归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Quién entenderá el gusto a las mujeres. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/quien-entendera-el-gusto-a-las-mujeres.
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[tachado: X - 706] MS. 9 A Madrid. I.
Quién entenderá el gusto de las mujeres
Valdearenas (Domingo Francisco de)
401
[tachado: X - 706] MS. 9 A Madrid. I.
Quién entenderá el gusto de las mujeres
Valdearenas (Domingo Francisco de)
401
Comedia nueva
Quién entenderá el gusto a las mujeres
De Domingo Francisco de Valdearenas
Personas que hablan en ella
Don Antonio. Buche, gracioso. Don Juan. Chorizo, gracioso. Don Gonzalo. Laura, dama. Don Lope. Lucía, criada. Bartolo, villano. Felipa, villana. Algunos villanos.
Salen Don Antonio y Buche, de camino.
¿Despachaste ya las postas?
Ya quedan en la posada
disputando en la cebada
lo que pagan. ¡Miñas costas,
que por Jesucristo mozo,
que a saber os vosos fines,
non me picara en o rocín
aunque me ficiera de acero!
¿Mucho has sentido el camino?
Pues, ¿si vengo deslomado?
de venir emporrillado
sin haber probado el vino;
y sin comer ni beber,
haber en diez y seis horas
tragádonos como monas,
desde anochecer ayer,
ciento y diez y ocho millas,
que se cuentan muy cabales
(corriendo como animales)
desde Lisboa a esta villa.
Pues ya puedes descansar
que ya en Algedrina estamos.
Pues a esta laya nos vamos,
donde haya bien que cenar.
Mas no me digas primero,
para qué a fin a esta aldea,
y sin que nadie nos vea?
¡Ay Laura que por ti muero!
¿De Lisboa nos partimos?
¡Ay Buche, si tú supieras
lo que es amor, tú dijeras,
que el que no hace desvaríos,
locuras, y disparates,
no ama mucho, ni enamora!
¿Amor tenemos ahora?
Acabarás de explicarte;
ya vemos que desterrado
del orbe Cupido en su vista
por orden de su justicia
de la corte te han echado
No acuerdes tales resultas,
porque el imán de mi amor,
y la causa de mi ardor,
se encubre en aquestas selvas,
entre estos valles, y prados,
entre estos montes, y fuentes,
y entre aquestos eminentes
montes, riscos, y collados.
Jesús, ¿y si habrán cenado,
y ahí me dejan alpiste,
y dime acaso le diste,
a que tu precepto amado,
saltando por esos riscos,
los montes, y obeliscos,
o paciendo en algún prado?
Deja las chanzas aparte,
pues sabes que no me gusta.
Obedecerte es lo justo:
mas quisiera preguntarte
(si es que acaso no te enojas)
la ocasión de tu venida.
A ver si acaso mi vida
topa alivio a sus congojas
porque tengo yo aquí el alma,
que una tirana la trujo.
Y tú tienes el influjo
de tu estrella, o de tu dama.
Ahora acertaste Buche.
Pues dime por vida mía
la ocasión de tu venida
para que atento te escuche.
Pues oye con atención,
la ocasión de mi jornada.
Prometo no decir nada,
aunque sea fuerza o casión.
En este jardín del mundo,
o paraíso abreviado,
que este nombre paraíso
le viene como pintado;
puesto, que el solo merece
entre todos ser llamado
este nombre, por sus fuentes,
selvas flores, vegas, prados,
huertas, riberas, jardines,
quintas, recreos, y cantos,
en cumbres de obeliscos,
y amenísimos collados:
que todo junto parece,
un ameno florido mayo,
que si no es el paraíso,
a lo menos un dechado,
pues parece que aquí Dios
porque abiten, a dejado,
si no leones por hombres,
a lo menos les ha dado
arrogancia, y vanidad.
para que no hicieran caso
jamás, de sus enemigos,
de guerra más de contrarios.
Y por decirlo mejor;
en el ánimo lusitano,
que con darle aqueste nombre
podía haber excusado
de andar arriendo pinturas
pues todo fue solo un rasgo
en este pues, ruino ilustre
donde tiene colocado,
amor, su trono, y deidad,
porque si has echado el lazo,
verás que su naturaleza,
tanta adoración le ha dado,
que parece que este Dios
a gusto por su descanso:
Y en pago los restituye,
ansias, ternezas, halagos,
conque si viven muy amantes
a las damas; mas es llano,
que no afemina porque
tocan venablo del zodiaco:
porque están bien siendo de
vidrio siempre enamorados,
y no por eso rendido
de su majestad, un rasgo.
Digo lo porque parece,
que en donde amor reina tanto
cae ya lo valeroso,
lo bélico, y lo bizarro.
Mas no, no celo logrero,
porque jamás se ha enturbiado
con la terneza, el valor,
con lo fino, lo bizarro
con los suspiros, la espada
la guerra, con el halago.
en este (vuelvo a decir)
reino ilustre, está fundado
no sé si diga un vergel
mas no andaré muy errado,
porque a porfía florecen,
hermosuras en sus campos,
y ninfas en sus riberas.
Calle aquí aquel celebrado
monte de quien los poetas
tantas noticias han dado,
y escrito tantos elogios,
solo por haber criado
en su cumbre nueve ninfas,
puesto que aquí se han criado,
ninfas, deidades, y Diosas
de la hermosura. Y con todo
al monte, insigne, por nueve,
(que es número limitado)
más insigne vendrá a ser
donde número no ha entrado.
Mas diciendo que es su nombre
Lisboa, se ve bien claro,
que merece los elogios
mejor que el monte Parnaso.
De aqueste coro de ninfas
estando bien descuidado
amor disparó sus flechas
contra mí solo, y descansó,
para que rindiese el alma
herida de ellas, (¡oh tirano amor,
que cruel anduviste en este caso!)
mas, ¿cuándo has sido piadoso?
si es en ti lo soberano
fingimiento, y no verdad?
Mas volviendo a nuestro caso,
digo, que fue Doña Laura
hija de Lope de Castro.
(prodigio de la hermosura,
y ejemplo de lo bizarro)
Y aunque es Laura por tener
amor, quitarme a mí el Lauro
de vencerla, que esta rara
Deidad, de su solio sacro.
Mas ¡ay crueles Deidades!
¡hijas de padre bastardo!
(Deidades de Dios fingido,
que a ser verdad digo, es llano
que oyerais aquel que ruega,
y admitiríais al postrado)
Digo pues, que padeciendo,
a título de enamorado,
(Y por aqueste, que con esto
la fineza he declarado)
como es paseos, billetes,
ansias, suspiros, halagos,
congojas, quejas, finezas,
rendimientos, y regalos:
jamás pude yo lograr,
ver su cielo serenado
en mi favor; que es ingrata.
Y aunque Don Juan, que es su hermano,
es mi amigo, que con esto
pude entrar a algunos ratos,
en su casa, no logré
haber de cerca mirado,
lo luciente de sus soles,
que lo estorbaban sus rayos.
Y aunque por medio de aquesta
Lucía, a cuyo cuidado,
está el peso de la casa,
entré yo en su mismo cuarto,
no pude topar en ella
siquiera un leve agasajo;
sino un desaire, un desdén,
una ira, un sobresalto.
(¡ha, desdicha del que ruega,
y más a amor, que es ingrato,
y es muy tirano su imperio!)
Y aunque estoy desengañado
de su crueldad, no obstante,
como tengo traspasado
el corazón, con sus flechas
no desisto, ni me aparto
de la empresa, porque amor,
en su arpón tiene el encanto.
Por fin rendido, y amante
vivía, (aunque despreciado)
con esperanza de que,
el tiempo muda los hados:
cuando su padre (¡oh fortuna!)
tenía determinado,
el traérsela a Alpedriza,
para vivir descansado
con sus hijos, en su quinta,
libre de los sobresaltos,
y bullicio de la Corte.
Y haberlo determinado,
y traerla, es todo uno:
sin haber considerado,
que en ella me lleva el alma,
y que muerto me ha dejado.
(Mas ¿cuándo topan alivio
las penas de un desdichado?)
En fin aquí se la trujo,
dejándome a mí eclipsado
el sol de su rostro hermoso,
y desde entonces ha estado
para mí, el día obscuro,
siendo noche, y sin descanso,
mas que mucho si sus ojos
eran mi sol, y descanso.
Sin alma, y sin corazón
me veo; y desesperado
partí a Alpedriza, por ver
si acaso este fiero ingrato
prodigio, me restituye,
o la vida, o mi descanso:
y a ver, si acaso mi estrella
mi suerte, mi influjo, o hado
me da razón de fortuna.
o a ver si acaso ha trocado
con la ausencia, el rigor
en blandura, y agasajo.
Aquesta es la causa Buche
de haber las postas tomado
para venir a Alpedriña,
porque este imán ha arrastrado,
mis potencias, y sentidos,
que aunque estoy desconfiado
de que agradezca mi amor,
puede ser que algún acaso
haga mejorar mi estrella,
que como he sacrificado
mi corazón, en sus aras,
como a deidad, no es extraño,
que se muestre agradecido
tal vez, lo que es soberano.
Pues atiende,
que tapado viene el campo.
¿Hay faldas aquí en campaña?
¿o es este un nuevo acaso?
¡Cielos, que es esto que miro!
¿O su garbo me ha engañado,
o es aquesta Doña Laura?
O yo estoy muy trastornado,
o es aquesta la Lucía
que lleven cinco mil diablos.
Salen Doña Laura, y Lucía tapadas con los mantos.
Vanse.
Caballero forastero
si es que os preciáis de bizarro
detenedme ese que viene
porque me importa.
¡Aguardad!
¿Que se aguarden? y te dejan
qué confusión ese diablo.
Sale Don Juan en seguimiento de las dos.
¿Don Juan? ¿amigo? ¿qué es esto?
para veros encontrado,
me doy mil enhorabuenas.
Don Antonio, bien hallado,
esperadme, ahora vuelvo.
Es recibimiento extraño
cuando yo en vuestra amistad
aquí vengo confiado.
Perdonad, que me precisa
a ir a caso más extraño, (aparte)
un empeño, y es preciso.
Llevarle si le ata el diablo
por marchar; déjale ya.
Don Juan, os cansáis en vano
porque yo con vos he de ir
para estar a vuestro lado.
Que le detenga este hombre,
mi amo es dado al diablo.
¿hay tal porfiar, si él pega
con nosotros, lo ha acertado,
porque él tal está guardado.
No era cosa de cuidado,
solo una curiosidad.
Pues airoso está acabado.
Decidme cómo os halláis
en esta villa?
Quemado
con vos anduve confuso,
que me había arrebatado
la curiosidad el sentido,
y que perdonéis.
En llano
es el pedirme perdón
cuando siempre os he estimado
como a hermano.
¿Y a qué fue
vuestra venida?
Eso es largo
de contar, y así es mejor
para otra ocasión dejarlo.
Decís bien, ¿y en qué posada
habéis puesto los caballos?
Por la posta hemos venido.
Sí señor, porque mi amo
con treinta, y seis mil de a pie
se trabó como un Bernardo
en público desafío;
pero cuatro de a caballo,
salieron con unos chuzos,
que peleaban como diablos,
y si no hubieran vencido,
y yo me follara un aso,
y a todos rece tajadas.
¿Y también a los caballos?
A esos no Señor Don Juan,
porque aquesos se escaparon.
Quita loco que me enfadas,
es un necio, no hagáis caso.
¿Dónde tenéis las maletas?
Señor, yo las he dejado
en la posada.
Por ellas
parte Buche volando.
Bien parejo vengo yo
por medio del espinazo,
con la siesta de la posta.
Llévalas a mi cuarto
que quiero que tu señor
en él se hospede, y en tanto
perdonaréis la llaneza.
Conmigo estaba excusado
el cumplimiento; mas cielos
mi fortuna a mí se ha deparado.
Yo que quería la mona,
los piñoncitos mondados,
estar descansando la cena,
y hacer destos alguisado
Perdonad la cortedad,
que me alegrara, un palacio
tener a vuestro servicio.
Vuelvo a decir, que es excusado
conmigo cumplimientos
cuando el favor valen tanto.
pues no pude lograr más dicha.
¡Ah, Cielos Soberanos!
con buen pie entro en Alpedriña
no es mal logro este acaso.
Vanse, y salen Don Gonzalo y Chorizo gracioso.
¿Es verdad eso que dices?
Aparte.
Digo que por la escalera
la vi subir por mis ojos,
y que la Felipa era,
que llamada de su madre,
para cierta dependencia
de amor, que también las madres
tal vez suelen ser terceras
en el amor de los hijos.
Y temiendo no se muera
éste, que es su mayorazgo,
a la villana la aprueba,
corresponda agradecida
a las ansias, y ternezas,
¿Qué decías?
Que la misma
Felipa es la que yo vi;
o sino el diablo por ella.
Buena noticia me has dado.
Por aquesa razón misma
te vine a dar el aviso,
porque en su casa la veas,
porque entiendo yo a la suya
no hay palo, canto ni piedra
que no llueva sobre mí;
malos años para ella
que te aborrece en el alma
al paso que la ruegas.
Es villana, no te espantes,
y nace el ser honesta.
¡Ay Felipa! que de sustos,
y de cuidados me cuestas.
Pues un cierto Bartolote
que es hermano (según cuentan)
de la señora Felipa:
cómo la guarda, o la cela!
que embistiéndome a su cara
quiere hacerme cuartos,
para embutirme en chorizos
segunda vez, si pudiera.
Mas ella sale, ¿qué cara?
¡Santa Juana, y qué severa!
qué paso, aqueste mi niña
El sol resplandece en ella,
¿no es muy hermosa, Chorizo?
Antes parece una fiera.
Por esquiva, es más hermosa.
Pues Dios te haga bien con ella.
Sale Felipa vestida de labradora a lo portugués.
Bellísima homicida,
que los rayos divinos de tus ojos
me dejaron sin vida,
rindiéndote, en tus aras, por despojos,
el corazón, y el alma,
consumiéndose todo con su llama.
