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Texto digital de El principio de la Inquisición

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El principio de la Inquisición. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-principio-de-la-inquisicion.

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EL PRINCIPIO DE LA INQUISICIÓN

Pag. 1

[Portada] El principio de la In- quisición y primer Inquisidor comedia en 3 jornadas del P. fr. Leandro Vadillo de la orden del Carmen y abad

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Copiada 1908 372 El principio de la In- quisición y primer Inquisidor. Comedia en 3. jornadas. del P. Fr. Leandro Vadillo de la orden de S. Bernardo, y abad. Legº 19 17 1a

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Página en blanco

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28 - Principio de la Inquisición.

Digan dentro.

«¡La secta albigense viva, y muera el papa!»

Balduino.

Traidores, pagaréis vuestro error.

Dentro: «¡Muera!»

Dentro: «¡Viva!»

Aquí se da principio a la comedia.

Famosísimo caso y buena comedia. [Ilegible] al malvaliente Lupercio.

Salen el Conde y Guillermo.

Guillermo.

El palacio en conclusión

contra la Iglesia se altera,

y a voces dicen que muera

Conde.

El papa.

Tienen razón,

muera el papa, que atrevido

contra mi valor ha estado,

tantos breves me ha enviado,

por su gusto excomulgado,

y absolverme no ha querido;

entienda este monacillo

que hay valor en mi persona,

si una vez saco el cuchillo,

para hacerle la mamona,

para degollo y rendillo.

Guillermo.

Tanto en esto se ha enredado

vuestra excelencia, que imagino

Pag. 6

[Página en blanco. Texto traspasado del recto]

Jornada primera

Pag. 7

Comedia el principio de la inquisicion. 1 S. Pedro de Castel nou el primer Inquisidor 2 fray Roberto fraile lego 3 don Ramon conde de Tolosa 4 Balduino su hermano 5 doña Blanca mujer de Balduino 6 Gualda su criada 7 Fronisto hijo de doña Blanca 8 Guillelmo caballero 9 Simon conde de Monforte 10 Perotel cazurro 11 Un secretario del Papa 12 Un secretario del conde 13 Un alcaide 14 Dos labradores 15 Un capitan 16 Un dotor 17 dos villanos Una villana 18 Un sacristan 19 Un paje 20 Dos soldados 21 La iglesia 22 Un Angel

Jornada 1. Salen el conde de Tolosa don Ramon y Guillelmo

Guillermo.

no es mala resolucion

Conde.

ni yo la tengo por mala

si en requebralla no iguala

la fuerza de mi pasión

tienele muy en enojos

rindele el alma el despecho

Guillermo.

quitarsele de los ojos

y será mal de provecho

Blanca a sus fuegos constante

mas peña si persevera

que se labra mas que cera

la dureza de un diamante

que en un pedernal el fuego

que es imposible pretension

que a golpes con algodon

le desentrañen al ciego

como a risa provoca

a un tierno niño el denuedo

que quiere con solo un dedo

echar del pecho una roca

así cuando la mujer

hace entraña inflexible

con fuegos es imposible

Conde.

rendida la debeis ver

si a mi hermano aborrece

y ha mostrado la experiencia

que hace menos resistencia

que no se que te parece

Guillermo.

pues si a Marte sangriento

contra la iglesia romana

vale el baston a su mano

lo que su amor junto allana

con orden tan soberana

Conde.

no se que medio pide

cuando dolor le despide

que no acierta a despedirse

ponele una piedra en calma

mas de interior recelo

porque sin irme al cielo

alabada sea el alma

dejandole la palma

Pag. 8

Guillermo.

aun no sé qué se imagina,

aun sé de lo que no alcanzo,

toma a la Iglesia por capa

cuando de partirse altera,

diciendo que no conviene

hacer gesta contra el papa;

es que su honor y su brío

le dan al pecho, diciendo

que mire lo que pretendo,

este muchacho tierno mío.

Como ignorancia loca

le da con celos enojos,

es como un hombre sin ojos,

que no sabe dónde toca,

a quien el propio recelo,

y que de la trampa no ve,

le hiere en el pie, y recibe

donde está más llano el suelo.

Fuerza es que de Blanca el polo,

que gozará el absoluto

una figura, señor, reposa.

Conde.

No quede a tomar de punto,

mas al partirse, ¡qué lazos!,

¡qué tierno se estaba en ello!,

abrazaba Blanca a su cuello

con los dos hermosos brazos.

Mira que Fronisto me dijo,

poco ha, mi hermano cruel,

si es solo el amor el laurel,

por donde llega al cielo,

que más gloriosos despojos,

que es templarse los enojos,

con eclipses de sus ojos,

no he de pasar por su

ruego ni por mí este bien

de que no goce, mas ven,

anda, vuelve, déjale ir.

Entra Balduino vestido de camino.

Balduino.

Vestido de este camino

revuelto, vengo, señor,

a suplicar

Conde.

Balduino,

si lo dejas por temor,

háblame claro.

Balduino.

Imagino

Conde.

Imagino yo también.

Balduino.

Si también imaginaras,

según si imaginaras bien,

a hacer gesta no enviaras,

o dijeras contra quién.

Por suceso dudáis,

señor, si en esta ocasión

estoy, que has imaginado,

que es de la imaginación

de andar desimaginado.

Pues si es consejo que dan

en jornadas de importancia

no saberse dónde van,

y con ello la ignorancia

no lo ignore el capitán,

¿no ve de qué causa nace

esta gesta a que enviáis?

más que esto me satisface.

Conde.

¿Tendrá que hacer gesta a mí,

quien a su arbitrio las hace?

ni en mi pensamiento cabe

pensar que hay quien pensamien-

-to encabeza, aunque se agravie,

que con apetito y intento

combate de sus canas

Pag. 9

Balduino.

sino para qué impertinencia

de salvas de armas vea

junto tropel y arrogancia

pasa a España el Pirineo

pasa el surco contra Francia.

qué furia es esta, o qué queja

por quien interrumpe o corta

Tolosa, me despierta

que moro que está a su puerta

o qué enemigo te acierta

él me condene al profundo

si no miro por los dos

hermano en este mundo

no vayáis contra Dios

que iré contra todo el mundo

gente que no te respeta

en pensar que en mí has temor

mas temo que con cautelas

que dudando en mi valor

pones al honor espuelas

que al fin parece forzosa

treta, que así me inconvenza

apartarme de Tolosa

y vendrá a hacer por vergüenza

cosa que es tan vergonzosa

Conde.

Balduino, no por ser

mi hermano has de tomar

licencia de proceder

tan demasiado en hablar

tan corto en obedecer

los soldados que has previsto

en estas fronteras quietas

son cuando bien los has visto

para defender mi tierra

no para ofender a Dios

que todos somos cristianos

empero en esta ocasión

no esta acción de buen hermano

de mi milicia el bastón

que gobiernen otras manos

tú te precias de soldado

blasón que tanto apellidas

y mi bastón has echado

como vara con que midas

la grandeza de mi estado

obedecer y callar

que lo que a soldado toca

hermano alto a marchar

que allá te dirán a boca

lo que sea de conquistar

que un puente tiene de ser

centuria do consiste

mi ganar, o mi perder

Balduino.

si nos de la Iglesia embiste

que cierto será el vencer

donde es el fuerte

Conde.

es en Francia

Balduino.

y es fuerte de ley, acaso

Conde.

no, mas llega su arrogancia

conmigo a negarme el paso

aunque no es de importancia

Balduino.

y el fuerte si hubiere derecho

Conde.

sobre esto está la porfía

la jurisdicción y el pecho

que es de mi casa, y no mía

mas a mí me debe el fecho

Balduino.

y al dueño quieres prender

Conde.

prendelle no, que aunque haya

Pag. 10

Conde.

Basta. Para que yo halle

muerte, que he de quitallo,

si una vez llego a vencelle.

Balduino.

Al fin, ¿no es cosa posible

que yo sepa tus desvelos?

Conde.

Por ahora es imposible.

Guillermo.

Mira, señor, que los celos

son linces de lo invisible.

Balduino.

Tanto por mí se esfuerza

tu valor, que le has de hallar.

Conde.

Has de hacer que su brazo tuerza,

que sé que sabes ganar

de bueno a bueno su fuerza.

Balduino.

Pues, ¿para qué voy con gente?

Conde.

Para eclipsarle la gloria

y hacer la entrada patente,

dando con esta victoria

corona y lauro a tu frente.

Balduino.

Quisiera, si el fuerte logras,

llevar su vida y modelo,

porque no echemos después.

Conde.

En nada tendré recelo,

como tú en el campo estés,

pues falto y no voy,

con tanto valor te obras

que la fortuna de hoy

juegue, si en el campo estás,

como en el tablero estoy.

Balduino.

Alto, a Dios, si se encierra

en mí todo el vencimiento.

Conde.

Pues a Dios, que plega que te

no te falte sufrimiento;

el fuerte has de ver en tierra.

Vanse el Conde y Guillermo.

Balduino.

Jesucristo, si no huyo,

qué fuerte que este señor;

mas bien su malicia arguyo,

que ha de ser contra mi honor

aquesta queja concluyo.

Fuerte que puedes ganar

de bueno a bueno es decir,

con armas a conquistar;

si acá le quieres venir,

yo allá no le he de ganar.

Creeré acaso que tal pasa,

que en silencio el de su suerte

en ascuas amor le abrasa,

que para tomar el fuerte

echas al dueño de casa.

Y va a hacer guerra sangrienta

contra la Iglesia, entendí;

mas al fin haré la cuenta,

pues voy solo contra mí

por capitán de mi afrenta.

Contra el honor que mantengo,

tan solo por su malicia,

pues ver a mi hermano vengo

deshecho en fuego de envidia

por una Blanca que tengo.

Si en mí la fortuna franca

(porque falto de tesoro)

tanto su grandeza encobre

que como a mano de pobre

solo me ofrece esta Blanca;

si así te muestras tirano,

los que lo vieren dirán:

«Conde, que a tu pobre hermano

lo que en limosna le dan

se lo quitas de la mano.»

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Conde.

Miro el desastrado fin

de las pisadas que estampo,

por ser triste, pues al fin

me sacas, ¡ah, hermano!, al campo,

¿hecho yo Abel, tú Caín?

¿Por qué no son bastantes

para mi afrenta y dolor,

puñaladas semejantes,

me das heridas de honor

que son las más penetrantes?

Ya por las desdichas mías

se confirma y se comprueba

la invención en que confías;

por David se da de nueva,

a mí por segundo Urías.

Bien, pues Blanca tan confiada

que de su honor defendida

será, negándote entrada,

saber sabe pretendida

mas no cercana gozada.

Mas por Dios que es paso estrecho

el que a mi honor ha venido,

quien tan fuerte a Blanca ha hecho

a que propio es del marido

vivir siempre, satisfecho.

Mi ausencia, Blanca, acrecienta

la esperanza a mi enemigo;

de mi deshonra y afrenta

ten buena cuenta contigo,

que mi honor queda a tu cuenta.

Sale Piero de posta, o de camino.

Piero.

Brindándome este un postillón

tan largo, que es un placer,

si la facción se ha de hacer,

marchar, que las once son.

Temo que los dos se lleven

a las primas del hatillo

de el postillón emprestillo,

mas busca tus posaderas.

Con tal armazón, semeja

el desgalgado ronzón

casca con más devoción,

que le enquitase la teja.

Son balsas de sus caderas,

dos tan criminales zancas,

que pedir carne a sus ancas

es pedir al olmo peras.

Ello es la propia figura

de caballo de soldado,

pues por su desollado arma-

calzolo en la armadura.

Baltasar.

Es la posta.

Piero.

Ya lo infiero,

mas bien, en tu traje, y talle

que es menester postillalle

para que se tenga en pie.

Si en el uno ha de ir alguno

Baltasar.

Ni el otro.

Piero.

Pues es escusado,

acá se quede el sobrado

que ambos iremos en uno.

Yo iré en parte del pescuezo

y haré alforjas, lo demás

tú allá en el lomo detrás

con su silla y aderezo,

irás a algún caminante

dándole un compañero,

él dirá: ¡vaya el caballero!

como los ciegos delante.

Pag. 12

Piero.

gusto habrá si los mojones

puestos sin fraude los dejas,

desde sus lacias ovejas

a sus transidos ximones.

Ansí Dios me dé la gloria,

que al enemigo en el traje,

porque se lleve el bagaje,

le di en dalle la victoria;

porque llevarse esta posta,

después de andada la jeta,

es con volvernos sujeta

de legiones de langosta.

Baltasar.

Dé gracias destas

Piero.

mercedes,

a quien me hace tal honor.

¿Qué estás diciendo, señor?

¿Hablas con esta pared?

Alto a la jeta, que es tarde.

Baltasar.

A priesa, pues, caminemos,

que fiera jeta tenemos.

Piero.

Algún ladrón la aguarde.

Vanse diciendo este soneto. Vanse diciendo, cada uno vuelto a su parte del teatro, este soneto.

Baltasar.

Blanca, mi vida, honor pon en tu planta,

todo pende de ti con mi partida.

Piero.

Tabernas, bodegones de mi vida,

el alma dejo acá, parto sin alma.

Baltasar.

El amor y temor me tiene en calma,

satisfecha y celosa despedida.

Piero.

De do vino a mi sed siempre convida,

mas lo de San Martín lleva la palma.

Baltasar.

Dulce prenda del alma, Blanca bella,

si la ingrata fortuna no se enoja,

presto daré la vuelta a ver tus ojos.

Piero.

Agua, de quien mi boca está doncella,

antes que en ella yo jamase aloja,

me maten pulgas, chinches, liendres, piojos.

Vanse, y sale un secretario del papa con barbas blancas, y si se quiere salga de cardenal San Pedro de Castilla, loba con la cogulla blanca de San Bernardo, y criados.

Pag. 13

Detrás del secretario, fray Roberto, fraile lego, y un paje con una fuente, y en ella una cruz que será como la de la Inquisición que ponen en los pechos. Pondráse una mesa junto a la cual estará una silla. El secretario sale leyendo la petición siguiente.

Secretario.

Echose esta petición,

como digo, por glosa,

y la causa tan forzosa

que pide resolución

con tan preciso mandato,

que no puedo dél faltar,

gusta el papa alto a marchar,

y queda puesto en cuidado

Inocencio, y a lo leal

fuerza es dejar el contento;

falta en Tolosa el sustento

que por su legado os doy,

y porque él hasta Francia

no era razón que viniese

a que la os ofreciese

la comisión, me envía;

tiene la iglesia, y allí,

gran necesidad de vos,

debéisla ayudar por Dios,

por vos, por ella, y por mí,

por vos cuyo celo es santo,

por Dios a quien ofende,

por ella que os entiende,

y por mí que os amo tanto.

Pag. 14

Secretario del papa.

y a más de su gente ciega

el impío albigense hereje

rebelde a su criador

la fe verdadera niega

no pueden aunque han probado

sus obispos resistir

tanto, y envían a pedir

nueva ayuda de un legado

los de París al presente

con mil negocios combaten

piden legados que traten

d'aquesta herejía solamente

no es de mío la opinión

reparando de la Inquisición

cuando su legado fuistes

en Tolosa otra ocasión

y en esta, os nombra por tal

San Pedro de Castelnou.

para un negocio tan grave

su santidad muy bien sabe

que es muy poco mi caudal

en continuas legacías

ando muchos días ha

ya por toda Francia, y ya

d'España en las nieves frías

predicando la fe, con gusto

confiésolo, mas no sé

si me guardará a mi fe

quien no se la guarda a Dios

quien se fía, no se queje

después, porque sí señor

poco fío del traidor

y en menos del hereje

porque hallo entre los dos

aumentar estos temores

que uno estraga a los hombres

mas el otro a el mismo Dios

poco es mi valor, no vale

para una empresa tan alta

Secretario del papa.

pero allá habéis de ir sin falta

porque su santidad sale

y en particular os envía

a deciros cierto exceso

que no temáis el suceso

quel Papa Inocencio, os fía

San Pedro de Castelnou.

Señor

Secretario del papa.

tome pliegos

San Pedro de Castelnou.

a todos soy obediente

Secretario del papa.

rayo de la Iglesia ardiente

quemaréis y alumbraréis

queme el mundo, el mundo tema

su poder sin segundo

entienda por vos el mundo

cuánto alumbra, y cuánto quema

que si quemare sin tasa

conocerá el pueblo ciego

que es la fe llama de fuego

y aun alumbra, cuando abrasa

y porque el poder esté

en vos con mayor seguro

a vuestro pecho por muro

pondrá este escudo de fe

por la comisión que os da

Inocencio en este caso

su poder propio os traspaso

en la forma que hoy se usa

Pag. 15

Y de estar de rodillas San Pedro y el secretario en la silla, San Ángel le ha de fijar a este tiempo la cruz en el pecho. Prosigue.

San Ángel.

en nombre de Dios, amén,

la cruz os fijo en el pecho,

guardalda bien, que sospecho

que habéis de tener de quién,

por ella entre Dios y vos

habrá amorosa querella,

que Cristo se fijó en ella

y ella se fijó hoy en vos;

desigual es el partido,

vos sois el favorecido.

Caricias son estimadas,

pues que tan su amigo os veis

que las espaldas hacéis

a la que Dios hizo espaldas.

Advertid que os autorizo

para que a un valor francés

le hagáis espaldas después,

porque de ella a Dios se las hizo.

Sed constante en los abrazos

que formáis entre los dos,

que es tan fuerte que con Dios

se suele tomar a brazos;

pues tal fuerza abarca

entre el valor y el ánima,

no habrá quien os ponga grima

en la última pelea,

mirad que hace el estrecho.

que es muy niña esta cruz

y ha menester un buen pecho,

aunque pequeña, no duda

que os ponga su peso a asombro,

pues Dios con tan sola al hombro

tuvo menester ayuda,

mas ya por aquel exceso

no espanta a quien sufre amor,

fue Dios divina carcoma

que le quitó todo el peso;

navegad por el profundo

mar de temores, bravo y fiero,

pues vais asido a un madero

bastante a salvar el mundo.

San Pedro de Castelnou.

De la Iglesia hace dicto

a la mesma envidia quita

pues inastada de hito

vuelve encruzado de cielo.

Ya en esto mi fe trata

que como al bajo metal

fina liga, sello real

le da el valor de plata,

ansí el del cielo me dais

y por tal vengo a tenello,

pues me dais su liga y sello

cuando la cruz me fijáis.

Solo temo, si tal luz

no me ciega y tiene asombro,

que le deis pecho muy corto

siendo tan grande la cruz;

no es mucho, siendo estrecho,

que al engastar se lastime,

pues le sobró cruz a Dios.

Pag. 16

Pedro.

falte a la cruz mi pecho,

pero podré yo me atajar,

con que es fácil de entender

que sabrá al hombre ofender

quien a Dios se atreve a dar pesar ;

que tanto a los hombres gusta

de dalles justo renombre,

que por ajustar al hombre

no quitó a Dios venir justa.

