归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los trabajos de Job. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-trabajos-de-job-0.
206
1
1012
Los trabajos de Job=
Auto sacramental
Legajo 21
21
Los trabajos de Job.
2
Personas
Job.
Elifaz.
Baldad.
Sofar.
Amigos de Job.
Satán.
Dina, mujer de Job.
Marina, pastora.
Mingo, gracioso.
Eliso, sobrino de Job.
Tres pastores, y que...
Al son de chirimías o atabalillos sale Job coronado de laurel, Dina, Elifaz, Baldad, Sofar y Mingo pastor.
¡Viva Job, nuestro rey,
y sus amigos!
De su cetro laurel sirvan testigos,
que Baldad, Elifaz y Sofar, viva,
cantando su amistad la fama altiva,
de sus nobles vasallos,
pues se aumentan mis glorias en sus rayos.
Hoy se sube la nuestra a las estrellas,
pues luz recibe de estas luces bellas,
y como mayor aurora del oriente,
los rayos de este sol resplandecientes,
en tus amigos tres comunicados,
lucirán, a pesar de los nublados
con que la envidia oscurecerte espera.
No da tanto esplendor la cuarta esfera,
siendo blandón a cielos, signos, globos,
como tu nombre da, que en alabos,
con caracteres de oro el mundo escribe.
Solo en vuestra amistad glorioso vive;
pues por ella, la fama en trompas de oro
le hace inmortal de Cáucaso al Peloro.
En todos los contornos vecinos
has de quedar, para que más famoso
sea nuestro renombre.
haciendo por ti eterno nuestro nombre.
Y así, tantas ventajas confesando,
pues la hora de partir se va llegando,
bendición y licencia te pedimos.
Si por amistad tanta en ti vivimos,
contigo (aunque partimos) nos quedamos;
cuatro en un corazón y un alma estamos
más conformes y unidos
que los cielos lo están (si divididos).
(Abrázalos.)
Eso facilitar vuestra partida
conmigo solo puede,
cuando al morir el sentimiento excede.
Partid felizmente,
pues sois de la amistad tan fiel invento,
asido en el escollo de mi pecho;
y renovad en él el lazo estrecho
y, en Dios fiando de nuevo,
en un constante amor os aseguro.
Hermosa Dina, que de tal grandeza
sola mereces serlo, esa belleza
de tanto sol aurora,
Diana que sus rayos atesora,
pues de Dina a Diana
una letra tan sola os deshermana,
gozéis la compañía
de Job, mientras el sol dé luz al día:
y veáis de los hijos dulces frutos,
y a estos todos den tardos tributos,
para que, viendo nietos, de sus nietos
los laureles de acá, por los perfetos
troquéis con alegría,
pues no menos del cielo el alma fía.
Él, Elifaz, vuestros intentos guíe,
y esto a mi amistad también se fíe,
como vuestro valor grande merece.
Mirad que se hace tarde.
No os ofrece
nada mi amor, ¿tan corta la partida?
Guarde Dios, bella Dina.
(Vanse.)
Él os dé vida.
Los efectos de la ausencia dan señales.
Tienes razón, que dignos de honras tales
son Elifaz, y Amaldad, y Alsofar, cierto,
buenos nombres; notable desacierto.
Ya, pardiez, pues metí mi cucharada,
y os lo he de decir, si no se enfada
señor Job, señora Dina:
ya saben lo que pasa con Marina,
que me han prometido,
luego que los amigos se hayan ido,
unirme a una pollera tan suave;
ya el caso en Hus se sabe,
y aunque ella no es del huso muy amiga,
tienen sus efectos liga;
al fin hemos nacido para en uno,
como Corón la ruda, y ovejuno,
el peral y la pera,
la flor y primavera,
güeya y güey, burro y burra;
y así, si no quisieren que me aburra,
y haga algún mal guisado,
y a ella y a mí nos saquen de pecado.
Digo, Mino, que es justo,
y yo a la voluntad de Job me ajusto.
Ajuar a Marina le prometo.
