归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El conde de Matissio. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-conde-de-matissio.
Arnesto barba - Polilla - Guillermo Barba - 4 bandoleros. Ludovico Conde - Quadrato - Theodora - Una hechicera. Leonardo - Fabio - Doña Clara - Músicos Mauricio - Un Pintor - Un Astrólogo - Acompañamiento.
Sale Arnesto como pensativo.
Cielos, ¿en qué ha de parar
tanto loco desvarío
de este rapaz hijo mío?
No sé cuándo ha de acabar.
La ciudad alborotada
está de ver sus intentos,
e infames atrevimientos.
¡Oh, mocedad desbocada!
Sale Polilla con alforjas como de camino.
De veinte leguas de Matisio vengo,
solo, triste y sin blanca
y manca del camino aquella zanca
y lo diera por bien, como aquí hallara
uno que a la persona convidara.
Señor, a vuestros pies está postrado
un hombre pobre, pero fiel y honrado,
el cual viene a buscar a un Caballero,
a quien sirva de paje y escudero.
¿De dónde sois, amigo?
De Valencia.
Sois de humor.
De una herencia
me quedó.
Aparte.
¡Quién pudiera
desterrar los cuidados de manera,
que nunca me acordara
de mi poca ventura, y la olvidara!
Di tu nombre, mancebo.
Polilla, mi señor.
Es nombre nuevo,
y pues tu humor me agrada,
tuya es esta cadena, y bien cuidada
tu persona será.
Tu mano beso.
Queda en paz.
Id con Dios. Bueno va esto,
oh qué rico te ves, oh buen Polilla,
cuidado no se vuelva la tortilla.
Vase.
Salen Ludovico y Arnesto.
Como padre aconsejarte
en todas las cosas debo,
¡Oh, desdichado mancebo,
qué mal haces de olvidarte
de la sangre, que en tus venas
tan nobilísima corre,
dando lugar que se borre,
y que se conmute en penas!
¡Qué lastimado me dejan!
De tus crueldades,
travesuras y maldades
todos los hombres se quejan.
Todos están ofendidos
de tus malos procederes:
hombres, niños, y mujeres,
que son de mí queridos.
Ludovico, en lance fuerte,
si no procuras la enmienda,
me temo que esta contienda
me ha de entregar a la muerte.
Es costumbre de los viejos
ser cansados e insufribles;
ningunos hay apacibles,
todos con cuatro consejos
a los mozos confundiendo
andan; yo con todos hablo,
y el Predicador es Diablo.
Mas ¡vive Dios! que no entiendo
de qué mucho me riñáis,
pues no por eso he de ser
mejor, ni tengo de hacer,
Padre, lo que me mandáis.
Y así vengan reprensiones,
penas, maldición, tormentos,
crueldades y lamentos,
castigos y confusiones,
que nada mi condición
mudará, pues por ser fiera
tus lágrimas son de cera,
de acero mi corazón.
Pues, mozo desenfrenado,
¿qué pretendes de esta suerte?
¿Quieres que venga la muerte,
y te coja descuidado?
Ninguna cosa me mueve.
Padre, no seáis cansado,
bastante habéis predicado,
mas ¡que el Demonio me lleve!
Pues, hijo, si no ha de ser
esto que te digo, advierte:
no hay deuda que no se pague,
ni plazo que no se llegue.
No hay deuda que no se pague,
ni plazo que no se llegue:
son las últimas palabras
con que mi Padre se atreve
a amenazarme. Mas, ¿qué?
¿Qué amenaza me suspende,
si solo he nacido para...
Dentro.
¡Morir
debes tú!
Sale.
Mas ¿dónde voy,
si se echó por la ventana?
¿Qué enigmas aquellas son,
Guillermo?
Señor, que cuando
salió el Conde, mi señor,
de la cuadra, vi embozado
aquel felice traidor;
llámole felice, porque
dichoso su vida guardó,
escapándose del filo
de esta espada, porque, a no
echarse por la ventana,
en la punta el corazón
se trujera, aunque caduco.
Es pues el caso, Señor,
que, encubierto aquese aleve
de esa sala en un rincón,
al tiempo que vio a tu padre,
con la daga acometió
para quitarle la vida;
mas, al tiempo entrando yo,
le divertí de su intento,
y él, más que el viento veloz,
se echó por una ventana.
