> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La cautiva venturosa y perseguida Rosaura y cautivos de Valencia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-cautiva-venturosa-y-perseguida-rosaura-y-cautivos-de-valencia.
Legº 17
4
Feliciano, sacado. Isauro, sacado. Cancino, sacado. Moro 1. Moro 2. Amurates bajá, sacado. Arnesto. Alberto pastor. Julio pastor, sacado. Corbato criado. Duque de Sicilia. Lupercio. Ricardo. Celima mora. Bernarda cautiva. Rey de Argel. Selim.
Salgan Salgan Feliciano, Rosaura dama y Laubino criado, todos de camino, y al salir tropieza Feliciano y cae.
Jesús mil veces.
Alzad, ¿os lastimasteis, señor?
No es mucho que un malhechor
le derribe su maldad,
pero, pues ya descubrimos
los límites de mi tierra,
cese del temor la guerra
y el miedo con que venimos.
Solo el agravio que he hecho
a los que me han agraviado,
que como aleve he pecado,
que me ha derribado el pecho.
No nombre mal, no es razón,
señor, que llaméis agravio
Atrevimiento y bajeza,
confiada en mi ventura,
a la más suprema altura,
al Sol de vuestra grandeza,
como de cera fueron
las alas con que volé.
Precipitado vuelo
del cielo en que se abatieron
los castigos lloviendo
que yo para vos llevo,
ser digno de mayor pena
el no verme ejecutado,
¿pues no es este el lugar
donde a mi padre mataron
y a mi hermana cautivaron?
¡Mal agüero, fiero azar!
Desde estos peñascos vi
que veníais por este valle.
El llanto apenas resisto.
Vuestra compañía, mi amor,
ya no estará acompañado
de vos que aumentáis mis glorias,
llorará aquí las memorias
de un mal que se ha deparado
en este mismo lugar.
¿Qué términos es la playa
de Valencia, y cuya arena
retocan del mar las aguas?
Los moros de dos galeras
habiendo muerto a mi padre
cautivaron a una hermana
mía de edad de tres años
y a un criado de mi casa
que Lavino se decía,
quedando yo en poder de un ama.
Yo, que de un parto nacimos,
de una misma semejanza,
criome, y aunque grande
aquel estrago ignoraba
hasta que me le contaron
saliendo una vez a caza
a este mismo lugar.
Deja memorias pasadas,
Feliciano de mi vida,
y en las presentes repara,
que alegres, tristes memorias
atormentan y no matan.
Aquí descansar podemos
mientras el carruaje llega,
porque entremos en Valencia
antes que amanezca el alba.
En peligroso lugar
hemos tomado posada.
Quiera Dios que en un remo
no amanezcamos mañana.
Lavino, ¿pues el temor?
Por mí y por Rosaura
y por ti tengo pena,
que a mí no me importa nada.
Caballos de la mar
en la playa donde estamos,
y alas mías me faltan,
y si desventura tanta
cuando rescatarme quiera,
me darán por dos blancas.
Falta más paso, Laubino,
que fiero miedo nos causa
tres sombras he descubierto.
No tengáis temor, mi alma,
que pescadores serán
de las arenas de las playas.
Lejos se van acercando,
señor, y, si bien reparas,
son moros.
¿Qué dices, necio?
¡Pluguiera a Dios me engañara!
¡Ay, señor!
Señora, pierde
el temor.
¡Qué desdicha extraña!
Yo no aguardo más aquí.
¿Cómo cobarde te apartas
de tus dueños?
Vase.
De los perros
que muerden aunque no ladran
me aparto, que no de ti.
Aguardar es ignorancia,
señor, huyamos.
Escóndese Rosaura.
¿Tal dices?
¿Con tal bajeza me informas?
Tras de esas matas te esconde.
Tu condición temeraria
me admira.
Entran dos moros.
Dos son no más.
Conocida es la ventaja.
¿Qué gente? ¿Quién va ahí, señor?
Quien separará tu jactancia.
Date, cristiano, a prisión.
Desnuda la espada Feliciano.
Mientras que saco la espada,
ni me rindo ni me entrego.
Sin duda Amurato baja.
Su valor y fuerza es mucha.
Su mucho valor me espanta.
¡Muertos sois!
Cae uno.
Entra Amurato bajá con bastón.
¡Válgame Alá!
Detente, cristiano, aguarda,
que tu valor me enamora.
Perdido soy, ¡ay, Rosaura!
¿Quién eres?
Un soldado
de ventura tan escasa,
que, cansado de vivir,
la muerte busco en tus armas.
¡Ay, Rosaura de mi vida!
¿Quién estaba en tu compañía?
Mi desdicha, que jamás
me deja ni desampara.
Por Mahoma que cantan
el cristiano.
¿Y mi Rosaura?
Aquiétense de remar,
galeotes.
A cantar, ¿quién canta
suspiros el que es desdichado?
Así me obsequias y amargas,
pues ¿quién no llora, amor?
Amor, que es Dios de las almas.
¿Tan enamorado estás?
¿Hay desdenes o mudanzas?
¿O disfavores, o celos?
¡Ay, mi rey!, aunque de Rosaura
jamás tuve esos favores,
ni desdenes me maltratan,
porque es muy noble mi dueño,
y mirando por su fama,
mira también por mi vida.
Mi pena a la tuya iguala.
No te aflija el ser cautivo,
que por Mahoma te juro
que has de hallar en mí, amigo cristiano.
Beso, general, tus plantas.
A Celima he de ofrecer
este cautivo.
¡Qué duras!
Podrás hacer por su mano
tras de ingratitudes tantas
alcances algún favor
si en esta facción te halla.
Llegan andavante,
camina.
Ay, que de Rosaura me apartan
los cielos.
¡Oh, mi amparo!
Los cielos me desamparan.
¡Adiós, Rosaura querida!
Toca, leva, boga, arranca.
Vanse y sale Rosaura de las matas.
Piedad, oh cielos, ¿qué veo?
Para quien piedad ha dado tantas,
en vuestros juicios miro
conmigo piedad os falta.
Cautivo va Feliciano,
¡ay, desdichada Rosaura!
Cielos, ¿qué cruel onda es esta?
Gracias a Dios me aguardan,
que no hay mal que venga solo,
y con infinitos le acompañan.
Ya dan las velas al viento,
ya las áncoras arrancan,
ya suena el pito de leva,
ya las gúmenas amainan,
ya el viento en popa caminan,
ya los frisados recaman
por azules catalufas
y alfombras de plata.
Cae desmayada.
Mi bien, Feliciano, espera,
llévame contigo, aguarda,
¿por qué dejas libre el cuerpo
si llevas cautiva el alma?
Tiranos enemigos,
¡oh arpías venenosas!
robadores de mi gusto,
de quien quedo despojada.
Llega Noto, Eolo valiente,
en quien revuelven sus olas
estos enemigos cierzos,
con prevenciones de agua;
enojado Eolo embista,
formando atlántica agua,
y os precipite en la arena;
del sol la hueca mar alta
sobre el ciprés y la encina
bramando Aquilón, deshaga
remolinos que se roben
árbol, trinquete y mesana.
Hecho piezas el navío,
perezca esa vil canalla,
y solo mi Feliciano
se escape sobre una tabla,
y a quien es sordo el cielo
a mis quejas y a mis ansias,
con próspero viento anima
sus logradas esperanzas.
Como el cielo castiga
mis yerros, dando venganzas
a mi padre y al honor
que le robé de su casa.
Noche oscura, noche triste,
cielo que con luces tantas
mi desdicha estás mirando
y no quieres remedialla;
amparas, favoreces
a Dragut, fiero traidor,
en la resaca del mar,
y quedo desmayada.
Entra Arnesto con gabán.
Saca un retrato.
Mientras que pasan las iras,
caminando a desgrado,
por paso tardo y pesado
en las esperanzas mías,
como el que de puro verla
la pintura sumariada,
que ama por la hermosura pintada
adora la original,
salga la sombra que asombra
de la más suprema belleza,
que por superior grandeza
al sol le deja la sombra;
salga la luz que restaura
su luz al sol eclipsado.
Tal privilegio ha dado
el cielo al sol de Rosaura.
Pues que, tiernos mis ojos,
están de su luz faltos,
hay estrellas por el suelo
llorando tiernos enojos.
¡Oh peregrina hermosura,
con lágrimas aumentada,
perdonad, Rosaura amada,
que en la ocasión no hay cordura!
Pero, ¿qué digo, qué intento?
¿A Rosaura soy traidor?
¿Agravio hago a su amor
y ofrezco un pensamiento?
¡Que un nudo de amor el ciego
quiso de su amor desatar!
Retrato, habéis de contar
el agravio que le hago;
mas no será la mi mengua,
pues lengua os ha de faltar,
y aunque fuese a acusar,
la razón os hará copia.
Fiad a vuestra misma sombra,
no os pone en la lengua un nudo
en que el recelo es desnudo
y ataja cualquier deshonra.
Despertémosla los dos,
mira que es mujer y es de cera,
del honor que ofendecea,
¿qué diréis, retrato, vos?
Y sus males tan bien llorados,
no sabremos qué diráis,
parece que me miráis
y a mi bien con gozo grato.
No, no, no, os he de ofender,
perdonad, señora mía,
que vuestra pena y la mía
iguales vienen a ser.
Salen Alberto y Julio, pastores.
De Cullera en la playa
moros sin duda saltaron.
Sí, que juntos se hallaron
en la primera atalaya.
Encúbrese
Estos me vienen a espantar,
acá voy a esconderme.
Porque si llegan a verme,
no han de osar la levantar.
Aquella moza, ¿no ves
que sola durmiendo está?
Quiero acercarme hacia allá
y reconocer quién es.
Juro a mi fe, ¡qué hermosura!
Es más que clavel si crecía,
hermosa, naide con ella.
¡Oh, honra y fama segura!
¡Fiera a una perseguida...!
Mira, Julio, no esté muerta.
Grita
¡Aparta, perro, aguarda!
Digo que suena en Cullera.
Más llorará si despierta.
Aguarda, mi bien, y goza.
Despiértala, es acertado.
Sin duda la ha quillotrado
en el campo alguna fiera.
Recuerda, hermosa mujer.
¡Válgame Dios!
¿Qué te espantas?
Cristianos somos, levanta.
El miedo puedes perder,
bien te puedes declarar,
di quién eres sin temor,
que a tu pena y dolor
nos hallas acompañar.
Tener mayor disfavor,
después de haberlo cobrado,
que ni el mal puede deformar,
ni más queja en mujer.
Sale Arnesto.
No os valga naturaleza,
que cifró en sí tanta hermosura,
pues Amor por venturas
adonde quiere belleza.
¡Ay de mí!
Y no os espantéis,
que no soy ningún tirano,
sino un hombre cortesano,
de quien sabréis decir
de sus suspiros y pena.
Sin duda sois causa de amor,
de amor nace mi dolor,
y la pena que me condena.
¿Qué sabéis de amor?
Amar.
¿Siendo mujer?
¿Por qué no?
¿Quién os ha enseñado?
Yo.
¿Y en qué escuela?
En el mirar.
Pues, ¿leéis cátedra de Amor?
Ya ves, de propiedad.
¿Léese en ella verdad?
Sí, con efecto de favor.
Siendo pobre, ¿no os da
enamorarse apriesa?
Sí, que pesa a la mujer,
desnudo el Amor está.
Pues es riqueza mayor
un Amor que es desnudo.
Antes verdad, pero dudo
que sea el nuevo Amor
el de esta suerte.
El que es Amor mozo lleva.
Antes,
por estos temores,
no es Amor sino codicia.
Con enseñarme a mí,
que Amor no se compra de oro.
Amáis,
y sin Rosaura hermosa,
siempre esperar ansí.
