Lisias
Protagonista de la obra. Hijo desobediente y jugador que se convierte en capitán de bandoleros y, finalmente, en penitente ejemplar gracias a la acción de la gracia y a la guía de Pafuncio.
Francisco Pérez de Borja
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Alejandría y en sus montes desiertos, Lisias pasa de hijo jugador, violento y ladrón a penitente convertido, después de arruinar y maltratar a su padre Alixio y de ser buscado por el santo ermitaño Pafuncio. La acción combina el ámbito urbano de la justicia, las deudas y la corrupción con el espacio del desierto, donde Lisias empieza a arrepentirse, ayuda a varias personas y acepta la guía espiritual de Pafuncio. En la parte final, Pafuncio convierte también a Tais, la ciudad sufre una peste y, tras la muerte santa del ermitaño, se confirma que la misericordia de Dios ha salvado a los pecadores arrepentidos y ha devuelto la paz a Alejandría.
La obra comienza con el conflicto entre Lisias y su padre Alixio, un viejo honrado de Alejandría que intenta corregir la vida desordenada de su hijo. Lisias, entregado al juego, al despilfarro y a la insolencia, rechaza toda amonestación moral y religiosa, dilapida la hacienda paterna y llega a robar dinero de la casa para seguir jugando con sus compañeros. Cuando Alixio, desesperado, lo maldice por su conducta y pide que Dios lo castigue si no se enmienda, se produce un violento accidente que parece confirmar la intervención de la justicia divina. Lejos de arrepentirse, Lisias golpea a su padre, huye de la ciudad y decide hacerse capitán de bandoleros. Paralelamente, la acción presenta a Pafuncio, santo ermitaño retirado en el desierto, a quien un personaje de índole diabólica intenta apartar de la humildad y de su retiro; un ángel le muestra entonces ejemplos alegóricos sobre el peso del pecado, la vanidad de la hipocresía y los lazos con que Satanás caza a los hombres. Finalmente, por revelación divina, Pafuncio entiende que debe ir en busca de Lisias, pues de manera sorprendente ese pecador está destinado a convertirse.
En Alejandría se agravan las consecuencias públicas de las faltas de Lisias. Su padre, arruinado y perseguido por deudas, es llevado preso; aun así, sigue perdonando al hijo que lo ha destruido. El Exarco Rugerio, magistrado de la ciudad, oye las quejas contra Lisias, ya convertido en famoso salteador de caminos, y ordena su persecución. A la vez, Rugerio se deja arrastrar por una pasión amorosa deshonesta hacia Fausta, mujer casada cuyo marido está preso por deudas, e intenta servirse de su poder para ganarla; Fausta, aunque acude a pedir justicia, se mantiene honrada y remite toda decisión a su esposo. Mientras tanto, en el monte, Lisias continúa con su cuadrilla de ladrones, pero empiezan a aparecer en él signos de mudanza: primero ayuda a una mujer desesperada que quiere ahorcarse, dándole con qué rescatar a su marido encarcelado; después libra a una joven destinada a ser monja del peligro de deshonra y la devuelve con dote a su convento. Aun sin comprender del todo lo que le sucede, comienza a examinar su vida y a reconocer la gravedad de sus pecados. En ese momento se encuentra con Pafuncio, que iba disfrazado para buscarlo; el ermitaño lo escucha, confirma que Dios lo llama, le revela que su conversión ha sido dispuesta por el cielo y logra que Lisias abandone la vida de bandolero para seguirlo al desierto, donde el antiguo delincuente inicia una penitencia humilde y obediente.
