归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El peligro de la sangre y remedio en el acaso. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-peligro-de-la-sangre-y-remedio-en-el-acaso.
608
Peligro de la Sangre y remedio en el acaso =
Comedia en 3 jornadas, de D. Gaspar de Puygalt
Leg.º 17
16
A
Dn Gaspar de Puygalt
El Peligro de la Sangre
y Remedio en el Acaso.
n.º 12.
[Sello de la biblioteca]
3
Comedia Nueva El Peligro de la Sangre y Remedio en el Acaso De Dn Gaspar Pochalt y Uriguen 8
El folio izquierdo está en blanco; se transparenta el texto de la portada.
El Peligro de la Sangre y Remedio en el Acaso. Don Gaspar de Puigalt y Mugur. Personas: Carlos, galán; Don Diego, galán; Don Lope, viejo; Don Fernando, viejo; Garabato, gracioso; Doña Inés, dama; Doña Elena, dama; Laureta, criada; Otáñez, escudero; dos ladrones.
Salen Carlos y Garabato de camino.
¿Quedan atadas las postas?
Ya quedan. Cuerpo de Cristo,
llévese el diablo a quien quiere
ir por tan malos caminos
por san Crispín, que los huesos
tengo, señor, más molidos
que los de un vizcaíno a quien
pregunta con simple estilo
necedades un idiota;
pero dime, ¿tu capricho,
Carlos, qué intenta, apartado
tanto del real camino,
faltando de aquí a Madrid
el saber cuántas son cinco.
Pues cinco leguas nos quedan
que caminar, que a un judío
desesperarían, siendo
los que más esperan.
Digo,
Garabato, que no sé
a qué parte mi destino
guía mis pasos, pues siendo
solamente dirigidos
a la corte, me parece
que en estos bosques sombríos
alguna dicha me espera.
¡Cuerpo de Cristo! ¿Conmigo,
al cabo de siete años
de guerra, donde has venido
hecho una criba de heridas,
por premio de tus servicios
a ser Quijote te metes,
hombre, y has perdido el juicio?
Vamos allí, Dios te deje
lograr tus locos designios,
con doña Inés...
¡Ay de mí!
¿Qué es eso? ¿Aún quedan resquicios
de aquel amor aldeano?
¡Cómo si quedan! No quiso
tanto a Adonis, a Polidoro,
Eco al hermoso Narciso,
Artemisa a Mausoleo,
Estenobea a aquel niño
que sujetando al Pegaso
llegó al globo adamantino;
a Proserpina Plutón,
Biblis a Cauno; y más fino
la adoro siempre, que Tisbe
a su Píramo, a Calixto,
Arcas, Ifis a Anaxarte,
a Aretusa Alfeo, y digo
que el amor de Polifemo,
Atis, Céfalo y Tarquino
con Galatea, Cibele,
Procris y Lucrecia, niño
fue siempre en comparación
del que adoro, Inés, publico
porque...
Calla, por tu vida,
y hablemos, por Dios, en juicio.
Uno es disparate intentar,
Carlos, tan gran desatino,
siendo hija doña Inés
de don Fernando Carrillo,
con ochenta mil ducados,
señora de aquel cortijo
donde juntos nos criamos,
y fui su vasallo amigo.
Olvidemos vanidades,
que aquí somos conocidos;
que en Flandes pasases por
don tal conde palatino,
vaya con Dios; porque al fin
decía aquel vizcaíno
que el ser hidalgo consiste
en el no ser conocido:
aunque el don, sin renta, no es
(según un discreto dijo)
don, si donaire, y pues sabes
que es verdad cuanto te digo,
olvida ese loco amor
que te lleva al precipicio,
pues aunque con tus papeles
alcances de tus servicios
el justo premio, no deja
de ser Carlos, el sobrino
de Alberto, villano al fin.
Viven los cielos divinos,
que el sufrimiento se rinda
a esta ley del castigo,
mientes tú; y miente quien tal
diga, que tan bien nacido
soy como el planeta a quien
veneran, por Dios, los indios.
Aliento, pues porque no intento
enojarte, vive Cristo,
que si me alargara un poco
corriera riesgo el navío
de mis carnes; sus dos ojos
parecen dos basiliscos,
qué tal estoy.
Yo, villano,
cuando este brazo ha sabido
a impulsos de mi coraje
mostrar del pecho los bríos
en las marciales palestras
opuesto al campo enemigo,
siendo mi cuchilla hoz
y espigas los que en sus filos
mal informados del daño,
lisonjeando el peligro,
en sangre envueltos, cortaban
de Cloto el delgado hilo,
dejando los verdes campos,
todos con el derretido
humor de sus venas, ya
afrenta del paño tirio
Dentro.
Villanos, no presumáis
que están las canas sin brío,
que el Etna de mi valor
no hiela, aunque con nieve frío.
Dentro.
Vana será su defensa.
Entrase sacando la espada.
De aquellas voces colijo
que riñen dos contra uno;
¡ah, cobardes, fementidos,
castigaré con mi acero
vuestros infames designios!
Garabato, aquí aguárdame.
Eso sí haré, que he leído
a Montalbán y a Quevedo,
y dicen donde hay ruido
no vayas; mas, ¡vive Dios,
que va como un hipogrifo!
No hay galgo que tanto corra
tras la liebre; entre, y asisto
reñir contra dos un viejo
confusamente destinos;
ya está allá Carlos; ¿qué tal
les embiste? ¡San Patricio!
Ya huyen los dos, ¡a gallinas!
¡A ellos, plegue a Cristo!
Jamás erré esta estocada,
cargo la punta de yuso,
doyle este salto, y de aquí
la italiana es un prodigio,
aunque se pongan diez hombres
uno en pos de otro, si tiro,
quedarán como morcillas
en asador; doy un brinco,
entro, y de aquí zambullida,
y un compás, con que le obligo
a la conclusión.
Sale Carlos.
¿Qué es esto,
Garabato?, ¿a alguno has visto
por aquí de los que huyeron?
Si dejas aquí algún niño
bobo, adiós, que aunque fueran
más que arena tiene el Nilo,
después de hechos mil tajadas
me los tragaría yo vivos.
¿Mataste alguno?
No, Carlos,
pero tan enfurecido
estoy, que temen los cielos
que he de hacer un desatino;
déjame.
¿Por dónde van?
No lo sé, ni a nadie he visto,
que esto es solo prevención
por si acaso.
¡Vive Cristo,
que me pagará el villano
lo que otros,
Sale don Lope con la espada y rodela.
¡Ay, Carlos mío!
San Dimas, san Bábiles,
san Saturno, san Cirilo.
¿Qué es aquesto, caballero?
Suspended, el rigor de vuestro acero,
y haced, que en firmes lazos
acrediten mis ya cansados brazos,
con voluntad unida,
que sois, restaurador de aquesta vida
que a vuestros pies dirijo
como a mi hermano, padre, amigo, y hijo.
Ese último acento
más armonía le hace a mi contento,
que es justo; que me cuadre
veneraros, aquí como a mi padre,
supuesto, que el sentido de tal arte,
vuestro agravio, señor, como si parte,
hubiera yo, en la vida que os anima
cuyo amor, el ser de hijo, legitima.
Estimo, caballero,
la merced, que me hacéis, y considero
que a no ayudarme vos, sin duda alguna,
fatal despojo, de infeliz fortuna
fuera ya, a los traidores
viles pechos, de infames salteadores
cuyo bruto, dominio
les da la ley del robo y latrocinio.
Con brío tan valiente
manejabais, la espada, diligente,
que en cada cuchillada, si se advierte
se miraba, un amago de la muerte,
puesto, que vuestro brazo el hilo acorta
que hila, Cloto, Láquesis tuerce, y corta
Átropos, cuya herida
es fatal paroxismo de la vida;
y así, señor, por vana considero
e inútil, la defensa, de mi acero,
puesto, que cuando, furia vuestro brazo
despejó, con valor, el embarazo
que hacer en semejantes ocasiones
suelen en la campaña, los ladrones.
A vos se debe el modo
de este suceso tan feliz en todo,
pues apenas os vieron
cuando, cobardes, vuestro aliento huyeron,
y supuesto, que libres de sus lazos
me veo, ya, volvedme, a dar los brazos,
que a fuer de agradecido
con amante, cariño, fiel, os pido
porque con sus empleos,
se reparen, honrados, mis deseos.
Lindo paso.
¿Que sin decirme a mí, allá vais, salva
se hayan hecho?; acaso yo en la malva
he nacido, o por suerte asido acaso
de algún mandria, este acero justiciero?
pues a fe que mis fados, y reveses
en la embestida, suelen ser franceses,
y si vinieran de ellos amontones
me los zampara enteros.
Los ladrones
ahuyentaste, también.
Lindos empleos,
aunque ellos fueran unos Briareos,
gigantes de cien manos,
serían para mi todos enanos.
Calla, loco, y quisiera,
señor, que vuestro labio me dijera
la causa, que así os lleva,
y permitilde al mío que se atreva
a preguntarlo, puesto que imagino
que a los dos nos convida, aquí un destino.
Atendedme, si en ello, os satisfago,
pues se que en daros gusto, el gusto pago
que me dan vuestros ojos,
destierro, cierto, ya, de mis enojos.
Decid pues; Garabato, los caballos,
preven.
Iré volando, a desatallos,
y a mirar, si en la alforja un jamoncillo
sacara de mal año, el menudillo
de mis tripas vacías,
que se lamentan más que Jeremías.
Diez lustros, a quien la corte
dieron gallardo mancebo,
noble sangre, honrados padres
a mi ilustre nacimiento,
en cuyo instante aciagos,
en la esfera azul se unieron
de mal aspecto, los astros,
de el zodiaco revueltos,
los planetas, tan contrarios
todos, que solo influyeron,
calamidades, desdichas,
penas, ansias, desconsuelos.
Vaticinando, ya entonces
mis trabajos venideros.
Criaronme, claro esta,
que con regalo, supuesto
que he dicho, que nobles eran
mis padres, y que debieron
a la fortuna el dominio,
de unos lugares pequeños,
cuyo humilde vasallaje
les tributaba por feudo,
cuatro mil ducados, gracia
a mis honrados abuelos.
Curse las humanas letras
hasta, que el bozo primero,
incitó amatorias glorias,
mis solícitos alientos.
