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цифровой текст Los agravios castigados

Дата публикации: 25 июня 2026 г.

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Juan Pérez de Montalbán Вероятный
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los agravios castigados. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-agravios-castigados.

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LOS AGRAVIOS CASTIGADOS

Jornada primera

Pag. 1

Personas

Don Juan, primer galán.

Don Diego, segundo galán.

Don Pedro, tercer galán.

Don García Vellido de Burbia, largo, padre de don Pedro.

Doña Leonor, su hija, hermana de don Pedro.

Doña Ana, hermana de don Diego, segunda dama.

Lucía, criada de doña Leonor.

Martín, lacayo.

Tres hombres que al principio salen acuchillando a D. D. y que después pueden hacer justicia.

Un escudero.

Salen don Juan y Martín.

Don Juan

Amante que sosiega

el nombre finge, la fineza niega,

y el amante que alcanza

engaño sin amor a su esperanza.

Sosegar es cordura

del alcanzar objeto la ventura;

no premio merecido

de quien sin esperarle no ha querido.

Yo, Leonor, que te quiero,

que de bella ya la considero

Pag. 2

Don Juan

tan viva, que el cuidado

se ha temido tal vez interesado,

adonde la memoria

es el pintor que alcanza tanta gloria,

la idea, los pinceles

que apercibe jazmines y claveles;

yo pues, oh mal terrible,

que conozco que amo un imposible,

que solo en mi deseo

es que te hablo, te contemplo y veo,

guiado por un ciego,

acierto errando, ya tu casa llego,

movido de mi estrella,

de ti, que predominas la más bella

en todo mi albedrío,

porque vives en él te llamo mío;

yo a tu casa vengo,

que en mí no para, pues en mí te tengo;

estas paredes toco

por ver si con mi ansia las provoco,

aquestas rejas miro

por penetrarlas con algún suspiro,

y es todo cuanto espero

porque sepas, Leonor, lo que te quiero.

Pag. 3

Martín

Leonor acaso es fantasma?

Por ventura está durmiendo?

Ves a Leonor entre sombras?

Hablas con ella entre sueños?

Ruido dentro de cuchilladas.

Uno dentro

Aquí pagarás, traidor,

tu maldad y de infames pechos .

Don Juan

El ser tantos contra uno

ponerme a su lado quiero.

Desenvaina don Juan.

Martín

Que ampararle estando solo

es en mi forzoso empeño.

Martín

No te corre obligación

que te detengas, te advierto.

Detiene a su amo.

Don Juan

No me estorbes, pues no ayudas.

Éntrase.

Martín

Quedo me estoy, pues me quedo.

Don Juan

Aquí estoy a vuestro lado.

Salen acuchillando tres hombres a D. D. y a don Juan.

Don Diego

Ya con temerle no temo.

Don Juan

Siempre los muchos son pocos,

que acompañados del miedo

no vienen sin compañía.

Martín

Paces digo, caballeros,

que no hay cosa tan amable

como la paz y sosiego.

Paces digo, y paces hago.

Tirando cuchilladas desde lejos.

Pag. 4

Uno

Grande valor; nosotros no podemos

contra su fuerza. Todos, seguidme,

que ser conocido temo.

Huyen los tres.

Don Juan

También os sigo, traidores.

Don Diego

Es en balde, y es exceso,

que habrá gente por las calles

y las miden como el viento.

Martín

Puente de plata al que huye

es consejo soldadesco;

al enemigo que riñe,

poner tierra de por medio.

Don Diego

Que os obedezca es muy justo,

porque ya no pierda tiempo

en pedir me deis los brazos

por la vida que les debo.

Don Juan

Obligaciones forzosas

adquieren honroso premio

en el cumplirlas, y ahora

en vuestros brazos le adquiero.

Con ventaja.

Don Diego

Un grande amigo

tendréis en mí, que el efecto

estimo más que la causa,

pues de ella resulta el serlo.

Pone don Juan un pie sobre la plaza.

Pag. 5

Al comienzo de la plana hay varias líneas tachadas, parcialmente ilegibles, descartadas del texto principal.

Don Diego

Tan obligado os estoy

a ese trato, que os prometo

que están de tantas finezas

con envidia mis deseos.

Decidme agora quién sois.

Don Juan

Soy un pobre caballero,

aunque honrado, que en lo rico

no está la sangre ni el serlo;

mi nombre es don Juan de Silva,

con que sabréis si procedo

Pag. 6

Don Juan

de buena sangre; alabanzas

las permito, no las cuento.

Quiero bien a cierta dama

que su noble nacimiento,

que su hacienda y lo heredado,

con su belleza es lo menos;

mi voluntad corresponde,

con que veréis si la quiero,

y con amarla y amarme

un imposible pretendo,

pues su padre, a quien el mío

con ser amigos y deudos,

se la pidió, me la niega,

excusando el casamiento

con mi pobreza, y atiende

a estorbar el galanteo,

de suerte que en muchos días

verla y hablarla no puedo.

De esta manera la adoro,

con amarla me contento,

siendo alivio a mi fineza

el ver lo poco que espero.

Pag. 7

Don Juan

Agora os pido también,

pues amigos verdaderos

hemos de ser, me digáis

vuestro nombre. Estadme atento.

Don Diego

Es don Diego de Mendoza

mi nombre, sangre que heredo

de un noble padre, que ha días

que vive en descanso eterno.

Críeme siempre soldado,

porque hallándome travieso

mi padre quiso apartarme,

como si fuera remedio

libertar un hombre mozo,

que es el forzoso respeto

sino freno de los vicios,

moderación de despeños.

En la poca edad que digo

me fui a Flandes; si cuento

los amores, las pendencias,

que en soldados son sosiegos,

seré largo; solo digo

que fue de tantos sucesos

un milagro quedar vivo

Pag. 8

Don Diego

y gran culpa que escarmientos

no lograsen en mi vida

las amenazas del cielo.

Pero son raíces fuertes

las de los años primeros.

Volvime porque mi padre

me llamó, que en este tiempo

le faltó mi hermano, que era

de su casa el heredero;

murió mi padre, dejome

con una hermana que tengo.

En este estado que digo

yo vi un sol y quedé ciego,

de un ángel enamorado,

sin resistencia a su imperio.

Entró un rayo por mi vista,

y penetró tan adentro,

que ella libre fue pasando

al corazón tanto fuego;

y si el amor permitiera

ser mayor, que desde luego

Pag. 9

Don Diego

entró gigante y no niño,

que creciera más es cierto

cuando yo supe quién era,

su virtud, su nacimiento,

con tan ilustre apellido,

que es de Guzmán por lo menos.

Don Juan

Válgame Dios, mas si acaso

es la misma que yo quiero.

Don Diego

Entrada tengo en su casa

por la amistad que yo tengo

con su hermano y con su padre.

Don Juan

Ya que dudo, vive el cielo,

que es la misma. Y su hermano,

cómo se llama?

Don Diego

Don Pedro

de Guzmán.

Don Juan

A un desdichado

nunca engañan los recelos.

Don Diego

Y esta que veis es su casa.

Don Juan

Cada seña es un tormento;

si a quien amo me pregunta,

fuerza es fingir otro puesto,

y otros amores que en este

me ha de valer el secreto.

Pag. 10

Don Juan

Y ella acaso corresponde

vuestro amor?

Don Diego

De galanteo

no la sirvo, que a su padre

he pedido el casamiento,

con que se excusa el camino

de billetes y requiebros

con gusto de los padres.

Don Juan

Yo no lo tengo por bueno,

pues no siendo necesario

a mi mujer la sujeto

a un ensayo tan liviano,

que nunca para en honesto;

alabo aquí su recato,

que nunca, siendo tan cuerdo,

con facilidades llame

ni despide con desprecios.

Don Diego

Con esto, don Juan, he dicho

quién soy, y de mis deseos

os doy parte, que con vos

será traición el secreto;

y si en vuestra pretensión,

por Dios que no es cumplimiento,

Pag. 11

Don Diego

es hacienda lo que os falta;

ya sabéis que hacienda tengo

para serviros con ella,

y que de todo sois dueño.

Don Juan

Cuando sabéis que es la vida

lo que conozco que os debo.

Aparte.

Don Juan

Cuando la vida le he dado,

entonces me deja muerto.

Hay más desdichas, fortuna?

No era mejor que un acero

de aquellos tres me matase?

No mejor morir sin celos?

Mas responde mi fortuna:

no era mejor, que era menos.

Don Diego

Qué mucho si honrada sangre

es don Diego la que tengo,

que presumiese la vuestra

y saliese a defenderos;

y qué mucho que un peligro

no dude por un acierto,

quien adivino ganancia

tan ventajosa al riesgo.

Con los brazos otra vez

tanta amistad agradezco.

Pag. 12

Don Diego

Quiero que sepáis mi casa

y saber la vuestra quiero.

Aparte.

Don Juan

No perderé vuestro lado,

porque me informen mis celos,

que saber un mal temido

es procurado tormento.

Vanse y salen doña Leonor y Lucía.

Doña Leonor

Si tuve libre albedrío

para querer de esta suerte,

para mudarme, ni hay muerte

ni ya le tengo por mío.

Si mi amor con desacierto

por pobre amara en don Juan,

qué descrédito le dan

por vileza lo tuviera;

pero es mucho que la quiera

tan noble, cuerdo y galán.

Pierdo en algo mi decoro

porque hacienda no le sobre,

ya que le quiero por pobre,

le dejaré por el oro

de don Diego, cuando adoro

su amor en mi pensamiento?

Pag. 13

Doña Leonor

Si el mío menos contento

aun estuviera dudoso,

pudiera ser codicioso

si fuera más avariento;

y don Juan con su nobleza

es rico, que es más segura

moderación con cordura

que con locura riqueza.

Sin gobierno no hay firmeza

en lo rico, que no hay duda

que don Diego no se ayuda,

pues cuando a don Juan dejara,

fuera bien que me mudara

por la hacienda que se muda.

Lucía

Tu firmeza es acertada

y la elección lo parece,

porque don Juan lo merece

y porque estás declarada,

y dos veces empeñada

en tu amor te considero,

de su amor tan verdadero

y de estorbar tu disgusto

Pag. 14

Lucía

que siempre amor para el gusto

es el mejor, el primero;

el mayor mal, el más fuerte,

es el sujetar rendida

a un casamiento una vida

que a disgusto es viva muerte,

y viene a ser de tal suerte

que en morir la voluntad

espera comodidad,

porque a un perpetuo sufrir

es cautiverio el vivir

y la muerte libertad.

Doña Leonor

A don Juan traición hiciera

si elegido le dejara,

después don Diego dudara

cuando mudable me viera;

por sí lo mismo temiera,

pues dejado y ofendido,

un señalado marido

le daba al otro buscado

un temor adelantado

y escarmiento prevenido.

Pag. 15

Lucía

Llamaron.

Doña Leonor

Pienso que sí,

pero nadie aquí parece.

Lucía

Ni lo será que se ofrece

lo que pasó fuera aquí;

mas si llaman, mira allí

quién se burla de tal suerte.

Sale Martín.

Martín

Quién puede ser, un quererte

que aquí delante me envía,

y soy un norte que guía

a tu don Juan, hasta verte.

Doña Leonor

Pues Martín, así te atreves

a que mi padre te tope?

Martín

Valiérame de un galope

y de dos mentiras breves.

Esto a mi amo le debes,

que esperando tu licencia,

deseando tu presencia,

en esa calle te asista,

de su bolsa y de tu vista

padeciendo tal ausencia.

Doña Leonor

Dile que dile mi amor,

que quiero verle, y que venga.

Pag. 16

Doña Leonor

Pero no, que se detenga,

dice primero el temor;

no verle será mejor,

que temo de mis placeres

la culpa de lo que vieres.

Quiero verle; dile que entre,

mas mi padre no le encuentre;

haz allá lo que quisieres.

Martín

Si en mi voluntad lo deja,

el venir será la mía,

solo por ver a Lucía;

pero tú qué me aconsejas?

Lucía

Que allá te quedes sin queja

y tu amo venga.

Martín

Entrado

tengo primero y amado,

que te llamo propiamente

Lucía mía de presente.

Lucía

No Lucía de pasado.

Doña Leonor

Quién puede haber que resista

el ver a quien quiere bien

y quien el hablarle, quién,

si se le estorba su vista?

