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Texto digital de El marte español, Guzmán

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El marte español, Guzmán. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-marte-espanol-guzman-de-juan.

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EL MARTE ESPAÑOL, GUZMÁN

Pag. 1

M 57

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El Marte español Guzmán

Comedia Famosa

De

Don Juan de Benavides

Ricardo, rey de Inglaterra = cuatro caballeros

Alfonso, rey de Castilla = un criado

Ismenia, reina de Chipre

Don Álvaro de Guzmán

Rosel de Ruisellón

Don Juan Osorio

Riniero, inglés

Melidora, mora

Majola, cayo

Jornada primera

Jornada primera

Pag. 2

Cruz

Al son de cajas y clarines se corre una cortina que cubre el teatro, que ha de ser una selva; en lo alto un castillo, a los lados dos caminos, hechos en forma de peñas y yerbas. Sale Ximena al castillo y todas las mujeres de la comedia, muy bizarras, con arcos y flechas en las manos, y mayo.

Ismenia.

Por el espacioso campo

adonde el mayor planeta,

Narciso de su hermosura,

baña las crespas madejas.

Ciudad opulenta forma

de nobles inteligencias,

que sobre el golfo de nieve

parecen aves de leña,

adonde el tosco monarca,

surcando la vítrea esfera,

ciudadano de la espuma,

tal vez se admira cometa.

Cuya máquina ostentosa

entre fanales y velas

vanagloriosa presume

ser asombro de esta ribera.

Pag. 3

Ismenia.

se engaña, que exhalaciones

serán del fuego violentas,

hechas pedazos sus perlas

al rigor de mi soberbia.

No permite mi valor

que ocupe fatal violencia

de soldados extranjeros

la menor de sus arenas,

que será invencible rayo,

que a sus rigores opuesta,

cada grano sea una sierpe,

siendo cada sierpe un Etna.

Y si Júpiter tonante

fabricara allá en su idea

nuevos rayos, nuevas iras

para deshacer mis fuerzas,

fueran gigantes osados

a mariposas, que opuestas

a mi fuego, en humo y llama

sus designios desmintieran,

y tan ufanas quedaran

de la mayor competencia,

que naciendo exhalaciones

fueran al morir estrellas

si soy desta gallardía

Pag. 4

Ismenia.

Emulación verdadera

la que de un rayo un león

hace cobardes las fuerzas.

Tanto anima mi brazo

esta ejecución que piensan

todos los cuatro elementos

que me deben obediencia.

Ya la licencia he negado

a España e Inglaterra

suena un clarín

Ismenia.

y al clarín suspende el aire

ya las chalupas entregan

en los límites del mar

las prevenciones discretas

y a toda prisa se ponen

como no me miran cerca

los valientes soldados

que cuando el descanso esperan

en vez del sueño la muerte

tendrán por gloria postrera.

¿Qué importa que tenga el mundo,

Ricardo ni Alfonso vengan,

si basta para vencerlos

que digan que sale Ismenia

si para aquesta conquista

ofrecí un tiempo licencia?

Pag. 5

3

Ismenia.

no la consiente mi afecto,

ni permito que la tengan.

Mayo.

No opongas a tanto riesgo

tu hermosura y tu belleza,

que eres mujer.

Ismenia.

Tú te engañas,

que es vivo rayo en mi esfera.

Vanse.

Suenan cajas y algunos sacabuches, y por la una puerta del teatro salen Ricardo, Rey de Inglaterra, con la cruz de Jerusalén en los pechos, rojos, y Rimien con estandartillos, en ellos las mismas cruces y el hábito.

Ricardo.

Después que del bajel salí a la tierra,

después que a riesgos tantos di el aliento,

y entre asombros de espuma di a la guerra

mi osado acero y atrevido intento;

después que de mi patria Inglaterra,

fatigando el rigor de un elemento,

galeón, gaviota o cisne errante,

la luz examiné al primer diamante;

llegué a Chipre, mirando de sus muros

la defensa, pertrechos, prevenciones,

que sin duda los juzga por seguros

Ismenia de mis fuertes escuadrones,

que estar entre los orbes más impuros

y albergado en los lucidos triones,

mi brazo le vindica, no me alabo,

Pag. 6

Ricardo.

aunque estuviera en el cenit, Octavo,

mi intento es justo, el paso necesario

para seguir el fin que he pretendido,

por Chipre he de pasar, aunque adversario

me fuera Jove en sudor adormido;

no es mi afecto, soldados, temerario,

lo que pido es razón justa, y ha sido

tiemble Chipre esta vez, pues te asegura

Ricardo, el esplendor de Inglaterra.

Riniero.

Todo el poder del mundo te acompaña;

mira desembarcar de los bajeles

a aquel león, Alfonso, rey de España,

blanco de tantas plumas y pinceles;

mira al francés, que con belleza extraña

se ostenta a los dorados capiteles

de Chipre, que parece con sus cruces

que envidie el mar las celestiales luces.

Cajas y arcabuzazos, y bajan por el otro lado el rey Alfonso con la misma insignia, don Tello de Guzmán, don Juan Osorio con estandartillos blancos y cruces de Jerusalén, galanes.

Alfonso.

Salve, tierra feliz, puerto suave,

salve, Chipre, mil veces deseado;

adiós, bajel, adiós, de leños ave,

que ya al puerto apacible hemos llegado

fatigando el cristal tu peso grave.

Pag. 7

Alfonso.

hecho escollo de lienzos animado

tal vez pisar te vi las luces bellas

ciudadano del sol, y las estrellas.

Ricardo.

Sea tu majestad muy bien llegado.

Alfonso.

La salva que de tu cesáreo pecho

Abrácense.

Rey.

estaba de este lazo con cuidado.

Alfonso.

Deuda mayor a costa habremos hecho.

Ricardo.

El puerto niega Chipre a ser excusado,

Alfonso.

fuerte de alta muralla y de pertrecho.

Álvaro.

No hay contra aquesos brazos fortaleza

si obra el poder que hace la grandeza,

Rey.

y verás a tus plantas oprimidas

sus fuerzas, su poder, monarca hispano;

hoy del triunfo que espero de sus vidas

verás verde lo rojo de este llano.

La reina intenta, viendo conducidas

todas sus fuerzas, conquistar en vano

la gran Jerusalén: os pido a donde

el sepulcro de Dios el turco esconde.

Esta facción a tu poder le llama,

este triunfo tu nombre solicita,

esta restauración tu pecho aclama,

pues la tumba de Dios cautiva habita;

esta empresa es tan digna de tu fama

que solo a ti el bien que se remita.

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Qu.

Cobra de Dios la prenda que dimanado

fue en sepulcro, que le guardo eclipsado,

rompida está la paz, la guerra viva,

que vuestra majestad por esta parte

a vencer, como siempre, se aperciba;

Alfonso.

pues es la mesma ejecución de Marte.

En españoles esta playa arriba

venza el poder, la presunción y el arte.

Rosel.

Goce el tigre de España el fiero estrago,

Inglaterra.

Álvaro.

España, Santiago.

Vanse todos, suenan dentro ruidos de batalla, cajas y arcabuzazos, y sale Ismenia quitándole a Mayo una espada y rodela.

Mayo.

Detén, señora, el brío

que tu beldad inquieta, que le desdora.

Ismenia.

Mal el afecto mío

conoce tu deseo, pues ignora

que el daño recibido

disimula el poder de amor vestido.

La muerte rigurosa,

viendo mi presunción, mi error inglés,

a esta mano briosa

para la ejecución de su deseo,

porque si no lo hiciera,

cerrara con la muerte la primera.

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Ismenia.

cuando, animal brioso,

no obedeció mi mano vencedora

cual a suplicio airoso.

No se ofreció juzgando que mejora

su suerte si me enlaza,

y piensa muere bien porque me abraza.

Mira, y a los contrarios,

que rayos ordenados en mi frente

por mil caminos varios

herir pretenden tan distintamente

que en cada brazo errante

mi espíritu contemplo fulminante.

Entre ellos más me admira

aquel de aquella banda, aquel mancebo,

a luciente mayo mira,

mira a aquel joven que a valor nuevo

excediendo va a todos,

sin duda es sangre ilustre de los godos.

Marte.

Según a quien veo,

fuerte, arrogante, diestra, enfurecida,

no dudo en el empleo

y ministro fatal, eres de la vida,

y por esta fineza

es fuerza que la siga.

Vase allá.

Pag. 10

Osorio.

Mi señor, buscando

al mancebo gallardo que brioso,

resistiendo y matando,

ostenta Júpiter prodigios, rayos;

que aunque es el daño mío,

me alegra ver tan soberano brío.

Tiene fiera asustada.

Si acaso, Mayo, dime, has conocido

a aquel joven osado,

el de la banda digo, que arrojado

su valor le acompaña.

Mayo.

Su escudo dice que es el rey de España,

águila, en fin, volante.

Osorio.

Hoy sí puede ser Mayo envidioso,

no la deidad tonante;

rayos le preste a su deidad briosa.

El traje mudar quiero,

que de jugar con el brazo de acero

otros no menos fuertes

le siguen, vive Dios, que estoy corrida,

causando varias muertes,

qué osada ejecución, qué grave.

Mayo.

Y aquel es el blasón de los Guzmanes,

azote de los bárbaros soldanes.

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Ismenia.

Allá vayáis, mentira, a donde

que se despeña del celeste asiento

un asombro, una muerte,

y así mudada de este traje, intento

desmentir mi desvelo,

sino es que se me opone todo el cielo.

De este traje mudada,

a la campaña salgo, que me miras;

furia soy despeñada,

todo rigor, asombro, espantos, iras.

Se retira y repara Mayo. = Vase.

Mayo.

Vaya vusted con Dios, gallardo drago.

Ya se fue, ¡válgame Dios!

Tantos rayos, oh violencias,

tanta extirpación de brutos,

tanta máxima soberbia.

¿Pues qué ha de querer el cielo,

que no es bien que lo consienta,

que una mujer varonesa

o blasone, cual si fuera

algún Hércules tebano,

un nuevo Ávila en la tierra,

un terrible rayo del mundo,

Escipión o Julio César?

Pag. 12

Mayo.

la mujer es justa cosa

que se acomode a la rueca

y si es señora a su estrado

y no a la espada y rodela

juro a Dios que sale ya

baluarte, mi amparo y señora

galante es en sus acciones

bizarro talle y presencia

allá se va a la batalla

quién avisarle pudiera

al rey y a los caballeros

que su persona respetan

quién es, por que la miraran

con afectos de clemencia

y no haciéndole un insulto

la maltrataran que es bella

mas yo he de ser el primero

lacayo que hubo en comedia

que a pariente de gallina

sea bizarro en las veras

sus pasos he de seguir

con una emboscada resuelta

en parte que la socorra

si hubiere ocasión adversa

esto es lo que a mí me toca

En el margen derecho aparecen algunas letras cortadas (Ca, sa, pa)

Pag. 13

Casas.

mayor el aumento empieza,

afortunado es, vive el cielo,

y aunque la carne es molesta,

sus ecos he de seguir

por favorecer a Ismenia.

Vase.

Sale Ismenia por una puerta de hombre muy bizarra, espada y rodela. Alfonso por otra con lo mismo, y una banda roja al pecho.

Ismenia.

