> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La restauración de Hungría. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-restauracion-de-hungria.
Sale Alí, Estrella y Alborada.
Oh, gran señor.
Querido.
¿Quién te angustia?
¿Puede faltarme a mí mi gran profeta?
¿Pues que siempre fino
en el vasto del blanco vellocino
desde aquese cuaderno
que es centifolio tibio sempiterno
sustento, en lo profundo
las dos mitades del terrestre mundo,
si del águila altivo coronado
me da el laurel sagrado
como subes de copa,
o me la quita el águila de Europa,
dejando pena ardiente
asida a sus cuchillas mi alta frente?
¿Qué águila, qué león el labio sella?
Un águila, un león, hermosa Estrella.
El águila triunfante, el león vencido.
No es sueño, que el sentido
oyó decir del cielo en ese hueco:
Dentro Violante.
¡Ay, infeliz!
Todavía el eco
triste en el lamentar que le acompaña
se escucha en hueca cóncava montaña.
Suspende tu dolor, que ese gemido
que trajo el aire asido,
de ese peñasco que umbría copa derrama
tocó la hiedra y en el cielo brama,
o un bruto es que violento
volando al monte o ya pisando el viento
entre espumas que anhela
ni vientos pisa ni montañas vuela,
pues en volcán de humos
tiene alas de aire y de la tierra plumas,
admiro con desvelo
su carrera o su vuelo
y en los vientos y peñas
las peñas pierdo o encuentro las señas
del monstruo triste que gime.
Dentro Violante.
¡Ay, miseria de mí, ay, infelice!
Apolo, retira allí, que he de tener.
Ya te obedezco, gran señor.
¿Qué tienes?
Dime tu pena.
Escucha mi lamento.
oculto el fuego lo ardiente,
y todos cuatro elementos
en las ordinadas huestes,
ya en hileras marchen juntos,
o ya en escuadras naveguen;
uniendo de su cadena
lo encontrado se te ofrecen
en aire, agua, tierra y fuego,
caballos, bronce y bajeles.
Supo el Austrio aqueste asombro,
temió España este accidente,
lamentó Italia este estrago,
lloró Hungría el golpe fuerte,
que fue el amago sentido
antes que el golpe se viese;
llegamos, divina estrella,
por el sagrado tridente
del Ponto Euxino llegamos
al gran Danubio que viene
del monte Abulla en los Alpes,
de cristal nevada fuente,
que desde los montes negros,
torciendo el corvo en vertientes,
se enrosca entre sus montañas
viviendo de lo que muere.
pues desde que el Conde Carlos
me cautivó.
Pues atiende.
Vencidos, como ya sabes,
o la fama te lo cuente,
o el orbe te lo publique,
o yo a ti te lo refiera,
pues en medio del estrago,
entre los choques crueles
fuistes prisionera, pues
en la desgracia de suerte
te quisistes amar, y sabes
que son en nosotros leyes
llevar las hijas germanas
hasta las propias mujeres
a la guerra, porque viendo
que si el contrario nos vence
nos cautiva, tememos
del alma, y así prudentes
nos ponemos a la vista
lo que la cólera enciende,
porque pelee lo amante
si se rinde lo valiente.
Cuando a un mismo tiempo mandó
el sultán que de las huestes
desecha forme mi campo,
pues que en mi ayuda vienes.
Parece la que ya me enciende,
me anima y más me acobarda,
me incita y más me detiene,
me arroja y más me reprime,
me irrita y más me suspende.
De entre asombro que, sobresalto,
dolor, ansia, mal y muerte
siente el sentido la pena,
que entre penas el alma las padece.
Portento o grande visir,
el juicio del juicio se vence,
pero nada te acobarde,
no tu valor se amedrente.
¿Qué dices, Estrella hermosa?
Si el mundo contra mí viene,
ni cuantos reyes Europa
en su longitud contiene
forman liga contra mí,
fuerte, osado y valiente
los venceré, aunque los orbes
de esos cristalinos ejes
en batallones de estrellas
juntos se opongan crueles.
Del mundo haré más cenizas
que arenas el mar contiene,
y aunque el S[an]to P[adr]e
naceré la segunda fénix
adonde plega al amor
que pagues lo que me debes.
Aparte.
Sale Albaida.
Señor, el alocastión veloz
anticipa de veloces
así a boca de mañana
si amanece o no amanecía
una presunción traen
no te creas que mujeres
vendados, y amor al que van
y desvendados nos venden.
Sale Alí y Violante.
Esta cristiana, señor,
de aqueste monte cayó de ese
vestida o limpio de yedra
vegetal bulto eminente
precipitada baja
y sus peñascos, abetos
donde tropas de salvajes
que son nuestros corceles
y vieron la presa que es
esa que en tiras se rinde.
¡Ay traidor Carlos, por ti
tantos males me suceden!
Aparte.
Pasar aquí del gran Visir
A tus pies, señor, se ofrece
esclava en una esclava.
Sus lágrimas me enternecen.
Inmóvil estoy, por Alá,
toda la atención suspende.
Alza del suelo, cristiana.
No seas cristiana si atiendes
ser mora, porque es garza
que de Solimán la frente, base.
Dentro ruido.
¿Qué fortuna, di, te trajo
para que oráculo fueses
de mi pena, más que otras?
¿Qué ruido en los montes hiere?
Tropas son del enemigo
según lo que se parece
y en priesa la aprieta
con los espahís valientes
que por aguardar de su campo
atrevidos a cometer.
Pues dentro de las trincheras
de mi campo, así se atreven
a entrar a que los cristianos
síganme a mí que por ese
aquel pabellón de estrellas
que han de llorar hoy su muerte
y estrellas para que admiren.
que de sus armadas huestes
no hace caso, ni valor
prueben los músicos siempre
que al cristiano le publiquen
su prisión y mis laureles.