Los temores no conquista

Pag. 17

Doña Leonor

que el corazón que suspira

por don Juan, si no le mira,

decía con variedad

en que entrase la verdad,

en que se fuese mentira.

Salen don Juan y Martín.

Don Juan

Aquí me tienes, Leonor,

aunque sin vida me tienes,

si no a manos de desdenes,

a desdichas de mi amor.

Guiado de mi dolor,

aquí la muerte he buscado

y a tu padre no he topado;

mas quién muriera con verte,

quién alcanzó ni la muerte

si busca desesperado.

Ay Leonor, si considero

que a tal amar, tal querer,

a otro toca el merecer,

me muero de que no muero;

que a un amor tan verdadero

soy quien le tiene afrentado,

en qué pecho hubiera entrado

sin haberte merecido,

que el amor está corrido

de no verse en mí logrado.

Pag. 18

Don Juan

que el amor está corrido

de no verse en mí logrado.

Tan noble amor nunca entrara,

cuando más ciego estuviera,

en pecho que no tuviera

nobleza con que te amara;

siempre al objeto mirara,

y elegido como ves,

para que en mi pecho estés

queda vencido mi amor,

porque a otro, aunque menor,

le apadrina el interés.

Ponte en aquella ventana, a la criada, y no entre mi padre.

Doña Leonor

Presumo de tus razones.

La gana de algunas satisfacciones,

mas si cargo no me pones,

quieres que alguna te dé?

Quieres que tenga de qué?

En el amor si te sigo,

no a la parte voy contigo

en ofensas de mi fe.

Pag. 19

Doña Leonor

No con dejar me acredito

tu voluntad satisfecha,

que en ella cupo sospecha

y en la mía no el delito.

Defensas no solicito,

que si tu temor parece

que por mi culpa no crece,

es contra ti, que en amor

tiene de vil el temor

presumir que no merece.

Don Juan

Bien creo que habrás mirado

mi amor con estimación,

y que mueve tu razón ,

lo servido y no medrado.

Pero si tomas estado,

y estoy cierto, y no dudoso,

que no puedo ser tu esposo,

temo que te has mudado,

disculpando lo obligado

con leyes de lo forzoso.

Doña Leonor

No me mates más, don Juan,

que no quedo ofendido.

Pag. 20

Doña Leonor

matarme como marido,

dejarme como galán.

Don Juan

Bien podrás, y bien podrán

hacer tus cosas que muera;

si yo dejarte pudiera,

otro remedio buscara;

no dejarme te mandara,

antes morir escogiera.

Doña Leonor

Mas es mi amor de esa suerte,

porque un amor enojado,

si está muy desesperado,

no escoge el mal menos fuerte;

desesperado la muerte

pidieras, no es bien te quejes,

ni que a mi amor aconsejes.

Menos sientes, más despides,

porque tú la muerte pides

y yo pido que me dejes.

Don Juan

Luego hubieras de sentir

más mi ausencia que tu muerte.

Doña Leonor

Sí, que por solo no verte

es que sintiera morir.

Esto me obliga a decir

Pag. 21

Doña Leonor

como por fuerza mi amor

que es en tiempo que al rigor

no estorbo, ni solicito,

porque quejas no permito

con agravios de mi honor.

Don Juan

En tu honor, aunque pueda

recelar alguna duda,

mi sospecha no le muda,

que siempre en su ser se queda.

Yo la tengo de que exceda

mi sospecha a mi razón,

que a tu honor y obligación

no le muda si le asombra

una apariencia, una sombra,

un antojo, una ilusión.

Al sol no has visto mudado,

que un leve vapor que sube

engendre una densa nube

y hace a lo claro nublado,

no por haber variado

de su luz el sol ni el cielo,

darle en ella algún desvelo.

Pag. 22

Don Juan

que aunque en su curso le mueve,

la nube solo se atreve

a correr al sol un velo.

Así tu honor variedad

no puede nunca admitir,

que no es luna en recibir

ni mengua su claridad;

es un sol con igualdad,

y vapores de desvelos,

si se atreven a sus cielos

y a dar a tu luz desmayos,

no son menguas de tus rayos,

sino nubes de mis celos.

Doña Leonor

La misma comparación

quiero que te dé a entender

cuánto al sol debe exceder

de la honra la opinión;

si miro con atención

que el sol no mengua ni crece

y tan claro no parece,

apercibo en mi concepto

Pag. 23

Doña Leonor

que en su luz no está el defecto

estando en quien le oscurece.

Pero si miras mi honor

y juzgas por el semblante,

topas la nube delante

que ofusca su resplandor;

no apercibes mi interior,

que con ser al sol igual,

con tener su luz cabal,

muy poco importa ser una,

si con tus dudas soy luna

y mi pecho no es cristal.

Martín

Eres mi Lucía hermosa

como tú misma, en razón

que toda comparación

yo la tengo por odiosa,

y eres mía, que es la cosa

sobre que tanto porfío.

Lucía

Con amor soy en mi albedrío;

eres, Martín, muy bonito,

y eres mico martinico,

que es en romance ser mío.

Pag. 24

Martín

que significa en latín.

Lucía

Que de Martín la persona

es lo mismo que irse amona,

si se va por san Martín.

Martín

Latín sabes; mas, en fin,

debes de estar enseñada

a saberlo a la trocada.

Yo no pensé, con tu mengua,

que supieses esa lengua,

siendo moza y siendo honrada.

Lucía

Ay desdichada de mí,

que viene ya mi señor;

nunca me engañó el temor.

Escóndete presto aquí.

Martín

Y qué se ha de hacer de mí?

Lucía

Por ti me escondo turbado.

Ponte también a este lado.

Martín

Siempre me hallan escondido.

Yo quiero darme a partido

antes que verme cercado.

Sale el viejo.

Don García

Hija, quién sois? Qué buscáis?

Martín

Quién soy será cuento largo

Pag. 25

Martín

para la prisa que tengo.

Lo que busco es un hidalgo,

escudero de esta casa,

que es el Gómez, hombre honrado

y pariente de mi agüelo.

Lo que quería, si al caso

hace también, es pagarle

cierta deudilla, unos cuartos,

porque una capa me tiene

que es balandrán desdichado.

Esto quiero y esto busco;

yo me entré mi paso a paso

y me salgo como entré,

pues paso a paso me salgo.

Vase.

Don García

Salte, Lucía, allá fuera.

Vase Lucía.

Doña Leonor

Triste de mí, mas si acaso

ha sabido de don Juan,

de temor estoy temblando.

Don García

Tu honra, hija, y la mía,

y también la de tu hermano,

qué he de hacer, si ya me dice

que a todos tengo afrentado.

Pag. 26

Don García

El sosiego de los tres

Doña Leonor

Sus palabras no le atajo,

mis disculpas no anticipo,

porque enmudecen los labios.

Don García

Al fin la quietud de todos

consiste en el darte estado.

Doña Leonor

No de todos, pues en eso

está la muerte que aguardo.

Don García

Es la hermosura un peligro

a galanes vinculado,

de suerte que algunas veces

no lo estorba ni el recato,

que siendo fuerza ser vista,

el uno de enamorado,

el otro de galanteo,

y los dos de cortesanos,

buscan a costa de honras

un pasatiempo al enfado,

una calle a sus paseos,

y a sus vidas los milagros.

El excusar estas cosas

es de un marido cuidado

Pag. 27

Don García

que no es mío, aunque le tenga,

ni tampoco de tu hermano,

que los dos, si no admitimos,

agora disimulamos.

El pretendiente que excusa

tiene en el fin que no es malo,

mas después del casamiento

queda el honor tan guardado,

que lugar a lo atrevido

no le da si no el agravio.

Por esto, hija, temiendo

un corto plazo a mis años,

casarte quiero, que un padre

que ansí deja descuidado

una hermosura sin dueño,

sin prevención de mil daños,

no determina dudoso

o confía temerario.

Un caballero muy noble,

que es muy rico y muy bizarro,

me ha pedido el casamiento,

que estoy contigo tratando.

Pag. 28

Don García

es persona en quien a días

que yo puse mi cuidado;

pero, hija, aquí le has visto

algunas veces.

Doña Leonor

Qué aguardo,

que en sus manos no me entrego?

Ay, hombre más desdichado!

Don García

Es don Diego de Mendoza

su nombre.

Doña Leonor

Que pueda tanto

un pesar solo conmigo,

que ya por grande, apretado,

en mi pecho se divide

en don Juan, porque en entrambos

pueda caber, sin que alivio

me conceda, pues qué paso

el que a mi suerte ha cabido

y el que a don Juan le ha tocado.

Don García

Mira agora qué respondes.

Doña Leonor

Vive el cielo que me abraso,

y que es mucho lo que sufro,

pues no salgo reventando.

Quién en el mundo se ha visto

en medio de dos contrarios,

Pag. 29

Doña Leonor

como de un amor oyendo

y de un respeto mandando?

Don Juan

Si a bien librar no obedece,

qué importa, pues está claro

que su padre gusta de ello,

que no haya, cielos, un rayo.

Doña Leonor

Si te parece, señor,

que en la respuesta he dudado,

es en cosa que conviene

por lo menos el mirarlo.

El casamiento propuesto

ni lo condeno ni alabo,

mas digo con tu licencia

que no sé si es acertado.

Es don Diego de Mendoza

caballero muy honrado,

sé que es muy noble y que es rico.

Dirás, pues en qué reparo,

si es esto lo que se busca?

Por bastante no lo hallo,

ni lo esencial te parezca,

si bien es lo necesario.

Pag. 30

Doña Leonor

Nuestra vida necesita

de adornos y de reparos,

estas cosas no son vida,

si bien la ayudan en algo.

El adorno de lo noble,

de la hacienda lo sobrado,

son partes para que viva,

pero el todo, vinculado

está dentro de nosotros.

Pues nos lo muestra bien claro

que a los ricos y los nobles

falta vida a cada paso.

El casamiento es lo mismo,

pues ya ves que dura tanto

como la vida, si en él

acá dentro no hay descanso.

Si el marido sin sosiego

vive solo a lo soldado,

aunque juntes cuantas cosas

son la calidad de amparo,

es un fantástico alivio,

siendo mortal el trabajo.

Pag. 31

Doña Leonor

Con esto digo que mires,

que consideres despacio

que lo cuerdo es lo primero,

y que don Diego está falto

de esta opinión, pues la suya

es ya sátira de tantos,

que lo mejor en caballero

con nobleza y sosegado,

menos rico, pues con él,

no con la hacienda me caso.

Don García

Es de esa suerte don Juan?

que parece le has pintado.

Doña Leonor

El que fuere de esta suerte

me parece que no es malo,

sea don Juan o don Diego,

que en los nombres no reparo.

Don García

Con qué ojos la codicia

siempre a lo pobre ha mirado.

Doña Leonor

Despacio lo considero,

que con tu remedio trato

casar primero tu gusto.

Yo procuro tu descanso.

Vase el viejo y sale don Juan.

Pag. 32

Don Juan

Bien sé, Leonor, que te debo

esta vida que me has dado;

el beneficio no apruebo,

porque solo has dilatado

el pesar con que la llevo.

Si te casaras, muriera,

no la vida resistiera

tanto mal, y si acabara,

no verte ajena esperara.

Pues ya propia no te espera,

tan a costa de un sufrir

que obra te pueda alcanzar,

me has estorbado el morir,

que dilataste el pesar

y no estorbaste el sentir.

Y si en el vivir padezco,

viendo que no te merezco,

una vida que me sobra

no te agradezco la obra,

la voluntad te agradezco.

Doña Leonor

Mío don Juan has de ser,

sin que lo pueda estorbar,

Pag. 33

Doña Leonor

pero quién a tal querer

quitará de su lugar

el que fuese tu mujer.

La muerte sí, con morir

pudiera en mí conseguir

no ser tuya; que en quererte

de ti tampoco la muerte

me pudiera dividir.

Mira, pues, si habrá rigor,

si habrá violencia que pueda

ser al amor superior,

si la misma muerte queda

ya vencida del amor.

Que a un amor a quien ya pudo

servir el alma de escudo,

la parca más atrevida

corta el hilo de la vida,

pero no del alma el nudo.

Don Juan

Mi Leonor, todo mi bien,

no desperdicies favores,

no conmigo, no con quien

Pag. 34

Don Juan

espira de esos amores

más que si fuera un desdén.

