> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El caballero asicio. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-caballero-asicio.
Folio izquierdo. Final de la obra "El negro del Serafín": El negro del Serafín. ¿Queréis los dos ser cristianos? Sol. Sí, gané lo que perdí por un medio no pensado. ¿He de dejar de seguir la verdad de tan gran fe? Digo, gran señor, que sí. Fat. Yo digo que gano en ello y en ella quiero morir. Ant. Gracias a vos, gran señor, Dios eterno, porque en mí, siendo un negro y pobre esclavo, habéis mostrado en el fin de mi vida maravillas tan grandes; con que salir pueda el alma, y gozar siempre gustos eternos sin fin. Virrey. El grande Antonio espero. Capitán. Tanto bien, para morir, esperaba. Virrey. En el entierro mostraré lo que servir deseo a tan grande santo, por el efecto que en mí ha causado con su muerte, pues más gané que perdí. Mañana se hará el entierro, y vos, capitán, pedid lo que fuere necesario. Capitán. Yo lo haré, señor, así. Virrey. Y bautizados los dos daréis a breves días fin, con daros las manos. Sol. Y a vos, señor, años más de mil. Virrey. Dos mil ducados de renta tendréis, pues el santo aquí mandó de comer os diese, yo cumplo con él así; cubrid el cuerpo sagrado. Capitán. Con que alegres damos fin al esclavo más dichoso, y negro del Serafín. (Vanse). Sub correctione sanctae matris Ecclesiae.
El Caballero Asicio.
Primera parte.
Al reverendo padre fray Bernardino Pacheco, predicador y confesor de Santa Clara de la villa de Martos.
Las mocedades (si bien virginales) del mayor Atlante de la Iglesia y Serafín de la tierra, presento a vuestra paternidad; por ser gloria del padre tener hijo que tanto se señala en cumplir las obligaciones de religioso; las mías son tantas para con vuestra paternidad, que quisiera dedicarle un gran libro, pero el don es como quien le ofrece pequeño y corto; que a ser conforme al grande merecimiento de vuestra paternidad había de ser de gran precio; si bien, es tanto el valor del subjeto desta comedia, que siendo cosa tan poca, la hace grande y sublimada; vuestra paternidad la reciba con el amor que mis cosas son siempre recibidas de tan ilustre pecho; guarde Dios a vuestra paternidad como deseo, Martos, enero 4 de 1642 años.
Siervo y capellán de vuestra paternidad,
Don Rodrigo Pacheco.
De Don Rodrigo Pacheco
179
Personas della San Francisco. Julio galán. Bernardo galán. Lechuga lacayo. Doña Isabel Dama. Antandra Dama. Casandra Dama. Dorotea criada.
Salen San Francisco, Julio galán, y Bernardo galán.
Las fiestas que se previenen
que serán buenas no hay duda,
sí, mas mi bolsa, Bernardo,
de dinero está desnuda;
y así no podré salir
con los demás a las justas,
por la pobreza en que estoy
que no se ha sentido nunca;
y pues pobre navego
en este mar sin ventura
a no salir me resuelvo.
Siempre te lloras; locura
será llorarme mintiendo,
sabes bien tú, pues me apuras
lo que Antandra me ha gastado
con peticiones ocultas,
claras a los dos no más.
¿Qué estás agora en disputas
sobre ser pobre, o ser rico?
Cuando las fiestas apuran
las bolsas, y entendimientos
con la presteza...
ajustas
tus libreas con tu bolsa,
y por eso nada gustas
de que yo me llore pobre.
Lo que has menester pregunta
mi amistad, para las fiestas
pide, compra, y te asegura
mi amor, como tan amigo,
toda la plata que muda
mi padre, de un cofre en otro
por tenerla más segura.
Dos mil florines están
en una gaveta oculta
de mi escritorio, ve Julio
y gastarlos bien procura;
que salgas lucido quiero
en aquestas fiestas.
Juntas
a mi amistad la grandeza
que tan generoso usas:
porque siempre agradecido
el que levanta, procuras
pague tanta obligación.
Deja la paga, a las justas
¿han de ser de ver, Bernardo?
¿Habéis menester que acuda
yo, en algo a tanto gasto?
El entendimiento ofuscan
tus larguezas: para un poco,
y da lugar que ventura
largue la mano escondida
pues viéndote, dificulta
dar, porque das de tal suerte
que no le dejas que acuda
a lo que suele conmigo.
Es lo que doy todo burla;
quisiera del Potosí
la plata que en él se acuña
desde que mostró sus venas
a las naciones ocultas
para
para gastar en un ora,
que Francisco solo gusta
de tener siempre que dar,
tus larguezas son ya muchas.
¡Ay mayor felisidad
que el dar! No puede haber junta
tanta gloria en este mundo.
Creo que no tiene escusa
el rico, si niega al pobre.
¿Qué es negar? ¡A gran ventura
tengo, si el pobre me pide!
y será mi suerte mucha,
pero porque vana gloria
no aumente más la locura,
dejemos aquesto amigos
que el dar yo no tiene cura.
¿Cuántos hay para las fiestas?
Treinta saldrán en las justas
con más lucido de aseos,
ricas libreas, y muchas.
¿Qué color sacáis Bernardo?
Verde, porque espero oculta
esperanza que me aguarda
a más que feliz ventura.
De azul será mi librea
y amarillo la pespunta.
Desesperación, y celos.
Y vos Francisco.
Pregunto,
Julio bien, que el alma intenta
sacar, porque dello gusta
invensión que no fue vista
ni soñada.
Si es inculta,
sobre tela blanca, borda
el alma, llagas, que busca
pesadas con negros clavos
y un diamante en cada punta.
¿Y el escudo?
La pobreza
con la humildad ambas juntas
abrazadas, pinto en él,
que el alma no dificulta
ni de las llagas que pongo
ni la causa de pintura
tan estraña. No lo entiendo
mas pues lo quiere, se cumpla.
¿Algún motivo tendrás?
El alma dize que gusta
desta librea.
A Francisco
mozo, y galán le preguntas
la causa de su librea?
Llagas, de amor serán muchas
que tendrá su gentil pecho
que es mozo, y amor le ocupa,
también pintar la pobreza
no es Julio cosa de burla,
que para mostrar que es rico,
saca tan pobre figura;
la humildad que pinta allí
en su pecho ya se oculta
que el blazón de la nobleza
es la humildad que en sí junta.
El sentido que le dais
Bernardo, le dificulta
Francisco, si bien el alma
otra cosa tiene oculta;
dejemos por vida mía
esto de fiestas.
Pues gustas
vaya de otra cosa.
Vaya
que esto todo son locuras.
¿Qué hay Francisco de Isabel?
Dios me libre de su furia.
¿Ella no trata de efectos?
Si los trata, el alma burla
de sus efectos lacivos.
Pues tú ¿para qué la buscas?
Para celebrarla solo,
luego huir de su lujuria.
La estopa junta del fuego
dejar de arder, dificulta
mi pensamiento.
Bien puede
cuando al fuego se le junta
el temor de Dios, que suele
al cometer la tal culpa
confundir un alma, solo
porque ha dado en tal locura.
De suerte Francisco amigo
que celebrarla procuras
no más.
Mi pensamiento
solo en aquesto se ocupa.
Grave galán por mi vida.
Tus razones no se ajustan
con mi corto entendimiento.
Nunca lacivias me ofuscan.
Sale Lechuga lacayo.
Todas las calles de Asís
ando señor en tu busca.
¿Qué hay Lechuga?
¡Oyeñamí!
¿Pues siempre he de ser Lechuga?
Hierba al comer, y beber
en cama, hierba que purga,
al salir, y al entrar hierba,
parece cosa de burla;
tomar quiero otro apellido.
Yo te lo daré si escuchas.
Dilo pues.
Candil es bueno.
De taberna, bien apuntas.
Al justo te viene amigo,
para quedarnos a escuras
al mejor tiempo.
¿Esso es malo?
No tengo tanta ventura.
¿Qué hay de nuevo?
Lindas cosas.
¿Y son?
Dos escaramuzas,
una de un sacre de vara,
con un gavilán de pluma,
otra de un calvo escudero
con un, que sin lana alguna,
presume siempre de gallo
siendo capón de ventura.
Habla de veras, y deja
truanerías, que tus burlas
son pesadas para mí.
Voy a las veras, escucha.
Ahora a la calle encontré
con Doña Isabel la muda
por mal nombre, fatigada
de andar señor en tu busca;
lo que me parece a mí
es que va a pedir sin duda
librea para las fiestas
que ha de salir en la burra
de su madre.
¿Así te atreves
a hacer de tal dama burla?
Venga, que una tienda entera
ha de llevar, que ninguna
dama de Asís, la ventaja
quiero le deba.
Que acuda
de presto será lo bueno
dará cura a su locura;
ya la tienes en la calle.
Con ella Antandra se escuda.
También Casandra allí viene.
Las tres diosas miro juntas
que a Troya tanto costaron.
Pienso yo sin duda alguna
que ha de costarle a tu bolsa
más que a Paris, veces una.
Salen Doña Isabel, Antandra y Casandra Damas, Dorotea criada.
¿Francisco?
Señora mía.
Parece que os escondéis
al paso señor que veis
que sois vos el alegría
deste pecho, la osadía
de buscaros perdonad.
El perdón señora dad
al que era bien prevenir
que avieis vos de salir
a buscarle en la ciudad;
¿qué mandáis dueño querido
que en que os sirva? proponed,
porque para tal merced
que bien nunca meresido,
el ave fénix del nido
sacaré si vos gustáis,
y a vuestros pies si me dais
licencia, luego pondré.
Quien os oye, por mi fee
pensará que vos me amáis;
mas como al contrario siento
juzgo por lisonja agora
lo que siempre el alma llora,
y siente mi pensamiento,
nunca vos con tanto aliento
aveis mostrado querer,
mas
mas la causa debe ser
burlas de quien ama tanto,
cuanto le costa de llanto
a la que es firme mujer;
Siempre gallarda Isabel
ha procurado mi amor
gozar de todo el favor
que en vos miro, y ves en él,
yo tendré por infiel
al que a tanto bien subido
no se muestra agradecido,
mas solo mirando a Dios
no gozo por él, en vos
lo que habéis apetecido;
Casto amor.
Estoy pasmada
de ver un mozo galán
aquí en resabios no dan
de la gloria acostumbrada
en mozos.
Ella es amada
pero no de amor lascivo,
Considero un hombre vivo
al mundo, y muerto a tal gusto,
cómo puede un mozo adusto
ser libre, siendo cautivo?
A Dios solo se remite
si en este caso le aprietan,
Deseos no le inquietan?
Con Dios hace su desquite;
Ya que vuesa merced me admite
esta noche seré pavo,
Después de peinar el bayo
puede acudir a la seña,
Ríndete cara una peña
cuanto más este lacayo;
Perdonad señoras mías
mi cortedad, que el amor
no mira tanto al honor
de divinas cortesías,
como en solas demasías
de niño ciego, y travieso,
que soy descortés confieso
con quien debo siempre honrar,
la culpa la tiene amar
ciego yo, con tanto exceso;
y porque perdón le deis
al descortés que os la pide,
y al afecto con que os mide
el amor que me debéis,
otras dos galas tenéis
iguales con las que di
aquí en solo merecí,
porque en las fiestas las tres
mataréis, iréis al través
con los tres que veis aquí;
Son ya vuestras bizarrías
Francisco, tan conocidas,
con ser tantas, tan subidas
que a ser vienen demasías,
lo que en vos son niñerías
en los otros son grandezas,
que solo grandes altezas
pueden dar dádivas tales,
de príncipe dais señales
con estas, y otras larguezas;
el don las dos admitimos
como dado de tal mano;
En todo sois cortesano,
Nunca tal largueza vimos.
Es nada cuanto rendimos
a las dos.
Estoy corrido
de que deis agradecido
un don tan bajo, y pequeño,
responderé en más empeño
pues tanto me habéis subido;
Y vuesa merced dará
(está claro) algo, y ponga
en las fiestas su mondonga?
Dorotea, claro está,
pues Francisco a las tres da,
yo te daré mi mandil,
con que salgas fregatil,
tan gallarda, y rubicunda,
que nunca tendrás segunda
si te buscas con candil;
A Dios mi bien;
Él os guarde
Me veréis?
Sin duda luego
Vuestra soy;
Con más sosiego
nos veremos esta tarde,
Vanse.
