> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La mujer juez de su marido. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-mujer-juez-de-su-marido.
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Ty - 28
Mss. 16397
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657 I La mujer juez de su marido Comedia en 3 jornadas Legº 2º 4-6 14 11a
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651 I La mujer juez de su marido = Comedia en 3 jornadas - Legº 2º 4 - 6 14 110
Jornada primera
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[Tachado: ...] M 28 Comedia intitulada la mujer juez de su marido. Arminda dama Teodoro galán Amaro su criado Jacinta criada de Arminda Oracio segundo galán Pierres su criado Carlos padre de Arminda Doña Isabel infanta de Inglaterra Astolfo su general El delfín de Francia Monsieur de Virón francés Un arráez
Salen Teodoro y Amaro de noche.
Amaro, ¿sabrás por dicha
a quién Arminda eligió
por más galán en las fiestas?
Lo sé bien claro, señor.
Dilo, pues que tú lo sabes,
alégrame el corazón
o mátale si la dicha
en este sarao perdió.
Pues yo te digo que puedes
entrar hoy en nuevo valor.
¿De qué?
De que tú fuiste
quien la dicha mereció,
porque yo la vi todo el tiempo
que aquesta fiesta duró
hecha un Argos por mirarte,
cuando al mismo Febo dio
envidia por carecer,
no de vuestra perfección,
sino por ver de rebozo
al sol, donde nace el sol.
Toda Inglaterra era verte
y tu ventura mayor;
Y bien se te echó de ver
tener dos almas, pues yo
te vi diferente entonces,
pues obrabas como dos.
Pero, ¿qué mucho, si el alba
(que es el alba, digo, el sol,
que es el sol, lo dicen todos),
y que salieses airoso,
que encierra el orbe en su centro
¿Qué más quieres que te diga?
¿Estás contento, señor?
¿Vivirás más consolado
con aquestas nuevas?
No.
De esa suerte, no me crees.
Teodoro. Sí te creo, mas no Sí creo, mas mi dolor / pero siente bien perder teme mucho de perder / que metiera en corazón quien metió en él la razón.
Solo sé que no perderás
esta dicha,
que si no fuera por ella,
yo te aseguro, yo, de que no
aunque valor.
¿No la ves siempre en su casa?
¿No te da amor ocasión
para descubrir tu pecho?
Pues, ¿de qué tienes temor?
Temo el llegar a decir
lo que siente el corazón,
porque si saliera en vano
fuera mi muerte mayor.
Que si ella llega a enojarse,
no habrá rayo más veloz
para mí, que ver sus luces
con luto su resplandor.
Pues dime, ¿cómo ha de ser
este encanto y confusión?
¿No ha de haber jamás principio
para decir tu afición?
¿No la has hablado otras veces?
Es verdad.
Pues, ¿qué temor
muestras agora de nuevo?
Solo en hablarlha de amor.
Que hay muy grande diferencia
hablarla cortés, o no,
que aquel que fino amor halla
no es más que galán primero.
Pero si con la tal dama
te ha tocado el niño Dios,
y duda luego al hablar
de vergüenza o de temor.
Y si con esa vergüenza
se te pierde la ocasión,
¿qué has de hacer?
Morir, Amaro,
que es el remedio mejor.
No la culpes, que tal vez,
si te aplaca tu dolor,
ten ánimo, no desmayes,
que es mujer y no feroz.
Pero si yo no me engaño,
veo salir al balcón
tu sol, tu luz, tu consuelo,
con que aplaques tu pasión.
Y acaba ya de una vez
aqueste fiero dolor,
que esto de tratar de amores
no respeta, vive Dios.
Ce, ¿es Teodoro?
Asómase Arminda a la ventana.
Señora,
aguardando el resplandor
de vuestros ojos, pues voy
a aguardar a mi corazón.
Galán andáis, mas no es mucho,
si miro en vuestro valor.
un prodigio en vuestras obras,
un Héctor en corazón.
Aqueso en mí es excusado,
que para tan gran favor
el alma tuviera alas,
no tuviera el alma celos
vos, señora, si de sus luces no vio.
y también os admiro,
pues no hay luz que a esta se esconda,
que todo es un caos de error,
y de tal suerte os contemplo
que cuando y por mí, no a vos,
dudo si el sol de vos nace
o él os busca por ser sol.
Mirad, Teodoro, mirad
que pasáis ya de favor.
Deteneos, porque no es justo
darme ese nombre, ofensor
de la luz del luciente Febo,
porque colegiré yo
o que estáis loco sin duda
o quien habló no sois vos.
Yo soy el mismo, y quisiera,
suspendiendo el corazón,
que oyerais de mí, sol, vos,
dos palabras si gustáis,
Decid.
Dichoso favor.
Habla en secreto.
Si por esta ventana
saliera algún tropezón.
para entretener un rato,
el tiempo en esta tal confusión .
¿Es Amaro?
¿Eres Jacinta?
La misma, que te movió
a estar aquí a estas horas?
Amaro. tachado: ilegible mi amor, adorarte y velar.
Bueno es eso, por mi vida,
sin duda, Amaro, estás loco.
No,
que a estarlo nunca estuviera
aguardando tal temido,
y por vida de los dos,
que pues estamos los dos,
los tratemos de amores.
No tengo tal intención.
¿Qué dices? ¿Estás en ti?
Di, ¿qué mujer no gusta
de ser siempre requebrada
y tratar siempre de amor?
¿Has de ser sola en el mundo
de tan necia condición,
cuando el ejemplo tenemos
hoy en las manos los dos?
No importa, que no quiero
ni de veras, porque no
gusto estar desvanecida
en tan necia profesión.
Yo te ofrezco de pagarte,
yo,
porque conforme es mi amor
puedes decir, sí, segura,
que quiero con marca mayor.
No soy de los pisaverdes
que su pisar es ramplón;
amo del modo que piso,
pago como piso yo.
Digo y redigo...
¿qué dices?
que no tengo gusto, no,
de quererte, y ansí vete.
Tachado: [texto tachado ilegible] el amar y que lo que hablan solos / usted ha de responder
Qué tanta dicha, señora,
merezca aquí mi pasión,
que sin pensar me haya hallado
en gloria mi corazón.
Ya en mí otra alma diferente,
mas ¿qué mucho, si este aliento
de nuevo me la formó?
Sois cielo de mi esperanza,
sois norte que me guió
a ver luz de vuestra gloria,
a ver sin eclipse al sol.
Hoy vuelvo yo a renacer,
que hasta agora no he sido;
era sombra que le falta
el ser y la perfección.
Hoy tengo vida con veros.
Hoy tengo ser y razón
y dos almas que vos misma
hoy disteis al corazón.
Quiero ir, pero mal digo,
porque apartarme de vos
será imposible vivir,
si con veros vivo yo.
Pues porque viváis, yo quiero
que lo tratemos los dos
en viendo vos a mi padre.
Cobraré nuevo valor.
Adiós, porque se hace tarde,
y fiad solo vos,
que tendréis lo que me pedís.
Tendré el occidental Fénix.
Vase Arminda.
¿Quieres que hable a tu ama
y aventure aquí mi honor,
verás como nos concede
que nos casemos los dos?
Yo casarme, bueno es eso,
por Dios que trae la flor,
vaya muy enhoramala.
Vase Jacinta.
Pasito, ten, vividor.
Que es demonio la fregona,
pues aunque no tiene amor,
la he de volver mi cera,
solo con mi condición.
Con quien hablabas amaro
conmigo hablaba señor
un negocio de importancia
pero di qué hay de tu amor
Tengo amaro buen principio
Tengo alegre el corazón
gracias a dios que has llegado
a puerto de salvación
Pero vámonos que es tarde
y el sueño es un dormilón
para ti siempre lo ha sido
y aun también para los dos
que es muy necio el que al aurora
la saca de su rincón
que mejor es que me busque
que no que la busque yo.
ya digo a todas que quiero
y les doy el corazón
no más seré sirvenguenzallas
y haber para qualo son
Si en aquesto me asiento
puerta franca ha de amor la ocasión
y gozo de lo que quiero
sin tener duende sin desazón
Esa es necedad amaro
sea necedad o no
yo vivo muy a mi gusto
y pene el que tiene amor
Vanse, y sale el Delfín de Francia y Monsieur de Virón.
¿Sabéis de Londres qué es lo que hay de nuevo,
la infanta está resuelta a darme guerra?
Sí, señor, pero cierto que no apruebo
por bien fecho venir contra su tierra.
Muy mal paga mi amor, poco la debo
cuando esta voluntad en sí destierra;
pero saldrála mal su pensamiento,
que en mí no logrará su necio intento.
¿No le fuera mejor estar segura
en su reino, pues yo no la estorbaba,
y no venir sin modo ni cordura
contra quien la quería y la adoraba?
pensando hoy abatir quien la estimaba;
hace muy mal, que amor a los soberbios
los busca contra sí nuevos
¿Qué ve esta infanta en mí, que tan segura
se dispone a dar guerra hoy a su amante?
No puedo creer sino que la cordura
en ella le hha faltado en un instante,
o que presume aquí por conjetura
ser ella sola el rey hoy adelante;
pues hoy sin reparar que hay dos reyes,
quiere contra mi reino poner leyes.
Muy bizarra esta infanta se ha apuntado;
pero es mujer, no es mucho si es violento
en ellas el valor, pues sin cuidado
no más de que le dé en el pensamiento
quieren atropellar con lo intentado
sin reparar que puede haber tormento,
pero al acometer con gallardía
al fin es de mujer su fantasía.
Podrá ser que no venga aunque lo intenta,
que no es esta ocasión hoy tan forzosa,
y ansí, tu alteza, olvide esa tormenta
que el pensamiento tiene peligrosa;
y cuando venga será para su afrenta,
que no saldrá en tu campo muy airosa;
¿quieres rayo ser tú del mundo entero,
y que te ha de temer es verdadero?
Témola, por quien soy, porque la adoro,
y es fuerza que si veo sus cristales,
que me he de sujetar a su decoro;
porque en viéndolos yo serán mortales
mis fuerzas, mi poder y mi tesoro,
que antes me ha de causar mayores males.
Vamos, que quiero escribir
por ver si puedo apartar
que no venga a sujetar
su intento, por divertir
entretanto mi pasión.
que es tan grande, que os prometo
que si aquesto llega a efeto,
que muera mi corazón.
Diviértase vuestra alteza
por olvidar tal dolor.
No puedo, que tengo amor.
Para eso es la fortaleza.
No me aprovecha el tener
divertido el pensamiento,
porque mientras más lo intento,
más vengo yo a padecer.
Mucho me admiro y me espanto
que sin ver aquesta infanta,
tanto el dolor se adelanta.
Es un prodigio, un encanto,
que solo por relación
tengo el alma tan perdida,
que casi me falta vida
y sangre en el corazón.
Pintáronmela de suerte
que cuando yo lo escuchaba,
aunque estaba allí, no estaba.
Grande amor.
Y lance fuerte,
porque con el pensamiento
y los ojos la miraba.
Si os digo que la hablaba,
os parecerá más portento.
Que no os parezca que yo
7
aunque no la he visto, y manda
que ella con su misma mano
el bien que tengo me dé,
y ansí no os espantaréis
de que tema yo aqueste sol,
pues de allá con su arrebol
me sujeta, como veis.
No tengo que responder
a vuestra alteza; esto puesto,
Si no me queréis ver muerto,
dejádmele obedecer.
Vanse. Y salen Oracio y Pierres y Arminda.
Mucho agradezco, señor,
la visita que me hacéis.
Con la honra que me dais,
estoy con nuevo valor.
Desde hoy empiezo a vivir,
hoy solo he cobrado el ser,
pues hoy empiezo a nacer,
que hasta ahora era morir.
Tened, Oracio, tened,
que ya de lisonja pasa,
y no se usa en esta casa.
Señora, con la merced...
Bueno está, no prosigáis;
hablad, señor, desotra cosa,
que yo misma estoy celosa
¿De quién?
De la que miráis.
¿Qué habéis visto en mí, señor,
para que os adelantéis
de esta suerte, y que queráis
tratar en cosas de amor?
Tachado: Mons.
Si aquí me dais vos licencia
yo lo diré.
Tachado: y en el alma
Tachado: lo que vos estáis pensando
Tachado: Delfín.
Pues yo digo
que hasta escucharos me obligo.
Si el cielo me da paciencia,
mas luego os habéis de ir.
Digo que obedeceré.
Con aquesso escucharé.
Yo digo para vivir
a muchos siglos, señora,
que buscando yo la vida
jamás topé mi acogida
en ningún tiempo, hasta agora;
hoy con vuestra hermosa aurora,
que el alma recibió el ser,
y cobré todo el poder
que al corazón le faltaba,
que, aunque siempre le buscaba,
hoy solo le pudo ver.
Pero vile de tal suerte,
que con alborozo igual
dijo: Aqueste es el raudal
que me saca de la muerte,
Reclamo: Ar.
Abriendo las ciegas puertas
renovó en mí los sentidos,
que estaban antes perdidos,
y dije: "Gracias al cielo,
que con aqueste consuelo
abrió mis ojos dormidos".
Abiertos vi luego el sol
con los rayos que arrojaba,
que las tinieblas quitaba
de la noche su arrebol,
mas sirviendo su girasol
fui a gozar de la hermosura;
que en ella vi mi ventura,
pues mientras más la miraba
más amor en mí formaba,
y en dichosa coyuntura.