Aunque lo impidan los cielos,

aunque lo estorben los hados,

aunque no quiera mi dicha,

siendo a mi destino ingrato;

me aseguro que en un solo

de dos que busco en el campo

os ofrezco aras a mi ira,

breve triunfo de mi brazo,

que como os juzgo, centellas,

poco es centellas, mil rayos,

para conseguir mi intento

quisiera juntos hallaros,

porque aunque sois divididos

dos poderosos amagos

de Júpiter, dos cometas

en una esfera engendrados,

quisiera teneros juntos,

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Ismenia.

que no mi afecto temerario,

mientras más gloria y máxima

se dispone más bizarro,

y advertido mi valor

con el vuestro, sois un rasgo

de mi indignación, sois luces

a quien yo sirvo de ocaso.

Fingir quiero que no sé

Aparte.

Ismenia.

quién es, por ver si gallardo,

ostentando bizarrías,

da al precipicio las manos.

Y cuando el farol primero

por ese globo estrellado

derramó sus hebras de oro,

siendo lo bello los peñascos,

sobre un bruto cuyas huellas

eran, por lo leve, ensayos

del viento, ave de pluma,

viviente y sensible rayo,

salí del tigre animoso

tan presumido, que ufano

de la victoria que nunca

juzgué indiferente el hado,

salgo al campo, busco a Alfonso.

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Ismenia.

y cuando al tiempo consagro

en su busca un rigor solo,

hallo mi afecto burlado.

Guzmán.

¡Ah! Si la amada vida

estimas, dime, soldado,

dónde podré hallar tu rey;

y será tu premio en todo

dártela; y si te detienes,

de mi ejecutivo brazo

ministro serás, centella

ciudadana de esos astros.

Alfonso.

Atento, gallardo joven,

a tus palabras he estado,

y atiende a mi respuesta,

verás que te satisfago.

Dices que te pesa agora

de ver que soy un soldado

no más, soylo, mas tan hombre

que mis hechos que he juzgado

muchas veces, no te asombres,

si a Júpiter soberano

por un día mi brazo, o yo

envidiar puedo sus rayos,

porque cuando de mi afecto

tal vez quejoso me agravio,

aun allá en su esfera teme

la violencia de mi brazo.

Pag. 16

Alfonso.

¿Has visto cuando una nube

del humor suba, formando

de la tierra, y en la esfera

del fuego se forma el rayo,

y cuando desciende errante

la media región quemando

todo cuanto topa abrasa,

basilisco de los campos?

Así yo, cuando me enojo,

voy en el pecho formando

la ira, y el corazón

como cometa animado

le da el calor donde toma

la constelación del rayo.

Quiero ejecutar mi intento,

rómpese el pecho gallardo,

y siendo el brazo el ministro

todo cuanto topo abraso,

con que vengo a ser a un tiempo

nube, basilisco y rayo.

Con esto, señor, te he dicho

quién soy y por qué he llamado.

De un soldado te pido,

si te obliga mi agasajo,

te vuelvas a la ciudad,

que yo te quedo obligado.

Pag. 17

Alfonso.

digna de tu pecho hidalgo,

y porque vayas contento

de haber salido bizarro

de esta acción, yo soy Alfonso.

Guzmán.

Guárdete el cielo mil años,

valiente eres en la guerra;

y pues de los muros altos

ya que sé que eres Alfonso,

vas prosiguiendo el asalto,

yo soy, para que lo concluyas

si me vences en el campo,

Dinorozo, infante suyo,

como de tu mismo amparo;

con que no podrás dudar

la batalla en que te aguardo.

Pues siendo iguales los pechos,

serán iguales los daños,

y si me vences a mí

(que es un imposible claro)

bien puedes seguramente

triunfar de mis ciudadanos.

Suenan clarines para dar segundo asalto.

Alfonso.

Iba, infante, a responderte,

pero ya me están llamando

los animados clarines

Línea tachada ilegible al final de la página.

Pag. 18

Alfonso.

que aunque fuera la victoria

de mi aliento soberano

el mayor triunfo o despojo,

agora el vivir te alargo

porque quiero en esta parte,

siendo piadoso y humano,

pudiendo darte la muerte,

parecerme a Dios en algo.

Osorio.

No sé si sea cobardía

pero, por lo cortés, trato

de agradecerte el favor;

y de mí rindo a las manos

sucesos de la fortuna

que en esta parte son claros,

o serás dueño del tigre

o de sus plantas esclavo.

Embisten y don Alfonso hace lo mesmo peleando.

Alfonso.

Ignoras que soy león,

los leones despedazo.

Guzmán.

Yo venzo los imposibles.

Osorio.

Los imposibles allano.

Vase retirando Guzmán, dentro moros dan voces y salen parte dellos.

Alfonso.

Das acá pasos atrás.

Ahora es tiempo, soldados;

rendid el fuerte español.

Alfonso.

Primero este ardiente rayo

se ausentará a devolver

a iluminar el dorado.

Osorio.

Como contra mi valor

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S.

Hiciste esta ofensa mayor.

Mayo.

Acudo a mi obligación.

Guzmán.

En el vencimiento está llano

y en esto miras cuerdo.

Fe.

Ha de ser temerario.

Entranse acuchillando

Salen tristes don Roberto, Rui y Ramiro

Rui.

Al paso de las victorias,

triunfos, lauros y blasones

que diferentes naciones

merecieron con tantas glorias,

se acrecienta el sentimiento

con tal violencia y rigor

que hay más parte en el dolor

que no en el divertimiento.

Falta el rey Alfonso, y sé

que sin él y sin España

toda facción, toda hazaña

sin ejecución se ve.

Rosel.

El de mi Leonor querida

esposo. ¡Oh, infelice suerte!

que si el riesgo de su muerte

me acaba de quitar la vida.

Ram.

No quede en la selva monte,

albergue tosco, edificio,

de las fieras hospicio,

o parte de su horizonte

Pag. 20

Ram.

y la industria no se asombre,

aunque le busquéis y servís,

quien en mi afecto tendréis

la parte igual.

Príncipe.

Determine

vuestra alteza,

en cuanto en su cordura,

Rosel.

que en sus naves se asegura

de Alfonso es mucho el valor.

Ricardo.

En mi campo se murmura

Príncipe.

que Alfonso ha faltado dél;

común opinión en él.

Rosel.

Mi príncipe no lo asegura.

Entra don Álvaro de Guzmán.

Álvaro.

Yo soy, generoso rey,

y escúchame atentamente,

don Álvaro de Guzmán,

de cuyo estirpe más reyes

admiraron sus coronas,

celebraron sus laureles,

que átomos tienen de luz

esas esferas de nieve;

no te admire lo que digo,

vuelve la memoria, vuelve

a los reyes de Castilla

que tuvieron muchas veces

Pag. 21

Álvaro.

doy más gloria, más honor

a llamarse mis parientes,

que el imperio del arabo

a que tantas naciones ceden,

de la gran Casa de Niebla,

sino el primer ascendiente,

el que sustenta en sus hombros

gran parte de sus laureles.

Ten de ti misma

esta Casa, que al sol puede

prestar rayos, pues campea

de su fénix.

Dicen que ha faltado Alonso

de su campo; faltar puede

por estar preso o cautivo,

o porque pudo la muerte

romper su pecho cesáreo,

que en estos golpes crueles

es el rey un hombre solo,

y son inmortales los reyes.

Pero si alguno, atrevido,

la traidora lengua mueve,

procurando, que a tal nube

contra mi rey, o ponerse,

será sol que en estos brazos

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Álvaro.

Con sus rayos siempre ardientes

le deshaga y abrase o mate

a la esfera cuyo fuere;

y cuando posible fuera

que de su parte pudiese

faltar en un rey valor,

mientras mi brazo valiente

tenga Alfonso todo el mundo

esos vientos que me advierten

por si acaso les tocare

algo de lo que el sol viere

a los dos polos de oro

hará que tema la muerte

porque a tanto valor nunca

lo mortal pudo atreverse

en fin, que el sol en la campaña

despida entre blanca nieve

joven el fénix planeta

su luz comunique ardiente

al mundo, hasta que en el mar

sediento de que encenderse

pudo en sí mismo, se medique

entre la espuma sus sienes,

aguardaré tan penoso

que aquel que llegase a verme

juzgue que estoy sin alma

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Abenámar.

o fiero monstruo, inminente

a quien faltó la razón,

mas el alma conmemueve

racional ser obelisco

boca con vida aparente.

Tarfe.

También puede ser que inspire

en Tarfe atrevidamente

que el brazo de Alfonso es rayo

que hasta los cielos desciende.

Abenámar.

Tener fuerza de planeta

más que planeta avergüence

que siendo fuego insensible

se juzgue fuego viviente.

Tarfe.

Y puede ser que Pizarro

tan señor de su prez fuese

por invicta o invencible

que haya evitado la muerte.

Alfonso.

El Tercio fatal

por ese genízaro presente

promontorio, estas basas

ceñir de sus capiteles.

En fin ninguno de vos

a batir decir se atreve

Si contrario aquí me quedo.

Pizarro.

Qué palabras descorteses

son balas que en la mano

las examinéis. Tienen

Pag. 24

Pizarro.

esto en tu real presencia

se ha dicho, y así me muestre

ser Guzmán bueno; que basta,

y leal, que por mis reyes

pondré la vida al cuchillo;

que es un riesgo tan leve

que desprecie la distancia

que hay de tocallo a la muerte,

que corona más gloriosa

para un vasallo que verse

en las manos del peligro

cuando es la ocasión tan fuerte.

Que a cuál riesgo mayor

inmortal premio se debe,

logro viene a ser la pena

y el daño a ser dicha viene.

Y a ti como tengo dicho,

sobre un bruto, casi sierpe,

a quien en vez de la Libia

le dio nacimiento el Betis;

casi cisne, luciendo rayo,

parece que se desmiente

en él la naturaleza,

pues se forma rayo y nieve,

tan dilatado de crines,

que cuando veloz las mueve

Pag. 25

13

Pizarro.

plata y aljófar derribe

por la cola y por las sienes,

en este, pues, bruto y ave,

en esta selva que bebe

el mar el humor en perlas,

aguardaré hasta que niegue

sus luces al sol el mundo;

la luz cuando adusto muere

siendo fuego y nieve a un tiempo,

topacio y rubí dos veces.

Y, ah, pues con tu licencia,

quien duda que te ofreces

por ser Alfonso su deudo

para que en varios carteles

declare mi intento altivo,

y la causa que me impele.

La obligación de mi sangre,

así logres más laureles,

que hay traidores en tu campo,

mordaces lenguas aleves,

basiliscos de las honras,

a un mismo tiempo crueles.

Tu edad que vivas, Néstor,

y vivas seguramente

para que triunfes glorioso

de la fortuna y la muerte.

Pag. 26

Ramiro.

Con su licencia, señor,

Abrazándolos el rey.

Ricardo.

los nobles impulsos cesen,

y mientras Alfonso falte

del ejército valiente,

nuevo asalto a sangre ofrezca,

rompa sus murallas fuertes;

esto importa, caballeros,

y en esta parte se pruebe

esta acción, por vida mía.

Álvaro.

Forzoso es obedecerte.

Vanse.

Sale el rey Alfonso solo, pensando.

Alfonso.

Todo el imperio y poder

entrega a su vencimiento,

y determina el tormento

del vivir, del padecer;

y cautivo, sin saber

de quién padece mi amor,

y entre la pena y dolor

de este dudoso accidente,

el pesar que el alma siente

es ver ausente al amor.

Nace un pájaro veloz,

y cuando en esfera breve

las alas hermosas mueve

y arrúllase con voz

sobre la mies que la hoz

Pag. 27

Alfonso.

Corzo se sienta, ¡ay crueldad!

llorando su soledad

porque su consorte pierde,

que una ave ni un árbol verde

no mira sin libertad.