Señora, a una descortesía
es lo que erró mi caza,
amor unido me abrazas
de mi honor me desvía
a dos unos forasteros
de quien es forzoso dejar
no los queréis ofender,
y a mí os ofendo en ofendellos
pues no partiré de aquí
hasta que me consuman
ay, si ausente estuuiera,
y quisieran ansí.
estos pastores, señora,
de los señores tendrían cuidado.
vayan paciendo el ganado,
que yo quiero su mejora.
unos llanos de la caza, la
que tal voz se muestra sorda,
mayor regalo rebosa
sin encapuzada [ilegible]
entre las matas criar.
yo llevaba una lechuza,
los cautivos por vida mía,
que mira con cuidado
el rostro destas mujeres,
es Rosaura tan hermosa.
parécese a una cosa,
pero que tiene que ver.
pastores, guardeos el cielo.
y a vosotros señores.
quedaos, señores, en buena hora,
y a abrasarme me recelo.
Vanse Rosaura, Albano, Julio, Ames, y Lescan; y entra el Duque Ladislao y Lupercio.
¿que no ha venido Ricardo?
no a venido.
las alabanzas que oís destas
para dar fama a las armas,
que antes de mujeres tan livianas
son sepultura de los viejos padres,
so color de amigos fementidos,
de tal suerte mi honor y sangre ofenden,
y a unos amigos no hay de quien fiarse.
son mujeres, señor, sin consejo,
que su antojar es siempre justo,
y todas obran por disparates.
Vil mujer, solo ruego al cielo santo.
vos, señor, tu hija no malogres.
que aun diga [ilegible] padre gran [ilegible]
que desculpa ha de haber para darme,
a dar satisfacción a amigos, a cielos,
no es por recompensa de la palabra,
que afrenta haciéndome [ilegible]
y póngase corona a la injuria.
vos veréis, Lupercio, por mi vida,
Lamberto llamaré y a quel [ilegible]
de la cruel venganza [ilegible]
Y salva de su hermana las locuras
yo partiré por mi cuenta al punto.
¡Ay, amigo, qué prendas puedo dar de él,
a quien el hado sin vida ha faltado?
¡Qué prendas y de por medio el colgar!
Por palabra, por amor, y asegurarme
de la afrenta a que Amor me ha movido.
Mató a su padre el fiero, estraga mi casa,
una agraviada fuerza al Conde don Vicente.
Salen Ricardo y Laubino.
Guardad que aquí asoman.
Duda sea, Ricardo, un sonido.
Yo compuse el ruido,
criado de aquel traidor.
Dinos la verdad, Laubino,
o pagarás tu maldad.
Yo contaré la verdad.
Que has de negalla imagino.
Sabréis que antes que el tiempo
con los pueblos y en los campos
haga las aves mudas
y a todos de andar cansados,
cuando escondió de él
ese planeta argentado
al nuevo mundo sus rayos
funesta sombra dejando,
con inviolable mudanza
que Rosaura y Feliciano,
en la fragua de su amor
para alumbrarnos forjaron.
Aun sin sentirse salieron
de aquí se partieron juntos
que Amor para sus insultos
suele revestirse o trasgo
de palacio se salieron
y poniéndose a caballo
en un ligero alazán
que lo tenía alistado
amparados del favor
de la noche caminaron
y a la orilla del mar
(grande vaivén o quebranto)
de la amargura del Amor
Bebieron tantos amargos
pues al tiempo que el ocaso
desplegó su negro manto
a vuelta de los bramidos
del mar enojado y bravo
Dos enemigas galeras
reconocieron de un puerto
con una escuadra de moros
y en tierra todos saltando
aunque Feliciano y yo
con las armas en las manos
resistimos su pujanza
un gran rato peleamos
cautivaron a Rosaura
y a mí y Feliciano
dejándome libre a mí
para que contase el caso,
y para que es verdad,
dije lo que fui mandado,
perdón pido de mi yerro,
si yerra quien sirve en algo.
¡Oh, Rosaura sin ventura,
qué poco te dura el gusto!
¿Y cuándo, señor conde, viste
mujer que tenga cordura?
Ellos cautivos están
y si no,
con lo que contado ha
ya nos lo asegurarán.
Razón será que se trate
del remedio del conde;
tú, Ricardo, irás a Argel
a tratar de su rescate.
Vos me dad licencia,
a Argel con Ricardo iré.
Paréceme bien.
Hazte,
por lo menos te prevengas.
Entra Arnaldo de camino.
Da albricias de mi contento,
que de tu hermano, señor.
El alma daré mejor,
ya acabará mi tormento.
Pues cuando mi gloria es tanta,
con la esperanza venciera
las lágrimas y lástimas
y nudos a tu garganta.
Y cuando mi amante merece
de su lealtad premio justo,
tras de no hallarte con gusto
y mi Rosaura no parece,
de esta suerte me recibes
cuando entendí que mis glorias,
siendo mi afición divina,
midieras como mereces.
Dices, Arnaldo, verdad,
que la palabra te di.
Pues haz verdad, como a mí,
usar de la novedad.
A tan buen tiempo has venido
que vuelves a deshacer
de lo que dudaba hacer
en lo que me ha sucedido.
Un señor muy principal,
noble, rico y estimado,
mayor que en estado do,
que es con la sangre igual,
pide para un mi hijo,
a su hija me ofreció;
mas cuando el padre le pido
de cumplirme lo que dio...
ni vuestro hijo tiene esposa
ni su padre hijo tiene
mirad qué haceros conviene
con nueva tan rigurosa.
Porque de su mismo coche
cierto galán la sacó
y al mar que ya salió
llenos de ventura de noche
y como a la costa llegaron
del mar quieta y sosgada
los moros de una emboscada
a entrambos los cautivaron.
Su padre la guardara
y diera cuenta della
ni fuera tan libre ella
ni el galán se la robara.
Mas ya qué se puede hacer
si el conde se desposa
pues tu hijo está sin esposa
que queda sin tal mujer
porque quien de tal manera
la roba ya tan liviana
se casará, y mañana
a lo que parece hiciera.
Esa sentencia que da pronunciada
contra ti será ejecutada
que a mi hija me han robado
Llaníbal qué queréis más
si el perro en medio calla
para acallarlo castigado
porque un osado mancebo
soltar ansí de palabra
y ha querido engañarme
admirado dello soy
qué más diré que en voz
y con el de vengarme
que si la afrenta pasada
sin venganza la dejo
si la oportunidad pierdo
en la vida es casado
que no tiene tal bajeza
como en darme tu ya hija
si la pidiera tu padre
con sangre de mis venas
por firma otra segura
y un género medicina
pues la industria común es
como a niño que se cura
que si el mal no se aflija
suele sangrarse la madre
y ansí mataré al padre
para curar a la hija
pues el mal viene en ella
que al recaer en ti
traidor en mi cara a mi
Llevaranos el entendimiento de ella,
y probará Celtidauro
trufas o dígmelo a solas.
danle todos
Danle todos.
¡Qué océano más mayor,
mátale!
Muera, señor.
Vuelto fiera que se esconde.
Mátenle.
Hundid océanos,
que un traidor no tiene manos
para el leal que le defiende;
que un villano en poblado
saca la sangrienta espada,
tirano duque del Cayo,
dejando mi amor vengado.
Vanse tras él.
Que no le podáis matar.
A juntarnos, que recelo
que el cielo me quiere ver.
Escapose por los pies.
¡Ah, cobardes!
Nuestra fuerza,
poco importa si les falta
la razón.
Y nueva es.
Destreza, la cobardía.
Se consuma siempre así,
que nunca se podrá guardar
del enemigo agraviado.
Vanse, y salen Celín y Rosaura, cautivos.
Cristiana, ¿qué es lo que crees?
Yo, cristiana y española,
y de la pureza sola
que no te escandalices.
Dame, cristiana, ese nombre,
que a tanto bien se asome,
cuando mi enojo me asombre
y me quieres que me asombre.
Pues te da tanto consuelo
de cristiana el nombre y quieres
saber quién soy y qué quieres,
que sepas cómo me nombro;
en ciudad más insigne
que nuestra España celebra
por antigua y por famosa
en las armas y en las letras,
en Valencia, que es mi patria,
que el ser hija de Valencia
no es lisonja desatenta,
que aunque más no lo sea,
nacida de padres tales
que hidalguía de ascendencia.
No dejé nada al saco, oye,
porque la misma noche bajé,
y a Leonardo, tu padre,
yendo con él a una aldea
donde también, de estar tú,
por tu mal a ver las fiestas,
y al tiempo que amanecía,
cuando el mar con ondas crespas
ricas de plata produce
sobre menudas arenas,
nos salieron de emboscada
los moros de dos galeras,
a quien tu padre animoso
quiso hacer resistencia,
y al fin le costó la vida
y tú quedaste por presa,
donde he querido mil veces
de esta verdad darte cuentas.
No me atreví, a mi disgusto,
mas ya que sé que te alegras
de saber que eres cristiana,
te digo lo que deseas,
y te digo la verdad
de tus principios tramada,
porque por medios los fines
a quien eres se parezcan.
Los brazos te quiero dar
por tan venturosas nuevas,
y porque de ti recibo
mi nuevo ser y vida nueva,
dime cómo he de hablar
a Dios.
Como tú le quieras,
fácil le hallarás, que tiene
brazos y entrañas abiertas
para darte mil abrazos
y para recibirte en ellas.
De la deidad soberana
ten confianza que tengas
luz para ver sus misterios.
Y pues quita Dios la venda
que me ciega, he de abrazar.
Dios te ampare, en él espero.
Que sea de mi salvación.
A Dios te queda.
Vase Gerardo, sale Reluz y Celín.
¡Qué pasión de Amurates,
preso de amor de Celiana!
No sé quién a tal se anima.
Si su inclinación de ingrata,
pues si Amurates lo desea,
déjese en mí el hacer,
yo le mandaré poner
donde los dos se vean.
aquí tu Celima está.
Señor.
Y flor por la mañana,
de mi voluntad tirana,
pues vivo sin ella ya;
qué estrella, qué inclinación,
qué revuelta voluntad,
te obliga a tanta crueldad
en mi piadosa afición,
más que sirvo, aunque sin ley,
por no sentir tu olvido,
esclavo y favorecido
que ser despreciado y Rey.
Señor, con humildad tanta
desdices de tu grandeza.
No es bajeza tu belleza,
a mayor ser me levanta,
y puesto que tu rigor
me humilla y desprecia ansí,
ser despreciado de ti
tengo a grandeza mayor;
y por el valor, la ley
y en Rey tampoco se estima,
con justa razón, Belima,
apeteces un otro Rey.
Tú eres Rey, y no de hoy,
tu mucha majestad
no cuadra con mi humildad.
Pues mi corona te doy,
si para ser Reina quieres
pintarme tan amante,
Belima, desde el Levante
Reina de mis mujeres,
tuyo es todo mi tesoro,
todo renuncio en ti,
que por merecer un sí,
yo seré un humilde moro.
Mal fundas tu pretensión
con los que prevenidos vas,
que si tus Reinos me das
es llana tu perdición;
pues cuando yo Reina fuera
no era justo que estimara
a quien su ley le faltara,
y mil Reinos no tuviera.
¿Que ansí despreciarme quieres,
y que en esta crueldad das?
Mas siempre al que os quiere más
aborrecéis las mujeres.
Después que supo querer,
no estimo, Rey, tu grandeza,
que una villana nobleza
me da más gusto tener.
Sale Amurat general, y Feliciano cautivo.
Dadme esos pies.
También este perro intenta
hallar su gusto en mi afrenta, a fe.
Ase.
¿Pues te darás? ¿Atreves?
¿Cómo no me saltas tú
cuando a tus pies llego ya?
Vate por Dios, va cansado.
Verme volver vencedor,
antes me huelgo en extremo
de verte en esta ocasión.
Cielos, de Celima son
en cuyas llamas me quemo.