Mas pues se abrió por allí

de la justicia el camino,

mejor diremos que vino

no igual, pero justa sí.

Mi pecho la ofrezco, y quisiera,

por darle lugar mayor,

un millón de pechos fuera

porque cupiera mejor.

Mas pues voy con ella en todo,

yo le haré tal acogida

que pienso volver a vida

la cruz que anima mi lodo.

Entiendo porque aproveche

de suerte el pecho aplicalla,

que alguna vez venga a halla

la sangre en lugar de leche.

En sus cuatro brazos fundo

cuatro rayos de tal fama

que han de abrasar con su llama

las cuatro partes del mundo.

Tanto espero que pase

lo que con ella podré,

que del infierno abrasaré

si falta tierra que abrase.

No temeré al mundo armado,

pues de muerte en el estrecho,

lo más se lleva ya hecho

quien se va crucificado.

Secretario.

Huelgo de ver buen brío.

Pedro.

Inocencio me le ha puesto.

Secretario.

Pues a ellos, porque presto

veis lo que vale, y confío

(Córrese una cortina, y déjase ver igual, según está el Santo. Sale doña Blanca y Osvalda, criada.)

Blanca.

¿Qué hora será?

Osvalda.

Las nueve.

Blanca.

Pues haz, luego, prevenir,

porque todavía llueve,

recaudo para escribir,

que nueva ocasión se mueve.

Osvalda.

La ausencia de tu marido

Blanca.

¡Que enamorado no fuera

quien le volviera advertido!

Osvalda.

Si me atreviera,

ya te hubieras atrevido;

temo de hablarte de amor,

que eres mujer muy soldado.

Blanca.

Si en él me hubieras hablado,

dijeras eso mejor;

no es amor para mujeres

de soldados, y así yerras

si en un yugo veros quieres

ellos muriendo en las guerras

y ellas viviendo en placeres.

Mujer destas que han notado

aquel combatir osado

por conservar su buen nombre,

no huyen de un campo armado,

y huyen de paz de un hombre.

Pag. 17

Gualda.

en pedir enojos de desdén,

dicho te advierto.

Perote.

Por mí,

solo doy por advertido.

Gualda.

Señora, ¿acaso es que aquí

ninguna tiene marido

soldado fuera de ti?

Tú alcanzas el primer

lugar, dirán confiadas,

que para empresas de amor,

de las mujeres casadas

la más sola es la mejor.

Yo sola digo, señora,

que a un Conde mozo y galán

su talle y gracia enamora,

mas a él los ojos se van

de la dichosa agora.

Aun dicen que en Aragón

tuvo Conde una extraña

lo que llaman afición

de las señoras de España

que tan entonadas son.

Es discreto en lo que dice,

noble en la sangre que tiene,

y su buen talle previene.

Ellos, viendo en placeres

mujeres de capitanes

tratando a sus maridos,

admiten cuando las ganes

hombres para combatidos,

pero no para galanes.

Te halla asomada a una ven[tana]

la menor parte de un hora.

Con nada desto quisiera

que te obligara a quebrar

tu condición entera,

solo que a tanto llamar

respondas un no siquiera.

En lo que pide el señor

no hay lugar ni puede hacello,

¿qué haces aquí?

Blanca.

Quiebra de honor,

en llegando a responder

el no, también es favor.

Gualda.

¿Cuál es honor tan delicado

que un papel le has de excusar,

y más con un no sellado

que al honor suelen pintar

Blanca.

¿De vidrio?

Gualda.

Y al más fiero león

pintado le podrá hacer

en cualquier buena ocasión

pedazos una mujer

que se espanta de un ratón.

Pag. 18

Gualda.

Como es cualquier mujer,

boba, con simplicidad,

llegando al pecho a ver,

piensa que así es la verdad,

y pintar como querer;

que del honor verdadero

claramente se percibe

que imitando al frío acero,

cuantos más golpes recibe

se conserva más entero.

Blanca.

No ha lugar contra el honor.

Gualda.

No, señora, mas tú harás

lo que vieres que es mejor,

Blanca.

que hallo en pleitos de amor

abogado experto estás.

¿Al fin me das por consejo

que responda a don Ramón?

Gualda.

Señora, en esta ocasión

lo que yo hiciera aconsejo.

Blanca.

¿Y qué vuelta le diré?

Gualda.

Que no ha lugar su deseo.

Blanca.

Notable presa alcance,

si a maña que veis veo.

Gualda.

No has pecado de escribir.

Blanca.

Entre vergüenza y temor

de amor se abrasa la llama,

y aunque a fieros, no a rigor,

se rinde a esta mi alma,

que es condición del señor.

Vase Gualda, y habiendo estado doña Blanca un poco pensativa saca un libro de memoria y abriéndole dice:

Blanca.

Honor, hagamos cuenta,

porque pide la paga amor esquivo,

con igualdad el gasto y el recibo;

temo que en este trance

con trampas del amor, amor me alcance.

Veamos la regla quebrada

que el cargo de amor y honor promete:

siete meses de casada;

pues ¿qué me pide amor, si a los mis siete

el cero es oportuno?

Pues sumados juntos no dan ninguno,

y uno que recibí, justo le pago.

Pues no me hagáis, amor, tomar la pluma,

que al honor satisfago

si en la unidad se iguala aquesta suma

del que ha diez años hecho

la estancia del amor dentro en mi pecho.

Pag. 19

Belisa.

Quien a escribir se pone

qué importa escribir, ¿no? si al fin escribe,

pues con él no dispone

para esperanza a el que el papel recibe,

pues el no, barbarismo,

donde un papel ansí suena lo mismo.

De vuestro desvarío

perder amor lastima la esperanza,

que si un papel envío

haréis de mi papel una libranza,

con que a la letra vista

cobréis de mi firmeza la conquista.

Como el firme cimiento

es peña dura en edificios reales,

así animáis mi intento

a escribir con desdén en cosas tales,

que para eternizaros

queréis amor, sobre desdén fundaros.

Después, que de mi esposo

la encendida afición mi pecho abrasa,

por turbar mi reposo

fuego extraño aplicáis, bastarda brasa;

ciego desasosiego

dele entre llamas mi encendido fuego.

Mas trocarse ha la suerte

y pensando burlar seréis burlado,

porque mi pecho fuerte

ardiendo en casto amor, de honor cercado,

hará que el conde aleve

lo que en fuego me da, reciba en nieve.

Sale Giralda con recado de escribir.

Giralda.

Aquesta tinta y papel

Belisa.

Giralda, quítalos d'ella,

que el no, que hubiere en él,

aún sin escribirse sella

blasón de mi honor fiel.

En esto me determino,

que acción tan poco acertada

intentar tal desatino.

Pag. 20

Blanca.

que ya el escribir me enfada,

aun al mismo Balduino,

quita allá.

Gualda.

¿Qué más pusiera?

Veamos el mayor hechizo,

cuando rendídote viera.

Siempre el potro más castizo

usa más la carrera.

Yo, al menos, no condeno

temor en ocasión tal;

antes lo tengo por bueno,

pues, como granos de sal

para tomar bien el freno,

cosa es tiempo de saber

que, si este paso adelante,

amor, de armas gigante,

ha de parecer pigmeo.

Blanca.

Vuelve a meter el papel,

vuelve y mira si ha entrado

acá a do ese tropel.

Gualda.

Sí, señora, su criado

es, y Guillermo con él.

Sale el Conde y Guillermo, y Gualda entra el recado de escribir y vuelve a salir.

Guillermo.

Háblale sin miedo, amor

suele mostrar cobardía

en la ocasión que es mejor.

Conde.

Solo de tu industria fía.

Guillermo.

No fíes de mi valor;

yo sabré de la criada

su tono y resolución.

Conde.

En esta primera entrada

temblando está el corazón

y la lengua tengo helada.

Guillermo.

Di que vienes con cuidado

de saber cómo le va,

ausente, desvelado.

Conde.

Triste parece que está,

pésame de haber entrado.

Guillermo.

Háblala, acaba, señor,

notemos su resistencia;

que si es Blanca en el valor,

tendrá escudo de paciencia,

pero no escudo de honor.

Echemos cosas aparte,

veamos si se resuelve

en despecho a hablarte.

Conde.

Amor el seso me vuelve,

para que torne a entablarte.

Llegan adonde está Blanca.

Blanca.

Ceñido es el descuidado,

pero con cuidado asido,

de haber de vos, cuñado,

merced es que he recibido

por excesiva excusada.

Estará una silla vuelta, y en entrando el Conde la vuelve Gualda; y Guillermo y ella hablan aparte.

Conde.

Quien tan mal nombre le da,

Blanca manifiesta en eso

que le ofende el verme acá.

Entre hermanos no hay exceso,

y vuestra excelencia, ¿cómo está?

Blanca.

Estaré para serviros,

si estáis para moderaros,

que harto puedo deciros,

excelencia para daros

y humildad para pediros.

Conde.

¿No hay sillas?

Pag. 21

Blanca.

Basta una silla,

que visita de señor

a un hermano, es de admitilla

con el freno del temor,

no con igualdad de silla.

Sillas.

Conde.

Con temor que me detiene,

no con lugar que me iguale,

la deseo cuando viene,

mal a mis intentos sale,

y gravemente se previene;

el no asentarse no es

porque en pie estemos mejor.

Llega un paje con una almohada de terciopelo, y una alfombra, y siéntase Blanca en ella, y el Conde en la silla.

Blanca.

Mayor interés

es la almohada, señor,

en que estaré a vuestros pies.

Conde.

¿Qué sabéis de Balduino?

Blanca.

No he sabido nada dél

después que aquel propio vino.

Conde.

En esta ausencia cruel,

señora Blanca, imagino

que pues yo os le quité,

ya convendrá que se acuda

a la falta que os cause.

Blanca.

Ama, teme, quiere, y duda,

al fin callose, y no sé

qué quiso, y al responder

mal del paso se arrepintió,

que es condición de mujer.

Gualda, suelte el nudo,

lo menos falta de hacer.

Balduino.

Muy grande labor se ha hecho,

para asconderme en las pajas.

Conde.

Que trae empeñada, sospecho,

y aun se dicen las alhajas.

Pobres deste humilde techo,

Blanca, y de los caballeros.

Blanca.

Señor, en esta ocasión

me toca el satisfaceros;

criados de soldada son,

que no falta de dineros.

Conde.

Destas salas son las telas

con que están más guarnecidas,

astas de lanzas rompidas,

y por sillas las rodelas.

Ningún otro adorno embarga

desas paredes, y techos,

donde la vista se alarga,

sino colgajos, a trechos,

turco alfanje, mora adarga.

Sillas y mesas labradas

ocupan estos salones

del africano ganadas,

y no hay otras guarniciones

sino es las de las espadas.

En la cuadra más perfeta

de las que en mi casa ves,

por inclinación secreta,

a la puerta un medio arnés,

hace la cama el pavés.

Esos hermosos vergeles,

las flores más estimadas,

son, cuando más te desveles,

bruñidas hojas de espadas

vueltas con sangre claveles.

Aquí no ofuscan la luz

pebetes negros que ahúman,

sudor es tormento y cruz;

solamente perfuman

cazoletas de arcabuz.

Pag. 22

Guillermo.

Hasta un niño la camisa,

cuando ponérsela suele,

si roja sangre le avisa,

y si de pólvora le huele,

la arroja al suelo y la pisa.

Por eso, y no por pobreza,

pasamos, señor, así.

Conde.

Entre rayos de belleza,

depositó Marte en sí.

Blanca.

Como fiera de braveza,

señor, que se os hace tarde.

(Hace como que se quieren ir y levántanse ambos)

Conde.

Vamos, hola.

Guillermo.

¿Ya te vas?

Conde.

No pude hablar de cobarde.

Guillermo.

Comienza y luego podrás.

Conde.

Cuñada del alma mía,

Blanca hermosa de mis ojos,

tributarios y a los tuyos,

de un mar de perpetuo lloro,

apenas catorce abriles

hizo tu edad venturosa,

coronando con sus flores

la belleza de tu rostro,

cuando apartaron a mi hermana,

por mi desdicha dichoso,

yéndolos dos a casar,

diez años han este agosto.

Entonces te vi, y entonces,

con verte y amarte solo,

viste y venciste en un punto,

mal punto pues no te gozo.

Confiesa que soy tu esclavo,

no entiendas que propongo

diez, por muchos que por ti

medies, mas diez mil son pocos

los siete enteros cielos.

Y al altar de tu decoro

ofrecí silencio humilde,

cada ofrenda en mis celos.

Los tres te he dicho mi pena.

Te la han dicho mis ojos,

lenguas de la voluntad

y de la verdad abonos;

si en ellos no te he pedido,

Blanca, sabe el cielo que,

que ando largo en deseos,

solo en atreverme corto;

que perlas produce oriente,

que metal cuaja el Pactolo,

que plumas el aire hiere,

que arenas el mar undoso;

qué invenciones y qué galas

fueran de Milán despojos,

qué nobleza de este prado

y del pañol qué tesoro,

que no pusiera, humilde,

por mi gusto o por mi antojo,

por alfombra de tus pies

los floridos de sus colmos;

y todo lo tuvieras, Blanca,

mas no lo has querido, solo

para no quererme a mí,

y que soy blanco de veneno.

Acogíme a las libreas,

pregoneros de amor sordos,

que, haciendo sus cifras lenguas,

publican que están quejosos;

inventé juegos, torneos,

jugué cañas, sortijas,

e invenciones y letras,

justé a la Blanca que adoro.

Pag. 23

Conde.

todas me entienden, tú sola

tirana de mi reposo,

por no remediar mi pena

gustas de ignorarlo todo.

Témplese ya, doña Blanca,

el tropel tempestuoso

de tu desdén, y merezca

algún favor en mi abono.

Lo que mi amor, su decoro,

y por deuda te torno,

te promete mi esperanza

de tu cielo los tesoros;

si no te merezco, dama,

verte condesa solo

puede obligarte a quererme;

hechos tengo dos divorcios,

el tercero haré por ti;

mira, Blanca, a lo que me pongo;

matemos a Balduino

y serás

Blanca.

¿Qué dices, monstruo?

Conde.

Loco estoy.

Blanca.

Pues si lo estás,

conde, con esto respondo:

soy casada y quiero bien,

y no hago caso de locos.

Vanse doña Blanca y Gualda.

Conde.

Detén, doña Blanca, espera.

¿Es posible que tal pasa?

¿Cómo, quedándome en su casa,

me deje de esta manera?

¿A más de casada estás

donosa respuesta, a fe?

Blanca, pues yo mataré

que no estés casada más, y

muera mi hermano importuno,

que así el alma me robó,

que pues no te gozo yo,

no te ha de gozar ninguno.

Y ya que mi hermano infiel

vive dentro el alma tuya,

le sacaré yo la suya

porque no vivas con él.

Cielos, si en vuestra potencia

contra el fuego que me abrasa

para mitigar la brasa

se halla alguna clemencia,

mostrad vuestro amor paterno,

pues compro en mi amarga historia

sola una blanca de gloria

por mil millones de infierno.

Y si por menor tesoro

divino Júpiter vos

os hicisteis, siendo dios,

menudos átomos de oro;

si es que en vos hay poder tanto,

por vuestro y mi triunfo fiel,

convertírmela en laurel,

será palma de mi llanto.

Haré del Paraíso despojos,

guirnaldas a mis congojas,

arboledas de sus hojas

a las fuentes de mis ojos.

Fronisto, niño de tres años, dice dentro.

Fronisto.

¡Que huyo de este, que da voces

tan sin límite, sin tasa,

nuestra madre entra en mi casa,

y quiere hundirla a voces!

Pag. 24

Dionisio.

entienda quien la atropella,

que da molestia a mi madre,

y que, a falta de mi padre,

quedo yo por dueño de ella.

Sale alborotado.

Guillermo.

¡Por Dios, que el rapaz hoy pasa

con el ánimo la edad!

Dionisio.

¡Jesús!, ¿qué gran novedad,

Vuestra Excelencia en esta casa?

Conde.

Sí, sobrino, vengo a veros,

a vuestra madre y a vos.

Dionisio.

Tenemos, señor, los dos

muy mucho que agradeceros.

¿Habéis hablado a mi madre?

Conde.

Y sabido que está buena.

Dionisio.

Según que entraba con pena,

hablastesle de mi padre;

siente mucho su ausencia.

Conde.

Y yo la siento, en verdad.

Dionisio.

Esa es argüir lealtad,

debida a correspondencia;

sin conoceros, señor,

dentro, me encolericé,

perdón os pido, que a fe

que fue inadvertido error.

Conde.

Jesús, Dionisio, esos bríos

son, en vuestra tierna infancia,

indicios de la arrogancia

digna de sobrinos míos.

Seréis muy gran caballero.

Dionisio.

Con el ánimo heredado,

ser alentado soldado

en vuestro servicio espero.

Conde.

¡Valor el rapaz encierra!

Guillermo.

Esta casa es encantada,

todas de Marte engendradas,

todo es armas, todo es guerra.

Conde.

Con que a aquesta os vais inclinando.

Dionisio.

Aunque en nada tengo maña,

a un bridón he hecho de caña,

gusto de andar manejando;

de suerte, por el vergel

boca e ijar le apercibo,

que, como si fuera vivo,

me siente, en estando en él.

En carrera es cosa rara,

que bien cola y crin reparte,

al picarle qué bien parte,

al llamarle qué bien para.

En sonando alguna caja,

de cólera se enarmona,

y cuando menos se entona,

piedras y herraduras taja.

Salido por mil ensayos

en el de tanta importancia,

y en diciendo: ¡Iglesia y Francia!,

luego embiste como un rayo.

Guillermo.

No son malas propiedades.

Dionisio.

Aqueste acontece a días,

y ahora, entre niñerías,

he de decir las verdades.

Guillermo.

Pero si es caña, por Dios,

nunca buen potro salió.

Dionisio.

Bueno o malo, bastará

para salir con vos, yo;

que vos sois quien procura

hazaña tan afrentosa

como es que ampare Tolosa

al hereje su locura.

Pag. 25

Vase.

Fronisto.

Y así es hecho, porque os cuaje

la defensa en cosa tal,

por engaños general

de vuestra gente amujerada;

yo por la Iglesia y por Dios,

sin tener más valedores,

os echo como a traidores,

Guillermo, a ellos y a vos;

y por haceros ultraje,

a que me he determinado

solo, si en ello es culpado

a mi padre y su linaje.

Si la verdad que estampo

tiene aquí algún enemigo,

lo que en mi casa le digo

saldré a defender al campo,

que llevando a Dios por guía,

niños Hércules a brío

y cuna que me crío

de parte de Andalucía.

Guillermo.

Ya es desvergüenza sobrada.

Conde.

Casi me hubiera turbado

ver rapaz tan alentado

en tan grande rapazada.

Guillermo.

¿Puede carecer de culpa

tal desprecio a tu persona?

Conde.

Guillermo, la edad le abona

y el ser cuñado es disculpa.

Guillermo.