Esto ordenó, señora,
que desde el punto que os vi
al momento os recibí
por mi dueño, y pues agora
medio este sol es una nueva aurora,
goce yo de sus estrellas,
no las albas en centellas
que abrasen mi corazón;
porque no será razón
que paguen mal tus querellas.
Pues como os he escuchado,
yo os doy vuestra posesión,
y que vuestro corazón
le tenéis tan desvelado.
Que no os puedo remediar
porque yo ya estoy casada,
y cuando no lo estuviera,
qué es lo que hay más que estimar.
Con esto os lo he dicho todo.
Olvidad ese penar
pues no se ha de remediar,
buscad, señor, otro modo.
Fama ofrecisteis de vos,
y pues que ya os he escuchado,
digo que será excusado
que os vayáis a otra a pedir.
¿Que al fin no ha de ser posible
el aplacar mi pasión?
No hallaréis en mí ocasión
porque lo es imposible.
Mirad.
No tengo qué ver.
Advertid.
Es dar en vano,
a mi corazón tirano
ya no le podéis mover.
Mucho, señor, os tardáis.
Témome que he de morir.
Antes habéis de vivir
si aqueste amor olvidáis.
¿Cómo podré si nací
con esta pensión de amor?
Pues pasad ese dolor.
17
que al amor no conozco.
No os vais porque os dejaré
en esta cuadra.
Señora.
En balde os quejáis agora,
porque ansí os responderé.
Vase.
Aguarda, espera, detente,
no quites, piedra, al amor,
que me has dado buen dolor,
con este fiero accidente.
Que se burlase de mí,
que se fuese desta suerte,
dándome tan fiera muerte,
muy desdichado nací.
Buenos quedamos, amor,
yo sin vida y tú ofendido,
tú burlado, yo perdido,
sin alma, vida y valor.
Qué pretendes aquí hacer,
amor, si por ti revuelves,
dime, dime qué resuelves
con ese flaco poder.
Que pretendo sujetarla,
muera a poder de mi agravio,
quemaréla el corazón,
no entienda que he de dejarla.
No sé cosa, pues ya sé,
cuando ansí me ha despreciado,
que le cueste algún cuidado
que yo mismo causaré.
[En el margen superior derecho hay varios versos tachados e ilegibles, que parecen ser un borrador de los primeros versos de la página.]
Yo tengo de porfiar,
y si burlare mi amor,
verá en sí tan gran dolor
que no pueda remediar.
Morirá, ¡viven los cielos!,
que no ha de ser tan constante
que desprecie ansí un amante
causando tales desvelos;
valor, valor, corazón,
no padezcas esta muerte,
busca en tu engaño tu suerte,
muera este fiero varón.
¡Ah, señor!
Sale Pierres.
Pierres, ¿qué quieres?
¿Cómo tan solo y retirado?
Déjame, porque
¡Ay de mí, que !
¿Luego ya estás vencido?
No, porque soy desdichado,
estoy sin alma perdido.
Pues tan mal te ha sucedido,
que tanta pena te da.
Muy mal.
Dime la ocasión.
Estoy, Pierres, despreciado,
anda el amor engañado,
aquesta es mi perdición.
Metiome en empeño hoy
y dejóme de tal suerte,
que por vida me dio muerte,
y a él, que deudor le soy,
vine a ver a quien tú sabes,
y en lugar de darme glorias
me dejó con las memorias
de tan encendidos males.
y viendo que porfiaba
ella se fue y me dejó,
mira tú cómo estaré yo
ausente quien yo adoraba.
vete tú donde se fue,
que si ella quiere, yo sé
que presto a buscarte venga.
¿Qué hay dama que siendo amada
su cielo es ver padecer
al amante, y luego ser
de nuevo hacerse rogada?
No la busques en tu vida,
no la veas más loca así,
se te asconde ella avara
y vendrá a darte la vida.
Quiero mucho, es imposible
que pueda haber tal desprecio,
aunque soy como necio,
que mi pasión es terrible;
y será en balde su olvido,
soy hombre y he de tener
resistencia al padecer,
cuando dolor quiere dar.
Yo he de porfiar es cierto
al paso que aborreciere,
y si amor mal me saliere
que no llegaré a su puerto;
venganza tendrán los cielos
para aquesta sinrazón,
merita su corazón
con diferentes desvelos.
Vamos, Pierres, vamos luego,
que yo he de ver de qué suerte...
Reclamo: tengo
En el margen derecho se aprecian algunas pruebas de pluma.
tengo de ver por mi muerte
y aplacar aqueste fuego.
Pues vamos luego a buscar.
aqueste modo que ordenas
para que tu amor desmaye,
porque puedas descansar,
que siquiera brevemente
podrá ponerte cautiva
la que descubre te priva,
aunque se pinte a valiente.
Versos tachados
Vanse, y salen Arminda y Jacinta.
¿Qué te parece, Jacinta,
de Teodoro?
Es en estremo tierno,
pero muy perdida estoy
de amores.
Quiérole bien,
y no te espantes, pues ya
viene a ser hoy mi marido.
¿Sábeslo tú de verdad?
Sí, porque él habló a mi padre,
y según su calidad
no habrá duda aquesto, que esto
Según eso, buena está.
Holgaréme yo en el alma
de verte contenta ya.
y quitada de cuidado,
porque del modo que estás
pienso que si no te sale,
ha de ser mayor tu mal,
que amar y no ser pagada
es un veneno mortal.
Jacinta, tienes razón,
que es mi amor de calidad
que fuera perder mi vida,
mas mi padre viene ya,
disimulemos agora,
a saber qué nuevas da.
Arminda.
Sale Carlos.
Señor.
¿Qué hacéis?
Conmigo, señor, está
entreteniéndose un poco,
con que las penas se van,
y no vuelven para ver
que yo no les doy lugar.
Arminda, a mí me conviene
casaros, porque me están
estas canas dando priesa,
y no lo puedo excusar.
¿Ahora, señor?
Ahora,
porque me siento , en verdad,
cansado, y antes que muera
os quisiera remediar.
¿Con quién, señor?
Con Teodoro.
¡Quién tuvo ventura igual!
Aparte.
Dél estoy bien informado:
es hombre muy principal,
muy rico, muy entendido,
muy cortés y muy galán;
a mí bien me ha parecido,
y ansí a mis canas le dad
este contento, hija mía,
pues no me queda
quisiera yo veros ya
remediada.
Ansí es verdad.
¿Gustáis desto que os he dicho?
Digo que sí, porque ya
os deseo obedecer,
que aunque aquí parecerá
tan presto el decir de sí
resolución, no dirán
que lo es, pues vos gustáis;
con esto no os digo más.
Puesto que determináis,
pues voy a pedir albricias
a Teodoro, que serán
para él de gran contento,
y luego os he de casar.
A Dios, luego vuelvo al punto.
Vase.
Id con Dios, que bien os lleve.
12
pagando amor a mi pecho
aquesta vez deudas hay
pues das cumplido tu intento
pues tu padre loco está
de contento.
y mayor dicha
ser su gusto el de mi vida
Señora.
Entra Teodoro tachado: y Amaro .
Seáis bienvenido;
mi padre os va agora a buscar.
¿Queréis que me vuelva?
No,
porque él a casa vendrá.
Obedezco si os doy gusto.
Es cierto que me le da
vuestra persona, no hay duda.
Pues, ¿qué es lo que en mí será,
si con verme os alegráis?
Podré decir de verdad
que solo cuando os conozco
entonces la vida es ya
más viva en mí, porque tiene
en ti el alma claridad,
de ese cielo, de esa gloria,
de ese sol, de esa beldad.
Solo yo vivo con veros,
con veros olvido el mal,
y con gozaros la luz
que impide la oscuridad.
No hay para mí mayor gloria.
Foliación manuscrita: 15
Como ver ese cristal
del cielo que me da vida,
la vida que hace inmortal.
No prosigáis, que es intento
que me deis qué imaginar,
que os tenéis muy contento
cuando me veis al hablar.
Que hay amantes que en presencia
de la dama fingen amar
la pasión que entonces muestran
solo por disimular.
No digo yo que seréis
de los que digo, que ya
os he visto el corazón,
porque él en mi centro está;
sino porque me da pena
veros ante mí quejar,
que son quejas los requiebros
cuando pagados están.
Que yo os adoro no hay duda,
y que me habéis de costar
mucha pena, no lo niego,
sabe el cielo la verdad.
Yo daros pena, señora,
y cuidado, reparad
que no me queréis, pues vos
no me habláis con claridad;
porque solo por quien soy,
cuando hay amor de verdad,
si fuera contrario el mío
a esta luz, a esta beldad...
Solo a vos, señora, adoro,
pues mi alma en vos está,
y juro a Dios que el cielo
os vengue de tal crueldad.
Él me libre de traidores,
mas mi padre viene ya,
no prosigáis.
No prosigo.
Entra Carlos.
Señor Teodoro, en verdad
que vengo agora a buscaros
solo para efectuar
lo que vos me habéis pedido,
que ya concertado está.
De que estéis vos confiado
es lo que pena me da,
pero ya aquí me tenéis;
ordenad, señor, mandad
lo que fuere vuestro gusto.
Línea tachada: pues [texto tachado ilegible] cuando se aumenta [texto tachado ilegible]
Yo he tratado con mi hija
vuestro intento y ella ya
viene en ello, como es justo;
cuando aumenta calidad
ser vuestra esposa, no hay duda.
Señor, señor, bueno está,
que yo solo soy quien gano,
y a quien el cielo le da
dicha, honor, hacienda, gloria,
no os tengo que decir más.
Pues vamos para que os deis...
las manos, que quiero yo
pagaros ese desvelo
y dar a mis canas paz.
Digo que ya os obedezco.
No lo quiero dilatar;
vamos, hija, vamos luego,
con gran contento de deudos.
Tachado: vanse y quedan amaro y jacinta.
Señor, esta carta tienes.
Sale Amaro con una carta.
¿De quién la carta será?
Abre y sabrás de quién es,
con eso no dudarás.
Del rey de Hungría es la firma.
Abre la carta.
Más que te envía a llamar,
y si es esto, a muy mal tiempo
esta jornada vendrá.
Quiero saber lo que dice.
Luego que la presente veáis, Teodoro, os partir
sin más dilación que venir vuestra persona,
porque os he menester en mi corte para un
negocio de importancia. El Rey.
Teodoro, ¿qué novedad
os viene con esa carta?
De que me envía a llamar
luego al punto el rey de Hungría.
¡Cielos, ya empiezo a penar!
pues aun casada no estoy
y al alma esta pena dan.
¿Habéis de partir sin falta?
No lo puedo dilatar.
Pues vamos, porque queden
los dos con estado ya,
y vos partiréis contento
sin tener que recelar,
y aquesto esté alegre
por ver que casada está.
Vase.
Y di, Jacinta, también,
¿habémonos de casar,
pues se casan mis amos?
No estoy de esa calidad,
que yo tengo de ser monja.
Esa es linda necedad:
tú monja, como yo fraile,
que nunca yo vi jamás
que tal intento tuvieses.
Mira, y oye, que no estoy
de tal parecer agora;
y pues que yo soy galán,
soy la flor de los lacayos,
y otro nunca has de topar
como yo en toda tu vida,
procúrate aquí ablandar,
si no, desechas tu dicha.
Jacinta. tachado: es mi dicha
Amaro. tachado: claro está
pues enviándome a Borgoña,
y si pierdes la ocasión
ahora, aunque digas más,
cuando venga, será en balde,
que has de estarte en tu fregón.
Digo que me va enfadando,
y que si mucho te estás
conmigo, tengo de hacer...
¿Qué has de hacer, que estás mortal,
en no querer a quien te adora?
Pues yo no le he de adorar,
y desocupe la sala.
Jesús, y qué necia estás.
¿Al fin, no me has de querer
en algún tiempo?
Jamás.
¿Podrás con tu condición?
Muy bien.
¿Y no llorarás
un poquito en mi partida?
Si fuera clamorear,
lo hiciera de mejor gana,
que es lo que gusto me da.
Con esto adiós, que me voy.
Vase.
Yo iré tras ti, que me das
dos mil sales con tus desdenes,
y no te podré olvidar.
Foliación: 19
Vanse y sale Oracio y Pierres.
Lo que te digo, señor,
es la verdad; esto es cierto.
Con eso, Pierres, me has muerto,
dándome tan gran dolor.
¿Quién es el noble que tiene
tanta dicha merecida,
pues ha topado la vida?
Si decírtelo conviene,
es con el mayor amigo
que tienes en el lugar;
Teodoro se ha de llamar.
Hoy viene a ser mi enemigo,
pues mi gloria me ha quitado;
mas no importa, que yo sé
que en algún tiempo le dé
a Teodoro gran cuidado.
Que me aborreciese a mí
esta mujer se hace fuerte,
y que otro tuviese suerte,
dándome la muerte aquí.
Pues ahora que casada
está, la he de perseguir;
con disgusto ha de vivir;
no piense estar descuidada.
Y si hiciese resistencia
con su valor mi porfía,
verá como su alegría
se vuelve en impaciencia.
Pues señor, cierta casada
y su padre hace este trato,
según lo que he visto yo,
la pasión es escusada.
Con esta dama has tenido
trato, y cierto te enamores;
¿hate ella dado favores
que estás ansí tan perdido?
Que la quiero confieso,
y hoy lo quiero, aquesto es llano.
¿Os ha alcanzado su mano?
No, Pierres.
Mayor exceso
tiene tu locura aquí,
pues quieres que ella te quiera,
y tu amor no considera
que hace mal tratarte a ti.
Que querer amor forzado,
no habiendo otra, fuera justo
que te cumpliera tu gusto,
y sacara de cuidado.
