归于> 发布日期: 2026年8月22日
作品的元数据
警告
可能包含错误或遗漏。如果您有更好的版本,欢迎联系我们 以便我们纳入更新。
许可
此内容根据知识共享 CC BY-NC 4.0 许可证提供。允许重复使用 注明出处后可再利用;不允许商业用途。
<归于 cl归于ss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" t归于rget="_bl归于nk" rel="noopener noreferrer" 归于ri归于-l归于bel="查看知识共享 CC BY-NC 4.0 许可证的详细信息">建议引用
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El principio de la Inquisición. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-principio-de-la-inquisicion.
[Portada] El principio de la In- quisición y primer Inquisidor comedia en 3 jornadas del P. fr. Leandro Vadillo de la orden del Carmen y abad
[Página en blanco]
Copiada 1908 372 El principio de la In- quisición y primer Inquisidor. Comedia en 3. jornadas. del P. Fr. Leandro Vadillo de la orden de S. Bernardo, y abad. Legº 19 17 1a
Página en blanco
28 - Principio de la Inquisición.
Digan dentro.
«¡La secta albigense viva, y muera el papa!»
Traidores, pagaréis vuestro error.
Dentro: «¡Muera!»
Dentro: «¡Viva!»
Aquí se da principio a la comedia.
Famosísimo caso y buena comedia. [Ilegible] al malvaliente Lupercio.
Salen el Conde y Guillermo.
El palacio en conclusión
contra la Iglesia se altera,
y a voces dicen que muera
El papa.
Tienen razón,
muera el papa, que atrevido
contra mi valor ha estado,
tantos breves me ha enviado,
por su gusto excomulgado,
y absolverme no ha querido;
entienda este monacillo
que hay valor en mi persona,
si una vez saco el cuchillo,
para hacerle la mamona,
para degollo y rendillo.
Tanto en esto se ha enredado
vuestra excelencia, que imagino
[Página en blanco. Texto traspasado del recto]
Comedia el principio de la inquisicion. 1 S. Pedro de Castel nou el primer Inquisidor 2 fray Roberto fraile lego 3 don Ramon conde de Tolosa 4 Balduino su hermano 5 doña Blanca mujer de Balduino 6 Gualda su criada 7 Fronisto hijo de doña Blanca 8 Guillelmo caballero 9 Simon conde de Monforte 10 Perotel cazurro 11 Un secretario del Papa 12 Un secretario del conde 13 Un alcaide 14 Dos labradores 15 Un capitan 16 Un dotor 17 dos villanos Una villana 18 Un sacristan 19 Un paje 20 Dos soldados 21 La iglesia 22 Un Angel
Jornada 1. Salen el conde de Tolosa don Ramon y Guillelmo
no es mala resolucion
ni yo la tengo por mala
si en requebralla no iguala
la fuerza de mi pasión
tienele muy en enojos
rindele el alma el despecho
quitarsele de los ojos
y será mal de provecho
Blanca a sus fuegos constante
mas peña si persevera
que se labra mas que cera
la dureza de un diamante
que en un pedernal el fuego
que es imposible pretension
que a golpes con algodon
le desentrañen al ciego
como a risa provoca
a un tierno niño el denuedo
que quiere con solo un dedo
echar del pecho una roca
así cuando la mujer
hace entraña inflexible
con fuegos es imposible
rendida la debeis ver
si a mi hermano aborrece
y ha mostrado la experiencia
que hace menos resistencia
que no se que te parece
pues si a Marte sangriento
contra la iglesia romana
vale el baston a su mano
lo que su amor junto allana
con orden tan soberana
no se que medio pide
cuando dolor le despide
que no acierta a despedirse
ponele una piedra en calma
mas de interior recelo
porque sin irme al cielo
alabada sea el alma
dejandole la palma
aun no sé qué se imagina,
aun sé de lo que no alcanzo,
toma a la Iglesia por capa
cuando de partirse altera,
diciendo que no conviene
hacer gesta contra el papa;
es que su honor y su brío
le dan al pecho, diciendo
que mire lo que pretendo,
este muchacho tierno mío.
Como ignorancia loca
le da con celos enojos,
es como un hombre sin ojos,
que no sabe dónde toca,
a quien el propio recelo,
y que de la trampa no ve,
le hiere en el pie, y recibe
donde está más llano el suelo.
Fuerza es que de Blanca el polo,
que gozará el absoluto
una figura, señor, reposa.
No quede a tomar de punto,
mas al partirse, ¡qué lazos!,
¡qué tierno se estaba en ello!,
abrazaba Blanca a su cuello
con los dos hermosos brazos.
Mira que Fronisto me dijo,
poco ha, mi hermano cruel,
si es solo el amor el laurel,
por donde llega al cielo,
que más gloriosos despojos,
que es templarse los enojos,
con eclipses de sus ojos,
no he de pasar por su
ruego ni por mí este bien
de que no goce, mas ven,
anda, vuelve, déjale ir.
Entra Balduino vestido de camino.
Vestido de este camino
revuelto, vengo, señor,
a suplicar
Balduino,
si lo dejas por temor,
háblame claro.
Imagino
Imagino yo también.
Si también imaginaras,
según si imaginaras bien,
a hacer gesta no enviaras,
o dijeras contra quién.
Por suceso dudáis,
señor, si en esta ocasión
estoy, que has imaginado,
que es de la imaginación
de andar desimaginado.
Pues si es consejo que dan
en jornadas de importancia
no saberse dónde van,
y con ello la ignorancia
no lo ignore el capitán,
¿no ve de qué causa nace
esta gesta a que enviáis?
más que esto me satisface.
¿Tendrá que hacer gesta a mí,
quien a su arbitrio las hace?
ni en mi pensamiento cabe
pensar que hay quien pensamien-
-to encabeza, aunque se agravie,
que con apetito y intento
combate de sus canas
sino para qué impertinencia
de salvas de armas vea
junto tropel y arrogancia
pasa a España el Pirineo
pasa el surco contra Francia.
qué furia es esta, o qué queja
por quien interrumpe o corta
Tolosa, me despierta
que moro que está a su puerta
o qué enemigo te acierta
él me condene al profundo
si no miro por los dos
hermano en este mundo
no vayáis contra Dios
que iré contra todo el mundo
gente que no te respeta
en pensar que en mí has temor
mas temo que con cautelas
que dudando en mi valor
pones al honor espuelas
que al fin parece forzosa
treta, que así me inconvenza
apartarme de Tolosa
y vendrá a hacer por vergüenza
cosa que es tan vergonzosa
Balduino, no por ser
mi hermano has de tomar
licencia de proceder
tan demasiado en hablar
tan corto en obedecer
los soldados que has previsto
en estas fronteras quietas
son cuando bien los has visto
para defender mi tierra
no para ofender a Dios
que todos somos cristianos
empero en esta ocasión
no esta acción de buen hermano
de mi milicia el bastón
que gobiernen otras manos
tú te precias de soldado
blasón que tanto apellidas
y mi bastón has echado
como vara con que midas
la grandeza de mi estado
obedecer y callar
que lo que a soldado toca
hermano alto a marchar
que allá te dirán a boca
lo que sea de conquistar
que un puente tiene de ser
centuria do consiste
mi ganar, o mi perder
si nos de la Iglesia embiste
que cierto será el vencer
donde es el fuerte
es en Francia
y es fuerte de ley, acaso
no, mas llega su arrogancia
conmigo a negarme el paso
aunque no es de importancia
y el fuerte si hubiere derecho
sobre esto está la porfía
la jurisdicción y el pecho
que es de mi casa, y no mía
mas a mí me debe el fecho
y al dueño quieres prender
prendelle no, que aunque haya
Basta. Para que yo halle
muerte, que he de quitallo,
si una vez llego a vencelle.
Al fin, ¿no es cosa posible
que yo sepa tus desvelos?
Por ahora es imposible.
Mira, señor, que los celos
son linces de lo invisible.
Tanto por mí se esfuerza
tu valor, que le has de hallar.
Has de hacer que su brazo tuerza,
que sé que sabes ganar
de bueno a bueno su fuerza.
Pues, ¿para qué voy con gente?
Para eclipsarle la gloria
y hacer la entrada patente,
dando con esta victoria
corona y lauro a tu frente.
Quisiera, si el fuerte logras,
llevar su vida y modelo,
porque no echemos después.
En nada tendré recelo,
como tú en el campo estés,
pues falto y no voy,
con tanto valor te obras
que la fortuna de hoy
juegue, si en el campo estás,
como en el tablero estoy.
Alto, a Dios, si se encierra
en mí todo el vencimiento.
Pues a Dios, que plega que te
no te falte sufrimiento;
el fuerte has de ver en tierra.
Vanse el Conde y Guillermo.
Jesucristo, si no huyo,
qué fuerte que este señor;
mas bien su malicia arguyo,
que ha de ser contra mi honor
aquesta queja concluyo.
Fuerte que puedes ganar
de bueno a bueno es decir,
con armas a conquistar;
si acá le quieres venir,
yo allá no le he de ganar.
Creeré acaso que tal pasa,
que en silencio el de su suerte
en ascuas amor le abrasa,
que para tomar el fuerte
echas al dueño de casa.
Y va a hacer guerra sangrienta
contra la Iglesia, entendí;
mas al fin haré la cuenta,
pues voy solo contra mí
por capitán de mi afrenta.
Contra el honor que mantengo,
tan solo por su malicia,
pues ver a mi hermano vengo
deshecho en fuego de envidia
por una Blanca que tengo.
Si en mí la fortuna franca
(porque falto de tesoro)
tanto su grandeza encobre
que como a mano de pobre
solo me ofrece esta Blanca;
si así te muestras tirano,
los que lo vieren dirán:
«Conde, que a tu pobre hermano
lo que en limosna le dan
se lo quitas de la mano.»
Miro el desastrado fin
de las pisadas que estampo,
por ser triste, pues al fin
me sacas, ¡ah, hermano!, al campo,
¿hecho yo Abel, tú Caín?
¿Por qué no son bastantes
para mi afrenta y dolor,
puñaladas semejantes,
me das heridas de honor
que son las más penetrantes?
Ya por las desdichas mías
se confirma y se comprueba
la invención en que confías;
por David se da de nueva,
a mí por segundo Urías.
Bien, pues Blanca tan confiada
que de su honor defendida
será, negándote entrada,
saber sabe pretendida
mas no cercana gozada.
Mas por Dios que es paso estrecho
el que a mi honor ha venido,
quien tan fuerte a Blanca ha hecho
a que propio es del marido
vivir siempre, satisfecho.
Mi ausencia, Blanca, acrecienta
la esperanza a mi enemigo;
de mi deshonra y afrenta
ten buena cuenta contigo,
que mi honor queda a tu cuenta.
Sale Piero de posta, o de camino.
Brindándome este un postillón
tan largo, que es un placer,
si la facción se ha de hacer,
marchar, que las once son.
Temo que los dos se lleven
a las primas del hatillo
de el postillón emprestillo,
mas busca tus posaderas.
Con tal armazón, semeja
el desgalgado ronzón
casca con más devoción,
que le enquitase la teja.
Son balsas de sus caderas,
dos tan criminales zancas,
que pedir carne a sus ancas
es pedir al olmo peras.
Ello es la propia figura
de caballo de soldado,
pues por su desollado arma-
calzolo en la armadura.
Es la posta.
Ya lo infiero,
mas bien, en tu traje, y talle
que es menester postillalle
para que se tenga en pie.
Si en el uno ha de ir alguno
Ni el otro.
Pues es escusado,
acá se quede el sobrado
que ambos iremos en uno.
Yo iré en parte del pescuezo
y haré alforjas, lo demás
tú allá en el lomo detrás
con su silla y aderezo,
irás a algún caminante
dándole un compañero,
él dirá: ¡vaya el caballero!
como los ciegos delante.
gusto habrá si los mojones
puestos sin fraude los dejas,
desde sus lacias ovejas
a sus transidos ximones.
Ansí Dios me dé la gloria,
que al enemigo en el traje,
porque se lleve el bagaje,
le di en dalle la victoria;
porque llevarse esta posta,
después de andada la jeta,
es con volvernos sujeta
de legiones de langosta.
Dé gracias destas
mercedes,
a quien me hace tal honor.
¿Qué estás diciendo, señor?
¿Hablas con esta pared?
Alto a la jeta, que es tarde.
A priesa, pues, caminemos,
que fiera jeta tenemos.
Algún ladrón la aguarde.
Vanse diciendo este soneto. Vanse diciendo, cada uno vuelto a su parte del teatro, este soneto.
Blanca, mi vida, honor pon en tu planta,
todo pende de ti con mi partida.
Tabernas, bodegones de mi vida,
el alma dejo acá, parto sin alma.
El amor y temor me tiene en calma,
satisfecha y celosa despedida.
De do vino a mi sed siempre convida,
mas lo de San Martín lleva la palma.
Dulce prenda del alma, Blanca bella,
si la ingrata fortuna no se enoja,
presto daré la vuelta a ver tus ojos.
Agua, de quien mi boca está doncella,
antes que en ella yo jamase aloja,
me maten pulgas, chinches, liendres, piojos.
Vanse, y sale un secretario del papa con barbas blancas, y si se quiere salga de cardenal San Pedro de Castilla, loba con la cogulla blanca de San Bernardo, y criados.
Detrás del secretario, fray Roberto, fraile lego, y un paje con una fuente, y en ella una cruz que será como la de la Inquisición que ponen en los pechos. Pondráse una mesa junto a la cual estará una silla. El secretario sale leyendo la petición siguiente.
Echose esta petición,
como digo, por glosa,
y la causa tan forzosa
que pide resolución
con tan preciso mandato,
que no puedo dél faltar,
gusta el papa alto a marchar,
y queda puesto en cuidado
Inocencio, y a lo leal
fuerza es dejar el contento;
falta en Tolosa el sustento
que por su legado os doy,
y porque él hasta Francia
no era razón que viniese
a que la os ofreciese
la comisión, me envía;
tiene la iglesia, y allí,
gran necesidad de vos,
debéisla ayudar por Dios,
por vos, por ella, y por mí,
por vos cuyo celo es santo,
por Dios a quien ofende,
por ella que os entiende,
y por mí que os amo tanto.
y a más de su gente ciega
el impío albigense hereje
rebelde a su criador
la fe verdadera niega
no pueden aunque han probado
sus obispos resistir
tanto, y envían a pedir
nueva ayuda de un legado
los de París al presente
con mil negocios combaten
piden legados que traten
d'aquesta herejía solamente
no es de mío la opinión
reparando de la Inquisición
cuando su legado fuistes
en Tolosa otra ocasión
y en esta, os nombra por tal
para un negocio tan grave
su santidad muy bien sabe
que es muy poco mi caudal
en continuas legacías
ando muchos días ha
ya por toda Francia, y ya
d'España en las nieves frías
predicando la fe, con gusto
confiésolo, mas no sé
si me guardará a mi fe
quien no se la guarda a Dios
quien se fía, no se queje
después, porque sí señor
poco fío del traidor
y en menos del hereje
porque hallo entre los dos
aumentar estos temores
que uno estraga a los hombres
mas el otro a el mismo Dios
poco es mi valor, no vale
para una empresa tan alta
pero allá habéis de ir sin falta
porque su santidad sale
y en particular os envía
a deciros cierto exceso
que no temáis el suceso
quel Papa Inocencio, os fía
Señor
tome pliegos
a todos soy obediente
rayo de la Iglesia ardiente
quemaréis y alumbraréis
queme el mundo, el mundo tema
su poder sin segundo
entienda por vos el mundo
cuánto alumbra, y cuánto quema
que si quemare sin tasa
conocerá el pueblo ciego
que es la fe llama de fuego
y aun alumbra, cuando abrasa
y porque el poder esté
en vos con mayor seguro
a vuestro pecho por muro
pondrá este escudo de fe
por la comisión que os da
Inocencio en este caso
su poder propio os traspaso
en la forma que hoy se usa
Y de estar de rodillas San Pedro y el secretario en la silla, San Ángel le ha de fijar a este tiempo la cruz en el pecho. Prosigue.
en nombre de Dios, amén,
la cruz os fijo en el pecho,
guardalda bien, que sospecho
que habéis de tener de quién,
por ella entre Dios y vos
habrá amorosa querella,
que Cristo se fijó en ella
y ella se fijó hoy en vos;
desigual es el partido,
vos sois el favorecido.
Caricias son estimadas,
pues que tan su amigo os veis
que las espaldas hacéis
a la que Dios hizo espaldas.
Advertid que os autorizo
para que a un valor francés
le hagáis espaldas después,
porque de ella a Dios se las hizo.
