归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La historia y adoración de los tres Reyes Magos. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-historia-y-adoracion-de-los-tres-reyes-magos.
Villano. juro a mí que lo he de desnudarme el pellejo. pues haciendo diligencia todos somos de heredad ayudadme aquí a cantar celebremos la sentencia
de la historia y adoración de los tres Reyes Magos cuando vinieron de las partes orientales a adorar al niño Dios recién nacido a la ciudad de Belén.
Interlocutores. / El Rey Herodes / Nicodemus / Leví / Simeón sacerdotes / Gaspar / Baltasar / Melchor Reyes Magos / Metelo paje del Rey Herodes / Joseph / y la virgen y el niño /
Entra Herodes Rey con cuatro sacerdotes de la ley. y dice
Príncipes del pueblo hebreo
y sacerdotes sagrados
bien sabéis a lo que creo
cuál ha sido mi deseo
de haber sido aquí juntados
y a la fama pregonera
os sabrá cumplidamente.
se os hace saber que una gente
en traje y lengua extranjera
ha venido del oriente
y yo conforme a vuestras personas
los mandé estar a recado
y habiéndoles preguntado
dicen que buscan un Rey
que es nacido en nuestro estado
dicen que una nueva estrella
vieron allá en su hemisferio
muy más clara que el lucero
y conocieron por ella
ser indicio verdadero
que un Rey de suma potencia
en reinos y señoríos
ha nacido a los judíos
mirad qué loca sentencia
siendo aquestos reinos míos
Y pues adoran tal niño
que revolváis este día
toda vuestra santa ley
veamos si hay profecía
que profetice tal Rey
mírese bien la escritura
y cuánto está prometido
y si es ansí que es nacido
tal Rey y en tal coyuntura
sépase sea obedecido
y si no, por mi potente
cetro y mi corona juro
hacer muy ásperamente
un castigo fiero y duro
desta revoltosa gente.
Rey, la fama que no suele
disimular su secreto,
y la que recto y no recto
hace que en un punto vuele
volviendo lo blanco prieto,
y la que las pequeñas cosas
de diferentes maneras
publica por grandiosas,
y las que son mentirosas
nos vende por verdaderas;
en semejante sazón
tampoco ha estado durmiendo,
que no ha dejado rincón
por donde con gran estruendo
no haya dado su pregón.
Se ha turbado la ciudad
con aquesta novedad.
De otra cosa no se trata
sino de hacer cala y cata
deste Rey de majestad.
Y nosotros, maravillados,
como a quien más les tocaba
aquestos tales cuidados,
no hemos sido descuidados
en saber lo que buscaba.
Mas luego como entendimos
que buscaban nuevo Rey,
a consistorio venimos
y allí todos revolvimos
toda nuestra santa ley.
Por la cual vimos cumplido
el tiempo allí prometido
para venir a nacer
un Rey por quien ha de ser
nuestro reino establecido.
¿Qué Rey es ese, decí,
o de qué gente en qué lugar
el tal ha de despojar
de mis estados a mí
por venir él a reinar?
Ved lo bien que es desvarío.
Torne vuestra ley a verse.
¡Gentil chiste y desvarío,
que haya alguno de atreverse
a quitarme lo que es mío!
Mi padre y progenitor
fue Antípatro, y el Idumeo,
y yo soy su sucesor,
no injusto usurpador
de los reinos que poseo.
y ningún otro hombre humano
puede llamar su persona
Rey, so pena de tirano,
sino al que el pueblo romano
de tal título corona.
Y si otra cosa sabéis,
decid lo que habéis leído
y lo que está prometido,
que suspenso me tenéis
hasta haberlo ya sabido.
Rey, sosega el pecho airado
y entiende que han llegado
unos venturosos días
en que está profetizado
que verná nuestro mesías;
y que el cetro y real corona
será quitado a los judíos
y entregado a un persona
y en todos sus señoríos
gente extranjera se entrona;
y el santo Josep, llegado
al término de sus días,
dejó entre otras profecías
que hasta ser enviado
nuestro sagrado mesías
no se había de enajenar
el cetro de los judíos,
mas firme había de durar,
sin haber apoderar
extraño en sus señoríos.