Mas habiendo otras a mano,
¿por qué te echas a perder?
Olvida aquesta, el querer,
y no te canses en vano.
Que a ti no te ha de faltar,
y pues de galán te precias,
deja estas locuras necias;
¿qué has de sacar de amar?
16
y da de mano al penar.
Lo que tú dices ya es tarde,
mas no podré yo olvidarla,
que sé que me ha de costar
el olvido verme muerto
de penas, ay, de dolores,
porque está mi corazón
de ver esta suspensión
con muy crueles temores.
No hay que dudar, ha de ser
mía a pesar de su honor,
vencerála mi valor
pues tiene grande poder.
Gozaré de sus abrazos
aunque ella ya esté casada,
que está el alma enamorada
y rendida a tales lazos.
Mucho has dicho aquí, señor,
que es muy gran atrevimiento,
y si lo sabe, es perdido
el crédito de tu intento.
A su casa quiero ir
a ver aquesta ocasión.
Mira que pones la vida
en el riesgo de morir.
No importa, porque con eso
descansará el corazón.
No tengas mayor pasión
con ese tan necio exceso.
Sea o no, yo la he de ver,
y tengo de porfiar
hasta que me venga a amar.
Alto, pues, si ello ha de ser,
luego nos podemos ir;
mas, señor, yo no quisiera
que aquesta vista te diera
ocasión para morir.
Véala, y muérame luego;
con esto descansará
el alma, y acabará
de quemarse en este fuego.
Vanse. Salen Carlos, Teodoro, Arminda, Palabra tachada e ilegible. y Jacinta, y Amaro.
En el alma me he alegrado,
Teodoro, del buen suceso
de mi hija, y hoy con eso
el alivio de cuidado.
Yo he sido el que aquí he ganado,
y aquesta ventura es mía;
no hay en el mundo alegría
como la que yo he alcanzado.
Mil almas tenéis en mí,
hoy goza mi corazón,
en tan alta obligación,
pues hoy tan dichoso fui.
Con esto a estas canas doy
la vida que les faltaba,
en este bien que esperaba,
Con ellos a mí me honráis,
17
Ya tenéis a vuestra esposa,
y ansí ya quiero dejaros,
que los padres suelen dar
respeto a quien se desposa.
Que a los que se quieren bien,
estorbarlos no es cordura
esta amada coyuntura,
sino que solos estén.
Pues si la vida que tengo,
por vos aquí la he ganado,
¿Cómo podéis dar cuidado?
Teodoro, aquesto prevengo.
Porque es muy justa razón.
Solo lo que aquí os encargo,
si es que con vos puedo y valgo,
que alegréis mi corazón
en ser breve a esta jornada.
No me tenéis que encargar,
que a mí me importa abreviar
si dejo esta prenda amada.
Solo lo que os pido yo,
aunque es escusado aquí,
que miréis, mas ¡ay por mí!
eso no es menester, no.
Que me dejéis encargado,
seguro podéis partir,
no tenéis más que decir.
Y quedoos obligado.
Adiós, hija.
Adiós, señor.
Vos, Teodoro, bien podéis,
pues decís que me queréis,
ir cierto de vuestro amor.
-vales
Aparte.
Muchos los dos han hablado,
qué negocios habrán sido;
un poco está divertido
con el hablar mi cuidado.
¿Qué será, válgame Dios el cielo?
Esposa, ¿cómo calláis?
Mirad que con eso dais
a mi vida desconsuelo.
Pues, esposo, no hay de qué,
que aunque allí yo no os hablaba,
mi alma con vos estaba.
Eso, señora, noté,
porque miro vuestros ojos
en otro nuevo semblante.
Como os vi tan adelante
en el hablar, ¿causó enojos
mi corazón? Porque os quiero
tanto que casi tenía
celos, con esta tiranía
de mi padre verdadero.
¿De vuestro padre, señora?
De mi padre, que pensaba
que ya a otro amor os buscaba,
y que yo os perdía agora.
Porque no tengáis recelo,
lo que yo con él hablé
aquí, señora, no fue,
esta verdad sabed dello,
no fue más que mi partida,
y el dejaros encargada.
Yo quedo en mí tan guardada,
que antes perderé la vida.
13
Que llegaros a ofender,
que el a ofender es locura,
que quedo yo más segura
conmigo que en su poder.
No os enojéis, dulce prenda,
que esto es amor.
No lo es,
pues por mí esta duda es.
Temo que nadie os ofenda.
Partid seguro, señor,
de que me dejáis en mí,
que el mundo no tiene aquí
qué hacer contra mi valor.
Soy mujer y tengo amor,
y esto basta porque vais
satisfecho que le dejáis
libre en mí vuestro temor.
Soy roca, soy un diamante,
que para labrarle es fuerza
que vuestro valor le tuerza,
que a otro será constante.
Con esto me partiré,
esposa, tan satisfecho,
llevando tal bien mi pecho
de honor, que un monte seré.
En no olvidar vuestro amor,
y en ello mi memoria
estará siempre en la gloria,
gozando tan gran favor.
Escuchad antes de irme
un negocio aquí en secreto.
Hablan en secreto.
A mí me toca, en efeto,
también aquí despedirme.
Dime, Jacinta, ¿no es justo
casarnos los dos también?
Eso a mí no me está bien,
que no es cosa de mi gusto.
Pues ¿es de poder llevar,
tú, tanto tiempo el no verme?
Por no temer el perderme,
echo mis penas al mar.
No eres boba, vive Dios,
pero dame algún favor.
Jamás le ha dado mi amor.
¿Qué habemos de hacer los dos,
si yo sé que tú me quieres,
y yo a ti? Sin ver tus ojos,
por memoria unos despojos
¿no me darás, si bien puedes?
¿No te ha sobrado jamás
algún oro retraído
que de puro deslucido
ese nombre no le das?
Pues eso que tú desprecias
tomaré yo por favor,
solo en prendas de tu amor.
Son esas palabras necias,
que yo en mi vida no he dado
ni he de dar de ningún modo,
aunque yo pierda el bien todo
que ofrece amor, que es cansado.
De esa suerte ya yo puedo
de tu amor ir descuidado,
pues sé ya que no te agrado.
Con eso contenta quedo.
Eres cuerdo en conocer
que yo no te he de admitir,
y que puedes bien partir
muy libre de mi querer.
Pues ya estoy desengañado
de ti, no me faltará
quien de mí se acordará.
No me da ningún cuidado.
19
Advierte.
¿Qué he de advertir?
Que te pesará algún día
por tu loca fantasía.
No dejaré de vivir
por eso.
¡Qué necia estás!
No tengo más sentimiento
que doy mis penas al viento.
Paciencia, pues veo que das
tales favores a amor;
y pues me has menospreciado,
yo sé que tu desagrado
te ha de costar gran dolor.
Que cuando estés más segura,
en esto del no querer,
amor, que sabe vencer,
me vengará tu locura.
Como vos decís se hará;
bien podéis ir descuidado.
Con aquesto, mi cuidado
de su mal descansará.
Al fin es fuerza el partir.
No puede dejar de ser;
harto siento el carecer
vuestra luz, por no morir.
Bien sé que me ha de costar
gran pena aquesta partida,
si me aparto de la vida
en que llego a descansar.
Tener contento será
en vano en mi corazón,
todo será confusión,
gloria jamás la hallará.
Porque si se queda en vos
todo el bien de mi consuelo,
cierto será mi desvelo
donde no estamos los dos.
Todo será obscuridad,
todo horror, todo tristeza,
¿quién podrá hallar fortaleza
hasta ver tu claridad?
Desto será de tal suerte,
que si pasan muchos días
el no ver yo glorias mías
será muy cierta mi muerte.
Deja de sentir, esposo,
que con tanto padecer
es fuerza que he de tener
en mí el dolor más penoso.
Adiós, señor, y adiós luego;
mal digo, no estoy en mí,
cuando me dejas aquí,
con veros ir en un fuego.
Al fin es fuerza el partir.
Fuerza, que no puedo más.
¿Tan presto, mi bien, te vas?
No sé, esposa, qué decir,
yo tengo de obedecer;
soy mandado, el rey me obliga.
Mayor pena, más fatiga
me da su fuerte poder.
¿Vendréis presto?
No lo sé.
¿Olvidareisme?
Es en vano,
contra tu amor, yo tirano,
quien a la gloria se fue.
20
¿Vaste ya?
Sin dilación.
¿Que no te tengo de ver?
Sí verás.
¿Cuándo ha de ser?
Yo buscaré la ocasión.
¡Cuán poco dura el contento!
Pues apenas le tomé,
de entre los ojos se fue,
causando al alma tormento.
Quien en aquesta ocasión
la vida en muerte trocara,
con aquesto descansara
de penar el corazón.
¿Sientes mucho mi partida?
Tanto que si ser pudiera,
contigo el alma partiera
a gozar en ti su vida.
Jamás el bien ha durado,
aquel que contento está,
que luego el amor nos da
por glorias, mayor cuidado.
Vendré a ser como la flor
que con el sol tiene vida
y, en faltando, está perdida
sin ser vista ni color.
Adiós, esposa querida.
Adiós, dulce dueño mío,
que al fin de ti me desvío.
Que al fin, sin ti tendré vida.
Que podré estar sin tu gloria.
Que yo podré estar sin verte.
Será para mí una muerte
ver padecer tu memoria.
El cielo me dé consuelo
para llevar tan gran mal.
Queda a Dios, que voy mortal,
y yo en un grande desvelo.
Fin de la primera jornada
+ Segunda Jornada La mujer juez de su marido
2
Salen Oracio y Pierres.
¿Qué tan fuerte está, señor?
Tanto, que a tanto extremo
que estoy por decir la temo
viendo su fuerte valer.
Por más que la he porfiado
con amor, con osadía,
es en balde mi porfía
es en vano mi cuidado.
Tiénese al fin por honrada,
quiere mucho a su marido
que aunque es mucho lo ofrecido
todo no lo estima en nada.
Por todas partes he entrado
para alegrar mi pasión,
pero está su corazón
en su marido ocupado.
No hay carta que ella le escriba
que yo no coja con arte,
y también de la otra parte
porque ella no los reciba.
Y aunque el descuido lamento
de su marido, es locura,
que antes estamos seguros
para no mudar su intento.
Pues, ¿qué pretendes hacer?
Porfiar, no he de dejarlo,
si hoy no hay quien llegue a estorbarlo.
Que no ha de ser tan constante,
en viendo que su marido
de escribirla tiene olvido,
que desprecie a un fiel amante.
Oíle que ha de bajar
al jardín aquesta tarde,
y allí pienso hacer alarde
de mi amor con porfiar.
Y si su padre Astolfo
a bajar toca, ¿qué has de hacer?
Disimular otra vez
lo que el viejo conceptuoso...
¿Qué ha de decir si te ve
con ella, señor?
Que soy
buen amigo, pues que voy
a verla.
Aquesto no sé,
que el viejo
dejará
de celarla.
Eso es locura,
si sabe que está segura.
Es celoso, si sucede.
¡Plegue a Dios que no lo enrede,
centinelas parecer!
Yo sé que no vendrá a ver.
Mira, señor, que te pierdes,
este consejo te doy,
no inquietes más hoy tu vida,
que harto labras tu herida;
repara.
Verdad es,
y más que pierda el vivir,
haga yo ahora mi gusto,
sea justo o no sea justo,
y aplaque este dolor.
Pues, señor, si eres su amigo,
¿no ves que es necio valor
querer afrentar su honor?
Perdona, que te lo digo,
y esto sufre, porque a mí
me parece no ser justo
que averigües a su disgusto
grandes...
Déjame aquí.
Que aquesta es necia locura,
que quiero bien y es en vano,
aunque parezca tirano,
no gozar de su hermosura.
Yo no puedo descansar
si no quito este temor,
queda sin rienda mi amor,
y no puedo sosegar.
Veréla yo en su jardín,
significaréle el mal
que tengo en mí, tan mortal,
por ver si en mí tiene fin.
Si allí se resolviere,
despreciando mi osadía,
borraré su fantasía
que de no querer tuviere;
y el remedio está en la mano,
porque yo tengo de haber...
que la venga a aborrecer
su querido esposo villano.
Vamos que muero de amor
y no puedo sosegar,
tú en esta te has de quedar
porque importa ansí al honor,
yo solo tengo de ir,
yo solo la he de vencer,
yo solo me he de poner
en el riesgo del morir.
Mira, señor,
No me adviertas,
porque no te he de escuchar,
y he de procurar entrar,
que amor me abrirá las puertas.
En el margen izquierdo hay garabatos y texto tachado, posiblemente pruebas de pluma o indicaciones de entrada.
Vanse y sale Arminda sola.
Un año ha que padece
gran pena mi corazón,
por no saber de mi esposo,
la causa ignora mi amor.
Un año ha que se fue,
un año ha que salió
mi alma a buscar su dicha
dejándome con dolor.
Las caricias que al partirse
conmigo comunicó,
fueron estas malamente,
pues el alma anticipó.
¿Cuándo siquiera una carta
de su letra me envió?
Descuido grande es el suyo,
o mucha faltha de amor.
Pero como yo le culpo,
estoy en mi juicio, no.