Sed constante en los abrazos
que formáis entre los dos,
que es tan fuerte que con Dios
se suele tomar a brazos;
pues tal fuerza abarca
entre el valor y el ánima,
no habrá quien os ponga grima
en la última pelea,
mirad que hace el estrecho.
que es muy niña esta cruz
y ha menester un buen pecho,
aunque pequeña, no duda
que os ponga su peso a asombro,
pues Dios con tan sola al hombro
tuvo menester ayuda,
mas ya por aquel exceso
no espanta a quien sufre amor,
fue Dios divina carcoma
que le quitó todo el peso;
navegad por el profundo
mar de temores, bravo y fiero,
pues vais asido a un madero
bastante a salvar el mundo.
De la Iglesia hace dicto
a la mesma envidia quita
pues inastada de hito
vuelve encruzado de cielo.
Ya en esto mi fe trata
que como al bajo metal
fina liga, sello real
le da el valor de plata,
ansí el del cielo me dais
y por tal vengo a tenello,
pues me dais su liga y sello
cuando la cruz me fijáis.
Solo temo, si tal luz
no me ciega y tiene asombro,
que le deis pecho muy corto
siendo tan grande la cruz;
no es mucho, siendo estrecho,
que al engastar se lastime,
pues le sobró cruz a Dios.
falte a la cruz mi pecho,
pero podré yo me atajar,
con que es fácil de entender
que sabrá al hombre ofender
quien a Dios se atreve a dar pesar ;
que tanto a los hombres gusta
de dalles justo renombre,
que por ajustar al hombre
no quitó a Dios venir justa.
Mas pues se abrió por allí
de la justicia el camino,
mejor diremos que vino
no igual, pero justa sí.
Mi pecho la ofrezco, y quisiera,
por darle lugar mayor,
un millón de pechos fuera
porque cupiera mejor.
Mas pues voy con ella en todo,
yo le haré tal acogida
que pienso volver a vida
la cruz que anima mi lodo.
Entiendo porque aproveche
de suerte el pecho aplicalla,
que alguna vez venga a halla
la sangre en lugar de leche.
En sus cuatro brazos fundo
cuatro rayos de tal fama
que han de abrasar con su llama
las cuatro partes del mundo.
Tanto espero que pase
lo que con ella podré,
que del infierno abrasaré
si falta tierra que abrase.
No temeré al mundo armado,
pues de muerte en el estrecho,
lo más se lleva ya hecho
quien se va crucificado.
Huelgo de ver buen brío.
Inocencio me le ha puesto.
Pues a ellos, porque presto
veis lo que vale, y confío
(Córrese una cortina, y déjase ver igual, según está el Santo. Sale doña Blanca y Osvalda, criada.)
¿Qué hora será?
Las nueve.
Pues haz, luego, prevenir,
porque todavía llueve,
recaudo para escribir,
que nueva ocasión se mueve.
La ausencia de tu marido
¡Que enamorado no fuera
quien le volviera advertido!
Si me atreviera,
ya te hubieras atrevido;
temo de hablarte de amor,
que eres mujer muy soldado.
Si en él me hubieras hablado,
dijeras eso mejor;
no es amor para mujeres
de soldados, y así yerras
si en un yugo veros quieres
ellos muriendo en las guerras
y ellas viviendo en placeres.
Mujer destas que han notado
aquel combatir osado
por conservar su buen nombre,
no huyen de un campo armado,
y huyen de paz de un hombre.
en pedir enojos de desdén,
dicho te advierto.
Por mí,
solo doy por advertido.
Señora, ¿acaso es que aquí
ninguna tiene marido
soldado fuera de ti?
Tú alcanzas el primer
lugar, dirán confiadas,
que para empresas de amor,
de las mujeres casadas
la más sola es la mejor.
Yo sola digo, señora,
que a un Conde mozo y galán
su talle y gracia enamora,
mas a él los ojos se van
de la dichosa agora.
Aun dicen que en Aragón
tuvo Conde una extraña
lo que llaman afición
de las señoras de España
que tan entonadas son.
Es discreto en lo que dice,
noble en la sangre que tiene,
y su buen talle previene.
Ellos, viendo en placeres
mujeres de capitanes
tratando a sus maridos,
admiten cuando las ganes
hombres para combatidos,
pero no para galanes.
Te halla asomada a una ven[tana]
la menor parte de un hora.
Con nada desto quisiera
que te obligara a quebrar
tu condición entera,
solo que a tanto llamar
respondas un no siquiera.
En lo que pide el señor
no hay lugar ni puede hacello,
¿qué haces aquí?
Quiebra de honor,
en llegando a responder
el no, también es favor.
¿Cuál es honor tan delicado
que un papel le has de excusar,
y más con un no sellado
que al honor suelen pintar
¿De vidrio?
Y al más fiero león
pintado le podrá hacer
en cualquier buena ocasión
pedazos una mujer
que se espanta de un ratón.
Como es cualquier mujer,
boba, con simplicidad,
llegando al pecho a ver,
piensa que así es la verdad,
y pintar como querer;
que del honor verdadero
claramente se percibe
que imitando al frío acero,
cuantos más golpes recibe
se conserva más entero.
No ha lugar contra el honor.
No, señora, mas tú harás
lo que vieres que es mejor,
que hallo en pleitos de amor
abogado experto estás.
¿Al fin me das por consejo
que responda a don Ramón?
Señora, en esta ocasión
lo que yo hiciera aconsejo.
¿Y qué vuelta le diré?
Que no ha lugar su deseo.
Notable presa alcance,
si a maña que veis veo.
No has pecado de escribir.
Entre vergüenza y temor
de amor se abrasa la llama,
y aunque a fieros, no a rigor,
se rinde a esta mi alma,
que es condición del señor.
Vase Gualda, y habiendo estado doña Blanca un poco pensativa saca un libro de memoria y abriéndole dice:
Honor, hagamos cuenta,
porque pide la paga amor esquivo,
con igualdad el gasto y el recibo;
temo que en este trance
con trampas del amor, amor me alcance.
Veamos la regla quebrada
que el cargo de amor y honor promete:
siete meses de casada;
pues ¿qué me pide amor, si a los mis siete
el cero es oportuno?
Pues sumados juntos no dan ninguno,
y uno que recibí, justo le pago.
Pues no me hagáis, amor, tomar la pluma,
que al honor satisfago
si en la unidad se iguala aquesta suma
del que ha diez años hecho
la estancia del amor dentro en mi pecho.
Quien a escribir se pone
qué importa escribir, ¿no? si al fin escribe,
pues con él no dispone
para esperanza a el que el papel recibe,
pues el no, barbarismo,
donde un papel ansí suena lo mismo.
De vuestro desvarío
perder amor lastima la esperanza,
que si un papel envío
haréis de mi papel una libranza,
con que a la letra vista
cobréis de mi firmeza la conquista.
Como el firme cimiento
es peña dura en edificios reales,
así animáis mi intento
a escribir con desdén en cosas tales,
que para eternizaros
queréis amor, sobre desdén fundaros.
Después, que de mi esposo
la encendida afición mi pecho abrasa,
por turbar mi reposo
fuego extraño aplicáis, bastarda brasa;
ciego desasosiego
dele entre llamas mi encendido fuego.
Mas trocarse ha la suerte
y pensando burlar seréis burlado,
porque mi pecho fuerte
ardiendo en casto amor, de honor cercado,
hará que el conde aleve
lo que en fuego me da, reciba en nieve.
Sale Giralda con recado de escribir.
Aquesta tinta y papel
Giralda, quítalos d'ella,
que el no, que hubiere en él,
aún sin escribirse sella
blasón de mi honor fiel.
En esto me determino,
que acción tan poco acertada
intentar tal desatino.
que ya el escribir me enfada,
aun al mismo Balduino,
quita allá.
¿Qué más pusiera?
Veamos el mayor hechizo,
cuando rendídote viera.
Siempre el potro más castizo
usa más la carrera.
Yo, al menos, no condeno
temor en ocasión tal;
antes lo tengo por bueno,
pues, como granos de sal
para tomar bien el freno,
cosa es tiempo de saber
que, si este paso adelante,
amor, de armas gigante,
ha de parecer pigmeo.
Vuelve a meter el papel,
vuelve y mira si ha entrado
acá a do ese tropel.
Sí, señora, su criado
es, y Guillermo con él.
Sale el Conde y Guillermo, y Gualda entra el recado de escribir y vuelve a salir.
Háblale sin miedo, amor
suele mostrar cobardía
en la ocasión que es mejor.
Solo de tu industria fía.
No fíes de mi valor;
yo sabré de la criada
su tono y resolución.
En esta primera entrada
temblando está el corazón
y la lengua tengo helada.
Di que vienes con cuidado
de saber cómo le va,
ausente, desvelado.
Triste parece que está,
pésame de haber entrado.
Háblala, acaba, señor,
notemos su resistencia;
que si es Blanca en el valor,
tendrá escudo de paciencia,
pero no escudo de honor.
Echemos cosas aparte,
veamos si se resuelve
en despecho a hablarte.
Amor el seso me vuelve,
para que torne a entablarte.
Llegan adonde está Blanca.
Ceñido es el descuidado,
pero con cuidado asido,
de haber de vos, cuñado,
merced es que he recibido
por excesiva excusada.
Estará una silla vuelta, y en entrando el Conde la vuelve Gualda; y Guillermo y ella hablan aparte.
Quien tan mal nombre le da,
Blanca manifiesta en eso
que le ofende el verme acá.
Entre hermanos no hay exceso,
y vuestra excelencia, ¿cómo está?
Estaré para serviros,
si estáis para moderaros,
que harto puedo deciros,
excelencia para daros
y humildad para pediros.
¿No hay sillas?
Basta una silla,
que visita de señor
a un hermano, es de admitilla
con el freno del temor,
no con igualdad de silla.
Sillas.
Con temor que me detiene,
no con lugar que me iguale,
la deseo cuando viene,
mal a mis intentos sale,
y gravemente se previene;
el no asentarse no es
porque en pie estemos mejor.
Llega un paje con una almohada de terciopelo, y una alfombra, y siéntase Blanca en ella, y el Conde en la silla.
Mayor interés
es la almohada, señor,
en que estaré a vuestros pies.
¿Qué sabéis de Balduino?
No he sabido nada dél
después que aquel propio vino.
En esta ausencia cruel,
señora Blanca, imagino
que pues yo os le quité,
ya convendrá que se acuda
a la falta que os cause.
Ama, teme, quiere, y duda,
al fin callose, y no sé
qué quiso, y al responder
mal del paso se arrepintió,
que es condición de mujer.
Gualda, suelte el nudo,
lo menos falta de hacer.
Muy grande labor se ha hecho,
para asconderme en las pajas.
Que trae empeñada, sospecho,
y aun se dicen las alhajas.
Pobres deste humilde techo,
Blanca, y de los caballeros.
Señor, en esta ocasión
me toca el satisfaceros;
criados de soldada son,
que no falta de dineros.
Destas salas son las telas
con que están más guarnecidas,
astas de lanzas rompidas,
y por sillas las rodelas.
Ningún otro adorno embarga
desas paredes, y techos,
donde la vista se alarga,
sino colgajos, a trechos,
turco alfanje, mora adarga.
Sillas y mesas labradas
ocupan estos salones
del africano ganadas,
y no hay otras guarniciones
sino es las de las espadas.
En la cuadra más perfeta
de las que en mi casa ves,
por inclinación secreta,
a la puerta un medio arnés,
hace la cama el pavés.
Esos hermosos vergeles,
las flores más estimadas,
son, cuando más te desveles,
bruñidas hojas de espadas
vueltas con sangre claveles.
Aquí no ofuscan la luz
pebetes negros que ahúman,
sudor es tormento y cruz;
solamente perfuman
cazoletas de arcabuz.
Hasta un niño la camisa,
cuando ponérsela suele,
si roja sangre le avisa,
y si de pólvora le huele,
la arroja al suelo y la pisa.
Por eso, y no por pobreza,
pasamos, señor, así.
Entre rayos de belleza,
depositó Marte en sí.
Como fiera de braveza,
señor, que se os hace tarde.
(Hace como que se quieren ir y levántanse ambos)
Vamos, hola.
¿Ya te vas?
No pude hablar de cobarde.
Comienza y luego podrás.
Cuñada del alma mía,
Blanca hermosa de mis ojos,
tributarios y a los tuyos,
de un mar de perpetuo lloro,
apenas catorce abriles
hizo tu edad venturosa,
coronando con sus flores
la belleza de tu rostro,
cuando apartaron a mi hermana,
por mi desdicha dichoso,
yéndolos dos a casar,
diez años han este agosto.
Entonces te vi, y entonces,
con verte y amarte solo,
viste y venciste en un punto,
mal punto pues no te gozo.
Confiesa que soy tu esclavo,
no entiendas que propongo
diez, por muchos que por ti
medies, mas diez mil son pocos
los siete enteros cielos.
Y al altar de tu decoro
ofrecí silencio humilde,
cada ofrenda en mis celos.
Los tres te he dicho mi pena.
Te la han dicho mis ojos,
lenguas de la voluntad
y de la verdad abonos;
si en ellos no te he pedido,
Blanca, sabe el cielo que,
que ando largo en deseos,
solo en atreverme corto;
que perlas produce oriente,
que metal cuaja el Pactolo,
que plumas el aire hiere,
que arenas el mar undoso;
qué invenciones y qué galas
fueran de Milán despojos,
qué nobleza de este prado
y del pañol qué tesoro,
que no pusiera, humilde,
por mi gusto o por mi antojo,
por alfombra de tus pies
los floridos de sus colmos;
y todo lo tuvieras, Blanca,
mas no lo has querido, solo
para no quererme a mí,
y que soy blanco de veneno.
Acogíme a las libreas,
pregoneros de amor sordos,
que, haciendo sus cifras lenguas,
publican que están quejosos;
inventé juegos, torneos,
jugué cañas, sortijas,
e invenciones y letras,
justé a la Blanca que adoro.
todas me entienden, tú sola
tirana de mi reposo,
por no remediar mi pena
gustas de ignorarlo todo.
Témplese ya, doña Blanca,
el tropel tempestuoso
de tu desdén, y merezca
algún favor en mi abono.
Lo que mi amor, su decoro,
y por deuda te torno,
te promete mi esperanza
de tu cielo los tesoros;
si no te merezco, dama,
verte condesa solo
puede obligarte a quererme;
hechos tengo dos divorcios,
el tercero haré por ti;
mira, Blanca, a lo que me pongo;
matemos a Balduino
y serás
¿Qué dices, monstruo?
Loco estoy.
Pues si lo estás,
conde, con esto respondo:
soy casada y quiero bien,
y no hago caso de locos.
Vanse doña Blanca y Gualda.
Detén, doña Blanca, espera.
¿Es posible que tal pasa?
¿Cómo, quedándome en su casa,
me deje de esta manera?
¿A más de casada estás
donosa respuesta, a fe?
Blanca, pues yo mataré
que no estés casada más, y
muera mi hermano importuno,
que así el alma me robó,
que pues no te gozo yo,
no te ha de gozar ninguno.
Y ya que mi hermano infiel
vive dentro el alma tuya,
le sacaré yo la suya
porque no vivas con él.
Cielos, si en vuestra potencia
contra el fuego que me abrasa
para mitigar la brasa
se halla alguna clemencia,
mostrad vuestro amor paterno,
pues compro en mi amarga historia
sola una blanca de gloria
por mil millones de infierno.
Y si por menor tesoro
divino Júpiter vos
os hicisteis, siendo dios,
menudos átomos de oro;
si es que en vos hay poder tanto,
por vuestro y mi triunfo fiel,
convertírmela en laurel,
será palma de mi llanto.
Haré del Paraíso despojos,
guirnaldas a mis congojas,
arboledas de sus hojas
a las fuentes de mis ojos.
Fronisto, niño de tres años, dice dentro.
¡Que huyo de este, que da voces
tan sin límite, sin tasa,
nuestra madre entra en mi casa,
y quiere hundirla a voces!
entienda quien la atropella,
que da molestia a mi madre,
y que, a falta de mi padre,
quedo yo por dueño de ella.
Sale alborotado.
¡Por Dios, que el rapaz hoy pasa
con el ánimo la edad!
¡Jesús!, ¿qué gran novedad,
Vuestra Excelencia en esta casa?
Sí, sobrino, vengo a veros,
a vuestra madre y a vos.
Tenemos, señor, los dos
muy mucho que agradeceros.
¿Habéis hablado a mi madre?
Y sabido que está buena.
Según que entraba con pena,
hablastesle de mi padre;
siente mucho su ausencia.
Y yo la siento, en verdad.
Esa es argüir lealtad,
debida a correspondencia;
sin conoceros, señor,
dentro, me encolericé,
perdón os pido, que a fe
que fue inadvertido error.
Jesús, Dionisio, esos bríos
son, en vuestra tierna infancia,
indicios de la arrogancia
digna de sobrinos míos.
Seréis muy gran caballero.
Con el ánimo heredado,
ser alentado soldado
en vuestro servicio espero.
¡Valor el rapaz encierra!
Esta casa es encantada,
todas de Marte engendradas,
todo es armas, todo es guerra.
Con que a aquesta os vais inclinando.
