> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El marte español, Guzmán. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-marte-espanol-guzman-de-juan.
M 57
+
El Marte español Guzmán
Comedia Famosa
De
Don Juan de Benavides
Ricardo, rey de Inglaterra = cuatro caballeros
Alfonso, rey de Castilla = un criado
Ismenia, reina de Chipre
Don Álvaro de Guzmán
Rosel de Ruisellón
Don Juan Osorio
Riniero, inglés
Melidora, mora
Majola, cayo
Jornada primera
Cruz
Al son de cajas y clarines se corre una cortina que cubre el teatro, que ha de ser una selva; en lo alto un castillo, a los lados dos caminos, hechos en forma de peñas y yerbas. Sale Ximena al castillo y todas las mujeres de la comedia, muy bizarras, con arcos y flechas en las manos, y mayo.
Por el espacioso campo
adonde el mayor planeta,
Narciso de su hermosura,
baña las crespas madejas.
Ciudad opulenta forma
de nobles inteligencias,
que sobre el golfo de nieve
parecen aves de leña,
adonde el tosco monarca,
surcando la vítrea esfera,
ciudadano de la espuma,
tal vez se admira cometa.
Cuya máquina ostentosa
entre fanales y velas
vanagloriosa presume
ser asombro de esta ribera.
se engaña, que exhalaciones
serán del fuego violentas,
hechas pedazos sus perlas
al rigor de mi soberbia.
No permite mi valor
que ocupe fatal violencia
de soldados extranjeros
la menor de sus arenas,
que será invencible rayo,
que a sus rigores opuesta,
cada grano sea una sierpe,
siendo cada sierpe un Etna.
Y si Júpiter tonante
fabricara allá en su idea
nuevos rayos, nuevas iras
para deshacer mis fuerzas,
fueran gigantes osados
a mariposas, que opuestas
a mi fuego, en humo y llama
sus designios desmintieran,
y tan ufanas quedaran
de la mayor competencia,
que naciendo exhalaciones
fueran al morir estrellas
si soy desta gallardía
Emulación verdadera
la que de un rayo un león
hace cobardes las fuerzas.
Tanto anima mi brazo
esta ejecución que piensan
todos los cuatro elementos
que me deben obediencia.
Ya la licencia he negado
a España e Inglaterra
suena un clarín
y al clarín suspende el aire
ya las chalupas entregan
en los límites del mar
las prevenciones discretas
y a toda prisa se ponen
como no me miran cerca
los valientes soldados
que cuando el descanso esperan
en vez del sueño la muerte
tendrán por gloria postrera.
¿Qué importa que tenga el mundo,
Ricardo ni Alfonso vengan,
si basta para vencerlos
que digan que sale Ismenia
si para aquesta conquista
ofrecí un tiempo licencia?
3
no la consiente mi afecto,
ni permito que la tengan.
No opongas a tanto riesgo
tu hermosura y tu belleza,
que eres mujer.
Tú te engañas,
que es vivo rayo en mi esfera.
Vanse.
Suenan cajas y algunos sacabuches, y por la una puerta del teatro salen Ricardo, Rey de Inglaterra, con la cruz de Jerusalén en los pechos, rojos, y Rimien con estandartillos, en ellos las mismas cruces y el hábito.
Después que del bajel salí a la tierra,
después que a riesgos tantos di el aliento,
y entre asombros de espuma di a la guerra
mi osado acero y atrevido intento;
después que de mi patria Inglaterra,
fatigando el rigor de un elemento,
galeón, gaviota o cisne errante,
la luz examiné al primer diamante;
llegué a Chipre, mirando de sus muros
la defensa, pertrechos, prevenciones,
que sin duda los juzga por seguros
Ismenia de mis fuertes escuadrones,
que estar entre los orbes más impuros
y albergado en los lucidos triones,
mi brazo le vindica, no me alabo,
aunque estuviera en el cenit, Octavo,
mi intento es justo, el paso necesario
para seguir el fin que he pretendido,
por Chipre he de pasar, aunque adversario
me fuera Jove en sudor adormido;
no es mi afecto, soldados, temerario,
lo que pido es razón justa, y ha sido
tiemble Chipre esta vez, pues te asegura
Ricardo, el esplendor de Inglaterra.
Todo el poder del mundo te acompaña;
mira desembarcar de los bajeles
a aquel león, Alfonso, rey de España,
blanco de tantas plumas y pinceles;
mira al francés, que con belleza extraña
se ostenta a los dorados capiteles
de Chipre, que parece con sus cruces
que envidie el mar las celestiales luces.
Cajas y arcabuzazos, y bajan por el otro lado el rey Alfonso con la misma insignia, don Tello de Guzmán, don Juan Osorio con estandartillos blancos y cruces de Jerusalén, galanes.
Salve, tierra feliz, puerto suave,
salve, Chipre, mil veces deseado;
adiós, bajel, adiós, de leños ave,
que ya al puerto apacible hemos llegado
fatigando el cristal tu peso grave.
hecho escollo de lienzos animado
tal vez pisar te vi las luces bellas
ciudadano del sol, y las estrellas.
Sea tu majestad muy bien llegado.
La salva que de tu cesáreo pecho
Abrácense.
estaba de este lazo con cuidado.
Deuda mayor a costa habremos hecho.
El puerto niega Chipre a ser excusado,
fuerte de alta muralla y de pertrecho.
No hay contra aquesos brazos fortaleza
si obra el poder que hace la grandeza,
y verás a tus plantas oprimidas
sus fuerzas, su poder, monarca hispano;
hoy del triunfo que espero de sus vidas
verás verde lo rojo de este llano.
La reina intenta, viendo conducidas
todas sus fuerzas, conquistar en vano
la gran Jerusalén: os pido a donde
el sepulcro de Dios el turco esconde.
Esta facción a tu poder le llama,
este triunfo tu nombre solicita,
esta restauración tu pecho aclama,
pues la tumba de Dios cautiva habita;
esta empresa es tan digna de tu fama
que solo a ti el bien que se remita.
Cobra de Dios la prenda que dimanado
fue en sepulcro, que le guardo eclipsado,
rompida está la paz, la guerra viva,
que vuestra majestad por esta parte
a vencer, como siempre, se aperciba;
pues es la mesma ejecución de Marte.
En españoles esta playa arriba
venza el poder, la presunción y el arte.
Goce el tigre de España el fiero estrago,
Inglaterra.
España, Santiago.
Vanse todos, suenan dentro ruidos de batalla, cajas y arcabuzazos, y sale Ismenia quitándole a Mayo una espada y rodela.
Detén, señora, el brío
que tu beldad inquieta, que le desdora.
Mal el afecto mío
conoce tu deseo, pues ignora
que el daño recibido
disimula el poder de amor vestido.
La muerte rigurosa,
viendo mi presunción, mi error inglés,
a esta mano briosa
para la ejecución de su deseo,
porque si no lo hiciera,
cerrara con la muerte la primera.
cuando, animal brioso,
no obedeció mi mano vencedora
cual a suplicio airoso.
No se ofreció juzgando que mejora
su suerte si me enlaza,
y piensa muere bien porque me abraza.
Mira, y a los contrarios,
que rayos ordenados en mi frente
por mil caminos varios
herir pretenden tan distintamente
que en cada brazo errante
mi espíritu contemplo fulminante.
Entre ellos más me admira
aquel de aquella banda, aquel mancebo,
a luciente mayo mira,
mira a aquel joven que a valor nuevo
excediendo va a todos,
sin duda es sangre ilustre de los godos.
Según a quien veo,
fuerte, arrogante, diestra, enfurecida,
no dudo en el empleo
y ministro fatal, eres de la vida,
y por esta fineza
es fuerza que la siga.
Vase allá.
Mi señor, buscando
al mancebo gallardo que brioso,
resistiendo y matando,
ostenta Júpiter prodigios, rayos;
que aunque es el daño mío,
me alegra ver tan soberano brío.
Tiene fiera asustada.
Si acaso, Mayo, dime, has conocido
a aquel joven osado,
el de la banda digo, que arrojado
su valor le acompaña.
Su escudo dice que es el rey de España,
águila, en fin, volante.
Hoy sí puede ser Mayo envidioso,
no la deidad tonante;
rayos le preste a su deidad briosa.
El traje mudar quiero,
que de jugar con el brazo de acero
otros no menos fuertes
le siguen, vive Dios, que estoy corrida,
causando varias muertes,
qué osada ejecución, qué grave.
Y aquel es el blasón de los Guzmanes,
azote de los bárbaros soldanes.
Allá vayáis, mentira, a donde
que se despeña del celeste asiento
un asombro, una muerte,
y así mudada de este traje, intento
desmentir mi desvelo,
sino es que se me opone todo el cielo.
De este traje mudada,
a la campaña salgo, que me miras;
furia soy despeñada,
todo rigor, asombro, espantos, iras.
Se retira y repara Mayo. = Vase.
Vaya vusted con Dios, gallardo drago.
Ya se fue, ¡válgame Dios!
Tantos rayos, oh violencias,
tanta extirpación de brutos,
tanta máxima soberbia.
¿Pues qué ha de querer el cielo,
que no es bien que lo consienta,
que una mujer varonesa
o blasone, cual si fuera
algún Hércules tebano,
un nuevo Ávila en la tierra,
un terrible rayo del mundo,
Escipión o Julio César?
la mujer es justa cosa
que se acomode a la rueca
y si es señora a su estrado
y no a la espada y rodela
juro a Dios que sale ya
baluarte, mi amparo y señora
galante es en sus acciones
bizarro talle y presencia
allá se va a la batalla
quién avisarle pudiera
al rey y a los caballeros
que su persona respetan
quién es, por que la miraran
con afectos de clemencia
y no haciéndole un insulto
la maltrataran que es bella
mas yo he de ser el primero
lacayo que hubo en comedia
que a pariente de gallina
sea bizarro en las veras
sus pasos he de seguir
con una emboscada resuelta
en parte que la socorra
si hubiere ocasión adversa
esto es lo que a mí me toca
En el margen derecho aparecen algunas letras cortadas (Ca, sa, pa)
mayor el aumento empieza,
afortunado es, vive el cielo,
y aunque la carne es molesta,
sus ecos he de seguir
por favorecer a Ismenia.
Vase.
Sale Ismenia por una puerta de hombre muy bizarra, espada y rodela. Alfonso por otra con lo mismo, y una banda roja al pecho.