Mi sentimiento es mayor,

es más grande mi dolor,

cuando ansí te considero,

pues me quieres y te quiero

sin que se logre el amor.

Que del deseo que no alcanza

le consuela su firmeza,

pareciéndole alabanza

y juzgando por fineza

el amar sin esperanza.

Pero viendo mi albedrío

que le sigues sin desvío

con ese amor, si le veo,

cree entonces mi deseo

por el tuyo y por el mío.

Doña Leonor

Lo que después ha de ser

lo tengo de dilatar;

yo con ansia de querer,

yo pudiéndome casar,

quiero a mi amor detener.

Pag. 35

Doña Leonor

Ya no más la dilación,

no me sufre el corazón;

que si ser suya procuro,

no sin honra me aventuro,

ni tampoco sin pasión.

Don Juan

Ah fortuna, que me impidas

este bien que me has quitado,

y que tenga divididas

un interés limitado

dos voluntades unidas.

Mal haya quien en el oro

puso tan grande decoro,

que pudo hacer esta prueba

de que a dos almas se atreva,

estorbando lo que adoro.

Doña Leonor

Ya, don Juan, está mi amor

a cumplir determinado

de su violencia el rigor.

Don Juan

Qué dices, y está mirado

sin ofensa de tu honor?

Doña Leonor

Solo le ofende quien piensa

que en él cabe alguna ofensa.

Pag. 36

Doña Leonor

No tú, porque eres testigo

que el mismo amor ni contigo

en leyes de honra dispensa.

Don Juan

Bien verás que nunca ofendo

ni en mi deseo a tu honor,

que aunque con ansia pretendo,

me pongo contra mi amor,

y es tu honor el que defiendo.

Mira, pues, si esto es ansí,

lo que yo te estimo en ti,

que entendiendo de tu fe

mancha en tu honor te estorbe

y me puse contra mí.

Doña Leonor

Pero di que no sosiego.

Don Juan

Cómo ha de ser?

Doña Leonor

Pues te adora

el amor a que me entrego,

el modo sabrás agora.

Don Juan

Pero el cuándo ha de ser luego.

Ese plazo en mi querer

encontrado viene a ser,

que en servir y en desear

es luego tarde el lograr,

y es muy presto el merecer.

Pag. 37

Don Juan

Un grande amor diferencia

tiene en su mismo deseo:

la fineza resistencia,

en alcanzar en su empleo

la pasión su competencia.

Y cuando modo me das

de ser tuyo, queda atrás

la pasión del alcanzarte,

porque con más esperarte

el amor merezca más.

Doña Leonor

Estas mañanas, don Juan,

como sabes, he salido,

conmigo criados van;

trazo, pues, tener marido

y excusar tener galán.

También manera sabré,

y luego me apartaré

de mi gente si te viere;

tú me sigue donde fuere,

que en un jardín me entraré

solo con esa criada

que sabe lo que te quiero.

Pag. 38

Doña Leonor

La puerta estará cerrada,

estorbando el jardinero

a mis criados la entrada;

saldré por otra y contigo,

pues a tanto que te sigo,

me casaré, con un modo

que a ti te espante, pues todo

ha de ser como lo digo.

Don Juan

Y después del casamiento?

Doña Leonor

Será tu entrada tan cierta,

que entrarás en mi aposento,

dando lugar una puerta

muy fácilmente a tu intento.

Y te advierto que si llego

a seguir amor tan ciego,

que no afrentoso le sigo:

mal no me caso contigo,

sin casarme no me entrego.

Don Juan

Bien haya quien en un punto

tanto acredita su amor,

pues que ya con un asunto

mi amor, el suyo, tu honor

satisfaces todo junto.

Pag. 39

Don Juan

Bien hayas tú, que a ser puedes,

cuando ya lo humano excedes,

que el poder te dé la palma,

que es enriquecer el alma

efecto de tus mercedes.

Doña Leonor

Vete, pues que no quisiera

que mi hermano...

Don Juan

Ya me voy;

quien sin tu mano se fuera?

Dale la mano.

Doña Leonor

Ya de dártela la doy.

Que si no, no te la diera.

Don Juan

Que soy, en fin, tan dichoso.

Doña Leonor

Eres, don Juan, poderoso.

Don Juan

Grande es la suerte que alabo,

mi Leonor, yo soy tu esclavo.

Doña Leonor

Eres ya, don Juan, mi esposo.

Vanse. Salen don Pedro, hermano de doña Leonor, y don Diego, y su hermana doña Ana.

Don Diego

El señor don Pedro, hermana,

viene a veros; estimadle

el favor, agradecedle

la merced que a mí me hace.

Don Pedro

Obligado vuestro hermano

de sí mismo, de su sangre,

Pag. 40

Don Pedro

de mi deseo en servirle

procura desempeñarse,

y que a sus demostraciones

a superiores señales,

que de deudor, pues con veros,

trata agora de obligarme.

Doña Ana

Si con empeñarse más

ya mi hermano os satisface,

no corre riesgo de ingrato

quien paga con obligarse.

Don Pedro

Qué belleza, qué donaire!

Don Diego

Ya rendido a su hermosura,

solo por ver su donaire,

me sujeto con don Diego

a hacer lo mismo que él hace.

Pues yo le llevo a que vea

a mi hermana, a que la hable,

no queriendo que con ella

tan a disgusto se case

un hombre que es tan perdido;

pero mi hermana no es fácil,

Pag. 41

Aparte.

Don Diego

y pienso que le aborrece,

pues se le excusa de escucharle.

Por solo ver a su hermana

soy su tercero y soy parte

de que pueda ver la mía,

que enamorado la trate,

porque consigo me lleve,

con saber yo que el casarse

con mi hermana no es posible,

que don Pedro por su madre

de primero matrimonio

no es bien nacido, y que pase

quiere mi amor por mi afrenta

sin que en peligros repare;

mas mi hermana le aborrece,

pues se excusa de hablarle.

Doña Ana

Doña Leonor está buena?

Don Pedro

Con deseo está bien grande

de que en las dos las visitas

acrediten amistades.

Doña Ana

Ese deseo es el mío,

porque su vista agradable

solicita que la busquen

con envidia de sus partes.

Pag. 42

Don Pedro

Mi hermana irá muchas veces

a vuestra casa, por darme

parte en su dicha, y el gusto

de que entonces la acompañe.

Y dejando cumplimientos,

sabed los dos que en un trance

me he visto bien a peligro

que la vida me quitasen.

Pues saliendo de una casa

al pasar por una calle

me acometieron tres hombres,

tan resueltos a matarme,

que la furia y la venganza

se pusieron de su parte

con tanta resistencia

como estar solo y ser tarde.

No presumo de mi vida

que por yerro me buscasen,

que si vivo como pienso,

porque todo no me falte,

cuando tal vez el agravio

es delito que no nace

Pag. 43

Don Pedro

de mi mano, y sin mi culpa

quiere el cielo castigarme,

cómplice en otro delito.

No habrá yerro que me mate

por yerro que toma el cielo

por la parte que le cabe

de su injuria, un instrumento,

permitiendo que se paguen

los agravios diferentes

cuando le tocan iguales.

Al punto que me embistieron,

dando de plazo un instante

a mi vida, se me puso

a mi lado un hombre o ángel.

Un rayo fue que a su fuerza

fue lo valiente cobarde,

pues de los tres de la muerte

pudo su brazo librarme.

Huyeron todos, quedeme

agradeciendo el rescate

de la vida que le debo,

y sabiendo de su sangre

Pag. 44

Don Pedro

la nobleza de lo noble,

tanta amistad, tantas partes,

quedé de suerte empeñado

que es con amor entrañable,

porque no he visto en mi vida

caballero más galante.

Aparte.

Don Diego

Ya por amigo me tiene

con deseo de tratarse,

de la ocasión envidioso

y agradecido del lance.

Aparte.

Doña Ana

Gracias a Dios que estás libre;

doyte gracias de que te saque

siempre de tantos peligros

como pasar cada instante,

que agradecida me tiene.

Don Diego

Hombre tan noble y amable.

Mucho siento que a doña Ana

tan de veras le alabase.

Don Pedro

Cómo se llama el amigo?

Don Diego

Don Juan de Silva; delante

le tenéis.

Pag. 45

Don Juan

Por cumplir la palabra

que de veros me tomasteis,

y por cumplir mi deseo,

no he querido dilatarle.

Don Pedro

Sois mi amigo verdadero,

y no habrá cosa que baste

a que estemos divididos,

unidas las voluntades.

Al señor don Juan, hermana,

debéis mi vida, y a darle

quedó obligada la mía

a quien un favor me hace

como ofrecerme por vuestro.

Doña Ana

Qué galán, qué lindo talle!

Don Juan

Yo soy vuestro servidor.

Don Pedro

El señor don Pedro, habladle,

que es un grande amigo mío.

Don Juan

Personas tan principales

siempre serán conocidas,

aunque ocasiones nos falten

de servirlas, de tratarlas;

pero los que poco valen

vivimos muy retirados.

Pag. 46

Don Pedro

Mil días a que obligarme

pudo en mí para serviros

el conocer vuestras partes;

pero el tiempo que he perdido

me permitiréis que gane,

siendo siempre vuestro amigo.

Doña Ana

No me aparto de mirarle,

ni tengo por su mirar

que entre la vista en la cárcel,

porque si presa se queda

es imposible librarse.

Don Pedro

Muy cuidadosa le mira.

Irme quiero por llevarle;

los tres nos vamos al prado

antes que pase la tarde.

Don Diego

A don Juan acompañemos.

Don Juan

Que os sirva, que os acompañe

es muy justo; vos, señora,

pues ya soy vuestro, mandadme.

Don Pedro

Yo os suplico que a mi hermano

vuestro lado no le falte,

que le busquéis muchas veces.

Pag. 47

Don Juan

Ansí lo haré.

Don Pedro

Dios os guarde.

Vanse los tres.

Doña Ana

A gentil hombre; mas a mí,

mas podré ver que se engañe

dando acaso por oficio

lo que no me da por talle.

Don Diego

De qué servir a don Juan?

Martín

De que las damas me llamen

y de informarlas a todas

que yo le sirvo de balde,

que es oficio más honroso

que de provecho, no cabe

todo en mi saco, ni elijo

que quisiera mucho antes

una espléndida comida

que un espléndido linaje.

Don Diego

Don Juan será muy querido.

Martín

Él quiere bien, no es amante,

porque impedido se halla

de un pesadísimo achaque.

Don Diego

En don Juan puede haber cosa

que para amar le embarace?

Martín

Intrínseca no es posible,

que aunque el achaque le nace

Pag. 48

Martín

de poder poco en sí mismo,

no hay potencia que le falte:

la voluntad, la memoria,

entendimiento notable,

y si acaso hay más potencias,

todas tiene sin que falte.

Don Diego

Pues qué decís que le falta?

Martín

Dinero con que regale

la criada, el escudero,

la parienta, el mal de madre;

con que todo facilite,

dificultades allane,

con que venza lo imposible

y rinda las voluntades.

Don Diego

No está sobrado don Juan.

Martín

De alguna necesidad,

en que también yo le sirvo

y voy con él a la parte.

No le pagan bien sus rentas,

es muy poco lo que valen,

las fincas no son muy buenas

y es forzoso sustentarse

Pag. 49

Martín

como quien es, con criados,

sin que pueda alimentarme

a mí solo, ni tener

caballerosos disfraces.

Don Diego

Es de comer lo que os falta.

Martín

Soy tan señor en mi hambre

que como hambre en gigote,

hambre engañada en manjares

exquisitos, porque todos

apetece mi gaznate,

camaleón empalagado

de comerlos en el aire.

Dele una cadena.

Don Diego

Tomad pues esta cadena.

Martín

Agarrela, aunque me llames

avestruz; una me has puesto

para que con ella trace

que le ponga a mi amo

una esposa como un ángel.

Don Diego

Venidme a ver muchas veces.

Martín

Cada eslabón que quitare

Jornada segunda

Pag. 50

Martín

me servirá de memoria,

y como algunos se gasten

me servirá de codicia

oro de tantos quilates.

Don Diego

No sepa nada don Juan.

Martín

De nada le daré parte

por no dársela de nada.

Don Diego

A mí sí.