Si un alano su propio dueño

pierde, y parece que llora,

que aun un bruto se enamora,

sin ser amor bruto empeño,

siente su consorte un leño.

Cuando una rama se cortó,

y al punto que se apartó

se queja como sentido,

siendo la voz el ruido

que entonces los dividió.

Y viéndose dividida,

ostentando su pasión

en húmeda exhalación,

parece abortar la vida;

llora triste y afligida.

En lo aparente que llora,

y si una planta enamora,

¿qué mucho que sienta yo,

si soy sol a quien faltó

el albergue de su aurora?

Pag. 28

Alfonso.

Y aun de Leonor ausente,

tan ajeno estoy de mí

que de lo mismo que fui

desconozco lo presente;

amorosa el alma siente

el dolor que amando estoy,

y tan sin mí, tras él me voy,

que de este dolor vencido

ni me acuerdo lo que he sido

ni conozco lo que soy.

Entra Mayordomo.

Mayo.

Este Marte español,

este Alfonso, cuyo aliento

holló el último elemento

siendo en las esferas sol;

este cautivo y rendido

siendo inmortal en su fama.

Señor Alfonso, una dama

muchas veces me ha pedido,

de vuestro valor herida,

la entrada en vuestro aposento,

y aunque adivino su intento,

primero es razón os pida

licencia.

Alfonso.

Mayo, el dolor

de mi pena es sin consuelo,

y no admite su desvelo

para agora ese favor.

Pag. 29

15

Mayo.

Pintaros la dama intento

que esta mañana al nacer

el alba la pude ver

tocándose en su aposento.

Estaba sobre su cuello

de cristal batiendo el aire

con no advertido donaire

las trenzas de su cabello.

Como el aire envidïaba

lo diáfano del cristal

con movimiento no igual

las hebras lisonjeaba.

Como eran líneas bellas

el viento las dividía,

su garganta parecía

el cielo de las estrellas.

De rosas esmaltado

a trechos... aquí me quedo

porque decirte no puedo

lo mesmo que imaginado.

Que hay concepto tan mayor

que aun el pintor que le forma

cuando va a darle la forma

no acierta con la color.

Pag. 30

Martín.

Y así te digo que vi

todo un cielo en copia breve

y un alba que al sol le bebe

el nácar de su rubí.

Mas la reina viene.

Alfonso.

Vete.

Martín.

¿Para qué? No importa agora

que esté junto a mi señora

siendo mental alcahuete.

Sale doña Isabel en hábito de dama, muy bizarra, suspensos los guantes y unos versos, sin mirar a Alfonso.

Ismenia.

¡Ánimo, valiente pecho!

que en acciones como aquesta

quien no sosiega y mesura

poco se debe a sí misma.

De mi hermano don Osorio

supe cómo doña Aldonza

está en mi casa, y a mí

me doy esta norabuena,

que donde está el sol de España

vendrá a ser por excelencia

cielo, donde antes tierra,

será al fin la cuarta esfera.

Parece que me he turbado,

que como en fatal pelea

anda el alma y los sentidos

unos con otros se encuentran.

Pag. 31

Alfonso.

Válgame el cielo, ¿qué es esto, a fe?

O me ha faltado la idea,

o es aqueste Dinodoro.

¡Qué confusión! ¡Qué violencia!

Señora, vos sois el sol

que admiro, la luz más bella

que cénit de oro da al día

candor de que se alimenta;

sois el alba, poco digo,

que si el alba es la primera

luz, vos sois toda la masa

que comunica el planeta.

Parecen, señora, estarse

en esas divinas esferas,

siendo por lo hermoso sol

y por lo luciente estrella.

Osorio.

Si por su valor rendida

estoy y a su gentileza

y por su ingenio me abraso,

¿qué haré? ¿No soy yo la reina

de Chipre, cuyo valor

en las vecinas fronteras

con este brazo he temido?

Pag. 32

Alfonso.

Rendidas sus fortalezas,

y que en el campo me expuse,

muestro tan presto flaqueza;

confieso mi vencimiento,

rapaz vendado, ¿qué intentas?

Viven los cielos, que estoy

tan en la duda primera,

que mientras más mira el alma,

mayores dudas aumenta.

Ismenia.

Alfonso está divertido.

¿Si acaso entiende mis penas?

Decirlo quiero, mi amor

no es acción de mi grandeza.

¿Si podrá ser me responda,

el alma otro dueño alienta?

Quedo triste, siendo el daño.

Vuelvo a replicar resuelta:

él desconoce mi amor,

conociendo mi flaqueza.

Ea, sentimiento mío,

volved, volved a la esfera

donde nacisteis, que importa

que vuestro sepulcro sea

la cuna donde os formasteis.

Pag. 33

17

Ismenia.

Mueran mis afectos, mueran,

mas no, que en esta, en el alma,

su imagen viene a ser fuerza.

Alfonso.

Que muriendo falte Alfonso,

si acaso de mí se queja,

mas en nada la he ofendido,

quiero hablarla. ¡Qué belleza!

Pero, ¿cómo está Leonor

tan dueña de mis potencias,

tan reina de mi albedrío?

Dudo mis inteligencias,

que una voluntad amante

asegurando finezas,

en los ausentes peligros

vive con las apariencias.

Si soy dichoso, señora,

tanto que merecer pueda

saber la causa del mal

que os aflige y atormenta,

suplícoos me la digáis,

que aunque esclavo soy, me queda

libertad en la elección.

Osorio.

En dos afectos pelea

el alma, pues que ha sido

Pag. 34

Osorio.

mi esclava, mi amor lo juzga,

mi voluntad contradices,

porque si mi reino fuera

el nido donde aquel ave

de Júpiter se aposenta,

por tuyo le destinara;

pero escucha lo que intenta

mi voluntad. Aquí, Amor, ¡ay!,

tu enredo incapaz alientas.

El infante Dinodoro,

príncipe de aquestas selvas,

tan valiente como sabes,

puesto que acatas sus fuerzas

que ves tan mudas en prisiones,

volviendo atrás la cabeza,

pensé ser el peso el aire,

viendo imitada mi idea,

quiere en aquesta jornada

acompañar tu grandeza

sobre ellas mi fe el tiempo

y solo quiero que sea

premio desta acción que des

tu roja banda por seña.

Pag. 35

18

Osorio.

que en su pecho el tuyo mire

y agradecido a las ofrendas

en su terquedad permitas

seguras correspondencias.

Hablen a solas.

Marcelo.

¡Con cuánta razón el mundo

estima las alcahuetas!

Si diera Ismenia por una,

que Alfonso por una diera.

Aquí Alfonso queda mudo,

allí Ismenia muda queda.

Que vive Dios, que los dos

un mismo premio desean!

Acometer, que es lo cierto

y la mejor diligencia.

¡Cuántos triunfos se han perdido

por cobardes negligencias!

A mí me lo pedirá Dios,

que jamás tuve pereza.

Alfonso.

Como acción tuya me manda

que sin huirla me entregas;

di, mi Dios, ¿será en todo

a quien mi amor obedezca?

Ismenia.

Siempre esas galanterías

son en España excelencia.

Pag. 36

Suena arma dentro. Sale un soldado.

Sol.

Tus muros y baluartes,

murallas, fosos y fuerzas,

asaltan los españoles;

y hasta tu palacio llegan.

Osorio.

Porque estés más obligado,

perdono, Alfonso, esta ofensa.

Sol.

Mi hermano impida el paso,

ya es imposible que pueda.

Sale el rey de Mora, Roger, Armen., Osorio, Guzmán,

y todos los que pudieren con las armas en las manos, tocando arma.

Rey.

Falta que parezca Alfonso,

sea todo horror y guerra.

Alfonso.

Aquí le tiene, señor,

tu majestad, a la mira

de que un agradecimiento

la voluntad te confiesa;

su esclavo soy de deber.

Osorio.

Acción es de tu grandeza.

Rey.

Cuantos impulsos valerosos

ejecutando violencias,

acreditando rigores

y van sobre nuestras tierras

Pag. 37

19

Rey.

se suspenden con miraros,

que a tan divina belleza

solo con estos afectos

se pide el perdón de ofensas.

Osorio.

La ciudad, sus cortesanos,

laurel de tus plantas sea.

Alfonso.

Esclavo fui de su mano

y la libertad me cuesta,

solo esta banda, señor,

y veréis que va con ella

el Infante, digno don,

por ayuda de esta empresa.

Aparte.

Osorio.

En más estimo esta banda

y las mayores proezas

será el humo de este incendio.

Aparte.

Álvaro.

Qué hermosa que es la reina

cielos, suspended la vista,

que de aquellas luces bellas

vivo simple mariposa.

Príncipe.

Pues en Trípoli la guerra

alójense los soldados,

y las proas se prevengan

a triunfar de Tolemaida.

Álvaro.

Tu campo verte desea.

Alfonso.

Con el mismo amor les pago.

Pag. 38

Vanse entrando todos y queda Isma, Mayo, y atrás Hasán y Correrías.

Ismenia.

Mayo, haz que al instante vengan

Tulio y Lidón, jueces

de mi reino.

Mayo.

Pues, ¿qué intentas?

Ismenia.

Quiero sin rumor ni albor,

cuando a batalla tan nueva

me llama un valiente amor,

que por ellos en mi ausencia

se ha de gobernar mi corte;

pide a toda diligencia.

Mayo.

Penetre tu pensamiento,

cuando aquella estratagema

compusiste de tu hermano...

Ismenia.

Él lo ignora; parte apriesa.

Mayo.

¿Que en esto has de ausentarte?

Ismenia.

Al punto, es mi norte.

Vase.

Mayo.

Buena

mudanza. Adiós, mi Isme,

adiós, deidad de la tierra,

que en todo he de ser contigo,

o lo que viniere venga.

Pag. 39

20

Mayo.

Seré amago de tu luz,

rayo, pues eres planeta,

vapor de tu exhalación,

crepúsculo de tu esfera,

el pasador de tus arcos,

ministro de tus violencias,

bosquejo de tus acciones,

ilusión de tus grandezas.

Y para acabar con todo,

en mala fortuna o buena,

seré el perro de Tomás,

con que está la lista entera.

Rúbrica

Sello de la Biblioteca Nacional

Pag. 40

[Pruebas de pluma: Aunque apunte a primera...]

Pag. 41

Marte español Guzmán

Segunda jornada

Pag. 42

Llámase don Juan de Benavides

Jornada segunda

Pag. 43

22

Salen Yemenga y Mayo

Mayo.

Después que dejaste a Chipre

turbado tu rostro veo,

que cuando al sol siguen sombras

son eclipses del afecto.

Pero ignorando la causa,

perdona mi atrevimiento,

te pregunto de qué nace,

que aunque en humilde sujeto,

porque desde que nací,

desde que al primer aliento

dio principio mi fortuna,

te sirvo, servirte puedo

de consuelo; que tal vez

el ave de común vuelo

logró premio inmortal,

dio a Júpiter por aposento

bárbaro albergue un peñasco,

que aunque tosco pavimento

Pag. 44

Margarita.

Paso vano será hermoso,

tal es lo errante del tiempo;

dejas tu reino fiado

en las manos de un gobierno,

que mal hace el rey que fía

su estado de otro sujeto,

que aunque aquel le estime mucho,

obra como ajeno dueño;

heridas que están en otro

no matan, si dan desvelo.

Ya estamos en Tolemaida,

declara tu pensamiento

a Alfonso.

Ismenia.

¡En qué desmayo...!

Margarita.

Yo te digo lo que siento.