Fuime a la fértil Italia,
donde a la sazón, sin freno,
a rienda suelta corria
el caballo, cuyo cuello
sujeto, al yugo español,
don Juan de Austria, aquel portento,
de valor, aquel Escipión
aquel Sila, aquel Pompeyo
aquel Alejandro magno,
aquel dios, en cuyos hechos
resucitó, las proezas
de sus ilustres abuelos,
debajo de sus estandartes
seguí, el militar estruendo
seis años, a tiempo que
tuve de Madrid, un pliego
en que me daban aviso
como mi padre, a otro Reino
a pagar fue con la vida
el incurable feudo,
deuda, que desde la cuna
nos, conduce al Mausoleo:
lloro mi pena su muerte,
pues embrutecidos anhelos
es de un hijo, que antepone
a el interez el manejo
o la fortuna, de verse
al lado, de quien le ha puesto
después de Dios, en estado,
de ser hombre, cuyo acuerdo
todos le deben, tener,
y mui pocos, le tenemos;
considere, ya forzosa
mi partida, pues es cierto
que pocas veces se aumenta
la hacienda, en poder ajeno.
representele, a su alteza
lo referido, y el cuerdo
príncipe, con el amor,
y afabilidad, que el cielo
le dotó, me dio el despacho,
tan breve, que pude luego
dar, lino, al Boreas, llegando,
a, Barcelona, con menos,
de ocho días, que nos fue
siempre, favorable, el viento,
por que no diga, que siempre
el ado, me ha sido, adverso.
tomé postas, y partime
para la corte, aquel cielo
de el nuevo, planeta, Carlos
atlante, de el firmamento,
que a pesar, de infames lenguas
sustentará, el grave peso
de su corona esmaltada
con las lunas, de el imperio
otomano, nunca llena,
hasta, gozar, sus Reflejos,
llegué pues, y hallé mi casa
hecha un Caos, y a mis deudos,
aún más sentidos, de verme,
que de la muerte, supuesto
quey tantos allino podían
ser como en mi ausencia dueños
de lo poco que mis padres
me dejaron, y es tan necio
el interés, que no sabe
disfrazar su sentimiento,
asistí todas mis cosas
y considerando, el riesgo
de un mozo en la corte, solo
traté con prudente, acuerdo
solicitar ocasiony
que concluyeran, a un honesto
galanteo, cuyo fin
mixé, al lazo de himeneo.
Con aquestas circunstancias
hallar pudo, mi deseo
en una dama, mi igual,
su amante logro, supuesto
que era hermosa lo bastante
para dymentir, lo feo
virtuosa, mucho más
y discreta, poco menos,
porque la propia mujer
ha de estar, entre dos medios,
de discreción, y hermosura,
quien la necedad hay riesgo
y en la hermosura peligro
y así ade buscar el cuerdo
por principal, la virtud
quey la que une, estos estremos,
yo pues por fortuna halle
en Casandra, lo propuesto,
caseme en fin i vivimos,
tan conformes, tan contentos,
que se decían, (según
se vio en nuestros, finos pechos)
Con un cuerpo, las dos, almas
con un alma, los dos, Cuerpos,
A la posesión, llegaron
nuestros, honestos, de seos,
con dos hijos, que de un parto
favorable, nos dio el Cielo,
todo, Regozijo entonces,
y ahora, todo sentimiento,
buscamos, quien los criare,
a entrambos. oingrato fuero,
de la vanidad, pues niega
a su sangre, el alimento,
que en lo natural, disparo
Dios, con providente acuerdo.
con animo, interezado,
de aquellos, vecinos, pueblos,
algunas pobres mujeres,
como a oposición vinieron
quey la fortuna mayor,
entre ellas, mirarle empeño
de ser amas, pues los andan
todas que dándose el dueño
de muchos pechos cargado
porque descarguen sus pechos;
escogimos, para el niño,
la que por conocimiento
de los físicos, mostró
ser más apta, previniendo,
para la niña, otra tal;
aquí empiezan mis tormentos,
aquí fenecen mis gustos,
aquí cesan mis contentos,
y aquí, para mis desgracias,
toma la fortuna acuerdo,
y al fin, para no gastar
circunloquios ni rodeos,
en el término que corre
toda la máquina Febo
visitando desde el pez
hasta el velloso carnero,
cuando, con blandos halagos,
con arrullos lisonjeros,
hechizos son a los padres
tiranos los hijos, supuesto
que es gracia cualquiera llanto
y cualquier risa, es despejo.
Una mañana fatal,
remate de mis consuelos,
principio de mis desdichas,
medio de mis sentimientos,
y de toda mi fortuna,
remate, principio y medio,
salió la ama con el niño
en los brazos ofreciendo
volver a la noche, porque
iba a casa de unos deudos
que tenía allí en Madrid,
fuese, y con insano acuerdo,
determinando pararse
al baldío, halló el deseo
en la ejecución logrado,
aunque mal, porque al encuentro
dos ladrones, según dicen,
atrevidos, le salieron
hurtándole de los brazos
el infante, niño tierno.
Bien claro está que ambiciosos
de sus joyas, que muy ciegos
el interés, y atropella
los más honrados respetos,
y a la mujer (¡oh, inhumanos!)
dejaron cadáver yerto,
Con seis heridas, fiando
a la fuga el desempeño
de un tan infame delito
de un suceso tan horrendo
quedamos, Casandra, y yo
muy hablador el silencio
allá en mi idea, que ya
no puede el cansado eco
de mi voz articular
lo que acá dentro padezco
solo dije que murió
Casandra, del sentimiento,
y que parezca yo
de insensible, pues lo mesmo
no hice viendo mis penas
tan distantes, del remedio
y después de haber buscado
con imponderable anhelo
todas las ciudades, villas,
aldeas y lugares todos
de estos contornos, no pude
saber, de mi hijo, (¡ay cielos!)
ni quiénes ser, han podido
los agresores, teniendo
el suceso en mi memoria
tan presente, y tan impreso
que al cabo de veinte años,
que esto pasó ahora vengo
de rastrear cuidadoso
alguna noticia siendo
esta la causa, que aquí
me has encontrado, y pues debo
a tu valeroso brazo
la vida, alcance mi ruego
saber, quién eres, y adónde,
te encaminas, porque creo
que has confrontación de estrellas
entre nosotros, supuesto
que no sé qué interior gozo
después que te he visto, tengo
que dejándome las penas
me olvida el sentimiento.
Tanto siento tus enojos
sus penas me afligen tanto
señor, que en voces o llanto
quieren decirlo mis ojos,
y estoy tal que si supiera
quiénes los traidores fueron
que atrevidos, te ofendieron
de ellos, te satisfaciera
pero pues a tu cuidado
ningún remedio colijo
si entonces perdiste, un hijo
conmigo un hijo y criado
tendrás con tan fino amor
que porque a tu gusto cuadre
Te obedezca como a padre,
te sirva como a señor.
Los finos ofrecimientos
con que mi consuelo ordenas
aligerando mis penas,
minoran mis sentimientos.
Lo que puedo, sin ficción,
decirte, de mal agravio,
es que lo que forma el labio
se fragua en el corazón.
Con él, señor, asistirte
cariñoso ofrezco y fiel,
deseando también con él
humilde, siempre servirte;
y supuesto que propones
ser en la corte tu empleo,
allá podrá mi deseo,
buscando las ocasiones,
lograr con amante alarde
su fineza en su obediencia,
y ahora, con tu licencia,
me iré, señor, porque es tarde.
Lo que te debo confieso,
y pues es fuerza quedarme
en esta aldea, a buscarme,
gran amigo, en el buen suceso,
podrás mañana, en la tarde,
que tendré mucho consuelo.
Pues, señor, os guarde el cielo.
El noble corazón te guarde.
Vanse, y sale Garabato con una alforja.
Los caballos con cuidado
previne; no fuera bueno
que mientras mascan el freno
ellos, tome yo un bocado?
Si lo fuera, pues me entrego
a esta alforja, yo me ensayo;
esta vez hace el lacayo
lo que suele hacer un lego
en semejantes funciones.
Díganme, ¿qué razón media
que coman en la comedia
no más que los motilones?
Con el jamón satisfago
la hambre que mi tripa azota,
bebamos, venga la bota,
a mi salud va este trago.
¡Qué licor tan milagroso
es este, que el vino añejo,
pues mozo a cualquiera viejo
le hace, y viejo a cualquiera mozo!
Señores, ¿qué desatino
es el de este mundo orate,
que se tome el chocolate
pudiendo tomarse el vino?
Siendo aun mucho más barato,
pues da en cuatro cuartos lumbre,
(que es lo que vale una azumbre).
Vase.
a un candil de garabato;
pues no seré el arcaduz
del mondongo. ¡Qué dulzuras!
más que quedamos a oscuras
sobad, Ginés, santa luz.
Pero yo aquí me entretengo
y mi amo me espera allí?
Mas si él se venga a mí,
yo ¿con quién vengo? Me vengo
poquito y de cuando en cuando.
Dilo, cojula, adiós.
Mas ¡vive Dios! que los pies
me van tartamudeando,
y más que el buen viejo y Carlos
no están, si esto no hay efeto
de este blanco, tinto o prieto.
Digan, ¿dónde podré hallarlos?
Si él va, y los caballos solos
halla, aparejarme puedo,
o no parar en el ruedo
que comprehenden los dos polos.
Mas con una peregrina
mentira, es bien que esto ajuste,
voyme. Pues dame un embuste
lacayuno Celestina.
Sale don Diego, leyendo un papel.
«Esta noche, que mi padre está en la aldea,
podrás hablarme a las doce por la reja
del jardín, o para menos nota, dentro,
que ya hallarás abierto el postigo o la
llave prevenida. A Dios te guarde.
Siempre tuya, Elena.»
Loco me tiene el contento,
que esta noche, hermosa Elena,
ha de fenecer mi pena,
sea de acabar mi tormento;
que con los amantes lazos
de una fe constante y pura
he de gozar tu hermosura,
enlazando tus tiernos brazos.
¡Oh, Faetonte! con desvelo
abrevia el curso veloz,
porque de Épafo la voz
negar no pueda el manejo
del flamigerante coche;
aunque, corriendo sin rienda,
se abrase el orbe y se encienda;
como apresures la noche.
Camina sin embarazo,
vuela, vuela diligente,
pues tengo de hallar mi oriente
cuando busca tú el ocaso.
No de Jove celestial,
temas el flamante rayo,
si el Po con un solo ensayo
te da tumba de cristal.
O si rindiéndote al fuego
del temor con paso tardo
vas, repara lo que aguardo,
(Vase)
mira la dicha que espero.
mas supuesto que en la aldea
dice que su padre está
qué hace mi amor que no va
a lograr lo que desea?
aqueste, pues es el cielo
del sol que mi pecho adora
mansión, feliz de la aurora
archivo de mi consuelo,
del fuego con que me abraso
es esta, la fragua ardiente
sea a mis dichas oriente
la que es de mi gloria ocaso
entrome, pues dios vendado
puesto que mis pasos guías
alivia, las ansias mías
con el bien, anticipado.
Salen Doña Elena y Otáñez.
tan presto le dio el papel
en la calle le he encontrado
y al descuido con cuidado
se le di, que siempre fiel
soy en materia que importa;
para que aunque calvo y vejete
soy el mayor alcahuete
que hay en toda aquesta corte.
puesto que Otáñez no ignora
lo importante, del secreto
no hay que advertir
yo prometo
que por mi parte, señora
no se sepa, que cuitado
soy en esta, profesión
y aunque he sido, baladrón
cuando importa, soy callado.
Jacinta y Juana, cuando
han de venir
ya a buscarlas
me voy
puede, acompañarlas
porque es tarde
(Vase)
iré volando.
