Hombre (Adán)
Protagonista de la obra; representa al primer hombre expulsado del paraíso y, al mismo tiempo, a la humanidad entera en su peregrinación entre culpa, trabajo, sufrimiento y esperanza de redención.
Lope de Vega Carpio
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Tras ser expulsado del paraíso, Adán entra en un mundo hostil y descubre, desde el comienzo de la historia humana, que su culpa lo condena al trabajo, al dolor y a la muerte fuera del jardín de Dios. En su peregrinación por la tierra pasa por la casa de la Locura del mundo y cae preso de Pecado, Tiempo, Muerte y Culpa, mientras el Consuelo le anuncia, a lo largo de la historia sagrada, la futura redención. Finalmente, en clave alegórica y sacramental, el Amor divino identificado con Cristo asume la deuda del Hombre, funda la nave de la Iglesia y le promete, por el Bautismo y el Pan celestial, el fin de sus desventuras.
La obra comienza con la expulsión del Hombre del paraíso tras su desobediencia a Dios. Un querubín lo arroja del jardín y le recuerda que, habiendo sido creado a imagen divina y favorecido con una vida de eterna primavera junto a la mujer formada de su costado, perdió ese estado por dejarse engañar y atreverse contra el mandato divino. Desde ese momento, el desterrado entra en una tierra convertida para él en ámbito hostil: donde antes había flores halla espinas, y los animales, el mar, las tormentas y los elementos enteros parecen levantarse contra su culpa. En su lamento, el Hombre contempla además, como en visión o anticipación, las futuras miserias de su descendencia: guerras, ambición, injusticias, enfermedades, pleitos, codicia y muerte. Cuando su desesperación es mayor, aparece el Consuelo, enviado por Dios, que se ofrece como escudero y le anuncia que, aunque la culpa merece castigo, la historia humana no queda cerrada en la condena, pues una mujer futura vencerá a la serpiente y de ella vendrán un agua salvadora y un pan celestial que remediarán la caída.
Guiado por el Consuelo, el Hombre atraviesa diversos espacios alegóricos que representan las etapas y peligros de la vida humana. Llega primero al palacio de la Locura del mundo, reina de una casa poblada por vanidad, gula, mentira, olvido y demás engaños temporales; allí se le muestra, como en espejo, la vida mundana entregada a falsas riquezas, pretensiones, placeres y desórdenes. Después, la acción incorpora a figuras como Pecado, Tiempo y Muerte, que comentan el curso de la historia desde la creación, el fratricidio de Caín y Abel, el diluvio, los patriarcas, Moisés, los reyes de Israel y las promesas proféticas. El Hombre, ya cansado de la locura del mundo, es asaltado por Pecado, Tiempo y Muerte cuando peregrina por el valle de lágrimas, despojado y llevado preso a la cárcel de la Culpa, prisión donde están encerrados todos los hijos de Adán. En esa situación de esclavitud, el Consuelo no abandona al cautivo: le da pan amasado con sudor y lágrimas, le pone el azadón al hombro y le recuerda que su trabajo y su dolor tienen sentido porque otro Labrador divino cargará después con un peso mayor para redimirlo.
La última parte conduce desde la esperanza a su cumplimiento. Mientras el Hombre trabaja y escucha nuevas explicaciones sagradas, recibe la visión de la Virgen vencedora del dragón y descansa en la promesa de la redención. Entonces se manifiesta el “Yo soy”, identificado con Dios y con el Amor divino, que toma sobre sí el azadón y las culpas del Hombre y declara que él solo pagará la deuda, sudará sangre y se ofrecerá como víctima para liberar a los cautivos. La Culpa reconoce que Dios ha venido al mundo y la Esperanza sustituye a la antigua prisión interior. Desde ahí se evocan prudentemente los grandes hitos de la encarnación y de la historia cristiana: el nacimiento de Cristo en tiempo de Augusto, la adoración de los Reyes, la matanza de los inocentes y, sobre todo, la fundación de la Iglesia como nave segura para conducir al Hombre tras el fin de sus aventuras. En esa nave, gobernada por Pedro y defendida por doctores, mártires y vírgenes, Cristo permanece incluso cuando va a la Cruz, porque deja instituido el sacramento del Pan divino que remedia el pan ganado con sudor tras la caída. Así, la obra concluye con la derrota de la Culpa y de la Muerte en perspectiva sacramental, y con la integración del Hombre en la Iglesia, donde encuentra rescate, alimento y camino de salvación.