Vase.
No llores, bella cristiana.
Deja, señora, que pene,
que llore la desdicha, y gima.
De estar cautiva, sientes?
No, porque siendo tú esclava
esa es mi mayor suerte.
Tienes amor en tu tierra?
Lloras porque te enterneces?
No son lágrimas, señora,
este cristal transparente,
sangre es del pecho, que sale
de las heridas crueles
que tiene el alma. Llegaste
preguntando su accidente
a tocar la herida, y ella
explicando el dolor fuerte
se comunicó a los ojos;
sangre es en que vierten,
que es sangre del corazón
el llanto de que padece.
Cómo es tu nombre?
Violante.
De qué nación?
Triste suerte!
Sois alemana?
tus penas
no me dirás?
Si tú quisieses,
te dirá el alma su ansia.
Ya te escucho.
Pues atiende.
Amor tirano, que del pecho
escribe con cuatro letras
de que su nombre se advierte,
dándole el papel el alma
batido campo de nieve,
el albedrío la tinta,
la pauta el propio accidente,
la pluma la voluntad
que escribe lo que ella quiere,
donde después en la vista
se miran sus caracteres,
que son renglones los ojos
por donde el alma se lee.
gustando...
por no acordar al sentido
porque en el alma padece;
si se un día a Dios pluguiera
que cegara y no le viese;
sobre un andaluz caballo,
pasillo que nació en el Betis,
negro etíope, que siendo
carbón en su esfera ardiente,
al pisar torpes desmalles,
cuando se para o se mueve,
rayos sacaba a sus golpes,
y como quemar se siente,
con el aliento soplaba
lo que la herradura enciende.
Desde aquel día, o el astro
la inclinación o la suerte,
o mi estrella, o mi camino,
o qué sé yo, qué me aseste,
que estrella, fortuna, astro
echan el propio accidente;
ignoran el replicarle
por no saber entenderse;
miré atenta sus paseos,
mas mi opinión ciega siempre,
por mi honor siempre velaba
disimula amante, quiere
llora su dicha y mi muerte.
Vino la aurora asomando
al pabellón del oriente
que en tibios pedazos de nácar
forma pellizcos de nieve
me dejó. En las tristes caí
que decir los hombres suelen
ventas ocasión, que son
si el sentido las advierte
por ver si alivié de aquello
que tu corazón crueles
voló por toda Alemania
tocó el clarín ardiente
sonó la caja en los valles
toman las armas las gentes.
Desde el Reno hasta el Danubio
contra las armadas huestes
del gran Visir que traía
escuadrón de bofetes
que a ver de lino y de saya
tal destino transparente
volaban los pasamentos
a los que batiendo mueven.
Apenas oyó el estruendo
aquel falso amante aleve
cuando de mi amor se parte
y a los caballos batres
donde a rayos del poniente
el sol siendo sumiller so feo
en nube cuando embiste
a una pieza de campaña
disparó, y como si hubiese
el relámpago los bueyes
de sus montañas silvestres,
alborotado el caballo,
sin atender a las leyes
de la rienda, que alocado
sujetando en los dientes
corcovos, vueltos arcos,
partió ramos, saltó fuentes;
y de ese escollo que mira
las dos Panonias enfrente,
me despeñó en este valle,
donde llegaron tus gentes.
Y si piedad me hacen,
hizo asilo pasar fuerte,
Zíngaro señor, estímolo,
mi vida, mi amparo, mi suerte.
Mira, oye, mi sobresalto,
que de varios accidentes
a tus pies alma ha sido
viniendo a buscar una muerte.
Notable historia.
Dentro de cajas y clarines sale el Rey de / Polonia, el Duque de Lorena, el Príncipe Alejan / dro, el Conde Carlos y Jusef.
Ha sido sueño notable.
Que aquesta causa de aliento
corone tu augusta frente
es justo, aun al mismo sueño.
Feliz agüero.
Feliz,
y más feliz, si lo advierto,
fue que el laurel que tenía
el sitio, a mi asolamiento,
aunque en ella a las gentes
le sirviesen de trofeos;
pero sueños, sueños son.
Lo que a mí de caballero,
despertado, es mirar
que copia a los ojos nuestros
aquella imagen feliz
con turbación.
El intento
que a estorbar cuando ya están
presos de alboroto fiero
es tanto empeño, mi Rey,
de salirle al encuentro.
donde en su fértil terreno
reinó Alejandro faraón
y hizo Joseph los graneros.
Pero aquesto no es del caso,
por fin arrimóse el cerco,
y fue apretando la plaza
después de aprestado el bloqueo
batiéndole un baluarte,
que está del Tigris frontero,
que de los pájaros llaman,
descubierto el gran intento,
para que entrando en la liga
todos los valientes a un tiempo,
a el enemigo, que altivo,
quiere volar tan soberbio,
a el desmontar su fiereza,
batida caiga sin vuelos.
Doy a vuestra Majestad
la enhorabuena del reino
de Basarabia y de Cracovia,
que los cosacos soberbios
con la provincia de Ucrania
levantaron y a el sueldo
pagan todos cuantos viven
a las orillas del mar negro.
Desde el gran Ferdinando, rey primero
deste nombre, a quien lloran las naciones,
cautivo el reino triste y prisionero
se lamenta entre bárbaros pendones.
Embotados los filos del acero,
se mira donde en bárbaras legiones
sordinas los clarines suenan broncas,
y destemplados los tambores roncos.