De Don Rodrigo Pacheco 191
Has hecho Francisco alarde
de tu grandeza, envidiosos
nos dejas!
Lances forzosos
han sido, vamos Bernardo,
a Dios Julio;
Sois gallardo,
Como los dos venturosos
Vanse los dos, y queda Julio solo.
Cual suele el leñador estar dudando
con el destral en alto, en selva umbrosa,
que ya va a poner por tierra la haya hojosa,
ya vuelve al alto pino amenazando;
estale el duro roble cubijando,
de aquí, para allí, la encina religiosa,
de suerte, que la copia numerosa
la trae consigo, y anda vacilando;
tal de Isabel gallarda la hermosura
convida al corazón, y de otra parte
me llama ya la gracia, y el aviso:
y ya me admira el saber, y al alma apura,
y rendido me veo de tal arte
que no sé si gozo infierno, o paraíso,
Vase, y salen San Francisco, y Doña Isabel.
Por cumplir el mandamiento
de quien tengo vida, al punto
vengo a buscarte, y pregunto
qué es dulce Isabel tu intento,
aquí me tienes corrido
de lo poco que te di,
y si anduve corto allí
tu gusto hoy verás cumplido,
pídeme, si quieres más,
sea tu boca medida,
que pues por ti tengo vida
muerte, en no pedir me das,
porque siendo tú mi aurora
y Reina de la hermosura,
será grande mi ventura
de que el bien a quien adora
el alma, recibir quiera
lo poco que le ofrecí,
y pues que vivo por ti
mi vida, y hacienda muera;
Ya reconozco de tu amor
tantas gallardas finezas,
que pudieran ser grandezas
de algún ilustre señor,
mas es mi amor de tal suerte
que no admite el interés
porque solo mi bien es
gozar, y rendir el fuerte
de un corazón, que amoroso
se muestra, sin los efectos
que amor pide en sus conceptos
y le trae a fin dichoso;
tú me das Francisco galas
con la largueza posible,
y viendo tanto imposible
estorbo para mis galas;
que atraviesan de mi pecho
lo escondido, que flamante
se muestra siempre constante
y en fuego de amor deshecho;
en conclusión, lo que pido
es, que des vado a mis penas,
si quieres, cómo enajenas
tu querer de un bien subido?
el
El caballero Asicio 1a pte
el consorte a la Paloma
si la arrulla, no le niega
lo que ella apetece y llega
de tal afecto, pues doma
la cerviz al propio gusto
de la que tanto enamora,
esto mismo el alma llora
con razón, que es trato injusto.
Si me quieres, ¿para qué?
Si me adoras, ¿con qué efecto?
Si te digo mi concepto
y muestro viva mi fe,
te desvías amoroso
sin dar muestras de ser hombre,
no es justo que esto me asombre.
¡Y viva amor cuidadoso!
Mi Francisco, en conclusión
tú me quieres, yo te adoro,
goza pues de mi tesoro
y da vado a mi pasión,
o deja me dé la muerte
y goce al eterno ocaso,
porque la vida que paso
no hay remedio de otra suerte,
ea mi bien, dulce prenda,
serena mis tristes ojos,
mira que me das enojos;
vase
Detén, Isabel, la rienda
de tu amor, que vivo yo
el no gozarte pretendo,
porque al mismo Dios ofendo
que a mí, y a ti nos crio,
amarte con casto amor
y no con amor lascivo
es mi intensión, porque vivo
resignado en tal Señor
porque el amor que pretende
gozar de su amor el fruto,
es amor solo de bruto
que solo a gozar atiende;
y así, después de gozado
y concluido su intento
llega el arrepentimiento
con el disgusto, el enfado;
en el efeto admiro
aunque en todo fuera bien,
y pues eres mi desdén
en quien todo me remiro,
te suplico que ese intento
dejes al que amar procura
por dar cura a su locura
dando vado al pensamiento,
al desvío do con cuidado
te quiero, mas no de suerte
que al alma le dé la muerte
y al infierno un buen bocado,
quédate a Dios, y repara
en la pena que me das,
y si en ello me hablas más
no me verás más la cara.
Corrida, y afrentada
con mancha de lasciva,
y entre muerta y viva
la luz del sol amada,
vueltas mis glorias sueño
y anegado en el mar un dulce empeño.
Las niñas de mis ojos
ya conturbadas veo,
frustrado mi deseo
y vuelto todo abrojos,
toda mi gloria en suma
la lleva el aire, como leve pluma.
Corriendo va mi daño,
pero no corre, vuela,
mi voluntad asuela
un fiero desengaño,
de cuyo pensamiento
solo alcanzo a coger duro tormento.
De pecho tan ingrato
nunca aguardar se pudo
sino un amor desnudo
de todo el aparato
con que el amor consuela
al que en amar lealmente se desvela.
Nunca goces, tirano
de amor la dulce gloria,
nunca te dé victoria
en cuanto pongas mano
llorando siempre vivas
tiernas memorias de un amor altivas.
Pues lucho despreciada
(aunque te estimas fuego)
con nieve helada, luego
daré, si fatigada
a tu desdén los celos
que pide el alma en tantos desconsuelos.
Sale Dorotea criada.
Aquí Julio hablar te quiere.
Entra pues, y si procuras
ver las mudanzas de amor
oye todo atento oculta,
y pues venganzas pretendo
de una ingratitud, y muda
estuvo siempre a mi llanto
verás que tengo disculpa,
Yo voy.
Fiero enemigo
hoy verás que el amor, nunca
cuando es firme, nada niega
a quien rendida le escucha;
Sale Julio, galán, y Dorotea se pone a oír en el paño.
Señora.
Julio amado.
Tu cara casi difunta
estoy mirando, ¿qué tienes?
Nunca faltan desventuras
que llorar a quien bien quiso,
y más cuando infortuna
quiere que llegue a rogar.
Para mí fuera ventura
el oír una palabra
no de rogar, de ternura,
porque ella sola bastaba
a darme vida.
La culpa
tengo yo de mis pesares.
¿Quién con tal beldad se escuda
cómo dar pesares puede?
Esto el alma dificulta.
Pues oye de mis desdichas
la historia, Julio, y si muchas
callare, será por honra
mía.
Di pues.
Escucha-
Al tiempo cuando, renace
el fénix más peregrino,
que para nacer murió,
y renació de sí mismo,
huyen las sombras oscuras
viendo que sale propicio
a dar nueva luz al mundo
haciendo claro su abismo;
la pluma sacude el ave
y dulce afila su pico,
la fiera deja la cueva,
las flores el néctar frío,
y ya vertieron las fuentes,
la rosa abrió su corimbo,
pasea el águila el aire,
deja el nido el jilguerillo;
entonces que el sol salió
de su adusto y rubio nido,
de caza salí, que fuera
mejor ir, hacia un abismo
El caballero Asicio 1a pte
de una triste confusión,
que no aver correr el río
que va besando la orilla
del prado ameno, y florido;
llegué descuidada tanto
a ver sus márgenes fríos
que el descuido que llevaba
me arrebató de improviso
y me puso adonde hallé
todos los campos floridos
alegres les toquen rayos
del llorado y bello Cintio;
luego con la blanca mano
corté cruel el rojo lirio
cogí la rosa, que apenas
iba a salir del capillo;
el bello clavel que el campo
sobre verde alfombra quiso
que le sirviese de esmalte,
a mi mano alegre aplico;
entre blancas clavellinas
puse también el narciso
que enamorado se asombra
de la sombra de sí mismo;
como de otras varias flores
satisfecha y recogido,
a los olores me apliqué
que penetró mi sentido;
a ver correr el cristal
al pie de un árbol sombrío
me senté, jugando a veces
con su cristalino vidrio;
descuidada el alma estaba
de que amor me hiciese tiro,
pero quién podrá escaparse
de un tirano, y traidor niño;
acaso quiso fortuna
que arribase allí Francisco,
ese mercader bizarro
a quien su suerte hizo rico;
viome, y paróse turbado,
como quien mira algún risco
de repente, que le impide
el empezado camino;
con ojos linces, miréle,
confieso me satisfizo
su gallarda compostura
su más que gallardo brío;
llegóse turbado un poco
hacia mí, luego me dijo
¿sois deidad de aquestos campos?
¿sois ninfa de aqueste río?
porque tan grande beldad
dulce señora, en vos miro,
que no puede ser humana
quien tiene rostro divino:
ya picada, satisfice
a las finezas que hizo
en tan breve tiempo, amor
y luego otra vez me dijo;
solo el amor que procede
del rendido corazón
formar puede la razón
que en razón formar se puede,
la misma razón se quede
en este pecho encerrada
que tú sola bella amada
con la llave de mi fe
abrirle podrás, pues sé,
que será de ti estimada;
como tu mano divina
pueda llegar a mi pecho
darételo el bien por hecho,
con que mi razón se afina,
con tu beldad peregrina,
esta razón que en mí cupo
por ti sola desocupo
del lugar depositada,
y aunque el amor es sagrado
solo para ti le ocupo:
y como ya por ti vivo,
y por ti tan solo muero,
la razón del bien que espero
me tiene por ti cautivo,
con verte solo revivo,
vive la imaginación
fundada en esta razón,
que sin ser razón de estado
muero, y vivo por lo amado
con que abrazo el corazón:
agradecí su concepto
y del prado nos salimos
tierna yo, de amor rendida
y al parecer él rendido;
supo mi casa, crecieron
del amor los parasismos
con que de todo perdida
dio mi amor en ser lascivo;
pero nunca alcanzar pude
por más quejas, y suspiros
que he dado, sola una mano
con que se ausenten mis bríos;
pavor den luego al padre
que forzado a ser vecino,
de donde tierna me cría
estas finezas que hizo
en tan triste soledad
de toda razón desnuda,
soledad por siempre muda
habladora en igualdad
revive con tu beldad
el pensamiento desnudo
de otro amor, que es el escudo
tu memoria, en que reparo
otro pensamiento avaro
que ocurrirme a veces pudo:
confieso que en tiempos tales
ocupé mi pensamiento
en lances gratos y contentos
gustos que fueron mis males
vaticinios sin iguales
fueron del tiempo de agora,
sombra entonces, oh señora
y verdad sois de aquel día
ensayo de la alegría
del que hoy el alma adora;
solo en mi prenda querida
ay mi amor, con luces reina
que aunque en ti diatrafas peina
y a ingratitud me convida,
según vive esta vida
de tu fe, de mi te empeño,
que lo pasado fue sueño,
verdad solo lo presente,
y aunque solo, triste, ausente
eres tú solo mi dueño;
estas finezas que hoyes
solo apariencias han sido,
que el amor que no es gozado
no es amor, será delirio,
que procede de afición,
no de flechas de Cupido
que si clavado estuviera
ya le tuviera rendido;
dando vado a los negocios
luego a la ciudad se vino
y a tiempo que se ordenaban
estas fiestas que has oído;
hablome amoroso y tierno
y en tu presencia ha le requiso
las finezas que bien viste
de mi corazón hechizo;
dije que me viese luego
y el al punto luego vino,
ofrecióme nuevas galas
nuevos trajes, y vestidos
mas como mi pensamiento
es ya todo amor lascivo
no hice caso de sus galas,
mas de los afectos vivos
en que me abraza el amor,
declaréme, y fue motivo
de dejarme tan corrida
como lo dice el archivo
de mi triste corazón
en venganzas peregrino,
pues que vengar se pretende
de su amor casto y fingido;
Julio, el amor se traspasa,
a un amor que es más subido,
que he conocido tu amor,
y conozco el de Francisco;
tuya seré si me quieres
goza el bien que el apercibo
que el que deja la ocasión
de ser un necio da indicio;
a quien tienes rendida,
tuya soy, y al tiempo mismo
que me deja un necio casto
por simple, por flojo, y tibio.
Pasmado, si bien dichoso,
alegre, si con recelo,
elado
El caballero Asicio, 1a pte
lado, sin ser de yelo,
aunque con luz, temeroso,
de suerte que hablar no oso
porque temo se me iría
la gloria que amor me da,
mas como la fantasía
conoce tu bizarría,
de todo contenta está;
dame el cristal de esa mano
hermosa Isabel, pues veo
que ha llegado mi deseo
al colmo más soberano,
el alma es tuya, y en vano
rendirme el amor procura
de nuevo, pues te asegura
la misma que está rendida,
antes de ahora, y la vida
tuvo remedio en tu cura;
de esta suerte paga amor
al casto desvanecido,
y a ti, Julio que has querido
alegre da su favor,
vete con Dios, de mi amor
puedes quedar satisfecho,
pues vives dentro en mi pecho,
Vase.
guarde de Dios, bella dea.
ahora Francisco ea
que lo he hecho está bien hecho;
Sale Dorotea de paño donde estaba.