Protagonista de la obra; representa al primer hombre expulsado del paraíso y, al mismo tiempo, a la humanidad entera en su peregrinación entre culpa, trabajo, sufrimiento y esperanza de redención.
Figura alegórica enviada por Dios para acompañar al Hombre como escudero, explicarle el sentido de su castigo y anunciarle la futura salvación por medio de Cristo y de una mujer vencedora de la serpiente.
Manifestación redentora de Dios o de Cristo en la parte final; carga con la deuda del Hombre, anuncia su pasión y establece el remedio sacramental que culmina en la Iglesia y en el Pan celestial.
Alegoría de la culpa original y de la prisión espiritual en que queda encerrado el linaje humano desde la caída; custodia al Hombre hasta la llegada del remedio divino.
Personaje alegórico que recorre la historia del mundo desde la creación y sitúa las aventuras del Hombre dentro de un marco providencial y cronológico de historia sagrada.
Fuerza alegórica enemiga del Hombre, asociada a la caída, al robo espiritual del peregrino y a su sometimiento en el mundo.
Figura alegórica que persigue al Hombre desde su condición caída y participa en su apresamiento, aunque queda finalmente subordinada al plan redentor.
Reina alegórica del ámbito mundano y engañoso donde reinan vanidad, desorden y olvido de Dios; ofrece al Hombre una falsa posada en medio de su peregrinación.
Guardián celestial que ejecuta la expulsión inicial del Hombre del jardín y declara la justicia del castigo divino.
Figura profetizada por el Consuelo y contemplada luego en visión; se infiere con alta probabilidad que representa a la Virgen María como enemiga de la serpiente y mediadora del bien que ha de llegar al Hombre.
Espacio inicial de felicidad perdida del que el Hombre es expulsado; concentra la memoria de la inocencia, la cercanía de Dios y el origen de la caída.
Marco principal de la peregrinación humana tras la expulsión; en él se manifiestan el trabajo, la hostilidad de la naturaleza, el dolor y la condición mortal del Hombre.
Espacio alegórico donde se representan los engaños, placeres, ambiciones y desórdenes de la vida mundana que apartan al Hombre de Dios.
Prisión simbólica en la que el Hombre y, con él, los hijos de Adán quedan retenidos por el pecado original hasta la intervención redentora de Dios.
Lugar del castigo laboral y de la penitencia, donde el Hombre come el pan con sudor y donde se anuncia que Cristo asumirá ese trabajo en sentido redentor.
Espacio final de salvación colectiva; representa a la Iglesia militante que guía al Hombre por los peligros del mundo y le ofrece el remedio sacramental.
Espacio amplio y cambiante que incluye ciudades, reinos, guerras y generaciones futuras; funciona como escenario panorámico de la historia humana desde Adán hasta Cristo y la Iglesia.
La obra desarrolla la expulsión de Adán y muestra cómo la desobediencia trae consigo destierro, sufrimiento, trabajo, enemistad con la naturaleza y sometimiento a la muerte.
El núcleo de la acción conduce desde la culpa original hasta la promesa y cumplimiento de un rescate divino que solo Dios puede pagar, asumido por el Amor divino en favor del Hombre.
El auto recorre, de forma resumida y alegórica, la historia sagrada desde la creación y los patriarcas hasta la encarnación de Cristo y la fundación de la Iglesia.
La estancia en el palacio de la Locura muestra la vanidad de las riquezas, cargos, ambiciones y placeres, presentados como desvíos del verdadero fin humano.
El Hombre aparece como viajero desterrado que atraviesa peligros y pruebas en busca de remedio, imagen de la vida terrena entendida como camino incierto hacia la salvación.
La prisión de la Culpa expresa que toda la descendencia de Adán queda afectada por una herencia de pecado que el texto no presenta como superable por fuerzas humanas.
El Bautismo y el Pan celestial se presentan como remedios concretos y decisivos contra la culpa, en estrecha relación con la Iglesia fundada por Cristo.
Se anuncia y contempla a una mujer futura que vencerá al dragón; el texto permite inferir de modo probable que se trata de María, asociada al triunfo sobre la serpiente y al nacimiento del Redentor.