Ismenia.

Yo he de ser flaca mujer.

Margarita.

Pues ser gorda no lo apruebo.

Ismenia.

Que he de caer, pierdo el sentido.

Margarita.

Bueno anda, por Dios, el juego.

¿Tú eres la que los leones

rasgabas soberbios,

fingiéndose otro Sansón?

Lástima, por Dios, te tengo.

Dile a Alfonso: "Señor rey,

aquí está el perdido seso".

Pag. 45

23

Margarita.

decidme más.

Mayo.

Calla, ignorante,

aconsejarte no quieres,

pues qué hemos de hacer.

Osorio.

No sé.

Mayo.

Voto a Dios, que luego al momento

te vuelvas sobre esa selva,

que fatigada de vientos

campaña es de cristal puro,

túmulo de vidrio y hielo.

Osorio.

No conviene. Ya he venido.

Mayo.

Pues dime tu pensamiento.

Osorio.

Ignoro lo que he de hacer.

Mayo.

Yo también, y ansí tenemos,

aunque diversas fortunas,

iguales entendimientos.

Osorio.

Quiero declarar mi pena,

y luego falta al efeto

la ejecución de beber el agua.

Mayo.

Y del agua. Viven los cielos,

que por no ver en sus grutas

las conchas y los cangrejos,

que engendran pardas o blancas

las perlas según el tiempo

Pag. 46

Mayo.

fiero, y qué mucho ungiera

fábula ya tan de pueblo

que se llama el doctor contra;

en los reinos más desiertos

no dé en tierra a su ruina

una nube escaso acierto,

quien enseñora de un vago

un rayo es hijo del fuego.

Dile a Alfonso, mi señora,

quién eres, verás que luego

tus deseos agradece

y que estima tus deseos;

es rey y rey español,

y es Alfonso.

Mayo.

Temo

que el alma que habituada

está en adversos empleos

difícilmente se aparta

aquel amor primero

en que se ocupó, dar

con el ánimo soberbio

tal vez a lo de un esposo.

Los últimos pavimentos

no a lo humilde se endereza

tan fácilmente.

Pag. 47

24

María.

El remedio

es decir tu amor a Alfonso,

que él galantear su mancebo

siendo español no es posible.

Si fuera un hombre extranjero

de esta nación no dudara

que viendo esos rayos bellos,

ese rayo de hermosura,

te dijera dos requiebros;

mas Alfonso es castellano.

Dorotea.

Es tal, mayor mi deseo,

tiénme lástima, que cuando

rendida al mortal aliento

del sueño estoy, como el alma

formó en la idea el bosquejo

de Alfonso, rigor cruel,

entre la ilusión del sueño

hallo, ¡ay triste!, que fue sombra,

encarecerte no puedo

lo que siento que se ausente.

María.

Juzgado, tú, si eres cuerdo:

muchas veces puede tanto

la cautela del ingenio

Pag. 48

María.

que aunque el alma se atormente

es lisonja del afecto.

Marcelo.

Finge que aborreces ya

al rey.

Guzmán.

Fingir no puedo,

que cuando amor me lastima

en vano su rigor mitigo.

¿Qué importa que diga el alma:

«padeciendo no padezco»,

si dice el sentido:

«miente el alma y yo lo veo»?

Parecióte que un dolor

comprimiendo el pensamiento,

y maquinado en la idea,

tuvo el ceño y no el efecto,

mas nunca advirtió un bien

sin ser verdad tuvo efecto,

porque mi libertad se juzga

cuando ve el conocimiento

ser mentira, es más la pena

que el rigor que antes violento

abrasaba en la desdicha,

oprimía en el desvelo.

Marcelo.

En fin, ¿no has de declararte

Pag. 49

25

Marcelo.

Pues el discurso troquemos,

que aquí viene Melidora,

aquélla doncella, miento,

aquesta que fue cautiva

deste brazo y deste acero,

es de buen humor, dale

otras quiebras a tu intento,

diciéndole tus amores.

Don Juan.

Que me cansa te prometo,

aunque disculpo su acción,

porque anima su desvelo

teniéndome por varón,

consagrándome su afecto.

Margarita.

Qué importa de que te estime

sé mujer, tan solo en eso,

que a ninguna le ha pesado

de ser querida.

Entra Melidora, mora muy bizarra.

Melidora.

Ya, cielo,

llegamos a la palestra,

como a mi sol te quiero,

y a tu voluntad conozco.

Don Juan.

Tus deseos agradezco,

¿quiere el cielo más penas?

Fáltanle asombros al cielo,

un rayo que me deshaga.

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Don Juan.

Trocando en hielo su aliento,

viste un hombre plumas, siendo

el rostro, seré, a mi fe,

que, aun dándole su ofensa,

cuales ofende y renueva,

y a la venganza le exhorta,

pues así en esta contemplo

ser trasunto de mi pena,

símbolo es de mi desvelo.

Hablan aparte doña Inés y Melidora.

Don Juan.

Mas esto de tener mujeres

me agrada, lo vario es bueno;

¿quién duda ser muy mejor

tener dos hembras a un tiempo?

Comer siempre de un manjar

cansa el gusto. Mas, ¿qué es ello?

Soy cristiano, mas soy malo;

cometeré cualquier yerro.

Fue Alexandro conmigo

una sombra, que un primero

Tarquino fue hombre de bien,

mas tuvo muy mal suceso.

Yo nunca agüeros aguardo,

superior parezco en esto,

una fortuna logramos.

Pag. 51

26

Juan.

el dios de mayo escudero.

Melidora.

En fin, estimas mis ansias?

Juan.

Tus deseos agradezco.

Melidora.

Los años vivas del ave

que apenas conoce el tiempo,

que haciendo eslabón las alas

castillos de pluma y fuego,

y abriendo su pecho saca

centellas entre el aliento

donde se envuelve o renace

siendo enigma de lo eterno.

Mayo.

Divertido está mi amo,

escúchame dos requiebros.

Melidora.

No eres de mi ley.

Mayo.

Pues qué?

Quiere que la hable en verso?

No es cristiano mi señor?

Melidora.

No es la diferencia en eso.

Mayo.

Pues en qué es la diferencia?

Melidora.

En que eres lacayo grosero.

Mayo.

No soy lacayo, soy ayo

del haca de ese mancebo,

y no difiere el oficio,

aunque contrarios sus sexos.

Los reyes vienen, señor.

Pag. 52

Osorio.

Acompañarlos pretendo.

Vase y

Mayo.

Aquí doblemos la hoja

para cuando nos dé el tiempo

oportunidad.

Quel.

Pues ya

doblar la hoja me quiero,

que lacayos son conmigo

sombra que no tiene cuerpo,

amago que no se ejecuta,

sin rayo, aparente trueno,

niebla que no tiene luz.

Mayo.

Somos diablos de un infierno.

Vanse. Salen los reyes y Amaluán, y don Juan, Roberto, Quincel, Gemenia y acompañamiento.

Ricardo.

Este es, pues, mi parecer,

que sitiando la ciudad

podrá Su Majestad

sus intentos conocer,

y en fin estando eminente

el sitio podrá, señor,

castigarlos tu rigor.

Alfonso.

Paréceme conveniente.

El sentimiento es forzoso,

muerto don Suero de Aguilar.

Ricardo.

En todo fue singular.

Pag. 53

27

Ricardo.

Por bizarro y animoso

y por su muerte ha de haber

diferencias, pues su espada

han de pedir.

Alfonso.

Ajustada

la elección tiene de ser

en la presente ocasión,

gran falta, señor, ha hecho

su grave acuerdo.

Ricardo.

Su pecho

fue rayo, fue exhalación.

Álvaro.

Que intenten sin violencia

basta, y estoy ofendido

de que haya el campo sentido

del General la ausencia.

La espada del General

pedir intento, mas no,

que esta es mía, valgo yo,

pues no hay a mi esfuerzo igual.

Pedirla es bajeza mía,

que será dar a entender

que pude envidia tener

de la ajena valentía.

Si el Rey me ruega con ella

ha de ser fuerza tomarla.

Pag. 54

Álvaro.

más se pagará guardarla

Ricardo.

este español, a tu pena.

Rosel.

Mi gente,

del Senescal,

la espada de don Juan,

la dejo a Roberto en medio,

pues no hay en el campo igual

esfuerzo.

Marqués.

¿Qué es lo que oigo?

Atemorizado quedo,

ya de mi paciencia excedo;

pedirla es forzoso aquí.

Para ver si este ignorante

inglés me conoce ahora,

sin duda quién soy ignora.

Rosel.

¡Qué español tan arrogante!

Ase por la mano al Almirante don Juan y sácalo a un lado del tablado.

Almirante.

Yo os pido que la espada,

que es justo que se me dé,

pues en mi valor se ve

que quedará muy honrada,

y advierta para igualarme

con valor es menester,

o que vuelva yo a nacer

o vuelva el cielo a criarme;

porque aun haciéndolo así

Pag. 55

Almirante.

no se asola mi desvelo,

dudo que aunque produzca el cielo

o otro que me iguale a mí.

Ast.

Pues yo, español, he dudado,

viendo tu grave osadía,

si acaso del alma mía

alguna parte has hurtado;

porque no es posible a ver

que no es gran temeridad,

si no es inmortal deidad,

quien iguale mi poder.

Osorio.

Pues don Álvaro ha pedido

la espada, callar conviene,

mas que mi valor se tiene,

si soy Osorio, he sido

su amigo y su compañero,

no por eso he de perder

la ocasión de responder

que debe un noble caballero.

La espada solo os pido

pues mi valor conocéis.

Mayo.

Por premio con que me honréis,

ya sabéis que os he servido;

la espada llego a pedir,

mas don Álvaro me mira.

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Mayo.

Paréceme que me tira

por orden para morir,

sus ojos dos rayos son,

qué gran valor le acompaña,

es fiera a quien le dio España

la sangre y la indignación.

Alfonso.

Lance es donde hay confusión.

Ricardo.

Caso es indeterminado,

el español se ha indignado,

hombre es de resolución.

Álvaro.

De aquí al foso no se fuera.

Osm.

Gran mal de los dos recelo.

Álvaro.

Que a asirse de un gozne al cielo

le echara si entrar pudiera.

El rey me mira, ocultar

la pasión conviene agora.

Osm.

Quien la indignación ignora

de don Álvaro, tratar

del remedio es conveniente.

Alfonso.

Señor,

¿qué manda su Alteza?

Osm.

Que pues asaltar se empieza

mañana el muro eminente

de Tolemayda, remitan

la victoria a sus aceros.

Pag. 57

29

Alfonso.

Esto me importa, caballeros,

todos el acuerdo admitan,

la espada se llevará

Rosel.

el que más osado fuere,

nadie mi valor prefiere.

Álvaro.

Mía sin duda será,

Guzmán.

A valor y a lo arrogante,

a lo bizarro y valiente,

de Álvaro mi afecto siente

digno en premio semejante.

Ricardo.

Yo soy de aquel parecer.

Alfonso.

Es acuerdo soberano.

Álvaro.

Con esto que está en mi mano,

Osorio.

ya no tengo que temer.

a los dos

Rosel.

Con ella he de castigarte.

Álvaro.

Sin ella he de pelear.

Rosel.

Yo solo pienso triunfar.

Álvaro.

Con la mía he de matarte.

Rosel.

En la media luna aguardo.

Álvaro.

Ve siguiendo mi esplendor.

Rosel.

Sigue mi esfuerzo gallardo.

Ricardo.

Sin duda en el alba espero

de Tolemaida la gloria.

Alfonso.