Dime en qué confusión, en qué duelo
tirano dios, tu flecha, envenenada
me ha puesto, que de mí casi olvidada
acordarme de mí, casi recelo
sujeta, mi altivez, a un reyezuelo
una roca a su ley subordinada
siendo así que jamás fue registrada
ni aun de ese luminar, que surca el cielo;
pero dirásme amor, que lo dispones
para que el orbe, quede satisfecho
que lo avasallas todo, y descompones
desde lo más selecto, a lo derecho
supuesto que al rigor de tus arpones
no hay resistencia humana, en ningún pecho
de amor exento; a don Diego
casi arrepentida estoy
Sale don Diego.
que jamás las ligerezas
fueron idea del amor,
mas guiábame la pluma
el ciego amante, niño dios,
que como ciego no mira
la línea de la razón,
pero bien está lo hecho,
puesto que la Hero soy
de aquese amante Leandro,
Polimena de ese Isón,
esclava de ese turco,
Clicie de ese hermoso sol,
de aquese Alfeo, Elisa,
Diana de ese Endimión,
Eurídice de ese Orfeo,
Medea de ese Jasón,
de aquese Hipólito, Fedra,
y por fin la misma Isol
de ese Tristán, la Venus
de ese Adonis, que murió
al bruto cerdoso impulso
parándose, al fin, en flor,
y por decirlo bien claro,
Doña Elena de Obregón
soy esposa de don Diego
Sarmiento y Coronas, no.
Adelante, dueño mío,
para que mi corazón,
como tan hecho a las penas,
teme que tanto favor
no le sufoque del gusto
la vital respiración;
sucediéndome lo propio
que al antiguo Filemón,
que a un júbilo repentino
la vida en el gusto dio.
Jamás pensara, don Diego,
que a riesgos de mi opinión,
con ceguedad mal mirada,
hija de su sinrazón,
y madrastra del luciente
cristal de mi limpio honor,
atropellaras, audaz, un
mira señor,
que el que aquí te ha visto entrar
y sabe que sola estoy
Aguárdate a que despliegue
esa madre del horror
su negro manto, ocultando
los rayos con que veloz
ilustra el cóncavo globo
de Admeto el rubio pastor;
mira, don Diego, que ruega
18
Una mujer q es blasón
de los corazones nobles
darle el consuelo; no
no pues malogre la suerte
de tan generosa acción
por mi esta leve fineza
has de hacer mira Señor
que pues no ignora las muchas
que le debes a mí amor
que de ingrato, aquí te argüía
si anulas mi petición
Vuélvete, que a la criada
dejo aguardando, estoy
centinela que descubra
enemigos, de el honor
esta vez sola y tal vez
este en la Jurisdicion
de mi gusto, tu Respuesta
supuesto, que siempre soy
toda tuya, aunque se oponga
del cano tiempo veloz
y de la ciega fortuna
lo inconstante, ni lo atroz
mi bien Señora detén te
mira que mi pretensión
no asido tratar, los Respetos
que debo a tu pundonor
perdona si mi osadía
llevada a mi pasión
Con malmirados Tropiezos
vendada, no Reparo
el casi imposible Riesgo
que me propone tu voz
más que imposible evidente
le advierte, aquí mi temor
pues aguarda, como dices
a la criada que son
pregoneras que publican
yerros, de el Vendado dios
de suerte, que me he de ir
eso te pide mi amor
sin lograr tanta fortuna
Jamás el tiempo falto
pero cuando
aquesta noche
sin falta
don Diego no
habra otro Reparo
solo
puede haber el de mi honor
ese mi mano le vence
pues con ella tuya soy
es de veras
eso dudas
dudo tan grande favor
mal me conoces
conozco, mis pocos meritos
yo
no los ignora, don Diego,
antes sabiendo quien sois,
no reparo dar el alma
a quien la vida me dio.
por un accidente fue.
por ellos entra el amor.
grande es mi fortuna, Elena.
el quererte, aunque mayor;
mas, don Diego, vete, vete,
que ya es tarde.
qué dolor.
ven a las doce.
seré fiscal del tardo reloj,
porque las horas que cuenta
la esperanza, largas son,
y breves las que numera
dichosa la posesión.
a la reja.
ya te entiendo.
pues, adiós, mi bien, adiós.
él te guarde, dueño mío;
noche, tu curso veloz
apresura, pues tu manto
negro, es blanco de mi amor.
fin de la primera Jornada
Salen don Fernando y Carlos
díceme aquí don Pedro, mi sobrino,
Carlos, que vuestro esfuerzo peregrino
se ha adelantado tanto,
que es del Tártaro horror, del turco espanto,
llorando el hemisferio
de Croacia, lo grueso del imperio
aun más, después de la cadena
con que sitiada se miró Viena,
dividiendo de gran parte
a vuestro brazo en el día del de Marte,
cuando de infiel coral, rojo diluvio
purpúreo, las aguas del Danubio.
siempre el señor don Pedro honrar intenta
la humilde sangre que mi pecho alienta,
dándome la alabanza
que con marcial valor su brazo alcanza,
siendo tan conocido en la campaña
desde Amadón que los Rifeos baña
hasta el fértil Ródano
vena, del promontorio Perulano,
que con ebúrneo humor helado ampo
de Galia fertiliza el verde campo,
como fueron en Roma
Seleuco y Nicanor, que el orbe doma.
en fin, que sus acciones varoniles
muestran su ilustre sangre;
Es un Aquiles,
un Alejandro, un César, un Flaminio,
un Zeno, Feralo, y un Antonio,
honrarle el señor Duque de Lorena
en el famoso sitio de Viena,
dándole una bengala,
viendo que su valor a Marte iguala;
y aun tengo por sin duda
que le adelante más en lo de Buda,
pues en esta victoria
que su Alteza alcanzó con tanta gloria
del Alemán imperio,
e ignominia del Tártaro hemisferio;
día de fe, que el árbol de la vida
llegó llorosamente, arrepentida,
después que en la ciudad, adonde mora,
el renombre alcanzó de pecadora,
cuando huyendo, los bárbaros infieles
dejaron de turbantes y alquiceles,
del campo matizado todo el llano,
con desatino infiel, sangriento adorno,
siendo, pues, janícharos (si bien lo siento)
de juntos huesos, bruto monumento,
cayendo, al tiempo que lloran con flujo,
espera lluvia infiel en el Cocito;
en esta, pues, victoria memorable,
mostróse tan de acero el incansable
de don Pedro, señor, valiente brazo,
que a sus plantas sirvían de embarazo,
con rendidos estorbos,
inútil multitud de alfanjes corvos;
siendo testigos de esta empresa rara
el príncipe Vaden, y el de Caprara,
que con fuertes alientos
del bárbaro frustraron los intentos.
Grande gusto me das con estas nuevas;
pues son de su valor bastantes pruebas.
Encárgome también que te apadrine
sobre unas pretensiones.
Solo vine
a pedirle a mi Rey, que guarde el cielo,
dé a mis servicios leales el consuelo
que mi deseo belicoso espera,
con la merced de darme una bandera.
No es mucho lo que pido,
pues seis años y medio que he servido
con hazañas tan nobles y atrevidas,
como lo manifiestan ocho heridas,
que en batallas campales
recibí de los brutos animales
de la Moravia, cuyo barbarismo
les niega los indultos del bautismo.
Deberé eso tomar de más espacio,
porque son los negocios de palacio
en las más ocasiones
largos, y más si son por pretensiones.
Y así, Carlos, veníos conmigo,
que quedaréis en nombre de mi amigo.
que aunque eres mi vasallo,
ser caballero en tus acciones hallo,
porque la guerra la nobleza encierra
y la nobleza nace en la guerra.
Señor, aunque me mire en otro estado,
tendré por mayor timbre el ser criado
de un caballero cuya sangre humilla
a la de muchos grandes de Castilla;
esto supuesto, la merced estimo
y a servirte con más razón me animo.
Yo, Carlos, te agradezco los desvelos
con que tu voluntad...
Dentro.
¡Valedme, cielos!
Al cuarto de doña Inés
se ha entrado el león feroz.
Dentro.
¡No hay quien atienda a mi voz!
Sale Garabato.
Más vale jugar de pies
que de manos, esto es cierto.
¿De qué es tanta confusión?
Brava desgracia, un león
que se ha soltado, y ha muerto
un mundo de gente agora,
y aun viéndose poco harto,
se ha entrado dentro del cuarto
de doña Inés, mi señora.
¿Qué dices? ¡Infausta suerte!
¡Horrible fiera atrevida,
pues me ha quitado la vida,
espera y dame la muerte!
Éntrase.
Pues escucha mi valor.
¡Desdicha tan inhumana
dio a mis nevadas canas!
Que aunque cansado, hay valor.
Sale Laureta.
¿Adónde huiré la molestia
de esta fiera?
¡Oxte, puto!
Pero, Laureta...
De un bruto
huyo, y doy con una bestia.
Tú lo eres.
¡Bruto fiero!
Jamás mi valor se encalma,
y para quitarte el alma
has de entrar por este acero.
Chispas de la espada arroja,
él mostrará su valor,
porque en soplando el amor
se mueve mejor la hoja.
Virgen de Consolación,
puesto, seguro no hallo.
Acércate a mí, que al gallo
dicen que teme el león.
La razón es peregrina,
pero nada en tu favor,
que a un gallo tiene temor,
mas no le tiene a un gallina.
¿Luego yo lo soy?
¡Cuitado!
¿No lo eres si a tu dueño
mira, en tan gran empeño
y le dejas
que a un soldado
flamante, y Recién venido
tanto, que ahora mismo llega
se atreva, aquí una Gallega
a mal matarle, perdido
esta Madrid, yo lo evito
yo Juro a la Cruz Jacaña
que si fuera, en Alemaña
me la pagará, por Cristo
¡Ay, Garabato!, sin duda
que Carlos mató al león
pues lo publica la acción
de la espada, que desnuda
y de Coral manchada
sirve a un brazo de embarazo
ocupando el otro brazo
mi ama, que desmayada
mues tra, con su mucha pena
los casi mortales fines
siendo sus Rosas Jazmines
y su clavel azucena,
bueno, si su corazón
es un Mongibelo, un flegra
matará el otro una suegra
que es más fiera que un león.
y más aquí, que mi ama
corria Riesgo evidente
y cualquier mandria es valiente
en presencia de su dama
sale Carlos con ines desmayada
no apodi do su desuelo
con ventaJa tan notoria
tiranizarme la gloria
de tener Atlante el cielo
de esta divina, belleza
siendo mi acero terror
de el Justo mortal castigo
que le he dado, a su fiereza,
y su deidad, soberana
que de el susto a los ensayos
tremula esconde los Rayos
de su belleza, lozana,
ya puedes volver la grana
que tus mejillas hermosas
desvanecieron, miedosas
haciendo como dos sabios
que este el clavel, en tus labios
y en tus mejillas las Rosas,
Corre la nube importuna
desos soles dueño mío
mas ¡ay, Dios!, que mi albedrío
temo no Corra fortuna
si aun al salir, de la Cuna
al sol suelen ser despojos
de sus lucientes enojos
muchos humanos faroles
como a la luz de dos soles
sean de Resistir mis ojos
Foliación: 24
la desigual calidad
que ha puesto la vanidad
entre el noble y el villano
fuera de el mundo inhumano
contrario a la libertad
fuerza será el conocer
si lo miras con prudencia
que hay mucha la diferencia
de el mío a tu humilde ser
porque yo naci mujer
con nobles obligaciones
y tu aunque con tus acciones
señalaste tanto que eres
todos saben al fin que eres
menor de lo que supones
estas verdades, que son
hijos Carlos, de tu mengua
aunque las diga la lengua
no las forma el corazón
porque mi ciega pasión
siempre en quererte, constante
aun viendo el medio distante
para la unión que desea
no ha de olvidar de la idea
aquella niñez amante,
esto baste para que
sepas lo que te he debido,
y que vayas advertido
que pagarte no podré
yo confieso que te ame
y que sinti no ser tuyo
y así su deudo ciego
aunque arto, aquí mal pagado
espere verte premiado
mientras la deuda conozco
abra quien pueda, entender
a tu señora Laureta
de socarrona y ladina
se tiene hecho un lucifer
y intenta después volver
disimulando, rigores
a alentarle, en sus amores
vive Cristo que si fuera
yo mi amo, que le diera
bofetadas por favores
calla necio
que es callar
voto alcielo delacama
que si ella fuera mi dama
me la había de pagar
sobre eso no hay que tratar
yo haría nuevo instinto
pues para que, o como, bruto
porque tratándola mal
sería como el nogal
que a palos ofrece el fruto
como no me has respondido
que es lo que tienes
o rayo
el a tenido el desmayo
la desigual calidad
que ha puesto la vanidad
entre el noble y el villano,
fuera de el mundo inhumano,
contrario a la libertad.