Preguntarte quería,
cuándo será aquel día tan dichoso
en que mi amor se vea,
coronarse los triunfos de glorioso,
quedando muy ufano,
con la blanca azucena de tu mano?
No a tal vuelo se atreva
tu esperanza fundada en vanagloria,
porque a adusta la prueba,
antes que tope entrada en mi memoria
vuestro amor, aun los Cielos,
vuelvan la nieve fuego, el fuego, hielos.
Y así desengañado,
no me moleste más vuestra porfía;
que aunque esté enamorado,
y finja que se muere cada día
no ha de topar mudanza,
ni hallar en mí jamás, leve esperanza.
¿Es posible, que ingrata,
conmigo has de ser siempre, y rigurosa?
de humanarte más trata,
que no es bien ser esquiva siendo hermosa,
que también las deidades
Humanaron tal vez sus vanidades.
Mira, Felipa bella,
que el ser agradecida, es ser humana;
y me obligó mi estrella;
No tienes que cansarte, que es villana.
Adorar su belleza.
Pues diga a esa suerte, y a esa terneza,
o a su madre le cuente,
o no admite Felipa su cuidado,
y que así incontinente,
le mande dar la unción que desahuciado
quedará de su amor, y con certeza,
de no lograr de mí jamás fineza.
¿Es posible, tirana,
que pudiendo salir de aquese estado
que tienes de villana,
(que en tu belleza está mal empleado),
y vivir descansada,
rica, noble, querida, y adorada,
no trueques tus rigores,
en blandura, favor o en esperanza?
y gastarás mejores
vestidos, galas, joyas,
esta danza
no se ajusta a regalos,
Vase.
que cuando yo los llevo me dan palos.
Digo, que si me dieras
cuantos diamantes, oro, perlas, plata,
en tu poder tuvieras,
y mucho más; por cierto que no trata
mi honor de recibirte,
ni por galán, ni esposo. Advierte.
Quam mihi et vobis amen
aquí paz, mas no con ella.
Muy lucido te ha dejado
después de tantas ofertas.
Vuelve acá, bello imposible,
mira que el alma me llevas.
Ya está enseñada a robar
almas, según los desprecios.
Deténla, Chorizo, amigo.
Su padre que la detenga:
que va, que vuela la niña.
Pues mi amor irá tras ella.
Consuélate tú con eso,
que es lo que a ella no le enreda.
Sale Lucía tapada con el manto y un papel en la mano.
Yo no entiendo de mi ama
aquesto, que es cosa fiera,
esto de rogar a un hombre
que sabe que la desprecia:
y despreciar ella a otro
que la adora, y con ternezas
la significa su amor,
¿y está ajeno de sus quejas?
Y ahora aquese papel
en donde le da las quejas
de haber faltado el estar
esta mañana en la iglesia,
me mandó que se le dé;
como si caso él hiciera
de sus quejas, y su amor,
sus celos, ni sus finezas.
Pero aquí está Don Gonzalo,
y Chorizo; linda pieza.
Yo llego a darle el papel.
¿Qué tapada será esta?
No estamos para tapetes,
tapices, o tapamesas.
Dale en su mano este papel.
Doña Laura, mi señora,
me ha mandado que te dé
y que lleve la respuesta.
Solo me faltaba ahora
aquesas cansadas quejas.
de Laura, que aunque cuesta más,
y es muy grande su belleza,
no quiero más que a Felipa,
que es quien el alma me lleva.
Lee.
“Señora doña tapada,
o señora doña aquella
que luce como un candil
que está muerto, y sin quien goce,
sebo, aceite, ni torcida.
Descubra uced su belleza,
veremos si aquese cielo
está nublado, o si muestra
haber tempestad de luces,
para las carnestolendas”.
Quítese allá, que me mancha.
Pues, ¿soy yo judío, reina?
Es chorizo, y se derrite
con el calor la manteca.
¿Ya no quiere uced chorizo,
desde que tiene a su mesa
abuchetados los días?
Esa es muy clara evidencia
que no soy como mi ama;
porque estimo a quien me ruega,
mas yo no ruego a ninguno.
Yo le aseguro que tenga,
cortaduras, y el albuche.
Qué buena cazuela hiciera
con arroz, y muy menudado.
La menudada será ella,
¿a mí en cazuela? ¿Por qué?
¿Por qué causa?
Mire, atienda.
Porque es chorizo, y gallina,
mire si para cazuela
era muy malo el buen caldo.
La muy caca será ella,
que está chorreando tocín
de frailes, por lo muy puerca.
Dile, Lucía, a tu ama
que está bien.
Buena respuesta,
llevaré yo a mi señora,
cuando aguardándola queda.
Yo responderé a su tiempo.
Esto merece quien ruega.
Buena respuesta la ha dada.
Me cansa con sus ternezas;
me muele con su porfía,
porque lo mucho que ruega
desluce de su hermosura
lo lucido, y la belleza.
Solo a mi Felipa quiero,
a esto me fuerza mi estrella,
que aunque es ingrata, helada,
y espero que he de vencerla
con halagos, con porfías,
con dádivas, y promesas;
y si no quisiere acaso
rendirse de esta manera,
he de hacer que con mi gusto
condescienda por violencia.
No lo lograrán, jamás,
que tiene quien la defienda.
Pues, ¿quién se opondrá a mi gusto?
¡El verle me causa pena!
Un cierto señor Bartolo,
que es hermano de la misma
Felipa (según lo dicen)
aunque es cierto que me suena
aquesta hermandad, a otra cosa
más intrínseca; y pudiera
Calla, necio; que me enfadas.
Pues, ¿quién discurrir pudiera,
ser bestia, mal de Felipa?
Su recato, y su modestia,
que es cierto, que si viviera
(como tú discurres) fuera,
que conveniencias lograba
por desechar mis riquezas,
y entregarse a un villanote,
pobre, ruin, de baja esfera?
Que antes si lo miras bien,
no puede haber mejor prueba
de ser honrada, que es
no admitir galas ni perlas,
que son los lazos más fijos
en que una mujer tropieza.
No entienden de las mujeres
mozos.
Vase.
Calla, cesa,
que es hablar mal de Felipa,
romper la cabeza.
Vase, y sale Felipa, y Bartolo vestido a lo portugués con espada.
Pues te digo, que es una niña,
muy virtuosa, y modesta,
que parece en su clausura,
que es monja; mas no profesa.
Menina dos meus olhos
¿dónde miña cachopa viene?
que os vosos pies no se sumien,
morto o coracam me tenen;
não me respondei mi niña
mais vos causei que doente
o voso rostro trazeis?
decidme quem vos ofende
que por Jesu Cristo vivo,
farei que o mundo se asombre.
Desazonada me tiene
esa señora hidalga
que me llamó solamente
para decir que su hijo
de mis amores se muere.
Não me espanto que se mexa,
porque miña moza miña,
magino morre por vos.
Mais o coracam me hiere
esa fidalga, y por charcia,
que a suo fillo quere morir
o arrancarle o corazón,
e ainda a alma, que nam entende
quere les señor fidalgo, ondi
que eu sou Bartol de Mendez
y que esta folla ei un arrais,
al oriente do o mundo teme.
Ya quedan desengañados,
de que casamiento tienen,
que quiero yo a mi Bartol
más que al fidalgo, y sus bienes.
¡Oh, fermosura do mundo,
oh, honra das mulleres!
chegaivos a miños brazos,
que vos dou mil parabienes
pora que deixais o fidalgo
por voso Bartol de Mendez.
Vanse, y sale doña Laura, y Lucía.
¿Diste, Lucía, el papel?
¿Qué me tienes con cuidado?
Señora, ya se le he dado
en su misma mano a él:
pero tu amante es cruel.
Pues dime, ¿qué respondió?
Así que el papel abrió
vi que le comenzó a leer,
y en acabarle de leer,
suspiró y me respondió,
que te respondería.
Dije, que la aguardaba luego,
Dijo, que ocupado estaba
que a su tiempo lo daría;
si podría, o procuraría.
¿Y había mayor crueldad?
Lo cierto es, que a la verdad,
el mozalbete es gentil,
hablarle, y excusarle,
lo tengo por necedad.
No intente, quien no posea.
Mi esposo ha de ser Don Gonzalo.
Mi estado veo malo,
según el desdén hacía.
Si no te cansé, Lucía,
que mi marido ha de ser.
Señora, bien podrá ser,
pero tu pasión te engaña,
cuando por una villana
te deja a ti de querer;
y siendo él desechado
de tan vil, y bajo objeto,
atropellas tu respeto,
con haber ante él rogado,
y en haberle declarado,
tu fineza, y tu pasión;
vas con poca atención
menosprecias tus favores,
y este género de amores
me causa gran confusión.
Como es locura el amor,
hace muchos disparates
olvídale, no le ruegues,
y atiende con el valor,
con que se empeñó el señor
Don Antonio en defenderte.
Primero me diera muerte,
que a Don Antonio atendiera.
Pues yo mejor escogiera,
amarle, que darme muerte.
Sale Don Antonio y Buche.
Divino imposible bello.
Perdona si acaso he errado
en tomarme la licencia,
de haber en tu cuarto entrado,
no digo bien; en tu esfera,
que tú, sol que luces tanto,
más decente está en esfera,
que no en limitado cuarto;
que no eres luna, eres sol,
y el sol jamás ha menguado.
Pero discurro, ¿qué erré?
porque sol que mata a tantos
con sus rayos, es mejor,
que esté de nubes cercado.
Muerto me tienes, señora,
que el alma me habéis robado:
con que así tengo licencia,
de haber venido buscando
al bello objeto, que el alma,
y el corazón, me ha robado.
Aparte.
Esto me faltaba ahora,
Oh si fuera Don Gonzalo,
que bien sonara en mi oído,
estos amorosos cargos.
Digo, señor Don Antonio,
que os tiene muy engañado
vuestra amorosa locura;
porque yo nunca he colgado
en las despensas de amor,
corazón, que habéis robado,
ni alma de las que os he muerto,
puesto en ningún garabato.
Y si hoy he muerto: ¿decid?
¿cómo habéis resucitado?
Con dos bellos luceros,
a la luz yo me he dejado,
para padecer martirios
de vuestro desdén ingrato.
Yo os restituyo vuestra alma,
si es que acaso la he robado
(como vos decís) hoy al viento
ya sé, que no entráis más en mi cuarto.
Muy lindo despacho es este.
Pero quien a ver ha llegado
a comprender nuestro objeto
Pecador, que tan desterrado
de aquí, como de Lisboa,
demos ahora otro salto,
desde aquí a la China,
a ver si acaso topamos
allí también otra ingrata,
que nos destierre a su lado.
No Buche, no ha de ser eso,
porque ha de ser al contrario.
He de salir de Alpedrina,
así a ver si acaso alcanzo,
o mi muerte de una vez,
o que este mi amor premiado.
Pedísela a su padre
Don Lope, y aun a su hermano
Don Juan.
Andarás errado
en eso, que si no quiere
admitirte de buen grado,
¿mal te admitirá por fuerza?
Vase.
Después de habernos casado
será preciso, que estime
de su esposo, los halagos.
Vase.
Aqueste se bate y enoja,
que el vivir el despreciado
de Laura, es porque ella tiene
su amor puesto en Don Gonzalo,
y aquéste desprecia a Laura
también, por estar prendado
de una villana, (¡mas cielos!
quién jamás habrá acertado
a entender de las mujeres
el gusto) en todas mal hallo.
Salen Don Gonzalo, y Don Juan.
¿No creí yo en verdad,
que Felipa era tirana?
Gozando la crueldad,
de aquesta bella aldeana.
Y así de vuestra amistad
fiado, os suplico amigo,
que me ayudéis a robarla.
Si eso me queréis, os digo,
que yo me obligo a llevarla
(que su ira va conmigo)
a donde vuestro furor,
en ínterin que en la calle
os quedáis por su alcaide,
a llegar, que iré en el valle
os aguardáis, y si pudiere
volver a estar a su lado
por si sale alguna gente.
Gonzalo yo estoy confiado
de vuestro esfuerzo valiente,
pero lo más acertado
en logrando la ocasión,
será lo que es de intento
porque se da prevención
un caballo hijo del viento
donde con satisfacción
los dos podéis caminar,
sin temor de moro ninguno,
que su correr es veloz.
Y si en su defensa alguno
saliere, sabré estorbar,
que vaya en su seguimiento,
y en esa aldea vecina
me aguardad, porque violento
está (sin ver la divina
ocasión de mi tormento)
mi amor, y así más seguros
a mi quinta llegaremos,
donde dentro de sus muros,
descansar después podemos.
Pero se me hace algo duro,
Chorizo no me avise,
que estaba puesto de espía:
que antes que la noche pise
en los umbrales del día,
quiero que Felipa pise,
los umbrales de mi quinta,
por ver si acaso mi amor,
o mi fortuna, me pinta
por violencia lo mejor,
que por los ruegos me pinta.
Sale Chorizo.
A qué tratar de señor
va Felipa a un huertecuelo
que está fuera del lugar,
algo desviado, o lejos
a divertirse con otras
vecinas, que con contento,
llevan allá la merienda,
castañuelas, y pandero.
No perdamos la ocasión:
Manda Chorizo al momento,
que se lleven los caballos
cerca de ese huertecuelo,
para que así, que ella llegue
la cojamos, y marchemos,
que no nos queda temor
estando fuera del pueblo.
Todo se ha dispuesto bien.
Tal vez serena el cielo,
y sale luciente el sol,
en el rigor del enero.
Vamos amigo Don Juan.
Vamos, Chorizo, corriendo.
Vamos, a ver si es que muda
esta tirana de intento.
Vamos a ver si a mosquitas,
que nos sientan en el pueblo,
a las voces que ella diere,
y carguen como camellos
nuestras costillas a palos,
y hagan que vamos corriendo
con más prisa, que quisimos
llegar, a lograr el intento.