Aunque en nada tengo maña,
a un bridón he hecho de caña,
gusto de andar manejando;
de suerte, por el vergel
boca e ijar le apercibo,
que, como si fuera vivo,
me siente, en estando en él.
En carrera es cosa rara,
que bien cola y crin reparte,
al picarle qué bien parte,
al llamarle qué bien para.
En sonando alguna caja,
de cólera se enarmona,
y cuando menos se entona,
piedras y herraduras taja.
Salido por mil ensayos
en el de tanta importancia,
y en diciendo: ¡Iglesia y Francia!,
luego embiste como un rayo.
No son malas propiedades.
Aqueste acontece a días,
y ahora, entre niñerías,
he de decir las verdades.
Pero si es caña, por Dios,
nunca buen potro salió.
Bueno o malo, bastará
para salir con vos, yo;
que vos sois quien procura
hazaña tan afrentosa
como es que ampare Tolosa
al hereje su locura.
Vase.
Y así es hecho, porque os cuaje
la defensa en cosa tal,
por engaños general
de vuestra gente amujerada;
yo por la Iglesia y por Dios,
sin tener más valedores,
os echo como a traidores,
Guillermo, a ellos y a vos;
y por haceros ultraje,
a que me he determinado
solo, si en ello es culpado
a mi padre y su linaje.
Si la verdad que estampo
tiene aquí algún enemigo,
lo que en mi casa le digo
saldré a defender al campo,
que llevando a Dios por guía,
niños Hércules a brío
y cuna que me crío
de parte de Andalucía.
Ya es desvergüenza sobrada.
Casi me hubiera turbado
ver rapaz tan alentado
en tan grande rapazada.
¿Puede carecer de culpa
tal desprecio a tu persona?
Guillermo, la edad le abona
y el ser cuñado es disculpa.
Y a quien le enseña a decillo,
¿qué disculpa le darás?
que de villano no hay más.
Fin de la 1ª jornada del Principio de la Inquisición y primer Inquisidor, hecha por el padre fray Leandro Castillo de la orden de San Bernardo y abad de su convento de Monfero.
Estoy dispuesto a su presencia
cuando despido a los críos
del orden materno infiel,
Castelmo, ¿qué importa que él
diga tantos desvaríos?
Deja que con este enlazo
el amor doble su palma
y el sol encienda el alma,
abrase el honor el brazo.
Del brazo el valor profundo,
si no le devuelves luego,
ha de encender tanto fuego
que nos ha de echar del mundo.
Más justo es me escandalice;
el desdén de Blanca aplace,
que ella sabe lo que hace,
mas este no lo que dice.
Él está bien disculpado
de los desprecios que hace,
que de decírmelos a mí,
en la leche lo ha mamado.
Mas vamos, que la dureza
con que despreciado voy
me hará Guillermo desde hoy
mirar más por mi grandeza.
Firma: Don Alejo de la Peña y Ossa
Salen Balduino con bastón de general, y un capitán con jineta, y Perote soldado viejo.
¿Qué gente entró, capitán?
Hasta cuatro mil soldados.
¿Están lejos, a los lados?
Acomodados están.
De los bisoños peones
no me fío; ¿qué se han hecho?
Como el lugar es estrecho
fuera del muro, señor,
hicimos un fuerte al fin,
por doscientos de secano,
junto al río a escuadrón.
Señor, si aquesta victoria
no consiste en mi presencia,
tome vuesa merced licencia,
y acábese aquesta historia
de todas mis valentías.
¿Tan presto, Perote?
Porque
yo, señor, de lo que
saque en sabello por fas,
cuando apriete el reventar,
treinta reales prometiste
que habían de ser rescate,
limpios de polvo y paja,
más que un rudo animal,
que pasa tanta brama,
que se ocupa en darme cama,
y asentar de un pajar
limpia paga por mi fe,
a polvo y paja, señor,
ronca más que un atambor,
aventadora estaré,
entre mis pobres alhajas,
que parezco, a lo que siento,
villancico al nacimiento,
todo cargado de pajas.
Por eso, cuando me atrevo
a salir de mi posada,
cuenta de ambas va pegada
según los pasos que llevo.
Soy fruta de invierno yo,
entre pajas embuchada,
tercia de nieve masada,
adonde Cristo se vio,
a comprar cantimploras,
amigo, voy desfrutada.
Perote, menos necedades;
en pajas duermes y lloras,
y no te has de detener
una laguna por lecho.
Ya que soldado me has hecho
no me quisieras mofa hacer.
Soy bobo, o soy espadaña
que en agua he de descansar.
Soy pato yo para andar
en agua, graciosa maña.
Soy pájaro de un charco
sé cantar a la luna,
no me alojes en laguna
que estoy falto para barco.
Probaré con infinitos
testigos calificados
que de mis ocho costados
son los siete de mosquitos.
Qué taberna, o qué bodega
donde me meta de codo
no hay más que dar en lodo
que es muy húmeda la vega.
para Sancho
¿Qué se dice,
Capitán de la facción,
de extraño, que tengo razón?
Basta
que mi celo autorice
aparte la acción de su hermano,
su persona, que a la misma
Iglesia se opone.
Es cisma.
No se tiene por tan llano
si el mismo que con razón
solamente defendemos
las haciendas que tenemos
contra la loca opinión
de ese Inocencio Tercero,
que de la secta ofendido,
que en Albí se ha introducido,
pone en campo un mundo entero.
Hablad con más cortesía
del Pontífice Romano,
que estoy yo aquí; y, mi hermano,
con soberbia fantasía,
lo que vos pretendéis, él;
Conde, dalde su bastón;
seguiré yo mi facción,
y él, el letargo aquel.
No agravéis con ese nombre
el camino verdadero.
Andad, gentil majadero,
¿queréis también que me asombre
de vos y de él? ¡A la espada!
Señor
Entra un Paje.
Licencia un correo pide.
Entre; deséase
ver el fin de esta jornada.
Entra un correo.
Aquestas cartas el Conde de Tolosa,
general invencible, manda darte.
¿Cuánto ha que partiste?
Seis horas y parte.
Mucho has andado.
Fue ocasión forzosa.
Lee la carta Balduino.
«Aunque mi primer designio fue ganar
a Murviel, el hueste que el Mistique hace,
me divirtió de este camino; los nuevos
intentos de Inocencio Tercero para
echarme de mis tierras, pone en el
campo treinta mil hombres predicando
una nueva cruzada; frustra
sus designios con la gente que tienes
a tu cuenta; será por mí agradecida
más». El Conde de Tolosa.
Jesús, dudoso el Conde está,
descuidado, en qué error
acertaré, si al valor
será mejor morir allá.
No sé, por Dios, qué me haga,
si no guarda Blanca fe.
Iré esta noche, y haré
que mi amor se satisfaga.
Decid que distes la carta.
Encargóme la respuesta.
Pues las postas apresta,
que es fuerza que yo me parta
luego a Tolosa;
pues alto vamos,
dé al diablo aquesta milicia.
Dios, Iglesia, fe y justicia,
o vivamos o muramos,
a Muret, que has de ir conmigo.
¿Y hemos de ir solos los dos?
Solos.
Pues cenar, y adiós,
que al infierno iré contigo.
A corazón constante, ninguna duda
que siga libremente su destino;
deja que escoja el real camino,
solo conmuda Dios, nadie conmuda;
hacer en la mujer probanza muda
de quitarle el honor es desatino,
del honor experiencia un mal vecino,
que la corteza de la afrenta ayuda,
si aquestas cosas dos ejecutorias
tienen de incontrastables, haced caso;
veo la suerte que mi hado ordena,
pues mal podré salir con la victoria,
fiándome de un príncipe llantoso;
voy, y a saber si mi suceso es bueno.
Sale San Pedro de camino, y Fray Roberto, lego, con un fardillo al hombro, y detrás de él un jumento de vacío.
Gracias al cielo que estamos
dos jornadas de Tolosa.
Jornadas harto graciosas
estas a que nos ofrecemos;
ya si a ser obispo fuera
con el diablo hasta el infierno,
aunque el camino es eterno;
siempre andándome vieras,
sin comer y sin dormir,
sin sentar, sin descansar;
fui al mar y vine del mar,
no sé qué me iba a decir:
¿no es tiempo ya de que dejes
estas peregrinaciones?
Sufran ellos prisiones,
yo he de vellos herejes,
que parece de bobo ser,
¡vive Dios!, pues que te digo
que a mí, hombre, me importa un higo
que ellos no quieran creer.
En la santa Trinidad
debata, abata, no crean,
séanse los que se sean,
no llegues a la ciudad.
Mejor me iba a mí en Monzón,
allí en Aragón, ¡por Dios!,
patria que no os niega a Dios,
y digno de aqueste empleo.
¿Qué se me da a mí que Francia
esté llena de herejías?
En darme trato porfías,
Roberto; menos instancia
que un pecho hidalgo espanta,
con herejes no está mal.
Fueras meter un buen dogal
que con él seguro lazo,
que aconsejaros quisiera,
llevar derecho camino;
mas fiar de un pergamino
nuestra fe santa, es quimera;
haz esas plomadas balas
del pergamino tacos,
y darás de estos bellacos
las cabezas, que más palas
que no llevas buen modelo.
Dios haga a su voluntad,
indivídua Trinidad,
poderoso Dios del cielo,
a tus pisadas que estampe,
serán cantos de testigos
que contra los enemigos
vuestros, estoy puesto en campo
por la cruz que contemplo
ved si es bien que me persiga
firme, que un traidor derriba
la base de vuestro templo
Juez y hacedor divino,
que el fuego de aquestas iras
se encienda para dar luz
a los que andan de contino
de vuestra piedad las muestras
descubra en esta ocasión
vuestras estas almas son
tenedlas, pues son vuestras
solo en este punto loco
la tristeza con que lucho
que os han costado a vos mucho
y ellas se pierden por poco
ved que en ellas va perdida
de vuestro triunfo la suerte
si después que os cuestan muerte
se quedan ellos sin vida
a vuestra justicia apelo
porque ante ella hay disculpa
pues se quedan por su culpa
vos sin sangre, ellos sin cielo
Padre, Padre, gran tesón
tenéis, o pedís en verdad
¿Será alguna necedad?
Es un punto no muy claro
como hablaré algarabía
franchota, que yo no sé
más de monsiur come
que pans, de picardía
y de cosas de este talle
queso, y franchote de apoco,
¿no quiere más?
y, ¿esto es poco?
calle, fray Roberto, calle,
que poco siente
a tal
estrecho, y diga si siento
pues a este sentimiento
siento una hambre mortal
que los sentidos me quita
comamos, cuerpo de Dios
¿por qué jura?
andémonos
siempre echando agua bendita
sobre sepulcros de muertos
como las viejas de allá
de España; enfádase ya
de tener mis desconciertos
si quiere que trabajemos
en esta viña perdida
ande abondo la comida,
comamos, y prediquemos,
donosa la invención fue
que para darles remedio
a unos perros, sea buen medio
ayunar, y andar a pie
Ande, deje esa porfía
que es un voraz
¿Yo voraz?
yo soy burgalés de braga
limpia, la patria mía,
mis padres buenos y honrados,
mi abuela, ¡cuál bebía vino!
mi padre fue campesino
de todos cuatro costados;
cuéntelo para que ponga
a mi sangre tanto ultraje,
pues aúnas en mi linaje
sus fastios de Covadonga.
Mire qué talle, señor,
hermano, en vano se aflige,
que a su regla le dije
moro no.
Pues si al decoro
de mi linaje no toca,
riña hasta que se canse.
Voy cansado.
Pues descanse
debajo de aquella roca;
ya minábase la enferma
carne, si algún sueño toma.
Siéntanse un poco apartados uno de otro.
Mientras que yo duermo, coma.
Mientras que yo como, duerma.
Y Pedro se ha acostado en mediodía, que será como se dice a asarse.
Árboles, fuentes y ríos,
que a esta hierba ofuscáis con engaños
con dulces desvaríos,
fertilizáis por tan prolijos años,
porque les dais a tan ingrata gente
la sombra unos, otros la corriente.
Esta es ocasión gentil,
que si se queda dormido,
a escuso traigo escondido
de un pedazo de un pernil.
Cumbres altivas, montes,
que hacéis, para servir al sol de basa,
disformes horizontes,
por quien nos da su luz hasta que pasa.
Porque no sois, cayéndoos a pedazos,
sepulcros ciegos de esta gente ciega,
que ya se ha dormido y acá se asoma
el pernil de la alforja.
Esta vez él se ha quejado;
salga, señor zancarrón,
que esta es muy buena ocasión,
pues estamos sin convidado;
los que al Alcorán se ajustan,
qué estragos al gusto aperciben,
sin vos ansían, sin vos viven,
como comen de qué gustan,
a que en adorar se peca
un huesaco, y compasión,
no ser vos el zancarrón
de la gran casa de Meca.
Puesto que perdida hallo,
a Troya excusa hubiera,
si por un marranchón fuera,
como fue por un caballo.
La peña en que se ha acostado Pedro se ponga de suerte que, abriéndose en dos partes, se aparezca con música la Iglesia de suerte que la cabeza de San Pedro quede en su regazo, que estará sentada en una silla, y en la una mano tendrá una palma y a su rodilla una corona de laurel; y toda esta peña se puede hacer de papelones pintados que, levantados con dos cordelillos, dejará debajo la Iglesia.
Descansa, hijo amado,
que para nudo amante de los cielos
sosiega enamorado.
que me traen, sus desvelos,
duerme, duerme, pues has por tu provecho
cama de flores, mi regazo hecho;
si así te precipitas
contra el turbión de herejes procelosos
y a Francia solicitas,
conspirando contra la fe y mi regazo,
en justo cambio, deuda igual pagando,
mientras duermes, tu rebaño velando;
nada te ponga grima,
camino estrecho tienes, senda larga,
mas pugna cruz te anima
contra el rigor del inicuo, sin embargo;
pierde el recelo, la pasión con vida,
duerme en mis brazos, hijo de mi vida.
De este noble laurel,
corona del justo fiel
y regocijo del alma,
que a todos es más sabroso.
Los últimos cuatro versos ('De este noble laurel' que a todos es más sabroso) se encuentran copiados en la segunda columna, pero una línea trazada en el manuscrito indica su inserción en este punto, en sustitución de la siguiente estrofa, que aparece tachada: 'este laurel y palma / llevan frontero muro de tus sienes / descansa y duerma el alma / que por el muelle lecho que ahora tienes / las envidias y flechas a los cielos / y a mi querido esposo, justos celos'.
Responde San Pedro entre sueños.
Iglesia santa que adoro,
por quien los gustos de acá
rastrean lo que hay allá,
la vislumbre del tesoro,
gustos que a vos no se ajustan.
¿Si acaso el tocino olió?
Y repite lo que yo,
como viven de qué gustan.
Él oliólo, no hay que hablar,
por mil bendiciones ya
el diablo le tomará
si dello quiere probar.
Dadme a gustar esa paloma.
San Pedro alarga la mano como para asir el laurel que la Iglesia tiene y Fray Roberto esconde el bocado.
Pues por Dios no lo probéis,
que os guardáis para los condes.
El tocino, esto es forzoso,
no me sobra más de un hueso.
¿Y el precio?
Digo que apelo
de la causa.
¡A Dios del cielo!
Cuales guardo y profeso,
juro que más no ha sobrado.
A su tiempo.
Y mi sed mucha.
Pues comed,
quien tal escucha,
pieza, tocino salado.
Porque para darme enojo
habláis bien tan ufano.
No ha de probar el tocino,
aunque le salten los ojos,
ya he dicho que no hay jamón.
Aún no hay oportunidad.
¿Cuándo obra?
No se atreva,
podrá ser que caigan ambos.
guste de matar su sed,
como pobre nos ve,
como en limosna nos de
un pan de a medio, y vino,
que no veo en toda Francia
quien haga bien a los dos.
Presto, que te aguarda Dios
para ocasiones de importancia;
queda a Dios.
Vuélvese a cerrar la peña como estaba antes, con música, y despierta San Pedro sentado, y dice:
Aguarda un poco.
Roberto, ¡válgame Dios!,
aquí no estaba, ¿no has visto?
Tú, ¿no viste?
¿Si está loco?
¿Qué es esto? Menos hablo.
Yo, sino chitón, buen cuento,
donde tras el pensamiento
va, apostaré que voló
sobre las siete cabrillas.
Fue sueño, o éxtasi ordinario,
siempre al alma un relicario
de glorias, de maravillas
del cielo. ¡Por vida mía,
no sé cómo el sueño mazo,
que me empazo y me embarazo
con glorias de fantasía!
Porque sueño, cuando mucho,
que no soy fraile, vivo,
camino, zampo y estoy
un sueño que me ahíte mucho.
Suéñome que estoy comiendo
con uno de mogollón,
que duermo como un lirón,
y en verdad que estoy durmiendo;
cuando sueño que hace en mí
algún sacamuelas tiro,
despierto de espanto, y miro
si están las muelas aquí.
Mas tales sueños propiamente
son sueños.