Yo por vuestro respeto
cosa daré a Marina,
que es otra, que la ama Dina.
Ya dirijo cien ovejas
de encrespados, cándidos guedejos,
dos bueyes y un pollino,
y ha de haber carne, pan y vino
que fuere necesario en esta boda.
¡Qué presto al dar tu gusto se acomoda,
pues estás ocasiones deseando
en que ir desperdiciando
la hacienda, que se gana tan despacio!
¿Por qué no le ofreciste tu palacio,
camellos y ganado?
Con mucho menos, ¿no tenía sobrado,
cuando tienes siete hijos y tres hijas?
No tan justas acciones me corrijas,
por servirle lo hice. Alarga el pecho.
¿Por mí dais vuestra hacienda?
Ya está hecho.
Si Dios, Dina, nos da por uno ciento,
¿he de ser yo en volvérselo avariento?
Si siete mil ovejas me ha prestado,
cuando con dos mil tenía sobrado;
tres mil camellos, cuando diez bastaran;
mil bueyes, cuando en veinte me sobraran;
quinientas asnas, cuando bastan treinta,
y dello le he de dar estrecha cuenta,
¿no es mejor, dime, que en tan grande cargo
lleve estas cien ovejas de descargo,
porque el alcance venga allí a ser menos?
Diez hijos tienes, pero son tan buenos,
que el gusto tienen en el mío colmado,
y esto en mi nombre y en el suyo he dado.
Dios se lo pague, en muchísimo aumentando
su hacienda cada día, pues parece
que al paso que lo da, Dios se lo aumenta.
4
Pobres, que tiene Dios libro de cuenta,
y despacha libranza cada día
en mí, su mayordomo, de quien fía
de sus huérfanos pobres el sustento,
siendo tan puntual en el asiento
de lo que por el pobre en mí recibe,
que aun no es de edad un bien, cuando él lo escribe;
que como ve mi voluntad y pecho,
suele el deseo pasar plaza de hecho,
porque no necesita de mis dones
quien come por ambrosia corazones.
Necesitan de siervos y de ovejas.
Que comen el sudor de mis guedejas.
¡Oh, qué tal es! Sin duda lleva talle
de quitarme de bien, quiero aguijalle.
Dos veces da el mesmo quien da luego.
¡Oh, quién a ti te diera a tu dino ruego!
Tienes razón, en dando la comida
que está para los pobres prevenida,
trataré de las bodas luego al punto,
y llevará el doble todo junto.
Vase.
Pues voy a la cocina
a aprestar la comida, y a Marina
diré mi ofrecimiento.
No quepo en mi pellejo de contento.
Dina hermosa, serenad
esos eclipsados soles,
pues no fío de sus arreboles
prometer oscuridad:
Restituid a la beldad
nácares, nieve y carmín,
no hagáis del zafir jazmín,
ni violetas del coral,
que airado, parece mal
el más bello querubín.
Si de la tierra salimos,
5
desnudos, y a ella volvemos
así, de lo demás tenemos
todo cuanto aquí adquirimos
de Dios bienes recibimos
no dados, sino prestados
en la piedad vinculados
luego si él envía por ellos
y queremos retenellos
o es fuerza que sean sueltados
¿Por qué piensas que me da
Dios esta riqueza a mí?
por probar mi pecho aquí,
y ver lo que en mí se halla:
en cualquiera pobre está
su Majestad ocultada
pues a con tanta aldabada
llama, y no le abro; como
para más de mayordomo
con tanta hacienda otorgada.