Martín

Mas de cuanto alcance.

Pag. 51

Don Juan

Hermosísimas flores,

alegre campo de colores,

a quien el sol les debe

de unas con otras conservar lo breve,

pues vuelve lo que quita

y unas florece y otras marchita;

arroyo que al oído

es agradable y manso te ruido,

ramas en quien se alcanza

juntas la posesión y la esperanza;

pues ostentáis lo verde

sin que ambición de fruto se os acuerde,

cuando el de fruta ufano

está sujeto al golpe de una mano;

ramas, arroyo, flores,

qué festejos tenéis de ruiseñores.

Dadme la norabuena,

que os miro alegre, si os miro con pena.

Yo soy aquel dichoso

que veis agora de Leonor esposo,

que fue tan desdichado

que visteis deste bien desesperado.

Pag. 52

Don Juan

El que pudo algún día

mentir con su pesar vuestra alegría,

y quien os mira agora

sin tinieblas a vista de la aurora,

amante sin mudanza,

mas en la posesión que en la esperanza;

que el que habiendo querido,

alcanzándose halla arrepentido,

será porque ha buscado

contento que no es firme en mal estado,

donde es fuerza suceda

que pasa el gusto si el pecado queda;

no donde yo gozoso,

poseyendo amante, quiero esposo.

Pag. 53

Don Juan

Pero también contemplo

que no hay perfecto bien en este ejemplo,

pues tengo el bien que quiero

y con ser todo, no lo tengo entero,

gozando sin sosiego

lo que pretende contra mí don Diego.

Y sin que salga el día

escondiéndome voy de don García,

donde la noche breve

que paso con mi bien es día breve,

y el día con tal carga

que paso sin mi bien es noche larga;

que el más dichoso estado

en el mundo se goza limitado.

Don Diego y don García,

los dos opuestos de la dicha mía,

veo; aquí me oculto,

si bien el escucharlos dificulto.

Escóndese. Salen el viejo y don Diego.

Don Diego

Si es solo razón de estado

dilatar mi casamiento,

que no tendréis otro intento,

siendo quien ha rogado,

Pag. 54

Don Diego

Para que os quiera buscar

sin dilatar mi esperanza,

que no acabo la alabanza

del haceros de rogar.

Que si aquello que queréis

por más honra lo dudáis,

con lo mismo os afrentáis

si cosa vuestra lo hacéis.

Don García

El casamiento he dudado

sin haberos respondido

por si acaso algún olvido

os pudiera haber mudado;

pero ya que me sacáis

donde agora me tenéis

ya qué respuesta queréis,

cuando tanto me apretáis.

Os digo que yo propuse

a mi hija vuestro intento,

que excusó su casamiento,

aunque con vos lo propuse;

Pag. 55

Don García

y que habiéndome informado,

perdonadme si a esto llego,

colijo en todo, don Diego,

que estáis muy mal opinado.

Esta es licencia de viejo,

que el modo con que lo digo

estimaréis como amigo,

por enmienda y por consejo.

Aparte.

Don Diego

Vive Dios que sufro mucho

y que estoy desesperado;

a su hija me ha negado

con el modo que le escucho.

Disimular me conviene

por la parte que me toca,

que aunque el furor me provoca,

un grande amor me detiene.

Mirad primero mejor

si soy pobre o mal nacido,

si malo para marido,

aunque sea de Leonor,

y mirad, pues sois discreto,

que no parece locura

Pag. 56

Don Diego

sin vileza, travesura,

que en un mozo no es defecto.

Siempre hallaréis en un mozo

liviandades cortesanas;

si os informáis en las canas

de los delitos del mozo,

si os informáis de mi igual

y alguno viejo me viera,

o por loco me tuviera

o por de poco caudal.

Decidme, pues, en qué pierdo

la opinión en que me fundo,

cuando la pierde en el mundo

lo juvenil con lo cuerdo.

Don García

Esa opinión os condeno

y a la mía no la igualo,

que es cierto que aun con el malo

tiene su lugar el bueno.

Porque el malo cuando miente

a sí mismo satisface,

con alabar lo que hace

vitupera lo que siente.

Pag. 57

Don García

que el malo cuando le toca

alaba lo que es ajeno

dentro de sí, pero el bueno

con corazón y con boca.

Don Diego

Vuelvo a decir que mejor

lo que os conviene miréis.

Don García

Don Diego, no me canséis;

no ha de ser vuestra Leonor,

a lo menos mientras vivo.

Don Diego

Y en tanto que no me muero,

ignoráis en lo que quiero

el pesar que yo recibo,

si acaso no lo ignoráis.

Cómo así me respondéis?

Ya caduco no teméis

que soy yo con quien habláis.

Don Juan

Si se arrojare imprudente,

yo soy parte y no testigo.

Don García

Pues tú te atreves conmigo,

poco, rapaz, insolente?

Don Diego

Si a mi furia me provoco,

presumiréis lo que os quiero.

Pag. 58

Don García

Vive el cielo que mi injuria

a venganza solicitas.

Don Diego

Ya que furioso me incitas,

sepa este monte mi furia.

Suelta don Diego. Sale don Juan.

Don Juan

Pues tú eres contra mí?

Siempre ves que defendí

los que oprimidos están,

y de esto serás testigo,

cuando obligado me estás;

mas quiero obligarte más.

Ya que me llamas amigo,

y esto ha de ser de este modo,

que de locuras iguales

así borro las señales,

ya que no es posible el todo.

Y quién tanto te aprovecha,

que está siempre de esta suerte

estorbándote tu muerte

y una cosa tan mal hecha,

Pag. 59

Don Juan

te avisa que el amor mal

no habrá fuerza que lo impida,

pues yo que te di la vida

quito solo una señal,

con que verás en lo sabio

que es más posible, más cierto

dar tal vez la vida a un muerto

que dar honor a un agravio.

Don Diego

Corrido estoy. No quisiera

que don Juan me hubiera visto;

la venganza aquí resisto,

porque a mis manos no muera.

Don Juan

Ser don Juan tan puntual

no ha de ser contra el amigo,

que aun en lo malo le sigo

si tiene gusto en el mal.

Es la culpa el elegir,

que después la aprobación

no ha de mirar la razón

para estorbar o seguir,

porque la cólera crece

el que con mucha prudencia

Pag. 60

Don Juan

da sin tiempo la advertencia

y al más amigo enfurece.

Yo cumplo mi obligación

en todo lo que yo sigo,

porque aunque soy vuestro amigo,

lo soy más de la razón.

Y si amigo me estorbara

que yo la razón siguiera,

si otro remedio no hubiera,

vive Dios que le matara.

Don Diego

Mas me parece pasión

que no razón la que mueve,

pues defenderse se debe

sin pasión a la razón.

Pero si el consejo sigo

que en amistad os he dado,

también lo tengo aprobado,

pues os dejo por amigo.

Y a vos os digo que aquí

lo mejor averigüéis,

Pag. 61

Don Diego

que a vuestra hija me deis,

o que la guardéis de mí,

porque estoy enamorado,

porque puede poco agora

amor loco en hombre loco

a serle desatinado.

Don García

Hijo tengo que te impida

ese loco pensamiento,

que ataje tu atrevimiento

y que te quite la vida,

que morirás por su mano

si fueres tan atrevido.

Don Juan

Primero es la de un marido

y después la de un hermano.

Don García

Mas esta acción agradezco

cuanto es menos merecida,

y si es deuda prevenida

también la paga os ofrezco.

No corréis en lo prudente

con ese loco pareja,

pues sois el mismo en la queja

y en la acción tan diferente.

Pag. 62

Don García

que con haberos negado

lo mismo que él ha pedido,

estoy de vos defendido

cuando del otro afrentado.

Con que si al uno condeno

por bueno al otro señalo,

porque al lado de uno malo

se conoce más el bueno.

Don Juan

Quien tanto favor alcanza,

qué otra posesión espera,

pues tengo la verdadera

en Leonor, en tu alabanza?

Es servirte beneficio,

y ya he podido alcanzar

cuanto tú me puedes dar

en Leonor, en tu servicio;

que cumplir mi obligación

es lo que solo me toca,

no me permite la boca

agravios del corazón.

Don García

No quiero perder tu lado.

Don Juan

Que me acompañes permito,

Pag. 63

Aparte.

Don Juan

porque entiendas necesito

de estar bien acompañado,

porque esperes compañía

que a tu gusto considero;

es la tuya la que espero,

que ya yo tengo la mía.

Vanse. Salen doña Leonor y Lucía.

Doña Leonor

No hay alivio, no hay paciencia

a la pena en que me abraso,

porque es la ausencia que paso

pesada si breve ausencia.

Tengo el bien en apariencia,

y con sombras la alegría,

al bien que es propio no hay día,

que en dos casados amantes

son tormentos los instantes

sin su trato y compañía.

Considérome casada,

y como amante me veo,

pues tan a hurto poseo

que ver el día me enfada.

Pag. 64

Doña Leonor

Aquel trato cuando agrada,

aquel bien en propiedad,

aquella conformidad

es el mayor interés,

y estoy enferma al revés

por más larga enfermedad.

Va de un enfermo el desvelo,

que el mal de noche le crece,

que ya mira si amanece

y así luz entra del cielo,

que espera en ella consuelo.

Ya sé un siglo de un momento,

que se levanta sediento,

que se sienta, que no cesa,

que a cada vuelta confiesa

mucho mal en su tormento.

Pues yo, al revés, si amanece,

me levanto sin sosiego,

a la ventana me llego,

y ya don Juan no parece;

crece el día, el ansia crece,

Pag. 65

Doña Leonor

sospechosa considero

en que le gasta; aquí muero,

en nada tengo alegría,

y como el que espera el día,

así yo la noche espero.

Lucía

El mal que yo paso es,

si acaso no lo sospechas,

enfermedad a derechas,

cuando la tuya al revés;

que es tal el sueño que ves,

que ya yo paso por ti,

que a tu padre respondí

a un poco que preguntó:

si con la boca que no,

con la cabeza que sí.

Tanto tu amor me desvela,

con abrir quedar vestida,

que entre despierta y dormida

soy nocturna centinela.

No entre dos luces sin vela

he de bajar y subir,

después estar sin dormir,

Pag. 66

Lucía

si piedad en yerro cabe,

me tiene piedad la llave,

y tal vez no quiere abrir;

mas abre al fin, que oprimida,

aunque la llave se hiera,

la mueve entonces la fuerza

de mi obediencia movida.

Doña Leonor

Por eso toda la vida

te tengo yo de pagar

haber querido juntar

a dos casados, que en fin,

si no es por medio ruin,

bueno es saber obligar.

Mas qué dices de don Juan?

Quiérame bien en otra parte?

Lucía

Lo que no fuere dejarte

es permitido a un galán;

las damas le buscarán.

Doña Leonor

Qué dices? Esa licencia

la tomaste en violencia,

cuando estaba satisfecha

que quitases la sospecha,

le das nombre de evidencia.

Pag. 67

Lucía

No ves que siempre un recelo,

si con dudas se acredita,

contradicción solicita

en quien espera consuelo?

Que si se teme un desvelo,

luego busca el corazón

permitida adulación,

porque a males esperados,

temidos y no llegados,

se debe contradicción.

Doña Leonor

Yo por haberle alabado

me pareció que él debía

de pasar de paso el día

siendo de algunas buscado.

Lucía

Digo que te has engañado,

y que cuando yo no veo

responder a mi deseo

soy yo misma quien me ayudo,

porque entretanto que dudo

por lo menos no lo creo.

Doña Leonor

No me alabes a don Juan,

porque yo le quiero así.

Pag. 68

Doña Leonor

Galán cual es para mí,

no por allá tan galán.

Lucía

Las mujeres siempre están

sujetas a que un marido

esté fuera divertido;

si está en casa sin desdén,

aprende a llevarlo bien

si excusar quieres ruido.

Sale Martín con la cadena al cuello atravesada.

Doña Leonor

Señor Martín?

Martín

Mi señora,

enviado vengo y traído

de don Juan y de Cupido,

que arrastra a quien enamora.

Mas bien haya quien te adora,

quien tiene tanta ventura,

quien hermosa te procura;

sola a Lucía querría,

que no luce una Lucía

delante de tu hermosura.

Doña Leonor

Tan galán y cortesano,

yo te doy la norabuena.