Porque sentidos
desasidos, y advertidos
de descansar dulcemente,
que os causa envidia confío,
pues con lo que he hecho ayer,
vuestro descanso perder,
porque yo no goce el mío.
Un sueño en que dulce llama,
me abrasaste sin razón,
el mundo como en blasón
de muerte, e imagen te llama.
Si vivo, o con vida,
mi sueño, a trocar tu suerte,
pues a la imagen de muerte
di hecha imagen de vida.
Tú misma, señal notoria
que no sea gloria, declaras,
que si por siempre duraras
fueras, llamándote gloria,
gloria. Si en solo un pequeño
rasguño tantas prendas
en posesión, ¿qué serás
siendo tan grande un empeño?
Un pobre, presto, que aguarde.
En pie, presto, que es tarde,
vamos, Fray Roberto, vamos.
Levántanse y hacen que se van salir, y entran algunos villanos y una villana con ramos y guirnaldas, y un sacristán, uno de ellos.
Flores, guirnaldas y ramos,
adornen a nuestro alcalde,
los pastores del ejido
y pastores del aldea
háganse una piña y sea
nuestro sacristán oído,
a su dogma divino,
todos sin chistar estén,
que maguer que el sacristán
es joven, pardiez que alivia
el día; me veo de follico,
¡qué bendición que hallo!
Zagales, andallo, andallo.
Por Dios, Marina, Carrillo,
será el sermón un placer.
Sentaos todos.
Quedo, quedo.
Siéntanse todos y el sacristán en alto.
Empieza.
Empiezo. Clerecía,
como se debe creer,
yo he de estar junto a Marina.
Sobre eso habrá mojicones.
Reportaos, ¡hola, gañones!
muchacha, suéneme a ma-
mi merancoría. ¡Pardios,
qué ascos os dé pachuza!
no se aburra, que se aburra.
Pues desabuémonos:
el diablo me ha de llevar
si no os piso la barriga,
calle, no se le maldiga,
y como quiero madrugar,
dad tamaño desgalacho,
a vos, Domingo, alebras,
y hela ay con batallas,
a vuestro gusto me agacho.
Comienza el Sacristán.
Tenemos, hermanos, obligación
a creer en Dios Padre Todo-
Poderoso, criador del cielo.
Pero advertid que no fue Dios
quien lo crió todo, como hasta
aquí os han dicho, sino que hubo
dos principios, uno de todos los
bienes y otro de todos los males,
que fueron Dios y el demonio.
Dios crio todas las almas, y el
demonio todos los cuerpos.
Llegan San Pedro y el Conde, habiendo estado apartados escuchándolos.
¡Hermanos, qué ceguedad,
qué fantasma, qué ilusión
os mueve en los corazones
a hacer esta maldad!
Pues, sois simples labradores,
católicos tantos años,
qué os mueve a aqueste engaño,
siga aquestos ciegos errores.
Por la pasión que pasó
nuestro Señor en el suelo,
por sus llagas, por el cielo
que para el alma crió,
por la Virgen soberana,
que no admitáis, humildes,
esclavos de fuego en la grey
de nuestra Iglesia Romana
que es muerte y condenación
esto que os predican hombres
herejes, que el frailón
que es un gentil papistón.
Padre papista, el sermón
es del Espíritu Santo,
que como a hombre justo y santo
me habla en el corazón.
Jesús, de ver que se quema,
os diré que es desatino.
Papista, tome el camino.
¡Vaya fuera, vaya fuera!
Vuelve el sacristán a continuar el sermón.
Que el diablo en esta invención
y por un estraño modo
crió los frailes y todo.
Quita a un labrador un tramo de aguijón y pega al sacristán.
Alborótanse los villanos y el sacristán de rodillas.
Pues, sacristán de un ladrón,
cuervo de las alamedas
de la Iglesia, motilón
de la curial religión
que de todo el mundo enredas
blancas, a puro memento,
réquiem, kiries, badajadas,
zángano de las obladas,
sastre del monumento.
Con este palo testifico
y en la verdad que entablo
que si en la Iglesia hizo el diablo
algo, sacristanes hizo.
Deja esa seta quemada
que por Dios, si no la dejas,
que han de ser tus dos orejas
en ti la mayor tajada.
¡Cree, hereje confirmado!
Por amor de Dios, señor.
¿Quién te hizo predicador
antes de estar ordenado?
Vosotros, gente pagana,
pagad también vuestra culpa.
Todos de rodillas.
Señor, danos para disculpa
que el sacristán nos engaña.
Vuelve contra el sacristán.
¿Crees en Dios?
Padre, sí.
¿Qué hace?
¿Qué es de hacer?
Voto a Dios que ha de creer
a puros palos aquí.
¡Que le abrís!
Calle, Padre,
¡qué flema! ¿Por qué te deje
rebelde, ladrón, hereje?
Sí haré.
Di.
Creo en Dios Padre todopode-
roso, criador del cielo y de la
tierra.
De los frailes malhadado.
En engaños no repara.
aunque nunca los criara,
los tiene de aber criado.
si como digo, y asador
que a fe de sangre de godos
que ay dotriñon para todos
y hartas cosas mejor;
ahora bien yd al lugar
y traedme vn tizon vos.
que quiere hacer?
juro a Dios
que lo tengo de quemar.
que no me aplaco
con aquesos ademanes.
furia de los sacristanes,
as de morir de vn bellaco,
que pues vuestra cruz pintada
San Pedro nos autoriza,
miercoles desta ceniza
será vn lego de juda.
tal dice!
no e de decir;
calle, Dios es mi señor,
muy gentil predicador
embia el Papa a convertir,
cenisa te as de aber hecho.
creo en dios vmilldemente.
firmemente?
firmemente.
de buen pecho?
de buen pecho.
de todo corazón?
de todo.
sin faltar nada?
Si señor.
pues gente honrrada
a ponerse en procesión;
digan como yo dijere,
que abrazado
por sus puntos
respondiendo yr emos juntos.
creereys?
lo que quisiere.
ayudan luego a cargalle
la alforja, pues es asno,
al sacristan, y da vn rebuzno,
que muerome por quemalle.
Cargan la alforja de fray roberto al sacristan, y ponense en procesión, fray roberto delante, el sacristan detras de todos, y canta fray roberto el Padrenuestro y responden todos.
digan todos. Padrenuestro.
santificado sea el tu nombre.
todos tres respondiendo van,
el vltimo no apercibo,
tengo de quemalle vivo;
diga señor sacristan.
ha, sacristan y mezquino!
que mala buelta se le ponja,
no meta el guante en la alforja,
que lleba un poco tocino.
creeys vos?
si creemos.
sino abra palo por dios.
venga a nos.
venga a nos.
así hasta el lugar yremos.
vanse dando buelta al teatro y San Pedro detras de todos, y entran Balduino y perote como de camino embozados.
advierte que no es pegar
la voca
que no es charlar
Pues que quieres
renegar
obligaste a que reniegue
después que en tu seguimiento
me a el polvo arto dejado
ando mas estropeado
que a un ladron el del tormento
cuyo vientre así se estruja
que hallara mas holganza
caminando en una lanza
o en la punta de una aguja
cuando esta la hambre en mi
que puede el vientre a mi ver
mis sustentos recever
que vn concejo en san holi
Por este negro de amor
sin comer y sin dormir
me quieres hacer servir
de vn ciego y niño señor
nunca amaste
bien se medra
Repregunta mis desmayos
yo soy de aquellos lacayos
que los finje la comedia
so pena de mal poeta
que el lacayo se entremeta
en requebrar la criada
de su casa o la agena
a quien su señor afama
y me abraso en esa llama
mas noble amor me atropella
solo en las tabernas mata
mi amor, y allí se remata
que aborrezco a la mas dama
y quiero a la mas barata
mas volviendo a nuestro intento
que me traes señor sospecho
en metamorfosis hecho
jus pase, jus hila caso
luego de marte me informas
en lechuza me transformas
yo soy el camaleón
de los lacayos sin duda
ten Pierres la lengua muda
que no faltara occasion
de comer y descansar
Pues bien que se determina
que aguardes a questa esquina
la esquina, no da a quien dar
o abodi parate
calla
Pues no es ridicula cosa
pensar q un hombre en tal ora
que acaba de venir ahurtadas
la arena, y cal, q aquí estan
son suplicaciones, son
estos sillares turron
y el adove mazapán
la argamasa vive Dios
que es desatino solemne
digo que si gente viene
me avises si es uno o dos
y dales paso
imposible
es señor que paso de
sino es mas de uno porque
Porque ando tanto trote
en el paso tan escaso
en sudan lo que e comido
que al puro molido
no estoy para dar un paso
No has de dormir un momento.
¿Yo dormir? ¡Gentil balcón!
Pues soy gran dormilón
para este apercibimiento;
abiertos de par en par
tendré los ojos, ¡re Dios!
Si de tu espada te fías,
en este puesto has de estar.
No me pasará un mosquito
que no sienta.
Está bien.
Válame Jesús, amén.
Soy para dormir corito.
Si abriere la puerta ahora
o abriere este balcón acaso,
no podré llegarme paso
a decirle: "ce, señora,
aquí estamos encubiertos,
no lo diga a mi señor".
¡Ay, mayor rigor!
Ya temo este concierto.
Pues peor nos hará daño
de beber, o de cenar.
Ya te he dicho que has de callar.
Haré tu gusto, aunque extraño.
Honor, pienso que me atrevo
a andar con tanto desvelo;
¡ah, Blanca, Blanca! Los cielos
me hacen perderte el respeto.
Donde me llevas, forzado,
si voy de su fe a buscar,
pues quien llega a sospechar
ya llegó a no ser honrado;
que es la opinión, por mi cuenta,
el honor, tan delicado,
que una traición sospechada
es ya declarada afrenta;
mas por Blanca es menester
el amor, y a su culpa,
que, no sé si tiene culpa,
mísera disculpa tiene;
pero ¿cuál disculpa pondré,
que lo mismo viene a ser
disculpar una mujer,
que culpar lo que no es?
A este tiempo se ha de abrir a par en par una reja del tablado.
Disparate es no dormir;
¡demonio de honra!, ahora
para rondar la señora
por la calle ha de venir.
Si es honrada, está guardada;
si no, no, aunque ande el listo;
pues acabóse, ¡por Cristo!,
o es honrada, o no es honrada.
Sueño me aflige, ¡por Dios!
La capa ha de servirme de cama.
Perote tiende la capa y duerme. Salen el Conde y Guillermo, embozados.
No hay persuadirme; a causa
que son las dos.
Por Dios, no entiendo tu intento.
No es tan fácil de entender.
¿Rondar aquesta mujer?
Es dar en un pensamiento,
que el mismo me favorece,
y es porque tiene, sin duda,
a quien querer.
braba, aguda,
de costa clamor no ofrece,
de celos y mas recelos,
de costa aguda la llamas?
si, para el arte en llamas,
y para arder entre celos.
gente viene aquí por Dios,
unos pasos, no oyo,
si es uno solo, mas no,
parlando se acercan dos.
y bien, si claro se ve,
que voces, quien sordearas?
en eso juicioso estas
llegare, llamare
a la puerta.
que me dices
lo que en efeto has de ver
pues de que modo a de ser
Guillermo, porque autorices
lo que hacer me determino
llamare, y luego después
que les confieses quien es
dire que soy Balduino
y que el amor atropella
a lo que es mi obligacion
y cojiendo un postillon
el campo dejo por bella
no tienen de abrirme luego
señor temo algún exceso
q mas eceso que el fuego
donde mi pecho se abrasa
guarda el puesto y no temas
contra la corriente remas
no es de amor la fuerza escasa
(hacense a una parte, y asomase a la ventana doña Blanca, y Gualda)
A la bentana me bengo
Gualda, para tomar
el fresco.
de descansar, no es ora
no se que tengo,
no se que suceso a hecho
en mi esta alteracion,
que a golpes el corazón
me quiere saltar del pecho,
ay de mi, que solo siento
que se tarda mi querido,
en vos mi bien tanto olvido,
burlado andays pensamiento,
falso acuerdo, olvido tanto,
pues porque lo mereci.
no dice aquesto por mi
no es por mi, tan tierno llanto.
al conde espera, que es llano
galan tiene a quien espera
A mudable.
A mujer fiera.
A infame mujer y hermano
Ay Dios cuando será el día
que acabes rigor estraño
El hombre, si no me engaño
se paro
(llama el conde a la puerta)
en la celosia
se esta, bien será llamar
amor ayudame aquí
quien llama, quien esta ay
abrid, quien tiene de estar
quien llama
ya me amotino
se que no me conoscays
abrid presto, que aguardays
no direis que soy Balduino
sois vos mi señor mi vida
si mis ojos que por verte
vengo a peligro de muerte
siendo amor el homicida
en cinco dias no cabalgo
puesto ya el pie al estribo
solo para ber mi sol
dejando estos vmbrales
restauro así los enojos
que da el ponerse el del cielo
pues sale el que aca al suelo
sol mas bello a mis ojos
esta celosia es alba
donde mi dicha se emplea
donde sin que el sol te bea
dando rayos el alba
abrid y dando señora
al cielo vn nuebo retrato
o sere del sol el ocaso
y ventana del aurora
Ay mascara mas bien puesta
a una traicion de repente
que fe, que ley, tal consiente
cielos que quimera es esta
Pagasme al justo esta ira
pues cuando yo en Barcelona
te represento tu persona
tu representas la mía
mas tu traicion encubierta
será esta vez mal lograda
porq has de entrar por mi espada
antes que por esta puerta
mi bien no abris
baja la celosia y bal
mi señor
llega Balduino al conde
que gente
gente de paz
Se questa fuera mejor
questa quieta, a estorvar bien
gastara gente y dinero
quereis mas
que os tengais quiero
a la justicia
y
si
a quien
a la justicia no vasta
quien sois
Alguacil mayor
Pues a de aver mayor rigor
que el que mi dicha contrasta
pues mas aspero no veis
que soy el conde
quien vos
buen presonaje, por Dios
para fingir; si lo azeis
mi señor el conde, es hombre
que solo avia de venir
para aver de reñir
que es cosa propia de su nombre
para salir con vuestro intento
pues no os tiene de valer
que a ser vos quien debéis ser
se cansara el sufrimiento
yo os conozco y aduertis
también por talle y por nombre
que callo yo de ser hombre
o no sois vos quien decis
sereis vn ladron famoso
pues vuestro nombre escondeis
el conde soy no lo veis
darmela despacio es forzoso
ya advertid, que barbarismo
que os llameis el conde así
por que el no estuviera aquí
afrentandose a ssi mismo
que de noche aveis venido
a esta puerta es claro, y llano
que es afrentar a su hermano
y quedar el deslucido
y si como yo os encuentro
otro alguno, os encontrara
solo por vos se infamará
su casa, con quien vive dentro
daos a prision
meten mano
Villano
a tu senor a prision
si tu fueras don Ramon
mas honrraras a tu hermana
fabor al conde
fabor a la justicia
detente
ponense a un lado el conde y guillelmo y Balduino contra ellos
aquí estoy
fabor gente
dallos a mis pies, o el balor
entralos, acuchillando y blanca desde la bentana dice
fabor al conde, dijeron
todos por conde, alevoso
mas si fue un onbre solo
que entre el conde, y le quisieron
matar, no se abra esa puerta
ay Dios que enbeleco estraño
del conde fue algún engaño
Jesu, y e quedado muerta
quierome entrar, que hasta el día
ya no lo podre saber
que en mal punto vbo de ser
el abrir la celosia
entrase, y sale Balduino embaynando su espada
guillermo es de pecho hidalgo
y el conde, mostro lo mismo
sino ygualo al brio el animo
y el otro huyo como vn galgo
fue de importancia y provecho
suceso con que e gozado
pues dejándole a vn lado
e quedado satis fecho
porque si el golpe viniera
a blanca, hiriera a desora
que fuera causadora
que mi nonbre vos fingiera
Jesu, que enbeleco estraño
fue la prebencion en Dios
aquí blando estube yo
para desazer su engaño
la gloria de la hermosura
de francia, y de vra magestad
que dudara de su lealtad
que cupo en mi tal locura
perdona aquel amor sabio
obliga por ley estrecha
a temer cualquier sospecha
y a divisar cualquier agrabio
quiero mirar que se a hecho
perote, que parece ya
que biene el alva, y estara
durmiendo, a todo provecho
A la larga, está tendido,
como diablos, no toparon
con él, por donde pasaron,
a Perote.
Comienza a tirar de la capa.
¿Ha amanecido?
Sí, que es ver su desespero
contra un nublado mayor
que quiso al sol de mi honor
ofuscar.
Pues ya es de día claro.
Sí, despliega esas pestañas,
llantos, quejas, a despecho,
bate el pecho de mi pecho.
Imagino que te engañas.
Acaba, no hay que dormir,
engaño, que me ha enseñado
el honor, lo que he velado.
¿No fuera mejor dormir?