¿qué has hecho señora?
bueno,
vengarme de un necio casto,
de un simple, de un tosco y basto,
no de amor, de fraude lleno;
¿y Antandra sabes?
Vase.
sí, pero
pero también que es razón
abrace su corazón
con el fuego en que me abrazo,
este ahora está en el lazo,
y es ya mío en conclusión;
una mujer enojada
y si cual está lasciva
es tigre, hircana nociva
para mal aparejada,
¿no era de Francisco amada?
sí, si bien con limpio amor,
pues ¿qué quería? el rigor
del efecto, o mujer vana,
al fin mujer que es humana
y no mira por su honor;
Sale Lechuga lacayo.
¿señora Dorotea?
¿qué hay Lechuga? con bien vengas,
así tu ventura tengas
y tu amor lo que desea,
que a tu señor des aviso
como Isabel se trocó
y a Julio le persuadió,
querubín de su paraíso
a que corresponda firme
con el amor que le muestra
ello es hecho, si ella es diestra
no es mucho que se confirme,
¿y Antandra?
es muerta ya
en su pecho.
¡qué mudable!
¿y tu amor?
siempre afable
sor Lechuga me hallará,
adiós pues, que a darle voy
este mal trago a mi amo,
firme esté, pues que le amo,
y él sabe que firme soy.
vanse, y salen Antandra y Casandra damas.
mucho tarda Julio prima.
Bernardo tarda también,
quien amor o algún desdén
no le ocupe esta mañana;
no es hombre.
sí, pero es tal
que vivo del confiada,
al cabo de la jornada
verás tú como es leal,
¿sabes algo por tu vida
de Julio?
no, pero veo
que es mozo, y nuevo deseo
que en la mocedad se anida
puede causar su mudanza
como tengo la experiencia;
tiene Julio gran prudencia
es su lealtad cortesana.
Sale Lechuga lacayo.
De Don Rodrigo Pacheco
194
¿estuvo aquí mi señor?
no le hemos visto, ¿qué tienes?
que tan fatigado vienes,
es un negocio de honor,
¿hay pendencia por tu vida?
no la hay, pero la temo,
¿y con quién?
con Polifemo
siempre en burlas,
Vase.
de corrida
ando Antandra, pero advierto
que Julio se conformó
en otro amor que tomó
de que está hecho el concierto,
Isabel dejó a Francisco
porque no le daba el gusto
que apetecía su adusto
afecto, si por San Pisco,
Julio de ella enamorado
a tan buen tiempo llegó
que luego se la calzó
y el negocio está acabado,
a mi señor desenvoy
lo que ha pasado, porque
considere su merced
lo que pasa el día de hoy;
¿qué te parece?
que vi
todo lo que veo ahora,
porque un mozo se enamora
por momentos,
¡ay de mí,
tanta fe, tanta lealtad
como en Julio visto había
se perdió solo en un día?
efectos son de su edad
vive Dios, que ha de llorar
Isabel, lo que ganó
por lasciva,
él perdió
lo que no se puede hallar
en todo tiempo,
vase.
Casandra
vamos, las dos toma el manto,
nunca enjugará su llanto
por Julio, la bella Antandra;
Vase, y salen San Francisco y Lechuga lacayo.
¿que eso dijo Dorotea?
esto pasa, ahora mira
lo que has de hacer,
falso amigo,
yo te quitaré la vida,
la culpa la tengo yo
por mirar, a quien admira
con tanta disolución
con tan lasciva osadía
aquesta ciudad famosa,
si tú le corres pon días
con dineros, y con galas,
con fiestas, con bizarrías
por qué no tuviste acciones
de hombre?
porque cautiva
no quiero tener el alma,
entre su torpe lascivia
¿no eres hombre?
sí, hombre soy
y pues ella a efectos mira
dierasle en eso gusto,
que eso solo pretendía,
no puedo, que Dios reprime
mis acciones
de corrida
por eso a Julio se entrega
no la gozará en su vida,
el perro del hortelano
¿acaso eres de esta viña?
pues que no como, no quiero
que otro coma,
aquello es Viza,
Julio comerá sin duda
lo que dudo,
tú porfías
una grande necedad,
come, o las verás perdidas,
no puedo
¿por qué?
por la cruz
que al hombro traigo, desvía
todo torpe pensamiento
a que la carne me inclina,
esa cruz, ¿yo no la veo?
¿es de oro, plata, de alquimia,
de cobre, de acero, o hierro,
de palo, o piedra?
Búscale
segura
que en la carne la señala
el mismo que al pobre envía
cuando le envió al mundo
a pasar tantas desdichas,
vamos a buscar a Julio
porque mis celos se aplacan
a matarle.
está en su gloria,
esa gloria, es bien que impida,
aguarda, detente aquí,
Aparte.
Vase.
entre tanto que avisa
a Julio mi amor, busquemos
a Bernardo, que la envidia;
el caballero Asicio 1a pte
vanse, y sale Julio y cada uno se pone a su parte empuñadas las espadas
Para tan ingrato amigo,
su confusión le bastara
por castigo, pero aquí
le dará Julio mi espada;
olvidaste obligaciones,
si esta condición villana
que el noble es agradecido
y el ser tal su propia gala,
no te trajo a la memoria
la amistad tan embidiada
de los dos, porque en tu pecho
siempre fue traidora y falsa;
no las fiestas y torneos,
que en servicio de tu dama
hice por ti, siendo riza
del pueblo que murmura,
no hago caso Julio ingrato
del dinero en oro y plata
que has gastado, que el que es noble
nunca lo vuelve a la cara;
solo el fingirte mi amigo
me toca, Julio en el alma,
mas no es mucho que me vendas
si traidor fuiste a tu dama;
a Isabela la engañaste
que es tan fácil, tan liviana
como tú traidor perjuro
a la amistad soberana;
si ella es lasciva, tú más,
traidor tú, si ella es ingrata,
ella es necia presumida,
tú de condición villana,
para en uno sois los dos,
que tales dos, solos bastan
para dar motivo al mundo
que haga de ellos mofa y chanza;
pero porque el mundo vea,
la razón de aquesta espada,
saca la tuya villano
que en tu muerte está mi gala;
Sacan las espadas, y riñen.
De tus razones, Francisco
siempre como tú villanas,
me lavará mi noble acero
si esta mi justa venganza,
la traición que tú me imputas
nunca me saldrá a la cara,
que siempre traté verdad,
amistad sincera, y llana;
y conociendo a Isabel
tu condición necia y casta,
o que acaso no eres hombre
para el gusto de tal dama,
me persuadió que gozase
aquello que tú dejabas,
por ser hombre para poco
entre damas cortesanas;
que lo acepté, lo confieso,
y gocé lo que no gozabas,
este pues fue gusto mío,
lo demás dirá mi espada;
Tu muerte vil será cierta,
en aquesta punta el alma
mercader te he de sacar,
No sé si podrás hallarla,
verla en esta punta espero,
Tocan cajas a rebato dentro y tiran algunos mosquetes.
burlo yo de esa esperanza
que el alma que me compone
el mismo Dios es su guarda;
Espera, sabré qué es esto
que apriesa tocan al arma,
Traidor defiende tu vida
y deja agora las cajas;
estas llaman de tu muerte,
de mi injuria la venganza
con el fin vil de tu vida,
espera mi furia brava,
quien vio mercader valiente!
Sale Bernardo de quintanal y se pone en medio de los dos.
villano no ves me alabas
en llamarme mercader!
y de villano te infamas?
De Don Rodrigo Pacheco 195
Cuándo la ciudad señores
está toda alborotada
con los robos inhumanos,
y muertes tan desdichadas
que los contrarios de Sena
han hecho en esta alborada
en los campos, y en la gente
que en sus labores andaba;
os estáis dando la muerte
que si el uno al otro mata,
la libertad aquel pierde
y este pierde vida, y alma;
qué se dirá de los dos
cuando sepan que una dama
os ha puesto en contingencia
de perder honor y fama,
socorred a la ciudad,
y esa valentía brava
en los enemigos viles
estará bien empleada;
seguidme, que es honra vuestra
el acudir a la patria,
que esta pendencia es infame,
y más infame es la causa;
Yo la dejo San Francisco también yo
aunque bien de mala gana,
por hoy te presto la vida,
Vanse.
tu muerte verás mañana.
Personas de ella
San Francisco Julio galán Bernardo galán Lechuga lacayo Alcaide de la cárcel tres presos un loco Doña Isabel dama Antandra dama Casandra dama Dorotea criada
Salen Julio, y Doña Isabel.
Ésta la causa fue del desafío,
Llegó Bernardo?
y antes que llegase
al arma tocan, luego me desvío,
y por un poco dije que parase:
pero Francisco a quien fogoso brío
aliento dio, no quiso descanzase,
y volvimos a darnos nuestros toques
que fue como investir con sendos roques.
Llegó Bernardo entonces, y a la guerra
nos pide que salgamos al momento,
que andaban los de Sena por la tierra
y la abrazaban con rumor sangriento:
la gloria del honor que en mí se encierra
me dio Isabela soberano aliento,
y al campo salí luego al enemigo
por defender mi patria, y dulce abrigo.
galán
galán salió Francisco con Bernardo
la batalla se dio, fuimos vencidos,
él embistió con ánimo gallardo,
sus hechos fueron bien esclarecidos:
no fue su compañero en nada tardo,
antes ganó renombres más subidos,
y aunque en todo valerosos fueron
los dos, con otros muchos se perdieron.
De los dos no se sabe si son muertos,
o si del enemigo fueron presa,
que el escapar con vida son aciertos
en que la suerte muestra su grandeza:
yo me escapé por entre los dos puertos
de aquesta sierra, y entre la aspereza
escondido me estuve todo un día,
y a la noche me vine a mi alquería.
Pero como el amor tormento daba
al alma, con la fiera y cruda ausencia,
y alivio sin tu vista no se hallaba,
fue forzoso venirme a tu presencia:
cuanto más Isabela me ha cercana
a la ciudad más digna de excelencia
porque te tiene a ti, se alegra el alma,
que con tu vista vive alegre en calma.
Que se murió Francisco?
No se sabe
si es muerto, o preso, pero me parece
según mirando estoy tu rostro grave
que lo sientes?
El amor reverdece
con la memoria del amor suave
que un tiempo tuve,
Buen principio es ese
para darme celos.
Julio, no los temas
que si me heló Francisco, tú me quemas.
Sale Dorotea criada.
Dos mujeres en la puerta
licencia piden.
Y son?
No lo sé, pero su traje
dice que serán de honor.
Aguarda; Julio mi bien
por tu vida, y por mi amor
que te escondas:
Y o por qué?
Hame dado el corazón
que es Antandra, con su prima
Pues qué importa?
Julio no
conviene que aquí te vean
déjame con ellas.
Voy.
Vase.
Vase.
Diles que entren, que hallarán
una libertad, que hallo
el alma sin procurarla,
y un nunca visto valor.
Salen Antandra, Casandra tapadas, y con ellas Dorotea.
Qué quieren señoras mías?
Ver una dama que dio
tan mala cuenta de sí,
que de todo se perdió:
una mujer tan lasciva
que burlando un casto amor,
dio nota de mujer fácil,
con que a sí misma burló;
un tan imprudente hechizo,
que hechizando se perdió
dando en manos de la suerte,
que nunca permaneció;
una embustera que ha dado
con embustes más de dos
que entender a esta ciudad,
metiéndola en confusión;
una ingrata al mejor hombre
que nunca se halló mejor
entre aquellos que supieron
tratar en casos de amor;
una ladrona sin alma
que con trazas me robó
el alma porque vivía
si bien con pecho traidor;
una fingida amistad
que traidora en conclusión
hablar verdad nunca supo,
y en ella el mentir se halló;
en fin, y Isabel a verte
vine, por la opinión
que tienes de falsa aquí
sin ley, sin Dios, sin razón;
que quien tantos males causa
con su lasciva traición
siendo un erario de embustes
no es bien que le sufra yo;
este puñal quitará
vida, que a mí me quitó
el contento, gusto, y vida
pasando tu corazón.
Va para darle con el puñal y sale Julio y se lo quita de la mano.
Qué haces traidora infame?
Villano, falso, traidor,
engañoso, injusto amigo,
ingrato, y necio embaidor,
cómo pareces aquí?