¿Es el cautivo español?
Y de un talle muy gallardo.
Si en no ofenderle cobarde,
es para ofenderle a él.
No llegará.
Sí soy,
aunque aquí no lo parezco.
A tu majestad ofrezco.
Yo a Celima le doy.
Yo lo sabré estimar.
¿Qué juego de pasapasa,
más manos y mesa pasa,
en qué tengo de parar?
Celin, tu suerte muda.
Ese valón dije, y toma.
Que el buen santo Mahoma.
Acaba, en qué pones duda.
Ser mi general deseo
que tu sangre ha merecido,
valor primero ha tenido,
el cargo que te doy.
Y sin duda no merezco,
señor, ser tu general,
de un diferente mal
y ansí en tu llama perezco.
En vínculo tan fuerte
¿pondrás a Amurates junto
de que esto te pregunto,
me tratas de aquesta suerte?
Ya está el alma en tu mano.
El Celin, ¿a qué le quieres?
¡Oh, tan riguroso eres
con quien fuiste tan humano!
Vase el Rey.
Nadie en esto me replique,
lo mando, y se haga luego.
Luego maten a don Diego.
Aunque el tirano te aplique
tiros, sin que a mí me tira,
y es muy buen acuerdo, y mira.
que quiera agradar un rey
con ofensa a quien él mira,
pues quiere con desfavores
verdugo de una a quien
darle vida aun es pasión,
que se engendra de temores.
Es desdén y rigor.
Yo le tomaré a mi cuenta;
no defiendo tu afrenta,
sino mi vida, señor.
Quien siente ansí desfavores,
y ansí se viene a quejar,
muy cerca está de estimar
del rigor de los favores.
Mas ¿sabes, Celín, acaso...
¿Por qué él no me trata ansí?
No me ha descubierto a mí
el secreto deste caso.
Esta es la causa, Celín,
de todo mi mal y pena,
esta es la voz de sirena
del archipiélago delfín,
que mi muerte y mi tormenta
juntas anunciando están,
y esta al fin por quien me dan
tal castigo y tal afrenta.
No te aflijas, no es bien,
ni tampoco el ir conmigo,
pues sabes que soy tu amigo
y el desearte tan bien.
Vanse Celín y Amurato.
Mas que de aquí mi prisión
no salgas, ni el cristiano
tenga deste lance mano.
Piadosos intentos son.
Si piadosa, que tengo amor
a quien más que él lo merece,
¿por qué rigor te parece
en mostrarle favor?
¡Oh pena cruel es amor!
Quien mereciera un favor...
Sácase una sortija.
Rosaura, para que impida...
Mas, ¡oh triste de mi mano!,
Pienso que a tu prisionero...
Que llevan un cristiano.
Saca Feliciano un lienzo, y al sacarlo y besándolo se le cae un escritorio español.
¡Oh términos cortesanos,
al cubrir así la mano!
Esto decía así sola,
y a darla a camarera,
tu grandeza provoca
que lo que a tu mano toca
no toque mano grosera.
A la nieve delicada
me ha parecido el blanco,
que más que el lienzo tu mano
merece ser llamada.
Pon la sortija en el dedo,
prendas le dé corazón
quien causa tal confusión.
¡Válgame Dios, qué miedo!
Podría venirlo a entender.
¿quién podrá ser merecedor
que tenga la ventura suya,
toque mano de mujer?
¿Y acaso vienes a enojarme
por tenerme tan villano,
pues dándonos una mano
y un lienzo, quite le damos?
Pónese la sortija y Zelima le toma la mano.
Derribar has querido
la fe que guardar procuro
de este lienzo o de un muro
que me ha de defender,
y como en pláticas has visto
que a manos acometer,
a saquear mi despojo,
hallaste la respuesta
con el silencio cubierta,
pues para ti este muro
es mi toca la amortajada,
mas la sortija pondré
y pondréle con mi mano,
qué enojo para que te afanes,
quizá me la cortará.
¡Ay, qué favor soberano!
Yo por él he recibido.
Aventurado cautivo.
¡Ay, desdichado cristiano!
Aquí mi gloria crece.
Aquí mi pena se aumenta.
Aquí comienza mi vida.
Aquí se acaba mi vida.
Y mi esperanza renace,
y mi prisión se acaba.
Que tu mano me enlace.
Que tu mano deshace.
¿Sabrásme querer, cristiano?
Pienso que no lo he de saber,
porque en mí nace el querer,
que el alma no está en la mano.
¿Eres muy firme en amar?
Soy de piedra.
Antes mejor,
que el eslabón de mi amor
centellas hará saltar
para que en el alma prendan.
De que abrasarán yo creo
la yesca de tu deseo,
mas no que la piedra enciendan.
Vencerá mi llanto y piedra
en lo que te has de ocupar.
En suspirar y llorar,
que en eso solo podré.
fio Ogero esclavo turco pícaro baño desengaño
Salgan Lupercio y Lamberto de camino.
Ciego estás, pues que no ves
que hemos perdido el camino,
aunque este soto vecino
tierra de mi padre es.
Y saliendo a caza aquel,
de sus gustos hace alarde,
tras de la liebre cobarde,
tras del corzo y jabalí;
esta senda que atraviesa
desde el valle hasta el collado,
sin duda que va a poblado.
Pienso que en esa dehesa
ha de haber dos caserías,
amparo de aquella sierra.
Bien te acuerdas de tu tierra,
donde pasaste tantos días.
Allí nos acogeremos,
tú, Lupercio, llegarás,
Vase.
Pues que tú me has de llamar.
Y yo en esta fuente fría
a donde cantar solía
me quedaré a suspirar
Salgan Leocato y otros con hábito de bandoleros.
En siendo nuestro vasallo
faltará al rigor el respeto.
No ay que tenelle respeto
después de atreverse a dallo.
Aunque todo me provoca
a suspirar y llorar,
solo me quiero quejar
oy de Rosaura loca.
¿No ves que a Rosaura nombra?
No nos conviene matalle.
Mas de amor pudo obligalle,
ni me admira ni me asombra.
Acometedle de noche,
abracadle luego d'él,
y atarle bien con él.
Que a un valiente y noble.
Y que tu imaginación,
que a tu misma condición
viles, más mal nacidos,
¿cómo cometéis trayción?
Sosiega el pecho y abaja,
lleno de resistencia,
una piedad te mueva
a dejarte la mano.
¿No ves que es trato villano?
Matarme deshumano.
Ata bien d'él nudo firme,
que nos sirva cortesano.
Cuando vea ya que muera,
a quien honra ni vigor,
muestra tan poco valor.
¿No sería hazaña
a alguien más asaltear?
Solo estaba desarmado,
mas que uno me ha acometido,
porque os dieron espanto.
Me escaparía una vez.
Generosos y valerosos pues,
por libraros dese miedo,
¿eran buen trato os digo?
Acaba bien que es tarde,
y luego al monte huiremos.
Vanse y déjanle atado.
Mayores son los estremos
que el rigor que me an mostrado,
gran cobardía me amenaza.
Primero aquí me ha de ver,
encubrirme y nunca ser
la más saludable cosa.
Y adentro ruido de caballos, salga Noque y Lupercio con su espada desnuda.
Noto que mal he pensado.
Desta casa a que he venido,
pues lloros que he vertido,
contra mí se vuelve airado,
y a ti para librarme dél,
hoy en el rigor que tengo.
Sale Arnesto como bandolero.
En zaga que sigo un tesoro,
basta ponerme en recelo.
¿Quién me habla de aquesta suerte?
Quien en tu casa calló,
y en el campo te buscó
para solo darte muerte,
y aunque, señor, nos demore.
¿No es mi padre? ¿Qué es aquesto?
¿Conoces que soy Arnesto?
Y que eres traidor sabemos.
No es traición, Duque, aguardar
un hombre noble y honrado
al que lo tiene agraviado
para poderse vengar,
cuanto y más que, pues te doy
lugar para defenderte,
riéndome de tu fuerza,
en nada traidor te soy.
Si fuera noble tu pecho,
como publicas aquí,
la satisfacción que di
te desengañará, fiero;
mas pues de nuevo me culpas
porque a tu padre maté,
cúlpome, a mí pues llegué
a darte tanta disculpa;
y al fin seré un villano
si mis canas no respetas.
Manos que están sujetas...
Danse.
Morirás.
Eres tirano.
No, sino estoy enojado.
Y no de ti vengado quedo,
ya de ti rendido quedo,
que el pecho me has pasado.
Ven, y en mi corazón,
porque con descarnizado
queréis a Dios ofender.
Quedad a Dios, que me parto,
porque a Dios pido perdón.
Vase Arnesto y cae el Duque en tierra.
Ven, ¡oh muerte!, que a tu corte
tributo que quiero pagar.
¿Que no pueda yo arrancar
con mis brazos este roble?
¿Qué voces son las que formo?
Que el alma se deja en calma.
Son de quien siente en el alma,
¿quién siente mi mal rigoroso?
Yo, tu hijo desdichado.
Hijo mío.
Padre amado.
¿Quién te tiene, hijo, ansí?
Un desdichado y traidor
que me ha atado mis brazos.
Yo te quitaré esos lazos,
mas no, que ya el dolor,
fáltame el aliento y fuerzas
para llegar a abrazarte,
y aun pienso que para hablarte
el ser tu padre me esfuerza.
Dos hombres me saltearon
y a un pino me condujeron,
y a avisar a Arráez fueron,
y entre tanto aquí me ataron.
Sale Rosaura como aldeana con un cántaro.
¿Cuándo has de dejar, fortuna,
que llegue a ver un contento,
o cuándo en darme tormento
no serás tan importuna?
Ya el dolor mío, que ha tanto,
voy perdiendo el sentido.
¿Qué voces son las que oigo
de tal tristeza y espanto?
¡Ah, mujer!
Un hombre atado
y otro hombre muerto en el suelo.
¿Eres ángel que de Dios
para aliviarme has bajado?
¡Oh espectáculo tan triste!
Yo me voy.
Mujer, espera.
Tal cosa a uno que viviera...
En ti mi vida consiste,
ven y estos brazos desata,
y atarás el alma luego,
que esto solo te ruego,
a tu voluntad me ata.
Mira allí a mi padre muerto,
y a mí atado, sin poder
llegarle a favorecer.
¡Ay, que a moverme no acierto!
Acaba, aldeana hermosa.
Jesús, ¿qué quieres?
¿Qué importa
saber quién somos? aparta
de razones, piadosa.
¡Jesús, qué nudos tan fuertes!
Más lo es que tardas
desatarle.
Libre estás.
¿Conocéis claro esta sierra?
Aún a pagarte daré
de mi lealtad los abrazos.
Dame, hijo, aquestos brazos,
que en ellos descansaré,
mi padre, y quiero llegar
solo a quien de tenerme.
Hija, ya a consumirme
muero, me podrá matar,
¡ay de mí!, mal me esperáis.
Que no es mujer, que es infierno
en sí misma.
Ay de mí.
Muero, ay.
Tan muerto muero.
Cae Rosaura del un brazo de Lamberto, cayendo su padre sobre el otro.
Las balanzas de mi amor
con igual peso de dos,
porque igual es mi deseo,
esta pena de un padre
que en efeto me engendró,
y tan junta está amada,
y el dolor tan ajustado
que en el fiel han quedado
las balanzas de mi vida.
Sin duda se habrá dormido.
Sale Lupercio.
La ocasión los detiene,
y ¿no es Lupercio el que allí viene?
¿Qué es lo que le suspende así?
Ven, Lupercio, llega, ve.
¿Es tu padre?
Ay, mi dolor.
Di, ¿quién le ha muerto?
Entra y ve.
¡Por Dios, que me espanto!
Toma esta agua luego,
que el olor de mayor pena.
Pon a oler a la aldeana
otra, que a tu mando allego,
que grande premio se llama.