Todo cuanto al rico sobra
es del pobre, esto es verdad
que es una propiedad
en que Dios los juros cobra
yo pago con la zozobra
de los también criados
me envía maltratados
uno y otro cobrador
fuerza es que cobre el Señor
sus bienes tiranizados
¡ah! si de comer doy
a los pobres cada día
pago mi hacienda y familia
fiel despensero soy
y en obligación le estoy
pues cuando hacerlo pudo
más título en que me escudo
a mí me quiso elegir
dando de comer y vestir
por mí al hambriento y desnudo
No es señor mi sentimiento
de ver que a los pobres dais
limosna, cuando obráis
cual de sí por uno ciento:
tampoco aquejar intento
de vos tan noble virtud
mas ay, tan grande inquietud
como os causa esa piedad
dad limosna, mas mirad
que arriesgáis vuestra salud
Un hombre en edad anciana
como un día y otro día,
a horas que cenar podía
por una acción quizá vana
que sale a la barbacana
de macizo y fuerte muro
hallara apoyo seguro
adonde repita alabos
la piedra, que en unos grabos
solamente le aseguro?
si mil ovejas sobran
diez camellos, veinte bueyes
y treinta asnos, a dos reyes
que en Huz, el laurel cobran
los que en el puerto zozobran
el que mieses ricos aran
que si huérfanos quedaran
diez hijos, que en dos costan
como pobres buscaran
parientes que les amparen
¿Qué piensas Dina que tiene
cuando oro y plata le sobre
mas el rico, que no el pobre?
lo que adarvar mas le viene:
que el cielo, que previene
igualar nuestros estados
carga al rico de cuidados
de soberbia, de imprudencia
y al pobre le da paciencia
que son males desgraciados
y así, donde hay más riqueza,
son más los que la malgastan
y riquezas, que contrastan
la humana naturaleza.
No he de darlos en oprobio
a vuestros hijos, señora;
el dar a pobres ahora,
más sembrar para coger,
un ganar en el perder,
un mal que el bien atesora.
Vuestros hijos, señor, van
a una huelga, y me han pedido
la licencia que ahora os pido.
¿Por qué a esta quinta van
(¡ay, cielos!) y volverán?
Yo presumo que sí.
Parece que lo sentí.
Si vos, señora, le distes,
mal en pedírmela hicistes;
por ellos quiero ahora
sacrificar, y gastarán
mis pobres, y en ellos Dios
contentos...
Mi gusto está en vos.
Y en vos mis glorias están.
Vamos, pues, mayoral.
Venid, verde primavera.
Vos, mi cielo.
Vos, mi esfera.
Mi sol, vos.
Vos, mi lucero.
Con vos, ¿qué más glorias quiero?
Con vos, ¿qué más bien se espera?
Vanse y sale Satán de gala.
Salí de los centros del orbe,
mil abortos de la tierra,
mil arcadas del cerbero,
con que me arroja acá fuera,
salgo a ver la luz del sol
de mis confusas tinieblas,
de mis sulfúreas estancias,
y de mis lóbregas cuevas,
donde no contento Dios
que por edades eternas
viva de mi silla ausente,
aun en ellas no me deja.
Porque no sé qué premisas,
si no son ciertas sospechas,
tengo de mayores daños
y de más nuevas tragedias,
veo alegrarse los cielos
con nuevo esplendor la esfera,
tratables los elementos,
la región vaga llena
de mil músicas canoras;
esta desbocada fiera
del mar no ruge cual suele,
baño de leche se muestra;
gala tierra alegre viste,
sus árboles de libreas
varios; los valles y prados,
cornucopias de Amaltea
vierten en ricos pensiles.
Los céfiros lisonjean
las flores, y los favonios
del mundo al Bóreas destierran,
¿qué es esta tan impensada
alegría...?
Descúbrese un trono. Ysabel Ouando
¡Oh, fiera!
¿De dónde vienes?
(¿No acaso me pregunta?
¿Qué he de decir?) He corrido
por montes, mares y tierra.
¿Viste a mi amigo Job?
(Aun deshacerle quisiera,
si pudiera.) Ya le he visto.
¿No admiraste mi inocencia?
¿No te espantó mi virtud?
¿Tiene algún hombre la tierra
tan justo, tan temeroso
de mí, y mi justicia eterna?
¿Por ventura Job lo hace
de balde, si tú le llenas
de lana y reses los campos,
de yerba y heno las vegas,
de leche y queso las chozas,
de trigo y paja las eras,
de uvas rubias los lagares?