Levanta, estás como un muerto,
acaba, que es ya de día,
y hora de la ontanía.
De eso, es cierto.
Pues no es cierto,
levanta ya, que no hay quien
tenga contigo paciencia.
Temo que tu diligencia
no quiso parar en bien,
que es media noche tendida.
¿No ves el alba salir?
Duerme, que este no dormir
ha de costarte la vida.
Más que cueste, que no sale
por mucho, aqueste temor,
pues moriré con honor.
Más cuesta al doble que vale,
caminar antes del día
que caen muchos romadizos.
¿Tú estás borracho o loco?
Dale, maco, y levántate del poyo.
Viéndole, metiendo mano.
¡Qué es aqueste! El hombre brama
contra mí, contra él me pongo.
Tiento, tiro, hago un reparo,
embístole, y enclavo
le pasaré como un hongo.
Si es porque él no lo esperaba,
de un mandoble eché una traba.
Saco este compás, después
reparo, tiro, reparo,
quiso entrarse viñas arriba,
sus intentos conocílos,
garabateéle por los filos
porque un tiro me derriba,
ya casi me hubiera rendido
a poder de una rempuja;
diome un golpe en la cabeza
que me dejó sin sentido.
Él, viendo que no paso,
mas no sé por dónde fue,
huyó, y como viste que
rendido, y a qué acabo
la riña, partió despacio,
vienes a ver lo que tardo.
¿Estás borracho o dormido?
Ni dormido ni borracho,
que si yo muerto estuviera,
fuera muerto sin tu ayuda.
Eso sospecharás, sin duda,
que dormía.
Si no fuera
Por que eres vn necio, tronco
bien palos te diera aquí
pues tu as venido por mi
as dormido como vn tronco
que apenas te as despertado
ahora inventas quimeras
y cuento lo que de beras
lo que es de beras soñado
si voluntad e tenido
de venir por tu ocasión
no me basta la intención
para decir que e venido
y cuando hablando en rigor
durmiese que te amohina
faltate algo de la esquina
que me encargaste señor
veanlo medicos jos
ynportal, y tan buena
no la dieren, cualquier pena
quiero pagar vrbe día
medicos quieres hacerlos
juezes de esquinas, que loco
de enfermos saben tanpoco
y los llaman para ellos
y a forismos suele aber
que a una esquina le bendrian
bamos que amanece ya
aun nos falta mas que hacer
Vanse y salen el conde y guillelmo
bibe dios que pierdo el seso
por saber el talle y nombre
el hombre, por dios el hombre
hubo balor
hubo peso
por que el golpe que alcanzaba
Caso de la bien acolmo
que jugaba el brazo de molino
y sobre ella se desfilaba
niega el alguacil
es clara
verdad, que yo no ymaginara
comerse el oro pusiera
el alguacil, y alabara
sin duda fue algún galan
de mi cuñada
eso es cierto
y a blanca se as descubierto
donde tus desdenes ban
aquí guillelmo veras
si en mi sospecha acerte
a blanca, blanca yase
que eres como las demas
dizen dentro muera el Papa
dentro, muera Inocencio tercero
Señor el pueblo se inquieta
se junta el mundo entero
viba la Albijense seta
que es esto
el pueblo alterado
pues a oydo que de Roma
as de entrar al de Roma
dentro en tolosa una ciudad
no porque a temer le obliga
si le ampara su persona
mas por que una cruz pregona
contra la Albijense liga
y que parte a carcasona
con comisión que le da
vn español esta alla
con otros en Narbona
y no es bien de vn frayle imprudente
acreditar su locura
El Papa muera
viva la seta Albigense
Si yo salgo a defenderos
quien a de osar oponer
vuestro caudillo e de ser
vivas mil siglos enteros
mi seta es la vuestra misma
como os dira la experiencia
Entra Balduino con baston
Aca me entre sin licencia
porque todo padece cisma
O general
Arrojale
Ya no quiero
onor que vileza engasta
toma tu baston que basta
a afrentar vn mundo entero
vn mundo dije, aun es poco
que es ya su infamia tan clara
que para que le afrentara
dos mil mundos fueran pocos
no culpes mi atrevimiento
que quien con vn acero aleve
contra la yglesia se mueve
no guarda comedimiento
si yo a tu queja atendiendo
y no al dictamen que tenias
pues cuando tu queja hacias
me tachavas lo que haciendo
mil veces te di el abismo
mas ya estoy certificado
que mis voces de avisado
ni te an topado de improviso
y a ti con tus sinrazones
me obligaste a obedecerte
porque hallaste el fuerte, fuerte
contra la yglesia te pones
y así compruebo que hallo
ser los dos a buen seguro
mi ermano el mas perjuro
y el mas honrado vasallo
y pues tal locura intentas
uiendo, no te admires
que por tus obras mires
camynar por mis afrentas
no será por ty pecado
novel al que te revele
que vn general se rebele
de vn campo debelado
no faltara a quien entregallo
su baston de general
que lo que infama a vn leal
sobra a vn traydor a quien dallo
Sin seso estas
no pudieras
por estas muestras que doy
decir, que sin seso estoy
si tu en tu seso estuvieras
pues así con certeza
acreditas este exceso
porque hombre que esta sin seso
no vale para cabeza
acaso donde las cismas
que en la yglesia se renueven
y advierte que ya se mueven
contra ti las fieras mismas
Foliación: 21
Pues estoy con causa quejoso,
a tus cajas al rebajar,
porque están descomulgadas
no les responden los ecos;
a los que esta infame palma
por su amistad siguen,
nunca dellos se oiga
que son amigos del alma;
y así a decir me acomido:
Soberbio hereje atroz,
que pues contra el Papa hablas
que vas a Roma por loco.
Concluyo mi parlamento
con decir en esta parte
que es contra Dios alzarte,
sobrado desacatamiento.
De diez y seis años pasa
que en servirte me he empleado,
sin vermos mejorado;
yo, señor, por mi casa,
que por no tener que vella
muy grande merced me harás
en mirar por ella más
nombrando mayor por ella.
¿Qué tal sufro en mi presencia?
¡Quitadle luego la espada!
No puede estar enseñada
a rendirse con violencia,
ni a bajarse; ¡hola, guarda!
¡Prendelde!
Balduino mete mano, y Soldados, y Guillermo contra él.
Si eso dijera
otro que mi señor fuera,
no fuera mi espada tarda
en sacarle el corazón.
Sal, date, u muere a mis manos.
No pienso morir villano,
ni darme a vuestra prisión.
Detente, loco atrevido,
dame esa espada, ¿qué esperas?
Sangre primero de veras,
fuera escusado el ruido.
Toma, señor, que atendiendo
quién eres, y lo que soy,
de bueno a bueno te doy
lo que por fuerza defiendo;
que aunque pudiera oponerse
mi valor, ha de advertirse
que es más nobleza rendirse
al señor que defenderse.
Dísteme años atrás
ésta, porque te sirviera;
harto te serví; y quisiera
haberte servido más.
Con dársela me resuelvo,
que nada, aunque lo intentó,
alguno, me la quitó,
y solo al dueño la vuelvo.
Contra la iglesia, el perdella,
sin dar a ningún soldado
que los filos ha embotado
con sangre enemiga della.
La gente que apercibida
tienes contra el Papa en campo,
yo de mi nombre le estampo
la que te ha llevar perdida.
Tenéis aquesta facción,
ni yo doy de mí quejarme,
pues que por solo avisarte
me condenas a tu prisión.
- esto has visto y te fías
desta secta que incitas,
que sangre a la Iglesia quitas
y al estado pones fuego.
Llevadle, porque acorte
de dar consejo su estilo,
que espada romana y filo
cuando lugar gano a corte.
Llevadle luego.
Señor
No repliques más.
Con mi sangre pagarás
el precipitado fuego
que en esta ocasión es llano
que es ser católico exceso.
Por la Iglesia en fin me pierdo,
a ciego y rebelde hermano,
no me da el morir temor,
que es morir mayor grandeza
católico sin cabeza
que ser cabeza de herejes.
(Llevan a Balduino y salen Blanca y Gualda)
No he podido reposar.
Jesús, qué dolor extraño.
Señora mía, buscas mi daño.
¿Con qué?
Con reparar extremos.
No hay que dudar,
que algún mal se me concierta,
que un sueño es cosa cierta
achaque de desconciertos,
quien tanto sueña en los muertos
muy cerca está de la muerte.
Fronisto no ha podido
parar un punto en la cama,
y encendido, hecho una llama,
le hallé a una lanza asido;
diz que una espada pide,
médicos, y no sé cierto
destas armas el efeto
para cuando es menester.
Tomallas niño y mujer
sin duda es grande el aprieto.
Un diamante que mi esposo
me dio, puesto en un anillo,
saltó de oro; en decillo
el alma pierde el reposo;
no fue hado más forzoso
que el desengaste, imagino,
suceso tan peregrino
a los pechos me clavaba
que se llevaba mi vida
o sea muerto Balduino.
Entra Pierres alborotado.
¿Qué hacéis, cuerpo de Dios,
que no acudís al desastre
que sucedió a mi señor?
Ay, ¿le han muerto?
No, señora,
mas mil veces es peor.
Llevaba anoche nuestro viaje
que nos pusiesen estorbo
hasta cuando amanecía.
Pues volvímonos
hasta la primera aldea
casi una legua los dos.
Tornamos hoy a las nueve
hasta el palacio, y él entró,
y en el zaguán me quedé,
donde los lacayos son.
dende a cabo de rato
no sé por qué, o por qué no,
toda la guarda del Conde
alborotada volvió,
el general va en medio,
sin espada y sin bastón.
Pregunté dónde le llevan,
dijeron: a una prisión.
Porque jueces replicaron:
por católico, es razón
bastante para quitalle
la cabeza don Ramón.
Y respondieron a voces:
a ser solo un hombre, y dos,
o veinte, óyeme, señora,
puedes perder el temor,
que yo les quitara el preso
a fe de hidalgo, mas son
más de cuatrocientos hombres.
¡Ay, mi esposo, muerta soy!
Cae desmayada en brazos de Gualda.
¿Para qué se lo decías,
necio?
Pues, ¡cuerpo de Dios!,
¿no lo había de saber?
¡Muerta está, por san Antón!
Trae un poco de agua presto.
¡Señora, señora! No
responde.
Yo sé una traza
con que la haré volver yo
al punto.
¿Cuál es el remedio?
Trae de vino un cangilón
que sea añejo, fuerte y bueno,
y luego, en bebiéndolo
con el espicho del vino,
dándole un bostezo, o dos,
volverá el alma de bulto
al cuerpo donde salió.
Como es de vino el remedio,
así se hace, vamos para
llevarla en los brazos
a la cama.
¡Ay, don Ramón!
Cómo debieras no darte
por aquesta alma de Dios,
que es santica, mi señora,
y pesadumbre a mi señor.
Llévanla en los brazos y salen.
Conde y San Pedro de Castelnou.
Venir tu persona sola
ha sido hazaña extremada,
que estaba ya alborotada
toda Francia, y estás sola.
Sale un paje y da vuelta dos sillas y siéntanse el Conde y San Pedro.
De que bueno hayas llegado,
me huelgo.
Que tú lo estés
me es no pequeño interés.
Yo soy el interesado,
aunque papa y cardenales
me envíen, sin merecello,
en preeminencias y a ello
tan mirados, tan cabales,
son en todo, que no es justo
Con la justicia me atrevo,
y ayudado por Dios justo,
en darme la absolución
podrás luego resolverte.
Yo tengo de obedecerte
en lo que fuere razón.
¿Así que vienes a esto?
A suplicarte.
No más,
la absolución me darás.
Echaré en servirte el resto.
Como cumplas.
¿Qué es cumplir?
El juramento que hiciste.
Que lo cumpla me dijiste,
ya me pesa de te oír.
Piensa, el papilla.
Señor, con moderación.
¡Qué enfado!
Que he de dejalle mi estado,
que a sangre y fuego en rigor
trata que desbarate.
Pide el Papa.
Levántanse de las sillas.
Pide el Papa
que intenta quitarme la capa.
Con más respeto se trate
de su santidad, señor.
Vuélvense a asentar.
Quede aquí, no sigamos;
en absolverme harás
lo que estuviere mejor.
Paces que tienes firmadas,
Conde sordo, o con cuidado,
mil veces las has jurado,
y mil están quebrantadas.
Bien, pero advierte que es justo
que a mi gusto se ajuste.
En lo que la Iglesia guste.
Pues gusto yo.
Yo no gusto.
Tú harás lo que yo quisiere.
En lo que fuere razón.
Razón es mi absolución.
Tornan a levantarse.
Cuando penitencia viere.
¿Por qué te muestras tan fuerte?
Por la Iglesia lo he de ser.
Sabré a la Iglesia ofender.
Sabrá la Iglesia ofenderte.
Presto la Iglesia verá.
Presto verán tus fronteras.
Yo arbolaré mis banderas.
Banderas tienen allá.
¿No me has de dar un legado
razón por qué no me absuelva?
Falta en quien no se resuelva
en cumplir lo que ha jurado.
Los herejes de tu tierra
la Iglesia no ha de sufrir,
y os ha de perseguir,
o ella ha de hacerte guerra.
Según esto, bien dispones
que a tu perdón se provoque,
pues antes que al arma toque
tanta gente en campo pones;
muéstrase tan de plano
tu pertinacia y exceso,
que es público que profeso
ser católico romano.
Deja pues tanta malicia,
que si te vuelves atrás
misericordia hallarás,
si no te vuelves justicia.
¿Sabes mi valor?
Pues no.
Y a la Iglesia importuna,
Sabrá defendella alguno.
Sabré ofendella yo,
y mi poder sin segundo.
No tiene ella fuerza escasa.
Yo la echaré de su casa.
Y ella te echará del mundo.
Verás mi fuerza cuál es.
Sentirás su fortaleza.
Yo hollaré su cabeza.
Siéntanse otra vez.
Ella te echará a sus pies.
Y no has de absolverme, Judas.
Si quieres paz eficaz,
No quiero llevar tu paz.
Vuelven a levantarse.
Si ha de ser la paz de Judas.
Y pues la soberbia, vuelo,
que en ti tiene tan pujante,
y por parecer gigante
te opones al mismo cielo.
Pues al suceso disponte,
don Ramón, en lo intentado,
porque si caes derribado,
no has de quedar hecho monte.
No pienses en ti, dejarás
soberbia lo que perdió.
Pues que fuerza cae,
por fuerza no has de subir.
Verás si hay quien te maltrate.
Verás de la Iglesia el brazo.
Como esas arañas mato.
Como a esas moscas mato.
Que estás en Tolosa advierte.
Y cuando quisieres, saldré.
Darte la muerte podré.
Que no temo yo la muerte.
Sabré a la Iglesia hacer quieta.
Y ella defender su capa.
Ya salgo a quemar al Papa.
Vanse cada uno por su parte con que se da fin a la segunda jornada.
Ya salgo a abrasar tu secta.
[Página en blanco]
Salen Conde, y Guillermo, vn secretario, Sientase el Conde y Guillermo
Enfadome, como dijo
nuestro legato, y a fe
que a no mirar que se fue,
hablando oy de ello conmigo,
me dijo que ya quería
partirse.
Sientase en vn tribunal que esta levantado del suelo.
Bravo rigor,
el fraile tiene valor,
no ay quien le hable, a fe mía,
que se parta, cosa fea;
y mas el bermejo novicio
ves a decille al legato
que se guarde de mi, y vea.
Entretanto la visita
de la carcel quiero hacer.
Comenzad luego a leer
peticiones.
Una escrita
del obispo, en que suplica
que castigueis a Hugón preso.
¿Por qué delitos?
Aquí pienso que los explica,
que es larga.
Lee el secretario la petición en un papel.
«Nos, Falcón, por la gracia de Dios
y de la santa sede apostólica
obispo de Tolosa, etc., a vuestra exce-
lencia suplico que a petición
mía castigue a vn ciudadano
llamado Hugón, porque entrando
en la iglesia con poco temor de Dios
y desprecio de su santo altar,
la profanó asquerosamente de-
xando la patena inmundamente
manchada; y consiente mal
del santo sacramento, como lo a
mostrado en algunas ocasiones,
de todo lo cual está hecha infor-
mación; ambos delitos son de
tanta autoridad y tan atroces,
que rehúsan oírlo las piadosas
orejas, que pues he empe-
zado, que vuestra excelencia lo justifique e haga
castigar como merece».
El obispo del todo
con justicia se le semeja,
por cierto que vn necio alabe
por vn delito que al cabo
no pasará de una queja;
suéltenle, que disparate
más es conforme a razón
que al que hizo la petición
se castigue, y él se alabe.
A vn médico temerario
jugando vn invierno al
fuego del asador
de vn amigo el boticario,
dijo: juro a tal que pude,
ansi el gran Dios de Israel
me ayude, y respondió él:
esse Dios nunca me ayude.
La iglesia pide a gran tiempo
Que en su derecho alegue
o que al obispo se entregue.