Y pues que ya se ha cumplido
el fin del reinado hebreo,
sin duda ninguna creo
que debe ya haber nacido
el fin de nuestro deseo.
Y también habéis bien mirado,
está ya un plazo que un
término y tiempo abreviado,
que por semanas Daniel
tenía profetizado;
y después de los cuales días,
según a la letra habéis leído,
que dice en sus profecías
que por nuestro mesías
ha de ser por Rey ungido;
y que este Rey quitará
los trabajos y quebrantos
en que nuestro Reino está,
y por su nombre se terná
el más santo de los santos;
y en otra parte sabéis está
profetizado asimismo
que su reino y su poder
para siempre ha de durar
en un mismo estado y ser.
Y ¿este Rey tan prometido
y de tan felice estado,
decidme, ¿no habéis leído
dónde está profetizado
que tiene de ser nacido?
En muchas partes está
lo que nos has preguntado
escrito y profetizado:
que de Jacob nacerá
aquel Rey deseado;
y más particularmente,
a lo que saber deseas
responde muy claramente
nuestro profeta Miqueas,
y dice ansí brevemente:
Belén, tierra de Judá,
no serás tú la menor
de las ciudades de allá,
que de ti procederá
un capitán vencedor.
Gobernará el pueblo hebreo,
por libertar a los suyos,
y por las victorias de él,
tendrá el imperio y trofeo,
y sujeto el mundo a él.
Pues siendo cumplidas ya
las sagradas profecías
que anunciaban al Mesías,
bien claro y sin duda está
que son llegados sus días;
porque visto el cumplimiento
de las precedentes cosas,
es clarísimo argumento
que se cumplirán las glosas
que van en su seguimiento.
Ora sus, se debe notar,
está todo prometido,
y ha de ser cumplido.
Idos; que quiero dar parte
a los que me han pedido.
Quede el alto Rey del cielo
y el gran Rey en tu compañía.
Dios os dé a todos consuelo.
Aquí se salen los sabios de la ley.
¡Holá! ¿Oyes? Di, Metelo.
¿Qué haces?
¿Llamádome has, señor?
Metelo, ve brevemente
y trae ante mi presencia
a aquellos sabios de Oriente,
y hazlo secretamente,
muy presto, con diligencia.
Voy a cumplir tu mandado.
Si el mismo que rige el cielo.
A las tierras ha bajado
a poseer mi reynado
y entronizarse en el suelo.
Si el mortal hay de morir
y en mis reinos ha nacido,
aunque esta majestad he dado,
haré que sin vida quede
como tirano atrevido.
Y si acaso el mismo Dios
fuere el que ha bajado al suelo,
haré que con presto vuelo
dejando la tierra a mis pies
se vuelva a regir el cielo.
Aquí se sale el Rey Herodes y agora se hace un entremés y después se acaba y vuelve a salir el Rey Herodes y dice
¡Oh, qué fuego está encendido
en lo dentro de mi pecho,
hasta quedar satisfecho
de aqueste Rey que ha nacido,
viéndole ante mí deshecho!
No se me puede esconder
adonde yo no le halle,
que estos que van a buscalle
las nuevas me han de traer
pensando que iré a adoralle,
y el adoralle será
con cierto golpe de pechos,
no que a mí se me dará,
pero a él se los hará
polvos de puro deshechos.
Y que si luego como nace
tal negocio no se apaga,
si de fianzas se deshace
por más que después se haga
tarde o nunca se deshace.
Y ansí vengo a eternizarme
en mi reino felizmente,
pero ya viene a hablarme
aquella extranjera gente,
quiero un poco sosegarme.
Agora entran los Reyes.
Sabios, vengáis en buen hora.