Fuerza será el conocer,
si lo miras con prudencia,
que es mucha la diferencia
de el mío a tu humilde ser,
porque yo nací mujer
con nobles obligaciones,
y tú, aunque con tus acciones
señalarte tanto quieres,
todos saben al fin qué eres,
menor de lo que supones.
Estas verdades, que son
hilos, Carlos, de tu mengua,
aunque las diga la lengua,
no las forma el corazón;
porque mi ciega pasión,
siempre en quererte constante,
aun viendo el medio distante
para la unión que desea,
no ha de olvidar de la idea
aquella niñez amante;
esto baste para que
sepas lo que te he debido,
y quedarás advertido
que pagarte no podré.
Folio 24r
Yo confieso que te amé,
y que sin ti no sosiego,
y así, su deseo ciego,
aunque harto aquí mal pagado,
espere verse premiado
mientras la deuda no niego.
Habrá quien pueda entender
a esta señora Laureta,
de socarrona y la treta
le tiene hecho un lucifer,
e intenta después volver
disimulando rigores
a alentarte en sus amores;
vive Cristo, que si fuera
yo mi amo, que le diera
bofetadas por favores.
Calla, necio.
¿Qué callar?
Voto al cielo de la cama
que si ella fuera mi dama
me la había de pagar;
sobre eso no hay que tratar,
yo haría nuevo instituto.
Pues para qué, o cómo, bruto.
Porque tratándola mal
sería como el nogal
que a palos ofrece el fruto.
Como no me has respondido,
¿qué es lo que tienes?
(Aparte.)
Ella ha tenido el desmayo,
Reclamo: y mi
y mi amo está sin sentido.
Di, ¿de qué estás suspendido?
Ea, habla, ¿qué te impide
pronunciar, el labio divide?
Y porque tus atenciones
vean mis obligaciones,
de ellas los extremos mide.
Absorto, suspenso, mudo,
tan fuera de mí he quedado,
que del todo, enajenado,
lo mismo que toco, dudo;
que borrar la ausencia pudo,
del fiel libro de Cupido,
los caracteres que han sido
fianza de mi esperanza,
anulando esta fianza,
ingrato juez el olvido.
¿Qué dirán, señora, que,
de su ingratitud, las flores,
que los dulces ruiseñores,
que aquella fuente, que fue
dulce fiel testigo de
los favores que algún día
recibió la suerte mía
de tu boca, en cuya empresa
fui anuncio de esta tristeza,
mi anticipada alegría
equivocó tu rigor,
disfrazar con modo sabio
quiere fenecer el agravio?
Con la capa del favor,
fuera menor, mi dolor,
si en tantas penas mortales,
el hado les diera iguales
con amantes parabienes,
de regocijo, a mis bienes,
de sentimientos, a mis males;
pero mi pecho afligido,
que jamás se satisface,
lo adversario propio hace,
lo favorable fingido;
ya sé, señora, que he sido,
con osadía altanera,
de la brillante lumbrera
que nace en cuna de espuma,
Ícaro alado, sin pluma,
con remos de blanda cera.
Seguí al planeta que fija,
rayos, águila, bebí,
las luces, y que cegué
oficié su abrasada pira;
sé que a imposibles aspira
mi deseo en lo que lucha,
quien que mi razón no escucha
que en el campo de tu boca
perdí la gloria no poca
que siento con pena mucha,
esto sé, y lo que infeliz
he nacido, pero no,
Señora, que quien te ama
por fuerca ha de ser feliz;
si la villana Raiz
de mi ser, desmereciere,
pues no podrá la suerte
quitarme (si bien lo fundo)
porque en las grandes del mundo
es la mayor, el quererte.
Pues si esta tengo, y también
mi esperanza se afianza
con una ambigua esperanza
entre favor, y desden,
y a no abra en el orbe, quien
me argüía de desdichado
porque el que al sublime estado
de ser su esclavo llego a subido.
puede blasonar que asido
feliz en último grado.
pero sofisticos son,
estos Razones pues creo
que las forma mi deseo
a instanciay a mi pasión
Razones son sin Razón
esto bien claro sein fiere
pues si a los gustos, prefiere
quien lo que quiere, a logrado
el menos afortunado
es quien pierde, lo que quiere
pues diga a qui este señor
que enacido
Carlos tente
no des luzga lo prudente
la sombra de tu dolor
que xellaste, de el Rigor
de tu estrella pues to que ella
al amor, es rebelde ella
pues tal vez se ama llorando
más que por falta de agrado
por sobra de mala estrella
luego bien podrán tener
alivio mis desconsuelos?
puede ser
que escucho cielos
omas que humana mujer
esto sepuede, Creer
Laureta has visto tal flor
efectos son de el amor
y si a caso enamorado
llego ay tan de
cuidado
quien entra mi señor
don fern, a parte
Volví de Cara a la calle
de el prado puse los pies
cuando confuso Ruido
de in ordenados Tropeles
me informa que de un León
que de el Retiro se fue
la saña cruel, la causa
de llanto a voces rresuelbe
y sabiendo que fiero
al cuarto de doña Inés
se había entrado resuelto
a matarle le busqué,
para apagar con su muerte,
sangrienta y despiadada sed,
siendo el ardor de mi pena
abrasado Mongibel;
y al entrar a ese salón,
ya cadáver le encontré,
sin saber quién el dichoso
autor de su muerte fue;
y en tanto tropel de penas,
no sé si ha librádose
mi hija, o si su despojo
fue de la parca cruel.
Mas, cielos, si no me engaña
mi deseo, aquella es;
y Carlos, sin duda alguna,
la libertó del infiel,
voraz, sañudo, rugiente
bruto, de los brutos rey.
Hija, llégate a mis brazos,
puesto que te puedo ver
libre del bruto que ha sido
africano horror montés,
siendo aquí ladrón violento
del hermoso rosicler
de tus mejillas, que fueron
breve mapa de un clavel.
Feliz el susto me hace,
pues vengo a lograr por él
la fortuna de mirarme
a la cumbre de tus pies.
Y tú, Carlos, la amistad
vincula en ellos también,
puesto que el bruto cadáver
mudamente dice que es
despojo de tu cuchilla,
que a tan glorioso laurel
han de ser felice trono
sienes que saben vencer.
A un lance que le promueve
la obligación, no le doy
nombre de hazaña, pues fuera
acción muy poco cortés
excusarte; mas, supuesto,
señor, que tanta merced
merezco, tus plantas sellen
mis dos labios, para que
publique mudo el silencio,
que es elocuente pincel,
lo que te debo.
Levanta
del suelo, y refiéreme
cómo venciste al león,
libertando a doña Inés?
Señor, según afortunado
alcanzar un no sé qué
que depara no sé cuándo,
sin saber cómo o por qué,
y si lograr puede una
fanfarrona acción, dije
quiso, opuesto al bulto fiero,
su ejecución
¿Cuál león,
al lado de Carlos fiel,
esperaste? ¿Qué me dices?
Lo que oyes.
Apártate.
Ea, pues, déjenme conmigo;
déjame hablar, déjame
desembuchar este vientre,
aun más que vomitó aquel
engaño griego que a Troya
hizo cauteloso arder.
No le crean, porque miente.
¿Quién tal dice?
¿No lo ves?
Pues sepan que la verdad
he dicho, y que la dije
en la plaza, en los campos,
en los corrillos y en el
palacio, que donde menos
se dice y soy menester;
este día, y este año,
esta semana, este mes,
de presente, de pasado,
de día, de noche y de
el género que quisieren,
que lo oigan, soy y seré
en los siglos de los siglos,
sea siempre jamás, amén.
¡Jesús, y qué tarabilla
de embustes! ¿Cómo ha de ser,
si de aquí no te has movido?
¿Soy quien se lo niega?
¿Quién?
¿Tú dices que esperaste
al león?
Simple mujer,
pues ¿no podía yo esperarle
aquí, en Flandes, en Argel,
en Tetuán, en el Cairo,
en Roma o Jerusalén?
Yo he dicho que le esperaba,
y esto es muy cierto, porque
presente me le tenía
el miedo, que sabe hacer
de una hormiga un elefante,
cuyo engañoso pincel
matica horrores que hacen
la fiereza más cruel
pero si apartar señor
queremos las burlas, es
Carlos, mi amo el fuerte Alcides
no debanado, en la piel
nemea, como nos cuenta
el maestro cordobés,
ni tampoco Vencedor
en eximantho de aquel
puerco que al Micenense
vivo presento, si bien
es ercules de esta corte
castellano nuevo, pues
supo al soberbio, león
osada mente, Vencer
y yo solo, en tanta gloria
tengo señor, la de ser
su escudero su lacayo
su page su familiar
su cocinero; aunque no
porque si se mira Vien
no ha menester cocinero
quien no tiene, que comer
soy sirviente, perilon
o Malilla, aunque tal Vez
en tiendo el Juego de espadas
no hago basa
Carlos fue
padre y señor quien la vida
me ha dado, no se le quite
la Justa, gloria de ser
de todo mi mal el fin
y el principio, de mi bien
solo su Valor pudiera
de tan glorioso interez
ser Carlos, el dueño. el tiempo
me deje satisfacer
lo que te debo
Señor
siempre, deudor quedaré
aunque os esclavo sirviera
toda mi vida
detén
de su aljaba el dulce hierro
nos fijáis, amor cruel
que dices
que si me quitas
a descansar me entraré
que del susto, a la violencia
rendida, puedo temer
no se in nueve otro accidente
(Vase)
dices muy bien, Vamos pues
y allá po dra referirme
Carlos del modo que fue
la lucha
a tu voluntad
siempre sujeto pondré
mi albedrío, vamos
Carlos
confieso la deuda
sí,
para que esperemos
la paga
bien puede ser
que quien no niega la deuda
no se aparta, de querer
pagarla
y ha de templarse
el Rigor, de tu desdén?
Al impulso del amor
en flaqueze supo dar
firme espera y no desmaye
Con tan no vista merced
no hay temor, que me acobarde
ni mal que pena me dé
(Vanse)
parece que se madura
la verdad laura, no ves
que dice de si y de no
que garabato
si caeré o sino, caeré.
