo que se invierte.
Ni es golfo ni solo uno
los polos que mira atenta
la nave mía, ni intenta
mi mente que en su oportuno
movimiento solo ostente
un piloto que soy yo,
soldado buzo a que dio
naval corona en mi frente.
Doce marineros tiene
buque que en aplausos medra,
pues es la nave de piedra
que a mi iglesia le previene;
y aquel pescador que amante
de la fe con que iluminó
rompió el helado camino
por escollo de diamante
de tres virtudes sagradas.
Se forma y en ellas funda
su virtud que sin segunda
con sus luces ilustradas
se verán en tanto riesgo
como en sus iras respire,
sino su afecto le inspire
bruta sangre, ni alto fuego.
Pues de tanto sacramento
verás un círculo abreviado,
todo un Dios humanado,
todo un sacrificio incruento;
la sagrada teología
árbol a esta nave da,
en la fe luego será
la nave en su alegoría
de aquel primer sacramento
compuesta, pues que la forma
de aquella materia que informa
fue la fe de aquel acento.
Áncora de la esperanza
le da, ya que se advierta,
y aquella esperanza muerta
de mí vendrá, ya alcanza
nuevo ser contra la culpa,
pues asegurada la
naturaleza hará
de mi sangre sus disculpas.
pasando a ser confianza
y aquella virtud que era
esperanza, y en su esfera
hiriendo en igual balanza
la materia elemental
del bautismo considero,
haber florido el primero
que hizo en sacramento tal
vida a la muerte; pues hice
en empresa tan sagrada
la muerte más desdichada
ser la vida más felice;
vaso de elección, fábrica
de la caridad, pues es
silo de la mejor mies
según el texto lo explica,
es la nave y la señal
que en el cristal vive eternal,
y es de esta virtud general
el más propio original,
pues le da a la criatura
en la fealdad concebida,
al agua y la voz unida
la más perfecta hermosura,
dejando en tan fiero mal
libre la parte insensible,
pues la da en agua flexible
el carácter de inmortal;
aquel árbol que a esta nave
cedro de leña amarga grave,
figura fue aquella llave,
vara (que como ya sabe
tu memoria) del profeta
Moisén que a tanto Océano
hebreo, les borró el daño,
erigió en que se interpreta,
de la culpa el sello presente;
de aquella aurora fue sombra
la palabra que a ella nombra
el texto tan frecuente,
incendio que Dios a Abraham,
puesto que en ella el desvelo
fundó, todo su consuelo
de aquel vaso donde están,
para erario de mi grey,
en que su afecto se labra,
el maná de mi palabra
y las tablas de la ley.
Ante vista profecía
fue el arca del Testamento,
pues en ella debió atento
en aquel dichoso día
el maná y tablas que ves
sirven que ya en él consigas
de Rut las rubias espigas
y el racimo de Caleb;
pues tres virtudes ata
A mí nada que dudar
me queda en misterios tantos
que decís, Mem, como unos santos
callarán, Señores, que asomar
llegan, ya con más parecidas
armas las causas de vuestro
que ser Santo y ser ministro,
Señor, no se compadece
de aquella deidad
doy, que en ella contemplo,
del César la causa digo,
a vista de sus esfuerzos,
que no hallo causa en que pueda
deslucir tantos trofeos,
que pues ha de triunfar
antes que del vencimiento,
el mismo aliento llegue
a ser el primer valiente
que acabe mil enemigos,
supere el orgullo fiero,
y allane aquesta provincia
que nuestro Padre primero
dejó, la culpa, de eso llena
de enemigos estranjeros,
que entonces de la práctica
verdadera será empleo.
Siendo en su mano, y sus sienes
eterno el laurel, y el cetro,
yo nada digo que sea
en contra de sus portentos,
pues allí
que hallo que es hombre justo.
Dices bien, yo lo confieso,
¿prometes hacerlo así?
(Vase)
Yo lo juro y lo prometo;
y para que más bien sea,
aquese pérfido hebreo
verá a una columna atado
si le sufro y le desfeo.
¡Ay de mí, triste!
¿Qué tienes?
¡Y más, qué pena! si él mesmo
mira aquellas delicadas
espaldas al golpe fiero
de las cadenas pesadas;
que espinas sangrientas
vierten líquidos corales
y riegan el pardo suelo.