Del Danubio que encumbra preeminente
gigantes olas del zafir movidas,
monte de oro espeso el más luciente
Pactolo en que lavó sus manos Midas,
ese que corre de occidente a oriente,
con prisiones de conchas bipartidas
va al Euxino mar donde a pedazos
en trozos de cristal quiebra sus brazos.
Dueño el turco se mira y no contento
asediar intentó la gran Viena,
al tártaro le anima su ardimiento,
el reino se levanta, el parche suena,
el caballo relincha, gime el viento
herido en bronce que los aires llena,
temiendo el orbe en círculo celeste
cuanto hay del norte al sur, del este al oeste,
llena la playa de una y otra gente
y viendo los asaltos que son graves
de María a una imagen le da en llanto
desata las fuerzas con las llaves
prometiéndole a Dios en su palabra
sino aves María que él no abra.
Las provincias sarmáticas llevando
las polacas águilas en ardores
y el duque de Lorena tremolando
banderas de los fuertes electores
de Alemania su gente ya marchando
ejército se opone a sus furores
fuerte ayudando en militar hazaña
el gran Carlos Segundo rey de España.
Viose nascente astro que le da iglesia
sonó el aire oprimido en los clarines
relinchando el caballo fuerte espera
rizando de su copete criadas crines
de esperar el valor se desespera
el turco embiste con sus tablachines
abriendo en sangre mil purpúreas brechas
con alado sin número de flechas.
Sobre un caballo el césar ya subía
que al formar su compás en piedra dura
de militar adorno se vestía
siendo tambor el son de la herradura
Como en el campo navega el pinar,
y a golpes Marte matólos en tal calma;
muertos se vieron sin salir el alma.
A los del Príncipe de Baviera,
centella su cuchilla que volaba;
uno se ahoga entre la sangre fría,
otro viendo que sangre le faltaba
la púrpura de otro se bebía
y por la herida el alma le arrojaba,
ya que agonizando entre su fuerte
dos almas respiraba de una muerte.
Mil se escuchan voces, alaridos,
al morir, de la sangre renaciendo,
al sentir el acometer de hitos,
uno se ve ahogando, otro gimiendo,
muchos beben la sangre de grumillos,
y no da muerte al otro, antes muriendo;
y en confusión tan grande de agonía,
violó la luz y oscurecióse el día.
Arrojóse al Danubio en penas tales
los turcos, que al temer fiero el encuentro,
la vida buscan en yertos cristales,
y hallan la muerte en su nevado centro.
Teñido el gran Danubio de granas
remiso, con batir llamas adentro,
los cadáveres, siendo en anchas sumas,
bajeles que nadaban las espumas.
Parece que el Danubio, que a cien fuentes
los imperiales todos van detrás
gozándose en los bárbaros turbantes;
oro, joyas, martas, y ricas ropas
quita la plata, el oro, los diamantes
págale del sudor fuerte el agravio.
Escribiendo la historia el fuego rudo,
siendo papel las tiendas ricas, humo
la tienda del visir, que del mundo asombro,
palo de fresno puesta a su planto,
grandeza que le sirve yace al hombro,
donde la frente del bárbaro quebrando,
vino el día al Imperio, vio la sombra
del águila sagrada se levanta
llevando entre sus garras fuertemente
por trofeo de Meca el estandarte.
Vivid, gozad, tened, bravos, altivos,
mundos, ciudades, reinos por instantes;
avasallad, rendid opresos
bárbaros pechos, bárbaros turbantes;
sus copas arañad, moros sean cautivos
del valor y la fuerza, no triunfantes;
y alaben vuestro nombre y la victoria
la fama, el tiempo, el siglo y la memoria.
Sale un soldado
Señor, a que las colinas
de aquellos partidos cerros
por donde es fuerza que suba
nuestra gente, están los puestos
tomados, que hemos de hacer
que pelear como buenos.
¡Viva el Imperio y Polonia!
Decid, que viva el Imperio.
Cante
Carlos.
800
¿Qué cansado estás?
¿No ves que de él me voy riendo?
Yo no te quise seguir
porque a seguir quisiera
si ha vuelto a Numburgo
a Violante.
Conocí
que a Violante no le dije
que no me hablasen en eso
más en su vida, no sabes
que seguí a un hombre que viendo
bajaba por sus balcones
celoso, valiente y ciego
cerca del campo maté
y primo de ciego a esto
de Mora su amigo me vine
de ella a la campaña viendo
en fin el más fiero olvido
como todos olvidar ver
porque aquella que más firme
sutil tiene para su pecho
aquella es áspid cruel
y más sutil lisonjero.
ya si debe de oír, amante,
cauto prevenido y cuerdo,
no ciegues en el engaño,
sino antes mira, abre atento
del desengaño el cristal
adonde mires sospecho,
que el cristal de desengaño
ha sido el mejor espejo.
Tocan.
Ya la batalla se empieza
en esos montes fronteros,
que bien los nuestros de presto
se aíslan por esos cerros.
¿Qué te suspende, Jurel?
Disparan.
Dígame,
vaya un necio,
o un poeta principiante
que a disparates están hechos,
¡cuerpos de Cristo conmigo
y cómo corren los dos,
los truenos hechos mil rayos,
los rayos hechos mil truenos!
Antes que los alemanes y los polacos embistiendo,
huyendo que dan campana...
Al Dios de las batallas
ofrecen hoy sus triunfos
las lunas otomanas.
Música entre tanto estruendo,
del castillo, linda fiesta,
cuando van todos diciendo...
¡Pegad fuego a la montaña!
¡Guerra, guerra!
Lindo va esto.
¡Al río, soldados míos!
¡Que me ahogo!
¡Fuego, fuego!
¡Guerra, guerra, arma, arma!
Al Dios de las batallas
ofrecen hoy sus triunfos
las lunas otomanas.