(Vanse y sale doña Elena a una Reja)
que vigilante, es de amor
el cuidado, con que empeño
sabe desterrar, del sueño
los efectos, su Rigor,
y que flacas de Morfeo
las fuerzas contra cupido
son, pues no tuvo dormido
nunca, un amante deseo.
prevenido el mío aguarda
con necio, desasosiego
la uenida, de don Diego
cuya Tardanza acobarda
mi afligido corazón,
que con temeroso aliento
le culpa al atrevimiento
su audaz determinación,
mas suele correr, sin Rienda
quien seentrega al dios gigante
por que una pasión amante
los ojos más linces venda
Vendada, de amor, al fin
con atrevimiento, ciego
daré la llave a don Diego
para que abra del Jardín
la excusada falsa puerta
dándole amorosa entrada
que no es bien que este cerrada
si la del alma esta abierta,
aún no imagino, que han dado
las doce que como, Tarda
el plazo; que ansioso aguarda
un amoroso cuidado,
mas no tarda que yo que
y hasta aquí si bien lo infiero,
quiero hablarle, mas primero
quiero verle, y con el verme.
Salen Carlos y Garabato de noche.
Señor, ya tus condiciones
no se pueden tolerar.
trata luego de contar
y pagarme mis Raciones.
desde el día que a Viena
dejamos aún no me has dado
una blanca, ni un cornado,
y esta no es mi mayor pena;
mas el andar como brutos
de noche en tanta fortuna
con las tripas en ayunas
como novicio Cartujo,
a cualquiera pecador
ha de apurar la paciencia
y en dios, en la mi conciencia
no se puede hacer Señor
Cuerpo de Cristo pagemos
a las migas el tributo
vaya el diablo para puto
dime cuando cenaremos
si son las que dan, tardan
las doce, y con tanta flema
como loco con su tema
vas a don Diego a buscar
hay más Ridículo encaje
en vista tal suspensión
entremos a un bodegón
que por Dios, que me desmayo.
Calla loco
no esta vien
habla Con dos mil dotores
no parezcamos pastores
en el portal de Belén
que me suspenda no es mucho
siglos a guardando necio
en tre el favor y el desprecio
de mi bien
con fusa escucho
mi bien, desprecio, y favor
conque cesa mi cuidado
pues sin duda, es el criado
que le acompaña.
hay mayor
simpleza que esta Señor
cierto que eres hombre necio
que te acuerdas de el desprecio
si estas gozando favores
no vayas como alma en pena
enamora con tramoya
que si hacerte quieres Joya
ha de perderte, esa Elena
Elena, Elena dice ninguna
duda en que mi amante cabe
daré le osada, esta llave
esperando, la fortuna
de mi suerte, venturosa
pues felizmente seentrega,
a su gloria, laque llega
hacer de don Diego esposa
no Reparos, en que esta
una mujer, aya sola
pues bien, será alguna vieja
guardate, de el agua ba
por ver, si es dama agora
a hablarla, me ede acercar
no hagas particular
lo que es común en lacorte
ten cuidado, y ojo alerta
no sea, que esta, tiene llave
dale la llave
vase
oís, mi bien, esta llave
es laque habre aquesa puerta
tomala, y con paso tardo
entraréis, al en tre suelo
donde con tierno dyuelo
amante, y fina te aguardo
entrate, dentro, que estar
en lacalle es infamia
no demos ala malicia
ocasión de murmurar
y a dios, a dios, que mi amor
allá, en el cuarto, te ypera
esta es la entrada daprime ra
de tus fortunas, Señor
que me dirás, garabato
de esta mujer engañada
hay más linda mermelada
pues solo da tan barato
hartate, arta, que te atize
ella por otro me tiene
si, pues por eso Combiene
que alos primeros, embites
vayas Señor Con sosiegos
que siellas dama, fullera
y ose quel Naype te quiera
si te ve primero el juego
al fin que entre me aconsejas
y ay Campa, ai tales desaires
en trate, Con dos mil sastres
o con docientas mil viejas
que y lo propio qui si entraras
Con escuadrones armados
de demonios, o letrados,
a ora, en melindres Reparas
Vase
pues ver zenioma quiero
aquí puedo aguardarte,
entra pues que bran di marte
queda aunque se va Rugero
y a que me falta el socorro
de este mi amo Faraón
hinquiero, ahacer oración
a la ermita de san jordo
y el sus aventuras siga
que yo no me satisfago
sino es con beber, un trago
después de hinchir la barriga
y aunque se halla, Congelada
mi vacía, faltriquera
no será la vez primera
que aia empeñado, la espada
Vase y sale don Diego
Con esto mi hambre absueluo
y voy Iunto a san gines
que hay un camarada Inglés
esperándome, que ya vuelvo
Ya que de este globo ardiente
la antorcha más encumbrada
se apaga precipitada
en las aguas de occidente,
Ya quel mayor, presidente
de esa República amena
de luces, la helada arena
de los antípodas dora
y los Jardines de flora
de cándidas perlas llena
y a pues que la noche fría
con enlutados, capuces
llora ausencias de las luces
gime destierros, de el día
y ya que desatavía
a los bellos resplandores
fragante, esfera de flores
desvaneciendo, sus sombras
el manto de sus alfombras
Con el Caos de sus horrores
vengo aquí Constante, y fino
en su lóbrego estado
a adorar enamorado
un imposible divino
la dulce ley de el destino
felizmente me condena
esta noche a la cadena
de el dios que flecha el arpón
siendo el más fuerte eslabón
los brazos de doña Elena
y pues que mi suerte espera
lograr dicha tan crecida
solemnicela luzida
esa tachonada, esfera
el sol que es primer lumbrera
la luna que su fortuna
le da cristalina cuna
celebrenla, pues discretos
a su belleza, sugetos
estan cielo, sol y luna.
esta es la concha, que muro
la perla cuyo valor
la pudo, hacer superior
a todas por su hermosura
este el centro que asegura
el diamante más constante
y este, el alcázar triunfante
de la diosa que esta dentro
siendo alcázar, Concha y centro
de diosa, perla y diamante
al Reflejo de la luna
aunque con luz desmayada
averiguo, que Cerrada
está la puerta. fortuna
no mi dicha en la cuna
mal txaty, ya Con la muexta
esperanza poco cierta
pero mis males advierto
pues que hallarla, medito
la llave, o la puerta, abierta
inquiexalo, mi cuidado
abierta, está. ¡Santos cielos!
si se logran mis desuelos
y puesto que, descuidado
puedo estar asegurado
que su padre está en la aldea
ahí está hermosa Galatea
siga mi amor Polifemo
hasta, alcanzar el extremo
de las glorias que desea
Vase, y Sale Carlos
Tropezando con las sombras
Confuso caos de la noche
que Con funestay paxcay
el aire, visten de horrores
a este salón he llegado
sin más guía, sin más norte
que el que me da mi destino
cuya ceguedad, informe
suspende a mi discurrir
lay neutxaly Confusiones
todo el Jardín he pasado
sin saber cómo o por dónde
aquí está incauta mujer
han de hallar mis atenciones
pero Cielos por el mismo
Corredor que he entrado, se oyen
pasos sin duda, que es ella
que a lograr ansiosa Corre
en brazos de ajeno dueño
equivocados favores
saber quién solicita
pero no Con pecho doble
tiranizar de su honor
las quietas posesiones
que no sé qué interior pena
mi corazón Reconoce
que siente aquí como propia
las poco cuerdas acciones
que esta engañada mujer
mal informada dispone
mas ya ha entrado, no he de hablarla
hasta que su voz me informe
quién sea el galán que espera,
pues quizá sabiendo el nombre
podrán salir de la duda
mis oscuras confusiones
a esta parte me retiro
hasta examinar su voz y
[Retírase y sale Don Diego.]
Qué bien dicen los que dicen
que es madre de pecadores
la noche, pues con su manto
encubre los más enormes
delitos que inventar pudo
la malicia de los hombres,
aunque a este, si bien se mira,
no se le ha de dar el nombre
de crimen, porque de amor,
cuyos agudos arpones
las fuerzas de la razón
atrevidamente rompen,
porque, aniquilada, caiga
y al precipicio se arroje.
Mas, en la confusa turba
de las tinieblas, que montes
de azabache encapotados
forman negros pabellones
para conducirme al cuarto
de Elena, he perdido el norte;
pero ¿qué mucho si amor,
con volantes pasadores,
tirano pudo embargarme
del suspirar las acciones?
Llamaréla, pero no,
porque si acaso me oye
algún criado, es posible
que los demás se alboroten.
Mejor será que, tentando
con el acero, me informe
de la puerta, pues si no
me engañan mis turbaciones,
por aquí ha de estar sin duda
la del archivo que esconde
la deidad a quien tributo
rendidas adoraciones.
Cielos santos, de una espada
el ruido acaso rompe
del mudo quieto silencio
las mal sentidas mansiones;
hacia esta parte se sienten
las pisadas, cuyos golpes
dan a entender por lo recio
que las forman plantas de hombre.
Prevéngase cuerdo el acero,
porque en tales ocasiones
la prevención es ventaja
conocida.
[Línea tachada: Don Diego. O son los goznes]
O son los goznes
de la puerta, o de una espada
rumor confuso se oye.
Inquirirélo. ¿Quién va?
Con el acero responde
el que ignora quién pregunta.
Sus atrevidas traiciones
sabrá castigar, villano.
Y de aquella aleve el doble
pecho. Mas, piadosos cielos,
suspended vuestros rigores,
muerto soy.
Siempre un abismo
de otro abismo se compone;
¿qué haré, cielos? Aquí hallo,
sin saber quién es, un hombre
agonizando, y también
una mujer. Mas las voces
del herido han despertado
toda la familia, porque
las luces por este cuarto
con lenguas de fuego rompen
la tenebrosa quietud
del silencio de la noche;
esperarme es desatino,
no retirarme, desorden,
pues dar no podré del caso
bastantes satisfacciones,
y puesto que ha sido solo
el lance y no me conocen,
determino el ausentarme,
volviendo a salir por donde
he entrado. ¡Sáqueme el cielo
de tan ciegas confusiones!
Sale Doña Elena conturbada.
A esperar a Don Diego, ya cansada,
salir quise del cuarto apresurada.
En cuya puerta herido un hombre miro
dar a la parca el último suspiro.
Registréle medrosa,
y pude ver mi suerte rigurosa,
con ansia tan constante,
que era Don Diego mi querido amante.
Turbada, pues, dejó mi entendimiento
las potencias en manos del tormento,
cuyo dolor activo en tanta calma
solo vivo el sentir de toda el alma;
porque en tan triste suerte,
en las jurisdicciones de la muerte,
no embargase mi pena,
desforzando el dolor que me enajena;
porque es menor tormento
el morir que tener tal sentimiento.
Medrosa y triste en tanto desconsuelo,
llena de angustias, penas y recelos,
ignorando el destino de mis males,
no sé qué pueda hacer en casos tales,
pues a consecuencias ansiosa llego:
que es mi padre quien dio muerte a Don Diego;
pues siempre receloso de estos daños,
por modos, por caminos tan extraños,
en guardar el honor su honor se emplea.