Dejad, bárbaros, la turba,
no, de unas iras ciego,
levantéis el brazo cuando
tenéis en mí el escarmiento;
no el rojo clavel que al alba
bebió los candores bellos
ajes, las hojas, ruego,
más bien que él lo merezco;
no en cárdeno lirio hagáis
transformar su hermoso cuerpo;
mas, ¡ay!, que está en sus heridas
toda mi razón, remedio.
¿Qué hará un triste en tanta pena!
pues si bien lo considero,
quiero
quiero lo que me da vida
y lo que me mata quiero:
¡qué dichosa fuera, cielos,
si hallase un padecer sin ser tormento!
Aquel trigo escogido
que del montón más excelso
del trillo ajado a los golpes
solo es fruto, grano es feudo;
aquel cordero que afable
fue tal vez león sangriento
de rubíes salpicado
es lástima que es consuelo;
aquel vástago sagrado
que a racimos colmó el viento
de la viga a los embates
líquida sangre se ha vuelto;
pues si su dolor anida
y de mi vida y muerte, extremo
¡oh!, que hallase un remedio
que no fuese muerte sin dejar de serlo
mas pues de penas tan tristes
alivio y dolor padezco
pene lo que es en mí alivio,
por ver si el dolor se divierte con eso;
y acompañarle en sus penas
voy, y que desfallezco, ¡oh, no puedo!
que de aquella segunda causa
el lazo de unión estrecho
aunque es
aunque es celo que advierto
que si el dolor se divierte con eso
(Pase)
Salen la Culpa y el lucero Segundo por diversos lados
Para cuando culpa horrible?
Para cuando, ay lucero?
Guardas tu veneno, airada!
Guardas tu ardiente veneno?
Si, ya en angustias trocado
Si, ya trocada en incendios
Hielo insensible al dolor
Áspid abrasado muero
Ven que en mis tormentos
sepa la causa y padezca el efecto
Como, vano mundo, si eres
aquel que en sus duros miembros
mantuvo la azul esfera
por cuyos varios reflejos
de viento, mar, fuego y agua
los profanos pensamientos
de tal confusión de dioses
fundaron su mayor yerro,
dejando de ser quien eres
humilde, afable y compuesto
de palmas, cedros y olivos
llegaste a un soldado, el suelo
eres tú aquel que otra vez
osado, loco y soberbio
ese alcázar cristalino
quisiste agraviar subiendo
por columnas de alabastro
y a escalar blancos luceros?
No eres, no, pues a un humilde
soldado, pardo nazareno
franquean las puertas que
tantos prodigios escondieron.
Dejarásle?
Calla, horrible
serpiente de siete cuellos,
hidra que el aborto hiela,
dragón que respira incendios,
pues nunca hicieron
de mi cometa impuro puros los conceptos
y tú pues que más admiras
cuerdo obraste, hablaste cuerdo
tú que volcanes matizas
tú que corrientes agotas
tú que esplendores solicitas
que tú, que olores sabeos
animas, mueves, produces
causas, en cuatro elementos
nadie más que tú sabrá
hacer público su esfuerzo
pues ven, y hasta lo insensible
ha de tener su ardimiento
desgajándose los montes,
bramando encontrados vientos,
batallando opuestas ondas
reanimándose el fuego
para ser ejemplo
de aquel que no se enmienda,
humeando se va encendiendo.
Luz que ciega a deidades,
rindo a sus prodigios ciego,
pues por un rostro encendido
del más oculto misterio,
y ay de los cinco mil,
enemigos que advirtieron
tus voces, brazos pues
viene a ser todo uno mismo
fulminando la sentencia
que de un pesar en decreto
diste manifiesta al mundo
de ese militar portento
las hazañas, y se vea
que ha sabido en sus trofeos
Triunfar antes de Vencer.
Vase
Vase Luzbel 1º
antes que yo en mi desprecio
escuche de la armonía
los numerosos acentos
el abismo en sus entrañas
me sepulte; Cielos, ¿qué es esto?
que no pueden estar nunca
juntos sujetos tan opuestos,
como la Culpa y la Gracia;
bien que a mi pesar huyendo
iré de sus resplandores.
Sale la Memoria
¡Huye, cobarde!
que intento
en no dar muerte afrentosa
a este escándalo. ¿El más nuevo
hacer del mundo inmenso quieres?
a cada paso que muevo
la planta parece que
un susto, un pavor encuentro,
pero ¿no es el mundo? Sí.
pues ya de qué me recelo,
si es toda su vanidad
hecho monstruo de sí mismo,
desluce muchas virtudes,
y aplaude muchos defectos.