Rey, Dios te quiera guardar.
¿Qué os parece del lugar
y la gente que en él mora?
Todo es arte singular.
De lo que os he detenido,
si os he hecho alguna fuerza,
que me perdonéis os pido,
porque he sido compelido
por ley que hace a los Reyes fuerza.
pero ya con brevedad
do quisiéredes, diremos.
Todos besamos los pies,
gran Rey, a tu majestad.
Ruego que un poco os sentéis,
y decidme, ansí ¿qué os movió
a salir de vuestro Oriente?
Sabios, diréis prestamente
qué tiempo ha que se os mostró
desa estrella refulgente.
Sabrás, Rey, que el sol ha dado
siete veces vuelta al cielo
con su resplandor dorado,
y tras tantas ha enviado
la noche su negro velo;
y después que esa estrella vimos
la primer vez en el cielo,
por ella conocimos
el Rey que a buscar venimos
haber nacido en el suelo.
¿Cómo, y de tanta excelencia
es aquesa vuestra ciencia,
que estrellas del firmamento
os den tal conocimiento
de la humana descendencia?
Sería imaginación,
Rey, sin fundamento, vana,
pensar que la ciencia humana
nos dio noticia y razón
de cosa tan soberana.
Y rruégote pares mientes
y entenderás por do van
estos misterios presentes:
los tres somos descendientes
del gran profeta Balaán;
el cual profeta decía
que de Jacob nacería
una estrella refulgente,
y un hombre procedería
de la israelítica gente;
y estando en espera dello,
los ojos siempre en el cielo
vimos, ¡oh grande consuelo!,
relumbrar la nueva estrella
hacia nuestro patrio suelo.
Y luego como la vimos,
por Espíritu Divino
ser la misma conocimos,
y al punto nos dispusimos
para tomar el camino;
y buscamos ver la presencia
deste Rey de majestad,
y rendirle la obediencia
por primicia y en creencia
de nuestra gentilidad.
Llevámosle nuestros dones
de misterio y de valor,
como a supremo Señor,
que de todas las naciones
ha de ser gobernador.
Pues ya que ese Rey os daba
esas señales a ver,
¿por qué también no os mostraba
el lugar que señalaba
para venir a nacer?
Aquella luz refulgente
que vimos en el Oriente,
siete días nos guio
y se nos despareció
junto a esta ciudad presente.
Y viéndonos ya sin guía,
bien ajenos de alegría,
todos juntos acordamos
de enderezar nuestra vía
para la ciudad do estamos;
y teniendo por entendido
que un Rey de tanta potencia
hubiera cierto escogido
lugar de tanta excelencia
para ser en él nascido.
No, sabed que yo también
he por mis sabios hallado
que estaba profetizado
que en la ciudad de Belén
sería un gran Rey mostrado.
Y ansí luego allá os partí,
y si le hallaredes allí,
ofrecelde mis primicias,
y luego al punto vení
a me pedir albricias,
para darle y subjetarle
mis reinos y mi potencia,
y como a Rey adorarle,
y en nombre de todos darle
la subjeción y obediencia.
Y porque, saliendo, será
tarde, y no hay que deteneros,
adiós, adiós, caballeros;
y en la vuelta procurá
hacer buenos mensajeros.
Cumplirse ha tu mandamiento,
como vamos obligados
a tu noble tratamiento.
Id, sabios afortunados,
con placer, gozo y contento.
Aquí se van todos, y se ha de hacer un entremés, y después de acabado, vuelven a entrar los tres reyes solos, y dice Baltasar.
Como nos mostró también
el Rey, que a buscar andamos,
ser solo el Señor de quien
auxilio y gracia pidamos
para que nos vaya bien;
al momento que pedimos
favor al Rey de Israel
la luz del cielo perdimos,
y en apartándonos de él
al punto a verla volvimos.