Y el decirme que anoche en el aldea
se que la mía fue con modo sabio
quejar, satisfacerse de el agravio
a don Diego, ai infelize y ay la muerte
mi padre ha de matarme
si me encuentra, pues cielos ausentarme
será mayor cordura, de el destino
de tomar, la errada senda determino
sintiendo la ioia, que en tal caso
el llevarla no sirve de embarazo
y pues que de el jardín la falsa puerta
por mi desdicha la e quedado avierta
determinada, me saldré por ella
fiada, en la inconstancia de mi estrella
que no hay estrella fija
que tantas penas, tantos males rija
y aun infeliz amante
es la estrella, más fija, más errante
solo para el influjo demis males
toda en la firmeza an sido iguales
ya me voy, santos cielos
dad me un alivio a tantos desconsuelos
Fin a la 2a Jornada
El Peligro de la sangre y Remedio en el acaso Jornada Tercera
Salen don Fernando y doña ines
esto ha de ver Ines ignora
la nobleza de don Diego
su primo y sobrino mío
pues vincula, el parentesco
el blasón de los carrillos
con la sangre, de sarmiento,
en los bienes de fortuna
que en los degrada los tiempos
de y la edad, el interés
hace más notable agravio
no es tan avaro que deje
de poseer, por lo menor
seis mil ducados, de renta
que es bastante a un caballero
particular, pues las prendas
naturales, que son como
envidia, del más galán
y confusión del más cuerdo
en el trato es muy afable
en las palabras modesto
en las acciones valiente
sin pasar le a lo soberbio
con las damas es cortes
y liberal por extremo
con los rendidos humilde
altivo con los soberbios,
prendas todas que le hacen
noble, galante, discreto,
cortés, afable, valiente,
liberal, modesto y cuerdo;
las travesuras mundanas
(de la mocedad tropiezos)
o las consumen los años
o las desvanece el tiempo.
Y más que tan otro miro
del que antes era don Diego,
después que la parca dura
(cuando el suspiro oprimido
del adverso furor violento
del acero tirana,
mares a coral deshecho,
cuyo ambiguo respirar
daba en el último aliento
entre la muerte y la vida
equivocados bostezos),
que si antes obscurecían
las sombras de los amagos
de sus nobles procederes
los rutilantes reflejos,
ya se desmienten corridas
a la luz de su sosiego.
Esto fía mi deseo,
esto, doña Inés, te advierto
para que no contradigas
a mi voluntad, sabiendo
que las razones de un padre,
aunque las disfrace el ruego,
tienen la fuerza de leyes
y sustancia de preceptos.
Permíteme, padre mío,
que de mi labio los ecos,
con mal colocadas voces,
con mal limados conceptos,
propongan para el reparo
los obstáculos que tengo,
la dificultad que noto
y el imposible que advierto;
pues de todos, si me atiendes,
dar mis razones pretendo.
No hay dificultad, Inés,
ningún obstáculo temo,
ningún imposible miro,
ningún daño considero,
ningún peligro averiguo,
ni mal alguno recelo;
esto ha de ser, baste ya,
tu esposo ha de ser don Diego.
Señor...
No hay que replicar.
Advierte...
Todo lo advierto.
Que don Diego...
Es mi sobrino.
Estará...
A mi voz sujeto.
Empeñado...
Ya lo sé.
En otra dama.
Es empeño;
y ha de ser, porque el amor
tal, desmientan los celos.
De suerte, que he de rendirme
de la obediencia a los fueros,
cautivando mi albedrío
en el cancel del respeto.
Digo que ha de ser tu esposo.
¿No hay remedio?
No hay remedio.
Pues, señor, salga la voz
de la cárcel del silencio,
y mi pecho publique
los siempre vivos incendios,
que empezaron por pavesas
y acaban en mongibelos;
primero esa esfera azul,
globos del vago elemento,
que pespuntada de estrellas
y bordada de luceros,
ser quiere luciente alfombra
donde los rayos de Febo
dispensan más liberales
sus calurosos reflejos;
primero desencajada
de los ejes contrapuestos
servirá al orbe de pira
y de tumba al universo,
confundiendo equivocada
en maridaje tan bello
si es cielo lo que fue tierra,
si es tierra lo que fue cielo,
que yo a don Diego la mano
le dé de esposa; y primero...
Vase.
Calla, calla, no prosigas;
mira que ya el sufrimiento
titubea, y la venganza
viste ropajes sangrientos.
Sabe que mi gusto es,
que te cases, y que al pecho,
que será infelice vaina
de este acicalado acero,
y agradéceme el dejarte,
que de mi coraje temo
que este alfombrado salón
no haga teatro funesto,
donde represente al vivo
en las tablas del respeto
el castigo merecido
al mayor atrevimiento.
Cielos divinos, ¿qué haré?
¿Qué haré, soberanos cielos?
¿Yo dar la mano a mi primo?
¿Yo casarme con don Diego?
¡Ay, Carlos del alma mía!
¡Ay, querido, dulce dueño!
¿Yo olvidarte? ¡Qué imposible!
¿Yo aborrecerte? ¡Qué yerro!
¿Yo malograr tus favores?
¿Yo despreciar tus requiebros?
No lo pronuncie mi labio,
no lo articule mi pecho,
no lo forme el corazón,
no lo advierta el pensamiento,
no lo consienta mi amor,
ni lo permita este fuego
que introduciendo, voraz,
en los más oscuros senos
donde primero respira
duras arterias latiendo
el carmín, que vivifica
a este, que membrudo elemento,
aquel tósigo suave,
aquel sabroso veneno,
aquel daño apetecido,
aquel dolor halagüeño,
aquel deseado mal,
aquel glorioso tormento,
que hasta el alma se introduce
sin dejar herido el cuerpo.
Vincula las voluntades,
vivifica los deseos,
menosprecia los peligros,
atropella los respetos,
borra las dificultades
e iguala los nacimientos;
pues siendo daño, dolor,
tósigo, mal y tormento,
atropella, vivifica,
iguala y allana a un tiempo
respetos, dificultades,
desigualdad y celos.
Si esto puede amor, ¿qué aguardo?
Si esto amor hace, ¿qué espero?
Mas, ¿qué digo?, ¿no intervienen
de un padre duros preceptos,
a quien debo obedecer
y a quien sujetarme debo?
Igualemos la balanza
de la razón, cuyo peso
ha de ser fiel desengaño
que, a la verdad atendiendo,
mida el amor y obediencia,
las pasiones y respetos.
Mucho pesan las finezas,
pero de un padre severo
el justo enojo irritado
juzgo que no pesa menos.
Foliación: 41
mas cielos, ha de llenarse
del temor, mi amante pecho
dándole, cobarde y débil
la gloria, del vencimiento
no ha de ser, venza el amor
al fiero triunfo, y Soberbio
de la obediencia, y constante
desdore los privilegios
que contra su ley Severa
las decencias concedieron
empuñe, mi padre, airado
de su enojo, el limpio acero
losque halagos fueron blandos,
sean amagos sangrientos
y en borrasca tan desecha
todos. los cuatro elementos
se conjuren, contra mí
y en los activos efectos
sea el teatro la tierra
el verdugo sea el viento
el agua sea mi llanto
y el enojo sea el fuego
que activa que ejecute
que amague y abrase fiero
mi vida, mi muerte mi alma
mi corazón y mi aliento
pues para borrar las Sombras
del amor que a Carlos tengo
es menester, que se unan
verdugo teatro acero
enojo llanto y borrasca
de agua aire, tierra, y fuego
y entonces fénix constante
renacerá de si mesmo
Carlos adiós, mi esposo
Carlos,
Sale Carlos.
Suspende el aliento
que Carlos nació infeliz
y tan sublimes trofeos
son para pechos, que tienen
más altos merecimientos
a obediencia de tu padre
vengo señora, no puedo
articular, de mi voz
los mal pronunciados ecos
tu padre, me manda. ¡Ay, triste!,
que te diga, dolor fiero
que no desprecies, que muerte
los favores que tormento
conque fino, Riesgo grave
solicita, mal inmenso
lograr, tu mano, que pena
don Diego de Celos muero
mira si hay más fiero mal
mira si hay más grave Riesgo
mira si hay pena mayor
mira si hay dolor más fiero
Foliación: 42
En la segunda columna, el copista tachó los versos "llamas llora, comunica ardientes / volcanes, esparce fieros" y los sustituyó al margen e interlínea por "llamas, piras, etnas, vesubios, / volcanes y mongibelos".
Mira si hay mayor angustia
ni más acerbo tormento
que mirarte, ¡ay Dios!, mi bien,
en brazos de ajeno dueño,
siendo mal, pena, dolor,
riesgo, angustia y sentimiento,
el perderte, bien mío, porque creo
que es menor mal la muerte que los celos.
¿Qué dices, Carlos, qué dices?
¿Tú perderme? Estás sin seso.
¿Celos tú? ¿De qué, mi bien?
Si te casas con don Diego,
¿no tengo ocasión bastante
de sentirlos y tenerlos?
¿Casarme? ¿Quién te lo ha dicho?
Tu padre, que airado y ciego
blasona que si atrevida
desprecias el casamiento
de tu primo, hará el mayor
espectáculo que el tiempo
en sus anales archiva
y deposita en sus senos.
Quíteme la vida Carlos,
sofóqueme los alientos
mi padre, mas no podrá
apagar el montibelo
de mi corazón, que ardiente
en mar de llamas envuelto,
Vesubios de amor exhala,
etnas respira soberbios;
llamas, piras, etnas, Vesubios,
volcanes y Mongibelos,
comparados al ardor
que amante encubro en mi abrasado pecho,
tienen lento el calor de sus incendios.
Pues, ¿qué pretendes, señora?
Seguirte solo pretendo.
¿Cómo?
En lo que tú gustares.
¿Y has de tomar mi consejo?
Tuya soy, juzga tú ahora
lo que hacer podré.
En efeto,
que me ofreces hacer cuanto
te aconsejare.
Lo ofrezco.
¿Y has de repugnar?
No, Carlos.
¿Lo prometes?
Lo prometo.
Pues muramos, Inés, y mueran
nuestros amantes desvelos,
que cuando el mal es tan grande,
Foliación: 43
Solo el morir es remedio;
no disgustes a tu padre,
cásate, cásate luego,
goza a tu primo, que yo,
ya que en hado tan adverso
he nacido, habitaré
los homenajes brutescos
de esos gigantes de nieve
que escalar quieren soberbios,
a fuer de Atlantes, la vaga
región que preside el viento,
donde entre brutos seré
racional, más bruto que ellos;
si vivo en tantas desdichas,
si en tantas penas no muero.
Carlos, ¿qué dices? ¿Te burlas,
o probar intentas cuerdo,
mi amor?
No, señora mía,
solo que adviertas pretendo
el peligro en que te pone
tu amoroso atrevimiento;
pues no obedeciendo, corre
tu vida notable riesgo,
que entibiar suele el enojo
de la sangre los incendios.
Yo me voy; falte la causa
porque cesen los efectos.
¿Y dónde vas?
A morir.
¿No has de huirme?
No lo creo.
¿Por qué?
Porque mis desdichas
me lo embarazan.
Muy cuerdo
estás, o es falta de amor,
o sobra de entendimiento.