Suena chirimía
¿Qué quieres que se me ofrezca
más que el verte, pues tenemos
visto que en las vanidades
un fin, por la cual sabemos
tú mis dudas, yo mis glorias;
y así: pero ¿qué instrumentos
por tu templo? Un, será, qué triunfo
de aquel que...
suspende el acento,
que no me repitas nunca
su nombre, pues siempre el pecho
que le escuchó se me altera,
y sobresaltado temo
ejecutar: pero ya
ya a recibirle salieron
o a mirarle, por mejor
decir, esos varios pueblos.
Salen la Naturaleza, el Entendimiento y la Voluntad.
Emanuel con púrpura que traerá la Naturaleza, corona y un cetro que a su tiempo se convertirá en espinas, y canta.
Pues ya la antorcha divina
con más luz y menos ceño
por las quiebras del oriente
esparce candores bellos.
A su compás respiren
trompas y liras a un tiempo.
¡Que viva el noble caudillo,
haciendo su nombre eterno
en las futuras edades
contra la envidia y el tiempo!
¡Viva! Y aplausos mayores
consiga en el vencimiento,
siendo su cuerpo y su sangre
memorable sacramento.
Debiendo a su ilustre fama
eternas estatuas de mármoles tersos,
que el golpe que forme eternas
lo duro del buril, del pincel lo tierno.
¡Viva! Y en su cielo y tierra
coros y humanos afectos,
unos de otros imitados,
oigan de su voz el eco.
Pues, dejando ya el cursado
camino que guían sagrados alientos,
triunfar de humanos peligros
antes de vencer los tímidos riesgos.
La que con valor tan alto
y con un firme esfuerzo
de cinco mil enemigos
sufriste el golpe severo;
mirad todos cómo ya
viste por su digno premio
púrpura, de cuyo adorno
bien entendida comprendo
que en dos sentidos distintos
sigue encontrados efectos.
Pues si la acción discurrimos
material del fariseo,
hallamos que es mofa suya;
lo que en el blasón eterno,
si el concepto formal
de sus divinos secretos
investigo, hallo por el
que obró en su discurso necio,
si en su entender un ultraje,
en su valor un trofeo.
No es ese vacío teatro,
no es ese lastimoso objeto,
no es ese penar tan desnudo,
ni es ese dolor manifiesto...
Das una vista tierna, ¿a qué esperas?
¿Que no pones ese cetro
en mi mano, ese laurel
en mis sienes? Pues merezco
su grandeza. Di, mi Sol, al mundo,
más bien que a mí toca hacerlo.
Yo soy moral comprensión
de ese laurel que pueda
sin que la anfibología
pierda el mayor fundamento
remitírsele al moabita
le está más propio
no intento
dejar de serlo que fui
y aun no me toca el hacerlo
podrá el judaísmo.
Yo
pues tan remisos os veo
Pónele a Emanuel la corona que se convertirá en espinas y el cetro que se convertirá en caña y de improviso a ponerles llego en sus sienes.
¿Qué es esto?
que miro en duras espinas
las blandas hojas se han vuelto
y en caña vil transformado
aquel más augusto cetro
Todo el rostro de carmines
esmaltó su impulso fiero
Gesto grave.
admirado
me tiene aqueste Suceso
Cómo al extremo sensible
denotan brutos portentos
y que por lágrimas tristes
deshecho llorando al Viento:
al ardor de mis suspiros
todo lo que miro enciendo
al contacto de mis llamas
no marchitó [ilegible]
ya las sombras de mis luces
toda la luz no obscurezco
mas ay que no puedo
mi pecho mover, que cuando Cielo Penetro
La naturaleza mía
has visto mi triunfo excelso
ya la Culpa no te ofende,
ya todos rinden el feudo
primero de aquel dominio
antiguo que pues te defiendo
restituida en el Trono
que tiranizado un tiempo
usurpó aquella Serpiente,
y en el general contemplo
vayan en aplauso mío
acordados instrumentos
Viva y aplausos
Caro Triunfo pues al fin
como inocente le han puesto
hazañas que tan costosas
en mi ruina las emprendo
El Vencimiento Sagrado
espera el mundo
e Invento!
¡Digno de púrpura no es!
Hombre que sin mas Trofeos
que la afrenta del delito
y que yace desmintiendo
herradas aclamaciones
desnudo del alto empleo
Será de mi indignación
blanco el trofeo
el trágico horror funesto
muera al golpe de mis iras.
Quítale la vestidura y pónesele una fiera
Bárbaro e ingrato, ¿qué has hecho?
¡Ay de mí, Jesús Nazareno!