¿De qué te espantas, que sea
bueno Job? En males si convirtieras
en trabajos y aflicciones,
y con ellas le midieras,
fuera de admirar; ¿cuál dices
que en la adversidad se prueban
y no en las prosperidades
los hombres? Y si me dieras
licencia para afligirle,
a diligencias pequeñas
vieras lo que en él tenías.
Pues ve y ostenta tus fuerzas
con él, pero ve advertido
que su cuerpo se reserva
de tu brazo.
Ya verás
cuán otras son sus proezas,
cuán tímido su valor
y sus virtudes, cuán muertas.
Parte a probarle, que fío
mucho mayores empresas
de su valor.
Y verás
que es Job deleznable tierra.
Vanse, y salen Mingo y Marina.
De los pobres la comida
esté, Marina, aprestada,
porque es la postrer jornada
de mi gloria y de mi vida.
¿Qué es eso?
¿Qué es? Perra,
solo a que coman los pobres
Job gasta, que es un asombro.
Y de la misma manera
que primero te he entendido...
Pues harto claro te he hablado,
digo, que en sabiendo dar
la comida, tu marido
he de ser, y así lo ha dicho
señor.
Y a lo recabado,
con mi amo asno albardado.
Marina, lo dicho dicho;
yo te pedí por mujer
a mi amo, y él me dio
palabra.
¿Te la ha dado?
Suena ruido dentro.
Pues, ¿a mí no se ha de dar?
¡Ay, Marina! Un gran ruido
suena dentro en la cocina.
Ve a mirar tú lo que es.
Vase, y vuelve a salir.
¡Ay, mezquina!
¿Qué hace?
No sé qué ha sido;
que, sin ser perro o gato,
si no es la gata raposa,
ni ha quedado olla con olla,
ni queda plato con plato.
Entra y mira lo que es.
¿Yo?
Barrabás querrá mirallo.
Gentil gallina.
¿Qué gallo
en otro corral canta?
Salen Job y Dina.
De mis haciendas apartadas
cien leguas, ¿dos nuevas
que a la par juntas llegan?
¿Contadas, señor?
Ruido dentro.
Contadas.
Satanás.
Mas ¿qué es aquello, Marina,
que de noche
andan juntos, y no asmo
que aquí, en toda la oficina...
Mira adentro.
¿Cielos, qué sombra es aquella?
¡Qué sombra, esposo querido!
Acaso superior ha sido.
De quitarnos, nos degüella.
Dame una espada.
Señor...
Vanse los dos.
Yo he de entrar a ver lo que es.
Yo no, me da un susto el corpus.
Ve con el señor.
¿El temor?
Es mayor, señor, en mí.
Salen Dina y Job.
Todo lo he descudriñado,
toda la casa he mirado
y nada hallo, pues ¿qué vi?
Una sombra.
Qué ilusión.
Ay, Dina,
sin duda, Señor,
la sombra que es adivina
mi flaca imaginación
obra del demonio ha sido
por quitarnos la comida
de los pobres; y en mi vida
tan buena la he prevenido.
Saquen la misma mesa,
que conmigo han de comer.
¿Eso un rey tiene de haber?
Sacan la mesa Min., Job y Marina.
De que no los hay mejores
del mundo en esta ocasión.
Ya tienes la mesa aquí.
Sale Satán.
Lo mismo que me temí
me hace el Dios severa acción,
pero a la vida no llego.
Vuela la carne.
Mesas, platos volarán,
mesa, manteles, pan,
vuelan por el aire.
Vase.
¡Fuego!
no he de dejar cosa alguna
de cuantas su hacienda encierra;
trague el mar, tiemble la tierra,
quede ya vaso de ceniza.
¡Un olor de aquese polvo
anda por aquí, señor!
Para ahora es el valor.
¿No te sucedió tal vez,
Dina, en un profundo sueño,
parecerte que mirabas
cosas con que te asombrabas,
llena de tu propio ceño,
y en medio de aquel pavor,
horror, sombras de muerte,
en ti misma, parecerte
que soñabas, y el temor,
ir perdiendo de aquel modo,
pensando ser aparente
lo que juzgabas presente,
ver al fin llano todo?
