> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los famosos hechos de Mudarra. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-famosos-hechos-de-mudarra.
La gran comedia de los famosos hechos de Mudarra, en la cual entran las figuras siguientes: Mudarra, el Rey Almanzor, el Rey de Segura, Axa, Zayda mora, Ruy Velázquez, Doña Lambra, Gonzalo Bustos y sus criados, dos criados del Rey Almanzor, dos pastores.
Jornada primera donde sale el Rey Almanzor y el Rey de Segura y Axa mora
Gustase bien la comida
cuando es en conversación.
Sí, mas hubo una ocasión
que fue un poco desabrida,
que ni fe deja vencer
ni ablandar de su dureza.
No por eso vuesa alteza
vi que dejó de comer.
Comí con tan rica palma
que en el gusto que sentía
solo el cuerpo sustenía,
mas moría de hambre el alma.
Asiéntese vuesa alteza
como mayor y mejor.
No usa el Rey Almanzor
carecer de su grandeza.
Asentaos, Rey Aliatar,
no aguardéis a ser postrero,
porque en mi corte no quiero
la ley antigua quebrar,
que es prevaricada ley,
que a ningún rey en mi corte
no se le quiebre ni acorte
la ley que tuvo otro rey.
No se ha de sentar ninguno
primero que vos delante.
Más vale ser ignorante,
Rey Almanzor, que importuno.
Axa, llegaos a sentar.
No es razón, rey, que me siente.
Habiendo ese inconveniente
me volveré a levantar.
¿Ha gustado de las frutas,
Aliatar, rey de Segura?
Sola una hallé dura,
las demás buenas y enjutas.
Comido he muy a sabor,
de la comida he gustado.
Nunca mi alma ha gozado
de otra comida mejor.
El alma no ha menester
comer, que sola es de Alá.
Eso fuera ahora acá
si yo lo pudiera hacer.
Que tanto me desvelara
en procurar por esta alma,
que como alma de otra alma
a otro cielo la llevara.
Muy gracioso ha estado el brío,
con almas trabáis debate.
Es mucho que un cuerpo mate
teniendo un cielo por mío,
cielo que me mueve a guerra,
y guerra que causa paz,
y es tan serena y capaz,
que a la paz derriba en tierra.
No pensé que eran los reyes
de aquella tierra tan sabios.
Bien saben vengar agravios,
con quien quebrantan sus leyes.
Como a mí no me dan parte
de plática tan subida,
tendrála por desabrida
vuesa alteza la más parte.
¿Es acaso aficionado
vuesa alteza de algún juego?
A solo uno que yo juego
soy por él amartelado.
Es juego de mucha estima,
aunque pierdo cada vez.
¿Es dados o es ajedrez?
Ajedrez, que es cosa prima.
No lo sé mucho jugar,
mas Mudarra jugará,
que juega bien y podrá
con vuesa alteza jugar,
que le juega algunas veces
cuando hay tan buena ocasión.
Juégale con discreción.
Tal me han dicho los jueces.
Es jugador cortesano,
juega con mucha crianza,
y es a lo que se me alcanza,
muy diestro en poner la mano.
Pues sabed, rey Almanzor,
que después que aquí me veo,
tengo infinito deseo
de ver un buen jugador.
Y jamás hombre nacido
se animó de jugar,
que no le tengo de dar
algún poco de partido.
A Mudarra me llamad.
Yo voy con presteza luego,
sin en cosa dilatar.
¿No fuera bueno jugar
a otro cualquiera juego,
que ese juego es muy pesado,
a mi gusto, y enfadoso?
Otro más dificultoso
juego, yo no le he jugado,
y si al cabo de jugar
pudiera el juego vencer,
yo me dejara vencer,
que perder fuera ganar.
Aquí sale Mudarra solo y dice.
¿Qué me manda vuesa alteza
que me ha enviado a llamar?
Mudarra, habéis de jugar
con el rey, que os da una pieza;
quiere, pues hay coyuntura,
dos juegos con él juguéis.
Mirad lo que respondéis.
Juegan mucho allá en Segura.
Por eso se os da partido,
por saber tanto jugar.
Pues no le quiero tomar,
que yo nunca le he pedido;
que es mi jugar natural
sin ventaja, cierto y llano.
por un igual, mano a mano,
y sin ella, tal por tal.
Si vuesa alteza me gana
con partido, es clara cuenta
que si hoy pierdo, me es afrenta
y aunque ganase mañana.
Juego por este nivel,
que gusto más, sin partido,
que sepan que yo he perdido,
que no que gano con él.
¿Qué prendas se han de jugar,
para que se alcance palma?
Las prendas que son del alma,
y que se puedan llevar.
Mucho precio me parece,
Mudarra. ¿Qué pretendéis?
¿Tanto del juego sabéis?
Antes nunca me apetece.
Ahora bien, venga el tablero,
que quiero jugar un rato.
Medrarán con el barato
los pajes, si no hay dinero.
Ya está puesto, gran señor.
Bien podemos comenzar.
¿Quién nos tiene de juzgar?
Axa, y el rey Almanzor.
Nunca se vio a hombre tener
mano tan suelta y discreta.
Mudarra, el juego sujeta
vuestra alteza y ha de perder.
Tendrá su esperanza vana
quien del juego no se acuerde,
que pierde mucho el que pierde,
y gana mucho el que gana.
Como esta dama, que es mía.
Como de otra no comáis,
de esa muy poco sacáis,
que este roque os la desvía.
¡Aquesa treta bastarda,
no de jugador sutil,
cercarme con el arfil
sin poder hacerle guarda!
Pues no puede este caballo
quitárseme a mí por justo.
No juega el rey a mi gusto,
y ya casi estoy por dejallo.
Y esta dama el juego ataja.
Otra dama debe haber
que lo supiera entender,
que juzgara esa ventaja.
Y juegue vuesa alteza al uso
que suele jugar un rey.
Yo juego juego de ley.
¿Y aquesa ley quién la puso?
Y si vuesa alteza me empata
y este caballo sujeta,
es falsa suerte y estreta.
Basta, que el rey desbarata.
Y yo juego de la manera
que cualquiera jugador,
y nadie juega mejor.
¡Oh, quién aquí no estuviera!
Ya me pesa de jugar
con jugador tan pesado.