23
que culpar a quien adoro
no es piedad sino traición
No puede, esto es sin duda
ser grande la ocupación
del rey para no escribir
bien puede ser. pero no
es consuelo de mi vida
porque aquel que tiene amor
jamás el tiempo ha faltado
y nunca el bien ha habido
No sé cómo le disculpe
si miro la ocupación
hallo que no tendrá culpa
pero si vuelvo al amor
Hallo en aquestos dos males
muy poca satisfacción
que amar y no ver es cierto
que se pierde ansí el amor
El cielo me satisfaga
de mis penas de mi ardor
que un olvido en amor grande
pone en balanza el honor
Sufriré, mas cómo puedo
aguardaré, o que fiero
porque amor con esperanza
es obra de satisfacción
Lloraré, mas será en balde
llamaréle, es ilusión
que son en balde las voces
aquel que no las oyó
Sale oracio al paño
Sola en el jardín está
ahora es tiempo o niño dios
que venza este imposible
aligera aquí tu arpón
resuelta estoy a esperar
hasta saber la ocasión
que encierra, ¿en qué le culpe,
si él no tiene culpa? No.
Quejándose está en su pecho;
agora sí podré yo
conseguir aquí mi intento,
cortarla su inclinación.
Entro. ¿De qué me suspendo?
¿ahora me falta el valor?
Corazón, aun no quedes
sin la luz que te alumbra.
Con la gran pena del alma,
entre la muerte y la vida,
y matándome el dolor.
Con su pena se ha dormido,
ahora puedo salir yo,
cuando la ocasión me ofrece
con que cumpla mi intención.
¡Qué hermosa ha quedado al sueño,
qué donaire, qué primor!
¡Ángel es su compostura!
su rostro admiración.
Los cabellos, que enlazados
se miran de dos en dos,
son lazos de mi albedrío,
son grillos de mi prisión.
Su boca es toda un carmín,
pues el clavel se admiró
de ver esta el clavel fiel
a la boca adonde nació.
4 / 24 en la esquina superior derecha
Los ojos con las cortinas,
que están del verdadero sol,
se encubren, por dar lugar
que haga sus ecos el sol.
Esposo, ¿tanto descuido?
¿está mi alma dormida?
¿no venís de asiento? sí,
que os veo gran desabor.
Pues, ¿cómo os vais, esposo?
Con su esposo está en su sueño
tratando cosas de amor;
despertarla no hay duda...
¿no está dormida?
¿Qué os vais, señor, a mi bien?
volved, volved.
Llega a asirla de la mano y despierta.
Cielos, bueno está, porque no...
Dormida.
Esposo, señor, ¿qué es esto?
Pues ¿cómo, por dónde vos
entrasteis a este jardín?
¿Quién os dio tanto valor?
Venid, venid, ya estoy sola.
Pues, señora, mirad que yo
os tengo...
¿Qué me tenéis?
Decidlo aquí luego.
Amor.
¿Vos amor, señor? ¿Por qué
os mueve tan gran pasión?
¿No miráis que estoy casada?
Aqueso, señora, no.
Bueno está, Oracio, volveos.
¿Será volverme amor?
Será olvidar hoy la gloria,
será apartarme del sol
que me alumbró a que viniese
a gozar de su arrebol,
es perder luego la vida
ofendiendo a quien me la dio.
Si con veros hoy la gozo,
y no os parezca ilusión
verme aquí presente cuando
vivo a vuestro resplandor.
Sois lucero de mi vida,
sois norte que me guio
a buscaros por tener
en vos el mejor blasón.
Sois lo que con sus rayos
me sustentáis más que el sol,
y sois el puerto dichoso
en que descansa mi amor.
Dejaros será imposible,
pues olvidaros, peor;
quieros bien, y el despreciaros
fuera en mí delito atroz.
Que me queréis no lo niego,
y que sois firme en rigor,
tampoco os negaré aquí;
pero soy honrada yo.
De mi parte os agradezco
este buen celo y primor,
mas ya tengo esposo y le quiero,
que es doblada obligación.
Reclamo: Arm.
4 / 25
Ya sabéis que soy casada,
esto no lo ignoráis, no;
con esto os he dicho harto,
sosegad el corazón.
Porque negar a mi esposo
fuera muy grande traición;
esto os digo porque os vais,
y olvidéis que es lo mejor.
Olvidaros será en vano,
porque fuera en mí traición
si de quereros dejara,
si el alma de vos nació.
Que queréis a vuestro esposo
no niego, pero sé yo
que él de vos está olvidado,
y al casarse os engañó.
Porque yo supe al partirse
de su pecho la traición,
y no tenéis que esperarle,
ni que pasar más dolor.
Él no tiene de volver,
que a mí solo lo confió
para que os desengañase,
y pues os adoro yo,
y el bien que esperáis jamás
ha de gozar desde hoy,
y olvidaos de tal traidor,
traidor y falso.
En el margen inferior izquierdo, aparecen tachados los siguientes comienzos de verso: [Arminda. Mi esposo...] [no es posible...]
que presuma tal engaño,
que piense tal confusión.
Ea, celos, deteneros,
no vengáis con tal rigor
a darle la muerte al alma
con tan penosa traición.
Aparte.
Ya parece que obra en ella
pues suspensa está, lleguemos.
no desmayes, sin temor,
aplaca que aplaca este ardor.
No puede ser que se fuese
y me dejase, eso no,
que es engaño manifiesto
de aqueste fiero traidor.
Que como aquí su locura
en mi camino no halló,
para salir con su intento
aquesta infamia formó.
Mas no se le logrará.
Señor Oracio, el honor
de una mujer principal
en el olvido es mayor.
Yo quiero que a mí me olvide
y que no haga caso, no.
Conmigo pago sus deudas,
que es en mí el lauro mejor.
que todo el mundo dirá
que si él la traición causó,
yo soy honrada juez; la vida
perderé antes que el honor.
En el margen superior derecho: 6 / 26
Y ansí, vos me deseáis,
señor Oracio, decid,
¿me estima vuestro valor?
Más que a mi alma, señora.
¿Me queréis?
Con grande amor.
¿No sois noble?
Que cierta cosa.
¿Estáis hoy casado?
No.
Pues escuchad.
Ya os escucho.
Mirad lo que os digo, atended a esta razón:
Si vos fuérades de estado, fuérais, señor, casado,
qué pretendiérades vos
de una vuestra criada?
Pretendiera en ella honor.
¿No os pesara que anduviera
vuestro honor en confusión?
Tanto que diera la muerte
a quien me hiciera traición.
Pues ya os habéis sentenciado
sin que haya dilación,
y pues el ejemplo veis,
en mis manos, no es razón
que ofendáis a mi marido,
que no fuera justo, no,
que lo que vos no queréis,
en mí consintáis vos.
Esto he dicho porque os vais,
que será aquí lo mejor;
que soy honrada, y la honra
no es bien que la pierda yo.
Primero...
No respondáis.
He de hacer.
A que juro
que si dais voces vendrá
quien os pese.
¡Vive Dios,
que quite la vida a quien
estorbare esta ocasión!
No haréis, porque estoy aquí,
que os lo quitaré yo a vos.
Esto es lo que yo deseo.
Vaya a tomarle las manos.
Deteneos, que vive Dios
que os haga aquí a vos pedazos.
Arminda.
Sale Carlos.
Señor.
¿Qué habéis?
Pues ¿cómo estáis aquí
en el jardín con mi hijo?
Yo le he llamado, señor,
para un negocio que tengo
de mi esposo.
Disculpe esta ocasión,
y el haber venido aquí,
y sabréis la causa por qué aquí...
27
Aparte.
Con ella me topáis vos, ¿estamos solos los dos?
Qué bien que lo ha disfrazado.
Mas me ha muerto ansí de amor,
que ser hermosa y discreta
es joya de más primor.
Señor Oracio, yo os pido,
pues sois cortés, de que vos,
ya que honráis aquesta casa,
gastéis en mí la ocasión.
Que no es bien que con mi hija
os tope tan solo, yo no,
que hay riesgo en la mocedad,
y peligro en el honor.
No tenéis que recelaros,
que no es otra la ocasión.
No lo dudo, soy su padre,
y aquesta es mi obligación.
Vase luego.
Aparte.
Ya se descubrió,
muy fuerte aquél lo pintó,
Amor, aquesta mujer.
Y pues venció su valor,
el mío le dará guerra;
pero no, porque no
se ha de quedar alabando
ella que me despreció.
No os vayáis, ¿por qué os detenéis,
porque vuestra suspensión...
Solo miráis.
Remiréis,
id con Dios.
Quedad con Dios.
Vase.
Y vos, no os tope yo aquí,
porque no gustaré yo,
que sois casada y tenéis
marido.
¿Por qué, señor,
cuando vos me conocéis,
pues sabéis que sola yo
basto para un mundo entero,
a una fuerte inclinación,
que soy vuestra hija y casta?
Buena es la comparación,
pero suele en tales lances
ajar la flor la ocasión.
Venid conmigo allá dentro,
tratad de vuestra labor,
dejad al jardín las flores,
no escurezcáis su color.
Ea, venid, ¿qué decís?
Que ya os obedezco, señor.
Vanse.
Casada, y a aquestas cosas
no deis lugar al licor
de los ojos que las riegan,
porque no será razón
que pongan sombra a la nieve
que en tanta luz nació.
+
28
vanse y sale Teodoro solo
Dentro tocan cajas.
Queden los campos aquí,
que habemos de pelear
solos en este lugar,
porque esto conviene así.
Salen el Delfín de Francia y Astolfo, general de Londres, armados.
Ya en el puesto señalado,
con la orden que enviaste,
estoy a lo que mandaste;
cumple agora tu cuidado.
Pero advierte que primero
que la espada a esta ocasión
salga, que es tu perdición.
Ni apruebo ni considero
el volver, que es cobardía,
y he de quedar victorioso,
que será lauro dichoso
venciendo aquí tu porfía.
Yo te advierto.
Eso es en vano.
Mira.
No hay que mirar,
yo te vengo hoy a matar.
¿Y podrás?
Está en mi mano.
Pues comienza tu intención.
De aquesta suerte ha de ser,
yo he de vencer tu poder.
Yo he de ver tu corazón.
Acuchíllanse y mata el Delfín a Astolfo y sácale un retrato del pecho.
Muerto soy, válgame el cielo,
A la derecha, tachado: Cae
A la derecha: Sale el delfín con un retrato de la infanta o de bulto
Desta suerte vencerás,
tu soberbia pagarás,
sin tener de ti consuelo.
Pagó su infamia el traidor,
a mis pies cayó su ira,
que es contra mí una mentira,
pensar que ha de haber valor
para sujetarme a mí,
que solo yo basto y puedo
dar mi nombre al mundo miedo,
que un hombre es muy poco aquí.
Este papel le he sacado
del pecho, quiero leer
qué puede dentro traer
que estaba en él tan guardado.
Válgame el cielo, ¿qué miro?
¿Qué miro? Válgame el cielo,
quién este ángel será
adonde el alma adora
dando a los hombres consuelo.
Aqueste debe de ser
el retrato de la infanta,
mucho mi amor se adelanta
pues cobran nuevo poder.
Qué rostro y qué perfección,
qué vida que está mostrando
quien aquí le está mirando
cuando a todo es afición.
Sus cabellos dan al aire
rayos que llevan del sol
y todo aqueste arrebol
presta gloria a su donaire.
En la esquina superior derecha: 9 y 29
Los ojos que aquí he mirado
no dan luz por no ofender
porque a quererlos mover
quedara el día afrentado.
Su boca aunque aquí está muda
no lo está, que está diciendo
dulzuras que está sintiendo
para que a buscarla acuda.
Toda al fin es perfección,
toda es amor, toda es gloria,
pues la ofrece mi memoria
a esta gloria el corazón.
Es imposible que pueda
sin ir a ver este cielo
topar jamás mi consuelo
si el alma perdida queda.
Buscarla, aunque la vida
la pierda, no hay que dudar
que este bien he de gozar
y he de verme en su acogida.
¡Ah de mi guarda!
Señor.
Sale un soldado.
Habéis luego recoger
el campo, esto ha de ser
que no hay que tener temor,
y mandad luego llevar
ese general a Francia
que ya pagó su arrogancia,
provéase sepultar.
Luego al momento se hará
lo que vuestra alteza ordena
vase
sacaréis me desta pena
con eso se aplacará
Pero cómo podrá ser
si hoy estoy con más cuidado
en otra guerra empeñado
que es más fuerte de vencer
Amor pues que sabes tanto
dime cómo he de salir
de tus manos sin morir
en aqueste nuevo encanto
Yo de ti me he de quejar
si al mirarme ojos
su vista me causa enojos
y no lo puedo alcanzar
Valor valor corazón
pongamos todo el poder
para procurar vencer
no perdamos la opinión
forzoso es amor partir
que ha crecido mi cuidado
y hoy estamos empeñado
sin poderle resistir
Vamos a ver cielo
vamos a buscar la vida
vivamos en su acogida
aunque nos cueste desvelo
vase, y sale Oracio y Pierres
10
30
Que aqueso te ha sucedido
con ella grande es tu mal.
Estoy Pierres tan mortal
que ya me miro perdido.
Esta cruel a mi amor
que por más que porfié
un consuelo no saqué
para aliviar mi dolor.
Pues ¿qué pretendes hacer
cuando ansí te ha despreciado?
Puesto que estoy agraviado
tenerla yo se ha de ver.
¿De qué modo? ¿Estás en ti?
No estoy, porque si estuviera
alguna señal me diera
con que yo estuviera en mí.
Pero una cosa has de hacer
sin que haya dilación.
Por mí, dime tu pasión,
si aquí te he de obedecer.
Sabrás que estoy esperando
que al sujeto, y si viene,
como a mi industria conviene
dejaré de estar penando.