Pon de esta agua en su lugar.
Y a mí me puedes dar
dos.
Con ella se anima.
Pues que ánimo dio y tiene
amor, padre, a nuestro amor,
por que el dolor desechemos,
que el remediar conviene.
Vamos, hijo.
Y tú, mujer,
ya que has gozado
de la vida que te he dado,
a pagarme has de volver.
Vanse y queda Rosaura
Arnelto, Lescato y esclavos con Bandoleros.
Aquí el viejo queda atado.
Y el duque que queda aquí muerto.
Fuéronse los que querían.
Solo ves una mujer.
Ya que los libro
de muerte.
A mujer.
Yo soy su señor.
No temas, que mal te hago.
Qué es este Arnelto, sospecho.
Habla.
Callar es mejor.
Ya se excusan desbaratos
con las razones que escucho.
Me turba el alma, y no es mucho
que te turbe aquel que mata
que le vio en sombra.
¿Qué he de hacer ahora?
¡Quiera tu deidad, oh Dios!
Y adónde vas, cautivo?
A mi dueño busco y sigo.
¿A quién?
Lamberto se llamaba.
Movida de compasión
llegué a desatallo al punto.
¿Y estaba el padre difunto?
No sé, que en esta ocasión
turbada me desmayé
y dejarme desmayada.
Y fuéronse.
Bien pagada
la ventura fue.
Perdóname a mí, señor.
No tengas miedo, que ha sido
rémora que has detenido,
la nave de mi rigor,
que quise bien a una mujer.
No te cause envidia verla,
que a el mismo sol da a conocer
luz, claridad, nombre y ser.
Mas después que con violencia
Rosaura quiso arrojarme
de su lado y quitarme,
tuve amorosa apariencia
grande voluntad.
Perfetas.
Pues y aunque me has de matar,
y que me taches de olvidar,
que ella a muchas se sujeta.
Entra Julio embozado.
Muy buenas palabras gastas,
estas tus prendas bastas.
¿Adónde vas?
Señor, a esconder
el rostro, hallando resguardo.
Aguardad, bella aldeana,
no mostréis tanto rigor.
Yo os hablo poco, señor,
como no soy cortesana.
Aguardad.
¡Que me dejéis!
Quedaos con Dios.
Id, que el corazón mío
se va a los rastros de vos.
Vanse Rosaura y Julio.
Parece que te ha picado.
A mi agrado, lo de fuerza,
que ha parecido la muerte
de la vida que me ha dado.
Pues ¿qué, de verla rara?
Con dos caras quedo.
Rosaura me ha parecido,
solo falta en la cara,
no vi mujer tan igual.
Ven, que aquí el retrato tengo.
Pues si a pensarlo vengo,
que es ella el original.
Quiero seguirla.
Señor.
Déjame, loco, que voy.
Mira que la bella se aleja,
después la verás mejor.
Sepamos del duque si es muerto,
que el duque es vivo has de ver.
Llego yo a echar de ver,
en el oírle y en hablarle.
Vanse y sale Feliciano.
Por este prado ameno,
entre estas bellas plantas,
se sale a descansar mi pensamiento,
que de mi bien ajeno
mis lágrimas son tantas
que de este río la corriente aumento;
provoco a sentimiento
las plantas verdes, y la peña parda,
que lo insensible siente
quejas del alma ausente,
dolor continuo a quien remedio tarda,
y acciones de fortuna,
ligera en bien, y en males importuna.
Salgan Bernardo viejo caballero y el mozo, cargados de leña, y un moro dándoles.
No seas tan inhumano.
Ande el perro.
El suelo toco.
Vete, señor, poco a poco;
¡qué tal crueldad de tirano!
No puede el perro llevar.
La carga que el moro lleva,
si no me das fuerzas nuevas,
mal la podré sustentar,
que ya me voy cansando,
y aun llévame a mí, no que él,
porque a mis fuerzas excede
esta carga tan pesada.
no traes mala carga, viejo.
Yo de mi vida me quejo,
habiendo de ir a la carga.
Aun con mi cruz vengo,
llevará el viejo los dos,
dejad ese costal vos.
Caya debajo ambos costales.
Espera, moro insolente,
que te muevan a piedad,
pues eres tan inhumano
que aun de sus canas te ufanas,
dejándolos así fríos.
No importa, espera, señor.
Que a unos y otros castigo.
la crueldad tuya me mueve,
que en mí no causa temor.
Castigaré tu locura.
No es un hombre quien te trata,
un bravo león de España,
que amansa la calentura.
Sale Celima sola.
¿Qué maldad obráis aquí?
Yo haré que a los dos os queme.
Que a un hombre viejo como este
¿Un hombre tratáis ansí?
Un fementido cruel,
no dirás que es una hazaña.
Que el costal no levanta.
Llevad este vos por él,
que no te compadeces
de ver estas blancas canas,
que me, aunque no soy cristiana,
la compasión me ha movido.
Yo los quiero descargar
y llevar por los rescates.
Porque mal no trates,
tú el costal has de llevar
a casa cargado luego.
Yo haré en todo tu gusto.
El tratarlos es muy justo.
Yo de tu rigor reniego.
Cárgale el costal al moro, y vase.
Ya no os harán mal, cristianos,
ya el castigo se acaba.
Siempre los he de sufrir
solamente por hallaros.
Tened en Dios confianza.
Que a su tiempo ha de venir,
pues pudiera yo revivir
no teniendo ya esperanza,
de quien eres no te olvides.
Vamos, cristianos, en buen hora.
Vanse y quedan Feliciano y Celima
Esta es muy buena ocasión
para darle este papel,
pues pide a Amurato en él
libertad de su prisión.
Cristiano, ¿qué queréis vos?
¿No me llegáis a hablar?
Quisiera me rescatar
y acompañar a los dos.
¿Qué os aflige?
Un pensamiento
que el alma lleva tras sí.
Y a quien lo causa así
menor fuera mi tormento.
Mucho tiene, que es de amor.
¿A quien la flecha dorada
no hiere, mata tocada
con la queja de un favor?
¿Me habéis venido a quejar?
Un favor a lo que es dar
resta libre y no obligado.
Bien se ha sabido escapar.
Pregunto de un favor:
y al que quiere más
no se llame el menor
siempre que favor merece
al mayor está obligado.
Confiésolo,
pues ya sé
cuando previene un desdén,
por ti en perpetuo cuidado,
mira no llegue a hablar
a Amurato de plano,
responde, sé cristiano,
pues de verlos indicios das.
De que sospechas advierte
y aun lo que merece,
que cuando ausentarme se ofrezca,
no es mucho que en nada acierte,
no es mucho que parezca
por ti.
Lo estimaré.
Que no quiero recibir
los favores de esta suerte.
Porque quien padece más
y de un favor de tu mano
que es tuyo, sultán tirano.
Pues aun esperanzas no das,
quien os ha de compadecer.
Toma, lee este papel,
que Amurato dice en él
lo que padece y te ofrece.
Baste siquiera un favor
que si él te hace, es por mí,
prometo de hacer por ti
el importe mayor.
Rompe el papel.
Muestra, que papeles tales...
Leales y de Tetuane,
que un vil cristiano advierte
si al punto no te sales
de acá escondida
de haberme atrevido así,
haré, traidor, que no vivas
y te quite la infame vida.
Mira.
Vete de aquí, loco,
y no me repliques más.
Vive Alá, no aguardarás,
que has estimado en tan poco.
Huyendo de mi furia. Vase.
Que me vences, yo me iré.
Qué cuenta ha pasado así,
¿y en mí del amor fui?
Oh, qué justo castigo es, Dios,
que incendios desde ver qué ha sido
ven a encender más mi pecho,
mira que mi pena es mucha.
Salen Celin, moro, y Ricardo, cristiano; retrato y Sabino, criado.
En mis jardines, Celin,
¿qué es lo que buscando vas?
Damos aquí vueltas.
Di de tu venida el fin.
Acompañé a este cristiano.
Que un cautivo va a buscar,
pues que le quiere rescatar.
Ah, señora.
¿Es cortesano?
Sí es.
¿Qué talle es de hombre?
Él es un cristiano que es
muy más galán que he vio,
y Feliciano es su nombre.
Dale el retrato.
Qué hermoso rostro que tiene,
cielos, ¿no es este mi hermano?
Qué galán su talle y raro,
guardarme con él conviene.
¿Oh, días habéisle buscado?
Todo lo he reconocido,
y tal nombre nunca le he oído,
ni tal cautivo he hallado.
¿Es casado?
No, señora.
Nunca lo fue.
Gran ventura.
Él su amor asegura,
aunque por casarse llora.
¿Vive la dama?
No sé.
Que murió, o que vivirá,
que de ella no goza,
no pasará de mi fe.
Cristianos, que en buenas
horas seáis aquí.
Y pues es de mí
cuenta de parar un hora
hasta que a la errada y rota
flota abren escala o calle
y prevén de un bajel,
a España vayan, y con ella
parte luego.
De cuidado
con esa merced, señora,
me partiré luego a España.
Y a mí, mi señor amado,
darás, señora, licencia
para que me quede aquí
con él.
Haz que se parta al momento
y prevén de armas largas
y de todo aquesto descargo.
Cumpliré tu mandamiento.
A mis esclavas ve a buscar
y hacer que el carro se ensille
porque a mí mejor se talle
del que llega de ganar.
Esta es muy buena ocasión
para valer a Aminato.
Ya sé que me ha de convenir.
¿Por dónde?
En este bajel.
En todo iré a tu sujeto
aunque a Aminato has de hallar
vago.
Entrase Rey.
Desde aquí quiero escuchar
si descubre algún secreto.
Bosque, a quien mi fin sujeto,
dejadme ver su retrato;
mirad que seréis ingrato
si a quien sois disimuláis.
Cautivo que en bosques plantéis,
con esas sombras cubierto,
os hace divina imagen cierta
de quien adoro y me advierte.
Que adora, dice Celima,
¿y la aborrece Ayalán?
Muy tiernos recatarán
si tanto el pecho lastima.
Pues tu dueño, siendo noble,
crudo y grave de mi afecto,
da indicios de ser villano,
y en crueldad huye de mi, roble;
si alcanzo de amor la palma,
aunque cueste caro el fruto,
aguardaré su tributo
pues que le llevo en el alma.
¡Válgate!
¿Qué es lo que escucho? ¡Ay de mí!
¿Qué es aquesto, cielos santos?
¿Una mujer a tantos?
¡Y un Rey pueda tan poco!
si a una dama el bravear
y a unos damos de guardar
a quien la habéis de velar
de noche y de caballero.
Vasen.
Sale Amurato con cadena.
Un ponzoñoso mal del alma dueño,
bravísima lengua de enemigo,
apasionado juez, falso testigo
de su vana razón y a sí mismo altivo.
Vaso de ponzoñoso veredicto,
enemigo con máscara de amigo,
rico de penas y de fe mendigo,
pueblo contra su gusto, ansí fatigo.
Carcoma de la vida y del contento,
hidrópico que busca por su daño
su misma muerte, de quien es sediento;
sombra de la verdad, luz del engaño,
verdugo que a sí mismo da tormento.
Sale Feliciano.
De entenderte, amor, no saco
necia mente reparando,
que de jarcías y coronas
nace un esclavo.
Cristiano.
¿Es Amurato?
Un preso afligido
que agrupa de mi dolor
agravios de un pecho ingrato.
¿Recibió, tranza, Celima
por ventura mi papel?
Dilo, porque fue crüel.
¿Rompióle o quiso rompelle?
No entendiendo que era tuyo,
sin decirle, como digo,
mi ignorancia vino a dálle.
Mas paréceme a ver mi favor
que quieres burlar de tu mano.
¿Y qué nuevos, favor gano
si es tan tirana a mi amor?
¿Celima me favorece?