Pues del mismo modo ha sido
en mí, cuanto aquí ha pasado,
mil asombros he soñado:
mas en tal sueño advertido
que toda una sombra fue
cuanto me causó desvelo,
porque para mí es consuelo
fío, que aquesto soñé.
Pues si el hereje ha llevado
de los pobres, la comida,
y la mesa prevenida,
piensas haberlo soñado.
Yo sueño una sombra, y advierte,
pero no sueño, que es fuerte.
que la ganancia de esta deuda
ve que es daño irreparable.
Y a la quinta me voy,
con tus hijos a comer,
porque a este paso ha de ser
veneno la comida.
Vase.
Cóbrate, amado señor,
no te inquiete una comida.
¡Ay, Dina! ¡Ay, prenda querida!
Que mayor es mi temor
cuando miro, cuando advierto...
Sale un pastor.
¿Está mi señor aquí?
Aquí estoy, ¿qué tienes, di?
Traigo el espíritu muerto.
Todos tus bueyes arando
estaban, y allí paciendo
las asnas, cuando el estruendo
de las armas reparando
vi; que crueles sabeos
a tus quinteros mataron,
y el ganado se llevaron
por destrozos y trofeos,
sin que del fiero fracaso
escapase más que yo.
¿No dije, Dina, que no
lo decía de mi acaso?
Sale segundo pastor.
¡Señor!
¿Qué tienes, amigo?
Fuego del cielo ha bajado,
y de todo tu ganado
y pastores (¡fiero enojo!)
no ha quedado cosa en pie,
todo queda hecho carbón,
sino yo solo.
Ellos son
los dueños, y maginé
las siete mil ovejas que di
amigo, también murieron.
No, señor, no perecieron
por estar lejos de allí.
Mira cómo no se pierde,
Dina, lo que a Dios se da.
En tus campos no abrasa,
señor, una hoja verde.
Sale el pastor 3º.
En tres partes divididos
los caldeos y llegaron,
tus camellos se llevaron
dejando muchos perdidos,
a tus pastores, y yo
escapé a darte la nueva.
No es, amigo, cosa nueva
que del cielo procedió.
Sale Mingo.
Señor, como triste huyo,
viendo lo que acá pasaba
a la quinta, donde estaba
tu familia; apenas yo
la comida y rica mesa,
tus hijos, hijas comiendo,
a ella me llego, pretendiendo
alcanzar alguna presa,
cuando ya el hambre picaba
que con lo acá sucedido,
y apenas hube comido
un infelice bocado,
cuando un viento de repente
toda la casa cogió
y tan presto la aplomó
que mató toda la gente
que allí estaba, sin dejar
criado ni mamante vivo,
y yo con el excesivo
dolor, te he venido a dar
cuenta, que he perdido todo,
mi comida también huér-
fano, pues comer pensé
y me he quedado del todo.
Señor, desnudo nací
de mi madre, y yo no dudo
que a ella he de volver desnudo;
pues vos lo queréis así.
Vuestro nombre sea alabado,
vos me lo disteis, y vos
me lo quitáis, sois mi Dios,
yo os lo ofrezco de buen grado.
Mejor desnudo podré
a la palestra salir,
pues no hallará en mí el asir
ya, el contrario qué tome.
¿Posible es que tal dolor
no acaba, Job, tu paciencia?
No, que es alta providencia
de Dios, dar al pecador,
al paso que la aflicción,
la paciencia y sufrimiento.
Vase.
Pues yo lo contrario siento,
si es pena tuya afición.
Mejor me será apartar
de hombre que así Dios castiga,
pues su pérdida me obliga
mis cien ovejas guardar.
No quiero que porque fueron
primero de tu manada,
como hacienda confiscada
paguen lo que no comieron.
Sea el Señor glorificado,
vente, Dina, a recoger,
que a él puedes agradecer
que este rincón te ha dejado.