Aunque lo impidan los cielos,
aunque lo estorben los hados,
aunque no quiera mi dicha,
siendo a mi destino ingrato;
me aseguro que en un solo
de dos que busco en el campo
os ofrezco aras a mi ira,
breve triunfo de mi brazo,
que como os juzgo, centellas,
poco es centellas, mil rayos,
para conseguir mi intento
quisiera juntos hallaros,
porque aunque sois divididos
dos poderosos amagos
de Júpiter, dos cometas
en una esfera engendrados,
quisiera teneros juntos,
que no mi afecto temerario,
mientras más gloria y máxima
se dispone más bizarro,
y advertido mi valor
con el vuestro, sois un rasgo
de mi indignación, sois luces
a quien yo sirvo de ocaso.
Fingir quiero que no sé
Aparte.
quién es, por ver si gallardo,
ostentando bizarrías,
da al precipicio las manos.
Y cuando el farol primero
por ese globo estrellado
derramó sus hebras de oro,
siendo lo bello los peñascos,
sobre un bruto cuyas huellas
eran, por lo leve, ensayos
del viento, ave de pluma,
viviente y sensible rayo,
salí del tigre animoso
tan presumido, que ufano
de la victoria que nunca
juzgué indiferente el hado,
salgo al campo, busco a Alfonso.
y cuando al tiempo consagro
en su busca un rigor solo,
hallo mi afecto burlado.
¡Ah! Si la amada vida
estimas, dime, soldado,
dónde podré hallar tu rey;
y será tu premio en todo
dártela; y si te detienes,
de mi ejecutivo brazo
ministro serás, centella
ciudadana de esos astros.
Atento, gallardo joven,
a tus palabras he estado,
y atiende a mi respuesta,
verás que te satisfago.
Dices que te pesa agora
de ver que soy un soldado
no más, soylo, mas tan hombre
que mis hechos que he juzgado
muchas veces, no te asombres,
si a Júpiter soberano
por un día mi brazo, o yo
envidiar puedo sus rayos,
porque cuando de mi afecto
tal vez quejoso me agravio,
aun allá en su esfera teme
la violencia de mi brazo.
¿Has visto cuando una nube
del humor suba, formando
de la tierra, y en la esfera
del fuego se forma el rayo,
y cuando desciende errante
la media región quemando
todo cuanto topa abrasa,
basilisco de los campos?
Así yo, cuando me enojo,
voy en el pecho formando
la ira, y el corazón
como cometa animado
le da el calor donde toma
la constelación del rayo.
Quiero ejecutar mi intento,
rómpese el pecho gallardo,
y siendo el brazo el ministro
todo cuanto topo abraso,
con que vengo a ser a un tiempo
nube, basilisco y rayo.
Con esto, señor, te he dicho
quién soy y por qué he llamado.
De un soldado te pido,
si te obliga mi agasajo,
te vuelvas a la ciudad,
que yo te quedo obligado.
digna de tu pecho hidalgo,
y porque vayas contento
de haber salido bizarro
de esta acción, yo soy Alfonso.
Guárdete el cielo mil años,
valiente eres en la guerra;
y pues de los muros altos
ya que sé que eres Alfonso,
vas prosiguiendo el asalto,
yo soy, para que lo concluyas
si me vences en el campo,
Dinorozo, infante suyo,
como de tu mismo amparo;
con que no podrás dudar
la batalla en que te aguardo.
Pues siendo iguales los pechos,
serán iguales los daños,
y si me vences a mí
(que es un imposible claro)
bien puedes seguramente
triunfar de mis ciudadanos.
Suenan clarines para dar segundo asalto.
Iba, infante, a responderte,
pero ya me están llamando
los animados clarines
Línea tachada ilegible al final de la página.
que aunque fuera la victoria
de mi aliento soberano
el mayor triunfo o despojo,
agora el vivir te alargo
porque quiero en esta parte,
siendo piadoso y humano,
pudiendo darte la muerte,
parecerme a Dios en algo.
No sé si sea cobardía
pero, por lo cortés, trato
de agradecerte el favor;
y de mí rindo a las manos
sucesos de la fortuna
que en esta parte son claros,
o serás dueño del tigre
o de sus plantas esclavo.
Embisten y don Alfonso hace lo mesmo peleando.
Ignoras que soy león,
los leones despedazo.
Yo venzo los imposibles.
Los imposibles allano.
Vase retirando Guzmán, dentro moros dan voces y salen parte dellos.
Das acá pasos atrás.
Ahora es tiempo, soldados;
rendid el fuerte español.
Primero este ardiente rayo
se ausentará a devolver
a iluminar el dorado.
Como contra mi valor
Hiciste esta ofensa mayor.
Acudo a mi obligación.
En el vencimiento está llano
y en esto miras cuerdo.
Ha de ser temerario.
Entranse acuchillando
Salen tristes don Roberto, Rui y Ramiro
Al paso de las victorias,
triunfos, lauros y blasones
que diferentes naciones
merecieron con tantas glorias,
se acrecienta el sentimiento
con tal violencia y rigor
que hay más parte en el dolor
que no en el divertimiento.
Falta el rey Alfonso, y sé
que sin él y sin España
toda facción, toda hazaña
sin ejecución se ve.
El de mi Leonor querida
esposo. ¡Oh, infelice suerte!
que si el riesgo de su muerte
me acaba de quitar la vida.
No quede en la selva monte,
albergue tosco, edificio,
de las fieras hospicio,
o parte de su horizonte
y la industria no se asombre,
aunque le busquéis y servís,
quien en mi afecto tendréis
la parte igual.
Determine
vuestra alteza,
en cuanto en su cordura,
que en sus naves se asegura
de Alfonso es mucho el valor.
En mi campo se murmura
que Alfonso ha faltado dél;
común opinión en él.
Mi príncipe no lo asegura.
Entra don Álvaro de Guzmán.
Yo soy, generoso rey,
y escúchame atentamente,
don Álvaro de Guzmán,
de cuyo estirpe más reyes
admiraron sus coronas,
celebraron sus laureles,
que átomos tienen de luz
esas esferas de nieve;
no te admire lo que digo,
vuelve la memoria, vuelve
a los reyes de Castilla
que tuvieron muchas veces
doy más gloria, más honor
a llamarse mis parientes,
que el imperio del arabo
a que tantas naciones ceden,
de la gran Casa de Niebla,
sino el primer ascendiente,
el que sustenta en sus hombros
gran parte de sus laureles.
Ten de ti misma
esta Casa, que al sol puede
prestar rayos, pues campea
de su fénix.
Dicen que ha faltado Alonso
de su campo; faltar puede
por estar preso o cautivo,
o porque pudo la muerte
romper su pecho cesáreo,
que en estos golpes crueles
es el rey un hombre solo,
y son inmortales los reyes.
Pero si alguno, atrevido,
la traidora lengua mueve,
procurando, que a tal nube
contra mi rey, o ponerse,
será sol que en estos brazos
Con sus rayos siempre ardientes
le deshaga y abrase o mate
a la esfera cuyo fuere;
y cuando posible fuera
que de su parte pudiese
faltar en un rey valor,
mientras mi brazo valiente
tenga Alfonso todo el mundo
esos vientos que me advierten
por si acaso les tocare
algo de lo que el sol viere
a los dos polos de oro
hará que tema la muerte
porque a tanto valor nunca
lo mortal pudo atreverse
en fin, que el sol en la campaña
despida entre blanca nieve
joven el fénix planeta
su luz comunique ardiente
al mundo, hasta que en el mar
sediento de que encenderse
pudo en sí mismo, se medique
entre la espuma sus sienes,
aguardaré tan penoso
que aquel que llegase a verme
juzgue que estoy sin alma
o fiero monstruo, inminente
a quien faltó la razón,
mas el alma conmemueve
racional ser obelisco
boca con vida aparente.
También puede ser que inspire
en Tarfe atrevidamente
que el brazo de Alfonso es rayo
que hasta los cielos desciende.
Tener fuerza de planeta
más que planeta avergüence
que siendo fuego insensible
se juzgue fuego viviente.
Y puede ser que Pizarro
tan señor de su prez fuese
por invicta o invencible
que haya evitado la muerte.
El Tercio fatal
por ese genízaro presente
promontorio, estas basas
ceñir de sus capiteles.
En fin ninguno de vos
a batir decir se atreve
Si contrario aquí me quedo.
Qué palabras descorteses
son balas que en la mano
las examinéis. Tienen
esto en tu real presencia
se ha dicho, y así me muestre
ser Guzmán bueno; que basta,
y leal, que por mis reyes
pondré la vida al cuchillo;
que es un riesgo tan leve
que desprecie la distancia
que hay de tocallo a la muerte,
que corona más gloriosa
para un vasallo que verse
en las manos del peligro
cuando es la ocasión tan fuerte.
Que a cuál riesgo mayor
inmortal premio se debe,
logro viene a ser la pena
y el daño a ser dicha viene.
Y a ti como tengo dicho,
sobre un bruto, casi sierpe,
a quien en vez de la Libia
le dio nacimiento el Betis;
casi cisne, luciendo rayo,
parece que se desmiente
en él la naturaleza,
pues se forma rayo y nieve,
tan dilatado de crines,
que cuando veloz las mueve
13
plata y aljófar derribe
por la cola y por las sienes,
en este, pues, bruto y ave,
en esta selva que bebe
el mar el humor en perlas,
aguardaré hasta que niegue
sus luces al sol el mundo;
la luz cuando adusto muere
siendo fuego y nieve a un tiempo,
topacio y rubí dos veces.
Y, ah, pues con tu licencia,
quien duda que te ofreces
por ser Alfonso su deudo
para que en varios carteles
declare mi intento altivo,
y la causa que me impele.
La obligación de mi sangre,
así logres más laureles,
que hay traidores en tu campo,
mordaces lenguas aleves,
basiliscos de las honras,
a un mismo tiempo crueles.
Tu edad que vivas, Néstor,
y vivas seguramente
para que triunfes glorioso
de la fortuna y la muerte.
Con su licencia, señor,
Abrazándolos el rey.
los nobles impulsos cesen,
y mientras Alfonso falte
del ejército valiente,
nuevo asalto a sangre ofrezca,
rompa sus murallas fuertes;
esto importa, caballeros,
y en esta parte se pruebe
esta acción, por vida mía.
Forzoso es obedecerte.
Vanse.
Sale el rey Alfonso solo, pensando.