Entregar el pasatiempo,
que a burla haré yo,
información plena, pues
el primer medio es
que de Israel reniego,
que es burlas de mí, barrunto.
Salga dentro de dos días.
Sobre aquestas niñerías,
relatárselas por punto,
aun fue de menor asiento.
Las cosas graves decí.
Los delitos contra mí
son cosas de más momento
que la iglesia
Entra un alcaide.
Satisfecho,
un preso de su ignorancia
pide para entrar licencia
a informar de su derecho.
Entre luego.
A prisa, hermano.
Entra Balduino con una cadena, maltratado.
No tiene, quien vive apenas,
fuerza de tantas cadenas,
la priesa es tan a mano.
Híncase de rodillas debajo del tribunal.
A tus pies, señor, estoy.
¿Quién eres?
¿No me conoces?
¿Tan presto me desconoces,
que me preguntas quién soy?
Un hombre soy que a un pozo
de la fortuna arrojado,
vivo muriendo enterrado,
pues vivo en un calabozo,
que del sol postrer asomo
tiene de vital aliento,
que se por onzas le cuento,
pues que ya por onzas como.
Aquel cuya triste suerte
haciendo en su vida estrago,
le dan muerte, trago a trago,
porque dure más, le advierte.
Un hombre soy que avisado
de la fortuna el vaivén,
que por servirte muy bien
vengo a morir mal premiado.
Soy el que en mil ocasiones
tus contrarios atajó,
y el premio que se le dio
fue arrastrar estas prisiones.
Soy con quien no se han hallado
obras que hiciese mal, tan
y los que en ellas me faltan
al pie me los han echado.
Soy, pues sabello te agrada,
hablando con propiedad,
la imagen de la lealtad,
de lodo desfigurada.
Un sarmiento soy, desgajado
del tronco donde naciste,
un hermano que tuviste,
no sé yo si has desgraciado.
Yo soy que a pedirte vengo
Puesto que en mis palabras
Conde, que de un golpe acabe
la poca vida que tengo,
quatro meses me as tenido
en vn calabozo estrecho
y no os soy de probecho
para lo que me as pedido,
mira al punto a que as llegado,
pues vengo a buscar aquí
la muerte que huye de mi
por verme tan desgraciado.
No es así; pues que aduierte
pretendo en eso agraviarte,
pues mil muertes siento darte
antes de darte la muerte.
Haz tu gusto, vibe, o muere,
pues que te as de ascoser,
lo que mando se a de hacer
y yo hare lo que quisiere.
Advierte que aquí se encierra
la causa de mi passion,
o morir en conclusion
o ayudarte en esta guerra,
pues si de ello no se escapa,
en ello firme estare,
mil muertes padecere
antes que ser contra el papa.
Esto publico a pregones,
preben luego los castigos,
no ay que examinar testigos
ni hacer mas informaciones.
Entra vn criado.
Licencia te enbia a pedir
doña Blanca para hablarte.
Entre, quizá en esta parte
nos le bendra a reducir.
Entra doña Blanca de luto con dos damas y Perote por escudero.
tachado: vn poco delante y Fronisto y Gual- / da estan detras del conde
Vn poco delante, y Fronisto y Gualda estan detras del conde.
Lugar, chusma palaciega.
Hazeos poco a poco.
Conozcan su desembozo.
Vn par de repulsos
si se llega.
Lame platos de palacio.
Lacayo comun de dos.
En vayna voaze, don dios.
Entren voacedes despacio.
Llega doña Blanca y hincase de rodillas delante del conde.
Señor, si no es que en tu pecho
mi mucha infelicidad,
al rigor y la crueldad
mala morada an hecho;
sino es que al pedir yo audiencia
falte por mi desconsuelo
misericordia en el suelo
y en tu pecho la clemencia,
oyeme en esta ocasión,
no ya por ser tu cuñada,
por ser mujer desgraciada,
que es mayor obligacion.
Que mi causa as ofendido
admito, señor, por llano,
lo que peco mi hermano,
culpa de ser atrebido;
no alego para mi abrigo
descargo en tanta malicia,
que el llebado por justicia
ver muerte es poco castigo;
solo alego en tu presencia
que mires en tal conflicto
no de mi hermano el delicto,
sino tu propia clemencia.
Pidele en esta ocasión,
conde, a tu autoridad
a innativa bondad,
no haya justa indignación.
Debe valer la grandeza,
del furor venza el antojo,
que nunca hizo nido el enojo
en pechos donde hay nobleza.
Mira que a los que son
de príncipes en la copia,
perdonar la injuria propia
es más glorioso blasón.
De mí misma, pues, pido
la vida por interés,
señor, de que me la des,
y a mis lágrimas vencido.
Pues si venganza has de igualar,
el yerro que me ha dado,
por dada estimala en más,
que por lo mucho que tarde;
qué mucho, si cuando fiel,
echando en servirte el resto,
tantas vidas por ti he puesto,
cada una dé a él.
Mira la igualdad sangrienta
si es argumento eficaz
de dar una vida en paz,
que por ti se ha puesto en cuenta.
Potencias en la eficacia
casi a un tronco te convida
el ser autor de la vida,
y hacer de la vida gracia.
Mas porque mi lengua en vano
motivo extrínseco lleva,
tu misma sangre te mueva,
muévate tu propio hermano.
Advierte, aunque separados
por bien desiguales hados,
que sois de un padre engendrados
y en un vientre concebidos.
Mira, si no te es prolijo,
ver al que tienes delante,
que tú y no él es el infante,
porque es de tu hermano hijo.
Muéstrate con él clemente,
que a pedir su padre viene,
este ángel qué culpa tiene,
qué te ha hecho este inocente.
Pues tienes hijos, compasa
mis infortunios prolijos
a ti, y mira en tus hijos
mi fortuna por tu casa.
Si en dar, señor, no te paras
alivio a mis tristes quejas,
mira el huérfano que dejas,
la viuda que desamparas.
Mira tu valor profundo,
si de enojo te ciegas,
de la sangre noble que riegas,
lo que ha de decir el mundo.
Y si no está enternecida,
aun con esto, tu fiereza,
córtame a mí la cabeza,
conténtate con mi vida.
Sea así, te guarde Dios,
hago menos importuno,
que muriendo muera uno,
pero si tu hermano, los dos.
No más, Blanca, basta, basta,
lo que es justicia ha de ser,
que llanto de una mujer
poco mi pecho contrasta.
Y esto, Blanca, no te asombre,
que mujer conocí yo
que no pudo, y lo intentó,
vencer con fuegos mi nombre.
Vase levantando y dice.
Venza a Júpiter tu
Señor, suplico
El paso tenemos.
Señor, mi esposo
Veremos.
Señor, mi padre,
será mejor
se le remachen clavos
al calabozo, y podréis,
Blanca, volver si queréis
a hablarme.
Entranse el conde y criados, quedan Balduino, y Blanca, el alcaide Dionisio, y Perote.
¡Notable exceso!
Blanca mía.
Esposo amado.
Prendas del alma, que adoro.
Padre, ¿lloráis?
Hijo, lloro
de veros tan desgraciado.
¿Qué remedio?
Que alleguéis
a donde abrazarme pueda.
Fortuna dura, sañuda.
Amor vive consolado.
Abrázanse.
¡Ay, mi alma!
¡Ay, mi señor!
¿Cómo te va, esposa mía?
Como sin la compañía
del que es dueño de mi amor.
Flaca estás.
Amigo, siento
tu prisión.
Ah, mi cadena,
mi bien, no me causa pena
ni mal, sino tu tormento;
y así, al llanto dan los ojos
rienda, que el valor de un pecho
pues, aunque aprueba de hecho,
aprueba de tus enojos.
Lloros, esposa mía,
tampoco te he de gozar,
que salen a perturbar
las lágrimas mi alegría.
Quisiera que no llore al punto,
que pierdo en perderte a ti
mi alma y mi bien, y así
es perdello todo junto.
Pon, esposa, el llanto en calma,
mientras que tus brazos toco;
descanse, descanse un poco
en dulces lazos el alma.
No me hacen hierros asombros,
ni el ver hierros a mis pies,
que mi dolor solo es
que apesgan sobre tus hombros.
Pero vivo consolado
después que alcancé y que vi
que el faltar hierros en ti
me trae de hierros cargado.
No hay más de buen corazón,
que ciento hierros se hallaran,
si en un hierro se pesaran,
y aquestos livianos son.
Y pues hablar con exceso
el despreciarlos así,
si el ver que faltan en ti
les sube de contrapeso.
Estos de tejas abajo,
que entre estas razones doy,
a Blanca, el principal es Dios,
por quien sufro este trabajo;
si bien del conde se advierte
la locura y desconcierto,
bien puedes tener por cierto
que estoy cercano a la muerte.
Pobre estás, con nada asido,
solo de Dios, por prendas
Alma de mi bien sentido,
que en estremo te he querido.
En vínculo de mi amor
a Fronisto te dejo,
el tesoro de este pecho
que hereda de mi valor.
Vos, hijo, ved qué quedáis,
y que en vos queda cifrado
mi valor. Todo he obrado
para que vos lo entendáis;
y nunca porque esto os cuadre
la memoria en vos se doble,
que tuvisteis padre noble
y que os queda honrada madre.
Sabed tenella y honralla
como ha de honrarse y tenerse,
que ella sabrá defenderse
si vos sabéis amparalla.
Contento vengo a acabar,
pues al fin vengo a dejaros
sangre para heredaros
y honor para acreditar.
Con aquesto se desquita
la empresa a que os obligáis,
pues honor acreditáis
el valor que os acredita.
Blanca, acortad ya de razones,
porque si el conde saliera
y con su mujer te viera,
me echara a mí en sus prisiones.
Tiempo es ya de recoger.
Blanca, adiós.
¿Qué, te vas?
Como no te deje ver jamás.
Toma la cadena al hombro.
Dejadme, padre, abrazaros;
no lloréis más, los dos,
que si vos morís por Dios
ya sabré por Dios vengaros.
Vuestra carga me espanta;
llevemos, padre, a pedazos,
serán de esos pies los lazos
argollas de mi garganta.
Y así al mundo daré asombros,
pues tanto vuestro hijo soy,
que vuestra carga me doy
como yo sobre mis hombros;
que el valor que me habéis dado
todo mi valor alarga,
que aunque me cargo esta carga,
no pienso quedar cargado.
No te ha quedado, señor,
algo que decirme a mí.
Como no soy el que fui,
ya habréis perdido el amor.
Enflaquecido te has;
ya sé la causa, imagino:
no te debe de dar vino
alcaide de Barrabás.
Con gran lealtad me serviste;
perdiste en camino ya.
Presto en servirte está
como el día en que naciste.
Mándame, que por el gozo
de mi madre, que le harás
ir al infierno, y aun más,
que me eche dentro en un pozo
y me ahogue.
En mis enojos,
Blanca, no hay que aguardar calma.
Adiós, mi esposo y mi alma.
Adiós, Blanca de mis ojos.
Vanse todos. Salen San Pedro y fray Roberto con dos palos escondidos debajo del hábito o capa.
mira el pecado Roberto
tieneme por descuidado
y a brazo lidié el pecado
porque si algún descocido
quisiese hablar del Papa
palabra alguna impropia
contra el conde de Tolosa
defendamos nuestra capa
quebrare
con que del cocote
si a un empujon se escapa
del conde
veamos enseñe aca
mire que gentil gatote
Jesus que guarda a tino
quiere perderse
eso no
nunca me perdere yo
amando el fondo al vino
con este palo o tacon
se asayaran mas de dos
matarelos, vive Dios
no ai tales comuniones
note que enciende la fragua
a nadie convertiremos
almas no, pero podemos
convertir a estas en agua
ya los faremos destajos
yo te quiero notificar
del pleito apelo publico
no estamos descomulgados
que el virrey de lo eterno
aplique este palo luego
por no ser mas prolijo
vienes por todo el infierno
a tener el diablo el oficio
fuera de la cruz
calle
que tiene muy lindo talle
para este santo ejercicio
pues en su palacio estraño
quiere a palos negociar
es milagro en el de estar
en este negocio vano
y que a algunas personas
en el palacio barrunto
que vayan a empujones no es nuebo
diez maneras de maromas
a esta chusma palaciega
no conoce, en mi conciencia
Roberto hermano paciencia
entrase por debajo la capa
el piensa que me sosiega
con aquestas migajas
a voces escondido esta aca
que estoy enfadado ya
de andar aca a peganzas
vive Dios que ha de hacer
un mal hecho en la ocasión
si da el cortes el meson
aquestas son a mi ver
las puertas del gran palacio
entremos dentro
entremos
plegue a dios que negociemos
veanse cosas muy despacio
Sale doña Blanca asida de un manto con la daga del conde desnuda, y el deteniendole el brazo
detente, que vive Dios
Conde, tirano, que quiero
matarte, matarte, espero
Blanca, reportemonos
barbaro, cruel, tirano
mira si es tu infamia aleve
pues a tu acento se mueve
el benirseme a la mano
con esta daga aquí
fiera a tu muerte enviada,
mas no el bien dejar manchada
la que me defiende a mí.
De ella con brutal despecho
tu bajeza corre o huye,
pues con verdad se le huye
las infamias de tu pecho.
Si no es que como apartado
de la iglesia debe estar,
quiere tu mano evitar
tu pecho descomulgado.
Dijísteme que viniese
a pedir a mi marido,
y en tu casa has pretendido
que yo sin honor volviese.
¡Ah, traidor!
Detén el brazo,
hermosa, enojada mía,
que contra tu bizarría
no se ha de hallar embarazo.
Hasta la mitad del alma
abrirme el pecho podrás,
que solo en él hallarás
de solo tu amor la palma.
Antes verás al revés
a todos los elementos
dejar sus propios asientos;
todo el orbe pervertido;
que baje volando abajo
el fuego con propensión,
y subirse a su región
los peñascos sin trabajo;
que de alcances lo que pretendes,
déjame hacerte pedazos.
Detén los hermosos brazos.
Suéltame.
¿Que así me ofendes?
Pues antes verás, esquiva,
de sus propios albedríos
subir trepando los ríos
por esos montes arriba,
y antes el Dios que gobierna
los más altos firmamentos
volverá los elementos
a su confusión eterna,
que yo deje de quererte;
y antes, cruda condición,
con que puedas hacerte fuerte,
segunda vez halle muerte.
Señora, puedes
ser deidad de mis estados.
Juzgo, don Ramón casado,
la misma traición excedes.
A cuñada, por villano,
como es, dejar su mujer.
Muy bien puedes, Blanca, ser,
que ya no vive mi hermano.
Que pues que de mi grandeza
dando así ejemplo y asombro,
hoy deja sus viles hombros
huérfanos de la cabeza;
juzgo pudieras conmigo
evitar publicidad.
¿Es lo que dices verdad?
Verdad es lo que te digo.
¡Jesús! ¡Piedad, cielo santo!
Presta, como has, fortaleza
para sufrir tu fiereza,
crueldad y alevosía, tanto.
¿Que así acabó mi esposo?
¿Muerto ya? Al fin está
que no le debe más ya,
que ya no has de ver a mi esposo.
¡Ay, Jesús!
Entra un paje con la cabeza de Balduino en una fuente.
Aquí te envía,
por testimonio y blasón,
en fe de la ejecución
de su justicia, este día,
el alcaide, la cabeza
de don Nuño, tu hermano.
Echad pleitos a una parte,
que pregunto, en su justicia,
qué justicia en él se hizo.
Dentro en la cárcel, señor,
le ahorcó el gobernador.
Toma doña Blanca la cabeza en las manos.
A mi gusto satisfizo.
Cabeza, algunos desvelos
me costó el teneros alta;
en vos ha estado la falta
de rodar por esos suelos.
Porque trocar al revés
con la lealtad y nobleza,
habéis venido, cabeza,
a andar debajo los pies.
Andad a mi acento, y pues
que no merece un traidor
de sepultura el honor,
al campo echadle, podréis.
Tal dices, ¿que hayan llegado
a tanto exceso tus hechos,
que a tu hermano eches a pechos?
Digno de estar empedrado
de esta cabeza leal,
de aquel sangriento licor,
que así desata claror
de aquesta rabia infernal,
afrentarle, a mi despecho,
a las fieras por cebo;
que si andáis buscando peros,
dale sepulcro en tu pecho,
sino a ti, dale, infiel,
quien hallará su lealtad
en los pechos más piedras;
piedad usad con él,
cabeza en quien se anida,
y de mi honor la palma,
en vuestros ojos, mi alma,
en vuestra lengua, mi vida.
Como contra vos se entabla
esta crueldad nunca oída,
hablad, como estáis sin vida,
también os falta la habla.
Que os habéis hecho, no dudo,
piedra, y bien claro se infiere,
pues piedra, quien firme muere
del que está así, que está mudo.
Pero contra tantas menguas,
aunque piedra, sin razón
no habláis, que en esta ocasión
las piedras se vuelven lenguas.