¡Fuego, fuego, que se abrasa
la casa de Job!
¡Ay, cielo!
Salen llamas.
La casa es un Mongibelo,
los brutos no tienen culpa,
viven bajo el amparo
de Dios, lo mismo sabéis.
10
Dios lo dio, Dios lo quitó;
ya en el juicio reparo
que se debió de quitar
con él, el sentimiento.
Al papel donde salen las llamas.
Frío parece que siento,
yo me arrimo a calentar.
Pues se quema la casa,
aprovechemos el fuego,
a morir de rabia llego
con el que mi pecho abrasa.
Ven, y aqueste bien me ha hecho.
¡Qué tal alma un cuerpo encierra!
La vida del hombre es guerra.
Que eres de mármol sospecho.
Vanse, y salen Min y Aliso, sobrinos de Job.
Aliso, ¿qué te dejó Job?
No le ha quedado
a mi tío, del ganado,
camellos, hacienda o casa,
cosa en pie.
Lástima ha sido.
Más rico vengo a ser yo
con el lote que me dio
de él.
Muchos ha enriquecido.
Pues agora que le ven
pobre, ninguno le dan
solo un pedazo de pan,
de tantos como ha hecho bien;
y no sé lo que se tiene
esta pobreza, que toda
huye de ella por mil modos;
y a aquel que a ser pobre viene,
no quieren ver por su casa
parentesco ni amistad.
Mingo, la necesidad
es donde hay virtudes escasas.
Mas en mí, que un buen soldado,
se hallará.
Pásanse adentro.
Y en mí también.
Vase.
Hombres, no hagáis a Job bien,
que tiene al cielo enojado.
Que al cielo Job alabe.
Así me lo ha parecido.
Vase.
Yo quedo medio aturdido.
No puedo tenerme en pie.
Salen Job y Dina pobremente vestidos.
Ya que en la ciudad nos hallamos,
Dina, socorro o favor
Eliso nos hará mejor,
a cuyas puertas estamos,
que es mi sobrino y le he dado
toda la hacienda que tiene.
Si es Job, y a valerse viene
de mí, hallará mal recado.
Eliso, amigo, ya sabes
cómo me ha quitado el cielo
cuanto me dio, y a ti apelo,
pues de mi sola crianza
tú viviste, para que fiel
me socorras.
Vase.
Yo no voy
contra el cielo, pues no doy
lo que te ha quitado él.
Aguarda, escúchame, ingrato.
Del cielo es este castigo,
sin duda.
¿A fiero enemigo
esta es sangre? ¿este es buen trato?
Así, ¿te vas? Mas aquí
vive Mingo, él nos dará
algo, pues que rico está
de lo mucho que le di.
Mingo, a Mingo.
Dentro.
Sale Mingo.
¿Quién me llama
agora con tantas voces?
Job soy, ¿ya no me conoces?
Dame algo, que voy que bramo,
con las ansias de la muerte
de hambre.
Para mí quisiera
qué comer, ¡qué bien le diera!
Mas temo al cielo, de suerte,
por lo que vi, que recelo
que si le doy algo aquí
que me quite el cielo a mí
cuanto tengo, y con el cielo
no hay burlas. Andad con Dios,
que yo no tengo qué os dar.
¿Que no baste a ablandar
la pobreza de los dos?
Dame un bocado de pan,
no a mí, sino a esta señora.
No hay bocado en casa agora.
¿Qué hacen, pues, quien se lo dan?
Yo no doy a hombre tan malo
cuando el cielo le persigue.
¿Que mi aflicción no te obligue?
¡Ah, Marina, daca un palo!
¡Oh, bruto desconocido!,
a mí me niegas un pan,
dime, bárbaro, ¿qué can
no agradece el pan comido?
Vase.
Cuyo soy yo, Job, confieso,
mas no quiero con el cielo
cuentos, adiós.
Al cielo apelo.
Cielos, ¿merecéis vos eso?
No me aflijas tú también.
