> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La fe y San Agustín. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-fe-y-san-agustin.
Cubierta del manuscrito. En el lomo: LA FE Y SAN AGUSTIN. Etiqueta en el lomo: MSS. Sello: Biblioteca Nacional de España.
Vv 383
Mss. 15214
Biblioteca Nacional de España
Vv-383
M. A. y
Auto de San Agustín
Auto sacramental de la Fe, y San Agustín
vid. Del pan y del Palo distinto
Personas Arrio, Santo Domingo La herejía, San Pedro Mártir La verdad, San Ambrosio La misericordia, Martín Lutero Agustín, Niño Jesús músicos
Salen Arrio y la Herejía.
Ya que del seno infernal
salí al mundo y en la iglesia
amotiné los soldados
que hoy a su fe se rebelan;
yo, que tengo infeccionados
con mentiras y blasfemias
el oriente y septentrión,
y España de verme tiembla.
Yo, pues que soy la herejía,
yo, que soy aquella bestia
que Juan vio espirando fuego
por diez ardientes cabezas,
¿yo he de temer, yo, que fui
introducida en la tierra
por Simón, soberbio mago,
pues que nací de su lengua?
¿Qué importa que me amenacen
los concilios y profetas?
Si Ario, Manes y Nestorio
me acompañan y me fuerzan,
general maestre de campo
seré tuyo en esta guerra;
a Dios voy y leyes rigen
mis infernales banderas
a la Iglesia rebelado;
tal motín a fe que teman,
mi ejército luminoso,
las católicas banderas;
y en esta empinada torre,
que otro Babel representa,
para descubrir los mares
tengo puestas centinelas.
Un soldado maniqueo
que como linces penetra,
con agudísima vista,
los montes, mares y tierras,
es cuidadosa atalaya,
es posta que siempre vela.
¿Cómo se llama?
Agustín;
con tu ingenio cobro fuerzas.
Sale Agustín.
Maniqueos y arrianos,
los que en diferentes setas
a la Iglesia os rebeláis,
¡alerta, todos, alerta!
En el mar se descubren
catorce cándidas velas;
bajeles son de la fe.
Galeras son de la Iglesia.
¿En qué, Agustín, las conoces?
En las insignias que llevan:
cálices son los garceses,
y cruces son las entenas;
cielos parecen las aguas,
y los bajeles planetas,
donde la fe general
es el sol que los gobierna.
Las garcias y escotas son
rosarios, cintas y cuerdas;
la verdad es el piloto,
los fanales son estrellas;
las cartas de marear
son diez preceptos y reglas;
catorce artículos son
la dorada volamenta;
amor de Dios son las proas,
evangelios son las velas.
Solo le faltan forzados,
que no hay forzados en ellas;
el yugo es blando y suave,
y en él blandamente reman
esclavos del sacramento,
con humildad y obediencia.
Predicadores son cómitres,
que no dan pero aconsejan,
y en vez de pito han tocado
del Juicio la trompeta.
Los bajeles van ardiendo,
con hermosas diferencias,
en los campos de zafir,
círculos de nieve y perlas.
Sin duda contra nosotros
la católica potencia
armó romanos bajeles.
¡Alerta, todos, alerta!
que en las flámulas pendiendo
varios trofeos se muestran,
cuatro enemigos vencidos
y sus victorias ostentan.
Herejía y Judaísmo,
Gentilidad y la secta
de Mahoma la persiguen,
pero nunca hay quien la venza,
y de sonoros clarines
los ecos se escuchan cerca,
de el espíritu de Dios
favorable viento llevan.
Toca al arma, que no bastan
contra mi infernal soberbia
sus trofeos, e hidra soy
que estoy brotando cabezas.
Perturbar pretendo el mundo:
Pelagio en África tenga
su dominio, en Asia Manes,
Arrio en Europa; ellos sean
famosos heresiarcas;
pues qué máquinas inventan
contra la Iglesia Romana
que nos persiguen y afrentan
en las provincias del Norte;
se tremolen mis banderas,
ejércitos se levanten
de Donatistas, y tengan
laberintos de opiniones,
y esta oscura fortaleza,
cual segunda Babilonia,
llegue al sol con las almenas.
Tú, de mi tóxica armada,
quiero, Agustino, que veas
qué fuerza trae esa armada.
¡Toca al arma, guerra, guerra!
Tocan al arma, y descúbrase la galera, suena un clarín y en ella aparece la Fe y la Verdad y la Misericordia y Santo Do- mingo y San Pedro y la música.