No te avergüenzas que el sol
mire tan infame pecho
siendo ladrón de mi honor?
Tú te opones a mi gusto?
La gloria me quitas hoy,
a tan ilustre venganza
y al contento en que se halló?
Pero pues no pude hacer
lo que pide el corazón
haré de mi sacrificio
con llanto, pena, y dolor;
vamos Casandra de aquí
que no sufre mi razón
ver a mis ojos agravios
causados por estos dos;
goza perdida mujer
deste fiero engañador
porque él te dará tu pago
como a mí también le dio.
Vanse.
Infame mujer, aguarda
que yo te daré la razón
de haber trocado mi gusto
quitando tu vida yo;
Isabel, yo voy tras ella
queda a Dios.
Aquesto no
que celos me acabarán,
y a que ella no me acabó,
fue mi suerte Julio amigo
de que aquí estuvieses hoy,
pues corrió mi vida riesgo
con tal determinación,
quiere amor que sea tuya,
y pues que lo quiere amor,
es, que quiere me defienda
desta mujer que se halló
olvidada de repente,
y siente lo que perdió,
que no soy de todo simple
que no entienda que hay razón.
Es mujer determinada,
y muestra con tal valor
que a ti quitará la vida,
y a mi vida, y opinión.
No temas querida mía
que mi vida pondré yo
por tu salud, por tu gusto
como me lo pide amor,
tuyo soy, en cuanto vivo,
y muerto también lo soy,
porque dos almas unidas
quién separadas las vio?
Sosiega.
De Don Rodrigo Pacheco 197
sosiega, y quédate en paz.
Ven, ¿horas es tan noche?
Voy
al campo, pero mañana
me aguardabas.
Pues a Dios.
Qué grande desdicha fuera
si aquí no estuviera hoy
Julio.
Jesús, qué turbada
esta mujer me dejó.
Ella es libre.
Apasionada
está, amiga, y con razón,
mi venganza culpa tiene
y no tiene culpa amor.
Deja a Julio.
Ya no puedo
que en ello va la opinión.
Antes pierdes.
El fallo,
Dorotea, ya se ha hecho.
Paréceme que te guardes
desta mujer.
Ya pasó
la fuerza del accidente
en que Julio la metió.
¿Y de Francisco?
Si es muerto
ese miedo ya pasó.
¿Y si vive?
Él es discreto
y así no tengo temor;
ni le debo, ni me debe,
pues por necio no gozó
lo que tanto le ofrecí,
y así la causa me dio
de la mudanza que viste,
y pues me negó el traidor
el gusto, rabie de pena,
pues él mismo la causó.
Hartos ducados le cuestas.
Más me cuesta de dolor,
deja aqueso por agora,
y vamos, temblando voy.
Vanse, y hablará de dentro el Alcaide de la cárcel, y responde un preso.
¡Hola!
¿Qué hay?
Allá va un preso.
¿Por qué?
Porque este se halló
en la guerra que venció
la ciudad.
Gentil sabueso.
Sale San Francisco en cuerpo, sin armas, ni sombrero.
Francisco, de tanto exceso
vienes a parar en prisiones,
adonde solo ladrones
tendrás triste en compañía,
que de tanta bizarría
nacen estas sinrazones;
empieza el conocimiento
de lo que es el mundo en sí,
pues de tanto frenesí,
de tanto lascivo aliento,
nació un mental tormento,
pero ¿qué mucho que fuese,
pues del mundo el interés
en esto viene a parar?
Si más no me puede dar,
¿quién mundo tal apetece?
Salen tres presos.
Sea bienvenido, pues
sabe el uso desta casa.
No lo sé.
Bueno, eso pasa,
pagar las patentes es.
Quítese vusted, sor juez,
que se humille no es razón
a pedir en conclusión
lo que se debe a tal gente.
¿Qué se debe?
La patente
de entrar en esta prisión.
Cuando amigos cautivé,
solo aquesto me dejaron,
el dinero me llevaron
y sin las armas me hallé.
Muy grande desdicha fue,
pero diga, ¿cuántos muertos
ha dejado?
Desconciertos
he dejado más de mil.
Ese soldado gentil
tratará de sus conciertos,
y pagará la patente
cuando le venga dinero.
Es fuerza cumplirse el fuero
y contentar nuestra gente.
Desnudadle.
Llanamente
me desnudo, pues nací
para que viniese aquí.
Los calzones buenos son,
tomaldos, porque es razón
que todo se cumpla en mí.
Vuelve el Alcaide a llamar.
¡Hola!
¿Qué es eso?
Allá va
otro soldado galán.
Venga, pues.
Ellos nos dan
el comer que el juez no da.
Sale Bernardo sin armas, con sombrero, y bien vestido.
Mi suerte alegre estaba
con la pena que me ha dado.
¡Hola!
¿Qué hay?
Otro soldado
abajo va.
Como tenga
argén, en buen hora venga
a ser también desdichado.
Sale Lechuga, sin armas, y en cuerpo, y sin sombrero.
Fortuna da desdichada,
contenta estarás, pues veo
en la cárcel mi deseo,
y en la taberna ocupada
está tu furia, que en nada
cumplió nunca lo que quiso,
trajísteme al paraíso
donde ángeles ladrones
por compañeros me pones
que dan de su gloria aviso.
Estarán los tres en este tiempo ocupados con San Francisco desnudándole, el cual se queda solo a una parte y llegan a Bernardo.
La patente, ¿cayó claro?
Y el pagar es necesario.
Ap.
¿Es por ventura salario
el pagar, o justo fuero?
Esta bolsa con dinero
al despojarme escondí,
tomadla pues, veisla aquí,
todos.
¡Víctor!
¿Qué gente?
Señor
no tenga vusted temor.
Míreme esta cara a mí:
de ladrón la tenéis vos
según el trato tenéis,
Llegan a Lechuga.
La patente nos debéis.
Dejadme solo, por Dios,
que es sin duda caso atroz
verme puesto en el infierno,
y estar con los tres de cuerno;
No piense que ha de escaparse,
el dinero o desnudarse.
¡Viles, vive el sempiterno,
que dé con ellos en Troya
de un boleo, y desde allí,
picados los vuelva aquí,
y anochezcan en Saboya,
y hechos luego una tramoya
los transforme en ensalada
que nunca fue preparada,
y en esta cárcel gentil
como gente baja y vil
me los coma en empanada!
¡Válgate el diablo por hombre,
ay, más linda pepitoria!
Haré dellos nueva historia
con que a todo el mundo asombre.
¿Cómo es el dado, o su nombre?
El gran Lechuga me llamo.
¡Víctor Lechuga, que es amo
y ha de todos!
¡Víctor, pues
que tú le eliges juez!
Miren si hay vino en el ramo,
vayan los tres, porque yo
tengo un poco aquí que hacer;
y allá bien podrán beber
con el dinero que dio
ese galán.
Bien habló.
Dejen el vestido aquí.
Sor Lechuga, veislo ahí.
A Dios pues.
Vaya con vos,
que yo me abro con estos dos
por ganar lo que perdí.
Vanse los tres, y da Lechuga una grande risada, y habla con San Francisco.
¿Por qué está galán desnudo?
¿Hanle robado ladrones?
No es mucho que a los capones
les sirva un gallo de escudo;
Julio.
I caballero Asicio, 1ª parte
De Don Rodrigo Pacheco 198
vuelve en ti, porque estás mudo?
que lindo mandria nos vino,
eres tonto a lo divino
pues con tan poco enmudeces?
de fortuna los reveses
me tienen fuera de tino;
hiciste tu valiente
y lo echamos todo a doze,
que esta gente reconoce
como tan vil, llanamente
al que muestra un solo diente
cuanto más todos, que así
oy me ha sucedido aquí,
toma, y tu vestido viste,
alégrate, no estés triste
que mucho más yo perdí.
Francisco.
Bernardo amigo.
ánimo, pues que la suerte
nos fue contraria, y es fuerte
el valor del enemigo,
corrido estoy, que conmigo
uséis de consuelos tales,
cuando a todos los mortales
puedo dar valor, que a mí
no me tiene el miedo así,
sino penas inmortales
de un propio conocimiento
de lo que es el mundo ingrato,
no la prisión, y no el trato
de cárcel, ni su tormento,
vario tengo el pensamiento,
unas veces puesto en Dios,
otras, en el caso atroz
de un ingrato, y falso amigo,
preso yo, y mi enemigo
adonde bien sabéis vos,
aquesto tris me tiene
y no la prisión que tengo,
que a conocer muy bien vengo
que el castigo de Dios viene,
si él lo dio, es que conviene,
y pues que conviene, mire
que se aliente y no suspire,
presto tendremos remedio,
yo tengo por mejor medio
que mi suerte al blanco tire
de la vida, porque el mundo
no burle tanto de mí,
comer, y beber aquí
es lo primero, y segundo
es orar a san Edmundo
que nos libre de ladrones,
porque si triste te pones
te ande hacer burlas de suerte
que te andé causar la muerte
siempre en todas ocasiones.
Sale el Alcaide de la carcel
es ora de recojer,
retírense al calabozo,
soy Alcaide, eso es forzoso?
o forzado abrá de ser.
si allá uviera que comer
con voluntad llana fuera,
y en él siempre me estuviera,
pero con hambre, y con sed,
repare vuesa merced.
que no es justo
qué manera
de hablar es esa conmigo?
vaya, y éntrese, que yo
le pondré de suerte,
no
por Dios, que soy su amigo,
éntrese, y en el abrigo
del calabozo, le haré
que el alcaide al diablo de,
pues para eso aquí le doy,
cierto villano que estoy
pero vaya, y éntrese,
que allá luego nos veremos,
ya se van
vaya, que presto
verá el palo manifiesto,
que buena cena tenemos
Lechuga? bueno es que demos
la hiel, pues la valentía
paró en tanta behetria,
pues qué hacemos, no se van?
señor Alcaide ya se irán,
mejor fuera a bevería
vanse los dos
Bernardo amigo, paciencia
no es el merecer forzado,
que fortuna al más osado
le trae a más impaciencia,
esta virtud no es ciencia
que se aprende, si bien veo
que de la cruz el trofeo
al hombre se la enseñó,
porque el Dios que allí murió
nos la mostró según creo;
armados con esta amigo
sin duda que venceremos
porque no es justo que demos
armas a nuestro enemigo
alegre esta opresión sigo
y vos como tan discreto
consentiréis el decreto
de Dios, que es justa razón,
pues convino esta prisión
a los dos
amigo acepto
el consejo que me dais
por ser justo, bueno, y santo,
pero a mí me causa espanto
el ver que me aconsejáis
la paciencia, si os halláis
antes de agora impaciente,
el hombre es todo accidente
y se trueca en cada ora,
la suerte tiempo mejora,
mucho merece el paciente;
vanse, y salen Antandra, y casandra
la suerte me fue contraria
con la prisión de Francisco,
él diera fin a tus penas
y la muerte a su enemigo,
que si una vez le sacó
al campo, y escapó vivo
por el rebato pasado
que de tanta corta asido,
claro está, que si escapan
de tan horrendo peligro
como tubo en la batalla,
que diera a tu vida alivio
con la muerte de este ingrato,
con verle en su sangre tinto
me consolara Casandra,
y parece que revivo
con la esperanza que tengo
que saliendo de cautivo
hade vengar a los dos
de la ofensa que nos hizo,
no verás más a Isabel?
aunque le amara, el lacivo
proceder de aquella infame
le tenía convencido
a dejarla, y celebrar
tanto este monstro no civo
fue todo entretenimiento
deste mozo peregrino,
que es tanta su castidad
que es asombro, y es motivo
de que le den mil loores
los hombres más conocidos
de aquesta ciudad, sintiendo
según de cierto he sabido
que es virgen en cuerpo, y alma,
presagios de ser divino;
tantos banquetes, y fiestas
dime Antandra que abra sido?
su mocedad es la causa
de tan célebre exercicio,
como es mozo, y es galán
y sobre todo tan rico
que hade hacer, sino mostrarse
en su ser esclaresido;
las Damas que ha celebrado?
eso fue casandra oficio
de mozo, también sería
disimular exercicios
en que el alma le ocupava,
bien defiendes a Francisco,
digo lo que siento d'él
y muy poco prima digo;
an le enviado el rescate?
ya de su casa he sabido
cómo llevaron dinero,
y de Bernardo?
su primo
también rescate llevó,
consuélate, que si vivos
vemos los dos, mi venganza
la he de ver, en Dios confío,
la mejor venganza fuera
dejarle a Isabel.
el brío
de aquesta ruin mujer
hará sin duda su oficio,
volverás a su amistad?
no lo verás tú si vivo,
qué has de hacer?
pues estoy libre
solo querer a Francisco;
sale
El cavallero Asicio 1a parte
Sale Doña Isabel dama con manto.