Sin duda por la señal
que el cielo de este Rey muestra
declara ser celestial,
pues da para guía nuestra
lumbre sobrenatural;
y pues le obedece el cielo
Rey del cielo debe ser,
y para nuestro consuelo
ha querido aparecer
ahora niño en el suelo.
¡Oh, cuán entrañable ardor
hay en mi pecho encendido
de ver aqueste Señor
y con obsequias de amor
besar sus pies muy rendido!
Estrella más ilustrada
de luz que el dorado Febo,
séanos por ti mostrada
la muy dichosa posada
de aqueste nuestro Rey nuevo.
Alzad los ojos a vella,
compañeros, que parece
que no se muda la estrella;
fija está y más resplandece,
más hermosa está y más bella.
Gracias te demos, Señor,
todos, pues ansí has querido
hacernos tan gran favor
de enviar tu resplandor
que alumbre nuestro sentido.
Venturosa compañía,
bien os podréis alegrar
que este es sin duda el lugar
do el Rey de Israel decía
que le habíamos de hallar.
¡Oh misterio celestial!
mirad su luz y belleza,
jamás habemos visto tal.
Sus rayos endereza
hacia aquel pobre portal;
aquí apunta, aquí reposa,
aquí mira, aquí señala
santa estrella luminosa,
tu luz y favor nos vala
en cosa tan misteriosa.
Al ruido y tropel de la llegada de los Reyes dice la Virgen al sancto Joseps, desde acullá dentro donde está con el niño Dios
Joseps, salí allá fuera,
que ruido hay en la puerta
que al niño Jesús despierta.
Gente parece extranjera
que a la posada nos acierta.
Viejo honrado, salve os Dios.
Él os dé gozo cumplido.
Decidnos, ¿dónde ha nacido
un niño, Rey de reyes,
o habéislo acaso sabido?
Venimos de hacia el Oriente
de aquella estrella guiados
a besar sus pies sagrados
y para hacerle presente
de nuestros dones preciados.
¡Oh, sagrado lléguese!
Sabed que ha nacido aquí.
Oídme, señora.
Ay.
Despertad a vuestro hijo,
que entrarán a verle ahí.
Sacadle ese zamarrillón
que le dieron los pastores.
Entremos allá, señores,
que ya no puedo sufrillo.
Todos morimos de amores,
dadnos, buen viejo, licencia
para entrar a verle allí.
A mi fe, no cabrán acá,
habrán de tener paciencia.
Ven aquí do el niño está.
Aquí se hincan los Reyes de rodillas ante el niño Jesús.
Ea, hincadnos a adorar, pues.
¡Oh, misterio nunca oído!
¡Oh, gran Rey, recién nacido!
Descubridle aquestos pies,
besarlos he aquí tendido.
Ahora se pone Gaspar Rey de rodillas y hace esta oración adorando al niño Jesús.
¡Oh, resplandor divino y luminoso,
de gloria y luz muy clara rodeado,
tierno y niño rey muy poderoso!
Adórote sumamente arrodillado,
reparador del mundo victorioso,
infante de los cielos enviado,
beso tus pies, y adórote mil veces,
aunque no como debo y tú merezes.
El alto cielo y todo su ornamento,
la tierra, el ayre, el fuego rutilante,
y el cristalino radiante elemento,
te conozca por rey, sagrado infante,
y cuanto tiene espíritu y aliento,
bendígate de aquí adelante,
y en nombre dellos rudo y umilmente
te adoro, y te ofrezco este presente.
Pobre es, mas con él yo no pretendo
enriquezer un punto tu pobreza;
que si quisieses bienes, bien entiendo
que tú eres el señor de la riqueza.
Solo te ofrezco el oro porque, siendo
como es el metal de más grandeza,
se entienda, por su estima y excelencia,
de tu supremo imperio la potencia.
Agora se levanta este rey Gaspar, y llega Melchor, y postrado de rodillas, dice:
Adoro, sacro infante, la abscondida
y suma magestad en ti encerrada,
destos tiernos miembros revestida.