La confusa Babilonia
donde vive la Herejía
desde este mar se descubre
y sus torres se divisan;
ejércitos numerosos
renacen como las hidras,
llama un abismo a otro abismo
y ansí errores multiplican.
Simón viene en la vanguardia
con simples Nicolaítas,
porque fueron los jefes
de la iglesia primitiva;
síguenle Menandrianos,
Milenarios, Triteítas,
Pelagianos, Cirenaicos,
Gnósticos y Donatistas;
el cuerpo de la batalla
donde la infernal divisa
se tremola, lleva Elvidio
con muchos Priscilianitas,
Arrio, Manes y Nestorio
con ignorante malicia
ya de retórica armados
abrasan Alejandría;
la retaguarda han tomado
Vuicles y los husitas
los huérfanos y procopios
y obstinados calvinistas
del austro al septentrión
llamas y humo vomitan
amenazando a Bohemia
pertinaces taboristas
en medio los maniqueos
las feroces armas vibran
un gigante Dios nos guarde
de su lógica exquisita
valentísimo agustino
yo espero en Dios que algún día
tienes de ser mi soldado
aunque agora me persigas.
Opónganse los profetas
y los cuatro evangelistas
formen el cuerno derecho
y los concilios le sigan
formen escuadrón valiente
canas, tiaras y mitras
de los doctores sagrados
los que escriben y predican
Gregorio, Ambrosio, Tomás,
con su elocuencia divina
opongan a sus errores
la sagrada teología
y tú, Domingo español,
serás contra la herejía
general maestre de campo,
y en cuidadosa vigilia,
como mastín blanco y negro,
has de guardar la luz viva
de la Iglesia dando voces,
ladrando en defensa mía.
Serás sargento mayor,
aunque le cueste la vida,
desta batalla un soldado
de tu misma compañía;
Pedro ha de ser de Verona,
él reconozca y persiga
las fuerzas de los contrarios
y mi inquisidor se diga.
Con esto tengo ordenada
la católica milicia,
y deste campo, ¡mueran, mueran!
¡y la santa Iglesia viva!
Desembarquemos, soldados,
tu verdad santa y divina
llevarás el estandarte,
y la soberana insignia
de la Iglesia, y en lugar
de centinelas perdidas,
mis mártires han de ser
los que a costa de sus vidas
gozarán la fama eterna
desta victoria tan rica.
Canta.
¡Toca al arma, cierra, cierra,
la fe vence, la fe viva!
Antes de dar el asalto,
que ha de ser justa ruina
de esa Babel, que se oponen
a las esferas divinas,
será bien que los envíes
un mensajero que diga
tu intención y les requie...
Con amor de paz benina,
quizá querrán entregarse,
y confesará que el habido
señas da en los sacramentos
con que la iglesia está rica.
Vaya la Misericordia,
y de mi parte los diga
se entreguen a mis ministros,
y que sus fuerzas me rindan;
donde no, con mi verdad
pienso dejarles vencidas
sus máquinas del engaño,
y de la ignorancia y las...
Con señal de paz iré.
De nuestras fuerzas avisa
a esa gente rebelada;
teman y perdón te pidan.
Vase de la galera la Misericordia y sale un músico con instrumento y una guirnalda de olivo, y en lo alto de la torre la Herejía; arriba Agustín.
Sobre las aguas del mundo,
que ansí las llama Isaías,
los bajeles de la iglesia
guerra cruel me publican.
Defenderéme obstinado,
y mi soberbia compita
con los ángeles hermosos
que levantaron sus sillas
sobre el austro y aquilón.
Si no me engaña la vista,
a nosotros un soldado
con señal de paz envían.
Canta.
¡Ah de los muros soberbios,
coronados de las iras
de Jezabel y de Caín!
Ya escucho su voz, prosiga.
Canta.
Ya sabéis cómo la iglesia,
que es la esposa del Mesías,
la obediencia natural
debéis todos de justicia.
Su general es la fe,
ella os pretende y conquista;
de paz vengo de su parte
y con su paz os convida.
Entregaos a los misterios
que niegan vuestra malicia;
las armas y entendimientos
ved que la fe los cautiva.
Yo soy la Misericordia;
con este ramo de oliva
os manifiesto la paz,
si queréis eterna vida.
Vase.
Obstinadamente niego,
mi incredulidad porfía;
rebelde estoy a la fe.
Canta.
Toca alarma la justicia.
Dentro.