Eso no, porque soy suya,
y siempre él ha de ser mío,
que lo pasado fue enojo
de mi proceder lascivo;
a Julio te vuelvo, Antandra,
cuyo proceder altivo
sola tú sabes sufrir,
lo que Isabel no ha podido;
bien sé que con justa causa
enojo justo has tenido,
pero lo que te usurpé
a ti su dueño le aplico,
él vendrá presto a buscarte
pues se siente aborrecido
de quien amar le mostró
para vengarse al principio,
no quiero perdón de ti,
que no le des a quien quiso
siendo amiga, darte pena,
y bástele por castigo
esta vergüenza que pasa
en confesar su delito
a la misma que ofendió,
y a quien más que a sí le quiso;
yo me voy, segura estás
que no pise Julio el quicio
de mi puerta, eternamente
que solo adoro en Francisco.
Vase.
Ya tu venganza ha empezado.
¿No te dije que los bríos
desta mujer conocía?
Ya vuelven a sus principios.
¿Y si viene Julio aquí?
No lo creas, que su vicio
está, y que en todas las calles
es amor su ejercicio;
Julio acabó para mí,
goce Julio de otros nidos,
que para el nido de antaño
no faltará paxarillo,
que le ocupe.
Estoy pasmada
de ver prima el precipicio
desta mujer.
Déjala,
vamos al ejercicio
de la labor comenzada.
Si tú das en ese vicio
obras segunda Isabel,
sin duda Antandra habrás sido.
Vanse, y sale Lechuga por una puerta, y el Primer preso por otra.
Buenos días, sor Lechuga.
Así los tenga el ladrón.
Eso es honra para mí,
que en ello muestro valor,
porque no es honrado aquel
que no sabe de la flor,
porque solo un sarapo
todo el temor le perdió;
¿hay más gloria en este mundo
que comer sin el sudor
de la sentencia de Adán?
¿Adónde aqueso leyó?
Un día lo oí predicar.
¿Y pues, tú vas al sermón?
Eso ignora; a ver si hay pesca
entro, así me ayude Dios.
¿Qué tenemos que almorzar?
Un solomo tienes hoy
que ayer me trajo Joanilla.
Vaya luego al asador.
Salen los otros dos cada uno por su puerta.
Buenos días.
¿O qué pieza?
No tan buena como yo.
Bien lo sé, porque os conozco
peor, conoceros nos.
¿Qué ha visto en mí sor Lechuga
que por tal me señaló?
Es la envidia con que os miro
por grande desvirgador.
Eso os falta.
Antes por sobra
os tengo envidia, que no
hallé en aquesta ciudad
una doncella.
Yo me hallo
una sola en el principio
Por la luna el hablador
lo dice, pero pregunto
quién eso a ti te enseñó,
porque no te enseña amigo
a perpetuo estafador
de las gusanapas viles.
De Don Rodrigo Pacheco
199
¡Qué bueno! conice hablo
¿hay más gloria que esta farsa
pobreta, qué gano
esto poco que he sacado
al lindo a quien estafo?
Anda tú, ¿qué haces aquí?
mira si aquello se asó
y trae de aquel de Candia.
Aguarde, que vive Dios
que es de galbo mi memoria,
con la parva se olvidó
de poner el lomo al fuego.
Tal eres tú de inviador,
no vayas, aguarda un poco
porque vendrá el atambor
que es amigo.
El buen verdugo
será que venga mejor.
¿Le temes?
Hace suo fiero
con piedad, y aguardo yo
que presto asiente la suela.
La puta que le parió
le aguarde, porque yo no aguardo
el verme hecho volador
en el funesto teatro,
donde Judas se colgó.
Salen San Francisco y Bernardo.
El estado de hermita
es de tanta perfección,
que dio más santos a Egipto
de que todo el mundo dio.
Confieso que allí vivirían
en el estado mejor
que puede pensarse, mas
es inmenso su rigor.
El que procura salvarse
no repara en el furor
del trabajo.
Eso se quiere
que salga del corazón.
El Alcaide de dentro.
¡Hola!
¿Qué quiere?
abriendo
A Bernardo
que su rescate llegó
y véngase arriba luego
que saldrá de esa prisión.
¡Víctor el señor Bernardo!
Ya se acabó la pasión
que tanto le importunaba.
No hay ya que tener temor.
Hijo, yo me alegro dulce amigo
del bien que te vino hoy.
Siento, Francisco, que quedes
sin Bernardo en la prisión,
descuido fue de tu padre
pues que luego no acudió.
De que yo me quede no importa
que no me falta valor
para estos, y otros trabajos
que de mano de Dios son,
vengan más, que todo es poco
pues así lo quiere Dios.
¡Hola!
¡Al diablo doy tanta ola,
pues qué quiere el olador?
Francisco suba también
pues su rescate pagó.
No hay plazo que no se llegue,
sea alabado el criador
por las mercedes que hace
a quien tanto le ofendió.
¡Hola!
¡Holado voy de esta vez!
Lechuga, venga.
¡Por Dios!
que escape con esta ola,
o mi garguero escapó.
¡Víctor, Lechuga!
¡Víctor!
Y pues Lechuga salió
libre ya, también saldrá
otro cualquiera ladrón;
adiós viles camaradas.
Adiós, grande socarrón.
Dios os guarde.
Dios os libre.
Y lleve con bien los dos.
Vanse, y salen Julio y Doña Isabel.
Estar en solo consiento
que llegues Julio a mi puerta,
y pues ves de todo muerta
voluntad, y pensamiento
deja de darme tormento
con tu vista, porque en mí
hallarás lo que perdí
por necia, vana, y lasciva,
que es bien llore en cuanto viva
un tan loco frenesí.
Pude
El caballero Asisclo 2.a Parte
pude vencer con razones
de Francisco el casto pecho,
el mío de amor deshecho
no sufrió resoluciones,
la sobra de tantos dones
no me movieron que diese
lo que mueve el interese,
solo el amor me movió,
y así tanto bien perdió
que fue justo lo perdiese.
Por la venganza alterada
he perdido la esperanza,
que quien procura venganza
siempre queda lastimada;
y al cabo de la jornada
aborrece el instrumento
de tan loco pensamiento
y a procurar vuelve luego
al que encendió tanto fuego
escusando su tormento;
así me sucede a mí,
pues cuando quise vengarme,
el amor procuró darme
un remedio loco en sí.
Mas como mi frenesí
se acabó, volví a pensar
que era digno de desamar,
el pensamiento que tuve,
cubierto con negra nube,
que busqué si le usurpar;
déxame, tú tienes dama
discreta, gallarda, y bella,
con ella Julio, con ella
podrás encender tu llama,
y si este yelo te inflama
es por demás tu calor,
porque donde no hay amor
no puede haber cortesía,
que acude la rebeldía
a tan helado furor;
yo por vengarme dejé
un amor sincero y puro,
este amor Julio procuro
que remedio a mi mal dé;
tú quebrantaste la fe
y las leyes de amistad,
a tanta facilidad
yo te doy Julio el castigo,
pues lo merece un amigo
que nunca trató verdad;
vete con Dios que me voy
a dar a mis penas vado;
De tan revuelto cuidado
mil parabienes te doy
porque infiero desde hoy
que la más cuerda mujer
a veleta viene a ser
que se mueve a todo viento,
que es cierto cada momento
tener nuevo parecer;
quise bien, traté verdad
al amor que me mostraste,
dio en la veleta el contraste
volvió con facilidad,
halló en ti poca igualdad
con el amor que mantuve,
pero tú fuiste la nube
que se opuso a la razón,
desta causa a la traición,
en que desleal anduve;
vuelve en ti, mira mi bien
que será ingratitud fiera
tratarme desta manera
y con tan fiero desdén.
Solo yo procuro a quien
me ha llevado el alma y vida.
No serás ya del querida.
Procura tu antiguo amor
que a mí me lleva el furor
a buscar vieja guarida;
Vase.
Que ver del fuego sacar el yelo frío,
ni del helado charco el fuego ardiente,
o que el dorado Apolo no caliente
con su piramidal en el estío,
es menos dificultad, que al albedrío
de una mujer, hacer que cuerdamente
siga lo bueno, y deje el mal presente
de su apetito, y loco desvarío;
es indómita, y todo cuanto quiere
ejecuta con vano pensamiento,
aunque su daño vea ante los ojos:
el que vivir sin ellas no pudiere
tenga a sus liviandades sufrimiento,
pues por un gusto, dan cien mil enojos;
Vase.
Sale Bernardo vestido de camino.
Amada patria, pues llego
a besar de tus portales
tus más dichos umbrales
por gozar de algún sosiego;
sean bien que al amor de
las muestras de agradecido
que aunque ausente, no me olvido
de una bien pagada fe.
La casa es esta de Antandra,
¡oh, dichoso aquel que llega
a verse libre y sosiega
en los brazos de Casandra!
Las dos salen, como el sol
suele salir con el alba,
el alma les hace salva
y se apura en su crisol;
Salen Antandra, y Casandra.
¿Bernardo del alma mía?
¡Bella Casandra del alma!
Ya cesó mi eterna calma
con la gloria deste día,
¿cómo vienes?
Como ausente
que llega a tus ojos bellos,
que la luz que sale de ellos
es como el sol refulgente,
que alienta el campo al salir
con sus más que bellos rayos,
pues a todos mis desmayos
con tal luz les hace huir;
y vos, Antandra querida,
¿cómo estáis?
Estoy contenta
de ver que en esta tormenta
escapaste con la vida.
Por emplearla en las dos
me alegro de no perderla,
y si debes tenerla
es por Casandra, y por vos.
Bien merece el amor
con que esta casa te estima.
Estar aquí vuestra prima
es causa deste favor.
¿Y Francisco?
Bueno viene,
pero de todo olvidado
del amor, y su cuidado,
porque solo el gusto tiene
en rezar, y así os confieso
que si soy vivo, es por él,
es amigo, y tan fiel
que en eso pasa de exceso,
en la cárcel nos sirvió
como si fuera criado
de nosotros; su cuidado
la vida nos aumentó,
un ejemplo de humildad
fue sin duda, nunca vistos
con los enfermos tan listos
anduvo su caridad
que por eso no murieron
los muchos que allí enfermaron,
porque en el refugio hallaron
todos los que presos fueron.
¿Acuérdase de Isabel?
Como si no conociera
esa mujer no se viera
para un ángel tan cruel.
Julio viene despedido
de su casa, porque aguarda
ver al ángel de su guarda
señor de su antiguo nido.
Bien se puede despedir
de suerte, porque es discreto,
Ella pues en su concepto
no piensa que se le ha de ir
por pies, y como es tan vana
de Francisco ha de pensar
el caballero Asicio 1ª parte
que le vuelva a rogar,
no lo entienda, que mañana
veréis lo contrario en él,
que según Francisco viene,
el pensamiento que tiene,
es no ver nunca a Isabel.
Es tarde, y se entra el sol,
dará mi cada alegría
con mi visita.
Aquí es de día
idea, que el corazón
depositado tendrá
para cuando triste esté,
que pensando en tanta fe,
la gloria azul le dará.
Adiós, mi bien.
El llegar se ve.
Adiós bellísima Antandra.
¿Cuándo verás a Casandra?
Por la mañana en la tarde.
Vase por una puerta, y sale Julio por otra.
Aguardando a que saliese
Bernardo de aquí, señora,
he estado a más de un hora
por mostrar lo que padece
el alma, de confusión,
y justo arrepentimiento,
porque con tanto tormento
ya no puede el corazón.
A tus pies arrepentido
vengo, señora, mi culpa
sé, que no tiene disculpa
de aquel yerro cometido,
vuelva el sol a dar sus rayos,
y aliente de aqueste pecho
lo que mi culpa ha deshecho
con tan traidores ensayos.
No pases, Julio, adelante,
que bien conozco quién eres,
allá con otras mujeres
hace traición semejante.
No conmigo, nunca entiendas
vuelves a nueva amistad,
que es mucha mi calidad,
y son muchas más mis prendas.
No mientas, que no quiero
ver un hombre desleal
que al amigo más leal
le fue tan traidor, y fiero.