Una carta tengo aquí,
y en viniendo has de llevar
a su esposa por lograr
mi intento, esto es arte;
mas lo que ha de resultar
della calla mi respecto,
porque conviene el secreto.
Puedes muy bien descuidar,
porque yo se le daré
sin despegar esta boca,
pues el secreto me toca
quieres más que yo lo haré.
Entra Teodoro.
Vase.
Oracio.
Amigo, señor,
vos seáis muy bien venido.
A vuestra casa rendido
me trae mi fiero dolor.
Apenas la carta vi,
cuando sin más dilación
buscó mi pena ocasión
para venir hoy aquí.
Y a vuestra casa he venido
sin entrar a ver mi esposa,
por ser la ocasión forzosa
y saber qué ha sucedido.
Lo que yo escribí es verdad
y para satisfacción
tengo buscada ocasión
para ver vuestra maldad.
Yo os pondré, amigo, de modo
En el margen superior derecho se lee "11" y "31".
que a los ojos lo veáis,
y si crédito no dais,
y cómo os desengañáis,
viendo allí vuestro mal todo.
¿Cómo ha de ser?
Yo lo sé,
que, pues a mí me ha obligado
haberos ansí llamado,
que sin ocasión no fue.
Esta es la honra que tengo,
cuando pensé que tenía
para mi alma alegría,
a ver hoy mi afrenta vengo.
Si será verdad, ¿qué dudo,
porque el experimento a mí
que esto ha pasado ansí,
pues el callarlo no pudo?
Conmigo hiciera mal
tener mi infamia callada,
cuando está tan declarada,
por verlo ya, que soy mortal.
Ea, Oracio, vamos luego;
sepamos esta traición,
sacadle a mi corazón
de qué me arde en vivo fuego.
Vamos y vos lo veréis
cómo es verdad lo que os digo;
no fuérades vos mi amigo...
sé que os desengañaréis.
Por Dios, que ansí ha de pagar,
pues que me hace padecer,
porque mi engaño ha de ser
el que me ha de acreditar.
Vase, y sale Arminda y Jacinta.
Mucho el dolor me atormenta,
mucho mi mal se adelanta;
hoy esta pasión me encanta
y hoy me dan celos afrenta.
Hoy padezco y yo no puedo
a mi dolor remediar,
hoy en mí todo es penar,
hoy con vida en muerte quedo.
Hoy para mí el alegría
es toda una confusión,
hoy está mi corazón
diferente que solía.
Hoy mi esposo me ha negado
y bien se le echa de ver,
pues me hace padecer
sin darle ningún cuidado;
la causa ignora mi amor,
pero ¿qué hombre que en gozando
lo que ha estado penando,
vuelve la gloria en dolor?
Para esto se casaba
con tanta solicitud,
presto ha huido su virtud,
no es mucho si le cansaba.
12
32
Deja tu pena, señora,
¿sabes tú si será engaño?
¿Engaño que dura un año
se pasa a pena traidora?
No habrá tenido lugar
de escribir, y será cierto.
Si el amor tiene ya muerto,
y claro nos ha de dejar.
Porque en un año y un día
de sosiego no ha tenido,
para quien busca el olvido
nunca halló lugar.
Señora,
vuelve otra vez a intentar,
y satisface tu engaño.
Volverá a darte ahogos
mi pena, sin desahogos.
Ningún modo de consuelo,
porque quien está enseñado
a no sentir un cuidado,
no querrá tener desvelo.
Pues, ¿qué pretendes hacer?
Morir, Jacinta, morir,
que ya no puedo vivir
hoy con tanto padecer.
Cierto que estoy yo mortal
con tu pena de tal suerte,
que me ahoga ver la muerte
en mi profundo mal.
Yo te agradezco el favor
de que sientas tú mis males,
pero fueran más mortales
en mí verte con dolor.
Yo gusto de padecer
pues que lo permite el cielo,
yo amo aqueste desvelo
aunque con él pierda el ser.
Mi esposo me dejó a ti
y a ti me tiene de hallar
si es que me viene a buscar
arrepentido hoy aquí.
Y de que no venga es llano
que no tendrán qué decir,
más vale al dolor sufrir
pues él ha sido el tirano.
Sale Oracio y Teodoro al paño [Tachado: y Pierres] .
Hablan en secreto.
Por esta puerta verás
lo que afuera te conté;
ten atención, que ya sé
que te desengañarás.
Ella con Jacinta está
hablando secretamente.
¡Quién oyera aquí al presente
lo que dicen!
Aparte.
Bueno va
el enredo que he trazado.
13 / 33
pues a ti me desprecio,
agora, agora os ruego
que descanse mi cuidado.
Jacinta, toda soy yelo,
no sé qué pena me da,
porque el corazón está
conmigo en grande desvelo,
no puedo aquí descansar.
Alguna traición se intenta,
pues sin verla me atormenta,
no sé yo en qué ha de parar.
Contra ti, ¿quién puede haber
quien te ofenda, si tú eres
ejemplo de las mujeres
en sufrir y padecer?
Sale Pierres con una carta.
Albricias vengo a pedir
por las nuevas que te traigo,
si yo soy digno de darlas
que las llegue a recibir.
¿De qué son?, que sí daré.
Esta carta de tu esposo.
Toma la carta.
Que llegue este bien dichoso
que tanto tiempo esperé;
pues antes que yo la lea,
ni saber del bien y el mal,
por si acaso estoy mortal
al tiempo que yo la vea.
Alerta, Teodoro, alerta,
agora es tiempo que tú veas
lo que aquí saber deseas,
y a tu pena se concierta.
Échale una cadena.
Esta cadena que traigo
adorne en tu cuello el pecho,
por este bien que me has hecho,
y ya te abrazo.
Mucho valgo,
pues que tanto he merecido.
¿Qué miro? ¡Válgame el cielo!
No dirás que mi desvelo
aquí no se me ha lucido.
Escuchemos más, por Dios.
Mira si mandas, señora,
en que yo te sirva agora,
que me aguarda mi señor.
Que Dios te lleve con bien.
Queda con Dios.
Vase.
Besa la carta.
Lee.
Él te guarde.
Quiero leer, que se hace tarde,
saber del mal o del bien.
Amor, amor, ¿cómo estabas
dándome tales desvelos,
pues todo te ha sido celos,
con que el alma atormentabas?
Como si aquesto sabías,
¿gustabas ver padecer
Foliación manuscrita en esquina superior derecha: 14 y 34
a quien a ti te dio el ser
en tus locas fantasías.
Celos, celos, bueno está,
no me atormentéis así.
Que esto se haga contra mí...
El contento que me da
ver esta carta es portento,
pues temo que en mí ha de ser
tanto gusto padecer,
tanta alegría tormento.
Que desta suerte engañase
Oracio mi corazón,
mas quien busca posesión
no es mucho que lo intentase.
El conde quiso saber
mi pecho, mas salió en vano,
pues a su ofensa tirano
y no lo quiso creer.
Hizo bien, que si perdiera
el honor en su traición,
cuál fuera mi perdición
si a mi ofensa fácil fuera.
Bien el honor defendí,
bien de la ofensa salió,
ay, rota el alma quedó,
pues tanto volvió por mí.
Jacinta, vamos, que quiero
hoy a mi padre alegrar.
Vamos, que ha de despertar
de su pena, considero.
Vanse, y salen de paños Oracio y Teodoro.
Qué te parece, Teodoro,
del intento y del placer
que viste que atrevióse a hacer
afrentando su decoro.
No dirás que te he engañado,
pues viste por el papel
aquella cadena en él,
y después verle abrazado.
Aparte.
Ya he visto mi perdición
y mi honor también perdido,
pues apenas mi sentido
le tengo en tal confusión.
De mi esposa tal afrenta
en ella consienta el cielo,
y mi honor con tal desvelo
aquesta infamia consienta.
Todo el encargarla fue
a su padre esta traición,
aquesta es la religión
de su casa, yo no sé
qué medio tome a mi mal,
que según tenga la pena,
ella misma me condena
como ya no estoy mortal.
Aparte.
Ya mi engaño, buen efeto,
ya ha hecho su operación,
pague, pues, mi corazón;
ella burlándose va.
Morirá, ¡viven los cielos!,
que no le ha de aprovechar
las disculpas que ha de dar,
porque hay veneno de celos.
Y para que este secreto
que quede bien sepultado
en la mar con mi criado,
morirá por mi respecto.
Aquesto ha de ser ansí,
Oracio, venid conmigo.
15 / 35
y vos solo sois mi amigo,
bien podéis mandarme a mí.
hoy quiero que vos me hagáis
una merced.
Sí lo haré,
al punto te serviré,
vamos donde vos mandáis.
Vanse y sale Arminda.
Penas, ¿qué es lo que queréis
para darme estos ahogos?
Amor, ¿cómo me atormentas?
dime si sabes el cómo.
Mi padre, lleno de iras,
mi padre con tanto enojo,
cuando pensé que las nuevas
habían de causarle gozos,
le topo allí tan suspenso,
pues aun mirándome solo
los desvíos causan pena
aunque no hablaban los dos.
No sé qué me ha sucedido,
si será en mi desabono
tanta suspensión (¡ay cielos!)
cuanto con mi pena noto.
¿Qué habemos de hacer, honor?
bueno está nuestro decoro,
tú en boca del maldiciente,
y yo por ti en este ahogo.
Pero viva yo contigo
sin pesadumbre ni estorbo,
En el margen superior izquierdo: 21
y venga lo que viniere,
aunque el pensarlo es estorbo.
Entra un arraez.
Señora, aqueste papel
me dio para ti tu esposo.
¿Dónde queda?
En un navío
que al puerto le dejó solo.
¿Está bueno?
Sí, señora.
Que te veas tan dichoso,
que goces de lo que quiero
y veas por quien yo lloro.
Léele, y dame respuesta,
que el irme luego es forzoso.
Lee.
Abro, y veo lo que dice,
no acierto de puro gozo.
Esposa, a mí me conviene que te vengas con este arraez
y sea lo más presto que pudieres, vendrás disfrazada
todo lo que fuere posible, que me importa. Dios te guarde.
Tu esposo, Teodoro.
¿Qué será, válgame el cielo,
enviarme a mí mi esposo
a llamar tan disfrazada?
Lance fuerte y riguroso.
Discurramos, corazón,
sentidos, sed en mi abono,
no desamparéis la vida,
cuando de esta causa ignoro.
Querráme llevar consigo,
sí, pero [tachadura] hallaré el modo,
buscar disfraz, que el disfraz
para huir se hizo solo.
En el margen superior derecho: 16 / 36
No puede ser, si bien puede
no estar el rey cariñoso
con él por haber faltado
en cosas que yo no noto;
y por no hallarse seguro,
si acaso le fue alevoso,
venir por mí para huir
en este traje forzoso.
Si bien puede, mas no es causa
que me quite el desahogo
del corazón, que no sé
qué siente con este estorbo.
Si acaso Oracio atrevido,
descompuesto y pernicioso,
viendo que le desprecié
su amor en mí, cariñoso,
le ha escrito alguna traición
y él con cólera, furioso,
dando crédito a su engaño,
ha buscado aqueste modo
para vengarse de mí
con secreto desaprobio,
en grandes penas navega
el alma con este golfo
de tormentos y dolores,
de penas, ansias, sollozos,
desdichas que, sin causarlas,
dan antes de ser, estorbos.
Ánimo, aquí, corazón,
deja el temor alevoso,
aventuramos el pecho
a este lance riguroso.
Sin culpa estás, honor mío,
y has de salir victorioso,
que la verdad no se encubre
aunque la cierren los ojos;
porque es necedad pensar
que de ti esté sospechoso,
si aun con la imaginación
impulsos de ofensa logro.
Vamos, vamos a esta guerra,
porque has de salir dichoso,
que pelear con ventaja
es ir al lauro gozoso.
¡Oh, pensamientos vanos!
bueno está, quedaos vosotros
con vosotros, que es la pena
que más sentís, rigurosos.
Viva aquí la verdad,
que es del honor el abono,
y mueran fuertes recelos,
enemigos alevosos.
Vamos luego a obedecer
lo que me ordena mi esposo,
y si él me diere la muerte
el fin será bien dichoso.
Y moriré consolada
de ver primero su rostro,
que morir con gusto y vida
sin el lance tenebroso.
Vanse, y sale Teodoro de camino.
Memorias, ¿qué me queréis,
pensamientos rigurosos?
¿cómo, cómo me tenéis
metido en aqueste golfo?
En el margen superior derecho: 17 y 37
del mar de la confusión
yo con temor, yo dudoso
y con tan fuertes recelos
de mi honor lance forzoso
contra mí cielos, ¿qué es esto?
mi esposa en quien tanto adoro
este veneno prevenga
y que lo viese yo propio
que tan fácil esta aleve
fuese a mi vida asquerosa
sin duda que ya tenía
en su honra gran destrozo
pero es mujer no me espanto
que el querer firme es dudoso
que al paso que es regalada
vuelve al amor en escollo
dejemos de discurrir
pensamientos alevosos
y vamos a la venganza
de aqueste aborto penoso
ella vendrá muy segura
descuidada, que hay de gozo
su traición, cruel aprieto
cuando lo han visto mis ojos
mi afrenta tan a la clara
mi honra con este estorbo
mi vida sujeta a muerte
de un dolor tan alevoso
solo viva mi honra
a pesar del mundo todo
y muera quien es la causa
deste lance riguroso
Que con aquesto podré
quitar el velo a mi rostro
que esta cruel en el paso
con matarla, esto es forzoso
Líneas tachadas: Arm. llegaste amigo Teodoro / a mis brazos. Teod. eso es forzoso. Arm. pues como, porque, tan tibio / y ...