No seáis desvergonzado.
Hémonos de reportar.
Descomponéisos, villano,
delante do están dos reyes.
Descompóngome a las leyes
que juegan con falsa mano.
Juega con engaño y trama,
no debe saber con quién.
Hame de tratar muy bien
quien a su juego me llama.
Y que juego solo se juega
por juego y por la verdad;
y un rey no juegue maldad,
que no es juego lo que juega.
Y se juega en esta sala
muy reportado y sin furia,
yo no soy rey, mas la injuria
con quien me enoja me agravia.
No se puede aguardar más,
ya están puestos en calor;
yo me voy, rey Almanzor,
que esto pasa de compás.
A ti, lengua desenfrenada,
bárbaro, bajo, sin ley,
¿quieres te poner con rey,
hijo de ninguno o nada?
Mande callar vuesa alteza,
mire que soy caballero,
que irán piezas y tablero
rodando por la cabeza.
Dale Mudarra con el tablero en la cabeza, y pone mano a la espada.
¡Ay, que me ha muerto el traidor!
Aguarda, perro villano.
Mirad que tengo en la mano
la espada, rey Almanzor;
nadie vaya contra ella,
porque, por la fe de moro,
pierda el respeto y decoro
a quien tengo de tenella.
Pues, traidor, ¿en mi presencia
no hay más respeto y cordura?
No sufre la coyuntura,
rey Almanzor, más paciencia.
Llegad y prendelde a brazos.
Villanos, ¿de qué teméis?
Teneos, perros. ¿Queréis
que os haga a todos pedazos?
Si aqueste agravio, infamia y deshonor,
supremo rey, no tomas a tu cuenta,
bien te podrán decir, rey Almanzor,
que traidores tu pan y agua sustenta;
y pues no se respeta el tu valor,
que el mío se aniquile no es afrenta;
afrenta te es a ti, deshonra y reto,
si a reyes en tu corte no hay respeto.
Yo os prometo, Aliatar, rey, de segura,
que siento de este agravio, agravios tantos,
que no puedo de rey tener cordura,
y aquesto sabe Alá del cielo santo;
y que en el alma siento esta locura,
y estoy de ello agraviado tanto cuanto
vos lo podéis estar, y en tanto grado,
que más que vos me siento yo agraviado.
Mas yo daré remedio tan bastante
con que, rey, os venguéis de tal injuria;
dejadle sosegar, pase adelante,
en tanto que se pasa aquesta injuria,
que agora está muy bravo en este instante
con pecho endemoniado, mala furia;
entremos, curaráse vuestra alteza
del golpe que le ha dado en la cabeza.
Aquí se entran los dos reyes y criados y sale Zayda con un criado, y dice:
¿Qué me dices, que ha herido
Mudarra al rey Aliatar?
Yo te he dicho la verdad,
que palabra no he mentido.
No siento con este hijo
de qué manera valerme,
ni lo que pueda hacerme,
y el rey, mi hermano, es prolijo.
es muy grande la herida
hasle visto tú curar
dicen que le ha de costar
según donde está la vida
aquí entra mudarra y se sale el criado. quedando solos. hijo y madre
Importa enemiga madre
por la ocasión en que estoy
saber hijo de quién soy
quién sois vos y quién mi padre
que no es bien se atreva alguno
sin saber lo que me obliga
y un Rey bárbaro me diga
que soy hijo de ninguno.
Si yo no soy caballero
por qué tengo de asistir
donde me puedan decir
que soy villano grosero.
si yo nací entre villanos
do no ay galas ni deporte
no me deshonra en la corte
vestirme trajes galanos.
hase de tomar mi intento
conforme a lo que me obliga
ya por lo que un Rey me diga
ya por mi buen pensamiento.
quiero saber lo que valgo
y a do llega el punto mío
si soy moro o soy Judío
caballero o hijodalgo
si yo soy de buena madre
su honra y la mía defiendo
aunque yo para mí entiendo
que soy hijo de buen padre.
y puesto que no tenga padre
o no le aya conocido
bástame haber yo nacido
y ser vos madre mi madre
declaradme vuestro pecho
antes que de aquí me vaya
sino queréis que en mí aya
género de algún mal hecho
sosiega tu saña y ira
hijo de mi corazón
y desa cólera y pasión
de tu pensamiento tira
que como querida madre
que de mi vientre has salido
Sabrás, hijo muy querido,
el suceso de tu padre;
no serés de estirpe villano
ni de baja sangre y grey,
que un tío tienes por rey
al cual tengo por hermano.
Y aunque el aliento y memoria
no me da mucho lugar,
tomaré para contar
aliento en aquesta historia.
Larga será y aun pesada
para el enojo en que estás,
mas yo lo diré lo más
que yo pudiere abreviada.
No os dé pena, madre amada,
ni de nada os receléis,
que con mucho amor seréis
de vuestro hijo escuchada;
y que, aunque me pone en aprieto
el enojo, sé entender
que es obligación tener
a nuestros padres respecto.
Pues que con razón te pones,
hijo, a escuchar mis arengas,
yo te suplico que tengas
grato oído a mis razones,
que puesto que tengas madre,
y que yo tu madre soy,
por nueva cierta te doy
que tienes padre, y buen padre,
y es para atajar disgustos,
a todo lo bravo y fiero,
un cristiano caballero
llamado Gonzalo Bustos.
Es un hombre castellano
que allá en medio de Castilla,
en Barbadillo, una villa
suya, estaba muy ufano.
Vino a estar en esta tierra,
para abreviar mi razón,
por una falsa traición
que le armaron en su tierra.
Un cuñado propio suyo
a Córdoba le envió
con una carta que le dio
y un falso recado suyo,
diciendo que con presteza,
visto el recado y leído,
sin serle más concedido,
le cortasen la cabeza.
Mas mi hermano con pasión
aunque en la carta estudió
En su consejo se ordenó
que le metiesen en prisión,
y porque mejor te cuadre
la hermana de este traidor,
doña Sancha de Valor,
fue casada con tu padre,
y tuvo bravos y triunfantes
Gonzalo Bustos tu padre
siete hijos de esta madre
llamados los siete infantes;
y estos, cuya historia clara
decirlos temor encierra,
los llamaban en su tierra
los siete infantes de Lara.