¡Alarma! Desembarquemos,
tomemos tierra y embistan
ejércitos de verdades
contra abismos de mentiras.
Repitan los músicos la copla de "toca alarma", suenan clarines, desembarquen la Fe y los demás al tablado.
Qué confusa oscuridad,
qué caminos tan distintos,
qué intricados laberintos,
opuestos a la verdad!
Lastimosa ceguedad,
gente que me fue fiel
a sí misma tan cruel,
tiene errores insolentes
con lenguas más diferentes
que las lenguas de Babel.
Valentísimo español,
ve a reconocer, procura
que a provincia tan oscura
miren rayos de tu sol,
echa acá mi farol,
con él a sus manos llega,
y alumbra a esa gente ciega,
quizá su engaño verán,
y a la Iglesia volverán,
pues que su paz no le niega.
Llega tú a reconocer
lo profundo y lo más alto,
porque demos el asalto,
si míos no quieren ser.
Mi nombre vengo a hacer
inmortal, que Pedro soy,
y como el primero voy
dispuesto a morir con brío.
Español capitán mío,
siguiendo tus pasos voy.
En qué peligros de errores
infelices han caído.
Cómo esta luz han perdido,
a sus dueños son traidores.
Llegan los dos a reconocer, y sale Arrio y la Herejía.
Pues profetas y doctores
enemigos míos son,
velemos con atención.
Rondemos bien la muralla,
pasos he sentido, calla,
quizá católicos son.
Estemos al nombre atentos.
Soldados de ronda he visto.
Quién va? Diga el nombre.
Cristo
y sus siete sacramentos.
Traen armas?
Sí.
Qué?
Argumentos
infalibles y seguros.
Alárguense de los muros
o mueran.
Qué barbarismo!
Enemigos que al bautismo
sois falsarios y perjuros,
si en él os dieron la fe,
cómo agora os rebeláis,
y amotinados negáis
que en la hostia Dios esté?
Porque solo imagen fue
el pan que coméis de liso.
Mentís, porque el mismo Dios
ese es mi cuerpo sagrado.
Y quedó transustanciado
el pan que veis, regocijo
de su iglesia.
Pan he visto,
solo es pan, no es Cristo.
Mientes,
solo accidentes
de pan y cuerpo de Cristo.
Qué mal sus fuerzas resisto.
Retirémonos y vamos,
porque si ya os alumbramos,
volvéis a la oscuridad,
porque obstinados estamos.
Retíranse y éntranse tras ellos todos.
A castigar sus errores
se han arrojado animosos,
¡qué soldados tan briosos,
qué santos inquisidores,
ellos son exploradores.
No debiera, prometida,
más de tan fiera pérdida,
que aunque la pierdo la estimo,
ellos llevan el racimo
cuyo licor es la vida.
A Caleb y a Josué
en valor han igualado,
¡oh cuántos han cautivado
con la lumbre de la fe!
Bien en Domingo se ve
la victoria,
con qué fe, con qué osadía
se ha arrojado entre la gente
Pedro, soldado valiente
de su ilustre compañía.
Una escuadra le embistió,
y en él no ha entrado recelo,
con David dirá que el celo
de la iglesia le comió.
Herido al fin escapó
y sangre por mí derrama,
ya Pedro Mártir se llama;
ha en piedra de estimación
fundar la Inquisición,
que ha de darme luz y fama.
Sale santo Domingo, San Pedro con un hacha en la cabeza y un puñal en los pechos, y sangriento el rostro, arrimado a santo Domingo.
Muerto, sí, mas no vencido,
de vuestras manos estoy,
que vuestro enemigo soy
desde el día en que he nacido.
La cabeza me han partido;
fe divina, dame aliento,
para que muera contento.
Y en mi cabeza verás,
pues viene abierta, que estás
asido a mi entendimiento;
también me abrieron el pecho,
porque veas tu verdad
que está en él la caridad
y pelícano se ha hecho
por amor, que estoy en estrecho
tanto amor en pecho tal.
Y aunque soy tierra mortal,
que quien muere por ti vive,
con sangre en mi pecho escribe
la punta deste puñal.
Métele santo Domingo en brazos.
Valentísimo soldado,
aunque mortalmente herido,
bien se ve que habéis vencido,
pues que volvéis coronado
y a la corona os han dado
los enemigos crueles
no de mirtas ni laureles
mas de eternos alelíes,
de inestimables rubíes,
de inaccesibles claveles.