Y entonces no nos dirás
vamos corriendo.
que entonces sin que lo digas,
cada cual irá corriendo.
Pero irá por los parajes,
sin valor, deshecho a miedo.
No es temor lo que yo digo;
que esto es prevenir el suceso.
No hay riesgo yendo nosotros.
En la feria lo veremos.
Vanse, y sale Laura sola
Sale Lucía
Preguntarme a mí quisiera,
y a mí misma vanidad,
enseñada a hacer desaires,
despedir, y desechar,
a todos cuantos me adoran,
con desprecio, y crueldad.
¿Qué modo de amor es este?
(Pero ¿quién lo entenderá?
Si yo misma no me entiendo)
que deseche yo (¿habrá tal?)
y aborrezca a Don Antonio,
siendo bizarro, y galán,
y que al que quiero, estorbo,
si hubiere lugar
mi hermano, de conocernos
el día que yo fui a hablar,
a Don Gonzalo en la Iglesia,
que citado estaba ya,
por medio de mi criada;
y después de hacerme estar
oyendo todas las misas,
sin atender, ni mirar,
sino es solo hacia la puerta,
por ver si le veía entrar,
(que solo a aquesto atendía
de viendo allí reparar,
que estaba en casa de Dios,
y que aquel no era lugar
para amorosas ternezas:
Pero yo creo que ya,
se hizo teatro de amor
profano, el que era real
trono, del amor divino,
que a la Iglesia acuden ya
todos a ver a sus damas,
con capa de ir a adorar
al divino Sacramento)
Mas Gonzalo no hizo tal,
porque a la Iglesia no fue,
mas no fue por reparar
que no es decente, que celos
se pidan en tal lugar;
sino es porque de una villana
está prendado (¡ah, crueldad
de amante desconocido!)
y mi amor me ha de arrastrar
a que yo ruegue a Gonzalo,
que es cruel, y desleal?
¿Y aborrezca a Don Antonio,
que es muy fino, y muy leal,
y vino desde Lisboa
sufriendo mi crueldad,
y sufriendo mis desaires?
Que yo no caeré a tal.
Mas perdone Don Antonio,
que yo a Gonzalo he de amar,
y a él le he de aborrecer,
y no tengo de escuchar
a sus amorosas quejas.
Ya veo, que es crueldad;
pero mi estrella me inclina:
a ella se puede quejar
Don Antonio, que no a mí,
que ella es quien influye más.
¡Oh, si viniera Lucía,
que a Gonzalo fue a llevar
un billete, de mi parte,
y creo que tarda ya!
No tarda, que ya presente
la buena Lucía está.
¿Qué hay Lucía, qué te ha dicho
ese ingrato?
Dejará
esa locura, señora
porque desahuciada estás
sin remedio, de su amor,
y bien le puedes borrar,
del libro de tu memoria
¿Qué? ¿Hay alguna novedad?
No es un grano de anís.
Sin remedio está tu mal.
Pues acaba, di, ¿qué ha habido?
Para mejor porfiar
Pues qué, ¿no tomó el papel?
No, ni nunca lo tomará.
Pues acaba, que me matas.
Acábame de contar,
qué es lo que te ha sucedido,
Señora, te ha de pesar,
y por eso no lo digo.
Pues despacha, acabará.
¿Murió acaso Don Gonzalo?
Para ti, ha muerto ya,
para la villana, vive.
¿De qué suerte?
Claro está
de entender lo que te digo.
Si no te declaras más,
ni te entiendo, ni me entiendo.
Ahora lo entenderás.
Digo pues, que Don Gonzalo,
con tu hermanito Don Juan,
y el pícaro de Chorizo,
se han atrevido a robar
a la villana, y la llevan
aquesta noche, a cenar
a la quinta de Gonzalo.
Calla, no me digas más.
¿Qué más quieres que te diga?,
ya no puede caber más
en la turbación, y tú
me lo mandaste contar.
¡Cayó el cielo sobre mí!
Y véncele tú sola allá,
que a mí me pesará mucho.
Repara lo que es rogar.
Por ingrato, don Gonzalo,
y cómo pagas tan mal,
(pues has querido trocar
mi amor por una villana?)
eres fiero, y desleal,
ingrato, cruel, traidor.
Acaba de desechar
aquese amor de tu pecho;
pues más de un año ha
que estás mirando patente.
¿Qué se entiende desecharlo?
Más firme mi amor está
de parte de don Gonzalo.
¿Quién su amor entenderá?
¿Si a vista de esta traición
dices que le adoras más?
Que era para desterrarlo
siete leguas más allá
del olvido, y debía haber
acabado de borrar
de la memoria.
Detente,
porque lo discurres mal.
No tan solo, no borrarlo
del alma, (que es donde está
dibujado su retrato)
a mi amor de calidad
que si hubiera dos almas
juntas a su voluntad
las rindiera, y si notara
tibieza como don Juan
de que intentaba don Gonzalo
a la villana robar:
yo misma fuera en persona
a ayudársela a robar
porque lo gozara su gusto.
Ese es amor singular.
Las mujeres, como yo,
en llegando a declarar
su amor a un hombre, no es
volver de nuevo a mudar
su amor, porque corre ya de
su opinión, si es que a mudar
vuelve de nuevo otro amor
que parece liviandad,
y andar vagando de amor.
Téngolo por necedad,
siendo él el que te deja.
Gonzalo conocerá
la diferencia de las dos,
y de nuevo volverá
a servirme.
Si es así
y en esa opinión estás
¿a qué propósito lloras?
¿qué son lágrimas de más?
Porque siento su desvío.
¿Pues no era amor singular?
En servir, soy como todas,
y en ser firme, singular.
Vase.
Pues en acción de Cupido,
que él solo se entenderá.
Sale Don Antonio y Buche.
Lucía.
¿Qué hay, señor mío?
Muy cruel tu ama está
conmigo.
Ya yo lo veo;
no lo puedo remediar,
por mucho que la predico,
y le digo lo leal,
y firme, que andas con ella.
¿Curará su natural?
Solo en ti estoy confiado.
Puedes creerme, que más
no puedo hacer, que lo que hago.
Que mi ama entenderá,
que de ti estoy sobornada,
y es al contrario.
Es verdad.
Tomará esa píldorilla
para que vuelvas a cobrar.
Tienes razón, y prometo.
(si es que me llego a casar
con tu ama como tengo
el sí, de su padre ya)
que premiarte tus servicios.
Yo lo creo, que así será.
Y entre tanto esta sortija.
Lleve el diablo,
a quien tal da.
Yo no lo digo por tanto.
Bien la puedes aceptar,
que un rico diamante tiene.
Señor, no la ruegues más,
porque no tiene licencia,
para poderla tomar
de su confesor, y es cierto,
que fuera hacerla faltar
a la obediencia.
Ca, toma.
Por no molestaros más
la tomo.
No fuera un ascua.
Y creed, que siempre está
(aunque no lo parezca)
hacia vos, mi voluntad.
Yo lo creo.
Así te lleven.
Dos mil demonios, y más
mas mira que mi Señora,
de su cuarto saldrá,
y encamina acá los pasos;
y que no nos viera hablar
quisiera, no sospechara.
lo que era mucha verdad,
que eres muy linda tercera.
aquí te puedes entrar
en este cuarto entretanto,
que aquesa vieja se va
ya comienzas a escondernos?
(escóndese)
Calla, que sospecha habrá.
éntrate aprisa, que llega
Sale Don Lope
en dónde tu ama está?
en su cuarto está Señor.
pues Lucía llámala;
di que la aguardo acá fuera
(aparte)
Jesús, y qué malo va
que los llame? y estos dos
que aquí metidos están?
que los ama mi Señora,
como yo amo al alcorán,
y es preciso que los vea
en el paraje que están
porque pasa por allí?
pero no me faltará
industria para ocultarlo
qué haces Lucía? no vas
a llamar a tu Señora?
aparte
vase
es que peinando se está
su merced, y a que acabase
estaba dando lugar.
Di, amante, qué descaro
que me has de costar,
Don Antonio es el mejor
hidalgo, de Portugal,
me ha pedido en casamiento
a Laura, él es gallardo,
rico, noble, y estas prendas
no son para desechar,
y en virtud de aquesto el sí
le tengo ofrecido ya;
que discurro que mi hija
de mi gusto, no saldrá,
y más no perdiendo nada
antes sí viniendo a ganar
Sale Laura, y Lucía.
Aquí tienes a Laura a tu mandado
que Lucía me ha dicho me has llamado.
Quiero Laura querida darte parte,
como tengo tratado de casarte,
con un hidalgo noble, rico, y sabio.
aparte
Nunca yo tal oyera de tu labio,
Confiado en que tú (como obediente)
Mucho será que mi ama no reviente.
No saldrás de mi gusto ni obediencia
No basta mi paciencia
a sufrir tal tormento;
porque es dolor violento,
privarme de mi gusto,
que aunque sea mi padre es muy injusto,
que pretenda forzar a mi albedrío,
haciéndose él su dueño, siendo mío
qué me respondes Laura que parece
que tu gusto no estima ni agradece
mi cuidado, que anhela solo a darte
un esposo con quien pueda dejarte,
muy contento, y gustoso, si fallezco.
Tu cariño, y cuidado, te agradezco;
mas advierte Señor que aunque maneje
aparte
hacienda con desvelo,
a darme lo mejor, y más decente;
no es consejo prudente,
quererme dar marido,
que no he visto, hablado, y conocido.
Y así Señor, advierte,
que es quererme dar muerte
casarte tú primero
con mi esposo, que yo (de pena muero)
Y así, dime, quién es ese hidalgo,
y su nombre, por ver si puedo en algo,
conformarme a tu gusto, y obediencia?
Porque será violencia,
sin saber el sujeto
casarme; y luego, sea cojo, o tuerto?
No te quiero tan mal Laura querida,
que en estado que acaba con la vida,
te metiera forzada, ni violenta.
aparte
Ni aun eso me contenta:
Porque si no es Gonzalo,
por muy bueno que sea, será malo.
Pues digo, que es el nombre de tu esposo
Don Antonio. Ese joven, que gustoso,
trajo a tu hermano a casa, y hospedado.
aparte
Nada se ha quedado.
En vano es persuadirla,
ni razones decirla
con que a Gonzalo deje,
que predicarla a ella es aun hereje.
En su cuarto le tiene.
aparte
La muerte me previene
mi padre, con su labio.
Es hijo del ilustre Don Octavio.
¿Miras si tengo gusto en darte estado?
aparte
Por mucho que lo dores, ya has borrado:
que su gusto no es ese, ni lo ha sido;
que ella quiere a Gonzalo por marido.
¿No me respondes Laura? ¿Qué te extraña?
Déjame la respuesta hasta mañana.
Hoy me has de responder, porque es muy justo:
Pues, respondo Señor que no es mi gusto
casarme con quien tú tienes tratado;
ni cumplir lo ajustado,
porque a mí no me obliga
tu obediencia, a que diga
que sí, que el albedrío
Me dio Dios en tal caso propio mío.
Y cuando lo ajustaste,
¿por qué no te acordaste,
que si yo no quería,
aquel trato sin mí nada valía?
(aparte)
Pues, ingrata, cruel, fiera, tirana,
¿ni un respeto, sin piedades a mis canas?
Mañana has de casarte, vive el cielo.
Gran peligro recelo,
pues que quiere a Gonzalo;
muy dable que desea, porque lo malo
se apetece mejor, que no lo bueno.
(aparte)
Tirano, cruel, e ingrato dueño,
Y aun esta noche; no hay que replicarme.
(aparte)
Su rigor, y desvío ha de acabarme.
Has de darle la mano a don Antonio.
Yo creo que al demonio,
(Híncase de rodillas)
(aparte)
Se la daré primero.
De pena, y de dolor, y de ira muero.
A tus plantas con lágrimas rendida,
me postro a suplicarte, que la vida
no me quites, señor, tan de repente,
que pues eres prudente
dilates el casarme.
Porque es querer matarme,
y mira que no es justo
querer darme el esposo que no gusto.
Consta la obediencia,
de quien dice la gente
(y aun yo lo discurría)
que otra no se allana,
que igualase contigo,
en este caso, obediencia; pero digo,
que el desengaño veo,
y que desde hoy no creo,
en lágrimas, suspiros, y sollozos,
que todos son rebozos,
con que ocultáis ingratas,
la traición, y el engaño; ya repara
de no cansarme más, porque es en balde,
y tu súplica, Laura, llegó tarde.
Pues si llega ya tarde el ruego mío
uso de mi albedrío,
y en tal caso es decente,
queriendo tú, imprudente,
me valga de mi fuero:
Y así digo, señor, que yo no quiero
vivir contra mi gusto, y mal casada;
(que solo el discurrirlo ya me enfada)
y pues Dios no me obliga a esta obediencia,
no hagas tú por violencia,
que viva en un infierno,
que no es amor paterno,
pretender condenarme,
pudiendo con mi gusto gloriarme.
Sacando la daga
Pues advierte que quiero,
borrar con este acero,
de tu infame memoria
que llegues con tu gusto a que esa gloria.
Y así de dos el uno elegir puedes,
o hacer mi voluntad (que es lo que debes)
o morir al impulso de este acero;
porque soy caballero,
y mi palabra he dado,
y antes que desairado,
con don Antonio quede;
tu infame ingratitud, creerme puede,
que te he de dar la muerte,
y puedes resolverte,
a morir, o casarte,
con el esposo, que es mi gusto darte.
Pues haz lo que quisieres, y tirano
puedes darme la muerte con tu mano;
porque no has de lograr tal casamiento.
Y puesto que es tu intento,
a disgusto casarme,
lo mismo es que matarme,
con más prolija muerte,
pues dilatas la pena de esta suerte.
Y más fiera ha de ser,
la vida que me dejas,
dándome solamente
que desearla padecer eternamente.
¿A qué aguarda mi impulso, y mi paciencia?
¿que los frenos no rompe a la clemencia?
¿y ya con este acero no remato,
y de ese pecho ingrato,
no rompo los cristales,
para que los raudales,
de tu sangre traidora
arroje de su centro a quien adora?