Y mas la fortuna contraria,
que nunca puede estar queda,
movió su voltaria rueda
y fue cruel y adversaria.
Pues, madre, ¿qué se hicieron
esos hermanos carnales,
siendo tantos principales?
¡Ay hijo, todos murieron!
Y al rey Almanzor, mi hermano,
con industria muy villana
en campos de Arabiana
los entregó aquel tirano,
diciendo que en su favor
sobre Almunaza venía
a ganar la que tenía
mi hermano el rey Almanzor.
Pues, ¿qué le pudo mover
o por qué tan gran traición?
Dar contento al corazón
de su mal hadada mujer,
y porque sepas mejor
estas angustias y penas,
tu padre estuvo en cadenas
por causa de este traidor.
Y bajó su prisionera,
y él de mí fue regalado,
y en la prisión engendrado
fuiste tú de esta manera.
Y rogué al rey que le sacase
un día de la prisión
doliéndome de pasión
para que le rescatase.
Y mi hermano con asperezas
no dejó de conceder,
y convidó a comer
hizo con ocho cabezas.
Esas cabezas declara
cuyas eran, no te espantes.
Serán de los siete infantes,
los siete infantes de Lara.
Pues si siete serán ellas,
¿cómo ocho en saco?
Del ayo que los crió
será hijo la otra dellas.
Y el nombre de ese mal hombre
¿no sabréis, madre, decillo?
Sé que vive en Barbadillo,
Ruy Velázquez ha por nombre,
y doña Lambra, sin mentir,
la llaman a su mujer,
que es quien los hizo vender
y los trajo aquí a morir.
Y no me pesa que sea cierto
como decís que lo ha sido,
sino el saberlo tenido
en vuestro pecho encubierto.
Rayos del cielo, ¿qué hacéis
que sin favor ni remedio
no abrís mis carnes por medio,
centellas que os detenéis?
Fieras del campo, alimañas,
osos, tigres y leones,
vengad vuestros corazones
en fruto de mis entrañas.
No tenéis que dilatar,
que
que os las daré por mi gusto,
y podrán a vuestro gusto
serviros hoy de manjar.
Contigo tengo de verme,
verdugo de mis hermanos,
y con estas propias manos
tengo de satisfacerme.
Y no hay para qué más se trate
en esto, madre querida,
sino solo en mi partida,
sin que en nada se dilate.
Pues, hijo del alma mía,
¿tan presto de mí te extrañas?
No dejes en mis entrañas
tanto dolor y agonía.
¿Y no me dejarás que al Rey
le hable, y dé cuenta dello?
No está el Rey para sabello,
y yo no he menester Rey.
Y no quiero con tal deshonra
vivir en tal confianza,
pues que en solo mi venganza
consiste ahora mi honra.
Pues no hay poder resistillo;
hijo, no puede ser más;
este anillo llevarás
a tu padre en Barbadillo.
y ten muy gran cuenta con él,
sin que por ti sea perdido,
porque has de ser conocido
solo por las señas dél;
que cuando la anticipada
honra mía aventuró,
cuando tu padre se fue,
quedé en seis meses preñada,
fue con esta condición,
que el fruto que de mí obiese
aqueste anillo le diese
si acaso fuese varón;
este por mí llevarás
después de mi bendición.
Yo estimo mucho tal don;
ya, ¿qué se aguardo? no más.
Voy con tan justa razón,
que para él quedar vengado
basta el haberme vos dado,
madre, vuestra bendición.
Con esto os podéis entrar
a vuestro recogimiento,
y perdonar, que al momento
al mío me voy a armar.
pues
Pues juntos quiero que vamos,
y antes que de mí te partas
te quiero dar unas cartas.
Muy en hora buena vamos.
Jornada Segunda, en la cual sale Ruy Velázquez, y una criada.
¡Oh, cómo me he detenido!
Mucho me ha engañado el sueño,
mi palabra y fe te empeño
que nunca tanto he dormido.
¿Por qué no me has despertado,
Claudina, antes desta hora?
Doña Lambra, mi señora,
señor, nunca me ha dejado,
que dice que está enfadosa
con aquesta montería.
Lo que a mí me es alegría
a ella es pena rabiosa;
pero no hay hacer desdén
ni que se le contradiga,
pues lo que a esto la obliga
es solo quererme bien.
Ve al zaguán de los caballos.
Y a los mozos con cuidado
mira si no han despertado
procura de despertarlos.
Y aquel caballo overo
tráiganlo luego ensillado
que es muy bueno y bien tallado
corre veloz y ligero.
Sale doña Lambra y dice.
De manera mi señor
Ruy Velázquez de mi alma
que lo que a vos os da palma
a mi disgusto y temor.
Y que todo lo más del año
uno y otro cada día
todo es caza y montería
por cierto que sois extraño.
Tan grande contento siento
doña Lambra cuando voy
tan contento en ella estoy
que toda ella me es contento.
No niego yo que es
contento el correr la caza
mas a las veces se traza
ser las cosas al revés.
Y no me has venido a contarlo
por suma vuestro contento
el traer cada momento
menos de caza un caballo.
No niego vuestra intención
doña Lambra en esta parte
y digo que tenéis parte
y en parte mucha razón.
Mas es contento a la tarde
el ver el garzo correr
y cómo se va a esconder
el conejillo cobarde.
Y ver cuando el sol se pone
la ligera cerbatilla
que al viento menor se humilla
y a mi rigor se antepone.
Y contento es ver el halcón
con el águila caudal
defenderse cada cual
que es cosa de admiración.
Y la liebre veloz, ligera
que tras ella corra y salvo
ver como la muerde el galgo
al alcance antes que muera.
Y cuanto más que hay otras cosas
muchas en caza que ver
que son más de encarecer
jamás los gustos gustosos.
Quisiera ser cazadora
según me lo encarecéis.
Sola una caza tenéis
bien mal cazada hasta agora;
aunque bien decir podré
que si vos distes la traza,
yo fui quien llevó la caza
al punto do la maté.
Siempre se os ha de acordar
de aquellos falsos malignos.
Fueron, al fin, mis sobrinos,
no hay de qué maravillar;
cuanto y más, que sabéis vos
más de lo que referís.
