Artemidoro
Príncipe de Acaya, prometido por poderes con Lidaura; tras naufragar en Epito se disfraza de criado, se enamora de Leonida y acaba casándose con ella al descubrirse su verdadera identidad.
Román Montero de Espinosa
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Tras naufragar en la costa de Epito, el príncipe Artemidoro llega a la quinta del pintor Ceusis y finge ser criado para evitar su matrimonio concertado con Lidaura, hija del duque Ricaredo. En la quinta, en el monte y en la playa cercana, Artemidoro se enamora de Leonida, joven criada entre fieras, mientras Ceusis le descubre que ella es probablemente la verdadera princesa de Epito y no Lidaura. Cuando se aclara el antiguo trueque de niñas ocurrido tras la muerte de la duquesa Mitilene, Ricaredo reconoce a Leonida como hija legítima, perdona a Ceusis y autoriza el matrimonio final entre Leonida y Artemidoro.
La obra comienza con un naufragio en la costa de Epito, donde el príncipe Artemidoro de Acaya y su criado Pánsilo logran salvarse. Un gentilhombre llamado Hipólito les explica que el duque Ricaredo se halla cerca, retirado en la quinta del pintor Ceusis, adonde ha ido con su hija Lidaura para recibir al propio Artemidoro y cumplir un matrimonio concertado entre ambos reinos. Hipólito añade que Lidaura es tenida por una mujer desaliñada, loca y necia, lo que despierta en Artemidoro el temor de quedar ligado a una esposa indigna de su rango. Para evitar la afrenta de rechazarla cara a cara, decide fingir que Pánsilo es el príncipe y presentarse él como criado. Ante Ricaredo, el falso criado expone, en nombre del supuesto Artemidoro, una larga súplica para eludir el casamiento, alegando una aversión invencible al matrimonio; pero el duque descubre el disfraz, aunque lo tolera por el momento, y obliga finalmente al príncipe a cumplir lo pactado. Mientras tanto, Teobaldo, antiguo pretendiente de Lidaura, sospecha el engaño, y la acción se complica con la presencia de un misterioso retrato pintado por Ceusis y con las noticias sobre una fiera del monte, criatura de voz humana que gobierna a los animales y que el duque se propone capturar o matar.
Alojado en la quinta de Ceusis, Artemidoro contempla el retrato de una belleza desconocida y queda profundamente enamorado de la figura representada. Poco después descubre que la imagen corresponde a Leonida, la supuesta fiera del monte, una joven criada en una gruta entre animales salvajes, a quien Ceusis ha educado en secreto. Leonida y Artemidoro se encuentran, se reconocen atraídos mutuamente y ella le cuenta que vive apartada del mundo, ignorando con exactitud su origen, aunque Ceusis la ha formado en el uso de la razón y de la palabra. Ceusis, que conoce un secreto decisivo, revela a Artemidoro que Leonida es en realidad la verdadera hija de Ricaredo y que Lidaura ocupa indebidamente su lugar; por eso sostiene que el príncipe puede cumplir su palabra amando a Leonida y rechazando a Lidaura. Al amanecer, Teobaldo reta a duelo a Artemidoro por Lidaura, pero ambos descubren que en realidad ninguno desea que el príncipe se case con ella y sellan una alianza. En ese mismo momento, Ricaredo emprende una batida y prende fuego al monte para cercar a la fiera; Artemidoro se arroja con audacia al peligro para salvar a Leonida, y en el tumulto la joven preserva también la vida del duque gracias a su dominio sobre los animales. Conducidos todos a la quinta, Ricaredo empieza a advertir que la supuesta bestia es una mujer noble y extraordinaria, y queda preparado para escuchar la verdad.