A los soldados del moro...
Mas un moro como un galgo
viene hacia aquí como un perro,
y aunque Jurel soy aquí,
no soy pescado, que esto vale.
Las furias valientes,
los temerarios diestros,
al moro que persiguen
no ofuscan, ciego, mi ardimiento;
castigad la caballería,
despechad los pechos.
¡Huyan, huyan del peligro
del agua!
¡Que me ahogo!
¡Fuego, fuego!
¡Si es el día de nuestro amparo!
¿Cómo, soldados cristianos?
Volved, volved, caballeros,
a la batalla, ¡ea, amigos!
Mas son en balde mis ruegos,
porque arrojados, las lanzas,
de los caballos ligeros,
son señal de retirarse.
Volved, volved, caballeros,
que el estandarte está a riesgo
de perderse, que le he visto,
¡por Dios!, que un hombre en el lío,
clavado de volantes flechas.
Pero, ya que me detengo,
me he de arrojar por librarle.
Dentro Alejandro.
¡A él, Polonia! Mi aliento
hasta morir.
¿No es la voz de Alejandro? Sí.
Cercado está
de un escuadrón de agarenos;
pelea por no rendirse.
Vaya a eximir su fuerzo
al que es estandarte polaco.
Dentro.
Pero ¿cómo estando ocioso
de cautivar a Dios hoy, hombre,
en el estandarte dejo
al príncipe estorbo, al polaco
¡A ellos, a ellos!
Sigue, que me falta el aliento.
Ya voy a ayudar a Alexandro.
Señor, perdonad, os ruego,
este afecto, que es de amigo.
¡A ellos, a ellos!
¡A el estandarte, agarenos!
Sonos mientios que viva
En balde resistes.
Cielos,
amparadme.
Yo te ayudo.
Contigo moriré, el polaco.
¡A ellos, a ellos!
¡Triunfemos del estandarte
y de ese cruzado leño!
Primero moriré yo.
¡Alexandro!
¡Ay de mí!
¡A ellos, a ellos! ¡Por el polaco diestro!
A Dios con la gracia debida.
Muestre cómo a un caballero
se debe a un digno de ser
que por librarle a él le deje,
el corazón de dolor,
llevo quebrado en el pecho.
Sale Lorena con la espada desnuda.
¡Ea, alemanes, a ellos!
Que sueltas historias de pechos
dieron muestras la victoria,
pero paguen lo que os deudo.
¡Que en gran peligro el polaco
está! No sé qué me detengo.
¡Corred, llega, alemanes!
¡Viva el sacro y el gran pecho!
Sale el de Polonia con un estandarte pintado un Cristo crucifijo.
Ya el redentor divino,
pues que libre de tan alto
leño donde corre
mares de sangre en su tormento el leño,
ya que, aunque lavado, libre
admito mi asimiento,
donde un precepto fue
la causa de cumplir tanto precepto.
en fe de su constancia
sirva representación
que al Dios de las batallas
ofrecen hoy triunfos
las lunas otomanas
pero según lo que veo
el dolor llega a esto
que el costado derecho
condece a la pesadumbre
los polacos y silvios
que al fin con ser Señor
de los cielos claros
y este a fatiga
En peleando Alexandro turcos y al salir
polaco que se rinda al tardo
ríndete que te prometo
ser tu amigo
aunque el brazo
no se rinde
que te merme
he de dar a ti el castigo.
Ve un águila con un aspa de fuego en el pico y todos
no podréis huir que el cielo
me ha hecho libre, te veo;
ven acá, dame esos brazos,
que se enlace a este pecho
de mirar la luz al sol
lo que costó de destellos.
Tres horas, señor, estuve
de un escuadrón prisionero,
pero asombrados los turcos
de ver volar en el cielo
y que el águila que ahora
bate la posesión del viento,
me dejaron libre.
¡Ay, Dios! Ya veo cumplido,
ya veo cumplido el sueño,
a Dios el laurel se debe.
Pues a Dios gracias le demos.
toquen
Pues nuestra banda repita
¡Victoria por el imperio!
Pues cuando pelea tu causa
que al Dios de las batallas
ofrecen estos triunfos
las armas de Alemania.
1900
Sale el Conde Carlos leyendo un papel, y Jurel.
Una turca agradecida,
¡ay de mí, cielos que miro!,
os pide, apenas respiro,
la leáis; estoy sin vida.
Sale el Duque de Lorena al paño.
Siguiendo al Conde he venido
desde que un moro le dio
un papel, no dudo yo
que siempre le ha apercibido.
Lee Carlos.
«Y esta noche, cuando a tarde
hagan las sombras seguro,
podréis entrar por el muro».
Nada escucho.
Lee Carlos.
«Dios os guarde».
Y aquí dice, ¡ay, más tormento!
«una voz ha de decir
por donde habéis de venir».
No sé vocal en el viento.
¡Jurel!
Ya, señor, me llego.
¿Ves este papel?
Linda tema.
¿A quién parece?
Va a Lorena,
porque ese papel es pliego.
La letra, digo, me agrada.
¿La letra?
Parece Violante.
Algo que luz semejante,
mas, señor, si ha renegado...
Violante con Silva y luz.
Todos.
Mas no puede ser, enojos,
que aun contrariándose los ojos,
en pie se queden las dudas.
Dadme, Violante, el papel.
Y ya, según lo que escucho,
yo mismo conmigo lucho
entre mil dudas crueles.
Y entre la turca en cuestión,
y entre Violante, que calma,
una es corazón del alma,
y otra alma del corazón.
Mas de Estrella, si lo infieres,
el papel...
Sí, celos.
Que en el escribir, cobras,
se parecen las mujeres.
Yo pretendo, yo...