Pues tanto lo repetís,
idos a caza, andad con Dios.
Reportaos, señora mía,
pues tan presto os enojáis.
Sí, porque me recordáis
enemigos cada día.
No digo yo siete infantes,
pero a veces suele haber
un enojo por perder
un criado, un par de guantes.
Bien está, basta, señor,
tratad con vuestro contento;
sepulta ese pensamiento
que yace seco y sin flor.
Bien en eso estoy propicio,
mas hase de conocer,
Doña Lambra, que ha de haber
cuenta el día del juicio;
y como al mío se ofrece
a veces, de cuando en cuando,
aunque quiero irlo olvidando,
en el alma reverdece.
Aquí sale un criado y dice:
Señor, ya están a la puerta
los perros y los azores,
y todos los cazadores.
La caza tenemos cierta.
Sopla, que es muy gran descanso,
por esa parte de arriba,
por do la caza se priva,
un céfiro fresco y manso.
Sale otro criado y dice:
Señor, a la puerta tiene
el morcillo y el overo.
Pues vámonos, que no quiero
aguardar, porque el sol viene.
Con esto me voy a armar.
Doña Lambra, a mi aposento
entraos y tomad contento,
idos al vuestro a reposar.
No bajéis, señor, armado,
ni llevéis aquesa carga.
Muy más al hombre embarga
no ir su persona a recado.
Mi venida será corta,
mañana no tengáis pena,
quedad muy enhorabuena,
que me voy por la otra puerta.
Vase Ruy Velázquez y quédase doña Lambra y dice.
Cierto que nunca ha salido
Ruy Velázquez tan sin gusto,
tan desgraciado y disgusto,
después que le he conocido.
Que de palabras y cosas
que me ha tratado y quimeras,
unas todas verdaderas
y otras un poco dudosas.
Pero yo me quiero entrar,
ven, Claudina, tras de mí.
Señora, yo lo haré ansí,
que en todo te he de agradar.
Éntranse y salen dos pastores.
Pardiez, que entiendo, Gil Llano,
que esperará el mayoral
que de una tardanza tal
no hay que sospechar en vano.
Pardiez, que habrá de reñir,
mas no tengo yo la culpa,
que nuestro amo me disculpa,
que no me dejó venir.
Mas caminando de prisa
no sentirá aquesa falta,
por aquella senda alta
llegaremos más de prisa.
Sí, que por aquesa loma
que es camino que allá van,
escucha, que muy galán
un caballero ahí asoma.
Y él debe de andar perdido,
bien será que le aguardemos.
Bien, y que le encaminemos,
pues a tal tiempo se ha venido.
Aquí entra Mudarra y dice.
Por las señas que me han dado
del pueblo do partí hoy,
sin duda alguna que voy
con el camino errado.
Cómo cansa y desatina
al hombre, y cómo le atierra,
verse por ajena tierra
sin saber por do camina.
La yegua traigo perdida,
hecha doscientos pedazos
de saltar por los ribazos,
cansada, y no bien comida.
Por cierto, no hay que dudar
que con gran razón se diga,
que es enfadosa fatiga
aquesta del caminar.
La noche se va acercando
y Febo sus lumbres bellas
se las quitan las estrellas
que van el cielo adornando.
Mas paréceme que veo
en aquella parte gente;
está, si el ojo no miente,
o no me engaña el deseo.
Yo quiero irme acercando,
sin duda que son pastores,
nora buena estéis, señores,
responded, ¿qué estáis dudando?
Que gente es de paz segura,
no tengáis de qué temer.
Señor, no se suele ver
por acá esa vestidura.
Como así os vemos, señor,
de aquesa suerte vestido,
nos ha a los dos parecido
más misterio que temor.
Mas decid lo que buscáis,
no os detengáis en decillo.
El camino a Barbadillo
busco, pues lo preguntáis.
¿Por Barbadillo pedís?
Vais muy fuera de camino.
Pues, ¿no podríamos a tino
salir allá, si os servís?
Que, a ir, yo digo, pudiera,
esta noche allá llegar,
holgara de os lo pagar,
después que os lo agradeciera.
Pardiez, aunque vos nos deis
esta noche un buen caballo,
no hemos de ir a enseñallo,
quedaos acá si queréis.
No tengáis vos mi cuidado.
Pues ¿qué quiere que le diga?
Es verdad que a mucho obliga
ver a un hombre en despoblado.
Yo os agradezco en verdad
ese buen pecho, pastores,
porque es más que de señores
esa larga voluntad.
Muy bien puede aquesta noche
quedarse acá en nuestra aldea,
que es cerquita, y no hay do sea
mejor lugar de hacer noche.
Pardiuz, señor, que le demos
dos mil cosas que cenar.
Muy bien se puede quedar,
que a fe que le regalemos,
y que esta mañana maté
en mi casa un cabritillo.
Yo un mamante corderillo
tengo para su merced,
y para aquesta conseja
también buscaré qué dalle.
¡Pardiobre!, que se dé matalle
a más gorda y linda oveja.
No soy tan gran comedor,
que traigo el pecho opilado,
y hasta vello descansado
no tomo en nada sabor.
Pero vuestra compañía
me obliga solo a quedarme,
con que mañana a enseñarme
me vayáis, en viniendo el día.
De eso, muy de buena gana,
de grado, señor, lo haremos,
y en el camino os pondremos
en viniendo la mañana.
Entranse y sale Ruy Velázquez.
Cansado ya de andar por el fragoso
montecillo, de encinas rodeado,
viendo que el sol se muestra tan furioso,
robusto, quemador y acelerado,
de sus caballos huyo presuroso,
aunque el mío no está muy descansado,
y en una y otra parte busco asiento
donde poder tomar algún aliento.
La enredada montaña, nuevas flores
el demasiado fuego las marchita,
perdiendo por el matiz de mil colores
que la fuerza del sol las roba y quita.