Solo la razón que hase
el valor que en ti nace.
¿Y mi firmeza agradece?
ansí engañarle conviene
por ver si puedo librarme
del amor de hecho a hallarme
que el alivio de Celín viene.
Pondré mi boca en tus pies
por tal amistad, cristiano.
Vase.
Engañándole me gano
de engaño grande e interés.
Sale Bernardo cautivo.
Libertad, muy mal os trato;
a tal tiempo habéis venido,
que casi os habéis corrido
de ver que os soy tan ingrato.
Pues fiades la verdad,
me pesa de libertarme,
si a Celima he de dejar.
Perdonadme, libertad,
aunque pues ya está despierta,
cierta sea mi partida,
que el alguacil de la vida
está llamando a mi puerta;
y has de creer que esta dama,
que es hija de Leonardo,
y que el español gallardo
de la nación valenciana,
que me quiere Celima,
con esto a cumplir me animo
descubrirán aquí
el nombre oculto del alma.
¡Ah, la ampare
cielo santo!
¿Qué es lo que escuchando estoy?
De España me parto y voy
navegando por mi llanto.
Vase
Celima es mi hermana, cielos;
ya es fuerza admitir su amor,
vence en mi ardor un furor
y, al contrario, a los
celos da con ofendida;
ni es ave humana a soltarse,
pues me conviene guardarte,
siendo mi honra la tuya,
como hermano. La hallaré,
por no es camino sano
que quieras pasar su hermano,
y a su cuñado seré.
Mas pues tanta afición ha,
y tanto amarme ha mostrado,
amostrarme enamorado
para librarla conviene;
su balcón rondaré,
solicitaré su puerta,
y cuando las halle abiertas,
al asomo me asomaré.
Vase y sale Celima a la ventana
Siendo primera en amar,
con alas de mi querer,
vuelo también para ser
la primera en esperar.
Sale Roque y Celín de ronda
Solo has venido conmigo
para que mi agravio creas,
a que de cerca los veas
la acción de mi enemiga.
En notable confusión
te has metido a Amurato.
Retirémonos un rato
hasta que salga el galán.
Entra Amurato.
Que en este valle me aguarda
dijo Celin; no la veo,
si no es que con el deseo
me parece que se tarda.
Al alivio de mis penas
en gloria vengo a gozar,
pues se han podido trocar
en libertad mis cadenas.
Ya el galán está en el puesto.
Entra Feliciano.
¡Oh de tu puerta y ventana!
Seré tu galán, hermana.
Ya mi esclavo vendrá presto,
pero no es mi bien aquél.
Ah, Celin, ¿no entendiste?
¿Tardéme?
No, que viniste
a muy buen tiempo.
¿A quién
llama, que me mostraré?
¡Oh, insolente don galán!
Porque burlando te están
Mi bien, perdóname.
Vete,
no quieras darme disculpas.
Que reconozco, por Dios,
lo ordinario de mis culpas.
¿Como preso es Amurato?
Después de asegurar
a quien le tiene en prisión,
el aya de un pecho ingrato.
Seguro se podría
perdonar a ti.
Aquesto viene agora a que...
A que es ciego.
¡Oh, gloria mía!
Del corazón cautiva,
tanto me cautiva, honrada,
como el desdén que me allana
mi rendida voluntad;
pues ya ha llegado al cabo
el que ha de ser merecido
por señor del más rendido.
El nombre deja de esclavo.
De mis sentidos eres
por justo dueño y ley,
quiero te llame rey.
Que a los reyes me prefieres,
y nuevo rey soberano.
Por Alá, que ha de matarme,
de traiciones he de vengarme,
que con quien habla es mi hermana.
Gente suena.
Vete luego.
Vuelve a verme mañana
o en la ventana.
Entrase Celima.
con que se aumente mi fuego
¿quién va, qué siente, quién es?
más mal hay, si respondemos.
no responde, ¿quién sois vos?
llegad y conocedme pues.
si sois moros cautivos,
¿su nombre nos diréis?
¿no ves que es nombre de fuego
y podrá quemarte vivo?
¡Muera el rey!
sino
demonio parece,
que muera el caballero.
Vanse, y pónese a su lado Feliciano.
¡Tente, aleve!
el rey soy yo.
no os alteréis,
que con esto huyeron,
sin duda me conocieron.
de ti debieron de huir.
ya que quiero saber
quién eres y qué haces
en este puerto, si venías
a asaltar a algún amigo.
Contento, si bien turbado,
estoy de haber conocido
quién eres, ya había creído
que oí tu voz, asegurado.
¿quién eres?
soy tu cautivo.
dame esos brazos, cristiano.
Eclipsan, soberano,
luces de la patria hoy,
el día has de excusar,
mas mayor refugio
yo gano en tus pies,
y no he de poderla hallar.
que aún mejor has a salirte.
ven que te quiero contar
las fatigas que pasé.
Vanse, y sale un pastor.
Sustente el cortesano
su vana esperanza
en la soberbia corte lisonjera;
llegue a besar la mano,
al injusto señor que hace fieros,
yo con mi cayado
contento estoy rigiendo mi ganado.
Lamberto de campo con gaván.
Huyendo vengo estos valles
de aquellos ojos que vi,
y así cual ciervo salí
a buscar remedio hoy,
pero allí estaba aldeano,
trocar quiero el vestido,
porque, sin ser conocido,
nuevas esperanzas gano,
amigos, que Dios os guarde.
Dios le mantenga.
¿Queréis trocarme, con favor?
No te me lleves.
Soy muy cobarde.
¿Qué me dirán de que un patán,
de mi sombrero y capa,
se hayan mal cosido
a la redonda montera?
truecan
¡Qué mala gana os lo di!
Porque para bien o mal,
ya me envuelvo en la capa,
y aunque ya advierto la cruz,
de la notable ventaja
me temo que me suceda
que, al quitarme de sedas,
el vestido sea mortajas.
Vete a tu señora, en buen hora.
O un mejor adivinar,
mi sayo quisiera amar;
Filena, si me viera agora
con este mi nuevo vestido,
dudo que me conociera
de un cualquier de los señores,
que estoy tan parecido.
Vase el pastor y entra Ricardo
Señor, ¿qué nuevo vellizo
es ese, o qué hábito?
La novedad del viaje
este traje me ha vestido;
en amorosas brasas, en suma,
cual fénix me encendí,
y abrasado renací,
con nuevas plumas.
Vete, Ricardo, al lugar.
Yo he de quedarme aquí
a preguntar por ti.
Vase Ricardo
Dirás que me quedo a holgar,
con un grande amigo mío,
que dentro de pocos días,
gozando selvas y armas,
siguiendo un fiero ciervo...
por esta umbrosa espesura,
no me he de cansar de buscar,
hasta llegar a gozar
la gloria de su hermosura.
Salen Alberto y Montano aldeanos
¡Síguelos, seguidlos!
¿Eso llamas?
Tras de ellos corriendo fui,
mas de miedo me volví.
Huyendo van los villanos.
¡Ay, mi Julio, Limpo y Gil!
Se alcanzan, pelean,
que por eso ahí quedan.
Y yo a un agujero vil.
A estos quiero preguntar,
saber lo que ha sucedido.
Salen huyendo Limpo y Gil
¡Huye, Gil!
Si voy herido,
¿cómo quieres que pueda andar?
¡Qué queja siento!
o mas brioso
véncela el enemigo
muerto vengo olimpo amigo
ve a buscarme al Cura luego
a Jil y olimpo no ves
Jil te desmayas leñon
olimpo!
Jil conficion
está durmiendo q crees
ha olimpo
eres Alberto?
ven q Jil se está muriendo
Q confusión estoy oyendo?
quien Jil lamis te a muerto?
Sale Julio corriendo con un bulto
pese a mí con vuestra huida
A los dos he prendido
O Julio vienes herido
milagros q vivo con vida
Jil se muere
callad vos
que es decidme quien le girio
un arcabuz me paso
de parte a parte
por dios
q calle q me llega al alma
Jil miedo tenéis destas
como miedo
prometo
essa huida q sacarlo.
en el vientre viendo el bulto
no hallo tal
un lago ha hecho
es q tu miedo te hace
Y que fue sin el sano
Conozco que no por Dios
que es esso Jil?
no se muera
si escondidos no tuviera
tras de una ruina asordo
q me ampara como alocan
y q formaron verdad
q el hombre se acobarda
viendo a ese fiero tirano
y ella q es tierna mujer
es fácil q si no quisiera
llevar se la no pudiera
mas rendida a su poder
y al fin se fue sin esperanza
mas que nunca vuelva
ansi
Yo quiero salir de aquí
sobre el caso
habrá una lanza
muera aquel fiero Ladrón
Ladrón?
Volvéis a ver
si ha quedado a camino
que robar
O mal Ladrón
llevádmele bien atado
decid por q me prendéis?
más allá lo sabréis
después q os hayan ahorcado
Si queréis ver al alcalde,
y más pellizcos que os den.
Con tal que me des...
Os ahorcará este rayo.
Ea, id y no os detengáis.
A mí no me pedís.
Mas venís que decís?
Pues vos sabéis quién...
No me tratéis desta suerte.
Vamos, vamos a la aldea,
y por que justicia vea,
el que le ha de dar la muerte.
A él le diréis la verdad.
Pues, hijo, callad, os digo.
Ay de vosotros,
acudid y caminad.
Vanse, sale Arnaldo con pastor con una daga desnuda y Rosaura huyendo del.
Detén tu furor un poco.
Pues un rústico osado
hame convertido en villano,
tu proceder vano y loco,
que te tengo de matar,
y a los dos he de llevar,
Si gustare de morir,
si en morir te he de agradar,
y me he admirado de ver,
que siendo yo una aldeana,
me tengas por cortesana.
Por un noble mayor,
pues rinde al campo animado
supuesto que es noble,
no te precies de ser roble,
dame el gusto que te ruego,
no dejes que te haga fuerzas.
Hace la fuerza.
Si por darte mi razón,
el peso de tu afición,
no podía hacer cometer yerros?
Entran los aldeanos con Lamberto atado.
Cerca estamos de la aldea.
Tú una villana, como
si a la luna a mí asomo.
Muere.
Que cantas...
tu repugnancia.
A pastores,
valedme.
Qué es eso?
Volved, veréis el ladrón
que a honrado señores...
Entran Leocadio y otro.
Acudimos a tu voz,
quieres ayuda?
Justicia de recabdo...
Esperanza, no conocéis?
Sois vosotros, huyamos.
Traidor, de lo que ofendéis.
Esa sombra que ofendéis.
Huye Julio.
Vamos.
Vamos.
Vanse los aldeanos y queda Lamberto atado y Rosaura.
Esta es mía, loca, no te asuste.
Déjame.
Suéltala, infame.
Ya satisfacción he de darte
la vida que tú me diste.
Dalle.
Moriréis, traidores, todos,
que este acero acabará
tu vida, fiera y avara,
cuanto emprendes por mi lado.
Huyed de esta bestia brava.
No le matáis.
Un traidor
jamás sale vencedor.
Mételos a palos y vuelve a salir Lamberto con una herida en la frente.
¿Crees que el cielo me guardaba?
Por Dios, villanos, huid,
que bien habéis menester,
volved por la mujer,
cobardes, volved, venid.
¿Qué es lo que he llegado a ver?
¿Cómo te pudieron herir?
Quisiéronme puerta abrir
y dónde pasara esconder,
pero ¿qué estás contemplando
en mí, de alhajas pobreza?
Contemplándote agora,
si bien me voy acordando,
vi un día un cortesano
a quien tú mucho pareces.