Y con esto mi fama es asegurada.
¡Ay señores, que matan a mi ama!
Sale don Antonio, y Buche
Suspende, señor Lope,
que es cruel, y en vos no cabe.
Aparte
¡Extraña confusión!
Aparte.
Este en el cuarto de Laura
escondido aquí a traición.
Lucía, ¿quién en mi cuarto
aqueste hombre metió?
Aparte.
Yo no le he visto, señora,
ni yo sé por dónde entró.
Con todo dimos al traste,
mi diamante me engañó,
que saliese don Antonio.
Al demonio le tentó.
Aparte.
Aquí por esta embustera,
nos da el viejo colación.
Aparte.
Suspenso ha quedado el viejo,
mas yo logré la ocasión
de aqueste nuevo suceso,
que ya con este son dos.
¿Cómo, señor don Antonio,
en este cuarto los dos
habéis estado metidos?
Reparad, que vive Dios
que aunque estáis dentro de casa,
que en este cuarto, si el Sol
pudiera estorbar que entrara.
Aparte.
Pero a don Gonzalo no,
que antes desean que él entre.
Solo estorbara.
Señor,
el atreverme yo a entrar
por aquí, fue la ocasión
nueva.
Aparte.
Bravo hablador.
Aparte.
A el señor don Antonio,
mi amo lo declaro,
y me alegro yo infinito.
Aparte.
¡Ay semejante traición,
que Lucía a don Antonio
dentro en mi cuarto metió!
Aparte.
¿Esto es para enmudecer?
Mátarela, vive Dios.
Porque estando yo en mi cuarto
oí dar voces, que dio,
que mataban a su ama,
y movido a compasión,
por esa puerta, que cae
Al encuentro tocó con,
que esto muda ya de especie.
a esta puerta golpes doy,
o a los golpes, o la fuerza
que di, saltó el pasador,
con que pude entrar aquí
a estorbaros, que a este Sol,
no le eclipséis sus rayos.
Aparte.
Valientemente labrada,
señor, vale, no es muy mala
la excusa del pasador.
Aparte.
Esto viene a ser que Laura
tiene a don Antonio amor,
y finge que no le quiere,
y vengo a ahogarla yo
con lo mismo que es su gusto.
Aparte.
¡Muy lindo susto me dio!
Caro me cuesta el diamante.
(a Laura)
Agradeced la atención,
mas os digo, que otra vez,
no tengáis tal compasión,
que no os valdrá la disculpa;
quiero creer que el pasador,
no vuelva más a quitarse.
Agradeced que os dé,
os dé la vida, don Antonio.
¿Que se la agradezca yo?
¿Cuando es él quien me la quita?
Digo, mil veces, que no
quiero vida, si por él
me la dejáis, porque no
quiero, que este caballero
quede por mi fiador.
Aparte.
Vase.
¡Qué bien que lo disimula!
Susto el oírla me dio.
Vamos, señor don Antonio.
Vanse, y da Felipa voces desde adentro.
Vuelve, señor.
No me concedas la vida,
por quien aborrezco yo;
que darme vida por él,
es darme pena mayor.
Sale Chorizo corriendo.
¡Moradores de esta villa,
justicia, alcaldes, audiencia!
Socorred a una mujer,
que aquestos traidores llevan,
robada, contra su gusto.
A compasión, y clemencia
os mueva aquesta traición.
Malo ande para ella,
como esto va la oración,
me río yo de que pueda
un ciego, acertar mejor.
Y es decir, que ya no llegan
los villanos, con garrotes,
asadores, hondas, piedras:
y ya tocan a rebato
las campanas. ¡Santa Tecla,
y cómo vienen corriendo!
Si de esta suerte vinieran
corriendo, los mosqueteros,
a ver aquesta comedia,
mejor nos habría de ir;
que no en aquesta refriega
que descargan los villanos,
que parece, que varean
aceitunas: y por quitar
a nuestra fuerza la prenda.
Métese detrás del paño, y salen don Gonzalo, y don Juan, con las espadas desnudas, defendiéndose de los villanos, y también saldrán ellos, unos con hondas, y piedras, y otros con garrotes, y Phelipa con ellos.
yo me procuro esconder,
que sacudiéndolos llegan,
contienda para los dos,
y que no me sacudieran
quisiera, por vida mía.
Pues a esconder, que ya llegan.
Tened cobardes, villanos,
porque aunque el cielo lloviera
ejércitos de vosotros
no hemos de dejar la prenda.
A fóra vilaos por fe,
que aínda vos tendrá boa conta.
Ficai Mendo aos rabudos,
acá queiro.
Cobardes, tanta caterva
de villanos, para dos?
Digo, si no me escondiera,
qué tal andaba Chorizo?
Como por carnes tolendos.
Nam che leuais a minina.
Aunque pedazos me hicieran
villanos, acuchilladas
he de cobrarla.
Nam tembram
de as vosas follas, os nosos
paos, as hondas, e pedras.
Chebareis muitas pancadas.
Morran os rabudos, morran.
Como suenan los garrotes,
si yo seguro estuviera,
metido entre aquestas mantas,
en romería me fuera,
a Santiago de Galicia
a cumplir una promesa.
Llebai vos Mendo, a minina
nam se asuste, e aínda se perca.
Venid minina com Mendo,
e nam metendo desbero,
ficaréis na miña casa
con muita paz en boora.
Vanse Mendo y Phelipa.
Detente, cruel tirano,
que toda el alma me llevas.
Por Cristo que le han soplado
la dama, muy buena cuenta
damos de nuestras personas
en la primera refriega.
Vanse retirando don Juan y don Gonzalo, riñendo, hasta entrarse todos en el vestuario, y sale Chorizo con la espada desnuda.
Detente, cruel, tirano,
que toda el alma me llevas.
Hay más lindo disparate,
ni locura más perfecta?
No sentía los garrotazos,
y sentía el que se lleva,
el villano a la minina;
y prorrumpir con terneza,
que con ella va su alma?
Como si ella la admitiera,
siquiera en recompensa,
y si no, clara es la prueba.
Ea, pues, yo he de mostrar
ahora, en Dios, y en hora buena,
mi valentía también:
pues va solo con ella,
he de salir, y quitarle
al villano la doncella,
y traérsela a mi amo.
Pero quién a mí con quimeras
me mete siendo Chorizo,
que asarán a prisa que me huelan,
y en un asador me espeten.
Tate, tate, quita afuera,
pues Dios me sacó con bien
de la pasada refriega;
no me meta en la segunda,
que puede ser, que Dios quiera
que ahora paguen los villanos,
lo que he librado; y asaz quieta,
vesta mi espada en tu vaina,
y a Dios, y vades con buena.
Salen don Gonzalo, y don Juan, metiendo las espadas en las vainas.
Qué, con efecto, señor,
se os dejó la picaruela?
No digas mal de Phelipa,
que es una honrada doncella.
Cierto es, que ser honrada
en aquesta ocasión muestra.
Tened por cierto don Juan,
que aunque he sentido la ofensa
de ver, que unos villanos
se atreviesen (que es vergüenza)
a quitarnos a Phelipa;
y con que vuelvo sin ella:
con todo me ha parecido
digna de memoria eterna
mujer, que con tal valor
hace tanta resistencia
en defensa de su honor.
Y así quiero de mi hacienda,
que es mucha la cantidad,
que fuese su gusto de ella,
para que tome el estado
que quisiere; porque intenta
ya mi amor, el olvidar
a Phelipa, puesto que ella,
supo triunfar de mi gusto,
de mi afición, y mi fuerza.
Y ya que su honor perdido
en parte, en la villa queda
por mí; es muy justo, quiero
el crédito, y honra vuelva.
No creyera, Don Gonzalo,
de vuestra sangre, y nobleza,
que cumpliendo con quien sois,
obrarais de otra manera.
Y así apruebo el parecer.
Pues, yo digo, que lo hereda.
Pues ¿qué entiendes tú de aquesto?
Puede ser, quizá lo entienda.
Deja ahora disparates.
Ay Señor, que es echar perlas
a cochinos (con perdón)
hacer bien de esa manera,
a quien te deja por otro,
y por otro te desprecia.
Callarás pues, que me enfadas.
Siendo hoy clara evidencia
que al tiempo doy por sentencia.
Don Juan, mi opinión es esta.
Tenedla por acertada
que es cumplir con la conciencia.
Pues, a la dueña volvamos.
Volvamos enhorabuena.
Vanse, y sale Doña Laura sola.
Sale Lucía.
Yo no puedo declarar
mi notable sentimiento,
pues es más lo que yo siento
que lo que puedo explicar;
y así puedo murmurar
de este linaje de amor,
que el mantenerle, es error
y el dejarle no es cordura,
con que viene a ser locura,
de todas suertes amor.
Sé, que a vista de mi pesar,
y una muerte que me amaga
un padre, que me amenaza
porque llego a despuntar
con quien me quiere casar
por fuerza (¡dolor violento!)
Y además de este tormento
ver, que el amante que adoro,
es causa de lo que lloro,
de mi pena, y sentimiento.
Con que bien puedo decir,
si a buena luz se ha de ver,
que antes, que este amor tener
fuera más lauro morir:
porque no es justo vivir
con tan prolijo dolor.
Y que tal modo de amor,
tan ingrato, y tan cruel,
bien se puede decir de él,
que el mantenerle, es error.
Pero lo discurro mal,
que llamarle error, no es justo,
que aunque mate, siendo gusto,
se siente menos el mal.
Y así no digo yo tal,
ni nunca lo llame error,
que aunque pelee mi honor,
el dejarle, no es cordura.
Con que viene a ser locura
de todas suertes amor.
Si las albricias me ofreces,
una nueva quiero darte.
Yo te ofrezco de mi parte 18
dártelas, si las mereces.
Digo, que he visto dos veces
a Don Juan, y Don Gonzalo.
Mira, si el aviso es malo,
juntos he visto a los dos.
Buenas nuevas te dé Dios.
Pues lo que mandaste, dallo.
Aguarda, que escribiré
a Gonzalo, y ve al punto.
Darámelo todo junto,
De nuevo vuelvo a avisar.
Si es nuevo vuelvo a decir,
¿que a tu amante requieres?
Vase.
Le daré cuanto tuviere,
cuanto soy, y cuanto valgo.
Pues si no me mientes algo,
mal irá, que mal digiere.
Buena ocasión se me ofrece
para pagar a mi amante:
pues ella avisa a su amante
que venga (según parece)
a verla (que bien merece)
que con tal amor haga caso
pues le ruega a cada paso
destos billetes mil ella,
he de hacer que venga a vella.
Salen Don Antonio y Buche.
y que lo oye, a qué iré acaso.
Don Antonio, que es preciso
que conozca mi buen celo,
y vea que me desvelo,
en darle de todo aviso:
pues su fortuna quiso,
que se vea despreciar,
si yo puedo esto enmendar
su fortuna, y he de hacer,
que al viejo le llegue a ver
con Doña Laura casar.
Mas ya viene Don Antonio.
Aquí del ingenio mío.
¿Has visto Buche a Lucía?
En todo el día la he visto.
Pero en esta pieza está
la que me tiene el anillo.
¿Qué se le ofrece a Don Buche?
¿nombre propio de borrico,
o por mejor acertar
tripa panza de cochino?
¿Cochina, y más que cochina
Lucía (el diamante digo)?
¿Y lo demás?
Tu hermosura
mentira.
¡Qué bravo atrevido!
Déjate de eso Lucía,
y tú loco.
A mí, nuestro anillo.
Y dime por vida mía,
¿dime qué de nuevo ha habido
con ese bello homicida?
¿con ese bello prodigio?
¿con esa hermosura ingrata?
¿y ese hermoso basilisco,
que a cuantos le miran, mata?
Ya os tengo prevenido
un lance, para esta noche.
Porque tengo discurrido,
que al jardín ha de bajar
mi ama, a lo que imagino
a divertirse esta noche,
y si esto es cierto el aviso
te he de dar, para que logres
el hablarla; y el amigo
se ha de quedar a la puerta
del jardín, para que aviso
nos dé, si acaso sintiese,
que alguien hacia aquí se llega,
que acá dentro yo
tendré cuidado.
¡Maldiga
su buena industria, que tú
quieres pescar otro anillo,
y quieres que mis costillas
paguen, lo que no han comido!
Agradezco tu cuidado,
y apruebo lo discurrido.
Discurre esto está muy bien.
¡Mala muerte la de Cristo!
Yo en esto vengo a lograr
solo, Señor, el serviros.
Pues por tus ojos Lucía,
que no lo des al olvido:
y para memoria, toma
ahora, aqueste bolsillo;
que después será otra cosa.
Yo, para tanto no lo digo.
No lo tomes que te engaña;
mira que está ahí escondido
un culebrón como un brazo.
Lucía yo estoy corrido,
de no poderte pagar
como debo, tus servicios.
Lo acepto, por no enojaros.
Tú haces volar el bolsillo.
¿No te espantas de culebras
desde que en el Paraíso
hablaron todas (en una)
con el culebrón maldito?
Conque a la noche vendré.
Yo te daré nuevo aviso,
con la seña, para que entres.
Agradezco el beneficio.
Haz, Señor, lo que quisieres;
pero mira que te digo,
que yo no entiendo de espaldas
porque temo un garrotillo.
Mira que sale mi ama.
Pues, Señor, lo dicho, dicho.
Y no quiero que te vea.
Vase.
Dices bien, yo me retiro.
Pues, yo, por curiosidad,
aquí me quedo escondido.
Sale Laura.
Señora mía.
Ya está aquí el papel escrito.
¡Válgate Dios, por papel!
¿a quién irás dirigido?
A Don Carlos le has de dar.
Vayan viendo lo que digo,
si va saliendo verdad.
Aqueste lleva el aviso
a Gonzalo del jardín.
Y con esta entrada quiero
sacarle al tonto de mi amo
el ya perdido bolsillo.