Lucía

Es de toque la cadena.

Martín

No es de toque de tu mano.

Pag. 69

Lucía

Bravamente estás ufano.

Martín

No te quisiera Lucía

codiciosita; desvía,

que a la cadena te juntas

y por su salud preguntas

primero que por la mía.

Lucía

Lo atravesado no agrada;

póntela de otra manera.

Martín

Lo travieso no quisiera;

pero ves la atravesada?

Lucía

Pues soy yo ciega?

Martín

Engañado

te tienen esos antojos;

no la miras con enojos

cuando por ella suspiras,

ni atravesada la miras

si la ves con buenos ojos.

Doña Leonor

Qué hace don Juan?

Martín

Más no sabe,

y él no lo sabe tampoco,

que yo le juzgo por loco

el rato que no te ve.

Pag. 70

Martín

porque amor con un amante,

ya que no puede ignorante,

le puede hacer divertido.

De los amigos se esconde,

de los gustos se desvía,

ya no busca la alegría

ni a propósito responde;

solo a ti te corresponde,

y él a solas habla en ti,

y como vio que le vi

me dijo con grande amor:

pues conmigo y sin Leonor

fuera bueno estar en mí.

Sale Leonor. Aquí doña Ana aparte.

Doña Leonor

Aquí doña Ana ha parado.

Lucía

Di que venga norabuena.

Dándosela.

Doña Leonor

Partiremos la cadena.

Martín

Este nombre no he tragado;

a tiempo viene ocupado

esta señora doña Ana,

de don Diego no es hermana.

Lucía

Pues qué importa que lo sea?

Martín

Yo no quiero que me vea,

ni de verla tengo gana.

Pag. 71

Doña Leonor

Esconderme te conviene.

Lucía

Por qué tan poco sosiego?

Quítala y dásela a doña Ana con manto.

Martín

Es amigo de don Diego,

mi amo, y si esta viene

y aquí me viere, este tiene

ya con recelo a mi pena

de malicias esta llena.

No me escondes, no responde,

pero ya que no me escondes,

quiero esconder la cadena.

Doña Ana

Leonor amiga.

Lucía

Sí, doña Ana.

Martín

Cómo me mira derecha.

Doña Leonor

Luego miró mi sospecha,

y yo temo que no es vana.

Doña Ana

Vengo a mostrarte la gana

que tengo del casamiento

de mi hermano, pues su intento

Pag. 72

Doña Ana

Qué gran desdicha es la mía

si lo que temo es lo cierto.

Doña Leonor

Con las palabras no acierto.

Martín

Oh, mal haya la cadena.

Doña Ana

De sentido estoy ajena.

Doña Leonor

Habla el color y está muerto.

Doña Ana

Yo veré si me declara

su semblante mis recelos,

que son fingidos los celos

si no salen a la cara.

Cómo está don Juan?

Doña Leonor

Reparo

en que no es acción decente

preguntar sin ser pariente

por un hombre, y hoy dificulta

menos hace quien pregunta

que no aquella que lo siente.

Martín

Ves que en don Juan se alcance

lo galán y lo cortés.

Aparte.

Doña Leonor

Hela es la primera vez

que mal oigo su alabanza.

Doña Ana

Puede ser que mi esperanza

busque en don Juan un marido,

Pag. 73

Doña Leonor

si le he visto, no parece

mucho amor que te parece.

Doña Leonor

Bien siempre me ha parecido.

Doña Ana

Es galán.

Doña Leonor

Y muy galán.

Doña Ana

Es entendido.

Doña Leonor

Discreto.

Doña Ana

Es muy valiente.

Doña Leonor

Es sujeto

de muchas partes don Juan.

Martín

Bueno, tartajas se dan.

Doña Leonor

Ay, Lucía, mas viene ahora

que debiendo estar celosa

me pregunte muy segura.

Doña Ana

Que al mostrarte mi locura

no responda sospechosa.

Doña Leonor

Dile a don Juan que mi hermano

le pide que venga luego.

Doña Ana

Dile a don Juan que don Diego

le quiere ver muy temprano.

Martín

No meto en esto la mano,

porque la discordia tan llana

entre Leonor y doña Ana

cuando no hablase una

por no enfadar a ninguna,

me tomará la mañana.

Pag. 74

Doña Ana

Mi hermano viene obligado

al presente mensajero;

con el mío está primero

su amo más empeñado.

Doña Leonor

Con no dar ningún recado

queda igual el pundonor.

Martín

Con metafórico amor

me dicen por cosa llana

mi obligación a doña Ana,

la de mi amo a Leonor.

Doña Leonor

Pues qué te importa que aquí

venga don Juan lo primero?

Doña Ana

Qué me importa considero

otro tanto como a ti;

sienta los celos así

quien con tanta presunción

asegura el corazón.

Doña Leonor

Alárguense sus recelos,

ya que engendraron mis celos

su grande satisfacción.

Doña Ana

A don Juan no digas nada,

porque bien sabe mi hermano

Pag. 75

Doña Ana

buscar como cortesano

a tu amo en su posada.

Doña Leonor

Si es aqueso ocasionada

de juzgar a atrevimiento

mi respuesta, fue mi intento,

fundado en su voluntad,

que es muy grande la amistad

para usar de cumplimiento.

Doña Ana

Mas parece que venías

a mostrarme tu afición.

Doña Leonor

Parece que la ocasión

acá dentro me tenías;

quédate a Dios, que otros días

hablaremos de otra cosa.

Doña Ana

Dios te guarde, cuidadosa.

Vanse las dos.

Doña Leonor

Hablar palabra no puedo,

harto celosa me quedo,

de aquí me voy bien celosa.

Lucía

Tú, Martín, la has hecho buena.

Quién se fía de tu amor?

Muestra hiciste de traidor

por dar muestra de cadena.

Pag. 76

Martín

Esa muestra te condena,

mercader, pues no lo soy;

puedes buscar, si me voy,

que en dar muestra satisfaga,

que la dé, no que haga,

que yo la hago y no la doy.

Vanse y salen don Pedro y don Diego.

Don Diego

Si a reñir sale conmigo,

acabose mi esperanza.

Don Pedro

Oh, cuánto puede la honra,

pues la antepongo a su hermana.

Don Diego

Ya, don Pedro, os he seguido;

esta soledad es tanta

que solo el aire nos oye,

solo los ecos nos hablan,

donde al agua de estas fuentes,

a las hojas de estas ramas,

otro ruido no impide

su agradable consonancia.

Pag. 77

Don Diego

Decidme agora el intento

de sacarme aquí, la causa

de mostraros disgustado

sin hablarme una palabra.

Don Pedro

Que ignoréis lo que me mueve,

mucho, don Diego, me espanta;

si no es que ciego a locuras

perdáis el miedo a desgracias.

Dos ocasiones me obligan,

la una que ejecutada

venganza pide, la otra

que del intento no pasa

pide atajarla con tiempo,

porque solo su amenaza

ofende con la porfía,

con hacer la fuerza agravia.

De la injuria que le hicisteis

a mi padre, a cuyas canas

lo furioso se mitiga,

pues que la misma ventaja

quita el enojo al valiente

cuanto es acción más bizarra.

Pag. 78

Don Pedro

Por no reñir con un viejo

darle el respeto por armas.

Bien veréis si ya me toca

el tomar de vos venganza,

pues heredo de mi padre,

como las honras, las manchas,

de la tema en los amores

en que mostráis con mi hermana,

por glorias de vencimientos

resoluciones temerarias.

Si venganza no pidiera,

por lo menos os sacara

donde de ella os previniese

con tomaros la palabra,

que pienso que vencería

el cumplirla a la arrogancia

de suponer conseguida

cualquier pasión intentada.

Y aunque una vez en el campo

no piense que las palabras

dilaten al agravio

lo que ya toca a las armas.

Pag. 79

Mete mano.

Don Pedro

Estas causas os he dicho,

porque si al fin mi desgracia

quedar con vida os concede,

siempre temáis estas causas.

Ya con la espada os espero.

Sacad, don Diego, la espada.

Don Diego

Mirad primero, don Pedro,

nuestra amistad, que el sacarla

ha de ser a daros muerte,

la defensa necesaria.

En las mismas humildades

mezcláis también arrogancias;

meted menos, o vive el cielo

que anticipe mi venganza.

Don Pedro

Lo alevoso, que el agravio

tomarla así me obligara,

si mi sangre permitiera

cosa que juzga por baja.

Fuerte trance, mas forzoso,

aunque ya pierda a su hermana.

Pag. 80

Don Pedro

Querer morir, que a matarme

un mundo entero no basta.

Don Diego

No atemorizan locuras,

ni palabras me acobardan.

Don Pedro

Con muy grande gallardía

medís conmigo la espada.

Cae con una estocada, arrimado a la espada.

Don Diego

Mucha razón me defiende

y vuestras culpas me amparan;

pero ya me siento herido,

todo el aliento me falta.

Don Pedro

Que me pesa sabe el cielo.

¿Qué sentís?

Don Diego

Una estocada

que pienso que me atraviesa.

Miremos ya por el alma.

Don Pedro

Esta calle de Alcalá

donde tenéis vuestra casa

está bien cerca; en mis brazos

os llevaré.

Don Diego

Si se llama

en este santo convento

de recoletos que salgan

podrá ser, y me confiesen,

que avisen desta desgracia

Pag. 81

Don Diego

a mi padre, porque os vais

sin que ansí se sienta nada.

Don Pedro

Hágase de esa suerte.

Llegaos a mí, que no pasa

persona alguna, y la vida

también sin Leonor me mata.

Llévasele consigo, y salen don Juan y Martín de noche.

Don Juan

Es, Martín, la posesión

que me da mi dulce dueño

no capaz de galardón,

y es al fin un grande empeño

sobre grande obligación.

Querido y enamorado

me hallaba bien obligado,

siendo de un ángel querido,

después que soy su marido.

Mira si estoy empeñado:

no estar loco de contento

es harto grande locura,

es no sentir lo que siento,

que le debo a mi ventura

mucho más que el pensamiento.

Pag. 82

Don Juan

Solo con él satisfago

la estimación que yo hago

de tanto bien como llevo,

aunque con lo mismo que debo,

cuando me empeño le pago.

Porque el amor que en un pecho

tiene tanto de infinito,

en sí vive como estrecho,

y si el obrar le limito

no se da por satisfecho.

De suerte que si le sigo,

recibiendo como digo,

hago lisonja al amor,

y obligo tanto a Leonor

cuanto ya de ella me obligo.

Martín

En mí se junta el oír

tus pensamientos diversos,

no comer, y no dormir;

solo me falta hacer versos

para sin seso vivir.

No hay hombre, bajo silencio,

aquella bonita pieza

a verse su presumido

Pag. 83

Apártase y pone la capa por cabecera, y échase.

Martín

que esté tan desvanecido

como yo de la cabeza.

En este suelo me tiendo,

aquí me voy apartando,

en el sueño me encomiendo,

porque si fuera cenando,

que jamás durmiera entiendo.

Don Juan

Mucho tardan; yo me llego

y me acerco a mi sosiego.

Pierdo tiempo, y soy amante,

que dos pasos y un instante

es dilación de mi fuego.

Dentro ruido. Sale don Diego huyendo por una puerta y entra por otra con la espada desnuda. Mete mano don Juan. Salen luego dos hombres con varas en las golillas, como ronda, corriendo tras don Diego, y detiénense con don Juan.

Ronda

Favor pido a la justicia.

Tengan a ese hombre, detengan.

Don Juan

Con la espada me prevengo.

Don Diego

Válgame mi ligereza.

Don Juan

Siempre se ofrecen estorbos

cuando una dicha se espera.

¿Qué he de hacer? Yo soy perdido

si aquí parado me encuentran.

Ronda

Aquí tengo al delincuente.

Otro

Asilde bien; vaya presa

su persona. Dad las armas

por esa calle atraviesa.

Don Juan

Mirad que soy caballero.

Otro

Pues, ¿qué importa que lo sea,

si a un hombre en aquese prado

ya casi muerto le deja?

Pag. 84

Don Juan

El que buscáis, que yo estaba

bien libre desta pendencia,

y parado en esta calle.

Ronda

La disculpa no aprovecha,

y con la espada en la mano,

sin que nadie aquí parezca.

Don Juan

Metí mano, por si acaso

alguno me acometiera.