Piedra sois y ansí habéis sido
la basa y el fundamento
en la fábrica que intento
del tribunal más temido;
y hoy en vos se han esculpido,
con ese buril cruel,
mi escudo y blasón fiel,
con vuestra sangre, y ansí
cada gota es un rubí,
cada gota es un clavel.
Mas ya la venganza mía
prevenir debemos alto;
demos el primer asalto.
A ti digo, ¡oh Herejía!,
bestia voraz que porfía
contra Dios; miembro cortado
del cuerpo místico y grave
de la Iglesia, que es la nave
que mi luz gobierna, do
sierpe infernal semejante
a la soberbia abatida
que vio su silla perdida
allá en la Iglesia triunfante,
y tú en esta militante
la tuya pierdes también.
Dragón indómito, ven,
que al campo te desafío
coronada del rocío
de Samir y de Belén.
Con ruido de cajas baja un dragón volando hasta ponerse en el tablado y la Herejía sobre él con una espada y un escudo en las manos.
Duque que invencible has sido
y al cristiano das alientos,
cautivando entendimientos
y entrando por el oído,
voz que nos has prometido
premios de eterna riqueza;
teologal virtud que empieza
a dar amor y esperanza
con misterios que no alcanza
sino es la naturaleza;
sustancia para esperar
futuro bien sin recelo,
tú que convidas al cielo
donde no sabes entrar,
¿qué me quieres, que a pesar
deste católica unión,
en este infernal dragón
de herética apostasía...
pondré la soberbia mía
en las alas de Aquilón.
Porque no rindes, serpiente,
a mis católicas plantas,
por qué contra mí levantas
las alas de esa serpiente?
Si su origen fue el oriente,
por qué va al norte atrevida,
del mismo infierno impedida?
por qué en su centro no está,
y por qué niegas que da
el pan de la Iglesia vida?
Si solo pan seguro
sustancia de pan ha sido...
Si al defecto del sentido
doy el suplemento yo,
y si tanto al hombre amó
Cristo que quiso quedar
por el hombre en el altar,
por qué le niegas su error?
Prueba y explica ese amor.
Has de estar a de escuchar,
aunque la razón del hombre
discursos y sofismos
no pueden comprender
los altos misterios míos,
y aunque yo al entendimiento
aprisiono, venzo y rindo,
y de sujetarse a mí
nacen sus méritos ricos,
algunas señales hay
en los católicos libros
que dan vislumbres al hombre
de lo que tengo escondido.
Cuando los cielos y el mundo
crió Dios en el principio,
de nada y con su palabra
la hermosa fábrica hizo;
cuando para bien del hombre
formó el bello paraíso,
fuentes, arroyos y ríos;
convirtió la tierra en hombre
y del hombre y ardor mudo
formó la hermosa mujer
a quien tiernamente quiso.
Después la vara de Aarón
para confundir a efeto
convirtió en sierpe, y en sangre
las aguas ha convertido;
de los ásperos peñascos
sacó el humor cristalino
para el hombre, y en manjar
volvió el cándido rocío.
Qué maravilla que amor
quisiese dejar unidos
al hombre y a Dios, efectos
del amor santo y divino?
Si Dios quiere tanto al hombre
que le incorpora consigo,
qué mucho que en las especies
del blanco pan y del vino
su cuerpo y sangre le deje,
y en eterno sacrificio
amor le muestre a su Padre
transustanciado en sí mismo
el pan cuyos accidentes
juzgan ciegos los sentidos?
hasta aquí se van entrando
al alma por los oídos,
cuando Isaac tocó a Jacob
con el materno artificio,
disimuladas las manos,
se figuró aqueste mismo.
Y el rey divino profeta
en el salmo ciento dijo
que, haciendo Dios una cifra
de los milagros divinos,
al hombre se dio en manjar.
En este milagro vimos
juntarse las maravillas
de los siglos de los siglos.
Los sacrificios de Abel
no fueron ejemplos vivos
del inmenso sacramento
que yo en la iglesia ejercito.
Melquisedec sacerdote
ofreciendo pan y vino,
de la arca del testamento
no significan lo mismo.
En la boca del león
Sansón gallardo y altivo
no halló dulzura y Elías
en el pan subcinericio
vida no se halló si fueran
figura que del pan Cristo
comido nos representó.
Come del puesto convite
y atento de los convites,
porque en la escritura he visto
muertes atroces en ellos.
Y si figuras han sido
del convite que nos haces,
no te espantes si un abismo
de incrédulas confusiones
turban el humano juicio.