En conseguir la victoria,

mi brazo será el primero.

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Rosel.

Yo te aguardo, castellano.

Álvaro.

Yo te aguardaré, arrogante.

Rosel.

La muerte tienes delante.

Álvaro.

La tuya a dar, gaditano.

Alfonso.

¿Qué es esto?

Álvaro.

Tratar que debe ser conveniente

Alfonso.

¿Álvaro, estando presente?

Álvaro.

Solo espero tu favor.

Vanse quedando Ismenia

Ismenia.

Vivo sin vida, es en mí

mi pena y el padecer

seducción del nacer

pues tan infeliz nací

desde el punto que viví

como mi rigor advierte

muero a manos de mi suerte

tanto que de mi fortuna

ignoro si fue la cuna

el túmulo de mi muerte.

En fin, pues amor lo ordena,

a Alfonso he de declarar

mi pensamiento por dar

algún alivio a mi pena.

Pero en tanto que ya suena

de mi valiente osadía

dictar la pena a Lelia

a Alfonso intento salir

Pag. 59

Ismenia.

al campo.

María.

¿Ya a qué?

Guzmán.

A morir, mostrando mi valentía.

Vete.

María.

¿Adónde?

Guzmán.

Ya voy.

Provean armas, que al instante

soy contigo.

María.

Qué arrogante

eres.

Guzmán.

Dios de mí soy,

y ha de terminarse hoy.

María.

Dime a qué.

Guzmán.

Yo, a morir.

María.

¿No es mucho mejor vivir

quieta?

Guzmán.

No, María querida,

que esta, de dolor vestida,

no es vivir, sino morir;

sabrá Alfonso mi destreza,

Guzmán verá mi valor.

María.

Contrario afecto el amor,

le asustas con la fiereza,

estima más tu belleza;

que, a lo que llego a entender,

para ser amada, el ser

más humana has de mostrar,

que el que te ha de amar,

ha de ser siendo mujer.

Pag. 60

Pascual.

que bueno amar un dragón,

quien a fieros diferentes

le enseñe a un hombre los dientes,

me dice su pasión.

Es bueno amar un león,

un tigre; voyme despacio,

que con ojos de topacio

suele haber tales leones

que huyen las ocasiones

como los leones de palacio.

Osuna.

Parte, pues que ya te sigo.

¿Qué haces?

Pascual.

Tiento la espada

para llevarla ensayada

por si topo a mi enemigo;

mira que el cielo es testigo

que a nadie ofendí jamás,

y escondido veré más;

dejo el derecho camino,

yo pendencia con el pino

intento reñir nomás.

Escóndese.

Osuna.

El alma a hablar me provoca

y luego, para más mengua,

queda difunta la lengua

siendo el ataúd la boca;

y a nervios, y apenas toca

Pag. 61

Guzmán.

y cuando mi pecho labra

el concepto porque abra

la boca a la ejecución,

desmentida la intención

se queda sin la palabra.

Garcilaso.

Pues es cuidado de

Alfonso y su campo vela

le he de buscar, pues ya es

de media noche tan cerca.

Sale Roberto por la puerta izquierda

Rosel.

Si ha venido mi contrario

Guzmán y mi ruina desea,

que conozca mi valor

yo, que vencí de las fuerzas

de Francia, siendo terror

en las vecinas fronteras,

al castigo de su orgullo,

rayo a su vana soberbia,

¿un español se me atreve?

Osorio.

Un hombre hacia mí se llega,

y con lo oscuro que viste

la noche no se penetra

quién puede ser; él viene,

quiero llegarme más cerca.

Rosel.

Sin duda que éste es Guzmán,

cumplió su palabra.

Osorio.

Aquesta es la parte do le juzgo

Pag. 62

Entra don Juan Osorio por delante de Osmán.

Osorio.

Quiero ver a Albano, espera,

no sé si he venido a tiempo,

porque aunque el deseo anhela

para buscar a don Albano,

ni en el campo, ni en la tienda

lo puedo hallar.

Rosel.

Otro bulto

que entre la blanda yerba

se aparece a cobardía

de aquesta nación soberbia,

quiero hablarle.

Osorio.

Este es Roger.

Rosel.

Si eres a quien busco, piensa,

que aunque estés acompañado

basta para ambos mi fuerza.

Osorio.

Yo vengo solo, mas tú

ves a prevención te empeñas...

Va entrando Albano por las espaldas de Roger.

Álvaro.

Ya se llegó la ocasión.

La media luna es aquesta

que intenta el inglés, ignora

quien soy, de mi fortaleza

no tiene noticia, aquí

le enseñará la experiencia

que soy en esto prodigio

todo el terror de la tierra.

Pag. 63

32

Álvaro.

Mas, ¿ves este que aquí está?

Y cuando pensé viniera

solo, viene de esta suerte.

Osuna.

Alguna traición intentan.

Don Juan.

Yo a buscaros vengo solo.

Osuna.

Pues, sin queja, ¿es así? Llega,

que yo don Álvaro soy.

Don Juan.

¡Oh, Dios!

Álvaro.

Qué duda es esta,

qué confusión de sentido,

qué imaginación de idea.

Osuna.

Saca la espada, arrogante.

Don Juan.

A vuestro lado y defensa

tenéis un mundo, pues ves

otros dos que os acometan.

Álvaro.

Este es mi contrario a quien

he de ayudarle aunque fuera

mi padre el que está en el campo;

además, aunque la esfera

está lóbrega, se advierten

dos bultos en mi presencia,

aquí me puso la suerte.

Más vale que el mundo sepa

que di ayuda a mi contrario

que no que entender se pueda

Pag. 64

Álvaro.

que trate de irse conmigo,

esto importa a mi nobleza.

Osorio.

Aquí os aguardo yo solo.

Rosel.

Señor...

Álvaro.

En vuestra defensa

tenéis un mundo fiado

de mi pecho, que aunque fueran

los ejércitos reales

de quien Alemania tiembla,

fueran breves mariposas

de mi indignación soberbia.

Rosel.

Yo os agradezco el favor,

mas en ocasión como esta

casi llego a ser ingrato;

que es mi ofensa la defensa

dirá el mundo, que venís

conmigo, o será bajeza la

de mi pecho. Esto conviene.

Osorio.

Ya que, sin saber quién sean,

hay dos que sirvan de padrinos.

Álvaro.

Y arrastrando estoy de pena.

Mayo.

Bueno anda por Dios el juez;

mi amo y Osorio esperan

a don Álvaro.

Rosel.

Señor,

al rey voy a dar las nuevas.

Pag. 65

Álvaro.

A Roser digo quién soy

porque de aquella manera

buscando mejor lugar

será mi venganza cierta.

Don Álvaro soy, Roser.

Rosel.

Muy gran bajeza

es venir acompañado.

Álvaro.

Solo vengo, y porque veas

mi valor, aunque la noche

nos da lugar, aunque presta

el primer rayo su luz,

podemos por esta selva,

dejando a Osorio en el puesto,

ir donde mi brazo sea

castigo de tu osadía.

Rosel.

Ya tengo en mi soberbia

Vanse los dos, y como que en él se esconde.

Osorio.

Mira que va viendo el día.

Ismenia.

La gente que estaba cerca

se fue, seguro es el susto.

Osorio.

Primero es forzoso sepa

quién animoso y valiente

me favorece, tu alteza.

Señor, que en aquella parte

tuve segura sospecha

deste desafío y quise

Pag. 66

Osorio.

Evitarlo, o que tuviera

parte alguna mi valor.

Osorio.

Pues ya seguros, esfuerza;

aunque es tan espeso el monte.

Guzmán.

Lo mismo mi afecto intenta.

Vanse. Salen Álvaro y Ro.

Álvaro.

Ya hay luz para conocerme,

ya sabes quién soy, espera.

Haberte traído aquí

es honrosa diligencia

de mi espíritu, que estabas

en peligro; y porque veas

mi valor siempre invencible,

te saqué desta manera.

Los hombres que imaginabas

ser yo, dos amigos eran

valerosos, mas no quise

que nadie parte tuviera

en la victoria que espero.

Rosel.

Es la mayor que celebra

el mundo, pero el engaño

de mi voluntad resuelta,

la indignación de mi brazo

tanto el discurso violentan

que estimo la ingratitud

y aborrezco la clemencia.

Pag. 67

34

Al.

Pues yo, que guardé tu vida,

fue porque temí que en ella

faltara objeto a mi brazo,

por ser pequeña materia

a tanto impulso, y así

te eximo que ingrato seas.

Rosel.

Por castigar de una vez

tu ingratitud y soberbia,

Álvaro.

Y excusamos más palabras.

Dentro

Ad. s.

De aquella manera cesan.

Gente viene

Aquí suenan las espadas

Aquí sus aceros suenan

Álvaro.

Aquí escondernos

podemos entre esta selva,

mientras pasan, y alejándose

seguiremos la refriega.

Un remedio he prevenido.

Rosel.

Dame la mano.

Álvaro.

¿Qué intenta el de el páramo?

En señal de vernos.

Rosel.

Pues así sea.

Van los reyes S. don Ga-

rcía a compás de ellos,

con las manos asidas

Alfonso.

Moros, a nuestra asomada

no es justa acción que se advierta

un reparo alterado

cuando el riesgo está tan cerca.

Ya tiembla el mundo de veros,

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Alfonso.

que esos bravos que hoy celebran

amistades son dos iras

de la indignación soberbia;

ea, valientes soldados,

vuestra es Tolemaida, sea

Rey.

blasón breve a tanto impulso

que ilustra acciones que sea

tal acuerdo, do el cielo ha sido

y a España e Inglaterra

a Tolemaida caminan

de nueve y más

Vanse todos y don Juan y alonso =

Ismenia.

Oiga vuestra Alteza

yace una selva en el mar

cercada de dos escollos

que sirven a su hermosura

de lisonjas de soberano

tan imagen del abril

que imagino que envidioso

Marte receló a Chipre

los dibujos más vistosos

en este pues obelisco

nací siendo un fiero asombro,

declaró dante mi padre

el carácter prodigioso.

Criéme tan para mí

que desde el primer sollozo

fui estrago de hombres y brutos.

Pag. 69

35

Ismenia.

y fui de la tierra asombro.

Pues tal vez en el campo

esgrimí el acero airoso,

llegando a envidiar las Parcas

la ejecución y el destrozo;

y aunque turbado mi afecto

entre penas y entre ahogos,

con mi natural robusto

y con mi afecto animoso,

he venido a declararme,

pues, lo sabe el cielo, es poco

cuántos pesares me cuesta

y cuántas desdichas lloro,

para decirte que soy

Ismenia no, sino Theodoro,

mujer y reina de Chipre,

a tiempo que ya un poco

ya tienes de mi valor

noticia, y que soy asombro

de los hombres, que mi acero

es cometa luminoso.

Tal vez me vi tan teñida

de sangre, que desconozco

mi ser, porque mi forma,

trocada en sangre, se borró.

Yo, pues, parca rigurosa,

yo, pues, rayo portentoso,

Pag. 70

Ismenia.

yo que a Semíramis dejo

atrás en hechos heroicos,

viéndote a ti en la campaña

tan bizarro y animoso,

hijo de Marte te aclamo;

ya a vencerte me dispongo,

porque es tanta mi osadía

que como león furioso

perdono al que se me humilla

y al ir soberbio me opongo.

Yo te miré en la campaña

tan bizarro y animoso,

que allí solo juzgó el alma

que necesitaba esposo.