(Vase)
Voy volando a obedecerte.
Mejor volaste el bolsillo.
Haz, amor, que aquesta vez
tengan mis penas alivio,
y que encuentren a Gonzalo,
más piadoso, y más benigno,
mis letras, y que se duela
de mis ansias, y suspiros.
(Aparte)
¡Cuánto va, que ustedes todos
aún no caen en lo que han visto!
que a cualquiera que se cuente,
dirá que es un desatino,
y en eso tendrán razón,
que yo mismo que lo he visto
estoy para no creerlo:
que es para perder el juicio,
discurrir, que una mujer
que de ayer aborrecido,
a quien es su fino amante,
y que la ruega rendido.
Y que invoque, y solicite,
con palabra, y por escrito,
al mismo que la aborrece?
es proceder infinito
el querer a las mujeres
entenderlas —
Sale Lucía con manto
Yo imagino
que se ha compuesto bien, y yo,
pues después de haber leído
el billete, don Gonzalo,
noté que gestos me hizo,
como a modo de desprecio,
y es lo que yo solicito,
para que entre don Antonio
más seguro, que el aviso
y la seña, ya le he dado.
Pues la obra del bolsillo,
y el reluciente diamante
lindamente nos la afeitó.
Voy a dar cuenta a mi amo
de lo que he visto, y oído.
Sale don Gonzalo con el papel que le dio Lucía, y Chorizo
¿Qué os pasó, señor?
Esto me pasó, Chorizo,
y yo vengo como absorto,
espantado, y aturdido,
y casi que no lo creo,
que en mujer de partido,
poder despreciar dinero,
joyas, galas, y vestidos,
y no hacer caso de cuanto
la he dado, y he prometido,
para que tomase estado.
Mas yo con esto he cumplido;
y no sé lo que me diga,
de esta extrañeza, ¿Chorizo?
O es mucha su calidad,
o finge aqueste desvío,
porque a otro tiene amor.
Ya, señor, nada te digo,
que ella saldrá a la colada.
(Vase)
O yo he de perder el juicio,
o he de casar a mi ama
con don Antonio.
Chorizo.
Señor.
Aqueste papel,
que es de Laura, he recibido,
de mano de la criada.
¿Estará, señor, muy fino?
Me da las quejas de todo,
porque todo lo ha sabido.
Y me dice que la vea
esta noche, que es preciso
que la ampare.
¿Y tú qué dices?
Que a verla me determino.
Pues, ¿te has ablandado ya?
¿Qué quieres?, ya me es preciso,
que ya no tengo Felipa:
Y pues que la he perdido
no me he de dar de todo punto.
Y pues la noche ha venido
Sale Lucía a una reja
Si viniera don Antonio,
que ya mi ama ha salido.
Vámonos a disfrazar.
Mejor fuera, señor mío,
a decir a descansar.
Tiempo te queda, Chorizo.
Vanse, y sale don Antonio, y Buche disfrazados
Al jardín, y ya se tarda,
pero pasos he sentido.
Llégate a la reja, Buche,
por ver si acaso ha venido
Lucía, y hazle la seña.
Yo no entiendo, señor mío
de hacer señas, y así tú
que sabes el caminillo,
puedes llegar, y mirarlo.
llega Buche a la reja
Anda, y haz lo que te digo.
Señora la del diamante,
robadora de bolsillos
pero no de corazones,
a quien tiene al pobrecito,
que en el Colegio de amor,
el graduarse ha conseguido
de doctor, en ciencia dando,
por tonto, porque es muy fijo,
que solo un tonto pudiera
dar diamantes, y bolsillos,
a la que es tercera parte
de oración.
Por eso amigo,
vos tenéis de bachiller
en ese Colegio mismo,
merecido bien, el grado
que se da, a quien tiene juicio.
¿Ha venido vuestro amo?
Aguardando está el aviso.
Pues dile, que llegue presto
que ya es hora.
abren una puerta que abra a un lado de la reja
Ah Señor, digo,
entra pues, que ya la hora
de tercia y nona ha venido.
Aguárdame aquí a la reja.
¿Pues no es mejor que contigo
entre también allá dentro?
que yo me estaré escondido
detrás de algunos rosales.
entrase y queda Buche
Que aquí me aguardes te digo.
Sale Don Gonzalo, y Chorizo
Mal haya, amén, la taimada
que ha dado tal arbitrio.
Yo me quedo solamente,
a que algún diablo mohíno
se le antoje entretenerse
conmigo, y que de camino
me sacuda un sepan cuantos.
Pero yo de este peligro,
me he de librar, si es que puedo
que ya el modo he discurrido.
A mi Señora Lucía,
¿gusta usted de que un poquito,
entre a parlar con voaced?
porque aquí corre gran frío,
y tenemos en campaña,
aparta, los demonios mohínos.
¿Pues en noche de verano?
Como a mucho prodigio;
porque tengo unas cuartanas,
que me acometen al frío
mas que se acercan. ¡Vive Dios!
quítase de la reja
Voy a abrirte de camino.
Pues mira, que tardas ya.
Llega a la reja Chorizo,
y hazle la seña a Lucía.
a Buche
Llego, Señor, con atención
pero digo.
¿Qué hace aquí, Señor Capitán?
Se engaña usted, Señor mío,
que aún no soy cabo de escuadra,
y ya quiero ascender a alférez.
Pues desocupe usted el puesto.
Señor Coronel, qué digo;
que por suyo queda el campo.
¿Con quién es eso, Chorizo?
Quería dar de limosna
dos coces, a un pobrecillo,
que a la reja allí arrimado,
dio repique al beneficio.
Ahora llovió la limosna.
Porque soy muy compasivo.
Haya mayor compasión;
ni al hombre le un santito
Pásese de ahí, ¿qué aguarda?
vase
Eso es lo que solicito.
a Lucía
Es oración ya.
¿Qué ingrato habéis sido?
entra allá, que ya está abierto.
a Don Gonzalo
Ah, por Dios, que está buen aviso.
entra Don Gonzalo.
Bien puedes entrar, Señor,
aquí me aguarda, Chorizo.
Sale Lucía por un lado
con Don Gonzalo, y Laura.
No tardes mucho, Señor,
que estoy del sueño rendido.
Mejor dijera de miedo,
que si el otro que se ha ido
vuelve, a ser su centinela,
y me encuentra en este sitio,
me ha de sacudir el polvo,
de la cabeza, y herido.
Por otro, con don Antonio.
Mas yo las quiero escapar,
que me había de haber ido
de esteva, ahora gran rato,
en sus glorias, y metido
estaré en una taberna;
y con aquesto me aguardo,
señores, de malas lenguas,
de sustos, y de pellizcos.
Vase.
A don Antonio.
¿Es posible, ingrato dueño,
que tampoco te ha debido
mi amor, que tan cruel
siempre has andado conmigo,
pagándome con desaires
la firmeza que he tenido?
¿Qué es lo que escuchan mis oídos?
¿Es ilusión, o lo sueño?
Yo debo de estar dormido, rapaz.
Pero no, que Laura es esta.
¿No me respondes, bien mío?
Ya conozco tu traición;
pero el yerro cometido
te le perdona mi amor.
Señora, no te he entendido;
porque yo siempre a tu cielo
le he adorado muy rendido.
¡Oh, ya sol de tus luceros!
El dueño de mi albedrío,
te ha confesado mi amor.
Qué bien que lo habéis fingido,
conociendo la traición,
y haciendo del desentendido.
Que aunque lo he sabido yo,
ahora me alegro de oíros.
Señora, ¿también burlaros?
Me ha de hacer perder el juicio.
Señora, si es que acertada
no obré bien, a serviros,
os pido me perdonéis.
Lucía, ¿cuál es el sitio
donde me aguarda tu ama?
Pues, hombre, ¿has perdido el seso?
¿Qué preguntas por mi ama?
¿O te ha dado el desvarío
de las cuartanas?
¿Qué dices?
¿Qué es esto de desvarío,
y cuartanas? ¿Que no entiendes?
Hombre, tú has perdido el tino.
¿No me dijisteis ahora
que te había entrado el frío,
y querías que abriese la puerta?
Ésta entiende que es chorizo
con quien habla.
¿Desatiento,
o alguna azumbre de vino
te aumenta más tu locura?
¡Jesús, y qué desatino!
¿Qué te importa a ti mi ama?
¿No me disteis vos el aviso
hoy por medio de un papel,
que era de tu ama escrito,
de que me aguarda esta noche?
Aparte.
Malo, a quien he ofendido;
mas no lograrás el verlo.
Hombre, que está borrachote,
¿qué papel, cómo, o cuándo?
Mira, que no soy Chorizo
con quien entiendes que hablas.
¡Qué estás hablando conmigo!
¡Habrá mayor disparate!
Si me haces perder el juicio.
Acaba, pues, que me cansas.
¡Mira, que te doy un grito,
que te han de moler a palos
por descortés, y atrevido!
Mira, que soy don Gonzalo,
que he venido por tu aviso
a ver a tu ama, esta noche;
y el tuyo es el desvarío:
guíame, o iré a ver a tu ama.
Señor, aqueste atrevido
quiere meterse allá dentro
por mucho que se lo impido.
Pónganse a darle cien palos.
¿A quién había sucedido
otro lance como aqueste?
¡Vive Dios, que estoy corrido!
Echa don Antonio mano a la espada, y dice.
¿Qué es Laura, mi criado?
No metas ruido, bien mío:
repara que nos perdemos.
Castigaré el desatino,
de haberse entrado acá dentro.
Ya la gente me ha sentido,
con las voces de Lucía,
y defenderme es preciso,
porque no veo la puerta.
A don Gonzalo.
¡Villano, loco, atrevido!
¿Cómo osó tu atrevimiento
llegar a aqueste sitio?
Señor, vos seáis quien fuereis;
porque si no el valor mío
os sabrá sacar el alma
Aunque fuéramos amigos,
aqueste no es mi cuñado;
porque riñe con donaire,
estotra muda de especie.
(Agarra Laura a Gonzalo, y Lucía a don Antonio.)
Mira, que somos perdidos,
mi bien, si acaso nos siente
mi padre, que recogido
estará.
(Aparte.)
Agüero alguna traición.
Don Antonio, ven conmigo,
que yo te pondré en la puerta.
Vente, Gonzalo, conmigo,
que tú saldrás por mi cuarto.
¡Ay, tirano cocodrilo!
¿para aquesto me avisastes?
Despacha, que suena ruido.
¿Quién es, Lucía, aqueste hombre?
Nunca le he visto, ni oído.
Pues ¿cómo entró en el jardín?
Se quedaría dormido
un paje, que estaba a la puerta.
(Desde adentro.)
En el jardín suena ruido.
(Desde adentro.)
Allí suenan las espadas,
acudid todos.
(Sale don Lope con la espada desnuda.)
De mi hijo
es la voz, y yo recelo
un grave daño, o peligro.
Apriesa, don Antonio,
porque estamos en peligro.
(Vase Lucía, y don Antonio por una puerta.)
Vente aprisa, don Gonzalo,
vente conmigo, bien mío.
(Vanse Laura y Gonzalo por otra puerta, y don Lope buscando con la espada dice:)
¿Quién serán los alevosos
que inquietan este jardín?
(Sale también don Juan con la espada desnuda buscando.)
¿Quién habrá sido el tirano
que a entrar aquí se atrevió?
(Encuéntranse los dos, y riñen.)
Tente, atrevido, cobarde.
Tente, cobarde, atrevido.
Que aunque el Cielo te defienda,
Aunque te esconda el abismo,
te he de hacer dos mil pedazos.
Te he de dar la muerte, altivo.
Tengo de vengar mi honor.
Cobraré el honor perdido.
He de beber de tu sangre.
Pero ¿qué es esto que oigo?
esta voz es de mi padre.
Aquesta voz es de mi hijo.
Detente, señor. ¿Qué es esto?
¿Has visto acaso, hijo mío,
has visto acaso al traidor
que se atrevió al honor mío?
Solo con vos he encontrado.
Traed luces, ¡hola!, digo,
que en el jardín estará
algún traidor escondido.
(Salen Laura y Lucía, cada una por la puerta que entró, con una vela encendida. Aparte:)
Muy bien se ha compuesto todo.
Bien el lance me ha salido.
(Aparte.)
Mas ¡Jesús!, es mi hermano,
el que estaba aquí escondido,
sienta el error perdida.
¿Habéis vosotras oído
el ruido de las espadas?
Señor, cada cual recogido
dentro de su cuarto estaba,
¿qué ruido ha de haber oído?
(Aparte.)
El diablo con su poder
hoy ha tentado a Chorizo,
para que entre en el jardín
por ver si habrá salido
su amo, y yo, que de dentro,
¡qué corazón he ponido!,
al mismo punto que entré,
y escaparme no he podido.
¿Qué será de ti esta noche,
desventurado Chorizo?
Noche de Carnestolendas
harán de ti, pobrecito.
Toma tu espada, don Juan,
y no quede en este sitio
mata, que no se registre,
rosal, que no sea visto,
laurel, que no se deshoje,
fuentes, plantas, que registro.
No vengan todas, por ver
si se oculta el enemigo
de mi honor, entre sus cuadros.
Ya escampa, y llueven pepinos.
entran por una puerta, y salen por otra, y en ínterin dirá Chorizo
Señores, nadie les diga
dónde se oculta Chorizo.
O parece fantasía,
o es ilusión, o delirio,
o yo oí, en este jardín,
de las espadas, el ruido.
Todo se ha visto, Señor,
sin perdonar el más mínimo
árbol, que no se registre.
señala hacia donde está Cho.
Solamente en este sitio
no se ha registrado nada;
Dios te dé mal panadizo.
Y aquí está, si no me engaño,
el alevoso Chorizo.
miran todos
Qué hacéis aquí, hombre bajo?
Pues acaso yo les digo
a ustedes que sois muy altos.
Cómo a entrar te has atrevido?
No entré yo, que me metieron.