Eva con la hermosa fruta
de aquel árbol prohibido,
sobre manteles de flores
y mesas del paraíso
a su esposo hizo un banquete
y en él estaba escondido
el veneno de la muerte,
cuya triaca es bautismo.
Jacob convidó a su padre
y engañado le bendijo
desheredando a Esaú
de su mayorazgo rico.
Un convite en Dotain
hicieron todos los hijos
de Jacob a la afrenta
de José ya procedido.
Hizo un convite Absalón
bizarro y galán narciso,
y en él dio muerte a su hermano
colérico y vengativo.
El otro rey Baltasar
banquete espléndido hizo,
y en él leyó la sentencia
de sacrílegos delitos.
A Judit hizo Holofernes
otro convite y del vino
procedió el último sueño
en que siempre esté dormido.
y del banquete de Herodes
no nació aquel acto impío
de degollar al Bautista,
ángel de Dios y su primo?
Justo es ansí, que convite
que maná, agua, racimos
la tierra de promisión.
Darán la vida que has dicho.
Los dos primeros hermanos
daban a Dios sacrificios,
Abel de limpios corderos,
Caín de cándido trigo;
pero Dios, que penetraba
los ánimos escondidos,
aceptaba los de Abel,
los de Caín no los quiso.
El arca del testamento
cuando estaba entre enemigos
pecadores, daba muerte,
penas, asombros y castigos;
cuando estaba entre infieles
daba la vida. Esto mismo
hace el pan de mi convite:
que da la muerte al indigno,
y el católico que en gracia
se llega a la mesa ha visto
que es el árbol de la vida
de aquel jardín primitivo.
Ríndete, fiera herejía,
y vuelvan al gremio pío
de la Iglesia tus secuaces.
Es mi furor infinito;
mientras la Iglesia durare
tengo de ser su enemigo.
Y quebrantaré tus fuerzas.
¡Ay, que en vano te resisto!
Huye de mi ley hermosa
a los profundos abismos
de la Babilonia ciega;
mi resplandor la ha vencido.
Al cuartel nos recojamos,
hasta que con nuevos bríos
demos el último asalto.
Toca a recoger, ministros.
Victoriosa va la fe
dese cruel desafío;
pongan en su hermosa frente
corona de azules lirios;
los clarines de la aurora,
los cantores pajarillos,
las cajas y las trompetas
a recoger han tañido.
Vanse. Salen Ario, Agustín con escopeta.
Ya que enemigo tan fuerte
nuestros muros ha cercado,
el más valiente soldado
que no ha temido la muerte
me ha mandado el general
que ponga de posta aquí;
y ansí yo te elijo a ti
en ánimo principal;
vela, valiente Agustino,
y pues tratas con herejes,
a católicos no dejes
pasar por este camino.
[Vase Antonio.]
Haré como buen soldado
lo que mandas, capitán,
Argos mis ojos serán,
grullas serán mis cuidados,
a la iglesia ofenderé,
que no es de grandes letrados
caminar ojos vendados
por las huellas de la fe.
Nunca yo fui bautizado,
ni me aparté de su gremio,
maniqueo soy y en premio
de haber la verdad buscado
adquirir fama deseo,
poeta soy y he de velar
el ingenio singular
de un soldado maniqueo,
del humano querubín
nombre mi ingenio procura,
¡oh, qué noche tan oscura!
Velemos.
Dentro.
¡Agustín!
Ecos el viento formó,
o me ha llamado la fama.
¿Qué sientes? ¿Quién es quien llama?
En esa voz me desmayo.
Yo.
Mal conocerte podré,
si nunca tu voz oí.
Dime tu nombre, que ansí
te pienso seguir a fe.
Fe.
Si eres de mí perseguida,
y nos veniste a cercar,
la fe que me puedes dar,
cuando tu voz me convida?
Vida.
Mi pretensión siempre es esa,
vida pretendo tener,
pero ¿qué me has de poner
en tu divina promesa?
Mesa.
Y en ella ¿qué me das,
que bien tus voces me ofreces,
que oráculo pareces
de los tiempos del dios Pan?
Pan.
Si ese pan del cielo vino,
con razón le iré a buscar.
¿Y qué más me piensas dar
en tu convite divino?
Vino.
Si alcanzas la victoria,
desta gloria soy contento,
y este manjar de sustento
da sustento o vana gloria.
Gloria.
Pues veamos, en los dos,
que habemos de disputar,
que mi intento no es errar
sino hallar mejor a Dios.
A Dios.
Ya la voz se ha despedido.