Yo, acudiendo a mi Señor,
que una herida penetrante
tenía en el pecho, y dos
en un brazo, le metí
en su cámara; mas no
paró aquí todo el suceso,
porque, volviendo feroz,
donde salió el encubierto,
me salieron otros dos,
al encuentro, enmascarados
y al fin uno de los dos
una pistola a los pechos
me puso, y en baja voz
me dijo: el labio no muevas,
o aqueste plomo veloz
apresurará tu vida.
adónde está tu Señor
Ludovico, pues juzgando
el que a la calle saltó,
que era Marcelo, le acomete,
mas en vano nos salió
nuestro deseo, pues ya
he sabido que no hirió
a Ludovico, y así
dinos dónde está, o si no
no cures más de vivir.
yo sin aliento, y sin voz
caí turbado en el suelo,
mas ellos con atención
juzgaron que había muerto,
de formidable pavor.
y en fin por asegurarse
saltaron por un balcón.
de esa hermosa galería,
remitiendo a otra ocasión
su venganza, o su deseo,
yo desechando el pavor,
reparé que estaba solo,
y libre de tal traición
Vuestra Excelencia, aquí me vine
sin ánimo, y con dolor
por el desgraciado lance
de Vuestro Padre, y pues hoy
el cielo os ha defendido
de tanto aleve traidor,
pon freno a las crueldades,
mudad de vida, Señor.
Vase.
todo es agüeros, y todo
me causa ya confusión
embozados en mi casa
buscándome a mí? por Dios
que si yo acierto a salir
ha encontrado mi valor
en que emplearse, y pues tan
al contrario les salió,
acometiendo a mi Padre,
entendiendo, que era yo,
y pues dicen, que hasta ahora
tan malo he sido, peor
he de ser de aquí adelante
obrando con más rigor.
Sale Theodora y Guillermo.
Advertid, Padre mío,
que podéis disponer de mi albedrío
y siempre está rendida
a todos tus preceptos esta vida.
no esperaba yo menos, mi Theodora,
más hermosa que el sol, o que la aurora,
y sabe que te digo,
que el que se ha de casar, hija, contigo,
es hombre muy atento,
modesto, muy cortés, de noble aliento
y de grande virtud, que es lo primero,
porque sin la virtud no hay hombre entero.
Es así, mas ¿qué es esto?
Voces dentro y sale Polilla.
Que murió el conde Arnelto.
¡Gran tragedia!
Parecemos los bobos de comedia.
Necio, calla,
pues en todo Matisio no se halla
quien su virtud no abone,
y en todo el mundo su valor pregone,
y sabed que no dudo,
que el natural del hijo causar pudo
el efecto de la herida,
apresurar los días de su vida,
lo que ahora es mi intento,
que se dilate vuestro casamiento,
hasta que se sosiegue
la ciudad.
Cuando llegue
a los oídos de los ciudadanos,
el cielo tomarán con ambas manos,
y porque el sentimiento ya me aguija,
en todo lo demás soy vuestra hija.
Adiós.
Vase.
El cielo os guarde.
Y tú, Polilla ingrato,
ya que te se acabó de Arnelto el trato,
di cómo, o con qué intento
entrarás de su hijo al valimiento?
Si lo quieres saber, eso está claro,
como la vida del bendito Amaro.
Es pues el caso, que muriendo Arnelto,
ítem mandó (que así lo dejó puesto)
que a Polilla le den dos mil ducados
en moneda corriente bien pagados,
y asimismo el vestido,
que me quitaron, cuando estaba herido,
y que el pan, que le den, que sea tierno,
y buen tocino magro en el invierno,
ítem con el tocino
que le den unos tragos de buen vino,
y otras muchas cositas,
que allí se toparán, si están escritas,
y más adelante dijo:
que me dejaba a cargo de su hijo.
Está bien hecho, mas es disparate,
querer que crea yo que...
Tate, tate.
Vamos al testamento,
y verá cómo salto de contento,
y saldrá de su duda,
acuda tras de mí, Guillermo, acuda.
Vamos, que yo confío,
que todo es un engaño, y desvarío.
Vanse.
Sale Celia y Margarita.
Cuál es la pena más grave
que aflige tu corazón?
Tiempo ha que lo hubiera dicho,
a permitirlo el dolor.