Cae cayendo tres veces, y suena terremoto y todos se turban
Eso respondió el soberbio
Caín a Dios; quien de sí mismo
respondo yo, a mi Padre eterno,
en tus manos soberanas
el espíritu encomiendo.
¡Ah, fiero Caín segundo,
que al mejor Abel has muerto!
Hoy en mí tal la turbación
de encontrados elementos
se ve, que casi caduca
la naturaleza, viendo
el mal que padece,
bien falto del mayor consuelo.
Huyendo voy de mí mismo
que ya a mi propio me temo,
pues cada paso que doy
nuevo horror en mi horror creo.
Vase
Prófugo y vago serás
de las naciones ejemplo,
quedando, hasta que abrasado
la fábrica del Universo,
aborrecido objeto
sin ciudad, iglesias, ni ministros, templo.
Yo quiero concurrir acaso
en lo que muchos dijeron
por lo que dudo, pues no
puedo vengar lo que apetezco
y padece en la Cruz desnuda,
por no peligrar en eso,
ya las naciones más unidas
mejores, que así no dejen
que asombren y que aplaudan
en los siglos venideros.
Vase
Yo, hasta apurar la porfía
de tan graves misterios,
no me he de ausentar.
Sale el Luzbel flaqueando por diversos lados
De una vez en tal empeño
de apurarle la ponzoña
al vaso culpa, pues que ya muero,
último suspiro mío
sea el pasajero velero
de los vicios que infestando
el mundo con mi aliento...
Muere, y en lo que cae el Mundo
¿Qué es esto? ¡Ay de mí infelice!
¡Qué trago letal el pecho
tocó a las iras de un áspid,
de un basilisco sangriento,
de una víbora nociva,
de una cicuta, un veneno,
de un dragón, un huracán!
Helado cadáver quedo
sin aliento, pues me roba
toda una hidra el aliento.
Estremecido ya el orbe,
y adivina del sentimiento,
muestra entrañas insensibles,
y en vegetativos cuerpos
porque diga el viento
que es el sentir, que de extremo a extremo.
La primera vez que he visto
al mundo ser loco y cuerdo.
Suspende el furor.
No hará,
que de la inquietud que ostento
padece el delirio.
Pues
ve de ese horrible, ese fiero
áspid (o qué inquietud que llamas)
el antídoto supremo,
aquella sangre vertida
del Soberano Cordero,
pues que ya venciendo
de aquel libro abrió los sagrados sellos.
Aunque pudiera negarte
de esa doctrina el supuesto,
no lo he de hacer, pero dime,
si es soldado, ¿cómo viendo
aquella copa que tú
le dabas en el desierto,
remiso estaba en beber
su amargura?
Atendiendo
estaba en ella a la muerte;
siendo hombre y Dios a un tiempo,
forzoso había de ser
que temiese los tormentos.
Y pues fuera divino solo,
bien un lance tan estrecho,
por cumplir con la deidad
faltara al humano intento,
porque la deidad no le hizo
de la humanidad exento.
No triunfó, pues alterado
calló el blasón más supremo.
Por eso de su venida
publicó el dulce contento
en astros que lo afijaron,
profetas que lo advirtieron.
¿Invictos demás enemigos,
que sujetos pide rendidos
unos rebeldes, si no extraños?
Ya los sujetó, pues fueron
del falso crimen que airados
le imputaron los hebreos.
De los vicios más horribles
dejó todo el mundo lleno,
sin allanar los peligros
de vasallos malcontentos.
Por eso igualmente a todos
libertad sus armas dieron,
¡ay de aquellos que malogran
la gracia que concibieron!
Del original delito
a nadie borró el concepto.
Por eso en agua les dio
la gracia de un sacramento.
Si redimió aquella culpa,
dejó a los hombres expuestos
a nuevos peligros.
Nunca
tocó al caudillo bueno
obviar peligros futuros,
sí, remediar los primeros;
y aunque esto no fuera así,
si la culpa la atendemos
original, el nacer
fue acción de infinito precio
para borrar de sus iras
el más horroroso sello;
pero para que tuviesen
los delitos venideros
perdón sin nuevas hazañas,
pendióse de aquel madero.
quiso morir por romper
el antiguo testamento,
dando en ley de gracia al mundo
otro testamento nuevo.
Según eso ya faltaron
de las aras el incendio,
víctimas y sacrificios.
No faltaron, pues supieron
evangelistas sagrados
reducirlas a lo mesmo,
y aun a más decente, pues ya
de sus aras excluyeron
de irracionales ofrendas
mezclar la sangre y el fuego.