Suéltese.
Esta noche...
Mata a sueltos.
De buscar aqueste fuerte.
Esta galga nos da perro.
¿Qué escucho?
Pues yo, a Guineas,
no quiero ver los colmillos,
por no encontrar con morillos,
no en fuego, en las chimeneas.
Cielos, pues yo, vigilante,
fuerza os baste y, a prudente,
a que esta noche os ausente
no falte ni un solo instante, corre.
Mas los príncipes, Amor,
pues que logras tu victoria,
o quítame la memoria
o mitígame el dolor.
Sale el rey de Polonia, el duque de Lorena, tachado: y el príncipe Alexandro y soldados.
Ésta es, volcán, collado peñascoso,
el collado fatal, sitio fragoso,
a quien le da el Danubio en sus arroyos
cristal en perlas, que me salda en oros,
y pues hemos pasado...
Hablome mal por honrarme,
yo le dije bellaco,
no importa darme jubón,
que todo sería tomarme,
pidiome que en su quebranto
suspendiese mi furor
por ser poeta dotor,
tanto de uno y de otro tanto.
¿Cómo os llamáis?
Yo, Jurel.
¿De qué nación?
Soy poeta.
¿Poeta es nación?
Perfeta.
¿De qué nación?
Del cascabel.
¿Y qué hacen a derechas
los poetas?
En dislates
hacen para escaparates
muchas coplas contrahechas,
y en el verso que porfía
a no salir, y es cruel,
lo sacan con un cordel
cuando les falta el aliento.
¡Ay, hombre más desgraciado!
Aparte.
Digo que siempre animal bruto.
Aparte.
Vamos, que en el cielo fío
mi aliento, mi celo, que
vencer ha a Buda, aunque
se oponga toda Turquía.
Vanse.
Ahora bien, solos estamos,
y ya que de cierto toco
que venga ramo de loco,
pero tú tienes dos ramos,
mas ahora en tal rigor
que vacila el pensamiento...
Gloria triste que es tormento,
dolor dulce, amargo amor.
¿Qué amor, ni qué dolor fiero?
Yo a cualquiera me abalanzo,
dilo todo, lo que alcanzo,
y amo todo lo que quiero.
¿Cómo, Jorel, tú vivieras,
si esta hora en tal suerte,
sin faltar de aquí...
Que es fuerza.
Salir de una confusión.
Dilo, que yo no lo toco.
Reclamo: no
más puesto de tanto yerro
no se fía a hombre ruin
Alejandro es la mujer
descubrirme qué ofreció
el bulto a tal aguardado
el emperador servido el dará sin duda
y no saldré del cuidado
en el papel advertido
y a Alejandro a buscar
voy ya que el Puerto me guarde
Tú porque no tarde
con el caballo esperar
puedes en la misma raya.
No entres, Señor, en barca
que tengan mis amos afán
en fin dándole navaja
voy por caballo al instante
escalar. Pobre Jurel,
los anuncios del cordel
parece que traes delante.
Pues ya la noche acerco
como que la sombra inflama
voy a apagar esta llama
a los indicios del fuego.
Vase.
como la noche, que sin llama,
porque es apagada llama
como que nació del fuego. #
Su voz a la noche nombra,
como que pintaste la escucho,
pues aunque la pintes mucho
ha de quedar una sombra.
Ven, Foret.
¿Qué es lo que más?
Espera.
¿Por qué,
hora a hora,
no vas a ver a la mora?
Silencio.
Pues ancho vas.
Vanse.
Sale Estrella y Violante en el muro a una escala.
Ya que la nave del sol
mar contrapuesto navega,
donde el fanal de sus luces
naves a la umbría en estrellas,
ya que los ojos del sol,
que lloran gotas de perlas,
porque duerman los cristales,
cierra el párpado la peña,
habiéndose recogido
a sus estancias las bestias.
A con ella / 2º
Presto lo sabrás, Violante,
mientras que mi hermano intenta
registrar ahora la mina
que en este jardín secreta,
a tratar de te enseñe
esta violencia dispuesta.
Hasta el real de los cristianos
van sus entrañas abiertas,
y no quisiera, Violante,
que al emprender su fiereza
padeciera en el estrago
el que con oculta fuerza
en la mina de mi pecho
está brotando centellas.
Para cuyo fin, Violante,
te hice escribir aquella
carta para que mejor
por ella, ¡ay, Dios!, entendiera
lo que padece mi pecho,
logrando con mi fineza
librarle del gran peligro
que amenaza al de Lorena,
y a cuantos le acompañaren,
porque a su tienda me dicen
tiene el jenízaro hecha
que la boca de la mina
Sube al balcón que yo
a divertir la sospecha
de Asisila, mi hermano, iré,
que por parte del muro está.
No parte que es más segura.
Voy al palacio, que en fuerza
sin centinelas está.
Sube, pues, osado, al menos,
que luego contigo iré,
diciendo que la tristeza
me hace pasear el muro.
Vase.
Haré, señora, lo que ordenas;
¡ay de mí!, pasiones
que en el alma me atormentan,
paradme, ¡oh bellas furias!,
los piélagos de mis quejas.
Ya a el escollo de mi agravio,
que en la ruina de una ofensa
leño deshecho en sus pinos,
nave en lágrimas deshecha,
de la esperanza en la tabla
navegó mares de penas.
Un hombre vil, cocodrilo,
un hombre, falsa sirena,
agravia con lo que llore
y con lo que ríe ofenda;
quisiera, pues, subir al muro
La seña es esta que escucho,
lejos parece que suena;
quiero acercarme a ese muro,
a mucho valor te arriesgas.
Canta Violante.