Todo el imperio y poder
entrega a su vencimiento,
y determina el tormento
del vivir, del padecer;
y cautivo, sin saber
de quién padece mi amor,
y entre la pena y dolor
de este dudoso accidente,
el pesar que el alma siente
es ver ausente al amor.
Nace un pájaro veloz,
y cuando en esfera breve
las alas hermosas mueve
y arrúllase con voz
sobre la mies que la hoz
Corzo se sienta, ¡ay crueldad!
llorando su soledad
porque su consorte pierde,
que una ave ni un árbol verde
no mira sin libertad.
Si un alano su propio dueño
pierde, y parece que llora,
que aun un bruto se enamora,
sin ser amor bruto empeño,
siente su consorte un leño.
Cuando una rama se cortó,
y al punto que se apartó
se queja como sentido,
siendo la voz el ruido
que entonces los dividió.
Y viéndose dividida,
ostentando su pasión
en húmeda exhalación,
parece abortar la vida;
llora triste y afligida.
En lo aparente que llora,
y si una planta enamora,
¿qué mucho que sienta yo,
si soy sol a quien faltó
el albergue de su aurora?
Y aun de Leonor ausente,
tan ajeno estoy de mí
que de lo mismo que fui
desconozco lo presente;
amorosa el alma siente
el dolor que amando estoy,
y tan sin mí, tras él me voy,
que de este dolor vencido
ni me acuerdo lo que he sido
ni conozco lo que soy.
Entra Mayordomo.
Este Marte español,
este Alfonso, cuyo aliento
holló el último elemento
siendo en las esferas sol;
este cautivo y rendido
siendo inmortal en su fama.
Señor Alfonso, una dama
muchas veces me ha pedido,
de vuestro valor herida,
la entrada en vuestro aposento,
y aunque adivino su intento,
primero es razón os pida
licencia.
Mayo, el dolor
de mi pena es sin consuelo,
y no admite su desvelo
para agora ese favor.
15
Pintaros la dama intento
que esta mañana al nacer
el alba la pude ver
tocándose en su aposento.
Estaba sobre su cuello
de cristal batiendo el aire
con no advertido donaire
las trenzas de su cabello.
Como el aire envidïaba
lo diáfano del cristal
con movimiento no igual
las hebras lisonjeaba.
Como eran líneas bellas
el viento las dividía,
su garganta parecía
el cielo de las estrellas.
De rosas esmaltado
a trechos... aquí me quedo
porque decirte no puedo
lo mesmo que imaginado.
Que hay concepto tan mayor
que aun el pintor que le forma
cuando va a darle la forma
no acierta con la color.
Y así te digo que vi
todo un cielo en copia breve
y un alba que al sol le bebe
el nácar de su rubí.
Mas la reina viene.
Vete.
¿Para qué? No importa agora
que esté junto a mi señora
siendo mental alcahuete.
Sale doña Isabel en hábito de dama, muy bizarra, suspensos los guantes y unos versos, sin mirar a Alfonso.
¡Ánimo, valiente pecho!
que en acciones como aquesta
quien no sosiega y mesura
poco se debe a sí misma.
De mi hermano don Osorio
supe cómo doña Aldonza
está en mi casa, y a mí
me doy esta norabuena,
que donde está el sol de España
vendrá a ser por excelencia
cielo, donde antes tierra,
será al fin la cuarta esfera.
Parece que me he turbado,
que como en fatal pelea
anda el alma y los sentidos
unos con otros se encuentran.
Válgame el cielo, ¿qué es esto, a fe?
O me ha faltado la idea,
o es aqueste Dinodoro.
¡Qué confusión! ¡Qué violencia!
Señora, vos sois el sol
que admiro, la luz más bella
que cénit de oro da al día
candor de que se alimenta;
sois el alba, poco digo,
que si el alba es la primera
luz, vos sois toda la masa
que comunica el planeta.
Parecen, señora, estarse
en esas divinas esferas,
siendo por lo hermoso sol
y por lo luciente estrella.
Si por su valor rendida
estoy y a su gentileza
y por su ingenio me abraso,
¿qué haré? ¿No soy yo la reina
de Chipre, cuyo valor
en las vecinas fronteras
con este brazo he temido?
Rendidas sus fortalezas,
y que en el campo me expuse,
muestro tan presto flaqueza;
confieso mi vencimiento,
rapaz vendado, ¿qué intentas?
Viven los cielos, que estoy
tan en la duda primera,
que mientras más mira el alma,
mayores dudas aumenta.
Alfonso está divertido.
¿Si acaso entiende mis penas?
Decirlo quiero, mi amor
no es acción de mi grandeza.
¿Si podrá ser me responda,
el alma otro dueño alienta?
Quedo triste, siendo el daño.
Vuelvo a replicar resuelta:
él desconoce mi amor,
conociendo mi flaqueza.
Ea, sentimiento mío,
volved, volved a la esfera
donde nacisteis, que importa
que vuestro sepulcro sea
la cuna donde os formasteis.
17
Mueran mis afectos, mueran,
mas no, que en esta, en el alma,
su imagen viene a ser fuerza.
Que muriendo falte Alfonso,
si acaso de mí se queja,
mas en nada la he ofendido,
quiero hablarla. ¡Qué belleza!
Pero, ¿cómo está Leonor
tan dueña de mis potencias,
tan reina de mi albedrío?
Dudo mis inteligencias,
que una voluntad amante
asegurando finezas,
en los ausentes peligros
vive con las apariencias.
Si soy dichoso, señora,
tanto que merecer pueda
saber la causa del mal
que os aflige y atormenta,
suplícoos me la digáis,
que aunque esclavo soy, me queda
libertad en la elección.
En dos afectos pelea
el alma, pues que ha sido
mi esclava, mi amor lo juzga,
mi voluntad contradices,
porque si mi reino fuera
el nido donde aquel ave
de Júpiter se aposenta,
por tuyo le destinara;
pero escucha lo que intenta
mi voluntad. Aquí, Amor, ¡ay!,
tu enredo incapaz alientas.
El infante Dinodoro,
príncipe de aquestas selvas,
tan valiente como sabes,
puesto que acatas sus fuerzas
que ves tan mudas en prisiones,
volviendo atrás la cabeza,
pensé ser el peso el aire,
viendo imitada mi idea,
quiere en aquesta jornada
acompañar tu grandeza
sobre ellas mi fe el tiempo
y solo quiero que sea
premio desta acción que des
tu roja banda por seña.
18
que en su pecho el tuyo mire
y agradecido a las ofrendas
en su terquedad permitas
seguras correspondencias.
Hablen a solas.
¡Con cuánta razón el mundo
estima las alcahuetas!
Si diera Ismenia por una,
que Alfonso por una diera.
Aquí Alfonso queda mudo,
allí Ismenia muda queda.
Que vive Dios, que los dos
un mismo premio desean!
Acometer, que es lo cierto
y la mejor diligencia.
¡Cuántos triunfos se han perdido
por cobardes negligencias!
A mí me lo pedirá Dios,
que jamás tuve pereza.
Como acción tuya me manda
que sin huirla me entregas;
di, mi Dios, ¿será en todo
a quien mi amor obedezca?
Siempre esas galanterías
son en España excelencia.
Suena arma dentro. Sale un soldado.
Tus muros y baluartes,
murallas, fosos y fuerzas,
asaltan los españoles;
y hasta tu palacio llegan.
Porque estés más obligado,
perdono, Alfonso, esta ofensa.
Mi hermano impida el paso,
ya es imposible que pueda.
Sale el rey de Mora, Roger, Armen., Osorio, Guzmán,
y todos los que pudieren con las armas en las manos, tocando arma.
Falta que parezca Alfonso,
sea todo horror y guerra.
Aquí le tiene, señor,
tu majestad, a la mira
de que un agradecimiento
la voluntad te confiesa;
su esclavo soy de deber.
Acción es de tu grandeza.
Cuantos impulsos valerosos
ejecutando violencias,
acreditando rigores
y van sobre nuestras tierras
19
se suspenden con miraros,
que a tan divina belleza
solo con estos afectos
se pide el perdón de ofensas.
La ciudad, sus cortesanos,
laurel de tus plantas sea.
Esclavo fui de su mano
y la libertad me cuesta,
solo esta banda, señor,
y veréis que va con ella
el Infante, digno don,
por ayuda de esta empresa.
Aparte.
En más estimo esta banda
y las mayores proezas
será el humo de este incendio.
Aparte.
Qué hermosa que es la reina
cielos, suspended la vista,
que de aquellas luces bellas
vivo simple mariposa.
Pues en Trípoli la guerra
alójense los soldados,
y las proas se prevengan
a triunfar de Tolemaida.
Tu campo verte desea.
Con el mismo amor les pago.
Vanse entrando todos y queda Isma, Mayo, y atrás Hasán y Correrías.
Mayo, haz que al instante vengan
Tulio y Lidón, jueces
de mi reino.
Pues, ¿qué intentas?
Quiero sin rumor ni albor,
cuando a batalla tan nueva
me llama un valiente amor,
que por ellos en mi ausencia
se ha de gobernar mi corte;
pide a toda diligencia.
Penetre tu pensamiento,
cuando aquella estratagema
compusiste de tu hermano...
Él lo ignora; parte apriesa.
¿Que en esto has de ausentarte?
Al punto, es mi norte.
Vase.
Buena
mudanza. Adiós, mi Isme,
adiós, deidad de la tierra,
que en todo he de ser contigo,
o lo que viniere venga.
20
Seré amago de tu luz,
rayo, pues eres planeta,
vapor de tu exhalación,
crepúsculo de tu esfera,
el pasador de tus arcos,
ministro de tus violencias,
bosquejo de tus acciones,
ilusión de tus grandezas.
Y para acabar con todo,
en mala fortuna o buena,
seré el perro de Tomás,
con que está la lista entera.
Rúbrica
Sello de la Biblioteca Nacional
[Pruebas de pluma: Aunque apunte a primera...]
Marte español Guzmán
Segunda jornada
Llámase don Juan de Benavides
22
Salen Yemenga y Mayo
Después que dejaste a Chipre
turbado tu rostro veo,
que cuando al sol siguen sombras
son eclipses del afecto.