En la tercera jornada la obra muestra el progreso espiritual de Lisias junto a Pafuncio, aunque el demonio continúa acosándolo con tentaciones, visiones y desesperación. El antiguo ladrón persevera en la penitencia y aprende que solo la humildad puede vencer al enemigo. Al mismo tiempo, Pafuncio recibe una inspiración semejante a la anterior y se dirige a convertir a Tais, famosa cortesana de Alejandría. Disfrazado de galán, entra en su casa, finge cortejarla y, una vez a solas, le dirige una extensa exhortación sobre el pecado, la misericordia de Cristo y la necesidad de penitencia pública. Tais se arrepiente de veras, quema en la plaza sus riquezas, vestidos y joyas, y se retira al desierto, causando admiración en toda la ciudad. Poco después Alejandría sufre una peste y se organiza una procesión para pedir remedio en la ermita de Pafuncio; allí llega Lisias, ya reconciliado con su padre, precisamente cuando se conoce la muerte santa del ermitaño. Ante su cuerpo glorificado, un mensajero celestial o visión angélica declara que la peste cesa por la intercesión conjunta de Pafuncio, san Dimas y Magdalena, figuras con las que quedan asociados Lisias y Tais por su conversión. La comedia concluye así exaltando el perdón de Alixio, la transformación del bandolero en penitente y la eficacia salvadora de la gracia divina sobre los pecadores más extremos.
Protagonista de la obra. Hijo desobediente y jugador que se convierte en capitán de bandoleros y, finalmente, en penitente ejemplar gracias a la acción de la gracia y a la guía de Pafuncio.
Santo ermitaño del desierto, modelo de humildad y director espiritual de la acción salvadora. Convierte a Lisias y a Tais y muere con fama de santidad.
Padre de Lisias, viejo honrado de Alejandría que sufre la ruina, los golpes y la prisión por culpa de su hijo, pero persevera en perdonarlo y ocupa un lugar decisivo en su futura redención.
Cortesana famosa de Alejandría que, tras la predicación de Pafuncio, abandona su vida pasada, quema sus riquezas y se convierte en penitente.
Exarco o alto magistrado de Alejandría. Interviene en la persecución de Lisias, en pleitos civiles y en la respuesta pública a la peste; además, su deseo por Fausta muestra una vertiente de corrupción moral.
Mujer casada de gran belleza cuyo marido está preso por deudas. Defiende su honra frente a las insinuaciones y manejos de Rugerio y de su entorno.
Adversario espiritual de Pafuncio y de Lisias. Tiende lazos, fomenta tentaciones y procura impedir la conversión de los protagonistas.
Marco urbano principal de la obra. En la ciudad se sitúan la casa de Alixio, los tribunales, la prisión, la vida cortesana y el desarrollo de la peste final.
Espacio decisivo de transformación espiritual. Allí viven los ermitaños, actúa la banda de Lisias y se produce su conversión bajo la guía de Pafuncio.
Lugar de retiro, penitencia y enseñanza religiosa, convertido al final en centro de peregrinación y de remedio para la ciudad enferma.
Espacio operativo de los asaltos de Lisias y su cuadrilla, donde también aparecen sus primeros gestos de compasión y el comienzo de su mudanza.
Ámbito de la vida mundana y pecadora de la cortesana, transformado en escenario de su amonestación, arrepentimiento y cambio de vida.
La obra muestra cómo un hombre hundido en el juego, la violencia y el bandolerismo puede ser transformado por la gracia divina y por la penitencia.
El título y la acción insisten en que Dios ampara incluso a quienes parecen más perdidos, siempre que haya arrepentimiento verdadero.
El conflicto entre Lisias y Alixio presenta las consecuencias de la desobediencia al padre y el valor redentor del perdón paterno.
Pafuncio enseña que la humildad es el arma principal contra el demonio, mientras que la soberbia abre el camino al engaño y a la caída.
Tanto Lisias como Tais no solo sienten dolor interior por sus culpas, sino que cambian de conducta y reparan externamente el escándalo causado.
La obra contrapone las prisiones, procesos y castigos del orden civil con una justicia superior que corrige, castiga y salva según el designio de Dios.
En Alejandría aparecen el juego, la codicia, la prostitución, los abusos de poder y el interés económico como males que afectan a la vida social.