Vuelve, vuelve a tu Isabel
porque es buena para ti,
que siempre hallarás en mí
la crueldad de Jezabel,
recógete prima, y deja
un hombre tan bajo, y vil,
que solo para gentil
os falta, sola una abeja.
Vase.
De la culpa cometida
es bien que pase la pena,
justamente me condena
mi traición a triste vida.
Vase, y salen San Francisco y Bernardo.
Ya descansado estaréis
deste camino enfadoso.
El alma nunca se enfada
con los trabajos que adoro,
porque en mí, Bernardo amigo,
son los trabajos el todo.
Es un crisol, en que me afino
como en él lo hace el oro,
los que pasé, me mostraron
el camino trabajoso
pero la paciencia en fin
me hará, Bernardo, dichoso.
Tanta paciencia me acaba.
Porque más no tengo lloro
pues es gloria el ser sufrido
por ser único tesoro
la paciencia.
En los mancebos
se nota.
Maravillosos
serán mis hechos si alcanzo
este bien que tanto adoro.
Sale un loco.
¡Oh, qué bueno! ¿Aquí estáis vos?
Solo en miraros me gozo
que parece que en vos miro
un bosquejo del que en todo
os hará en semejante,
pues el camino escabroso
de su cruz caminaréis
bien harto lleno de abrojos,
en prisión habéis estado.
¡Oh qué lindo! ¿En otra un loco
os dice, que os veréis presto?
Sí, cierto, y puesto del todo.
Vuelto Cristo accidental
tan pobre, tan manirroto
os considero, Francisco,
que desde luego me arrojo
a vuestros pies horadados,
por venerar los por solos
únicos en tanto bien
que serán del mundo gozo,
pero está Francisco alerta
que el príncipe cavernoso
os dará tantos enfados,
como tendréis de piojos,
alerta Francisco, alerta
que así se gana el tesoro
que está escondido en la cruz
de que alférez seréis solo.
Vase.
Todas las veces que encuentro
en la calle aqueste loco
me dice tales palabras,
y confieso que me corro
por la gente que le oye.
¿Qué importa, que esté furioso,
tome la tema contigo
si le conocen?
Con todo
siento que aquesto me diga.
Calla por tu vida, un tonto
te da pena.
Sus palabras
hoy me atemorizan solo.
Salen Antandra, y Casandra con mantos.
Con el deseo de veros
y daros de tanto gozo
el parabién, desde casa
hemos salido a poco,
¿a buscaros? ¿Cómo venís
como uñís? ¿Venturoso
habéis sido en libertaros?
De vuestro gusto me gozo
como si fuerais Bernardo.
La merced estimo en todo
cuanto se puede estimar,
y me tengo por dichoso
de la que aquí me hacéis.
De vuestra prisión no toco
que sé que lo habéis pasado
como tan cristiano en todo,
el pésame quiero daros
del mal que un pernicioso
amigo, ha usado con vos.
Si queréis que quiebre el voto
que hecho tengo en esta causa
haréis que vuelva furioso
a dar motines al mundo
de que me tengan por loco,
la merced que aquí me hacéis
estimo sobre mis ojos,
no me habléis en lo demás
porque me irritáis no poco.
Siento daros pesadumbre,
no tengáis por eso enojo.
En pensando en caso tal
a furia vil me provoco
cuanto más hablando en ello,
y pues me siento achacoso
me iré con vuestra licencia.
Dios os guarde ¿qué sois mozo?
¿Cuándo nos veréis?
Si puedo
seré de esos pies despojos
mañana en la tarde.
Adiós.
Dios os guarde sol hermoso,
¿venís Bernardo?
Señoras
allá voy.
Aguardo un poco.
Vase.
Iré presto, ¿qué tenéis
que lo blanco de ese rostro
pálido le estoy mirando?
Un accidente, mi gozo
me ha robado, adiós amigo
que acompañaros no oso
porque turbado me siento.
No quiero dejaros solo.
Sois un espejo de amigos.
Y vos el fénix de todos.
Vase.
Personas de ella
San Francisco
Julio, galán
Bernardo, galán
Lechuga, lacayo
Cristo
cuatro Ángeles
que cantan
Doña Isabel, dama
Antandra, dama
Casandra, dama
Dorotea, criada
El cavallero Assicio 1ª parte / De Don Rodrigo Pacheco 202
salen Julio y Bernardo
De enfermedad tan terrible
el escapar fue ventura.
Él tuvo valiente cura,
y me pareció imposible
que escapase con vida.
pues fue su mal harto fuerte.
Entiendo que huye la muerte
de vicios.
Antes la vida
de los tales, se consume
más presto, porque los vicios
son sus propios ejercicios
del que de vicio presume;
verás un labrador pobre
acudir a su labor,
y a vueltas de su sudor
no hay cosa que le zozobre,
porque vive descuidado
del vicio del cortesano,
y el arado en propia mano
solamente es su cuidado;
con el contino embate
de los vicios se descuida,
con el trabajo se escuda
contra la muerte, y trajo
a la muerte al recovano,
de cuyos inmensos vicios
suspende los maleficios
del mozo rico, y profano;
porque encenagado en ellos
el contento y salud pierde,
y hace también que recuerde
si la salud cobra, de ellos
la enfermedad grande, y larga,
y de Francisco presumo
que lo pasado fue humo,
según de ello se descarga.
Francisco es tal y tan cuerdo
que a todo dará de mano.
Es ángel, aunque es humano.
Por mi culpa amigo pierdo
a quien debo más que a mí.
Mucho puede una mujer.
Eso y más, lo puede hacer
un lascivo frenesí,
y siento haberle ofendido
con mis lascivos amores,
pues padezco los rigores
que merece un atrevido.
Isabel, por él se muere,
él es todo su cuidado,
que el que fue una vez amado
si esta posesión adquiere,
por ella a Antandra olvide,
y luego me dio de mano,
que un monstruo cortesano
nunca en ella vive fe,
y cuando quise volver
al amor de Antandra bella,
nunca pude hallar en ella
más que un nuevo proceder
de un olvido tan constante
para con el viejo amor
que todo humano valor
no podrá volverle amante,
y así Bernardo he quedado
sin el uno y otro empleo,
la pena de un tal deseo
tan solamente he sacado.
Tu propio conocimiento
te servirá de castigo,
porque ofender a un amigo
solo con el pensamiento
de grande castigo es digno,
cuanto y más puesto por obra,
porque nunca el honor cobra
el que halló tan mal camino
para ofender al que puso
por el amigo la vida.
Yo confieso que perdida
la tuve, y él lo compuso
de suerte que su persona
la tuvo a riesgo de muerte,
y el librarse, fue gran suerte,
todo su virtud abona.
¿Queréis con él amistad?
Téngole tan ofendido
en lo mal que he procedido
que le temo.
Su bondad
es tanta Julio, que espero
hacer de suerte que halléis
lo que vos no merecéis
a un corazón sincero.
Mucho estimaré el favor
si vences su rebeldía.
Estará su cortesía,
para mí tanto su amor,
que hará lo que yo quisiere
metiendo la mano en ello.
Echarás Bernardo el sello
a mi amor.
Su gloria espere
el alma de esta amistad
que a mí tanto me conviene.
Lechuga a la plaza viene.
Dejadme hablarle, esperad.
sale Lechuga lacayo
¿A dónde queda Francisco?
No sé, yo le ando buscando
ha seis horas, boqueando
de cansado por San Pisco,
acá la vuelvo a buscarle.
¿Anda ya bueno?
Flaquito
anda aún, como es blanquillo
no deja de mosquearle
la señora calentura.
¿A verle tengo de ir hoy?
¿Mandas más, porque me voy?
Vete con Dios.
Ya la cura
de estos mozos me da pena
todo amor, y todo nada,
¿no es mejor una empanada
de lindos pichones llena?
¿y una azumbre de buen vino?
sí por Dios, pues allá voy,
con el pastelero estoy,
que bien acerté el camino.
vase
Pues adiós, y en este puesto
nos veremos Julio luego,
porque deseo el sosiego
de los dos.
Si vienes presto
sin duda aquí me hallarás,
pero déjalo a la tarde.
Sea así.
Harás que aguarde
un siglo.
Tú lo verás.
vanse, y sale San Francisco con banda y sin espada
Arde la vela, acaba con morirse
porque su llama presto la consume,
vano edificio en tierra se presume
por llegar el cimiento a desmentirse;
Pomposo el tiempo viene, y luego al irse
al mundo deja que sus trampas sume,
al Sol se opone nube que le abrume
si alegre sale, triste va al partirse;
Su ser eterno considera el hombre,
no mira que es mortal la vana pompa
del frágil cuerpo, siempre que ora digo:
vela, edificio, tiempo, y Nube asombre
su descuido fatal, porque interrumpa
la gloria humana que es del alma hechizo.
sale Doña Isabel, y Dorotea con mantos
De tan grande enfermedad
como la vuestra, señor,
a mí me cupo el dolor
que requiere la amistad
de los dos, vuestra bondad
miro Dios, salud os dio,
por
el cavallero Assicio 1a parte
porque en vos Francisco hallo
un corazón compasivo,
por quien muero, y por quien vivo,
aunque viva muerta soy yo;
mi lascivo pensamiento
formado en la sinrazón
de una loca pretensión
que es causa de mi tormento,
me robó todo el contento
que solo en veros tenía,
creo será de masía
el querer efecto en vos,
cuando le ponéis en Dios
con la salud de este día.
No pretendo que me améis
con lascivos pensamientos,
no quiero que los cimientos
que en la castidad tenéis
puestos ya, que los dejéis,
solo aquí licencia os pido
para que emplee el sentido
en amaros claramente,
y que el alma se contente
con un favor tan subido;
si vos me quisisteis bien
algún resquicio de fuego
os dará desasosiego,
para no mostrar desdén
a quien siempre os quiso, y quien
muere por veros, y hablaros,
qué más puede el Alma daros
que a sí propia? pues quién quitó
dejar de una Alma el hechizo
que ha procurado buscaros;
vuestra soy, vuestra he de ser
que vos me queráis, o no,
porque el alma que os buscó
os busca para os querer,
hombre sois, si soy mujer
casto os quiero, y solo amad
a quien ya la enfermedad
la ha dejado siempre impura,
pues vos le habéis dado cura
con tan pura castidad;
aquel amor ya pasado
aunque casto, sombra ha sido
de otro amor que es más subido
en el alma preparado,
en este amor mi cuidado
solo señora le empleo,
que el pasado devaneo
fue fuerza de mocedad,
y así solo en esta edad
aspiro a nuevo tropheo;
El fuego que procuráis
que venza, es nieve pura,
y así tengo por locura
señora lo que buscáis,
si en mi resquicio no halláis
de ese fuego que decís:
luego engañada venís
a buscarle en la ceniza,
que vuestro amor soleniza
y a encenderle os prevenís;
ya la aflición de mi pecho
en otro dueño previene
su amor, solo porque tiene
de amor siempre el casto lecho,
y de aqueste amor sospecho
que solo se quiere allí
con el amor que le di
que uno se hará de los dos,
con que no soy para vos,
ni vos seréis para mí;
básteos este desengaño
para que no molestéis
el alma pura que veis
libre ya de vuestro engaño,
y pues que salí de un daño
en que mozo me metí,
despierto del frenesí
a desengañaros vuelvo,
y a deciros me resuelvo
que no soy ya lo que fui,
porque soy un nuevo hombre
que ahora empieza a nacer
y un engaño de mujer
es justo ya que me asombre;
no os acordéis de mi nombre
De Don Rodrigo Pacheco 203
Vase
que de vuestro no me acuerdo,
si he dormido ya recuerdo,
con que os dejo cortesana
como a fácil loca, y vana,
y me voy de todo cuerdo.