Pues quién metióte a poder
Yo trabé con unas brujas
esta noche un pleitecillo,
y por aquí me arrojaron
y al caer metí gran ruido
con la espada, y eso fue
el haberse parecido
que oías en el jardín
de cuchilladas el ruido.
Engañado es don Gonzalo.
aparte
Lo ganado se ha perdido
en esto de su estado,
y está mi vida en peligro.
aparte
De aquesta hecha me pagará
lo que me ha dicho Chorizo.
aparte
Mayor traición hay aquí
más descubrirla imagino.
Vive Dios, que el no matarte
es por no manchar mi limpio
acero, en tu infame pecho.
Pero has de quedar metido
en un encierro, intertanto
que tu traición averiguo.
Entréguenme a mí la llave,
y yo haré que al buen Chorizo
presto se le acabe el ruido
y quede bien consumido.
Ven, fementido traidor.
Venga el traidor fementido.
Lucía, luz de mis ojos,
duélete de este Chorizo.
Tajadas haremos de él
en estando bien cocido.
vanse
Asómase Chorizo a una reja con las manos atadas atrás.
Con justa razón estoy
metido en estas cadenas,
que Dios castiga a los malos
sin dar con palo, ni piedra.
Malo soy; yo lo confieso,
y es muy justo que padezca
en estas duras prisiones,
quien a Dios no reverencia,
y solicita las damas,
como persona tercera
del amor de su Señor
que sea la que padezca.
Pero lo más que yo siento
es que por loco me tenga
la taimada de Lucía
siendo la mejor tercera.
Salen Buche, y Lucía con unos trapajos mojados, y unas correas.
Dónde, con ese aparato
de trapajos, y correas,
va la señora Lucía,
que parece hospitalera
de la casa de los locos?
Señor Buche, usarced sepa
cómo estoy curando un loco
que yo tengo por mi cuenta.
A todos los que tú tuvieres
a tu cargo, y por tu cuenta
los harás que sean locos.
Los trapajos, y correas
tendrán su ínterin, que aquí
saco el loco a la frescura.
baja
Ya parezco platicante.
Éste es el loco.
a la reja
Pues no es aquéste Chorizo?
Él mesmo.
Cómo me pesa.
¿Ya mucho que está en la jaula?
A dos semanas, y media,
que le curo, sin poder
mejoría hacer que tenga.
¿Qué hace aquí el señor Coronel?
Descúbreme esa verdad.
¡Ay, Buche, y qué justamente
en esta ocasión te vengas,
de cuando te quise dar
las coces! Mas tú te acuerdas.
Yo no entiendo lo que dices.
Cuando estabas a la puerta
del jardín.
Qué disparate.
Da Buche con las correas en la rueda.
Abre la puerta Lucía, y saca a Chorizo con una cadena, y las manos atadas atrás.
Salga Chorizo acá fuera.
Zurriagazo, que comienza.
Ya le viene el frenesí;
a curarle a toda priesa.
Le curaremos, que el pobre
tiene mala la cabeza.
Tener, amigo, paciencia.
¿Habrá desdicha mayor
que la mía?
Ya agradezca
el beneficio que le hacen.
Amigo, tenga paciencia.
¿Paciencia? Voto a Dios.
Dale Buche con las correas.
Zurriagazo. Sentadle bien
las correas.
¡Ay, pícaro, que me matas!
Dale otra vez.
Ande otra vez las correas.
Sea por amor de Dios.
Ya parece que se enmienda.
Tómale el pulso.
Veamos el pulso, veamos.
Gran crecimiento le entra.
Yo estoy muriendo de hambre,
y no esto me atormenta.
No puede ahora en cuarenta
horas comer, ni beber.
Llegó mi hora postrera.
Diablo, mira, que me matas.
Dale.
Zurriagazo que se altera.
Voto a Dios que me matas.
Dale recio.
No das con bastante fuerza,
ni aprietas nada la mano.
Daca, Buche, las correas;
mira, así has de sacudir.
Que me matas, mala perra.
¿Perra dijo? Zurriagazo.
Ahora suenan las correas.
¿Y no me dirás, Lucía,
por qué hace esta penitencia
nuestro muy caro Chorizo?
Porque es loco: de manera
que cierta noche escalando
las tapias, de nuestra huerta,
se arrojó dentro ajando
los jazmines, y azucenas.
Y aun los espárragos creo,
que juntamente se lleva
si mi amo no lo siente.
Y toda la casa plena
salimos, y le topamos
escondido en una higuera.
¡Ay, traidora! Cómo mientes.
Cuando tú series la mesma,
que avisastes a mi amo,
y nos abristes la puerta,
para entrar en el jardín:
por señas, que este alcahuete
aguardaba a su señor.
Dale.
Zurriagazo que le aprieta.
Él dice más que nunca.
¡Ay, bruja, que me desuellas!
Yo quiero decir verdad;
que tú fiste la tercera.
Dale.
¿No se enmienda? Zurriagazo.
Hermana, tenga paciencia:
llévelo en amor de Dios.
¿Habrá mayor desvergüenza
que aquesto consienta Dios,
y no los trague la tierra?
Dale.
¿Qué, aun no callas? Zurriagazo.
Los desvaríos van apriesa;
que se le va remontando
la locura a la cabeza.
Pónele los trapos morados en la cabeza
¿Aquesto es burla o escarnio?
Hermano mío, agradezca
la caridad que le hace
esta señora enfermera.
Pues, voto a Jesucristo,
que si acierto a salir fuera,
que os he de matar a entrambos.
(dale)
(alza)
Pues, entretanto, correa.
Suene bien el curriagazo.
Sea cuerdo por la pena,
quien no quiere por remedios.
¿Abastará, mala hembra?
(dale)
Allá va ese curriagazo.
Proponga, hermano, la enmienda.
Sea, por amor de Dios.
Bien está; de esa manera,
y en un trin que está sano
a la jaula otra vez vuelva.
¿Pues no me das de comer?
Tiene mala la cabeza.
Que me des onzas, mujer.
Entre, pues, no hay comer.
Métele, y cierra la puerta.
Quédese con Dios, hermano,
y con grande reverencia
suplique a nuestro Señor
que a su buen juicio le vuelva.
Cuidado con no quitarse,
hermano, de la cabeza
los defensivos, que habrá
buen curriagazo y correa.
(dentro)
Vete con dos mil demonios.
Señores, ¿no hay quien se duela
entre tanta buena gente
como hay en patio y cazuela,
de este loco de verdades?
Porque siempre desvaríe,
aquellas dice en el mundo:
Por amor de Dios se duelan,
y me socorran con algo,
para que este pobre pueda
llevar aqueste martirio.
Así quiera Dios soben
también, con los defensivos,
sujetos a la correa.
Cierra la puerta.
Salen Don Lope y Don Juan.
Aqueste loco, que en casa
hoy encerrado tenemos,
dejarle libre podemos,
porque su locura pasa
tan sin medida y sin tasa,
como la de Don Gonzalo;
porque siendo el amo malo,
los criados son peores,
y nunca serán mejores
con el castigo ni el palo.
Y el haberle hoy encerrado
no fue porque bueno fuese,
si solo porque dijese
cómo en casa había entrado;
mas con la duda he quedado,
porque él no ata ni desata;
y su locura me mata
de todas suertes, Don Juan;
y así por el qué dirán,
de echarlo de casa trata.
Aqueso es más acertado,
porque su amo está herido.
Don Juan, no fuera atrevido
si no llegara alterado
de haberse visto ultrajado
de un villano. Que es error
que un hombre que tiene honor
viva con tal inquietud;
y en su caso, es gran virtud,
y ser prudente es valor.
Mas él, con poco temor
de Dios y del qué dirán
ayudado, Don Juan,
cometisteis el error
(este es mi mayor dolor)
de arrojar a la villana.
Qué ejemplo para tu hermana
(que es doncella y es hermosa),
que su acción muy asquerosa,
muy baja, ruin y tirana.
Y así por eso se atreve
Don Gonzalo a nuestro honor,
porque ve que tú a Leonor
le desdoraste (¡ah, hijo aleve!).
Con que con razón él debe
discurrir si atreverse
a deshonrar, porque a ponerse
A defender a su honra
no puede, el que a otro deshonra.
Y esto claro deja verse
en la misma ley de Dios,
pues que nos manda que honremos
al prójimo si queremos
que ellos nos honren a nos.
Y deshonrando los dos
(como hicisteis) la villana,
no era acción muy liviana,
ni grande desatención,
que en pago de esta traición
te deshonren a tu hermana.
Cautelad vuestra casa,
mirad por su honra, y por vos
que aquesto incumbe a los dos.
Y aquesta es la fama vana
de la virtud, que ya pasa
de locura, a tu intento,
y es para mí gran tormento
tal descuido, y su bajeza,
porque hace la vileza,
y yo tengo el sentimiento:
Y ese Gonzalo tu amigo
es quien nuestro honor profana
pues solicita a tu hermana
y él es, si bien lo averiguo,
cuando yo bajé contigo,
quien en el jardín sonó,
que el criado que allí estaba
escondido, y temeroso,
de haber sido él alevoso
su amo, las señas daba.
Laura salió esta mañana
(apenas era de día),
de rebozo, con Lucía:
Y si acaso no me engaña
mi juicio; a questa tirana
discurro que habrá pasado
a ver a que ese traidor
de Gonzalo. Mas mi honor
por salir de este cuidado,
que me ha de costar la vida
va a espiar a esta homicida,
si estará determinado
En llegando al punto, no
con nadie tengo amistad
que fuera gran necedad
que no celara mi honor.
Y esto supuesto, señor,
juntos los dos nos partamos,
para que espiar podamos,
o su casa inquiramos,
que con aquesto podremos
hacer bien lo que intentamos.
Vanse, y sale Gonzalo desfigurado como que ha estado enfermo, y Chorizo pelado.
¿Qué es esto, amigo Chorizo?
¿en qué fortuna has andado?
¿qué cara es esa, pobrete?
¿cómo estás así pelado?
Esto ha sido, señor mío,
que yo pago tus pecados.
Dime, ¿cómo te cogieron?
Tomándome con la mano.
¿Para qué entraste allá dentro,
habiéndote yo dejado,
por custodia de la puerta?
La causa de haber entrado
fue, el ruido de las espadas,
que como estaba mi amo
allá dentro, discurrí
que se habrían encontrado
hablando acaso con Laura,
su padre, y don Juan su hermano
y entré para defenderte.
Pero apenas habría entrado
cuando veo, que Lucía,
(ese diablo, con tocado,
ese demonio, con faldas)
se llevaba, de la mano,
y apenas saliste fuera,
cuando la puerta cerrando
me dejó metido dentro,
como cochino encerrado.
¿Yo con Lucía? ¿Estás loco?
¿Debías de estar borracho?
¿No te vi yo por mis ojos
ir con Lucía agarrado?
que parecíais dos ciegos
celando ambos se van guiando.
Vete con Dios, que estás loco.
Aparte.
Todo en esto es verdad.
¿Válgame Dios, si es verdad?
Según lo dice mi amo.
No, quiero creello en mi juicio,
que Lucía me ha curado.
Pues ¿es posible señor,
que no eras tú?
Mentecato,
si Laura me dio salida,
por la puerta de su cuarto;
Claro está, que a un mesmo tiempo
por jardín, y por el cuarto,
que no podía salir?
Pues válgame San Hilario.
Sin duda he perdido el juicio?
Quién te dice lo contrario.
Pues no te canses señor
que Lucía (y esto es claro
que yo lo vi por mis ojos)
sino a ti a otro ha sacado
por la puerta del jardín.
Si es así, hay mayor traición;
Y por eso la Lucía,
me quiso impedir el paso,
(y con efecto lo hizo)
a la gente alborotando
de la casa, con sus voces.
Pues si a ti te dio ese chasco:
a mí me le dio mayor.
Pues la casa registrando,
los cuartos, huerta, y jardín,
sin que me hubiesen hallado
la maldita de Lucía,
(que ella es hija de alevosía)
me descubrió donde estaba;
Y entonces, muy irritado
el viejo, quiso matarme;
Mas después determinaron
encerrarme, porque yo
dijera, a qué había entrado
en el jardín, o con quién
y de esta suerte agarrado
me llevaron, entre todos,
como si fuera ahorcado,
que llevan a la capilla
Teatinos agarrado.
Y fue donde me metieron,
en un muy obscuro cuarto
y la buena de Lucía
(Dios le pague el agasajo)
se encargó en ser mi alcaidesa
(que más valiera que un diablo
se hubiera encargado en mí
que por lo menos el diablo
con la señal de la cruz,
quizá me hubiera dejado)
Pero esta era condenada
levantándome que estaba
y que estoy loco, me echó
entre ella, y ese menguado
del buen Buche, una cadena
a los pies, y atrás las manos
Con un muy grueso cordel
fuertemente las ataron;
Y al instante me peló,
y me puso unos trapajos,
(que llamaba defensivos)
encima de lo pelado.
Y esto mojado en orines,
o tal vez en lo contrario.
Diciéndome, que con esto
se me confortaba el casco.
Y si acaso me quejaba,
luego andaba el latigazo,
con unas gruesas correas:
Como cuando a algún caballo
le doman, los picadores.
Castigo, que no inventaron
todos juntos los gentiles,
para martirio de santos.
Y lo que es peor señor,
que no me daba bocado,
sino es a veinte, y cuatro horas
porque decía, que daño
para el celebro me hacía
y mal a los frenéticos.
Y de esta suerte señor,
era yo martirizado
de aquesta infame Lucía,
Nerón de todos los diablos.
Pagando yo los azotes,
que a la cola del caballo
le disteis a la villana;
la que tanto has alabado
de honesta, y de virtuosa.
Y era todo su recato,
para darse dos amarillos
dos verdes, y colorados,
con el señor Bartolote.
A que ese ha sido el villano,
que la otra noche a traición
metió el cara vinazo.
Si tú me hubieras creído,
no llegara a tal estado
nuestra desdicha.