Mas si se advierte este ultraje,
corona, vuestra nobleza,
señalándoos por cabeza
de todo nuestro linaje,
de tal suerte os abona
entre virtud, y entereza,
que el quitaros la cabeza,
fue poneros la corona.
Y el fin es ganancia del cielo,
pues llegáis, cabeza, vos
a encabezaros con Dios
cuando dais cabeza al suelo.
Echad de ahí esa mujer
que está loca.
Con tus traiciones,
conde, a peligro me pones
que el seso pueda perder.
Sus maldades me han traído
a este estrecho en que estoy,
pues con dos cabezas hoy
el juicio tengo perdido;
mas no quedas excusado
de aquesta misma apretura,
pues por tu misma locura
tal cabeza haber cortado.
Y así en diverso compás
somos de locura llenos,
tú por cabeza de menos,
yo por cabeza de más.
Esta parte que contemplo
pienso, a tu pesar, llevarla,
no para solo enterrarla,
sino para hacerla un templo.
Y con esto devota,
irme, don Ramón, me aplace;
que quien para otra tal nace,
no nace para dichosa.
Vase el criado, y doña Blanca hace como que se va entrando, y entra San Pedro de Castelnou. El Conde está pensativo.
¡Qué gemidos, qué lamentos,
qué voces, qué confusión!
Los de estos palacios son,
quien turba así sus asientos.
Temblando un pie descompasa,
y otro me da de letrero;
parece que veo temblar
de temor toda la casa.
Encuéntrase San Pedro de Castelnou con doña Blanca, y ella se hinca de rodillas con la cabeza en una fuente.
¡Qué espectáculo, qué entraña,
y la que mirando estoy!
La sombra de un cuerpo soy,
cuyo ser es no ser nada;
señal que un bárbaro está
haciendo, a quien no le entiende,
voces confusas desprende
que no se fíe quien las da.
Planta temprana que el frío
consumió y escarchó el yelo;
álamo que se secó
por quedarse en seco el río;
pavo que vino a hallarse
sin las plumas de su rueda,
a quien solamente queda
groseros pies que mirarse;
paloma en tarde sosegada,
sin velas que la hermosean,
ciudad que muros rodean
sin ser de nadie habitada.
Porque no estés en calma,
pues que sin marido estoy,
concluyo, señor, que soy
un cuerpo muerto sin alma.
Y yo, por extraño modo,
de que el sabello te agrada,
la mujer más desdichada
que ha tenido el mundo todo.
Levántase del suelo.
Tate, ¿con qué paciencia
oiga en tan grave ocasión
que ejecutó don Ramón
en su hermano la sentencia?
Eternizaste tu historia,
oh general sin segundo,
trocando el bastón del mundo
por la palma de la gloria.
Tú solo, y no tiene remedio
de esta injusticia el rigor;
Blanca, cebado el furor,
pon presto tierra en medio.
Ten de Fronisto cuidado,
contra esta furiosa ola;
salva la reliquia sola
del valor que te ha quedado.
Dél, ¿dónde iré?
Hijo, yo digo
que para el fin de esta vida
hallarás buena acogida
en el de Monforte abrigo.
Me valga con mano franca,
poderoso Dios, de vos.
Ilustre Legado, adiós.
Entrase doña Blanca, y llega San Pedro adonde está el Conde Don Ramón.
Adiós, desdichada Blanca.
¡Oh, Legado
cruel, ¿cómo, que no te has ido?!
El camino he suspendido
por habello tú mandado.
Al menos, suplíquelo.
No hay que escrupulear,
más bien lo puedes mandar.
Hacesme merced.
El cielo
sabe, señor, que de veros
a gusto, hubiera en todo
adquiriros con cortés modo,
Legado, muy grande empleo
de obligaciones en mí.
Soy del Conde aficionado.
En el negocio tratado,
¿qué resolución me di-
-as, mas qué tratar primero?
Primero; mas, pues bien, ¿qué?
Señor, te lo diré.
Di.
Escucha.
Escuchando espero.
Después que en varios lances de fortuna
la Iglesia santa, con piadosa entraña,
a tus rebeldes tierras importuna,
molestó con sus hijos la campaña;
la obediencia mil veces (una a una)
juraste por templar la justa saña.
Y el ser Legado yo del Papa, ha hecho
halle las cosas en aqueste estrecho.
Gentes levantas, siervos apercibes,
a fin de defender tus propias sectas;
al hereje albigense no prohíbes,
los obispos católicos, detestas.
Y parece que al Señor recibes,
para dalle el bastón de aquestas puertas;
él es hereje, de la fe enemigo;
no sé qué diga, bástate lo que digo.
Porque podrás decir que voy solícito
de tu hermano en la muerte en que te aprieto,
pero estando la Iglesia en tal conflicto,
no lo podrás juzgar, que eres discreto.
Mas esto al Tribunal de Dios remito,
el caso; veo que en esto me entrometo,
dos veces he avisado y propuesto
que elijamos de paz, y en medio de esto,
o persigues en tu tierra a los herejes,
o deja a la Iglesia perseguillos,
que está ofendida, Conde, de que dejes
descoger sus banderas por seguillos.
Don Ramón, no te ofendas, ni te quejes,
que si te has de ofender, no has de sufrillos,
que si estás contumaz en perdonallos,
ni te he de tolerar, ni tolerallos.
Mira, por Dios, la máquina que emprendes
en seguir desta secta las pisadas;
pierdes el alma, y república ofendes,
a tus ciudades tienes alteradas.
y cuando a aquesta tierra que defiendes
contra escuadras católicas armadas
pudieres defender algunos años,
en ti resultan infinitos daños.
La forzosa inquietud de alojamientos,
la varia multitud de municiones,
cuerdas, tropas, bagajes, bastimentos,
máquinas militares, prevenciones,
pertrechos, armas, tiendas, ornamentos
de jinetes, caballos y peones
que a defender la tierra y amparalla
unos la han de robar y otros quemalla.
Poca es tu fuerza, la del Papa mucha,
oye y verás si hay gente de importancia,
pues ya el parche entre términos se escucha
del gran Filipo, Príncipe de Francia,
Alemania, Alquitania, Austria, Gelduche,
gente a millares contra tu arrogancia,
siendo el bastón Monforte un segundo
solo bastante a conquistar el mundo.
Una y dos veces, don Ramón amado,
te ruego, te suplico y te requiero
que mires por tu causa y por tu estado,
pues contra ti se junta un mundo entero.
Dos años ha que estás descomulgado.
Si te reduces, absolverte quiero.
Concluyo que si a paz no te dispones,
te tengo de intimar excomuniones.
Con cerril flema venías
a fingir toda esa queja,
tampoco fundo confías
que de hacer temblar mi tierra,
¡qué donosa burlería!
Ya con fuerza de entenderás,
dejando el sueño en que labras,
en que ciego perseveras,
que aun te burlas mis palabras,
son palabras muy de veras.
San Pedro, por mi estado,
y desde luego parar mientes
que cuanto lo has tomado
tan de burla experimentes,
vendrás a hallarte burlado.
gustas de hacerme placer
son tan en mi gusto e intento
como se pueda hacer.
pues si quieres a contento
estas cosas componer,
no dudes en absolverme
primero, y sobre la queja
de que pienso defenderme
y digo defender mi tierra,
me asignarás para verme
sobre ello cincuenta días,
con que pagando el ultraje
que ha hecho y las demasías,
me vuelva sin homenaje
la iglesia mis fuerzas mías,
que a la iglesia me tienes usurpadas.
mal dices, soberbio intento,
no son propias y fundadas
por la iglesia.
es largo cuento
allá de edades pasadas.
es largo cuento, el descargo
has de darlo a fe,
mas dejamos sin embargo,
deste cuento abreviaré
porque no parezca largo.
podrás con facilidad
absolviéndome.
donosa temeridad,
ofendes la autoridad
de la iglesia de esa suerte.
Si no me absolvieres hoy
Si no te absuelvo, ¿qué harás?
Tanto enojándome voy
que te haré
tú lo mirarás.
pues miraré.
conde, aquí estoy.
después de hacer yo mi gusto,
tendrá la iglesia lugar.
con tiento, Príncipe augusto.
vendráme un fraile a enseñar
a suplicar lo que es justo,
que esto la iglesia pretende.
con grande poder, a fe mía.
no tampoco comprehende,
pues ninguna monarquía
a el que la iglesia se extiende;
y advierte, pues a este aprieto
tu soltura me llegó,
que de la iglesia, en efecto,
adonde estuviere yo,
se ha de hablar con más respeto.
pues sabremos hacer constancia
en ocasión tan forzosa,
si es fiel a su jactancia,
no de un conde de Tolosa,
mas de los reinos de Francia.
ese partido alegado
ha fiado en tu tenencia,
y haz con la paz alianza,
y pues no das la obediencia,
tente por descomulgado.
Y como tal lo publico,
y que te eviten espero
por la excomunión, y aplico,
y esto a Tolosa requiero,
y al mundo lo notifico.
Hace san Pedro que se va a entrar.
En mi corte, en mi palacio,
en mi presencia, en mi casa
Don Ramón, despacio, despacio,
que soy más que tú, y traspasa
verte en tu maldad reacio.
¿No temes que yo te oprima?
Eso es faltar de latín;
no me pone nada grima,
porque en mí solo está el fin,
adquiere digna de estima,
y aquesto siguiere al quien
sirve de segura guarida;
ha de hacer el cielo el bien,
que quien no arriesga su vida
no puede guardarse bien.
Y pues no hay que esperar
y el negocio es concluido,
no tengo que me alargar.
Quédate, miembro podrido,
que no quisiste sanar.
Yo me vengaré de ti.
Vengarte muy bien podrás,
pero no triunfar por mí
de la Iglesia.
Bravo estás.
Brabón, contento sí.
Vase.
Gente, guarda, hola, criados.
¿No hay quien responda? ¡Hola!
Infames, endemoniados,
casi sospecho que ya
contra mí estáis conjurados.
Hola, gente, guarda, hola.
Entran dos criados.
¿Qué mandas, señor?
¿Qué mando?
Vuestra lealtad se acrisola,
pues estándome abrasando
me anegáis entre ola y ola.
¿Una ropilla bernarda
no encontrasteis?
Sí, señor.
¿No le pasara una guarda,
en defensa de mi honor,
el pecho con la alabarda?
¿Entre vosotros no hubiera
quien el alma le sacara
del pecho? Justicia fuera
del que me afrentó en mi casa;
en mi palacio muriera.
Si yo tuviera un criado
a quien debiera afición,
y me dejara vengado
del que a darme absolución
vino y me ha descomulgado.
¿Y hay quien por mí se atreva
el pecho le traspasar?
Mi afrenta y mi enojo os mueva,
porque de vuestra lealtad
su muerte ha de ser la prueba.
¿Hay algún amigo fiel
que aquí me quiera ayudar?
Por Dios que está bravo en el
mal, ¿cómo le has de matar
si sale un mundo con él?
Tiene al pueblo aficionado
agora, y para amparalle
de don Ramón esforzado,
todos han de acompañalle.
Oye la traza en que he dado:
el fraile pasará el río
Ródano a las dos jornadas
de su corriente; con brío
le pienso dar dos lanzadas,
porque cuando más confío
que el pueblo le mueva,
se ha ido catorce leguas.
Por Dios, que en traza de esta,
ensillemos sendas yeguas
y vamos ambos allá.
Pues primero, sin segundo,
a los tizones agora
Gran premio de su muerte fundo.
Matar un fraile, ¿qué importa?
Hartos sobran en el mundo.
Vanse, y sale fray Roberto, como que está aguardando a San Pedro.
En cuanto mi amo, contemplo,
despachando en el palacio,
quiere visitar de espacio
este suntuoso templo,
todo el hato le atropella
que desmantela la hostia,
lo apostaré que no hay ya
santo, altar, ni imagen bella.
Con el palacio hace esquina
y hay soldados contra el papa;
aventurera, si escapa,
o de establo, o de cocina.
Que tal el cielo consienta.
Gente hay dentro, ¿quién será?
Ábrele una puerta o cortina y descúbrese. Ha de estar un altar y encima un crucifijo, y sobre la mesa un muchacho con un mortero en la mano, y un soldado. El crucifijo tendrá los brazos de suerte que quitado un clavo se pueda quitar con facilidad el un brazo, y ha de ser de bulto.
¡Ah, pícaro! ¿Acabará
de moler esa pimienta?
No le digo que es prolijo,
faltando mano al mortero.
Pues si falta majadero,
¿dos no tiene el crucifijo?
Quítale la una y muele
lo que quisieres moler.
Alcanzarle es menester.
Toma, que ya no le duele
nada a Cristo.
Llega y quítale un brazo al Cristo.
¡Infame perro!
¡Vil, te atreves a quitar
Vive Dios, que has de pagar
agravio tal que le hiciste!
Saca el palo que llevaba debajo de la capa, y dale, y mete mano.
¡Tente, que remataré!
¡No temo yo dos mil muertes!
Vuestro infame atrevimiento
habéis de pagar, a fe.
Quítale con el palo la espada, y dale de mosquetazos, y pone el pie encima de ambos, que estarán tendidos, y tomará el Cristo en la una mano y el palo en la otra.
Perdón, señor.
¿Perdonar
con delitos tan atroces?
Judíos, fuérades a cozer hogazas,
vengo, infames, de amasaros,
y aviéndoos avezado a hablar
con vos, culpa con tanta paciencia,
andad, señor, que es conciencia
ser con herejes sufrida.
Esto os dije claramente:
que vuestra paciencia os daña.
A ser nacido en España,
no fuerais tan paciente,
que un brazo os dejáis cortar
de un hereje, vive Dios,
que, a no estar cierto de vos,
según estoy enojado
de veros tanto sufrir,
que os, os, iba a decir
un lindo desconcertado.
Mi enojo no os asombre,
que sufrir este baldón
es poner en ocasión
de perderse cualquier hombre.
Si habéis de matar por Dios,
¿a qué tiempo, cuándo aguardáis?
Sale san Pedro
Declaraos en qué dudáis,
enemigos contra Dios,
el que a Dios desprecia así,
dando en todo al través,
hasta el polvo de los pies
sacudir tengo de mí.
Sacude los pies.
Jesús, Roberto, ¿qué intenta?,
que me matan.
Eso quiero.
Voto a Dios, de un mochillero
que ha de amargar la pimienta.
¿Qué hace?
¿Qué he de hacer?
Vea este Cristo y este brazo.
Deje estos hombres pelmazos.
Quítase de encima, y ellos se levantan. Fray Roberto da tras ellos, y el santo, poniéndose en medio, dice:
Que no hemos de perder
por él.
¡Fuera!
Déjelos.
¡Quite!
No se descomida.
¿No os iréis a la otra vida
a palos, voto a Dios?
Téngase.
Aparte. ¡Reniego!
¿De qué reniega, atrevido?
¿No ve la facción que ha habido?
Aunque le habléis luego
a Dios con la boca rota,
siendo la mesma grandeza,
coronada la cabeza,
ha de tomar en la boca
a Dios. Apenas Cristo
velle con tan poca luz.
Los soldados se van detrás de San Pedro y Fray Roberto, alargando la cabeza por mirarlos.
Yo os juro a Dios y a estos
que habéis de tomar el Cristo.
Bese la tierra.
Sí haré.
Tanto el furor le atropella.
Bese la tierra Fray Roberto, y al levantarse caiga.
No os meteréis, idos, con ella;
a solas os buscaré.
Hombres, andad en buenora.
Vámosle, señor, debiendo la vida.
Vanse los herejes.
Al diablo os encomiendo,
escapasteis de una buena.
Levántese y acabemos disensiones,
y apreste luego al punto la partida;
No le dio don Ramón buena acogida.
Toma el Cristo San Pedro, y volviéndole a su lugar dice:
No queriendo atender a mis razones.
Señor, que en esta cruz, que humilde adoro,
por levantar al cielo mi bajeza,
derramasteis de sangre el real tesoro;
Vos, que por prueba de mayor firmeza,
nos dejasteis la vida en breve suma,
sobre el tosco papel de su corteza.
Por más que el mundo levantar presuma,
en sus golfos de errores alterado,
soberbias alas e hinchada espuma,
haced que a vuestra cruz siempre fijado,
el rumbo siga de la vida amarga,
pues que ánimo me dais, vos crucificado.
El temor de la muerte no me embarga,
pues quitar el candado a la cadena
de humana pesadumbre y mortal carga,
solo siento, Señor, y me da pena,
de este favor divino el mucho aumento,
y el progreso saber que el cielo ordena.
Si importare mi vida, soy contento,
mas suplico, Señor, que no se ataje
tan santa prevención, tan santo intento.
Favor del cielo a sus intentos baje,
pues espero que ha de ser el mundo fuerte
que defienda la fe de fiero ultraje;
¡ay, cruz!, y qué dichosa espero verte.