Sale Arminda.
ya no te conozco
Tú a mi honor, tú a mi desdicha
cielos qué es lo que oigo
estáis en vos qué decís
de mí señor tan dudoso
Cuando en aqueste disfraz
por daros gusto me pongo
para veniros a ver
os hallo turbado y sordo
A mis caricias y halagos
a mis penas y a mi lloro
y al abrazaros vos mismo
ponéis la mano dudoso
Cómo decidme la causa
que ofende vuestro decoro
yo a vuestra honra traidora
vos para mí desdeñoso
Mirad qué decís que yo
tal afrenta no conozco
que soy honrada y me pesa
de oír tal cosa a vos propio
si yo lo vi cómo puede
tu honor salir aquí airoso
Vos lo visteis, Conde fuerte,
dejemos pleitos, esposo,
que ya de oírlos el alma
siente un dolor, un ahogo.
Apartaos aquí, mi dueño,
que más que a mí en vos adoro.
A Teodoro con mis manos
le quitara el alevoso
corazón, mal entendido,
que contra mí riguroso
se alentó para mi daño;
y aun a vos, si más apruebo,
escucho de vuestra boca
que soy honrada y conozco
el no haberos ofendido,
que en las culpas que yo ignoro
soy veneno, y que con él
aun a mi padre perdono.
Y de mí tales sospechas,
vos ponerme aqueste dolo,
vos conmigo desta suerte
celoso, que no conozco
que traéis perdido el seso
cuando pensáis tal, grosero,
de una mujer donde nace
el honor al mundo todo.
Mirad bien lo que decís,
que estáis con mujer que en todo
que no se atreva nadie
a hablarme a mí de ese modo.
Que si alguno se atreviera,
menos que no fuera solo,
en una persona le hiciera
más pedazos que de átomos
tiene en asomos sus rayos,
y aun el sol si riguroso
alumbrara mi desdicha,
todo se volviera en polvo.
Aparte.
Desmáyase.
Válgame el cielo, ¿qué es aquesto?
¿Qué es aquesto que aquí oigo?
¿Responderme desta suerte?
El semblante, sin enojo,
el corazón alentado,
airados a mí los dos,
¿no temer de mí su vida
aunque me ve sospechoso?
Si el que vi fue verdadero,
si Oracio es el alevoso,
por juicios que yo alcanzo
ni sospechas que no noto.
No puedo ser que en tentallo
a mi infamia
Idos, señor, a la mano,
que ya el corazón penoso
no puede sufrir pesares
cuando son tan rigurosos.
saca una daga
viendo que no tuvo efeto
causole este testimonio
la que yo creí locura
cuando lo miré yo propio
que antes fue amigo fiel
pues me he visto de mi oprobio
temblaba al escucharlo
aunque estaba deshecho
esta cadena alíjese
veré el papel de gozo
pues que duele a mi honor
y allí corrieron mis ojos
que no sale de la pena
que no quita aqueste estorbo
desmayada se ha quedado
mas no le valdrá su enojo
morirá, viven los cielos
pues ofendió mi decoro
traidora, aleve y engañosa
que acabando estás sin trono
quieres disfraces tomar
quieres salir indecoro
renegaste, renegaste
ya dejaste a tu padre
ya di los días de la vida
que gozan siempre mis ojos
ah, traidora, y qué fingidos
fueron tus requiebros todos
pues hoy a los dejo
perdidamente
mi honra en ti fundando yo
mira lo que hallas
Ea, corazón, valor,
vaya diferente modo,
y muera aquesta homicida
entre su sueño y reposo
En la esquina superior derecha aparece el número 17 y debajo el 39.
Hace que va a dalla, y detiénese.
Abriéndolos.
No recelemos aquí
matarla por piadosos,
que quedaremos sin honra,
el morir aquí es forzoso.
Como el brazo no ejecuta
contra ella el riguroso
golpe, si aquesta mujer
fue causa a mi desabono.
Pues no matarla y vivir
con ella será dañoso,
que no es justo que mi agravio
estén mirando los ojos.
Desta vez paga mi afrenta
lance fuerte y riguroso
que no pueda ejecutar
en mirándola su rostro.
Qué está diciendo con él:
«ten ese brazo alevoso,
mira que muero inocente,
que la culpa no conozco».
Qué tengo de hacer aquí
con este temor dudoso,
dejarla, pues yo no puedo
matarla de temeroso,
y este puñal en sus faldas
quede para más asombro
de que la quise matar
y la perdoné piadoso.
Quédate fiera homicida,
quédate aquí feroz monstruo
a ser entre aquestas peñas
de las fieras un escollo.
Huya, que yo no te mato,
me vengarán los cielos
de mi pena y mi desdicha,
porque salga victorioso.
Vase, y despierta Arminda.
Cáese la daga a Arminda.
¿Por qué te vas, prenda mía?,
¿cómo me dejas, esposo?,
aguarda, espera, detente,
¿qué es esto que ven mis ojos?
¡Un puñal desnudo aquí!
Mi vida estuvo en el golfo
de las vascas de la muerte;
esta ruina no la noto.
Sin duda, pues me dejó,
que alguno anduvo piadoso,
pues fue necesario huir,
o el cielo anduvo piadoso
en mirar por mi inocencia;
pero ¡mi desdicha lloro!,
que si él aquí me matara,
no quedara, torpe, roto,
mi corazón a este lance;
porque vivir sin mi esposo,
muerte podré llamar esta
a este trance riguroso.
Vuelve, vuelve a estos brazos,
ven y ejecuta furioso
el golpe en mí, que con eso
descansaré; pero, ¿cómo
ha de volver?, que es en vano
llamar a quien está sordo.
Foliación: 20 y 40
porque a mis voces también
los aires le son estorbo.
Plegue a Dios, nave alevosa,
que con tus alas al fondo
te encubras, pues me has robado
a quien más que al alma adoro.
Sea tu centro el abismo
de ese cristal espumoso,
tumba de los desdichados
que se anegan en su golfo.
¡Ay, mi inocencia! A quien llevas,
sea castigo riguroso,
pues puso a duda mi honor
sospechas de un alevoso.
Pero no, viva mil siglos
cuando anduvo tan piadoso
pudiendo darme la muerte,
en mi descanso pensoso.
Donde el corazón sentía
no por mí, mas por mi esposo,
que es fuerza que así sintiera
si anduvo tan amoroso.
Mas, pues se fue y me dejó
entre estos montes absortos
por tocar al cristalino
cielo de luz tan hermoso.
Padezca aquí el corazón,
goce el alma estos ahogos
hasta que el cielo permita
de descubrir este asombro.
Fin.
de la 2 Jornada
+
1
Tercera jornada
41
Sale Arminda de hombre sola
Entre estos rudos montes sola vivo,
donde apenas calor del sol recibo;
aquí padezco el mal de mi tormento,
aquí pasa dolor mi pensamiento,
aquí fue mi desdicha imaginada,
aquí quedé del bien desesperada,
y aquí fue para mí la triste suerte,
pues estoy vacilando con la muerte.
Sola paso la vida en desconsuelo,
donde apenas se mira luz del cielo,
que hasta los montes quieren que padezca
y que el cielo en mi alivio nada ofrezca;
pero ¿qué mucho que me niegue el día
si se fue de mis ojos la alegría,
mas ¿cómo para mí ha de haber gloria
si en muerte tengo siempre la memoria?
Amor, ¿qué cometí descomedida
contra ti, que ansí quieres ver mi vida?
¿Qué ofensa has visto contra tu decoro?
¿Esto es pagar lo mucho que te adoro?
¿Este es el lauro que de ti he sacado?
¿Tan presto de mi pecho te has cortado?
Pero ¿de qué me quejo, que es locura,
si la gloriha de amor nunca es segura?
Ánimo, corazón, padezca el alma,
viva siempre en dolor con esta calma.
No tenga gusto cuando le hha faltado
el bien que en estos valles me han dejado,
sea el dolor en ella tan crecido
para que no se olvide de su olvido,
hasta que el cielo aclare mis pasiones
y dejemos de andar en confusiones.
Pero ¿qué ruido es este que he escuchado?
Otro nuevo dolor a mi cuidado,
otro se acrecienta con él, ¡ay triste suerte!
No fuera esto para darme muerte,
ya se acerca veloz a mis oídos,
ya tienen mayor pena mis sentidos,
mas si la muerte amo, como siento,
¡ea, venga y apláquese el tormento!
Sale la infanta y Delfín de caza.
Hacia aquí el ruido sonó,
siga esta senda tu alteza,
y con gallarda destreza
hacer el tiro, que yo,
en viéndole seña daré.
Tachado: Infanta. Hacia esta parte se ve, a aquella parte se mira, en bulto y aun se retira, no se lo quites. Astolfo. Muy bien puede engañarse.
Hace que tira.
Qué miro, ¡válgame el cielo!
qué dicha para mí, que dudo
si este ángel me matare.
Acercándose acá viene
un bulto.
Le tiraré.
Tu alteza aguarde, veré
qué modo de animal tiene.
No es necesario esperar;
yo tiro.
Hace que tira.
Detén, señora,
que no es bien que aquesa aurora
con fuego quiera matar.
¿Cómo has venido tú aquí,
mancebo, di la ocasión?
Trújome mi perdición,
pues ella me ha puesto así.
De que estés vivo me espanto,
pues no tenías para qué.
Aquesa enigma no sé.
Yo la diré, que hay encanto.
Ya sabes, y sabe el cielo,
de amor la fuerte batalla,
pues no perdona a ninguno
cuando hasta el cielo se embarca.
Yo, señora, quiero bien,
y aunque esta ha sido la causa
de hallarme como me ves
entre peñas y montañas,
Amor, aunque aquí mal digo,
si le miro cara a cara,
mas no es mucho que yo yerre,
que amo, y aquesto basta.
Serví, señora, serví
tres años solo a una dama,
y al cabo de mis pasiones,
de mis penas y mis ansias,
cuando pensé que tuviera
en mi pecho amor bonanza,
sin saber la causa yo
y no haberle dado causa,
estando con ella un día,
el corazón se me abrasa
solo llegar a pensar
mi desdicha y mi desgracia.
Con caricias a los dos
regalándose mi alma,
el corazón satisfecho,
oyendo dulces palabras,
aunque para mí salieron
sus dulzuras muy amargas,
pues al descanso de un sueño
que mi memoria turbaba,
soñé en el amargo sueño
que se iba y me dejaba,
y yo con el agonía
de ver padecer el alma,
a las iras della despierto,
y vi que lo que soñaba
fue verdad, porque se fue,
dejándome en mi desgracia.
Viéndome en tal desdicha,
pongo por obra el buscarla,
entre aquestos verdes mirtos,
estas flores y estas plantas,
estos cristales célebres
espejos claros del alma,
estos árboles que ofrecen
sombra a amor mientras descansa,
y al descuido de sus ojos
son al sueño de la salva,
entre la música alegre
de aquestas aves que cantan
requiebros a la venida,
cuando se levanta el alba.
Loco, sin entendimiento,
por ignorar yo la causa,
al fin andando buscando
aquesta fiera adorada,
sin pensar me hallé ofuscado
entre estas peñas y plantas;
y aquí tengo de esperar
o mi bien o mi desgracia,
o mi dicha o mi desdicha,
o mi pena o mi bonanza.
Quiero bien, será imposible,
señora, que yo me vaya,
que puede ser que aquí vuelva
donde me dejó esta ingrata.
Esta es la causa que aquí
me topó el alba del día,
alivio de un desdichado
que la ventura le falta.
Mucho me he holgado de oír
tu historia, mas me ha pesado
de ver que eres mal pagado.
Es imposible vivir,
si aquí no favorecéis
a un alma que está perdida.
En mí hallaréis acogida,
mancebo, si vos queréis.
Será dicha para mí
que recibirme ha servido;
¿qué mayor bien y consuelo
puedo cobrar hoy aquí?
Gloria seré desde hoy
pues vos venís a ampararme
cesará luego el quejarme
si tan venturoso soy
Gustáis de estar en mi casa
Señora no sé qué os diga
tanto gusto se me llega
que el corazón se me abrasa
Quiero ser vuestro criado
que para mí será suerte
cuando de la misma muerte
libráis a mi cuidado
Veníos conmigo
Ya voy
Amor detén ese arpón
no gustes que el corazón
hiera mira lo que soy
Mira la desigualdad
que en aqueste caso ves
no des lugar no le des
que afrente mi calidad
Porque si amor reina no es justo
que la quieras sujetar
no es razón que des lugar
que me pierda por tu gusto
Venid conmigo mancebo
para que sepáis quien soy
vuestros pies siguiendo voy
solo a pagaros lo que os debo
Cielos pues me habéis librado
de otras cosas que sabéis
agora no me dejéis
que está el corazón turbado
† 4 44
Vanse y salen Amaro y Jacinta.
Cuéntame lo que ha pasado.
Dime tú cómo has venido,
cierto que vienes perdido.
Cuitado, desesperado.
Dejóme al fin mi señor
por engaños allá en Hungría,
y viendo que no venía,
presumiendo algún temor,
me he venido por saber
lo que por acá ha pasado,
porque estaba con cuidado;
dime lo que puede ser.
Gran traición
hay, Amaro, por acá,
el cielo penando está
de tan ciega confusión.
No parece mi señora,
ni se sabe cosa alguna,
mala anda la fortuna,
no hay gusto en esta casa ora.