Ah Chorizo,
quién hubiera imaginado
tal infamia de Felipa,
como haberme despreciado,
por estar amancebada
con un pícaro villano!
Hubiérasme tú creído;
que hartos avisos te he dado.
Pero por decirte todo:
¿Quién (jamás) anduvo acertado
a entender de las mujeres
el gusto? Y dime, ¿en qué estado
está el cariño de Laura?
Ahora la estoy aguardando,
porque ha de venir a verme.
Llaman.
Va a abrir y vuelve corriendo como asustado.
Pues yo, de casa me escapo:
porque si viene Lucía,
tengo preciso el letargo,
que salí sin su licencia,
(pues Laura, ¿quién me libra
de las garras del demonio?)
pero a la puerta han llamado.
Voy a ver quién es corriendo.
¡Jesús, válgame Santiago,
San Martín, y Santa Tecla,
San Juan, y San Policarpo,
San Pier de Angeo, San Dimas,
San Diógenes, San Hilario,
San Silvestre, contra brujos!
¡Aquí de todos los Santos,
de la corte celestial;
libradme de aqueste diablo!
¿Qué tienes, hombre? ¿Estás loco?
¿Por qué así te has alterado?
Está la luna en creciente,
y estoy temiendo el mampazo,
porque viene la enfermedad,
y andará Juan latas acá
¡Ay de mis pobres costillas!
Calla, pícaro, borracho,
¿no miras que estás conmigo,
y que no estás encerrado,
y que aquí no ha de atreverse
ni aun a mirarte?
¡Mal haya yo,
y quien se fía en ella,
cuando ande apedreado!
Dile que entre y no temas.
Aquesto no hay que tratarlo.
Volver a arrimarme a ellas,
nequaquam, ni imaginarlo,
Chitón de mi boca, Laura y
Lucía a lo aldeano.
Dios me la depare buena.
Si hubiera de qué almorzar,
me metiera en una almohada,
para estar mejor guardado.
Mi señora doña Laura,
no discurráis en vano
(antes hallo ser verdad)
que hoy el sol ha madrugado
antes que los demás días,
mucho más luciente y claro.
Pero no hay que dudarle,
que hoy oriente más temprano,
y os saque más lucidor:
Si hoy la aurora más temprana
dio nueva vida a sus luces,
iluminando los campos,
dando fragrancia a las flores,
y a las aves despertando,
para que acordes celebren
con obsequios de sus cantos,
la nueva luz de su aurora,
sus reflejos disfrazando,
entre celajes hermosos.
Dejad, señor don Gonzalo,
las esféricas lisonjas;
y ese requiebro guardadlo,
para la villana hermosa,
que os cuesta tantos trabajos,
heridas, y desazones,
ansias, sustos, sobresaltos;
que conmigo está cumplido.
Mejor será la quejada.
Si vienes a darme quejas,
podrías, Laura, excusarlo,
y dejarlas al silencio,
cuando sabes que quejar
podemos todos, y yo
con más razón.
¡Ah, tirano!
¿Con más razón? Cuando ves
cuántas veces desairado
mi amor, ¿se ha visto de ti?
Y aqueste cara viñaco
¿os lo dieron por mi amor?
¿o tiró por mí el villano?
¿estáis por mi causa enfermo?
Si estáis, podéis quejaros
de mí: pero siendo firme
en quereros, y en amaros,
como lo he sido hasta ahora.
¿Con qué razón, don Gonzalo,
os quejáis de mi fineza,
ni de mi amor? Mas, si os cansa,
¡Ay, Laura hermosa, que yo
estoy de ti llamado;
para que viese mis celos,
con muy claro desengaño.
Conque así será mejor,
pues os habéis vengado
que lo echéis al olvido.
Don Gonzalo: ¿Cuándo
he faltado a ser quien soy?
Que haber mi padre bajado
la otra noche, fue por vos,
y el pícaro del crïado:
pues sabes tú, que estuvimos
los dos, largo tiempo hablando,
hasta que tú la quimera
tomastes con el crïado.
Miren si es malo el enredo.
Ahora está peor el caso
Laura bella, que contigo
no tan solo, no he hablado,
pero ni aun llegar Lucía
me dejó, y aquesto es claro,
porque ella fue quien desvió
estando yo preguntando
por ti, y entonces salió
aquel, que es más descarado
(que es con quien tú hablabas
haciendo el disimulado,)
a dar cuatro cuchilladas,
al pícaro del crïado,
y dejaros con quien reñía.
Buena disculpa has hallado
para dorar tus traiciones.
¿No saliste por mi cuarto?
¿No fui yo quien te sacó
agarrado de la mano?
Todo aquesto es la verdad.
¿No te topó tu crïado
escondido en el Jardín?
Díganlo los latigazos.
Pues si todo esto es así:
¿Con qué intento don Gonzalo,
levantas tantos enredos
contra mi honor, y recato?
Pregúntaselo a Lucía
que te lo dirá más claro,
que ella sabe quién fue el quidam
que por el Jardín ha echado.
¿Qué dices de esto, Lucía?
Que a Chorizo le ha pegado
a su amo la locura.
Guárdate del latigazo.
Qué quidam, ni qué trasgo
que por ti, a pique ha andado
cuando ató el cascabel
al pícaro del crïado.
¿No es esto así picarote?
Como usted lo ha relatado
así Dios me dé el suceso,
pero temo el latigazo.
¿No me lo dijisteis ya?
Señor, de mí no hagas caso.
Porque dicen que estoy loco
yo digo que estás borracho.
Vete pícaro allá fuera.
Aquesto estaba deseando.
(Vase)
Mira ahora tus enredos,
qué lucido te han dejado.
Lo que yo digo es verdad.
Que a vosotras no ha faltado
nunca, frívolas disculpas.
Lo que se sabe tan claro,
me quieres tú disuadir,
otra pretexta tomando.
Tú me quieres hacer ciego,
pues lo que he visto, y tocado
quieres tú que no lo crea.
Pues esta es la que yo alabo;
después que entró alborozado
nuestra casa, tu crïado,
y después que fue atrevido,
el decoro atropellando
de una mujer como yo,
sin haber hecho mal, y daño,
que calló con quien hablaba,
y después. Dios sabe cuánto
susto pasé aquella noche,
por no alterar, reparando
en la casa donde estabas
para haber disimulado:
que estabas con mi ama
que era quien te estaba hablando,
saliendo ahora con ese.
Es que está muy trascordado,
con la memoria villana.
Mujeres, por Dios Sagrado,
que me haréis perder el juicio.
Verás como tu crïado —
(Sale Chorizo)
Señor,
¿Qué tienes Chorizo?
Un enredo de los diablos,
se ha dispuesto en un instante.
¿Pues qué hay de nuevo?
El hermano de Laura
de Laura, y también su padre,
juntos los dos han llegado
al umbral de nuestra puerta,
y por ti están preguntando.
¡Ay desdichada de mí!
No te asustes, que es en vano
asustarte, cuando yo
tengo un ingenio tan claro
que he de hacer que Calderón
nos prevenga a las dos manto.
Dos basquiñas, juntamente.
Tienes, Lucía, algún diablo.
(Va lo sacando todo de debajo del guardapiés)
Aquí están a tu servicio
las basquiñas, y los mantos.
los guantes, los abanicos,
las medallas, y rosarios,
y pues lo tenemos todo,
alto pues a embasquiñarnos.
Alabo la prevención,
y tu buen ingenio alabo.
Pues aún no lo has visto todo,
que hemos de llevar criado.
¿Y quién ha de ser, Lucía?
Señora, tu mismo hermano.
Mira lo que haces, Lucía.
Déjalo tú a mi cuidado.
Saldrás, señora, primero,
y luego desde allí a un rato
saldré yo, y tengo de hacer
que me vaya galanteando,
y que sirva de testigo,
que en la Iglesia hemos entrado.
¿Cómo se ha de componer?
Vete derecha volando,
en casa de doña Juana,
que yo seguiré tus pasos,
y allí otra vez dejaremos
las basquiñas, y los mantos
y así iremos disfrazadas
a la Iglesia, que aguardar
a que salga la tapada
ha de estar don Juan, tu hermano,
y desde allí podrá ver
que en la Iglesia nos entramos.
Has discurrido muy bien.
Pues el tiempo no perdamos
a enmantarse todo el mundo.
¡Hay discurso más extraño!
bien digo que algún demonio
tiene en el cuerpo encerrado.
Vanse, y sale don Lope, y don Juan.
Haciendo pues la deshecha
sube, don Juan, allá arriba,
de fingir que su amistad
a visitarle te obliga,
porque estás con gran cuidado
y mira si esa enemiga
de nuestro honor está dentro,
que yo quedo por espía
acá abajo, por si acaso
que estás vos allá sabrán,
y porque tú no las vieses
por otro cuarto saldrán.
Sale Laura tapada.
Déjalo tú a mi cuidado,
que es cierto, que disfrazadas
si acá han venido estarán.
Pero ¿no es ésta Lucía?
No, don Juan, que disfrazadas
y en guardapieses venían.
Y aquesta mujer que sale,
habrá estado de visita
con la madre de Gonzalo.
Sale Lucía tapada.
Pues ya sale otra visita.
Así, que hoy han madrugado
las señoras, a visitar.
Acógese Lucía a don Juan.
Aquesta me ha hecho seña.
Ya sabes que me precisa,
a fuerza de caballero,
ver qué me manda.
Ah, vaya.
Vase.
¿Qué manda usted, y qué me manda
para que yo la obedezca?
¿No responde?
Calle, y siga.
Callo, y sigo;
pues que manda,
señora, que calle, y siga.
Aquí se aguarde un poquito,
caballero, porque arriba,
entro, tengo que hacer un instante.
¡Qué bravo chasco sería,
si es que me tiene de poste
hasta las doce del día!
¿Qué me querrá esta mujer,
con hacerme que la siga?
Porque yo no la conozco,
ni me acuerdo en mi vida
haber oído tal voz.
Por cierto, no sé qué diga.
Pero parece que baja.
Ya se ha ido la visita.
Pero vive Dios que es Laura
y su criada Lucía,
que en casa de doña Juana
han estado de visita.
¡Válgame Dios, lo que puede
en nosotros, la malicia!
Dios nos ha puesto este lance
para que nuestra malicia
no pase más adelante
porque aún se engaña la vista
y quiero quitarme de aquí,
no juzguen que estoy de espía.
Retírase al paño, y sale Laura, y Lucía
¿No está por aquí don Juan?
Allí está señora mía,
metido en aquel portal.
Hacia la iglesia camina,
porque nos vea entrar dentro.
Pues no le mires Lucía,
no discurra que le vemos.
(Vanse.)
¡Habrá mayor bobería!
Semejante disparate,
¿ni sospecha más indina
cómo ha caído en nosotros?
Digo pues, que ni aun en misa
puede estar nadie seguro
del mundo, y de su malicia.
Voy a decir a mi padre,
que deje de ser espía,
y de seguir los pasos
a mi hermana, y a Lucía,
porque están como unas santas
en la iglesia oyendo misa.
(Vase, y sale don Antonio y Buche.)
Buche, con gran brevedad
dispón las postas, aprisa.
Déjame que me dé risa
al ver vuestra necedad,
porque es cierto, y es verdad,
que el amor todo es locura,
y que os falta la cordura
estando enamorado,
que es como juego de dados,
que mientras la suerte dura,
tanto os dura la firmeza,
pero en volviendo la suerte
(¡a Dios!) ya llegó la muerte,
y se acabó la fineza,
el halago, la terneza,
el servir, y el estar firme.
Conque he de borrarme
de aquese entretenimiento,
que es juego del mal contento.
¿Tienes ya más que decirme?
Que me matan tus razones.
Trae las postas al instante.
Señor, ¿y nuestro diamante,
el bolsillo, y los doblones,
que alegran los corazones
en ver solo su color?
No los dejes señor
ya que de aquí nos partimos,
que si no, ya caminamos
Caminamos sin honor.
Pues que mi desdicha es tal,
Buche, que a Laura he perdido
después de haberla servido,
amante, firme, y leal;
no es para mí tan gran mal
haber dado los doblones,
que es de nobles corazones
ser galante, y liberal.
Y que se pierda el metal
no importa dos cañamones.
Lo que yo llego a sentir,
es el verme despreciar,
y a vista de este pesar,
ya no apetezco el vivir;
antes deseo el morir,
que vivir con tal tormento,
porque tan gran sentimiento
no cabe en mi corazón,
y creo que esta pasión
ha de labrar mi monumento.
(Sale Laura y Lucía.)
Buche, ¿está aquí tu señor?
Lucía, ¿qué se te ofrece?
¿Que estás muy triste parece?
anímate, ten valor,
que esta noche de tu amor,
verás el lance postrero.
Eso es lo que ver no quiero.
Pues qué, ¿te has arrepentido?
Es que tiene descaído
siendo un convento portero
¿El mundo quieres dejar?
Y aun pasarse a un desierto.
Don Antonio, aquí he sabido
que has ya tu amor dejado,
¿y a mi señora has olvidado?
Lucía, quiero, y no quiero.
Al ver su crueldad, fiero,
dejarla, y de aquí partir
y en llegándola a discurrir,
Lucía, de pena muero.
Mas ya estoy determinado
de dejarla, y de apartarme,
que esquivo he de mostrarme
por ver que estoy desairado.
Y huyendo de aquesta ciudad
de aquesta pena muero,
porque en el lance postrero
falto de la dicha,
vuelvo a mirar mi desdicha,
ausentarme de aquí quiero.
Y al ver que el alma se queda,
aunque mi cuerpo se ausenta.
Me dice el corazón: tente,
porque mi ausente me veda;
porque no es fácil que pueda
vivir un cuerpo sin alma.
Y estando en aquesta calma,
de todas suertes muero,
el ausentarme no quiero
aunque otro lleve la palma.
Puesto que estás indeciso,
entre el partirte, y quedarte,
y yo lo veo de arte
que en partirte estás resuelto,
vengo a darte mil contentos,
si es que no tienes la cuenta
que con Laura he de casarte,
que esta noche es el intento,
y ha de ser en la ventana.