Centinela del corazón,
en la noche de la pena,
con el humo del ahogo,
avisa a las centinelas:
¡a la vela, a la vela!
Que no cante arrimada a ese muro, antes.
¡Válgame el cielo, qué escucho!
Si es voz de Violante, a justo
cielo. ¿Cómo no es posible?
¿Quién pudo avasallar a esta?
Mi mesmo amor. ¡Ay amor!,
¿dónde se pintó una ajena
majestad que me lo asombra,
y en la voz lo representa?
Voz responde que es en balas de a / que esté ardiendo / meta de alquitrán / para que diga.
Canta Violante.
Amor, enemigo, alerta
del alma la fortaleza,
ya acudí, llamo, desperté,
con los desvelos en cuenta.
¡A la vela, a la vela!
No sirva, que ya se cantó.
En contradición el alma
me turba cuando me alienta.
Mas, bien puede que esta voz
pareciese en la cadencia
a la otra voz de Violante.
A los altos de Violante
que no es posible por ella
irme, que do por su adarga,
debajo de las almenas
estoy, que proque diviso
una escala de una cuerda
fija al muro a más aliento
y he de subir de tan ciega
confusión y riesgo, tanto
libros la de prisión esta
puesto que se toca el punto
y sino el ver a esa estrella
y había de ser de su amor
mucho estrago lo que intento.
Sube por la escala y canta Violante de dentro.
A las armas están tocando
mis sentidos en la guerra
y a tocarlos las pasiones
echan fuego a las potencias
a la vela, a la vela.
Ya en las almenas estoy.
Un hombre por las almenas,
subela
Mas ruido siento,
estrella pues que se acerca.
Sois
Sí.
O sol, o divina estrella,
ay que amante de tus luces
sigue mariposa atenta
a los rayos, donde en su fuego
vive cuando más se quema.
No os engañe así? anoche
una escala bajo de estrella
que mi envidia voy a avisarla
Dentro baja Violante. Carlos por la escala que subió.
Cantar a la vihuela cítara
Bajad por esta escala
tan quedo habla, que no puedo
distinguir la voz.
Muy cerca
de aquí paseando el muro
andan ya las centinelas,
silencio, y aquí esperad.
en el tablado baja
Que el corazón aquí espera
con deseo de mirar
lo que admiráis esta fiera.
Amor, amor, como en tus duelos
los celos causas, que en mortal herida
pierde el sentido el alma con la vida
cuando pierde la vida en los celos.
Si el amor es querer, como recelos
causa el amor y en pena agradecida
el amor del amor es homicida.
Llora.
primero me falte el cielo,
o no me alumbren las esferas,
o sepúlteme el abismo;
por ti fuera de mi tierra,
por ti, sin honra y culpada,
por ti, por valles y selvas,
por ti, mísera y cautiva,
por ti, sin casa ni hacienda,
y por fin por ti me miro
de tus amores tercera,
que encuentras con Violante
cuando a ver vienes a Estrella;
¿quieres más pruebas, tirano,
de mi pesar, de mi afrenta,
de mi ansia, de mi agravio,
de mi dolor, de mi pena?
matará el llanto que ahora
entre mi fuego revienta,
enmudeciendo la voz,
siendo lágrimas lenguas.
¿Por qué, Violante, así lloras?
vuelve a repetir tus quejas,
quéjate de mí a los cielos,
pues es firme, no hay cautela
en ti, porque si una noche
por disculpar por tus rejas
un hombre, fingía engaño
que mujeres de tus prendas
a dos amantes a un tiempo
no darían,
Que a mis eno...
¡Fiera!
¡Ingrato!
¡Aleve!
¡Falso!
Sale Estrella.
¡Falso, aleve, ingrato, fiera!
Más estrella a ansias mías.
Más a pesares, Estrella.
Aparte.
¿Qué fuerza, qué de Violante?
¿Llega tan a ofensa?
¿Qué ocasión te pudo dar
Violante, Carlos, que ofenda?
¿De qué, para qué tú...?
Yo lo diré.
Estame atenta.
Carlos...
Disparan.
Violante, mas que me desmienta.
Encara Carlos y pónese tras ella.
¿Qué es esto? Cuando en el campo
¿qué te turba? Me encierran.
Aquesta seña
que mandé a un criado mío
que desde el campamento hiciera,
llevando ya cierta falta en él,
porque no me detengas.
Aparte.
¿Qué fuerza, recelos míos?
No te has de ir, aguarda, espera.
Vamos, Carlos.
Eso no.
sino con firme sufrimiento
pues no os causa recelera
morir, ¡oh, Dios!, que pues
librar no puede mi pena
porque si a aqueste defiendo
y contra ti no hay ofensa
morir es cosa precisa,
y así deja, pues que llega
a vivir muerta empeñado
pues no puedo defenderlo.
Aparte.
¡Celos y amantes cielos!
solo a vernos os mezcláis,
mas ¿qué me detengo? En pos
he de estorbar las ternezas,
y quitándole la escala
veré por dónde la lleva,
dónde emboscan otros ojos
a Violante desta muestra.
Estrella, ¿qué me respondes?
Vase.
Puesto que das la respuesta.
Violante, toma la escala.
Disparos.
Si sube a otra, ¿a qué te quedas?
Es fuerza que advierta...
Mirad que ya en mi congoja
ya vuelven a hacer la seña,
vete mientras yo la espalda
resguardo, que ya mis penas
te seguirán.
Ya te entiendo.
está Violante.
Señor,
una esclava a tus pies llega.
No, Violante, hoy tu cielo
extremó una en la tierra,
turbado estoy al mirarla.
¿Pues lo que este turco intenta?
Desde que te vio, Violante,
el alma, a tu cielo presa,
te reconoció por dueño,
y esta ocasión
Yo estoy muerta.
buscaba, solo porque
os hable.