Mirad que soy caballero.

Otro

Pues, ¿qué importa que lo sea,

si a un hombre en aquese prado

ya casi muerto le deja?

Don Juan

Pues llevadme a que el herido

me reconozca y me vea,

y veréis que no lo dice.

Ronda

Pues, ¿qué queréis que dijera?

Vamos, pues sois caballero,

no a la cárcel, a dar cuenta

a quien, si libre os envía,

no culpe la diligencia.

Otro

Eso es mejor, porque guardas

nos toquen de esa manera.

Pag. 85

Ronda

No lo hago por respeto.

Otro

Con el herido no queda

un compañero.

Ronda

A su casa

luego al punto que la sepa

le llevará. Caminemos.

Don Juan

No resisto lo que es fuerza.

Desdichas, si es con envidia

mi gran dicha me consuela,

si envidiosas no sois tantas

que os atreváis a soberbias,

Vanse. Sale don Pedro por otra puerta con la espada desnuda.

Don Pedro

Lo veloz que no repara

donde su curso se lleva,

cuando el mismo movimiento

apresura tan a ciegas,

me ha traído con las alas

de una valiente carrera,

cuanto medrosa, si el miedo,

huyendo el peligro, alienta

a la calle que he dejado,

al mismo puesto doy vuelta,

donde estaré más seguro,

si me buscan y se alejan,

porque acercando a don Diego,

como me dijo, a la iglesia

Pag. 86

Don Pedro

Si no está ciego, no acierta.

Pero, ¿qué es esto que siento?

Una llave en esta puerta.

Oigo abrir; es puerta falsa,

y es hora ya de sospecha.

Ya están abriendo, ¿qué dudo?

Ya la llave dio la vuelta.

Lucía

Ya don Juan está esperando,

y habrá rato que me espera,

porque aguardamos primero

a don Pedro, sin que venga.

¿Qué digo?

Don Diego

Yo me llego.

Lucía

¿Sois vos?

Don Diego

¿Quién queréis que fuera?

Pag. 87

Lucía

Asidme, que de la ropa

que mi señora os espera.

Don Diego

¿Hay luz con que puedan verme?

Lucía

No hay sino solo tinieblas.

Don Diego

Ellas ayuden mi dicha,

la ocasión me favorezca.

Entranse y vuélvese a cerrar.

Como jugando entre dos.

Martín, soñando

Paro a eslabón, y eslabón;

topo y hago, tenga cuenta:

una, dos; el tres faltará.

Para Balona era buena

la suerte de mi contrario,

que de encajes está llena.

Débeme veinte eslabones,

paro toda la cadena

a la trocada; no quiero

sino que me dé la media.

Bueno, a femia juguemos

como quien somos, no sea

que estos príncipes menores

ya por pícaros nos tengan.

Suelte, digo, no es soldada

si no solo de una pieza.

Pag. 88

Levántase.

Martín

Tome, pues, lo que le sobra

en dinero; enhorabuena.

Esto he ganado perdiendo,

porque la falsa se lleva

y me quedo con la fina.

Salto, brinco, linda treta.

Lindamente lo he soñado,

que dormido no pudiera

sin hombre que si no come

cuanto le pasa lo sueña.

Mi amo está muy despacio

con Leonor, no con Lucrecia;

aunque se den de las astas,

yo me voy, que no soy bestia

para dormir en el campo,

ni tampoco, aunque me vea,

soy yo galán político

que al sereno se serena.

Vase. Salen doña Leonor revuelta, y don Diego.

Don Diego

No des voces, dueño mío.

Sosiega, Leonor, sosiega.

Leonor

Dime, traidor; mas no puedo

mover apenas la lengua,

Pag. 89

Leonor

porque asida a la garganta

como un nudo la atraviesa

quiere la furia quejarse,

y del susto tan opresa

salir no puede a la boca,

y en el pecho me revienta.

Don Diego

Leonor mía, yo soy tuyo.

Leonor

No hay aliento para quejas.

Mira, villano, atrevido,

que mi padre está tan cerca,

que ese aposento le oculta

en el tiempo que le afrentas.

Dime quién eres, y mira

que en el nombre no me mientas

como en la acción que atrevida

ya se valió de violenta.

Y mira que te conoce

mi presunción, mi sospecha,

y que si eres el que pienso,

pues es fuerza que lo seas,

que ya mi honra me debes.

Pues basta para perderla

Pag. 90

Leonor

haber tocado mis brazos,

puesto mancha en mi limpieza,

mi honestidad profanado,

y violado mi inocencia,

y que solo el matrimonio

puede ser mi recompensa,

o la vida, si ya fuese

que estorbar ya no pueden

mi venganza solicitó.

Aparte.

Don Diego

Disimulando mi ofensa

su marido quiere hacerme,

cuando goza su belleza

un dichoso que la alcanza,

sin alguna resistencia,

que gozarla no pudiese,

y que pude entre ternezas

gozar en manos y labios

claveles y azucenas.

Mas daréle la palabra

porque me mande que vuelva;

que ya vencido el principio

no resiste la vergüenza.

Pag. 91

Leonor

Dime el nombre, que no quiero

que en mi cuarto te detengas.

Don Diego

Don Diego soy de Mendoza,

quien te adora, quien desea

más ser tuyo que la vida,

y quien sin ti la desprecia.

Aparte.

Leonor

No es tiempo agora, don Diego,

de que mi padre te sienta.

Con qué fuerza disimulo

lo atrevido desta fuerza.

Don Diego

Podré verte como esposo.

Leonor

Yo te daré la respuesta.

¿Oyes, Lucía?

Lucía

Señora.

A asomarse al llamado.

Leonor

Escucha aparte. Tú lleva

de aquí a don Juan, que mi padre,

aun desta tengo vergüenza,

le podrá ver. No le nombres,

que me importa que así sea,

y si algo te preguntare,

tampoco le des respuesta.

Lucía

Temes que el viejo lo sienta.

Leonor

El miedo siempre recela.

Pag. 92

Lucía

Venid tras mí.

Don Diego

Aquí estoy.

Lucía

Seguidme, porque no venga

don Pedro, que no ha venido.

Os llevo por otra puerta.

Don Diego

Venid paso.

Lucía

Ya te sigo,

y ya sigo las tinieblas,

porque están al apetito

ya rendidas las potencias.

Vanse y queda doña Leonor.

Leonor

O no siento mis desdichas,

pues me quedan los sentidos,

o puede ser que me falte,

sin que lo sienta, el juicio.

Quedar en mí no es posible,

porque hay males tan prodigios

que las fuerzas naturales

no se atreven a sufrirlos.

Querer el cielo usurparse

nombre acaso de benigno,

estorbarme mi locura,

llamar piedad al castigo,

son efectos de otras causas

menores que las que miro.

Pag. 93

Leonor

son violencias que no pasan

del corazón el distrito.

Pero males tan terribles,

para que quepan conmigo,

de mí misma han de sacarme,

o salirse de sí mismos.

No es posible que me dejen

qué permisiones de alivio

se reservan donde admiten

de remedio algún resquicio.

Pero penas esculpidas,

impresas con artificio,

sin que el tiempo las consuma,

sin que apelen al olvido,

sin que lágrimas las borren,

sin ablandar las dos ríos,

sin que el aliento las saque

arrancadas con suspiros,

bronces busquen inmortales,

no corazón como el mío,

y la vida me atropellen,

o me quiten el sentido.

Pag. 94

Leonor

Quien en el mundo anegado

el accidente al peligro,

quien a un pequeño tropiezo

no le rinde un sudor frío.

Pues aquel susto, aquel pasmo,

el asombro repentino

que es natural a lo libre

toca solo a lo cautivo,

no más efectos crueldades

donde veis que lo improviso

asombro fue de un instante

que durara mientras vivo.

Yo sin honor, en un pecho

donde amor más encendido

no oso forjar en su fuego

una flecha al incentivo.

Yo sin honor, yo rendida

a mi mayor enemigo,

donde ninguna advertencia

consiguiera algún aviso,

donde noche tenebrosa

rebozar pudo un delito

Pag. 95

Leonor

que si da miedo intentado

hace temblar conseguido.

Pues qué siento del desprecio

de no haber venido,

quién duda que con desdicha,

mas cómo agora permito

en sentimientos de afrentas

otra causa a mi sentido.

Pero siento que en mi pecho

las sospechas, los indicios,

hacen dudar si son ellas

o la afrenta mi martirio.

¿Qué he de hacer, si la descubro?

Por lo menos la repito,

que hay agravios tan infames

que es nueva infamia el decirlos.

Si se lo encubro a don Juan,

y por otro algún camino

llega a saberlo, atribuye

a traición lo que es destino.

Si al fin lo digo resuelta,

su venganza solicito

a mi padre y a mi hermano;

le descubro por marido.

Jornada tercera

Pag. 96

Leonor

No mudéis, cielos, las suertes;

de mí no estáis ofendidos.

O ya matadme piadosos,

o disponed vengativos.

Venganza, cielos, venganza;

aquí un rayo a tal delito,

y cuatro venganzas juntas

conseguiréis de un castigo.

Pag. 97

Don Juan

Leonor mía, la tristeza

ya que me ves se despida,

que todo a mí se me olvida

cuando miro tu belleza.

Que si aprecia la grandeza

de tal bien la estimación,

mal permite la afición

dividir el pensamiento

cuando para tal contento

aun es corta la aprensión.

Si te miro no me acuerdo,

si no solo de mirarte;

si dejo de contemplarte,

bien conozco lo que pierdo.

Mi loco amor es muy cuerdo

en desperdicios que den

un indicio de desdén,

que fuera agravio fatal

dar lugar a ningún mal

a la vista deste bien.

Si tal vez alguna pena

ya se atreve a la memoria,

Pag. 98

Don Juan

convertida viene en gloria

cuando ya se mira ajena.

Quien por disgusto condena

el peligro en el acierto,

quien libre de verse muerto

cualquier suceso no admira,

quien al naufragio no mira

cuando ya goza del puerto.

Que estaba loco confieso,

preso sin tu compañía;

a la noche sigue el día,

y en tus ojos estoy preso.

Mira, Leonor, que es exceso

recibirme con enojos;

son recelos, son antojos

que tienes que no me miras.

¿Es posible que suspiras

tus lágrimas en los ojos?

Leonor

No es nada, don Juan; no tengo

cosa que te dé cuidado.

Don Juan

Grande es un mal si es callado;

por grande a traerle vengo.

Pag. 99

Leonor

En vano el llanto detengo;

oprime con resistencia

una fuente, y su violencia

saca un raudal más crecido,

que después de detenido

satisface su violencia.

Don Juan

Miro, Leonor, sin consuelo,

ya con el llanto en los ojos,

que das perlas por despojos

con un pródigo desvelo.

De tus lágrimas recelo

mucho mal, y que a juntarlas

van las unas por tenerlas,

que con las unas que vas

formas un mar que después

otras coge y forma perlas.

Leonor

Ya, don Juan, que no puedo

esconderte mi mal, que pierdo el miedo,

atiende, pues, escucha,

si es mucha mi razón, y mi pena es mucha.

Pag. 100

Leonor

Voy a callar la queja,

y el corazón airado no me deja.

No has reparado acaso

que conserva el licor un lleno vaso;

mas si le aplican fuego,

en él no cabe y brota sin sosiego,

y creciendo la llama,

por una y otra parte se derrama.

Mi corazón, que lleno

detiene desta suerte su veneno,

una llama de enojos

del corazón le saca por los ojos,

y otra llama de agravios

del corazón le saca por los labios,

que una pena tan grave

airado el corazón en él no cabe.

Bien sabes lo primero,

porque seguro estés de que te quiero,

que siempre te he querido,

no acordándome nunca del olvido.

Pag. 101

Leonor

que mi padre a disgusto

casarme quiso, que vencí su gusto,

que me casé contigo

con las trazas y modo que no digo,

que como esposo entraste,

que permitido tálamo ocupaste,

y de la entrada el modo

todo lo paso, pues lo sabes todo.

Porque en estas razones

al caso voy, no pinto obligaciones.

Aquella noche triste,

mas cómo pudo ser si no viniste,

aquella que faltaste

nuestra afrenta sin culpa ocasionaste.

Bajando esa criada

abrió la puerta cerrada,

que a males una puerta

en lo fácil de abrir se juzga abierta.