Y a quien le enseña a decillo,

¿qué disculpa le darás?

que de villano no hay más.

Fin de la 1ª jornada del Principio de la Inquisición y primer Inquisidor, hecha por el padre fray Leandro Castillo de la orden de San Bernardo y abad de su convento de Monfero.

Conde.

Estoy dispuesto a su presencia

cuando despido a los críos

del orden materno infiel,

Castelmo, ¿qué importa que él

diga tantos desvaríos?

Deja que con este enlazo

el amor doble su palma

y el sol encienda el alma,

abrase el honor el brazo.

Guillermo.

Del brazo el valor profundo,

si no le devuelves luego,

ha de encender tanto fuego

que nos ha de echar del mundo.

Conde.

Más justo es me escandalice;

el desdén de Blanca aplace,

que ella sabe lo que hace,

mas este no lo que dice.

Él está bien disculpado

de los desprecios que hace,

que de decírmelos a mí,

en la leche lo ha mamado.

Mas vamos, que la dureza

con que despreciado voy

me hará Guillermo desde hoy

mirar más por mi grandeza.

Pag. 26

Firma: Don Alejo de la Peña y Ossa

Jornada segunda

Pag. 27

Salen Balduino con bastón de general, y un capitán con jineta, y Perote soldado viejo.

Balduino.

¿Qué gente entró, capitán?

Capitán.

Hasta cuatro mil soldados.

Balduino.

¿Están lejos, a los lados?

Capitán.

Acomodados están.

Balduino.

De los bisoños peones

no me fío; ¿qué se han hecho?

Capitán.

Como el lugar es estrecho

fuera del muro, señor,

hicimos un fuerte al fin,

por doscientos de secano,

junto al río a escuadrón.

Perote.

Señor, si aquesta victoria

no consiste en mi presencia,

tome vuesa merced licencia,

y acábese aquesta historia

de todas mis valentías.

Balduino.

¿Tan presto, Perote?

Perote.

Porque

yo, señor, de lo que

saque en sabello por fas,

cuando apriete el reventar,

treinta reales prometiste

que habían de ser rescate,

limpios de polvo y paja,

más que un rudo animal,

que pasa tanta brama,

que se ocupa en darme cama,

y asentar de un pajar

limpia paga por mi fe,

a polvo y paja, señor,

ronca más que un atambor,

aventadora estaré,

entre mis pobres alhajas,

que parezco, a lo que siento,

villancico al nacimiento,

todo cargado de pajas.

Por eso, cuando me atrevo

a salir de mi posada,

cuenta de ambas va pegada

según los pasos que llevo.

Soy fruta de invierno yo,

entre pajas embuchada,

tercia de nieve masada,

adonde Cristo se vio,

a comprar cantimploras,

amigo, voy desfrutada.

Balduino.

Perote, menos necedades;

en pajas duermes y lloras,

y no te has de detener

una laguna por lecho.

Perote.

Ya que soldado me has hecho

no me quisieras mofa hacer.

Soy bobo, o soy espadaña

que en agua he de descansar.

Soy pato yo para andar

en agua, graciosa maña.

Soy pájaro de un charco

sé cantar a la luna,

no me alojes en laguna

que estoy falto para barco.

Probaré con infinitos

testigos calificados

que de mis ocho costados

son los siete de mosquitos.

Qué taberna, o qué bodega

donde me meta de codo

no hay más que dar en lodo

que es muy húmeda la vega.

Pag. 28

para Sancho

Balduino.

¿Qué se dice,

Capitán de la facción,

de extraño, que tengo razón?

Capitán.

Basta

que mi celo autorice

aparte la acción de su hermano,

su persona, que a la misma

Iglesia se opone.

Balduino.

Es cisma.

Capitán.

No se tiene por tan llano

si el mismo que con razón

solamente defendemos

las haciendas que tenemos

contra la loca opinión

de ese Inocencio Tercero,

que de la secta ofendido,

que en Albí se ha introducido,

pone en campo un mundo entero.

Balduino.

Hablad con más cortesía

del Pontífice Romano,

que estoy yo aquí; y, mi hermano,

con soberbia fantasía,

lo que vos pretendéis, él;

Conde, dalde su bastón;

seguiré yo mi facción,

y él, el letargo aquel.

Capitán.

No agravéis con ese nombre

el camino verdadero.

Balduino.

Andad, gentil majadero,

¿queréis también que me asombre

de vos y de él? ¡A la espada!

Capitán.

Señor

Entra un Paje.

Paje.

Licencia un correo pide.

Balduino.

Entre; deséase

ver el fin de esta jornada.

Entra un correo.

Correo.

Aquestas cartas el Conde de Tolosa,

general invencible, manda darte.

Balduino.

¿Cuánto ha que partiste?

Correo.

Seis horas y parte.

Balduino.

Mucho has andado.

Correo.

Fue ocasión forzosa.

Lee la carta Balduino.

Balduino.

«Aunque mi primer designio fue ganar

a Murviel, el hueste que el Mistique hace,

me divirtió de este camino; los nuevos

intentos de Inocencio Tercero para

echarme de mis tierras, pone en el

campo treinta mil hombres predicando

una nueva cruzada; frustra

sus designios con la gente que tienes

a tu cuenta; será por mí agradecida

más». El Conde de Tolosa.

Jesús, dudoso el Conde está,

descuidado, en qué error

acertaré, si al valor

será mejor morir allá.

No sé, por Dios, qué me haga,

si no guarda Blanca fe.

Iré esta noche, y haré

que mi amor se satisfaga.

Decid que distes la carta.

Correo.

Encargóme la respuesta.

Balduino.

Pues las postas apresta,

que es fuerza que yo me parta

luego a Tolosa;

pues alto vamos,

dé al diablo aquesta milicia.

Dios, Iglesia, fe y justicia,

o vivamos o muramos,

a Muret, que has de ir conmigo.

Pag. 29

Blanca.

¿Y hemos de ir solos los dos?

Balduino.

Solos.

Perote.

Pues cenar, y adiós,

que al infierno iré contigo.

Balduino.

A corazón constante, ninguna duda

que siga libremente su destino;

deja que escoja el real camino,

solo conmuda Dios, nadie conmuda;

hacer en la mujer probanza muda

de quitarle el honor es desatino,

del honor experiencia un mal vecino,

que la corteza de la afrenta ayuda,

si aquestas cosas dos ejecutorias

tienen de incontrastables, haced caso;

veo la suerte que mi hado ordena,

pues mal podré salir con la victoria,

fiándome de un príncipe llantoso;

voy, y a saber si mi suceso es bueno.

Sale San Pedro de camino, y Fray Roberto, lego, con un fardillo al hombro, y detrás de él un jumento de vacío.

San Pedro de Castelnou.

Gracias al cielo que estamos

dos jornadas de Tolosa.

Fray Roberto.

Jornadas harto graciosas

estas a que nos ofrecemos;

ya si a ser obispo fuera

con el diablo hasta el infierno,

aunque el camino es eterno;

siempre andándome vieras,

sin comer y sin dormir,

sin sentar, sin descansar;

fui al mar y vine del mar,

no sé qué me iba a decir:

¿no es tiempo ya de que dejes

estas peregrinaciones?

Sufran ellos prisiones,

yo he de vellos herejes,

que parece de bobo ser,

¡vive Dios!, pues que te digo

que a mí, hombre, me importa un higo

que ellos no quieran creer.

En la santa Trinidad

debata, abata, no crean,

séanse los que se sean,

no llegues a la ciudad.

Mejor me iba a mí en Monzón,

allí en Aragón, ¡por Dios!,

patria que no os niega a Dios,

y digno de aqueste empleo.

¿Qué se me da a mí que Francia

esté llena de herejías?

San Pedro de Castelnou.

En darme trato porfías,

Roberto; menos instancia

que un pecho hidalgo espanta,

con herejes no está mal.

Fray Roberto.

Fueras meter un buen dogal

que con él seguro lazo,

que aconsejaros quisiera,

llevar derecho camino;

mas fiar de un pergamino

nuestra fe santa, es quimera;

haz esas plomadas balas

del pergamino tacos,

y darás de estos bellacos

las cabezas, que más palas

que no llevas buen modelo.

San Pedro de Castelnou.

Dios haga a su voluntad,

indivídua Trinidad,

poderoso Dios del cielo,

a tus pisadas que estampe,

serán cantos de testigos

que contra los enemigos

Pag. 30

San Pedro de Castelnou.

vuestros, estoy puesto en campo

por la cruz que contemplo

ved si es bien que me persiga

firme, que un traidor derriba

la base de vuestro templo

Juez y hacedor divino,

que el fuego de aquestas iras

se encienda para dar luz

a los que andan de contino

de vuestra piedad las muestras

descubra en esta ocasión

vuestras estas almas son

tenedlas, pues son vuestras

solo en este punto loco

la tristeza con que lucho

que os han costado a vos mucho

y ellas se pierden por poco

ved que en ellas va perdida

de vuestro triunfo la suerte

si después que os cuestan muerte

se quedan ellos sin vida

a vuestra justicia apelo

porque ante ella hay disculpa

pues se quedan por su culpa

vos sin sangre, ellos sin cielo

Fray Roberto.

Padre, Padre, gran tesón

tenéis, o pedís en verdad

San Pedro de Castelnou.

¿Será alguna necedad?

Fray Roberto.

Es un punto no muy claro

como hablaré algarabía

franchota, que yo no sé

más de monsiur come

que pans, de picardía

y de cosas de este talle

queso, y franchote de apoco,

San Pedro de Castelnou.

¿no quiere más?

Fray Roberto.

y, ¿esto es poco?

San Pedro de Castelnou.

calle, fray Roberto, calle,

que poco siente

Fray Roberto.

a tal

estrecho, y diga si siento

pues a este sentimiento

siento una hambre mortal

que los sentidos me quita

comamos, cuerpo de Dios

San Pedro de Castelnou.

¿por qué jura?

Fray Roberto.

andémonos

siempre echando agua bendita

sobre sepulcros de muertos

como las viejas de allá

de España; enfádase ya

de tener mis desconciertos

si quiere que trabajemos

en esta viña perdida

ande abondo la comida,

comamos, y prediquemos,

donosa la invención fue

que para darles remedio

a unos perros, sea buen medio

ayunar, y andar a pie

San Pedro de Castelnou.

Ande, deje esa porfía

que es un voraz

Fray Roberto.

¿Yo voraz?

yo soy burgalés de braga

limpia, la patria mía,

mis padres buenos y honrados,

mi abuela, ¡cuál bebía vino!

mi padre fue campesino

de todos cuatro costados;

cuéntelo para que ponga

Pag. 31

Fray Roberto.

a mi sangre tanto ultraje,

pues aúnas en mi linaje

sus fastios de Covadonga.

San Pedro de Castelnou.

Mire qué talle, señor,

hermano, en vano se aflige,

que a su regla le dije

moro no.

Fray Roberto.

Pues si al decoro

de mi linaje no toca,

riña hasta que se canse.

San Pedro de Castelnou.

Voy cansado.

Fray Roberto.

Pues descanse

debajo de aquella roca;

ya minábase la enferma

carne, si algún sueño toma.

Siéntanse un poco apartados uno de otro.

San Pedro de Castelnou.

Mientras que yo duermo, coma.

Fray Roberto.

Mientras que yo como, duerma.

Y Pedro se ha acostado en mediodía, que será como se dice a asarse.

Fray Roberto.

Árboles, fuentes y ríos,

que a esta hierba ofuscáis con engaños

con dulces desvaríos,

fertilizáis por tan prolijos años,

porque les dais a tan ingrata gente

la sombra unos, otros la corriente.

Esta es ocasión gentil,

que si se queda dormido,

a escuso traigo escondido

de un pedazo de un pernil.

Cumbres altivas, montes,

que hacéis, para servir al sol de basa,

disformes horizontes,

por quien nos da su luz hasta que pasa.

Porque no sois, cayéndoos a pedazos,

sepulcros ciegos de esta gente ciega,

que ya se ha dormido y acá se asoma

el pernil de la alforja.

Fray Roberto.

Esta vez él se ha quejado;

salga, señor zancarrón,

que esta es muy buena ocasión,

pues estamos sin convidado;

los que al Alcorán se ajustan,

qué estragos al gusto aperciben,

sin vos ansían, sin vos viven,

como comen de qué gustan,

a que en adorar se peca

un huesaco, y compasión,

no ser vos el zancarrón

de la gran casa de Meca.

Puesto que perdida hallo,

a Troya excusa hubiera,

si por un marranchón fuera,

como fue por un caballo.

La peña en que se ha acostado Pedro se ponga de suerte que, abriéndose en dos partes, se aparezca con música la Iglesia de suerte que la cabeza de San Pedro quede en su regazo, que estará sentada en una silla, y en la una mano tendrá una palma y a su rodilla una corona de laurel; y toda esta peña se puede hacer de papelones pintados que, levantados con dos cordelillos, dejará debajo la Iglesia.

La Iglesia.

Descansa, hijo amado,

que para nudo amante de los cielos

sosiega enamorado.

Pag. 32

La Iglesia.

que me traen, sus desvelos,

duerme, duerme, pues has por tu provecho

cama de flores, mi regazo hecho;

si así te precipitas

contra el turbión de herejes procelosos

y a Francia solicitas,

conspirando contra la fe y mi regazo,

en justo cambio, deuda igual pagando,

mientras duermes, tu rebaño velando;

nada te ponga grima,

camino estrecho tienes, senda larga,

mas pugna cruz te anima

contra el rigor del inicuo, sin embargo;

pierde el recelo, la pasión con vida,

duerme en mis brazos, hijo de mi vida.

De este noble laurel,

corona del justo fiel

y regocijo del alma,

que a todos es más sabroso.

Los últimos cuatro versos ('De este noble laurel' que a todos es más sabroso) se encuentran copiados en la segunda columna, pero una línea trazada en el manuscrito indica su inserción en este punto, en sustitución de la siguiente estrofa, que aparece tachada: 'este laurel y palma / llevan frontero muro de tus sienes / descansa y duerma el alma / que por el muelle lecho que ahora tienes / las envidias y flechas a los cielos / y a mi querido esposo, justos celos'.

Responde San Pedro entre sueños.

San Pedro de Castelnou.

Iglesia santa que adoro,

por quien los gustos de acá

rastrean lo que hay allá,

la vislumbre del tesoro,

gustos que a vos no se ajustan.

Villano 1.

¿Si acaso el tocino olió?

Perote.

Y repite lo que yo,

como viven de qué gustan.

Villano 1.

Él oliólo, no hay que hablar,

por mil bendiciones ya

el diablo le tomará

si dello quiere probar.

Perote.

Dadme a gustar esa paloma.

San Pedro alarga la mano como para asir el laurel que la Iglesia tiene y Fray Roberto esconde el bocado.

Perote.

Pues por Dios no lo probéis,

que os guardáis para los condes.

Villano 1.

El tocino, esto es forzoso,

no me sobra más de un hueso.

Perote.

¿Y el precio?

Digo que apelo

de la causa.

Fray Roberto.

¡A Dios del cielo!

Cuales guardo y profeso,

juro que más no ha sobrado.

Balduino.

A su tiempo.

San Pedro de Castelnou.

Y mi sed mucha.

Perote.

Pues comed,

quien tal escucha,

pieza, tocino salado.

San Pedro de Castelnou.

Porque para darme enojo

habláis bien tan ufano.

Fray Roberto.

No ha de probar el tocino,

aunque le salten los ojos,

ya he dicho que no hay jamón.

Balduino.

Aún no hay oportunidad.

San Pedro de Castelnou.

¿Cuándo obra?

Balduino.

No se atreva,

podrá ser que caigan ambos.

Pag. 33

Villano 1.

guste de matar su sed,

como pobre nos ve,

como en limosna nos de

un pan de a medio, y vino,

que no veo en toda Francia

quien haga bien a los dos.

San Ángel.

Presto, que te aguarda Dios

para ocasiones de importancia;

queda a Dios.

Vuélvese a cerrar la peña como estaba antes, con música, y despierta San Pedro sentado, y dice:

San Pedro de Castelnou.

Aguarda un poco.

Roberto, ¡válgame Dios!,

aquí no estaba, ¿no has visto?

Tú, ¿no viste?

Fray Roberto.

¿Si está loco?

San Pedro de Castelnou.

¿Qué es esto? Menos hablo.

Perote.

Yo, sino chitón, buen cuento,

donde tras el pensamiento

va, apostaré que voló

sobre las siete cabrillas.

San Pedro de Castelnou.

Fue sueño, o éxtasi ordinario,

siempre al alma un relicario

de glorias, de maravillas

del cielo. ¡Por vida mía,

no sé cómo el sueño mazo,

que me empazo y me embarazo

con glorias de fantasía!

Perote.

Porque sueño, cuando mucho,

que no soy fraile, vivo,

camino, zampo y estoy

un sueño que me ahíte mucho.

Suéñome que estoy comiendo

con uno de mogollón,

que duermo como un lirón,

y en verdad que estoy durmiendo;

cuando sueño que hace en mí

algún sacamuelas tiro,

despierto de espanto, y miro

si están las muelas aquí.

Mas tales sueños propiamente

son sueños.

San Pedro de Castelnou.

Porque sentidos

desasidos, y advertidos

de descansar dulcemente,

que os causa envidia confío,

pues con lo que he hecho ayer,

vuestro descanso perder,

porque yo no goce el mío.

Un sueño en que dulce llama,

me abrasaste sin razón,

el mundo como en blasón

de muerte, e imagen te llama.

Si vivo, o con vida,

mi sueño, a trocar tu suerte,

pues a la imagen de muerte

di hecha imagen de vida.

Tú misma, señal notoria

que no sea gloria, declaras,

que si por siempre duraras

fueras, llamándote gloria,

gloria. Si en solo un pequeño

rasguño tantas prendas

en posesión, ¿qué serás

siendo tan grande un empeño?

Perote.

Un pobre, presto, que aguarde.

San Pedro de Castelnou.

En pie, presto, que es tarde,

vamos, Fray Roberto, vamos.

Pag. 34

Levántanse y hacen que se van salir, y entran algunos villanos y una villana con ramos y guirnaldas, y un sacristán, uno de ellos.

Villano 1.

Flores, guirnaldas y ramos,

adornen a nuestro alcalde,

los pastores del ejido

y pastores del aldea

háganse una piña y sea

nuestro sacristán oído,

a su dogma divino,

todos sin chistar estén,

que maguer que el sacristán

es joven, pardiez que alivia

el día; me veo de follico,

¡qué bendición que hallo!

Villano 2.

Zagales, andallo, andallo.

Por Dios, Marina, Carrillo,

será el sermón un placer.

Sacristán.

Sentaos todos.

Villano 1.

Quedo, quedo.

Siéntanse todos y el sacristán en alto.

Villano 2.

Empieza.

Sacristán.

Empiezo. Clerecía,

como se debe creer,

Villano 1.

yo he de estar junto a Marina.

Villano 2.

Sobre eso habrá mojicones.

Villano 1.