Pero ignorando la causa,
perdona mi atrevimiento,
te pregunto de qué nace,
que aunque en humilde sujeto,
porque desde que nací,
desde que al primer aliento
dio principio mi fortuna,
te sirvo, servirte puedo
de consuelo; que tal vez
el ave de común vuelo
logró premio inmortal,
dio a Júpiter por aposento
bárbaro albergue un peñasco,
que aunque tosco pavimento
Paso vano será hermoso,
tal es lo errante del tiempo;
dejas tu reino fiado
en las manos de un gobierno,
que mal hace el rey que fía
su estado de otro sujeto,
que aunque aquel le estime mucho,
obra como ajeno dueño;
heridas que están en otro
no matan, si dan desvelo.
Ya estamos en Tolemaida,
declara tu pensamiento
a Alfonso.
¡En qué desmayo...!
Yo te digo lo que siento.
Yo he de ser flaca mujer.
Pues ser gorda no lo apruebo.
Que he de caer, pierdo el sentido.
Bueno anda, por Dios, el juego.
¿Tú eres la que los leones
rasgabas soberbios,
fingiéndose otro Sansón?
Lástima, por Dios, te tengo.
Dile a Alfonso: "Señor rey,
aquí está el perdido seso".
23
decidme más.
Calla, ignorante,
aconsejarte no quieres,
pues qué hemos de hacer.
No sé.
Voto a Dios, que luego al momento
te vuelvas sobre esa selva,
que fatigada de vientos
campaña es de cristal puro,
túmulo de vidrio y hielo.
No conviene. Ya he venido.
Pues dime tu pensamiento.
Ignoro lo que he de hacer.
Yo también, y ansí tenemos,
aunque diversas fortunas,
iguales entendimientos.
Quiero declarar mi pena,
y luego falta al efeto
la ejecución de beber el agua.
Y del agua. Viven los cielos,
que por no ver en sus grutas
las conchas y los cangrejos,
que engendran pardas o blancas
las perlas según el tiempo
fiero, y qué mucho ungiera
fábula ya tan de pueblo
que se llama el doctor contra;
en los reinos más desiertos
no dé en tierra a su ruina
una nube escaso acierto,
quien enseñora de un vago
un rayo es hijo del fuego.
Dile a Alfonso, mi señora,
quién eres, verás que luego
tus deseos agradece
y que estima tus deseos;
es rey y rey español,
y es Alfonso.
Temo
que el alma que habituada
está en adversos empleos
difícilmente se aparta
aquel amor primero
en que se ocupó, dar
con el ánimo soberbio
tal vez a lo de un esposo.
Los últimos pavimentos
no a lo humilde se endereza
tan fácilmente.
24
El remedio
es decir tu amor a Alfonso,
que él galantear su mancebo
siendo español no es posible.
Si fuera un hombre extranjero
de esta nación no dudara
que viendo esos rayos bellos,
ese rayo de hermosura,
te dijera dos requiebros;
mas Alfonso es castellano.
Es tal, mayor mi deseo,
tiénme lástima, que cuando
rendida al mortal aliento
del sueño estoy, como el alma
formó en la idea el bosquejo
de Alfonso, rigor cruel,
entre la ilusión del sueño
hallo, ¡ay triste!, que fue sombra,
encarecerte no puedo
lo que siento que se ausente.
Juzgado, tú, si eres cuerdo:
muchas veces puede tanto
la cautela del ingenio
que aunque el alma se atormente
es lisonja del afecto.
Finge que aborreces ya
al rey.
Fingir no puedo,
que cuando amor me lastima
en vano su rigor mitigo.
¿Qué importa que diga el alma:
«padeciendo no padezco»,
si dice el sentido:
«miente el alma y yo lo veo»?
Parecióte que un dolor
comprimiendo el pensamiento,
y maquinado en la idea,
tuvo el ceño y no el efecto,
mas nunca advirtió un bien
sin ser verdad tuvo efecto,
porque mi libertad se juzga
cuando ve el conocimiento
ser mentira, es más la pena
que el rigor que antes violento
abrasaba en la desdicha,
oprimía en el desvelo.
En fin, ¿no has de declararte
25
Pues el discurso troquemos,
que aquí viene Melidora,
aquélla doncella, miento,
aquesta que fue cautiva
deste brazo y deste acero,
es de buen humor, dale
otras quiebras a tu intento,
diciéndole tus amores.
Que me cansa te prometo,
aunque disculpo su acción,
porque anima su desvelo
teniéndome por varón,
consagrándome su afecto.
Qué importa de que te estime
sé mujer, tan solo en eso,
que a ninguna le ha pesado
de ser querida.
Entra Melidora, mora muy bizarra.
Ya, cielo,
llegamos a la palestra,
como a mi sol te quiero,
y a tu voluntad conozco.
Tus deseos agradezco,
¿quiere el cielo más penas?
Fáltanle asombros al cielo,
un rayo que me deshaga.
Trocando en hielo su aliento,
viste un hombre plumas, siendo
el rostro, seré, a mi fe,
que, aun dándole su ofensa,
cuales ofende y renueva,
y a la venganza le exhorta,
pues así en esta contemplo
ser trasunto de mi pena,
símbolo es de mi desvelo.
Hablan aparte doña Inés y Melidora.
Mas esto de tener mujeres
me agrada, lo vario es bueno;
¿quién duda ser muy mejor
tener dos hembras a un tiempo?
Comer siempre de un manjar
cansa el gusto. Mas, ¿qué es ello?
Soy cristiano, mas soy malo;
cometeré cualquier yerro.
Fue Alexandro conmigo
una sombra, que un primero
Tarquino fue hombre de bien,
mas tuvo muy mal suceso.
Yo nunca agüeros aguardo,
superior parezco en esto,
una fortuna logramos.
26
el dios de mayo escudero.
En fin, estimas mis ansias?
Tus deseos agradezco.
Los años vivas del ave
que apenas conoce el tiempo,
que haciendo eslabón las alas
castillos de pluma y fuego,
y abriendo su pecho saca
centellas entre el aliento
donde se envuelve o renace
siendo enigma de lo eterno.
Divertido está mi amo,
escúchame dos requiebros.
No eres de mi ley.
Pues qué?
Quiere que la hable en verso?
No es cristiano mi señor?
No es la diferencia en eso.
Pues en qué es la diferencia?
En que eres lacayo grosero.
No soy lacayo, soy ayo
del haca de ese mancebo,
y no difiere el oficio,
aunque contrarios sus sexos.
Los reyes vienen, señor.
Acompañarlos pretendo.
Vase y
Aquí doblemos la hoja
para cuando nos dé el tiempo
oportunidad.
Pues ya
doblar la hoja me quiero,
que lacayos son conmigo
sombra que no tiene cuerpo,
amago que no se ejecuta,
sin rayo, aparente trueno,
niebla que no tiene luz.
Somos diablos de un infierno.
Vanse. Salen los reyes y Amaluán, y don Juan, Roberto, Quincel, Gemenia y acompañamiento.
Este es, pues, mi parecer,
que sitiando la ciudad
podrá Su Majestad
sus intentos conocer,
y en fin estando eminente
el sitio podrá, señor,
castigarlos tu rigor.
Paréceme conveniente.
El sentimiento es forzoso,
muerto don Suero de Aguilar.
En todo fue singular.
27
Por bizarro y animoso
y por su muerte ha de haber
diferencias, pues su espada
han de pedir.
Ajustada
la elección tiene de ser
en la presente ocasión,
gran falta, señor, ha hecho
su grave acuerdo.
Su pecho
fue rayo, fue exhalación.
Que intenten sin violencia
basta, y estoy ofendido
de que haya el campo sentido
del General la ausencia.
La espada del General
pedir intento, mas no,
que esta es mía, valgo yo,
pues no hay a mi esfuerzo igual.
Pedirla es bajeza mía,
que será dar a entender
que pude envidia tener
de la ajena valentía.
Si el Rey me ruega con ella
ha de ser fuerza tomarla.
más se pagará guardarla
este español, a tu pena.
Mi gente,
del Senescal,
la espada de don Juan,
la dejo a Roberto en medio,
pues no hay en el campo igual
esfuerzo.
¿Qué es lo que oigo?
Atemorizado quedo,
ya de mi paciencia excedo;
pedirla es forzoso aquí.
Para ver si este ignorante
inglés me conoce ahora,
sin duda quién soy ignora.
¡Qué español tan arrogante!
Ase por la mano al Almirante don Juan y sácalo a un lado del tablado.
Yo os pido que la espada,
que es justo que se me dé,
pues en mi valor se ve
que quedará muy honrada,
y advierta para igualarme
con valor es menester,
o que vuelva yo a nacer
o vuelva el cielo a criarme;
porque aun haciéndolo así
no se asola mi desvelo,
dudo que aunque produzca el cielo
o otro que me iguale a mí.
Pues yo, español, he dudado,
viendo tu grave osadía,
si acaso del alma mía
alguna parte has hurtado;
porque no es posible a ver
que no es gran temeridad,
si no es inmortal deidad,
quien iguale mi poder.
Pues don Álvaro ha pedido
la espada, callar conviene,
mas que mi valor se tiene,
si soy Osorio, he sido
su amigo y su compañero,
no por eso he de perder
la ocasión de responder
que debe un noble caballero.
La espada solo os pido
pues mi valor conocéis.
Por premio con que me honréis,
ya sabéis que os he servido;
la espada llego a pedir,
mas don Álvaro me mira.
Paréceme que me tira
por orden para morir,
sus ojos dos rayos son,
qué gran valor le acompaña,
es fiera a quien le dio España
la sangre y la indignación.
Lance es donde hay confusión.
Caso es indeterminado,
el español se ha indignado,
hombre es de resolución.
De aquí al foso no se fuera.
Gran mal de los dos recelo.
Que a asirse de un gozne al cielo
le echara si entrar pudiera.
El rey me mira, ocultar
la pasión conviene agora.
Quien la indignación ignora
de don Álvaro, tratar
del remedio es conveniente.
Señor,
¿qué manda su Alteza?
Que pues asaltar se empieza
mañana el muro eminente
de Tolemayda, remitan
la victoria a sus aceros.
29
Esto me importa, caballeros,
todos el acuerdo admitan,
la espada se llevará
el que más osado fuere,
nadie mi valor prefiere.
Mía sin duda será,
A valor y a lo arrogante,
a lo bizarro y valiente,
de Álvaro mi afecto siente
digno en premio semejante.
Yo soy de aquel parecer.
Es acuerdo soberano.
Con esto que está en mi mano,
ya no tengo que temer.
a los dos
Con ella he de castigarte.