Aplicaba con tiento

el tacto y el oído al movimiento

que en la noche que hacía

divisar con la vista no podía.

Pag. 102

Leonor

Y en lo oscuro y nublado

tu bulto coligió por su cuidado,

con una corta seña

que aun para ti juzgaba por pequeña.

Un hombre ve a su lado,

sin sospechar al fin lo simulado,

y en viendo que se junta,

que responde yo soy a su pregunta.

Le guía a mi aposento,

movido de su grande atrevimiento.

Yo que espero a mi dueño,

aquel rato juzgaba por pequeño.

Entregóme en sus brazos,

donde a mi furia fueran sus pedazos,

si mi padre no fuera

corto alimento de una grande fiera.

Luego al principio dudo,

cotejo sus amores con lo mudo,

las ternezas escande;

a mis preguntas nada me responde.

Pag. 103

Leonor

Temblando me levanto,

quiero apartarme, detiéneme el espanto;

al fin me aliento y salgo,

y de la misma furia ya me valgo.

Y con la voz turbada,

en corto acento mal articulada,

con un color difunto,

que me diga su nombre le pregunto.

Porque al agravio asido

fue luego mi venganza prevenida.

Bien entendí yo luego

que nadie pudo ser sino don Diego;

pero de furia loca

certificarme quise de su boca,

y fue como lo digo,

porque en el nombre contestó conmigo.

Si juzgas que mi vida

debo perder, pero no quedo perdida,

ni ya estuvo en mi mano,

ni librarme tampoco de un tirano.

Tú puedes, tú la quita,

y un grande sentimiento me limita.

Pag. 104

Don Juan

Yo te juro, mi Leonor,

que presto no vuelva a verte

sin que pague con su muerte

nuestra ofensa ese traidor.

Esto te jura mi amor,

y en lo breve a que me obligo

es tu vista buen testigo

que en su castigo violento,

por cumplir mi juramento,

ya se tarda su castigo.

Del agravio que me debe

satisfacerá recompensa,

solo su muerte a mi ofensa

y al juramento lo breve.

Y aunque la prisa me mueve

por cumplir este deseo

de volver a verte, creo

que por verte no le mato,

pues la muerte le dilato

este rato que te veo.

Pero es posible, traidor,

tal maldad, tal osadía,

Pag. 105

Don Juan

que a tan cruda tiranía

le pongas nombre de amor;

que te atrevas a Leonor,

a su padre, que yo vi

puesto a tus pies, que de ti

herido salga su hermano,

y tus ofensas, villano,

también pasen contra mí.

Que en el agravio que emprendes

con tan loco atrevimiento,

no cabe en tu pensamiento

tantas honras como ofendes.

Pero aquel que tú no entiendes

que tanta parte le alcanza

deste agravio, y su esperanza

ese propio, el mismo digo

que te ha de dar el castigo,

dando a todos la venganza.

Leonor

Ya, don Juan, me siento tal

que este mi amor te confiesa

el honor, no, que me pesa

de haberte dicho mi mal.

Pag. 106

Leonor

De tu pena estoy mortal,

que teme mi pensamiento

que en ti pierda mi contento;

que a un grande mal no hay violencia,

pues la misma diligencia

acrecienta el sentimiento.

Qué mal hice, si al amor

le consultó, fue cruel;

pero no redunda en él

cualquier mancha de mi honor.

Don Juan

Cese, mi bien, el dolor;

lleve yo tu sentimiento,

sosiega tu pensamiento,

que si la pena me das,

quedas sin ella, y harás

que yo quede más contento.

Leonor

Como estoy contigo.

Don Juan

En mí

mejor que en ti, ¿qué me espanto?

Si tú no te quieres tanto

como yo te quiero a ti.

Pag. 107

Don Juan

Cuando jamás te perdí

del alma, donde eres más

que en ti misma, pues verás

en el modo que lo digo

que no siempre estás contigo,

y conmigo siempre estás.

Quiéresme mucho.

Leonor

Te hago

ver mi amor verdadero;

no digo lo que te quiero

porque miento si lo digo.

Quedo tan corta conmigo,

que el amor más remontado,

si encarece demasiado

y en palabras ha caído,

cuando queda encarecido,

en mi queda aniquilado.

Don Juan

Él se encarece mejor

con hablar así, que admira

que en riesgo de tanta ira

tenga lugar el amor.

Pag. 108

Don Juan

A Dios queda, que al honor

la satisfacción le impido

si de ti no me despido,

que si este rato no pierdo,

solo de hablarte me acuerdo

y de vengarte me olvido.

Leonor

Vaste al fin, qué confusión.

Don Juan

Dame, mi Leonor, tus brazos.

Leonor

Quieres prenderte en más lazos

para dejar la prisión.

Don Juan

Preso queda el corazón;

en él vas.

Leonor

Los brazos doy,

y por no soltarte estoy.

Don Juan

Dios te guarde.

Leonor

Estoy perdida.

Venme a ver.

Don Juan

No me despido

porque sin ti no me voy.

Vase. Salen don Pedro con banda y doña Ana.

Don Pedro

Mil veces enhorabuena

ya de la salud gocéis.

Doña Ana

Si fuere para serviros,

solo entonces la querré.

Pag. 109

Don Pedro

A don Diego, vuestro hermano,

desafié, como sabéis,

por cumplir mi obligación

y por morir de una vez;

que al vivir desesperado,

cuando yo llegué a entender

que una causa me quitaba

honor y premio a mi fe,

quise a tan fuertes efectos

con morir satisfacer,

que al vivir sin esperaros

este remedio tomé.

El ser vuestro resultaba

de que mi padre, mujer,

diese a don Diego en mi hermana,

su prudencia y su vejez

sin pasión de enamorado,

que con ella lo mire,

reparando novedades

no fue de tal parecer;

mas don Diego, que lo supo,

una tarde que con él

Pag. 110

Don Pedro

juntos fueron, el respeto

pudo a sus canas perder;

solicitaba a mi hermana

de suerte que si antes fue

el amor quien le movía,

solo tema era después.

Al fin ya sin esperanza,

una noche le saqué,

donde dudó de mi vida

de una herida lo cruel,

mas lo piadoso que quiso

lo posible socorrer

subo en don Diego, que en brazos

me llevase, cuando ve

venir tres hombres, temiendo,

como luego vino a ser,

que era justicia, me deja

y se vale de sus pies.

Uno me lleva a mi casa,

que se quedó de los tres;

los dos siguen a don Diego,

y como vine a saber

Pag. 111

Don Pedro

a don Juan de Silva encuentran,

que preso con ellos fue.

Cuando a don Diego otra calle

le ocultaba el parecer,

después que todo se supo

que de la herida sané,

que soltaron a don Juan,

y amigos pudimos ser,

me dice un criado vuestro

que hablarme a solas queréis.

Cuando fue con mis deseos

la respuesta obedecer.

Doña Ana

Muy obligado, don Pedro,

con vuestro amor me tenéis,

mas nosotros no podemos

nuestro estado disponer.

Lo que puedo hacer agora,

porque en parte lo estiméis,

es deciros que mi hermano

por unos días se fue,

que por quitar ocasiones

de Madrid se salió ayer.

Pag. 112

Doña Ana

Y que sin su compañía

bien tan sola no quede

doña Leonor, es la amiga

que siempre más estime,

y con su lado querría

decente gusto tener.

Pues no puede estar conmigo,

quiero que me hagáis merced

de pedirla que estos días

con ella en su cuarto esté,

que aunque la casa de Fabio

estoy con otra mujer,

mucho mejor que nosotras

pues tan sola no estoy bien.

Don Pedro

Su respuesta puedo daros

sin que ella a mí me la dé,

que fuera dejarme que

me lo debe agradecer,

también le haréis compañía

y tanta merced le haréis

que lo que en vos es decencia,

gusto en ella viene a ser,

Pag. 113

Don Pedro

y porque en tiempo tan corto

como estar allá queréis,

ya no lo pierda mi hermana,

al punto la avisaré,

ya prevenida os espera.

Doña Ana

Lo que procurar también

es que entre vos y mi hermano

la amistad muy firme esté.

Don Pedro

Hasta su condición

no hubiera sido que ver

que el cumplir su deseo

y estorbaros algún desdén,

yo avisaré a mi hermana.

Doña Ana

Pues decid que luego iré.

Don Pedro

A acompañaros no quiero,

porque vos no gustaréis.

Doña Ana

Sé que puede tanto mi amor

que ya que libre me ve

me diga que lo que temo

lo debo reconocer,

que ya que sois mi alivio,

quiera que vais a dar fe.

Pag. 114

Doña Ana

de un solo que me matan,

si yo no los llego a ver,

mas el verlos es alivio,

no es descubrirlos, no es

un tormento que pensado

se quede tanto temer.

Pues porque sigo al amor,

porque voy llevada dél,

y obedecí mis deseos

cuando a un ciego me entregue.

Vase. Salen don Juan y don Diego.

Don Diego

Llegué, don Juan, como digo,

a su casa, y el poder

fue bien corto en mi deseo,

pues ella vino conmigo.

Allí dudéme, confiando

del deseo algún lugar,

si siguiendo vine del daño

o si me vine siguiendo.

Pag. 115

Don Diego

Luego sentí que una puerta

tan oculta, tan cerrada,

que al sol le niega la entrada,

pues él no la ha visto abierta,

tan a deshora se abría,

con que luego recelaba

que algún dichoso gozara

el bien que yo pretendía.

Siento que llaman, yo llego,

sois vos, preguntan, yo digo

que el mismo soy, que la sigo,

ya sin luz dos veces ciego.

Y diciendo que Leonor

esperaba, llego dentro,

y con llegar a su centro

más inquieto vi al amor.

Dice Leonor sin desdén:

bien mío, quién vio tal,

que me dijese mi mal

llamándome ella su bien.

Pag. 116

Don Diego

Al fin callando me llego,

cuando mi mano se atreve

a tocar aquella nieve

que engendraba tanto fuego,

cuando el ansia me provoca,

y ya llegaba a sus labios.

Aparte.

Don Juan

Calla ya, que los agravios

no han de llegar a la boca.

Pues no es tiempo del castigo

que disimulé conmigo,

no que le escuche mi afrenta.

Don Diego

Estoy dentro de respeto,

que aun conmigo te parece

que su dicha no merece

lo que no ha sido bien hecho.

Don Juan

Si hay disculpas en amor

que puedan satisfacerse

antes tocan al querer,

porque el decir es peor

Pag. 117

Don Juan

el que adore lo injusto,

mas queda sin encubrirlo

lo mal hecho del decirlo,

sin la disculpa del gusto.

Lo que agora te conviene

es mirar, reconocer,

quién el hombre puede ser

que con Leonor lugar tiene.

A saberlo iré contigo

esta noche, que al entrar

lo tengo de averiguar.

Pues me tratas como amigo.

Don Diego

Desde luego ya siento

que con mi pecho se mide,

si a conceder lo que pide

se adelanta el pensamiento.

En cuanto quise decir

eso te quise rogar,

y no me diste lugar

por escucharme el pedir.

Pag. 118

Don Diego

Porque el amigo que quiero

no advierte prevenido,

o no entiende lo pedido,

o entenderlo no quiere.

Aparte.

Don Juan

No sabe que mi rigor

pudiera disimular,

pero quiérome vengar

sin que yo pierda a Leonor,

que con esto solicito,

por testigo a la ocasión,

de su castigo el perdón

con renovar su delito.

Don Diego

Estoy, don Juan, tan celoso,

es mi mal tan sin remedio,

que ya no alcanzo algún medio.

Pues ser no puedo su esposo,

sola a mi hermano he dejado,

y qué camino he fingido

por poder ver escondido

todo mi mal declarado.

Pag. 119

Don Diego

En su casa quiero estar

hasta que pueda saber

quién goza de esta mujer,

y allí le quiero matar.

Don Juan

Ya no puedes desta suerte

ser marido de Leonor,

pues queda libre el honor,

ya resuelta de su muerte;

y con esto, pues ya puede

de que has entrado vencida,

algo quedar rendida,

será forzoso que quede.

Don Diego

Pues a su calle me voy,

porque es temprano al esperar.

Don Juan

Bien me quedo aguardar,

que ya por parte me doy.