Mal lo discurres, señora,
no es de amor falta, ni exceso
de cordura, sobra si es
de atenciones y respetos.
¿Qué atenciones?
Las que debe
tener mi agradecimiento
a tu padre.
¿Luego tú
ya te olvidas?
¿Cómo puedo
borrar carácter que está
en mi alma tan impreso?
¿Luego me quieres?
Yo soy
como los brutos ligeros
que surcan campos de plata
sobre cristales deshechos
que se rigen por los astros
sin gozar de sus reflejos
adiós señora
adiós Carlos
que me dejas
que te pierdo
no se Carlos, lo que diga
mas sabe, que dimi pecho
aunque otro te tiranize
Juro lo as dy ser el dueño
y ono se lo que Reponda
señora pero te advierto
que no siento, lo que digo
aunque digo lo que siento,
pero en fin te vas
me voy
no hay remedio
no hay remedio
pues vaya el cielo contigo
Vanse
que deje contigo el cielo
Sale doña Elena
en grosos obeliscos empinados
que siendo basto albergue de las fieras
puntales de estos globos jaspeados
son adonde dy cansan sus esferas
en estos digo montes coronados
de las que arroja el sol luces primeras
siendo sus Robles y vestidas haias
de sus Rayos pomposas atalaias
habito abrazador me ves asistida
de un hombre, qe la noche de la muerte
de don Diego me pudo, dar la vida
plubiera alcielo que mí infausta suerte,
agolpe tal, apena, tan crecida
cobarde se mirara, y no tan fuerte
pues fuera, menos, mi desasosiego
sigiendo, las pisadas, de don Diego
a qui estas plantas, riego con el llanto
que de mis ojos las perenes fuentes
emanan, al compas de mi quebranto
y aunque parezen de cristal corrientes
sirvieran, en el Reino de le spanto,
sus negras perlas, por mis fuegos ardientes
de pena horrible atantalos pues creo
que menos Turbios son los de el leteo
por sendas in trincadas, por caminos
Jamás de humana, planta fatigados
Con el dis fraz de pobres peregrinos
nos hemos conducido, a ystos collados
adondilos arroyos cristalinos
día mantinos faldones dypeñados
sirven al sol de cándido respetos
imprimiendo en su plata sus reflejos
aquí la parda estancia de una gruta
rotura, desgajada, de esos Riscos
desaliñada cuadra, alcoba bruta
nos da con ante, puertas de lentiscos
aquí el hambriento, lobo y vulpe astuta
pizarras, que saltean los apriscos
nos conducen tal vez con tierna queja
al simple corderillo, y a la oveja
aquí las aves cítaras del viento
a oposición, de las vistosas flores
la inconstante, Region de el elemento
con sus contraaltos tiples y tenores
embelesan sirviendo de instrumento
de los sauces los tímidos temblores
cuando, celoso el céfiro los mueve
y del aura sutil las perlas bebe
entre ellos, vivo a la merced piadosa
de el cielo, y de el buen hombre que me asiste,
de el Rigor, de mi padre temerosa
solitaria, infeliz amarga, y triste
buscando, de el pastor la pobre choza
que la impiedad, de enero mal resiste
por ver si a caso a su interés atento
nos de por una joya algún sustento
Sale Garabato.
lleve el diablo tal mujer
esto es vivir, esto es trato
que tenemos garabato
buenas ganas de comer
pues no hallaste
son borrachos.
y que hable así no te espantes
más que todos sus diamantes
quieren ellos sus gazpachos
un bandolero bribón
llego con brava tramoya
a destocarme la joya
era vellaco el ladrón
con parola, bien sucinta
quiso ser mi amigo luego
mas yo le conocí el fuego
al instante, por la pinta
así como quien se enoja
me sacó doscientas tramas
y al ver que iba por las rramas
dile que era de la hoia
pasamos los dos infantes
por un río, y el taimado
quiso que tentase el vado
por pescarme los diamantes
mas al ver que solapado
venía de embustes lleno
sobre ser el vado, bueno
le tuve, por un mal hado
en la selva enramada
de enebros zarzas y pinos
imprimiendo en su plata sus reflejos
aquí la parda estancia de una gruta
Rotura desgajada de esos Riscos
desaliñada cuadra, alcoba bruta
nos da con ante puerta de lentiscos
aquí el hambriento lobo y Vulpe astuta
piratas, que saltean los apriscos
nos conducen tal vez con tierna queja
al simple corderillo, y a la oveja
aquí las aves cítaras del viento
a oposición, de las vistosas flores
la inconstante, Region del elemento
Con sus contra altos tiples, y tenores
embelesan sirviendo de instrumento
a los sauces los tímidos temblores
cuando, celoso el céfiro los mueve
y del aura sutil las perlas bebe
entre ellos, vivo a la merced piadosa
de el cielo, y de el buen hombre que me asiste
de el Rigor, de mi padre temerosa
solitaria in feliz amarga, y triste,
buscando, de el pastor la pobre choza
que la impiedad de enero mal Resiste
por ver si acaso a su interés atento
nos de por una joya algún sustento
sale garabato
lleve el diablo tal mujer
esto es vivir, esto es trato
que tenemos garabato
Folio 45
buenas ganas de comer
pues no hallaste
son borrachos
y que hable así no te espantes
más que todos sus diamantes
quieren ellos sus gazpachos
Un bandolero bribón
llego con brava tramoya
a destocarme la joya
era vellaco el ladrón
Con parola, bien sucinta
quiso ser mi amigo luego
mas yo le conocí el fuego
al instante por la pinta
así como quien se enoja
me sacó doscientas tramas
y al ver que iba por las Ramas
dile que era de la hoia
pasamos los dos in fantes
por un Río, y el taimado
quiso que tentase el vado
por pescarme los diamantes
mas al ver que solapado
venía a embustes lleno
sobre ser el vado bueno
le tuve, por un mal hado
en la selva enramada
de enebros zarzas y pinos
infeliz soy.
Señores, si yo me voy,
¿cómo puedo estarme quedo?
¿Qué armas trae?
Hombre, ¿qué dice?
No se siente el buen olor.
Mis armas son en rigor
para ofender las narices.
En darle lo que merece,
déjale a un tronco amarrado.
Conque morir empalado
será, según me parece.
Atánle.
Y vos, señora, vendréis
con nosotros a una choza
adonde en la selva umbrosa
habitamos, no lloréis,
que no somos fieras brutas,
aunque en la espesura andamos
de ese piélago de ramos,
hacia población de grutas.
Ea, venid.
No permita
Dios del cielo horror tan ciego.
Pues lo que no puede el ruego,
a la fuerza se remita.
Que no os muevan mis lamentos.
Si están los lobos hambrientos,
¿cómo han de dejar la oveja?
La vida podréis me quitar,
mas no el honor, fiero hado.
Que sobre haberme soltado,
no me pueda desatar.
Dos líneas tachadas ininteligibles
Sale Carlos.
Por estos ásperos montes,
atlantes, grandes colosos,
estrellados, pues sustentan
todo su peso en sus hombros,
guiado de mi destino,
fatigaba sus contornos,
por ver si hallaría un bruto
que, de cruel o piadoso,
sofocase de mi aliento
casi los últimos soplos;
y al discurrir sus veredas,
al examinar sus sotos,
de una infelice mujer
los mal formados sollozos
me informan que está su honor
padeciendo algún oprobio.
Conque...
Por Dios, que ponía
el sayón su esfuerzo todo
para atarme, ¡ay, Virgen pura!
¡ay, bendito San Antonio!
Mas que se oyen nestos ramos...
otros acentos, que lloros
sean oídos, y me parecen
de hombre, acabad matadlo
o tu cualquiera que seas
que entre estos peñascos broncos
te lamentas infelize
dime adonde, estas
Si solo
Vienes a ver si entre el mugre
del archivo del mondongo
algún doblón se confita
escudriña los aforros
de estos, calzones. Mas mira
que te prevengas curioso
de algún catarro sino
quieres, mas cielos piadosos
albricias pido
quien eres
mas garabato, que asombro
es este que miro aquí
mira que huelo a Responso
desatame estos cordeles
quién te ha puesto de ese modo
quien dos ladrones que ahora
por ese camino angosto
se llevan una mujer
mujer pues de donde o como
es mui largo de contar
anda y corre como un potro
por ver si podrás librarla
Vase
seré exhalación de plomo
que del rigor impelida
de la poluora, es aborto
de un bronze y en su defensa
seré Rayo seré asombro
seguiréle pero yo
mas le serviré de estorbo
que de otra cosa y también
quiero discurrir de el modo
que he de contar, el dejarle
en aquella casa y como
en la calle a la mujer
hallé siéndome forzoso
a toda prisa sacarla
de Madrid, porque de todo
esto no sabe palabra
que esta mujer del demonio
no ha permitido que yo
le buscase, y siendo noto
de su fuga la ocasión
en tantos días, ignoro
solo se que disfrazados
con estos hábitos toscos
habitamos estas sierras
abrazos muy redondos
ella siempre mui arisca
y yo siempre como un tonto
sufriéndole sus quimeras
sin merecerle un asomo
de esto, que dicen famosos
los galanes boquiangostos
Supuesto que ya pagaron
los ladrones atrevidos
con la vida su osadía
permitidme que curioso
os pregunte la ocasión
de hallaros entre estos sotos
en compañía, de quien
al caso añade otro asombro
pues veste, mi criado,
sí señora los dos tomos
don quijote, y sancho panza
mas di me los mondongos
llevaron con la del martes
uno queda muerto y otro
mal erido y caído
entre unos verdes madroños
juzgo que no vivirá
o Alejandro valeroso
para pagar caballero
lo que os debo, cortesano
quien su entraña archiva
todo este, constante gozo
si tuvieran escasa paga
fueran desempeño corto
mas supuesto que no puedo
satisfacer de otro modo
diré para obedeceros
el porque la causa y como
por mis fortunas habito
entre estos peñascos broncos
señora que es lo que intentas
quieres que salga algún oso
vamos allá a nuestra gruta
a donde diremos todos
de nuestras historias raras
los sucesos prodigiosos
porque aquí hay mucho peligro
dice bien vamos
abrazo
estoy hasta averiguar
acasos tan portentosos
Vanse y sale don Lope.