Sin ella he de pelear.
Yo solo pienso triunfar.
Con la mía he de matarte.
En la media luna aguardo.
Ve siguiendo mi esplendor.
Sigue mi esfuerzo gallardo.
Sin duda en el alba espero
de Tolemaida la gloria.
En conseguir la victoria,
mi brazo será el primero.
Yo te aguardo, castellano.
Yo te aguardaré, arrogante.
La muerte tienes delante.
La tuya a dar, gaditano.
¿Qué es esto?
Tratar que debe ser conveniente
¿Álvaro, estando presente?
Solo espero tu favor.
Vanse quedando Ismenia
Vivo sin vida, es en mí
mi pena y el padecer
seducción del nacer
pues tan infeliz nací
desde el punto que viví
como mi rigor advierte
muero a manos de mi suerte
tanto que de mi fortuna
ignoro si fue la cuna
el túmulo de mi muerte.
En fin, pues amor lo ordena,
a Alfonso he de declarar
mi pensamiento por dar
algún alivio a mi pena.
Pero en tanto que ya suena
de mi valiente osadía
dictar la pena a Lelia
a Alfonso intento salir
al campo.
¿Ya a qué?
A morir, mostrando mi valentía.
Vete.
¿Adónde?
Ya voy.
Provean armas, que al instante
soy contigo.
Qué arrogante
eres.
Dios de mí soy,
y ha de terminarse hoy.
Dime a qué.
Yo, a morir.
¿No es mucho mejor vivir
quieta?
No, María querida,
que esta, de dolor vestida,
no es vivir, sino morir;
sabrá Alfonso mi destreza,
Guzmán verá mi valor.
Contrario afecto el amor,
le asustas con la fiereza,
estima más tu belleza;
que, a lo que llego a entender,
para ser amada, el ser
más humana has de mostrar,
que el que te ha de amar,
ha de ser siendo mujer.
que bueno amar un dragón,
quien a fieros diferentes
le enseñe a un hombre los dientes,
me dice su pasión.
Es bueno amar un león,
un tigre; voyme despacio,
que con ojos de topacio
suele haber tales leones
que huyen las ocasiones
como los leones de palacio.
Parte, pues que ya te sigo.
¿Qué haces?
Tiento la espada
para llevarla ensayada
por si topo a mi enemigo;
mira que el cielo es testigo
que a nadie ofendí jamás,
y escondido veré más;
dejo el derecho camino,
yo pendencia con el pino
intento reñir nomás.
Escóndese.
El alma a hablar me provoca
y luego, para más mengua,
queda difunta la lengua
siendo el ataúd la boca;
y a nervios, y apenas toca
y cuando mi pecho labra
el concepto porque abra
la boca a la ejecución,
desmentida la intención
se queda sin la palabra.
Pues es cuidado de
Alfonso y su campo vela
le he de buscar, pues ya es
de media noche tan cerca.
Sale Roberto por la puerta izquierda
Si ha venido mi contrario
Guzmán y mi ruina desea,
que conozca mi valor
yo, que vencí de las fuerzas
de Francia, siendo terror
en las vecinas fronteras,
al castigo de su orgullo,
rayo a su vana soberbia,
¿un español se me atreve?
Un hombre hacia mí se llega,
y con lo oscuro que viste
la noche no se penetra
quién puede ser; él viene,
quiero llegarme más cerca.
Sin duda que éste es Guzmán,
cumplió su palabra.
Aquesta es la parte do le juzgo
Entra don Juan Osorio por delante de Osmán.
Quiero ver a Albano, espera,
no sé si he venido a tiempo,
porque aunque el deseo anhela
para buscar a don Albano,
ni en el campo, ni en la tienda
lo puedo hallar.
Otro bulto
que entre la blanda yerba
se aparece a cobardía
de aquesta nación soberbia,
quiero hablarle.
Este es Roger.
Si eres a quien busco, piensa,
que aunque estés acompañado
basta para ambos mi fuerza.
Yo vengo solo, mas tú
ves a prevención te empeñas...
Va entrando Albano por las espaldas de Roger.
Ya se llegó la ocasión.
La media luna es aquesta
que intenta el inglés, ignora
quien soy, de mi fortaleza
no tiene noticia, aquí
le enseñará la experiencia
que soy en esto prodigio
todo el terror de la tierra.
32
Mas, ¿ves este que aquí está?
Y cuando pensé viniera
solo, viene de esta suerte.
Alguna traición intentan.
Yo a buscaros vengo solo.
Pues, sin queja, ¿es así? Llega,
que yo don Álvaro soy.
¡Oh, Dios!
Qué duda es esta,
qué confusión de sentido,
qué imaginación de idea.
Saca la espada, arrogante.
A vuestro lado y defensa
tenéis un mundo, pues ves
otros dos que os acometan.
Este es mi contrario a quien
he de ayudarle aunque fuera
mi padre el que está en el campo;
además, aunque la esfera
está lóbrega, se advierten
dos bultos en mi presencia,
aquí me puso la suerte.
Más vale que el mundo sepa
que di ayuda a mi contrario
que no que entender se pueda
que trate de irse conmigo,
esto importa a mi nobleza.
Aquí os aguardo yo solo.
Señor...
En vuestra defensa
tenéis un mundo fiado
de mi pecho, que aunque fueran
los ejércitos reales
de quien Alemania tiembla,
fueran breves mariposas
de mi indignación soberbia.
Yo os agradezco el favor,
mas en ocasión como esta
casi llego a ser ingrato;
que es mi ofensa la defensa
dirá el mundo, que venís
conmigo, o será bajeza la
de mi pecho. Esto conviene.
Ya que, sin saber quién sean,
hay dos que sirvan de padrinos.
Y arrastrando estoy de pena.
Bueno anda por Dios el juez;
mi amo y Osorio esperan
a don Álvaro.
Señor,
al rey voy a dar las nuevas.
A Roser digo quién soy
porque de aquella manera
buscando mejor lugar
será mi venganza cierta.
Don Álvaro soy, Roser.
Muy gran bajeza
es venir acompañado.
Solo vengo, y porque veas
mi valor, aunque la noche
nos da lugar, aunque presta
el primer rayo su luz,
podemos por esta selva,
dejando a Osorio en el puesto,
ir donde mi brazo sea
castigo de tu osadía.
Ya tengo en mi soberbia
Vanse los dos, y como que en él se esconde.
Mira que va viendo el día.
La gente que estaba cerca
se fue, seguro es el susto.
Primero es forzoso sepa
quién animoso y valiente
me favorece, tu alteza.
Señor, que en aquella parte
tuve segura sospecha
deste desafío y quise
Evitarlo, o que tuviera
parte alguna mi valor.
Pues ya seguros, esfuerza;
aunque es tan espeso el monte.
Lo mismo mi afecto intenta.
Vanse. Salen Álvaro y Ro.
Ya hay luz para conocerme,
ya sabes quién soy, espera.
Haberte traído aquí
es honrosa diligencia
de mi espíritu, que estabas
en peligro; y porque veas
mi valor siempre invencible,
te saqué desta manera.
Los hombres que imaginabas
ser yo, dos amigos eran
valerosos, mas no quise
que nadie parte tuviera
en la victoria que espero.
Es la mayor que celebra
el mundo, pero el engaño
de mi voluntad resuelta,
la indignación de mi brazo
tanto el discurso violentan
que estimo la ingratitud
y aborrezco la clemencia.
34
Pues yo, que guardé tu vida,
fue porque temí que en ella
faltara objeto a mi brazo,
por ser pequeña materia
a tanto impulso, y así
te eximo que ingrato seas.
Por castigar de una vez
tu ingratitud y soberbia,
Y excusamos más palabras.
Dentro
De aquella manera cesan.
Gente viene
Aquí suenan las espadas
Aquí sus aceros suenan
Aquí escondernos
podemos entre esta selva,
mientras pasan, y alejándose
seguiremos la refriega.
Un remedio he prevenido.
Dame la mano.
¿Qué intenta el de el páramo?
En señal de vernos.
Pues así sea.
Van los reyes S. don Ga-
rcía a compás de ellos,
con las manos asidas
Moros, a nuestra asomada
no es justa acción que se advierta
un reparo alterado
cuando el riesgo está tan cerca.
Ya tiembla el mundo de veros,
que esos bravos que hoy celebran
amistades son dos iras
de la indignación soberbia;
ea, valientes soldados,
vuestra es Tolemaida, sea
blasón breve a tanto impulso
que ilustra acciones que sea
tal acuerdo, do el cielo ha sido
y a España e Inglaterra
a Tolemaida caminan
de nueve y más
Vanse todos y don Juan y alonso =
Oiga vuestra Alteza
yace una selva en el mar
cercada de dos escollos
que sirven a su hermosura
de lisonjas de soberano
tan imagen del abril
que imagino que envidioso
Marte receló a Chipre
los dibujos más vistosos
en este pues obelisco
nací siendo un fiero asombro,
declaró dante mi padre
el carácter prodigioso.
Criéme tan para mí
que desde el primer sollozo
fui estrago de hombres y brutos.
35
y fui de la tierra asombro.
Pues tal vez en el campo
esgrimí el acero airoso,
llegando a envidiar las Parcas
la ejecución y el destrozo;
y aunque turbado mi afecto
entre penas y entre ahogos,
con mi natural robusto
y con mi afecto animoso,
he venido a declararme,
pues, lo sabe el cielo, es poco
cuántos pesares me cuesta
y cuántas desdichas lloro,
para decirte que soy
Ismenia no, sino Theodoro,
mujer y reina de Chipre,
a tiempo que ya un poco
ya tienes de mi valor
noticia, y que soy asombro
de los hombres, que mi acero
es cometa luminoso.
Tal vez me vi tan teñida
de sangre, que desconozco
mi ser, porque mi forma,
trocada en sangre, se borró.
Yo, pues, parca rigurosa,
yo, pues, rayo portentoso,
yo que a Semíramis dejo
atrás en hechos heroicos,
viéndote a ti en la campaña
tan bizarro y animoso,
hijo de Marte te aclamo;
ya a vencerte me dispongo,
porque es tanta mi osadía
que como león furioso
perdono al que se me humilla
y al ir soberbio me opongo.
Yo te miré en la campaña
tan bizarro y animoso,
que allí solo juzgó el alma
que necesitaba esposo.