Bien me habrás visto por ahí,
pero si en un fustán llano,
aunque desde que te vi
con el imán de esos lazos
mi corazón y los pasos
llevas de mi amor así,
eres norte en quien se ceba,
como en un grado de palma,
y un primer móvil del alma,
no sé qué me embeleca,
que el haberme yo rendido
y ofrecerte el alma yo,
justa causa me movió,
tú mis males causa has sido,
pues de cuanto el cielo abarca
lo más perfeto hiciste,
y esa lengua que aprendiste
entre el cayado y la abarca.
Créeme que agradecida
estoy del bien que me has hecho
y en fe la mano y el pecho
quiero apretarte, aguerrida.
Con muestras de amor tan claras
y con fe tan verdadera
mil vidas, si Dios me diera,
porque tú me las curaras.
Sale Julio solo a deshora.
A ver qué esperanza tengo,
por ver si se ofrece grato.
Ya por bien él se fatiga.
Antes mucho gusto tengo.
Podéis llegar sin temor,
Esperanza.
Julio, amigo,
pues soy libre
y su enemigo.
Huid por este postigo.
Llevadnos, Julio, a la aldea.
Seguidme.
Esperanza, vamos.
Vamos, que si allá llegamos,
yo haré que quien soy se crea.
Y yo me podré ahorcar,
pues ya me has puesto al oído
que el demonio se ha traído
y el demonio te hizo atar.
Fin de la segunda jornada.
Salgan Feliciano, y Laubino, y Celindo.
De gran temeridad
mírame, Amor, y repara
que primero das la cara
del solio de tu deidad.
A ti mi fidelidad,
por secreta información,
y crees de falsa invención,
y borras libre verdad.
Comienza en él a leer,
que el primer renglón empieza
con títulos de firmeza
y no de fácil mujer.
Bien con eso reparas
el haberme a mí mostrado
que eres espejo quebrado
que representa mil caras.
Pero sin causa me admira
lo que escribe un francés,
que nombres puestos al revés,
véelos, que, si quieres, mira.
Si la cábala e invención
a Amurato probó
figuradamente ansí
que encierran tu opinión,
¿por qué me quieres negar...?
¿La libranza de tus culpas?
Que no os admita disculpas.
¿Para qué las quieres dar?
De rodillas.
Si por querer a otra amar
estás sordo a mi querella,
menos a mí que a ella,
y mi justicia verás
a Celin en general.
Le pedí que te buscara,
te avisara e hiciera
ir a hablarme a la ventana,
estando yo temerosa
de la afrenta de mi casa,
porque a veces en la calle
son lazos de fieras guardas.
Si él a Murato quitó,
la oscura noche fue causa
de que le hablara por ti.
Pues el alma contigo se halla,
yo escondo, cruel, el rostro.
¿Por qué, ocasión, me maltratas
cuando a tus pies de rodillas
te doy disculpas tan bastas?
Entran el Rey y Celin.
¿Dejaste libre a Murato?
Ya está libre.
Espera, aguarda.
¿Qué es lo que miran mis ojos?
Los ojos, levanta.
Levantar.
Ya entiendo la ocasión,
y ha de ser el infame causa
de que tire a Murato.
Ansí los ojos engañan
a quien los enojos
ya se oponen a estas borrascas.
Abrácense, que me amas.
Sale a abrazar.
¿Pues no me abrazas?
Porque celosos enojos
Tan presto no se me pasan.
¿No te acercas de mí?
¿Quién de vos se aguarda?
Ansí de acordar hacer
fiscal de que trasmañana
para qué tienen de hacerse?
De quien viene a mí nunca engaña.
Mi amor sois noble,
y mi condición villana
no conforma con la tuya.
Saca un retrato.
Ansí estáis ya airada
de quien eres, no era mucho
que te cansaras, pasaran.
Y conoces este retrato,
y conoces que te llama.
Que no, que
Y pues Valencia es tu patria,
no me niegues la verdad.
Y si tu ley te ha de dar
cristianos y cristianos,
advierte que fui cristiana.
Y porque cuando no lo fuera,
y hermosura muy entera
parti dejara deserto,
llévame contigo a España,
no para ser tu mujer
sino para ser tu esclava.
Cielos, ¿qué es lo que miro?
Ea, señor, ¿qué reparas?
¿Esta afición no os trujo?
¿Esta voluntad no pagas?
Líbrate desta manera,
y después queda Rosaura,
que la voluntad no es río
que no vuelva atrás sus aguas.
Por ti abrazaré a Celima.
Y yo a mi cautivo me abrazo
y agradezco el favor.
Abrázanse.
Otra mujer es.
¡Ay hermana!
Yo te tengo por esclava.
Llega el Rey y entra Amurato y vélos abrazados.
¿Quién vio desvergüenza tanta,
y la paciencia...
¡Ay de mi vida!
¿Cielos, que Celima abraza
a su cautivo?
Villanos,
¿qué es esto?
De ver desdichas estrañas.
Muy ciego quieres a tu esclavo,
y él se me muestra traidor
de engañarnos desta suerte,
y tú cautelosa dama,
pues que me sacas de tino
que dejas y tomas la casa
de este con mudos pasos,
mudos lances que os alcanzan.
¿No me respondéis, no habláis?
¿Habréis perdido la habla
de veros en mi presencia
cogidos en locura tanta?
Cielos, agravio y celos,
y Celima tan turbada.
Notable desdicha espero.
Beso vuestras reales plantas,
señor, por tanta merced,
que al fin quien os sirve alcanza
y libertad.
A muy buen tiempo
has venido.
¿Qué me mandas?
Pues has visto las caricias
que me enojan, pues las hallo
abrazada con su esclavo
a Celima.
Espera, aguarda.
Quiero que a mí me acompañes
en matar a un atrevido,
siendo tú la causa de ella.
A Celín, sin tardanza,
a ese cristiano.
Mal haya
amor que tan caro cuestas,
ya dijeron que cuestas caro,
ahora manda que a mí
me despeñen de la más alta
almena.
Y a aquel perro,
a la afrenta de marcas,
por el mentir apercibo.
Justa pena, justo pago
de quien quiso aquí venir
estando libre en España.
Vayan los presos.
A fe,
en que si tornas allá,
no logras, mi señor,
grata venganza.
Calla
y ten paciencia, Laubino.
Vanse Celín, Felipe y Laubino.
Señor, tu piedad es tanta
que espero has de perdonar
a Celima.
Traidor, calla.
Si darme justas pretendes,
tu necia razón me ataja
de lo que animar pudiera
el rigor de aquesta ofensa.
Vase el Rey.
Que al fin, mi Celima hermosa,
la principal parte de esto
tú eres, la misma causaste
de recelarme de tus ruegos,
mira si te quejas mía,
a tu Celima, a tu fama
que me mandaste aliviara
de la prisión, a la vista,
cielos, de un error la hermosura,
la gloria de tus promesas
a impulsos de tus palabras,
inconstante no te acuerdas,
pues sin duda lo quisiste
porque sufriesen a mi pena
de robarme el bien y esperanza
y negarme tu presencia.
Buen remedio hallo en ti,
cuando por tu causa llega
a estar mi vida en temor,
casi en la muerte la afrenta.
Bien pagas el amarte,
bien cobras a quien desprecias,
un rey por favorecerte
y por estimar tus prendas,
pero al fin todos los hombres
sois inconstantes veletas,
que a cualquier viento que pasa
dais de parecer mil vueltas.
Años que en tu misma corte
en mi balcón...
Cuando ciega...
¿No me envías a decir
que tú viste el responder
con el Agá?
Así es verdad.
Pues si gustas y contentas,
te envío con mi esclavo
mil abrazos, porque aflo-
je de su enojo a mí,
y a las otras guardas
y fingidas olviden su celo.
¿Qué es lo que oigo, Cielos?
A mí, y a vos, me hace
a mí infame e imprudente lengua,
que a un ángel pude ofender;
si es posible que le ofenda,
deja, Celinda, que ponga
mi boca en tus pies, y oiga
el rigor de aquesta ofensa,
castigo que vivo en tu prisión.
Basta, Amurates, levántate,
ya no dudo de tu amor.
¿Qué vas a hacer de mí? ¿Qué esperas?
Que tratemos de librarnos
y que te vayas hoy conmigo,
pues la ocasión es perfeta;
pásate conmigo a España,
si no es que cuidas que acá
por amor me tienes
y que conmigo no aciertas.
Pues ¿tan villano me juzgas,
que he de faltar, aunque sepa
pasar el Ponto a nado?
Pues más has de aún esperar
que al cautivo has de librar.
Todo en mis manos lo dejo;
libre os pondré en un punto,
que él nos servirá de lengua
para hacer nuestro viaje,
y antes que el alba amanezca
tendré aparejado un bajel,
en quien a remos y velas
llevaremos al mar
rica espuma y olas ciegas.
Muy bien será, mi bien, vamos,
y plega a Dios que me vea
con mi cristiano en España,
con mi español en mi tierra.
Vanse, y salen un moro trayendo a Felipe y a Laubino por los cabellos.
¿Qué tantas muertes me das?
¡Cómo se queja el perro!
¿No ves que vamos a lo ciego,
tan atado me traigáis?
Señor del cielo, paciencia.
Como en Mahoma creo,
si no os calláis, recelo
para caminar al cielo
os he de dar de beber.
¡Has de morir excomulgado!
Traigan un jarro de vino,
y un melón y aceitunas,
y podrás renegar,
que después la vida escapará
de tu poco saber...
que tu Dios formó, señor,
y un rabo de asno te dará.
¿A qué sarmiento adefesio?
Abrázame, que me muero.
¡Qué donoso armatoste!
No tiene hora de vida
y quiere pulte y buceo.
En Jesucristo creo,
no viene aquella venida.
Entran Amurato y Celima vestidos de hombre rebozados con espadas.
¡Qué, sin alma y de batallas fiero...!
La vida he de aventurar,
a mi esclava he de librar;
pues, ¿qué es esto que allí ves?
Aguarda, un momento espera.
Feliciano es, ¿en qué dudo?
Yo le sacaré el feudo;
el más cobarde muera.
Dales.
¡Aquí de los míos, gran traición!
¿Quién eres, demonio?
Bueno,
rayo, relámpago, trueno,
tormenta y confusión.
Detente.
Huid, traidores,
llevad, ea, el vengar
las injurias de la boca.
Y el pago de tus rigores.
Huyen Celín y el moro.
¿Quién me ha venido a librar?
¿Quién eres?
¿Celima?
Ángel te puedes llamar.
Acaba, mueve los pies.
Esta cuenta de acabar.
Mayor será si en España
dentro de un día te ves.
Temeroso estoy, señora.
¿De qué?
Como preso esclavo.
Las galeras me han quitado
y no sé de qué usar agora
ni discurrirme.
Cristianos
seremos.
Dígalo, a ver.
Estadme atentos los tres.
Viendo a uno que cada verano
del contorno africano
en bajel turco a un visir.
Sí.
Pues me avisé de vestir
de la forma que conviene,
y ver en estas galeras
a la chusma, al capitán,
y a los que en el muelle están,
una de las más ligeras
me den para que quiero entrar.
Al bajá con el engaño
hará natural los baños.
A mí me alteran dudas.
No a sino el hincarse.
Al muelle vamos volando.
Vengase el vestido, en llegando
al muelle he de hablar en griego.
Bien te parece recularse.
Vanse vistiendo.
Pues no se hizo para mí.
Antes entiendo que sí.
Buen genícaro.
Arrogante.
Déjenme un poco, que quiero
saber cómo he de mandar.
Conmigo te has de ensayar.
¿Y qué he de decir primero?
A la quibiz.
¿Y después?
Lo que quisieres decir.
Siempre diré a la quibiz.
Y has de decir dos o tres
palabras en griego.
El intérprete seré.
De esta manera diré:
aspodrapo, aspodrapo.
Y tú dirás: "dice agora
su Alteza que le entreguen quinientas
doblas con una galana".
Y tú entonarás.
Quién lo ignora.
Apenas me vea en el traje de moro,
me veré, cuando mil voces
daré por las redenciones,
y al mar, azul, blanca espuma.