Perdido soy de gente y cazadores,
no me valen las voces y la grita
y ansina de cansado busco asiento
donde poder tomar algún aliento
y ya no puedo más andar
que el cansancio me sujeta
tanto me aprime y aprieta
que me he venido a apear
y no sé por dónde me vaya
todo me cansa y asombra
quiero llegarme a la sombra
que está debajo aquella haya
y porque no sienta carga
mi mala disposición
dejo colgada al arzón
mientras reposo la adarga
y la lanza que es consuelo
y muralla de mi honra
porque allana la deshonra
la dejo hincada en el suelo
y pues ya está todo hecho
y nada se me reserva
vos, larga y tendida yerba
podéis servirme de lecho
y vos, mano delicada
no enseñada a esta aspereza
seréis para la cabeza
esta vez blanda almohada
quiero aquí pegar los ojos
mas no podré reposar
que he dado en imaginar
mil variedades de antojos
e imagino un no sé qué
que me aflige el corazón
de la maldad y traición
que tan sin causa inventé
¿habráse visto hazaña
más mala y quedar yo salvo
ni tal invento, hidalgo
después que España es España?
no fue tan cruel Nerón
cuando vio que Roma ardía
que por ventura tenía
algún poco de razón
en muchas cosas repara
mi insolencia y desatinos
¡oh, sobrinos, mis sobrinos
los siete infantes de Lara!
en qué extremo y punto dieron
que para guardar su honra
con tan notable deshonra
a doña Lambra ofendieron
pero tuvieron razón
en la cometida ofensa
pues para su recompensa
con las cabezas pagaron
Quiérome aquí recostar,
pues es lugar conveniente,
por si alguna de mi gente
me viene acaso a buscar.
Sale Mudarra con los pastores
Señor, por aquella flecha
que junto a aquel cerro estriba,
subiréis la cuesta arriba
camino de mano derecha.
Y en llegando allá a un cerrillo
que está una legua de aquí,
luego veréis desde allí
las torres de Barbadillo.
¿En fin no puedo perdelle?
No, juro a la vida de Dios.
Sea, señor, vaya con Dios,
mire que somos de graballe.
Yo os prometo, si allá vais,
de os pagar la cortesía.
Sigue, señor, esa vía.
Muy enhorabuena vais.
¡Cuánto debe el hombre a Alá!
No sé quién su poder duda,
Pues que acude con su ayuda,
y al mejor tiempo ha dado.
Anoche me vi perdido
y con tantos sinsabores,
y aquellos buenos pastores
me han regalado y servido.
Pero si de justo hecho
aquí se trajo victoria,
tendré siempre en la memoria
esta merced que me han hecho.
Por las señas que me dieron
habré andado por compás
una buena legua o más
después que de mí partieron.
Y por poder alentar,
y acaso por ser en siesta,
antes de subir la cuesta
me quiero un poco asentar.
Y antes que más lejos vaya,
por mi gusto saber quiero
más quién es un caballero
que está debajo aquella haya.
Hombre de suerte parece,
que está bien aderezado,
y aun a lo que entiendo, armado
de todo lo que se ofrece.
No sin causa mi caballo
se altera, que veo allí bajo.
por aquella cuesta abajo
un caballero a caballo.
Sin duda que es caballero
no es menos de lo que digo
mas si fuese mi enemigo
O alah, tu favor espero.
Ha me dado de repente
como una imaginación
porque siempre el corazón
en las menos cosas miente.
Por si a caso voy perdido
o sino me he de llegar
y le he de preguntar
aunque sea descomedido.
Mantengaos Dios, buen hidalgo,
perdonad mi atrevimiento.
Yo lo recibo en contento
empero mas que eso valgo.
Bien se muestra caballero
en vos esa bizarría
mas lo que es de cortesía
lo encubre el ser forastero.
Y yo un hombre caminante
que no conozco la tierra
y la gente a voces yerra
so condición de ignorante.
Y asi por haberlo sido
me pesa, y en tanto grado
que si he sido mal mirado
seré bien arrepentido.
No os de pena caballero
que no por yo valer poco
ni menos me tengo en poco
que me llaméis escudero.
Y que como de mi queráis
saber lo que soy, y quien
yo os daré la cuenta bien
para que os satisfagáis.
Pues no para deserviros
señor, ni porque sé el nombre,
pero gustaré del nombre
que teneys para serviros.
Y recibiré cierta palma
saberlo en esta ocasión
como deseo salvación
y gloria para mi alma.
Y es que voy en cierta duda
y a caso habré menester
un amigo en quien tener
por ser forastero ayuda.
poco os importa decir
nombre en lo que puedo hacer
no más de para saber
a quien tengo de servir
y al que tanto se os declara
es que quiere ser amigo
yo me llamo don Rodrigo
o Ruy Velázquez de Lara
y porque os dije de antes
ser más alto mi apellido
sabed señor que he tenido
por sobrinos siete infantes.
y no porque yo me doy
nada que lo preguntéis
sino solo porque estéis
satisfecho de quién soy
por cierto buena razón
y por tal la firmo y pruebo
porque ha días que deseo
saber la satisfacción
y esos hermanos que fueron
o son o están ahora juntos
o son acaso difuntos.
por mis pecados murieron
altísimo don del cielo
por sobrinos siete infantes
serían bravos y triunfantes
en las hazañas del suelo
serán tanto que no había
en la tierra donde estaban
que no se les igualaban
en galas ni en bizarría
por cierto gallarda suerte
el tiempo que los gozaste
pero di como dejaste
al otro de darle muerte
murieron por tus pecados
dijiste buena razón
pero entiende que no son
hasta hoy día perdonados
por tanto escucha y advierte
de que te alteras villano
que yo soy también hermano
de esos que trazaste muerte,
y el que de aquesos fue padre
que tu traición le vendió
sabrás como me engendró
en Zayda mi moza madre
Ya tendrías por incierta
esta venganza en el suelo
no sabes traidor que al cielo
cosa no le es encubierta
qué causa pudo moverte
infame perro villano
que si te ofendió un hermano
a siete trazaste muerte
aunque si a él no mataras
para vengar tu traición
parece que habría ocasión
de que la vida salvaras
mas no debiste de osar
que si vivos los dejaras
cuando tú los agraviaras
supiéranse ellos vengar.
Aunque la razón promete
que si no osara ninguno
viniera yo por el uno
como vengo por los siete.
A campo te desafío
aguarda perro no huyas
porque del todo concluyas
si no careces de brío
y pues para mis hermanos
tuviste tanta osadía
hoy sin ella con la mía
habrás menester las manos.
No pienses místico moro
que la cara se te borre
ni que tengo de perder
a lo que soy el decoro.