Si fueron vanos antojos,
Si fue ilusión de los ojos,
si fue engaño del oído,
nada escucho, nada creo.
Galeras hay en la costa,
hacer quiero bien mi posta,
como honrado maniguero;
tres horas traigo de tasa,
ya duermen en el cuartel
de los contrarios, en él
quiero saber lo que pasa.
Cantan lo siguiente en tono de letanías y dicen unos, respondiendo todos el postrer verso, repitiendo tres veces.
De todo mal y pecado,
líbranos, Señor.
De herética apostasía,
líbranos, Señor.
De enemigos de la Iglesia,
líbranos, Señor.
De loxica de Agustino,
líbranos, Señor.
Repitan tres veces.
diciendo la letanía
De mí se acuerdan, ¿quién soy,
que tanta pena les doy?
Su música de alegría
quiero otra vez escuchar,
porque ya en tono más grave
y en música más suave
vuelven todos a cantar.
Venid, venid a la fe,
que en los cándidos cristales
de la fuente del bautismo
nos da vida perdurable,
enemigos obstinados
de la Iglesia militante,
a pesar de vuestras armas,
la victoria de alcanzarse;
ay de aquellos se salen
del blanco pecho de la santa madre.
Mucho esta música mueve
mi corazón a piedad;
si es fuerza de la verdad
la que causa que se eleve
mi espíritu aficionado,
que estoy dudoso confieso;
válgame Dios, si profeso
la verdad y soy errado.
¿Quién sube al monte divino
que es el reino celestial?
Solo quien sirve a la Iglesia,
que es el camino real.
¿Quién es soldado del cielo
que es el reino de la paz?
Quien milita con la fe,
verdadero general.
¿Quién es el que está escondido
en las especies de pan?
Quien murió por hacer Dios
al hombre que era mortal.
Ya están llamando a las puertas
de mi pecho tierno amor.
Entrad por ella, Señor,
entrad, que ya están abiertas.
Si por sendas tan inciertas
de la verdad me aparté
y a las voces de la fe
vuelvo al reino de la vida,
como oveja que, perdida,
por verde campo se fue.
No es esta mudanza acaso,
obra es de Dios, yo la sigo,
no me paso al enemigo,
a mi dueño y Rey me paso,
en divino amor me abraso.
¡Ah del sagrado bajel!,
¡ah, católico y fiel ejército!
San Ambrosio en la gavia, a lo alto, de barba blanca.
¿Quién da esas voces?
Un soldado de la torre de Babel.
¿Viene de paz o pidiendo
guerra o treguas?
Favor pido,
un soldado soy, huyendo
del contrario, porque entiendo
que la verdad voy siguiendo.
Llamadme algún capitán,
porque recelos me dan.
Maese de campo soy yo, no,
el capitán soy, Ambrosio,
y del tercio de Milán.
¡Ay, Ambrosio! Da acogida
a quien huye de su mal;
alcanza del general
que me den amparo y vida.
Para que yo se la pida
a la Fe, luz, serafín
de Dios, ¿quién sois?
Agustín,
un soldado maniqueo
que a la luz de Sion veo
coronada de jazmín.
Vase.
Nueva será celestial.
Esperad, la llamaré.
¡A la católica Fe!
Y a las puertas de cristal
de tu santa iglesia estoy,
un espósito soy.
Críame, madre, a tus pechos,
que vengo a ti satisfecho,
de el alma alegre te doy.
Sale la Fe.
Agustín.
Señora mía.
¿Es cierto que en mí te abrasas
y a mi ejército te pasas?
Sí, porque eres luz del día
y la noche oscura y fría
conocido mis errores.
¿Qué te trae?
Tus amores.
Las armas que usaste, deja.
Araña fui, soy abeja.
¡Qué miel ha de dar tus flores!
Que tanto tu amor ha sido,
pasado está el corazón
con dos saetas que son
de temor y amor creído;
temo que a Dios he ofendido
y amo a Dios de tal manera
que un Dios, Agustín, fuera.
y este imposible alcanzará
con mi Dios, mísero, cara
a mi Dios, mi Dios ya era.
Con eso das testimonio
de tu encendido deseo,
y yo, como el Macabeo,
con la espada de Apolonio
daré tregua al demonio;
y sus armas habrán sido
las que le han de hacer vencido.
Tiemble de ti la Herejía,
que para aquesto en un día
tú y Pelagio habéis nacido.
Seré amante y soldado.
Tu pluma será mi voz.
Dame un ingenio veloz.