Vanse.
Salga el Rey.
Pare el sol en su veloz carrera,
y un preñado caballo aborte ruinas,
o rompa rebelión un monte duro,
y en el domar, jamás su rabia fiera.
Y ocultar los astros de la octava esfera,
bajar al suelo, a quien su lumbre apura,
abrir camino al mar, firme y seguro,
porque en pararse, sin temor, pudiera.
Todo se ha visto ya en la edad pasada,
y el monstruo que el tiempo parió, crece,
que con el remedio a su mal acude.
Mas no os asombre que un alma determinada,
con ser sangre que en ella es inmudable,
la ablanden que a mí de intento mude.
Sale Celín con la espada desnuda.
Mil gracias a los cielos doy
de que a tu presencia llego,
pues llegar vivo es milagro.
Que aun estar conmigo temo,
temo de contarte el caso,
y lo injusta ocasión, sea
que no me desate enojo
contra mi culpa, ¡oh señor!
Fui a ejecutar tu mandado
y, estando al suplicio puestos,
los dos cautivos cristianos
de la muerte prisioneros,
un español y un cautivo...
Con un denuedo feroz,
con una espada en la mano,
como un león carnicero
a cercén cortó las sogas,
y cercenara mi cuello
si no pusiera los pies
por medio, y la turba en medio.
Que detuviera a él mesmo
a su cetro, a su corona
no le tuviera respeto,
y huyendo llego a tus pies,
y ellos se fueron huyendo.
Perdóname, pues que ves
la poca culpa que tengo.
Trazas serán de Celima,
mas ya verás cómo vengo
esta ofensa con su muerte.
Entra un Moro.
Perdona que a darte
tan mala nueva me atrevo.
Celima...
Di, ¿qué retardas?
De la prisión...
Dilo presto.
¡Se ha salido!
Menos mal
fuera si fuera huyendo
en una galera de España,
navegando a vela y remos,
amarrado a dos bajonellas
y tres clavos...
Calla, perro,
que estoy por mi ardimiento,
si aprecio que mi anhelo
y os azoto, y escarmiento
del traidor Conde Viron,
que por ser piadoso a él
sois castigados de Dios.
Apréstense mis galeras,
rompan el mar con sus remos,
y torno a abrasar sus aguas
con el fuego de mis celos.
Vanse, y salen Lamberto y Rosaura.
Temido escarmiento, en vano
por qué estorvas, ruego,
de un noble vasallo leal
que no ha de ser villano.
Bellísima, de grande mano
deue de ser coyuntura,
aunque más la nube oscura
ejerza su alevosía;
baste en los vivos reflejos
que tal noche ennobleció,
que da sombras a una bajeza
gozes animar los lexos.
Que parece a mi hermano
en cuanto dice, y quento...
Cruel amor, que con tan bellos ojos,
bastante para dar a un mundo vida,
¿me diste tal herida?
Que me tiraron sin vida tus enojos.
Pero que me persigue un ciego,
que mudo de tropiezo caiga luego.
Quisiera aquí dormirme por librarme
de tan crecido mal que hacer vienes,
mas tales fuerzas tienes,
que estando helado y muerto has de abrasarme;
y pues todo me asombra,
quiero dormir velando en esta sombra.
Duérmese y sale Arnesto como pastor.
Del claro río que en su curso crece,
naciendo manso en la pequeña fuente,
¿quién podrá la corriente
resistir, cuando al ancho mar se ofrece?
Pues menos golpe ha sido
resistir al amor después del olvido;
perdí una garza y ando por buscalla,
y siento que el buscalla me la ofusca,
que quien menos lo busca
halla el tesoro y la ventura halla,
mas pienso en este monte
hallarla, aunque se esconda y se remonte.
Sale Julio, pastor, llorando.
¡Oh, mal haya el amor, de amor reniego!
Mar lleno de tormentas y de enojos,
que por mis tristes ojos
salen las olas en que me anego.
Todos lloran los ganados,
lágrimas y amarguras derraman
la pastorilla adónde estáis.
Lloro porque tengo amor.
Tanto sentís su dolor.
Tengo celos.
Bien lloráis
de un desvío vuestra fe,
que es justo que os haga llorar.
Yo quisiera comenzar,
porque nunca acabara
solo pensar abocarme.
Aguardad, pastor, y oye,
decid vuestro mal.
Fiaré,
mas secreto he de guardarme,
porque os quiero admirar
de ver el que quiero bien,
que es fuerza que le dejéis.
Con decirlo disculpais.
Sabréis que yendo un día
sin amor y sin cuidado,
con mi ganado olvidado,
que engaños no temía,
en unas espesas matas
hallamos una mujer
que allí se vino a esconder
por miedo de unos piratas.
Lloraba al fin muy dada.
Ella parece sirena.
Claros ojos lloraban,
valían más que mi ganado.
Es mujer muy principal
que con un galán se fue,
pero cautiváronle,
y ella lloraua su mal.
Tal fingió compasión
porque nadie la ofendiera,
amparóla mozo fiero,
a todos de amor hirió,
que me dejó a mí por señor.
Y ella también me quería,
pero después un día,
sin darme pena enojos,
vino a robarla un ladrón,
como vos fuisteis a según,
y aun nos hizo huir,
pero en aquella ocasión,
un pastorcillo valiente
que teníamos preso aquí,
con un bastón que le di,
la libró valientemente.
De la sinrazón pagada,
después en que allí habla,
tan mal del se siruio
que no le dio gusto en nada,
porque mal sepáis
de que me da fingida
celos que me ha causado olvido.
Julio.
Si lloráis,
y un mes ha pasado, pues
en essas lágrimas vuestras
me habéis dado claras muestras
que es a mi Rosaura a quien
Y aquí podéis aguardar,
porque aquí ha de pasar
con la gente de aquel puerto.
Yo celaré los del cónsul.
Páguele Dios el cuidado.
Vase Julio.
Solo, Honorio, he quedado,
y aunque alegre, con recelo,
no en balde tuve por cierto
que aquella Rosaura huyó,
y que ella misma le dio
la lanzada a Lamberto.
Durmiendo veo un pastor,
y al ver este, entiendo yo,
quien de mi mano le libro
a Rosaura, ¡ay, ciego amor!
Mataréle, no, que pierdo
grande ocasión si le mato,
y pues de engañarle trato,
quiero ponerle en su acuerdo.
Sale Rosaura con la gaita.
O me aguardara Leonido,
¡adiós!
O refunfuña, pastor.
¡Tan presto viene mi amor!
Otro más presto ha venido.
¿Qué veo? ¿Quién eres? Di.
Quien pudiera a un mismo tiempo
mide levanta y en porfía,
que soy tu amigo.
Y por mí.
Y que aunque con traje de villano
sois noble y sois caballero.
¿Por amigo? Sí, ¿que no?
¿Por amigo, y aun aldeano?
Quien de tan vil calidad
y de tan vil opinión
obra en una ocasión
no quiere hacer amistad.
Que quiero haceros alguna.
Decidme verdad.
Sí haré,
que con mentiras no suelo
jamás mi lengua importuna.
¿Cómo no librasteis, dime,
en este propio lugar,
a una mujer que matar
un aldeano quería?
Ansí es verdad.
Pues ¿por qué,
quien la llevaba a matar,
si en caso de matar a causa...
Muy simple de argüirse ha.
¿Quién viene a esa mujer?
¿Que no la amas tú, mi vida?
¿No sabes quién es?
Nacida
en la aldea debe ser.
Que estás engañado advierte,
y no es razón que te des
porque ella es muy noble y es
por quien ando desta suerte.
¿Noble?
Ya de lo que digo...
estas, Rosaura, por quien
al duque maté también,
este mal que me aflige.
Mira cómo has de alcanzarlas.
No me dejaré alcanzar.
A Amesto tienes de ayudar
para que pueda hablarla.
¿Qué más aguardo? ¿Qué espero?
quiero irme y ausentarme,
viva quiero sepultarme,
y verme con él no quiero.
Vase, sin que la vean.
En gran confusión me has puesto,
pero ¿quién eres?, me di.
Conocido soy aquí,
¿no sabes quién soy?
No.
Amesto.
Bien tus obras han mostrado
querer valerme.
Haré eso,
que trayéndoos el respeto,
como tengo capitulado.
¿Qué, al fin el duque murió?
¿En dudo? Eso es muy cierto;
y a Lamberto cruamente
dan de haberle encontrado.
Pues saca a Armelinda
con Rosaura, que es su amiga...
¿Quién es este enemigo?
Pues no le temo,
yo le ruego
que de hoy a mañana
tendrá a Rosaura aquí.
Vase de aquí Lamberto.
Y yo a librar a mi hermana.
Suena dentro caloma y disparan piezas y dan voces.
De aquesta tabla se aferra
y aboca a la orilla mansa,
la vista al cielo levanta.
Mira el mar hacia tierra.
En el mar mismo un bajel
de aquellos cuatro, a pique
a nado a dar a la orilla
y a nadar al fin con él.
Mal seguros aquí estamos;
ven, retirémonos luego.
No deja el humo del fuego
juzgar si son moros, vamos.
Vanse, y sale Feliciano mojado a la orilla del mar.
Jesús, favoreced, madre amada,
pues que he llegado a tocaros,
mis brazos quieren abrazaros.
¡Venturosa fue la sacada,
pues a mi hermana me deja
en las entrañas del mar
sin llegarla a bautizar!
¡Rompe, ventura, mi queja!
Sale Laubino mojad vestido de moro.
Jesús, Jesús, que me anego,
señor, que aunque estoy vestido
de moro, cristiano he sido,
y a vos amparo me llego.
¿Eres Laubino?
Yo soy,
que con suerte de imperador
un mar de agua me ha a tragar.
Mil gracias al cielo doy
que te libró de la muerte.
¿Y Celima?
Yo no sé nada,
sin duda estará anegada.
Todo en mi mal se convierte.
¿Pues pesará de esto a ti?
¿Pues no ha de pesarme, ingrato?
De Celima y del mulato
no se me da un cuarto a mí.
Solo mi temor ha sido,
que el cielo no se ensañase,
Amuzato y Fucilima,
sin duda se han ahogado.
Pues el mar habrá quedado
si a Celima el mar estima
y porque mi razón medrosa
de mi Rosaura querida,
que aquí se quedó escondida,
y la mató alguna fiera.
Rosaura con su hermosura.
Ven, Laubino, y te contenta,
ya del sentido me privo;
por ver si Rosaura está viva
y se acaba mi tormento.
Vanse. Sale Rosaura vestida de pastor.
Si el tiempo al tiempo la mudanza hereda,
y tu fortuna a altos el se volcaría,
¿cómo quieres que a la suerte más contraria,
a quien vive con el tiempo, le suceda?
Si aun para darme males no estás queda,
mostrando en darlos quieres locas varias,
siendo en mi voluntad o voluntarias
por la inconstancia de tu móvil rueda.
Porque de mí te alejas y desvías,
déjame en la bajeza que me tienes,
o acaba ya la vida que mantienes;
si haces por mudarme tantos males,
firme he de ser, tus males serán bienes,
y a la mudanza sola por mal vienes.
Oye a Celima de adentro.
A vos, Virgen, me encomiendo.
¿Qué voz en estas olas suena?
Veo un hombre que a nado...
Está socorro pidiendo,
como en llegar lo colijo;
quiero entrar a su peligro,
sacarle vivo, o muerto,
antes que llegue tarde.
Saca Rosaura a Celima en brazos, y los cabellos tendidos.
Libre estás, nada te espante.
Eres un ángel, recelo.
Antes pues te siento, y veo
no soy ángel, sino Atlante;
aunque el traje visto de hombre,
viendo tu rostro y cabellos,
que eres mujer, y ellos bellos.
Mujer soy, nada te asombre.