Reportaos, ¡hola, gañones!

muchacha, suéneme a ma-

mi merancoría. ¡Pardios,

qué ascos os dé pachuza!

no se aburra, que se aburra.

Villano 2.

Pues desabuémonos:

el diablo me ha de llevar

si no os piso la barriga,

Labrador 1.

calle, no se le maldiga,

Villano 1.

y como quiero madrugar,

Labrador 1.

dad tamaño desgalacho,

Villano 2.

a vos, Domingo, alebras,

Villano 1.

y hela ay con batallas,

Villano 2.

a vuestro gusto me agacho.

Comienza el Sacristán.

Sacristán.

Tenemos, hermanos, obligación

a creer en Dios Padre Todo-

Poderoso, criador del cielo.

Pero advertid que no fue Dios

quien lo crió todo, como hasta

aquí os han dicho, sino que hubo

dos principios, uno de todos los

bienes y otro de todos los males,

que fueron Dios y el demonio.

Dios crio todas las almas, y el

demonio todos los cuerpos.

Llegan San Pedro y el Conde, habiendo estado apartados escuchándolos.

San Pedro de Castelnou.

¡Hermanos, qué ceguedad,

qué fantasma, qué ilusión

os mueve en los corazones

a hacer esta maldad!

Pues, sois simples labradores,

católicos tantos años,

qué os mueve a aqueste engaño,

siga aquestos ciegos errores.

Por la pasión que pasó

nuestro Señor en el suelo,

por sus llagas, por el cielo

que para el alma crió,

por la Virgen soberana,

que no admitáis, humildes,

esclavos de fuego en la grey

Pag. 35

Sacristán.

de nuestra Iglesia Romana

que es muerte y condenación

esto que os predican hombres

herejes, que el frailón

que es un gentil papistón.

Fray Domingo.

Padre papista, el sermón

es del Espíritu Santo,

que como a hombre justo y santo

me habla en el corazón.

Jesús, de ver que se quema,

os diré que es desatino.

Papista, tome el camino.

Todos.

¡Vaya fuera, vaya fuera!

Vuelve el sacristán a continuar el sermón.

Sacristán.

Que el diablo en esta invención

y por un estraño modo

crió los frailes y todo.

Quita a un labrador un tramo de aguijón y pega al sacristán.

Alborótanse los villanos y el sacristán de rodillas.

Fray Domingo.

Pues, sacristán de un ladrón,

cuervo de las alamedas

de la Iglesia, motilón

de la curial religión

que de todo el mundo enredas

blancas, a puro memento,

réquiem, kiries, badajadas,

zángano de las obladas,

sastre del monumento.

Con este palo testifico

y en la verdad que entablo

que si en la Iglesia hizo el diablo

algo, sacristanes hizo.

Deja esa seta quemada

que por Dios, si no la dejas,

que han de ser tus dos orejas

en ti la mayor tajada.

¡Cree, hereje confirmado!

Sacristán.

Por amor de Dios, señor.

Fray Domingo.

¿Quién te hizo predicador

antes de estar ordenado?

Vosotros, gente pagana,

pagad también vuestra culpa.

Todos de rodillas.

Villanos.

Señor, danos para disculpa

que el sacristán nos engaña.

Vuelve contra el sacristán.

Fray Domingo.

¿Crees en Dios?

Sacristán.

Padre, sí.

Fray Pedro.

¿Qué hace?

Fray Domingo.

¿Qué es de hacer?

Voto a Dios que ha de creer

a puros palos aquí.

Fray Pedro.

¡Que le abrís!

Fray Domingo.

Calle, Padre,

¡qué flema! ¿Por qué te deje

rebelde, ladrón, hereje?

Sacristán.

Sí haré.

Fray Domingo.

Di.

Sacristán.

Creo en Dios Padre todopode-

roso, criador del cielo y de la

tierra.

Fray Pedro.

De los frailes malhadado.

Fray Domingo.

En engaños no repara.

Pag. 36

San Pedro de Castelnou.

aunque nunca los criara,

los tiene de aber criado.

Fray Roberto.

si como digo, y asador

que a fe de sangre de godos

que ay dotriñon para todos

y hartas cosas mejor;

ahora bien yd al lugar

y traedme vn tizon vos.

San Pedro de Castelnou.

que quiere hacer?

Fray Roberto.

juro a Dios

que lo tengo de quemar.

Sacristán.

que no me aplaco

con aquesos ademanes.

Fray Roberto.

furia de los sacristanes,

as de morir de vn bellaco,

que pues vuestra cruz pintada

San Pedro nos autoriza,

miercoles desta ceniza

será vn lego de juda.

San Pedro de Castelnou.

tal dice!

Fray Roberto.

no e de decir;

calle, Dios es mi señor,

muy gentil predicador

embia el Papa a convertir,

cenisa te as de aber hecho.

Sacristán.

creo en dios vmilldemente.

Fray Roberto.

firmemente?

Sacristán.

firmemente.

Fray Roberto.

de buen pecho?

Sacristán.

de buen pecho.

Fray Roberto.

de todo corazón?

Sacristán.

de todo.

Fray Roberto.

sin faltar nada?

Sacristán.

Si señor.

Fray Roberto.

pues gente honrrada

a ponerse en procesión;

digan como yo dijere,

que abrazado

por sus puntos

respondiendo yr emos juntos.

creereys?

Todos.

lo que quisiere.

Fray Roberto.

ayudan luego a cargalle

la alforja, pues es asno,

al sacristan, y da vn rebuzno,

que muerome por quemalle.

Cargan la alforja de fray roberto al sacristan, y ponense en procesión, fray roberto delante, el sacristan detras de todos, y canta fray roberto el Padrenuestro y responden todos.

Fray Roberto.

digan todos. Padrenuestro.

Todos.

santificado sea el tu nombre.

Fray Roberto.

todos tres respondiendo van,

el vltimo no apercibo,

tengo de quemalle vivo;

diga señor sacristan.

Sacristán.

ha, sacristan y mezquino!

que mala buelta se le ponja,

no meta el guante en la alforja,

que lleba un poco tocino.

Fray Roberto.

creeys vos?

Todos.

si creemos.

Fray Roberto.

sino abra palo por dios.

venga a nos.

Todos.

venga a nos.

Fray Roberto.

así hasta el lugar yremos.

vanse dando buelta al teatro y San Pedro detras de todos, y entran Balduino y perote como de camino embozados.

Pag. 37

Balduino.

advierte que no es pegar

la voca

Perote.

que no es charlar

Balduino.

Pues que quieres

Perote.

renegar

obligaste a que reniegue

después que en tu seguimiento

me a el polvo arto dejado

ando mas estropeado

que a un ladron el del tormento

cuyo vientre así se estruja

que hallara mas holganza

caminando en una lanza

o en la punta de una aguja

cuando esta la hambre en mi

que puede el vientre a mi ver

mis sustentos recever

que vn concejo en san holi

Por este negro de amor

sin comer y sin dormir

me quieres hacer servir

de vn ciego y niño señor

Balduino.

nunca amaste

Perote.

bien se medra

Repregunta mis desmayos

yo soy de aquellos lacayos

que los finje la comedia

so pena de mal poeta

que el lacayo se entremeta

en requebrar la criada

de su casa o la agena

a quien su señor afama

y me abraso en esa llama

mas noble amor me atropella

solo en las tabernas mata

mi amor, y allí se remata

que aborrezco a la mas dama

y quiero a la mas barata

mas volviendo a nuestro intento

que me traes señor sospecho

en metamorfosis hecho

jus pase, jus hila caso

luego de marte me informas

en lechuza me transformas

yo soy el camaleón

de los lacayos sin duda

Balduino.

ten Pierres la lengua muda

que no faltara occasion

de comer y descansar

Perote.

Pues bien que se determina

Balduino.

que aguardes a questa esquina

Perote.

la esquina, no da a quien dar

o abodi parate

Balduino.

calla

Perote.

Pues no es ridicula cosa

pensar q un hombre en tal ora

que acaba de venir ahurtadas

la arena, y cal, q aquí estan

son suplicaciones, son

estos sillares turron

y el adove mazapán

la argamasa vive Dios

que es desatino solemne

Balduino.

digo que si gente viene

me avises si es uno o dos

y dales paso

Perote.

imposible

es señor que paso de

Balduino.

sino es mas de uno porque

Perote.

Porque ando tanto trote

en el paso tan escaso

en sudan lo que e comido

que al puro molido

no estoy para dar un paso

Pag. 38

Balduino.

No has de dormir un momento.

Perote.

¿Yo dormir? ¡Gentil balcón!

Pues soy gran dormilón

para este apercibimiento;

abiertos de par en par

tendré los ojos, ¡re Dios!

Balduino.

Si de tu espada te fías,

en este puesto has de estar.

Perote.

No me pasará un mosquito

que no sienta.

Balduino.

Está bien.

Perote.

Válame Jesús, amén.

Soy para dormir corito.

Si abriere la puerta ahora

o abriere este balcón acaso,

no podré llegarme paso

a decirle: "ce, señora,

aquí estamos encubiertos,

no lo diga a mi señor".

Balduino.

¡Ay, mayor rigor!

Ya temo este concierto.

Perote.

Pues peor nos hará daño

de beber, o de cenar.

Balduino.

Ya te he dicho que has de callar.

Perote.

Haré tu gusto, aunque extraño.

Balduino.

Honor, pienso que me atrevo

a andar con tanto desvelo;

¡ah, Blanca, Blanca! Los cielos

me hacen perderte el respeto.

Donde me llevas, forzado,

si voy de su fe a buscar,

pues quien llega a sospechar

ya llegó a no ser honrado;

que es la opinión, por mi cuenta,

el honor, tan delicado,

que una traición sospechada

es ya declarada afrenta;

mas por Blanca es menester

el amor, y a su culpa,

que, no sé si tiene culpa,

mísera disculpa tiene;

pero ¿cuál disculpa pondré,

que lo mismo viene a ser

disculpar una mujer,

que culpar lo que no es?

A este tiempo se ha de abrir a par en par una reja del tablado.

Perote.

Disparate es no dormir;

¡demonio de honra!, ahora

para rondar la señora

por la calle ha de venir.

Si es honrada, está guardada;

si no, no, aunque ande el listo;

pues acabóse, ¡por Cristo!,

o es honrada, o no es honrada.

Sueño me aflige, ¡por Dios!

La capa ha de servirme de cama.

Perote tiende la capa y duerme. Salen el Conde y Guillermo, embozados.

Conde.

No hay persuadirme; a causa

que son las dos.

Guillermo.

Por Dios, no entiendo tu intento.

Conde.

No es tan fácil de entender.

Guillermo.

¿Rondar aquesta mujer?

Conde.

Es dar en un pensamiento,

que el mismo me favorece,

y es porque tiene, sin duda,

a quien querer.

Pag. 39

Guillermo.

braba, aguda,

de costa clamor no ofrece,

de celos y mas recelos,

Conde.

de costa aguda la llamas?

Guillermo.

si, para el arte en llamas,

Conde.

y para arder entre celos.

Balduino.

gente viene aquí por Dios,

unos pasos, no oyo,

si es uno solo, mas no,

parlando se acercan dos.

Guillermo.

y bien, si claro se ve,

que voces, quien sordearas?

Conde.

en eso juicioso estas

llegare, llamare

a la puerta.

Guillermo.

que me dices

Conde.

lo que en efeto has de ver

Guillermo.

pues de que modo a de ser

Conde.

Guillermo, porque autorices

lo que hacer me determino

llamare, y luego después

que les confieses quien es

dire que soy Balduino

y que el amor atropella

a lo que es mi obligacion

y cojiendo un postillon

el campo dejo por bella

no tienen de abrirme luego

Guillermo.

señor temo algún exceso

Conde.

q mas eceso que el fuego

donde mi pecho se abrasa

guarda el puesto y no temas

Guillermo.

contra la corriente remas

no es de amor la fuerza escasa

(hacense a una parte, y asomase a la ventana doña Blanca, y Gualda)

Blanca.

A la bentana me bengo

Gualda, para tomar

el fresco.

Gualda.

de descansar, no es ora

Blanca.

no se que tengo,

no se que suceso a hecho

en mi esta alteracion,

que a golpes el corazón

me quiere saltar del pecho,

ay de mi, que solo siento

que se tarda mi querido,

en vos mi bien tanto olvido,

burlado andays pensamiento,

falso acuerdo, olvido tanto,

pues porque lo mereci.

Balduino.

no dice aquesto por mi

Conde.

no es por mi, tan tierno llanto.

Balduino.

al conde espera, que es llano

Conde.

galan tiene a quien espera

Balduino.

A mudable.

Conde.

A mujer fiera.

Balduino.

A infame mujer y hermano

Blanca.

Ay Dios cuando será el día

que acabes rigor estraño

Balduino.

El hombre, si no me engaño

se paro

(llama el conde a la puerta)

Conde.

en la celosia

se esta, bien será llamar

amor ayudame aquí

Dentro.

quien llama, quien esta ay

Conde.

abrid, quien tiene de estar

Dentro.

quien llama

Conde.

ya me amotino

se que no me conoscays

abrid presto, que aguardays

Pag. 40

Balduino.

no direis que soy Balduino

Blanca.

sois vos mi señor mi vida

Conde.

si mis ojos que por verte

vengo a peligro de muerte

siendo amor el homicida

en cinco dias no cabalgo

puesto ya el pie al estribo

solo para ber mi sol

dejando estos vmbrales

restauro así los enojos

que da el ponerse el del cielo

pues sale el que aca al suelo

sol mas bello a mis ojos

esta celosia es alba

donde mi dicha se emplea

donde sin que el sol te bea

dando rayos el alba

abrid y dando señora

al cielo vn nuebo retrato

o sere del sol el ocaso

y ventana del aurora

Balduino.

Ay mascara mas bien puesta

a una traicion de repente

que fe, que ley, tal consiente

cielos que quimera es esta

Pagasme al justo esta ira

pues cuando yo en Barcelona

te represento tu persona

tu representas la mía

mas tu traicion encubierta

será esta vez mal lograda

porq has de entrar por mi espada

antes que por esta puerta

Conde.

mi bien no abris

baja la celosia y bal

Blanca.

mi señor

llega Balduino al conde

Balduino.

que gente

Conde.

gente de paz

Balduino.

Se questa fuera mejor

questa quieta, a estorvar bien

gastara gente y dinero

Conde.

quereis mas

Balduino.

que os tengais quiero

a la justicia

Conde.

y

Balduino.

si

Conde.

a quien

Balduino.

a la justicia no vasta

Conde.

quien sois

Balduino.

Alguacil mayor

Conde.

Pues a de aver mayor rigor

que el que mi dicha contrasta

pues mas aspero no veis

que soy el conde

Balduino.

quien vos

buen presonaje, por Dios

para fingir; si lo azeis

mi señor el conde, es hombre

que solo avia de venir

para aver de reñir

que es cosa propia de su nombre

para salir con vuestro intento

pues no os tiene de valer

que a ser vos quien debéis ser

se cansara el sufrimiento

yo os conozco y aduertis

también por talle y por nombre

que callo yo de ser hombre

o no sois vos quien decis

sereis vn ladron famoso

pues vuestro nombre escondeis

Pag. 41

Conde.

el conde soy no lo veis

Balduino.

darmela despacio es forzoso

ya advertid, que barbarismo

que os llameis el conde así

por que el no estuviera aquí

afrentandose a ssi mismo

que de noche aveis venido

a esta puerta es claro, y llano

que es afrentar a su hermano

y quedar el deslucido

y si como yo os encuentro

otro alguno, os encontrara

solo por vos se infamará

su casa, con quien vive dentro

daos a prision

meten mano

Conde.

Villano

a tu senor a prision

Balduino.

si tu fueras don Ramon

mas honrraras a tu hermana

Conde.

fabor al conde

Balduino.

fabor a la justicia

Conde.

detente

ponense a un lado el conde y guillelmo y Balduino contra ellos

Guillermo.

aquí estoy

Conde.

fabor gente

Balduino.

dallos a mis pies, o el balor

entralos, acuchillando y blanca desde la bentana dice

Blanca.

fabor al conde, dijeron

todos por conde, alevoso

mas si fue un onbre solo

que entre el conde, y le quisieron

matar, no se abra esa puerta

ay Dios que enbeleco estraño

del conde fue algún engaño

Jesu, y e quedado muerta

quierome entrar, que hasta el día

ya no lo podre saber

que en mal punto vbo de ser

el abrir la celosia

entrase, y sale Balduino embaynando su espada

Balduino.

guillermo es de pecho hidalgo

y el conde, mostro lo mismo

sino ygualo al brio el animo

y el otro huyo como vn galgo

fue de importancia y provecho

suceso con que e gozado

pues dejándole a vn lado

e quedado satis fecho

porque si el golpe viniera

a blanca, hiriera a desora

que fuera causadora

que mi nonbre vos fingiera

Jesu, que enbeleco estraño

fue la prebencion en Dios

aquí blando estube yo

para desazer su engaño

la gloria de la hermosura

de francia, y de vra magestad

que dudara de su lealtad

que cupo en mi tal locura

perdona aquel amor sabio

obliga por ley estrecha

a temer cualquier sospecha

y a divisar cualquier agrabio

quiero mirar que se a hecho

perote, que parece ya

que biene el alva, y estara

durmiendo, a todo provecho

Pag. 42

Balduino.

A la larga, está tendido,

como diablos, no toparon

con él, por donde pasaron,

a Perote.

Comienza a tirar de la capa.

Perote.

¿Ha amanecido?

Balduino.

Sí, que es ver su desespero

contra un nublado mayor

que quiso al sol de mi honor

ofuscar.

Perote.

Pues ya es de día claro.

Balduino.

Sí, despliega esas pestañas,

llantos, quejas, a despecho,

bate el pecho de mi pecho.

Perote.

Imagino que te engañas.

Balduino.

Acaba, no hay que dormir,

engaño, que me ha enseñado

el honor, lo que he velado.

Perote.

¿No fuera mejor dormir?

Balduino.

Levanta, estás como un muerto,

acaba, que es ya de día,

y hora de la ontanía.

Perote.

De eso, es cierto.

Balduino.

Pues no es cierto,

levanta ya, que no hay quien

tenga contigo paciencia.

Perote.

Temo que tu diligencia

no quiso parar en bien,

que es media noche tendida.

Balduino.

¿No ves el alba salir?

Perote.

Duerme, que este no dormir

ha de costarte la vida.

Balduino.

Más que cueste, que no sale

por mucho, aqueste temor,

pues moriré con honor.

Perote.

Más cuesta al doble que vale,

caminar antes del día

que caen muchos romadizos.

Balduino.

¿Tú estás borracho o loco?

Dale, maco, y levántate del poyo.

Viéndole, metiendo mano.

Perote.

¡Qué es aqueste! El hombre brama

contra mí, contra él me pongo.

Tiento, tiro, hago un reparo,

embístole, y enclavo

le pasaré como un hongo.

Si es porque él no lo esperaba,

de un mandoble eché una traba.