Tal vez mirando tu brazo

en las ruinas un furioso,

miré de coral reserbo

entre lo verde lo rojo;

y con ser tantos los daños

que al alma me provocó,

se unieron los amagos,

que acuda fiel el uno y yo.

La muerte tan ocupada

se vio que a tu brazo heroico

remitió ejecuciones

que ella tuvo por asombro.

Álvaro va a entrar y se detiene en la puerta viéndolos con atención.

Pag. 71

Ismenia.

de suerte que en la campaña

los dos, aunque fuimos juntos,

se retiró de cansada

de tu seguimiento solo.

Por ti me metí en una nave

cubriendo el seno tan alto

de mi natural que pude

hollar los ardientes polos

al fin de tantos soberbios

afanes.

Alfonso.

¿Quién sois?

Fátima.

Mujer soy, Fátima soy,

suerte vivas tan dichoso

que aun el tiempo tenga envidia

de tus años, siendo en todos

tan feliz que nada esperes

y siempre te envidien otros.

Guzmán.

Ea, señor, tu nobleza

sepa mi afecto; tú logres...

Alfonso.

Reina, ¿nada respondes?

Fátima.

Aun apenas me conozco.

Por ti mi patria he dejado,

que en estos cielos piadosos

hay más penas por sentir.

Tantos fieros de alevosos,

tantas bravezas de injurias,

¿no me encendiera en sus asombros

un rayo? Pierdo el sentido.

Pag. 72

Fátima.

que de confusiones, loco,

apenas sé dónde estoy.

Eres conmigo piadoso,

agradeces mis deseos;

lo que estoy pasando ignoro;

pues si a deshora el alma

de inefable alborozo,

la muerte le será vida,

la vida le será estorbo.

escondido

Álvaro.

¿Qué es lo que he escuchado, cielos?

Que paz y amor en un amante,

siendo asombro de los hombres,

amor Júpiter abate.

Alfonso.

¡Qué inmenso raudal de dicha, cielos,

apenas el alma cabe

en sí misma, porque duda

cómo podrá terminarse,

cuando mi fortuna, ¡ay triste!,

piélagos surcando graves

de confusiones, zozobra

se salva del naufragante!

Hallo, ¡ay rigurosa suerte!,

una dicha tan grande

que me admiro, me ofendo,

que podrá el mundo culparme,

y deidad, ¡ay de mí!, ofendida,

podrá con razón quejarse.

Pag. 73

37

Guzmán.

que no pago sus deseos

y podrá ingrato llamarme,

al muertas sale deudo,

de qué manera excusarme

podré, Leonor es mi esposa,

y es su amor inmudable.

Osorio.

¿Qué me respondes?

Alfonso.

No sé,

que así a las amistades

pagas, así correspondes

así en mí raras faltas.

¿No te di la libertad?

¿No pude esclavo llamarte?

Pues, ¿cómo cautivo a Os-

mín dejas a no obligarte?

Cielos, ¿quién a un traidor

amoroso, tierno, afable

facilitar imposibles

quien pudiera consolarle?

Osorio.

Suspenso, Alfonso, a mis quejas

como en tal nobleza cabe

una fiera mal nacida.

Soy ingrato, siendo aquel ave

que nace y muere entre dioses

eres serpiente que nace

dejando para beber

Pag. 74

Osorio.

su principio en un cadáver.

Alfonso.

Yo antes de morirme

quise a Leonor sin su amante,

es de Inglaterra Reina,

presente miras su padre.

No sé, no sé qué responda,

pues imposible es pagarle.

Tiénele.

Ismenia.

Vete y déjame, mi dueño.

Alfonso.

¿Qué pretendes?

Ismenia.

Ahogarte.

Alfonso.

No es posible.

Ismenia.

¿Por qué no?

Alfonso.

Porque adoro en otra parte.

Ismenia.

Vete y con tu Leonor vivas,

Alfonso, tantas edades

como yo padezco penas;

y si son ellas tan grandes,

tocarán la eternidad,

y aun ruego a los cielos falten.

Escondido.

Álvaro.

Suspenso, el móvil del alma

duda en acciones tan graves.

Alfonso teme advertido,

mirando el riesgo gigante.

Alfonso.

Conmigo me sobran,

y entre mis dudas constantes,

paréntesis de mi vida,

es clemencia mis crueldades.

Pag. 75

38

Alfonso.

esto importa y encomiendo a Dios.

Vase.

Atale la banda

Osmán.

Pues toma tu banda y parte,

porque el pecho que la adorna

vaya a que idolatre amante

de símbolo del amor mío.

Semíramis vase.

Semíramis.

¡Ay, que muere quien así

con mil imposibles lucha!

¡Ay, ciegas facilidades,

fáciles a los principios

y en los fines tan culpables!

Adiós, Ismenia, da adiós.

Soy de tus muros gigante,

Ismenia. Pero no puedo,

que está el alma en tus manos.

Sale el Bárbaro.

Bárbaro.

Todo el rato he escondido,

Alfonso, que cuerdo amante

la alma he tenido, ¡ay, Ismenia!

¿Quién vio clavel desnudarte

sobre la nieve que fueron

sus mejillas, nieve y sangre?

¿Quién vio la aurora celosa

salir a mirar su amante

el sol cuando la recibe

entre encarnados celajes?

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Doña Beatriz.

A un fénix en hermosura,

a su deidad tan frágil,

a tu amorosa dicha,

que en competencias constantes

sus rigores vence.

Lo que se previene amante,

quien tomare la banda,

si los despojos triunfantes

muy mortal la somete.

Don Juan.

La tomo para mirarme

tan vuelto en ser, ¡ay!, aviso,

a costa de mis pesares.

Y de dos conquistas pueda

fénix sacrificarme,

y a la águila de Dios.

A un Jove, pues hizo alarde

que en tigre ánimo exhala

esos rayos celestiales.

Si non sois el invencible

caballo a Troya triunfante,

que a valiente amor sirvió

celebrar eternidades.

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39

El Marte Español.

Jornada tercera

Pag. 78

Jhs

El Marte español

Tercera jornada

Suenan cajas y sale por una puerta Álvaro de Guzmán y por otra Roger de Ruisellón con espadas y rodelas

Álvaro.

Inglés, ¿qué es lo que pretendes?

¿cómo no temes mi nombre?

¿cómo ciego solicitas,

quieres que indignado aborte

rayos que tu hielo enciendan,

o que mi impulso te arroje

a que habites con los astros

siendo morador del norte,

y que por mi rey y el tuyo

dejo que tu vida logres,

pues fue su mano la que

que pudo librarte anoche;

sabes que soy el que puso

sobre la faz sus torrejones

el estandarte de Alfonso,

a quien temblaron los orbes.

Pag. 79

Álvaro.

sabes que entras a lidiar

entre alfanjes cortadores,

fui cometa de sus iras

y de su soberbia azote.

Pues, ¿cómo desvanecido

vienes a esta parte adonde

está el valor que en mí adviertes?

Pero si no me conoces,

caro verás que es osado

en esas bazas meterte.

Guzmán.

Que a cenizas te reduce

abrasado en mis ardores;

vuélvete, que jamás temí,

y a nuevo peligro espónese

quien en esta parte yo hallo

con más obras que razones.

Porque cuando llego a hablar,

vuelvo a mi memoria adonde,

si no está escrita la acción,

mi lengua no la depone.

Esto, a vista de los ingles,

son de mis hechos menores;

lo más, porque no te asombres.

Pag. 80

41

Ricardo.

Y si agora no me rindo,

es porque riesgos mayores

serán triunfos deste brío,

antes que el ardiente coche

bañe sus guedejas de oro

en la espuma donde Adonis

vio su hermosura, de Tetis

dio a la eternidad su nombre.

A no saber tú quién soy,

pudiera animoso joven

ofenderme de tus fuerzas;

mas no es ofensa en que estriba mi enojo.

Porque de ser tú valiente

ninguna injuria me pones,

engrandeciéndote a ti

haces mis verbos menores.

Pero para que conozcas

mi brazo, para que borres

hechos que como tú dices

no engrandecen tus acciones,

yo soy Roser solamente;

yo que con aqueste nombre

he dado a Francia más miedo,

deshecho más escuadrones

que tiene escudos el belga,

Pag. 81

Ricardo.

el prado varias colores,

peñascos la tierra grave,

fuego esos lucientes orbes;

y para que no presumas

que me ofendo de que logres

la dicha que me prometí,

a otra parte voy a donde

yo solo con este acero,

sin que ninguno me estorbe,

he de ganar la muralla.

Ro. = San Jorge

Álvaro.

¡Santiago, España!

Pasen todos

Álvaro.

¡Allá va el trueno de España!

Álvaro.

Bárbaros, tened mis golpes,

que la fortuna a su impulso

obediente os reconoce.

Cajas

Va subiendo Álvaro por una de las bóvedas

Álvaro.

Valor por aquesta parte,

la confusión de las voces

avisa mayor empeño;

y en él es bien que se logre

la fiereza de mi pecho

para que augusto coloque

entre eternidades hoy

la fama de mi nombre.

Suba más arriba, asiéndose de la muralla, haga fuerzas para subir, y demediado dentro.

Osorio.

Aquí importa mi rigor,

donde dispongo primero

a asaltar el muro espero.

Pag. 82

Va saliendo y sube D. Álvaro al muro. Cae al suelo con un pedazo de muralla que ha de estar hecho con corcho y mucha tierra con que ha de caer sobre él y D. Diego le ha de amparar y suspenderse.

Suena arma

Osorio.

que adelanta mi valor

y a la batalla se enciende

que es fragua de mi aliento,

mas ya la muralla al suelo

hecha pedazos desciende.

Álvaro.

Cuando en el suelo me vi,

dando gloria a mi deseo,

fui imagen de Prometeo

y sombra desvanecí.

Un peñasco descendió

conmigo, y del caso por fiero

que vino por mensajero

de la parte que quedó,

porque viendo mi violencia,

y temiendo mi osadía,

por embajador le envía

a rendirme su excelencia.

Vase levantando en los brazos de D. Die.

Di.

No es bien, valiente soldado,

que desmaye tu valor.

Álvaro.

¿No conoces mi vigor?

Un rayo soy animado.

Mas, señor, aquí tu alteza

en lugar tan peligroso

ha sido lance forzoso

que bien muestra su nobleza,

dos extremos he logrado.

Pag. 83

Álvaro.

en lo que me ha sucedido

pena en el haber caído,

gloria en veros a mi lado.

Mas ya bien lo sabe Dios,

dos glorias he de tener:

una en volver a vencer

y otra en teneros a vos;

porque el alma, a vos unida,

tan valerosa se halló

que piensa que recibió

gran parte de vuestra vida,

y anhelando en vos y en mí,

he dudado si vivía

por la que de vos tenía

o la que me informa a mí.

Osorio.

Cielos, si saben quién soy,

quiero fingir que no entiendo

lo que dice.

Álvaro.

Ya se van uniendo

con furor, se ven, y hoy

Osorio.

tuya será la campaña.

Álvaro.

A ellos, valiente Alcides.

Osorio.

A estrago voy de las lides.

¡Santiago!

Álvaro.

¡Cierra España!

Vanse, suenan cajas y dase la batalla dentro, y dicen:

Dentro.

¡Viva Mahoma!

¡España!

Pag. 84

Salen Ricardo, Roberto, don Juan y Riniero.

Alfonso.

Solo el nombre de Dios viva.

Saliendo, responda Gastón.

Ricardo.

Que el África se asombra

con vuestra sangre africanos.

Alfonso.

A Dios se debe la gloria

deste acierto y vencimiento.

Ricardo.