De bronce soy pues me sobra
la vida, en desdichas tantas
como el corazón padece
como esta sintiendo el alma
cielos piadosos, que hacéis
no bastaban, no bastaban
ya las pasadas fortunas
sino que multiplicadas
se aumentan al mismo paso
que la nieve de estas canas
cuando engolfado en mis gustos
mares tranquilos surcava
perdí un hijo sin saber
si al impulso de la parca
rindió el aliento, o si vive
que fue mi primer desgracia
falto me después mi esposa
y en el tropel de estas ansias
una hija aliento a cielos
todo el respirar, me falta
olvidada de su sangre
y en sus gustos engañada
fue ocasión que sucediera
dentro de mi propia casa
la fatalidad de hallar
un caballero que daba
entre la vida, y la muerte
señales equivocadas
aunque después la fortuna
se le mostró poco avara
pues curo de las heridas
mui presto pero en golfada
ella en el mar de un abismo
a otro abismo despeñada
se fue sin saber adonde
ni con quien pues tan estraña
mi desdicha, que en dos meses
no e podido inquirir nada
con que viendo que mis penas
remedio ninguno alcanzan
he resuelto retirarme
a estas fragosas montañas
para acabar de la vida
el corto plazo que falta
Cielos no abra quien atienda
a mis voces ya cansadas
que es esto que escucho he cielos
en tre estas verdes retamas
quejosa una voz se oye
quiero ver quien y la causa
quien eres hombre
si Dios
te envía para que el alma
del hombre, mas alevoso
se restituía a su gracia
oídme que arrepentido
postrado humilde a tus plantas
confesare mis delitos
y atrozidades estrañas
hombre que dices no soy
quien presumes mas repara
que he nacido caballero
y sabré dar a tus ansias
el alivio más posible
di lo que tienes
son tantas
las penas que me atormentan
que no se como empezarlas
yo estoy como ves herido
de dos fieras esto cadas
bien merezido castigo
a mis costumbres villanas
a un peregrino que acaso
por estos bosques pasava
até a un tronco por robarle
y a una mujer que llevava
consigo en el mismo trage
yo y otro mi camarada
que queda en el bosque muerto
la llevamos por quitarla
el honor, a tiempo que
por el camino pasava
un caballero y al eco
de sus quejas lastimadas
se debió obligar sin duda
a que sacando la espada
nos embistiese atrevido
dejándome cual me hallas
cinco lustros, a que soy
de estos mares pirata
salteador, de esos caminos
y horror de aquestas montañas
donde son tantos los robos
donde las muertes son tantas
que ejecute, que será
imposible numerarlas
y entre ellas no es la menor
la que con seis puñaladas
di a una mujer que encontre
que un tierno infante llevava
en los brazos por quitarle
alguna joya
qué aguarda
mi valor que no ejecuta
el golpe de su venganza
pues este sin duda alguna
es de mis males la causa
mas me informare primero
de todas las circunstancias
y si es que mato a mi hijo
haré desogar, mi saña
adonde hiziste esa muerte
junto a una aldea cercana
a este monte
mucho a
esto fue cuando empezaba
mi malicia a dilatar
de los insultos, las alas
abra algunos veinte años
y el niño
señor fue tanta
la hermosura con que el cielo
le dotó que reportada
mi crueldad, a un labrador
le di por que le criara
y quien es el labrador
no sé de él más que se llama
alberto
y sabes si vive
el niño
se que a Alemania
se pasó abra unos seis años
con un don pedro de Ayala
sobrino de don Fernando
Carrillo, que es de las cajas
adonde yo le dejé
dueño, y como se criaban
juntos Carlos y don Pedro,
que así el muchacho se llama,
no permitió su cariño
en una ausencia tan larga
dejarle, y ahora me an dicho
que ha vuelto, y le tiene en casa
don Fernando.
¿Qué me dices?
¡¡Ay, hijo de mis entrañas!
Dique, señor, ¿te enterneces?
¿No tengo bastante causa
si el que dices es mi hijo?
Pues, señor, acaba, acaba
esta vida, que zozobra
de la muerte en las borrascas.
No te aflijas, que antes bien
se aumentan las circuntancias
para que más obligado
al remedio de su ansia
me aplique.
Señor, ¿qué dices?
Lo que oiy, mas palabra
me as de dar de conducirme
allá a la aldea.
Aunque arriesgara
mi vida te obedeziera,
y más siendo la distancia
tan corta, ponme aquí un lienzo
porque la sangre no salga,
y uamos.
Quisiera darte
en albricias toda el alma.
Mui contingente será
que hallemos toda la caja
de don Fernando en la aldea.
Pues, ¿por qué?
Porque tratada
tenían para oí la boda.
¿De quién?
Pienso que se casa
la hija de don Fernando
con un primo suyo.
Basta,
y mi hijo estará allí.
No hay duda.
Delante pasa.
Pues uamos.
Vamos, el viento
me dé ligero sus alas,
porque logrando a mi hijo
se me minoren las ansias.
Vanse.
Salen doña Inés y Garabato.
¡O, Garabato! ¿Qué me dices?
¿Eso es verdad?
Por San Pablo,
que es verdad y que en tu caja
están doña Elena y Carlos,
que él fue quien hirió a don Diego
de el modo que te e contado.
quien contre con doña Elena
que me refirió el fracaso
ocultándome quien era
que de la corte bizarro
la saque, que por los montes
peregrinos, o ermitaños
nos fuimos dos meses, que
dos picaros ladronazos
nos quitaron una joya
que a ella se la llevaron
dejándome como un
San Andrés en tre dos palos
que a este tiempo la fortuna
trajo por allí a mí amo
que mató a los dos ladrones
que nos fue total amparo
que a nuestra cueva, nos fuimos
que seys males días, contaron
que les ofreció valeroso
volver por su honor, que hablando
le he dejado con don Diego
y mi señor, don Fernando
solo esto sé, señora
en fin que determinado
está Carlos a reñir
si a doña Elena la mano
de esposo no da don Diego
él la ofreció que si acaso
algún reparo, ponía
se lo diría en el campo
¡Ay, si Carlos me sacase
del aprieto, enque me hallo
sale Laureta
su padre dice señora
que baja luego a su cuarto
para que
no se por cierto
esta solo
un hombre anciano
al que presumo que dicen
que es padre de nuestro Carlos
que también esta vegexyto
no te detengas
volando
quisiera pues imagino
que esta mi vida, en sus manos
Vase
qué hay, Laureta, no le has dicho haces
una fiesta, a garabato
para que detus basquiñas
guarnezca, los estropajos
yo no hablo con bufones
anda niña, del fregado
supuyto señor don lope
que os a traido, el acaso
a mí caja con el gusto
de suceso tan estraño
como el de hallar vuestros hijos
después de tiempo tan largo
os suplico queme honrreis
por lo que le estimo a Carlos
apadrinando, a mi hija
que con don Diego la caso
pues que fue para este efecto
nuestra venida, a estos campos
excusando de la corte
los no limitados gastos
que funciones semejantes
piden
señor don Fernando
aunque algunos sentimientos
pudieran embarazarlo
es tanto lo que deseo
serviros, que lo agradezco
y honra que me hacéis estimo
ofreciendo apadrinaros
con tan buen padrino fío
que tendré, por mío el campo
ganando de mi fortuna
todo el resto, con la mano
de mi prima
no será
sino se muestran contrarios
los cielos
señor don Diego
quien mano y palabra a dado
de esposo a una dama puede
sin hacer notable agravio
darla a otra
no podrá
pues de vos señor estraño
que lo hagais
yo quien tal dice
yo
yo lo digo
es engaño
no es engaño y porque veáis
que es así cuanto yo hablo
salid señora, acá fuera
¡Ay, Dios!, sin aliento salgo
no es verdad traidor don Diego
qué más, cielos soberanos
mi padre es este, que haré
esta es Elena a que aguardo
que no ejecuto mis iras
haciéndola mil pedazos
señor, deteneos que es esto
que ha de ser, si eres su hermano
porque no vengo su honor
suspenso estoy
y pasmado
esta es mi hermana
tu hermana
pues atended al más raro
suceso que en las historias
sea escrito
atentos estamos
ya se acordara, señor
de que animoso y bizarro
se libro de los ladrones
lo que, entonces a tu brazo
debí la vida, que gozo
para adelante,
pues pasó
entramos, aquella noche
en casa de don Fernando
cuando de el león feroz
el orgullo temerario
aplacaste con su muerte,
y a mí me sacaste en brazos
desmayada
(suspende el lance)
así es verdad
y después que ya en el cuarto
te deje por ser tan tarde
solo con ese cuidado
me fui a buscar a don Diego
y al llegar Junto a palacio
de una Reja una mujer
me llamo
y tu perdona señor
como padre, y bos asperos
Confiada, que en la aldea
se quedaba, con engaño
di la llave de el Jardín
a Carlos imaginando
que era don Diego, pues ya
desposo palabra y mano
medio
con quio la puerta
abrí y mientre
y garabato
como estaba aún en ascuas
de sola calle y volando
se fue a una despensa
a tiempo
sería, que mi cuidado
amante, a gozar vendría
de Elena, los tiernos brazos
y Registrando, el postigo
abierto, entre, asegurado
que me aguardaba, y al fin
en las sombras, tropezando
de la noche, en el Salón
oigo el Rumor, de unos pasos
dudo, si serán de Elena
audaz quiero averiguarlo
Respondeme con la espada lengua
de un estoque asicalado
y al Repararle una punta
franqueo ala sangre el paso
dejándome sin sentidos
yo al ver que del otro cuarto
sacaban luces, Resuelvo
ausentarme
cuando salgo
y hallo a don Diego rendido
a las fuerzas de un desmayo,
presumo que ya sin vida,
aliéntole, y recelando
quejas, tú, padre y señor,
el autor de aquel fracaso,
temiendo que me buscabas
para lavar el agravio
con mi sangre, huir intento
de tu rigor los amagos;
tomo mis joyas, y muerta
de mi casa ansiosa salgo,
y al cruzar por una calle
encuentro con Garabato;
díjole que de Madrid
me saque.
Con que marchamos
por esos trigos de Dios
o esas montañas del diablo;
en una cueva nos vimos
dos meses como ermitaños,
vestidos de peregrinos,
hasta que los villacacos
de los ladrones quisieron
probar del árbol vedado.
A tiempo que yo, sabiendo
cómo tenías tratado
el casar a tu sobrino
con la viuda, quedo laxo,
y viendo cuánta distancia
había en nuestros estados,
celoso, ya sin remedio,
a mi mal desesperado,
determiné fatigar
la bronquez de esos peñascos,
para que mi corazón
fuera de algún bruto pasto;
y sucedió lo que ya
se habrá dejado contado,
con que luego...
No prosigas,
detente, suspende el labio.
Tú de don Diego celoso,
y tú a mi hija has mirado...
¡Ay, Inés!, ¿qué es lo que dices?
Señor, sí que estoy, dirálo
doña Inés por mí.
No puedo
decir más que es dueño Carlos
de mi corazón.
No en balde
mis preceptos despreciando
repugnabas el casarte;
¿a Carlos quieres?
Me ha dado
la vida.
Y a esto me remito,
señor don Lope, y pues ansí
la merced que vuestras mercedes
hace a doña Inés, la mano
dará, mi sobrino, a Elena,
que no habrá ningún reparo
sabiendo cuán libre está
de culpa.
Siempre obligado,
señor don Fernando, quedo,
y deudor al agasajo
que me hacéis, pues tanta dicha
logro, mi honor restaurando.
Lo propuesto de mi tío
con ciega obediencia aplaudo,
pues así logro mi amor
y lo que ofrecí lo pago.
Publique mudo el silencio
de mi amor el gozo y pasmo.
Felice mil veces yo,
pues soy esposa de Carlos.
Dichoso yo, pues merezco
la gloria de ser tu esclavo.
¿Qué dice Laureta, en
qué paramos?
Dame una mano.
¿De azotes, u de almirez?
La tuya, digo, tacaño.
Tómala, y aquí el poeta,
a vuestras plantas postrado,
pide perdón de los yerros
dando fin, noble senado,
al peligro de la sangre
y remedio en el acaso.
Fin y rúbrica.