Saco este compás, después

reparo, tiro, reparo,

quiso entrarse viñas arriba,

sus intentos conocílos,

garabateéle por los filos

porque un tiro me derriba,

ya casi me hubiera rendido

a poder de una rempuja;

diome un golpe en la cabeza

que me dejó sin sentido.

Él, viendo que no paso,

mas no sé por dónde fue,

huyó, y como viste que

rendido, y a qué acabo

la riña, partió despacio,

vienes a ver lo que tardo.

Balduino.

¿Estás borracho o dormido?

Perote.

Ni dormido ni borracho,

que si yo muerto estuviera,

fuera muerto sin tu ayuda.

Eso sospecharás, sin duda,

que dormía.

Balduino.

Si no fuera

Pag. 43

Perote.

Por que eres vn necio, tronco

bien palos te diera aquí

pues tu as venido por mi

as dormido como vn tronco

que apenas te as despertado

ahora inventas quimeras

y cuento lo que de beras

Balduino.

lo que es de beras soñado

Perote.

si voluntad e tenido

de venir por tu ocasión

no me basta la intención

para decir que e venido

y cuando hablando en rigor

durmiese que te amohina

faltate algo de la esquina

que me encargaste señor

veanlo medicos jos

ynportal, y tan buena

no la dieren, cualquier pena

quiero pagar vrbe día

Balduino.

medicos quieres hacerlos

juezes de esquinas, que loco

Perote.

de enfermos saben tanpoco

y los llaman para ellos

y a forismos suele aber

que a una esquina le bendrian

Balduino.

bamos que amanece ya

Perote.

aun nos falta mas que hacer

Vanse y salen el conde y guillelmo

Conde.

bibe dios que pierdo el seso

por saber el talle y nombre

Guillermo.

el hombre, por dios el hombre

Conde.

hubo balor

Guillermo.

hubo peso

por que el golpe que alcanzaba

Caso de la bien acolmo

que jugaba el brazo de molino

y sobre ella se desfilaba

Conde.

niega el alguacil

Guillermo.

es clara

verdad, que yo no ymaginara

comerse el oro pusiera

el alguacil, y alabara

Conde.

sin duda fue algún galan

de mi cuñada

Guillermo.

eso es cierto

Conde.

y a blanca se as descubierto

donde tus desdenes ban

aquí guillelmo veras

si en mi sospecha acerte

a blanca, blanca yase

que eres como las demas

dizen dentro muera el Papa

dentro, muera Inocencio tercero

Paje.

Señor el pueblo se inquieta

se junta el mundo entero

viba la Albijense seta

Conde.

que es esto

Paje.

el pueblo alterado

Conde.

pues a oydo que de Roma

Paje.

as de entrar al de Roma

dentro en tolosa una ciudad

no porque a temer le obliga

si le ampara su persona

mas por que una cruz pregona

contra la Albijense liga

y que parte a carcasona

con comisión que le da

Pag. 44

Paje.

vn español esta alla

con otros en Narbona

y no es bien de vn frayle imprudente

acreditar su locura

Paje.

El Papa muera

viva la seta Albigense

Conde.

Si yo salgo a defenderos

quien a de osar oponer

vuestro caudillo e de ser

Paje.

vivas mil siglos enteros

Conde.

mi seta es la vuestra misma

como os dira la experiencia

Entra Balduino con baston

Balduino.

Aca me entre sin licencia

porque todo padece cisma

Conde.

O general

Arrojale

Balduino.

Ya no quiero

onor que vileza engasta

toma tu baston que basta

a afrentar vn mundo entero

vn mundo dije, aun es poco

que es ya su infamia tan clara

que para que le afrentara

dos mil mundos fueran pocos

no culpes mi atrevimiento

que quien con vn acero aleve

contra la yglesia se mueve

no guarda comedimiento

Conde.

si yo a tu queja atendiendo

y no al dictamen que tenias

pues cuando tu queja hacias

me tachavas lo que haciendo

mil veces te di el abismo

Balduino.

mas ya estoy certificado

que mis voces de avisado

ni te an topado de improviso

y a ti con tus sinrazones

me obligaste a obedecerte

porque hallaste el fuerte, fuerte

contra la yglesia te pones

y así compruebo que hallo

ser los dos a buen seguro

mi ermano el mas perjuro

y el mas honrado vasallo

y pues tal locura intentas

uiendo, no te admires

que por tus obras mires

camynar por mis afrentas

no será por ty pecado

novel al que te revele

que vn general se rebele

de vn campo debelado

no faltara a quien entregallo

su baston de general

que lo que infama a vn leal

sobra a vn traydor a quien dallo

Conde.

Sin seso estas

Balduino.

no pudieras

por estas muestras que doy

decir, que sin seso estoy

si tu en tu seso estuvieras

pues así con certeza

acreditas este exceso

porque hombre que esta sin seso

no vale para cabeza

acaso donde las cismas

que en la yglesia se renueven

y advierte que ya se mueven

contra ti las fieras mismas

Pag. 45

Foliación: 21

San Pedro de Castelnou.

Pues estoy con causa quejoso,

a tus cajas al rebajar,

porque están descomulgadas

no les responden los ecos;

a los que esta infame palma

por su amistad siguen,

nunca dellos se oiga

que son amigos del alma;

y así a decir me acomido:

Soberbio hereje atroz,

que pues contra el Papa hablas

que vas a Roma por loco.

Concluyo mi parlamento

con decir en esta parte

que es contra Dios alzarte,

sobrado desacatamiento.

Balduino.

De diez y seis años pasa

que en servirte me he empleado,

sin vermos mejorado;

yo, señor, por mi casa,

que por no tener que vella

muy grande merced me harás

en mirar por ella más

nombrando mayor por ella.

Conde.

¿Qué tal sufro en mi presencia?

¡Quitadle luego la espada!

Balduino.

No puede estar enseñada

a rendirse con violencia,

ni a bajarse; ¡hola, guarda!

¡Prendelde!

Balduino mete mano, y Soldados, y Guillermo contra él.

Perote.

Si eso dijera

otro que mi señor fuera,

no fuera mi espada tarda

en sacarle el corazón.

Guillermo.

Sal, date, u muere a mis manos.

Balduino.

No pienso morir villano,

ni darme a vuestra prisión.

Conde.

Detente, loco atrevido,

dame esa espada, ¿qué esperas?

Balduino.

Sangre primero de veras,

fuera escusado el ruido.

Toma, señor, que atendiendo

quién eres, y lo que soy,

de bueno a bueno te doy

lo que por fuerza defiendo;

que aunque pudiera oponerse

mi valor, ha de advertirse

que es más nobleza rendirse

al señor que defenderse.

Dísteme años atrás

ésta, porque te sirviera;

harto te serví; y quisiera

haberte servido más.

Con dársela me resuelvo,

que nada, aunque lo intentó,

alguno, me la quitó,

y solo al dueño la vuelvo.

Conde.

Contra la iglesia, el perdella,

sin dar a ningún soldado

que los filos ha embotado

con sangre enemiga della.

Balduino.

La gente que apercibida

tienes contra el Papa en campo,

yo de mi nombre le estampo

la que te ha llevar perdida.

Tenéis aquesta facción,

ni yo doy de mí quejarme,

pues que por solo avisarte

me condenas a tu prisión.

Pag. 46

Balduino.

- esto has visto y te fías

desta secta que incitas,

que sangre a la Iglesia quitas

y al estado pones fuego.

Conde.

Llevadle, porque acorte

de dar consejo su estilo,

que espada romana y filo

cuando lugar gano a corte.

Llevadle luego.

Balduino.

Señor

Conde.

No repliques más.

Con mi sangre pagarás

el precipitado fuego

que en esta ocasión es llano

que es ser católico exceso.

Balduino.

Por la Iglesia en fin me pierdo,

a ciego y rebelde hermano,

no me da el morir temor,

que es morir mayor grandeza

católico sin cabeza

que ser cabeza de herejes.

(Llevan a Balduino y salen Blanca y Gualda)

Blanca.

No he podido reposar.

Jesús, qué dolor extraño.

Gualda.

Señora mía, buscas mi daño.

Blanca.

¿Con qué?

Gualda.

Con reparar extremos.

Blanca.

No hay que dudar,

Gualda.

que algún mal se me concierta,

que un sueño es cosa cierta

achaque de desconciertos,

quien tanto sueña en los muertos

muy cerca está de la muerte.

Fronisto no ha podido

parar un punto en la cama,

y encendido, hecho una llama,

le hallé a una lanza asido;

diz que una espada pide,

médicos, y no sé cierto

destas armas el efeto

para cuando es menester.

Tomallas niño y mujer

sin duda es grande el aprieto.

Blanca.

Un diamante que mi esposo

me dio, puesto en un anillo,

saltó de oro; en decillo

el alma pierde el reposo;

no fue hado más forzoso

que el desengaste, imagino,

suceso tan peregrino

a los pechos me clavaba

que se llevaba mi vida

o sea muerto Balduino.

Entra Pierres alborotado.

Perote.

¿Qué hacéis, cuerpo de Dios,

que no acudís al desastre

que sucedió a mi señor?

Blanca.

Ay, ¿le han muerto?

Perote.

No, señora,

mas mil veces es peor.

Llevaba anoche nuestro viaje

que nos pusiesen estorbo

hasta cuando amanecía.

Pues volvímonos

hasta la primera aldea

casi una legua los dos.

Tornamos hoy a las nueve

hasta el palacio, y él entró,

y en el zaguán me quedé,

donde los lacayos son.

Pag. 47

Perote.

dende a cabo de rato

no sé por qué, o por qué no,

toda la guarda del Conde

alborotada volvió,

el general va en medio,

sin espada y sin bastón.

Pregunté dónde le llevan,

dijeron: a una prisión.

Porque jueces replicaron:

por católico, es razón

bastante para quitalle

la cabeza don Ramón.

Y respondieron a voces:

a ser solo un hombre, y dos,

o veinte, óyeme, señora,

puedes perder el temor,

que yo les quitara el preso

a fe de hidalgo, mas son

más de cuatrocientos hombres.

Blanca.

¡Ay, mi esposo, muerta soy!

Cae desmayada en brazos de Gualda.

Fronisto.

¿Para qué se lo decías,

necio?

Perote.

Pues, ¡cuerpo de Dios!,

¿no lo había de saber?

¡Muerta está, por san Antón!

Fronisto.

Trae un poco de agua presto.

¡Señora, señora! No

responde.

Perote.

Yo sé una traza

con que la haré volver yo

al punto.

Fronisto.

¿Cuál es el remedio?

Perote.

Trae de vino un cangilón

que sea añejo, fuerte y bueno,

Perote.

y luego, en bebiéndolo

con el espicho del vino,

dándole un bostezo, o dos,

volverá el alma de bulto

al cuerpo donde salió.

Fronisto.

Como es de vino el remedio,

así se hace, vamos para

llevarla en los brazos

a la cama.

Perote.

¡Ay, don Ramón!

Cómo debieras no darte

por aquesta alma de Dios,

que es santica, mi señora,

y pesadumbre a mi señor.

Llévanla en los brazos y salen.

Conde y San Pedro de Castelnou.

Conde.

Venir tu persona sola

ha sido hazaña extremada,

que estaba ya alborotada

toda Francia, y estás sola.

Sale un paje y da vuelta dos sillas y siéntanse el Conde y San Pedro.

San Pedro de Castelnou.

De que bueno hayas llegado,

me huelgo.

Conde.

Que tú lo estés

me es no pequeño interés.

San Pedro de Castelnou.

Yo soy el interesado,

aunque papa y cardenales

me envíen, sin merecello,

en preeminencias y a ello

tan mirados, tan cabales,

son en todo, que no es justo

Pag. 48

Conde.

Con la justicia me atrevo,

y ayudado por Dios justo,

en darme la absolución

podrás luego resolverte.

San Pedro de Castelnou.

Yo tengo de obedecerte

en lo que fuere razón.

Conde.

¿Así que vienes a esto?

San Pedro de Castelnou.

A suplicarte.

Conde.

No más,

la absolución me darás.

San Pedro de Castelnou.

Echaré en servirte el resto.

Como cumplas.

Conde.

¿Qué es cumplir?

San Pedro de Castelnou.

El juramento que hiciste.

Conde.

Que lo cumpla me dijiste,

ya me pesa de te oír.

Piensa, el papilla.

San Pedro de Castelnou.

Señor, con moderación.

Conde.

¡Qué enfado!

Que he de dejalle mi estado,

que a sangre y fuego en rigor

trata que desbarate.

San Pedro de Castelnou.

Pide el Papa.

Levántanse de las sillas.

Conde.

Pide el Papa

que intenta quitarme la capa.

San Pedro de Castelnou.

Con más respeto se trate

de su santidad, señor.

Vuélvense a asentar.

Conde.

Quede aquí, no sigamos;

en absolverme harás

lo que estuviere mejor.

San Pedro de Castelnou.

Paces que tienes firmadas,

Conde sordo, o con cuidado,

mil veces las has jurado,

y mil están quebrantadas.

Conde.

Bien, pero advierte que es justo

que a mi gusto se ajuste.

San Pedro de Castelnou.

En lo que la Iglesia guste.

Conde.

Pues gusto yo.

San Pedro de Castelnou.

Yo no gusto.

Conde.

Tú harás lo que yo quisiere.

San Pedro de Castelnou.

En lo que fuere razón.

Conde.

Razón es mi absolución.

Tornan a levantarse.

San Pedro de Castelnou.

Cuando penitencia viere.

Conde.

¿Por qué te muestras tan fuerte?

San Pedro de Castelnou.

Por la Iglesia lo he de ser.

Conde.

Sabré a la Iglesia ofender.

San Pedro de Castelnou.

Sabrá la Iglesia ofenderte.

Conde.

Presto la Iglesia verá.

San Pedro de Castelnou.

Presto verán tus fronteras.

Conde.

Yo arbolaré mis banderas.

San Pedro de Castelnou.

Banderas tienen allá.

Conde.

¿No me has de dar un legado

razón por qué no me absuelva?

San Pedro de Castelnou.

Falta en quien no se resuelva

en cumplir lo que ha jurado.

Los herejes de tu tierra

la Iglesia no ha de sufrir,

y os ha de perseguir,

o ella ha de hacerte guerra.

Conde.

Según esto, bien dispones

que a tu perdón se provoque,

pues antes que al arma toque

tanta gente en campo pones;

muéstrase tan de plano

tu pertinacia y exceso,

que es público que profeso

ser católico romano.

Pag. 49

San Pedro de Castelnou.

Deja pues tanta malicia,

que si te vuelves atrás

misericordia hallarás,

si no te vuelves justicia.

Conde.

¿Sabes mi valor?

San Pedro de Castelnou.

Pues no.

Conde.

Y a la Iglesia importuna,

San Pedro de Castelnou.

Sabrá defendella alguno.

Conde.

Sabré ofendella yo,

y mi poder sin segundo.

San Pedro de Castelnou.

No tiene ella fuerza escasa.

Conde.

Yo la echaré de su casa.

San Pedro de Castelnou.

Y ella te echará del mundo.

Conde.

Verás mi fuerza cuál es.

San Pedro de Castelnou.

Sentirás su fortaleza.

Conde.

Yo hollaré su cabeza.

Siéntanse otra vez.

San Pedro de Castelnou.

Ella te echará a sus pies.

Conde.

Y no has de absolverme, Judas.

San Pedro de Castelnou.

Si quieres paz eficaz,

Conde.

No quiero llevar tu paz.

Vuelven a levantarse.

San Pedro de Castelnou.

Si ha de ser la paz de Judas.

Y pues la soberbia, vuelo,

que en ti tiene tan pujante,

y por parecer gigante

te opones al mismo cielo.

Pues al suceso disponte,

don Ramón, en lo intentado,

porque si caes derribado,

no has de quedar hecho monte.

Conde.

No pienses en ti, dejarás

soberbia lo que perdió.

San Pedro de Castelnou.

Pues que fuerza cae,

por fuerza no has de subir.

Conde.

Verás si hay quien te maltrate.

San Pedro de Castelnou.

Verás de la Iglesia el brazo.

Conde.

Como esas arañas mato.

San Pedro de Castelnou.

Como a esas moscas mato.

Conde.

Que estás en Tolosa advierte.

San Pedro de Castelnou.

Y cuando quisieres, saldré.

Conde.

Darte la muerte podré.

San Pedro de Castelnou.

Que no temo yo la muerte.

Conde.

Sabré a la Iglesia hacer quieta.

San Pedro de Castelnou.

Y ella defender su capa.

Conde.

Ya salgo a quemar al Papa.

Vanse cada uno por su parte con que se da fin a la segunda jornada.

San Pedro de Castelnou.

Ya salgo a abrasar tu secta.

Pag. 50

[Página en blanco]

Pag. 51

Salen Conde, y Guillermo, vn secretario, Sientase el Conde y Guillermo

Conde.

Enfadome, como dijo

nuestro legato, y a fe

que a no mirar que se fue,

Guillermo.

hablando oy de ello conmigo,

me dijo que ya quería

partirse.

Sientase en vn tribunal que esta levantado del suelo.

Conde.

Bravo rigor,

el fraile tiene valor,

no ay quien le hable, a fe mía,

que se parta, cosa fea;

y mas el bermejo novicio

ves a decille al legato

que se guarde de mi, y vea.

Entretanto la visita

de la carcel quiero hacer.

Comenzad luego a leer

peticiones.

Secretario del conde.

Una escrita

del obispo, en que suplica

que castigueis a Hugón preso.

Conde.

¿Por qué delitos?

Secretario del conde.

Aquí pienso que los explica,

que es larga.

Lee el secretario la petición en un papel.

Secretario del conde.

«Nos, Falcón, por la gracia de Dios

y de la santa sede apostólica

obispo de Tolosa, etc., a vuestra exce-

lencia suplico que a petición

mía castigue a vn ciudadano

llamado Hugón, porque entrando

en la iglesia con poco temor de Dios

y desprecio de su santo altar,

la profanó asquerosamente de-

xando la patena inmundamente

manchada; y consiente mal

del santo sacramento, como lo a

mostrado en algunas ocasiones,

de todo lo cual está hecha infor-

mación; ambos delitos son de

tanta autoridad y tan atroces,

que rehúsan oírlo las piadosas

orejas, que pues he empe-

zado, que vuestra excelencia lo justifique e haga

castigar como merece».

Conde.

El obispo del todo

con justicia se le semeja,

por cierto que vn necio alabe

por vn delito que al cabo

no pasará de una queja;

suéltenle, que disparate

más es conforme a razón

que al que hizo la petición

se castigue, y él se alabe.

Secretario del conde.

A vn médico temerario

jugando vn invierno al

fuego del asador

de vn amigo el boticario,

dijo: juro a tal que pude,

ansi el gran Dios de Israel

me ayude, y respondió él:

esse Dios nunca me ayude.

La iglesia pide a gran tiempo

Pag. 52

Secretario del conde.

Que en su derecho alegue

o que al obispo se entregue.

Conde.