¿Quieres contarme tu historia,
y qué tormentos has pasado?
Pues a tal puerto he llegado,
todo es favor, y mi gloria.
Sabrás, pastor, que soy noble,
y natural de Valencia,
de ilustre descendencia,
y aunque rica de nobleza:
y porque sepas el caso,
aun no vivía un año apenas,
cuando empezó a maltratar
la fortuna mi inocencia.
Cautiváronme, en efeto,
a Argel me llevaron presa,
donde he estado muchos años.
Me cautivó un fiero Arráez,
más estimada del Rey,
que en darme largos favores
pensó conquistar mi pecho.
Mas viendo que estas finezas
no podían nada conmigo,
que donde amor se atraviesa
los celos y las promesas
son a ablandar y vencer
los más obstinados pechos.
Porque el que adora mi alma,
que sujeta mi albedrío,
una mañana se levanta.
¡Ay, quién contaros podría,
sin derramar en terneza
su talle, su gentileza,
y el mirarme tantas veces
lleno de lágrimas tiernas!
Que solo en el mundo yo
fui feliz, y tuve prendas;
mas ¡ay! que aquellas memorias
el corazón me atraviesan,
porque vi en un menguante
perder mi más dulce prenda.
Mostrábase muy esquivo
encubriendo su tristeza,
pensando que se enamora,
y así me amaba mi pena.
Un cristiano amigo suyo
vino a buscarle apriesa.
mostróme el retrato tuyo
que alteraba su lengua
y de Feliciano los cantos
la gravedad y mesura
al fin burlando del villano
dice que con él se fuera
fuese, después el retrato
del alma con glorias nuevas
mostrósele a Feliciano
no fue ciego en la naviera
sino boca por boca
tan villana como loca
quién era, yo le conté
y el infame se alegró
comenzó a hacerme favores
y a quien tanto pudiera
dar consuelos, tú tomas
y al fin y a traca punta
para darme libertad.
Mas que nunca te la diera.
Quiso de que, y eso entiendes,
habiendo visto la causa,
dar la muerte a los dos.
¡Pluguiera a Dios que lo hiciera!
Huimos en un bajel,
y antes de llegar a tierra,
vimos en seguimiento nuestro
con diez y seis galeras,
que los nuestros resistían,
no parando en sus defensas,
así nos de allí sacaron,
y allí mis glorias se anegan,
a do yo el mal notaba.
Y antes que ver mi miseria
en ventura de enemigos
trabé de un cabo apriesa
el cuello para me ahogar,
pero las olas soberbias
deben de haberle anegado.
Mi amiga fortuna adversa
quiso de sus manos me quite,
del mayor bien de la tierra,
dejándome viva a mí
para que mayor lo sienta.
Tirano, fementido,
que esto de ti esperado,
y ansí mi amor has pagado,
y ansí la fe me has rompido,
y ansí aumentas mis enojos,
mas de un traidor pensar
que me anime a castigar
las lágrimas de mis ojos;
y a fin de que a ti te pese
pagas mi buena acogida,
pero, ¡ay!, que soy con vida
y por ofenderte muero;
y quien tal rigor sufriera,
y que ya olvidada estuviera,
y de ti me viera apartada,
pagando tu alevosía.
No te aflijas, acabando
muerta.
Así, de villana.
Di que te sirva de espanto
verte a mi ser aportar.
Que el cielo a mí te ha traído,
más de tenerme en prisión
que aquel por la cruz me dio.
Huyo de su presencia.
Aguardad, al miedo importa,
los oídos taparéme.
Vase Rosaura y salen Albérigo, Julio y Lamberto.
Callad, Julio.
Callarán,
y aun calle.
Pésame, y ¡qué dolor!
mas engendra esperanzas,
pero ausente, con firmeza
ocultarla.
Falsa nueva os dio.
Un cautivo hacia acá viene.
Aguardémosle.
Señor,
con vestido de pastores.
Qué buena cara que tiene.
Sí.
Pues queréis, me amparáis,
que estoy como veis mojado
de la blanca, y anegado
de las olas deste mar.
¿Que no eres hombre?
Eso es llano,
que desde Argel me venía
con mi esclavo.
A Génova.
Y de allí Feliciano.
¿Otros dos? ¿Dónde están?
Si del mar nos salió a nado,
pienso que se habrá ahogado.
Salido sin duda habrá.
Sin duda habrá salido
y con Rosaura ha encontrado
y tras él la habrá llevado
que con ella a casa se ha entrado.
¿Qué misterios son estos?
Pues me obligan, y padecen...
Fíate...
Grandes finezas.
A verle.
Venid.
Lo que de él os parezca.
Vanse todos y queda Lamberto solo.
A darle a mi engaño
esta Rosaura aldeana
que parece ansi humana
y es rigor, y en la firmeza no.
Ella no es hija de Albano
que a solas, el amor se rinde
y el ser fiera ha sentido
que es Rosaura es lo más cierto.
Entra Arnesto.
Aquí vine a aguardar
a Rosaura y a Leonido.
A muy mal tiempo has venido.
¿Qué nuevas me quieres dar?
Que Rosaura desde ayer
no parece.
¿Cómo es eso?
A mejor verdad confieso.
¡Ay, más mudable mujer!
Y otro mayor mal sospecho
que Feliciano que vemos...
que haya desdichas en el mundo.
Cielos, ¿qué acaba la mía?
¿yo sé qué decir podría
que en males os he segundo?
¿quién me sabrá este camino
decirme de Feliciano?
Pasos ansí del villano
noto a este que aquí vino,
¿qué me dirá, ¡ay de mí!?
¿De qué os quejáis?
De mi suerte,
de que no llega la muerte
tan cerca estando de mí.
No os oigo, ¿de qué os quejáis?
Dadme esa mano, a piedad,
que fía de mi vida a
parece que me animáis.
¡Mi bien! ¡Mi Feliciano!
Parece le visto que
desfigurado le veo.
Aprieta bien esta mano,
y por si muero, mi amigo,
un varón, ángel, garzón,
por quien peno y por quien lloro
serás de mi fe testigo.
¿Dónde aquí se ha de vivir?
En este valle escondido
pienso que paso la vida
y que a mil muertes recibo,
si acaso la puedo ver,
dar a ver mi pena, al parecer,
que me has de abrazar y sanar.
Ven, que te he de conocer.
En que el misto cerrado
si lo razonase ella puede
que en el queda el prado verde
con sus lágrimas regado.
Si a ti de por quien
que de las fieras saqué.
Ven que a de guardarte
que estas descalza en ella.
Entre un millon de mujeres
la podreis bien conocer
porque es constante y mujer
que mejores señas quieres?
Y el nombre que mi gran nombre
Rosaura le he de mudar
que es propio de una esclava
mudar de tu amo el nombre.
Que es como que se vea.
Toma amigo esta sortija
porque estoy mejor contigo
y cuando su circulo veas.
Que me jures que me quieres
y a la mesma feliciana.
Que oficios esperais?
Y al castigo que mereces?
Que a manos de la muerte
un cruel señor morir
y a mi me deja vivir
que por el ya padece
Rosaura y feliciano
que mi cruel fiera fortuna
han de vivir en abismo
con este trage villano
y asan este monte áspero.
Que se añubla ojos
si se llama sumprimo
o su falta a resguardado.
Dame mil veces los brazos
Rosaura del alma mía.
O dichoso mi día
que oy a la resolución.
Salen Camberno y Ricardo con un papel.
Esa carta el conde envía
Que me a de dar en casamiento
a su hija.
Eres su nieto?
Bien en tu mano a de entrar
la glosa.
Mas? Oyes?
Levantase Feliciano.
Este es esclavo y un villano.
Que oy llorando lloro?
Esta es mujer encubierta.
Dame esa espada Ricardo
que a un villano y a una esclava
tan vil sacarla me tardo.
A que es mi amo me amparo.
Tira la espada y Rosaura ase de un árbol.
Muera el villano traidor.
Para primero en mi pecho
que de honras a un rey
con ese enojo y rigor.
Quien eres?
Soy quien te dio.
estando a cabo de la vida,
y de tu padre la herida,
a un infiel desmayo causa.
Vase.
Entran Albero, Bernardo, Julio, Arnaldo, Celia y cautivos.
Leonor, ¿qué recelo es este?
Un pastor...
Y puesto que ves
venturas mayores,
mereces tú...
¿Tú has de dudar?
¿No eras mujer?
Mujer soy,
que por huirme de Arnaldo
el vestido me prestó
Jacinta, a quien asisto.
¿Tú eres Esperanza?
Sí.
¡Esperanza de mi vida!
Y también ando huida
por engañar a Leonor,
que soy Rosaura, tu hermana.
¡Feliciano es mi esposo,
y mi dueño riguroso!
¿Tú eres Rosaura inhumana?
Lo que me decís me asombra.
A mi esposo cautivaron,
y estos aquí me ampararon,
Albero sin darme nombre,
y él a un tiempo ha servido
de mi guarda y de consorcio,
y el verme así disfrazada,
era por tener marido.
También tú podrás juzgar,
si supo guardar su honor,
firme y de su casto amor,
y digno de divulgar,
que fue el duque Lamberto.
¡Cosas, por Dios,
altas, de un secreto centro!
Y a mí en perdonar a Albero,
que ignorante de este lazo...
Yo os perdono a todos, y...
Sola yo agraviada estoy.
Pide, pues la gracia alcanzas.
Feliciano me ha traído
de Argel por su mujer,
y otra su esposa ha de ser,
y ser de común marido.
Ya es tiempo de descubrir
esta verdad encubierta.
Esta, a mí al menos, señores,
yo soy la ventura vuestra.
Yo soy Bernardo, y nací
en esta pequeña aldea,
mas me crie desde niño
en la ciudad de Valencia,
en las casas de Leonardo,
padre de Jacinta bella,
que es Celia, y padre todo
de Feliciano, y acierta
la desgracia de Leonardo
y a la de mi suerte encierra.
me cautivaron a mí
y a Jacinta, de edad tierna.
Pusiéronnos en Argel
los remos de una galera.
Criáronla con más amor,
usando de su inocencia,
que mujeres padecían.
Y en viendo mis grandes menguas
y a servirla el rey de Argel,
y en esta ocasión, salteéla,
y de Córcega tiran al
golpe, y en salvo me puse,
parecióme un imposible
el librarla y el traerla.
Acudí a mi desventura,
que sirvieron a mi pena,
con esto a España me vine,
y apenas estuve en ella,
cuando a Celima hallé
en mi casa y en mi aldea.
Contóme largas historias,
que el tiempo hará que se sepan,
quien la libró, que fue bueno,
porque al Julio, al fin, ordena
a los dos los cielos,
el cielo ennoblece ella,
y yo de las gracias que debe
mi agravio, no es ofensa;
y aquí pido que perdonen
célebres estas fiestas.
Con los perdones a todos
y le desposo con ella.
Dadme los brazos de nuevo,
y mirad, Jacinta, que a ella
cuantos Nápoles da hoy
daros esposo quisiera
como merecéis.
Ya sabéis
mi calidad y nobleza,
y pues Rosaura se casa,
dadme a Jacinta, que en ella
revivirá mi esperanza,
y tendrán fin mis tormentas.
Yo lo consiento y apruebo.
Y es justo, y ansí sea.
Yo os acepto y doy la mano.
Y a mí, señores, ¿me dejan
con mi turbante y marlota
a la luna de Valencia,
a un bisoño olvidante
de un general no remudan
no soy aspa de drago.
Laubín, tenga paciencia,
que conmigo ha de vivir.
Miren que hay mil de renta.
Y a Julio, con que se case,
le daré yo en recompensa
a Alberto, que fue mi padre,
a quien confieso mil deudas.
y cumple rogarlo,
dando fin a la comedia
La perseguida Rosaura
y cautivos de Valencia.