Todo es tristeza y dolor,
todo penas, todo llanto;
es esta casa un encanto,
que todo un volcán de horror.
¿Y mi señor dónde está?
Tampoco le he visto yo.
¿Pues tú no lo sabes?
No,
desde que salió de allá.
A buen puerto hemos llegado,
ya bien podemos buscar
otro modo de escampar,
que aqueste ya se ha acabado.
Ven acá, ¿se te ha olvidado
el amor que me tenías?
En tu necedad porfías.
¿Qué quieres? Se me ha acordado.
Porque siempre que te veo
es el contento de suerte,
que no puedo aborrecerte,
solo adorarte deseo.
Y desde donde yo estaba
te daba el alma favores,
mira si lícitos amores
son para dejar, acaba,
no me hagas padecer.
Ablándate, si es posible,
no sea tu amor inasible,
sí, si no, te he de aborrecer.
Digo, Amaro, que te quiero.
¿Habémonos de casar?
De que tengamos lugar.
¿Es ese amor verdadero?
Si lo es, no pongas dolo.
Vivas, Jacinta, mil años,
que con tales desengaños,
te adoro de polo a polo.
Tú sola serás mi vida,
pues ya me has dado consuelo,
con esos ojos del cielo,
donde amor halló acogida.
Dame, Jacinta, esa mano,
que tantas virtudes tiene,
Verla aquí si te conviene,
quien la ama más que al verano.
Disimula, porque viene
mi señor.
Aqueso es malo,
no estoy seguro de un palo
según la cólera tiene.
Jacinta, ¿qué hacéis aquí?
Sale Carlos.
Señor, con Amaro estoy.
¿Cuándo habéis venido?
Hoy.
Venid acá, decidme a mí
dónde está vuestro señor.
Desde que salió de Hungría
dél no he sabido, a fe mía.
Muy bueno anda mi señor.
Pues de vos lo he de saber,
no deis lugar a enojarme.
Ansí podéis matarme,
señor.
No tenéis que hacer
estremos, vos lo sabéis,
y me lo habéis de decir.
Dejad, dejad el fingir
mentiras, pues mal hacéis.
Eso, señor, es en vano,
porque dónde está no sé
desde el punto que se fue.
Que mentís, vil tirano,
contigo por qué ocasión
digo que si lo supiera...
que al punto te lo dijera,
estoy en conclusión.
Pues el haber tú venido
para algo debe de ser.
Solo vengo por saber
qué es lo que se le ha ofrecido.
Jacinta, cierra la puerta.
Ya voy.
Vase Jacinta.
Señor, ¿para qué?
que de mi amo no sé,
bien podéis dejarla abierta,
que yo no tengo de huir.
allá dentro sabré yo
lo que me queréis decir, encubrís.
A muy buen puesto he llegado,
no dejaré de medrar,
pues viniéndome a informar,
con la trampa me he pegado.
Y pensé que toparía
en el viejo algún consuelo,
mas de mi desdicha apelo
para otra chancillería.
No será la vez primera
que me he criado atrapajado,
lo que jamás he llevado,
pasemos esta carrera,
porque viendo mi inocencia,
él se aplacará, y si fuere
tan duro que me moliere,
no hay sino tener paciencia.
Amaro, pasad delante.
Señor...
No me repliquéis.
Allá dentro me diréis
lo que yo quiero al instante.
Vanse, y sale el Delfín, solo.
¿Cuándo, amor, quieres sacarme
desta pena y deste ardor?
¿Cuándo alivias, ¡ay!, mi amor,
porque cese ya el quejarme?
¿Cuándo en su cielo he de hallarme
de la infanta, en quien adoro?
¿Cuándo hablaré sin decoro
para descubrir mi mal,
que, según estoy mortal,
temo perder tal tesoro?
Descubre aqueste portento,
no gustes atormentar
con callar mi pensamiento.
Que este dolor tan violento
ya no se puede sufrir,
que es fuerte de resistir,
y es crueldad dar a la muerte
a quien espera su suerte
desta gloria por vivir.
Basta ya el disimular,
basta tanto padecer,
contra todo mi poder,
que no lo puedo llevar.
Acaba ya el penar
en un rey siendo razón,
porque en igual confusión
es más penosa la muerte
sino es que tu gloria quiere
victoriosa desta ocasión.
Pero qué mucho, si estás,
hoy tres veces rey ansí,
quién te ha de vencer a ti
si solo estas penas das.
Que con ventaja podrás
muy descuidado venir,
si es tuyo el mayor poder
que tiene el mundo y los mares;
mas no te muestres tirano
en hacerme padecer.
Ya a mí me tienes rendido
y estoy sujeto a tus pies;
solo pido que me des
tu ayuda, que estoy perdido.
Pues tanto he padecido,
dame agora algún consuelo,
quita al disimulo el velo,
aclárese aquesta gloria,
porque pueda mi memoria
Sale Arminda.
Entre el dolor y la pena
padece mi corazón,
una tan triste pasión
que casi a morir condena.
¡Pluguiera a Dios que la muerte
aqueste favor me hiciera,
porque el alma no sintiera
de su honor lance tan fuerte!
La Infanta me quiere bien,
que en lo que veo se ha inclinado
su amor, pero está engañado
querer sin saber a quién.
7 / 47
Yo no la puedo pagar
su voluntad, esto es cierto;
antes con esto me ha muerto
sin poderme a mí librar.
Su amparo me dé aquí el cielo
para aliviar mis dolores;
no me bastan mis temores,
pues no hay hora de consuelo
en mí, cuando me hha faltado
mi esposo; mas, ¿qué he de hacer?
Todo ha de ser padecer
hasta aclarar mi cuidado.
Aparte.
Pues que tengo la ocasión,
con Teodoro he de acabar
de pedirle, dé lugar
para aliviar mi pasión.
Que pues él sabe quién soy,
yo sé que él concederá
con mi gusto, y me dará
alivio a mis penas hoy.
Teodoro.
Señor, ¿qué hacéis
tan solo en este jardín?
Aquí aguardo un serafín
que vos muy bien conocéis.
Yo le conozco, eso ignoro.
Yo sé que le conocéis,
y los más ratos tenéis
vos la gloria que yo adoro.
Pues declaraos, porque pueda
Sello de la Biblioteca Nacional
dar alivio a vuestro mal.
Según me siento mortal,
no sé si podré, que queda
de veros el corazón
tan muerto, pues que gozáis
la dicha que vos miráis,
que a todos es confusión.
Qué puede ser que yo vea
tal dicha, ¿será posible?
mas también es imposible
que tan venturosa sea.
Porque os prometo, señor,
que el sol me ha negado ya,
que en lugar de luz me da
tinieblas su resplandor.
Mirad vos cómo podré
haber visto tanta gloria,
si en mí ya está victoria
que por luz sombra tendré.
Pues aunque más me digáis,
vos tenéis todo el consuelo
de aquel mi adorado cielo,
mirad cómo os engañáis.
Decidme luego quién es,
por ver si yo os puedo dar
modo para descansar.
Bien podéis, pues
Pues si ansí es,
ya me muero por saber.
En el margen superior derecho: 8 y - 48
la causa de este accidente
es la infanta, que presente
con vos me acaba de ver.
Conmigo bien descuidada
puede vuestra alteza estar;
yo me holgara de trocar
mi pena con vuestro cuidado.
¿Qué tan grande es?
Mayor.
Dificultoso se me hace.
Pues sabed que de mí nace
para todo este dolor.
Mirad vos cuál estaré
si yo soy el instrumento
de tan penoso tormento,
con causa me quejaré.
Pues escuchad vos la mía
y veréis cómo es más fuerte,
cuando con la misma muerte
no es descanso a mi agonía.
Ha mil siglos que sin ver
esta gloria, este consuelo,
me ha atormentado un desvelo
sin poderme dél valer.
Todo ha sido padecer
y carecer de alegría
con aquesta fantasía,
y si acaso la olvidaba,
mucho más me atormentaba
si a su encuentro salía.
Determiné de salir
a buscar tal confusión
porque en mí, mi corazón
ya no podía vivir
no le pude resistir
con mi fuerza y mi poder
y fue necesario hacer
lo que el corazón mandó
donde en esto quedó
un poco más en su ser
Y buscando con cuidado
este bien, este consuelo
vine a topar con el cielo
donde hoy estoy por criado
El serlo aquí me ha importado
que no pudiera gozar
deste bien tan singular
porque si me descubriera
está cierto le perdiera
sin poderme remediar
Porque aunque tengo poder
no es bastante a su valor
que como la tengo amor
es cierto me ha de vencer
Mira si mi padecer
es de calidad más fuerte
pues tú puedes tener suerte
descubriendo tu pasión
pero yo a mi corazón
descubierto le doy muerte
9
49
Y ansí, con esto quisiera
que tú me dieras lugar
para poder descansar,
si aquesto posible fuera,
con la infanta, que la viera
sola para recibir
della el bien y descubrir
este encanto del amor,
que no puede mi valor
pasar con tantos enojos.
Si en mí está el que descanséis,
yo ofrezco daros contento;
descanse ya el pensamiento,
no es justo que ansí penéis.
Ella se suele bajar
de noche aqueste jardín,
donde puede ver el fin
vuestra alteza del penar,
y en lugar de hablar conmigo
podéis vos hablar con ella
vuestra amorosa querella.
Desta suerte, como digo,
y veréis si vuestro amor
halla cabida en su cielo.
Tendré muy grande consuelo
con tal merced, tal favor.
Tachado: Habéis me dado la vida
Pues ya baja, esperad
aparte hasta que se asiente,
y os pondré luego presente;
a solas los sosegad.
Pónese aparte el Delfín y sale la infanta y una dama.
En el manuscrito aparecen tachadas las líneas: "inf. Dejadme sola y llamad" y "vase". En el margen derecho se transparenta la tinta de la página opuesta.
Dejadme sola, que quiero
ciertos negocios tratar
conmigo.
Demos lugar,
Amaltea.
Vase.
¡Qué mal fiero!
Si el desamor como mata
sin que haya resistencia,
los cielos me den paciencia
contra esta pasión ingrata.
Yo rendirme de esta suerte
y estar ansí tan trocada,
y el alma toda turbada,
y en mí tan fiera muerte.
Yo con amor sin saber
de quién yo me he enamorado,
yo sujeta mi cuidado
a un hombre, no puede ser.
Que yo me sujete ansí
sin ser de mi calidad
como usa esta crueldad
amor conmigo hoy aquí.
Es en vano, que es locura
quererme a mí sujetar,
mas como he dado lugar
que amor halle coyuntura.
Pero no, no logrará
su intento, que mi valor
resistirá su rigor
con lo cual me dejará.
En el margen superior derecho aparece la foliación 10 y, debajo, 50.
Ahora puedes llegar,
goza de aquesta ocasión.
y allego, aunque el corazón
no se puede reportar.
¿Quién es?
Delfín. Palabra tachada Teodoro, señora.
Vos seáis muy bien venido.
¿Cómo tan sola?
He querido
estar desta suerte agora.
¿Cómo va de la porfía
de amar? ¿Estáis consolado?
Antes está mi cuidado
mal muerto con mal razón.
¿De qué suerte?
Desta suerte.
Hoy las penas que tenía
procurándolas echar
no me dio el alma lugar
aunque yo me resistía,
antes viendo mi porfía
me dijo de aquesta suerte:
si no quieres ver tu muerte
no te apartes deste cielo
que te vino a dar consuelo
pues el dejarle es perderte.
Yo viendo que me decía
la verdad, busqué ocasión
para aplacar mi pasión
y gozar nueva alegría.
Vile, mas jamás podía
hablarle, o que de turbado,
o de puro enamorado,
que es muy propio del amor
enmudecer con el temor
antes de estar declarado.
Mas al fin topé ocasión
con que le digo mi mal,
aunque al decirlo mortal
suspenso y con turbación.
Mas no es mucho el corazón
turbarse, si está delante
del Sol, un pequeño amante,
porque a tanto resplandor
cómo ha de tener valor
de gozarle en un instante.
Hoy solo le llego a ver
entre nubes rebozado,
y hoy cumple aquí mi cuidado
no del todo el padecer.
Que hasta que llegue a tener
dicha de gozar sus rayos,
leves aciertos, ensayos
que ansí lo ha ordenado amor,
que basta aqueste favor
aunque padezca desmayos.
Y ansí no es mucho, señora,
que hoy tenga mayor dolor,
si veo que está mi amor
sin la luz de aquesta aurora,
y aunque es verdad que hoy agora
Foliación: 51 en la esquina superior derecha
la viera si amor quisiera,
quiere que pene y que muera,
que a tan grande coyuntura
no es bien que tenga ventura
luego por la vez primera.
¿Quién es la dama que a vos
tanto os hace padecer?
Es dama de gran poder
y toda esta verdad sabe Dios.
Decid, ¿tanto poder tiene
que no la podéis hablar?
Sí la hablo, mas no en amar,
que es lo que a mí me conviene.
Pues ¿cómo queréis que os quiera
si no sabe vuestro intento?
Eso pena el pensamiento.
Cobarde sois.
Yo quisiera
no serlo, mas el temor
no me da lugar aquí.
Decidme quién es a mí.
Aún no he de tener valor.
Sin duda que
conmigo, a quien pudiera
ser su igual, porque yo fuera
quien le quitara el temor.
Mas padezca agora el alma
aqueste dolor injusto,
pene amor este disgusto
hasta salir de esta calma.
Sello circular de la Biblioteca Nacional en el margen inferior derecho
¿En efeto no queréis
decirme quién es a mí?