En la tercera jornada se precipitan las aclaraciones. Teobaldo intenta aprovechar la confusión para conquistar a Lidaura, mientras Pánsilo sigue sosteniendo a duras penas el fingimiento. Ceusis entrega al duque una carta y, a través de un mensajero y luego en su propia presencia, se reconstruye el pasado: cuando la duquesa Mitilene murió de parto en el campo, Ceusis llevó a la recién nacida a una casa vecina; allí Florisbella, mujer con la que Ceusis había tenido relaciones y que acababa también de dar a luz, cambió por miedo y desesperación a las niñas, reservando a su propia hija y exponiendo a la infanta legítima en el monte. Ceusis, inocente del trueque inicial pero culpable de haber callado después, encontró a la verdadera princesa alimentada por una leona, la crió con el nombre de Leonida y, temiendo por la suerte de ambas jóvenes, ocultó durante años la verdad. El duque comprende entonces que Lidaura es hija de Ceusis y que Leonida es su heredera legítima; por ello reconoce a la muchacha, la declara princesa de Epito y consiente su unión con Artemidoro. Ceusis obtiene perdón, porque su falta fue de silencio y no de traición deliberada, y la acción concluye con la restitución del orden político y familiar: Leonida pasa del monte al trono, Artemidoro logra casarse con la mujer que ama, Lidaura acepta con alivio su nuevo estado y se confirma la idea central del título, según la cual puede haber culpa sin delito y, por tanto, sin pena.
Príncipe de Acaya, prometido por poderes con Lidaura; tras naufragar en Epito se disfraza de criado, se enamora de Leonida y acaba casándose con ella al descubrirse su verdadera identidad.
Joven criada en el monte entre animales salvajes y educada por Ceusis; es tenida por fiera prodigiosa, pero al final se revela como la verdadera hija del duque Ricaredo.
Pintor famoso y guardián del secreto central de la obra; crió a Leonida, ocultó durante años el cambio de identidades y procura restituirla a su lugar legítimo.
Duque de Epito y padre de la verdadera princesa; organiza el matrimonio político con Acaya, persigue a la supuesta fiera del monte y finalmente reconoce a Leonida como hija.
Tenida al principio por hija de Ricaredo y prometida de Artemidoro; su conducta excéntrica motiva el rechazo del príncipe, y al final se sabe que es hija de Ceusis y de Florisbella.
Criado de Artemidoro y pieza cómica de la trama; asume por momentos la identidad fingida del príncipe y sostiene con dificultad el engaño cortesano.
Noble pariente del duque y antiguo pretendiente de Lidaura; primero rival de Artemidoro, después se alía con él al saber que ninguno desea ese matrimonio.
Gentilhombre vinculado a la casa de Ricaredo que auxilia a los náufragos al comienzo y les informa de la situación de Epito, de Lidaura y de la fiera del monte.
Centro de la acción cortesana y del enigma familiar; allí se hospedan los náufragos, se contempla el retrato de Leonida y se preparan las revelaciones finales.
Espacio salvaje donde vive Leonida entre fieras y donde se desarrolla la batida ordenada por Ricaredo; simboliza también el ocultamiento de la verdadera princesa.
Lugar del naufragio inicial y del primer acceso de Artemidoro al territorio de Epito; conecta la peripecia marina con el conflicto político y matrimonial.
Refugio secreto comunicado con la quinta por un paso oculto; sirve para explicar cómo Ceusis protegió y educó a la joven lejos de la corte.
Espacio de legitimación pública donde el duque puede reconocer a su hija, ordenar las alianzas y restablecer el orden dinástico al final.
Lugar de control y coerción al que se amenaza con llevar al supuesto príncipe cuando el engaño parece romperse, subrayando la autoridad de Ricaredo.
La trama gira en torno al descubrimiento de que Leonida es la hija legítima de Ricaredo, mientras Lidaura ha ocupado sin saberlo el lugar que no le correspondía.
La obra examina la responsabilidad de Ceusis, culpable de haber callado y prolongado el engaño, aunque no cometió el cambio inicial de las niñas ni actuó con intención criminal plena.
Artemidoro rechaza el enlace pactado con Lidaura y solo acepta casarse cuando puede unir obligación dinástica y amor verdadero en la figura de Leonida.
Los fingimientos de Artemidoro y Pánsilo, el retrato de Leonida y la falsa identidad de Lidaura muestran un mundo dramático regido por equívocos que deben ser deshechos.
El desenlace recompone la genealogía, reconoce a la heredera legítima y asegura la paz entre Epito y Acaya mediante un matrimonio justo.
Leonida aparece formada entre el monte y la corte: criada en un espacio salvaje, conserva una nobleza innata que la educación de Ceusis hace visible y compatible con su rango.