Entregar el pasatiempo,

que a burla haré yo,

información plena, pues

el primer medio es

que de Israel reniego,

que es burlas de mí, barrunto.

Salga dentro de dos días.

Sobre aquestas niñerías,

relatárselas por punto,

aun fue de menor asiento.

Las cosas graves decí.

Los delitos contra mí

son cosas de más momento

que la iglesia

Entra un alcaide.

Alcaide.

Satisfecho,

un preso de su ignorancia

pide para entrar licencia

a informar de su derecho.

Conde.

Entre luego.

Alcaide.

A prisa, hermano.

Entra Balduino con una cadena, maltratado.

Balduino.

No tiene, quien vive apenas,

fuerza de tantas cadenas,

la priesa es tan a mano.

Híncase de rodillas debajo del tribunal.

Balduino.

A tus pies, señor, estoy.

Conde.

¿Quién eres?

Balduino.

¿No me conoces?

¿Tan presto me desconoces,

que me preguntas quién soy?

Un hombre soy que a un pozo

de la fortuna arrojado,

vivo muriendo enterrado,

pues vivo en un calabozo,

que del sol postrer asomo

tiene de vital aliento,

que se por onzas le cuento,

pues que ya por onzas como.

Aquel cuya triste suerte

haciendo en su vida estrago,

le dan muerte, trago a trago,

porque dure más, le advierte.

Un hombre soy que avisado

de la fortuna el vaivén,

que por servirte muy bien

vengo a morir mal premiado.

Soy el que en mil ocasiones

tus contrarios atajó,

y el premio que se le dio

fue arrastrar estas prisiones.

Soy con quien no se han hallado

obras que hiciese mal, tan

y los que en ellas me faltan

al pie me los han echado.

Soy, pues sabello te agrada,

hablando con propiedad,

la imagen de la lealtad,

de lodo desfigurada.

Un sarmiento soy, desgajado

del tronco donde naciste,

un hermano que tuviste,

no sé yo si has desgraciado.

Yo soy que a pedirte vengo

Pag. 53

Balduino.

Puesto que en mis palabras

Conde, que de un golpe acabe

la poca vida que tengo,

quatro meses me as tenido

en vn calabozo estrecho

y no os soy de probecho

para lo que me as pedido,

mira al punto a que as llegado,

pues vengo a buscar aquí

la muerte que huye de mi

por verme tan desgraciado.

Conde.

No es así; pues que aduierte

pretendo en eso agraviarte,

pues mil muertes siento darte

antes de darte la muerte.

Haz tu gusto, vibe, o muere,

pues que te as de ascoser,

lo que mando se a de hacer

y yo hare lo que quisiere.

Balduino.

Advierte que aquí se encierra

la causa de mi passion,

o morir en conclusion

o ayudarte en esta guerra,

pues si de ello no se escapa,

en ello firme estare,

mil muertes padecere

antes que ser contra el papa.

Conde.

Esto publico a pregones,

preben luego los castigos,

no ay que examinar testigos

ni hacer mas informaciones.

Entra vn criado.

Paje.

Licencia te enbia a pedir

doña Blanca para hablarte.

Conde.

Entre, quizá en esta parte

nos le bendra a reducir.

Entra doña Blanca de luto con dos damas y Perote por escudero.

tachado: vn poco delante y Fronisto y Gual- / da estan detras del conde

Vn poco delante, y Fronisto y Gualda estan detras del conde.

Perote.

Lugar, chusma palaciega.

Gualda.

Hazeos poco a poco.

Perote.

Conozcan su desembozo.

Gualda.

Vn par de repulsos

si se llega.

Perote.

Lame platos de palacio.

Gualda.

Lacayo comun de dos.

Perote.

En vayna voaze, don dios.

Gualda.

Entren voacedes despacio.

Llega doña Blanca y hincase de rodillas delante del conde.

Blanca.

Señor, si no es que en tu pecho

mi mucha infelicidad,

al rigor y la crueldad

mala morada an hecho;

sino es que al pedir yo audiencia

falte por mi desconsuelo

misericordia en el suelo

y en tu pecho la clemencia,

oyeme en esta ocasión,

no ya por ser tu cuñada,

por ser mujer desgraciada,

que es mayor obligacion.

Que mi causa as ofendido

admito, señor, por llano,

lo que peco mi hermano,

culpa de ser atrebido;

no alego para mi abrigo

descargo en tanta malicia,

que el llebado por justicia

ver muerte es poco castigo;

solo alego en tu presencia

que mires en tal conflicto

no de mi hermano el delicto,

sino tu propia clemencia.

Pidele en esta ocasión,

conde, a tu autoridad

Pag. 54

Blanca.

a innativa bondad,

no haya justa indignación.

Debe valer la grandeza,

del furor venza el antojo,

que nunca hizo nido el enojo

en pechos donde hay nobleza.

Mira que a los que son

de príncipes en la copia,

perdonar la injuria propia

es más glorioso blasón.

De mí misma, pues, pido

la vida por interés,

señor, de que me la des,

y a mis lágrimas vencido.

Pues si venganza has de igualar,

el yerro que me ha dado,

por dada estimala en más,

que por lo mucho que tarde;

qué mucho, si cuando fiel,

echando en servirte el resto,

tantas vidas por ti he puesto,

cada una dé a él.

Mira la igualdad sangrienta

si es argumento eficaz

de dar una vida en paz,

que por ti se ha puesto en cuenta.

Potencias en la eficacia

casi a un tronco te convida

el ser autor de la vida,

y hacer de la vida gracia.

Mas porque mi lengua en vano

motivo extrínseco lleva,

tu misma sangre te mueva,

muévate tu propio hermano.

Advierte, aunque separados

por bien desiguales hados,

que sois de un padre engendrados

y en un vientre concebidos.

Mira, si no te es prolijo,

ver al que tienes delante,

que tú y no él es el infante,

porque es de tu hermano hijo.

Muéstrate con él clemente,

que a pedir su padre viene,

este ángel qué culpa tiene,

qué te ha hecho este inocente.

Pues tienes hijos, compasa

mis infortunios prolijos

a ti, y mira en tus hijos

mi fortuna por tu casa.

Si en dar, señor, no te paras

alivio a mis tristes quejas,

mira el huérfano que dejas,

la viuda que desamparas.

Mira tu valor profundo,

si de enojo te ciegas,

de la sangre noble que riegas,

lo que ha de decir el mundo.

Y si no está enternecida,

aun con esto, tu fiereza,

córtame a mí la cabeza,

conténtate con mi vida.

Sea así, te guarde Dios,

hago menos importuno,

que muriendo muera uno,

pero si tu hermano, los dos.

Conde.

No más, Blanca, basta, basta,

lo que es justicia ha de ser,

que llanto de una mujer

poco mi pecho contrasta.

Y esto, Blanca, no te asombre,

que mujer conocí yo

que no pudo, y lo intentó,

vencer con fuegos mi nombre.

Vase levantando y dice.

Blanca.

Venza a Júpiter tu

Balduino.

Señor, suplico

Conde.

El paso tenemos.

Blanca.

Señor, mi esposo

Pag. 55

Conde.

Veremos.

Balduino.

Señor, mi padre,

será mejor

se le remachen clavos

al calabozo, y podréis,

Blanca, volver si queréis

a hablarme.

Entranse el conde y criados, quedan Balduino, y Blanca, el alcaide Dionisio, y Perote.

Blanca.

¡Notable exceso!

Balduino.

Blanca mía.

Blanca.

Esposo amado.

Balduino.

Prendas del alma, que adoro.

Alcaide.

Padre, ¿lloráis?

Balduino.

Hijo, lloro

de veros tan desgraciado.

Alcaide.

¿Qué remedio?

Balduino.

Que alleguéis

a donde abrazarme pueda.

Blanca.

Fortuna dura, sañuda.

Balduino.

Amor vive consolado.

Abrázanse.

Blanca.

¡Ay, mi alma!

Alcaide.

¡Ay, mi señor!

Balduino.

¿Cómo te va, esposa mía?

Blanca.

Como sin la compañía

del que es dueño de mi amor.

Balduino.

Flaca estás.

Blanca.

Amigo, siento

tu prisión.

Balduino.

Ah, mi cadena,

mi bien, no me causa pena

ni mal, sino tu tormento;

y así, al llanto dan los ojos

rienda, que el valor de un pecho

pues, aunque aprueba de hecho,

aprueba de tus enojos.

Lloros, esposa mía,

tampoco te he de gozar,

que salen a perturbar

las lágrimas mi alegría.

Blanca.

Quisiera que no llore al punto,

que pierdo en perderte a ti

mi alma y mi bien, y así

es perdello todo junto.

Balduino.

Pon, esposa, el llanto en calma,

mientras que tus brazos toco;

descanse, descanse un poco

en dulces lazos el alma.

No me hacen hierros asombros,

ni el ver hierros a mis pies,

que mi dolor solo es

que apesgan sobre tus hombros.

Pero vivo consolado

después que alcancé y que vi

que el faltar hierros en ti

me trae de hierros cargado.

No hay más de buen corazón,

que ciento hierros se hallaran,

si en un hierro se pesaran,

y aquestos livianos son.

Y pues hablar con exceso

el despreciarlos así,

si el ver que faltan en ti

les sube de contrapeso.

Estos de tejas abajo,

que entre estas razones doy,

a Blanca, el principal es Dios,

por quien sufro este trabajo;

si bien del conde se advierte

la locura y desconcierto,

bien puedes tener por cierto

que estoy cercano a la muerte.

Blanca.

Pobre estás, con nada asido,

solo de Dios, por prendas

Pag. 56

Balduino.

Alma de mi bien sentido,

que en estremo te he querido.

En vínculo de mi amor

a Fronisto te dejo,

el tesoro de este pecho

que hereda de mi valor.

Vos, hijo, ved qué quedáis,

y que en vos queda cifrado

mi valor. Todo he obrado

para que vos lo entendáis;

y nunca porque esto os cuadre

la memoria en vos se doble,

que tuvisteis padre noble

y que os queda honrada madre.

Sabed tenella y honralla

como ha de honrarse y tenerse,

que ella sabrá defenderse

si vos sabéis amparalla.

Contento vengo a acabar,

pues al fin vengo a dejaros

sangre para heredaros

y honor para acreditar.

Con aquesto se desquita

la empresa a que os obligáis,

pues honor acreditáis

el valor que os acredita.

Alcaide.

Blanca, acortad ya de razones,

porque si el conde saliera

y con su mujer te viera,

me echara a mí en sus prisiones.

Tiempo es ya de recoger.

Balduino.

Blanca, adiós.

Blanca.

¿Qué, te vas?

Balduino.

Como no te deje ver jamás.

Toma la cadena al hombro.

Fronisto.

Dejadme, padre, abrazaros;

no lloréis más, los dos,

que si vos morís por Dios

ya sabré por Dios vengaros.

Vuestra carga me espanta;

llevemos, padre, a pedazos,

serán de esos pies los lazos

argollas de mi garganta.

Y así al mundo daré asombros,

pues tanto vuestro hijo soy,

que vuestra carga me doy

como yo sobre mis hombros;

que el valor que me habéis dado

todo mi valor alarga,

que aunque me cargo esta carga,

no pienso quedar cargado.

Perote.

No te ha quedado, señor,

algo que decirme a mí.

Balduino.

Como no soy el que fui,

ya habréis perdido el amor.

Perote.

Enflaquecido te has;

ya sé la causa, imagino:

no te debe de dar vino

alcaide de Barrabás.

Balduino.

Con gran lealtad me serviste;

perdiste en camino ya.

Perote.

Presto en servirte está

como el día en que naciste.

Mándame, que por el gozo

de mi madre, que le harás

ir al infierno, y aun más,

que me eche dentro en un pozo

y me ahogue.

Balduino.

En mis enojos,

Blanca, no hay que aguardar calma.

Blanca.

Adiós, mi esposo y mi alma.

Balduino.

Adiós, Blanca de mis ojos.

Vanse todos. Salen San Pedro y fray Roberto con dos palos escondidos debajo del hábito o capa.

Pag. 57

San Pedro de Castelnou.

mira el pecado Roberto

Fray Roberto.

tieneme por descuidado

y a brazo lidié el pecado

porque si algún descocido

quisiese hablar del Papa

palabra alguna impropia

contra el conde de Tolosa

defendamos nuestra capa

San Pedro de Castelnou.

quebrare

con que del cocote

si a un empujon se escapa

del conde

Fray Roberto.

veamos enseñe aca

San Pedro de Castelnou.

mire que gentil gatote

Fray Roberto.

Jesus que guarda a tino

quiere perderse

San Pedro de Castelnou.

eso no

nunca me perdere yo

amando el fondo al vino

con este palo o tacon

se asayaran mas de dos

matarelos, vive Dios

Fray Roberto.

no ai tales comuniones

note que enciende la fragua

a nadie convertiremos

San Pedro de Castelnou.

almas no, pero podemos

convertir a estas en agua

ya los faremos destajos

yo te quiero notificar

del pleito apelo publico

no estamos descomulgados

que el virrey de lo eterno

aplique este palo luego

Fray Roberto.

por no ser mas prolijo

vienes por todo el infierno

a tener el diablo el oficio

fuera de la cruz

San Pedro de Castelnou.

calle

que tiene muy lindo talle

para este santo ejercicio

pues en su palacio estraño

quiere a palos negociar

Fray Roberto.

es milagro en el de estar

en este negocio vano

y que a algunas personas

en el palacio barrunto

que vayan a empujones no es nuebo

diez maneras de maromas

a esta chusma palaciega

San Pedro de Castelnou.

no conoce, en mi conciencia

Roberto hermano paciencia

entrase por debajo la capa

Fray Roberto.

el piensa que me sosiega

con aquestas migajas

a voces escondido esta aca

que estoy enfadado ya

de andar aca a peganzas

San Pedro de Castelnou.

vive Dios que ha de hacer

un mal hecho en la ocasión

si da el cortes el meson

aquestas son a mi ver

las puertas del gran palacio

entremos dentro

Fray Roberto.

entremos

San Pedro de Castelnou.

plegue a dios que negociemos

Fray Roberto.

veanse cosas muy despacio

Sale doña Blanca asida de un manto con la daga del conde desnuda, y el deteniendole el brazo

Blanca.

detente, que vive Dios

Conde, tirano, que quiero

matarte, matarte, espero

Conde.

Blanca, reportemonos

Blanca.

barbaro, cruel, tirano

mira si es tu infamia aleve

pues a tu acento se mueve

el benirseme a la mano

con esta daga aquí

Pag. 58

Blanca.

fiera a tu muerte enviada,

mas no el bien dejar manchada

la que me defiende a mí.

De ella con brutal despecho

tu bajeza corre o huye,

pues con verdad se le huye

las infamias de tu pecho.

Si no es que como apartado

de la iglesia debe estar,

quiere tu mano evitar

tu pecho descomulgado.

Dijísteme que viniese

a pedir a mi marido,

y en tu casa has pretendido

que yo sin honor volviese.

¡Ah, traidor!

Conde.

Detén el brazo,

hermosa, enojada mía,

que contra tu bizarría

no se ha de hallar embarazo.

Hasta la mitad del alma

abrirme el pecho podrás,

que solo en él hallarás

de solo tu amor la palma.

Blanca.

Antes verás al revés

a todos los elementos

dejar sus propios asientos;

todo el orbe pervertido;

que baje volando abajo

el fuego con propensión,

y subirse a su región

los peñascos sin trabajo;

que de alcances lo que pretendes,

déjame hacerte pedazos.

Conde.

Detén los hermosos brazos.

Blanca.

Suéltame.

Conde.

¿Que así me ofendes?

Pues antes verás, esquiva,

de sus propios albedríos

subir trepando los ríos

por esos montes arriba,

y antes el Dios que gobierna

los más altos firmamentos

volverá los elementos

a su confusión eterna,

que yo deje de quererte;

y antes, cruda condición,

con que puedas hacerte fuerte,

segunda vez halle muerte.

Señora, puedes

ser deidad de mis estados.

Blanca.

Juzgo, don Ramón casado,

la misma traición excedes.

A cuñada, por villano,

como es, dejar su mujer.

Conde.

Muy bien puedes, Blanca, ser,

que ya no vive mi hermano.

Que pues que de mi grandeza

dando así ejemplo y asombro,

hoy deja sus viles hombros

huérfanos de la cabeza;

juzgo pudieras conmigo

evitar publicidad.

Blanca.

¿Es lo que dices verdad?

Conde.

Verdad es lo que te digo.

Blanca.

¡Jesús! ¡Piedad, cielo santo!

Presta, como has, fortaleza

para sufrir tu fiereza,

crueldad y alevosía, tanto.

¿Que así acabó mi esposo?

¿Muerto ya? Al fin está

que no le debe más ya,

que ya no has de ver a mi esposo.

¡Ay, Jesús!

Entra un paje con la cabeza de Balduino en una fuente.

Pag. 59

Paje.

Aquí te envía,

por testimonio y blasón,

en fe de la ejecución

de su justicia, este día,

el alcaide, la cabeza

de don Nuño, tu hermano.

Conde.

Echad pleitos a una parte,

que pregunto, en su justicia,

qué justicia en él se hizo.

Paje.

Dentro en la cárcel, señor,

le ahorcó el gobernador.

Toma doña Blanca la cabeza en las manos.

Conde.

A mi gusto satisfizo.

Cabeza, algunos desvelos

me costó el teneros alta;

en vos ha estado la falta

de rodar por esos suelos.

Porque trocar al revés

con la lealtad y nobleza,

habéis venido, cabeza,

a andar debajo los pies.

Andad a mi acento, y pues

que no merece un traidor

de sepultura el honor,

al campo echadle, podréis.

Blanca.

Tal dices, ¿que hayan llegado

a tanto exceso tus hechos,

que a tu hermano eches a pechos?

Digno de estar empedrado

de esta cabeza leal,

de aquel sangriento licor,

que así desata claror

de aquesta rabia infernal,

afrentarle, a mi despecho,

a las fieras por cebo;

que si andáis buscando peros,

dale sepulcro en tu pecho,

sino a ti, dale, infiel,

quien hallará su lealtad

en los pechos más piedras;

piedad usad con él,

cabeza en quien se anida,

y de mi honor la palma,

en vuestros ojos, mi alma,

en vuestra lengua, mi vida.

Como contra vos se entabla

esta crueldad nunca oída,

hablad, como estáis sin vida,

también os falta la habla.

Que os habéis hecho, no dudo,

piedra, y bien claro se infiere,

pues piedra, quien firme muere

del que está así, que está mudo.

Pero contra tantas menguas,

aunque piedra, sin razón

no habláis, que en esta ocasión

las piedras se vuelven lenguas.

Mas si se advierte este ultraje,

corona, vuestra nobleza,

señalándoos por cabeza

de todo nuestro linaje,

de tal suerte os abona

entre virtud, y entereza,

que el quitaros la cabeza,

fue poneros la corona.

Y el fin es ganancia del cielo,

pues llegáis, cabeza, vos

a encabezaros con Dios

cuando dais cabeza al suelo.