No imagina el pensamiento

más soberana victoria.

Osorio.

No le queda al africano

poder, victoria le inquieta.

Ricardo.

Yo espero tener su testa,

sus fuerzas...

Alfonso.

Rayo britano,

no hay vencimiento imposible

cuando España, Inglaterra,

son los rayos de la guerra.

Rosel.

Al valor todo es posible,

huyen desvanecidos

los bárbaros arrogantes,

y los aceros brillantes

miré a mis plantas rendidos.

Osorio.

De los mayores asaltos

es cual el Tercio ha visto.

Ricardo.

Librad la junta de Cristo,

asaltados los muros altos

de Jerusalén, cristianos.

Entra Ismael, Tarconi y Osorio.

Rey.

Pues ilustres victorias

Pag. 85

Rey.

Con más soberanas glorias

que celebran los romanos,

señor, pues habéis mirado

los hechos de mi valor,

dad la espada al vencedor

como lo tenéis mandado.

Osorio.

En la misma pretensión

sigue el ánimo el deseo.

Rey.

Solo yo soy de su empleo

la debida sucesión.

Osorio.

Pues que vuestras majestades

testigos del caso han sido,

den el premio al que ha servido

acción de más calidades.

Rey.

¿Quién sino yo puede ser

más digno de la elección?

Osorio.

Yo, que supe en la ocasión

los africanos vencer.

Rey.

Solo a mis hechos se dan

la espada; yo puedo solo

gozarla de polo a polo.

Osorio.

Don Álvaro de Guzmán

llega agora a tu presencia

cargado de sus despojos.

Entra don Álvaro con dos banderas rojas.

Álvaro.

Estos estandartes rojos,

pues no admiten competencia,

Pag. 86

44

Guzmán.

Pido la espada, señor,

del general.

Álvaro.

Y yo también

la pido, porque se ven

los hechos de mi valor.

Si en tan osada ocasión

niegas a mi valor, yo quiero

manifestarlo el primero,

dándome un rato atención.

Después que el sol entre nubes,

invicto monarca Alfonso,

dio el primer anuncio al día

renovándole en su propio,

después que de tu presencia

partí al asalto dudoso

de ese edificio que sale

a la margen de ese arroyo,

para conseguir mi intento,

expuesto el ánimo heroico

al riesgo, trepando el muro,

fui de su soberbia asombro.

Tanto, que viendo el peñasco

mi espíritu tan brioso,

oprimido de mi furia,

se abrió, y descendiendo en trozos,

Pag. 87

Álvaro.

fue tumba de mi valor,

y cuando me juzgan todos

ya un cero de esta infeliz,

envuelto en sangre de un godo,

nuevo espíritu me alienta,

de nuevo rigor me informo,

nuevos riesgos solicito,

a nuevos daños me expongo,

porque viendo que ya había

desmentido el rostro odioso

a la parca, no temía

el rigor de sus asombros.

Subí al muro, y lo primero

que encuentro, entre los sollozos

de la muerte, a Tarudante

bajá, soberbio, animoso.

Llevaba el moro arrogante

en la cabeza un escollo

de tocas, que parecía

un nevado promontorio,

que si el ave luminosa

que yace en ardiente solio

con Júpiter le mirara,

le envidiara por hermoso.

Presentóme la batalla,

Pag. 88

Foliación original en la esquina superior derecha: 45

Álvaro.

Yo con ingenio bravo,

le rompen, y de un revés

le dividí de los hombros

la cabeza con tal furia,

que estando sobre ese escollo,

vino a parar el turbante

largo trecho de nosotros.

En fin, volviendo a mi gente,

con el ánimo sanguinoso,

que cada acción fue una parca,

y estaba el tiempo envidioso;

que comparada la acción

al término presuroso,

que de muertes pobló mi acero,

que el viento previno soplo.

Tantos temieron mi brazo,

que muchos de ver a otros,

del amago se murieron,

por hacerme aquel soborno.

En este tiempo a su campo

vuelve a voces Rifaalfo,

y yo ya desocupado

de enojo tan riguroso,

entre la gente te busco.

Pag. 89

Rosel.

por mi señor te conozco,

por mi dueño te respeto,

por mi príncipe te adoro,

por mi rey te reverencio,

y a tus pies augustos pongo

estos, que serán testigos

de mis hechos prodigiosos.

Eche las banderas a los pies de Alfonso.

Rosel.

Y no he de referir

mis hechos por sospechoso

en celebrarme yo mismo,

cuando los opuestos polos

saben que de mi cuchilla

y de mi brazo brioso

teme el Asia, África tiembla,

siendo a sus fuerzas asombro;

yo que derribé las murallas

de esos rebellines fosos,

que a la fama paragón

fuerte Marte que invoco,

fui en ardiente emulación;

mas, ¿qué es menester? que me corro

dando a la memoria aviso

y con ello me deshonro,

dudando en la alegación.

Alfonso.

Vuestra Majestad en todo

Pag. 90

46

Hablen los reyes a solas

Alfonso.

disponga lo que conviene.

Osm.

Cielos, ¿qué naufragio es todo?

¿O la vista desconoce

los efectos que hoy lloro?

¿Los males que he padecido,

los que siento, los que lloro,

no es mi banda la que miro,

la que al pecho generoso

del Marte español, Guzmán,

ciñe, y él le mira airoso,

habiéndome a mí sin ella,

y enviádola al tesoro

de quien soy? En él me falta.

Hay más tenues desahogos:

sabré cómo la adquirió,

pues es bizarro en lo airoso.

Desta selva, antes que el día

descienda en sus ejes rojos

a dar luz a nuevos mundos...

Alfonso.

Tan justa elección abono;

la espada del general,

su mismo entierro dispongo.

Por empleo de su acero,

su túmulo el mausoleo

sea, y cese la contienda.

Rúbrica

Pag. 91

Álvaro.

Obedecerte es forzoso,

que yo solo la pedí

por parecerme que solo

era en mi mano estorbarla.

Ismenia.

Con mis errores, Alfonso,

solo yo la merecí.

Príncipe.

Pues el acero invicto,

no para las acciones

ello importa.

Ricardo.

Da a mi enojo...

Álvaro.

He obedecido, señor,

casi quedo escrupuloso

de lo que ha hablado, entre dientes,

este inglés.

Vanse, y quédense Osorio y Alba.

Osorio.

Ya zozobro

en un mar de confusiones,

siendo mis penas el golfo;

aparte hablarte quiero.

Álvaro.

¿Qué mandas, en qué te sirva el Almirante?

Osorio.

Por ser tan caballero,

retrato deste modo su nobleza.

Álvaro.

Tengo muy conocida.

Vuestra edad del tiempo no advertida.

Osorio.

Escucha ahora, desvelo,

y la causa sabrás que me ha movido.

Pag. 92

47

Osorio.

a hablarte agora, el celo

en importantes partes conocido

me fuerza que te diga

la causa que me mueve y que me obliga.

Cuando en Chipre animoso

con mi Castilla, rayo de mi tierra

mi valor prodigioso

fatal estrago entonces de la guerra

tu gente ya perdida,

temió la muerte si perdió la vida.

Prendí tu rey, y agora

empieza mi valor y cara a cara

esto nadie lo ignora,

le pude yo vencer sin que llegara

a ayudarme mi gente.

Mira pues de los dos cuál fue el valiente.

Preso.

Pues, mi señora,

la Reina, le estimó como debía,

fue sol a tanta aurora,

diole la libertad porque quería

que yo le acompañase

y hasta en presa consigo me llevase.

Diole el Rey esa banda

que traes al pecho, mira pues agora

Pag. 93

Preso.

si es lícita demanda

que te la pida, tu valor no ignora

ser deudo el empeño,

la banda es mía, yo su propio dueño,

y así determinado

vengo a quitarla de tu pecho altivo,

que un afecto obstinado

es un volcán de llamas en que vivo,

y a no estar en tu pecho,

la quisiera entre mis brazos de derecho.

Aparte.

Álvaro.

Suspenso mi sentido,

pendiente del compás de tu propio aliento,

y no sé lo que he oído;

la causa dudo de tu pensamiento,

porque esta banda bella

despojo ha sido de una hermosa estrella,

encarecerla quiero

porque entienda mi amor a quién pudiera

seguirla, por quien muero,

en fin, la estimo tanto, que si viera

con darme todo el cielo

no la diera.

Osorio.

¿Qué duda mi mancebo?

que soy mujer no ignora.

Álvaro.

Es la deidad en todo más perfecta.

Pag. 94

Tachadura al comienzo del primer verso: [ilegible]

Guzmán.

que el cielo ha producido.

En fin, mi dueño

todo lo ha sabido.

Si Mayo ha declarado

quien soy, no quiero honrado, ¡vive el cielo!,

mostrarme quiero airado;

que así vendrá a salir de su recelo,

si en mi rigor advierte

con el castigo su infelice muerte.

Esto ha de ser.

Álvaro.

Pues mira

que don Álvaro soy.

Guzmán.

¿Qué importa ahora?

si es vana tu ira

en mi valor.

Álvaro.

Advierte, mi señora,

Guzmán.

¿Qué dices?

Álvaro.

Brevemente

diré la causa que mi afecto siente;

y estando solo, ¡ay cielos!,

en un campo que conduce flores

a ese helado arroyuelo,

mitigando del estío sus ardores,

pues él le presta nieve

y cada flor le envidia lo que bebe;

Pag. 95

Tachado en el margen izquierdo: Os.

Álvaro.

buscando a Alfonso veo.

Aplacando a Margarita le he oído,

a quien adora el deseo.

A ti digo, señora,

ya he entendido

que estabas triste. Rosa,

al deshojar mas eres mas hermosa,

que dándote a un ingrato,

¡o mal haya la fortuna inadvertida

del injurioso trato!

Mira que es ocasión para perderla,

y entonces a las flores

en esta banda diste más colores.

Tierno el eco sonaba

de tu amoroso acento; parecía

que el alma se llevaba

cada palabra que en tu boca oía.

Tan amoroso y ciego

que allí fui mariposa de tu fuego;

aun a fiera rigurosa

un desdén duro, o rendí a sus enojos,

tu amor le conducía

dulces afectos con amantes ojos,

y yo de amor prendado,

de tan bella imposible enamorado.

Pag. 96

49

Álvaro.

El talle de Alfonso mira,

rigores que le advierte primero

mi voluntad, que aspira

a ser tu esclavo, premio que yo espero.

Ismenia.

¿Conócesme?

Álvaro.

¡Oh, si hubiera

nacido que jamás te conociera!

La vida me ha costado

el haberte, señora, conocido;

callé y temí turbado

de tu valor y de quien soy vencido,

tanto que fue mi suerte

amar el riesgo y conseguir la muerte.

Ismenia.

Cuando intento, ¡oh ofendida!

cobrar la prenda de quien fui amado,

hallo que va perdida

la presunción, la gloria del cuidado;

y en tan arduos desvelos

pido piedad a los sagrados cielos.

Entrando Alfo. y detiénese en la puerta.

Hablan a solas.

Alfonso.

Álvaro a solas aquí

con Ismenia, ¿qué de hacer?

Mas ¿qué importa mi poder?

No se ofende nada así,

yo me acuerdo que la vi

decirme dulces amores.

Pag. 97

Alfonso.

y aun brindadoras las flores

de este en que ingrato logré

y yo entonces desprecié

sus afectos y favores.

Si digo que estoy aquí,

Ismenia podrá entender

que a los ojos y mi poder

vive amante y no es así;

y aunque busqué el daño en mí,

mejor será que agora intento

vestido de un pensamiento

divertir su dulce suerte,

siendo anuncio de su muerte

el belicoso instrumento.