Doyte espíritu alentado.
¿Qué me encargas?
El cuidado.
Dame oficio.
De doctor.
Yo seré tu defensor.
Escribirásme.
Gran suma,
con la lengua y con la pluma.
Oye, a los cielos, mi amor;
a mi católica unión
entra coronado ya
de Sanir y de Amana,
y de las flores de Hermón.
Toma, y posa el corazón.
Ya con los brazos te espero.
Tuyo so, de amores muero.
Mi defensa pongo en ti.
Daré mi vida
sí, como el ave es primero.
Vanse. Sale la Herejía y Arrio.
El campo del enemigo
está muy regocijado,
flámulas han coronado
sus entenas, al abrigo
del puesto que yo persigo.
A portañola tira.
¡Hola, Agustín, Agustín!
Si está dormido o huye.
No está aquí, mal soldado.
Al contrario se ha pasado.
¡Y oh demonio, al fin!
Cautivaron su ardimiento,
que voluntario no fue.
Sí que cautiva la fe
al más fuerte entendimiento.
¡Oh, qué ingenio, qué ardimiento,
qué espada habemos perdido!
Ya mi campo está rendido,
ya con su sangre se esmalta.
Si la lógica me falta,
que el católico ha temido,
blancas y negras señales
como capitán previene;
cuarenta provincias tiene,
observantes y claustrales;
sus fuerzas son inmortales,
y son mil y cuatrocientos.
en el mundo los conventos
que tienen ya fabricados
más de veinte mil soldados
profesan sus documentos.
En lo alto San Ambrosio y la Verdad.
A ellos digo, los cercados,
¿hay hambre allá en la ciudad?
Hay miedo, hay necesidad.
Vayan, os dan los soldados,
andan siempre en estos puntos;
si las armas se suspenden
y con palabras se ofenden
cuando están los campos juntos.
¿Cómo anda allá la conciencia?
¿Está libre y montaraz?
¿Cuánto darán por la paz?
Responderé sin paciencia.
¿Cómo me oléis a ayuno?
Como vos a chamusquina.
Y guardaos, que hay una mina
de alquitrán.
Aquí ninguno
teme la mina.
Es verdad
que no teméis al infierno.
Agustino está muy tierno,
llora mucho la maldad de haber-
nos dejado ya,
quien duda está arrepentido.
¡Uh, oh, oh, que se ha corrido!
¡Corrida está la herejía!
¡Uh, oh, oh, que se ha corrido!
Vanse los dos a lo alto y sale San Agustín y Lutero con un arcabuz en lo bajo.
Hoy un capitán divino
sale a mudar postas.
Bramo,
ofendida de mi agravio.
Mi soldado eres, Martino,
haz tu posta vigilante.
¿Quién iguala a mi valor?
¿Mi ingenio no es el mayor
del mundo?
El más arrogante.
Las armas de mi elocuencia
tanto me alientan y animan,
que príncipes las estiman
con amor y reverencia.
Vase.
Martín Lutero, humildad.
Humíllese él y no vante,
que no un ingenio gigante
en soberbia y vanidad
sin duda que desconfía
el capitán del valor.
De mi pecho no hay temor
con tan ardiente osadía.
De posta estoy, rondo arquero,
aunque ahora he sospechado
que no estoy acreditado.
Con mi capitán no espero
oficios ya de su mano,
tengo riguroso dueño.
Algo me fatiga el sueño.
¡Qué enemigo más tirano!
La prima rendida llama.
¡Alerta, mortales soldados,
a militares cuidados!
No viven los que aman.
Durmiéndome estoy grave,
yo comienzo a dormitar,
que es lo mismo que dudar
en las cosas de la fe.
Alerta, fuerte herejía.
Que ya se duerme Lutero,
hacer una presa quiero
querub bello, luz del día,
cubierto con estos ramos,
cual centinela perdida,
me voy llegando a su vida.
Si esta posta cautivamos
sabremos de Uaries fuerte
su ejército.
A espacio, vamos, voy,
árbol pensaba que soy,
seguro voy de esta suerte.
Los celos con los amores,
en los placeres el llanto,
en la música el encanto,
y en las serpientes las flores.
Un bulto he determinado
entre tanta escurida,
y yo soy de vanidad,
no me desvela el cuidado.
¿Qué importa que un rato duerma
un soldado de mi fama,
si todo el mundo me llama?
La voluntad va ya enferma,
presto irá a lo que imagino.
El mal al entendimiento
sueño irresistible siento,
seguro está este camino.