Conde.

Echad de ahí esa mujer

que está loca.

Blanca.

Con tus traiciones,

conde, a peligro me pones

que el seso pueda perder.

Pag. 60

Blanca.

Sus maldades me han traído

a este estrecho en que estoy,

pues con dos cabezas hoy

el juicio tengo perdido;

mas no quedas excusado

de aquesta misma apretura,

pues por tu misma locura

tal cabeza haber cortado.

Y así en diverso compás

somos de locura llenos,

tú por cabeza de menos,

yo por cabeza de más.

Esta parte que contemplo

pienso, a tu pesar, llevarla,

no para solo enterrarla,

sino para hacerla un templo.

Y con esto devota,

irme, don Ramón, me aplace;

que quien para otra tal nace,

no nace para dichosa.

Vase el criado, y doña Blanca hace como que se va entrando, y entra San Pedro de Castelnou. El Conde está pensativo.

San Pedro de Castelnou.

¡Qué gemidos, qué lamentos,

qué voces, qué confusión!

Los de estos palacios son,

quien turba así sus asientos.

Temblando un pie descompasa,

y otro me da de letrero;

parece que veo temblar

de temor toda la casa.

Encuéntrase San Pedro de Castelnou con doña Blanca, y ella se hinca de rodillas con la cabeza en una fuente.

San Pedro de Castelnou.

¡Qué espectáculo, qué entraña,

y la que mirando estoy!

Blanca.

La sombra de un cuerpo soy,

cuyo ser es no ser nada;

señal que un bárbaro está

haciendo, a quien no le entiende,

voces confusas desprende

que no se fíe quien las da.

Planta temprana que el frío

consumió y escarchó el yelo;

álamo que se secó

por quedarse en seco el río;

pavo que vino a hallarse

sin las plumas de su rueda,

a quien solamente queda

groseros pies que mirarse;

paloma en tarde sosegada,

sin velas que la hermosean,

ciudad que muros rodean

sin ser de nadie habitada.

Porque no estés en calma,

pues que sin marido estoy,

concluyo, señor, que soy

un cuerpo muerto sin alma.

San Pedro de Castelnou.

Y yo, por extraño modo,

de que el sabello te agrada,

la mujer más desdichada

que ha tenido el mundo todo.

Levántase del suelo.

San Pedro de Castelnou.

Tate, ¿con qué paciencia

oiga en tan grave ocasión

que ejecutó don Ramón

en su hermano la sentencia?

Eternizaste tu historia,

oh general sin segundo,

trocando el bastón del mundo

por la palma de la gloria.

Tú solo, y no tiene remedio

de esta injusticia el rigor;

Blanca, cebado el furor,

pon presto tierra en medio.

Ten de Fronisto cuidado,

contra esta furiosa ola;

salva la reliquia sola

del valor que te ha quedado.

Pag. 61

San Pedro de Castelnou.

Dél, ¿dónde iré?

Hijo, yo digo

que para el fin de esta vida

hallarás buena acogida

en el de Monforte abrigo.

Blanca.

Me valga con mano franca,

poderoso Dios, de vos.

Ilustre Legado, adiós.

Entrase doña Blanca, y llega San Pedro adonde está el Conde Don Ramón.

San Pedro de Castelnou.

Adiós, desdichada Blanca.

Conde.

¡Oh, Legado

cruel, ¿cómo, que no te has ido?!

San Pedro de Castelnou.

El camino he suspendido

por habello tú mandado.

Conde.

Al menos, suplíquelo.

San Pedro de Castelnou.

No hay que escrupulear,

más bien lo puedes mandar.

Conde.

Hacesme merced.

San Pedro de Castelnou.

El cielo

sabe, señor, que de veros

a gusto, hubiera en todo

adquiriros con cortés modo,

Legado, muy grande empleo

de obligaciones en mí.

Soy del Conde aficionado.

Conde.

En el negocio tratado,

San Pedro de Castelnou.

¿qué resolución me di-

-as, mas qué tratar primero?

Conde.

Primero; mas, pues bien, ¿qué?

San Pedro de Castelnou.

Señor, te lo diré.

Conde.

Di.

San Pedro de Castelnou.

Escucha.

Conde.

Escuchando espero.

San Pedro de Castelnou.

Después que en varios lances de fortuna

la Iglesia santa, con piadosa entraña,

a tus rebeldes tierras importuna,

molestó con sus hijos la campaña;

la obediencia mil veces (una a una)

juraste por templar la justa saña.

Y el ser Legado yo del Papa, ha hecho

halle las cosas en aqueste estrecho.

Gentes levantas, siervos apercibes,

a fin de defender tus propias sectas;

al hereje albigense no prohíbes,

los obispos católicos, detestas.

Y parece que al Señor recibes,

para dalle el bastón de aquestas puertas;

él es hereje, de la fe enemigo;

no sé qué diga, bástate lo que digo.

Porque podrás decir que voy solícito

de tu hermano en la muerte en que te aprieto,

pero estando la Iglesia en tal conflicto,

no lo podrás juzgar, que eres discreto.

Mas esto al Tribunal de Dios remito,

el caso; veo que en esto me entrometo,

dos veces he avisado y propuesto

que elijamos de paz, y en medio de esto,

o persigues en tu tierra a los herejes,

o deja a la Iglesia perseguillos,

que está ofendida, Conde, de que dejes

descoger sus banderas por seguillos.

Don Ramón, no te ofendas, ni te quejes,

que si te has de ofender, no has de sufrillos,

que si estás contumaz en perdonallos,

ni te he de tolerar, ni tolerallos.

Mira, por Dios, la máquina que emprendes

en seguir desta secta las pisadas;

pierdes el alma, y república ofendes,

a tus ciudades tienes alteradas.

Pag. 62

San Pedro de Castelnou.

y cuando a aquesta tierra que defiendes

contra escuadras católicas armadas

pudieres defender algunos años,

en ti resultan infinitos daños.

La forzosa inquietud de alojamientos,

la varia multitud de municiones,

cuerdas, tropas, bagajes, bastimentos,

máquinas militares, prevenciones,

pertrechos, armas, tiendas, ornamentos

de jinetes, caballos y peones

que a defender la tierra y amparalla

unos la han de robar y otros quemalla.

Poca es tu fuerza, la del Papa mucha,

oye y verás si hay gente de importancia,

pues ya el parche entre términos se escucha

del gran Filipo, Príncipe de Francia,

Alemania, Alquitania, Austria, Gelduche,

gente a millares contra tu arrogancia,

siendo el bastón Monforte un segundo

solo bastante a conquistar el mundo.

Una y dos veces, don Ramón amado,

te ruego, te suplico y te requiero

que mires por tu causa y por tu estado,

pues contra ti se junta un mundo entero.

Dos años ha que estás descomulgado.

Si te reduces, absolverte quiero.

Concluyo que si a paz no te dispones,

te tengo de intimar excomuniones.

Pag. 63

Conde.

Con cerril flema venías

a fingir toda esa queja,

tampoco fundo confías

que de hacer temblar mi tierra,

¡qué donosa burlería!

San Pedro de Castelnou.

Ya con fuerza de entenderás,

dejando el sueño en que labras,

en que ciego perseveras,

que aun te burlas mis palabras,

son palabras muy de veras.

San Pedro, por mi estado,

y desde luego parar mientes

que cuanto lo has tomado

tan de burla experimentes,

vendrás a hallarte burlado.

Conde.

gustas de hacerme placer

San Pedro de Castelnou.

son tan en mi gusto e intento

como se pueda hacer.

Conde.

pues si quieres a contento

estas cosas componer,

no dudes en absolverme

primero, y sobre la queja

de que pienso defenderme

y digo defender mi tierra,

me asignarás para verme

sobre ello cincuenta días,

con que pagando el ultraje

que ha hecho y las demasías,

me vuelva sin homenaje

la iglesia mis fuerzas mías,

que a la iglesia me tienes usurpadas.

San Pedro de Castelnou.

mal dices, soberbio intento,

no son propias y fundadas

por la iglesia.

Conde.

es largo cuento

allá de edades pasadas.

San Pedro de Castelnou.

es largo cuento, el descargo

has de darlo a fe,

mas dejamos sin embargo,

deste cuento abreviaré

porque no parezca largo.

Conde.

podrás con facilidad

absolviéndome.

San Pedro de Castelnou.

donosa temeridad,

ofendes la autoridad

de la iglesia de esa suerte.

Conde.

Si no me absolvieres hoy

San Pedro de Castelnou.

Si no te absuelvo, ¿qué harás?

Conde.

Tanto enojándome voy

que te haré

San Pedro de Castelnou.

tú lo mirarás.

Conde.

pues miraré.

San Pedro de Castelnou.

conde, aquí estoy.

Conde.

después de hacer yo mi gusto,

tendrá la iglesia lugar.

San Pedro de Castelnou.

con tiento, Príncipe augusto.

Conde.

vendráme un fraile a enseñar

San Pedro de Castelnou.

a suplicar lo que es justo,

que esto la iglesia pretende.

Conde.

con grande poder, a fe mía.

San Pedro de Castelnou.

no tampoco comprehende,

pues ninguna monarquía

a el que la iglesia se extiende;

y advierte, pues a este aprieto

tu soltura me llegó,

que de la iglesia, en efecto,

adonde estuviere yo,

se ha de hablar con más respeto.

Conde.

pues sabremos hacer constancia

en ocasión tan forzosa,

si es fiel a su jactancia,

no de un conde de Tolosa,

mas de los reinos de Francia.

Pag. 64

San Pedro de Castelnou.

ese partido alegado

ha fiado en tu tenencia,

y haz con la paz alianza,

y pues no das la obediencia,

tente por descomulgado.

Y como tal lo publico,

y que te eviten espero

por la excomunión, y aplico,

y esto a Tolosa requiero,

y al mundo lo notifico.

Hace san Pedro que se va a entrar.

Conde.

En mi corte, en mi palacio,

en mi presencia, en mi casa

San Pedro de Castelnou.

Don Ramón, despacio, despacio,

que soy más que tú, y traspasa

verte en tu maldad reacio.

Conde.

¿No temes que yo te oprima?

San Pedro de Castelnou.

Eso es faltar de latín;

no me pone nada grima,

porque en mí solo está el fin,

adquiere digna de estima,

y aquesto siguiere al quien

sirve de segura guarida;

ha de hacer el cielo el bien,

que quien no arriesga su vida

no puede guardarse bien.

Y pues no hay que esperar

y el negocio es concluido,

no tengo que me alargar.

Quédate, miembro podrido,

que no quisiste sanar.

Conde.

Yo me vengaré de ti.

San Pedro de Castelnou.

Vengarte muy bien podrás,

pero no triunfar por mí

de la Iglesia.

Conde.

Bravo estás.

San Pedro de Castelnou.

Brabón, contento sí.

Vase.

Conde.

Gente, guarda, hola, criados.

¿No hay quien responda? ¡Hola!

Infames, endemoniados,

casi sospecho que ya

contra mí estáis conjurados.

Hola, gente, guarda, hola.

Entran dos criados.

Paje.

¿Qué mandas, señor?

Conde.

¿Qué mando?

Vuestra lealtad se acrisola,

pues estándome abrasando

me anegáis entre ola y ola.

¿Una ropilla bernarda

no encontrasteis?

Paje.

Sí, señor.

Conde.

¿No le pasara una guarda,

en defensa de mi honor,

el pecho con la alabarda?

¿Entre vosotros no hubiera

quien el alma le sacara

del pecho? Justicia fuera

del que me afrentó en mi casa;

en mi palacio muriera.

Si yo tuviera un criado

a quien debiera afición,

y me dejara vengado

del que a darme absolución

vino y me ha descomulgado.

¿Y hay quien por mí se atreva

el pecho le traspasar?

Mi afrenta y mi enojo os mueva,

porque de vuestra lealtad

su muerte ha de ser la prueba.

Paje.

¿Hay algún amigo fiel

que aquí me quiera ayudar?

Pag. 65

Soldado 1.

Por Dios que está bravo en el

mal, ¿cómo le has de matar

si sale un mundo con él?

Tiene al pueblo aficionado

agora, y para amparalle

de don Ramón esforzado,

todos han de acompañalle.

Oye la traza en que he dado:

el fraile pasará el río

Ródano a las dos jornadas

de su corriente; con brío

le pienso dar dos lanzadas,

porque cuando más confío

que el pueblo le mueva,

se ha ido catorce leguas.

Soldado 2.

Por Dios, que en traza de esta,

ensillemos sendas yeguas

y vamos ambos allá.

Soldado 1.

Pues primero, sin segundo,

a los tizones agora

Soldado 2.

Gran premio de su muerte fundo.

Soldado 1.

Matar un fraile, ¿qué importa?

Hartos sobran en el mundo.

Vanse, y sale fray Roberto, como que está aguardando a San Pedro.

Fray Roberto.

En cuanto mi amo, contemplo,

despachando en el palacio,

quiere visitar de espacio

este suntuoso templo,

todo el hato le atropella

que desmantela la hostia,

lo apostaré que no hay ya

santo, altar, ni imagen bella.

Con el palacio hace esquina

y hay soldados contra el papa;

aventurera, si escapa,

o de establo, o de cocina.

Que tal el cielo consienta.

Gente hay dentro, ¿quién será?

Ábrele una puerta o cortina y descúbrese. Ha de estar un altar y encima un crucifijo, y sobre la mesa un muchacho con un mortero en la mano, y un soldado. El crucifijo tendrá los brazos de suerte que quitado un clavo se pueda quitar con facilidad el un brazo, y ha de ser de bulto.

Soldado 1.

¡Ah, pícaro! ¿Acabará

de moler esa pimienta?

Paje.

No le digo que es prolijo,

faltando mano al mortero.

Soldado 1.

Pues si falta majadero,

¿dos no tiene el crucifijo?

Quítale la una y muele

lo que quisieres moler.

Paje.

Alcanzarle es menester.

Soldado 1.

Toma, que ya no le duele

nada a Cristo.

Llega y quítale un brazo al Cristo.

Fray Roberto.

¡Infame perro!

¡Vil, te atreves a quitar

Vive Dios, que has de pagar

agravio tal que le hiciste!

Saca el palo que llevaba debajo de la capa, y dale, y mete mano.

Soldado 1.

¡Tente, que remataré!

Fray Roberto.

¡No temo yo dos mil muertes!

Vuestro infame atrevimiento

habéis de pagar, a fe.

Quítale con el palo la espada, y dale de mosquetazos, y pone el pie encima de ambos, que estarán tendidos, y tomará el Cristo en la una mano y el palo en la otra.

Soldado 1.

Perdón, señor.

Fray Roberto.

¿Perdonar

con delitos tan atroces?

Pag. 66

Fray Roberto.

Judíos, fuérades a cozer hogazas,

vengo, infames, de amasaros,

y aviéndoos avezado a hablar

con vos, culpa con tanta paciencia,

andad, señor, que es conciencia

ser con herejes sufrida.

Esto os dije claramente:

que vuestra paciencia os daña.

A ser nacido en España,

no fuerais tan paciente,

que un brazo os dejáis cortar

de un hereje, vive Dios,

que, a no estar cierto de vos,

según estoy enojado

de veros tanto sufrir,

que os, os, iba a decir

un lindo desconcertado.

Mi enojo no os asombre,

que sufrir este baldón

es poner en ocasión

de perderse cualquier hombre.

Si habéis de matar por Dios,

¿a qué tiempo, cuándo aguardáis?

Sale san Pedro

San Pedro de Castelnou.

Declaraos en qué dudáis,

enemigos contra Dios,

el que a Dios desprecia así,

dando en todo al través,

hasta el polvo de los pies

sacudir tengo de mí.

Sacude los pies.

Soldado 1.

Jesús, Roberto, ¿qué intenta?,

que me matan.

Fray Roberto.

Eso quiero.

Voto a Dios, de un mochillero

que ha de amargar la pimienta.

San Pedro de Castelnou.

¿Qué hace?

Fray Roberto.

¿Qué he de hacer?

San Pedro de Castelnou.

Vea este Cristo y este brazo.

Fray Roberto.

Deje estos hombres pelmazos.

Quítase de encima, y ellos se levantan. Fray Roberto da tras ellos, y el santo, poniéndose en medio, dice:

San Pedro de Castelnou.

Que no hemos de perder

por él.

Fray Roberto.

¡Fuera!

San Pedro de Castelnou.

Déjelos.

Fray Roberto.

¡Quite!

San Pedro de Castelnou.

No se descomida.

Fray Roberto.

¿No os iréis a la otra vida

a palos, voto a Dios?

San Pedro de Castelnou.

Téngase.

Fray Roberto.

Aparte. ¡Reniego!

San Pedro de Castelnou.

¿De qué reniega, atrevido?

Fray Roberto.

¿No ve la facción que ha habido?

San Pedro de Castelnou.

Aunque le habléis luego

a Dios con la boca rota,

siendo la mesma grandeza,

coronada la cabeza,

ha de tomar en la boca

a Dios. Apenas Cristo

velle con tan poca luz.

Los soldados se van detrás de San Pedro y Fray Roberto, alargando la cabeza por mirarlos.

Fray Roberto.

Yo os juro a Dios y a estos

que habéis de tomar el Cristo.

San Pedro de Castelnou.

Bese la tierra.

Fray Roberto.

Sí haré.

San Pedro de Castelnou.

Tanto el furor le atropella.

Bese la tierra Fray Roberto, y al levantarse caiga.

Pag. 67

Fray Domingo.

No os meteréis, idos, con ella;

a solas os buscaré.

San Pedro de Castelnou.

Hombres, andad en buenora.

Soldado.

Vámosle, señor, debiendo la vida.

Vanse los herejes.

Fray Domingo.

Al diablo os encomiendo,

escapasteis de una buena.

San Pedro de Castelnou.

Levántese y acabemos disensiones,

y apreste luego al punto la partida;

Fray Domingo.

No le dio don Ramón buena acogida.

Toma el Cristo San Pedro, y volviéndole a su lugar dice:

San Pedro de Castelnou.

No queriendo atender a mis razones.

Señor, que en esta cruz, que humilde adoro,

por levantar al cielo mi bajeza,

derramasteis de sangre el real tesoro;

Vos, que por prueba de mayor firmeza,

nos dejasteis la vida en breve suma,

sobre el tosco papel de su corteza.

Por más que el mundo levantar presuma,

en sus golfos de errores alterado,

soberbias alas e hinchada espuma,

haced que a vuestra cruz siempre fijado,

el rumbo siga de la vida amarga,

pues que ánimo me dais, vos crucificado.

El temor de la muerte no me embarga,

pues quitar el candado a la cadena

de humana pesadumbre y mortal carga,

solo siento, Señor, y me da pena,

de este favor divino el mucho aumento,

y el progreso saber que el cielo ordena.

Si importare mi vida, soy contento,

mas suplico, Señor, que no se ataje

tan santa prevención, tan santo intento.