Si eso es así, te prometo
Déjate de prometer,
que yo sabré componer
con gran garbo aqueste cuento.
Lucía, ¿pues qué es a mi cuento?
Como le toca al buche,
él oiga, calle, y escuche,
y el secreto ha de guardar.
Lucía, como en estuche.
Nueva vida me das hoy,
si lo que dices, sucede.
Hacerlo Dios todo puede;
y si es que vida te doy,
(como tú dices) yo estoy,
don Antonio, de tu parte,
y a Laura tengo de darte,
pésele a quien le pesare,
y ámela quien la amare,
tú, con ella, has de casarte.
Yo voy pues, a disponerlo,
adiós, don Antonio.
Adiós.
Mi intento veréis los dos.
Reventando estoy por verlo.
(Vase)
Pues yo lo digo, creedlo.
Basta pues, que tú lo digas.
Al diablo le doy dos higas,
si consigue lo que intenta.
Pues que te toma a tu cuenta,
has de verlo, nada digas.
(Vanse, y sale Laura)
Esta noche determino
vengarme de las cautelas
de Gonzalo, y ha de ser
en dejando yo bien puesta
mi opinión, porque conoce
mi padre, y el mundo entero,
que Laura cuando su honor
puro, y limpio, y las sospechas
de esta suerte desmentidas,
tengo en mi mente dispuesta
la más memorable acción,
que en los anales se cuenta:
con que castigue a Gonzalo,
con que a mi padre obedezca,
con que salve mi opinión,
y en fin con que nadie tenga
que fiar de las mujeres,
ni en sus amorosas quejas;
y porque vean que nadie
dirá, que su amor entienda
(Sale Lucía)
(aparte)
Ya se tarda don Antonio,
mal me sale la cautela
que ha venido don Gonzalo.
Mas puede ser que dé enmienda
en lo perdido, no importa.
Señora, licencia espera
don Gonzalo, para hablarte.
Dile que entre, y tú allá fuera
puedes quedarte, Lucía;
y aunque mi padre lo sienta
déjale entrar, que no importa
que con Gonzalo me vea.
(aparte)
(A Gonzalo)
Con esto tengo ocasión,
para que Gonzalo vea
escondido a don Antonio,
y con aquesto suspenda
el darle la mano a Laura
aunque ella, y su padre quieran.
Que está muy claro que en viendo
que hay en casa quien pretenda
a la huéspeda también,
que ha de tener sus sospechas.
Ya tiene usted la licencia
para hablar con mi señora.
(Sale Gonzalo, y Chorizo)
Aquí te quedas.
(Vase)
Aqueso deseo yo
escaparlas, que esta perra
sino que me vuelve a coger
segunda vez, entre puertas
me ha de poner estos lomos
matados, con las correas.
(Vase)
Yo me voy adonde mi amo:
Dios guíe mi lanzadera.
Don Gonzalo, señor mío,
gracias a amor, que ya dejas
de ser esquivo conmigo.
Ya conozco, Laura bella,
que fui grosero contigo,
en no admitir tus finezas
Mas ya estás desengañado,
de mi amor, y mi firmeza.
Digo que es fábula todo
cuanto las historias cuentan
de firmeza de mujeres.
aparte.
Aquese traidor, confiesa,
Don Lope, y Don Juan, a paño.
¿No decías Juan, que es sospecha
la que tengo de Gonzalo,
que ahora es muy clara evidencia
porque yo le he visto entrar?
Y para que tú lo veas
terciarlo, luego no digas,
que dije vanas sospechas,
porque son unas santitas,
que solo van a la iglesia,
y en casa de Doña Juana.
Pues señor, digo que mueran,
si es que juntos los hallamos.
Escucha, porque lo creas.
Porque tengo por muy cierto
que si esta historia escribieran
no se había de creer.
¿Con que arrepentido quedas
de haberme a mí despreciado?
Sí Laura, y porque lo creas
te pido perdón rendido.
aparte.
¡Ay, traidores, quién creyera,
en vuestras zalamerías,
con que tú mi dueño fueras,
si es que quisiera mi padre!
Como tú Laura quisieras,
para mí fuera la dicha.
Si eso Gonzalo deseas,
aquesta noche verás
a Laura, que de mí llevas.
No la llames noche Laura,
día sí, y de primavera
puedes llamarle mejor:
que en donde tu aurora bella
jamás se atreve la noche.
Deja ahora las ternezas,
que creo que siento pasos.
Bien es que temor no tenga
quien está junto al Aurora.
¿Quieres más clara evidencia?
Digo, que no nos cansemos,
y que estos traidores mueran.
Sacan las espadas, y se van hacia donde están Gonzalo y Laura, y Gonzalo saca también la espada.
Sale Lucía.
Yo he comenzado mi enredo
plegue a Dios, que efecto logre.
¡Muere, traidor atrevido!
Y tú también ingrata fiera
has de rendir a este acero.
¡Mozos saltaron en tierra!
¡La vida!
Tente, Don Juan;
que tiene quien la defienda.
Hoy os hemos de dar la muerte
juntamente a ti, y a ella.
Para mataros yo basto.
Mas en vano es la pelea,
cuando el agravio no es nada.
¿Cómo así?
De esta manera,
suspéndanse los aceros.
¿Ya sabéis vos que es tan buena
como la vuestra, mi sangre?
Nadie ignora tu nobleza.
Si eso es así está ajustado
nuestro duelo, pues no queda
que sentir, dando la mano
a Laura, pues en nobleza
nos hizo la suerte iguales.
aparte
Aunque estorbar lo quisiera
por el noble Don Antonio
y estar mi palabra puesta,
no lo puedo remediar
ni he de casarla por fuerza.
aparte
Nada perdemos en esto,
que casar a Laura es fuerza
y Don Gonzalo es mi amigo.
Pues que me dais por vuestra
Laura, que convenimos en ello.
aparte
Os falta quien convenga.
Pues, ¿qué respondes Laura?
Aquí, pues, de mi cautela,
antes que Laura responda
un poco ustedes se tengan,
que no es bien que se ejecuten
a oscuras, bodas tan buenas.
Muy bien ha dicho Lucía.
Di que a traer luces vengan.
Hace Lucía que va a entrar y tropieza con Don Antonio.
¡Jesús mil veces conmigo,
qué fantasma será esta?
echan mano todos a las espadas.
¿De qué te asustas Lucía?
De encontrar aquí dos bestias.
Sacad luces al instante.
Vengan las luces aprisa,
veremos este escondite.
¡Ay señor, que aquí nos traen!
No tengas miedo ninguno
que aquesta ha sido la treta.
De que Lucía ha de usar.
¿Cuánto va, que me desuellan
el pellejo a cuñadazos,
como en la otra refriega,
le sucedió al buen chorizo?
Salen don Antonio, y Buche cada uno con su luz.
¿Cómo de aquesa manera?
¿Pues no había criados en casa,
que sacasen esas velas?
Como yo estaba en mi cuarto,
y al oíros la gran priesa
con que pedíais las luces
las traje, por ver lo que era.
(Aparte)
Aqueste escondido estaba,
y hace ahora la deshecha.
¿Habéis acaso encontrado
a alguien en aquesa pieza?
Caballero, nada he visto.
Y porque mejor se crea,
entrad vos, y registradlo.
El miedo sin duda era,
con quien encontró Lucía.
(Aparte)
Pues aunque hagáis la deshecha,
yo sé, que los escondidos
don Antonio, y Buche eran.
Puesto, que ya no hay sospecha
podéis ir, don Gonzalo,
(para que aquesto fin tenga)
darle la mano de esposo
a Laura.
(aparte)
La sentencia,
de muerte he venido a oír.
Pues señor, ¿no se os acuerda
que me habéis dado palabra
de hacerme de Laura bella
esposo?
Yo no lo niego,
pero si es su gusto de ella
¿cómo lo he de remediar?
¿He de casarla por fuerza?
Pues, don Lope, no faltéis
a la palabra, que es fuerza
cumplir como caballero,
con la palabra primera.
Yo no os pido a vos consejo,
que si yo faltare a ella,
sabré dar satisfacción.
Y pues yo os hallé con ella,
con ella habéis de casaros.
Mi industria me sale buena.
Pues don Lope, no canséis,
que ahora no está resuelta
mi voluntad a casarse.
Pues, ¿cómo de esa manera
os atrevéis, don Gonzalo,
a despreciar la honra nuestra?
El señor tendrá sospecha
de Laura, por ver que aquesta
y la otra noche la hablaron.
¿No es aquesa la sospecha
con que se halla don Gonzalo?
Amigo Buche, la mesma.
Pues escuchad la verdad,
porque de aquesta manera
quedaréis bien puestos todos,
y se escusan las quimeras.
Diré, pues, que Laura nuestra,
aquella noche en la vuelta,
habló con mi amo, o con vos,
y de la misma manera,
hoy en el lance presente,
porque aquesta buena pieza,
le daba entrada, porque
hablar con Laura pudiera,
esta es la verdad del caso.
Pícaro vete allá fuera.
¿Es aquesto así Lucía?
La verdad confiesa,
que le importa a don Antonio.
Digo, que de la manera
que Buche lo ha relatado
sucedió, al pie de la letra.
Tente, que primero una prenda
has de hacer, tú, de mi honra;
Supuesto que por sospecha
que tuvisteis, no quisisteis,
hasta que estuve deshecha,
darme la mano, y ahora
que satisfecho quedas,
quiero dar satisfacción
a todos, para que entiendan
que el casarme yo contigo
es voluntad, y no es fuerza
que a ello me obligue mi honra;
porque ni favor, ni prenda
de mí, nunca has recibido
por descuido, o por fineza.
Bien quiero casarme, Gonzalo
mas con voluntad buena,
sino que pasen las treguas
del rebozo, y la modestia.
Pues aquesto así, Gonzalo,
Excusada es la propuesta
cuando me caso contigo.
Porque si yo conociera
en ti, Laura, lo contrario,
(¿qué es lo contrario?) ni seña,
indicio o acción, por leve
y muy remota que fuera,
que desdijese de ti,
de tu honor y de quien eres,
no me casara contigo;
ni imaginarlo siquiera.
Conque, supuesto, Gonzalo,
que por tu boca confiesas
que mi honor está muy a salvo,
y por esta razón misma
quieres casarte conmigo
(por voluntad, no por fuerza),
quiero hacerte otra pregunta.
Vaya, como breve sea.
¿Has dejado a la villana?
¿Ahora te vienes con eso?
¿Quieres que diga que no?
¿Acaso de ella te acuerdas?
¿No quedó en tu corazón
alguna leve centella
de su amor? ¿Ni aun a lo menos,
una apagada pavesa,
que se encienda suavemente
si acaso vuelves a verla?
Por cierto aseguro, Laura,
que no me he acordado más
de ella,
que si no la hubiera visto.
No es fácil que yo lo crea.
Créelo, pues, que te fío,
que no quedó ni aun pavesa
del incendio de su amor.
Pues, hombre, ¿que no se acuerda
del amor de tanto tiempo,
que la sangre de sus venas
llegó a derramar por él
sin otras debidas muestras
de atrevimiento y locura,
que en silencio se quedan
por no ser para contadas,
no es bien que Laura le quiera
admitir para marido?
Porque quien olvidó a aquellas
que tan tiernamente amaban,
sin haber quedado seña
del amor de tanto tiempo
¿qué hará a mí, que soy modesta
en su cariño? No, no,
no conviene que así sea,
ni es decente que yo estime
aquello que otra deseaba.
Y así, señor don Gonzalo,
desde hoy tiene usted licencia
de buscar por otra parte
quien le estime y quien le quiera,
porque murió nuestro amor.
Pues Dios le dé gloria eterna,
y le perdone su alma,
que muy buen pobrecito era.
¡Ay, Cristo, qué cosa me da oírla!
Muy bien, Laura, te chanceas
con el señor don Gonzalo.
Pues, señor, porque lo creas,
tú y todos los circunstantes
(Aparte)
¿Qué intento será el de aquesta?
que yo no quiero casarme
(Aparte)
El corazón se me altera.
(Aparte)
A mí me da nueva vida.
(Aparte)
Por cierto que no me pesa.
(Aparte)
Con esto quedamos bien.
con Gonzalo. La protesta
que le hice hacer fue porque
nadie recele tu idea
de mi honor, viendo que yo
amaba con tantas veras
a Gonzalo; pero, en fin,
el tiempo da muchas vueltas;
y me es preciso pagar
tantas ansias y ternezas,
tantos sustos y pesares,
tanta constancia y firmeza,
como atiendo en amarme
don Antonio.
Laura, cesa,
que ahora no es tiempo de esto.
Siempre y cuando que yo quiera,
soy muy dueña de mí.
Laura, la verdad es esa,
pero, si mal no me acuerda,
en otra ocasión la misma
respuesta me diste cuando
te hice la propuesta
que miraba a don Antonio.
Señor, no es fácil que entiendas
el gusto de las mujeres,
sus vueltas, y sus ideas.
Y así, señor don Antonio,
si gustáis, mi mano es esta.
Con el alma la recibo,
dando mil enhorabuenas
a mi dicha, porque hoy,
mudó de influjo mi estrella.
(Aparte)
(Vase.)
Muy bien he quedado yo,
corrido estoy de vergüenza,
pero yo me vengaré
del desaire.
Ahora resta,
que casemos a Lucía.
Si ella gusta de que sea
Buche, quien le dé la mano
Sea muy enhorabuena.
Yo no voy a perder nada.
Dame esas cinco azucenas.
Mil y quinientos ducados
de lo mejor de mi hacienda,
te doy en dote, Lucía.
Vengan muy enhorabuena.
Y, senado discreto,
ha dado fin la comedia
del gusto de las mujeres,
el cual no es fácil que entienda
al más discreto del mundo.
Os suplica Valdearenas,
que le perdonéis las faltas,
y que de piedad saquéis
un víctor a Lucía,
porque fue buena tercera.