El campo acepto contigo
aunque vengo desarmado.
Qué tiene de eso cuidado
el que encuentra su enemigo
pero excusa caballero
digo traidor, mira que allá
quieres hacer la batalla
a caballo como es fuero.
De la manera que pida
tu boca pienso hacerla
porque se ha de acabar con ella
tu desesperada vida
y si hoy fortuna no miente
y su rueda me asegura
yo tendré poca ventura
o acabaré tu simiente.
Muy justa causa te mueve
que ya que en el campo estás
si lo haces llevarás
mi cabeza para nueve.
691.
y no te lo tengo a mal
que uses tan bajo rigor
mas quien fue a los suyos traidor
a quien puede ser leal
digo que en ello me agradas
mas pues que no es de caballos
tierra no es mejor dejarlos
y hacella con las espadas
sea de cualquiera suerte
sin que dilación lo impida
contemplo agora tu vida
como después en tu muerte
y por que ya della sobras
con arrogancia y blasones
evitemos las razones
comenzando con las obras.
alto acábese de un vuelo
yo también lo mismo quiero
hoy has de llevar el pago
o me ha de faltar el cielo
a lo que somos villano
repara bien desa adarga
mortales golpes descarga
no ay quien con porte humano
pero por mucho que hagas
te ha de aprovechar bien poco
o perro verdugo loco
que nunca con muerte acabas
en esta has de fenecer
aunque tuvieras mas vida
aquesta es mortal herida
no me puedo en pie tener
Señor recibe mi alma
dale ayuda y consuelo
que no has menester el cielo
para el cielo tan mal alma
ya a cabo de morir
no ay de vida ya memoria
poco a poco mi victoria
la pienso de concebir
porque de gusanos hiervas
donde haya más aspereza
te he de cortar la cabeza
y meterla entre estas hierbas
aquí mete mudarra dentro a Ruy belazquez y acaba la 2. Jornada. y entra gonzalo bustos y dice -
Prolija senectud, vejez cansada,
fortuna, de mis bienes enemiga,
que con soberbias crudas
quebraste contra mí la paz amiga,
si en mi primera edad tan contrastada
me tienes, sin que en nada contradiga,
ya tus gustos los míos has deshecho,
ya no podrás hallar ningún provecho.
Si en mis primeros años gozaste,
llevándome tan únicos despojos,
y en mis espejos claros te alumbraste
y nunca contradije tus antojos,
si las candelas mías eclipsaste
que eran la lumbre y luz de aquestos ojos,
cual humilde cordero me has tenido
de ausencia y de recelos combatido.
Años, que sin poder tomar venganza
se me cierran las puertas del consuelo,
y muero sin tener de ella esperanza,
y no hay a quien pedirla sino al cielo,
en el celeste coro donde alcanza
las lágrimas que suben hasta el cielo,
allí pido posada y acogida
al remate de mi triste vida.
Aquí entra un criado y dice:
Un correo disfrazado
se apea agora, señor,
y con muy mucho rigor
por tu casa ha preguntado.
Vuélvele para acá a llamar,
quien tien por edad me halla,
que si me pide batalla
no se la pueda asestar.
Aquí entra Mudarra.
Por las señas de mi madre,
si en algo no vengo incierto,
sin duda tengo por cierto
que es este mi viejo padre.
Puesto que la verdad
traiga por divisa y muestra,
claro y patente demuestra
serlo por la mucha edad.
Pero, ¿en qué más me detengo?
Si no, sin más interés,
quiero arrojarme a sus pies,
pues ya delante le tengo.
Que es consideración ruda,
viniendo a buscar un padre,
Y siendo quien es mi madre
me pare sin ninguna duda,
beso tus honradas manos,
mil veces padre querido,
aunque el adorno y vestido
no es como el de mis hermanos.
Y si el nombrarte por padre
te alborota y entretiene,
dentro de mi pecho viene
señas propias de mi madre.
Yo os agradezco en el alma
esa visita y camino,
mas yo no me determino
por donde venga esa palma;
y no es perder el decoro
al término cortesano,
que en efecto soy cristiano
y vos parecéis me moro.
Que como por mis pecados
he estado donde los oí,
conozco ya ese blasón
y cómo vienen armados.
Razones son importantes,
y yo por tal las elijo,
mas no me tendréis por hijo
con daros señas bastantes.
Y no hay para que encubrillo
pues están patente y llano:
conoced de vuestra mano,
padre, cuyo es este anillo.
Con otro que vos tenéis
al punto le cotejad,
y hallaréis que esto es verdad
y a que de mí no dudéis.
¿Sois Mudarra, hijo amado?
Ese es mi nombre hasta agora.
¡Oh prendas de Zayda mora,
en mi vejez engendrado!
¡Oh lumbre de aquella estrella,
espejo en quien me miré,
que es posible que dejé
tal bien encerrado en ella!
Y que de tan ricos despojos
lograr el cielo me provea,
y quien mi presencia sea
la luz que le da a mis ojos.
¿Ya estáis, padre, satisfecho
de que vuestro hijo soy?
Si por cierto solo estoy,
yo os tengo dentro en mi pecho.
Pues no para hacer caricias,
de lo que quiero decir,
pero pudiera pedir
otras mejores albricias.
Pedidlas, hijo, al momento,
que muy ciertas las tenéis.
Pues suplico os que me estéis,
padre, por un rato atento.
Viniendo de mi madre ya alumbrado
de la notable afrenta recibida,
habiendo poco menos caminado
de seis días después de mi partida,
halléme en un monte despoblado,
que habría como seis leguas por medida,
adonde la fortuna y mi esperanza
me dieron de tus hijos la venganza.
Partiendo de una aldea junto al monte,
al tiempo que el sol claro descubría,
por las cumbres más altas y horizonte,
sus doradas madejas extendía,
y por contar al fin cosa que monte,
hallé a tu cuñado que dormía,
despertéle llamándole hidalgo,
aunque él me respondió: más que eso valgo.
Al fin, señor, por mí fue conocido,
por indicios que tuve muy bastantes,
porque me dijo él haber tenido
siete sobrinos suyos por infantes,
y yo como venía ya advertido
de mi madre, como dije antes,
por no dilatarlo a más largueza,
recibí de sus hombros la cabeza.