Vase.

Ismenia.

Yo agradezco tu deseo,

estimo tu voluntad,

y aborrezco la crueldad

de mi riguroso empleo;

que pagara tu amor creo

a ser posible, ya que en sí

que me aborrezcas aquí

te ruego, porque ha de ser

imposible merecer

favor ninguno de mí.

Pag. 98

50

Álvaro.

Un enfermo siente el mal

mientras la naturaleza

le comunica viveza

con el calor natural,

mas cuando ya está mortal

aunque la vida apetece

tanto el dolor le adormece

que negado a discurrir

padece el mal sin sentir

sintiendo el mal que padece.

Así yo con penas tales

en el mal de tus desdenes

aunque apetecen los bienes

no vengo a sentir los males.

Porque son tan naturales

en mí, que si tu belleza

intenta nueva aspereza

no me ha de dar pesadumbre

que hace el sufrir costumbre

y dolor por naturaleza.

Pag. 99

suena un clarín

Álvaro.

Pierda el troyano el recelo

de ver su campo perdido,

y de consuelo vencido

descubre el norte al consuelo.

Alivio a mi loco desvelo

con cuerda desconfianza,

y pues ventura no alcanza

de tantos males el medio,

sírvame a mí de remedio

el no tener esperanza.

Osorio.

Voyme, que el clarín me llama.

Álvaro.

¿Adónde vas?

Osorio.

A vencer.

Álvaro.

Niega a tu impulso poder.

Osorio.

No, que soy la misma Fama,

mi honor a voces me aclama.

Álvaro.

A mí tu amor me divierte.

Osorio.

Álvaro, tu nombre advierte.

Álvaro.

¿Acordaraste de mí?

Osorio.

Digo...

Álvaro.

¿Qué dices?

Osorio.

Que sí.

Pag. 100

51

Álvaro.

Pues voy a matar la muerte.

Vanse. Salen Mayo y Melidora.

Mayo.

Melidora, estoy celoso

de verte tan divertida,

si es la causa ser querida;

haz, Melidora, del oso,

y yo te aborreceré,

que, así trocando los frenos,

yo te querré un poco menos

y tú me tendrás más fe.

El más ingrato animal

es la mujer, si es querida;

ama si es aborrecida,

quiere bien si le hacen mal.

Y así de hoy más te he de dar,

porque me puedas querer,

un bofetón a comer

y dos coces a cenar.

Melidora.

Pues yo, mi Mayo, al revés

tengo el alma sazonada:

amo cuando soy amada,

Pag. 101

Melidora.

y ese solo es mi interés,

no pido ni quiero dar,

solo algunos celos hoy,

porque apasionada soy

a gusto de ver penar.

Quiero más ver a mi amante

con el color demudado,

el sombrero encasquetado

y la vista a lo brillante,

verle mirar las estrellas

que cuantos diamantes hay

en las Indias del Catay

y luz de la tierra bella.

Verle decirme traidora,

no te he de ver en mi vida,

y luego el alma rendida

decirme mi bien, señora,

mi dueño, ¿en qué te ofendí?

cuando, si no le he tornado

y el rostro mesurado,

gozosa de verle ansí,

darme por muy agraviada.

Pag. 102

52

Melidora.

quien temiendo el campo a

no admirarle nadie llega,

siendo escudo la espada

que cuantas grandezas cría

aquel planeta eminente,

cuya luminosa frente

Iris de paz es al día.

Mayo.

Pues que tengo conocido

tu condición melindrosa,

sufrirás mi trato agora

por días determinando.

Yo juro a Dios que he de hacer

que conozcan mi intención.

Melidora.

Yo dejaré mi nación,

y vendrás, mi mayo, a ser

dueño del rebaño mío.

Mayo.

Si ha de ser sola, me alegra;

porque si el tener suegra,

cuñado, mujer o tía,

renunciaré el casamiento,

porque aquestas cosas son

no para mi condición,

que aun no las tengo y las siento.

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Mayo.

Vive Dios que si me viera

en una mesa sentado

con una suegra o cuñado

que de repente muriera,

y fuera ignorancia crasa

preguntar de qué moría

si cuñado, suegra o tía

estaban dentro de casa.

Melidora.

Sola soy, tuya he de ser.

Mayo.

Cristiana me hizo Dios.

Melidora.

Sí.

Mayo.

Pues ya mi mano está aquí.

Melidora.

Digo que soy tu mujer.

Suenan cajas tocando arma.

Mayo.

Grandes rumores entiendo.

Melidora.

Vámonos de aquí al instante.

Mayo.

Pues oh camino de lance,

de miedo y temor vestido.

Vanse.

Sale don Álvaro con espada en la mano de una parte a otra y soldados.

Álvaro.

¡España, España, soldados!

¿Quién es aquel caballero

que valiente y atrevido

robó su valiente acero

a tanto alarbe caudillo,

a tanto alarbe, rigor funesto?

Pag. 104

Álvaro.

desmiente la valentía

siendo un cometa soberbio.

A su defensa me llama

aquel soberano aliento;

entra

Álvaro.

aunque asombrado de tenerme

pudiera un noble mancebo

la clemencia, dad asalto;

¿a qué me ciego? Dad remedio.

Volved, ya os dejo en mi tienda,

mirad lo que os encomiendo

que al premio que lo merece;

que yo os juro que tan presto

vuelva a veros, que juzguéis

que fui imagen del deseo.

Vase con ella y salen por las otras / a los que pudieren animarla, / Ysma, Mayor limpiándole la sangre / y mirándola toda.

Osorio.

¿Quién sino Tarfe pudo ser,

quien en el valor valiente

a tan perdida vida

le previniese ser nueva?

Mayo.

Siempre, señora, temí

la desdicha que experimento.

Pag. 105

Mayo.

¿Para qué tanto ardimiento

si eres mujer?

va entrando Alonso.

Es.

Porque en mí,

desde el punto que nací,

y rigurosa pasión

a desigual constelación

de tal suerte me he inclinado

que en un tiempo fui soldado

y en otro taberna, y son

antes de ser racional,

digo antes del discurrir,

cuando en el dulce vivir

tiene el ánimo fatal,

fue mi estrella tan mortal

como la experiencia advierte,

que aborrecía mi suerte,

con que llegué a ser mujer

y solo tuve placer

en los brazos de la muerte.

Alfonso.

O no es verdad, o es lo que toco,

o qué engaño es el que veo,

si es ilusión del deseo

estoy con la vista loco,

Cielos, que vuestro auxilio invoco.

Pag. 106

54

Alfonso.

que tal le llego a ver,

ayer negaba su ser,

Ismenia, suerte felice,

y agora a voces me dice

que Ismenia es, y es mujer.

Llegué a mi tienda juzgando

hallar un soldado herido,

y hallo un bien nunca advertido,

y estoy viéndolo y dudando.

Está el alma agonizando

por irse donde salió;

que si tu aliento me dio

parte del ser que tenía,

violento en mi ser quería

volverse a donde nació.

El alma mía sin ti

penando estaba en mi pecho,

tanto que en fuego deshecho,

de mí mismo, amor, salí;

pero buscándote, sentí,

hallé consuelo a mi mal,

y siendo la causa tal,

un infierno en tan suave calma

que eres tú, señora, el alma

Pag. 107

Alfonso.

deste cuerpo material,

como unida en vuestro amor

al riesgo se acreditara;

si vuestra defensa osara

se desvaneció al favor,

buscó la vida el dolor,

hallola siempre, se advierte

tocando el triunfo mi suerte

con defenderos a vos,

y unión puesta de los dos

me ha de eternizar la muerte.

Osorio.

Pintara en bronce la brasa,

diera al sol onde pisáis,

pues a mi amor premiáis

que en altas eternizará.

Para que eterna durara

nuestra fineza en los dos,

hiciera, asumido a vos,

con mi ser un ser, que fuera

solo un ser, y el ser os diera

si pudiera ser de Dios.

Entra Alfo, Ricardo, don Juan Osorio, doña Teresa, Ana, Melchor, a don, los que pudieren.

Alfonso.

Aquí está, señor, su alteza.

Mayo.

Aquí, señor, le trujeron.

Pag. 108

Mayo.

por ser la primera tienda

y defenderse su dueño.

Osorio.

Tanto favor, gran señor,

a tan conocido empeño

no dudo la obligación.

Die.

Cuando están forzosos sujetos

el triunfo de Alemania,

su victoria es menosprecio

si a vuestra Alteza nos falta.

Quedan los reyes y los demás hablando a solas.

Rosel.

Que tan bizarra ocasión

que hizo prevenir el cielo

a don Álvaro Ramón,

entre mi furor colérico

voy.

Mayo.

No sé qué encubre, ¡ay de mí!,

en mí un medroso silencio.

Paciencia y disimulad,

valor, que llegará el tiempo

que se averigüe, fío en Dios.

Osorio.

No es nada, pues quiso el cielo

que tan pronto en la ocasión

se hallase tan noble esfuerzo,

tan dignos desta facción,

y tan forzoso en mí el premio,

que yo solo he de pagarle.

Pag. 109

Rosel.

mayor rigor, más desvelos.

Ala.

Tú ser menos atrevido,

o por Dios que Minerva

que brevemente suspenda

la arrogancia de tu pecho,

y a aquestas bajas regiones,

donde exhalando el fuego,

vuelvas ceniza, si acaso

llegas a tocar el suelo.

Rosel.

Cuando llegues a lograr

de tu error, de tus fierezas

la atención en mis fatigas,

seré mariposa dellos,

seré mosquito, vapor

a la luz de tanto incendio.

Osorio.

Ya sabes, invicto Alfonso,

quién soy, seguro secreto,

que solo le revelo

mi amor a tu heroico celo;

quien me dio medio la vida

en vida le ofrece el premio.

Y aunque aquesta conquista

tenga más feliz efeto,

siendo yo coluna della...

Pag. 110

Osorio.

Presentando de mi reino

con vasallos y tesoros,

siendo de tan noble deudo

tuyo esposa, tendrá fin

y tendrán mis deseos.

Di.

Apenas entiendes, Lidora.

Osorio.

Tan oculto es mi intento.

Yo soy la reina de Chipre,

que, envidiosa de un empleo,

puse en salados escollos,

contrasté montes de viento,

en fin, de mi monarquía,

mi mar y mi imperio,

a don Álvaro Guzmán

con mi mano doy y entrego.

Álvaro.

Vivas más que el tiempo mismo.

Osorio.

Todos, Álvaro, debemos

esta victoria a su brío.

Rosel.

Yo a tan noble caballero

doy el alma en donación,

por ser el mejor objeto.

Di.

Luego ilustráis, gran duque,

que vanos son los extremos

del mundo.

Álvaro.

Dichoso ya.

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Osorio.

que en tan soberano empleo

solemnice mi esperanza,

y Marte español, Guzmán,

en el mayor vencimiento,

da nuevos triunfos a la fama

que lo eternice el tiempo.

Mayo.

Y yo también he de volver

a mi patria con aumentos,

que, aunque no ves el casarme,

a Mendoza prometo

dar mi mano si él la quiere;

sin la duda lo he de ser,

de desposada gozando

Melidora.

la ley de Dios verdadero.

Tocadnos, voces e himnos.

Mayo.

Y perdón apetezco,

que aquí, senado, da fin,

pidiendo a los suyos, que, vivos,

aplausos al Marte Guzmán,

Fénix al nuestro lucero.

Firma: Don Antonio de Benavides