Favor del cielo a sus intentos baje,

pues espero que ha de ser el mundo fuerte

que defienda la fe de fiero ultraje;

¡ay, cruz!, y qué dichosa espero verte.

Pag. 68

Bajan a san Pedro echado al pie del altar y encima aparece un ángel

San Ángel.

Oye, venturoso Pedro,

que entre el ansia y el cuidado

del aumento de tu cruz,

le rindió el sueño al trabajo.

Oirás de la cruz, que te honra,

los triunfos que, aparejados,

coronando eternos siglos,

te tiene el cielo guardados.

Con las gotas de tu sangre,

por tu vida y por tu amparo,

y mártir seas el primero,

luce aquélla su colorado;

después que tiene de seguirte

por Inquisidor legado,

Arnaldo, abad del Císter,

de otros doce acompañado,

de esta nevada familia,

todos franceses, que armados,

con el subido jefe,

los más de ellos han manchado

de su sangre por la Iglesia

más que nobles, y declarados.

De la santa Inquisición,

firmamento firme y santo,

después de su vocación,

la familia de Bernardo,

retirada a los desiertos,

huyendo el tropel mundano,

el Inquisidor Primero

será el que aun más gallardo

que dio al mundo, y a España

ha producido un oráculo,

este ha de ser el cachorro

que por la Iglesia ladrando,

la religión fundará

de predicadores santos.

En él ha de terminarse,

la cruz que tú has comenzado,

y, volviendo a ser de color,

en partidos negro y blanco,

mira, y le verás bajar,

hecho capitán de tantos

ilustres mártires nobles,

que es imposible contallos.

Quien tras él se ha de seguir,

es, de lustre colmado,

constancia este protomártir

de aqueste coro sagrado;

luego ocupará el lugar

el grande Pedro Solano,

para alaballo, Milán;

Mompeller, Guillermo, Arnaldo,

el cuello dará al cuchillo,

acompañado de cuatro:

Fray Esteban, y García,

Fray Raimundo, y Fray Bernardo.

¿No ves aquel que se sigue?

Es Fray Ponce, que milagros

dejó para el de Verona,

Fray Pedro Mártir llamado,

tan gloriosamente aqueste

con sangre el mundo regando,

ha de sustentar la fe

en sus dos constantes brazos,

que el nombre de Inquisidores,

aunque no primero en grado,

él primero ha de quedarse

por excelencia usurpado.

Pag. 69

San Ángel.

Más de dos, siete se siguen,

Inocencio, Antonio, Pagano,

tres Nicolás, dos Antonios,

un Pedro, otro Bernardo,

y al fin, pues esta familia

toma la cruz a su cargo,

no te dé cuidado, Pedro,

que allí extenderán sus famas

sobre la haz de la tierra,

la Iglesia fructificando

con sus olorosas flores;

mira reyes para ocupando

lo noble y lo mejor de ella,

mira a Isabel y a Fernando,

y entre ellos a Torquemada,

defendido y amparado

por supremo inquisidor

a pesar de los contrarios

que le amenazan de muerte.

Hace a Pedro como que despierta y mira a los Reyes.

San Pedro de Castelnou.

Vivid por felices años,

católicos defensores.

San Ángel.

Luego el bramido inmediato

del león español, aun deja

benemérito del cargo

que adquiere de inquisidor.

Luego el asombro africano

se sigue: un cardenal,

arzobispo toledano,

este será fray Francisco

Ximénez, que el castellano

pendón pondrá sobre Orán,

por monumento dejando

la insigne Universidad

con que a Henares el Tajo

rendirá más gloria junta

que el tesoro de sus granos;

después de aquestos se siguen

otros que, contarte es largo,

solo repara entre todos

este tribunal honrando,

de Sandoval una rama,

el cardenal don Bernardo

de Rojas, honor del mundo

y de la piedad teatro;

mírale en la santa Iglesia

de Toledo acompañado

de la nobleza de España,

y a España toda ilustrando.

La Iglesia llena su cielo,

engrandece el sagrario

su mucha piedad Henares,

su devoción San Bernardo,

monasterios y memorias,

fiestas y mayores arcos,

donde como en bronce eterno

deja el nombre eternizado;

pasos has aun de seguir

de doctores y prelados,

tanta memoria y grandeza,

que no hay llegar hasta el cabo.

Ánimo noble francés,

mira que está cerca el campo

de la primera batalla

de aqueste edificio sacro;

la primera piedra eres,

a tu patria has ilustrado

con el renombre que adquieres

de ser deste oficio santo.

Pag. 70

San Pedro de Castelnou.

el fundador y principio

que en nobles franceses brazos

hallo base solamente

defensa, escudo, y amparo

Aparece el Ángel y despierta a San Pedro.

San Pedro de Castelnou.

gracias inmensas os den

unos gloriosos sitiales

por tan soberano bien

las esquadras celestiales

por largos siglos amen

noble españa venturosa

pues a tus hijos le das

de Xpo a las santas posas

que a tener uno no mas

por eso fueras dichosa

en tu domingo ya fundo

de la fee todo el cuidado

que se halle sin segundo

este domingo guardado

por guarda de fee en el mundo

ay Dios que dichosa suerte

se os ofrece a vos mía

ya porque os tengo por fuerte

tengo zelos de rebeldia

de vuestro triunfo y mi muerte

mi pecho en cuanto os encierra

mis coros a de pareceros

mas pues pasa de la guerra

desde el ansia de estenderos

sobre la haz de la tierra

no temays los embarazos

conque el infierno se asombra

que contra sus fieros lazos

an de ser de la fe sombra

vuestros dos divinos brazos

Alto Roberto de aquí

aperciba caminemos

ciega rabiosa ay de ti

Fray Roberto.

Vamos quiza encontraremos

los del Xpo por ay

Vanse, sale Perote con vn farolillo como que sale mojado.

Perote.

Jesus que desvario

yo entendi que me ahogara

que un momento no dejara

de tragar agua este rio

agua y mas agua señora

andallo arribita andallo

que tanta agua el mar recata

sin descansar sola vn ora

del mar entiendo asoma

viendo el agua que alla enbebe

o que tabernero, o debe

de tener hidropesia

que hace en su dueño fragua

de calentura el ardor

o sino que el labrador

que nunca a sto harto de agua

o Gualdilla es venturosa

que de balde se libro

pero nunca entendi yo

que sequia havia en tolosa

Sale Doña Blanca con rostro de lamento.

Blanca.

que presto pasaste el vado

Perote.

no ahogarme fue maravilla

salio el agua a la rodilla

por dios que tube vn baño

mas si una quarta subiera

y aun del raudal me llebava

en la boca no me entrara

aunque en el mar me hundiera

Pag. 71

Perote.

que huyeran de su aventura

barba y dientes, la compuerta

del gaznate, la puerta

tapa con el asadura,

que cualquiera gota que entraba

pusiera el alma en huida.

Blanca.

¿Y vais muy cansado, mi vida?

Fronisto.

Sí, señora.

Blanca.

Ay, prenda chara,

que vuestro cansancio siento.

Fronisto.

Y el vuestro, señora mía;

sabe Dios si quisiera,

madre, perder el aliento.

Perdonad los embarazos

de que es mi edad ocasión,

madre, que fuera razón

que yo os llevara en los brazos;

mas mi niñez no os dé asombros,

si fatigada os halláis,

que es imposible seáis

pesada carga a mis hombros.

Blanca.

A esta sombra nos sentemos,

que veis falta de reposo.

Perote.

A haber taberna es famoso

el sitio.

Fronisto.

Pues descansemos.

(Siéntanse y doña Blanca recuesta la cabeza sobre el fardillo de Perote)

Blanca.

Por cierto, apacible asiento.

Perote.

Lindo soto, hermoso frío.

Blanca.

Contad un cuento, hijo mío.

Fronisto.

Pues vos gustáis, va un cuento:

Érase un niño que se era,

en Belén recién nacido,

y en pan se ha convertido

para que el hombre no muera

de hambre.

Perote.

Y el niño pan,

Fronisto.

pan vino a ser.

Perote.

Y reciente;

plegue a Dios que con él tope,

a horas en que dé arrope

en el diente.

Fronisto.

Impertinente.

Digo que nacido en Belén

el niño,

Perote.

Profeta.

Quien pregunta en esta fiesta,

¿hay viñas? presto, sí, o no,

porque no hay que entender

en cavar, si no hay cosecha;

junta de parientes echan

para el niño bautizar.

Fronisto.

Bautizóse, y a mayor,

según dél tengo entendido,

Perote.

Milagro que ha sucedido

por muchos buenos, señor.

Fronisto.

Y más, que aunque el hielo atancó,

él se bautizó en un río.

Perote.

O no era tiempo de frío,

o era ese río lavanco.

Fronisto.

Calla necio, que era Dios.

Perote.

Mi señora se ha dormido.

Fronisto.

Pues, pie, pie, poco ruido,

quédese aquí por los dos.

(Dormida doña Blanca, salen dos criados del conde, con dos lanzas)

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Fronisto.

Este es su feudo, el puerto, este es el vado;

aquí la nave vi, su mano, y apriesa

solo trae ya consigo un compañero.

Conde.

Mira que el español, del fiero trato,

y después que está el legado herido,

a nos fue de alcanzar, y en cierto pleito

con él el testamento tuvo hecho,

si no quieres morir abintestato.

Fronisto.

Más frondosas ramas nos retuvieron,

y en entrando los dos del vado adentro,

le clave él la lanza por la espalda.

¡Mate al español!

Conde.

Eso perdona,

que si no le acertara, o yo me quedo

sin lanza, pasara de la otra parte,

y podría él luego hacernos a la mano.

Fronisto.

Viéndoles, no los veo,

ya los he visto.

Al vado llegaron, y presignándose está el legado infame, el compañero comienza a entrar.

Conde.

Al vado pasan, ea,

buena distancia están de la retaguardia;

buen corazón, al punto nos lleguemos.

Hacen como que se van llegando, y éntranse diciendo a voces:

Fronisto.

¡Al conde descomulgas, rucio loco!

¡Él hace que sangre se derrame!

¡Esta recibe, calla, legado infame!

Dice dentro San Pedro:

San Pedro de Castelnou.

Perdónete Dios, amén,

que yo también te perdono,

y la causa del conde abono.

Fray Roberto.

Dios mío, Jesús, amén,

y vayamos presto,

San Pedro de Castelnou.

que el río me pase, hermano.

Sacan a Fray Roberto y a San Pedro atravesada una lanza, de suerte que parezca la punta por entre los brazos de la cruz, corriendo gotas de sangre por la cruz.

Fray Roberto.

¡Ay, Dios! ¿Y qué ve Dios de mi lacayo,

villano e infame judío?

¡No os valdrá esta acechanza!

San Pedro de Castelnou.

No es tiempo ya, fray Roberto,

sea Dios dador de venganza.

Fray Roberto.

¡Jesús, que le atravesó

la lanza el pecho!

San Pedro de Castelnou.

Confío

que empieza el acierto mío,

en lo bien que esto acecha;

no llames juicio esquivo,

que no es muy gran desconcierto

que quien se atrevió a un Dios muerto

se atreviese a un hombre vivo;

y pues el costado abierto

fue, si a mí tal semejanza,

el golpe de aquesta lanza

me asemeja a Cristo muerto;

que nuestra amistad sincera

se comprueba de esta suerte,

pues que llega hasta la muerte

y más adelante pasa.

Fray Roberto.

Padre, sin vos, ¿qué haré?

Pag. 73

Sale el Conde de Monforte con bastón de general de los católicos, marchando, con soldados de acompañamiento.

San Pedro de Castelnou.

Hijo, perded el recelo,

que gozando yo del cielo

mejor os ayudaré.

Muerte en aquesta ocasión

cobardes aleves mostráis,

pues a una cruz abrazado

vencéis la vida a traición.

Y el tiempo se declara

que la cruz de vos ha hecho,

pues por estar ella al pecho

no os atrevéis cara a cara.

Cruz, que esmaltada os mostráis

en este de amor peregrino,

vos sois un diamante fino

que con mi sangre os labráis;

bien pagáis lo que en el suelo

os pretendo acreditar,

pues por vos vengo a llevar

por punta de lanza el cielo.

En efeto tal veréis

el amor que se encendrá;

ved el pelícano amado

que mis entrañas bebéis.

Muy bien podéis alabaros

que lleváis de mi amor palma,

pues abriendo el pecho al alma

ventanas para miraros;

ya que la sangre del pecho

por vos derramo este día,

chupad, sanguijuela mía,

gocen del muy buen provecho;

buscad para vuestro acierto

otro sujeto segundo,

que yo a pesar del mundo

seguro os pasé en el puerto.

Mas en él para estorbarlo,

cuando el frío de mancilla

baja el agua a la orilla,

de sangre una lanza hallo.

Jesús, que pierdo el aliento.

Conde.

San Ángel de guarda, San Juan,

San Lesmes, San Julián,

no ha sido el alojamiento

tan bueno que me obligara

a que el campo detuviera.

Soldado 1.

Yo, señor, solo quisiera

que la gente descansara,

que por nueva de enemigos

vamos marchando, señor.

Conde.

Es el del campo mayor

trabajar por Dios, amigos.

San Pedro de Castelnou.

¡Jesús!

Conde.

Voces oigo, no sé dónde.

Soldado 1.

Hacia allí.

San Pedro de Castelnou.

¡Jesús!

Conde.

¿Quién se queja ahí?

Fray Roberto.

Señores, quieran llegar,

que han muerto el hombre mejor

que Francia tuvo jamás.

Han de estar el padre Fray Roberto con San Pedro, estos a una parte, y Blanca, Fronisto y Perote a otra de donde, con su gente en medio, llegan a San Pedro el Conde, su gente y Perote.

Perote.

Yo quiero llegarme más.

San Pedro de Castelnou.

Virgen sagrada, favor.

Conde.

¿Qué es esto?

Fray Roberto.

La compasión

y el efeto que ha causado

Pag. 74

Fray Roberto.

todo el beneno arrojado

del que es la misma traición

es de vn lobo carnicero

presa enojada y rabiosa

es el conde de Tolosa

vengose en este cordero

Conde.

es este el legado

Fray Roberto.

el mismo

Conde.

sigamos a quien a hecho

tal crueldad

Vuelbese S. P.o del desmayo y el conde abrazando el baston se hincca de rodillas

Fray Roberto.

no es de probecho

seguirlos es barbarismo

dos mayores, dos soldados

del conde fueron señor

San Pedro de Castelnou.

soberano Redemptor

mis delitos y pecados

no mireis

Conde.

martir glorioso

no me conoces

Fray Roberto.

no hijo

San Pedro de Castelnou.

que no reconoce dice

soys el general famoso

del Papa

Conde.

soy vuestro soldado

que por vos Padre alcance

vn baston que goberne

pues vos le habéis gobernado

Pero ya martir eterno

pues al cielo os encumbrais

ved que a la yglesia dejáis

con baston y sin gobierno

porque por mas que acomodo

de la guerra el aparejo

faltanme vuestros consejos

que a de gobernarlo todo

Y a qui maldigo mi suerte

y mi mal lograda andanza

pues que causo mi tardanza

mi desdicha y vuestra muerte

mas yo hare que a don Ramon

le salga caro este exceso

Desmayase S. P.o y Pte. va a su señora doña Blanca

San Pedro de Castelnou.

no es tiempo de tratar de eso

llegad conde don Simon

dejad que tenga abrazadas

ya que a verte hijo llegue

esas sienes por capaces

de mil triunfos coronadas

la yglesia en tu espada deja

su defensa don Simon

animo que en la ocasión

gran gloria se te apareja

A y y y Dios mío

Perote.

Pues a mi señora

quiero yr a llamar a qui

Conde.

desmayase

Fray Roberto.

Señor si

Conde.

quien en ver esto no llora

Perote.

Señora el conde a llegado

de monforte a questepuesto

de F.r R.o donde an muerto

de una lanzada al legado

Blanca.

que dizes

Perote.

que al punto benga

si vivo lo quiere hallar

Pag. 75

Perote.

Vamos a verle espirar,

presto, que no se detenga.

Diego.

¡Ay, Dios, que tan gran maldad

el cielo pudo sufrir!

San Pedro de Castelnou.

Del Papa podréis decir,

Conde, por nuestra amistad,

que ver muy medrada espero

la cruz que en mi pecho veis;

también le escribiréis

el contento con que muero;

del abad y compañía

del Císter tened cuidado,

y al de a Domingo un recado

estrecho de parte mía,

porque el único reparo

de la que fue la balanza

de la vida, la esperanza

consiste en el desamparo.

Vos, Roberto, hasta el día

compañero en trabajar,

el cielo os sabrá pagar

vuestra buena compañía;

dadme vuestra bendición.

Pues en aquesta ocasión

me he holgado mucho hallaros

donde el Conde está presente,

Conde amigo, solamente

me queda que encomendaros

esta señora acosada

de un cruel tirano furor,

viuda del hombre mejor

y la mujer más honrada

que vido en sus términos Francia;

y este niño peregrino,

reliquia de Balduino,

ambas cosas de importancia,

y a los dos pueblos cristianos

os bendigo, y a vos ruego,

por la sangre en que me anego,

nos bendiga con su mano;

a Dios, que por gloria y palma

dejo disueltos los lazos,

cruz, clavos, en vuestros brazos

pongo en vuestra mano el alma.

Fray Roberto.

Ya dio el alma.

Conde.

Ya expiró.

Solimán.

Ya ha dado el dichoso vuelo.

Diego.

El alma subió al cielo.

Conde.

La vida se le acabó.

Fray Roberto, es excusado

afligirse de su suerte,

no se remedia la muerte;

de su persona el cargo dejad,

este por mi cuenta.

Fray Roberto.

Estoy,

señor, muy agradecido.

Conde.

Pues tan venturoso he sido,

doña Blanca, ¿qué haréis vos?

¿Quién ha de cuidar de vos?

Algo alegraros podréis,

con mi mujer estaréis

y en mi palacio los dos,

hijo y vos, y vuestro tío,

que todo queda a mi cuenta;

esto, siendo vos contenta,

os juro a fe que me aflijo

Pag. 76

Conde.

de que serviros no puedo

como de vos se merece.

Solimán.

Grande merced nos hacéis.

Pierres.

Yo solo a la luna quedo

ser esta fiesta e interés,

una representación,

porque en aquesta ocasión

se casaron dos o tres,

después que a doña Aldonza

y a Elvira casadas vieran

dos o tres villas me dieran

y una fregona peonza

han de andar a boda como un oso.

Contador.

En mi casa servidos,

Diego.

y un lacayo con un moro.

Contador.

Luego el precioso tesoro

en hombros de capitanes

se lleve al primer lugar,

y hágase a lo militar

de la tristeza ademanes.

Solimán.

Pase a la plaza el estandarte

y al parche destemplado son.

Contador.

Y aquí de la Inquisición

da fin la primera parte.

Fin de la primera parte del Principio de la Inquisición y primer inquisidor, hecha por el padre fray Leandro Badillo de la orden de san Bernardo y abad de su convento de Monfero.