Tal vez mirando tu brazo
en las ruinas un furioso,
miré de coral reserbo
entre lo verde lo rojo;
y con ser tantos los daños
que al alma me provocó,
se unieron los amagos,
que acuda fiel el uno y yo.
La muerte tan ocupada
se vio que a tu brazo heroico
remitió ejecuciones
que ella tuvo por asombro.
Álvaro va a entrar y se detiene en la puerta viéndolos con atención.
de suerte que en la campaña
los dos, aunque fuimos juntos,
se retiró de cansada
de tu seguimiento solo.
Por ti me metí en una nave
cubriendo el seno tan alto
de mi natural que pude
hollar los ardientes polos
al fin de tantos soberbios
afanes.
¿Quién sois?
Mujer soy, Fátima soy,
suerte vivas tan dichoso
que aun el tiempo tenga envidia
de tus años, siendo en todos
tan feliz que nada esperes
y siempre te envidien otros.
Ea, señor, tu nobleza
sepa mi afecto; tú logres...
Reina, ¿nada respondes?
Aun apenas me conozco.
Por ti mi patria he dejado,
que en estos cielos piadosos
hay más penas por sentir.
Tantos fieros de alevosos,
tantas bravezas de injurias,
¿no me encendiera en sus asombros
un rayo? Pierdo el sentido.
que de confusiones, loco,
apenas sé dónde estoy.
Eres conmigo piadoso,
agradeces mis deseos;
lo que estoy pasando ignoro;
pues si a deshora el alma
de inefable alborozo,
la muerte le será vida,
la vida le será estorbo.
escondido
¿Qué es lo que he escuchado, cielos?
Que paz y amor en un amante,
siendo asombro de los hombres,
amor Júpiter abate.
¡Qué inmenso raudal de dicha, cielos,
apenas el alma cabe
en sí misma, porque duda
cómo podrá terminarse,
cuando mi fortuna, ¡ay triste!,
piélagos surcando graves
de confusiones, zozobra
se salva del naufragante!
Hallo, ¡ay rigurosa suerte!,
una dicha tan grande
que me admiro, me ofendo,
que podrá el mundo culparme,
y deidad, ¡ay de mí!, ofendida,
podrá con razón quejarse.
37
que no pago sus deseos
y podrá ingrato llamarme,
al muertas sale deudo,
de qué manera excusarme
podré, Leonor es mi esposa,
y es su amor inmudable.
¿Qué me respondes?
No sé,
que así a las amistades
pagas, así correspondes
así en mí raras faltas.
¿No te di la libertad?
¿No pude esclavo llamarte?
Pues, ¿cómo cautivo a Os-
mín dejas a no obligarte?
Cielos, ¿quién a un traidor
amoroso, tierno, afable
facilitar imposibles
quien pudiera consolarle?
Suspenso, Alfonso, a mis quejas
como en tal nobleza cabe
una fiera mal nacida.
Soy ingrato, siendo aquel ave
que nace y muere entre dioses
eres serpiente que nace
dejando para beber
su principio en un cadáver.
Yo antes de morirme
quise a Leonor sin su amante,
es de Inglaterra Reina,
presente miras su padre.
No sé, no sé qué responda,
pues imposible es pagarle.
Tiénele.
Vete y déjame, mi dueño.
¿Qué pretendes?
Ahogarte.
No es posible.
¿Por qué no?
Porque adoro en otra parte.
Vete y con tu Leonor vivas,
Alfonso, tantas edades
como yo padezco penas;
y si son ellas tan grandes,
tocarán la eternidad,
y aun ruego a los cielos falten.
Escondido.
Suspenso, el móvil del alma
duda en acciones tan graves.
Alfonso teme advertido,
mirando el riesgo gigante.
Conmigo me sobran,
y entre mis dudas constantes,
paréntesis de mi vida,
es clemencia mis crueldades.
38
esto importa y encomiendo a Dios.
Vase.
Atale la banda
Pues toma tu banda y parte,
porque el pecho que la adorna
vaya a que idolatre amante
de símbolo del amor mío.
Semíramis vase.
¡Ay, que muere quien así
con mil imposibles lucha!
¡Ay, ciegas facilidades,
fáciles a los principios
y en los fines tan culpables!
Adiós, Ismenia, da adiós.
Soy de tus muros gigante,
Ismenia. Pero no puedo,
que está el alma en tus manos.
Sale el Bárbaro.
Todo el rato he escondido,
Alfonso, que cuerdo amante
la alma he tenido, ¡ay, Ismenia!
¿Quién vio clavel desnudarte
sobre la nieve que fueron
sus mejillas, nieve y sangre?
¿Quién vio la aurora celosa
salir a mirar su amante
el sol cuando la recibe
entre encarnados celajes?
A un fénix en hermosura,
a su deidad tan frágil,
a tu amorosa dicha,
que en competencias constantes
sus rigores vence.
Lo que se previene amante,
quien tomare la banda,
si los despojos triunfantes
muy mortal la somete.
La tomo para mirarme
tan vuelto en ser, ¡ay!, aviso,
a costa de mis pesares.
Y de dos conquistas pueda
fénix sacrificarme,
y a la águila de Dios.
A un Jove, pues hizo alarde
que en tigre ánimo exhala
esos rayos celestiales.
Si non sois el invencible
caballo a Troya triunfante,
que a valiente amor sirvió
celebrar eternidades.
39
El Marte Español.
Jhs
El Marte español
Tercera jornada
Suenan cajas y sale por una puerta Álvaro de Guzmán y por otra Roger de Ruisellón con espadas y rodelas
Inglés, ¿qué es lo que pretendes?
¿cómo no temes mi nombre?
¿cómo ciego solicitas,
quieres que indignado aborte
rayos que tu hielo enciendan,
o que mi impulso te arroje
a que habites con los astros
siendo morador del norte,
y que por mi rey y el tuyo
dejo que tu vida logres,
pues fue su mano la que
que pudo librarte anoche;
sabes que soy el que puso
sobre la faz sus torrejones
el estandarte de Alfonso,
a quien temblaron los orbes.
sabes que entras a lidiar
entre alfanjes cortadores,
fui cometa de sus iras
y de su soberbia azote.
Pues, ¿cómo desvanecido
vienes a esta parte adonde
está el valor que en mí adviertes?
Pero si no me conoces,
caro verás que es osado
en esas bazas meterte.
Que a cenizas te reduce
abrasado en mis ardores;
vuélvete, que jamás temí,
y a nuevo peligro espónese
quien en esta parte yo hallo
con más obras que razones.
Porque cuando llego a hablar,
vuelvo a mi memoria adonde,
si no está escrita la acción,
mi lengua no la depone.
Esto, a vista de los ingles,
son de mis hechos menores;
lo más, porque no te asombres.
41
Y si agora no me rindo,
es porque riesgos mayores
serán triunfos deste brío,
antes que el ardiente coche
bañe sus guedejas de oro
en la espuma donde Adonis
vio su hermosura, de Tetis
dio a la eternidad su nombre.
A no saber tú quién soy,
pudiera animoso joven
ofenderme de tus fuerzas;
mas no es ofensa en que estriba mi enojo.
Porque de ser tú valiente
ninguna injuria me pones,
engrandeciéndote a ti
haces mis verbos menores.
Pero para que conozcas
mi brazo, para que borres
hechos que como tú dices
no engrandecen tus acciones,
yo soy Roser solamente;
yo que con aqueste nombre
he dado a Francia más miedo,
deshecho más escuadrones
que tiene escudos el belga,
el prado varias colores,
peñascos la tierra grave,
fuego esos lucientes orbes;
y para que no presumas
que me ofendo de que logres
la dicha que me prometí,
a otra parte voy a donde
yo solo con este acero,
sin que ninguno me estorbe,
he de ganar la muralla.
Ro. = San Jorge
¡Santiago, España!
Pasen todos
¡Allá va el trueno de España!
Bárbaros, tened mis golpes,
que la fortuna a su impulso
obediente os reconoce.
Cajas
Va subiendo Álvaro por una de las bóvedas
Valor por aquesta parte,
la confusión de las voces
avisa mayor empeño;
y en él es bien que se logre
la fiereza de mi pecho
para que augusto coloque
entre eternidades hoy
la fama de mi nombre.
Suba más arriba, asiéndose de la muralla, haga fuerzas para subir, y demediado dentro.
Aquí importa mi rigor,
donde dispongo primero
a asaltar el muro espero.
Va saliendo y sube D. Álvaro al muro. Cae al suelo con un pedazo de muralla que ha de estar hecho con corcho y mucha tierra con que ha de caer sobre él y D. Diego le ha de amparar y suspenderse.
Suena arma
que adelanta mi valor
y a la batalla se enciende
que es fragua de mi aliento,
mas ya la muralla al suelo
hecha pedazos desciende.
Cuando en el suelo me vi,
dando gloria a mi deseo,
fui imagen de Prometeo
y sombra desvanecí.
Un peñasco descendió
conmigo, y del caso por fiero
que vino por mensajero
de la parte que quedó,
porque viendo mi violencia,
y temiendo mi osadía,
por embajador le envía
a rendirme su excelencia.
Vase levantando en los brazos de D. Die.
No es bien, valiente soldado,
que desmaye tu valor.
¿No conoces mi vigor?
Un rayo soy animado.
Mas, señor, aquí tu alteza
en lugar tan peligroso
ha sido lance forzoso
que bien muestra su nobleza,
dos extremos he logrado.
en lo que me ha sucedido
pena en el haber caído,
gloria en veros a mi lado.
Mas ya bien lo sabe Dios,
dos glorias he de tener:
una en volver a vencer
y otra en teneros a vos;
porque el alma, a vos unida,
tan valerosa se halló
que piensa que recibió
gran parte de vuestra vida,
y anhelando en vos y en mí,
he dudado si vivía
por la que de vos tenía
o la que me informa a mí.
Cielos, si saben quién soy,
quiero fingir que no entiendo
lo que dice.
Ya se van uniendo
con furor, se ven, y hoy
tuya será la campaña.
A ellos, valiente Alcides.
A estrago voy de las lides.
¡Santiago!
¡Cierra España!
Vanse, suenan cajas y dase la batalla dentro, y dicen:
¡Viva Mahoma!
¡España!
Salen Ricardo, Roberto, don Juan y Riniero.
Solo el nombre de Dios viva.
Saliendo, responda Gastón.
Que el África se asombra
con vuestra sangre africanos.
A Dios se debe la gloria
deste acierto y vencimiento.
No imagina el pensamiento
más soberana victoria.