Este desprecio que paso
la culpa yo la he tenido,
que mi amor solo ha servido
al mismo amor de embarazo,
di de plano en aquel lazo
que le armó mi ingratitud
que no es bien que gratitud
nunca engrato pecho sienta,
y el fuego que le atormenta
es propio desta virtud;
En otro amor ocupado
dize Francisco que está,
pago justo amor me da
de averle un tiempo dejado,
el pecho desocupado
de otro amor, solo le adora,
este amor en quien mejora
su vida, suber deseo:
o celos, tu devaneo
tiernamente el Alma llora;
la gloria de amor fingida
en mi se ha verificado,
pues lo que ciego me ha dado
fue por dar mayor caída
de tanta gloria en la vida
fatales muestras me dio,
mi ingratitud, que se halló
ocupada de un desvelo
no hallo gloria, hallo recelo
de perder lo que perdió;
y como por imposible
tengo, ver lo que deseo,
celos llevan el tropheo
de un firme amor increíble;
toda pasión es terrible,
y la que nace de ausencia
vive siempre en competencia
haciendo fragua mi pecho,
con que los celos de hecho
en mí no hallan resistencia;
Diga el Alma que recela
lo que dicta la razón,
dígalo mi corazón
que en amarle se desvela,
ya no vive en mi cautela,
lascivia no vive en mí,
son los celos frenesí
de la que vive rendida,
estos me traen perdida
y el Alma fuera de sí:
Dorotea, que ha de haber
una mujer despreciada,
si al cabo de la jornada
soy vana y loca mujer,
esto cómo puede ser?
si puede, pues le dejé
bien burlada tanta fee,
pero el arrepentimiento
me sirva aquí de tormento
pues en mi tormento hallé;
Al tiempo deja señora
que te muestre el desengaño,
podrá ser que sea engaño
del ingrato que te adora,
el tiempo nunca mejora
al que es siempre desdichado,
que un cuidado, de otro cuidado
eslavonando se van,
con que al desdichado dan
la pena de aver guardado
la vida para tal pena,
el amor que da la llaga
será medicina y paga
a quien de amor se enajena,
nunca puesto en su cadena
he visto sino desprecios,
eso es bueno para necios,
que el que es discreto procura
dar al objeto la cura
que merecen sus aprecios;
vamos señora de aquí
que amor le dará remedio,
Vanse
amiga, no siento medio
de cobrar lo que perdí,
que no soy ya lo que fui
me dijo Francisco al irse,
el bien puede dividirse
pero en mí no ha de faltar
este blasón de le amar
sin llegar a desmentirse;
El caballero Asicio 1a Parte
Salen San Francisco, y Lechuga.
Hablo verdad, y te juro
por ese bello caphir,
que nos cubre, y nos encubre
a los del negro mantel
los tratos, y los combujos
entre Venus, y el pernil
en que entendemos nomás
siendo adjunto el San Martín,
que nos da liberal candia,
que fui a buscarte al pensel
del cardenal, y en la plaza,
y luego me vine aquí.
Testigos dejo.
Deja testigos,
porque ya te conozco a ti.
Opese a un calvo, y la mona,
si me conoces a mí,
conocerás un gazapo
tan gallardo, y tan gentil
que puedo servir de bomba
de un tonel, hasta morir.
Anda, y ciérrame la puerta,
que Morfeo a perseguir
me sale en llegando a casa.
¿Es menester el candil?
Porque luego le traiga
en la siesta, ¿estás en ti?
El de taberna te digo
que es bueno para dormir.
Anda, vete.
Vase.
Adiós, que voy
a buscar el fregonil
embarazo, que me aturde,
y trae fuera de mí.
Abra a un lado del teatro una silla en que se sentará a dormir; y tocando música, se correrá una cortina y al modo de una sala, estarán colgados muchos petos, espaldares, yelmos, todos llenos de cruces coloradas, y Cristo estará en medio.
¡Oh, mundo vano!, si puedo
a dejarte, conducir
el alma, con nuevas trazas,
ya pienso burlar de ti,
eres falso, y lisonjero,
y tu principio, y tu fin
siempre le miro engañoso,
y siempre falso le vi,
de perecedero gusto,
pues cuando muestras en mí
ser estable, entonces miro
tu mudanza hasta morir;
tus glorias, tormentos son,
tus gustos, saber fingir,
dignidades nunca estables,
tu riqueza, es frenesí
que arrebata el pensamiento
a desear más de mil;
con que el alma se embaraza
y pierde a Dios que es su fin;
el que es de mi media vida
ladrón famoso, y sutil
aprisa venda mis ojos,
ya no lo puedo sufrir;
sueño, e imagen de la muerte
pues me procuras rendir
guarda el alma, y no consientas
que se desvanezca en mí.
¡Francisco!
Señor, ¿qué quieres?
Mira al diáfano caphir
y paredes desta sala.
Más grandezas miro en ti,
¿para qué son tantas armas
con cruz de rojo carmín
señaladas?
Darte quiero
la señal con que vencí
al mundo, demonio, y muerte
porque tú venzas así
los tres enemigos tuyos,
que te habrán de perseguir,
gran capitán te he de hacer
de la gente más feliz
que ha de haber en estos siglos
con que pienso preferir
a los pasados que has visto
donde las glorias que allí
mostré, fueron los principios
de lo que está por venir;
toma las armas Francisco,
ya que tu armero fui,
y empieza a dar guerra al mundo
que vencerás, pues vencí.
desa=
De Don Rodrigo Pacheco 204
Cúbrese la aparencia.
Despierta alborotado.
Aguarde señor, tan presto
de aquesa gloria que vi
¿me excluyes? detén un poco,
que pienso ser seraphin
por volar hasta tu pecho,
¿por qué en él me miro a mí
cargado ya con la cruz,
y envuelto en rojo carmín?
¿Qué es esto? ¿no estoy despierto?
¿no es verdad que aquí dormí?
¿en esta silla no estaba?
¿cómo en el cielo me vi
entre relucientes armas
donde cruces más de mil
en los petos vi grabadas,
dando resplandor de sí?
En sueños me representa
la fantasía gentil,
¿armas y cruces? sin duda
los deseos míos en mí
que tengo de ser soldado
en la jornada feliz
de la sacrosanta tierra
adonde pienso partir;
tomar quiero la cruzada,
porque le oí decir
a quien me mostró las armas
capitán serás, que aquí
gente te he de dar famosa
con quien puedas perseguir
los tres enemigos tuyos,
a quien yo también vencí.
Sale Lechuga lacayo.
¿Ha de ser para mañana?
no es bueno tanto dormir,
que se calienta la sangre
y de ello podrás morir.
Oh Lechuga, ven acá
y qué de cosas que vi
en el cimborio celeste,
en ese cielo, o caphir.
¿Y qué has visto?
Armas grabadas
con mil rojas cruces vi,
cuyos bellos resplandores
eran todo su perfil;
dijéronme que tomase
la cruz, y pienso seguir
al conde, pues me promete
ser un capitán gentil,
vamos a mi padre luego
porque me deje partir,
a la jornada, y se gaste
lo que es necesario a mí.
Aparte.
Aguarda, detente, mira,
sin duda esto es frenesí,
de la pasada dolencia,
este se quiere morir;
no es tiempo ahora, que está
tu amigo Bernardo aquí,
que quiere verte.
Vase.
Di que entre.
De gusto no estoy en mí,
si el sueño verdad ha sido
no hay sino proseguir
con la ventura que el cielo
me ha manifestado allí.
Salen Bernardo, y Lechuga.
En aquesto ha dado agora.
Si quiere a la guerra ir
harta comodidad tiene,
Muy mejor la tiene aquí.
¿Francisco?
¿Amigo del alma?
¿Qué hay en qué os pueda servir?
Una cosa he menester
que quiero que hagáis por mí.
A vos os toca el mandar
el obedeceros, si
me toca, amigo Bernardo,
ved lo que queréis, decid.
Arrepentido está Julio
de su traición, e inferir
se puede de un noble pecho
que no querrá proseguir
con la mocedad pasada,
y así os envía a pedir
el perdón, vos como noble
le perdonaréis por mí,
volver quiere a la amistad
de aquel tiempo tan feliz
en que los tres caminamos
siguiendo a Venus gentil.
por
El cavallero Assisio 1ª Parte
¿por mí esto habéis de hacer?
Es poco lo que pedís,
porque es gloria el conceder
como mengua es el pedir,
mi amistad, por nos la tiene,
yo tengo por infeliz
quien no goza tal amigo,
dejemos eso, que en mí
es nada el perdón de Julio
pues fue causa que salí
del más lascivo tormento
que a mí me pudo venir,
en otra cosa me empleo
que debe de convenir
al honor que me acompaña,
¿tan de espacio lo decís?
yo tomo la cruz, Bernardo,
mañana pienso partir,
y en esta jornada santa,
humillaré la cerviz
al yugo de la obediencia,
siendo del Conde aprendiz
porque para su soldado
me manda el cielo salir;
espero ser hombre grande
por la guerra.
Bien decís,
que será guerra de amores
porque de amores morís,
perdonad, la lengua asido
la que quiso aquí inferir
guerra de amor, con batallas
adonde el rojo carmín
esmaltar suele los campos,
y el alma suele acudir
peleando por la fe
a esos globos de zafir,
estoy pasmado de oírte.
no me puedo persuadir
sino que mueve mi lengua
el que pudo darte a ti
tan heroico pensamiento;
tengo amigo a que acudir,
perdonad que estoy de prisa
¿nos veremos?
vase
al partir,
¿qué te parece señor?
vase
que es Dios quien le manda ir
y por eso me parece
harto bien lo que le oí,
vase, y salen Julio, Antandra Dama, y Casandra Dama.
el uno y otro son locos;
y así guste de un pernil,
que este hable al paladar
es que algo quiere pedir,
No tienes qué replicar,
que no has de verme en tus días
que un hombre ingrato no es bien
que goce la compañía
de la que es, en la firmeza
un asombro de la vida,
una imagen de lealtad,
y en quien ella misma estriba;
no quiero verte, ni oírte,
procura que esa lasciva
tan hermosa como necia
en su gracia te reciba;
desdeñado de ella estás,
que quien traiciones cultiva,
es bien le aborrezca el mundo,
como parte más podrida;
ya son tres veces con esta,
déjame, no me persigas,
que lo que en principio fui,
seré en la postre la misma;
no tengo celos, porque
el amor que en aire estriba
como le soplaste, en tierra
dio con la máquina altiva;
no imagines que memorias
pueden renovarse indignas
con varias persecuciones
nacidas de tu malicia,
que en mí nunca hicieron mella
esperanzas mal nacidas,
y por conocer las tuyas
las dejo para lascivas;
vuelve en ti, déjame a solas
con mis glorias fugitivas,
a quien pienso dar alcance
y verlas conmigo unidas,
estas intento alcanzar
porque el alma solo viva
de adorar la bella imagen
que mil pesares me quita;
no más Julio, no hay amor,
correspondencias que estriban
en traiciones no las quiero,
solo paz quiero en la vida,
oye dos razones solas,
óyele querida prima,
una palabra no más.
sale Bernardo galán
no quiero Casandra oírla
que puede venir envuelta
en la palabra una víbora
que al nacer me rompa el pecho
y revuelva la ceniza
que estaba helada en él
como la nieve en la cima
de los Alpes, y el veneno
dejarle puede encendida;
¿oh señoras? Julio amigo
el veros juntos me alegra
que es señal, que anda por medio
el ciego amor que os gobierna,
fuera mejor que en su casa
Bernardo, Julio estuviera,
que de todo me dejara,
y me excusara las penas
que padezco con su vista,
con sus persuasiones necias,
sus enredos y traiciones
en que siempre se encadena;
es de los hombres herrar,
y es necio quien persevera
en la culpa cometida
si no se apartare de ella;
Julio erró, arrepentido
hermosa Antandra se muestra
y es harto que un galán mozo
de la culpa se arrepienta;
si fue porque más no pudo
el arrepentirse, necia
será la que le admitiere
habiendo sido tercera
causa que de mí se burla
porque en viendo otra belleza
le parece que es mayor
que la otra que celebra;
¿háganse estas amistades?
el alma libre navega
a otro polo más gallardo,
recoja el alma las velas,
que el que decís a este punto
galán se parte a la guerra
de Jerusalén, (¡qué dicha!)
y en el pecho la cruz llena,
y vos Julio en la amistad
estáis, desta planta nueva
que de nuevo se ha plantado
en medio de nuestra tierra;
este caballero Asicio
quiere que su fortaleza
la gran de Europa la envidie
y toda el Asia le tema;
y según las muestras da
aguarda que a nuestra iglesia
le ha de servir de coluna
que es el alma, y más contempla;
y porque el volver tan presto
es imposible que sea,
y en su pecho de diamante
ya Cupido no hace mella,
me parece, esto es lo cierto,
que admitáis Antandra bella
este nuevo arrepentido
a vuestra gracia, y belleza,
ea prima, esto se acabe,
que una porfiada, es necia
si no se deja vencer,
no quiero correspondencia
con Julio más en mi vida,
ello ha de ser, Julio llega,
mi bien, querida del alma,
toma aquesa mano, besa
vosotros me persuadís,
a la cuarta el alma apela,
¿no lo verás tú, mis ojos?
vamos
no quiera Dios que lo vea
estas
El caballero Asisío 1ª Parte
Vamos a la sala pues
y tomará la vihuela
para dar al alma pasto
mi Casandra hermosa y bella.