Pues ya no había sacrificios.
Solo uno, en que pusieron
sus hazañas, siendo eterna
representación de aquellas
empresas que la ilustraron
de triunfos y de misterios.
¿Y en qué se funda?
En enigma
le da su principio eterno
en pan y vino sagradas
especies del sacramento
de la Eucaristía, en que
está su sangre y su cuerpo.
No prosigas, ten el labio,
suspende la voz. Cielos,
¿qué escucho? Su verdad afirmo
y sus preceptos venero.
¿Dónde decís aquese altar
está?
En lugar de aquel
vapor, que verás el todo.
Ábrese el carro en que se vio Set y vese un espejo y un yelmo, y entre los dos una vara de Joseph florida.
Mira ese que claro espejo
retrata divinos esmaltes
de aquese luciente yelmo,
y mira el yelmo también
que, aunque no con tan perfectos
vidrios, retrata el cristal,
y entre los dos como medio
esa vara de José
en uno y en otro a un tiempo
duplica el bulto cifrando
en aparentes bosquejos
la esmeralda de sus hojas
de su flor el nácar bello.
Sin que con su argumento
la lisonjera ostentación
juzgándola suspensos,
de aquella doncella pura
que adoraste en grave templo,
de profano culto es
ídolo sagrado el fierro,
cristal de la criatura
que por el pórtico excelso
de la gracia en el bautismo
se purificó subiendo
a ser espejo de Dios,
jeroglífico discreto
es del bruñido metal.
La vara humanado el Verbo
significa, con que ahora
paliando vicios diversos
más...
más propio al lirio semeja
María, pues no pudieron
las fuerzas de aquella culpa
empañar candor supremo,
que dél estorba, si aunque
redimida por lo menos,
quedó en ella del pecado
la señal en su concepto,
con que aunque la luna hermosa
esmalte en sus vivos oros
que de la vara solo es
una perfeción sin bosquejo,
porque solo tuvo merecimiento.
Mayor entre cuantos humanos nacieron;
donde aquella escala estuvo
que de los dos hemisferios
fue aparente unión, ataba
de su grandeza poniendo
el un extremo en la tierra
y el otro extremo en el cielo.
Ábrese el carro en que se vio Jacob y en una tienda de campaña con pabellón se ve el Niño.
Mira como el pabellón
que el mundo al paso primero
ofreció al caudillo humano
tiene su sagrado asiento
donde doradas aristas
le dio el estío por lecho
entre dos bestias, porque
se enmienda de este misterio
que le fue más acepto
morada pajiza que dorado techo.
Ábrese el carro donde se vio Daniel y se ve un altar con hostia y cáliz.
Donde aquel pan sempiterno
por solo accidente muerto,
vivo pan resplandeciente
está entre candor eterno;
pues ya con muerte se hizo
sacramento de portento,
medicina más sabrosa
y antídoto más supremo,
siendo laurel bello
del mayor triunfo que coronó trofeos.
Ábrese el carro donde se vio Isaías y vese Emanuel con la vestidura roja, laurel y bandera con una vara en forma de cruz roja.
Tocan.
Donde él, entre luces eternas,
el inmolado cordero
de linaje sempiterno,
asciende triunfante al cielo
de aquel sagrado caudillo
que disimulaba el vencimiento,
ya mostró el triunfo, pues ya
el blanco pendón batiendo
de roja cruz, dice: "Emanuel, amigos,
que observando mis preceptos
por el horror de la culpa
habitáis los breves senos
de Abrahán, Isaac, Jacob,
guiados venid diciendo
el que viva el caudillo Dios".
Tocan chirimías y se abren los carros
El freno de mis angustias
ocupe mi horror sediento.
¿Te queda más que saber?
Nada, pues puso mi ingenio,
conforme a leyes sagradas,
adquirir nobles misterios.
Yo, libre de dolor tanto,
restituida al primero
dominio de su sangre,
del mundo corona y cetro.
Y yo, en mi turbación ciega
de mortal desasosiego,
lo caduco permanente
engañe, y no pueda eterno.
Y yo, pues solo me puso
la idea aquí por gracejo,
sin que al argumento fuese
de más razón que ornamento,
por parecerlo esta vez,
mientras sonoros plectros,
dando, discreto Senado,
fin dichoso al argumento,
Triunfar antes de vencer
en dulces voces diciendo:
¡Viva el caudillo de Dios!
Tocan chirimías, ciérranse los carros y se da fin.