Bajan a san Pedro echado al pie del altar y encima aparece un ángel
Oye, venturoso Pedro,
que entre el ansia y el cuidado
del aumento de tu cruz,
le rindió el sueño al trabajo.
Oirás de la cruz, que te honra,
los triunfos que, aparejados,
coronando eternos siglos,
te tiene el cielo guardados.
Con las gotas de tu sangre,
por tu vida y por tu amparo,
y mártir seas el primero,
luce aquélla su colorado;
después que tiene de seguirte
por Inquisidor legado,
Arnaldo, abad del Císter,
de otros doce acompañado,
de esta nevada familia,
todos franceses, que armados,
con el subido jefe,
los más de ellos han manchado
de su sangre por la Iglesia
más que nobles, y declarados.
De la santa Inquisición,
firmamento firme y santo,
después de su vocación,
la familia de Bernardo,
retirada a los desiertos,
huyendo el tropel mundano,
el Inquisidor Primero
será el que aun más gallardo
que dio al mundo, y a España
ha producido un oráculo,
este ha de ser el cachorro
que por la Iglesia ladrando,
la religión fundará
de predicadores santos.
En él ha de terminarse,
la cruz que tú has comenzado,
y, volviendo a ser de color,
en partidos negro y blanco,
mira, y le verás bajar,
hecho capitán de tantos
ilustres mártires nobles,
que es imposible contallos.
Quien tras él se ha de seguir,
es, de lustre colmado,
constancia este protomártir
de aqueste coro sagrado;
luego ocupará el lugar
el grande Pedro Solano,
para alaballo, Milán;
Mompeller, Guillermo, Arnaldo,
el cuello dará al cuchillo,
acompañado de cuatro:
Fray Esteban, y García,
Fray Raimundo, y Fray Bernardo.
¿No ves aquel que se sigue?
Es Fray Ponce, que milagros
dejó para el de Verona,
Fray Pedro Mártir llamado,
tan gloriosamente aqueste
con sangre el mundo regando,
ha de sustentar la fe
en sus dos constantes brazos,
que el nombre de Inquisidores,
aunque no primero en grado,
él primero ha de quedarse
por excelencia usurpado.
Más de dos, siete se siguen,
Inocencio, Antonio, Pagano,
tres Nicolás, dos Antonios,
un Pedro, otro Bernardo,
y al fin, pues esta familia
toma la cruz a su cargo,
no te dé cuidado, Pedro,
que allí extenderán sus famas
sobre la haz de la tierra,
la Iglesia fructificando
con sus olorosas flores;
mira reyes para ocupando
lo noble y lo mejor de ella,
mira a Isabel y a Fernando,
y entre ellos a Torquemada,
defendido y amparado
por supremo inquisidor
a pesar de los contrarios
que le amenazan de muerte.
Hace a Pedro como que despierta y mira a los Reyes.
Vivid por felices años,
católicos defensores.
Luego el bramido inmediato
del león español, aun deja
benemérito del cargo
que adquiere de inquisidor.
Luego el asombro africano
se sigue: un cardenal,
arzobispo toledano,
este será fray Francisco
Ximénez, que el castellano
pendón pondrá sobre Orán,
por monumento dejando
la insigne Universidad
con que a Henares el Tajo
rendirá más gloria junta
que el tesoro de sus granos;
después de aquestos se siguen
otros que, contarte es largo,
solo repara entre todos
este tribunal honrando,
de Sandoval una rama,
el cardenal don Bernardo
de Rojas, honor del mundo
y de la piedad teatro;
mírale en la santa Iglesia
de Toledo acompañado
de la nobleza de España,
y a España toda ilustrando.
La Iglesia llena su cielo,
engrandece el sagrario
su mucha piedad Henares,
su devoción San Bernardo,
monasterios y memorias,
fiestas y mayores arcos,
donde como en bronce eterno
deja el nombre eternizado;
pasos has aun de seguir
de doctores y prelados,
tanta memoria y grandeza,
que no hay llegar hasta el cabo.
Ánimo noble francés,
mira que está cerca el campo
de la primera batalla
de aqueste edificio sacro;
la primera piedra eres,
a tu patria has ilustrado
con el renombre que adquieres
de ser deste oficio santo.
el fundador y principio
que en nobles franceses brazos
hallo base solamente
defensa, escudo, y amparo
Aparece el Ángel y despierta a San Pedro.
gracias inmensas os den
unos gloriosos sitiales
por tan soberano bien
las esquadras celestiales
por largos siglos amen
noble españa venturosa
pues a tus hijos le das
de Xpo a las santas posas
que a tener uno no mas
por eso fueras dichosa
en tu domingo ya fundo
de la fee todo el cuidado
que se halle sin segundo
este domingo guardado
por guarda de fee en el mundo
ay Dios que dichosa suerte
se os ofrece a vos mía
ya porque os tengo por fuerte
tengo zelos de rebeldia
de vuestro triunfo y mi muerte
mi pecho en cuanto os encierra
mis coros a de pareceros
mas pues pasa de la guerra
desde el ansia de estenderos
sobre la haz de la tierra
no temays los embarazos
conque el infierno se asombra
que contra sus fieros lazos
an de ser de la fe sombra
vuestros dos divinos brazos
Alto Roberto de aquí
aperciba caminemos
ciega rabiosa ay de ti
Vamos quiza encontraremos
los del Xpo por ay
Vanse, sale Perote con vn farolillo como que sale mojado.
Jesus que desvario
yo entendi que me ahogara
que un momento no dejara
de tragar agua este rio
agua y mas agua señora
andallo arribita andallo
que tanta agua el mar recata
sin descansar sola vn ora
del mar entiendo asoma
viendo el agua que alla enbebe
o que tabernero, o debe
de tener hidropesia
que hace en su dueño fragua
de calentura el ardor
o sino que el labrador
que nunca a sto harto de agua
o Gualdilla es venturosa
que de balde se libro
pero nunca entendi yo
que sequia havia en tolosa
Sale Doña Blanca con rostro de lamento.
que presto pasaste el vado
no ahogarme fue maravilla
salio el agua a la rodilla
por dios que tube vn baño
mas si una quarta subiera
y aun del raudal me llebava
en la boca no me entrara
aunque en el mar me hundiera
que huyeran de su aventura
barba y dientes, la compuerta
del gaznate, la puerta
tapa con el asadura,
que cualquiera gota que entraba
pusiera el alma en huida.
¿Y vais muy cansado, mi vida?
Sí, señora.
Ay, prenda chara,
que vuestro cansancio siento.
Y el vuestro, señora mía;
sabe Dios si quisiera,
madre, perder el aliento.
Perdonad los embarazos
de que es mi edad ocasión,
madre, que fuera razón
que yo os llevara en los brazos;
mas mi niñez no os dé asombros,
si fatigada os halláis,
que es imposible seáis
pesada carga a mis hombros.
A esta sombra nos sentemos,
que veis falta de reposo.
A haber taberna es famoso
el sitio.
Pues descansemos.
(Siéntanse y doña Blanca recuesta la cabeza sobre el fardillo de Perote)
Por cierto, apacible asiento.
Lindo soto, hermoso frío.
Contad un cuento, hijo mío.
Pues vos gustáis, va un cuento:
Érase un niño que se era,
en Belén recién nacido,
y en pan se ha convertido
para que el hombre no muera
de hambre.
Y el niño pan,
pan vino a ser.
Y reciente;
plegue a Dios que con él tope,
a horas en que dé arrope
en el diente.
Impertinente.
Digo que nacido en Belén
el niño,
Profeta.
Quien pregunta en esta fiesta,
¿hay viñas? presto, sí, o no,
porque no hay que entender
en cavar, si no hay cosecha;
junta de parientes echan
para el niño bautizar.
Bautizóse, y a mayor,
según dél tengo entendido,
Milagro que ha sucedido
por muchos buenos, señor.
Y más, que aunque el hielo atancó,
él se bautizó en un río.
O no era tiempo de frío,
o era ese río lavanco.
Calla necio, que era Dios.
Mi señora se ha dormido.
Pues, pie, pie, poco ruido,
quédese aquí por los dos.
(Dormida doña Blanca, salen dos criados del conde, con dos lanzas)
Este es su feudo, el puerto, este es el vado;
aquí la nave vi, su mano, y apriesa
solo trae ya consigo un compañero.
Mira que el español, del fiero trato,
y después que está el legado herido,
a nos fue de alcanzar, y en cierto pleito
con él el testamento tuvo hecho,
si no quieres morir abintestato.
Más frondosas ramas nos retuvieron,
y en entrando los dos del vado adentro,
le clave él la lanza por la espalda.
¡Mate al español!
Eso perdona,
que si no le acertara, o yo me quedo
sin lanza, pasara de la otra parte,
y podría él luego hacernos a la mano.
Viéndoles, no los veo,
ya los he visto.
Al vado llegaron, y presignándose está el legado infame, el compañero comienza a entrar.
Al vado pasan, ea,
buena distancia están de la retaguardia;
buen corazón, al punto nos lleguemos.
Hacen como que se van llegando, y éntranse diciendo a voces:
¡Al conde descomulgas, rucio loco!
¡Él hace que sangre se derrame!
¡Esta recibe, calla, legado infame!
Dice dentro San Pedro:
Perdónete Dios, amén,
que yo también te perdono,
y la causa del conde abono.
Dios mío, Jesús, amén,
y vayamos presto,
que el río me pase, hermano.
Sacan a Fray Roberto y a San Pedro atravesada una lanza, de suerte que parezca la punta por entre los brazos de la cruz, corriendo gotas de sangre por la cruz.
¡Ay, Dios! ¿Y qué ve Dios de mi lacayo,
villano e infame judío?
¡No os valdrá esta acechanza!
No es tiempo ya, fray Roberto,
sea Dios dador de venganza.
¡Jesús, que le atravesó
la lanza el pecho!
Confío
que empieza el acierto mío,
en lo bien que esto acecha;
no llames juicio esquivo,
que no es muy gran desconcierto
que quien se atrevió a un Dios muerto
se atreviese a un hombre vivo;
y pues el costado abierto
fue, si a mí tal semejanza,
el golpe de aquesta lanza
me asemeja a Cristo muerto;
que nuestra amistad sincera
se comprueba de esta suerte,
pues que llega hasta la muerte
y más adelante pasa.
Padre, sin vos, ¿qué haré?
Sale el Conde de Monforte con bastón de general de los católicos, marchando, con soldados de acompañamiento.
Hijo, perded el recelo,
que gozando yo del cielo
mejor os ayudaré.
Muerte en aquesta ocasión
cobardes aleves mostráis,
pues a una cruz abrazado
vencéis la vida a traición.
Y el tiempo se declara
que la cruz de vos ha hecho,
pues por estar ella al pecho
no os atrevéis cara a cara.
Cruz, que esmaltada os mostráis
en este de amor peregrino,
vos sois un diamante fino
que con mi sangre os labráis;
bien pagáis lo que en el suelo
os pretendo acreditar,
pues por vos vengo a llevar
por punta de lanza el cielo.
En efeto tal veréis
el amor que se encendrá;
ved el pelícano amado
que mis entrañas bebéis.
Muy bien podéis alabaros
que lleváis de mi amor palma,
pues abriendo el pecho al alma
ventanas para miraros;
ya que la sangre del pecho
por vos derramo este día,
chupad, sanguijuela mía,
gocen del muy buen provecho;
buscad para vuestro acierto
otro sujeto segundo,
que yo a pesar del mundo
seguro os pasé en el puerto.
Mas en él para estorbarlo,
cuando el frío de mancilla
baja el agua a la orilla,
de sangre una lanza hallo.
Jesús, que pierdo el aliento.
San Ángel de guarda, San Juan,
San Lesmes, San Julián,
no ha sido el alojamiento
tan bueno que me obligara
a que el campo detuviera.
Yo, señor, solo quisiera
que la gente descansara,
que por nueva de enemigos
vamos marchando, señor.
Es el del campo mayor
trabajar por Dios, amigos.
¡Jesús!
Voces oigo, no sé dónde.
Hacia allí.
¡Jesús!
¿Quién se queja ahí?
Señores, quieran llegar,
que han muerto el hombre mejor
que Francia tuvo jamás.
Han de estar el padre Fray Roberto con San Pedro, estos a una parte, y Blanca, Fronisto y Perote a otra de donde, con su gente en medio, llegan a San Pedro el Conde, su gente y Perote.
Yo quiero llegarme más.
Virgen sagrada, favor.
¿Qué es esto?
La compasión
y el efeto que ha causado
todo el beneno arrojado
del que es la misma traición
es de vn lobo carnicero
presa enojada y rabiosa
es el conde de Tolosa
vengose en este cordero
es este el legado
el mismo
sigamos a quien a hecho
tal crueldad
Vuelbese S. P.o del desmayo y el conde abrazando el baston se hincca de rodillas
no es de probecho
seguirlos es barbarismo
dos mayores, dos soldados
del conde fueron señor
soberano Redemptor
mis delitos y pecados
no mireis
martir glorioso
no me conoces
no hijo
que no reconoce dice
soys el general famoso
del Papa
soy vuestro soldado
que por vos Padre alcance
vn baston que goberne
pues vos le habéis gobernado
Pero ya martir eterno
pues al cielo os encumbrais
ved que a la yglesia dejáis
con baston y sin gobierno
porque por mas que acomodo
de la guerra el aparejo
faltanme vuestros consejos
que a de gobernarlo todo
Y a qui maldigo mi suerte
y mi mal lograda andanza
pues que causo mi tardanza
mi desdicha y vuestra muerte
mas yo hare que a don Ramon
le salga caro este exceso
Desmayase S. P.o y Pte. va a su señora doña Blanca
no es tiempo de tratar de eso
llegad conde don Simon
dejad que tenga abrazadas
ya que a verte hijo llegue
esas sienes por capaces
de mil triunfos coronadas
la yglesia en tu espada deja
su defensa don Simon
animo que en la ocasión
gran gloria se te apareja
A y y y Dios mío
Pues a mi señora
quiero yr a llamar a qui
desmayase
Señor si
quien en ver esto no llora
Señora el conde a llegado
de monforte a questepuesto
de F.r R.o donde an muerto
de una lanzada al legado
que dizes
que al punto benga
si vivo lo quiere hallar
Vamos a verle espirar,
presto, que no se detenga.
¡Ay, Dios, que tan gran maldad
el cielo pudo sufrir!
Del Papa podréis decir,
Conde, por nuestra amistad,
que ver muy medrada espero
la cruz que en mi pecho veis;
también le escribiréis
el contento con que muero;
del abad y compañía
del Císter tened cuidado,
y al de a Domingo un recado
estrecho de parte mía,
porque el único reparo
de la que fue la balanza
de la vida, la esperanza
consiste en el desamparo.
Vos, Roberto, hasta el día
compañero en trabajar,
el cielo os sabrá pagar
vuestra buena compañía;
dadme vuestra bendición.
Pues en aquesta ocasión
me he holgado mucho hallaros
donde el Conde está presente,
Conde amigo, solamente
me queda que encomendaros
esta señora acosada
de un cruel tirano furor,
viuda del hombre mejor
y la mujer más honrada
que vido en sus términos Francia;
y este niño peregrino,
reliquia de Balduino,
ambas cosas de importancia,
y a los dos pueblos cristianos
os bendigo, y a vos ruego,
por la sangre en que me anego,
nos bendiga con su mano;
a Dios, que por gloria y palma
dejo disueltos los lazos,
cruz, clavos, en vuestros brazos
pongo en vuestra mano el alma.
Ya dio el alma.
Ya expiró.
Ya ha dado el dichoso vuelo.
El alma subió al cielo.
La vida se le acabó.
Fray Roberto, es excusado
afligirse de su suerte,
no se remedia la muerte;
de su persona el cargo dejad,
este por mi cuenta.
Estoy,
señor, muy agradecido.
Pues tan venturoso he sido,
doña Blanca, ¿qué haréis vos?
¿Quién ha de cuidar de vos?
Algo alegraros podréis,
con mi mujer estaréis
y en mi palacio los dos,
hijo y vos, y vuestro tío,
que todo queda a mi cuenta;
esto, siendo vos contenta,
os juro a fe que me aflijo
de que serviros no puedo
como de vos se merece.
Grande merced nos hacéis.
Yo solo a la luna quedo
ser esta fiesta e interés,
una representación,
porque en aquesta ocasión
se casaron dos o tres,
después que a doña Aldonza
y a Elvira casadas vieran
dos o tres villas me dieran
y una fregona peonza
han de andar a boda como un oso.
En mi casa servidos,
y un lacayo con un moro.
Luego el precioso tesoro
en hombros de capitanes
se lleve al primer lugar,
y hágase a lo militar
de la tristeza ademanes.
Pase a la plaza el estandarte
y al parche destemplado son.
Y aquí de la Inquisición
da fin la primera parte.
Fin de la primera parte del Principio de la Inquisición y primer inquisidor, hecha por el padre fray Leandro Badillo de la orden de san Bernardo y abad de su convento de Monfero.