Don Diego

Al enemigo que tiene

tanta de él, tanta suerte,

o le daremos la muerte,

o yo entraré si no viene.

Pag. 120

Don Juan

Entrar no, que no es razón.

Yo me tengo de vengar

antes que vuelva a entrar

y tomar la posesión.

Vanse. Salen doña Leonor y doña Ana con manto.

Aparte.

Doña Ana

A don Pedro agradecida,

estoy tomando esta ocasión

para pagar la afición

que le tengo tan debida.

Aquí contigo estaré,

mientras que viene mi hermano.

Y ofensas de amor tirano

desta suerte abreviaré.

Leonor

Aquí estás bien, porque aquí

estás conmigo mejor.

Para mi hermano es favor,

y también lo es para mí,

de suerte que por servirte,

por darte gusto a mi hermano,

por el mío, que es tan llano,

mal pudiera despedirte.

Pag. 121

Aparte.

Leonor

Aunque de rabia me muero,

aquí la quiero conmigo,

que es la parte del castigo

que en su hermano considero.

Y que teme el corazón

aquel golpe ejecutado

a mi miedo adelantado

le prevengo su perdón,

cuando don Diego vendrá.

Aparte.

Doña Ana

Por pocos días se fue;

muy presto aquí le tendré,

y a tu servicio estará,

que quisiera que al deseo

le diese satisfacción,

y que fuese nuestra unión

por la causa de su empleo,

que dices quiero probar.

Conforma el casamiento.

Leonor

Agora mi pensamiento

no me trata de casar.

Pag. 122

Aparte.

Doña Ana

A traidor que otra cosa

apetece, no otra suerte.

Aparte.

Leonor

Cuando trato de su muerte

hacerme quiere su esposa.

Y cuando ya que lo soy

de don Juan, ser desdichada

me puede hacer mal casada,

cuando bien casada estoy.

Ves a don Juan, yo me muero.

Aparte.

Doña Ana

Lo curioso no esperaba,

que yo por él preguntara.

Tú me preguntas primero.

Como es más propio a un recelo,

querer la más satisfecha,

asegurar la sospecha

que no encubrir el recelo,

alguna vez le he visto.

Aparte.

Leonor

Aunque miente en lo que oculta,

siempre lo que temo mucho

no sin dudas lo resisto.

Pag. 123

Entra, quitarase el manto.

Doña Ana

No quiero hablar.

Don Juan

De él quiero estorbar

que en él hable cuando es tanto.

Vanse. Sale don Diego solo.

Don Diego

Donde pasos me llevan,

que a seguiros no me atrevo,

si me decís que yo os llevo.

Yo digo que os engañáis,

tantos ya me sujetáis

que si la advertencia elige

de qué tanto andar tropieza,

la venganza vive al revés,

doy la razón a los pies,

la pasión a la cabeza.

Soñé que ya siquiera

pero cuando aquí llegáis,

pasos no me sosegáis,

aunque ya que os parecéis,

qué importa que descanséis.

Pag. 124

Don Diego

Si substituye el tormento

otros pasos que más siento,

pues si andáis vos cuando voy,

cuando llego y quedo estoy,

mal camina el pensamiento.

Pero pues hemos llegado,

descansad en esta pena,

que allí su cara me enseña

de Leonor, cuando aqueste prado

me muestra de estotro lado.

Y en este rato pequeño,

pues no es hora, y soy su dueño,

me valga el mirar por todo.

Descanse del mismo modo

el pensamiento en el sueño.

Para olvidar mi tormento,

tanto en el sueño confío,

que siento solo por mío

aquel rato que no siento.

Temeroso el pensamiento

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Duérmese.

Don Diego

teme lo eterno, la suerte

del morir, y de la suerte

teme el vivir sin remedio.

Y solo el sueño es un medio

entre el tormento y la muerte.

Ya mi vida me condena,

y lo imposible es testigo;

temo si muero el castigo,

temo si vivo la pena.

Ya la razón vive ajena,

es cautiverio el empeño

del conocerlo, soy dueño

para tormentos mayores,

pues entre tantos temores

haga las paces el sueño.

Don Juan

A este puesto y a esta hora

alegre vine algún día,

pero miento, fue de noche,

que es muy de noche mi dicha,

que diferente que vengo,

como agora atemoriza.

Pag. 126

Don Juan

Un remedio tan costoso

que en lo airado me lastima;

los cielos de honra y violencia,

que amenazan las desdichas,

que después de ejecutadas

solo la afrenta publican.

Esto es fuerza, no dejemos

a la sangre que me obliga

que murmure, pues seguro

no debo estar de ella misma.

A mi enemigo no veo,

y al honor esta desdicha,

no es posible que no espere

si el descuido es quien castiga.

A don Diego no responde,

mas parece que la vista,

un hombre allí recostado,

si no es antojo divisa.

Pag. 127

Don Juan

Yo llego, pero qué dudo,

el mismo es, que aquí dormía,

descuidado del castigo,

que no teme quien le irrita.

Darle muerte dormido es

posible que a la ira,

cuando una vida no basta,

le ha de bastar media vida.

Pero el honor no repara

ni juzga por cobardía

darle la muerte, que siendo

esperanza prevenida

mueva, pues.

Don Diego

Jesús mil veces.

Dale con la daga, y sale don Diego.

Don Juan

Muere, traidor, y no vivas

quien quitar pudo mi honra

para hacerme su homicida.

Ejecutar falta agora

lo que pensar temía,

que el fingir que yo le mato

a la dentro, si derriba

Pag. 128

Dale de coser a la puerta.

Echa la puerta.

Don Juan

Esta puerta tan pequeña

mi furia no ha de resistir;

que pues fuerte puerta falsa

no para mi será fino.

Abierta está; con el muerto

en mis hombros voy arriba,

que ya tengo bien contados

los pasos por donde el daño.

Entrándose con don Diego, se entra por la puerta. Sale Leonor por otra medio desnuda.

Leonor

Golpes he oído en la puerta

que mi desdicha me avisan,

aunque ya para entenderlos

me la dicen mis agravios.

Viejo, dentro

Leonor.

Leonor

Responder no puedo.

Yo estoy muerta, estoy sin vida.

Viejo, dentro

¿Qué ruido es ese, don Pedro?

Leonor

Aquí empiezan mis desdichas,

cuando pensé que entre tantas

se cansaban ellas mismas.

Pag. 129

Viejo

Pues Leonor, tú levantada.

Don Juan

Muere, traidor.

Sale el viejo medio vestido, con un candelero en una mano y en la otra la espada. Oye a don Juan desde dentro.

Viejo

Viejo maldito,

que aquí guardas esta vida.

Viejo

Aguarda, infame.

Don Juan

Señor,

aquí junta de homicidas

soy un mármol, que no hay muerte

a sangre que está tan fría.

Si pasar quieres, me paso;

primero el pecho, la vida

te dé entrada.

Viejo

Desvía.

Al querer entrar don Juan, que es alto, mete la daga en la mano, y por otra puerta entran don Pedro y doña Ana, y a César.

Don Juan

Excúsame, don García,

yo pude ver como sabes

una hermosura, un asombro,

mi logro raro, que excede

lo natural de lo hermoso,

si por único no dudo

que admira el cielo su rostro.

Pag. 130

Don Juan

conocimiento, no agravio;

ni temeroso le nombro,

ni rendirme a su belleza.

Solo en pensarlo me corro,

fuera negarme potencias

y ser de un bruto mis ojos.

No miro rosa entre espinas

que apercibiendo su adorno

es si a la vista agradable,

a la sangre peligroso.

Miro en ella, que lo noble

la acompaña tan hermoso,

que en sus virtudes granjea

estimación y decoro.

Esto, pues, que satisfecho

de que una alma nunca esposo

para ser correspondida,

cuando el engaste no es todo,

se obligó de mis finezas,

me pudo hacer tan dichoso.

Pag. 131

Don Juan

Como verás, que la suya

doble aquí, es solo corto,

una noche que a sus puertas

la pasaba triste y solo,

donde el alba muchas veces

se rió de verme loco,

que a cuestas llevaba tres hombres

a un caballero le cojo.

Conforme luego a su lado,

no sufriendo lo alevoso,

resistiólos de manera

que ellos huyen, y a dos

nos dejaron, donde juntos

los dos nos quedamos solos.

Luego quién soy me pregunta,

con mi nombre le respondo,

por el suyo le pregunto,

y hace conmigo lo propio.

Pag. 132

Don Diego

Don Diego soy de Mendoza,

me responde, y porque todo

sepáis de mí como amigo,

pues lo debo a tal socorro,

os digo que en esta casa

una belleza enamoro,

que la tengo ya pedida

a su padre en matrimonio.

Yo me quedé tan de yelo

que tuve en tiempo tan corto

para hablar la lengua muda,

para andar los pies de plomo,

prosiguiendo mis amores,

quiso Leonor, ya la nombro,

para tomarle una mano

que se la diese de esposo.

Si liviandad te parece,

mira en tu hija piadoso

Pag. 133

Don Diego

un amor que es tan honrado

que no es capaz de impropio

su elección, no tan errada,

pues conoces y conozco

que yo la igualo, perdona

que es su disculpa mi abono;

en efecto el casamiento

tuvo fin, no digo cómo,

que en amores tan unidos

son muy fáciles los modos.

Diome entrada en su aposento

por una puerta, que a poco

que me pagó su delito,

pues fue puerta para otro.

Aquí no hay culpa; debido

era el tálamo que gozo

al vínculo que primero

en el honor es forzoso.

Pag. 134

Don Diego

Una tarde que en el campo

lazos notaba envidiosos,

viene don Diego a tu lado,

detrás de un árbol me escondo.

Allí pasó lo que sabes

de don Diego, como noto

las acciones más ocultas,

las murmuraba un arroyo.

Al fin yo, a quien tocaba

la venganza, cauteloso,

me encubro parte, y la sangre

bien descubrió mi alboroto.

Aquí pasó el desafío,

mi prisión aquí no toco,

que no importan para el caso

algunas cosas que corto,

esta noche en que un suceso

sabrás pues tan espantoso.

Pag. 135

Don Diego

Vine algo tarde, y llegando

un criado reconozco,

que espantado me pregunta

cómo estoy fuera, dudoso

si soy su amo repara.

Yo digo que soy el propio;

pues esa puerta se ha abierto

y ha entrado un hombre, le oigo.

Yo que no tuve en tal caso

el corazón mentiroso,

doy dos coces a la puerta,

con tanta furia la rompo,

que pude sacar de quicio

a quien pudo hacerme loco.

Nunca tan bravo se ha visto

salir el toro del coso,

como yo subí bramando;

nunca el Euro, nunca el Noto

Pag. 136

Don Diego

amenazaron ruinas

desgajando fuertes troncos,

que yo subo, cual yo entro,

cómo acometo furioso,

veo a Leonor, que sudando

con lágrimas y sollozos,

su corazón resistía

y la lleva temeroso.

Aquí llegó a mi enemigo,

y a puñaladas le coso

un pecho que en sus costumbres

siempre ha vivido tan roto.

Si su nombre no te digo,

si de quién es no te informo,

es porque mires cadáver

quien vivió contra nosotros.

Abre una cortina, y a los pies de una cama parece muerto don Diego.

Viejo

Notable caso. ¿Qué es esto?

Muerto mi hermano, que miran

mis ojos, que era su muerte

a mi agravio tan debida.

Pag. 137

Don Juan

Pero porque no lo mires,

vuelvo a cerrar la cortina.

Don Pedro

Raro suceso. Si es donde hallo

sin piedad, señora, amiga,

no como parte te indignes,

como mujer me apadrina;

sirve de ejemplo a mi padre,

con perdonar le mitiga.

Don Juan

Don Pedro, esta ocasión

tu defensa solicita,

si de Leonor era esposo

y era tu honra la mía.

Doña Ana

Yo digo que aunque la muerte,

por ser de hermano, me indigna,

a don Juan perdono, y miro

cuánto su razón me obliga;

y si es caso sin remedio,

aunque conozco mi prisa,

porque a don Juan le perdones

y perdone la justicia.

Pag. 138

Doña Ana

a don Pedro doy la mano;

yo con el alma la mía.

Viejo

Con eso todo se acaba,

y tiene fin tal desdicha.

Don Juan

Los agravios castigados

dan fin también, porque pida

el perdón que ya merece

quien no ofende si castiga.