Miradlos que aprisa
fuesen.
¿Qué haces, Vilir?
Vaya a abrazar y sale Estrella.
Ya se excusa, Carlos queda...
¡Ay de mí!, ¿qué es lo que miro?,
hermana.
Prosigue, Estrella,
que Carlos, pues que lo dices...
Yo, señor, turbada apenas
puedo mover las razones.
Ya es evidente sospecha
su turbación de celos.
¿De qué das voces, señor?
Con Violante voy.
Pues, para
señor, ¿quieres que voy?
Que en todo el alma me llevo.
¡Traición, soldados, traición!
Vase.
¡Quién tal engaño entendiera!
Vase.
Sale Violante y Carlos.
¿A dónde vamos, Violante?
Si en cualquier parte se encuentran
peligros a más peligros,
empeños a empeños.
Muestra.
No sé dónde voy.
Sale a la quinta de Estrella en cajas y donde saltas
¡Arma, arma!
Las cajas ha quintado Estrella,
y no hay perdón de Palas,
y si esta vez fiera
han hecho.
¡Traición, traición!
A todos los bandos llegaré.
¿Con qué haremos, Carlos?
Fiera, si braveza es fiereza.
Violante, ponte a mi lado.
¡Válgame Cielos!
Y desnudan cuchillos y cae Carlos en el tablado.
¿Qué es eso?
Un ahogo...
13 / n. 4
Ven, Carlos, donde una mina
por un rato nos suspenda
para ver qué hemos de hacer
en confusión como esta,
pues juzgo que entre esas matas
está la boca cubierta,
y así podremos ahora,
entrando los dos en ella,
ocultarnos por un rato
del peligro que nos cerca,
mientras que piadoso el cielo
de nuestros males se acuerda.
Sígueme, pues, Carlos.
Ya
te van siguiendo mis huellas.
que en el aprieto de estrecho
Utebi y callen mis celos,
que Violante, ¡ay de mi pena!,
estaba con estas ansias
que amor y honor me atormentan.
Vase.
Cristianillo, ¿estás aquí?,
e por no tomar cetibera
venir por ropa de moros
pa darte más con que beba.
Vase.
Descúbrese un pabellón y en él un cuadro de Nuestra Señora, y el de Novena en bulto de rodillas, y en un bufete una corona.
Salve, pura en Jacob, bella Raquel,
salve, libre de pecado original,
salve, trono que vio sabio Ezequiel,
salve, piedra que del pueblo es manantial,
preservada del Caín que de Abel,
madre de aquel león que dio a Emanuel,
suplícalle al gran Dios de Sabaoth
que destruya este bárbaro Nemrod.
Templo sagrado que labró Jabel,
descendiente en la lucha de Abrahán,
concha en nácar que dio perla en Belén,
madre de todos y nombrada en Juan,
florida zarza que pasmó a Moisés,
castiga esta porfiada a que este amor,
y pues eres Jordán desta aflicción,
libra al pueblo...
lo diga una vez y otra,
después, señor, que lo pasa.
y lo demás es
y cantar dichos ventosos
De tal suerte que, a porfía,
si no las rinde, las cansa.
Ya es hasta mucho.
Nueve mandamientos guarda,
que el de honrar a padre y madre
tan solamente quebranta.
Porque no sabe qué es castillo.
Pues, ¿qué es Jurel lo que gasta?
Gasto un lindo entendimiento
con mis dorados palabros
Como mandándole yo...
Es, señor, que se desmanda.
Bueno está. Jurel, de burlas,
dilo que sabes a Caba,
lo que un Jurel sabe.
¿Qué es?
Solo sabe bien...
¿Qué?
Nada.
Pues a dos tratos de cuerda,
A Jurel y abajo del tablado.
Apagan la luz.
que por uno pero salga
váyase este honrado Jurel
con espina y en dos aguas.
No os llueva un diablo que os la
le trasuda agua en volando,
o puesto en terrado o sala,
o guise de entero asar.
Y eso, la luz se apagó,
y a mí me parece que andan
meneándome los pies,
¡hola, por Dios, que no es chanza!
Porque el cuerpo me mensura
y hacia arriba me levantan
y ora todo me brincan
y por abajo me bailan
trae duendes de momo.
Baje un demonio y llévese a Lorenza, y a Jurel le coja...
Húndese el tablado y caen Lorenza y Jurel, y Jurel de zancadillas.
Jesús, mil veces Jesús,
que esta tierra ora me traga.
Carlos, ¡ay de mí!
¡Sácame, cielo!
Y a mí también si me bajan,
son todos los alemanes
con sus días y semanas.
otra que ando la desgracia me ha de seguir por los cielos
¡Pese al diablo, fiero fantasma!
Este es Jurel.
Yo le ruego
que luego de aquí se vaya,
porque con todo mi mal
están rotas mis bragas
entre dos colores, como
amarillos y morados.
Sale el de Lorena y soldados con luces.
¿Quién es? ¿Qué ruido?
¿Qué tienes, Jurel? ¿Qué es esto?
Abrázanse el Duque y Carlos.
¡Ay de mí! ¿Dónde en mis penas
de amor...
Violante es, por santa Clara.
Conde, ¿vos?
Puesto a tus plantas,
señor, que me oigas te ruego.
y en vuestra piedad confío, antes, señor, que el alba articule sus palabras mude al otro sitio el horizonte.
Carlos, ¿pues lo que me avisas?
Vese la mina que asombra
tan solamente el mirarla.
Gimió.
¡Válgame el cielo!
Pues presto verás los lodos,
y más estimo este hábito
que vivir, mi vida y alma.