Dale la cabeza a su padre.
¿Es posible? Si sueño, duermo o velo,
o es hecho de un mortal y gran memoria,
memoria la más alta que en el suelo
se puede celebrar y más notoria.
¿Aqueste es don clarísimo del cielo?
¿Que es posible que tenga tanta gloria?
No lo puedo creer, es imposible,
quiero lo bien mirar, no sea invisible.
Alábote, mi Dios, que en soberanos
y celestiales coros es tu asiento,
pues estabas seguro que en mis manos
pudiera ver el lobo tan hambriento.
¡Cabeza, que en mis años tan tempranos
me quitaste del todo mi contento,
sin saber ocasión y sin hacerte
agravio, merecido por su muerte!
Tórnale a dar la cabeza Gonzalo Bustos a Mudarra, su hijo, y prosigue.
Ve, paje, con gran cuidado,
sin que en cosa seas prolijo,
lleva donde esté mi hijo
a su gusto llegado.
Y que quiero en contemplación
a solas en mi palacio
celebrar con gran espacio
fruto de tal bendición.
Vase Gonzalo Bustos, y quedan Mudarra y el criado solos.
Paje, una cosa has de hacer
por mí con grande secreto,
que por Alá te prometo
de te lo satisfacer;
y es que luego al punto y hora,
sin aguardar más espacios,
me lleves luego a palacios
donde doña Lambra mora;
y al punto que allá me dejes,
a ti mismo te has de volver
sin que lo hagas saber
a mi padre, ni le aquejes.
Y si pregunta en saliendo
por mí, di que descansando
estoy, y que reposando,
y si no, que estoy durmiendo.
Y que me place, mi señor;
yo a la casa os llevaré
como en ello gusto os dé.
No lo puedes dar mayor.
Y sigue, señor, desa vía,
porque hay gran rato que andar.
Pues en prisa a caminar,
que yo te haré compañía.
Entranse, y sale doña Lambra y Claudina, su criada, y dice:
Y Claudina, mucha tardanza
es esta de tu señor.
Cercada estoy de temor,
de una celosa esperanza.
Seis días, y no saber
cosa que por cierta sea,
no sé por qué causa sea
el quererme detener.
Y si acaso malo estuviera,
Ya me lo hubiera avisado
con cazador o criado
de una y de otra manera.
Yo me voy a mi aposento
que no puedo reposar,
y en estando en él, rezar
de una oración hasta ciento.
Y tú, Claudina, aguardarás
a Aliya en el mirador,
y si viene tu señor
al punto me avisarás.
Sale Mudarra y el criado.
La casa, señor, es esta,
que está arrimada a esta torre.
Casa es, cierto, de valor,
¿estás cierto que es aquesta?
Como lo es verdad el cielo.
Pues vete, amigo, en un vuelo,
pare los pasos, apriesa,
no tengo más que avisarte
de lo que entiendes de mí.
Señor, yo lo haré ansí
porque deseo agradarte.
questa
Que esta es la casa de aquella
que, de aquel gesto acabado,
que ciego y amartelado
vengo por llegar a ella.
Quiero llamar a la puerta
con un poco de arrogancia.
Sale la criada.
Llame, señor, con crianza,
que esta casa no es abierta,
que es casa muy recogida
y ese llamar es molesto.
Quisiera acabar de presto
de dar fin a esta partida.
¿Tiene esta casa señor?
Señor, tiene y aun señora,
mi señor no está aquí agora.
¿No está en casa tu señor
y tu señora?
Está labrando.
¿No la podríamos hablar?
Señor, puede perdonar,
que sepa que está llorando.
Por vida vuestra, que bajéis
y le digáis que se asome,
sin que pesadumbre tome.
Jesús, cómo porfiáis.
¿Tanto os importa el hablalla?
No puede más importarme.
Pues sepa que puede estar
de pláticas en la calle.
Mas si es mucho necesario,
aguarde, iréla a llamar.
No es tiempo ya de rezar,
cuelgue en un cabo el rosario.
Y si tuviera ese gozquezno
cuando formó la traición,
no diera agora ocasión
que fuera su casa infierno.
¿Quién llama con tal rigor,
que no se espera un poco?
Es, señora, el tiempo poco
de ver ese resplandor.
Requiebros. ¿De cuándo acá
tengo yo tantos favores?
Sé muy poquito de amores
y luego me enfadará.
Pero, ¿adónde es su viaje,
qué es lo que busca y qué manda,
que en esta tierra no se anda
vestido de aquese traje,
y que, como aquí os mira el aldea,
parecen cosas estrañas?
Vengo a jugar ciertas cañas,
y es aquesta mi librea,
y como los pasajeros
somos amigos de ver,
llego por entretener
el tiempo, y por conoceros.
Decidme, ¿habláisme de veras
o hacéislo por reír,
que eso se suele decir
solo a mujeres rameras?
Dejemos eso a una parte,
señora, ¿tenéis marido?
Sí lo tengo, aunque ha salido
un poquito a cierta parte,
y tened por entendido
que si él en casa estuviera,
muy peor de otra manera
os hubiera respondido.
Grande extremo y maravilla
a un forastero mostráis.
Por eso os digo que os vayáis,
porque no sufre cosquilla.
Serán sus términos malos
cuando por esto se enoje.
No se enoja, pero coge
a los más diestros a palos.
¿Pues tan poco se le alcanza,
siendo como es caballero?
No, porque también guarda el fuero
de las leyes de crianza.
No lo dudo ni lo ignoro,
todo lo debe de usar,
mas ya le han visto quebrar
con sus cosas el decoro.
¿Cómo es eso que decís?
Digo que si él estuviera
aquí, no me respondiera
como vos me respondéis;
y puesto que no esté él
aquí, no habéis de atreveros,
que yo no vengo a ofenderos,
sino solo a saber de él.
Mucho celebra el galán
sus razones y se enciende.
Es, señora, porque entiende
que en hablar favor le dan;
pero, pues está en la calle,
detengámosle aquí un poco,
holguémonos con un loco
siquiera por consolalle.
¿Qué es la causa que os obliga,
señor, o qué os satisface,
que a hablar conmigo os hace?
¿Al fin gustáis que lo diga?