¿Y que el cielo para uno...?
¿Qué te da Dios, importuno?
es tu hablar, piensa más bien
de Dios.
Solo que veo digo.
Calla, y vamos a buscar
quien nos quiera remediar.
¿No habrá quien de Dios se aflija?
Vanse y sale Satán.
Bravamente se defiende
Job de mis trabajos, asido
al timón de la paciencia.
Pérdida de hacienda e hijos,
verse despreciar de todos,
no hallar en deudos ni amigos
auxilio, basta a inquietarle.
Ábrese el trono.
¿Pues qué oficio, enemigo
del hombre, de dónde vienes?
De dar mil vueltas y giros
por el orbe.
¿No has hallado
a mi siervo, perseguido
de tu malicia, más paciente,
más justo, recto, sencillo,
siempre en mi amor y temor?
Bien de padre tus halagos
con el hombre: por la vida
dará cuanto ha poseído
de val, mas si le toca
al cuerpo tu acero limpio,
si de dolores le cargas,
si le afliges con martirios,
tú verás cómo te alaba.
Pues parte y haz eso mismo
en su cuerpo, mas al alma
no le toques, que la estimo
en más que a los cielos mismos.
Verás mi valor, su brío
y de lepra lo cubierto.
Ciérrase.
Poco importa, basilisco,
que a su beldad le deshagas.
Baja el leproso.
Dentro.
Sale desnudo con una camisa almagrada, y vase volando Satán.
Bendito
sea Dios, que así me regala.
Las aves tienen sus nidos,
los animales sus cuevas,
las serpientes sus nichos,
y Job, ¿dónde recostarse
del pie a la cabeza herido,
del grano halla una choza
en que abrigarse? Allí he visto
un muladar, este escojo
por lecho blando y mullido,
que regalada cama
excede el algodón indio,
y a este estiércol me arrimo,
pues el hombre concebido
en pecado original
vuelva de polvo a ser lo mismo.
Salen los tres amigos y arrímanse aparte.
Ya con las manos tocamos
más de lo que nos han dicho.
Absorto miro y escucho.
Y yo asombrado lo admiro.
Sale Dina.
¿Es posible, Job, que siempre,
falto de todo juicio,
por tus locuras te halle
en tu utilidad remiso?
¿A tientas te señales,
acreditas tus caprichos?
Bendice a tu Dios, y muere.
Como una mujer has sido,
e imprudente en tus palabras.
Si los bienes recibimos
de manos de Dios, ¿por qué...
¿Los males hemos de huirlos?
Dame aquella teja,
¿qué quieres hacer?
Límpiase con la teja.
Quebradizo,
barro soy, con ella quiero
limpiar aqueste prolijo
mal, pues la tierra en la tierra
halla su mayor cariño,
que una a otra no se hiciere
como juntas al nacer.
Mis amigos retirados
mudos y asombrados miro,
que mucho admiren el caso,
que aun yo en mí no lo adivino.
Perezca el día y la noche
en que al mundo fui nacido,
no vean rayos solares,
y en oscuros parasismos
y sombras de muerte, mueran,
gire el sol por varios signos
sin que en los años se cuenten,
ni en los meses sean escritos,
esperen luz, y no vean
su esplendor, porque en abismos
de tinieblas sepultados
sean de horrores obelisco.
¡Infierno, qué escucho!
Que,
cuando perdió por altivo
la gracia de Dios el hombre,
se hizo el mayor enemigo.
Job, no extrañarás el ver
cuando somos tus amigos,
a los tres mudos testigos,
quizá, por no te ofender:
Mas ¿quién podrá retener
el concepto imaginado
en silencio sepultado
cuando advierto, cuando toco
ser tu lucimiento loco
y tu vivir afectado?
Rocas tus palabras fueron
a los que a ti vacilaron,
a los flacos confortaron,
y luz a los ciegos dieron:
Pues ¿cómo cuando vinieron
estas plagas sobre ti
te has desfallecido ansí?
¿Adónde está tu valor?