No le queda al africano
poder, victoria le inquieta.
Yo espero tener su testa,
sus fuerzas...
Rayo britano,
no hay vencimiento imposible
cuando España, Inglaterra,
son los rayos de la guerra.
Al valor todo es posible,
huyen desvanecidos
los bárbaros arrogantes,
y los aceros brillantes
miré a mis plantas rendidos.
De los mayores asaltos
es cual el Tercio ha visto.
Librad la junta de Cristo,
asaltados los muros altos
de Jerusalén, cristianos.
Entra Ismael, Tarconi y Osorio.
Pues ilustres victorias
Con más soberanas glorias
que celebran los romanos,
señor, pues habéis mirado
los hechos de mi valor,
dad la espada al vencedor
como lo tenéis mandado.
En la misma pretensión
sigue el ánimo el deseo.
Solo yo soy de su empleo
la debida sucesión.
Pues que vuestras majestades
testigos del caso han sido,
den el premio al que ha servido
acción de más calidades.
¿Quién sino yo puede ser
más digno de la elección?
Yo, que supe en la ocasión
los africanos vencer.
Solo a mis hechos se dan
la espada; yo puedo solo
gozarla de polo a polo.
Don Álvaro de Guzmán
llega agora a tu presencia
cargado de sus despojos.
Entra don Álvaro con dos banderas rojas.
Estos estandartes rojos,
pues no admiten competencia,
44
Pido la espada, señor,
del general.
Y yo también
la pido, porque se ven
los hechos de mi valor.
Si en tan osada ocasión
niegas a mi valor, yo quiero
manifestarlo el primero,
dándome un rato atención.
Después que el sol entre nubes,
invicto monarca Alfonso,
dio el primer anuncio al día
renovándole en su propio,
después que de tu presencia
partí al asalto dudoso
de ese edificio que sale
a la margen de ese arroyo,
para conseguir mi intento,
expuesto el ánimo heroico
al riesgo, trepando el muro,
fui de su soberbia asombro.
Tanto, que viendo el peñasco
mi espíritu tan brioso,
oprimido de mi furia,
se abrió, y descendiendo en trozos,
fue tumba de mi valor,
y cuando me juzgan todos
ya un cero de esta infeliz,
envuelto en sangre de un godo,
nuevo espíritu me alienta,
de nuevo rigor me informo,
nuevos riesgos solicito,
a nuevos daños me expongo,
porque viendo que ya había
desmentido el rostro odioso
a la parca, no temía
el rigor de sus asombros.
Subí al muro, y lo primero
que encuentro, entre los sollozos
de la muerte, a Tarudante
bajá, soberbio, animoso.
Llevaba el moro arrogante
en la cabeza un escollo
de tocas, que parecía
un nevado promontorio,
que si el ave luminosa
que yace en ardiente solio
con Júpiter le mirara,
le envidiara por hermoso.
Presentóme la batalla,
Foliación original en la esquina superior derecha: 45
Yo con ingenio bravo,
le rompen, y de un revés
le dividí de los hombros
la cabeza con tal furia,
que estando sobre ese escollo,
vino a parar el turbante
largo trecho de nosotros.
En fin, volviendo a mi gente,
con el ánimo sanguinoso,
que cada acción fue una parca,
y estaba el tiempo envidioso;
que comparada la acción
al término presuroso,
que de muertes pobló mi acero,
que el viento previno soplo.
Tantos temieron mi brazo,
que muchos de ver a otros,
del amago se murieron,
por hacerme aquel soborno.
En este tiempo a su campo
vuelve a voces Rifaalfo,
y yo ya desocupado
de enojo tan riguroso,
entre la gente te busco.
por mi señor te conozco,
por mi dueño te respeto,
por mi príncipe te adoro,
por mi rey te reverencio,
y a tus pies augustos pongo
estos, que serán testigos
de mis hechos prodigiosos.
Eche las banderas a los pies de Alfonso.
Y no he de referir
mis hechos por sospechoso
en celebrarme yo mismo,
cuando los opuestos polos
saben que de mi cuchilla
y de mi brazo brioso
teme el Asia, África tiembla,
siendo a sus fuerzas asombro;
yo que derribé las murallas
de esos rebellines fosos,
que a la fama paragón
fuerte Marte que invoco,
fui en ardiente emulación;
mas, ¿qué es menester? que me corro
dando a la memoria aviso
y con ello me deshonro,
dudando en la alegación.
Vuestra Majestad en todo
46
Hablen los reyes a solas
disponga lo que conviene.
Cielos, ¿qué naufragio es todo?
¿O la vista desconoce
los efectos que hoy lloro?
¿Los males que he padecido,
los que siento, los que lloro,
no es mi banda la que miro,
la que al pecho generoso
del Marte español, Guzmán,
ciñe, y él le mira airoso,
habiéndome a mí sin ella,
y enviádola al tesoro
de quien soy? En él me falta.
Hay más tenues desahogos:
sabré cómo la adquirió,
pues es bizarro en lo airoso.
Desta selva, antes que el día
descienda en sus ejes rojos
a dar luz a nuevos mundos...
Tan justa elección abono;
la espada del general,
su mismo entierro dispongo.
Por empleo de su acero,
su túmulo el mausoleo
sea, y cese la contienda.
Rúbrica
Obedecerte es forzoso,
que yo solo la pedí
por parecerme que solo
era en mi mano estorbarla.
Con mis errores, Alfonso,
solo yo la merecí.
Pues el acero invicto,
no para las acciones
ello importa.
Da a mi enojo...
He obedecido, señor,
casi quedo escrupuloso
de lo que ha hablado, entre dientes,
este inglés.
Vanse, y quédense Osorio y Alba.
Ya zozobro
en un mar de confusiones,
siendo mis penas el golfo;
aparte hablarte quiero.
¿Qué mandas, en qué te sirva el Almirante?
Por ser tan caballero,
retrato deste modo su nobleza.
Tengo muy conocida.
Vuestra edad del tiempo no advertida.
Escucha ahora, desvelo,
y la causa sabrás que me ha movido.
47
a hablarte agora, el celo
en importantes partes conocido
me fuerza que te diga
la causa que me mueve y que me obliga.
Cuando en Chipre animoso
con mi Castilla, rayo de mi tierra
mi valor prodigioso
fatal estrago entonces de la guerra
tu gente ya perdida,
temió la muerte si perdió la vida.
Prendí tu rey, y agora
empieza mi valor y cara a cara
esto nadie lo ignora,
le pude yo vencer sin que llegara
a ayudarme mi gente.
Mira pues de los dos cuál fue el valiente.
Pues, mi señora,
la Reina, le estimó como debía,
fue sol a tanta aurora,
diole la libertad porque quería
que yo le acompañase
y hasta en presa consigo me llevase.
Diole el Rey esa banda
que traes al pecho, mira pues agora
si es lícita demanda
que te la pida, tu valor no ignora
ser deudo el empeño,
la banda es mía, yo su propio dueño,
y así determinado
vengo a quitarla de tu pecho altivo,
que un afecto obstinado
es un volcán de llamas en que vivo,
y a no estar en tu pecho,
la quisiera entre mis brazos de derecho.
Aparte.
Suspenso mi sentido,
pendiente del compás de tu propio aliento,
y no sé lo que he oído;
la causa dudo de tu pensamiento,
porque esta banda bella
despojo ha sido de una hermosa estrella,
encarecerla quiero
porque entienda mi amor a quién pudiera
seguirla, por quien muero,
en fin, la estimo tanto, que si viera
con darme todo el cielo
no la diera.
¿Qué duda mi mancebo?
que soy mujer no ignora.
Es la deidad en todo más perfecta.
Tachadura al comienzo del primer verso: [ilegible]
que el cielo ha producido.
En fin, mi dueño
todo lo ha sabido.
Si Mayo ha declarado
quien soy, no quiero honrado, ¡vive el cielo!,
mostrarme quiero airado;
que así vendrá a salir de su recelo,
si en mi rigor advierte
con el castigo su infelice muerte.
Esto ha de ser.
Pues mira
que don Álvaro soy.
¿Qué importa ahora?
si es vana tu ira
en mi valor.
Advierte, mi señora,
¿Qué dices?
Brevemente
diré la causa que mi afecto siente;
y estando solo, ¡ay cielos!,
en un campo que conduce flores
a ese helado arroyuelo,
mitigando del estío sus ardores,
pues él le presta nieve
y cada flor le envidia lo que bebe;
Tachado en el margen izquierdo: Os.
buscando a Alfonso veo.
Aplacando a Margarita le he oído,
a quien adora el deseo.
A ti digo, señora,
ya he entendido
que estabas triste. Rosa,
al deshojar mas eres mas hermosa,
que dándote a un ingrato,
¡o mal haya la fortuna inadvertida
del injurioso trato!
Mira que es ocasión para perderla,
y entonces a las flores
en esta banda diste más colores.
Tierno el eco sonaba
de tu amoroso acento; parecía
que el alma se llevaba
cada palabra que en tu boca oía.
Tan amoroso y ciego
que allí fui mariposa de tu fuego;
aun a fiera rigurosa
un desdén duro, o rendí a sus enojos,
tu amor le conducía
dulces afectos con amantes ojos,
y yo de amor prendado,
de tan bella imposible enamorado.
49
El talle de Alfonso mira,
rigores que le advierte primero
mi voluntad, que aspira
a ser tu esclavo, premio que yo espero.
¿Conócesme?
¡Oh, si hubiera
nacido que jamás te conociera!
La vida me ha costado
el haberte, señora, conocido;
callé y temí turbado
de tu valor y de quien soy vencido,
tanto que fue mi suerte
amar el riesgo y conseguir la muerte.
Cuando intento, ¡oh ofendida!
cobrar la prenda de quien fui amado,
hallo que va perdida
la presunción, la gloria del cuidado;
y en tan arduos desvelos
pido piedad a los sagrados cielos.
Entrando Alfo. y detiénese en la puerta.
Hablan a solas.
Álvaro a solas aquí
con Ismenia, ¿qué de hacer?
Mas ¿qué importa mi poder?
No se ofende nada así,
yo me acuerdo que la vi
decirme dulces amores.
y aun brindadoras las flores
de este en que ingrato logré
y yo entonces desprecié
sus afectos y favores.