¿Serás traidor otra vez?
Nunca más el alma piensa
hacerte agravio.
¿Mentirás?
Palabras son verdaderas.
Vanse, y sale San Francisco, vestido de color, a lo soldado, con muchos plumajes, y Lechuga lacayo a lo soldado ridículo.
Quítale al caballo el freno,
que en medio de esta floresta
la hierba coma esta noche,
y aparéjame la cena.
¿Y no dirás que los dos
cenemos, sino apareja
la cena? ¿Para cenar
tan cansado el galán llega?
¿No le trae su caballo?
Porque si a pie viniera
no me espantara del todo.
Tú gastas muy gentil flema;
enciende fuego, entre tanto
en esta espesura llena
del romero más florido
contemplaré la belleza
de esos cielos soberanos
formados para grandeza
del Señor, que en ellos viste
los rayos de su clemencia.
¿Contemplativo te haces?
Es bueno para la guerra
contemplaciones; por cierto
no sé quién tiene más flema.
Anda, necio, y cena tú.
Vase.
Esa sí que es buena nueva,
quédate pues, contemplando
si la luna es nueva o llena.
Serena y clara noche, clara luna,
estrellas que pintáis el zafir bello
de ese cielo, que a Dios sirve de asiento,
cuyo poder, es nítida columa
que sustenta su peso, y solo en vello
le gobierna divino entendimiento;
con llano pensamiento
vosotros decís bien de Dios la gloria,
sus obras vivirán en la memoria,
de gente en gente las irán diciendo
a todas otras, siempre prefiriendo
con que, absorta el alma
pasmada en tanto bien, se queda en calma.
Los coros celestiales que criados
en el principio fueron, cuando quiso
formar los cielos, y formar el hombre,
el que les hizo bienaventurados
ciencia infusa con eterno aviso
infunde en ellos, para más renombre;
con que su sacro nombre
dulces repiten con divino espanto,
haciendo gracias con melifluo canto
a quien beldad les dio, les dio la gracia
que pierde un ángel por su vil falacia;
con que, absorta el alma
pasmada en tanto bien se queda en calma.
La variedad de tantas bellas flores,
esmalte rico de este campo ameno,
su verdor tan sutil, tanta hermosura,
que fragantes exhalan sus olores,
el aire condensando, nunca ajeno
de aquella suavidad con que le apura;
a Dios, en esa altura
con el color y olor le están clamando
Señor universal, en quien mostrando
están de su saber la omnipotencia
dando así gloria a nos tanta excelencia,
con que, absorta el alma
pasmada en tanto bien se queda en calma.
Los árboles copados, que sombríos
hojas visten en dulce primavera,
dando el corimbo flor, que vuelve en fruto,
y en la orilla de los mansos ríos
hacen muro gentil, hacen carrera
para que en ellos pague su tributo
de ramo, en ramo el bruto
(dulce cantando) músico de pluma
rasgando al aire su silencio, en suma,
dice la gloria del que le ha criado
con alas leves, con su pico harpado;
con que, absorta el alma
pasmada en tanto bien se queda en calma.
El hombre que criado fue de nada,
el verdugo gentil, de su costilla
sacado, para ser su crudo hechizo,
eterna imagen aunque fue criada
de aquel que quiso hacer tal maravilla
por hacerle señor del Paraíso;
El caballero Asisicio 1a Parte
de Don Rodrigo Pacheco
207
con el humano aviso
os alaba, Señor, aunque la culpa
con que os ofendí siempre sin disculpa,
le tire a veces, por tan triste empeño
de sí propio olvidado, y de su dueño,
con que absorta el alma
pasmada de su olvido queda en calma;
Tocan música, y en una nube aparece Cristo al santo.
Francisco, di, ¿dónde vas?
¿Quién es el que lo pregunta?
El que es todo incomprensible,
del eterno imagen pura;
dime, ¿quién copiosamente
podrá hacer en la criatura
todos los bienes de tierra,
y aquellos que el cielo oculta,
el que es pobre, o el que es rico,
creado, del Señor, que encumbra
a la más felice suerte,
y a la vida más segura?
¿El que es grande en su poder,
o aquel chico que procura
servir, solo por subir
a más subida fortuna?
El grande, el rico, el señor.
Sé que puede hasta la luna
levantar la humildad mía,
y prosperar mi ventura,
A dónde Francisco puedes
hallar el bien que se oculta
en mi ser, sin que me halles?
Ni el rico que a ti te ofusca,
porque por un conde humilde
dejas a Dios que te busca,
y quieres servir al siervo
que es de mi poder hechura;
vuelve a tu tierra, Francisco,
que la guerra que te apura
no es humana, que es divina
soberana, santa, y culta;
disposición infalible
es de Dios de las alturas
que en ti se abra de cumplir,
aunque el alma dificultas
el cómo, te lo diré
al tiempo que más difuntas
tus esperanzas se muestren
dándole vado a tus dudas;
Desaparécese la nube.
Cual suele el sol en la aurora
meter un rayo por mano,
y al yelo fiero inhumano
que en inviernos en sierras mora,
de suerte enciende que llora
derretido a tal calor,
y en aljófar su candor
esparce, corriendo aprisa,
porque es el sol su camisa
y ha miedo de su furor;
así Dios, que es Sol, pretende
deshacer de mis afectos
el yelo, con los efectos
del fuego que en mí se enciende,
si rústico se defiende
mi vil pecho a tanto fuego
sus rayos deshacen luego
el yelo que ya se esparse,
del monte, en que dio hallarse
al parecer en sosiego;
Francisco, pues que Dios quiere
que aqueste fuego y labra
en tu pecho la palabra
del mismo que así te adquiere,
viva, porque en él espere
y no en hombres, que es ficción,
allánate a la razón,
y el yelo que vive en ti
deshace, que es frenesí
no humillarle el corazón,
¿que es la causa porque Dios
me manda vuelva a mi tierra?
Pues me dijo que a la guerra
fuese, una celeste voz,
no os metáis en eso vos
Francisco, que es comprehender
tan soberano saber
que a su servicio os provoca,
que a vos solamente toca
tratar de le obedecer;
que si obedecer es justo
mi cerviz al yugo pongo,
en obedecer propongo
la felicidad del gusto;
ya mi corazón adusto
brotando llamas ardientes
hará lo que las corrientes
de estos hojos, con que el yelo
deshará su duro velo
y aumentará mis dos fuentes;
Sale Lechuga lacayo.
¿Es hora de caminar?
El freno pon al caballo,
enfermo Lechuga me hallo
y así no habré de pasar
adelante,
¡Lindo azar!
¿Aqueso agora tenemos?
Más vale que caminemos
a la ciudad otra vez,
y abrás de salir después.
Allá después lo veremos.
Señor, vuestro mandamiento
cumplo luego a letra vista,
mi voluntad está lista
a daros todo contento,
porque es vano el pensamiento
de cualquiera ser humano
si vos no le dais la mano
y gobernáis su camino,
pues que voy peregrino
dadme luz, Rey soberano.
Vanse, y salen Julio, Antandra y Casandra.
Ya de tus serenos ojos
satisfecho el corazón
ve, que tubiste razón
de tan severos enojos;
por tan infame traición,
la ocasión que es tan terrible
y allanó todo imposible
hizo posible el empleo,
con que luego el vil deseo
trasta hallo de ser posible;
mas como a la voluntad
el deseo le forzó
el arrepentir se halló
con tanta facilidad
que de todo le dejó;
de aver yo tan fácil sido
pierdo de todo el sentido,
pues no quise conocer
que era fácil la mujer
que tan fácil me ha admitido.
Faltóme conocimiento
del amor que me tenías,
de tus muchas bizarrías
el grande merecimiento,
ganado en tan pocos días,
pero de tal frenesí
ya señora he buelto en mí
con el perdón que me diste,
con que gloria el alma viste
por cobrar lo que perdí.
Si estás Julio perdonado
basten ya satisfacciones,
Deja que gaste razones
pues se libra de un cuidado
y se olvidan sus traiciones,
Si debas la culpa tube
bien lo pagué, pues andube
llorando mi varia suerte,
Por huir mi lazo fuerte
diste en negra y fácil nube;
Tan negra fue para mí
como fácil su ventura,
Cegóte vana hermosura.
Sí, si quise ganar, perdí
honor, que es lo que me apura;
Sale Bernardo galán.
Pasmado vengo,
¿Qué es eso?
de
el caballero Asicio 1ª Parte
de Francisco un bravo exceso.
¿Y fue?
fue que ayer salió
a la guerra, y se volvió,
y no se sabe el suceso;
desde aquella enfermedad
nunca más ha vuelto en sí,
si fue nuevo frenesí
¿pues se vuelve a la ciudad?
de caza ahora salí
y le encontré que venía
lleno de melancolía,
que apenas me pudo hablar.
este mancebo ha de dar
nueva luz al claro día
con sus costumbres notables.
él es casto, y virtuoso
que basta hacerle glorioso.
sus cortesías amables
le han de hacer más venturoso;
el almuerzo está compuesto
y sobre la mesa puesto.
vamos pues.
vamos mi bien.
y aquel su bello desdén.
mal dirás siempre funesto;
vanse, y sale San Francisco y Lechuga.
en aquesta pobre ermita
entrar quiero a la oración,
por dar vado al corazón
que mil pesares me quita
cuando en ella me entretengo.
entra, pues, porque aquí fuera
el gran Lechuga te espera,
que a ser loco también vengo.
Apártase a un lado, y córrese una cortina, y dentro habrá un altar y en él un Cristo crucificado; el Santo se pone de rodillas en parte donde está la tramoya que le ha de levantar en alto.
con justo conocimiento
vengo Señor de mi culpa
a tanto amor, no hay disculpa
y así me falta el aliento.
soy mi Dios cual ciervo herido
que a buscar vengo a la fuente
el remedio conveniente
del pecado cometido;
tú me llamaste Señor,
y de culpas me sacaste,
¿qué es mi Dios lo que en mí hallaste
para hacerme tal favor?
a tus pies manso cordero
humilde Francisco pide
tu voluntad pues se mide
con mi corazón sincero.
Francisco mira, y repara
mi casa, que está cayendo.
dulce amor, aqueso entiendo
por mi condición avara,
que si miraran mis ojos
la necesidad que veo,
os cumpliera ese deseo
fin dando a vuestros enojos.
anda, y repara mi casa.
¿segunda vez lo mandáis?
bien parece que me halláis
tibio en el amor que abrasa
este corazón de cera,
con la voz divina y fuerte
del que dio muerte a la muerte
y mi culpa hace ligera.
mi casa se cae Francisco
mira pues, que la repares.
será mi quita pesares
aqueste vuestro obelisco;
Jesús tierno bien del alma,
el alma se va tras vos,
porque aquesa dulce voz
me deja de todo en calma.
sube elevado el Santo poco a poco y al mismo punto aparecerán en el aire cuatro Ángeles con cuatro instrumentos, dos a un lado, y los otros dos al otro, y cantarán lo siguiente conforme aquí fuere puesto.
De Don Rodrigo Pacheco
207
estribillo
Alarma, alarma, alarma,
guerra, guerra, guerra,
quedito, pasito
no le recordéis
que el serafín que veis
al cónclave maldito
desde ahora empieza
a dar con la humildad
mal rato a su soberbia.
sale el divino Francisco
a dar al infierno guerra,
con la humildad soberana
pues con ella ahora empieza,
el amor le da por armas
contra toda vil soberbia
la cruz que exaltó su muerte,
espada de fortaleza,
su vestido ceniciento
con que humildad se profesa,
será de Reyes la gala,
será su gloria en la tierra;
de todo perece el mundo
con la luz de este sol bella,
la carne se vuelve en yelo,
y en Luzbel pena se aumenta;
estribillo
Alarma, alarma, alarma,
guerra, guerra, guerra,
quedito, pasito,
no le recordéis,
que el serafín que veis
al cónclave maldito
desde ahora empieza
a dar con su humildad
mal rato a su soberbia.
cúbrense las apariencias
en otra segunda parte
el autor dará las muestras
de la humildad de Francisco
y glorias de su pobreza.
Sub correctione sanctae Matris ecclesiae