¿tu paciencia, tu temor
y la virtud, que en ti vi?
Que te acuerdes bien te ruego
si algún justo pereció;
o qué inocente se borró
del libro de vida: luego
tú echaste leña a tu fuego
vanaglorioso, aparente
pues con capa de inocente
sembraste pena, y dolores;
por los coges tan mayores
cuanto es el mal más presente.
Deja, Job, esa apariencia
de bueno, cuando sabemos
que eres malo en lo que vemos
ley del cielo esta sentencia:
¿Quién eres tú en competencia
de Dios, que te justificas
y así te santificas
cuando cayó un serafín?
Y hombre eres tierra al fin
y tus yerros multiplicas.
Valientemente entre tres
combaten este sujeto.
Este monte, aqueste risco,
mas no, que más diese él;
aquí he de advertirle, pues
que noto que asomo veo
de impaciencia (que deseo)
plega a mi Dios mismo
que triunfe, y en mí el abismo
con tan heroico trofeo.
¡Ojalá en una balanza
(aún los males) se pesaran
mis fatigas, que no llegaran
rendida puesta mi esperanza,
al dolor; y confianza
tengo en su divino amor
que ha de trocar mi dolor
por su bondad algún día
el disgusto en alegría,
y cuando no, él es Señor.
Bien sabe él (por mi consuelo
no por jactancia lo digo)
como el mundo es buen testigo
aunque mejor lo es el cielo,
que fui del desnudo el velo,
y al hambre alimento,
que fui cura del leproso,
y bebida del sediento
y no el menor intento
me asaltó vanaglorioso.
En pleitos a lidiar vengo,
que a aquella jacta vanagloria...
Cantando dentro.
Victoria por Job, victoria.
Mas, cielos, ¿qué es lo que oigo?
Ábrese el trono.
Ya, Satán, has visto aquí
de mi siervo el gran valor.
No es vana y loca, Señor,
lo que yo aquí digo.
No quieras
pues antes que en su manera
darme a mí lauro mayor.
Sí, mas maldecir el día
la fuerza con que nacía,
pues del contagio fiero
del grave original pecado
es la noche que he jurado
el decir que luz no espere.
Que aquel que no renaciere
será en tinieblas sepultado.
Y a ti, Job, amigo sano,
vosotros le pediréis
perdón, y le besaréis
como a vuestro rey la mano.
Levántanse.
De aquel término tirano
ya, Señor, arrepentido
a buscarle aquí he venido;
Sale Mingo.
Doblado recibirás,
Job, cuanto perdiste.
Cúbrese el trono.
¡Ay, más
penas a un pecho afligido!
Parece que el mismo Dios
de la nube se ahuyentó.
El seno, infiernos, me abra,
pues tal empresa perdí;
llevadme allá, Cicerbero.
Desaparécese por el escotillón.
Yo, Señor, primero quiero
que os pida perdón.
Y yo.
Estamos, Job, ahí; pido
y también perdón espero,
puesto que es grande mi error,
líbreme el ser persuadido.
De ligero, ciego, sordo...
el faro, y a ti, mi amor.
Perdón a todos previene.
Toda la ciudad aclama
tu nombre.
Llegó la fama
del suceso.
El cielo tiene
cargo de esto.
Sale Elifaz.
Tus ganados
doblados han parecido,
todos te han restituido
tus bienes tiranizados,
y ya la ciudad te espera
con voces en procesión.
Ya a tus pies el perdón,
que acción de suprema esfera,
mi Elifaz, y a ti se debe.
Vamos, amigos; señora,
mas vuestro me juzgo agora
que a Dios le debí los bienes.
¿La mujer te ha de doblar?
Jamás ese bien perdí.
Que por no serlo...
es así.
Y si ha de multiplicar
los hijos, véase si esperan.
No, que aquellos no murieron,
pues plantas del cielo fueron.
Yo entendí que renacieran.
Que el cielo nos dé a todos
de salud cumplidos años,
y aquí, señores, fin damos
a los Trabajos de Job.