Durmamos, pues,
como es fuerte el sueño
que le convida,
y es imagen de la muerte.
Hase ido llegando la herejía a él poco a poco con un ramo en la mano y préndele.
Date a prisión, ya eres mío,
cautivo estás, yo vengado,
pues le quito otro soldado
a la fe.
Y de inmenso brío.
¿Quién eres tú?
¡Oh, valiente general!
¿Y piensas tratarme mal?
Con amor y cortesía
daréte mi estimación.
Daréte mi vanagloria,
pues vaya de la memoria
mi cristiana obligación.
Apóstata quiero ser,
voluntariamente voy
a ser tu soldado.
Soy rico ya con tu poder,
del ejército contrario,
merced es, no rehusaste,
ni oficios, que siempre fuiste
soldado muy ordinario.
A católicos soldados,
¡guardaos de mi lengua ya!
Que horror y miedo os dará
con ingenios acerados.
Europa tiemble de mí,
tenga miedo el norte, el Asia
de mi voz.
Con tal soldado,
nuevo César soy, vencí.
Disparan arcabuces a la galera y salga la Fe y la Verdad con un estandarte, y Agustín, Santo Domingo y los demás de la Fe.
La posta nos han llevado
los enemigos, señora.
y ya la cándida aurora
sus desdichas ha llorado.
¿Y quién era?
Es un soldado
que retórica sabía,
de tan buena fantasía,
vano, soberbio, elocuente,
y ya amenazó a tu gente
con su infame apostasía.
No bastan medios suaves,
dalles la muerte pretendo,
y veme tú introduciendo,
pues que los caminos sabes.
En ansias y penas graves
me pagarán la maldad;
vamos adentro, Verdad.
Tú eres católico Marte
que pondrás el estandarte
en las cumbres de Galad.
Entranse todos. Tocan al arma. La Herejía queda, y Agustín.
Ya la fe divina y fuerte
escala los altos muros;
no hay enemigos seguros,
todos se rinden a la muerte.
Ellos mueren de la suerte
que fue su vida profana.
Nestorio, bestia inhumana,
rabia con infamia y mengua,
pues que osó poner la lengua
en la Virgen soberana.
Y a la tierra se los traga
en pertinaz rebeldía
con súbita apoplexía.
Lutero, subido estraga,
abrasado muere en Praga,
donde reventó secundo,
revienta, en lázaro inmundo,
Calvino, muere rabiando,
con dolores blasfemando
del inmenso autor del mundo.
Y al español tribunal
de Domingo abrasa y quema,
con verdad y fe suprema,
al enemigo real,
y inquisidor general,
santo y a los ocios,
luz hermosa de los días.
Tu fuerza inmensa se ve,
pues ha triunfado la fe
de bárbaras herejías.
Aparécese la Fe sobre un dragón con su estandarte y la Herejía a los pies y los músicos detrás.
Esta es la eterna victoria
que la fe santa alcanza,
la altiva estatua cayó,
el cielo cante la gloria.
Con soberbia y vanagloria
viviré obstinadamente,
dando al sol resplandeciente
sombra de humos y de llamas.
Bestia, con dragón te llamas,
tienes furor de serpiente.
Venciendo y triunfando están
las banderas de la Fe,
adiós, la gloria se dé,
pues cayó el soberbio Amán.
Aparécese en la gavia un niño Jesús.
Yo soy el divino pan
que anegado a la herejía,
fe divina, virtud mía,
hostia, cáliz y cruz son
armas de mi redención,
las que muestran mi alegría.
Si tú en la gavia, Señor,
del católico bajel
eres piloto y proel,
¿qué olas de ciego error
han de bastar contra él?
Salgan los músicos tañendo y uno de ellos diga esto:
En tan dichosa ocasión,
que sepultó la memoria
del soberbio Faraón,
como la hermana de Aarón
en el testamento viejo
se verá como en espejo
la sangre que a Dios costó,
que esta también se ganó
como aquella en mar Bermejo;
Hundióse el tirano fiero
en su sangre. Cantar quiero.
Pues bien, ¿qué piensan cantar,
que aquí también dio en el mar
con caballo y caballero?
Pues cantadlo solo vos.
Dad, Señor, la letra vos,
que canten, que a vos os toca;
¿qué letra de otra boca
tendrá espíritu de Dios?
Pues esta Fe para triunfar
de hostia y de cruz se valió,
cantad que el triunfo salió
de mi palo y mi manjar.
Fin.