Mejor que se quede ansí,
si gustáis, que me dará
más pena.
¿Por qué razón?
Porque conviene callar,
si en hablando ha de costar
dolor a mi corazón.
Decildo por vida mía.
Si nuestra vida juráis,
yo lo diré.
Bien andáis
en darme aquesta alegría.
Yo he nacido, aunque eclipsado,
gallardo
luego al nacimiento quedé
por su luz enamorado;
anduve con gran cuidado
para buscar su arrabal,
pero la en cristal,
pero cubríole un sol
que entre las nubes salía
para ver su resplandor,
mas encubrióse luego
porque aqueste ciego amor
con la vista descubría
lo que puede un ciego error.
En la esquina superior derecha figura la foliación manuscrita 12 y 52.
Yo vi un cielo aunque eclipsado
por no dar luz su arrebol
y entre sus nubes un sol
miré que me dio cuidado
fuime acercando por ver
si con su calor mudaba
la vida que me faltaba
mas antes quedé sin ser
Porque me pasó de suerte
su calor mi corazón
que otra nueva obligación
dejó en el alma más fuerte
Hablé con él muchos días
mas no para consolarme
que aunque yo quería quejarme
a solas las penas mías
Nunca el alma se atrevió
hasta que el sol se tapase
porque yo no me turbase
pero ansí me sucedió
Que partiéndose al poniente
al pasar por un jardín
tuvieron mis penas fin
porque allí le hablé presente
Mas lo que ha de responder
está mi amor aguardando
y porque no estéis penando
vos sois lo que os debo el ser
Necio atrevido sabéis
quién sois vos y quién soy yo
quién sois señora mas quién soy yo
si muerto vos me tenéis
No me habléis en vuestra vida
Señora
Aparte.
Ea bueno está
quién esa licencia os da
tan loca y desvanecida
Amor defiende tu poder
porque aunque aquí me enfado
el alma mucho se ha holgado
verle por mí padecer
Solo quiero esto es verdad
pero no para que sea
cumplido lo que desea
quien es de mi calidad
Aquí os dejo porque voy
a divertirme mi mal
que según estoy mortal
duda el alma lo que soy
Vase.
Ea amor buenos quedamos
dos reyes hoy en el suelo
ya no hay que buscar consuelo
cuando vencidos estamos
Señor qué te ha sucedido
con la infanta mi señora
Escurecióse la aurora
y quedé sin luz perdido
Escúchame mi pasión
y entendiendo descansar
mas empieza hoy a penar
de nuevo mi corazón
Vamos, señor, y porfía,
porque algún día hallarás
con qué te desconsolarás,
y gozarás tu alegría.
Pluguiera a Dios que yo lo vea,
porque si se ha de perder,
de qué me aprovecha el ser
rey, si lo que desea
el alma en esta ocasión
lo pierde; por desgraciada
la muerte en mí será amada,
que es el mejor galardón.
Vanse, y sale Carlos y Amaro.
Señor, tanta crueldad
pretendes hoy ansí hacer,
mira que no vendrá a ser
bien para tu calidad,
que si ella se fue, y no sabe
mi señor cosa ninguna,
qué remedia tu fortuna;
ea, que en tu pecho cabe
más valor; no, no prosigas
tu intento, porque perderte...
Es mi corazón muy fuerte,
y consejos no le obligas.
Yo tengo aquí de saber
dónde mi hija ha dejado,
pues ansí me ha deshonrado,
no hay remedio que lo ha de ser.
Qué culpa en ella la hallo,
para que de aquesta suerte
a mi hija diese muerte.
el sospechoso deshonor
más severo y más honrado,
el haberme ansí engañado
afrentando mi valor.
Por quien soy, que ha de pagar
aquesta infamia, sospecho,
y pues este mal me ha hecho,
la vida le ha de costar.
Mira, que es eso peor,
que te deshonras ansí,
y no has de sacar aquí
sino mucho deshonor.
Pongamos que mi señora
no tuvo culpa, es bien claro,
y que su ejemplo era raro
de virtud, ¿qué importa agora?
Si no ha de resucitar
con castigar, mi señor;
si al fin se queda tu honor
más malo que puede estar.
Porque si en el tribunal
se queda hoy relatado,
es un pregón declarado,
que a veces es mal inmortal.
Y pues hoy está callado,
y apenas se sabe cosa,
deja esa pasión penosa
y da velas al cuidado.
Esto digo y me parece
que es mejor para tu honor;
mira tú si a tu valor
otra cosa le ofrece.
64 / 59
Yo estoy ya determinado
a cumplir ansí mi intento,
no puede más mi tormento
que hoy paso y el que he pasado.
Y pues en palacio estoy,
no me tengo de volver
aunque me cueste el perder
el honor que tengo hoy.
A la reina le he de dar
parte de aquesta traición,
y salga desta confusión
el alma, deje el penar.
Pues ya baja la visita,
y si hoy aquesto ha de ser
piensa qué modo ha de haber
para soltar la maldita.
¿Qué se trata en el consejo?
Sale la Infanta y Arminda.
Señora, lo que se trata
hasta hora son las paces
que quiere el delfín de Francia.
¿No hay de nuevo cosa alguna?
Conviene estas paces dadas.
Siendo requesito convienen,
pues luego al punto se hagan.
¿No llegas?
Estoy turbado,
pero puede ser pasión estraña,
esta sombra, esta ilusión
que a mis ojos animada se me encamina.
¿Qué has visto?
No he visto nada,
solo que quiero llegar
de mi negocio a tratar;
deme vuestra majestad
los pies.
¿Qué es lo que queréis?
Pediros que me escuchéis.
¿Qué has visto? Dime, señor,
¿de qué está agora turbada
tu imaginación?
Dudar,
mas no es duda de importancia.
Deme los pies vuestra alteza.
¿Qué queréis?
Una venganza
contra mi deshonra quiero,
que me ha afrentado estas canas.
Decid vuestro sentimiento.
Escuchad, si no os enfada,
mi tragedia, por ser viejo
que mucha edad es pesada.
Carlos soy, un caballero
noble, que solo la fama
que tengo puede dar muestra
de mi nobleza y prosapia;
que en mi discurso de tiempo
nunca ofensa aguardaba.
Foliación: 19 / 55
su virtud honor al mundo,
y descanso aquestas canas.
Este casarse pluguiera
al cielo no la costara,
pues fue costarla mi muerte,
viéndome en tanta desgracia.
Ausentose su marido,
ausencia para mí amarga,
y después de un año entero
sin haber visto su cara,
fingió un embuste que nadie
en el mundo le trazara,
aunque fuera el más traidor,
habiéndole dado causa;
cuanto más estando libre
y mi hija descuidada
de tal maldad, tal traición,
siendo su honor más que el alba.
Con una carta, este aleve,
fingida, trató sacarla,
debajo de mi dominio,
con ánimo de matarla,
diciendo que era homicida.
Y, sabiendo que su esposo
envió luego a llamarla,
sin más dilación se fue
a ver lo que él ordenaba.
Desde entonces no la he visto,
ni sé qué sea la causa.
no haber parecido más,
aquesta es mi desgracia.
Su esposo tengo en la cárcel,
y un amigo que le amaba
a quien todos sus secretos
con él los comunicaba.
Y preguntándole yo
por mi hija, cosa extraña,
dice que no sabe della,
con que me atraviesa el alma.
Y aquí, señora, quisiera
que este hombre declarara
dónde está o que su alteza
esta infamia castigara.
Al momento los traed,
que yo sabré por qué causa
niegan lo que vos pedís.
Ya parto contenta el alma.
Vase y Amaro.
Esta causa miraréis,
Teodoro, porque se haga
justicia mientras yo vengo;
presidente sois, miralda.
Basta mandarlo su alteza,
yo miraré bien la causa.
Luego vendré, que me importa
el despachar ciertas cartas.
Vase.
Que haya venido a mis manos
quien el alma deseaba
16 / 56
y que haya de sentenciar
a quien más quiero que al alma.
Riguroso caso es,
por sabello aquí la infanta;
que a ignorarlo yo supiera
disfrazar esta desgracia.
El cielo me dé su ayuda
porque deste enredo salga,
pues hoy empeñada estoy
en confusión tan extraña.
Mi padre viene a pedir
justicia, es fuerza se haga;
plegue a Dios que deste empeño
quede victoriosa el alma.
Su alteza me tiene amor
y yo no puedo pagarlo;
descubrirme aquí es forzoso,
porque para penar basta
que sentenciar a mi esposo
será rigurosa causa;
muera yo y viva él,
que será menos desgracia.
Amor, pues tantos enredos
por ti he padecido, halla
agora está luz sin nube,
desata aquesta maraña;
viva yo con mi esposo
esta vida que me falta.
no permitas que se quede
mas tiempo a estar eclipsada
Salen Carlos y teodoro y oracio
Ya están aquí los culpantes
de mi desdichado honor
aparte
decid cuál es el que tiene
la más culpa de los dos
Bien lo sé aunque lo pregunto
pero sufrid corazón
el que más tiene es teodoro
aparte
más tiene el otro traidor
Dónde tenéis vuestra esposa
aqueso ignoro señor
que aun juro que no sé della
es engaño es ilusión
Porque es cierto que la ha muerto
Desta verdad sabedor
pues adónde la tenéis
fue adúltera esa mujer
visteis alguna traición
en ella, decidlo luego
Hablad no tengáis temor
Que fue adúltera fue cierto
pues contra mi buen aviso
un día estando escondido
afrentarme mi opinión
De qué modo os afrentaba
17
57
¿Visteisla alguna ocasión?
Vila besar un papel
de un galán que recibió;
vila echar una cadena
al paje que se le dio,
y vile abrazar también
de contento y de sabor.
¿No visteis más?
Pues, ¿no basta?
(Aparte)
Aquesta información, no,
que pudo ser que no fuese
lo que allí pensabais vos.
¡Y cómo que no lo fue!
Sino traza e invención
de aqueste falso homicida
y aqueste fiero traidor.
¿Tenéis de aquesta maldad
hecha alguna información?
Tengo quien lo vio conmigo,
que es este que aquí veis vos.
Señor, mirad que es engaño,
sino que aquesta traición
ha compuesto por salir
disculpado de su error.
Diga dónde está mi hija.
Más lo creo ilusión,
que ni la he muerto ni sé
dónde esta mujer se huyó.
Que al fin vos no sabéis della.
Digo, por quien soy, que no.
Bien está. Yo lo sabré.
Llama el verdugo.
Señor,
si se ha de decir verdad,
esta culpa tengo yo,
que fue casta, por honrada
si ella ha muerto, la mató...
yo fui la causa, esto es cierto.
Decid, ¿qué causa os movió?
No más que por ser honrada,
y ser traidor a su honor.
Que el enredo de la carta
fue de mi pecho traición,
y por estar más secreto,
por mi criado murió.
Pero de aquesta mujer,
¿sabéis si es muerta?
Eso no,
que luego me retiré
después de ver el error.
Esto está bien averiguado,
bastante es la información,
y por escarmiento al mundo
habéis de morir los dos.
Que una infamia como aquesta
no es bien que tenga perdón.
18
pues sin culpa estas dos muertes
están por vuestra ocasión.
¿Está este caso averiguado?
Sale la infanta y el Delfín.
con satisfacción,
dos muertes han cometido
pero entrambos sin razón.
¿Pues qué sentencia habéis dado?
Que degüellen a los dos.
Y yo misma en ello vengo.
¡Ay de mí, cielos, Señor!
Pues está ya
confirmada
la sentencia que yo os di.
Primero que aquestos mueran
dar la luz a otra confusión.
Sepa tu alteza que el tiempo
que he gozado tal favor
sirviéndote en este traje,
al fin disfraz del amor,
que ha sido hasta que el cielo
dio a mis penas descombro,
pues con su ayuda he sabido
tantas dudas, tanto error.
Y ya que está declarada
agora importa a mi honor
que sepáis que soy mujer
y que he tenido valor
para sufrir tanto tiempo
esta pena, esta traición,
y pues que ya lo habéis sabido
me habéis de perdonar vos.
Teodoro aqueste que veis
a mi esposo y
pido por el el perdón
Y vos padre vuestra enfer
medad y aquesta pasion
alegre de ver vuestra hija
con su esposo y con honor
vivos mil años arminda
por el contento que oy
he recibido en los dos
gloria de mi corazón
Mucho me e admirado el ver
tal prodigio y confusión
pues lo ves y no lo crees
encanto al fin del amor
También os quiero advertir
de cierto que cuando vos
hablabais en el jardín
conmigo que no era yo
Pues quien era a quien hablaba
pues era de mas valor
que es el delfín de Francia
y por ser grande su amor
dejo su reino y disfrazado
de ayo a vuestra alteza sirvió
a donde esta
vuestra alteza
vuelva aquí por mi opinión
Yo señora soy que el cielo
que a servido al sol que adora
el alma y el corazón
Yo e sido aquí la dichosa
de ganar
yo vuestro siervo me hallo
Y aquel amor os a bajado
Dichoso puedo llamarme
si oy alcanza mi valor
la gloria que me faltaba
y pues a qui se cumplió
en albricias deste empleo
el perdón otorgo yo
a los dos y arminda goce
pues tuvo tan gran valor
diez mil ducados de renta
vivas mil años señor
por este bien que me dais
y sea gobernador
desde oy mas mi padre en flandes
tanta merced tanto honor
a quien le habrá sucedido
desto gusto yo
Con esto da fin aquí
la mujer que sentenció
siendo juez a su marido
por una justa traición
Jacinto Lopez