Si digo que estoy aquí,
Ismenia podrá entender
que a los ojos y mi poder
vive amante y no es así;
y aunque busqué el daño en mí,
mejor será que agora intento
vestido de un pensamiento
divertir su dulce suerte,
siendo anuncio de su muerte
el belicoso instrumento.
Vase.
Yo agradezco tu deseo,
estimo tu voluntad,
y aborrezco la crueldad
de mi riguroso empleo;
que pagara tu amor creo
a ser posible, ya que en sí
que me aborrezcas aquí
te ruego, porque ha de ser
imposible merecer
favor ninguno de mí.
50
Un enfermo siente el mal
mientras la naturaleza
le comunica viveza
con el calor natural,
mas cuando ya está mortal
aunque la vida apetece
tanto el dolor le adormece
que negado a discurrir
padece el mal sin sentir
sintiendo el mal que padece.
Así yo con penas tales
en el mal de tus desdenes
aunque apetecen los bienes
no vengo a sentir los males.
Porque son tan naturales
en mí, que si tu belleza
intenta nueva aspereza
no me ha de dar pesadumbre
que hace el sufrir costumbre
y dolor por naturaleza.
suena un clarín
Pierda el troyano el recelo
de ver su campo perdido,
y de consuelo vencido
descubre el norte al consuelo.
Alivio a mi loco desvelo
con cuerda desconfianza,
y pues ventura no alcanza
de tantos males el medio,
sírvame a mí de remedio
el no tener esperanza.
Voyme, que el clarín me llama.
¿Adónde vas?
A vencer.
Niega a tu impulso poder.
No, que soy la misma Fama,
mi honor a voces me aclama.
A mí tu amor me divierte.
Álvaro, tu nombre advierte.
¿Acordaraste de mí?
Digo...
¿Qué dices?
Que sí.
51
Pues voy a matar la muerte.
Vanse. Salen Mayo y Melidora.
Melidora, estoy celoso
de verte tan divertida,
si es la causa ser querida;
haz, Melidora, del oso,
y yo te aborreceré,
que, así trocando los frenos,
yo te querré un poco menos
y tú me tendrás más fe.
El más ingrato animal
es la mujer, si es querida;
ama si es aborrecida,
quiere bien si le hacen mal.
Y así de hoy más te he de dar,
porque me puedas querer,
un bofetón a comer
y dos coces a cenar.
Pues yo, mi Mayo, al revés
tengo el alma sazonada:
amo cuando soy amada,
y ese solo es mi interés,
no pido ni quiero dar,
solo algunos celos hoy,
porque apasionada soy
a gusto de ver penar.
Quiero más ver a mi amante
con el color demudado,
el sombrero encasquetado
y la vista a lo brillante,
verle mirar las estrellas
que cuantos diamantes hay
en las Indias del Catay
y luz de la tierra bella.
Verle decirme traidora,
no te he de ver en mi vida,
y luego el alma rendida
decirme mi bien, señora,
mi dueño, ¿en qué te ofendí?
cuando, si no le he tornado
y el rostro mesurado,
gozosa de verle ansí,
darme por muy agraviada.
52
quien temiendo el campo a
no admirarle nadie llega,
siendo escudo la espada
que cuantas grandezas cría
aquel planeta eminente,
cuya luminosa frente
Iris de paz es al día.
Pues que tengo conocido
tu condición melindrosa,
sufrirás mi trato agora
por días determinando.
Yo juro a Dios que he de hacer
que conozcan mi intención.
Yo dejaré mi nación,
y vendrás, mi mayo, a ser
dueño del rebaño mío.
Si ha de ser sola, me alegra;
porque si el tener suegra,
cuñado, mujer o tía,
renunciaré el casamiento,
porque aquestas cosas son
no para mi condición,
que aun no las tengo y las siento.
Vive Dios que si me viera
en una mesa sentado
con una suegra o cuñado
que de repente muriera,
y fuera ignorancia crasa
preguntar de qué moría
si cuñado, suegra o tía
estaban dentro de casa.
Sola soy, tuya he de ser.
Cristiana me hizo Dios.
Sí.
Pues ya mi mano está aquí.
Digo que soy tu mujer.
Suenan cajas tocando arma.
Grandes rumores entiendo.
Vámonos de aquí al instante.
Pues oh camino de lance,
de miedo y temor vestido.
Vanse.
Sale don Álvaro con espada en la mano de una parte a otra y soldados.
¡España, España, soldados!
¿Quién es aquel caballero
que valiente y atrevido
robó su valiente acero
a tanto alarbe caudillo,
a tanto alarbe, rigor funesto?
desmiente la valentía
siendo un cometa soberbio.
A su defensa me llama
aquel soberano aliento;
entra
aunque asombrado de tenerme
pudiera un noble mancebo
la clemencia, dad asalto;
¿a qué me ciego? Dad remedio.
Volved, ya os dejo en mi tienda,
mirad lo que os encomiendo
que al premio que lo merece;
que yo os juro que tan presto
vuelva a veros, que juzguéis
que fui imagen del deseo.
Vase con ella y salen por las otras / a los que pudieren animarla, / Ysma, Mayor limpiándole la sangre / y mirándola toda.
¿Quién sino Tarfe pudo ser,
quien en el valor valiente
a tan perdida vida
le previniese ser nueva?
Siempre, señora, temí
la desdicha que experimento.
¿Para qué tanto ardimiento
si eres mujer?
va entrando Alonso.
Porque en mí,
desde el punto que nací,
y rigurosa pasión
a desigual constelación
de tal suerte me he inclinado
que en un tiempo fui soldado
y en otro taberna, y son
antes de ser racional,
digo antes del discurrir,
cuando en el dulce vivir
tiene el ánimo fatal,
fue mi estrella tan mortal
como la experiencia advierte,
que aborrecía mi suerte,
con que llegué a ser mujer
y solo tuve placer
en los brazos de la muerte.
O no es verdad, o es lo que toco,
o qué engaño es el que veo,
si es ilusión del deseo
estoy con la vista loco,
Cielos, que vuestro auxilio invoco.
54
que tal le llego a ver,
ayer negaba su ser,
Ismenia, suerte felice,
y agora a voces me dice
que Ismenia es, y es mujer.
Llegué a mi tienda juzgando
hallar un soldado herido,
y hallo un bien nunca advertido,
y estoy viéndolo y dudando.
Está el alma agonizando
por irse donde salió;
que si tu aliento me dio
parte del ser que tenía,
violento en mi ser quería
volverse a donde nació.
El alma mía sin ti
penando estaba en mi pecho,
tanto que en fuego deshecho,
de mí mismo, amor, salí;
pero buscándote, sentí,
hallé consuelo a mi mal,
y siendo la causa tal,
un infierno en tan suave calma
que eres tú, señora, el alma
deste cuerpo material,
como unida en vuestro amor
al riesgo se acreditara;
si vuestra defensa osara
se desvaneció al favor,
buscó la vida el dolor,
hallola siempre, se advierte
tocando el triunfo mi suerte
con defenderos a vos,
y unión puesta de los dos
me ha de eternizar la muerte.
Pintara en bronce la brasa,
diera al sol onde pisáis,
pues a mi amor premiáis
que en altas eternizará.
Para que eterna durara
nuestra fineza en los dos,
hiciera, asumido a vos,
con mi ser un ser, que fuera
solo un ser, y el ser os diera
si pudiera ser de Dios.
Entra Alfo, Ricardo, don Juan Osorio, doña Teresa, Ana, Melchor, a don, los que pudieren.
Aquí está, señor, su alteza.
Aquí, señor, le trujeron.
por ser la primera tienda
y defenderse su dueño.
Tanto favor, gran señor,
a tan conocido empeño
no dudo la obligación.
Cuando están forzosos sujetos
el triunfo de Alemania,
su victoria es menosprecio
si a vuestra Alteza nos falta.
Quedan los reyes y los demás hablando a solas.
Que tan bizarra ocasión
que hizo prevenir el cielo
a don Álvaro Ramón,
entre mi furor colérico
voy.
No sé qué encubre, ¡ay de mí!,
en mí un medroso silencio.
Paciencia y disimulad,
valor, que llegará el tiempo
que se averigüe, fío en Dios.
No es nada, pues quiso el cielo
que tan pronto en la ocasión
se hallase tan noble esfuerzo,
tan dignos desta facción,
y tan forzoso en mí el premio,
que yo solo he de pagarle.
mayor rigor, más desvelos.
Tú ser menos atrevido,
o por Dios que Minerva
que brevemente suspenda
la arrogancia de tu pecho,
y a aquestas bajas regiones,
donde exhalando el fuego,
vuelvas ceniza, si acaso
llegas a tocar el suelo.
Cuando llegues a lograr
de tu error, de tus fierezas
la atención en mis fatigas,
seré mariposa dellos,
seré mosquito, vapor
a la luz de tanto incendio.
Ya sabes, invicto Alfonso,
quién soy, seguro secreto,
que solo le revelo
mi amor a tu heroico celo;
quien me dio medio la vida
en vida le ofrece el premio.
Y aunque aquesta conquista
tenga más feliz efeto,
siendo yo coluna della...
Presentando de mi reino
con vasallos y tesoros,
siendo de tan noble deudo
tuyo esposa, tendrá fin
y tendrán mis deseos.
Apenas entiendes, Lidora.
Tan oculto es mi intento.
Yo soy la reina de Chipre,
que, envidiosa de un empleo,
puse en salados escollos,
contrasté montes de viento,
en fin, de mi monarquía,
mi mar y mi imperio,
a don Álvaro Guzmán
con mi mano doy y entrego.
Vivas más que el tiempo mismo.
Todos, Álvaro, debemos
esta victoria a su brío.
Yo a tan noble caballero
doy el alma en donación,
por ser el mejor objeto.
Luego ilustráis, gran duque,
que vanos son los extremos
del mundo.
Dichoso ya.
que en tan soberano empleo
solemnice mi esperanza,
y Marte español, Guzmán,
en el mayor vencimiento,
da nuevos triunfos a la fama
que lo eternice el tiempo.
Y yo también he de volver
a mi patria con aumentos,
que, aunque no ves el casarme,
a Mendoza prometo
dar mi mano si él la quiere;
sin la duda lo he de ser,
de desposada gozando
la ley de Dios verdadero.
Tocadnos, voces e himnos.
Y perdón apetezco,
que aquí, senado, da fin,
pidiendo a los suyos, que, vivos,
aplausos al Marte Guzmán,
Fénix al nuestro lucero.
Firma: Don Antonio de Benavides