Mas pues tanto me importa,
he de decírtelo yo.
Como ya sabes, amé
a un mancebo de valor,
fuerte y galán, tanto que
le descubrí el corazón.
Pero, ¿que las mujeres
no nos rendimos a dos
suspiros enamorados
de cualquiera, que
llora?
Por Dios
que no te aflijas, que ya
se te anega el corazón.
Vencióme en fin, y al instante
el falso se retiró,
saliéndose de Matissio,
y con una embarcación
se fue a Nápoles, de donde
por no sé qué se ausentó:
partióse a Milán, y en ella
prósperamente gozó
los favores de una dama
noble y rica, pero no,
no fue rica, sino que pobre,
pues que falto de razón
vencida de sus afectos
hizo lo mismo que yo;
y él, porque no se perdiese
la costumbre, la dejó,
dándome aviso de todo
un criado del traidor,
testigo de las infamias,
que comete su señor.
No para aquí su cautela,
pues fingiendo que murió
un deudo suyo, dispone
volver a Matissio. A Dios le
pido venganza y al cielo,
y a ti consejo, y favor.
Celia amiga, no te aflijas,
que puesto que somos dos
mujeres, y una bastaba,
y más ofendida; yo
tengo una industria, con que...
Qué dices, dilo por Dios.
Verás tu honor vengado,
y aliviado el corazón.
Y cómo ha de ser?
Tú calla,
y en llegando la ocasión,
lo sabrás.
Alivias, alma,
y ya cesa mi dolor,
ya se aplaca mi tormento.
Y pues mañana a las dos
ha de entrar en la ciudad
el tirano de mi honor,
no te descuides, amiga.
Ven conmigo que ya estoy
de todo advertida.
Vamos.
Vanse.
Salen Ludovico, Cuadrato y Fabio.
Qué motivo te ha traído
a Matissio?
Aparte.
Aparte.
Ya, señor,
válgame aquí la cautela,
tendrás noticia, que yo
me partí a servir al rey
a Milán. Plugue a Dios
no hubiera visto sus puertas,
puesto que con grande temor,
sin saber de qué me asiste,
cuido firmemente. No
quiero encarecer mis hechos,
baste decir que el valor
se empleó con osadía.
Esto supuesto, habrá dos
años que allí entretenido
estuve, y porque murió
un deudo mío en Matissio,
cuyo heredero soy yo,
me fue preciso venir,
a tomar la posesión.
Por Dios que va bien tramada
la mentira, quiera Dios
que por tanto mal comer,
no caiga como el ratón.
A Fabio y Cuadrato.
Ya todo lo sé, Cuadrato,
y de tu grande valor
tengo noticia. Esto aparte,
venid conmigo los dos.
Y quédate tú, Polilla,
que presto vuelvo.
No, no,
no creas que ha de quedarse
Polilla solo.
¿Temor
tienes?
Le tengo, y le tuve,
y le he de tener por Dios.
¿De qué tienes tanto miedo?
Escucha, y sabráslo. Dos
meses tenía yo, cuando
la madre, que me parió,
buscó una ama, que me diese
de mamar, y prosiguió
hasta cuatro, o cinco meses;
y porque la Inquisición
la cogió en un enredillo,
me la hicieron un tostón;
otra trujeron, la cual
metía en gran confusión
el andar por chimeneas,
sin ser de albañil peón:
en fin hasta cinco amas
me trujeron, a las dos,
Dios las perdone, porque
el fuego las acabó,
yo mamando de hechiceras,
heredé tan gran pavor,
que no puedo quedar solo,
y a cada paso, que doy
tengo delante a mis amas,
mira si tengo razón,
para tener tanto miedo.
Aparte.
El hombre es de excelente humor.
Que diga un hombre, que tiene
de cuatro brujas temor,
vive Dios que si vinieran
Roldán, Hércules, Sansón,
brujos, brujas, hechiceras,
un tigre, un oso, un león,
no diera un paso hacia atrás.
¡Oh, no permitiera Dios,
que te cogieran mis amas,
para ver este valor
cómo paraba, etcétera.
En la página derecha (folio 350) aparece una extensa lista de apellidos y palabras que comienzan por las letras C y D (Carrizales, Calle, Cabezas, etc.), que no pertenece a la comedia.