Sí, gusto, porque os daré
entera satisfacción
si vuestra importunación
cesa con desengañaros.
Sirvo una dama tan bella,
que si aquí me he detenido,
es porque me han advertido
que vos parecéis a ella.
Luego no podéis negar
que vivís amartelado.
El tiempo que más he estado
es en aqueste lugar.
¿Soy le en algo parecida?
En todo sois una cosa
en discreción y hermosura,
de una aparencia y medida,
de una forma y un nivel;
sois que no excede una dracma,
aunque ha sido aquesta dama
conmigo un tiempo cruel.
Yo me he holgado de ver
cuán discreto razonáis;
ya es hora, señor, que os vais,
que no os quiero detener.
Admito aquese consejo
y tomo ese parecer,
mas ¿no gustaréis de ver,
señora, un curioso espejo?
No hay quien mi pena resista
en aquesta coyuntura.
Mas ya que veo que estáis madura,
que os enternece la vista,
ea, que se me ha caído,
no, que aquí viene guardado.
Aquí le amuestra la cabeza.
Santo
Santo Dios, ¿no es mi marido?
Miraldo muy bien, señora,
que agora tenéis lugar;
no te podrás escapar
hoy de mis manos, traidora.
Sagrada Virgen María,
¿por do me vino este asalto?
Vamos, señora, a lo alto.
¡Marido del alma mía!
Y aunque subas hasta el cielo
y con alas te levantes,
pagarás de los infantes
tu gran traición en el suelo;
y porque del todo destruya
tu rama, tronco y corteza,
toma, perra, esa cabeza,
y quemarse ha con la tuya.
Éntrase. Y sale al ruido del fuego Gonzalo Bustos y un criado con él. Y dice:
¿Qué grita y desasosiego
es esta, y tan gran rumor?
En alguna parte hay fuego.
A fuego tocan, señor.
Míralo bien y apercibe
hacia qué parte parece.
Señor, a mí me parece
donde doña Lambra vive.
No fuera victoria escasa
para poder triunfar della,
que el fuego abrasara a ella
después de abrasar la casa.
Mas Mudarra, mi hijo amado,
si estará en su aposento,
corre, paje, en un momento
y mira en qué está ocupado.
Señor, cuando fui de aquí
contigo, yo le miré
el aposento y busqué,
pero él no estaba allí.
¡Santo Dios! ¿Dónde estará?
Ved a qué parte ha salido.
Esto queda concluido,
el fuego le acabará.
Hijo, ¿de dónde venís,
que estaba sin vos temblando?
He estado un rato leando,
mientras vos, padre, dormís.
¿No os dará gusto la tierra
como es de poco solaz?
Ahora estaré yo en paz,
pues se ha acabado la guerra.
Y no entiendo aquesta razón,
por qué subís a la zona.
He quemado una leona
después que maté un león.
Y no es poco granjeado
en el asalto que he hecho,
dando sosiego a mi pecho
y a vos, padre, bien vengado.
Ya queda aquella malvada
doña Lambra, hecha ceniza,
alégrate y solemniza
venganza también vengada.
Sus polvos van por los vientos,
que la casa le quemé
y toda se la abrasé,
sin dejar aún los cimientos.
Que de tal suerte me abrasa
ver aquesa anciana cara,
con afrenta, que quemara
hasta los perros de casa.
¿De dónde tan gran victoria,
mi hijo, y tan grande don,
que de tan vieja traición
me venga tan nueva gloria?
Sosiega y ten reposo;
no quiero que eso se diga,
que la carnal sangre obliga
más que a esto a cualquier hijo.
Si yo venganza no diera
a un agravio tan profundo,
¿osara pisar el mundo
si esto por ti no hiciera?
Si la sangre de este pecho
no subiera puesto en estrecho,
para soldar tu deshonra,
¿pudiera yo tener honra
y tú quedar satisfecho?
De tal suerte me agradeces
que como a extraño me das
las gracias; que es mucho más,
padre, lo que tú mereces.
Entiendo aquesa razón,
hijo, como quien la alcanza;
mas de esta justa venganza
el cielo os dé el galardón;
y pues que Dios ha querido
enviaros para espejo
mío, como padre viejo
sola una merced os pido:
que pues en todo tan llano
a mi gusto os ofrecéis,
quiero que aqueste me deis,
que os volváis, hijo, cristiano.
Será tanta la victoria
en concederme esta suerte
que, antes de venir mi muerte,
me será la vida gloria.
No me podrá aconsejar
mi padre ninguna cosa
que, siendo tan provechosa,
yo se la pueda negar.
Al punto me determino,
y cuando no viniera,
muy provechoso me fuera
haberme puesto en camino.
Aquí entra un criado.
En este punto se apea
un correo cordobés,
pide licencia le des,
señor, para que te vea.
Dile que entre luego al punto.
Si es acaso de tu madre,
yo entiendo, querido padre,
que es de ella o del rey barrunto.
Oh, Mudarra, mi señor.
Samuelín, seáis bien venido,
en aquesto he conocido
que me tienes grande amor.
Aquesta carta leed
del rey Almanzor tu tío.
¿Ya se le ha pasado el brío
o por qué causa me escribe?
Lee la carta Mudarra.
Estando bien informado,
Mudarra, de vuestro intento,
bueno me dio gran contento
vayáis a vengar vuestro padre;
y vista la coyuntura,
vuestra razón se miró,
y su sangre os perdonó
Aliatar, rey de Segura;
vuestra madre en confianza
vive hasta que volváis
con la victoria y traigáis
premio de vuestra venganza.
¿Qué le parece a mi padre,
según lo que de esto se gusta?
Que me parece muy justa
razón avisar tu madre,
y no es perder el decoro,
aunque en diferente ley,
es hacer caso de un rey,
que al fin es rey, aunque moro;
y baste en este intermedio
que te lo mande tu padre,
siquiera porque tu madre
está, hijo, de por medio.
Yo digo, padre, lo mismo,
y en despachándole quiero
lo principal, y primero
que se ordene mi bautismo.
Vamoslo luego a poner
por obra, como es razón,
que tan dichosa ocasión
no es bien se deje perder.
Yo gozo tan alta gloria
y por obra lo pongamos,
con esto, señores, damos
fin a la agradable historia.
fin.