Adoro la deidad que disfrasada
está de nuestro trage vil, grosero,
aunque de toda mancha preservada.
Tu apretura, tu llanto lastimero,
y esse pesebre de yervas recostado,
dan muestra que eres hombre verdadero.
Y en ver que el cielo cumple tu mandado,
y todo está subjeto a tu obediencia,
entiendo que eres Dios aquí humanado.
Nuevo misterio y no vista potencia,
que siendo niño mandes en el cielo,
y él te obedezca y tenga reverencia.
Gran consuelo, gran gloria para el suelo,
que a quien el cielo adora y firmamento
esté llorando y tiritando al yelo.
Ríndote, sacro rey, gracias sin cuento
por la suma humildad en que naciste,
por esta humilde cuna y aposento.
También porque a nosotros escogiste
para venir a verte y adorarte,
y con tu santa luz nos preveniste.
Suplícote que quieras agradarte
de aqueste pobre don que yo te ofrezco,
que es de olorosa mirra alguna parte,
y aver piedad de mí más que merezco.
Aquí se levanta Melchor, y llega Baltasar y, puesto de rodillas delante del niño, dice:
Salve, Sancte puer, secli venientis
origo, progenies magni semper man-
sura tonantis. unice qui nostri decus
es et gloria secli: numen adoro tuum
latitans sub imagine nostra. Ipse es
ille puer de quo vulgata per orbem
carmina fatidica quondam cecinere
sibille, tantaque concordi vates presagia
cantu. quique tuo adventu renovas
per omnia secula sacra. Sacerdos te cum
nova secula portans, nec contentus eris
Judei limite regni, sed facies gentes
regnis ex omnibus unum, imponens
grave tractum de nomine nomen gen-
tibus et ruinis usque ad confinia te-
rre ultima et obsessis circumfuso e-
quore terris. Tu, puer atque infans
es qui tirano condis sidera qui solem
docuisti surgere ab ortu, tendere ad
occasum quoque tempora quatuor anni
ordine partiri, terrisque infundere
possem semina. Tot rerum tanta
est in corpore virtus exiguo, teneris
tan mira potencia membris: Rex
venti pelagique patens dominator
averni sis bonus etati nostre. Mise-
rere tuorum. Et tua sit semper miseris
clementia portus te duce si qua manent
sceleris vestigia nostrorum. Inrita persis
tuo solvent formidine terras. Pacata-
que reges proprijs virtutibus orbem
aspice venturo letentur ut omnia
seclo. Omnibus tam donec in auras pacis
ultima victe spiritus. Et quam tuis sat
erit tua cernere facta et nunc sume
puer prima hec munuscula fausta, thus
scilicet redolens summus eris in ea que
sacerdos atque utinam nobis te te post
facta videndum prebeas et gressus nos-
tros in sidera ducas.
Ya vos, sacra donzella a quien se ha dado
el cargo de criar tan alto infante,
sabréis el que de vos mundo engendrado
torna el imperio desde el sarraceno atlante;
pues fuistes dina de tan alto estado,
también lo debéis ser de aquí adelante,
para pedirle tenga en su memoria
que vamos adoralle allá en su gloria.
Pues el haceros tan dichosos quiso
que de todos los reinos y naciones
solo a vosotros quiso dar aviso
deste misterio por inspiraciones,
tendrá por bien allá en el paraíso
de pagar vuestra ofrenda y vuestros dones;
vosotros tened siempre en la memoria,
y así iréis a adorarle allá en su gloria.
Y pues habemos alcanzado
tener tan alto favor,
vamos ahora a Dios al lado,
visto, adorado y besado
con humildad, fe y amor.
Pues ya que la vuelta hacemos
hacia nuestro patrio nido,
un villancico cantemos
en gloria de este rey nacido.
Di, que aquí te ayudaremos.
Nueva vida, nueva ley,
nuevos rayos, nueva estrella,
nuevo niño, nuevo rey,
nueva santa doncella.