Vámonos, señor,
aprisa, porque de tardos
yo no quedaré avisado
con esta cara de bobos.
Conde, a vos debo la vida.
¿Quién es aquesta madama
que tan arriesgada os sigue?
Ahora,
pese a mi alma,
vámonos, que si nos vuelven
no nos han de quedar alas.
Esclava de vuestra alteza.
¡Ay, qué perro, como el de esclava!
Vamos ya, que los cañones
de la tierra los atacan.
Presto sabrás mis fortunas.
Vamos, Carlos.
Ya a tus plantas,
sigue tu echura...
otro, pelando peligros,
gozan donando desgracias,
en tu lámina haciendo
conmigo, ¡o qué llama osada!
Que aun por ella
parece que tan bien se allana
pues me habéis dicho la causa,
proseguid.
Proseguid a las llanadas.
Habiendo un abismo de antros
a los carios en su medimos
de la tierra, en los extraños
cauces de este, de la muerte
senda de sombras cavada;
pero encontrando en desdichas
que nunca desdichas faltan,
aun sin sentir, con la tierra
por romper que siempre se halla,
que apartados de la encima,
por romper otra navaja,
porque, estando así apretado,
al encenderse la cava
rompan volcanes el fuego
e ignore, reviente la llama.
Con fuego ciego ilustrado
viendo en peligro una dama
que en el fuerte ya me busca
que en el campo ya me llama
que una furia está celosa
y mi persona...
Pon de la cantimplora o con requeson y al alba escalera a cara y panes y poner cuerda calada
y ha de asomar también con seis barriles que estaban en lo hondo de la mina solo a sacar empezada
Disparan.
al lance de tanto cielo,
siéndome puntal la daga,
iba subiendo.
¡Traición!
Del de Lorena se abrasa
toda la tienda. ¡Traición!
Sin duda que fue volada
la mina sin reparos; como aún no ha salido el alba,
la boca quedóse abierta; fortuna ha sido bien rara.
Solo a vos, Carlos,
debo la vida.
Las armas,
alemanes, sosegad,
vivo está el duque.
Sale el de Polonia y Alexandro.
Y la fama
publicará sus victorias,
duque.
Gran señor.
Al arma
perezoso caminando
del turco la empresa vana,
Dios nos ayuda, señor,
y así, que viene el alba
encogiendo de la noche
entre celajes de nácar
pues entre llamas destos
fiereza osada a dar matando a todos
Ya pues que en enramada
por sola noche que ya llegó el día
sin armas y sin castro
la deidad que idolatro, de Violante
Ya pues que en pardo coche
el día vino que ausentó la noche
sin armas, triste suerte
sirvió también a Carlos en este fuerte
tachaduras
es de ti de mis pasiones
Mirando a ella
mi hermano, ¡ay de mí!, desdichas
¿qué es y qué nos deparamos
de una vez tantas fatigas?
Di si mataron a él
puesto que nos va la vida
Toma espada y empuña
Como a mis ojos respondes
en tan bárbara osadía
sin temer que el fuego mío
se abrase en lo que fulmina
pero si aqueste acero
tu mano detén la ira
escúchame y luego muera
y a Carlos de quien yo fui
por su fiereza a un oprobio.
Con Violante estaba, y ella
dijo entonces: ¡fata dicha!
pues por famosa Manuela
pudiste en tan peregrina
suerte a Carlos dar, digo el
viendo lo que averigua
mi vista y mi oído a un tiempo,
recogiendo las basquiñas
porque ruido allí no hicieran,
llegué a la puerta la misma
adonde guiaste a Carlos,
porque entonces su osadía
pagara con tu castigo.
Donde llegando, ¡oh, desdicha!
a mi cuartito sentí diciendo:
como a tu hermano me olvidas
y a los cielos, Carlos, guarda
y daban al cielo mil gracias.
Cortada cuando al mirarte
mis ansias en mis fatigas
las oí en división, porque
no forjaban aquestas ansias.
Con Violante. Cuando a Carlos
le buscaba, yo, enemiga,
Calla, calla, que me has muerto,
y entre dos fieros se vio hoy
con tanta...
porque era falsa cortina.
Ata el arca y tira de ella
Y el cuerpo de Cristo conmigo,
y Cristo esté, aunque me espante,
a cosquilloso el que pase,
pero a mí un arca remiro;
yo apuesto que está cargada
de perlas como unas chinas,
pero el miedo no me deja,
será agüero el poder abrirla.
¿Dónde hallo yo un cordel
para llevarla con más prisa?
A falta de un cordel limpio,
valga la que está asida;
no es mala, a fe mía, carga;
más pesada es que una tía,
más broma que una suegra,
y más castigo que una prima.
Vase cargando con el arca, y salen en lo alto del muro, allí en unos peñascos, el Gran Señor, de Morea el príncipe Alejandro, el conde Arlos, y de la otra, una bandera de Polonia. Los cristianos embisten al cargar, y los de arriba se defienden del asalto.
¡Ea, cristianos soberbios,
sabréis del Asia las iras!
¡Viva el imperio alemán!
¡Ea, polacos, arriba!
¡Mahoma, ayuda mi brazo!
La fe del imperio viva.
¡Fuego, fuego! ¡Arma, arma!
Presto, al muro a defenderla.
Si vivís, que nos quemamos.
En tantos males la vida
¿para qué quiero?
A este tiempo se retiran los moros, y los cristianos suben al muro, y Carlos tremola bandera.
¡Victoria!
¡Victoria! Al imperio viva.
Vivan por Leopoldo de Austria,
y sus águilas invictas
esta victoria coronen,
y la fama a voces diga
¡Victoria por Alemania!
Carlos y Lorena
la fe del imperio vivan.
1000